OTRA MIRADA A LA COORDINACIÓN

25 junio, 2019

Alba Lucío es guionista y, tras trabajar en las series Chiringuito de Pepe (Telecinco, 100 Balas) y Olmos y Robles (TVE, 100 Balas), ha ejercido la coordinación de la segunda temporada de La Otra Mirada (TVE, Boomerang TV).

Ha pasado un lustro desde que publiqué este artículo contando mi experiencia como junior en la primera serie en la que trabajé. Y aunque lo leo y sigo suscribiéndolo todo… las cosas han cambiado. Este año he afrontado mi primera coordinación en la serie La Otra Mirada y han sido meses de intenso aprendizaje. He intentado suplir mi inexperiencia con entrega, respeto y planificación. Porque aunque marcar la línea de los contenidos parezca la tarea más importante de un coordinador, hay más. Así que por si fuera de utilidad, aquí van algunas cosas que he aprendido a lo largo de esta experiencia.

El tictac en tu cabeza.

¿Oís eso? No, no es el silencio. Es el segundero que empieza a correr desde el momento en que dices el “sí, quiero”. La primera negociación, y una de las más importantes, es el calendario, y en él deben contemplarse los imprevistos. Porque sí, habrá varios, es inevitable. Y sin ser pesimista, hay que intentar ponerse en lo peor. ¿Tenemos margen para que se caigan guiones, para que una actriz se haga un esguince, para que se incendie el plató? Podría pasar.

El caso es que hay que tener un cierto margen para todo eso, y además, tener en cuenta que cuando empieza el rodaje todo se complica. Lecturas técnicas, ir al plató, resolver dudas y peticiones de otros departamentos… Y el reto es gestionar todas esas tareas sin paralizar a los guionistas. Ellos y su trabajo son la prioridad máxima. Y si les pides que cumplan unos plazos de entrega, qué menos que cumplir tú con las revisiones que has pactado con ellos. Porque aunque no es imprescindible, sí es recomendable fijar las revisiones en el calendario, con guion y con producción ejecutiva. Indica una planificación, una estrategia, y eso nos tranquiliza a todos.

Pero en general, la sensación del tiempo es muy variable. Lo normal es que sientas que te falta cuando estás hasta arriba, pero también que los días son semanas, y las semanas sexenios. Envejeces. Se puede saber en qué momento del proceso estabas por las fotos que te ibas haciendo. Como una especie de anuncio de un producto dietético milagroso, con la foto del antes y el después, pero mal. A mí me ayudó tener el calendario impreso en la pared e ir tachando los días cual presidiaria con la mano temblorosa.

Guionista de método.

Además de la gestión del tiempo y de formar al equipo, al coordinador le corresponde elegir el método de trabajo, la estrategia. Yo heredé el plan de la anterior temporada, porque como guionista estaba contenta y decidí hacer pocos cambios al respecto. Arrancamos la escritura haciendo un amplio mapa de tramas que hemos respetado bastante. Después, nos reuníamos las tres guionistas y yo en la oficina unos tres o cuatro días cada vez que arrancábamos un bloque de capítulos. Dábamos ideas entre todas y luego a casa a escribir. Revisiones internas por video llamada y con producción ejecutiva por teléfono, al margen de alguna reunión puntual en persona. Las guionistas han tenido la posibilidad de ir a plató cuando quisieran, pero no la obligación. Y creo que ha funcionado. Al menos para nosotras, al menos en esta serie.

Y sobre mi trabajo en concreto, me ayudó seguir horarios similares cada día, anotarlo todo en un organizador semanal (mi objeto estrella, cuánto le debo a ese cuaderno), ir al fisio de vez en cuando, (intentar) hacer ejercicio, dormir al menos siete horas cada día y esforzarme por tener el mayor tiempo posible para mí. Un coordinador con vida social es un mejor coordinador.

Lo que no pone en el contrato.

Pero aunque uno pueda hacer bastantes cosas para no ser engullido por el puesto, hay otras de las que no se puede huir. Una de las primeras que aprendí fue que siempre iba a tener un nivel mínimo de preocupación que nunca iba a desaparecer. Aunque todo estuviese saliendo bien y en los plazos previstos. Era como un zumbido que estaba ahí y que podía ser asumible o insoportable según la atención que le prestase. Como tener el Sálvame todo el rato puesto de fondo mientras trabajas. Y pongamos que en una escala del 0 al 10, donde 0 es “me importa un pepino todo” y 10 “vivo a base de sumiales”, lo ideal es mantenerse en niveles intermedios, y nunca estar por debajo de 3, ni dejar que pase de 7. Controlar el estrés, por arriba y por abajo.

Así que sí, la preocupación y la presión van dentro del crédito y el sueldo. Y también la responsabilidad. Hay cosas de las que uno no debería escaquearse, pero diría que la más básica es esta: si hay marrones, te los comes tú. Si hay algo que no ha salido bien y hay que asumirlo, lo asumes tú. Si hay que pintarse la cara de betún, agarrar un cuchillo con los dientes y arrastrarse por el barro… Pues eso.

Lo curioso de esto es que cuando transmites al equipo tu disponibilidad para dar la cara, los problemas se minimizan y hay que darla menos. Recibes lo que das… pero a ti siempre te corresponde dar un poquito más y, sobre todo, mantener la calma. Porque el coordinador no sólo tiene una responsabilidad en cuanto a los contenidos, también se espera que seas un pilar, que transmitas serenidad, confianza y control. Y no sólo a los guionistas, también a otros departamentos. Siempre hay alguien que necesita que le tranquilices, y la mayoría de las veces es sólo eso. Alguien quiere oír que todo va a salir bien, que tú estás convencida y segura, que sabes hacia dónde vamos, que llegaremos. Y claro que tú dudas, y claro que tú también quieres que te digan que lo estás haciendo bien. Pero alguien tiene que ser ese piloto que abofetea al otro para que reaccione en medio de un aterrizaje de emergencia. Y a ti te pagan para serlo.

Guionistas felices, mejores profesionales.

¿Y cómo le afectan todas estas movidas psicológicas tuyas a los guionistas? La respuesta debería ser “no les afectan”. No están ahí para ser tu paño de lágrimas. Pero a la vez, merecen saber qué está pasando en la producción, sobre todo si escriben en casa, donde se puede llegar a tener una sensación de aislamiento, casi de irrealidad. Así que tanto un coordinador al borde del colapso, como uno que aísla demasiado al equipo, generan incertidumbre. Y es lo último que necesita un guionista a la hora de escribir. Eso, y obras en casa del vecino.

Pero un buen ambiente de trabajo no sólo se genera controlando la frustración que transmites al equipo. También hay algo muy básico: educación, respeto y cariño. Y es que uno puede ponerse serio y decir “no es el resultado que esperaba, tenemos que mejorarlo” sin perder los nervios, sin alzar la voz, sin desacreditar a nadie. Y felicitando y repartiendo el mérito cuando las cosas salen bien. Cuando se acierta. Cuando se tiene un buen día. “Esta secuencia ha quedado preciosa” o “en plató me dicen que están muy contentos con la temporada, buen trabajo”… Son pocas palabras que tienen un efecto enorme. Refuerzo positivo, nos lo enseñó Supernanny.

La cara pública.

Bueno, pues ya hemos escrito la temporada y por fin llega el día en que la cadena anuncia la emisión. Allá vamos. Pero antes del estreno, y también durante la temporada, se desarrolla otra parte del trabajo en la que el equipo de guion no siempre tiene la posibilidad de participar: la campaña de comunicación. Ruedas de prensa, actos de cadena, entrevistas… Vender el bebé a los medios y al público.

Por suerte, he podido implicarme en esa parte del proceso y he hecho más entrevistas de las que pensé que jamás haría en mi vida. Cuestionarios por email, entrevistas en persona, por teléfono, en vídeo… Me falta ir al Hormiguero. Me las he preparado tomando notas, eligiendo palabras clave, analizando qué quería contar o destacar, ensayando en la ducha… Pero voy aprendiendo sobre la marcha y con cada entrevista voy perfeccionando y haciendo más complejo el discurso. O eso creo.

Y en una serie como esta… lo del feminismo, claro. Creo que lo que más ha llamado la atención a los medios esta temporada es que seamos un equipo de guion formado por mujeres. Suele ser la primera pregunta o el tema central de la entrevista. Y por un lado está genial que las mujeres guionistas tengamos visibilidad, que se hable de nuestro trabajo, que podamos reclamar nuestro espacio. Es una oportunidad que merece la pena aprovechar. Pero por otro, que ese aspecto llame tanto la atención demuestra lo lejos que estamos todavía de la igualdad. No he leído entrevistas a coordinadores de equipos masculinos en las que se les pregunte cómo es trabajar sólo con hombres, o por qué tomaron la decisión de formar un equipo masculino.

La paradoja de la visibilidad.

Y luego está lo de sentir que te repites, que lo que dices no le interesa a nadie, que te expones demasiado. Comparto con alegría cada entrevista que se publica, pero a la vez no puedo evitar sentir que estoy siendo un auténtico plomo. “Ya está la pesada ésta otra vez, que se calle ya”. No sé si esto responde a algún tipo de característica del guionista. Utilizamos el papel para expresarnos, no se suele conocer nuestro rostro, no hablamos en primera persona. Nos gusta sentirnos protegidos tras la pantalla, que la autoría se diluya cuando patinamos con una trama o con un chiste polémico. Pero en una entrevista tú eres la responsable de lo que dices, con nombres y apellidos, y ahí queda, para la posteridad. Así que te debates todo el rato entre el “qué bien poder hablar de nuestro trabajo” y el “madre mía, voy a meter la pata”.

También está la sensación de que no eres tan importante como para “salir en los medios”. De que al público lo que le interesa son los actores. O de que hay otros guionistas con mucha más experiencia que ya han contado todo esto, y lo han hecho mejor. Pero creo que hay que luchar contra esos miedos y sacar un poquito de pecho. Si te dan la posibilidad de hablar del proyecto, habla. Aunque te dé vergüenza, aunque creas (erróneamente) que no tienes nada que decir. Porque no podemos pasarnos el día quejándonos de que somos invisibles, de que el público no conoce nuestro trabajo, de que los medios no se interesan por nosotros, y luego rechazar la posibilidad de cambiar eso a poco a poco. Y no sólo por la promoción de la serie, o la autopromoción. Por la visibilidad de todos los guionistas.

Y ahora que todo está acabando, que la serie se ha estrenado y el futuro de la misma no depende de nosotros… Sólo queda la satisfacción. Estoy orgullosa de nuestro trabajo, con nuestros aciertos y nuestros errores, y creo que eso es lo importante. No sé si esta experiencia me ha hecho mejor guionista, pero sin duda me ha hecho descubrir cosas sobre mí misma. Así que si tenéis la posibilidad de asumir una coordinación, si os pica la idea de trabajar de sol a sol, tener ojeras y aprender otra parte del proceso… Tiraos a la piscina. Y comprad un organizador semanal. De verdad. Bendito cuaderno.


POR QUÉ EL SKETCH ES EL MEJOR FORMATO DEL MUNDO

24 abril, 2019

Vale, quizá el titular sea un poco exagerado, en la mejor tradición clickbait de Yahoo! Noticias; pero sí puedo asegurar que a mí el sketch me ha cambiado la vida profesional y, de camino, la personal. Conforme he escrito decenas, cientos de sketches, he ido descubriendo las enormes posibilidades que tiene este pequeño género.

Mi idilio con el sketch de humor empieza como espectador en los tiempos en que Emilio Aragón conducía ‘Ni en vivo ni en directo’, la Trinca protagonizaba polémicos sketches con trogloditas salidos en ‘Tariro, tariro” o Benny Hill, el Arévalo inglés, correteaba rijosamente detrás de mujeres ligeras de ropa. Por si te queda alguna duda, no, no soy millennial.

Pero fue en 2004 cuando un programa de sketches me impresionó de verdad: ‘Vaya semanita’.

Era un espacio que triunfaba no sólo en Euskadi, sino también más allá gracias a los contenedores de zapeo. En aquel entonces yo trabajaba en un magacín en prime time presentado por Iñaki López. Los datos de audiencia no eran muy generosos, aunque el último programa logró un 20% de share gracias a una entrevista con Bertín Osborne (Sí, a los vascos también nos seducía). Yo estaba deseando desarrollar ficción y, sobre todo, participar en aquel programa de sketches que me maravillaba por su audacia y su capacidad de reírse de todo y de todos. Tenía que entrar en aquel equipo como fuera.

Lo primero que hice fue buscar un manual sobre escritura de sketches. No encontré ninguno. Tampoco había demasiados acerca de comedia, así que tuve que tirar de instinto y de la observación de maestros del sketch como los Monty Python. Un día grabé un capítulo de ‘Vaya semanita’ para poder darle al pause en los créditos finales y descubrir el nombre del coordinador de guión. Era Diego San José, talento que en el futuro se convertiría en uno de los guionistas más cotizados gracias a ‘Ocho apellidos vascos’ o ‘Superlópez’. Escribí un par de sketches de muestra y se los mandé por carta. Sí, por correo postal. Puro millennialismo. Para mi sorpresa, Diego me contestó y me pidió que hiciera la prueba estándar que encargaban a todos los aspirantes a integrar el equipo.

En la Semana Santa de 2005 entré en ‘Vaya Semanita’. Aún no sé por qué, los sketches que mandé como prueba eran horribles. Sin que yo hubiera escrito una sola coma, nada más volver de las vacaciones, el programa consiguió un 40% de share. Una bestialidad. Y no era de extrañar: el grado de autoexigencia que tenían Diego y su equipo era elevadísimo. Una máxima interna regía su funcionamiento: si una idea sonaba a ya hecha, se tiraba a la basura y se buscaba otra. Es algo que interioricé y que, desde entonces, he tratado de incorporar en los diversos programas en que he participado.

Fueron tres meses de intenso aprendizaje, de diversión, pero también de mucha tensión. En cuanto terminó la temporada, el presentador, Óscar Terol, y la mayoría del equipo actoral, de realización, producción y guión, comunicaron que se marchaban para crear un nuevo formato en Televisión Española. ¡La que se lió!

Como ‘Vaya semanita’ era el buque insignia de ETB (Euskal Telebista), nadie estaba dispuesto a dejar que desapareciera. Así que se configuró un nuevo equipo. Del anterior quedaban muy pocas personas. Estaba el director, Javier García de Vicuña, tres actores, entre ellos Andoni Agirregomezkorta, que se convertiría en la cabeza visible del programa, y yo. El guionista novato se acababa de convertir en el más veterano. Como era el único que quedaba, terminé de coordinador de guión.

Tuve la fortuna de contar con nuevos y magníficos guionistas, como Manu Martínez March, Aitor Eneriz, Julene Aranburu o Juanjo Ramírez Mascaró, que entró en el equipo más tarde, avalado por su flamante película protagonizada por cacahuetes.

Pero nadie tenía demasiada confianza en nosotros. Seguro que has ido a un funeral y te has fijado en las caras compungidas de los invitados al presentar sus respetos a los familiares del fallecido. Pues así nos miraban los trabajadores de ETB, como si fuéramos cadáveres prematuros. Casi nadie pensaba que ‘Vaya semanita’ podría mantenerse en la parrilla por mucho tiempo. Recuerdo que nos juntamos todo el equipo de guión para ver completo uno de los programas antiguos y cundió el desánimo. ‘Es que esto es cojonudo, no vamos a poder alcanzar este nivel’, dijo alguien. La verdad es que el reto era aterrador. Pero había que seguir adelante.

Y llegó el día del estreno. Había morbo por ver la primera edición del programa que ETB promocionó como el ‘Nuevo Vaya semanita’. Y no salió mal. Hubo críticas de todo tipo, pero muchas de ellas fueron bastante buenas. Eso sí, los espectadores echaban de menos a los actores ‘de antes’ y a los personajes ‘de antes’, y ‘los jefes’ nos presionaban continuamente para crear personajes que tuvieran tanto tirón como los antiguos y de paso, lograr las audiencias de la época gloriosa. Poco a poco nos fuimos consolidando con miniseries como ‘La Biblia contada a los vascos’, ‘Los Batasunnis’, ‘Los Euskolegas’ o ‘El Jonan y el Txori’. El programa se fue asentando gracias a que encontramos nuestra propia mirada respetando el espíritu gamberro y libre que había caracterizado a la versión anterior.

Nunca tuvimos unas audiencias tan espectaculares, pero estuvimos más de seis años en parrilla con emisiones ininterrumpidas (durante todo el verano ETB se dedicaba a quemar el formato con refritos de los mejores sketches, y ahí siguen). Los especiales navideños obtenían todos los años muy buenas audiencias hasta que en 2017, en una de sus decisiones incomprensibles, la cadena decidió cargarse la tradición.

También logramos algún que otro reconocimiento, como el Premio Ondas en 2006 (Diego San José, Óscar Terol y el equipo anterior ya no estaban pero, sin duda, también es su premio), el Laurel de Oro en 2007, un galardón que nos entregaron en Marbella (acabé compartiendo mesa con Julián Contreras Ordóñez y jacuzzi con Carla Duval y su marido, en una de las experiencias más surrealistas de mi vida), o el Premio de la Academia de la Televisión en 2008.

Con los años, he coordinado otros programas de sketch como ‘Irrikitown’, ‘Euskadi Movie’ –una de las mejores versiones que se han hecho de ‘Vaya semanita’-, ‘Vaya tropa’ –presentado por Arturo Valls en Cuatro-, o el próximo estreno de TVE 1, ‘Hoy no… mañana’, espacio codirigido y producido por José Mota, y con Santiago Segura como presentador. A lo largo de todas estas experiencias, he ido enamorándome cada vez más del sketch. Es un formato con enormes ventajas y posibilidades. Aquí listo algunas:

  • La capacidad de experimentar con posiciones de cámara, efectos visuales y de audio, tipos de planos…, es decir, con la narrativa, es inagotable. Como son piezas cortas, se pueden construir muchas y muy diferentes, y jugar con toda clase de recursos.
  • El contenido nunca se agota, porque la actualidad y los avances de la sociedad son excelentes semilleros para nuevas propuestas de sketch. Sin ir más lejos, para ‘Hoy no… mañana’ he escrito uno basado en la moda de los Youtubers: una futura madre descubre a través de una ecografía que en su interior habita un feto youtuber, que graba vídeos tales como ‘20 cosas que no sabías sobre el útero’.

  • Desarrollar una serie o una película puede llevar meses de intenso trabajo, mientras que es posible escribir un sketch en una sola tarde. Esto lo convierte en un formato ideal para introducirse en la escritura de guión.
  • El sketch no es exclusivo de la televisión: también se pueden escribir para la radio, el teatro o para el cine, como ya demostró Juan Cavestany en ‘Gente en sitios’.
  • Son piezas que permiten un consumo rápido, cosa que hoy en día se demanda más que nunca gracias a Internet y al auge de los contenidos virales. Un ejemplo de ello son las divertidas piezas de Pantomima Full.
  • Ayuda a testar personajes. Para probar la comicidad de un personaje, o si funcionan sus rasgos distintivos, es factible construir una situación de sketch y ver cómo se desenvuelve.
  • Los sketches siempre están de moda. Así lo evidencian programas como ‘Polònia’, ‘Homo zapping’, ‘Oregón TV’ o los especiales navideños de José Mota.
  • Para los actores, también el sketch es una golosina: les permite meterse en la piel de infinitos personajes.

Por todo ello me reafirmo, sí: el sketch es el mejor formato del mundo. Y a modo de homenaje a estas pequeñas piezas que tantas alegrías me han dado, acabo de cerrar el círculo: como seguía sin existir un manual dedicado al sketch, he escrito uno que acaba de publicarse:

Cuenta con un prólogo que el gran José Mota ha tenido el detalle de regalarme, y en sus páginas cuento todo lo que le hubiera gustado conocer a aquel guionista que en 2004 estaba loco por aprender de qué manera se crea un sketch. Como no tengo un Delorean y no puedo dárselo, espero que al menos sirva para que otros lleguen a sentir por el sketch lo mismo que yo.

Fernando Erre.

En breve sortearemos un ejemplar del libro “Cómo tener éxito escribiendo sketches” de Fernando Erre. Sólo podrán participar en el sorteo los lectores de nuestra newsletter. SUSCRÍBETE HACIENDO CLIC EN ESTE ENLACE.


“LA LOCA, LOCA HISTORIA DE BEN-HUR” ES LA LOCA, LOCA HISTORIA DE BEN-HUR

16 abril, 2019

por Sergio Granda

El título no engaña. Esto no es un épico drama de vocación cristiana con una grandilocuente trama de nudo en la garganta y puño entre los dientes. La loca, loca historia de Ben-Hur es, por increíble que suene, una alocada reinterpretación de, por asombroso que parezca, la historia clásica Ben-Hur. ¿Sorprendido? Sí, esto va de reír. ¿Lo consigue?

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Primero vamos a ponernos en situación. Hace 143 años, un exgeneral unionista, veterano de la Guerra de Secesión, coincidió en un tren rumbo a Indianápolis con el orador más popular de Estados Unidos. Según cuentan, el pasatiempo favorito de este último era pillar a católicos muy católicos con la guardia baja y desarmar su fe con una retórica aplastante. El primero, exmilitar reconvertido en abogado, añoraba sus antiguas aventuras bélicas, que tuvo que sustituir por la escritura de novelas cortas. Por su parte, el orador era algo así como un predicador del ateísmo, una rockstar blasfema gritando de pueblo en pueblo, de escenario en escenario, que el Antiguo Testamento es una patraña. Uno se llamaba Lewis Wallace y, hasta ese momento, lo de escribir le estaba saliendo regular. El otro era Robert Ingersoll, pero como “Bob” era algo soso todo el mundo le llamaba “El gran agnóstico”.

Del encuentro casual entre ambos nació la inspiración que Wallace necesitaba para escribir Ben-Hur, la historia de un príncipe judío hecho injustamente esclavo que regresa a Judea clamando venganza. “Suena épico, suena a éxito, suena a 15 millones de dólares”, debieron pensar en MGM. Y la jugada no les salió nada mal: 11 premios Oscar en 1959 así lo demuestran.

Por cierto, Wallace era este señor de aquí abajo y si alguien le hubiera dicho que 143 años después los Yllana iban a transformar su oda al cristianismo en una comedia gay friendly quizás hubiera olvidado, durante un par de segundos, su respeto a Dios. Y es que esta es la apuesta del montaje: Judah Ben-Hur no se mueve por venganza, ni para restituir su dignidad. Casi como un adolescente-Apatow lo hace por puro deseo sexual.

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Aunque para ser justos, hay que recordar que la relación homosexual entre Ben-Hur y Messala ya está insinuada en la adaptación de Wyler. Al menos, así lo confirmó el guionista no acreditado Gore Vidal. Y si, como dicen, la peli lo sugiere con miradas y frases de doble sentido, en el montaje de Yllana se evidencia, se subraya, se pone en negrita, en mayúsculas y se colorea con el paint . Ben-Hur tirándole fichas a Messala es el ADN de la obra. Es más, para los despistados, como el señor sentado detrás de mí (“¿por qué se soban tanto?”, exclamó), todo esto se verbaliza sin margen de error, momento “It’s rainning men” incluido.

Por otra parte, la dramaturgia que firma Nancho Novo replantea por completo a sus personajes femeninos. O, mejor dicho, sus personajes femeninos replantean la obra. O, mejor dicho aun, las dos actrices (Elena Lombao y María Lanau) deconstruyen su propio cometido en la trama. Porque si en la peli de Heston, tanto Miriam, madre de Ben-Hur, como Tirzah, su hermana, aparecen como mero trámite narrativo, aquí las dos deciden salirse del personaje y sabotear la función. Su exigencia de interpretar más papeles resulta uno de los contrapuntos más oportunos y divertidos del texto. Además, esta “metarebelión” feminista termina siendo una reflexión sobre el papel de la mujer en la ficción (y en la Historia). También es cierto que esto apenas afecta al hilo argumental. La cosa se queda justo ahí, en un ejercicio reivindicativo que apenas se traduce en trama. ¿Es un problema? Ni idea. Lo más seguro es que el señor de detrás (en adelante, Emilio), siga pensando en lo de Ben-Hur y Messala, y ni se plantee estas cuestiones. El caso es que todos cogimos el mensaje. Y nos reímos mucho. No se puede pedir más.

En este sentido, todo funciona mejor cuanto más se entrega a la comedia, a la carcajada porque sí, a ese chiste de “los hispanos son muy hispanos y mucho hispanos”. Ya lo sé, no es la primera vez que vemos a cuatro tíos con gáleas en la cabeza y faldas romanas jugando al absurdo. Pero es precisamente cuando la obra mira de reojo a Pijus Magnificus o al tristemente extinto Frente Popular de Judea cuando consigue más identidad. Hasta aquí, pulgar hacia arriba.

Quizás los peros vienen cuando el subtexto se transforma en texto. La idea de reinterpretar un clásico del género histórico para desmitificar todo lo escrito en mármol me gusta. Pero en cierto punto, está quizá más explicado de lo necesario. Para mí, lo más disfrutable de algo que se titula La loca, loca historia de Ben-Hur es la guasa por encima de todo. Pero en ocasiones, el humor da un paso atrás para hacer visible y evidente el trasfondo del texto.

Por su parte, el montaje contiene varias soluciones visuales llenas de ingenio, que se complementan con lo que Yllana llama teatromascope. Esto es, para entendernos, una inmensa pantalla que recrea los escenarios icónicos de la peli. Y funciona. La experiencia es inmersiva por completo. Por esto, pero, sobre todo, por los actores. De hecho, la carrera de cuadrigas es la prueba irrefutable de que lo único que necesita el teatro para ser creíble es a cuatro actores dándolo todo, creyendo que realmente se están partiendo la cara en la arena del Coliseo. Se lo creen ellos, me lo creo yo, Emilio sigue pensando en lo de Ben-Hur y Messala. Todo bien.

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“La loca, loca historia de Ben-Hur” estará en el Teatro La latina de Madrid hasta el 26 de mayo. Pero si no puedes acercarte, recuerda que dentro de nada es Jueves Santo y con plena seguridad echarán la película en televisión en horario de sobremesa.

Y Emilio: si has caído aquí por azares de la vida o porque buscas respuestas sobre lo que viste entre Ben-Hur y Messala, tengo un mensaje para ti: sí, Emilio, SON GAYS.


NO ME ENSEÑES EL RESULTADO, ENSÉÑAME CÓMO HAS LLEGADO ALLÍ

16 octubre, 2018

Por Mireia Llinàs.

Como todo el mundo, veo bastantes series, al menos, pilotos. La buena noticia es que muchas de las que veo son notables. La mala, que hace tiempo que no veo una serie que brille, que trascienda. Concretamente en el manido género del thriller, más que nunca, ya no es suficiente con matar, con poner tipos duros y despiadados, amenazas, hostias y traiciones simplonas. Preguntándome porque algunas series negras son notables pero no tienen el nivel, sobre todo de guión, de Los Soprano, Gomorra y algunos episodios de Homeland o Narcos, he llegado a estas conclusiones:

NO IMPONGAS LOS GIROS: Lo dijo Vince Gilligan, y mira que Breaking Bad está lleno de giros increíbles. Pero no los impongas. A menudo pensamos que un thriller tiene que tener sangre, acción, tensión y que esa tensión se va a generar por el simple hecho de escribir escenas/acciones con una supuesta tensión, pero si los personajes no te importan, has llegado allí de forma no del todo creíble o lo que pasa no es una consecuencia lógica, ya se pueden cargar a todo quisqui que el público no sentirá esa tensión. Quieres llegar a un sitio sea como sea: “al final del capítulo matan a su hija”. Y llegas allí de forma precipitada, burda, lo impones. Mal. Te la va sudar que maten a la hija y seguramente no seguirás en el siguiente capítulo. No hace falta que os diga como manejan el asesinato de Adriana, la mujer del sobrino de Tony Soprano, que colabora con los federales y la descubren, un momento televisivo de gran impacto y cocinado durante muchos capítulos. Tony no la hace matar porque le caiga mal en el capítulo 1. Por cierto los malos son de carne y hueso, son despiadados pero también humanos, tiernos, cariñosos…

ENTRA EN EL UNIVERSO A FONDO: No digo nada nuevo pero documentarse es básico. No copies otras pelis o series de gánsteres. En Gomorra estuvieron años hablando con killers, mafiosos…Se metieron en Scampia hablaron con las familias. De esta forma sabes que no van por calle sin escoltas, no puede entrar cualquiera en casa de Pietro Savastano y cargárselo. Hay vigías cuando venden la droga etc. todo este tipo de detalles van a hacer que te lo creas, que entres y que las escenas de tensión sean realmente tensas porque has entendido como funciona. Si no hubiese eso y simplemente entrara un tío y se cargara a Doña Inma, la tensión sería mucho menos porque no te lo has creído. Pero si has tenido que currártelo para sacar a los vigilantes, para que Inma, aún sabiéndolo, tenga que salir de su escondite etc., etc., eso sí que te hará sufrir porque dirás ostras, no tiene opción, qué putada. Si en tu país los gángsteres, te has documentado y no van con escoltas, ok pero explica porqué. Habrá otros peligros.

HUYE DE LOS TÓPICOS: No es suficiente que un tipo o tipa sea sanguinario y se cargue a gente para crear tensión, también tienes que creértelo, verlo inevitable, sufrirlo. No digo que lo tengas que justificar a nivel moral, puede ser un cabrón/cabrona pero incluso los hijos de puta tienen sus motivos para hacer lo que hacen y hay que explicarlo. Aunque sea una tontería, pero una tontería con fundamento, no por la cara. Los “malos” de verdad no van matando por ahí porque sí. No es que no sean crueles, pero lo que son es inteligentes. Pablo Escobar, después de muchos capítulos en guerra con el Gobierno decide atentar contra el Presidente. Convence a un chico de la comuna, pobre, para que grave una conversación. Finalmente descubres que es un chico bomba que iba engañado, un inocente tan desgraciado que está exultante por formar parte de una organización criminal que solo lo utiliza. La explosión del avión Avianca y la muerte de los 107 pasajeros, incluido este personaje que le has cogido cariño, es cruel pero está justificada durante muchos capítulos e inteligentemente planeada por Escobar.

COCINA BIEN TUS TRAMAS: Si tienes que estar varios capítulos para contar algo, hazlo. Homeland temporada 1, capítulo 2 y 3 para contar la historia de una escort del harén de un príncipe saudí, informadora de Carrie, primero la presentamos y también al oscuro mayordomo del príncipe. La chica informa a Carrie que ha visto al príncipe con Abu Nazir. Se niega hacer nada, acepta porque Carrie le asegura que está protegida pero no lo está. Se arriesga, parece que no la han pillado. Dos capítulos para contar el periplo de este personaje secundario, una trama llena de dudas. ¿Realmente el príncipe financia terrorismo o se lo ha imaginado todo Carrie? Finalmente la matan. ¿Ha sido un robo o la han descubierto? Parece que el príncipe no sabe nada. Al final ha sido el mayordomo y la financiación al terrorismo viene a través de una joya que le regala el príncipe a la escort, valorada en medio millón de dólares. Pam. Sorpresa, bien hurdido, documentado (los saudíes saben que la manera de mover el dinero son las joyas que no dejan rastro ni transferencias). Emoción: la muerte de la chica por culpa de Carrie y el Estado, que has visto durante dos capítulos. Lo tiene todo, es una trama bien cocinada.

VE POR DELANTE DEL ESPECTADOR, SORPRÉNDELE: Vigila todo lo que ya sabe del género. Que la persona traicionada vea la traición antes que el público y quizás ya haya actuado en consecuencia, elípticamente, y te sorprenda la manera inesperada (pero siempre lógica) de cómo lo resuelve. No enseñes tus cartas. Trocea el relato si es necesario, abre nuevos interrogantes. Ya no es suficiente con un objetivo, un obstáculo o un policía antagonista, hay que ofrecer más. La muerte de Salvatore Conte en Gomorra, como el público cree que Ciro di Marzio está definitivamente acabado y ves lo que ha pasado por detrás a posteriori: todo cuadra pero te sorprende, te han engañado.

NO ME ENSEÑES EL RESULTADO, ENSÉÑAME CÓMO HAS LLEGADO ALLÍ: En definitiva y lo más importante, es mucho más difícil de escribir pero mucho más brillante, entender cómo se ha llegado allí, no enseñarlo cuando ya está todo hecho. Una muerte, la expulsión de tu rival en un territorio, la llegada al poder. No me cuentes: “mira este tío es muy inteligente, créetelo, ha llegado hasta aquí”. “Mira, esta tipa es muy poderosa el otro solo verlo se caga encima”. No. Explícame porque tiene poder, porque los demás lo temen, por qué está por encima, no hagas trampas, no seas vago. Si sigues a tu personaje y ves porque tiene poder lo vas a respetar mucho más, si lo respetas te gustará más lo que ves, te enganchará más y notarás que estás delante una serie superior que rezuma verdad, y no solo que es entretenida.


EN DEFENSA DE LAS ESCENAS LARGAS

25 enero, 2018

por Mireia Llinàs.

Ya sabemos que, cuando hablamos de guiones, no hay verdades inequívocas. O parafraseando la manida frase que sirvió de título para una canción de Jarabe de palo, todo “depende”. Es evidente que ni todas las escenas largas son buenas ni todas las cortas son malas y que necesitas encontrar un equilibrio. Ya sabemos que hay escenas cortas memorables, en las que basta con la mirada entre dos personajes para que te embargue una gran emoción o esa única frase perfecta para la ocasión, donde añadir más diálogo sería un error.

Pero en general, sobre todo en televisión, hay un cierto reparo con las escenas largas. Cuantas veces nos han dicho “máximo tres páginas” “intenta no hacer más de tres réplicas por diálogo”. Si bien entiendo que quizás son normas que se les marca a los principiantes porque tienen tendencia a no concretar o a no saber renunciar, la verdad es que las escenas largas pueden contener tal tensión, tales giros, tal emoción, que se hacen cortas y que si las recortaras probablemente no serían creíbles, no harías entrar al espectador en la historia, no entenderían al personaje o simplemente perderían toda la gracia y perderías una oportunidad para forjar una serie mejor.

Sí, estoy hablando de esa asociación absurda entre ritmo y duración: si en los planos hay movimiento interno, los personajes hablan de prisa y el montaje es picado, la peli o serie tiene mucho ritmo. Y parece que algunos no saben que si la serie es mala, será un tostón por muy deprisa que vaya.

Por lo tanto creo que un elemento que hace que una serie sea buena, entre muchísimos otros, es el “tempo”, (así dicho en italiano suena más culto, ¿no?). Tomarse su tiempo es importante, tanto a nivel de guión como dirección e interpretación.

Cuando en la primera temporada de Breaking Bad, Walter White decide no someterse a un tratamiento para el cáncer, dedican una escena de más de diez minutos para entender como se siente cada uno de los personajes delante de ese hecho: Están todos sentados en el sofá y abre la escena Skyler, que quiere convencerle para que haga el tratamiento; Hank, a su manera tosca y con metáforas de juego y deporte, también quiere conseguir que no se rinda; su hijo de quince años Junior, con parálisis cerebral, le da una lección a White; eres un cobarde, le espeta enseñándole su muleta, lo que provoca las lágrimas de Walter.

Su cuñada Marie, en cambio, tiene una salida inesperada; es tu decisión, sentencia; es enfermera y cada día ve gente en el hospital con una vida miserable, entiende que no quiera que sus últimos meses sean así. Esas palabras ponen furiosa a Skyler que ha reunido a la familia para convencer a Walt. Hank de repente está de acuerdo con Marie y empiezan todos a discutir. Walter pone orden, toma la palabra y hace un discurso que es un alegato a la dignidad humana. Y no, no son tres réplicas, son unas cuantas más. Todas las que sean necesarias para no solo entender al personaje, sino acercarte, aunque sea un poquito, a lo que sería pasar por eso, empatizar y reflexionar sobre la vida y la muerte.

Es una secuencia llena de emoción, de conflicto, donde ves unos personajes que intentan aceptar la muerte de un ser querido y como cada uno se enfrenta a ello. Desde luego que en un minuto, con el chip de solo “marcar” el “paso dramático” de que la familia no consigue convencer a White de que se haga el tratamiento, no sería una gran escena, que además tiene su eco durante toda la serie. Los actores, además, no tienen prisa; hablan con la cadencia que marca las emociones que están sintiendo, con las que están luchando; sus movimientos son los de un domingo por la tarde en el que nadie tiene prisa porque les afecta lo que les está pasando, el timbre de sus voces es el del que se enfrenta a una realidad dolorosa. Todo suena a verdad.

Menos larga pero aun así, bastante más de lo habitual, tenemos la escena del cumpleaños de Salvatore Conte de Gomorra: Seis minutos se emplean para explicar que Conde, un capo de la mafia, está enamorado de una mujer trans y deja entrever ese debilidad ante sus lacayos y toda la camorra. En el gran salón donde se celebra su cumpleaños están todos los que forman parte del negocio de la droga en Scampia. Se toman su tiempo para explicarnos que todos respetan a Conte o eso intentan mostrar; le hacen un regalo caro a él y a su novia ficticia que le acompaña para no levantar sospechas. Alzan sus copas y brindan a su salud.

De repente se apagan las luces y de la gran escalinata, lentamente, baja su amante trans, cantando una canción. Es evidente que es una sorpresa de la chica hacia Salvatore: la tensión es máxima, si la gente supiera que son amantes…los chicos de Conte empiezan a burlarse de ella. No una burla, ni dos… Se toman su tiempo, se recrean en ello, cuanto más mejor, más al límite pondremos al personaje de Conte y más temeremos su reacción; ¿Qué hará? ¿Está dispuesto a aceptar esas burlas hacia su amada o hará algo al respecto?

Pasan los minutos y parece que no hace nada, lo deja pasar; sabe que si reacciona se pone en una situación muy peligrosa. La chica trans, despechada, se va. La novia ficticia, que es la hermana de la chica trans, va tras ella; Esa salida inesperada provoca reacciones en todos; ¿Qué relación tiene su novia con la transexual que acaba de cantar?. Llega una tarta. Le dan un cuchillo a Conte para que la corte. Él no tiene prisa. Se levanta con parsimonia, agarra el cuchillo, lo acaricia y al cabo de unos segundos, eso sí, rápidamente para que nadie lo vea venir, se lo clava en la mano al que ha hecho más mofa de la trans. El hombre grita, todos alucinan con esa reacción de Salvatore. ¿Desde cuando un capo de la mafia defiende a una transexual? ¿Qué pasa ahí? ¿En qué le ha ofendido? Al zorro de Ciro di Marzio no se le escapa.

(Atención spoilers)

Al final, la fiesta continua pero, como veremos más adelante, ese hecho condena a Conte y pocos capítulos más tarde, es asesinado: no hay espacio para las debilidades en la camorra. Hay que tomarse su tiempo para explicarlo, hay que disfrutar con las secuencias: esa tensión, esa demostración de fuerza y de debilidad a la vez, la sutilidad en la que está contado, las miradas de los demás, la desconfianza y la duda de lo que pensarán. Si lo haces rápido, todo eso, se pierde.

(Fin spoilers)

Así podríamos poner muchos más ejemplos, en Los Soprano, en The Wire, en Juego de Tronos, en True Detective o en Mindhunter. Es verdad que no es lo mismo escribir un capítulo en dos semanas que en dos meses; rodarlo en tres días o en veintitrés. Ensayar o no ensayar. Darle mil vueltas a una escena o trama o escribir lo primero que se te ocurre por falta de tiempo.

Pero, a parte de esos hándicaps, lo que creo es que no debemos tener miedo a aburrir: aburriremos si no contamos nada interesante, en ese caso no importa lo cortas que sean las secuencias, serán igualmente aburridas. Si por lo contrario nos recreamos en algunas de ellas, juntos guión y dirección, es posible que nuestra serie brille más.

Mireia Llinàs es guionista. Escribió el largometraje Sólo Química, y ha trabajado en series como Ventdelplà o Kubala Moreno i Manchón. Publicó la novela Els Enemics Silenciosos y colabora en el blog guio.cat.

 


NO HAY QUIEN LAS ENTIENDA

22 noviembre, 2017

Por Isa Sánchez

– ¿Cómo que el café preparado, Johnny? —preguntó Mike mientras su amigo ahondaba una muesca en la barra y apuraba su tercer vaso de bourbon—. ¿Te preparó el café y después se largó?

– Así es Mike. Cuando me levanté, ella se había llevado todas sus cosas, pero me había dejado el café preparado.

– ¿Y no te ha dejado una nota ni nada?

– Nada, Mike… Ya sabes: mujeres… No hay quien las entienda.

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Olatz Arroyo y Marta Sánchez al inicio de su charla: “Mujeres que escriben comedia”.

Como en cualquiera de las escenas similares que hemos visto en el cine, los libros y en todo lo que se lleva contando desde que se cuentan cosas, los pobres Johnny y Mike no entienden nada. Las mujeres hacen cosas raras sin que sepamos sus motivos. No creo que este texto pueda ayudarlos, pero quizá les dé alguna pista sobre por qué están tan perdidos.

Los pasados 2, 3 y 4 de noviembre tuvo lugar en Santiago de Compostela el V Encuentro de guionistas (cuyo resumen se puede leer aquí gracias al currazo que se metió anotando y redactando Teresa de Rosendo), una sucesión de charlas de las que salí, como muchos de mis compañeros, con un chute de inspiración y ánimo para escribir más e intentar hacerlo bien. Una de estas charlas fue la que dieron Olatz Arroyo y Marta Sánchez sobre la presencia de la mujer en la comedia. Ellas, como guionistas de larga trayectoria en series de TV (7 vidas, Aída, Gran Hotel, Allí abajo…) venían a reclamar la necesidad de desprejuiciar a la industria nacional y sus gerifaltes respecto al potencial cómico de la mujer, ya sea como personaje o como autora/estrella (“Desde Lina Morgan, no ha habido otra Lina Morgan”, repitieron en un par de ocasiones con toda la razón del mundo). ¿Cuánto tiempo va a tardar España en engancharse al carro de mujeres cómicas que capitanean todo tipo de espacios audiovisuales? A lo Tina Fey, Kristen Wiig o Lena Dunham entre otras (norteamericanas todas).

Una de las sentencias con las que Marta y Olatz introdujeron su presentación fue que se necesitaban “más comedias no DE mujeres, sino CON mujeres”. Y a esta diferencia entre el DE y el CON es a la que quiero dedicar mi primer artículo para bloguionistas (gracias por acogerme entre vosotros), ya que ahí reside buena parte del meollo. El protagonismo de personajes femeninos en una historia no implica que estos tengan que ser el contenido a tratar. Dicho así puede parecer obvio, pero vista la situación de nuestro cine y nuestra TV, la obviedad parece quedarse solo en lo teórico. A veces, he explicado esta diferencia a mis alumnos con una equivalencia: la mujer como tema versus la mujer como argumento. Y es que no es lo mismo hablar DE ellas, que A TRAVÉS DE ellas. Obvio de nuevo, ¿no?

Si lo primero, hablar DE mujeres (así enunciado, como si pudiéramos constituir un tema por nosotras mismas porque compartimos cualidades, virtudes y defectos esenciales… un asunto que bien daría para otro artículo), es algo que a alguien determinado en unas circunstancias concretas, puede parecerle poco apetecible, interesante o…. cansino (hartible como dicen por el sur); lo segundo, hablar CON mujeres, es algo tan habitual en el día a día, que parece extraño que pueda ningunearse en nuestra ficción. Y es que somos muchas… como hemos dicho tantas veces: la mitad de la población. Y no somos iguales (perdón, que se me cuela de nuevo el asunto para otro artículo).

Le preguntaba alguien del público a Concepción Cascajosa, quien nos brindó una auténtica masterclass como las que suele regalar a sus oyentes, por qué creía que en Estados Unidos, de ramalazo tan machista, nos llevaba la delantera en cuanto a ficciones de protagonismo femenino. Aunque la respuesta derivó a otras reflexiones de carácter más sociológico, a mí me da por pensar que probablemente, esto se debe más a la avispada visión de negocio estadounidense, que a una mayor conciencia de género en el país que ha elegido a don Donald para que los gobierne. Aunque lo cierto es que tampoco hay que ser muy avispado para suponer que las mujeres somos un importante nicho de mercado deseoso de ficciones que nos contemplen más allá de ser el tesoro que proteger, la damisela que salvar o la motivación de pulsiones testosterónicas increíbles (sobre la construcción patriarcal de los personajes femeninos es muy interesante la segunda parte de la entrevista que Àlvar López y Carlos Muñoz Gadea hicieron a Laia Aguilar, Mercè Sarrias y Carmen Fernández Villalba y puede leerse aquí). Porque repito: somos muchas, somos la mitad. Y si es hartible el temita de la mujer y solo se lleva escuchando unos años, podéis imaginar cómo estamos algunas del hombre como tema, protagonista y amo, como lleva siendo siglos.

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Concepción Cascajosa analizando las tendencias narrativas en las series internacionales para 2017-2018.

Dicho esto, podemos plantearnos qué es eso del temita del hombre. Pues no lo sé, o sí, porque todos asumimos al hombre como el personaje neutro capaz de personificar cualquier tema universal, como si no compartiera (solo) con sus congéneres cualidades, virtudes y defectos esenciales, mientras que la mujer acostumbra a vehicular solo asuntos considerados femeninos. Es decir: con un personaje masculino puedo hablar de lo que quiera, pero uno femenino debe estar justificado por la trama, como si el género (el de las tías, claro) acarreara (SOLO) determinados temas prefijados. Como si a nosotras no nos importaran las hipotecas, la crisis de los cuarenta, los políticos que nos roban, la amistad… o salvar al mundo, qué coño.

El otro día, le contaba a un amigo una idea para una historia sobre el equipo olímpico de un deporte individual formado por cuatro deportistas y él, conociéndome como me conoce, me preguntaba extrañado si todos los personajes serían hombres. Yo contesté que claro que no. Entonces mi amigo me preguntó si serían dos y dos, o tres hombres y una mujer. No se planteó que podrían ser tres mujeres y un hombre. Y lo entendí, fíjate, porque tres hombres y una mujer podrían representar cualquier historia, pero la combinación de tres mujeres y un hombre, destacaría al hombre del trío femenino. Y cuesta pensar una historia en la que este papel destacado no fuera el del vértice principal, en vez del de un elemento secundario subordinado al trío de protagonistas femeninos, como es lo habitual en el 3 más 1 contrario.

En la charla, se mencionó a Sole, quizá el mejor personaje de 7 vidas, interpretado magistralmente durante años por Amparo Baró y prácticamente ajeno a su condición de mujer. ¿Cuántos personajes como este hemos visto? Es que para tener más Soles, tenemos que creer y defender que puede haberlas, porque me da por pensar (como veis Marta y Olatz me hicieron pensar mucho) que mientras sigamos constriñendo a los personajes femeninos en temas considerados femeninos, seguiremos careciendo de mujeres de edades variadas, (¡edades intermedias incluso!) con problemas de madurez, laborales, existenciales, etc. Y claro, así, si nadie nos explica, es que no hay quien nos entienda. Y los pobres Johnny y Mike seguirán perdidos, haciendo muescas en barras y bebiendo bourbon sin entender nada.

Total que, como una cosa es el tema y otra el argumento, podemos hacer series y pelis CON mujeres sin que sean DE mujeres. Y para eso estamos los guionistas aquí: para crear argumentos potentes a través de los que tratar temas interesantes… e incluso, variados. Así que ¡hagámoslo!

* Si quieres saber más sobre Olatz Arroyo y Marta Sánchez, puedes hacerlo a través de dos entrevistas que se le hicieron en el Blog anteriormente, aquí y aquí.


SOBRE EL ENCUENTRO DE GUIONISTAS (III)

13 noviembre, 2017

Por Teresa de Rosendo

* La de hoy es la segunda parte de la crónica de Teresa sobre el Encuentro de Guionistas. La primera, la podéis encontrar aquí.

VIERNES POR LA TARDE. ¡SEGUIMOS!

La tarde del viernes no desmereció la mañana. La arrancó un interesante diálogo entre Alberto Marini y Jorge Coira, guionista y montador respectivamente de la película El desconocido. Marini relató cómo en sus primeros montajes sufría mucho porque le habían cambiado el guion pero acabó entendiendo que una película es una tarea coral… en la que Coira defendió que el último autor de la historia es el montador. Marini apostilló que en realidad lo es el músico, que es quien da la intención definitiva a muchas secuencias. Podrían haber seguido (director de fotografía, productor…). Pero la frase del debate fue sin duda la de Marini: “el guion es como un hijo criado en una comuna, un hijo de la CUP”… signifique lo que signifique. Sobre el final de El desconocido, ambos contaron cómo lo reinventaron porque al ver el montaje no les encajaba un cierre feliz y aprovecharon planos de colas del rodaje para reescribirlo.

Siguió el turno de Alicia Luna, que decidió trabajar con representante a partir de una discusión absurda con un productor. Ella considera que tenerlo te evita cabreos con quien te contrata, aunque sigue leyendo todo lo que firma. Explicó que el standard de comisión es un 13% de cada contrato si el curro se lo buscaba ella, y un 15 en caso de conseguirlo el representante. Y nos aconsejó que no tuviéramos miedo: “los agentes en España son gente seria”.

Sobre la atractiva Buñuel en el laberinto de las tortugas, Eligio R. Montero contó cómo el verdadero trabajo de guión de animación, en su experiencia, no se hace sobre el papel sino sobre la animática, una suerte de storyboard con bocetos de cada plano. Según contó, es la fase de trabajo más larga, más que la animación en sí, porque es más barata y admite más prueba y error. Contó además cómo esta experiencia le ha cambiado su forma de escribir: ahora prefiere centrarse en secuencias narrativas en lugar de mecánicas (esto es, unidades de acción más que por localización, secuencias versus escenas según papá Syd Field).

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Animática de Buñuel en el laberinto de las tortugas

Otras formas de escritura y un poco más de autobombo

Ahora me bajo un momento de esta crónica para subirme una hora al escenario. Hacia las seis tiré de la lengua a David Kavanagh, CEO de la FSE (Federación de Guionistas de Europa) y del sindicato de guionistas irlandés. David contó la importante labor de lobby en Europa (incidiendo en la inminente aprobación de la nueva directiva de copyright) y de intercambio de información que lleva a cabo la FSE, e hizo un repaso de las principales fortalezas de otros sindicatos del continente, especialmente la de los británicos, que a diferencia de nosotros pueden establecer tarifas para su trabajo; o la forma en que los guionistas daneses lidian con nuestra misma dificultad: el abogado de su sindicato negocia todos los contratos de tal manera que sabe los precios del mercado y no permite que tanguen a los guionistas. Terminó con un mensaje inspirador: “Vuestro trabajo genera mucho dinero, tenéis derecho a recibir un porcentaje de beneficios de todo lo que escribáis y a que vuestras entidades de gestión os ayuden a ser fuertes como sindicatos, y la mejor forma de lograr cosas es pelear unidos”.

El remate del día lo dio una novedosa forma de aprovechar nuestras habilidades de escritura: Jacobo Delgado, además de ser guionista de Cuéntame, escribe discursos para Pedro Sánchez. Con una fina analogía entre los géneros audiovisuales y los discursos presidenciales, nos habló de cómo escribe la “película de autor” (el discurso en el Congreso), de cómo tienes que dar titulares al principio de cada meeting, del hecho de que aunque haya gente escribiendo los discursos a los políticos eso no les resta valor, y de que para el speechwriter también existe la señora de Cuenca.

Y hasta aquí lo que los organizadores nos tenían preparado para el viernes. O no, porque nos emplazaron poco después en el centro de Santiago a una cerveza y una empanada cortesía de FAGA, para celebrar su décimo aniversario y el vigésimo de AGAG. Después, unos cuantos logramos que nos sentaran en un restaurante sin reserva y arrasamos con las zamburiñas, pulpo, queso de tetilla, Estrella Galicia, gintonics… y partir de las 00:00, lo que pasa en un encuentro de guionistas, se queda en el encuentro de guionistas.

SÁBADO. DÍA 2.

Amanecemos con unos kilos de más y nos lanzamos a por el segundo y último día del encuentro. Primera parada…

El guionista de reality

Amalio Rodríguez forma parte del equipo creativo de Zeppelin TV y dedicó su intervención a contar su proceso de desarrollo en El Puente, un formato original mezcla de reality y concurso a partir de una idea original de Javier Pereira. Como en todos los programas de este tipo, el casting fue clave para la parte emocional, y una de las primeras decisiones que tomaron fue dosificar la información de cada concursante, su perfil, para que el espectador los descubriera cuando ya los había visto interactuar y así se enriquecieran las historias. Amalio insistió en que el orden del relato es fundamental para el guionista, y de ahí que se reservaran y alimentaran un final potente, que generase expectativas.

Creatividad en las TVs autonómicas

El sábado fue sin duda un poco ladrillazo en la cabeza a todos los que escribimos en cadenas nacionales y no paramos de quejarnos. Los de las autonómicas llegaron para dar una lección de creatividad con bajos presupuestos y circunstancias adversas: Trinxeres (TV3) muestra a tres amigos que se lanzan mochila al hombro por senderos de Cataluña siguiendo el rastro de historias y personas relacionadas con la Guerra Civil. No en vano la ponencia se llamaba “¿Cabe la memoria histórica en la parrilla?” Y a juzgar por la carne de gallina que se nos puso con algunas de las imágenes, la respuesta es un rotundo sí. Su co-guionista, Carles Costa, explicó cómo el programa había ayudado a entenderse a tres generaciones, y cómo el interés que suscitaban los contenidos llegó a eclipsar el hecho de que entrevistaran a un franquista mayor de cien años con su uniforme puesto sin que nadie reparase en ello ni se quejase.

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Gandalf Gambarte desgranó las claves del éxito de Land Rober

Y llegó uno de los momentos más esperados del Encuentro: comprobar si el ponente y guionista Gandalf Gambarte se llamaba realmente así. Como él intuía nuestra inquietud, arrancó la ponencia confirmándolo. Gandalf habló de su trabajo como guionista en uno de los éxitos autonómicos del momento: Land Rober Tunai Show (TVG), un formato de comedia y música en el que “éxito” se queda corto: más de 20.000 personas se apuntan para ir de público y la lista de espera ronda el año y medio. ¿La clave? El público es el cuarto actor del programa: participa activamente y genera gracias al equipo de guión un tercio de cada show: sketches en directo con una fórmula es infalible: si el espontáneo lo hace mal genera risas, y si lo hace bien, también. Ocurrió aquíaquí, y aquí.

Son las 11:30 y la pausa del café está cerca pero aún quedan dos charlas fundamentales:

El reparto de derechos. Un tema polémico entre compañeros y otros no invitados a la fiesta pero que se cuelan igualmente para llevarse unas copas gratis: algunos productores ejecutivos, valiéndose de su posición de poder, están adjudicándose porcentajes cada vez más altos de nuestros derechos de autor sin haber escrito nada o casi nada. En algunos casos llega al 20%, una práctica preocupante que se ha decidido cortar desde ALMA y FAGA mediante una nueva propuesta de reparto que explicaron Natxo López y Eduard Solà: una recomendación que sustituya en caso de arbitraje el clásico 25%, 25%, 50% y que está en manos de una mesa de trabajo. Ambos dejaron claro que el resultado no sería una imposición sino una red de seguridad en caso de litigio, y que el reparto de derechos es un pacto entre autores y el principio que debería regirlo es que cobra quien escribe.

Y dejamos la propuesta para pasar al Estatuto del Creador, que suena a Antiguo Testamento pero se trata de algo incluso más serio: la subcomisión de Cultura en el Congreso ha estado escuchando a profesionales del sector para elaborar un estatuto que atienda las necesidades y peculiaridades de nuestro mercado. Curro Royo las explicó y las resumió junto a Carlos Ares: necesitamos una excepción a la Ley de Competencia que permita a los autónomos negociar tarifas mínimas sin que nos multen cuales petroleras que pactan precios; acabar con los llamados contratos buy outs por los que una cadena o productora compra nuestro trabajo para siempre y para todas las ventanas, países, medios (inventados o por inventar) a un precio ínfimo; tener un epígrafe propio en el IAE para dejar de cotizar como toreros, y el derecho a fraccionar nuestros impuestos o condiciones realistas para bajas por maternidad o jubilaciones.

Y ahora sí, CAFÉ. Y tarta de Santiago.

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Asistentes al V Encuentro de Guionistas

Más guionistas inspiradores

Un poderoso panel de guionistas nos recibió a la vuelta para hablar del meritazo que tienen los coordinadores y guionistas de las series diarias. Verónica Fernández y Aurora Guerra están de acuerdo en que en este país nos cuesta creernos un formato en el que cabe de todo, que como guionista es un reto constante “que engancha” (Aurora) y “enamora” (Verónica). Con una humildad y sencillez encomiables, Aurora (que actualmente coordina El secreto de Puente Viejo y Acacias 38) desmintió que estiraran las tramas: “las detono rápido y las quemo rápido, la gente está enganchada al ritmo”. Verónica reconocía que el ritmo de trabajo le costó al principio, y como no quería renunciar a la calidad, diseñó un sistema de trabajo por el que los guiones pasaban muchos filtros. “La diaria te lleva a límites que como guionista no sabías que ibas a alcanzar”. Ambas coincidían en que esto no sería posible sin tener un equipazo de guionistas detrás. A la pregunta de por qué perviven las diarias, las dos tenían claro que el cariño a los personajes crece exponencialmente cuando el espectador los ve a diario.

Volvimos a las autonómicas con Xabi Zabaleta (Go!Azen, un musical de adolescente en euskera. Repito: un musical de adolescentes en euskera) y Héctor Lozano (Merlí). “En Euskadi como todo el mundo sabe no se folla pero tampoco se baila”, abrió Zabaleta su exposición. A pesar de eso, vendió primero la tv movie (en ETB estaban preocupados por enganchar a la gente joven) y luego la serie a partir de unas canciones que escribió y grabó con el guionista Álvaro Carmona. Ruedan 13 capítulos a lo largo de 45 días en verano. Ahí es nada. Como les han comparado con todos los musicales famosos, la apertura de la nueva temporada será un homenaje a La la land. Tanto Zabaleta como Lozano coincidían en que parte de su éxito estaba dirigido a gustar a los padres. “La serie ha servido para que se sienten a hablar dos generaciones sobre temas tabú”, afirmó orgulloso Lozano, que vendió el proyecto a TV3 a partir de tres folios que escribió porque siempre había sido fan de El club de los poetas muertos. Además de la orientación a los padres, cree que parte de su éxito es que se esforzó mucho en que los chicos hablaran como en la realidad, y por eso mismo cree que el doblaje para la televisión nacional no estuvo a la altura.

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Miguel Barros habló del viaje del guionista a lugares inciertos

La mañana se cerró con la que para mí fue una de las charlas más inspiradoras del Encuentro: la de Miguel Barros (Blackthorn, Nadie quiere la noche), que habló de guiones ambientados en lugares extremos. “Sitúo mis pelis en lugares extremos porque me gusta viajar”. Relató cómo en el desarrollo de la serie Gigantes para en el departamento de desarrollo de Movistar+ se ponían muy nerviosos porque no sabía decirles hacia dónde iba la serie. “El guionista tiene la responsabilidad de embarcarse en un viaje incierto. Tenemos la obligación de recorrer los lugares menos transitados. Si no, acabamos haciendo viajes a un resort con una pulsera en la mano y realmente no hemos ido a ningún lugar”. Barros habló no solo de sus éxitos, sino de “películas que no habéis visto y no vais a ver porque se fueron a la mierda”. También de la frustración con el resultado final de tus guiones: “El fracaso entre lo que escribes y lo que se plasma está siempre ahí, hay que aceptarlo”.

Una tarde para la comedia

La tarde la inauguraron Olatz Arroyo y Marta Sánchez representando a CIMA. La abrieron con dos escenones de Veep y Glow, para reivindicar que no hace falta que las series de mujeres tengan tramas sobre ser mujeres, aunque tampoco está de más que se refleje de una forma no tópica algunas de las situaciones a las que nos enfrentamos en la vida real por serlo. “Queremos hablar de nuestras vidas laborales, de otros temas que no sean la maternidad”, contó Marta. Reclamaron personajes femeninos inolvidables que no sean una mera comparsa de los hombres. “Uno de los mejores personajes que han existido en nuestra comedia es Sole de Siete Vidas. También Lina Morgan”. Afirmaron que a los productores les cuesta confiar proyectos a mujeres. Y Olatz remarcó que en muchos equipos se mete a una mujer a última hora para cubrir expediente, y tiene que dar su opinión por todas las demás mujeres, se acaba convirtiendo en la representante de todo un género.

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Manuel Burque y Josep Gatell hablaron sobre el pitch con el que vendieron Es por tu bien”

Los siguientes en subir al escenario fueron Manuel Burque y Josep Gatell, guionistas de uno de los taquillazos del año, Es por tu bien, para explicar cómo pitchearon la película en Telecinco y, según contaron, la vendieron en esa misma reunión: un concepto y personajes muy claros, estar en el lugar adecuado en el momento adecuado (se acababa de estrenar Dios mío pero qué te hemos hecho), y un ensayo previo en el que ambos prepararon concienzudamente cada posible pregunta que pudieran hacerles los productores… incluida la de “¿Queréis tomar algo? ¿Café, agua…?”. Sí, llegaron a ese punto… pero les salió bien. Ambos desgranaron el proceso del pitch y defendieron su importancia: da voz al guionista y la oportunidad de defender un guión sobre el que luego será más difícil opinar, permite no sólo vender la película sino a uno mismo, y en su caso –recomendación que salía por segunda vez-, convencer a los productores de saltarse la fase de tratamiento e ir directamente de sinopsis a primera versión.

Internet, esa fuente de posibilidades

Se acerca el final del encuentro pero aún quedan algunos hits. Como esta foto:

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En esa mesa se encuentran los fundadores de este blog que estáis leyendo, y Dani Castro y Natxo López subieron al escenario para defender a sus “yos” del pasado y hablar sobre la creación de Bloguionistas. Ambos contaron cómo se adentraron en el fenómeno de los blogs y sus motivaciones cuando empezaron allá por 2009 Guionista hastiado, Guionista en Chamberí, Chico Santamano o Pianista en un burdel: expresarse con la voz propia que no podían usar en las series donde trabajaban y darse a conocer. “Casi todo lo bueno que me ha ocurrido profesionalmente ha venido por cosas pequeñas en las que he creído mucho”, contaba Dani hablando sobre su blog. Con el tiempo, decidieron juntarse en un solo espacio para unirnos a todos y el resultado habla por sí solo: Bloguionistas ha ayudado a crear conciencia de gremio, ha abierto un espacio de debate (con sus agrias polémicas), y ha seguido dando voz tanto a los habituales de la casa como a futuros colaboradores: “Estamos abiertos a que publiquéis. Poneros en contacto con nosotros”.

Tras la pausa, José Antonio Pérez (Mi mesa cojea, Órbita Laika, Hoy por hoy), que siempre viene a los encuentros para contar un trabajo súper cool y completamente distinto del anterior, habló del auge de los podcast seriados, trayendo ejemplos de todas partes del mundo (la BBC es top en este tipo de ficción). Aunque no lo tuvo fácil, porque un espontáneo del público le acribilló a preguntas casi al principio de la charla, algo que José Antonio aprovechó para arrancar unas risas entre el público, con una solvencia sobre el escenario de la que hizo gala de nuevo en la fiesta de clausura. La cuestión es que contó su experiencia en El gran apagón que, aclaró, no es radio colgada en internet, sino un formato creado para una plataforma solo de podcasts, Podium. Contó que la escritura la planteó como la de una ficción, que la primera temporada contó con 50 actores, que con las duraciones hace lo que le da la gana y que las grandes cadenas están preparando sus propias plataformas de podcast, por lo que es una gran oportunidad para guionistas, y por qué no, para nuevos guionistas.

Cerrando a lo grande

Otra de las charlas que dejaron en silencio el patio de butacas fue la de Justin Webster, autor de Muerte en León, que se confesó militante y enamorado de la no ficción. Como no podía ser de otra manera, Webster habló de la importancia del proceso de documentación, y de cómo el guión se va construyendo solo a partir de este, y en gran parte en la sala de montaje: “El guión se transforma a medida q avanza el proceso. Un detalle que descubres al cabo de un año puede cambiarlo todo”. Y de hecho fue un poco lo que le pasó, pero no quiero hacer spoilers. Webster explicó que “A la pregunta de cómo es posible que una mujer mate a la luz del día en el medio de León la respuesta debería ser la serie. No es una respuesta sencilla. Muerte en León intenta ser lo opuesto a los juicios rápidos, los juicios fáciles”.

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Los impactantes datos del hilo de Manuel Bartual

“Me llamo Manuel Bartual y últimamente me pasan cosas raras”. Así empezó la última ponencia del encuentro a cargo del hombre que en una semana pasó de tener 16.000 seguidores en Twitter a 449.000 con la historia de sus vacaciones que superó 1,3 billones de impresiones y más de medio millón de likes. Bartual repasó el fenómeno desde sus influencias con Ghost Watch, Marble Hornets o La guerra de los mundos hasta los memes que se generaron a posteriori. Las claves del éxito según él mismo fueron tres: se dio en verano, época propicia para leer y entrar en este tipo de contenidos, fue un fenómeno de Twitter para Twitter, y pudo interactuar con sus seguidores en tiempo real. “Intento contar historias completamente adaptadas al medio en el que las cuento”. Tiene sentido. Y por mucho que nos doliera, llegó el final. Manuel cerró el encuentro y lo hizo con una de esas frases inspiradoras que te recuerdan lo genial que es este trabajo:  “La gente está ávida de historias. Busquemos una forma distinta de contarlas”.

Si os ha parecido interesante, esto no es lo mejor del encuentro. Lo mejor es el subidón que te da cuando estás ahí, la de buen rollo que se respira, lo que amas a todos tus colegas de profesión en la fiesta de la última noche. Del bajón de la espera en el aeropuerto, ya si eso hablamos otro día.

Nos vemos en el próximo, ¿no?


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