¿QUÉ ES LO QUE HACE QUE LAS SERIES DE HOY EN DÍA SEAN TAN DIFERENTES, TAN ATRACTIVAS? (y 2): DECÁLOGO DE LA FICCIÓN DE AHORA

15 marzo, 2013

por Javier Olivares.

Tras hablar ayer de los antecedentes que han generado una verdadera Historia de la Ficción televisiva,  toca hacerlo del presente. Si arte es aquello que define y representa un determinado tiempo o época, la pequeña pantalla está legando en los últimos años auténticas obras de arte. Incluso por encima del cine, la literatura y, por supuesto, las artes plásticas. Todas ellas reinaron en su día. Ahora, no.

Y volvemos a la pregunta del titular: ¿qué es lo que hace que estas series sean tan diferentes, tan atractivas? En mi opinión, la asimilación y desarrollos de series de décadas anteriores y, también, el desarrollo de nuevos planteamientos conceptuales y narrativos.

Aviso: la televisión nos ofrece una cantidad  ingente de series y muchas de ellas son meros productos comerciales (y necesarios). Pero está claro que Revenge no ha supuesto un cambio en la forma de narrar como The Wire, Mad Men o incluso de series que no son emitidas por cable como Lost, The Good Wife o Fringe.  Evidentemente unas han cambiado el panorama y otras no. Yo hablo de las que sí.  Y de ellas, de los que considero conceptos diferenciales:

1. CULTURA TELEVISIVA (Y ORGULLO DE PERTENENCIA AL MEDIO).

Los creadores de las nuevas series son gente que creació en una casa con la televisión siempre encendida. Y, sobre todo, piensan en y por la pequeña pantalla. Muchos no quieren ser directores ni pasarse al cine: son creadores y productores ejecutivos de sus series. Y controlan el producto. Ellos deciden. Si a eso le sumamos la libertad creativa de que disponen, podemos entender el nivel de calidad al que llegan, orgullosos de trabajar para la pequeña pantalla, donde en vez de hacer una película de hora y media, pueden contarla en seis, diez o trece horas y por entregas.

Utilizan géneros literarios o cinematográficos, beben de fuentes de documentación que abarca hasta el más mínimo detalle del tema tratado (abogacía, investigación policial, política…). Pero la ficción televisiva se retroalimenta de su propio pasado. Incluso se realizan remakes de obras del pasado (con mayor o menor fortuna): Arriba y abajo, Galáctica, House of Cards… Pero sobre todo, heredan, hallazgos anteriores, perfectamente asimilados. No es difícil ver la influencia de Twilight Zone  en Black Mirror. Ni parece descabellado relacionar los hallazgos narrativos de Dennis Potter:

… con joyas como ésta de American Horror Story (Asylum):

Citando a Pablo Olivares en su Tvc 15 Canal de Tv, “¿cómo recuerda Walter Bishop una contraseña en pleno colocón de ácido en el último capítulo de FRINGE? Tirando de Monty Phyton”.

2. SERIES CON AUTOR.

Mad Men  se paraliza porque Matthew Weiner no llega a un acuerdo. The Walking Dead sufre los bandazos de los continuos relevos de su productor ejecutivo. Community se hunde cuando se va su creador (Dan Harmon) es expulsado y crítica y público reniegan de la nueva temporada. David Chase, Tom Fontana, Paul Abbott, Charly Broker, Steven Moffat, David Simon, Vince Gilligan, Kurt Sutter, Peter Bowker, Anthony Horowitz… Todas las series tienen la marca de su creador. Son los herederos de los Bochco y Kelley.

En los EEUU, eso equivale a la producción ejecutiva. A tener la última palabra. En Inglaterra o en Europa, con series cortas, no llega a tanto (aunque en el caso de Abbott o Moffat, sí). Pero el creador firma todos los capítulos (o casi todos). Y en los créditos se presenta como si de una novela se tratara: “una historia de…”. Ellos son la marca.

3. LA BONDAD NO ES NECESARIA.

Es una evolución del planteamiento de personajes complejos y poliédricos que es seña de identidad de los 80 americanos (Hill Street Blues). Antes, ya hemos visto series protagonizadas por personajes nada positivos en series inglesas (House of Cards) e incluso, de manera ácida en sus sitcoms (Yes, Minister -y Yes, Prime Minister-, The New Stateman, The Young Ones…).

Ahora, lo que antes es hallazgo se convierte en hecho común.  Hay series en la que es hasta difícil encontrar un personaje que no sea un auténtico hijo de puta (Boss). O, si tiene impulsos positivos puede ganarse la vida con oficios tan poco éticos como ser asesino a sueldo (Hit & Miss). O al revés, como el psicópata de Dexter. O ser bipolares (Claire Danes en Homeland). O ser un héroe y a la vez un terrorista peligroso que hace dudar al espectador sobre qué partido tomar (Damián Lewis, también en Homeland). En sitcom, ¿qué decir de los protagonistas originales de Dos hombres y medio? O de los frikis sin empatía social de Big Bang Theory. La diferencia evolutiva de dos series tan emblemáticas como Friends y ¿Cómo conocí a vuestra madre? es la amoralidad egoísta de Barney.

En Les Revenants, los resucitados dan, a veces, menos miedo que los vivos, la gente normal. En Breaking Bad nuestros héroes son traficantes de drogas. Uno de ellos para poder pagar el seguro médico a su familia cuando él muera (es enfermo terminal). En Los Soprano, los protagonistas son unos mafiosos asesinos. En Sons of Anarchy, lo mismo pero con motos y chupa de cuero. Y en The Wire no sabemos a veces si son los policías o los delincuentes.

Boss

4. DOS EN UNO.

Antes, hubiera valido con que la trama principal de una serie fuera un alcalde corrupto. Ahora, se le añade que tiene una enfermedad neurológica terminal que es una trama principal en sí misma. Como en Boss.

Antes, la historia de un prisionero de guerra recuperado por el ejército de los EEUU que puede ser un agente doble, hubiera bastado para desarrollar una serie. Ahora, no: su antagonista principal y agente de la CIA tiene problemas evidentes de salud mental. Como en Homeland.

Les Revenants, ¿es una serie de terror o de sentimientos familiares? ¿O ambas cosas a la vez?

5. PRIMERO, LOS PERSONAJES. LUEGO, LA PERIPECIA.

Un ejemplo claro de este concepto se da antes en el cine social inglés. Full Monty, ¿cuenta la historia de unos aprendices de strip tease o la  desolación de la crisis económica y la destrucción social y familiar que conlleva dicha crisis?

Herederas directas de esta escuela, The Syndicate (grandísima serie de la BBC, recién comprada por Spielberg) nos habla de la crisis económica a través de la vida personal de los personajes e intercalándolo con géneros tan diversos como un atraco, la consiguiente investigación policial, el descubrimiento de un marido que es homosexual, el rapto de una hija adoptiva por su madre… Y un premio en la lotería. Los personajes llevan a la peripecia y no al revés (algo identificativo de la ficción inglesa). Y todos forman un mosaico que dan como resultado hablar del tema principal: la miseria económica en la que viven.

Hit & Miss nos cuenta la historia de un transexual, asesino a sueldo que descubre que tiene un hijo. Vemos una historia (con toques a lo Blue Velvet)  de pasiones, violencia, amores… Para contarnos esencialmente la necesidad del ser humano de sentir que forma parte de algo. De una familia, por muy peculiar que ésta sea (Abbott lo anticipó en Shameless y Exile).

Un estado de ánimo puede ser el protagonista a través de una secuencia que parece sin conflicto (craso error quien piense así y se dedique a esto). Una secuencia (antológica) de Mad Men como prueba de ello:

La verdadera historia es la suma de impulsos que recibimos, mientras prestamos atención a otras cosas. Y no por ello, nos llega de forma menos potente. A veces, lo hace no viendo el capítulo, sino al poner la cabeza sobre la almohada, momentos después.

6. LA ESTRUCTURA VARIABLE.

La técnica está para dominarla y olvidarla. Pueden ser tres actos o los cuatro habituales de Gilligan (Expediente X, Breaking Bad). O una sucesión de secuencias que nos llevan unas a otras (Los Soprano). O puede ser una cosa distinta en cada capítulo.

Se huye, así, del soniquete. De la fórmula rígida de estructurar cada acto como una unidad en sí misma con su arranque y final en alto. Dicho soniquete, junto a la previsibilidad de los personajes son mortales, porque anticipan lo que va a pasar en un público cada vez más avezado viendo series. Todo es una continuidad en la que todo acaba en alto porque no puede escribirse una secuencia en vano (ni siquiera una línea de diálogo, en mi opinión).

No hay necesidad de sorprender desde el principio (The Wire) porque se tiene fe en la propia historia, que se cuenta como una novela.  Bien es cierto que, a veces, el abuso de esta libertad estructural puede generar productos que miran a la televisión por encima del hombro para convertirse en meras postales (Treme). O que dilatan demasiado el arranque de la historia (como la misma The Wire). Otras bordean la genialidad y los excesos… pero acaban dándonos tantas cosas que nos hacen suyas para siempre: Mad Men es un maravilloso ejemplo de esto.

Especial mérito tiene The Good Wife y su continuo juego de estructuras. Hay tramas de continuidad que duran 5 capítulos y desaparecen en dos. Y, a veces (son las tramas familiares y políticas) se mantienen con una sola secuencia en un capítulo. Las tramas autoconclusivas generan a veces protagonistas que vuelven a aparecer (clientes, abogados o jueces). Y a sus productores les da igual que el marido o los hijos de la protagonista desaparezcan dos capítulos.

En Boomtown (aquí se llamó Metrópoli) se contaba la misma historia desde tres personajes distintos cuyo nombre aparecía en pantalla avisándonos de ello. En Les Revenants o en la australiana The Slap, cada capítulo es protagonizado por uno de los personajes de la serie y vemos todo desde su punto de vista.

7. REFORMULACIÓN DE ELEMENTOS CLÁSICOS.

El gran hallazgo de Lost (en sus momentos de brillantez, que tuvo muchos)  fue la fragmentación de la historia y la utilización del flash back como elemento narrativo propio y no complementario. Se generaban pequeñas historias de cada personaje en cada capítulo que eran tramas que podían ser de series distintas.

Algo parecido pasa en la británica Collision. Un accidente de seis coche en una autopista nos lleva a seis tramas en paralelo, con sus flash backs convertidos en auténticos puntos de giro.

Collision

Antes, la factoría Bruckheimer nos enseñó el flash back falso (en CSI), el flash back que iba hilando la historia que no conocíamos del personaje buscado (Sin rastro) o el pasado de un caso sin resolver (Cold Case), cruzando en imágenes al personaje con 15 y 60 años (por ejemplo) en la misma secuencia.

El teaser deja a veces de ser el arranque que engancha antes de la cabecera. En algunas series no se salva ni el teaser. En The Good Wife, éste a veces dura hasta diez minutos sobre la duración de 40 minutos del capítulo. En otras series no hay teaser. En otras es definitivo para explicarte el concepto del capítulo (Dos metros bajo tierra, Oz). En otras, la cabecera es una ráfaga de cinco segundos (la propia The Good Wife).

8. CONEXIÓN CON LA REALIDAD Y CRÍTICA.

No se busca la amabilidad, sino la potencia de la historia a contar. Si The Syndicate o Shameless nos hablan de la crisis y su impacto en las personas y las familias, Secret State nos habla del nuevo orden mundial, donde los bancos y las grandes corporaciones están por encima de los gobiernos y de quienes los elegimos. Hidden nos hablaba de un complot similar, remarcando el peso de los medios de comunicación. Occupation nos cuenta la verdad de la guerra de Irak, mejor que leyendo a mil especialistas. Y desde la emoción.

Black Mirror

Black Mirror hace una afilada crítica el efecto de las nuevas tecnologías y el predominio de las redes sociales en nuestras vidas. En The Wire se estructura la serie en temporadas cuyos temas hablan del papel de la prensa, la educación, el deterioro de la clase obrera, la alegalidad para mantener las estadísticas de casos resueltos. En Line of Duty, se habla de la corrupción policial. Tanto que Scotland Yard negó por primera vez a la BBC uniformes y vehículos. State of Play convirtió la corrupción política en un thriller, oda al periodismo de investigación perdido… Borgen nos introduce en el mundo de la política y del deterioro de los grandes partidos. En Oz, la primera gran serie HBO, se habla de un experimento social para la recuperación de peligrosos criminales, creando una metáfora de la sociedad.

Causa estupor que nuestra ficción nunca hable de corrupción o de crisis con la que está cayendo (y cuando lo haga, la edulcore).

9. NO VIAJAR AL PASADO NI AL FUTURO EN BALDE.

No se va al pasado a recordar lo bonito que era. Ni al futuro porque molan los efectos digitales. Se hace para seguir hablando del presente, analizarlo, confrontarlo con otros tiempos (reales o imaginados).

Call the Midwife parece una serie de época, amable y emocional, sin más. No lo es. Hablar del inicio del servicio de sanidad público y universal inglés en unos momentos en los que todo se privatiza (siguiendo el estilo Thatcher) no me parece nada casual. Se habla de solidaridad entre desfavorecidos. De la lucha por salir de la ignorancia y la pobreza. Pronto, esta serie parecerá que nos habla de nosotros mismos.

Ripper Street, como bien dice Pablo Olivares “escoge casos sorprendentemente actuales: pornografía, bandas callejeras, terrorismo, espionaje, estrés post traumático en los militares… es un ejemplo de cómo hacer hoy una serie de época”.The Hour nos lleva a los años 50 de la BBC y uno de sus informativos para hablarnos de la corrupción de principales miembros del gobierno y la economía para vender al pueblo la necesidad de armas atómicas cuando lo que están consiguiendo son concesiones para beneficiarse de ello.

Si miramos hacia el futuro más cercano nos encontramos con Brooker y su Black Mirror. Un futuro distópico en el que la tecnología se cuela en la cotidianeidad del ser humano. En una serie que critica el papel de los nuevos media y de la red social hasta el desgarro emocional.

En la canadiense Continuum, una policía del futuro persigue hasta nuestros días a unos terroristas. En ese futuro, los ciudadanos trabajan no por un sueldo, sino a cambio de comida, luz y agua en un mundo en el que las grandes corporaciones se han hecho con la deuda de los estados asumiendo su poder y eliminando las elecciones. Tal vez ese futuro no nos pille tan lejos.

battlestargalactica

Battlestar Galactica es un compendio de análisis de los mitos y la religión, la lucha entre el poder militar y el civil, la ética laica y el radicalismo religioso (y, a veces, viceversa). Es otro ejemplo de protagonistas con doble dimensión, casi bipolares, algunos incluso desconocedores que forman parte del enemigo mientras luchan contra él como héroes del ejército de la nave.

En la magistral tercera temporada de Torchwood (Childrens of Heart), siguiendo la línea marcada por la saga Quatermass, se plantea la llegada de unos alienígenas que vienen a recoger un 5% de los niños de la tierra o destruyen el planeta. Ver cómo los protagonistas luchan ante el hecho de que los políticos salvan a sus hijos y eligen que los niños sacrificados sean de barrios pobres es espeluznante.

10. HISTORIAS CON FINAL.

De una sola temporada (modelo inglés, seguido por los nórdicos) o con temporadas (herencia de series como Urgencias, la citada Hill Street Blues, El Ala Oeste de la Casa Blanca…)  que son novelas en sí mismas con un cliffhanger que engancha con la siguiente.

Cuando uno escribe una serie debe saber cómo acaba y no empezar una historia que se pierde en un eterno bucle que depende de la audiencia. Porque probablemente, la audiencia sería más elevada si pudiera contemplar una historia bien estructurada. Como cuando lee una novela o ve una película. Hacer una serie es contar una historia, un cuento. Y todo cuento tiene un final. Como este post, que ya acaba no sin lanzar un aviso: si hablamos de estos conceptos cuando vamos a vender una serie, nos puede ocurrir probablemente algo similar a esto:

Pero no por ello debemos obviar la necesidad que tenemos, como profesionales, de analizar tipologías de aquello a lo que nos dedicamos. Porque es la base de nuestro oficio. Algo tan indispensable como la pasión con que debemos desempeñarnos en él.


¿QUÉ ES LO QUE HACE QUE LAS SERIES DE HOY EN DÍA SEAN TAN DIFERENTES, TAN ATRACTIVAS? (1): LOS ANTECEDENTES

14 marzo, 2013

por Javier Olivares.

En 1956,  Richard Hamilton expuso, su obra “Qué es lo que hace que los hogares de hoy sean tan diferentes, tan divertidos”. Se considera la primera obra de arte pop (y  no es made in USA: es inglesa. Warhol vino después). Aquí la podéis ver:

Richard Hamilton

A la derecha, medio tapada por una pin up, se puede ver la pantalla de una televisión. Probablemente, es la primera obra de arte en la que aparece. No es casualidad: el pop art  utilizó una iconografía basada en la sociedad de consumo y en los mass media, que –como preconizó Lawrence Alloway, también inglés, en 1958- estaban cambiando las señas de identidad del hombre contemporáneo. Cierto que la ironía era una de las características del pop art. Pero no es menos cierto que, efectivamente, algo estaba cambiando. Una nueva música (que se empezaba a escuchar en la radio), nuevas tendencias urbanas en estética y moda (desde los vaqueros a las chupas de cuero). Y programas de televisión.

Hay que recordar que la BBC emitía desde el año 1936, si bien se suspendió su emisión por la segunda guerra mundial hasta 1946. Ya en el 53, emitía una serie de ciencia ficción (excelente la saga, por cierto) titulada The Quatermass Experiment. Mientras, en los EEUU se podían ver series como Alfred Hitchcock presenta (1955), The Twiligth Zone  y Los Intocables de Elliot Ness (ambas de 1959).

Sí, yo tengo claro por qué –entre otras cosas- las casas de aquellos días eran diferentes, especiales.. como lo fue mi casa cuando llegó nuestra primera televisión. Nos costó bastante tener una tele. Tuve la suerte de que mi tío Fernando (al que se le echa de menos) se empezó a ganar la vida arreglando televisores. Y procuraba tardar lo suficiente en arreglar una para que antes le llegara otra. Teníamos televisión de prestado. Y cuando no la teníamos, mi casa dejaba de ser tan divertida, tan diferente. Y yo lloraba como un descosido. Más tarde, el color llegó a España (en el 73). Y fue una nueva fiesta. Yo ya tenía 15 años.

Y no eran sólo las casas. Incluso los pueblos, donde no había posibilidades de que todo el mundo tuviera televisión, se inventó el teleclub (había una red nacional que rondaba los 6.000)  Evidentemente (como se puede ver en la foto), no había nada del glamour descrito por Hamilton. Porque España era, por desgracia, muy diferente al Londres o el Nueva York de los 60. Para mí, memoria histórica es también esto: la mía propia. Recordar que el dictador murió en su cama, mientras yo estudiaba COU. O tener que ir a Londres con 18 años para ver El último tango en París y descubrir que lo importante de la película no era el sexo anal con mantequilla, sino el sentimiento de pérdida, de última oportunidad, de ver personajes que parecían salidos de las pinturas de Francis Bacon. Había que viajar, si podías, para saber eso. E indignarte. Porque te volvías a casa (y a una ciudad gris) el mismo día que podías haber ido al primer concierto de los Sex Pistols. Pero siempre me quedaban las series.

teleclub

Ahora, con 54 años, vivo en una época en la que se dice que las series de televisión viven su edad de oro. Y me he hecho la pregunta de por qué ahora las series son tan diferentes, tan atractivas, como Hamilton se preguntaba sobre los hogares modernos. Y me he puesto a escribir estas líneas, entre el recuerdo y el presente.

OTRAS EDADES DE ORO

La pregunta esencial es: ¿vivimos una edad de oro de las series? Sin duda. La siguiente: ¿es la primera? Sin duda, no. Decir que la ficción televisiva ha nacido ayer mismo es un error tan grave como creer que la ficción española nació con las cadenas privadas.

He citado antes series de los 50. Y si hablamos de los 60, nos encontramos con El Prisionero, Los Vengadores, El Túnel del Tiempo o Los Invasores (la primera serie que habló de la conspiración de la que luego buscaba pruebas Mulder), además de la gran Get Smart (Super Agente 86). Al verlas ahora, a veces (no siempre) uno puede calificarlas de ingenuas… pero más de uno de sus episodios aún impactan por su riesgo y su frescura. Yo, prefiero calificarlas (antes que como “ingenuas”) como pioneras.

La Historia de la Televisión debe ser estudiada como la de la Pintura… O la Medicina. Si no se inventa la fotografía, no nace el impresionismo. Y no es lo mismo disponer de aparatos de resonancia magnética que, simplemente, de un estetoscopio. Pues con las series, lo mismo: unas han ido abriendo paso a otras. Y algunas siguen ahí, válidas como el primer día.

The Twilight Zone

Respecto a “edades de oro”, sólo decir que cuando la BBC hizo recientemente una encuesta sobre la mejor era televisiva, la ganadora por abrumadora mayoría fue la década de los 70. ¿Nostalgia? Sólo puede hablar de ella quien no haya visto series inglesas de esta década. A saber:

–       El nido de Robin y su spin off, Los Ropper; Fawlty Towers y Monty Phyton´s Flying Circus: base de la moderna sitcom británica en todos sus estilos.

–       Arriba y abajo: un clásico aún más potente que su remake o que la propia Downton Abbey, que bebe de sus fuentes a las que añade un evidente toque Brideshead.

–       Poldark y La Línea Onedin: folletines en el más estricto sentido de la palabra, pero perfectamente anclados en el retrato de una época. Base, sin duda, de los folletines actuales. Y, en general, mejores que ellos.

–       Yo, Claudio: obra maestra que, aún a día de hoy, la ves y pasas por alto lo primario de sus escenarios.

–       Los 7 de Blake, Quatermass y Survivors (la original). Junto con la ya estrenada Doctor Who (que acaba de cumplir 50 años) y la enigmatica Shapphire & Steel,  una amplia gama de entender la ciencia ficción para edades diversas, anticipando conceptos de manera espectacular. Algunas, enfocadas al público juvenil. Otras planteando una crítica abierta a la sociedad del momento.

–       Thriller: serie de terror con capítulos autoconclusivos que es una verdadera antología de la televisión y que hoy se podría emitir perfectamente.

–       Pennies from Heaven: primera obra magna de Dennis Potter, que bien merecería un estudio en exclusiva aparte. Para muchos especialistas, es la mejor serie de todos los tiempos. Herbert Ross hizo luego versión cinematográfica, siguiendo el estilo Potter: un concepto de musical en el que las canciones forman parte de nuestra memoria emocional y no se reinterpretan, son play backs.

Allo_allo

Debió costarles a los británicos elegir entre los 70 y los 80, porque en esta década vieron en sus pantallas magníficas sitcoms como Allo, Allo; Yes Minister; Yes, Prime Minister, Chelmsford 123 (sobre la invasión romana)… O series históricas del calibre de Reilly, As de Espías (uno de los primeros trabajos de Sam Neill, en una amarga historia)…. O comedias cotidianas tan magistrales como Pinceladas (Brisa Strokes), o de los barrios bajos de Londres como Minder, base espiritual de gran parte de series inglesas hasta hoy en día.

REFERENTES BÁSICOS (ALGUNOS, QUE NO TODOS).

Se me hace difícil imaginar que la ficción actual fuera tan brillante sin algunos precedentes esenciales. Como por ejemplo (y se me escaparán muchos ejemplos):

1. La animación de los 60, con series que, como Los picapiedra  o Don Gato, pasando por la evolución de Bugs Bunny, plantean esquemas de guión adultos, tanto en serie larga (auténticas sitcoms) como corta. Dudo que Los Simpson pudieran existir sin estos orígenes. Siguen a prueba de visionado moderno, lo aseguro.

2. La libertad narrativa inglesa, capaz de alejarse del realismo sin perder el costumbrismo. Un buen ejemplo de esto es Doctor Who. O eres whoviano o no entras… Pero ver secuencias como ésta (perdón, no he encontrado otra sin música) en la que el Doctor Who hace viajar al presente a Van Gogh para que vea, emocionado (hacia el minuto 2), una antológica suya en la Tate Gallery, te reconfortan con el mundo.

3. El “me da igual la audiencia, esto es una seña de identidad cultural” de la BBC histórica. No fue David Simon el primero en decir que él no hacía televisión para una audiencia “tipo” de televisión. Algún ejecutivo de la BBC debió pensar lo mismo cuando dejó a Dennis Potter series como la citada Pennies from Heaven, Lipstick in your collar (donde descubre a Ewan McGregor), El detective cantante, Karaoke… Lo bueno, es que, aparte de dar prestigio, tenían audiencia y son el origen del Original British Drama. . Oir a Potter es siempre enriquecedor:

4. Los 80 americanos: con el apogeo de las series “de profesiones”, realistas y avance de lo que es un dramedia real y no lo que se gasta por estos pagos aún a día de hoy. Series que son la base esencial de la ficción actual. Anticipo de ellas fue la maravillosa Lou Grant (77), donde trabajaba la que fue luego madre de Tony Soprano y que es un spin off ¡¡¡¡de una sitcom!!!! (Mary Tyler Moore, aquí La chica de la tele). Ya en los citados 80, surge un estilo propio que luego se internacionaliza, con obras maestras como Hill Street Blues, Aquellos maravillosos años, St. Elswher. Ésta última con producción ejecutiva de Tom Fontana (Homicidio, Oz… Ya nos vamos acercando al presente) era un Hill Street en un hospital (así la vendieron sus productores, Brand y Falsey homenajeando a Bochco).

Hill Street

Son series que asientan las claves de la ficción moderna que llega hasta nuestros días:  personajes tridimensionales, arcos argumentales de varios episodios y temporadas que son cada una una novela en sí misma. Los mismos Brand y Falsey crearon en 1990 Northern Exposure (Doctor en Alaska), serie que asumió, ya avanzada, David Chase (Los Soprano), como productor ejecutivo.

En comedia, hubo una respuesta de calidad a las sitcoms inglesas, con series que giraban al humor desde planteamientos y situaciones que podían haber servido para hacer drama y/o personajes protagonistas que no eran precisamente un ejemplo de bondad y altruísmo, como Cheers y, luego, su spin off, Frasier. O la versión televisiva de Mash.

Como guinda, Michael Mann arranca su Miami Vice, que a algunos les gustará y a otros no (a mí, sí), pero que inventa una nueva clave: el protagonismo de la música, la influencia del clip como secuencia final o intermedia que resume el estado emocional de sus protagonistas. Un hallazgo que ahora vemos como habitual (Sons of the Anarchy, por ejemplo lo utiliza en cada capítulo), pero alguien tuvo que ser el primero que lo hiciera.

Más ejemplos: no se puede entender The Wire sin la serie de los 90, Homicide, life on the streets, de Tom Fontana… basada en un libro de David Simon precisamente. Por entonces era periodista y reconoce abiertamente que todo lo bueno que aprendió del lenguaje televisivo lo aprendió de Tom Fontana. Y pocas series remakeadas han tenido una segunda vida mejor. Probablemente, el mejor ejemplo de esto sea Battlestar Galactica. Pero series como House of Cards o Arriba y abajo o Retorno a Brideshide, mejor hubiera sido reemitirlas que ver sus remakes. De lejos. Luego algo tendrían que ahora no es tan fácil de imitar.

Homicide

Dicho esto, vuelvo a hacer la pregunta: ¿qué es lo que tienen ahora las series tan especiales? Muchas cosas, sin duda. Y hablaremos de ello en una segunda parte. Pero con la idea clara de que sin series y conceptos como los aquí apuntados, esta nueva (que no primera) edad de oro no sería posible. Porque no hay presente sin pasado. Y la televisión tiene su propia memoria histórica.

Por cierto, la exposición colectiva en la que Hamilton expuso su obra en Londres, allá a finales de los 50, se titulaba This is Tomorrow. No deja de ser esclarecedor.


LES REVENANTS (Y DE PASO, MÁS SERIES FRANCESAS)

17 enero, 2013

por Javier Olivares

Les Revenants_1

Descubierta a través del Tvc 15 Canal de TV de Pablo Olivares, Les Revenants ha sido para mí, con Broen, la sorpresa del año. Emitido su último capítulo (es una serie de 8 capítulos de 50 minutos) el primer fin de semana del 2013, forma parte junto a la citada Broen,  Hit & Miss, White Heat, Call the Midwife y Moone Boy (todas analizadas en esta casa en Series que aquí no llegan I y en Series que aquí no llegan II) lo que sería mi lista de mejores series estrenadas en 2012.

La sorpresa radica en el país de origen de la serie (Francia, como Dinamarca y Suecia lo era de Broen: es decir NO SON AMERICANAS NI INGLESAS) y en su manera de enfocar los géneros del terror y lo fantástico… y también en su éxito de audiencia. Producida por el Canal Plus francés (con el aval del Canal Jimmy, junto con el desaparecido y añorado Album TV, dirigido por Antonio Trashorras, el mejor canal dedicado al mundo televisivo que he conocido) ha tenido una audiencia cercana a los dos millones de espectadores de media y más de un 20% de abonados que cada semana se citaban con esta peculiar serie de muertos vivientes.

Aprovecho para decir que junto con series como Engrenages o Braquo, de las que se hablará luego, Les Revenants muestra una excelente intención de producción propia del canal digital francés, un espejo en el que haría bien en mirarse su homónimo español. Porque éste ha vivido sus tiempos de gloria mirando exclusivamente al cine y sólo ha espabilado recientemente con ¿Qué fue de Jorge Sanz? (de David Trueba y exageradamente similar a un formato argentino), Crematorio (digna serie) y ese cruce de trucha y mono que es Falcón, en la que un policía español imposible investiga casos por una Sevilla más imposible todavía, en una producción que de tan internacional acaba siendo de ningún sitio. Sevilla es Grupo 7, esa excelente película de Alberto Rodríguez. Como Jerez era la excelente Padre Coraje, de Benito Zambrano. Es curioso que Falcon la hayan realizado con profesionales ingleses, que tanto miran por el acento de sus respectivas regiones cuando producen allí.

Pero yo venía aquí para hablar de Les Revenants. Vamos a ello.

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LES REVENANTS: REALISMO FANTÁSTICO Y POESÍA DE LO COTIDIANO

Lo primero decir que la serie se basa en la película del mismo nombre dirigida en 2004 por Robin Campillo. No la he visto, pero Antonio Trashorras me dice que es estupenda y con eso me vale. En ella (como en la serie) y como bien escribió Oscar Brox, Campillo realiza una hábil vuelta de tuerca al subgénero zombi al tratarlo de una forma más social e intimista, a la vez que pone el acento es los aspectos legales y, sobre todo, morales que implica para toda una comunidad de habitantes el regreso tras su muerte de miles de resucitados. A partir de aquí, Campillo exprime al máximo las situaciones, planteando en todo momento soluciones burocráticas a la avalancha de revenants para, a medida que las cosas se van normalizando, ir fijándose en los pequeños microcosmos familiares que han visto perturbado el orden por esa extraña vuelta”.

En la serie, su creador (Fabrice Gobert) hace lo mismo. Ambienta la situación en un pequeño pueblo de montaña donde la fractura de una presa inundó un pequeño pueblo más de 30 años antes, llevándose el agua centenares de personas. Desde entonces  a la actualidad, hay otros que murieron y están de vuelta: un niño asesinado (en una de las más apabullantes secuencias de la serie), una muchacha de 15 años (con hermana gemela que ha seguido creciendo) fallecida en un accidente de autobús hace cuatro años, un asesino ajusticiado por su propio hermano, un suicida que pone fin a su vida el mismo día de su boda… Todos vuelven sin saber qué les ha pasado. No recuerdan nada y quieren recuperar su lugar en el mundo… cuando ya está ocupado u olvidado.

Les Revenants no es una serie efectista, es más bien un drama intimista. Y, por ello, sus historias no son menos aterradoras. Como bien la define Paco López Barrio en un comentario que le leído en facebook: lo más sobresaliente de la serie es que en lugar de una batalla entre dos mundos (los vivos y los muertos) es una reflexión intimista sobre el sentido del dolor y el lugar en el mundo de cada uno”. Perfecta definición.

Interpretación exacta, realización concisa (con maravillosos exteriores) y una planificación pausada pero no por ello premiosa son las otras claves de la calidad de esta serie. ¿Defectos? Por supuesto, que tiene (¿quién o qué no?). A destacar, algún hilo y efecto que no se desarrolla… Cierta (y leve) casuística Lost cuando, en mi opinión, el fantástico es el género que más medido y ajeno a casualidades ha de estar… Y también, como escribe Damien Marcereau más de una pregunta sin responder al final de su primera temporada (acabada con una imagen tan impresionante como primorosa).

Pero es tanto lo que ofrece, tanta poesía la que aporta, tantos sentimientos en vez de peripecias impactantes (cuando el personaje y el sentimiento son lo más impactante siempre y derivan de ellos –y de ello- las peripecias…) que Les Revenants se muestra como una serie imprescindible. Y como un ejemplo de ficción europea que compite con otras (europeas y americanas) con más músculo industrial y económico. Ahora veremos cómo aguanta en la ya anunciada segunda temporada. De momento, sólo queda suscribir las críticas positivas de la serie escritas en el Le Nouvel Observateur o Le Figaro.

OTRAS SERIES FRANCESAS: LA HERENCIA DEL POLAR

BRAQUO

Les Revenants volverá a poner en primer plano la última ficción francesa en el mundo. Sin duda. Pero no es la primera que lo hará. Porque, herederas del polar francés (su excelente cine negro), hay series –también en relación con Canal Plus France- que ya han marcado estilo. Citaré dos, de orden menos a mayor (muy mayor).

La primera es Braquo, para algunos la versión francesa de The Shield. Estrenada en el 2009 en el Plus, ahora está siendo reemitida por TV5 y tiene dos temporadas de 8 capítulos cada una. Creada por Olivier Marchal, director de un polar de gran éxito en Francia (36 Quai des Ofèvres). Braquo cuenta la historia de un grupo de policías que traspasan la raya prohibida por la ley para vengar el honor de un compañero que se suicidó por ser puesto en causa. Ganadora reciente de un Emmy Award, cuenta entre los guionistas de su segunda temporada, un excelente Abdel Raouf Dafri, autor del guión de Un profeta Jacques Audiard. Prepara tercera temporada.

La segunda es Engrenages, para muchos la mejor serie de ficción francesa de todos los tiempos. Emitida con gran éxito en la BBC (con el nombre de Spiral), también cuenta con ocho capítulos por temporada (lleva cuatro) y trata, como bien escribe Alberto Nahum de los oscuros hilos de la justicia:En un París áspero, con una textura realista, una fotografía grisácea –como de interminable día de lluvia– y una cámara nerviosa, la serie nos destapa los engranajes (de ahí el título) que hacen funcionar el día a día de la policía y la justicia galas. Pero no sólo. Engrenages también hace referencia a quienes manejan realmente los hilos de la maquinaria, a las altas esferas políticas y económicas que echan el aceite pare que todo funcione… siempre en su beneficio”.

engrenages

Su dureza y alto nivel de denuncia ha hecho que se le compare con The Wire, aunque puedo asegurar que sus estilos son bien distintos y está a una altura menor que la obra maestra de Simon. Sin embargo, no por ello deja de ser una serie excelente. Y hecha aquí al lado, en nuestro país vecino. Tan cerca estamos para unas cosas y tan lejos para otras. Por planteamientos, por riesgo (creativo e industrial) y por orgullo.

Porque temas tenemos de sobra para hacer series así. Profesionales, también. Sólo falta que algunos quieran dar el paso adelante y se dé de manera lógica en su producción, como en las series de las que estoy hablando. Entonces, cuando esto ocurra, sólo faltará que los demás, en lo que nos toca, estemos preparados para ello. Y ya va haciendo falta. Porque sin retos ni riesgo no hay pasión ni aventura. Y sin pasión ni aventura, se es muy poco en este negocio.

 


SERIES QUE AQUÍ NO LLEGAN (II)

29 noviembre, 2012

por Javier Olivares.

Continuamos hablando de “series que aquí no llegan”. En esta ocasión nos ceñiremos a algunas de las estrenadas en este mismo año del 2012. Recordar otra vez que pocos lugares mejores para informarse de estos temas como el Tvc 15 Canal de TV  de Pablo Olivares (tan breve como brillante y contundente) y el http://librodenotas.com/elreceptor/ de Jonatan Sark (en este caso abierto a información de programas de no ficción, informativos, industria… un auténtico pozo de sabiduría).

WHITE HEAT (BBC 2)

Si hay una palabra que define a la perfección  White Heat  es “emocionante”. Creada por Paula Milne (una veterana de 65 años con una fuerza que más quisieran muchos jóvenes) narra en 6 capítulos la vida, amores y desencuentros de siete personajes desde los años 60 hasta el nuevo siglo. En realidad, pese al paso del tiempo, la serie tiene el halo y la pasión de una década, la de los 60, que fue especialmente apasionante en el Reino Unido. Por ella pasan Wilson, Thatcher, la cultura de las drogas, el amor libre (o no tanto), el feminismo, la ideología política… como paisaje inigualable que se cruza con las emociones de los personajes.

Como decía en un texto que me envió al ver la serie mi compañera de oficio (y además amiga) Mireia Llinas: Cada vez estoy más convencida que la emoción se activa con el contraste. Sea cual sea la emoción, rabia, odio, alegría, llanto. Un hombre que postula un discurso de camaradería e igualdad abandona a su amigo cuando éste es detenido por haberle ayudado (a pesar de no merecerlo).  Un hombre que siempre ha querido una familia descubre que su mujer no puede tener hijos y se muestra fuerte y positivo para hacerla feliz… Un hombre que siempre ha evitado la violencia provoca una pelea cuando descubre que el hijo que espera su mujer no es suyo. Un padre que siempre está enfrentado con su hijo y viceversa  acaba confesándole, en el momento más duro por el que pasa el hijo, que de niño siempre le esperaba en la puerta de casa y que después fue él quien lo ha esperado toda la vida. Un egoísta infantil, que se pasa cuatro capítulos humillando a la mujer con la que se acuesta y defendiendo una moral que se salta cada dos por tres, acaba dándose cuenta que por culpa de eso ha defraudado y en unos casos perdido a todos los que le han querido…  Hay otro modo de llamarlo, arcos”… Brillante análisis. Sí, son arcos dramáticos. Y son magníficos, como la realización (magnífica fotografía y mezcla de imágenes documentales con grabadas de nuevo cuño) y sus diálogos, justos en sus palabras y exactos en sus silencios. Hablan de una cultura de otra época sin hacerlo didácticamente. Si la conoces, accedes a un doble nivel de información. Si no, la intuyes, te empapas de ella a través de unos personajes conmovedores. Emociones de siempre, pero ficción moderna y sin concesiones. Adulta.

No lloro casi nunca viendo series. Aquí, no pude evitarlo.

White Heat

THE HOLLOW CROWN (BBC 2)

Como bien escribió el maestro Marcos Ordóñez, The Hollow Crown es una lección de cómo hacer televisión. Incluida dentro de la Olimpiada Cultural (porque para los británicos la televisión es eso: cultura… y si no comprobar cómo venden lo que ellos llaman Original British Drama), se le encargó la producción del conjunto de la serie (cuatro capítulos, basados, cómo no en obras de Shakespeare) a Sam Mendes. Y éste, como explica Ordóñez, debió pensar: “Haremos la Henriada: Ricardo II, las dos partes de Enrique IV y Enrique V… Y de paso, que vean los chavales de dónde sale Juego de Tronos”. Y lo hace con la categoría habitual de la BBC cuando trata de estos asuntos. Y lo hace, mezclando directores (un veterano, dos jóvenes), pero unificando un estilo (cosa de la que tenemos que aprender mucho aquí). Y con unos actores de la talla de Ben Wishaw (el apasionado joven periodista de The Hour), Rory Kinnear, Patric Stewart, Jeremy Irons, John Hurt, Geraldine Chaplin, Lambert Wilson…

Una vez más, alto nivel de producción. Pero por encima de eso, un nivel de adaptación del lenguaje perfecto y una dramaturgia impecable. Ya sabíamos que estas cosas los ingleses las hacen de maravilla. Lo que nos admira es que, además, se superan. Lo que me provoca una envidia eterna es el orgullo con que tratan su literatura, su cultura, su televisión. Especialmente recomendable para el ministro Wert, su antecesora González Sinde y el/la que le sustituya. Iba a decir que ojalá sea pronto, pero visto lo visto este es un tema en el que siempre hay tendencia a empeorar.

The Hollow Crown

MOONE BOY (SKY 1)

Sigamos con la envidia cochina. Mientras aquí hacemos sitcoms de 50 y 70 minutos , los ingleses y americanos siguen en su 20 o 25 minutos. Mientras nosotros alargamos a 70 minutos (o más) un capítulo de una serie de primetime, los canales generalistas en los EEUU siguen en sus 40 minutos. Y los ingleses (y los daneses y suecos, no nos olvidemos de ellos) se estiran como mucho hasta los 50/60. HBO y canales de cable USA siguen la senda británica, pero con una diferencia: alargan la duración de sus series en mínimo 10 o 13 capítulos. Los ingleses van más lejos. Pueden hacer, como en Sherlock, 3 capítulos (que, eso sí, ahí alargan a los 90 minutos), de 4, de 5 o de 6 como mucho (no hablo de series de mediodía como Coronation Street, The Street…). La que más capítulos tiene es Doctor Who que puede llegar a más de diez… pero dividiendo la temporada en dos más un especial de navidad. De esta manera, dan prioridad a la historia, a la narración… Olvidando trucos para alargarla en demasía (algo que, me digan lo que me digan, genera segundas temporadas tan desiguales como la de Homeland, excelente en su primera).

Con Moone Boy, Sky va más lejos (como con Miranda): mantienen los 20 minutos… pero con sólo 6 capítulos por temporada. Deliciosos todos ellos. Para definirla, citaré a Jonatan Sark en su artículo Deathmatchizando novedades pilotales septembrinas:  ”Enorme. Grandísima. No sólo la mejor serie del mes, también una de las series del año. Chris O’Dowd crea esta serie, junto a Nick Vincent Murphy, a partir de su participación en el espacio de cortos humorísticos navideños Little Crackers en la que adaptaba un recuerdo de su niñez. En esta nueva serie el componente memorialístico sigue presente, pero aunque haya ecos de Aquellos maravillosos años no será la nostalgia lo que haga funcionar a la serie sino el humor, las aventuras del pequeño Martin Moone, su familia, sus amigos, en la Irlanda de finales de los ochenta, sus aventuras acompañado de su amigo imaginario Sean —efectivamente, este es el personaje interpretado por O’Dowd— van más allá mostrándonos toda la vida del pueblo, y permitiéndose un surrealismo ligero pero contundente. ¡¡¡Por series como esta merece la pena verse todos los pilotos del mundo!!!”. Opino lo mismo.

O´Dowd es el actor de Los informáticos (The IT Crowd), FM  o The Crimson Petal and the White. Y, además de buen actor, un excelente inspirador de series.

Más citas: Pablo Olivares en su Tvc 15 Canal de Tv dice de Moone Boy que “el momento del pub de amigos imaginarios en paro del capítulo 4 es uno de los momentos estelares del año televisivo”. También opino lo mismo.

Moone Boy

LINE OF DUTY (BBC 2)

Uno de los mejores arranques de serie de los últimos años, que sirve de teaser del capítulo 1 y, además, para mostrarnos de dónde viene el protagonista.

Line of Duty narra la investigación del departamento de asuntos internos en torno a un comisario de policía… que acaba de ser nombrado policía del año. Dudan de sus estadísticas, de cómo cierra los casos, de mínimas corrupciones, cuando en realidad ignoran el drama en el que el investigado se está metiendo. Un drama que supera con mucho lo que se imaginan y que lo pone en manos de una mafia organizada.

Tan dura y tan amarga es la historia que se nos narra en estos cinco capítulos que Scotland Yard, siempre tan solícita con la BBC, se negó a prestarles colaboración alguna. Su autor es Jed Mercurio, también novelista de prestigio.

Dos detalles. Uno: es reconfortante ver una serie que no echa mano en absoluto (pudiéndolo hacer) de la vida familiar de sus personajes, salvo en un delicado clip final. Hay una excepción, la vida del policía investigado… Pero porque tiene que ver directamente con la trama principal y con la autodestrucción del personaje.

El segundo detalle trata sobre los actores-niños en las series británicas. Aparte de excelentes (y más que eso si cabe, luego volveremos sobre ello en Hit & Miss), se les somete a unas tramas y a una situaciones que en España impediría la ley de protección del menor. Menos mal que dicha ley no es universal ni retroactiva. Si así fuera, jamás se hubiera podido filmar nada basado en las novelas de  Dickens.

Line of Duty

GOOD COP (BBC 1)

Aquí tengo sentimientos contrapuestos. Porque si bien los primeros capítulos de Good Cop me parecen magníficos, el final (y sobre todo su último y cuarto capítulo) va bajando de nivel por momentos.

A su favor, una interpretación magistral de Stephen Graham y de su principal protagonista, Warren Brown (Luther, Accused, Occupation…), una más que correcta realización y un arranque notable.

Good Cop narra la historia de un policía que ve (sin poder impedirlo), a apenas dos metros de la escena, cómo asesinan de una salvaje paliza a su compañero. A partir de aquí se irá vengando de los asesinos mientras ve cómo se resquebraja su vida privada…. Y sus principios.

Sin duda, el principal alieciente de esta serie es el análisis de la moral, de lo que es ser buen policía o no serlo, del concepto de justicia y de lo fácil que es hoy en día escaparse de ella por parte de quienes cometen los delitos… junto a dejar al espectador la posibilidad de tomar partido por unas actitudes u otras, sin indicarle el camino.

Como anécdota, decir que el último capítulo de esta serie semanal se pospuso casi un mes porque la BBC la retiró de la parrilla tras el asesinato de dos policías en las calles de Londres. ¿Tal vez influyera esto en el fallido montaje del final de la serie? A esto sólo podrá respondernos Stephen Butchard, su creador (autor también de la muy interesante House of Saddam y… Falcón).

Por último, excelentes tramas secundarias (o menos que eso) que realizan un contraste de la dura vida diaria de un policía que patrulla la calle. Su labor de hacer el bien y, a veces (en la trama principal) verse superado por el mal.

Good Cop

HIT & MISS (SKY ATLANTIC)

Una de las series del año. Algo previsible siendo una creación del gran Paul Abbott, guionista de excelentes series como Coronation Street, Cracker… y creador de obras maestras como State of Play, Exile o Shameless (por favor, nunca ver la versión USA antes de la original inglesa).

Ya en Exile ejerció de productor ejecutivo dejando el guión a otros. Aquí (ya con su productora de formatos AbbottVision), hace lo mismo y los guiones son de Sean Conway, pero su estilo y su calidad es tan reconocible como magistral. Reconozco que si me preguntaran cuál es mi guionista preferido, sin duda diría su nombre (del mismo modo que si me preguntaran por un productor ejecutivo, nombraría a Tom Fontana).

¿Cuáles son las características de la “marca Abbott”? Pasión en cada diálogo, inteligencia, implicación, capaz de mezclar drama sin olvidar ternura o ironía… Es capaz de sacar una sonrisa en los momentos más trágicos… O sencillamente hacer que te despeñes con él en ellos… Paul Abbott es alguien que vuelca sus sentimientos y vivencias, sus recuerdos hasta llegar a la carne viva que muestran sus obras. De infancia y juventud difícil (Shameless tiene mucho de autobiográfica, cuando escribía en Coronation Street su vida estaba marcada por el alzheimer de su abuela… como en Exile), plantea temas muy afines a él, como si cada serie fuera un ejercicio de exorcismo privado e íntimo. Entre esos temas: la relación paterno-filial y la familia como búsqueda de unas señas de identidad perdidas, la búsqueda del amor y los sentimientos como salvadores de las circunstancias más difíciles, la lealtad, la sexualidad…

Hit & Miss  cuenta la historia de un transexual que se gana la vida como asesino/a a sueldo que, de repente, recibe la noticia de que es padre (de cuando todavía no se hormonaba para ser definitivamente una mujer) de un hijo de una relación estable que tuvo con una mujer. Y decide volcarse en su nueva familia incluso empleando el dinero que iba a ser destinado a una operación de cambio de sexo. Imagino contando esto a un ejecutivo o productor de nuestra industria audiovisual y me da la risa floja. De hecho, cuando leí, antes de ver la serie, la sinopsis de la misma pensé que a Abbott se le había ido la olla. Y no, no se le ha ido.

Porque ha hecho una serie que es pura poesía. Una serie que muestra cómo el amor, la pasión –ya citada- por definir las propias señas de identidad y por echar raíces en algún sitio pueden ser la mejor medicina para aliviar (aunque sea un poco) la infelicidad, la soledad, la caída por el precipicio. Que  muestra que son esas las batallas por las que hay que luchar. Aún a sabiendas de que la guerra está perdida de antemano.

Varias cosas a destacar, empezando por los fallos, que también los tiene. Como por ejemplo, que la historia avanza poco y se hace reiterativa (y un pelín moñas) en sus capítulos finales (5 y 6). Que acaba la serie con un cliffhanger para no ir a ninguna parte: la serie no ha sido renovada. Y que las escenas de boxeo de su protagonista (la gran Chloe Sevigny Dogville, Boys Don´t Cry…– musa del cine independiente USA) son bastante flojas… lo que no empaña que el resto de su interpretación sea brillante. Como la de los niños que salen en la serie, especialmente Jorden Bennie, su hijo en la ficción, la mejor interpretación infantil que he visto en mi vida). Bueno, la de todos. Porque quitando esos fallos, los aciertos son tan grandes que, en su conjunto, hacen de Hit & Miss, por los riesgos asumidos, una pequeña obra maestra (una más de Abbott).

Porque contar una historia como ésta (y dejar claras sus premisas en unos primeros antológicos cinco minutos) necesita de valor y pasión. Y aquí sobra. Hay momentos de una violencia (física y moral) que estremecen pero nunca son gratuitos. Hay momentos Blue Velvet. Tiene una fotografía que no sólo es la mejor que he visto jamás en una serie (junto con la de Boss y Broen), sino que además es narrativa y no decorativa. Cada imagen simboliza (y lo hace de manera nada pretenciosa) lo que vas a ver o culmina lo ya visto. Como las mejores fotos de la gran época de la Agencia Magnum. Y, además, cuando le viene en gana, Abbott se permite el lujo de entrar en el terreno de los fantástico (su ex compañera muerta y madre de su hijo a la que sólo ven determinados –y curiosos- personajes). Y lo hace con naturalidad. Como si fuera algo cotidiano.

Son tantas las emociones que regala, que pese a los fallos apuntados, Hit & Miss no puede dejarte impasible cuando la contemplas. Porque Abbott convierte (como en tantas de sus series) a personajes cotidianos, normales, de carne y hueso, en protagonistas de historias ante las que Sísifo vería como un consuelo cargar eternamente con su pedrusco. Nos enseña que en un simple cenicero, puede caber una catástrofe… a la que hay que sobrevivir, por supuesto.

Hit & Miss

SECRET STATE (CHANNEL FOUR)

Sólo he visto dos de sus cuatro capítulos, pero por tema y guión, he decidido incluirla en esta selección.

Secret State comienza con un accidente en una planta petrolífera de una compañía norteamericana en Inglaterra. En ella mueren 19 personas. Allí se desplaza el vicepresidente de la nación (magnífico el irlandes Gabriel Byrne –In Treatment entre otras muchísimas cosas-, que muestra sin reparos un excelente acento inglés pese a su amplio periplo por el cine y la tv made in Usa) ya que el presidente está precisamente de viaje en los EEUU negociando con dicha compañía. Las elecciones, en las que su partido tiene todas las de perder están a pocas semanas vista… y el presidente muere al explotar su avión (prestado por la compañía) de vuelta a Londres. La forma de asumir la crisis del vicepresidente (de pasado militar con algún elemento turbio) hace que suba su popularidad en las encuestas y supere a los otros posibles candidatos y que incluso gane las elecciones (cosa que se cuenta con tres secuencias y una elipsis entre el primer y el segundo capítulo… y no echamos de menos más detalles).

Ya como presidente, se dará cuenta de que los poderes de las compañías (en este caso petrolíferas) forman uña y carne con la casta política que le rodea. Que vive en un continuo golpe de estado sin necesidad de intervención militar. Que los “amigos” de entidades económicas y comerciales tienen más peso en las decisiones de gobierno que el voto de los ciudadanos y los programas políticos. Agencias de calificación, multinacionales, guerras provocadas por inventos… ¿Suena conocido, verdad?

Hay dos frases que se me han quedado grabadas. Una, en su primer consejo de ministros, cuando uno de ellos le dice: “¿Qué haremos ahora? Porque una cosa es ganar las elecciones y otra es gobernar”. Otra cuando se enfrenta a uno de los ejecutivos de la petrolífera y éste le responde: “Las empresas como la mía pueden comprar su país y trocearlo”, tras amenazarle de llevar sus fábricas a Polonia. Tras decirle que no importa que haya habido un accidente con muertos, porque éstos (y los que han sobrevivido, intoxicados por las sustancias con las que trabajan) han tenido trabajo y sueldo y no pueden aspirar a más.

La serie está basada en la aclamada novela de Chris Mullin (también diputado laborista), A Very British Coup. Visto lo visto, uno deduce dos cosas: 1) que los diputados ingleses (vista su implicación en series como ésta, Yes, Minister o House of Cards) pueden ser igual de inútiles que los nuestros pero tienen una calidad creativa, crítica y cultural muy superior a los que sufrimos aquí (donde incluso hemos tenido una ministra guionista y tiene obras del calibre –y título premonitorio- de Mentiras y gordas).  2) que se agradece que una televisión apueste por tratar un tema tan candente y grave como éste. Por hablar de una democracia que evidentemente no lo es tanto.

Secret State nos habla de una cuestión (la de la moderna teoría de la conspiración, en la que hay un gobierno que verdaderamente manda y que no tiene que ver con lo que votan los ciudadanos… algo que a los europeos aún nos cuesta más entender) que  ya han tratado series comoHidden o Blackout en la BBC, pero de manera bastante fallida (sobre todo la segunda: horrible).

Por eso guardo esperanzas de que ésta no me falle. Más esperanzas, sin duda, de las que tengo de que alguna vez se traten estos temas en nuestra ficción.

Secret State.


SERIES QUE AQUÍ NO LLEGAN (I)

5 noviembre, 2012

por Javier Olivares.

Desde hace un tiempo, ha cambiado (y para bien) la celeridad con la que se estrenan en España las buenas series de fuera. Un buen ejemplo de esto son los estrenos (habitualmente en canales de pago) de series como Homeland, Juego de Tronos, Mad men, Copper, Breaking Bad… Incluso series europeas, como Forbrydelsen –de nivel bastante superior a su remake americano, The Killing. O el de las inglesas Inside Men o, pronto el de Call the Midwife, dos series de la BBC bien distintas pero con una cosa en común: son excelentes. Eso sin olvidarnos de Black Mirror (ni de su pésima emisión en Cuatro).

Hay, no obstante, excepciones. Un caso extraño de retraso, en cuanto a la producción USA, es la más que notable Boss, que se estrena en Canal Plus en su primera temporada cuando Starz ya ha emitido en los EEUU la segunda. Tal vez el tema (la enfermedad del poder llevada a la enésima potencia) haya hecho dudar a los programadores por si detrás de esta tragedia griega ambientada en la alcaldía de Chicago. Porque sin duda el personaje protagonista –muy bien interpretado por Kelsey Grammer (sí, Frasier)- tiene esa filosofía de que todo es su cortijo que nos recuerda a muchos de nuestros políticos.

Sun embargo, hay muchas series (esencialmente europeas) que no llegan aquí. Ni pronto ni tarde. Y de algunas de ellas quiero hablar por si a alguien le resulta de interés. Como son bastantes las series de las que hablar, en esta primera ocasión me centraré en series anteriores al año en curso, dejando aquellas estrenadas en 2012 para un posterior comentario.

Empiezo, no sin antes recomendar la labor que en este aspecto desarrolla Pablo Olivares en facebook, en su Tvc 15 Canal de TV o la inmensa documentación de quien firma como Jónatan Sark en la columna mensual El Receptor de Libro de Notas. Son dos buenas fuentes para estar al día y, también, para recordar grandes series de otros tiempos.

HOUSE OF CARDS (BBC / 1990)

No me extenderé mucho, ya que el compañero Natxo López escribió con tino de esta serie en este mismo blog en enero. Sólo recordar que es una radiografía del sistema político que llamamos democracia y que ya nos avisó hace tiempo de que los ciudadanos no somos los que decidimos las políticas que nos gobiernan. Revisar ahora House of cards (hay dvd), al igual que sus secuelas To play the King (que debería ver nuestro rey para estar alerta) y The Final Cut, se hace imprescindible a la espera del remake USA que preparan (para Netflix) Kevin Spacey y David Fincher.

SURVIVORS (BBC / 2008)

Remake de la serie del mismo nombre creada en los 70 por Terry Nation (Doctor Who, Los Siete de Blake y guionista de series como Los Vengadores). Survivors cuenta en 2 temporadas de 6 capítulos los efectos post-apocalípticos de una epidemia de gripe a nivel mundial que acaba con gran parte de la población. Sus protagonistas son los escasos supervivientes a la misma y cómo tienen que reorganizarse, las diversas teorías de cómo reconstruir la sociedad, su encuentro con otros supervivientes… Y sobre todo, los cambios que en la ética y en la moral causa una situación límite.

Su guionista, Adrian Hodges, realiza una excelente adaptación del original a los tiempos de la teoría de la conspiración ya evidentemente avanzada en Expediente X. Unos tiempos en los que tienen que velar por nuestro bienestar (gobiernos y empresas farmacéuticas) son el origen del desastre.

Cancelada por la BBC, esto supuso un revuelo inaudito en las redes sociales… y que los guiones se vinieran abajo en sus dos últimos capítulos. Pero hasta ahí, impecable. A destacar su gran capacidad para mezclar los dramas personales (con unos estupendos personajes) con un desastre global y para generar, tras el arranque, capítulos con conceptos independientes y, muchas veces, autoconclusivos en su trama principal. Por cierto: hay dvd.

OCCUPATION (BBC / 2009)

Tres capítulos que conforman una auténtica obra maestra en todos los aspectos: guión, realización, actores… Ganadora del BAFTA en su categoría de miniserial, Occupation narra de manera magistral las causas y efectos de la guerra de Irak a través de tres soldados interpretados magistralmente por un trío de ases como James Nesbitt, Stephen Graham y Warren Brown. Habla de la guerra y de la reconstrucción del país. Habla de personas. Y lo hace de manera estremecedora y, a la vez, con una agilidad que deja pegado a la pantalla, dejando en un claro nivel inferior a la Generation Killer de David Simon y Ed Burns para HBO (2008).

Producida por Kudos, su guionista es Peter Bowker, autor también (siempre para BBC) de la serie médica Monroe,  de la visión de los pintores prerrafaelitas en su Desperate Romantics, del homenaje al gran Dennis Potter que supuso Blackpool o del episodio dedicado al Sueño de una noche de verano en Shakespeare Retolds. Un currículo envidiable, sin duda.

Por cierto, ojo al monólogo final de la serie y a toda la secuencia en sí. Es un master de guión y de realización.

Bueno, como tantos y tantos momentos de este monumento televisivo que explica lo que hay detrás de una guerra en todos los aspectos: los emocionales, los políticos, los económicos… En profundidad y sin pretensiones engoladas. Cortito y al pie, que se dice en fútbol. Con unos diálogos inmejorables y unos silencios que dicen más que muchas palabras.

COLLISION (ITV / 2009)

Cinco capítulos… pero hubiera dado para mucho más en lo que considero una obra maestra del arte de entrelazar tramas. Collision narra la historia de un supervisor de accidentes que debe investigar un choque en cadena en una autopista inglesa. A través de los coches accidentados se irá percatando de lo que hay detrás de la vida de los accidentados, abarcando a través de todos ellos géneros de trama policial, familiar, social…  con historias que darían para otras tantas series y que nos llevan de sorpresa en sorpresa.

Además, la historia se potencia con el drama personal del protagonista (interpretado por Douglas Henshall, conocido por Primeval, y protagonista también de la excelente The Silence, BBC, 2010), que viene de una larga baja precisamente por un accidente de tráfico en el que un borracho embistió el coche de su esposa, matándola a ella y dejando en silla de ruedas a su hija.

Llama la atención la maestría de su creador, Anthony Horowitz, para contar el drama con un ritmo exacto, sin regodearse en él, con secuencias cortas e impactantes, huyendo del melodrama tradicional. ¿Otros valores impresionantes de Collision? Un manejo de la elipsis para dar en todas las facultades de guión. Una capacidad incuestionable de ir a lo concreto y de que ese concreto son tanto emociones como peripecias. Unos personajes construidos hasta el detalle. La habilidad de mezclar historias y géneros sin perder un estilo personal y conformarlo en una gran unidad narrativa… Y, por encima de todo, el hallazgo de introducir el azar como un protagonista tan importante como los propios personajes.

BORGEN (DANMARKS RADIO / 2010)

Ya con dos temporadas (de diez capítulos cada una), Borgen es junto a Graven, Den Som Draeber (en Inglaterra, Utopía), Forbrydelsen y Broen (de la que hablaré a continuación) una de las series culpables del boom de las series nórdicas en el mundo. De casi todas ellas se han hecho o se harán remakes USA. Son éxito en la BBC y en la ITV inglesas… E incluso tienen espacio en medios como el New York Times. ¿Las razones? Unos actores impecables (casi todos de origen teatral, como los británicos), un concepto de producción “ a la inglesa” y un tempo narrativo personal e intransferible.

Emitida en un canal estatal, Borgen (El Castillo) habla de política y de políticos (como lo hace en ocasiones Forbrydelsen). De cómo cambia el poder e interfiere en la vida personal de quienes lo ejercen. De programas políticos que no se pueden cumplir. De pactos imposibles. De compañeros que dejas en el camino, cadáveres políticos ahora pero que en su día te hicieron triunfar. De periodistas temerosos con el poder y otros no tanto. De corrupción y de ética. De estrategias e intrigas en las democracias modernas. Y todo esto, Borgen lo hace de maravilla. Tanto que merece una versión española si alguna cadena tuviera las agallas de asumir la empresa de hablar de estos temas.

Su creador, Adam Price, estructura la serie con maestría. Lo hace de una forma nada vanguardista, incluso con elementos típicos de las series standar. Pero por debajo corre el río de una crítica institucional evidente. A veces esa crítica está demasiado camuflada por determinadas peripecias, pero no por ello oscurece la luz de una serie notable en su factura pero sobresaliente en su planteamiento.

BROEN (DANMARKS RADIO & SVERIGE TV / 2010)

Probablementela gran obra maestra de los últimos años en lo que se refiere al género policial.Lo tiene todo: es original, tiene un arranque prodigioso, una de las mejores cabeceras (en imagen y música) que se han visto, unos actores espléndidos, una realización  impecable, unas localizaciones sobresalientes… y unos guiones redondos. Los diez que componen su primera temporada. La segunda ya está anunciada que vendrá.

Broen es una coproducción de las televisiones estatales sueco-danesa, con la colaboración entre otros de la ZDF. La serie se habla en ambos idiomas, algo que ya se avisa desde su título en los créditos: Broen / Bron… que quiere decir “puente” en danés y sueco. ¿Por qué? Porque el caso inicial de arranque de la serie es la aparición del cadáver de una mujer en el puente de Oresund, que une Dinamarca (Copenhague) con Suecia (Malmoe)… Su cintura está justo en la frontera de ambos países, lo que obliga a la colaboración de ambas policías. Esta clave nos lleva a dos protagonistas: el inspector danés y su homóloga sueca que deberán compartir caso. Y ambos son dos personajes apasionantes.

El danés está interpretado por Kim Bosnia de manera magistral, con algún deje que me recuerda al mejor (y joven) Depardieu. Vital, mujeriego… es justo todo lo contrario de su antagonista, Saga (que merece un club de fans), a la que da vida una excepcional Sofía Helin. Con síntomas de Asperger, carente de toda inteligencia emocional… Y a su alrededor, unos personajes inolvidables salgan poco o mucho, creados por  Hans Rosenfeld. Su objetivo (el de los dos protagonistas) es el de atrapar a un psicópata que tras este primer crimen realizará meticulosamente otros muchos.

Hasta aquí, nada nuevo en cuanto al malvado. Pero capítulo a capítulo nos daremos cuenta de que nada es un tópico en esta serie. Nos encontraremos con un asesino capaz de caer bien en la opinión pública y conocedor de los métodos policiales. Tanto o más que los policías que intentan darle caza.

Y no desvelo más para no amargar a nadie el placer de ver esta serie.

(Continuará).


EL ALMA DE LAS SERIES

27 febrero, 2012

por Javier Olivares.

 I

Para que una serie tenga alma, hay una serie de requisitos indispensables:

1. Que lo que se cuenta tenga interés para el público tanto como lo pueda tener para el que la haya creado.

2. Que quien la haya pensado (guionista y/o productor) debe velar para que, de la idea a la emisión, el espíritu de la serie, lo que se quiere contar y cómo se quiere contar no se pierda por el camino.

Ese interés se puede basar en:

a. El puro entretenimiento, la evasión a épocas ajenas, la aventura en tiempos presentes o no, el gancho que pueda tener su reparto…

b. La cercanía a la realidad y las emociones tanto nuestras como de quienes van a ver nuestro producto (malos creadores seremos si dejamos de ser público). O dicho, en otras palabras: verdad y credibilidad… hables de romanos, alienígenas o del portero de tu finca.

c. En cualquier caso, diálogos y personajes deben construirse con solidez, basándose en la lógica dramaturgia de los objetivos o deseos del personaje, lo que impide que los logre (o hace complicada su tarea), sus estados de ánimo, sus relaciones emocionales, sus palabras y sus silencios… que es el lenguaje inteligente y superentendible a la vez para cualquiera que la vea: porque es el suyo.

Cuando estas condiciones no se contemplan, lo que vemos en la pantalla suele ser el resultado de fórmulas en las que un extraño sentido del target (y más con la fragmentación actual) y del “yo sé lo que quiere el espectador” (frase típica de entomólogo) predominan sobre la creación.

Ejemplo de esto son esas series en las que aún cuando hablen en castellano, cuesta entender qué quieren decir. Esas adaptaciones de series extranjeras sin sentido. Esos castings de gente guapa que no sabe vocalizar o de jóvenes de 25 años que interpretan papeles de policías experimentados (como si El Comisario o Policías no hubieran existido). Cuando eso ocurre, las series pierden su alma (si es que alguna vez la tuvieron). Y, con ella, también su público.

Desaparecida

Al contrario, cuando una serie tiene alma y la dejan expresarse, nuestra ficción ha hecho series comparables a cualquier serie extranjera. Como Cuéntame cómo pasó, en la que no se habla del mundo actual pero sí se nos recuerda nuestro pasado reciente para que entendamos quiénes somos. O como Siete Vidas, donde –en algunas temporadas de gran nivel- aparecían por nuestra sala de estar personajes que se parecían sospechosamente a nosotros mismos. O como las primeras temporadas de Amar en tiempos revueltos, donde se demostró que nuestras tardes televisiva podían ser distintas apelando a nuestros recuerdos y, de paso, arrasar en una franja llena de subproductos de ficción o no, hechos a la supuesta y tópica “medida del público”. O como la impecable Desaparecida, fue capaz de adelantarse de manera emocionante a The Killing y a su origen (la danesa Forbrydelsen, también del 2.007). O, en comedia ligera, las primeras temporadas de Doctor Mateo, con un humor tranquilo e inteligente que se vende al extranjero con mayor éxito que la original inglesa Doc Martin. O como la magnífica revisión de hechos recientes como el 23-F de TVE y el 11-M de Tele 5. O como la excelente ficción autonómica –esa de la que desgraciadamente nunca se habla y produce calidad con muy poco dinero- de TVG (Padre Casares, Matalobos…) o TV3 ( Temps de Silenci, Plats Bruts, Porca miseria, los inicios de El Cor de la Ciutat, Polseres Vermelles y, perdón por citar una en la que estoy implicado, la detectivesca Kubala, Moreno i Manchón…).

Todas estas series, tan diferentes en géneros y tipos de producción, hablan de tristezas, pérdidas, derrotas cotidianas, de pequeñas alegrías donde aferrarse a la vida… No son acomodaticias y, pese a ser fáciles de ver, no son blandas ni en comedia. Cuentan desde la verdad y la credibilidad lo cotidiano o lo que no lo es tanto. Y han conseguido que el público las quiera. Porque se ven en un espejo en el que, sin dejar de entretenerse, ve reconocidas sus emociones.

No estoy hablando de series de poco éxito, precisamente. Así que poder, se puede. Y se debe.

Cuéntame

 

II

Queda más que claro, con los ejemplos citados (y habría más que nombrar) que nuestra ficción tiene capacidad para hacer productos de calidad. Ahora, falta dar un paso más en nuestra ficción para redondear el círculo: contar en ella lo que podemos ver en periódicos e informativos (aunque cada vez menos, la verdad: uno ve a Hilario Pino y prefiere El Informal). O, parafraseando la famosa frase de Adolfo Suárez, “elevar a la categoría televisiva de normal lo que a nivel de calle es normal”.

Si toda creación y pensamiento (arte, filosofía, diseño…) son el reflejo de su época, ¿cómo es la España actual desde el punto de vista de su ficción? Para todos los públicos.

Tal vez ése sea uno de los principales lastres, porque pensando en que sea para todos los públicos se desprecia la calidad de cada tipo de público y se ha expulsado de nuestra audiencia a gente que vería la televisión si se le diera otro tipo de productos. Creo que el objetivo no sebe ser sólo mantener la audiencia, sino buscar a ese gran tanto por ciento que puede llegar a serlo y que no ve nuestra ficción porque piensa –muchas veces con razón- que “es más de lo mismo”.

Y eso no se va a lograr con productos que “no molesten”, que “no inquieten”. Sean del género que sean. A ese público, al que hay que recuperar, no le vale con salpicar un capítulo con desnudos oportunistas: quiere que los actores, lo sean, a pesar de su buen físico.

No le vale con historias de buenos muy buenos y malos muy malos: busca elegir él quién es su malo o su bueno… Quiere personajes menos maniqueístas y más poliédricos.

No le vale la misma manida historia de amor: ya sabe que el amor ha cambiado mucho y ya no es lo que era… Aunque siga siendo amor.

No le vale ver la misma fórmula repetida siempre porque alguna vez triunfó. Ni el alargamiento de las series hasta que dejan de ser lo que fueron. Ni el plagio de fórmulas extranjeras: prefiere ver la original y la ve por Internet (hasta ahora… habría que ver si gran parte de la piratería en lo referente a ficción no se basa en que no encuentra en la televisión lo que allí está a su disposición).

Shameless

Con todo esto, nos alejamos de la realidad y de la verdad. De la vida y del origen de las historias. Porque se escribe de lo que se ha vivido, de lo que ha deseado y nunca obtenido, convirtiendo en imágenes lo que se ha leído, de lo que se ha escuchado…

Marcel Pagnol escribió que “la vida es una sucesión de tristezas y pérdidas y, de vez en cuando, alguna alegría. Pero eso no hay que contárselo a los niños”. Si esto es así, no cabe duda: nos están tratando como a niños.

¿Significa esto que esté proponiendo una ficción triste y melancólica? Nada más lejos de eso. Nuestros protagonistas, nuestros héroes, tienen como objetivo superar los obstáculos que le dificultan cumplir con sus deseos. Cuanto más reales sean esos obstáculos, más heroicos serán nuestros personajes. Porque, a día de hoy, un padre de familia sufre tanto para cuadrar las cuentas cada fin de mes como Sísifo subiendo la piedra a la colina una y otra vez.

Si utilizáramos la realidad que nos rodea, nuestra ficción sería más épica, más moderna, más atrevida… Mejor. Shameless, Breaking Bad y series españolas ya citadas antes son un buen ejemplo de ello con momentos como la maravillosa amistad entre Solá e Hipólito en Desaparecida. Olaantológica secuencia de Imanol Arias con el I Will Survive de la Gaynor en Cuéntame cómo pasó…Por no hablar del cáncer de mama del personaje de la Duato en la misma serie…

The Fades

Precisamente, un tema desgraciadamente familiar para cualquiera de nosotros son las enfermedades (propias y de gente querida y cercana). No existen en nuestras pantallas (salvo en excepciones gloriosas como Polseres Vermelles o la citada de Cuéntame) y como protagonistas, menos.

No tenemos enfermos mentales como los de In Treatment (lástima de no tener paciencia con nuestro excelente El Grupo). Nuestros protagonistas no deben ser enfermos terminales (como en Boss, Breaking Bad, The Big C), ni psicópatas (Dexter). Demasiada negatividad para el cuerpo.

No, aquí se tiende a que todos sean sanos, jóvenes y guapos. Y cuando es irremediable que las series las protagonicen jóvenes guapos y sanos (ése es el tema), una recomendación: comparar nuestra ficción juvenil con Misfits, esos gamberros ingleses con superpoderes, o con The Fades, esa maravilla de la BBC que mezcla el paso de la adolescencia con muertos vivientes. O la barroca creatividad del Doctor Who (el de Davies y el de Moffatt), llena de mensajes positivos, para un público juvenil al que no se le exime de la melancolía ni la tristeza.

 

IV

Dando vueltas al paisaje que nos rodea, se hace difícil de creer que en un mundo tan corrupto como el de la sociedad occidental actual (y también la nuestra), dicha corrupción no se muestre apenas en nuestra ficción.

Que en una situación social como la nuestra (llena de paro e indignación, donde el mercado manda sobre los gobiernos), esto no se aún tema a tratar en nuestra televisión. Ni en historias troncales, ni en personajes adyacentes.

Si hay un policía malo, se justifica dicha maldad en un pasado terrorífico y en que es la manzana podrida en un inmenso cesto de manzanas sanas. ¿La justicia no funciona? Vamos, no me jodas. Todo lo más, un juez que está pirado. ¿Corrupción política? Mejor no tocarla. ¿Paro? ¿Familias desestructuradas? Mejor no contar penas (Shameless es un ejemplo de cómo hablar de ello y convertirlo en una obra de arte).

Muchas veces se habla de la pequeña pantalla como la caja tonta. Eso no tiene que ser así. De hecho si hay una disciplina de vanguardia (y de vanguardia popular, además) a día de hoy son las series televisivas. Esas series que sí nos cuentan (y a veces nos anticipan) cómo es el mundo.

Homeland

Series como Homeland, que nos cuenta como lo ideológico y lo personal se mezclan en un tema como el terrorismo. Con unos personajes tan poliédricos que a veces no sabes de qué lado estás… con lo que, pase lo que pase, la felicidad del espectador no será completa.

O como Boss, donde se hace una radiografía del poder corrupto a través de un supuesto alcalde de Chicago a día de hoy. Un alcalde que tiene (y oculta) una enfermedad terminal pero que eso no le impide aferrarse al poder como si éste le fuera a dar la vida eterna.

Otro ejemplo –ya tópico, tan de moda ha estado- de contar las cosas con alma es The Wire, heredera de Homicidio y The Corner. Para muchos es la mejor serie de todos los tiempos: y habla de política municipal, en qué se ha quedado la prensa, la educación, la clase obrera y la crisis económica… de nuestro mundo. Y sin dejar de ser un policíaco.

O, ya con más tintes sociológicos, la apabullante trilogía de Black Mirror. donde todo lo que he propuesto se funde en una sola serie.

Black Mirror

¿Son series caras? Sí.

¿El problema de que no se hagan cosas así en España salvo algún intento –Crematorio– es el dinero? No. Se podría hablar de ello hasta en nuestros niveles de producción. De hecho, Homeland es una adaptación de una serie israelí que no contaba con sus mismos medios.

No es falta de medios. Es falta de riesgo. Es no avanzar en la narración con algo tan elemental a día de hoy como mezclar géneros (que confunde a la gente, parece). Es seguir idealizando tanto a nuestros personajes, hacerles tan positivos, que no parecen ciertos. Y cuando detrás no hay miga, aparecen los diálogos vacíos y las situaciones vacuas.

En esto, por cierto, también los guionistas tenemos mucho que mejorar, sea el encargo que sea el que recibamos. Porque nuestras armas son la construcción de personajes y los diálogos para convertir lo nimio en apasionante. O lo nefasto, en digno. Y si no nos dejan, decir que no e irnos.

Porque, recuerdo, cuando una serie triunfa nadie se acuerda de quienes la escribieron (fuera no pasa lo mismo). Pero cuando fracasa, el fracaso sólo tiene un padre: los guionistas. Otro día hablaré de esto.

 

V

Industria hay. Es cuestión de dar un paso adelante. Otros lo han hecho.

Un buen ejemplo es la televisión israelí, capaz de generar formatos que se venden en el extranjero (y en la meca de la TV) como In Treatment (en Israel, Be’Tipul), Homeland (Hatufi), The Ex List (Ex), The Naked Truth (adaptada por Clyde Phillips, el padre de Dexter)… Y otras dos que ya preparan su estreno: Ramzor(que se titulará Mixed Signals) y la impecable Ran Quartet(Quinn-Tuplets).

Abarcan géneros que van desde el drama, la comedia ligera, la sitcom, la política, la trama familiar… Con un descaro, un riesgo y una capacidad evidente para captar la realidad social que les envuelve. Sólo una fracasó: The Ex List y porque la CBS edulcoró hasta el empalago, la original idea de mezclar el género fantástico con el de las relaciones de pareja de la protagonista.

Todas ellas han pasado la reválida en su televisión de origen y ahora dan el salto a los EEUU, donde más de una de las majors se han asegurado la primera opción de compra de diversos creadores israelíes.

Polseres Vermelles

Sin ir tan lejos, Polseres Vermelles, una producción que no llegará ni a los 200.000 euros por capítulo, ha sido comprada por Spielberg para su adaptación USA de la mano de Marta Kauffman (Friends). Seguro que les sale más cara. Pero ojo: que no eliminen el espíritu de Albert Espinosa, su creador. Porque entonces, la adaptación americana (por muy altos que sean sus presupuestos y muy prestigiosos los nombres que están detrás de ella), habrá perdido su alma.

Alma e ideas. Verdad y credibilidad. Hay cosas que no son cuestión de dinero, sino de inteligencia y de riesgo… Y además, acaban dando prestigio y dinero.

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Javier Olivares: Estudió dos años en el Laboratorio del TEC, teniendo como maestros a William Layton, José Carlos Plaza, Miguel Narros… En prensa, fue redactor jefe de La Luna de Madrid. Ha estrenado diversas obras de teatro, como autor, adaptador y director. Como guionista ha trabajado en programas (La Última Noche, El Club de la Comedia…) y en series como Robles Investigador, El secreto de la porcelana, Los Serrano, Pelotas –en todas junto a su hermano Pablo Olivares-, Los hombres de Paco, Ventdelplà, Infidels,Kubala Moreno i Manchón (estas dos últimas como creador y productor ejecutivo) e Isabel, de la que es director argumental y jefe de guión. Profesor de guión en el Master de Producción Audiovisual de la U. Complutense y en la ESCAC de Barcelona.


LA INVISIBILIDAD DEL GUIONISTA

20 febrero, 2012

por Javier Olivares.

 

I

Érase una vez dos guionistas de la misma productora que habían creado dos series. Una, de gran y merecido éxito… La otra que lucha en una franja compleja con honor y cumpliendo objetivos.

Como estas dos series eran finalistas de los premios más populares de la televisión, fueron alegres a la entrega de premios.

Primera sorpresa: la invitación era una para los dos. Pareja de hecho, vaya. Actores, directores (incluso gente de la empresa que no trabaja en dichas series: siempre hay clases)… podían llevar, muchos de ellos, un acompañante. Ellos, no.

Cuando abrieron el sobre, descubrieron que, en la invitación, venía un nombre tachado: era el de una actriz que no podía ir al acto. A su lado, a lápiz, dos nombres: los suyos. Los de estos dos guionistas que llevan cientos de capítulos a sus espaldas inventándose una serie, continuándola, creando historias y dando trabajo a actores, técnicos y directores… Y beneficios a la productora que tan bien trata (es un ejemplo: no es la única) a quienes tienen las ideas que les dan de comer.

No sé si decidieron entrar al acto de entrega (yo no lo hubiera hecho, desde luego). Si no lo hicieron, evitaron el mal trago de ver al actor principal de “Águila Roja” recoger el premio haciendo subir a los directores de la serie al escenario. Dijo de ellos que gracias a su trabajo la serie sigue adelante cada día mejor.

La pregunta que me hice al oír esas palabras fue: ¿qué filman esos directores? ¿qué interpreta ese actor? ¿les dan folios en blanco e improvisan? ¿Dónde estaban cuando los creadores de la serie la estaban pariendo? ¿no hay guionistas que inventan historias para que ellos filmen y actúen? Cuando acabe “Águila Roja”, ¿seguirán rodando e interpretando directores y actores? ¿O tendrán que esperar a que esos seres invisibles llamados guionistas inventen una nueva serie?

Pena de industria audiovisual la de este país cuando borra del mapa a quienes crean las series. Ya que la tienen como espejo, que miren la industria USA, donde los creadores son productores ejecutivos de lo que han creado. Donde cuando un actor o productor recibe un premio da las gracias primero a quienes escribieron sus películas o series.

No se nos cita en prensa ni en blogs televisivos que saben el nombre hasta del ayudante de peluquería de las series USA, pero que no saben distinguir si una serie ha cambiado de equipo de guión y luego fracasa (a los guionistas se les acabaron las ideas, dicen). No miran ni los créditos para saber quién está detrás. El esfuerzo no es mucho, desde luego.

Recientemente, el sindicato de guionistas de Catalunya (GAC), al que tengo el orgullo de pertenecer, hizo una nota pública alertando de que la prensa había sido llamada a un día de rodaje de una serie (mini serie sobre las colonias de trabajadores). Allí pudieron hablar con el director, actores, productores… Con los guionistas, no. Ni se les había convocado. Y ellos habían adaptado una novela, creado una serie… ¿No tenían que contar nada a los periodistas?

No hace mucho, el que esto escribe ha pasado por la desaparición de su nombre como creador y director argumental de una serie. En la primera nota de prensa y video de promoción del rodaje hablaba el director, los actores, el de vestuario, el escenógrafo, el de peluquería… Ni rastro de sus guionistas ni de su creador (aunque fuera por encargo). Ni se me citaba siquiera (que ya hubiera sido un detalle). Pedí una corrección. No se hizo.

Obviamente, prensa y páginas web especializadas utilizaron esta información, en la que ningún guionista aparecía, que se repitió una y otra vez durante meses. Ni un gesto de rectificación. E invisibilidad total hasta la rueda de prensa celebrada meses después, en la que sí estuve y se empezó a corregir la situación… Aunque no del todo: después he leído atónito en más de un medio de comunicación que, en realidad, la había creado su director (además en exclusiva: seguía sin citar a nadie que no fuera sí mismo).

Tampoco nadie, hasta ahora, se ha molestado en rectificar este dato (que no era la primera vez que ocurría). Cuando me quejaba (una vez más: al final te conviertes en un coñazo), el problema no era lo que había pasado: era mi queja. Mi ego. No el de los demás: el mío.

Es curioso que todo esto haya ocurrido cuando ese mismo director estaba ya en la productora cuando el proyecto anterior de esta misma serie llevaba dos años sin tener luz verde por parte de la cadena. Entonces, si hubiera sido tan creador, seguro que no se hubiera necesitado de mi presencia para rehacer por completo la serie, cambiando su concepto, replanteándola como una serie histórica y no de folletín y tente tieso… Consiguiendo el ok de la cadena. Justo tras ese ok, pasé a ser invisible. Y el director, resucitó como ave Fénix creadora.

Insisto, ninguna rectificación, ninguna nota pública… Resultado: dejé la serie (y otra más creada por mí de la que hablo a continuación) y la productora. Lo avisé con tiempo para que no entorpeciera la producción de la segunda temporada (siempre he creído que una serie da trabajo a mucha gente y no debemos perjudicar su desarrollo en disputas de ningún tipo: el trabajo es sagrado… sobre todo para los cientos de personas que viven de una serie). Se montó un equipo nuevo. Y luego, fallido el anterior, otro. En todo ese proceso, de meses, volví a ser invisible: la cadena seguía creyendo que yo seguía en la serie. Total, como era invisible, ¿quién iba a notar mi marcha?

En definitiva, si no hubiera sido por la profesionalidad de quienes trabajan en la web de RTVE (que quería información del que había pensado la serie), por Facebook (siempre útil en estos casos) y por el apoyo de guionistasvlc (esencialmente de Paco López Barrio), la serie en cuestión habría parecido que se había escrito sola.

Recientemente, también, una serie de detectives por mí creada con mil discusiones (la productora no creía demasiado en ella, la prueba es que en la misma rueda de prensa se declaró sorprendida por lo bien que ha quedado) ha recibido el premio a la mejor serie del año entregado… ¡¡por la Asociación de Detectives de Catalunya!!!.

La productora, amablemente, me comunicó la noticia. Me decía que felicidades “por lo que me tocaba” y que el premio se daría en un hotel de lujo barcelonés pero que no era necesaria mi presencia (ni la de la otra autora de la serie), porque la Asociación que entrega el premio invitaba solo a los actores protagonistas.

No importa que te inventes una serie. Que defiendas que esos actores la protagonicen (uno, el mejor, era un secundario de toda la vida y había dudas –mías, no- sobre su capacidad como principal protagonista). No importa que te pelees por que el tono de la serie, sus escenarios… Da igual: invisible.

Antes, en esa serie que decidí que se llamara “Kubala, Moreno i Manchón” (para dar originalidad al título de una serie de detectives “especial” y en homenaje a Serrat, gracias a quien decidí aprender catalán a los quince años), el Barça al saber de la misma, llamó a la productora para invitar al palco a un partido (contra el Osasuna) a quienes trabajaban en ella.

La invitación se debía a que el título de la serie citaba a grandes jugadores de la historia del Barça. La productora aceptó la invitación: fueron los actores y el director de la serie… pero no el que se había inventado el título sin el cual jamás les habrían invitado. Me enteré de rebote, al día siguiente. Soy del Atleti, pero hombre, ir al fútbol siempre me apetece. Y el Barça es mi segundo equipo. Creo que por educación y respeto hasta hubiera ido al Bernabéu si la serie se hubiera llamado “Di Stéfano, Kopa y Gento”.

Por cierto, en la rueda de prensa se entregó un estupendo dossier de la serie. En él, los que fueron invisibles fueron los guionistas que habían escrito la serie conmigo: salía hasta el ayudante del ayudante  eléctrico, ellos no. Se corrigió el dato añadiendo de inmediato un folio con sus nombres, pero la sensación de amargura por el olvido a mí todavía no se me ha corregido. Porque hay errores comprensibles, pero cuando son siempre en la misma dirección, no lo son. Ni siquiera son errores. Son otra cosa. Es como en un partido de fútbol. Si el árbitro se equivoca mucho y perjudica a los dos equipos, es malo. Si sólo se equivoca en contra de uno, no es malo. Es otra cosa.

Más casos.

Un compañero me comentaba este verano que había recibido un encargo de una productora: rehacer una biblia hecha por otro. Cuando la acabó, le avisaron de que esta nueva biblia hecha por él, pasaría probablemente a otro. Y que el equipo de guionistas que la escribiera no sabían cuál sería… Probablemente, en él, no estaría ninguno de los tres que habían hecho ninguna de las biblias. Probablemente, en los créditos tampoco aparecerá ninguno.

Hace tiempo, mi hermano (Pablo Olivares) y yo dejamos una serie (de otra productora) porque literalmente se quedaban con nuestros derechos de autor y el de todos los guionistas de la serie. Sobre todo, mi hermano que escribió, redialogó y puso orden y sentido a toda la primera temporada de la serie. Yo sólo escribí dos capítulos… ¡¡¡se olvidaron de poner mi nombre en créditos!!!

Hace mucho menos tiempo, apenas unos meses, que una productora ha hecho un ERE (no comunicado a prensa, por Twitter se enteraron algunos) despachando a guionistas sin los que sus estrellas no hubieran llegado tan lejos. Las estrellas, dueñas de la productora, probablemente seguirán recibiendo encargos… ¿Saben los que los hacen que detrás de esas estrellas no están los que se las inventaron? ¿O que, si están, estarán recontratados cobrando menos por el mismo trabajo?

¿Cuántas veces muchos creadores de las series no han podido ni acceder a la reunión de su presentación o su venta a la cadena? ¿Cuántas ni pueden defender su proyecto ante el principal cliente,  quien la va a emitir? Aún demasiadas.

Se dice que la ficción española no es tan buena como debería ser. Tal vez esto que cuento tenga algo que ver. Buena o mala, creo que se debería saber quien la inventa. Para cargar con méritos o críticas. Para dejar de ser invisibles. No conozco un país occidental con industria audiovisual donde el papel de los guionistas quede tan en el olvido. Ninguneado. Arrasado.

III

Aviso para navegantes: no se trata de ser más que nadie. Sino de no ser menos que nadie. No se trata de ser el visir en vez del visir. Ni de cambiar una dictadura por otra igual de injusta.

No negaré nunca que la idea de una serie puede partir de un productor o de un ejecutivo de una cadena (hay muchos y buenos ejemplos fuera y aquí de ello). O de una necesidad estratégica, de un target… Esto es una industria y el que quiera ser guionista debe tenerlo bien claro. Un guionista no es alguien que siempre acierta (como nadie, por cierto) y se debe tanto a sus ideas como al público al que se dirige y a la empresa que le paga. Siempre y por igual. E ir de “artistas”, lo justo: porque eso es de gilipollas engreídos.

Pero, aún así, quienes hacen que las ideas (aunque sean de otros) crezcan diálogo a diálogo, silencio a silencio, secuencia a secuencia, tienen un nombre: guionistas.

Como tales, debemos saber que un guión es la única obra literaria que se escribe no para ser leída, sino para ser vista. Pero hay también que recordar que no hay nadie que pueda dirigir, interpretar, producir ni fotografiar un folio en blanco.

Para que ese folio tenga texto hay que tener una idea. Y esa idea, si te gusta la compras. Si no, no. Pero si la compras, respétala. Puede que no sea perfecta y necesite correcciones y cambios. Pero no la desvirtúes. Y no te conviertas en su autor sin serlo. No ocultes al que las creó o las escribió. Porque así se genera lo que tenemos: series sin padre ni madre. Sin alma. Superfluas. Prescindibles.

Como de seguir así, seremos nosotros. Los guionistas españoles. Huérfanos, sin alma, superfluos… y prescindibles. Para muchos ya lo somos.

Y a fuerza de ser invisibles, dejaremos de existir. Aunque a lo mejor no hay que ser tan tremendistas y seguiremos existiendo… pero sumisos, sin orgullo, agarrados a lo que nos ofrezcan como el náufrago a un trozo de madera en el vendaval de esta crisis. Y alguien sumiso y sin orgullo… ¿puede ser un creador?

No nos engañemos: sin crisis pasaba lo mismo. Porque la crisis en esta ocasión no es sólo económica (como en tantas otras cosas en este país) sino de inteligencia y estructuras. De I+D y de inversión en ideas. De respeto. De copiar lo peor (en vez de lo mejor) de fórmulas foráneas. Y eso no es nuevo.

Nunca se me habría ocurrido citar a Unamuno como argumento de autoridad de un texto mío. Pero así las cosas, lo haré, porque si la situación en nuestra ficción del papel del creador de series y de los guionistas sigue siendo ésta, es hora de decir…

…QUE INVENTEN ELLOS.

Que nosotros nos haremos productores, novelistas… e incluso taxistas o profesores… O venderemos kleenex en los semáforos. Pero lo haremos con dignidad. La que algunos nos niegan. Poca memoria tienen: no recuerdan que, muy a menudo, viven de nuestras ideas.

Que no se le olvide a nadie. Ni siquiera a nosotros mismos.


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