FLASHBACK: “SI PESTAÑEAS, TE LO PIERDES”

25 septiembre, 2011

por Mercedes Rodrigo.


A riesgo de resultar pesada, me dejo llevar por el entusiasmo y abordo un tema recurrente en Bloguionistas: El Taller de Thriller que tuvo lugar en la Academia de las Artes y Ciencias Cinematográficas de España.

Si, compañeros, yo también fui. Y os aseguro que mereció la pena. Entre otras cosas, por poder asistir a la Clase Magistral que nos regaló Enrique Urbizu.

Y es que hacía mucho tiempo que no quedaba tan conmovida por un discurso sobre guión, cuajado de perlas que siguen brillando en mi cabeza como flechas de neón. Tan útiles para indicar el camino y solucionar los múltiples problemas que surgen en el guión que escribo, que es precisamente un thriller.

Urbizu trató muchos temas en su charla, desde la importancia que tiene el MacGuffin en sus películas, hasta la atmósfera cautivadora de hollín y óxido del Bilbao de los ochenta. Pero me llamó especialmente la atención esta pregunta que lanzó al aire: “¿Hasta qué punto complaces al espectador?”

Por supuesto que él tiene muy clara la respuesta y, si bien trató el tema en el ámbito del thriller, se puede aplicar a todos los géneros.

Hablo de cine, claro. De una película pensada para proyectarse en una sala oscura o, al menos, para ser vista con toda la atención. Una atención que cada vez es más difícil exigir al espectador de nuestro tiempo, y no necesariamente porque éste sea responsable.

Esa atención sale de manera natural cuando se acude a una sala de cine. El lugar proporciona la atmósfera, el resto ya es mérito de la película. El cine pide silencio y concentración, a cambio proporciona evasión, conmoción y, en ocasiones, reflexión.

La tele puede proporcionar lo mismo pero con menos intensidad. Se presta más a originar opiniones inmediatas, comentarios, conversaciones. Está integrada en la escenografía de nuestra propia casa, con la luz cotidiana que acompaña nuestro día a día, bajo el dictado del zapping y el despiste del consumidor.

En el lenguaje televisivo estamos más que acostumbrados a complacer al espectador.

Yo, que acumulo la mayor parte de mi experiencia escribiendo series diarias, tengo una tendencia casi patológica  a dejarlo todo claro.

Y no es que subestime la inteligencia del espectador (que es la mía propia) sino que cuento con su falta de concentración  y trato de ponérselo lo más fácil posible.

Porque el objetivo, es que el espectador vea el mayor número de capítulos posibles, ya sea niño, anciano, o adolescente. Se trata de que, si se pierde un par de capítulos, pueda seguir la trama sin problemas.

Por eso, si una trama se basa en la confusión que ocasiona que un personaje confunda un maletín con otro idéntico, ha de hacerse un plano detalle de esos maletines e incluso verbalizar la coincidencia, dejando claro al espectador que eso será la clave de la confusión y de un futuro conflicto.

Godard definió estas diferencias entre la pantalla de televisión y la de cine de manera muy gráfica: “En un cine, el espectador levanta los ojos para ver la pantalla; cuando ve la televisión, los baja…”

Vivimos en la época de La Pantalla Global. Encontramos pantallas allá donde se posa nuestra mirada: pantallas en el metro, en el aeropuerto, en nuestros móviles, en los bares, en el ordenador.

Es la imagen la que nos busca y no al revés.

Se nos ofrece constantemente un exceso de imágenes que apelan a la estimulación sensorial, en busca de ser rápidamente “elegidas” por el espectador.

Parece que, ante tanta proliferación de pantallas y canales, los lenguajes publicitarios, televisivos y cinematográficos se mezclan y confunden.

Asimismo, el espectador es más sabio que nunca y conoce perfectamente los resortes visuales, por eso no le vale cualquier cosa.

Por eso existen series como “Lost” o “The Wire”, donde apenas se verbaliza la acción y las incógnitas se resuelven sin previo aviso ni posterior resumen. Como te descuides, ni te enteras, y te lo tienen que contar.

Más de un seguidor de estas series tendrá que reconocer que, para mayor disfrute del capítulo, apaga la luz de su cuarto y no atiende ni las llamadas de teléfono.

Es tele que consumimos con la atención y la avidez con la que consumimos cine.

Pese a todo, siempre surge la eterna duda sobre si facilitar o no al espectador el seguimiento de la trama.

El tema de complacer o no al espectador se vuelve más complejo cuando, en España, la mayor parte de cine está producida con dinero de las televisiones, y los productores que vayan a trabajar con directores y guionistas, obviamente, van a buscar la rentabilidad del producto.

Porque bien lo dijo Urbizu: “El productor siempre va a tratar de hacer un cine confortable para el espectador.”

El director, que ahora vive inmerso en la postproducción de su última película “No habrá paz para los malvados”, nos explicaba así una diferencia de opiniones entre él y sus productores.

Urbizu plantea un plano general en el que el protagonista baja a un sótano donde se encuentra un objeto indispensable para la trama pero en el que el protagonista no se fija especialmente.

El director cree que si el personaje no ve nada especial en el objeto, el espectador tampoco tiene que verlo.

El productor, en cambio, piensa que el espectador agradecerá un plano detalle del objeto en cuestión, una pista más que evidente de que ese objeto juega un papel importante en la trama.

Tal vez exista algo de miedo a que el espectador se sienta perdido en la trama y se frustre pero, en mi opinión, la intención del director es la correcta, sabe lo que hace.

Sólo trata de respetar el punto de vista del personaje sin hacer concesiones al espectador.

Así obliga al espectador a releer la imagen cinematográfica, exigiéndole toda la atención que requiere esa película que ha sido pensada al milímetro (no en vano Urbizu ha rodado su última película en formato panorámico, ofreciendo al espectador mucho fotograma para ver, buscar y deleitarse).

Es la única manera de disfrutar de la complejidad de la trama, de las rimas de imágenes que se suceden y que pasarían desapercibidas si no se le prestara al conjunto toda la atención que merece.

“Si pestañeas, te lo pierdes”.

La intención es que la historia no termine cuando acaba la película, sino que vaya más allá. Así se reta al espectador a una mirada diferente: la propia.

Y Urbizu lo hace porque ésas son las películas que le gustan a él.

También son las películas que me gustan a mí.

Es un valor añadido para una película que el espectador salga de la sala haciéndose mil preguntas y conjeturas sobre lo que acaba de ver, pese al riesgo que existe de que algún espectador se pierda y termine frustrado.

Tenemos un ejemplo claro en la película “Inception”, en la que el espectador está mucho tiempo desconcertado, sin saber qué está sucediendo exactamente, pero con toda la atención puesta en los detalles, releyendo la imagen cinematográfica constantemente en busca de pistas.

Por eso, cuando Urbizu contó que no rodó ni uno solo de los insertos que se habían incluido en el guión, os juro que el corazón me dio un vuelco.

Una actitud tan valiente no puede sino merecer mi más sincera admiración.

Respeta el punto de vista de los personajes y, al hacerlo, está respetando la inteligencia del espectador, tratándolo como a él le gusta ser tratado.

Después de un discurso tan inspirador lo primero que hice fue ver de nuevo “La Caja 507” y comprobé en cada plano lo consecuente de sus palabras.

Así que, como él mismo reflexionó, tal vez tenga que esperar mucho tiempo para rodar una película y tal vez éstas no consigan la rentabilidad económica esperada.

Pero de lo que no me cabe ninguna duda es que alcanzan con creces el objetivo, tanto temático como visual, que se propuso como director: “Acabar con la mirada inocente del espectador”.

(Publicado originalmente en Bloguionistas el 9 de diciembre de 2010)


FLASHBACK – CONSULTORIO: ¿SOY DEMASIADO VIEJA PARA EMPEZAR?

24 julio, 2011

por Mercedes Rodrigo.

——————————————–

Estimados amigos de Bloguionistas:

Me dirijo a vosotros con una consulta muy concreta que espero sea de interés general. Tengo 31 años y desde siempre he querido dedicarme al guión pero por unos motivos u otros nunca he podido. Podría decirse que es mi vocación, ya que llevo escribiendo desde pequeña y lo hago prácticamente a diario, con toda la pasión y entusiasmo del mundo. La cuestión es que mañana mismo dejaría mi trabajo (que no tiene nada que ver con el guión ni con el audiovisual) y me dedicaría a buscarme la vida como guionista, pero encuentro dos problemas:

1) Pese a que escribo mucho, soy consciente de que me falta oficio. He sido autodidacta en lo que a guión se refiere y yo misma soy muy crítica con mis guiones: sé que puedo dar más de mí misma, pero siento que me hace falta una guía, un tutor, que me ayude a mejorar. No sé si habré sobrepasado ya las 1000 páginas, pero cerca debo estar. Y también sé que mala guionista no soy (considero que tengo mucha imaginación y un criterio acertado), pero todavía me queda trabajo por hacer para sentir que puedo optar a un puesto como guionista de ficción. Es decir, en los guiones que escribo veo que hay un buenos puntos de partida, que tengo claros los giros, la estructura, todo en definitiva, pero sé que hay cosas que no funcionan, y me faltan conocimientos y experiencia para determinar qué es exactamente lo que falla y cómo mejorarlo.

2) No poseo ningún tipo de contacto con el mundo guionístico, ni por asomo tengo acceso a la “pomada” y más aún, vivo en un pueblo, lo cual dificulta remotas posibilidades de conocer a tal o a cuál. Ya sé que los contactos no sirven de nada si no hay materia prima, pero si la hay, ¡qué valiosos son!

En definitiva, me estoy planteando dejarlo todo y ponerme a estudiar guión en una escuela o máster, como he dicho, para adquirir conocimientos (callo y oficio), y para hacer contactos. Y he aquí mi cuestión: ¿es muy tarde para mí? Partiendo del supuesto de que yo realmente sea buena guionista, o que pueda llegar a serlo, ¿tendré posibilidades de que me contraten en algún lado o me tirarán el currículum a la cara por considerarme demasiado “vieja”?

Me preocupa mucho este asunto ya que una cosa sería no encontrar trabajo como guionista por no ser lo suficientemente buena, y otra muy distinta, no encontrarlo por no encajar en el perfil de guionista junior (porque deduzco que es el puesto al que puedes optar al acabar los estudios, si tienes suerte, y me imagino que será tras las obligadas prácticas).

Amigos Bloguionistas, ¿debo tener esperanzas? ¿La edad es determinante para comenzar en este oficio?

Muchas gracias por vuestra atención.

PD: En el caso de que la carta se llegara a publicar, me gustaría permanecer en el anonimato, más que nada, no vaya a ser que en mi trabajo se enteren que me estoy planteando dejarlo… ¡Estaría un poco feo por mi parte que se enteraran así!

——————————————–

Estimada futura compañera:

No creo que la edad sea excluyente para comenzar una carrera de guionista.

Sobre todo porque es un trabajo mental. Y para eso, siempre y cuando no estés aquejado de demencia senil, no hay edad.

Tampoco se requiere un cuerpo joven ni flexible.

Por el momento no se requiere ninguna característica física específica. Aunque siempre es práctico estar dotada de unas buenas posaderas que te ayuden a sobrellevar largas jornadas clavada en una silla y sin apartar la vista del ordenador.

En serio: Los que vayan a contratarte valorarán la originalidad de las tramas, la solidez de los personajes, la agilidad que tengas para crear situaciones o idear soluciones, la habilidad de la estructura, lo bien que encajes en un equipo o el compromiso que tengas para entregar el trabajo necesario en el momento requerido.

Lo demás es secundario. Al menos así lo veo desde mi experiencia.

Normalmente, y más si no tienes experiencia laboral, se accede a un puesto de guionista a través de una prueba.

Y en esa prueba es muy probable que quede patente tu falta de oficio pero también quedará reflejado tu presunto talento y tus habilidades.

Puede ser que, si el coordinador duda entre varias pruebas, sea determinante la experiencia laboral de los candidatos.

Puede ser que no quieran contratar a nadie sin experiencia previa en un tipo de formato específico.

Pero también puedes encontrarte con un equipo que necesite un integrante más de refuerzo y decidan contratarte como “junior” o becaria o guionista de plató o algo por el estilo.

No sé si el callo que notas que te falta podrás adquirirlo en algún curso o máster.

Creo que es como en cualquier otro oficio: hasta que no te pones a trabajar no pillas callo. Sólo entonces podrás congratularte de sentirte más segura en tu oficio, pero en ningún caso tendrás garantías de poder encadenar un trabajo con otro. Eso es más cuestión de suerte.

Yo sigo teniendo la sensación de que aunque acumules cuatro o cinco líneas de experiencia (y poniéndome pesimista, hasta un goya) en tu currículo, vuelves a empezar de cero cuando sales a buscar trabajo.

Porque igualmente van a hacerte una prueba y van a tratar de pagarte lo menos posible en la mayoría de las ocasiones.

La del guionista es una carrera de fondo. La capacidad de trabajo y la resistencia son tan importantes como estar en el lugar preciso y en el momento exacto para enterarte de las pruebas que te interesen y currártelas al máximo.

En esta carrera, el trabajo duro y la experiencia otorgan beneficios a largo plazo en lo que a ofertas de empleo se refiere.

La combinación que planteas de máster + prácticas + guionista “junior” puede ser la más segura, pero no es la única. Y, si reviso mi entorno, ni siquiera es la mayoritaria.

Si me paro a pensar en cómo empezaron su carrera los colegas de profesión que conozco, sólo puedo concluir que hay miles de caminos para empezar a trabajar. Algunos muy curiosos.

Muchos se han incorporado al mundo del guión desde otros departamentos del audiovisual, como puedan ser producción o dirección. Algunos eran jóvenes cuando empezaron y otros no.

Otra gran cantidad de compañeros vienen del periodismo.

Yo misma estudié teatro y empecé a trabajar gracias a que unos guionistas, clientes del restaurante de mi hermano, me avisaron de un par de pruebas.

También hay compañeros que antes de ser guionistas (o durante) trabajaban como economistas, filólogos, profesores de instituto, informáticos o incluso buzos.

Éste es mi caso favorito, el de una compañera que era buzo especialista en un programa de televisión.

Tiempo después era azafata de vuelo y en uno de sus vuelos se reencontró con el director del programa donde trabajó como buzo especialista. Este director recordaba el interés de la buzo por el mundo del guión y, como en ese momento estaba buscando guionistas para una serie, le envió una prueba.

Y así, sumando a esta oportunidad su gran talento y su indispensable capacidad de trabajo, empezó una estupenda carrera de guionista. Y ahí sigue.

Ya ves: aquí, como en botica, hay un poco de todo.

Conozco gente que lleva toda la vida trabajando de guionista y que ahora no encuentra nada, y gente que acaba de empezar en esto y compaginan dos series.

Otros compañeros han conseguido su primer trabajo de guionista con más edad que tú. Y se da el caso que alguno de ellos se vio coordinando –y con gran profesionalidad- al equipo de guionistas de la serie en la que él mismo entró sin apenas experiencia, en menos de dos años.

Está claro que la experiencia te da cierta tranquilidad y cierto prestigio, pero la edad no va a ser excluyente. Como mucho lo tendrás más difícil, pero imposible no es.

Duro con ello.

Yo te recomiendo que te afilies al sindicato ALMA y estés pendiente de su página web. En el sindicato puedes contar con asesoramiento legal. Pero lo más atractivo es que organizan actividades y cursos (muchos de ellos gratuitos o con importantes descuentos) que vienen muy bien para ampliar formación y darte a conocer.

Conocer a gente del gremio no sólo es esencial para contar con contactos valiosísimos que puedan avisarte si se enteran de alguna prueba de guión. También te da la oportunidad de encontrarte con guionistas y aspirantes con los que emprender proyectos y ampliar tus conocimientos y habilidades.

En esta carrera puedes tirar por muchos caminos.

Yo, gracias a mis compañeros, he dado pasos y he emprendido proyectos que, de otra manera, no se me habrían pasado por la cabeza.

Al final, tener treinta años es tan irrelevante como tener el pelo ondulado. Al coordinador y a tus compañeros de equipo sólo les va a interesar que entregues buenos trabajos.

Hay diferentes perfiles y todos tienen su sitio. Acabarás encontrando el tuyo.

Por cierto, si te enteras de alguna prueba, avísame.

Mucho ánimo y mucha suerte.

(Publicado originalmente en Bloguionistas el 11 de noviembre de 2010)



“SI PESTAÑEAS, TE LO PIERDES”

9 diciembre, 2010

por Mercedes Rodrigo.


A riesgo de resultar pesada, me dejo llevar por el entusiasmo y abordo un tema recurrente en Bloguionistas: El Taller de Thriller que tuvo lugar en la Academia de las Artes y Ciencias Cinematográficas de España.

Si, compañeros, yo también fui. Y os aseguro que mereció la pena. Entre otras cosas, por poder asistir a la Clase Magistral que nos regaló Enrique Urbizu.

Y es que hacía mucho tiempo que no quedaba tan conmovida por un discurso sobre guión, cuajado de perlas que siguen brillando en mi cabeza como flechas de neón. Tan útiles para indicar el camino y solucionar los múltiples problemas que surgen en el guión que escribo, que es precisamente un thriller.

Urbizu trató muchos temas en su charla, desde la importancia que tiene el MacGuffin en sus películas, hasta la atmósfera cautivadora de hollín y óxido del Bilbao de los ochenta. Pero me llamó especialmente la atención esta pregunta que lanzó al aire: “¿Hasta qué punto complaces al espectador?”

Por supuesto que él tiene muy clara la respuesta y, si bien trató el tema en el ámbito del thriller, se puede aplicar a todos los géneros.

Hablo de cine, claro. De una película pensada para proyectarse en una sala oscura o, al menos, para ser vista con toda la atención. Una atención que cada vez es más difícil exigir al espectador de nuestro tiempo, y no necesariamente porque éste sea responsable.

Esa atención sale de manera natural cuando se acude a una sala de cine. El lugar proporciona la atmósfera, el resto ya es mérito de la película. El cine pide silencio y concentración, a cambio proporciona evasión, conmoción y, en ocasiones, reflexión.

La tele puede proporcionar lo mismo pero con menos intensidad. Se presta más a originar opiniones inmediatas, comentarios, conversaciones. Está integrada en la escenografía de nuestra propia casa, con la luz cotidiana que acompaña nuestro día a día, bajo el dictado del zapping y el despiste del consumidor.

En el lenguaje televisivo estamos más que acostumbrados a complacer al espectador.

Yo, que acumulo la mayor parte de mi experiencia escribiendo series diarias, tengo una tendencia casi patológica  a dejarlo todo claro.

Y no es que subestime la inteligencia del espectador (que es la mía propia) sino que cuento con su falta de concentración  y trato de ponérselo lo más fácil posible.

Porque el objetivo, es que el espectador vea el mayor número de capítulos posibles, ya sea niño, anciano, o adolescente. Se trata de que, si se pierde un par de capítulos, pueda seguir la trama sin problemas.

Por eso, si una trama se basa en la confusión que ocasiona que un personaje confunda un maletín con otro idéntico, ha de hacerse un plano detalle de esos maletines e incluso verbalizar la coincidencia, dejando claro al espectador que eso será la clave de la confusión y de un futuro conflicto.

Godard definió estas diferencias entre la pantalla de televisión y la de cine de manera muy gráfica: “En un cine, el espectador levanta los ojos para ver la pantalla; cuando ve la televisión, los baja…”

Vivimos en la época de La Pantalla Global. Encontramos pantallas allá donde se posa nuestra mirada: pantallas en el metro, en el aeropuerto, en nuestros móviles, en los bares, en el ordenador.

Es la imagen la que nos busca y no al revés.

Se nos ofrece constantemente un exceso de imágenes que apelan a la estimulación sensorial, en busca de ser rápidamente “elegidas” por el espectador.

Parece que, ante tanta proliferación de pantallas y canales, los lenguajes publicitarios, televisivos y cinematográficos se mezclan y confunden.

Asimismo, el espectador es más sabio que nunca y conoce perfectamente los resortes visuales, por eso no le vale cualquier cosa.

Por eso existen series como “Lost” o “The Wire”, donde apenas se verbaliza la acción y las incógnitas se resuelven sin previo aviso ni posterior resumen. Como te descuides, ni te enteras, y te lo tienen que contar.

Más de un seguidor de estas series tendrá que reconocer que, para mayor disfrute del capítulo, apaga la luz de su cuarto y no atiende ni las llamadas de teléfono.

Es tele que consumimos con la atención y la avidez con la que consumimos cine.

Pese a todo, siempre surge la eterna duda sobre si facilitar o no al espectador el seguimiento de la trama.

El tema de complacer o no al espectador se vuelve más complejo cuando, en España, la mayor parte de cine está producida con dinero de las televisiones, y los productores que vayan a trabajar con directores y guionistas, obviamente, van a buscar la rentabilidad del producto.

Porque bien lo dijo Urbizu: “El productor siempre va a tratar de hacer un cine confortable para el espectador.”

El director, que ahora vive inmerso en la postproducción de su última película “No habrá paz para los malvados”, nos explicaba así una diferencia de opiniones entre él y sus productores.

Urbizu plantea un plano general en el que el protagonista baja a un sótano donde se encuentra un objeto indispensable para la trama pero en el que el protagonista no se fija especialmente.

El director cree que si el personaje no ve nada especial en el objeto, el espectador tampoco tiene que verlo.

El productor, en cambio, piensa que el espectador agradecerá un plano detalle del objeto en cuestión, una pista más que evidente de que ese objeto juega un papel importante en la trama.

Tal vez exista algo de miedo a que el espectador se sienta perdido en la trama y se frustre pero, en mi opinión, la intención del director es la correcta, sabe lo que hace.

Sólo trata de respetar el punto de vista del personaje sin hacer concesiones al espectador.

Así obliga al espectador a releer la imagen cinematográfica, exigiéndole toda la atención que requiere esa película que ha sido pensada al milímetro (no en vano Urbizu ha rodado su última película en formato panorámico, ofreciendo al espectador mucho fotograma para ver, buscar y deleitarse).

Es la única manera de disfrutar de la complejidad de la trama, de las rimas de imágenes que se suceden y que pasarían desapercibidas si no se le prestara al conjunto toda la atención que merece.

“Si pestañeas, te lo pierdes”.

La intención es que la historia no termine cuando acaba la película, sino que vaya más allá. Así se reta al espectador a una mirada diferente: la propia.

Y Urbizu lo hace porque ésas son las películas que le gustan a él.

También son las películas que me gustan a mí.

Es un valor añadido para una película que el espectador salga de la sala haciéndose mil preguntas y conjeturas sobre lo que acaba de ver, pese al riesgo que existe de que algún espectador se pierda y termine frustrado.

Tenemos un ejemplo claro en la película “Inception”, en la que el espectador está mucho tiempo desconcertado, sin saber qué está sucediendo exactamente, pero con toda la atención puesta en los detalles, releyendo la imagen cinematográfica constantemente en busca de pistas.

Por eso, cuando Urbizu contó que no rodó ni uno solo de los insertos que se habían incluido en el guión, os juro que el corazón me dio un vuelco.

Una actitud tan valiente no puede sino merecer mi más sincera admiración.

Respeta el punto de vista de los personajes y, al hacerlo, está respetando la inteligencia del espectador, tratándolo como a él le gusta ser tratado.

Después de un discurso tan inspirador lo primero que hice fue ver de nuevo “La Caja 507” y comprobé en cada plano lo consecuente de sus palabras.

Así que, como él mismo reflexionó, tal vez tenga que esperar mucho tiempo para rodar una película y tal vez éstas no consigan la rentabilidad económica esperada.

Pero de lo que no me cabe ninguna duda es que alcanzan con creces el objetivo, tanto temático como visual, que se propuso como director: “Acabar con la mirada inocente del espectador”.


CONSULTORIO: ¿SOY DEMASIADO VIEJA PARA EMPEZAR?

11 noviembre, 2010

por Mercedes Rodrigo.

——————————————–

Estimados amigos de Bloguionistas:

Me dirijo a vosotros con una consulta muy concreta que espero sea de interés general. Tengo 31 años y desde siempre he querido dedicarme al guión pero por unos motivos u otros nunca he podido. Podría decirse que es mi vocación, ya que llevo escribiendo desde pequeña y lo hago prácticamente a diario, con toda la pasión y entusiasmo del mundo. La cuestión es que mañana mismo dejaría mi trabajo (que no tiene nada que ver con el guión ni con el audiovisual) y me dedicaría a buscarme la vida como guionista, pero encuentro dos problemas:

1) Pese a que escribo mucho, soy consciente de que me falta oficio. He sido autodidacta en lo que a guión se refiere y yo misma soy muy crítica con mis guiones: sé que puedo dar más de mí misma, pero siento que me hace falta una guía, un tutor, que me ayude a mejorar. No sé si habré sobrepasado ya las 1000 páginas, pero cerca debo estar. Y también sé que mala guionista no soy (considero que tengo mucha imaginación y un criterio acertado), pero todavía me queda trabajo por hacer para sentir que puedo optar a un puesto como guionista de ficción. Es decir, en los guiones que escribo veo que hay un buenos puntos de partida, que tengo claros los giros, la estructura, todo en definitiva, pero sé que hay cosas que no funcionan, y me faltan conocimientos y experiencia para determinar qué es exactamente lo que falla y cómo mejorarlo.

2) No poseo ningún tipo de contacto con el mundo guionístico, ni por asomo tengo acceso a la “pomada” y más aún, vivo en un pueblo, lo cual dificulta remotas posibilidades de conocer a tal o a cuál. Ya sé que los contactos no sirven de nada si no hay materia prima, pero si la hay, ¡qué valiosos son!

En definitiva, me estoy planteando dejarlo todo y ponerme a estudiar guión en una escuela o máster, como he dicho, para adquirir conocimientos (callo y oficio), y para hacer contactos. Y he aquí mi cuestión: ¿es muy tarde para mí? Partiendo del supuesto de que yo realmente sea buena guionista, o que pueda llegar a serlo, ¿tendré posibilidades de que me contraten en algún lado o me tirarán el currículum a la cara por considerarme demasiado “vieja”?

Me preocupa mucho este asunto ya que una cosa sería no encontrar trabajo como guionista por no ser lo suficientemente buena, y otra muy distinta, no encontrarlo por no encajar en el perfil de guionista junior (porque deduzco que es el puesto al que puedes optar al acabar los estudios, si tienes suerte, y me imagino que será tras las obligadas prácticas).

Amigos Bloguionistas, ¿debo tener esperanzas? ¿La edad es determinante para comenzar en este oficio?

Muchas gracias por vuestra atención.

PD: En el caso de que la carta se llegara a publicar, me gustaría permanecer en el anonimato, más que nada, no vaya a ser que en mi trabajo se enteren que me estoy planteando dejarlo… ¡Estaría un poco feo por mi parte que se enteraran así!

——————————————–

Estimada futura compañera:

No creo que la edad sea excluyente para comenzar una carrera de guionista.

Sobre todo porque es un trabajo mental. Y para eso, siempre y cuando no estés aquejado de demencia senil, no hay edad.

Tampoco se requiere un cuerpo joven ni flexible.

Por el momento no se requiere ninguna característica física específica. Aunque siempre es práctico estar dotada de unas buenas posaderas que te ayuden a sobrellevar largas jornadas clavada en una silla y sin apartar la vista del ordenador.

En serio: Los que vayan a contratarte valorarán la originalidad de las tramas, la solidez de los personajes, la agilidad que tengas para crear situaciones o idear soluciones, la habilidad de la estructura, lo bien que encajes en un equipo o el compromiso que tengas para entregar el trabajo necesario en el momento requerido.

Lo demás es secundario. Al menos así lo veo desde mi experiencia.

Normalmente, y más si no tienes experiencia laboral, se accede a un puesto de guionista a través de una prueba.

Y en esa prueba es muy probable que quede patente tu falta de oficio pero también quedará reflejado tu presunto talento y tus habilidades.

Puede ser que, si el coordinador duda entre varias pruebas, sea determinante la experiencia laboral de los candidatos.

Puede ser que no quieran contratar a nadie sin experiencia previa en un tipo de formato específico.

Pero también puedes encontrarte con un equipo que necesite un integrante más de refuerzo y decidan contratarte como “junior” o becaria o guionista de plató o algo por el estilo.

No sé si el callo que notas que te falta podrás adquirirlo en algún curso o máster.

Creo que es como en cualquier otro oficio: hasta que no te pones a trabajar no pillas callo. Sólo entonces podrás congratularte de sentirte más segura en tu oficio, pero en ningún caso tendrás garantías de poder encadenar un trabajo con otro. Eso es más cuestión de suerte.

Yo sigo teniendo la sensación de que aunque acumules cuatro o cinco líneas de experiencia (y poniéndome pesimista, hasta un goya) en tu currículo, vuelves a empezar de cero cuando sales a buscar trabajo.

Porque igualmente van a hacerte una prueba y van a tratar de pagarte lo menos posible en la mayoría de las ocasiones.

La del guionista es una carrera de fondo. La capacidad de trabajo y la resistencia son tan importantes como estar en el lugar preciso y en el momento exacto para enterarte de las pruebas que te interesen y currártelas al máximo.

En esta carrera, el trabajo duro y la experiencia otorgan beneficios a largo plazo en lo que a ofertas de empleo se refiere.

La combinación que planteas de máster + prácticas + guionista “junior” puede ser la más segura, pero no es la única. Y, si reviso mi entorno, ni siquiera es la mayoritaria.

Si me paro a pensar en cómo empezaron su carrera los colegas de profesión que conozco, sólo puedo concluir que hay miles de caminos para empezar a trabajar. Algunos muy curiosos.

Muchos se han incorporado al mundo del guión desde otros departamentos del audiovisual, como puedan ser producción o dirección. Algunos eran jóvenes cuando empezaron y otros no.

Otra gran cantidad de compañeros vienen del periodismo.

Yo misma estudié teatro y empecé a trabajar gracias a que unos guionistas, clientes del restaurante de mi hermano, me avisaron de un par de pruebas.

También hay compañeros que antes de ser guionistas (o durante) trabajaban como economistas, filólogos, profesores de instituto, informáticos o incluso buzos.

Éste es mi caso favorito, el de una compañera que era buzo especialista en un programa de televisión.

Tiempo después era azafata de vuelo y en uno de sus vuelos se reencontró con el director del programa donde trabajó como buzo especialista. Este director recordaba el interés de la buzo por el mundo del guión y, como en ese momento estaba buscando guionistas para una serie, le envió una prueba.

Y así, sumando a esta oportunidad su gran talento y su indispensable capacidad de trabajo, empezó una estupenda carrera de guionista. Y ahí sigue.

Ya ves: aquí, como en botica, hay un poco de todo.

Conozco gente que lleva toda la vida trabajando de guionista y que ahora no encuentra nada, y gente que acaba de empezar en esto y compaginan dos series.

Otros compañeros han conseguido su primer trabajo de guionista con más edad que tú. Y se da el caso que alguno de ellos se vio coordinando –y con gran profesionalidad- al equipo de guionistas de la serie en la que él mismo entró sin apenas experiencia, en menos de dos años.

Está claro que la experiencia te da cierta tranquilidad y cierto prestigio, pero la edad no va a ser excluyente. Como mucho lo tendrás más difícil, pero imposible no es.

Duro con ello.

Yo te recomiendo que te afilies al sindicato ALMA y estés pendiente de su página web. En el sindicato puedes contar con asesoramiento legal. Pero lo más atractivo es que organizan actividades y cursos (muchos de ellos gratuitos o con importantes descuentos) que vienen muy bien para ampliar formación y darte a conocer.

Conocer a gente del gremio no sólo es esencial para contar con contactos valiosísimos que puedan avisarte si se enteran de alguna prueba de guión. También te da la oportunidad de encontrarte con guionistas y aspirantes con los que emprender proyectos y ampliar tus conocimientos y habilidades.

En esta carrera puedes tirar por muchos caminos.

Yo, gracias a mis compañeros, he dado pasos y he emprendido proyectos que, de otra manera, no se me habrían pasado por la cabeza.

Al final, tener treinta años es tan irrelevante como tener el pelo ondulado. Al coordinador y a tus compañeros de equipo sólo les va a interesar que entregues buenos trabajos.

Hay diferentes perfiles y todos tienen su sitio. Acabarás encontrando el tuyo.

Por cierto, si te enteras de alguna prueba, avísame.

Mucho ánimo y mucha suerte.


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