¿QUÉ QUERÉIS? (HAY VIDA MÁS ALLÁ DEL CINE Y DE LA TELE)

18 enero, 2017

Por Juanjo Ramírez Mascaró.

El otro día asistí a esa master class de John August que pudimos disfrutar gracias al titánico curro de los compañeros de ALMA.

August empezó por lo más básico, por una de esas cuestiones que todos sabemos pero que a veces olvidamos: Que el motor de casi cualquier historia se puede concretar en una palabra.

QUERER.

¿Qué quiere el personaje a corto y largo plazo? ¿Qué quiere su antagonista? ¿Qué quiere el propio guionista cuando escribe esa historia? ¿Qué quiere o espera el público cuando la consume?

Yo hoy no me he propuesto hablar de historias. Me apetece trasladar esa cuestión a nosotros mismos, los escritores. ¿QUÉ QUEREMOS hacer con nuestras carreras?

En cierto modo, nos condicionan (o nos condicionamos) para asumir que sólo existen unas pocas opciones a nuestro alcance. Sin embargo, del mismo modo en que existen más colores de los que se aprecian en el arcoiris, del mismo modo en que no existe un solo “color rojo” sino distintas tonalidades de rojo… existe también vida más allá de ser guionista de cine, de series, de radio o de programas.

El 90% de la humanidad se divide en:

– Gente que no sabe lo que quiere.

– Gente que se autoconvece de que quiere lo que cree que la sociedad espera de ella.

Como en cualquier otro aspecto de la vida, los guionistas a menudo nos sentimos obligados a meternos en un redil, encajar en una categoría concreta. Y habrá a nuestro alrededor mucha gente dispuesta a encasillarnos en dicho redil y a ponernos todos los obstáculos imaginables para que no podamos salir de él.

Ese guionista es de ficción.

Ése es de programas.

Ése es de dramas.

Ése es de comedia.

Ése escribe para niños.

Ése para adolescentes.

Te guste o no, es totalmente comprensible que sólo te llamen para currar en terrenos en los que has demostrado funcionar correctamente. Nadie quiere correr riesgos innecesarios en un ecosistema en el que todos los rediles están repletos de candidatos muy válidos.

No obstante, como decíamos al principio, tampoco tenemos siempre la suerte de saber qué queremos hacer exactamente. ¿Por qué?

1- Las personas somos cambiantes. Lo que quieres hacer hoy no es necesariamente lo que querrás hacer mañana.

2- En ocasiones, lo que quieres hacer no encaja en etiquetas previas. No lo ha inventado nadie todavía, o es un híbrido entre distintos rediles, distintas etiquetas.

Con respecto al primer caso, no siempre es así. Hay gente que siempre es feliz haciendo lo mismo. Largometrajes hasta que se mueran. Reallities hasta que se mueran. Comedia hasta que se mueran. Terror hasta que se mueran. Morir hasta que se mueran. Una parte de mí les envidiará hasta que se mueran.

Con respecto al segundo caso, todos conocemos a alguien a quien le gusta la fotografía… pero también le apetece pintar… y a veces se siente escritor, pero no del todo… y le seduce el cine, pero no lo vive tan intensamente como un cineasta de pura cepa… Si obligásemos a todos los que son así a decantarse por algo concreto, quizá no habría existido Andy Wharhol.

Si resulta que algunos días te apetece ser artista y otros días te apetece ser científico, no te preocupes: También le pasó al alto de “Faemino y Cansado”, a Brian May, a Michael Crichton o a Leonardo Da Vinci.

Si no encuentras habitación a tu gusto en el catálogo de rediles convencionales cambia de gremio, o márchate a otro país, o inventate un gremio nuevo, o un nuevo mundo.

En esta segunda década del siglo XXI, quienes no encajamos en ningún redil durante demasiado tiempo estamos de suerte. Las nuevas tecnologías han abierto mil nuevos caminos y bla bla bla. ¡Aparecen de repente tantos terrenos vírgenes para el contador de historias! Ahora cualquiera de nosotros puede ser un nuevo Hernan Cortés. A ser posible, matando a menos gente que Cortés, y sin que ello nos quite lo valiente.

Si las vías clásicas de creación, financiación o distribución no riman contigo, puedes abrir tus propios caminos en la jungla, a golpe de machete. Es por ello que para terminar (o para empezar) os dejo aquí una lista de alternativas, senderos por los que alejarse de los engranajes y endogamias de nuestro sector, por los que abrirse camino más allá del cine, de la tele y de la madre que los parió.

– Guión de videojuegos.

Empiezo por ésta porque es una de las salidas más obvias. “El futuro son los videojuegos”, proclaman algunos sin saber que en realidad los videojuegos son el presente, y nosotros el pasado.

Se podrían sacar a colación cien mil ejemplos. Me limitaré a volver a enlazar esta entrevista que le hice en su día a Alby Ojeda, guionista y diseñador de videojuegos que, de hecho, me ha ayudado a seleccionar muchos de los enlaces que os ofreceré a continuación.

– Realidad virtual.

La otra opción de la que todo el mundo habla, aunque a la hora de la verdad son pocos los que se atreven a acomodar (o incomodar) su mente para adaptarse a las exigencias narrativas de este nuevo formato.

Hace un par de años hablé aquí sobre ello vaticinando que la realidad virtual era el futuro inmediato. Me equivoqué. Seguimos esperándola. Sigue siendo embrionaria, pero muy prometedora.

Los poquísimos escarceos que he tenido con esa tecnología me llenan de euforia porque

a) Las sensaciones que provoca son impresionantes.

b) Sigue siendo uno de esos terrenos deliciosamente vírgenes. Sobre todo en lo que a narrativa se refiere.

Aquí en España tenemos, por ejemplo, desarrolladores de VR como Future Lighthouse, responsables, entre otras cosas, del capítulo de realidad virtual de El Ministerio del Tiempo y otras sorpresas interesantes que están por venir.

Yo aún no he visto inventada la “piedra filosofal” de la Realidad Virtual: Esa historia que sólo se podría contar en VR y de ninguna otra manera. ¿Quién sabe? Igual es que no existe, o igual la descubrís vosotros.

– Juguetes electrónicos.

Dicen que los niños, en sus primeros años, necesitan interaccionar con juguetes físicos para desarrollar bien su cerebro, pero no nos engañemos: Un bebé de principios del S.XXI aprenderá a manejar una tablet antes de abandonar la cuna.

Los juguetes electrónicos ayudan a que el niño se divierta usando esas nuevas tecnologías de una manera constructiva. Aplicaciones que enseñan al niño a escribir, o reconocer los animales y saber qué ruidos hacen… o incluso adaptar a formatos jugables los contenidos curriculares de los colegios, como hacen en la colección Tiny Beasts, también guionizada por Alby Ojeda.

De hecho, más allá de tecnologías concretas, hay una tendencia cada vez mayor a “gamificar” cualquier tipo de experiencia. ¿Qué es gamificar una actividad? Convertirla en algo jugable. Se ha comprobado que afrontamos las cosas con más motivación cuando las consideramos un juego: Rendir en una empresa, mejorar en una terapia de salud o ir al gimnasio. La reciente (y creciente) moda del crossfit, por ejemplo, se basa en eso: Convertir la obligación en juego.

“¡Que viene el avioncito!” y el bebé se traga la cucharada del potito.

Nadie mejor para inventar un juego que un contador de historias. Aunque la mayoría de los contadores de historias hayamos olvidado en algún punto del camino que las cosas que ahora hacemos por trabajo… al principio también las hacíamos como juego.

– Youtubers.

Esta salida es aún más obvia que la de la realidad virtual o la de los videojuegos. O tal vez no, porque:

No todos los escritores sirven para ser youtubers. No es lo mismo desnudarse/disfrazarse en un papel que desnudarse/disfrazarse ante una cámara.

Aunque:

Si todo evoluciona como debe (porque así evolucionan las metástasis) en breve habrá guionistas escribiendo lo que diga el youtuber de turno, y habrá quizás algo muy triste en ello: La espontaneidad suicidándose en streaming.

No descartemos tampoco que ya existan guionistas escribiendo para estrellas del YouTube, del mismo modo en que los hay escribiendo para Bertín Osborne. De hecho, me consta que algunos libros de youtubers están escritos en realidad por guionistas profesionales, aunque no pienso dar nombres, ni sé si deben hablarse estas cosas en voz alta.

No voy a recurrir a ejemplos de youtubers como el Rubius u otros fenómenos de masas. Me vienen a la cabeza algunos menos reconocidos pero igual de maravillosos, como éste, o éste, o éste, o éste:

También hay viners, instagramers y gente que te manda whatsapps o te invita a eventos en el Facebook. (lo menciono rápido porque ellos lo cuentan rápido, pero ojo: también hay algo ahí)

– Las putas webseries.

En efecto: Otra salida obvia. Incluso más obvia que videojuegos, youtubers o cortadores de césped. He tardado tanto en mencionarlas para no espantaros demasiado pronto.

La pereza que me produce hablar de webseries es casi la misma que os produce a vosotros leer sobre ellas. Nadie puede culparnos. Si alguien nos dice “serie de internet” nos viene a la cabeza la típica webserie que infesta las redes: Esa comedieta modernita y ligera que nos hacía tanta gracia cuando se empezaron a poner de moda las webseries… hace casi diez años.

Personalmente creo que el formato webserie puede dar más de sí, y a veces lo demuestra.

Acaso somos los propios creadores quienes minusvaloramos el formato. A veces pienso que relegamos la ficción de internet a comedias facilonas porque las webseries se suelen hacer con poco presupuesto y lo cómico sirve de coartada para la cutrez, enmascarándola como el adobo a la carne de mala calidad.

Echo de menos más webseries de drama, de thriller, de terror, de ciencia ficción, de artes marciales… Estoy seguro de que las hay, pero no nos vienen a la cabeza cuando pensamos en “el concepto webserie”. A estas alturas del siglo XXI tengo la impresión de que, cuando alguien dice “serie web”, nos viene automáticamente a la cabeza un plano fijo con dos actores, un sofá y mucho atrezzo de colorines comprado en los chinos.

Craso error.

Merece la pena pensar “fuera de la caja”. En un país en el que se ha podido hacer una serie como MALVIVIENDO deberíamos ser un pelín más ambiciosos en los conceptos, en la realización, en TODO.

– Escribe libros de una forma distinta.

No pienso hablar en este post sobre escribir novelas o pergeñar microteatros. Esos rediles ya están superpoblados. Se escriben más libros de los que se consumen, y aunque no soy de esos agoreros apocalípticos que profetizan la extinción inminente del libro de papel, creo que tampoco perdemos nada adaptando la literatura a las nuevas tecnologías.

Hace poco me enseñaron un ejemplo maravilloso: HOOKED. Se trata de historias escritas para público adolescente y en formato chat. La gracia del asunto reside en que cada equis tiempo el lector se tropieza con un clifthanger y se le presentan dos opciones: Esperar 40 minutos para seguir leyendo… o efectuar un micropago. Un sistema similar al de juegos como Candy Crush. Al parecer, la aplicación ya tiene casi dos millones de usuarios.

Otro ejemplo de experimento tecnológico-literario lo ha llevado a cabo recientemente El Hematocrítico. Hace unos días lanzó esta maravillosa iniciativa, LEGENDS OF HEMATO. Consiste en ir tuiteando una historia pero al final de cada tweet el autor nos ofrece una encuesta para que, de forma interactiva, los lectores elijan cómo continuar la historia. Las opciones más votadas marcan el rumbo de la trama.

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Y así todo el tiempo.

– Realidad aumentada.

Bienvenidos a una era en la que la ficción puede dialogar con el mundo real. Algo que todos pudimos comprobar recientemente, con la fiebre de los Pokemon. En esa misma línea pero con historias más complejas, tenemos INGRESS:

Las posibilidades que ofrecen estas nuevas mecánicas son variadísimas. Ya se ha empezado a aplicar también con fines turísticos. Imagina visitar una ciudad y poder ver, a través de tu pantalla, a un guía que te va señalando los sitios importantes, o cómo eran esos sitios en el siglo XIV… o mejor todavía: imagina que usas esa tecnología para contar en tu propia ciudad… una historia distinta a la de tu propia ciudad. Una historia inventada por ti.

Aquí os dejo una lista de juegos de realidad aumentada, y si queréis una experiencia similar pero no os apetece ver muñequitos en vuestro teléfono móvil, probad el Geocaching.

Me debo estar dejando muchas opciones en el tintero, y eso es lo bonito: Las posibilidades son casi ilimitadas.

Y si no te gustan demasiado las nuevas tecnologías, si eres de los que prefieren el papel, el contacto humano, los instrumentos tangibles… no te preocupes. También existen trabajos alternativos para ti. La saturación tecnológica que estamos viviendo ha resucitado costumbres del siglo pasado. Aunque algunos no lo crean, son muy buenos tiempos para cuentacuentos, juegos de mesa, juegos de rol, libros de “elige tu propia aventura”… y algunas otras cosas de las que os hablaré en el próximo post.


LOS CLIENTES QUE PIDEN LAS COSAS “PARA AYER”.

11 enero, 2017

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Por Juanjo Ramírez Mascaró.

Hace poco tomé una decisión que me va a regalar años de vida: Asumir que vivo en España y trabajo con españoles.

En un pasado no muy lejano, cuando alguien me encargaba un guión, me tomaba sus palabras en serio.

Si me decían que la entrega del guión corría mucha prisa, yo trabajaba como si de verdad corriese mucha prisa.

Y… claro… SIEMPRE te dicen que su mierda corre mucha prisa, porque pedir es gratis.

En otros tiempos, en los que era más estúpido, llegué a rechazar otros curros para poder cumplir con plazos demenciales, sacrifiqué horas de sueño, descuidé relaciones sentimentales, fui taquicardia con patas…

… y como ya suponéis, en el 99% de esos casos, luego la prisa no fue tal.

De hecho, los momentos de más estrés, de más tensión, de más agobio… no fueron los de escribir apresuradamente… no fueron los del tecleo contrarreloj…

sino los de la calma chicha de después: Los de esos días, semanas, a veces hasta meses… de silencio inexplicable, incongruente.

Porque así sucede casi siempre: Pisas el acelerador, fuerzas la maquinaria para hacer el envío cuanto antes… (¡tienen prisa!)

… y acto seguido…

… nada…

… parálisis…

… silencio…

… en ocasiones, ni siquiera un: “Recibido, gracias“.

Ésos eran los paréntesis que más me agobiaban. Días de permanecer en estado de alerta, en una especie de limbo, esperando respuestas que nunca llegaban (y que a veces, ni llegarían), dilapidando unas energías y unas neuronas que acaso serían más productivas dedicándose a otros menesteres.

¿Qué estaban haciendo mientras tanto aquellos productores o directores de los que tú, con lealtad perruna, esperabas respuesta?

Cualquier cosa menos pensar en ti.

Esa clase de impresentables suelen dar señales de vida justo cuando estás empezando a olvidarte de ellos, cuando por fin has decidido retomar tu vida. Son como el mosquito que espera a que concilies el sueño para zumbar en tu oído y chuparte la sangre.

En el mejor de los casos te dan explicaciones. Explicaciones de mierda. “Disculpa, es que al final hemos decidido que merece la pena no precipitarse y enfocar el asunto con más calma” (genial… ¡Pues haber avisado antes, CABRONAZO!)

En otros casos retoman el contacto como si no hubiese pasado nada. “Perdona, es que he estado muy liado, jejeje“. (¿¡Jejeje!? ¿¡CÓMO QUE JEJEJE!? ¿¡Has estado muy liado, HIJO DE PUTA!? ¿¡No se suponía que íbamos a contrarreloj!? Tú has estado muy liado mientras yo flirteaba con el maravilloso mundo de los ataques de ansiedad porque me dijiste que había que tener esto “para ayer“. Lo querías para el viernes y estamos a jueves por la tarde)

Y en otras ocasiones sucede algo aún más lamentable: El proyecto no sigue adelante, se disuelve en el tiempo… pero ni siquiera se dignan a informarte de ello. Lo deduces tú mismo al comprobar que pasan las semanas y nadie se ha puesto en contacto contigo.

En este país es peligroso dar por hecho que tu interlocutor tiene un ápice de sentido del honor, o un miligramo de empatía. Asumir eso es apostar por el caballo perdedor.

En cierta ocasión un productor manifestó su incredulidad (de manera bastante despectiva) cuando le dije que trabajar en su guión me había ocasionado incluso problemas de salud. No le cabía en la cabeza que alguien pudiese enfermar a causa de un proyecto como el suyo. ¡Claro! Para él la travesía había sido distinta. Él marcaba el ritmo, él decidía cuándo yo escribía, cuando yo aguardaba nuevas instrucciones, cuándo yo viajaba a otras comunidades autónomas para tener reuniones con él, por qué todavía no era el mejor momento para concretar asuntos de dinero…

… y se trataba de uno de esos curros en los que te pedían una cosa para ayer, y escribías esa cosa a toda prisa, y esperabas respuesta durante dos semanas, y luego te informaban de que los “para ayer” son los nuevos “para el mes que viene” porque “finalmente hemos decidido enfocarlo con más calma para no precipitarnos y bla, bla, bla, bla”

Es la clase de gente que te dice que no le gusta la cuarta versión del tratamiento aunque, sin duda alguna, es mejor que la tercera, pero en el fondo le gustaría recuperar muchas cosas de la segunda versión… y finalmente te confiesa que la tercera es la única que de verdad le gusta.

Esa clase de gente no entiende que trabajar para ellos te mina la salud, porque es gente que no ve más allá de sí misma. Es gente que ni siquiera se para a pensar que te está haciendo bailar a su son.

La mayor parte de mis seres cercanos afirman que nunca me han visto más devastado (de aspecto y de actitud) que en esos casos, cuando estaba a merced de individuos como aquéllos:

Individuos que – sin maldad alguna, pero sin empatía ninguna – condicionan la vida de un guionista que se toma al pie de la letra aquello de “ESTO ES URGENTE” o “ESTOY SEGURO DE QUE ESTO ES LO QUE QUIERO”.

Para los productores esa clase alicientes y premuras son una cantinela, un engañabobos… No imaginan que lo que ellos dicen para cubrirse las espaldas, para el guionista medianamente responsable puede constituir un puto briefing.

España es un sitio en el que lo peor que te puede ocurrir es ser decente. Porque todos te van a tratar por defecto como si fueras un chorizo.

España es un país en el que lo peor que puedes hacer es ser sincero, honesto, consecuente.

España es un festival de Lazarillos chuleando a don Quijotes. Y yo no aspiro a la nobleza de don Alonso Quijano, pero la picaresca del sinvergüenza de Tormes se me antoja incluso más ajena. Mi sangre tiene un Rh incompatible con toda esa bazofia.

Mi calidad de vida ha aumentado desde que asumo que, cuando alguien me llama para ser un caballero, sólo espera de mí que sea, como mucho, un lazarillo.

Y eso es triste, joder.

Eso es muy triste…


SIETE PASOS PARA VENDER TU GUIÓN (EL NÚMERO CUATRO TE SORPRENDERÁ)

23 noviembre, 2016

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Por Juanjo Ramírez Mascaró.

Enhorabuena. Por fin has terminado de escribir tu guión de largometraje. Has sudado tinta china durante el proceso, pero no cantes victoria todavía. Ahora llega la parte más difícil:

Tienes que VENDER el guión. Porque un guión condenado a coger polvo en un cajón de tu escritorio NO es un guión.

A continuación te ofrecemos 7 recetas infalibles para que los productores se peleen por tu película.

1- POSICIONA TU GUIÓN.

Posicionar tu largometraje es fundamental para pasar la primera criba. Quizá te estás preguntando: “¿En qué consiste eso de posicionarse?” La respuesta a esa cuestión es bastante sencilla: ¿¡Y yo qué coño sé!? Me estoy inventando esto conforme lo escribo. Tecleo lo primero que me viene a la cabeza.

Es que he leído un artículo sobre “los 7 errores que nunca debes cometer cuando escribas un post” y recomendaban ir al grano, sin divagaciones previas. Por eso me he dado mucha prisa y no he tenido tiempo de improvisar nada mejor.

Lo de “posicionar” suena muy rollito marketing, así que lo he puesto aquí, por si cuela. “Es un guión muy posicionado, con mucho brand content y mannequin challenge“.

Cuantas más palabras en inglés escribas después de “posicionar”, mejor.

2- LA MEJOR FORMA DE VENDER TU GUIÓN ES VENDERTE A TI MISMO.

Porque el guión es parte de ti. El guión eres tú. Gústales, y entonces también les gustará lo que escribes.

¿Qué debes hacer para gustar? ¿¡Y yo qué cojones sé!? Por mucho que intente autoengañarme, me considero un puto fraude. No soy digno. No sería capaz de venderme a mí mismo ni en el puesto más recóndito del Rastro. Me he apuntado a ALMA para fingir que me valoro. Efecto placebo.

¿¡En serio tengo que venderme!? ¿¡No pueden leer el puto guión y olvidarse de mí!?

Me han salido ronchas en la piel. No puedo presentarme así ante un productor. Sólo de pensarlo me estreso, y me salen más ronchas, y me las rasco, y me repito a mí mismo que soy un profesional, que lo que hago no lo puede hacer cualquiera, y es cierto: no lo puede hacer cualquiera, pero hay mil personas que lo pueden hacer mejor que yo. Hay mil personas que no son cualquiera.

¡Tampoco dramaticemos! En realidad es más sencillo que todo eso. Sólo tienes que demostrarle al productor por qué tu guión es ÚNICO: por qué no podría haberlo escrito nadie sino tú. Si logras eso… lograrás también que tiren tu puto guión a la papelera. Porque a lo mejor resulta que no quieren algo único… sino una fotocopia de algo único.

3- DEFINE BIEN TU TARGET.

¿A qué público va dirigido tu guión? Yo te lo diré: Al público más burdo, al menos exigente, al que no tiene intención de invertir el más mínimo esfuerzo en comprenderte. Si tu historia no se dirige a esa clase de gente, estás jodido. Nadie te comprará, porque todos pensarán que eres difícil de vender.

Quieren guiones que empotren al espectador contra la pared, guiones que sean droga de los violadores, guiones fáciles, guiones que no te reten a descifrar sus claves. Guiones que generen pelis que el espectador pueda consumir con el piloto automático. Tu único consuelo es que esa clase de pelis se escriben también con piloto automático. ¡MENTIRA! Escribir para un público “fácil” es, en ocasiones, más difícil que escribir para presuntas élites. Hay que ser más inteligente para hacer “Tres metros sobre el cielo” que para pergeñar la peli aquélla que ganó la palma de oro en Cannes.

4- SODOMIZA A UN KOALA.

¡Joder, yo qué sé! He dicho en el título del post que “el número 4 te sorprenderá“. Había que apostar fuerte.

Aunque, pensándolo bien, a estas alturas es posible que lo de sodomizar koalas ya no epate a nadie. Hace siglos que no veo un telediario, pero no me extrañaría que a estas alturas ya sea cotidiano comer viendo coitos con koalas por la tele, como si fuese lo más normal del mundo. #JeSuisMofli

Acabo de consultarlo en Forocoches y me han confirmado que lo de sodomizar koalas aún no es mainstream. Aún “sorprenderá”.

Así pues, si quieres que te abran las puertas de las principales productoras del país, dale placer anal al marsupial.

Con eso darás mucho que hablar. Serás las comidilla del mundillo, e incluso la comidilla del koala. “¿Has leído ya el guión del/la guionista que sodomizó al koala?” “Tengo una pila de 20 guiones por leer en mi escritorio. ¿Por cuál empiezo? Éste es del tío ése que le se zumbó a Mofli. Vamos a ver qué se cuenta.”

Sodomizar un koala es el nuevo “pitch del ascensor”.

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5- CUANDO ESCRIBAS UN POST COMO ÉSTE, NO INCLUYAS MÁS DE CUATRO CONSEJOS EN ÉL.

Joder, ¿todavía me quedan 3 consejos que inventarme? Maldita la hora en que puse en el título el número siete. La culpa es de la cábala. Es un número tan mágico, tan de cuento… Los siete enanitos, los siete magníficos, las siete islas canarias…

En el artículo aquél de “qué errores no cometer al escribir tu post” decían que conviene ser breve, así que paso directamente al número:

6- SE MUY TRANSMEDIA.

Si el productor – incompetencia tuya mediante – no entiende ese guión que intentas venderle, recítale estas palabras mágicas:

“¡Es que es transmedia!”

Dile que el problema no reside en tu torpeza a la hora de contar la historia, ni en su ineptitud a la hora de interpretarla. Dile que la narración sólo estará completa tras una ambiciosa iniciativa que implica contenidos “extra”, “mensajes youtubers”, un par de campañas virales… Si te reprochan que todo eso va a ser un pelín caro, regresa al consejo número uno: combina el verbo “posicionar” con anglicismos tipo product placement, brand content o dirty sánchez.

7- NO HAGAS CASO DE NINGUNO DE LOS SEIS CONSEJOS ANTERIORES.

Éste es el típico apartado que suele servir de colofón. Si decides jugar la carta ésta del “no hagas caso” quedas de puta madre. Quedas muy “de maestro zen”. Te mojas sin mojarte. La número siete es esa cláusula que incluyes para no responsabilizarte de toda esa basura que has escrito en el post. Es un poco como resetear tu estupidez, tu pretenciosidad. “Se acabó la farsa. No tomes en serio nada de lo que he dicho.” Pliego de descargo. Me lavo las manos.

Nadie sabe nada.

Y ésa sigue siendo la máxima de oro, la frase lapidaria del inmenso William Goldman (aquel genio alérgico a las dinámicas del pitch)

8- Nadie sabe nada.

 

 


YA NO SÉ SI SOY MACHISTA.

9 noviembre, 2016

Por Juanjo Ramírez Mascaró.

Socorro. Escribo guiones. Transmito mensajes a la sociedad pero no sé si mis mensajes son machistas o no.

Ni siquiera sé si soy machista yo. Creo que no lo soy, pero tengo un lío tremendo en la cabeza. Empiezo a pensar que incluso decir que no eres machista se considera machista. De hecho, cada día hay más cosas a mi alrededor que, según las opiniones dominantes, son machistas. Cada semana se descubren mil especies nuevas de insecto y un millón de micromachismos nuevos.

Pertenezco a una sociedad con milenios de tradición heteropatriarcal a sus espaldas. Intento detectar el machismo, diferenciarlo del resto de las cosas, esquivarlo… pero es como pedirle a un esquimal que contemple la nieve como si se tratase de algo extraño.

Pregunto a las mujeres, pero creo que la mayoría de ellas también son machistas. Incluso algunas feministas son machistas, o algo parecido.

He crecido en una falocracia. Ése ha sido el caldo de cultivo de mi educación.

Y el de la tuya.

Sería fácil pensar lo contrario. Mi familia materna ha sido siempre (valga la redundancia) un matriarcado. Mi madre era catedrática y jefa de su departamento, mi abuela también fue catedrática en una época en que las mujeres apenas pisaban las universidades. He crecido rodeado de hembras de carácter fuerte tomando decisiones importantes. Personajes femeninos mucho mejores que la top model calva aquélla de Mad Max 4, y mucho más creíbles. He crecido rodeado de mujeres que cobraban lo mismo que los hombres, o incluso más que ellos. He disfrutado de una trayectoria profesional en la que, la mitad de las veces, los altos cargos en la cúspide de la pirámide eran mujeres.

Recuerdo que en casa de mi abuela, en ocasiones, mi primo y yo éramos obligados a fregar los platos mientras mis primas se reían y se burlaban de nosotros por hacerlo.

Pero no nos engañemos. Esa clase de anécdotas son islotes, casos aislados dentro de un entorno en el que (uno lo va descubriendo conforme madura) las mujeres siguen sometidas a muchas desigualdades, a muchos handicaps, a muchas injusticias fruto de ideas preconcebidas, obsoletas.

El tejido de nuestra sociedad es machista incluso en las familias más modernas, incluso en los entornos más abiertos de mente, porque gravita por encima de las circunstancias concretas de cada grupo concreto. Es algo que permanece inscrito en nuestro ADN cultural.

Si os soy sincero, no sé si contribuyo o no a perpetuar toda esa mierda con mis guiones. Mi intención no hacerlo, pero como os confesaba un poco más arriba, ya no sé dónde acaba el machismo o dónde empieza el feminismo, y creo que en parte se debe a la cantidad de estupideces que se rebuznan desde ambas márgenes del río.

El ser humano, antes que machista o feminista, es gilipollas. Todos y todas. Miembros y miembras.

No me malinterpretéis: Me encanta este nuevo paradigma en el que absolutamente todo es sometido al juicio feminista. Pocas cosas hay más saludables que cuestionar lo que se da por sentado.

Del mismo modo en que las vanguardias merecen la pena porque surge de ellas un Picasso por cada mil fantoches, también compensa escuchar mil fantochadas pseudo-revolucionarias si gracias a ellas alguna mente, de vez en cuando, consigue reformatearse a sí misma y evolucionar hacia algún sitio que nos refresque a todos.

Estamos inmersos en una revolución tan lenta que sólo podrá percibirse en su justa medida cuando, en un futuro lejano, nos paremos a mirar hacia atrás. Una revolución tan lenta que, hasta que se demuestre lo contrario, el mundo seguirá siendo imbécil durante una buena temporada.

Y cuando eres escritor eso es un problema, porque se supone que escribir es retratar el mundo en el que vives, y en un mundo imbécil no siempre puedes retratar a las mujeres de forma benévola sin traicionar tu sentido de la honestidad.

Ahora está de moda crear personajes femeninos fuertes, independientes, íntegros… pero en mi entorno próximo no siempre es así. A mi alrededor hay también mujeres débiles, mujeres deleznables… y auténticas zorras.

Entramos de ese modo en el clásico debate: ¿Escribimos para retratar lo que hay o para cambiarlo? ¿Nos tenemos que obligar a nosotros mismos a incluir mujeres irreprochables en los guiones, del mismo modo en que las pelis de Hollywood incluyen jueces de raza negra?

¿Y cómo funciona eso de los personajes femeninos fuertes? A veces tengo la sensación de que muchas de esas “mujeres fuertes” del cine son en realidad testosterona con tetas.

Tetos-terona.

Bruce Willis con peluca.

También se dice que todo personaje femenino que se precie ha de tener un papel activo y determinante en la resolución de la trama. Me parece perfecto, pero creo que a veces nos obsesionamos tanto con el tema que urdimos pelis en las que Superman es rescatado por la chica. Y a eso en mi pueblo siempre se le ha llamado Supergirl, o Supermán con tetas.

La Catherine de Happy Valley. Para mí eso sí es un personaje femenino fuerte, sujeto a circunstancias e ideosincrasias femeninas. Creo que a veces confundimos ensalzar a las mujeres con… “masculinizarlas”, y eso sí que me parece un machismo chungo, una condescendencia abyecta. Opino – y tal vez me equivoque – que igualar a las mujeres con los hombres no consiste en convertirlas en machos, sino en crear una sociedad en la que la feminidad y todas sus manifestaciones no constituyan una mácula, sino un orgullo. Un orgullo cuya meta no sea destronar a lo masculino, sino bailar con ello.

Sueño con unos tiempos en los que incluir a una hija de puta en una historia no suscite lecturas sesgadas o perezosas según las cuáles estás llamando hijas de puta a todas las mujeres.

Sueño con una sociedad intelectualmente madura… espiritualmente madura… que sepa discernir realidad de ficción, e incluso analizar de forma constructiva los puentes que se establezcan entre la una y la otra…

… aunque, por otra parte, es probable que una sociedad de ese tipo ya no necesite el arte, con lo cuál mi sueño desemboca en el paro.

En otro (des)orden de cosas, creo que la hipersensibilidad de género supone más problemas guionísticos cuando te toca escribir comedia.

Los colectivos feministas se quejan de que casi toda la comedia está interpretada por hombres, y que las mujeres acaban siendo una simple comparsa. Es una queja legítima, pero cuando trabajas en contenidos de humor y deliberas sobre a qué personajes asignar cada gag, siempre acaba imponiéndose la misma limitación:

“Es que esto es gracioso con hombres, pero no con mujeres.”

Y es lógico que eso pase…

… porque gran parte de la comedia se basa en la catarsis, en transmutar en risa el sufrimiento humano, y ello implica que debes hacer sufrir al protagonista de tu relato…

… pero está mal visto hacer sufrir a una mujer…

… no es políticamente correcto…

… sobre todo si se trata de sufrimiento físico…

… un hombre recibiendo una bofetada o resbalando con una cáscara de plátano siempre es gracioso…

… pero una mujer abofeteada no hace ni puta gracia…

… sobre todo si es abofeteada por un hombre. Haz un chiste en el que un hombre abofetee a una mujer y al día siguiente te cerrarán el programa.

Si es una mujer la que abofetea a otra mujer, entrará dentro de lo políticamente correcto. Y si ambas mujeres acaban revolcándose en el barro, acabarán siendo portada del Marca.

Nuestro país está a años luz de Tina Fey. Un personaje como los suyos en España probablemente se consideraría ordinario, obsceno, fuera de lugar. Aquí queremos princesitas. Nuestro concepto de poner a la mujer en el lugar que merece pasa por cubrir los charcos de lluvia con nuestra chaqueta para que no se mojen los zapatos.

No sé cuánto de todo eso habrá en los sótanos más recónditos de mi inconsciente. Mientras reflexiono sobre ello, voy a reírme un rato con aquel momento mítico de Wayne’s World:


OTRA RAZÓN PARA NO TRABAJAR GRATIS (CONFESIONES DE UN GUIONISTA IMBÉCIL)

5 octubre, 2016

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Por Juanjo Ramírez Mascaró.

Se ha hablado mucho sobre por qué en un gremio como el del guión no es conveniente regalar nuestro trabajo. No obstante, tengo la sensación de que la mayoría de quienes hablan sobre el tema sólo han currado gratis para otros un par de veces.

Yo, por el contrario, tengo un máster sobre escribir gratis. He escrito más de una decena de largometrajes sin cobrar por ello, y varias series, y algunas biblias, y algunos dosieres… Como imbécil que soy, puedo hablar sobre este tema con conocimiento de causa.

Se esgrimen muchas razones sobre por qué no es conveniente que los guionistas regalen su trabajo, pero existe una de la que casi nadie habla y que a mí me parece crucial:

Los proyectos en los que uno curra gratis tardan más en terminarse.

Creo que los guiones que se escriben sin cobrar se pueden dividir en dos categorías:

– Los de “esto lo hacemos sin prisa y a nuestro aire porque nos apetece y casi con toda probabilidad nos olvidaremos de ello en seis semanas y lo dejaremos a medias

… y los otros, los que más nos interesan en este post:

– Los de “ahora mismo no hay dinero pero se trata de algo rápido, guerrillero, de aprovechar una oportunidad de oro, una buena ola, una puerta que se abre hoy y se cierra mañana.

Uno se deja liar por ese canto de sirena:

“Sólo serán un par de meses.”

“Estamos en enero y hay que presentarlo a unas subvenciones en marzo, así que será un trabajo express.”

“Hay que darse prisa. Justo ahora Antena 5 está buscando guiones de este género y este tema. Lo necesitamos para ayer.”

Si eres – como yo – de los que se dejan tentar fácilmente, encontrarás más razones para aceptar que para huir. Te dirás a ti mismo: “Va a ser una locura, pero durará poco tiempo. Será como navegar durante una tempestad.

Descubrirás demasiado tarde que aunque el proyecto se vende a sí mismo como una tempestad, en realidad está abocado a ser un barco a la deriva en un océano en el que apenas sopla viento alguno.

Desesperante calma chicha.

¿Por qué?

¿Qué clase de cruel cambio climático sabotea los vientos y frena el ritmo del proyecto?

Se me ocurren varias causas.

CAUSA NÚMERO 1:

La más obvia. Por mucha ilusión que vuelques en algo, si lo haces gratis estarás obligado a hacerlo en ratos libres. Eso implica que escribes sólo en fines de semana o alguna tarde que otra, con la cabeza exprimida, esquilmada por tu curro de verdad, el que te hace llegar a fin de mes.

Avanzarás en el proyecto más lentamente de lo que esperabas y los demás implicados leerán tus avances también en sus ratos libres, cuando buenamente puedan, igual de agotados que tú.

El guión no sólo caminará lento y a trompicones. Lo hará también con torpeza, porque será el fruto de mentes abotargadas.

En algún momento del proceso alguien dirá: “Yo creo que esto merece que nos lo tomemos con más calma. Y si no llegamos a esa fecha importantísima de aquel importantísimo evento, ese evento que era la razón por la que nos metimos en este marrón, tampoco pasa nada.”

Y todos los implicados asentís, porque a esas alturas estáis tan cansados que os aferráis a esa tregua como si fuese un indulto de un tribunal penal. Si os dijesen en esas circunstancias que lo más sabio es que un leproso os meta la polla en la boca, también asentiríais como zombis.

De esa manera el proyecto con el que ibas a convivir dos meses de tu vida pasa a ser un proyecto de tres o cuatro meses, y cuando lleves cuatro meses dedicándole tus ratos de ocio descubrirás que está a punto de convertirse en un proyecto de seis meses, quién sabe si de ocho.

Y eso suele deberse a la causa número dos.

CAUSA NÚMERO 2:

Un guión escrito gratis puede llegar a tener incluso más versiones que un guión pagado.

Una vez que lo entregas, el productor se lo dará a leer a algunas personas cercanas y tú también le endosarás ese marrón a tu gente de confianza. Los guiones que se escriben gratis suelen contar también con analistas gratuitos, pero los muy cabrones se toman muy en serio su función, meten el dedo en la llaga, y una cosa está clara: Un guión escrito a trompicones por mentes exhaustas durante unos pocos fines de semana no resiste demasiados envites. Todo el mundo hallará grietas en él.

Y claro, cuando has escrito un guión gratis se asume que también harás gratis los cambios.

Si tienes la mala fortuna de currar (gratis) para un cabrón sin empatía, querrá pedirte una versión nueva cada vez que uno de sus cuñados emita una opinión sobre el guión.

He de decir que yo he tenido suerte en eso. Suelo colaborar con personas sensatas. Si en algo he evolucionado, es en que ahora sólo le regalo mi tiempo a buena gente, pero me he tropezado en el pasado con algún que otro psicópata cara dura, y he escuchado en boca de otros guionistas relatos de los que hielan la sangre.

Ahora lo suyo, como guionistas que somos, sería respetar la “regla del tres” y compartir una tercera causa, pero no lo voy a hacer. Compartiré en su lugar las consecuencias que sufriréis debido a que el proyecto no concluya cuando os prometieron.

CONSECUENCIA NÚMERO 1:

Si eres tan imbécil como quien escribe estas líneas te creerás de pies juntillas eso de que el proyecto sólo te va a ocupar un mes o dos… y cuando luego alguien te ofrezca un nuevo proyecto para dentro de un par de meses… tú aceptarás ese segundo encargo porque darás por hecho que para entonces ya te habrás liberado del encargo número uno.

Craso error.

Cuando llegue el momento de abordar el proyecto nuevo, el anterior aún seguirá ahí, secuestrando horas de tu tiempo, neuronas de tu cerebro y energía de tus mitocondrias.

Aun así, alguien te ofrecerá colaborar en un tercer proyecto atractivo…  y tú entrarás al trapo, porque los proyectos uno y dos ya están prácticamente cerrados.

Craso error.

Has olvidado que el toreo sigue siendo legal en España. En cuanto empieces a hincarle el diente al proyecto número tres, los proyectos uno y dos resucitarán como Lázaro, porque los ha leído el actor al que le han ofrecido el papel y ha dicho que al guión le falta comedia, o le falta verdad, o cualquier otro concepto que se le ocurra al actor para justificar que sencillamente no ha conectado con la historia y no le apetece dejarse liar para currar en condiciones tan precarias como las que has aceptado tú para escribir el guión.

Y claro… tú podrías negarte a seguir reescribiendo, pero piensas: “Es una pena bajarse del tren a estas alturas”…

… y gracias a esa manera de pensar acabas como esos payasos del circo que hacen malabarismos con tres, cuatro o cinco pelotitas a la vez. Pero lo más jodido del tema no es el número de pelotitas que tengas que manejar…

… lo más jodido es que eres un puto payaso.

CONSECUENCIA NÚMERO 2:

Cuando llevas demasiado tiempo trabajando en un mismo proyecto, te desenamoras.

Es ley de vida. Las mariposillas en el estómago sólo duran un par de borradores, y si la idea no es tuya o no has conseguido hacerla tuya, no duran ni la mitad de eso.

Currar gratis es un acto de romanticismo, y cuesta mucho ser romántico cuando el proyecto y tú lleváis demasiado tiempo conviviendo, cuando os habéis visto cagar en la intimidad.

Entonces uno se pregunta: ¿Por qué estoy aquí?

Si el proyecto es pagado, al menos tienes una coartada que ofrecerte a ti mismo… o a esos familiares y seres queridos que en vano rezan para que dejes de ser un gilipollas.

Por otra parte, la falta de amor hacia el proyecto hará que cada versión cueste más que la anterior y se escriba más lenta, más errática.

CONSECUENCIA NÚMERO 3:

Los proyectos que escribes gratis rara vez llegan a algún sitio.

Asumámoslo: La tendencia natural de cualquier proyecto audiovisual es el aborto. Si naufragan más de la mitad de los proyectos que las productoras de cine y televisión SÍ han pedido… ¿qué garantías tiene de llegar a buen puerto un guión que ha sido pergeñado en huecos libres, casi en defensa propia… y sin que nadie le haya dado vela en el entierro? ¿Qué garantías tiene de triunfar una película que se hace al margen del sistema, sin recursos suficientes para posicionarse en el mercado?

Pocas.

Muy pocas.

No voy a decir que ninguna, porque, de vez en cuando, los milagros existen. De lo contrario no llevaría tanto tiempo apostando por proyectos kamikazes. Cuando apuesto por esa clase de iniciativas, en el fondo estoy apostando por un un mundo que funcione de manera distinta.

¿A dónde nos lleva todo esto?

Empezaré diciendo a dónde me ha llevado a mí: Hace meses que decidí no seguir colaborando en ningún otro proyecto gratis (ni pedir que otros trabajen gratis para mí). Mis curros pagados me consumen más tiempo del estipulado de lunes a viernes y es triste no poder dedicar los fines de semana a mis seres queridos.

Por eso cerré el grifo: ¡No más proyectos gratis! Llevo todos estos meses rechazando cualquier proyecto no pagado.

No ha servido de gran cosa…

… porque los tres proyectos gratis en los que estaba implicado hace meses, cuando tomé esa decisión… SIGUEN AHÍ.

Siguen robándome tiempo, neuronas y energía. Nunca se terminan. Siempre encuentran excusas para seguir dando guerra.

Sé que este blog lo leen muchos guionistas que están empezando. Me gustaría terminar el post con un consejo, por si puedo ayudar a alguien a no cometer los mismos errores que he cometido yo:

Dejaos explotar dos o tres veces al principio. Lo justo para adquirir un poco de experiencia y poder anotar ese par de líneas en el currículum: ésas que os abrirán las puertas al primer curro pagado.

A mí me funcionó.

Después de eso, dedicad vuestro tiempo libre a cumplir vuestros propios deseos, en vez de ser mamporreros de los deseos de otros.

Yo aún no lo he conseguido.

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GUIONISTAS EN PIE DE GUERRA.

14 septiembre, 2016

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Por Juanjo Ramírez Mascaró.

¡BASTA!

En serio, ¡basta!

Decimos que somos guionistas, pero somos el puto Frente Popular de Judea.

¿No estáis hartos de ver cómo nuestro colectivo se desangra en guerras internas por culpa de las mismas miserias?

– Los guionistas de ficción contra los guionistas de entretenimiento.

– Los guionistas de SGAE contra los guionistas de DAMA.

– Los guionistas visibles contra los guionistas invisibles.

Sé lo que estáis pensando, y estoy de acuerdo con vosotros:

Tenemos que encontrar nuevas excusas para pelearnos.

Porque dejar de discutir entre nosotros no es una opción. Necesitamos ese estímulo, esa vidilla, esa carnaza, esa válvula de escape a través de la cuál poder cagar nuestra tensión y nuestras frustraciones.

Además, nunca es tarde para soñar con que las disputas guionísticas desemboquen en una orgía de hostias. Si eres guionista, lo más seguro es que tengas una cara de ésas que piden a gritos un buen par de hostiazas. Por eso has acabado siendo guionista: a base de bullying.

O a lo mejor llegaste al gremio sin esa jeta y la has ido adquiriendo a base de creerte más listo que los demás.

¡Démonos de hostias, joder! ¡Que llegue la sangre al río!

Pero huyamos de los viejos clichés. Lo de ficción contra no-ficción ya es demasiado aburrido. Lo de SGAE contra DAMA consume unas energías que casi es más práctico invertir en rellenar los formularios ésos que te piden para registrar las obras en cualquiera de las dos.

Es por ello que voy a proponer aquí posibles conflictos alternativos. Nuevos campos de batalla para encabronar a los integrantes de nuestro oficio, a ver si con suerte consigo detonar una guerra y me conceden el Nóbel de la paz.

– Guionistas abstemios contra guionistas borrachos.

Tened cuidado. Nuestros tercios de cerveza hacen más daño que vuestras latitas de Acuarius… a menos que las latas estén sin abrir ni vaciar. Por alguna extraña razón a los alcohólicos nos cuesta menos vaciar nuestros recipientes que a los abstemios, los del (léase con retintín) “instinto de conservación.

Y otra cosa os digo: Los guiones del borracho tienen por definición menos sentido y, por tanto, más probabilidades de gustar al director de contenidos de la cadena.

– Guionistas con carnet de conducir contra guionistas sin carnet de conducir.

Podréis atropellarnos con vuestros ridículos cochecitos, podréis llegar más cómodamente a esos polígonos industriales de extrarradio en los que a veces nos obligan a currar, pero… pero… pero… eh… nosotros somos mayoría. Bueno, lo éramos… ya no.

¿Si os invitamos a una caña o a una lata de puto Acuarius… podríais llevarnos en vuestro coche a ese inhóspito polígono industrial en el que se supone que no trabajamos porque (se supone que) somos autónomos?

– Guionistas metrosexuales con camisas y peinados guays contra guionistas echados a perder con alopecia/greñas y camisetas frikis/insípidas que se adaptan con tozudez/resignación a esa barriga cervecera/prominente, esa curva de la felicidad/conformismo.

Por muchos puñetazos que recibamos, nuestro aspecto no puede empeorar demasiado. ¿Pero vosotros? ¿Realmente estáis dispuestos a manchar de sangre vuestras camisas de temporada?

– Guionistas que escriben sus propias cosas al margen del trabajo contra guionistas funcionarios que sólo escriben cuando alguien les paga por hacerlo.

¡Cuando queráis quedamos y nos damos de hostias, payasos! Pero mejor a última hora de la tarde, cuando salga del curro. Bueno, menos el miércoles…. el miércoles no, que tengo una reunión con unos colegas para un largo que tenemos entre manos… ¿El jueves? Depende de si me llaman o no para hablar de lo del libro de relatos ése en el que estoy colaborando. Igual el fin de semana, pero no, espera… que tengo mi novela un poco abandonada y tres directores en los mensajes del Facebook preguntándome cuándo les voy a escribir el guión ése para el Notodo. ¿Y si nos fostiamos el domingo a última hora? Ay, no… el domingo he quedado con mi novia para explicarle por qué no tengo energías ni tiempo para ser ese novio de verdad que se merece.

– Guionistas que respetan los límites del humor contra guionistas que no respetan los límites del humor.

Bueno, aquí en realidad no hay conflicto. Todos los guionistas estamos a favor de reírnos de cualquier cosa. Excepto de (inserta aquí ese tema que te toca muy de cerca).

Todos estamos de acuerdo en que es de mal gusto reírse de (inserta aquí ese tema que te toca muy de cerca) No puedes reírte de (inserta aquí ese tema que te toca muy de cerca) porque todo tiene un límite. Menos los límites del humor, claro. Los límites del humor no tienen límites, excepto, claro está: (inserta aquí ese tema que te toca muy de cerca)

Y si eres un guionista al que ningún tema le toca muy de cerca, lo más seguro es que no admitas que nadie se ría de los límites del humor.

– Guionistas de izquierdas contra guionistas de derechas.

Aquí el combate sería mucho más desigual: hay muchos más guionistas de izquierdas que guionistas de derechas.

Aunque…

… si tenemos en cuenta que algunos guionistas de izquierdas ignoran que en realidad son de derechas… y que incluso algunos de derechas ignoran que en realidad son de izquierdas…

… y si tenemos en cuenta que somos una princesa en nuestra cuenta de Twitter y una puta en la cama de la señora de Cuenca…

… que somos una princesa en las reuniones de ALMA y una puta cuando nos toca firmar el contrato de turno…

… es posible que terminemos dándonos de hostias a nosotros mismos… y nos cerremos puertas de todos los colores por el camino… y lleguemos a la edad de jubilación sin una cuneta en la que caernos muertos.

– Guionistas machistas contra guionistas feministas.

Si eres hombre y (para mas inri) machista te recomiendo que libres esa guerra en el campo de batalla de los guionistas de comedia. Seréis mayoría. Casi nadie contrata a mujeres para escribir comedia. Casi todo el humor que se emite en TV tiene tintes bastante masculinos. ¿Es injusto? Sí. ¿Tiene base alguna? Pues no. Pero hablamos de un negocio cuya religión oficial consiste en rendir culto a los audímetros. No hay razón para esperar que la razón impere.

– Guionistas con talento contra guionistas sin talento.

Da igual cuál de los dos bandos gane: Nunca sabrás a cuál de ellos perteneces.

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QUÉ COSAS HACE LA GENTE QUE LO PETA MÁS QUE TÚ.

31 agosto, 2016

Por Juanjo Ramírez Mascaró.

Si eres guionista y estás empezando, es lógico que pienses que eres el mejor. ¡El puto amo! Llevas toda la vida escuchándolo. Cuando escribiste ese poema lleno de ripios en el cole, tus padres se lo enseñaron al resto de la familia y entre todos proclamaron que eras especial, que estabas destinado a llegar lejos.

Luego hiciste aquel corto amateur que ganó el primer premio en el festival de tu pueblo. “Vas a ser el nuevo Amenábar“, profetizaron tus colegas, pero a esas alturas tú ya dabas por sentado que Amenábar era basura comparado contigo.

Saliste del instituto dispuesto a merendarte el mundo, atravesaste esa fase que en su día bauticé como “la edad del pavo del artistilla” y, cuando por fin te dieron el diploma de turno y llegó el momento asomarte al mundo real para probar tu valía, enviaste tus guiones a una decena de productoras, dando por hecho que alguna de ellas se rendiría a tus pies.

Por alguna extraña razón, no sucedió.

Escudriñabas las webs de Anagrama, Vertele, Fotogramas… y siempre era algún otro quien conseguía ese éxito que, si el mundo fuera justo, te correspondería a ti.

En muchas ocasiones los artistillas de nuestra calaña se quedan prisioneros en ese bucle hasta el fin de sus días, pero si tienes suerte (y espero que la tengas) la vida te demostrará que…

… igual no eres tan bueno COMO TE HAN HECHO CREER. Esos titubeos pueriles que aplaudían tus familiares podían petarlo en el jardín de infancia, pero ahora estás jugando en la puta arena de los gladiadores.

En los casi 10 años que llevo flirteando con el mundo de la tele he hecho no sé cuántas pruebas de guión para distintos programas y series. El 80% de esas pruebas no dieron ningún fruto. Las primeras veces pensaba que el mundo era injusto, que la gente que tomaba las decisiones era demasiado obstusa y no apreciaba mi “talento”.

Luego, con el paso de los años, fui coincidiendo en distintos trabajos con otros guionistas que, ya sea por divina providencia, ya sea porque nuestro gremio es una casa de putas, resultaron ser precisamente esas personas que habían sido elegidas en todos aquellos curros en los que mis pruebas de guión fueron rechazadas. Gracias a eso descubrí por qué en el pasado habían llamado a esos guionistas en lugar de a mí:

Porque son mejores que yo.

Así de simple. La mayor parte de las veces que curro con un guionista y acabo pensando “qué bueno es este cabrón” (o cabrona) me entero al poco tiempo de que ésa fue una de las personas que, años atrás, en cierto programa o cierta serie, eligieron en vez de a mí.

Creo que no soy del todo mal guionista ni hago del todo mal mi trabajo, pero seamos realistas: El mundo es demasiado grande y hay MUCHA gente en él que es muy, muy buena. Ganarás en salud y felicidad si asumes eso: El mundo no conspira contra ti. Es sólo que hay decenas de individuos que lo hacen mejor que tú.

Una de las virtudes que suelen tener esos guionistas que lo petan más que nosotros es:

Dejarse de chorradas e ir al grano. Yo no sé hacerlo. Si supiese hacerlo habría empezado este post diciendo que mi intención era precisamente ésa: la de enumerar cuáles son las virtudes de la gente que lo peta más que nosotros.

Está bien, ya sabemos que una de ellas es “ir al grano”. Éstas son las demás:

– Son MUY trabajadores.

Es un hecho: La mayoría de la gente que se queja porque su talento no está siendo valorado como merece rara vez hace gran cosa para merecer valoración alguna.

Los guionistas que lo petan más que tú normalmente se lo curran más que tú. Revisan sus guiones una y mil veces, corrigiendo erratas, agujeros, puntos débiles. Les llamas para que se tomen una caña contigo y, muy a su pesar, rechazan el planazo porque tienen que preparar una reunión o responder un mail.

Los guionistas que lo petan más que tú también reciben críticas negativas cuando exponen  sus guiones en sus círculos de confianza. La diferencia está que en que tú reaccionas a esas críticas diciéndole a tu colega: “Muchas gracias. Tus comentarios me parecen súper útiles“… y acto seguido los tiras a las basura y no cambias ni una coma de tu guión, mientras que la gente que lo peta más que tú, cuando recibe críticas de ese tipo, intenta aprovecharlas para escibrir una versión mejor.

La gente que lo peta más que tú revisa sus textos para evitar gazapos como el del párrafo anterior, en el que he tecleado “escibrir” en lugar de “escribir”.

– Disparan con MUCHA puntería.

Los guionistas que lo petan más que tú tienen un sexto sentido que les ayuda a saber qué batallas deben librar y en cuáles no merece la pena perder el tiempo.

Es posible que tú, con tu romanticismo de mierda, decidas apostar por la gacela coja, porque te gustaría vivir en un mundo en el que las gacelas cojas también puedan triunfar. Pero la gente que lo peta más que tú es consciente de que el mundo funciona como funciona, y no como a ellos les gustaría que funcionase. Los guionistas que lo petan más que tú no son adictos al fracaso.

Algunos triunfadores tienen un ego del tamaño de Júpiter, e incluso cabe la posibilidad de que dicho ego les haya ayudado a llegar a donde están, pero la mayoría de los guionistas de éxito que conozco son más bien humildes: Veneran a más gente de la que desprecian, padecen una inseguridad casi patológica, van por la vida como si todavía les quedase todo por aprender…

… pero valoran su trabajo.

La gente que lo peta más que tú no se vende demasiado barata o, como mínimo, no regala su tiempo a timadores, ni a gacelas cojas.

Conozco gente que ha escrito decenas de guiones pero no ha vendido ninguno. Sus obras van a parar a un cajón cerrado bajo llave o acaban siendo usadas para limpiarle el culo al rocín de Don Quijote. Sólo les falta colocarse en la calle Montera con una minifalda y un portátil dispuestos a  mamársela en Courier 12 a cualquiera que les pida arremeter contra el molino de viento más cercano. ¡Qué cojones! Yo soy uno de ésos…

Da igual lo bien o mal que escribas: Cien mil euros apostados al caballo perdedor son cien mil euros tirados a la basura.

¡Valora tu trabajo!

¡No lleves a tu criaturita a jugar al parque de los yonkis!

Pero antes de todo eso, recuerda el apartado anterior: No basta con apuntar bien. Primero debes tener buena munición. ¡Cúrratelo! Déjate la sangre y el sudor en lo que haces. Y también la ilusión, si no es mucho pedir.

– Caen MEJOR que tú.

Si llevas tiempo en esto te habrás dado cuenta de que la mitad de los trabajos en el mundo del guión se consiguen por enchufe…

¡¡MENTIRA!!

Se consiguen por recomendación personal, que no es lo mismo.

Tiene su lógica: Hablamos de un curro que cosiste en encerrarte con otra media docena de personas en una sala a compartir ideas… durante seis, ocho, doce horas. Hablamos de un curro en el que la decisión final del coordinador ha de ir a misa (porque no existen baremos objetivos para definir qué es correcto y qué no lo es) En esas circunstancias no sólo se valora el supuesto talento del candidato. Se valorará en igual o mayor medida que sea capaz de generar buen ambiente, que trabaje bien en equipo, que no se deje dominar por la soberbia o por el ego. No hay nada que tranquilice más a un jefe que saber que no está contratando a un puto loco, o a un arrogante conflictivo de mierda, o a un sociópata de los cojones.

Es por ello que esa gente que lo peta más que tú… esa gente que fue elegida en tu lugar porque su prueba de guión fue mejor que la tuya… suele ser a su vez la misma gente que entra antes que tú a ciertos lugares… “por recomendación personal”.

Llegados a este punto, ¿qué podemos hacer para petarlo como lo peta la gente que lo peta más que nosotros? El primer paso está en admitir que aún no somos ese tipo de gente. El segundo paso está en preguntarnos: ¿Realmente estamos dispuesto a serlo?


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