FLASHBACK: CÓMO ESCRIBIR UNA BUENA SINOPSIS (Y PARA QUÉ)

30 octubre, 2013

por Sergio Barrejón.

Con la reciente publicación de los elegidos para las tutorías gratuitas de DAMA AYUDA, estamos recibiendo un montón de emails, tweets y mensajes telepáticos pidiendo consejo para redactar una sinopsis como Dios manda.

Al igual que la primera y la segunda regla del Club de la Lucha son “No hablarás del Club de la Lucha”, la primera y la segunda regla de Bloguionistas deberían ser “No harás preguntas que ya hayan sido contestadas”. Porque queda fatal escribir a un blog diciendo os leo todos los días y me habéis ayudado mogollón para después preguntar por un asunto que ya había sido tratado hace menos de un año.

A lo que vamos: si escribes “sinopsis” en el cajetín de búsqueda que podéis ver en la columna derecha del blog, el primer resultado que obtienes es un post de diciembre de 2012 titulado “Cómo escribir una buena sinopsis (y para qué)”.

Pero tranquilo, no te alteres: te vamos a ahorrar ese terrible esfuerzo. A continuación, cual becario del Instituto Noos, voy a copiar y pegar aquí el contenido de ese post. Si eres capaz de hacer scroll down sin herniarte, estás de cinco minutos de descubrir… ejem…

CÓMO ESCRIBIR UNA BUENA SINOPSIS (Y PARA QUÉ)

(Publicado originalmente en Bloguionistas el 20.dic.2012)

La enseñanza académica del guión es cruel y descorazonadora. Lo que uno quiere cuando tiene la edad de estar estudiando en la Universidad no es escribir sinopsis, sino escribir un GUIÓN. Así, con mayúsculas (y con tilde). Pero como no hay manera de quitarle las ganas de escribir a un verdadero escritor, he llegado a la conclusión de que lo más honesto por mi parte es enseñarles a manejar ciertas herramientas.

La sinopsis es una herramienta estupenda para dos personas:

– Al lector, productor o espectador le permite saber de qué va la historia.
– Al propio guionista le sirve para orientar su trabajo en una dirección, y no irse por las ramas al redactar el guión. Uno de los errores más comunes en los jóvenes guionistas es intentar calzar dos o tres películas distintas en un solo guión. La sinopsis les ayuda a evitar eso, y por eso decidí empezar el taller obligándoles a escribir una sinopsis de un guión que aún no habían escrito.

Para eso escribimos sinopsis: para contarnos a nosotros mismos qué tipo de película queremos escribir. Porque es muy, pero que muy frecuente, olvidarnos de lo que queríamos contar cuando estamos a mitad del segundo acto y los caminos se bifurcan y las posibilidades se multiplican, y nos sentimos como un jugador de ajedrez intentando anticipar demasiadas jugadas.

¿Y cómo se escribe una buena sinopsis? Pues como un buen guión: empezando por el principio y ciñéndote a la historia. Simple, pero nada fácil.

Desde mi punto de vista, y salvo excepciones (el cine es arte, y en el arte se tienen herramientas, pero no fórmulas), hay dos maneras de arrancar una sinopsis:

A) Con un párrafo que empiece con el nombre del protagonista y su situación al arrancar la película, seguido de un segundo párrafo donde se presenta el conflicto principal de la historia.

B) Con un breve párrafo que describa el universo en que se desarrolla la acción, y seguidamente un párrafo de tipo A).

La opción B) yo la reservaría para películas de época, fantásticas y, en general, todas aquellas historias que se desarrollen en un entorno muy distinto al “aquí y ahora”.

Norte de África. Durante la Segunda Guerra Mundial. En Casablanca, capital de la Francia Libre, se dan cita refugiados de toda Europa en su búsqueda desesperada de un pasaje para América.

Rick Blaine (40), un norteamericano renegado y solitario, veterano de la lucha antifascista, regenta el café más popular de Casablanca. Una ruleta, el aplaudido piano de Sam y la presencia habitual de autoridades y personalidades hacen de Rick’s el epicentro de la vida nocturna de la ciudad.

Una noche, Rick tiene un encuentro inesperado: Ilsa, la mujer de la que estuvo enamorado años atrás en París, y que desapareció repentinamente de su vida sin dar explicaciones, se presenta por sorpresa en el café. Ahora está casada con uno de los líderes de la resistencia antinazi: alguien a quien Rick admira desde hace años. Los dos necesitan un pasaje para América antes de que los nazis los arresten, y sólo Rick podrá conseguírselo… si es que está dispuesto a separarse por segunda vez de la mujer que amó.

Es sólo un ejemplo. A partir de ahí, la cosa consiste en algo tan simple y tan condenadamente difícil como SINTETIZAR. Ir a la esencia de la historia. Contar sólo los hitos fundamentales para entender la película. Para conseguir esto en tan sólo una o dos páginas, podemos observar las siguientes indicaciones:

– Un buen método para identificar lo esencial es mantener el punto de vista del protagonista. Procurar no escribir demasiadas frases sin su nombre.

– Usar el pasado, el futuro, el condicional o el subjuntivo si es necesario. La sinopsis no es esclava del presente de indicativo. Es pura literatura.

– No es buena idea “hacer zoom” en una determinada escena y contarla como si fuera un guión. A no ser que sea una escena de arranque muy significativa, que siembre un montón de información esencial, y que cumpla el cometido de los párrafos A) + B).

– Olvidemos los diálogos. No hay nada más aburrido que un diálogo largo contado en estilo indirecto.

– La sinopsis no es un mapa. Sólo es una brújula. Si necesitamos un mapa, ya haremos una escaleta.

– No hace falta explicar las causas de todo, si eso nos va a obligar a un farragoso párrafo sin interés dramático. Por ejemplo: en la sinopsis de Casablanca quizá no haga falta explicar cómo le llegan a Rick los salvoconductos. No es esencial: el personaje de Ugarte no vuelve a aparecer. Su muerte es espectacular, y el detalle de los salvoconductos escondidos en el piano tiene su gracia, pero todo ello no influye en acontecimientos posteriores de la trama. Lo único que interesa a la trama es que Rick tiene en su mano la posibilidad de salvar a Ilsa y su marido… o de marcharse él con ella.

– Sí: la sinopsis debe incluir el final. No estamos escribiendo la contraportada del DVD. Estamos trazando un plan de trabajo, y estableciendo el tono de la historia. Si te gusta escribir sin conocer el final, me parece bien. Pero entonces este post no es para ti. Es muy posible que el final no quede brillante ni gracioso en la sinopsis. No importa. Imaginad el final de El Tercer Hombre o Con Faldas y a lo Loco en versión sinopsis: un truño. No pasa nada. Y para demostrarlo, voy a terminar este post aquí, sin chimpún final.

 


FLASHBACK: EL QUÉ Y EL CÓMO

13 noviembre, 2011
Por Guionista Hastiado

Hay una creencia extendida dentro de la industria cultural que personalmente siempre me ha resultado un poco timo. Y tengo la sensación de que cada día que pasa está más asumida, tanto entre diletantes como entre curtidos profesionales. Se trata de la fe en las ideas geniales. Me refiero a la aventurada promesa de que algún día se te ocurrirá esa idea perfecta que te hará rico y reputado; esa premisa para el mejor guión que a nadie se le ha ocurrido nunca; ese intrincado detonante que te dará la mejor serie o ese personaje que catapultará tu carrera hacia lo más alto del olimpo de los creadores. Tu “Tesis”, tu “Pepi, Luci, Boom”, tu “Diablo sobre ruedas”… expresados en unas pocas palabras.

Supongo que no se trata de algo extraño en éste país nuestro tan amigo de pelotazos, donde se considera que el que no se hace rico de la noche a la mañana es porque no ha sido muy listo. Así, los que no somos muy listos debemos conformarnos con creer en el futurible de las loterías, los milagros, o las ideas geniales que nos salvarán de la mediocridad.

En cierta ocasión conocí a un productor que me enseñó una lista de propuestas para series que se disponía a llevar a una cadena. Parecía que iba a echar la bonoloto. Era un listado de unas 30 ideas concentradas en un folio, del tipo “un joven descarriado se ve obligado a vivir con su hermano el responsable”. “Una familia de campo que se va a vivir a la ciudad por una herencia”. “Un chico estudia oposiciones para impresionar a la chica que le gusta”.

Vale, me las he inventado. Ya no las recuerdo. Pero sirven como ejemplo de lo que trato de explicar: que una idea para crear una historia, por sí misma, no es nada. Lo importante, y lo difícil, es cómo la llevas a cabo, cómo la conviertes en algo real. Es el “cómo” y no el “qué”, lo que hace de una ficción una obra de arte, un éxito de público, o un gran trozo de composta maloliente.

Las películas que nos emocionan, que nos atrapan, o aquellas que triunfan por todo el mundo, funcionan porque han sido llevadas a buen término por un equipo de profesionales que sabían lo que hacían. Son tantas las decisiones a tomar y tantos los errores susceptibles de cometerse a lo largo del complejo proceso de creación de un film, que es imposible acertar en todo por simple casualidad y atribuir todos los méritos a que “había un buen punto de partida”.

Hay quien le da mucha importancia a la originalidad de las propuestas. Y, por supuesto, no hay nada más agradecido y apetecible que salir del cine pensando que has visto algo distinto, algo nuevo. Pero la originalidad tiene que ver sobre todo con la manera de contar, con el estilo, con el punto de vista y los mecanismos narrativos empleados, más que con los temas. Partiendo de ideas originales se han hecho cosas maravillosas y grandes tonterías (rentables, pero tonterías). Y de la idea más sencilla del mundo se pueden lograr productos redondos y maravillosos como éste.

La originalidad temática es algo francamente difícil de valorar y encontrar, y su búsqueda exhaustiva lleva a cometer errores como ese afán mayúsculo de joven cortometrajista por impactar constantemente en cada plano, o por buscar de manera obsesiva “un final sorpresa”.

Convendrán conmigo en que el material fundamental del oficio de contar historias no es otro que el propio ser humano. Hablamos de nosotros porque es lo único que nos importa, así de egocéntricos somos. Se trata de un material inagotable, sí, pero no ofrece, en los grandes asuntos tratados, muchas variaciones. Los conflictos son siempre los mismos en esencia; de hecho son muchos los estudiosos de la narrativa que se han preocupado de numerar y catalogar los diferentes tipos de conflicto a los que puede enfrentarse un personaje (lo que resulta un ejercicio teórico interesante, pero quizá no demasiado útil a la hora de ponerse a escribir).

Contamos una y otra vez las mismas historias, pero cada creador aporta su visión y su manera personal de abordar esas historias. Los personajes, el contexto y el lenguaje narrativo (audiovisual) aportan la diferencia. Cojamos un titular cualquiera como, por ejemplo “un padre lucha por salvar a su hija de su novio asesino”. Imaginad las historias tan diferentes que resultarían si esa premisa la desarrollaran Almodóvar, Woody Allen o Ridley Scott. Sería ese proceso de desarrollo el que determinaría absolutamente la calidad, la personalidad y el mérito del producto final, y no la idea de partida.

Lo que pasa es que vivimos en un mercado audiovisual donde para muchos lo más importante no es hacer las cosas bien, sino venderlas.  Se trata de vender tu idea: tu guión, tu proyecto, tu serie, tu largo… Por eso la primera obsesión de aquellos que desarrollan una historia es llamar la atención, y ahí es donde la idea, como argumento de venta, cobra una importancia quizá excesiva.

Además, cuando entran en juego los condicionantes de mercado, el concepto de “idea” se prostituye, y ya no cuentan tanto los posibles valores narrativos que puede aportarnos la premisa inicial (¿es una historia con “chicha”?), sino las consideraciones externas: ¿Me darán subvención con este tipo de historia? ¿Puedo meter actores guapos? ¿Puedo meter desnudos? ¿Puedo ganar mucho gastando poco? ¿Puedo rodar en algún sitio paradisíaco donde tomar daiquiris? ¿Es un concepto suficientemente atractivo como para engañar al público y lograr que acuda al cine en masa las dos primeras semanas?

Los empresarios de la industria tienden a considerar que la mejor idea es las menos arriesgada, es decir, aquella que ya ha sido testada previamente, y que lo único que hay que hacer es repetir fórmulas con algún elemento supuestamente original de fondo, o darle “una vuelta de tuerca” a lo de siempre.

Al final, es el “cómo” el que suele salir perdiendo. Podemos ser Calatravas del guión y hacer ambiciosas propuestas de historias perfectas dibujadas sobre el aire, pero si tenemos algún interés en que el resultado no decepcione, tendremos que ponernos manos a la obra y empezar a construir, y demostrar con hechos que somos capaces de llevar a buen término todo eso que prometíamos. Y ahí es donde vendrá la originalidad, la distinción, el talento. Si los hay.

Igual es sólo cosa mía, pero sigo asombrándome cuando descubro la existencia de proyectos como éste o este otro. No se me ocurre una idea más sencilla que la de “Cheers”: un grupo de empleados y clientes habituales de un bar que comparten sus miserias diarias a ambos lados de la barra. Si “Cheers” es una de las mejores sitcoms que han existido no es por ese planteamiento de partida, es por su trabajo de composición de personajes, por el talento y el mimo con los que se escribieron sus guiones, por la oportunidad del momento y el lugar en el que se hizo (en el que se apostó por volver a lo cotidiano y pequeño después de una década de “grandes asuntos” como la guerra de Vietnam), por el acierto en el cásting y en la dirección de actores y, en definitiva, por cómo todo ello confluyó en una obra audiovisual exquisita.

Aquí somos muy de copiar la superficie. No nos preocupamos por aprehender los sistemas de trabajo, la manera de afrontar el conflicto, de equilibrar personajes, de enfocar el cásting, de pulir los gags, de rodar, y de construir las tramas horizontales… No, aquí copiamos el encabezado, porque queda bonito y llamativo.

Incluso utilizando exactamente los mismos guiones que el producto primigenio, ningún actor podrá estar a la altura de los protagonistas originales, porque esos personajes ya existen y no se pueden reinventar sin que pierdan en la comparación. La idea de resucitar a Sam Malone puede llamar la atención del público que conoció al primigenio Sam Malone, pero ese público es exactamente el mismo que se va a decepcionar al encontrarse con una burda imitación del original.

(Y eso que a mí San Juan me parece un actor muy potable… pero es que no es Sam Malone)

Pero  lo importante, claro, es vender el proyecto; ése es el verdadero propósito de una productora: vender proyectos. Y es un objetivo comprensible, esto es un negocio. El problema está, quizá, en quienes compran y en los motivos que les llevan a confiar en este tipo de apuestas. Últimamente tengo la impresión de que ya no se demandan historias, sino envoltorios, titulares llamativos, taglines apabullantes, frasecillas curiosas en las portadas de los proyectos, lametones de ingenio desparramados en folios sueltos o, directamente, un par de nombres de actores famosos que “han mostrado interés en el proyecto”.

En este mundillo vuelan las anécdotas de guiones que se vendieron con unas pocas frases impresas en una página y deslizadas sobre la mesa entre cubata y cubata. Esos proyectos siempre van acompañados de grandes intenciones que prometen historias trepidantes, divertidas, de sutil inteligencia y capaces de enganchar al espectador desde el primer minuto, todo a la altura de los grandes éxitos del momento. Gran parte de ellos fueron, y serán, sonoros fracasos.

Vender es importante. Si no se venden los proyectos, no se hacen. Pero luego hay que arremangarse y poner el acento en el proceso que viene después, y trabajar en profundidad en el desarrollo, en la escritura, en la elección de un cásting adecuado y no acomodaticio, en la persistente dirección de actores, en la creación de un buen equipo técnico y artístico, en elaborar un presupuesto dándole a cada cosa el valor adecuado, en el ensamblaje coordinado y adecuado de todos y cada uno de los procesos de la producción…

Tener ideas es la parte fácil del proceso. Cualquier persona por la calle le podrá dar rápidamente diez ideas para hacer series o películas. “Una película sobre mi tío que es muy gracioso”. “Una serie de bomberos”. “Una chica que trabaja en una peluquería como yo y ve a gente muy curiosa todo el rato y es muy divertida”. Es posible que se crucen también con algún personaje nervioso que les asegurará que él tuvo mucho tiempo antes la idea para hacer “Médico de Familia” o “El orfanato”, y que la vida es injusta porque le robaron su gallina de los huevos de oro, que era suya porque se le ocurrió primero. A lo mejor, incluso, se trata de un guionista.

Mi consejo, si quieren escribir y llegar a vivir de sus guiones, es que no se obsesionen demasiado con las ideas; las ideas vendrán solas. Preocúpense, sobre todo, por aprender a escribirlas bien, porque de eso va realmente este trabajo.

(Publicado originalmente en Bloguionistas el 11 de marzo de 2011)


FLASHBACK: COFFEE IS FOR CLOSERS ONLY: LA CARTA DE MAMET

12 noviembre, 2011

por Ángela Armero.

Que quiere decir: el café sólo es para la gente que vende, en el contexto de una inmobiliaria. Muchos recordaréis esta frase de Glengarry Glen Ross, una peli fantástica escrita ya hace unos añitos por David Mamet, dirigida por James Foley y con un reparto escandalosamente bueno. El primer premio para los que más vendían, si mal no recuerdo, era un Cadillac. El segundo, un juego de cuchillos. Así de competitiva era la cosa. Acaba de llegar a Internet desde el pasado (2005) una carta de mi nunca suficientemente ponderado David Mamet a los guionistas de The Unit, serie creada por él y por Shawn Ryan (el artífice de esa maravilla llamada The Shield) como productor ejecutivo. Con semejantes créditos cualquiera esperaría que The Unit fuera una absoluta maravilla. Pero en mi humilde opinión no lo es. La primera temporada es irregular, con tramas interesantes y momentos muy buenos, y en la segunda (que acabo de terminar) tienen cabida historias simplemente bizarras, con una construcción barroca y desenlaces sumamente abruptos y anticlimáticos. Sorprende que no sea mejor, sorprende que esos dos talentos secunden una serie tan poco brillante y que haya tantos capítulos prescindibles. Ha sido cancelada después de cuatro temporadas y leyendo cartas como ésta de Mamet se empiezan a entender muchas cosas. La traducción es mía, así que puede que haya fallos. Ahí va:
(Las mayúsculas son del original.)

A LOS ESCRITORES DE THE UNIT

SALUDOS.

MIENTRAS APRENDEMOS A ESCRIBIR ESTA SERIE, UN PROBLEMA RECURRENTE APARECE UNA Y OTRA VEZ.
EL PROBLEMA ES: DIFERENCIAR DRAMA DE LO QUE ES NO-DRAMA. DEJAD QUE OS LO EXPLIQUE POR PARTES.

TODOS LOS CREADORES NOS ESTÁN GRITANDO QUE HAGAMOS LA SERIE MÁS CLARA. ESA ES NUESTRA TAREA.

NUESTROS AMIGOS, LOS PINGÜINOS (N del T, gente de las cadenas) PIENSAN POR TANTO, QUE ESTAMOS EMPLEADOS PARA COMUNICAR INFORMACIÓN, Y ESO A VECES, ES LO QUE NOS PARECE A NOSOTROS.

PERO HAY QUE DARSE CUENTA DE QUE LA AUDIENCIA NO VERÁ LA SERIE PARA VER INFORMACIÓN. TÚ NO LO HARÍAS, YO TAMPOCO, NADIE LO HARÍA NI LO HARÁ. LA AUDIENCIA VERÁ LA SERIE PARA VER DRAMA.

PREGUNTA: ¿QUÉ ES EL DRAMA? EL DRAMA, UNA VEZ MÁS, ES LA BÚSQUEDA DEL HÉROE PARA SUPERAR ESOS OBSTÁCULOS QUE LE IMPIDEN ALCANZAR UN OBJETIVO CONCRETO.

ASÍ QUE, NOSOTROS, LOS ESCRITORES, TENEMOS QUE HACERNOS ESTAS TRES PREGUNTAS A LA HORA DE ESCRIBIR CADA ESCENA.

1. ¿QUIÉN QUIERE QUÉ?
2. ¿QUÉ PASA SI NO LO CONSIGUE?
3. ¿POR QUÉ AHORA?

LAS RESPUESTAS A ESTAS PREGUNTAS SON LA PRUEBA DE FUEGO. APLICADLAS, Y LA RESPUESTA OS DIRÁ SI LA ESCENA ES DRAMÁTICA O NO LO ES.

SI LA ESCENA NO ESTÁ ESCRITA DRAMÁTICAMENTE, NO SERÁ INTERPRETADA DE FORMA DRAMÁTICA.
NO HAY NINGÚN POLVO MÁGICO QUE CONVERTIRÁ UNA ESCENA ABURRIDA, PRESCINDIBLE, REDUNDANTE O MERAMENTE INFORMATIVA EN ALGO ESPECIAL CUANDO DEJE VUESTRA MÁQUINA DE ESCRIBIR. VOSOTROS, LOS ESCRITORES, TENÉIS LA RESPONSABILIDAD DE ASEGURAROS DE QUE TODAS LAS ESCENAS SON DRAMÁTICAS.
ESTO QUIERE DECIR QUE TODAS LAS PEQUEÑAS ESCENAS EXPOSITIVAS DE DOS PERSONAJES HABLANDO DE UN TERCERO NO DEBERÍAN SER RODADAS.
SI LA ESCENA OS ABURRE CUANDO LA LEEIS, NO DUDÉIS QUE ABURRIRÁ A LOS ACTORES Y DESPUÉS, A LA AUDIENCIA, Y NOS IREMOS TODOS A LA COLA DEL PARO.

ALGUIEN TIENE QUE HACER QUE LA ESCENA SEA DRAMÁTICA. NO ES EL TRABAJO DE LOS ACTORES (EL TRABAJO DE LOS ACTORES ES SER VERAZ.) NO ES EL TRABAJO DE LOS DIRECTORES. SU TRABAJO ES RODAR CON FIDELIDAD ESAS ESCENAS Y RECORDARLES A LOS ACTORES QUE HABLEN RÁPIDO. ES VUESTRO TRABAJO.

TODA ESCENA DEBE SER DRAMÁTICA. ESO QUIERE DECIR: EL PROTAGONISTA TIENE QUE TENER UNA NECESIDAD SIMPLE, DIRECTA Y ACUCIANTE QUE LE INCITA A APARECER EN LA ESCENA.
POR ESO ESTÁN AHÍ. DE ESO VA LA ESCENA. SU INTENTO DE SATISFACER ESA NECESIDAD NOS LLEVARÁ AL FINAL DE ESA ESCENA, A ESE FRACASO; ASÍ ES COMO ACABA ESA ESCENA, ESE FRACASO, SI ES NECESARIO, NOS PROPULSARÁ A LA SIGUIENTE ESCENA.
TODOS ESTOS INTENTOS, JUNTOS, HARÁN, A LO LARGO DEL EPISODIO, QUE TENGAMOS LA TRAMA.
ASÍ, CUALQUIER ESCENA QUE NO HAGA AVANZAR LA TRAMA, Y QUE SEA AUTÓNOMA, ES, POR DEFINICIÓN, O SUPERFLUA O ESTÁ MAL ESCRITA.
SI PERO SI PERO, VOSOTROS DECÍS, ¿QUÉ HAY DE LA NECESIDAD DE ESCRIBIR TODA ESA “INFORMACIÓN”?

Y YO RESPONDO, “ENCONTRAD LA MANERA”, CUALQUIER IMBÉCIL CON UN TRAJE AZUL SABE QUE TIENE QUE DECIR “HAZLO MÁS CLARO” O “QUIERO SABER MÁS SOBRE ÉL”.
CUANDO LO HAYÁIS PUESTO TAN CLARO QUE HASTA EL PINGÜINO DEL TRAJE AZUL ES FELIZ, TÚ Y ÉL O ELLA YA ESTARÉIS SIN TRABAJO.

EL TRABAJO DEL DRAMATURGO ES HACER QUE LA AUDIENCIA PIENSE EN QUE VA A PASAR DESPUÉS, NO EXPLICARLES QUÉ ES LO QUE ACABA DE PASAR O SUGERIR QUE OCURRIRÁ A CONTINUACIÓN.

CUALQUIER IMBÉCIL PUEDE ESCRIBIR “PERO JIM, SI NO ASESINAMOS AL PRESIDENTE EN LA SIGUIENTE ESCENA, TODA EUROPA ARDERÁ EN LLAMAS”.
NO NOS PAGAN PARA DARNOS CUENTA DE QUE LA AUDIENCIA NECESITA ESA INFORMACIÓN PARA COMPRENDER LA SIGUIENTE ESCENA, SINO PARA ENCONTRAR LA FORMA DE ESCRIBIR LA ESCENA DE FORMA QUE LA AUDIENCIA ESTARÁ INTERESADA EN QUÉ SUCEDE A CONTINUACIÓN.

SI PERO SI PERO, VOSOTROS REITERÁIS.

Y YO DIGO, ENCONTRAD LA MANERA.

¿CÓMO ENCUENTRA UNO EL EQUILIBRIO ENTRE RETENER Y PROPORCIONAR INFORMACIÓN? ESA ES LA PARTE ESENCIAL EN EL TRABAJO DEL DRAMATURGO. Y LA HABILIDAD DE HACERLO ES LO QUE TE DIFERENCIA DE LAS ESPECIES INFERIORES EN SUS TRAJES AZULES.

ENCONTRAD LA MANERA.
COMENZAD, SIEMPRE, CON ESTA REGLA INVIOLABLE: LA ESCENA DEBE SER DRAMÁTICA. Debe comenzar porque el héroe TIENE UN PROBLEMA, Y DEBE CULMINAR CON EL HÉROE VIÉNDOSE FRUSTRADO O COMPRENDIENDO QUE EXISTE OTRO CAMINO.
MIRAD VUESTRAS SINOPSIS. CUALQUIERA QUE DIGA “BOB Y SUE DISCUTEN” NO ES UNA ESCENA DRAMÁTICA.
POR FAVOR DAOS CUENTA DE QUE NUESTRAS SINOPSIS SON, POR LO GENERAL, ESPECTACULARES. EL DRAMA SURGE ENTRE ESE PRIMER ARGUMENTO Y EL PRIMER BORRADOR.
PENSAD MÁS COMO CINEASTAS QUE COMO FUNCIONARIOS, PORQUE, FÁCTICAMENTE, VOSOTROS ESTÁIS HACIENDO LA PELÍCULA. LO QUE VOSOTROS ESCRIBÁIS, ELLOS LO RODARÁN.

AQUÍ ESTÁN LAS SEÑALES DE PELIGRO. SIEMPRE QUE DOS PERSONAJES HABLAN DE UN TERCERO, LA ESCENA ES UN MONTÓN DE MIERDA.
SIEMPRE QUE UN PERSONAJE LE DICE A OTRO “COMO SABES”, ES DECIR, DICIÉNDOLE A OTRO PERSONAJE LO QUE TÚ, EL ESCRITOR, NECESITAS QUE LA AUDIENCIA SEPA, LA ESCENA ES UN MONTÓN DE MIERDA.
NO ESCRIBÁIS MIERDAS. ESCRIBID ESCENAS DE 3, 4 O 7 MINUTOS QUE HAGAN QUE LA HISTORIA PROGRESE, Y MUY PRONTO, PODRÉIS COMPRAR UNA CASA EN BEL AIR Y CONTRATAR A ALGUIEN QUE VIVA EN ELLA POR VOSOTROS.
RECORDAD QUE ESCRIBÍS PARA UN MEDIO VISUAL. LA MAYORÍA DE LA ESCRITURA TELEVISIVA, INCLUYENDO NUESTRA SERIE, SUENA COMO LA RADIO. LA CAMERA PUEDE EXPLICAR COSAS POR VOSOTROS. DEJAD QUE LO HAGA. QUÉ HACEN LOS PERSONAJES, LITERALMENTE, QUÉ ESTAN MANEJANDO, QUÉ ESTAN LEYENDO, QUÉ ESTÁN VIENDO EN LA TELEVISIÓN, QUE ESTÁN VIENDO.
SI HACÉIS QUE LOS PERSONAJES NO PUEDAN HABLAR, Y ESCRIBÍS UNA PELÍCULA MUDA, ESTARÉIS ESCRIBIENDO UN GRAN DRAMA.
SI PRESCINDIS DE LA MULETA DE LA NARRACIÓN, DE LA EXPOSICIÓN E INCLUSO DEL HABLA, ESTARÉIS PREPARADOS PARA TRABAJAR EN UN NUEVO MEDIO- CONTANDO LA HISTORIA EN IMÁGENES, ALGO CONOCIDO COMO ESCRIBIR GUIONES.
ESTA ES UNA NUEVA HABILIDAD. NADIE LO HACE DE FORMA NATURAL, PODÉIS ENTRENAR PARA ELLO, PERO NECESITÁIS EMPEZAR.

CIERRO CON UN PENSAMIENTO. MIRAD LA ESCENA Y PREGUNTAOS, ¿ES DRAMÁTICA? ¿ES ESENCIAL? ¿HACE AVANZAR LA TRAMA?
RESPONDED CON HONESTIDAD.

SI LA RESPUESTA ES NO, ESCRIBIDLA OTRA VEZ O SIMPLEMENTE ELIMINADLA. SI TENÉIS ALGUNA PREGUNTA, LLAMADME.
CON AMOR, DAVE MAMET

SANTA MONICA 19 OCTUBRE 05
(NO ES VUESTRA RESPONSABILIDAD CONOCER LAS RESPUESTAS, PERO SI ES VUESTRA Y MI RESPONSABILIDAD CONOCER Y HACER LAS PREGUNTAS ADECUADAS UNA Y OTRA VEZ, HASTA QUE SE CONVIERTA EN UN ACTO REFLEJO. CREO QUE ESAS PREGUNTAS ESTÁN CONSIGNADAS ARRIBA.)

En la película, la diferencia estaba entre un Cadillac y un juego de cuchillos. Aquí el juego está entre estar en la cola del paro y comprarse una casa en Bel Air. Es el mismo lenguaje competitivo, aplicado a la vida real. Si esta carta fuera el contenido de una escena, las normas aplicarían perfectamente.

1. ¿QUIÉN QUIERE QUÉ? David Mamet tiene la acuciante necesidad de que su equipo de escritores hagan una serie que no le dé vergüenza firmar.
2. ¿QUÉ PASA SI NO LO CONSIGUE? Que se van todos a la cola del paro y su reputación sufrirá una seria herida.
3. ¿POR QUÉ AHORA? Porque es octubre de 2005 y teniendo en cuenta que la serie se estrenó al año siguiente, estarían escribiendo a toda prisa para llegar a los plazos.

De ahí la urgencia, las mayúsculas y la vehemencia del asunto. Sobre todo cuando se trata de gente que ya ha sido contratada y que cualquier persona sensata asumiría que con semejante jefe ese tipo de cosas ya deberían saberlas. De todas formas, y habiéndome leído varios libros de teoría y varios de Mamet en particular, creo que esta carta es estupenda y que, aunque leerla no equivale a cursar tres años de guión, si da buenas nociones sobre la disposición del buen guionista. Hacerse preguntas, estar preparado para responder cualquier cosa (¿por qué Mengano se disfraza de fulano? ¿por qué el pollo cruzó la carretera? ¿por qué justo por en medio y no por el paso de cebra?) y tomar decisiones constantemente, basándose en las respuestas a estas preguntas, para mí (bueno, y para cualquiera, no es nada especial) es la base del oficio y como dice Mamet, cuanto más tiempo lo haces, más natural te sale. Si queremos tomar café, tenemos que vender las historias, y para que una historia se venda, debe ser magra, divertida, con planteamiento claro, objetivos nítidos y una sensación de progresión, tenemos que percibir con claridad la cadena de causa y efecto. Y con muchas más cosas, claro.

Y por supuesto, hay varios aspectos de los que Mamet no habla. Por ejemplo, de la cantidad de factores de los que depende la calidad de una serie. Y si no, veamos este mítico momento “español” en The Unit. Como ya dije aquí, lo bueno del audiovisual es que siempre hay un montón de personas a las que echarles la culpa cuando la cosa no funciona.

(Publicado originalmente en Bloguionistas el 26 de marzo de 2010)


FLASHBACK: ENCUENTRO DE GUIONISTAS DE VALENCIA

5 noviembre, 2011

por Pianista en un Burdel.

El pasado fin de semana tuvo lugar en Valencia el I Encuentro de Guionistas, auspiciado por la asociación Escriptors de l’audiovisual valencià. Este bloguionista estuvo allí, naturalmente (había comida gratis) y en mi post de hoy ofreceré unos cuantos random thoughts al respecto:

– La asistencia fue un éxito. La sala de conferencias del IVAM estaba siempre llena al 90%.

– A la inauguración asistió Guardans y, para variar, se quejó de que en España se hacen muchas películas. También se quejó de que no fueron a buscarle en coche oficial. Y luego no se presentó a la cena que se había organizado a petición de su oficina. Una trama bastante previsible.

– Hubo alguna ausencia sonada, como la de Álex Montoya, demasiado ocupado con la promoción de su corto “Marina” y finalizando el siguiente, “Maquillaje”. Con dos subvenciones seguidas del IVAC, un Premio Bancaja y sus cortos premiados en Cinema Jove, la Mostra y Radio City, muchos consideran a Montoya uno de los guionistas más exitosos de Valencia. Por cierto, ya se puede ver online su corto premiado en Sundance Cómo conocí a tu padre.

– Quien sí estuvo, en todo, fue Juanjo Moscardó. El Vicepresidente de EDAV derrochó esfuerzo, buen humor y mano izquierda. Reciente ganador de una de las subvenciones a desarrollo del ICAA con su proyecto “Amor en Polvo”, Moscardó es quizá el principal responsable de que el encuentro haya sido un éxito. Ah, y también ha dirigido un corto, Chocapaquete:

– Muy interesantes las ponencias de Rodolf Sirera (Amar en tiempos tevueltos), Virginia Yagüe (La Señora), o Susana Herreras (coordinadora de ficción de Canal +). Sus nombres son ya clásicos en eventos de guión, pitching y audiovisual en general.

– El mejor ponente para mí fue el guionista y productor Ramón Campos, que desde la productora Bambú ha lanzado productos como Desaparecida, Guante blanco o Gran reserva. Y más importante todavía, ¡ha sido firma invitada en Bloguionistas! Ameno, dialogante y sensatísimo, se ganó risas y aplausos varias veces con sus anécdotas sobre su experiencia como guionista y productor ejecutivo de series de prime-time.

– Una sorpresa muy agradable fue comprobar el talante abierto y dialogante de Pablo Hernández, subdirector general de SGAE. Algunos ya lo habrán visto en el Twitter: un señor que dijo claramente que su objetivo no es perseguir el P2P, que el P2P va a existir siempre, y que admite sin ambages que la política de comunicación de la SGAE ha sido defectuosa. Claro en sus explicaciones, sin esquivar ninguna pregunta… nada que ver con el señor Bautista y sus exabruptos y despistes continuos. Su ponencia era el viernes, pero el sábado también asistió a las conferencias, desde primera hora, y siempre dispuesto a sentarse a charlar de lo que hiciera falta.

– En el capítulo de defectos: las rondas de preguntas se hacían eternas. Después de unas cuantas, siempre se levantaba el típico compañero que no ha entendido que una ronda de preguntas es para preguntar algo a alguien. Parece que es imposible que se junten diez guionistas sin que salgan tres temas: “necesitamos un nuevo cine español y no tanta Guerra Civil”, “necesitamos una HBO española y no tantas series de niños y abuelos” y “la SGAE es mala, mala, mala”.

– Cabe destacar también la tenacidad con que algunos compañeros se agarraban al micrófono para reivindicar cosas que no venían al caso, como por ejemplo el sempiterno “parece que nos hemos olvidado de los guionistas de no-ficción“. Por muy legítimas que puedan ser estas reivindicaciones, pierden seriedad cuando se hacen así, en plan espontáneo que salta al ruedo. El lobbying, como su propio nombre indica, se hace en el lobby. No en la sala de conferencias.

– En resumen, hablamos de muchos temas; aprendimos muchas cosas que no sabíamos sobre nuestra profesión; estrechamos manos; devoramos canapés; agotamos el café; a las cabañas bajamos, a los palacios subimos, y los claustros escalamos, y allá por donde fuimos, memoria amarga dejamos. Confío en que se repita el año próximo, ojalá vuelva a ser en Valencia, y espero verles a todos ustedes allí. Y los que no vayan, que no se quejen luego de lo difícil que es hacer contactos.

(Publicado originalmente en Bloguionistas el 7 de octubre de 2010)


FLASHBACK – FIRMAS INVITADAS: ALEJANDRO PÉREZ

30 octubre, 2011

Alejandro Pérez, también conocido como Thehardmenpath, ha escrito y realizado cortometrajes como Estramonio, Un cortometraje de Alejandro Pérez y ¿Quién está ahí?. Actualmente trabaja como freelance de postproducción y dirige la serie documental Tus derechos 2.0.

YO COCINO COCINEROS

Me pasó una cosa curiosa el otro día. Estaba con unos amigos de cañas y me invitaron a cenar en su casa. Yo, encantado, les dije que sí. Uno de ellos, Paco, es un cocinero excelente, vocacional, criado en una familia de gourmets, como otros se crían en una familia de músicos y transpiran talento.

Mientras íbamos para allá, estuvimos hablando de lo que podíamos cenar. Paco se dio cuenta de que su nevera de ex-tudiantes estaba vacía. Podía cenarse algo rápido, pero después de fantasear, no podíamos ir por lo bajo. Había tiempo, ganas y hambre. Nos apetecía cenar bien. Así que fuimos a comprar.

Paco se dio cuenta en plena tienda de que no le quedaba suelto. A su colega, Cogollo, tampoco. Habían salido con lo justo para un par de cañas. A mí me quedaban unos cuantos euros en el bolsillo. No hizo falta pedir ni ofrecerse. Fue automático, pura amistad.

Pero en esto, cuando Paco estaba por las legumbres, me mira con ojos de gato y me dice “¿Podemos coger alcachofas?”.

No me gustan nada las alcachofas.

Soy un mal cocinero. Mis áreas de investigación son croquetas, pollo con almendras y tortilla de patatas. Eso es TODO lo que sé de cocina. Paco, comparado con cualquiera es un muy buen cocinero, y si lo comparas conmigo es un puto genio. Si él quiere usar alcachofas, tiene sus razones. Quizá sepa sofreírlas, condimentarlas, inserte un verbo aquí que ni siquiera conozco, de modo que me gusten. Pero son alcachofas, maldita sea.

Y entonces me convertí en productor.

Tenía una posición de poder. Por alguna razón, no podía permitir que con mi dinero se produjera una cena con las alcachofas como elemento fundamental. Aceptaría muchas otras cosas, pero alcachofas, no.

El argumento de Paco era que las alcachofas tenían una pinta estupenda. El mío era que no me gustan, sin más. Mis imposiciones estaban destruyendo su creatividad. Él podía imaginar algo que yo era incapaz de ver. Por alguna razón que no acabo de entender, le dí un rato para intentar convencerme, sabiendo a ciencia cierta que yo iba a cerrar la discusión con un No rotundo.

La cosa acabó ahí. Seguimos siendo amigos. De camino a su casa me di cuenta de lo que había pasado y se lo comenté. Él no está relacionado con el mundo del cine, pero lo entendió perfectamente.

Resulta curioso, pero donde él había hecho una selección, yo la había hecho por encima. Si él eligió las alcachofas, era porque tenían buena pinta, del mismo modo que yo invité a los ingredientes porque me fiaba de su perfil de cocinero. El meta-cocinero no necesitaba ser creativo más que para decir “sí” o “no”, y para elegirle a él. Sin duda, Paco habría sido feliz con una serie de síes, y seguramente mi estómago también, pero entonces no quería verlo.

En ese momento recordé la trayectoria de Paco: auténticas maravillas, pero también algún menú fallido. Ésos pesaban mucho más en mi memoria. Ya no me acordaba de otras veces que había sacado delicias de ingredientes que no me atraen. Yo me sentí como el conductor que tiene que cuidar constantemente de no salirse del carril. Yo, en lugar de él. Todo lo que pasara debajo del capó, la cocina, escapaba a mi entendimiento.

Lo interesante del asunto es que tanto el guionista, como el director o el productor tienen la tendencia a sentirse el conductor del coche, la pieza clave, el ego menos intercambiable de toda la maquinaria. Pero todos somos imprescindibles.

Fui terco y pesao, pero tenía mis razones, que quede claro. Mi cabeza no era capaz de concebir un resultado aceptable con esos ingredientes.

No, sencillamente no confiaba en el proyecto, así que no quería ese proyecto. Quería otro en el que pudiera confiar de entrada. Esto en lo nuestro pasa mucho, distintos agentes de una peli creen que están haciendo una obra totalmente distinta, o quieren hacerla. Puede argumentarse, con mucha razón, que debería ser capaz de confiar lo suficiente en el talento del director para ver más allá que yo, que ésa es su función, pero si convertimos 10 euros en 3 millones… ¿también? Me da escalofríos. Desde esa compra de ingredientes, me doy cuenta de que lo que debe de ser estar al otro lado. La poca visión que se le achaca al productor medio puede ser un argumento válido, pero tiene su sentido, y casi hasta su función.

Deseo, por mi bien, que ponerme una sola vez bajo esa piel haya sido suficiente. (En el mundo de los derechos de autor, no. Ahí, creo que es imprescindible hacerlo de manera continuada.)

Y, por cierto, esa noche cenamos Doritos.

(Publicado originalmente en Bloguionistas el 10 de febrero de 2011)


FLASHBACK – FIRMAS INVITADAS: ELIGIO R. MONTERO

29 octubre, 2011

Eligio R. Montero es licenciado en psicología clínica y psicopatología, y titulado en producción y realización audiovisual. Ha trabajado como guionista de series de ficción para la televisión gallega (Mareas Vivas, As Leis de Celavella, O Show dos Tonechos…) y para televisiones generalistas (Al Salir de Clase, Desaparecida, Guante Blanco, Gran Reserva, Hispania). Es autor del blog Psicología y Cine.

TERMOS, BOTIJOS Y FILÓSOFOS AUSTRÍACOS

Al contrario de pensadores como Wittgenstein o Jürguen Habermas, que gozan del fervor de las masas, el filósofo austríaco Karl Ludwig von Bertalanfy no es demasiado conocido. Sin embargo su principal contribución al mundo de las ideas del siglo XX es grande o, al menos, bastante interesante: la Teoría General de Sistemas. Entendamos la palabra «Teoría» no como «hipótesis» sino como «campo o grupo de estudios y explicaciones», al estilo de «Teoría de Conjuntos» o  «Teoría Económica», por poner un par de ejemplos. La Teoría General de Sistemas ha sido aplicada tanto a la filosofía como a otras disciplinas donde ha tenido bastante éxito: biología, sociología, psicología, informática, cibernética, ingeniería, economía, etc.

SISTEMAS ABIERTOS Y CERRADOS

Dentro de sus numerosos contenidos y aplicaciones, hay uno que es capital: la distinción entre sistemas abiertos y cerrados.

Un sistema cerrado es aquel que funciona exclusivamente en base a sus partes y las relaciones entre ellas, sin recibir ninguna influencia del exterior. Por ejemplo, las leyes clásicas de la física y los cálculos que se hacen a partir de ellas se formulan como sistemas cerrados (fuerza igual a masa por aceleración, y cosas así).

Un sistema abierto es aquel cuyo funcionamiento se ve influido por el medio en el que está inmerso. Los seres vivos son un buen ejemplo de ello. E, incluso, si nos ponemos estrictos, podemos considerar que, en el fondo, todos los sistemas reales (no las construcciones abstractas, como las leyes físicas) son abiertos, pues todos reciben algún tipo de influencia exterior. De hecho, y por eso, la Teoría General de Sistemas, se centra especialmente en el estudio de los sistemas abiertos y en cómo no se deben tratar éstos como si fuesen cerrados.

EL TERMO Y EL BOTIJO

Un termo intenta comportarse como  un sistema cerrado (y, de hecho, en física, al no intercambiar materia con su entorno —aunque sí energía y trabajo—, se considera un sistema cerrado): se aísla en todo lo posible de su entorno para mantener estable la temperatura del líquido que contiene.

Un botijo, al contrario, se comporta como un sistema abierto. En los climas secos y calurosos para los que está diseñado (en Galicia, muy húmeda, no funcionaría bien), el agua de su interior, al calentarse, se evapora en muy pequeñas cantidades a través de los poros de la arcilla, haciendo que el agua de su interior se mantenga fresquita.

El problema del termo es que, por muy aislado que esté, por acción de la segunda ley de la termodinámica (que viene a decir que en un sistema aislado aumenta la entropía de forma irreversible), la temperatura irá modificándose hasta alcanzar un equilibrio térmico con su entorno. O sea, que si el líquido estaba caliente irá enfriándose y, al revés, si estaba frío se irá templando, acercándose a la temperatura media exterior.

Sin embargo, el botijo, al ser un sistema abierto e intercambiar materia con su entorno (el agua que se evapora), se mantiene activo y en acción, evitando ese aumento de entropía y manteniendo durante mucho más tiempo el frescor del agua.

Así, vemos que no se puede entender el funcionamiento de un botijo sin tener en cuenta su entorno (que ha de ser caluroso y seco) y que su aparente equilibrio (mantener el agua frío) se basa en una acción continua.

UNA LEY FUNDAMENTAL DE LOS SISTEMAS ABIERTOS

En un sistema abierto, tanto por la complejidad de su funcionamiento interno como por la influencia del entorno, desde un mismo punto de partida podemos llegar a distintos puntos finales y, recíprocamente, desde distintos puntos de partida se puede llegar al mismo punto final.

¿Y qué nos dice esto a nosotros sobre un guión, una película, una serie, un documental o cualquier otro trabajo en el que podamos estar involucrados?

En mi opinión, lo primero que nos dice es que el guión, película, serie o lo que sea, vistos como un todo, son sistemas abiertos y complejos y, por ello, están sujetos a esta y las demás leyes que estudia la Teoría General de Sistemas.

Así que, partiendo de un mismo punto de partida (idea, equipo, sistema de trabajo, casting, etc.), en base a nuestro funcionamiento y a los azares de nuestro entorno, podemos llegar a lugares muy diferentes. Ese mismo punto de partida nos puede llevar a una serie o película de gran calidad o a un verdadero truño, o al éxito o al fracaso, dependiendo de un montón de factores que habrán operado en medio. Igualmente, el éxito y la calidad se pueden alcanzar desde muy diferentes lugares, ideas, metodologías, estilos…

El guión tiene partes (personajes, tramas, giros…) y relaciones entre esas partes, y la teoría nos ayuda a conocerlas mejor, y la experiencia a dominarlas, y ambas son fundamentales, pero nos movemos en un sistema abierto y muy complejo, en el que ese funcionamiento interno puede verse afectado por una cantidad tan alta de factores que los resultados, muchas veces, pueden ser frustrantemente impredecibles.

Incluso, a veces, una norma, puede tener su reverso. Hace poco, en este mismo blog, David Muñoz se preguntaba si sería mejor dar mucha información y explicar la conducta de un personaje, o funcionaría mejor dejarla envuelta en una nube de inexplicable misterio. Dos puntos de partida diferentes que, al pertenecer a un sistema abierto, nos pueden llevar ambos a lo mismo: un buen personaje… o un mal personaje. Explicar a Hannibal Lecter en la precuela fue un error lamentable que le restó fuerza y carisma al personaje, que funcionaba mucho mejor cuando no sabíamos casi nada de él en «El silencio de los corderos». Sin embargo, el proceso de conocer la psicología de los asesinos de «A sangre fría» resulta ser uno de los viajes más escalofriantes y dolorosos que se hayan hecho jamás hacia el interior del alma humana y de la maldad. ¿Es bueno o malo explicar el personaje? Pues, estando en un sistema abierto, depende de cómo hagamos funcionar el resto del sistema y de cómo éste interaccione con su entorno. No hay respuestas definitivas. Hay técnicas, sí, y experiencia, también, pero contar historias es como explorar un continente ignoto… siempre llegaremos a lugares donde nadie ha estado antes y tendremos que tomar la decisión nosotros solos, arriesgándonos a caer por un precipicio o a descubrir algo maravilloso. Y si no llegamos a lugares como esos, posiblemente el viaje no haya merecido la pena.

Seguro que David Muñoz sabe bien esto, pues en «El espinazo del diablo», partiendo de las normas clásicas de un género consigue llevar la historia, con gran éxito, hacia terrenos nuevos y muy originales.

No hay recetas para el éxito y no existen ni «la solución» ni la forma correcta de hacer las cosas. Hay mil cosas que contar y mil maneras de contar cada una de esas cosas, y muchas de ellas pueden ser buenas. Ahí tenemos a Howard Hawks, que con «Río Bravo», «El Dorado» y «Río Lobo» contó la misma historia de tres formas distintas y todas ellas geniales.

Esto tampoco es una invitación al nihilismo o al «todo vale». Es importante conocer las partes del sistema y cómo interactúan, y a que influencias exteriores se ven expuestas, para lo que es importante la teoría y la formación, y con la experiencia y la colaboración con otros profesionales aún aprenderemos muchas más cosas. Pero siempre hemos de estar alerta al inestable y peliagudo funcionamiento de ese sistema abierto que es la narración, sea está un guión, libro, película, serie…

Nuestro trabajo no es como un termo. No hay unas reglas y procedimientos a conocer y dominar que, pase luego lo que pase, nos lleven a tener éxito, artístico o de público. Tratamos más bien con botijos, y la clave de su funcionamiento está en la acción, en el continuo intercambio de materia con nuestro entorno, en el constate aireo del contenido, siempre diferente y en proceso. Intentar que todo siga igual, atarnos a fórmulas o a intentar repetir lo que nos  ha funcionado antes, es invitar a la entropía a que entre y acabe por entibiarlo todo, convirtiendo algo bueno en mediocre o malo.

Así que, si se me permite enmendarle la plana a Bruce Lee, en este asunto de contar historias la clave no estaría en ser agua sino más bien en: «be botijo, my friend».

(Publicado originalmente en Bloguionistas el 16 de septiembre de 2010)


FLASHBACK: IMAGINAR A PARTIR DE LOS LÍMITES

23 octubre, 2011

Por Guillermo Zapata

En mi anterior post me preguntaba/quejaba sobre por qué no existía en España una serie al estilo de Supernatural. En los comentarios, varias personas señalaban algunas cuestiones ligadas a la producción en la televisión española.

En general, eran comentarios juiciosos. Pero tenían ese tono resignado tan propio de la profesión guionistica (Y del ciudadano español medio, me temo) “Esto es una mierda, pero es lo que hay”. Clásicos básicos. Asumir que “ésto es lo que hay” tampoco es útil en una industria que, mal que bien, necesita de una innovación constante para funcionar y que cada vez es mas competitiva.

La pregunta es, ¿se puede innovar a partir de los límites? ¿Se puede inventar algo que sea a la vez, nuevo y canónico? Los intentos, loables, maravillosos, de hacer “otra televisión” son más que bienvenidos, pero la pregunta de hoy tiene más que ver con aquellas aproximaciones al canon de producción que lo redifinen.

Hay un aspecto en el que partimos con ventaja. La creatividad y la imaginación no son valores contables. No son cuantitativos, sino cualitativos. Así que, aunque la producción sí lo sea, ¿podemos retorcer esos límites a nuestro favor? Para hacerlo, debemos conocer primero cuales son esos límites.

No olvidemos que un movimiento tan fértil a nivel creativo como fue el movimiento Dogma a mediados de los noventa nace de la imposición de normas que afectaban, entre otras cosas, a la producción. Por ejemplo, rodar siempre en localizaciones naturales.

Así que, ¿cual es el canon? ¿Cuales son las fronteras básicas? Vamos con una serie de obviedades.

-Decorados únicos: Las series españolas tienden a estar localizadas en uno o dos decorados. El caso habitual son las casas y los lugares de trabajo y/o estudio de los personajes. Es tan habitual que en el momento en que tienes una serie con adolescentes, alguien en producción o en la cadena la encargará al departamento de arte que fabrique un colegio, aunque la serie tengan pocas tramas ambientadas en el colegio.

Una posible manera de resolver éste asunto es que las serie se defina a partir del lugar dónde sucede. Piensa que cuando menos decorados tenga, mejores serán (Y por mejores quiero decir cosas tan básicas como que tengan cuatro paredes, en vez de tres)

-Reparto coral de personajes: El núcleo fundamental de la vida en España es el grupo, la mayor parte de las veces familiar, otras laboral. A veces un grupo de amigos, a veces una comunidad de vecinos. En lugares cuya dimensión cultural se ha construido valorizando la figura de individuo es más normal tener series a partir de un personaje particular, protagonista, que la define por completo. Aquí eso no funciona exactamente así. Merece la pena que la serie que tengas en la cabeza se sustente sobre algún modelo de grupo (Inventado o existente) y que la creatividad venga de las particularidades del grupo, del motivo que los une (o que intenta separarlos, etc)

Creo que hoy por hoy ya no funciona tanto el modelo canónico noventero de “familia nuclear”. Los ancianos han sido vaporizados de la televisión. Lamentablemente, los niños siguen apareciendo con regularidad (Salvo en series profesionales)

-Mezcla de tramas episódicas y tramas de continuidad: Toda serie se fundamenta sobre una base de variación-repetición que constituye cada capítulo. La ratio entre un elemento y el otro depende de la serie y es una de sus señas de identidad. Hubo una época en la que se hacian series que se sostenían casi exclusivamente por tramas episódicas. Luego ha habido intentos de serie con continuidades muy fuertes que se han encontrado con la pega de que, si se sostenían solo a partir de ésto tenían problemas para fidelizar espectadores si no se habían enganchado desde el principio. Ahora estamos en un modelo mixto, en el que cada capítulo debe tener una entidad por si mismo y a la vez ser un jalón entre el anterior y el siguiente.

-Narrativa simple sostenida a partir de, principalmente, los diálogos. En general, las series tienen una narrativa relativamente pobre que cuentan las cosas a partir de los diálogos. Son series que se oyen más que verse. Esto no implica escribir diálogos expositivos, pero si tener en cuenta éste punto de partida. Confiar en la narrativa audiovisual tiene sus pegas. En exteriores es posible más juego, en decorados depende mucho de los decorados que tengas. No es un problema de talento, sino de medios. Insisto, si solo tienes tres paredes los tiros de cámara no pueden ser más que unos. Si no es posible ir de una habitación a otra siguiendo a los personajes esto limita mucho la narración.

Estos son los condicionantes más o menos fuertes que yo me he encontrado cuando pensaba series. Quizás hay alguno más, pero yo no lo recuerdo. Ojo, no quiero decir que éstas sean las limitaciones insalvables. Esto no era más que un ejercicio para tomarse esos límites no como problemas, sino como puntos de partida para innovar. Tener estas cosas en cuenta es importante porque a veces… bueno, solo tú estás teniendo una visión de conjunto de la serie antes de que todos los demás departamentos se pongan en marcha y cosas que parecen tonterías luego resultan ser condicionantes que afectan muy directamente a las tramas.

(Publicado originalmente en Bloguionistas el 25 de abril de 2011)


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