ENTREVISTA A ESTÍBALIZ BURGALETA, COORDINADORA DE GUIÓN DE “SKAM”

23 abril, 2019

por Ángela Armero.
Skam-EspanÞa

Estíbaliz Burgaleta es guionista (Skam España, Las Chicas del Cable, Tiempos de Guerra, Seis hermanas, Velvet), novelista (El ganador se lo lleva todo, Loser), directora de cortos (Bichos raros, Mañana, la Leonera), creadora de webseries (Cataclismo), y profesora de guión, (estudios Gona de Oviedo, Máster de guión de series de ficción en la Ecam). Tan prolífica como versátil, en su carrera ha alternado el melodrama con la comedia, la ciencia ficción con las series juveniles, las series semanales con las diarias, y las páginas de guion con las de literatura; por si fuera poco, escribe su blog “Bichos raros”. Estudió Comunicación Audiovisual en Navarra y Guión en la Ecam. Actualmente coordina la adaptación española de la serie noruega SKAM, que produce Zeppelin y emite Movistar. Hemos aprovechado para hablar de la adaptación de la serie y de paso, intentar averiguar cómo poder hacer tantas cosas y tan bien.

Estíbaliz, en tu trayectoria has hecho muchísimas cosas: guiones de televisión, cortos que has escrito y dirigido, la web serie Cataclismo, recientemente has publicado dos novelas, también das clase… ¿Es una forma de entender el trabajo?

Más bien es una forma de no aburrirse, de ir probando tareas nuevas, de llenar el tiempo cuando estás “entre proyectos” (vamos, en el paro), también de ir aprendiendo. Por ejemplo, al hacer cortos aprendes cuántas cosas se pueden torcer en el proceso de plasmar un guión en imágenes. Y escribir novelas me sirve para hacer lo que me viene en gana, sin tener que obedecer ni a las notas de cadena, ni a las de coordinación, ni a los problemas de agenda de los actores, ni a nada de nada. En realidad cada trabajo es producto de un momento determinado porque ahora mismo no volvería a dirigir cortos ni loca. Aunque vete a saber, nunca digas nunca.

Ahora se ha estrenado la segunda temporada de Skam, cuya primera temporada también coordinaste. ¿Cuál fue el mayor reto que se te presentó de arranque, y cual en la segunda temporada?

Siempre que arrancas una serie hay una sensación de empezar de cero. En el caso de Skam, además, éramos un equipo que no nos conocíamos de antes y, al tratarse de una adaptación, había que decidir hasta qué punto íbamos a ser fieles al original de Noruega, qué aspectos ibamos a mantener y cuáles no. Decidimos que no podíamos copiar el Skam noruego plano a plano, y menos cuando otras adaptaciones estaban siendo tan fieles, veíamos que no tenía sentido volver a ofrecer más de lo mismo. El reto en la primera temporada consistió en no decepcionar a los fans de Skam Noruega, ser fieles al tono de la original y tratar los mismos temas: el acoso, la pérdida de tus amigos de infancia, la soledad y las ganas de pertenecer a un grupo… pero aportando giros nuevos que sorprendieran a los seguidores de la serie original.

El rumbo de la segunda temporada de Skam España difiere de la original. ¿Qué os impulsó a tomar esta decisión?

Además de porque desde el principio teníamos claro que no tenía sentido ofrecer un calco del original, también vimos que había un deseo, por parte del público adolescente, de ver una historia de amor romántica, icónica, pero protagonizada por dos chicas. En el audiovisual español hay muchas historias que reflejan el proceso de salida del armario de chicos, pero echábamos en falta algo similar con una adolescente, que sirviera como referente a todas las jóvenes que están en proceso de búsqueda de sí mismas y necesitan verse representadas en pantalla.

¿Qué diferencias notas entre una serie como esta, tan pegada a la actualidad, a su público y al consumo en Internet, respecto a otras apuestas más clásicas, como por ejemplo, “Tiempos de guerra”, en la que también participaste?

Skam es muy diferente a otras series, ya desde su concepto y su formato. Puede verse como una serie normal, por capítulos y semanalmente en Movistar, pero también puede seguirse en la web en tiempo real y con más información, como los chats de los personajes o las fotos que suben a sus redes. Eso implica una manera de trabajar diferente, hasta el propio formato de los guiones es distinto, porque incluimos las comunicaciones vía whatsapp o instagram de los personajes. Dicho esto, creo que al final cada serie tiene sus reglas, por eso esa sensación que te comentaba antes de volver a empezar cada vez que entras en un proyecto nuevo. En el caso de Tiempos de guerra, nos sumergimos en la guerra de Marruecos e intentamos documentarnos no solo sobre la época en sí, también sobre medicina, estrategia militar…

¿Cómo haces para captar el tono de los diálogos de la chavalada? Y en general, para reflejar de modo fidedigno a los adolescentes?

Ése es otro de los puntos en los que Skam difiere de otras series en las que he trabajado. Nunca en la vida había ido a ensayos con los actores y en esta serie he podido y es divertidísimo. Eso nos ayuda en el proceso de reflejar su manera de hablar. Además, los directores de la serie se esfuerzan para que los actores hagan suyo el guión e introduzcan las expresiones que les resulten más naturales durante la grabación. Al final es contagioso, y todo el equipo ha acabado diciendo cosas como “me renta mazo, tío”. A mí, personalmente, me encanta la expresión “stalkear” y ya la uso todos los días (es cuando rastreas a alguien por internet para averiguar todo lo que puedas sobre esa persona, sin que se entere, claro). A todo esto hay que añadir que antes de escribir la serie se hizo un trabajo de campo con psicólogos, que entrevistaron a adolescentes de entre 15 y 20 años para conocer sus preocupaciones, sus gustos, manera de ver la vida. De nuevo, esto es algo que no había hecho nunca en ningún otro proyecto, y nos ayudó muchísimo.

¿Crees que les preocupan ahora las mismas cosas que nos preocupaban a nosotras en nuestra generación?

Rotundamente sí. Les preocupan las notas, las opiniones de los demás, qué van a hacer en el futuro, su aspecto físico, encajar. La palabra que más repetían en las entrevistas con los psicólogos era “agobio”. Son conscientes de que viven una época crucial en la que deben tomar grandes decisiones y la mayoría se sienten perdidos. Lo que más cambia en esta generación respecto a la nuestra es la tecnología. El teléfono móvil, las redes sociales e internet forman parte de su día a día y se nota. Pero creo que mi generación, si hubiera contado con la teconología de ahora, se habría comportado igual que ellos en su obsesión por la imagen, por ejemplo, o con el control y el “stalkeo”. Luego hay otros detalles como la moda o la música que cambian y claramente a peor. Porque, vamos a ver, ¿era necesario que volviera la riñonera? El trap también es una cosa que se me escapa y me hace sentir una señora mayor. Con lo que molaba el grunge.

¿Qué opinas del momento actual de las series, del boom? ¿Crees que se trata de una burbuja o de una progresión que va a continuar?

Siento ser un poco ceniza, pero me da la sensación de que es una burbuja. Al final, el número de espectadores es el que es, y el presupuesto para producir no es infinito. Pero ojalá me equivoque y esto dure mucho, mucho tiempo. Por si las moscas, recomendaría a todos los guionistas que fueran ahorrando.

También has trabajado mucho en series diarias en tareas de coordinación y escritura, como SMS, Ciega a Citas o Seis Hermanas. ¿Qué es lo que más te ha aportado de ellas?

Se aprende muchísimo en una serie diaria, adquieres una capacidad de trabajo y unos reflejos brutales. El equipo de diálogo tiene que sacar cinco o seis guiones a la semana el de escaleta cinco o seis escaletas. Todo el equipo funciona como una cadena de montaje donde nunca, jamás, se puede parar, o no llegas a emisión. A mí, esa adrenalina me gusta. Además, precisamente porque los tiempos están tan ajustados, ves tu trabajo en pantalla rápidamente y con menos cambios que cuando formas parte de una serie semanal donde los plazos se alargan, y hay tantas versiones de guión que al final lo que se ve en emisión tiene muy poco que ver con lo que has escrito.

Sin contar Skam, ¿cuál es la serie que más has disfrutado o aprendido escribiendo?

Me lo paso muy bien escribiendo Las chicas del cable, porque es una serie donde cabe de todo: intriga, romance, melodrama y hasta algo de humor. Disfruté muchísimo en Ciega a citas porque hicimos algunas tramas muy locas, el tono de la serie nos permitía hasta ponernos surrealistas y eso siempre es muy agradecido. Con Seis hermanas y Tiempos de guerra me sumergí en los principios del siglo XX y, como me encanta la historia, me encantó poder documentarme.

Y por último, ¿qué opinas de la representación femenina en las series? 

Creo que aún queda mucho camino que andar en lo que a representación femenina se trata. Echo en falta a más mujeres y, desde luego, a mujeres mayores y a mujeres gordas, rematadamente feas o del montón. Estoy un poco harta de tanta menor de 30 años enseñando cacho sin venir a cuento. Hasta en “Love, death and robots”, que es de animación, tienen su buena dosis chicas en tetas. Creo que esto se debe tanto a que todavía hay muchos más hombres en los equipos de las series como a que la mirada que predomina sigue siendo masculina. En cuanto a la temática “femenina” es más una marca para ayudar a vender un producto que algo real. Yo me he encontrado trabajando en alguna serie de temática teóricamente femenina (melodrama romántico, con protagonistas femeninas) siendo la única guionista mujer. No habrá cambios reales en el audiovisual hasta que haya más igualdad en los equipos y aún es muy normal leer los títulos de crédito de una serie o una película y encontrarte que son un auténtico campo de nabos.

La web de Skam España
El Blog Bichos Raros
Twitter de Estíbaliz Burgaleta
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“EL CHISTE PERFECTO ES POESÍA”

17 abril, 2019

Por Àlvar López y Carlos Muñoz Gadea. Fotografías de Tato Baeza.

Para Roger Drew, (Reino Unido, 1971) la buena comedia no tiene nada que envidiar al mejor de los dramas: no cree que dicho género sea superior ni en lo que se refiere a la construcción y profundidad de sus personajes, ni en la complejidad de sus tramas ni en la capacidad para establecer una critica sobre la realidad que nos rodea.

Aunque la comedia, eso sí, suele ser más divertida.

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Drew habla con conocimiento de causa. En sus más de 25 años de experiencia en la industria, ha escrito innumerables monólogos, sketches y capítulos de series de comedia y sátira política tan ilustres como The Thick of It o Veep, serie por la que incluso ganó un Emmy.

Gracias a EDAV, a la Fundación SGAE y a Lab de Series, el nuevo festival de series que acaba de celebrar su primera edición en Valencia, todo aquel que quiso pudo acercarse a una larga y completa Masterclass del guionista impartida de manera completamente gratuita. Todo un lujo.

Drew estructuró su charla en dos grandes bloques. El primero de ellos estuvo dedicado a reflexionar sobre el oficio del guionista. Para él, nuestro trabajo se sustenta en siete pilares. Pilares que, a su parecer, no siempre se enseñan en las escuelas. “Hay algo que solo se aprende trabajando”.

Según Drew, todo nace a partir de las ideas que tenemos. Ahora bien, ¿cómo saber si una idea es buena?

A su juicio, cualquier guionista con algo de callo puede tener dos ideas buenas por semana. Quizá, reflexiona, solo las que permanecen en nuestra cabeza más de 1 mes son aquellas a las que vale la pena dedicarle más tiempo.

Tras superar este filtro, su sugerencia es ir a Google para ver si alguien más está escribiendo sobre ello. A diferencia de lo que podemos pensar, Drew explicó que si no encontramos a nadie más interesado en esa idea, lo más probable es que no sea buena.

Si no hay al menos otros tres guionistas desarrollando la misma historia en Hollywood, probablemente es que estás escribiendo la historia equivocada“. La frase no es suya, se apresura a decir. No recuerda el autor, pero es lo de menos. La cita cumplió su función.

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Tras la idea, viene la historia. Para él, toda buena historia tiene en su ADN un giro irónico, una contradicción. El conflicto, apuntó, está precisamente en las buenas contradicciones.

Sobre las historias también destacó la importancia de compartirlas con cuanta más gente mejor, oponiéndose así a la idea del guionista que guarda con recelo sus ideas. “Las ideas no tienen copyright”, expresa, por lo que es muy interesante ver la reacción de la gente cuando escucha lo que tenemos que contarles.

Para acabar, destacó que, a su juicio, “la verdad psicológica del personaje siempre es más interesante que la verdad factual”. Es decir: como guionistas debemos conectar con las emociones por encima de respetar al 100% la historia en la que se inspira. “Si no eres fiel a los hechos, quizá puede molestarle a alguien que se viera envuelto en ellos, pero poco más”. Como ejemplo de ello, Drew expuso que incluso de una historia tan clara como el Titanic (básicamente, un barco que se hunde) pueden hacerse diferentes películas a nivel de trama, pero las emociones que resuenan de fondo son muy similares en todas ellas.

Localizada la emoción que queremos transmitir, viene, a su juicio, la parte más complicada: construir la trama. “Es como hacer un cubo de Rubbik montado en una montaña rusa”, ironiza al respecto. Drew resultó ser un gran defensor del modelo del Beat Sheet de Snyder. En su opinión, la “plantilla” que Snyder propuso en Save The Cat sigue muy vigente a día de hoy, y puede ayudarnos mucho para construir nuestras historias. Es más: para él, Hollywood entero está basado en las ideas de Snyder. “Todos lo odian, pero, a escondidas, todos lo usan”, a lo que añadió que “si quieres hacerte rico, el modelo de Snyder es un buen camino para lograrlo”.

Drew también lanzó una interesante reflexión sobre cómo gran parte de la teoría del guión puede aplicarse actualmente a las series. Para él, las series se basan cada vez menos en una trama episódica, lo que permite construir grandes y complejos arcos de transformación. Como ejemplo, citó la que, quizá, es la serie más seguida del momento: “Juego de Tronos no es más que una aplicación de Snyder a un modelo de una extensión masiva.”

Llegó el turno de hablar sobre los personajes. La base, la de siempre: debemos pensar qué quieren nuestros personajes, qué quieren realmente y, cómo no, qué les detiene para conseguirlo. Estas tres preguntas deben entrar en contradicción, con tal de conseguir personajes con conflictos ricos e interesantes.

Un ejemplo: Drew reflexionó sobre cómo Joey (Friends) es un personaje encantador, pero a su vez es estúpido y se comporta como un depredador sexual. Por ello, Drew cree que Joey es un gran ejemplo de contradicción interna que, además, consigue respetar cierta lógica y coherencia para que el personaje no se desmorone y entre en el terreno de lo poco creíble.

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Drew también destacó que, en su opinión, los personajes cómicos siempre son más divertidos de construir que los dramáticos, puesto que los primeros suelen tener más profundidad y riqueza. Como ejemplo, puso a dos personajes similares pero de perfil opuesto. Por un lado, habló del Capitán Alatriste (del que se declaró fan) y expuso cómo se trata de un héroe, siempre correcto, siempre en la búsqueda de un ideal. Y, quizá, por ello, un personaje aburrido, que apunta siempre en la misma dirección y objetivo. Por otro, citó a Flashman, la versión británica de un coronel de la etapa del imperialismo británico. Flashman, a diferencia de Alatriste, es un cobarde, un desleal. Una persona horrible, en definitiva. Ahí está la contradicción. Y la comedia.

En lo que sí que está de acuerdo es en que tanto los personajes cómicos como los dramáticos ayudan al guionista a reflexionar sobre el mundo en el que sucede su historia y las reglas por las que se rige, por lo que siempre es buena idea construir en base a nuestros personajes.

El tono también está estrechamente relacionado con las reglas del universo sobre el que escribimos. Como ejemplo, contó la divertida anécdota de un momento de su vida en la que estaba escribiendo para HBO a la vez que guionizaba un programa infantil. Su cabeza no fue capaz de recordar la importancia del cambio de registro entre ambos formatos, por lo que lo despidieron del programa infantil con un duro mensaje: “estás mentalmente enfermo”. Conclusión: nunca debemos perder de vista el tono de la historia que estamos escribiendo.

Antes de acabar este apartado, reflexionó sobre la herramienta que, a su juicio, es imprescindible conocer para manejar el tono y registro de la historia. “Si os tenéis que quedar con algo de la charla de hoy, que sea con esto”, sentenció.

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Dibujo realizado por Scott Kolbo.

La herramienta en cuestión es el Triángulo Realista, de Scott McCloud. Drew aplicó los principios del triángulo a la escritura del guión. La explicación fue compleja, pero, en un intento de sintetizar, podríamos decir que en la punta superior del triángulo se encuentra la Realidad Borrosa (The Picture Plane). En ficción, dicha realidad correspondería con la ruptura de la cuarta pared, elemento que, para Drew, “es mucho menos original de lo que muchos guionistas pueden pensar”. A la izquierda del triángulo se encuentra la Realidad. “Se trata de la realidad aburrida. No hay que contar las cosas tal y como son, puesto que ese no es el trabajo del guionista“.

Para acabar, a la derecha se encuentra la Realidad Simplificada (The Word “Face”). Este es el elemento que le interesa a Drew. El buen guionista, para él, es aquel que consigue transformar y simplificar la realidad a un código comprensivo, interesante y lógico en términos audiovisuales. Es ahí donde podemos comunicar y contar nuestra historia. Aunque, eso sí, lanzó un claro mensaje. “No debemos abusar de la comunicación, ni soltar discursos que sobreexpliquen nuestra historia. Como dijo Glodwyn: si quieres enviar un mensaje, utiliza Western Union”.

Acto seguido, Drew se lanzó a reflexionar sobre las escenas. “Su escritura siempre debería ser igual a la de un partido de tenis”, contó, en referencia a la importancia de que el espectador nunca sepa quién gana y quién pierde conforme avanza el guión. “Nunca debemos estar de acuerdo al 100% con un personaje”, expuso, mientras recordaba varias “reglas”. Empezar tarde. Acabar pronto. Dejar lo más interesante para el final de la escena.

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Llegó el turno para hablar de los chistes. Su especialidad. “Llevo 25 años escribiendo chistes. De vez en cuando tengo suerte y escribo alguno bueno”.

Para él, el gran chiste es aquel que no cuenta con demasiados elementos, que no es demasiado complejo para evitar que sea claro y que no deja lugar a interpretaciones confusas. A su vez, contó que una buena forma de estructurarlos es pensar en 3 actos que siguen una norma básica: primero se utilizan dos ejemplos que marcan una pauta. El tercer elemento, contradice lo anterior.

De esa contradicción, justamente, nace el humor, lo que nos permite reflexionar que, para Drew, la contradicción es una de las bases del humor.

Drew lanzó una reflexión interesante sobre la construcción de los chistes, y expuso cómo Los Simpson estructuran sus chistes en una regla de cuatro. Dos ejemplos que marcan una pauta, un tercero que causa contradicción, y un cuarto que contradice a la contradicción.

Para acabar, Drew expuso que, para él, Seinfeld es una de las series que mejor ha sabido utilizar la teoría sobre la construcción de la buena comedia para avanzarse a las expectativas del espectador. “Siempre rompía los esquemas. Cuando pensabas que sabías por dónde iban, conseguían salir por otro lado. Sus chistes eran perfectos. Eran poesía”. Y de ahí, lanzó la bonita frase que quien aquí escribe ha decidido que era un buen titular. “El chiste perfecto es poesía”.

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No quiso dejar de hablar del oficio del guionista sin antes reflexionar sobre el punto que, para él, es el más importante: la reescritura. “Ningún primer borrador debería ser grabado jamás”. Irónicamente, expuso que una de sus escenas favoritas de The Thick Of It, y de las que más orgulloso está, se rodó precisamente en su primer borrador, lo que viene a recordarnos la importancia de reflexionar sobre que, al final, no hay regla que funcione siempre ni que podamos aplicar en todo momento.

Sobre la reescritura también aconsejó a los presentes la importancia de no tener compasión alguna con nuestro material. “La reescritura es el momento en el que matas a tus seres queridos”, aunque también aconsejó disfrutar del primer borrador. “Es un momento de tranquilidad que no va a repetirse”.

Con esto hacía referencia a la cantidad de opiniones que entran en juego a partir de que el guión empieza a pasar por los diferentes departamentos. “Las opiniones son como los ojetes, todo el mundo tiene una”, ironizaba, aunque también reconocía que hay que saber qué opiniones escuchar. “Hay mucho que aprender en las opiniones de los demás para saber cómo mejorar tu trabajo”. Eso sí, se declaró firme opositor de las notas contradictorias. Notas que, reconoció, le hicieron llorar cuando en una ocasión le tocó una dura reescritura en una sola noche con notas por parte del productor y del actor principal que eran completamente opuestas.

Drew quiso finalizar su Masterclass lanzando algunas reflexiones sobre el trabajo del guionista en el marco de la industria actual. Cómo no, tratándose de un guionista de comedia al que, literalmente, expuso que “nada le ofende”, utilizó toneladas y toneladas de ironía para hacer un análisis mordaz de la industria.

Es cierto que dejó claro que lo más seguro es que todos los trabajos funcionen igual, y que dentro de nuestra industria siempre hay excepciones, que por supuesto hay gente bellísima e inteligente, pero, tras las aclaraciones, expuso que, básicamente, lidiar con parte de la industria es lidiar con “idiotas, cobardes, irresponsables e inmaduros completamente incompetentes”. Cosa que puede ser complicada, sobre todo, como dijo, “si tú también eres un idiota”. Las risas fueron generalizadas.

Más allá del humor, Drew se puso serio y sí reflexionó sobre la importancia de la actitud de cada uno a la hora de afrontar los desafíos de la industria, y lo hizo con una interesante metáfora. “Ante el mal tiempo, el viento y la lluvia, puedes quedarte en tu casa pensando que eres una víctima más de la meteorología, o puedes ponerte un abrigo y salir a la calle.” Puede que Drew no dejara de ironizar sobre la industria, pero no cabe duda que al menos parte de su triunfo viene de haber sabido afrontar y superar las adversidades que, como en todo trabajo, siempre acaban surgiendo.

Por último, también reflexionó sobre que, a su juicio, es mejor escribir algo cool y que pueda recibir algún premio que no algo que sea muy taquillero pero que se considere de poca calidad. “Todo el mundo sabe que eso no es bueno. No sirve”. Ahí queda el debate.

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Que Drew es un hombre que se toma la vida con humor es algo que quedó más que patente a lo largo de las dos horas y media en las que estuvo hablando sobre la profesión del guionista. Que el humor es una herramienta que puede servir para quitarle hierro a lo que nos sucede, también.

En esta línea, a lo largo de la Masterclass Drew no tuvo problema en hablar con humor de las múltiples veces que ha sido despedido de varios de sus trabajos, ni tampoco de tomárselo, solamente, como lo que es: una parte más del trabajo del guionista.

Drew tampoco tuvo problema en sintetizar lo que ha aprendido tras tantos años de carrera. “El mejor guionista es aquel que consigue un equilibrio entre tener la confianza exacta en uno mismo y a su vez la sensibilidad necesaria para aceptar lo que digan los demás de él y de su trabajo. Demasiada confianza puede provocar un problema con el ego de cada uno. Demasiada sensibilidad, que no sobrevivas en la industria”.

Quizá, el punto medio entre confianza y sensibilidad nos lo puede dar, precisamente, el hecho de encajar lo que nos ocurre con algo de humor. Y, quizá también, es posible que todos podamos aprender algo sobre la filosofía con la que Drew afronta nuestro oficio desde hace ya 25 años.


“LA LOCA, LOCA HISTORIA DE BEN-HUR” ES LA LOCA, LOCA HISTORIA DE BEN-HUR

16 abril, 2019

por Sergio Granda

El título no engaña. Esto no es un épico drama de vocación cristiana con una grandilocuente trama de nudo en la garganta y puño entre los dientes. La loca, loca historia de Ben-Hur es, por increíble que suene, una alocada reinterpretación de, por asombroso que parezca, la historia clásica Ben-Hur. ¿Sorprendido? Sí, esto va de reír. ¿Lo consigue?

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Primero vamos a ponernos en situación. Hace 143 años, un exgeneral unionista, veterano de la Guerra de Secesión, coincidió en un tren rumbo a Indianápolis con el orador más popular de Estados Unidos. Según cuentan, el pasatiempo favorito de este último era pillar a católicos muy católicos con la guardia baja y desarmar su fe con una retórica aplastante. El primero, exmilitar reconvertido en abogado, añoraba sus antiguas aventuras bélicas, que tuvo que sustituir por la escritura de novelas cortas. Por su parte, el orador era algo así como un predicador del ateísmo, una rockstar blasfema gritando de pueblo en pueblo, de escenario en escenario, que el Antiguo Testamento es una patraña. Uno se llamaba Lewis Wallace y, hasta ese momento, lo de escribir le estaba saliendo regular. El otro era Robert Ingersoll, pero como “Bob” era algo soso todo el mundo le llamaba “El gran agnóstico”.

Del encuentro casual entre ambos nació la inspiración que Wallace necesitaba para escribir Ben-Hur, la historia de un príncipe judío hecho injustamente esclavo que regresa a Judea clamando venganza. “Suena épico, suena a éxito, suena a 15 millones de dólares”, debieron pensar en MGM. Y la jugada no les salió nada mal: 11 premios Oscar en 1959 así lo demuestran.

Por cierto, Wallace era este señor de aquí abajo y si alguien le hubiera dicho que 143 años después los Yllana iban a transformar su oda al cristianismo en una comedia gay friendly quizás hubiera olvidado, durante un par de segundos, su respeto a Dios. Y es que esta es la apuesta del montaje: Judah Ben-Hur no se mueve por venganza, ni para restituir su dignidad. Casi como un adolescente-Apatow lo hace por puro deseo sexual.

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Aunque para ser justos, hay que recordar que la relación homosexual entre Ben-Hur y Messala ya está insinuada en la adaptación de Wyler. Al menos, así lo confirmó el guionista no acreditado Gore Vidal. Y si, como dicen, la peli lo sugiere con miradas y frases de doble sentido, en el montaje de Yllana se evidencia, se subraya, se pone en negrita, en mayúsculas y se colorea con el paint . Ben-Hur tirándole fichas a Messala es el ADN de la obra. Es más, para los despistados, como el señor sentado detrás de mí (“¿por qué se soban tanto?”, exclamó), todo esto se verbaliza sin margen de error, momento “It’s rainning men” incluido.

Por otra parte, la dramaturgia que firma Nancho Novo replantea por completo a sus personajes femeninos. O, mejor dicho, sus personajes femeninos replantean la obra. O, mejor dicho aun, las dos actrices (Elena Lombao y María Lanau) deconstruyen su propio cometido en la trama. Porque si en la peli de Heston, tanto Miriam, madre de Ben-Hur, como Tirzah, su hermana, aparecen como mero trámite narrativo, aquí las dos deciden salirse del personaje y sabotear la función. Su exigencia de interpretar más papeles resulta uno de los contrapuntos más oportunos y divertidos del texto. Además, esta “metarebelión” feminista termina siendo una reflexión sobre el papel de la mujer en la ficción (y en la Historia). También es cierto que esto apenas afecta al hilo argumental. La cosa se queda justo ahí, en un ejercicio reivindicativo que apenas se traduce en trama. ¿Es un problema? Ni idea. Lo más seguro es que el señor de detrás (en adelante, Emilio), siga pensando en lo de Ben-Hur y Messala, y ni se plantee estas cuestiones. El caso es que todos cogimos el mensaje. Y nos reímos mucho. No se puede pedir más.

En este sentido, todo funciona mejor cuanto más se entrega a la comedia, a la carcajada porque sí, a ese chiste de “los hispanos son muy hispanos y mucho hispanos”. Ya lo sé, no es la primera vez que vemos a cuatro tíos con gáleas en la cabeza y faldas romanas jugando al absurdo. Pero es precisamente cuando la obra mira de reojo a Pijus Magnificus o al tristemente extinto Frente Popular de Judea cuando consigue más identidad. Hasta aquí, pulgar hacia arriba.

Quizás los peros vienen cuando el subtexto se transforma en texto. La idea de reinterpretar un clásico del género histórico para desmitificar todo lo escrito en mármol me gusta. Pero en cierto punto, está quizá más explicado de lo necesario. Para mí, lo más disfrutable de algo que se titula La loca, loca historia de Ben-Hur es la guasa por encima de todo. Pero en ocasiones, el humor da un paso atrás para hacer visible y evidente el trasfondo del texto.

Por su parte, el montaje contiene varias soluciones visuales llenas de ingenio, que se complementan con lo que Yllana llama teatromascope. Esto es, para entendernos, una inmensa pantalla que recrea los escenarios icónicos de la peli. Y funciona. La experiencia es inmersiva por completo. Por esto, pero, sobre todo, por los actores. De hecho, la carrera de cuadrigas es la prueba irrefutable de que lo único que necesita el teatro para ser creíble es a cuatro actores dándolo todo, creyendo que realmente se están partiendo la cara en la arena del Coliseo. Se lo creen ellos, me lo creo yo, Emilio sigue pensando en lo de Ben-Hur y Messala. Todo bien.

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“La loca, loca historia de Ben-Hur” estará en el Teatro La latina de Madrid hasta el 26 de mayo. Pero si no puedes acercarte, recuerda que dentro de nada es Jueves Santo y con plena seguridad echarán la película en televisión en horario de sobremesa.

Y Emilio: si has caído aquí por azares de la vida o porque buscas respuestas sobre lo que viste entre Ben-Hur y Messala, tengo un mensaje para ti: sí, Emilio, SON GAYS.


“ESCRIBIR UNA NOVELA O UN GUIÓN ES COMO CONDUCIR UN PESADO CARRUAJE DEL QUE TIRAN UNA VEINTENA DE CABALLOS SALVAJES POR UN ESTRECHO CAMINO QUE BORDEA CONTINUAMENTE PROFUNDOS PRECIPICIOS”

15 abril, 2019

Por Àlvar López y Carlos Muñoz Gadea

El guionista y novelista Ángel García Roldán ha publicado recientemente Howth Roth (Piel de Zapa). En la novela, compleja en su estructura, se unen varias líneas temporales para contar la historia de César, un hombre que vive por y para su pasado. Hemos tenido la suerte de charlar con Ángel sobre el proceso de escritura que siguió este proyecto, así como sobre lo que le aporta su experiencia como guionista a la hora de crear en otros formatos.

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Howth Road es un libro complejo, tanto en su estilo como en su estructura, si bien, a mi parecer, puede definirse en una idea: la mayoría de nosotros tendemos a darnos cuenta de lo bueno que tenemos en nuestra vida cuando ya es demasiado tarde. ¿Estaba esta idea presente en el proceso de escritura de la novela, o es algo con lo que te encontraste?

Esta que comentas es una de las ideas básicas sobre las que se sustenta el personaje central y alrededor de las cuales crece y cambia, y con él, sus hermanos menores y el relato todo. Ahora bien, la idea nuclear de la novela es la imperiosa necesidad que tiene César de saldar ciertas oscuras deudas: una, capital; otras, menores que esta pero suficientemente graves.

El despertar de su conciencia y su deseo de reparación están, obviamente, muy ligadas en el personaje y en la trama.

Aún así, y sin ánimo de destripar ninguna de las sorpresas de la novela, estableces un interesante juego en el que, prácticamente, el lector se ve sumergido en una experiencia que, en cierto modo, le permite rememorar su vida desde fuera, lo que sin duda es una actividad interesante y me impulsa a reflexionar sobre que, pese a todo, la novela tiene un tono optimista, como si la misma esencia se pudiera revertir hasta convertirse en un “nunca es demasiado tarde”.

Estoy de acuerdo contigo en que, entre tanta dureza y amargura, se atisban rayos de esperanza, no ya para el futuro a largo plazo del protagonista sino para uno a corto, rayos de luz que batallan con las tinieblas de un presente dramático. Esta novela no es, desde luego, una universalista llamada a la esperanza.

Tu corolario “nunca es demasiado tarde” lo matizaría y alteraría hasta enunciar: “a veces no es tarde para algunas cosas”. Afirmación que, puestas en el foco del microscopio las vidas de un gran porcentaje de la humanidad y observados a fondo sus, nuestros grandes errores, ya es mucho.

Es interesante prestar atención a la cantidad de detalles que cuentas sobre César, el protagonista de la novela. Claramente, es el tipo de personaje que lleva todo el peso de la narración, y está todo el rato en la fina línea que separa al héroe del antihéroe. ¿Cómo fue el proceso de construcción de dicho personaje?

Por resumir el asunto en dos palabras: claro y arduo.

Claro porque al principio yo no sabía, por supuesto, todos los detalles del personaje que finalmente son mostrados en el texto, pero sí tenía dibujadas sus siluetas dramáticas; y pluralizo porque César cambia, y mucho, a lo largo de la vida -cada uno de nosotros puede ser, evidente, varias personas a lo largo de su existencia-, especialmente alcanzada cierta edad. Bosquejadas dichas siluetas, “solo” hacía falta rellenar sus contornos, vestirlos por fuera y por dentro, y delimitar los senderos que iban a recorrer estos personajes que habitan en uno solo llamado César.

Arduo porque, sin juzgar el resultado final, asunto privativo de cada lector, pasar del trazo grueso al fino, dotar de claridad, luces, sombras, oscuridades, recovecos, motivos, impulsos, sinrazones y contradicciones al protagonista, y hacerlo con ambición, en un relato de casi 500 hojas por el que César se pasea de arriba abajo relacionándose con más de 40 personajes, es realmente un trabajo duro, en el que bien sabes que un borrón puede echar por tierra -“lo que no suma, resta”- gran parte de la labor de cincelado.

El apresto total del protagonista, el que yo deseaba, solo he podido lograrlo modificándolo, una y otra vez, durante las varias y profundas revisiones del texto. Al hilo de esto, apunto que en una novela larga no creo en el término “frescura” como factor positivo. Las aparentes frescuras que percibe el lector únicamente se logran con un trabajo ímprobo, polo opuesto de la escritura rápida.

A su vez, en la novela acostumbras a detenerte en las reflexiones de César, facilitando que casi seamos testigos de su cadena de pensamientos. ¿Cómo equilibraste durante el proceso de escritura el proceso para que trama y reflexiones confluyan y avancen sin que sean dos ejes independientes que, por decirlo de algún modo, se entorpezcan entre ellos?

Si me permites un símil, escribir una novela, como escribir un guion, lo asemejo a conducir un pesado carruaje del que tiran una veintena de caballos salvajes por un estrecho camino que bordea continuamente profundos precipicios. En tus manos hay 20 riendas -personajes, tonos, peripecias, diálogos, ritmo, puntos de vista, temática, tensión dramática, etcétera, etcétera- que has de manejar con destreza pero con determinación para llegar a tu destino, ya que si un solo caballo causa el desequilibrio del tiro, bien sabes que el futuro próximo del carruaje es el fondo del precipicio.

Todos los caballos han de ir, pues, coordinados. Has de lograr que las bestias unan y mezclen sus fuerzas para conseguir el objetivo de llegar sanos y salvos a la casa de postas. Y eso, o lo logras o no. Yo lo he intentado. En este caso, y en lo que respecta a tu pregunta, templando especialmente a dos rebeldes percherones, el ritmo y las peripecias: después de un pico de acción, dejo que el lector se relaje con una reflexión del protagonista; más tarde hago que ocurra esto otro, pura acción, que quizá guarda cierta relación con lo que pensó. Látigo unas veces y órdenes tranquilizadoras otras, para que los caballos sepan quién manda, se dejen guiar y el viaje continúe.

No desvelamos nada si decimos que a lo largo de la novela juegas con varios saltos en el tiempo, en los que paseas entre dos ejes temporales de la vida de César. ¿Qué es lo que te atraía de plantearte una novela con esta estructura?

Varios deseos. De entre ellos, los más importantes, contar en profundidad toda la vida del protagonista -y alrededores- y tener al lector activo, más enganchado y despierto utilizando un relato no lineal.

La novela contiene tres viajes que se relacionan entre sí y que se alimentan continuamente: un viaje interior y dos viajes físicos o materiales al mismo lugar, Dublín. De estos últimos, uno lo vive César a los veintipocos, y el otro frisando la sesentena. Dichos viajes ocurren por tanto en dos épocas lejanas una de la otra, lo que, unido a que tanto el protagonista como muchos otros personajes aparecen en las dos épocas, me permitía escudriñar y explicar los cambios ocurridos en ellos y en el mundo que habitan.

Por otra parte, cada uno de esos tres viajes es dos cosas a la vez: agente de cambio y consecuencia de alguno de los otros. El primer viaje material se produce por un cambio de postura interior; ese primer viaje despierta una dolorosa y lenta comezón en César, y producto de esa “cocción a baja temperatura” de su conciencia se produce el segundo viaje físico, el cual, a su vez, le provoca una definitiva peregrinación interna, un cambio radical, que se proyecta hacia el exterior, reflejándose en la acción.

Puede que, contada linealmente la novela hubiera funcionado, no lo sabré nunca. Pero sin duda, y pensando en el lector, para mí era más atractivo contar la historia dando saltos en el tiempo: del pasado al presente y viceversa. Continua pero no mareantemente, con una cierta pausa. Y creo, humilde pero orgullosamente, que a juzgar por las críticas y comentarios de los lectores, la estrategia narrativa ha resultado efectiva.

Como he dicho, la novela pivota alrededor de dos épocas, salta de una a otra alternativamente, y el relato de cada una dura más o menos igual. Lo difícil era lograr que al lector le interesara por igual una época y la otra. Ese era otro reto: que el testigo (el lector) no tuviera predilección por una, porque eso significaría que leería de soslayo la que menos le interesara.

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Respecto a la estructura, es indudable que la novela tiene un gran trabajo para ordenar y presentar los distintos elementos que van apareciendo en el libro. ¿Cómo fue el primer borrador que escribiste? ¿Surgió de una manera libre, o tenías ya clara una escaleta argumental que querías seguir?

La idea prístina de la historia nació sin ayuda de fórceps ni de partera. Me surgió de muy dentro, de manera muy natural.

Sin embargo, para desarrollar ese núcleo, elaboré una sinopsis y después la desarrollé hasta llegar, dándole muchas vueltas y empleando bastante tiempo, a unas 15 páginas. Más tarde, entonces sí, guiándome por ese “tratamiento” -por asimilarlo a términos audiovisuales-, comencé a escribir la novela.

Sin embargo, y esto lo he constatado con varios novelistas, casi ninguno sigue siempre el mismo método. Y a mí me ocurre lo mismo. Algunas veces oso ponerme escribir a partir de un personaje o de una anécdota; en otras ocasiones, antes de comenzar a teclearla elaboro la historia mucho más. Esta novela, Howth Road, la escribí de esta última forma.

Una pregunta que solemos hacer y cuya respuesta siempre es diferente pero no por ello menos interesante. Personalmente, ¿cómo crees que tus conocimientos sobre guión cinematográfico influyen en tu escritura literaria, o viceversa?

De forma muy positiva en ambos sentidos, y en los dos casos en multitud de aspectos. Pero voy a mencionar solo los más destacados.

Cuando escribo una novela, mi faceta de guionista me ayuda mucho en el sentido del orden en general; en la creación de una estructura sólida; en la diferenciación idioléctica de los personajes -en muchas novelas, y muy reconocidas, se puede observar que la mayoría de los personajes hablan igual-; en la caracterización de estos y en la creación de sus curvas de cambio; en el subtexto en los diálogos y acciones; en la concisión cuando hay que tirar de ella; en la percepción del ritmo, lo que me permite apretar o soltar el acelerador.

Cuando escribo un guion, mi faceta de novelista me ayuda, y mucho, en la riqueza léxica; en la brillantez -cuando es necesaria- y eficacia de frases y diálogos; en escribir con exactitud lo que deseo en las partes descriptivas del guion; en la disciplina del día a día -recuérdese que un novelista es un eterno opositor, un Sísifo acostumbrado a subir la pesada roca continuamente-; en el escribir segundos actos -esos terribles segundos actos- con la absoluta confianza de que los voy a sacar adelante; en la elección de temáticas; en la profundización psicológica de los personajes; en la creación de peripecias; en el tallado de los atributos de los personajes.

En un momento de la novela, un personaje se detiene a reflexionar sobre cómo los escritores nos obsesionamos con una idea hasta el punto de que, en cierto modo, no podemos dejar de pensar en ella hasta que no la dejamos reflejada de algún modo. ¿Cuál fue la idea que te obsesionó hasta el punto de escribir esta novela?

Las deudas. Las deudas que a lo largo de los años vamos contrayendo con los demás. Débitos, daños hechos a otros que, caso de ser nosotros -los causantes de las heridas- conscientes de ellos, debieran ser pagados. Y que, de realizarse esta reparación, significa redención; y que, de no llevarla a cabo, puede conllevar la perdición, o lo que es lo mismo, llegar al autodesprecio. Bendita y maldita conciencia, que a modo de espejo retrovisor nos permite ver lo positivo y negativo que vamos dejando atrás.

Esa idea necesitaba materializarse en acciones, y dándole vueltas al asunto me vino a la cabeza algo que le ocurrió a un conocido de juventud. Tenía al pasajero, la idea, y luego encontré el vehículo. Ya podía comenzar el viaje.

Seguro que no somos los primeros que te lo preguntan, pero hay tal cantidad de detalles en la vida de César que uno no tarda en darse cuenta que, más que un personaje, es una persona. ¿Hay algo de biográfico o de real en la historia?

Sí, hay detalles biográficos. Suelo introducirlos -y supongo que la mayoría de los escritores también- en los guiones y en las novelas. Pero… pero mis personajes son siempre frankestéinicos en el sentido de que su cuerpo, su alma y sus cambios son producto de la fusión de personas reales, de personajes ficticios creados por otros, y de rasgos creados por mí.

No obstante, hay que tener en cuenta que la profusión de detalles relativos al protagonista son inevitables debido a que la novela es larga, a que está escrita en primera persona, a que César siempre está en el foco de la acción, y a que cuando no lo está reflexiona respecto a lo que hacen otros o a la vida. Esa conjunción de factores potencian la ilusión de que hay mucho más de biográfico en la novela que de lo que en realidad hay.

De nuevo, y sin desvelar nada de la novela, me parece muy interesante el juego que planteas en el que dejas patente que, en ficción, como en la vida real, nosotros tenemos una idea de cómo son las personas que nos rodean, pero solo podemos verlas a través de nuestros ojos y plantearnos premisas sobre ellos que pueden ser erróneas. Entiendo que, para conseguirlo, tuviste que escribir mucho más de lo que aparece sobre el perfil del resto de personajes: quiénes son, qué les gusta, cuáles son sus miedos…

Totalmente de acuerdo en cuanto a la primera parte de tu pregunta. Juzgamos y juzgamos, teorizamos incluso inconscientemente sobre todos los que nos rodean, y nos equivocamos y equivocamos y equivocamos.

En cuanto a la segunda parte, es cierto que escribí fichas de los personajes, y anoté detalles y posibles atributos de variadas índoles. Pero en las novelas ocurre que, y si son largas como Howth Road más aún, estás durante tantas páginas con los personajes, tantas horas, meses, años, que en lo que respecta a cada uno de ellos partes de una silueta y terminas pintando un retrato al óleo de 2 X 2 metros. Es inevitable. No ocurre así con el guion.

En el guion es fácil que trabajes los personajes con muchos detalles posibles en sus fichas y sin embargo solo utilices un porcentaje, a veces pequeño. En la novela ocurre al revés; puedes hacer una ficha bien rica en detalles, pero cuando pongas el punto final a la quinta revisión del texto, lo más probable es que tendrás un personaje retratado con mucho mucho más detalle.

Otro de los momentos que creo definen el libro es una mera anécdota, una reflexión que hace César en la que hace mención a cómo dentro de unos años tendremos un cementerio virtual en el que la vida de todos nosotros estará flotando en un espacio cibernético. En cierto modo, creo que este pensamiento define quién es César, un hombre que se resiste al cambio de una época. ¿Es en cierto modo Howth Road un alegato al fin de una era, de un estilo vida que ya no volverá?

Bien sabemos que una de las peculiaridades de las Artes es que cada observador (en este caso, lector), interpreta la obra de una forma, incluso llevando la contraria a la intención del propio autor. Bendita percepción, que hace que una obra pueda tener tantas versiones como contemplantes. Por tanto, entiendo perfectamente, Àlvar, tu punto de vista relativo a que el pensamiento que mencionas pueda interpretarse como que César es un habitante de una frontera temporal que se resiste al cambio de su mundo.

Sin embargo, mi intención no era esa, ni quise revestir nunca a César con el uniforme de los añorantes. Él es inteligente, despierto, egoísta -durante gran parte del texto- y profundamente reflexivo. Asocia muchas ideas y su mente, en esos momentos álgidos de reflexión, es una poderosa factoría de imágenes relacionadas pero distorsionadas. Debido a esas aptitudes suyas, es capaz de, al visitar un cementerio, imaginar que el mundo está cubierto por capas de cadáveres sobre las que caminan los que viven; y traslada ese ensueño al mundo virtual de Internet, donde dentro de no mucho, sobre miríadas de recuerdos, palabras e imágenes de seres que ya no lo son, flotarán los de personas que aún viven.

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Para acabar, una pregunta complicada. Más allá de lo que hemos comentado, creo que sería un buen ejercicio que tú mismo fueras el que, en pocas palabras, pudieras explicarle al lector por qué debería leer Howth Road y qué crees que diferencia su lectura de otras posibles opciones.

“Estimado lector. ¿Te atreves a que tus fibras sensibles se vean ‘tocadas’ y a que un ciclón emocional te sacuda con violentas rachas? ¿Te apetece observar las vidas de unos personajes muy peculiares? ¿Aceptas que, a pesar de ser tú un experimentado lector, la trama pueda envolverte, volvérsete impredecible e incluso vencerte? Entonces, Howth Road es tu novela. Solo te pido que leas las diez primeras páginas de la novela, porque estoy seguro de que, entonces, la corriente de la lectura te va a arrastrar y vas a terminar en otro sitio diferente del que estás, aunque el viaje no va a ser cómodo, te lo aseguro, y te va a exigir bastante. ¡Ah!, y una última cosa: me apuesto contigo lo que quieras a que no adivinas cómo acaba la historia y a que después de acabar la novela te vas a quedar cavilando y atando cabos.”

En cuanto a qué puede diferenciar la lectura de esta novela de otras alternativas, yo diría que esta novela se aparta muchísimo de la literatura que ahora se lleva, esa de sagas, misterios predecibles, amores ingenuos, seudohistóricas. En esta novela imperan los claroscuros, los personajes trabajados, el tiempo al tiempo, el respeto a la frase repensada para que finalmente los ojos se deslicen por sus líneas al tiempo que despiertan pensamientos en el lector, la curiosidad por la naturaleza humana y por el significado de la vida… si es que lo tiene.


“ESTAR EN I+D SIGNIFICA QUE EL TRABAJO NO TERMINA EN TUS HORAS DE OFICINA, SIEMPRE HAY QUE ESTAR CON LOS OJOS Y LOS OÍDOS ABIERTOS”

11 abril, 2019

Por Àlvar López y Carlos Muñoz Gadea

Teo Palomo está por cumplir tres años trabajando en el departamento de I+D de Cuarzo, una de las productoras de entretenimiento más importantes de España: ya son más de 18 años los que llevan dentro de la industria. Aprovechando que en Cuarzo están preparando La Isla de las Tentaciones (formato que ya se ha adaptado a 18 países), hemos podido debatir con Teo acerca de las particularidades del trabajo del guionista de I+D, así como de todo lo relacionado con el formato actual de entretenimiento, sus tendencias y el constante aumento de su audiencia.

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¿En qué consiste el día a día del trabajo de un guionista en un departamento de I+D como el tuyo?

Nuestro departamento es muy pequeño (solo somos dos) y siempre hay trabajo que hacer. Podría decir que nuestras tareas básicas en el área de I+D son idear formatos nuevos y preparar los documentos de venta para presentarlos en cadena.

Sin embargo, al formar parte de un grupo internacional como Banijay, también nos encargamos de adaptar formatos del catálogo (programas que se han hecho en otras empresas extranjeras del grupo) para venderlos aquí en España. Además, luego hay mil encargos más que nos llegan día a día: pensar nuevas ideas para actualizar programas que ya están en antena, analizar tendencias, preparar una escaleta para algún posible formato e incluso, en algunos casos, el guión del piloto.

En nuestro caso, también nos encargamos del área Internacional, por lo que estamos atentos a qué se hace en el extranjero y opcionamos los derechos de los formatos que nos gustan para tratar de venderlos aquí.

¿Qué conocimientos crees que son necesarios (sean o no de guión) para que un guionista pueda desarrollar su trabajo en I+D de una manera adecuada?

Lo más importante es ser muy curioso. Hay que ver, leer y escuchar muchísimo. Todo tipo de prensa, de programas, de música, de series, de videojuegos… Estar en I+D significa que el trabajo no termina en tus horas de oficina, siempre hay que estar con los ojos y los oídos abiertos: mientras lees un artículo, ves una peli, tomas algo con un amigo…

Entendemos que, en una rama de la profesión como la tuya, la capacidad de reacción, adaptación a las necesidades de cada momento e incluso de reescritura sobre el contenido ya creado es imprescindible. ¿Crees que hay una forma de aprender a ser más flexible en este aspecto?

Es el día a día el que te enseña a ser flexible. Nosotros estamos reescribiendo y reformateando constantemente; en ocasiones porque la cadena quiere cambios, en otras porque la tendencia ha cambiado y ya no es actual, y en otras muchas porque hay un presentador o elemento nuevo al que hay que ajustarse. A veces reformateas tanto una idea que al final no tiene nada que ver con la original. Estamos muy acostumbrados.

Suponemos que, también, el estrés que se genera entre mercados y ferias de contenido, rodajes y escritura de nuevos formatos debe ser considerable. ¿Cómo se gestiona el estrés en una profesión tan dinámica?

Con pinchos de tortilla de La Primera, el restaurante que hay debajo de nuestra oficina, que sirve la mejor tortilla de Madrid. La verdad es que tenemos picos de mucho estrés (mercados, arranques de programa, presentaciones a cadena…) pero sarna con gusto no pica.

La profesión del guionista se basa, en gran medida, en la creatividad. Suponemos que en un departamento como en el que trabajas la innovación es, si acaso, más imprescindible. ¿Tenéis algunas rutinas que os ayuden a fomentar un clima de trabajo donde se potencie la creatividad?

Siempre que podemos y los picos de estrés nos lo permiten, tenemos una sesión de creatividad, donde cada uno se inventa juegos para idear formatos; por ejemplo: en tres minutos, pensar tres formatos de entretenimiento basados en las tres series más famosas del momento. Hay cien ejercicios de ese estilo. Es muy divertido y salen cosas muy locas pero también muy interesantes.

Pese a que los tiempos han cambiado, en ocasiones sigue existiendo la creencia de que el formato de programa televisivo es un género menor al de la ficción. ¿Qué le dirías al espectador (y al guionista) que no se ha acercado a este género para que le diera una oportunidad?

La ficción te puede llevar a universos e historias increíbles e inalcanzables, pero el entretenimiento (los programas de televisión) tiene una verdad que no tiene la ficción: lo que estás viendo le está pasando de verdad a una persona, no es un actor.

Si un concursante llora porque ha ganado 50.000€, llora porque de verdad lo siente, porque se imagina lo que va a solucionar con ese dinero y eso el espectador lo percibe. Si en un reality un participante tiene celos porque su amante habla mucho con otro, puedes identificar esos celos, esos gestos, esas miradas porque todos hemos estado ahí.

Es una verdad que, si una película es muy buena, podrá llegar a transmitir, pero que es inherente a los personajes de un programa de entretenimiento.

En el plano más técnico, el guión de entretenimiento se estructura en muchas ocasiones de la misma manera que el de ficción. En un reality también necesitas crear personajes y tramas, y en edición tienes que aferrarte a ellas para enganchar al espectador. Pero no solo ahí: en un concurso, por ejemplo, tienes que estudiarte al concursante y sacar su historia. Desde luego hay un trabajo de creación de personajes (con una base dada) muy interesante y entretenido.

A su vez, tú que eres un guionista que ha trabajado en las dos vertientes, ¿en qué crees que puede beneficiar al guionista de ficción escribir programas, y al guionista de entretenimiento escribir ficción?

Como guionista de entretenimiento aprendes a ser más rápido, porque los tiempos de grabación son más ajustados y eso te ayuda a ser más práctico, detectar rápidamente qué es lo bueno y lo interesante. Como guionista de ficción aprendes a recrearte en los detalles, puedes escribir con más mimo, complicarte más y buscar siempre la sorpresa.

En muchas ocasiones, quizá por una falta de acercamiento al género, podemos pensar que el formato de programa de televisión se queda en Sálvame o Gran Hermano, que son, probablemente, algunos de los programas más extendidos y conocidos, pero la realidad es que, a día de hoy, casi existe un programa distinto para cada tipo de espectador. ¿Cuáles son los programas más excéntricos o que puedan salirse de lo más común que han pasado por vuestro departamento?

Ese pensamiento es muy limitado. El entretenimiento no son solo realities o magazines. Tienes factuals, talents, concursos, physical challenge… el abanico es tan amplio que encuentras formatos desde lo más ligero a lo más denso, sobre sexo, ciencia, paternidad… Hay para todos los gustos y sobre todos los temas, de verdad. En cuanto a excéntricos, los japoneses y los coreanos se llevan la palma; recuerdo uno que consistía en jugar al pilla-pilla dentro de una casa con drones.

En este mismo aspecto: a tu juicio, ¿dónde se arriesga más actualmente a la hora de buscar contenido rompedor con lo establecido, en ficción o en formato de programa televisivo?

Los formatos de entretenimiento y las series siguen normalmente la tendencia del momento. Por eso ahora mismo encontramos cien programas derivados de Ven a cenar conmigo y tantas series de policías mujeres investigando asesinatos. Sin embargo, creo que se arriesga mucho más en entretenimiento y factual porque, a fin de cuentas, es más barato que la ficción.

En televisión, la actualidad manda. ¿Cómo de importante es en un trabajo como el tuyo conocer las tendencias sociales que predominan en cada momento?

Hipernecesario.

¿Y cómo consigues avanzarte a los deseos del espectador? Es decir, ¿cómo detectas que un programa original puede tener su hueco en parrilla?

Estando muy atento a las tendencias y a qué triunfa en otros mercados. En nuestro caso, al pertenecer a una empresa internacional, tenemos la ventaja de recibir informes diarios de qué se estrena y qué funciona en el resto del mundo. Aun con todo, hay que conocer bien el mercado español. Que algo funcione fuera no significa que vaya a triunfar aquí.

Relacionado con la anterior, una pregunta complicada ahora: ¿crees que es la televisión la que crea el gusto del espectador por un tipo de programas, o es el espectador el que demanda cierto contenido?

En mi opinión, creo que el espectador demanda un tipo de contenido y que no hay un ente malvado que nos obligue a ver un determinado estilo de televisión. Un ejemplo reciente: la última edición de GH Dúo ha arrasado. Da igual el día que lo pongan (lo han puesto ya en cuatro días distintos de la semana) y lo que echen en otras cadenas (series, talents y cine), nada puede combatirlo. Quizás la gente quiere ver GH Dúo. La realidad es que es más fácil engancharse al entretenimiento. No requiere que prestes tanta atención. Puedes verlo mientras preparas la cena o te haces la mochila, puedes ir al baño sin perderte nada de la trama, y algo que decían nuestros profesores en el máster de guión (aquí debes explicar que fuimos compis de clase) y es la pura verdad: puedes estar mirando el móvil y enterarte de lo que pasa sin problema.

De los programas en los que has participado en su creación, ¿alguno del que guardes especial cariño?

En el departamento estamos constantemente creando formatos, y aunque la mayoría de ellos se quedan en el papel hay uno que me dolió especialmente que no llegase a hacerse. Era un concurso con una idea muy original (e incluso un poco controvertida) que me encantaría haber visto en pantalla y del que no te puedo decir más (lo siento).

Y de los formatos que no hemos creado pero sí producido, le tengo mucho cariño a Singing in the car, porque fue mi primera experiencia completa como guionista en un programa de entretenimiento.


TENGO UNA PREGUNTA PARA USTED: ALBERTO MACÍAS, PRESIDENTE DE ALMA

9 abril, 2019

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Entrevista: Nico Romero

Fotos: Sergio Barrejón y Ana Álvarez Prada.

Es temporada de elecciones en España y nuestro sindicato también renueva su principal órgano de representación. Dieciséis candidatos para trece plazas de vocal en la Junta Directiva de ALMA. La cita es este sábado 13 de abril en la Sala Plató de la Cineteca (Matadero), a partir de las 10.30h de la mañana. Lo que ya sabemos es que Alberto Macías (“Cuéntame”, “Brigada Costa del Sol”) renovará dos años más como Presidente, al ser el único candidato al cargo. He tenido la oportunidad de trabajar recientemente con él y tengo que confesarles que para mí ha sido una de las experiencias profesionales más gratas de mi vida. Afable, educado, cercano, empático y con un gran talento para construir historias. En los últimos años, forma pareja profesional con Pablo Barrera, un histórico de Globo, que también estaba presente en la conversación y a quién aproveché para entrevistar en relación con el estreno de “Brigada Costa del Sol”. Pero esa es otra historia…

El sindicato ha crecido enormemente en los últimos años. Cuéntame, ¿cuántos socios somos ahora?

A.M: 620 en el último recuento que hicimos antes de la gala de entrega de premios ALMA. Y sí, hemos crecido por varias circunstancias: una, yo creo, que estamos saliendo de la crisis y estamos recuperando los niveles que teníamos en 2008. Porque yo he llegado a cobrar un 20% y un 25% menos de lo que cobraba en 2008. Ahora parece que hay más trabajo porque las plataformas están tirando fuerte de la industria.

Pero no todo se debe a eso…

A.M: No. Otra de las razones es que esta junta y la anterior, la que dirigía Ángela Armero, optó por abrir nuestro sindicato a los guionistas de programas, para que sus preocupaciones estuvieran defendidas aquí. El convenio colectivo que conseguimos en el año 2015, permitió además fijar unas condiciones específicas de contratación más allá del estatuto de los trabajadores y unas mejoras de las condiciones laborales para trabajadores por cuenta ajena que son la gran mayoría de los guionistas que trabajan en programas.

¿Y el sindicato se para ahí?

A.M: Sí. Solamente guionistas, cine, televisión y programas. Por ejemplo, “Writers Guild” (el sindicato de guionistas en Estados Unidos)  también recoge a los guionistas de videojuegos. En principio tenemos que centrarnos en estas áreas, sin perder de vista que con el crecimiento debemos ir llegando hacia esos nuevos nichos.

¿Qué objetivos genéricos tiene el sindicato?

A.M: Tenemos cuatro patas fundamentales de actuación: la defensa jurídica de los derechos de los asociados que lleva a cabo nuestro gabinete jurídico… La formación de nuevos guionistas, tarea que desarrollamos con el máster de guion que organizamos con la Universidad Carlos III. Dentro de este apartado también organizamos las masterclasses, y los cursos de formación continua para guionistas (sobre escritura en el ámbito de la medicina, del derecho, de la psicología…).  Otra pata sería la visibilización de nuestra profesión: participamos en distintos festivales ya sea con talleres, premios de guión otorgados por nuestro sindicato como en el Festval, festival de Gijón, Mecal… Y, sobre todo, por iniciativas como la de “No se escriben solas” que reclaman la corrección de las noticias en las que los guionistas no aparecen con la relevancia que merecen. En estos temas nuestras redes sociales, siempre activas, son fundamentales. Y la última pata sería la negociación constante que llevamos a cabo con las instituciones: en el Parlamento, en las Comunidades Autónomas, en el Ayuntamiento y en Europa. Pertenecemos a la FSE y estamos en la Comisión Permanente. La colaboración con las instituciones públicas nos permite, entre otras cosas, exigir el pago del guión a las productoras que optan a subvenciones públicas. También buscamos medios para que los afiliados puedan mover sus proyectos con la participación en foros como Conecta Fiction. Aprovecho para recordar que aún hay muchos afiliados que no han creado o actualizado su perfil en la Guía de guionistas de ALMA. En ocasiones llegan ofertas de trabajo al sindicato. Nosotros no podemos recomendar a un guionista u otro, pero sí remitir a la guía donde tienen la información de cada uno de ellos.

¿Y se obtienen resultados?

A.M: Creo que sí. Uno de los más importantes, que afecta sobre todo a los guionistas de programas, como te decía, es el convenio del 2015. Ese convenio nos permite tener unos sueldos mínimos y unas condiciones laborales exigibles para todo guionista que trabaje por cuenta ajena. Lo más importante que tenemos que transmitir es que el convenio no es un papel mojado, es de obligado cumplimiento. En los casos en los que se trabaja por debajo de convenio, los guionistas pueden denunciar a la empresa con el asesoramiento de nuestro abogado, y, te puedo asegurar que, ya sea por acuerdo o ante los tribunales (las menos), lo hacemos cumplir.

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Eso para contratos por cuenta ajena. ¿Y para los autónomos?

A.M: Para los autónomos hemos conseguido la herramienta para poder negociar condiciones profesionales con plataformas, cadenas y productoras. Antes no podíamos hacerlo sin arriesgarnos a que se nos acusara de emplear una práctica contraria a la libre competencia. En 2018 han ocurridos dos cosas muy importantes para el sindicato: una es el Estatuto del Artista, que nosotros defendimos con otras asociaciones como la Unión de Actores y Actrices, que fue la que llevó el liderazgo de esta reivindicación. La segunda es que hemos conseguido darle rango de ley a una de las reivindicaciones que aparecían en el Estatuto. Esta enmienda nos confiere capacidad negociadora que pondremos en práctica y que nos permite también publicar precios medios de lo que la profesión está cobrando.

Y cuando dices que adquirimos capacidad negociadora ¿A qué te refieres?

Nuestra intención es reunirnos fundamentalmente con las cadenas y plataformas y acordar con ellas un marco de referencia. No quiero lanzar las campanas al vuelo, porque tenemos la herramienta pero el objetivo aún está lejos, pero podemos empezar a dar los pasos para conseguirlo. Creo que la normalización del sector, con unas reglas de juego claras para todos, es algo que no sólo interesa a los guionistas sino también a productoras y operadoras.

El sábado hay elecciones al sindicato y tú te presentas a Presidente y creo que tú, Pablo, a vocal.

P.B: Sí, así es.

A.M: Se presenta gran parte de la Junta anterior porque, desde hace tiempo, pensamos que la continuidad entre una junta saliente y otras entrante es fundamental para que no se produzcan parones en las tareas que estamos llevando a cabo. Además, te recuerdo, que los mandatos de las juntas son sólo de dos años. Es importante que el compromiso se mantenga al menos cuatro años, aunque sé que es difícil para muchos ese esfuerzo. Todos tenemos compromisos profesionales y familiares que cuesta compaginar con la labor sindical.

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Sois 13 vocales y un presidente ¿verdad?

A.M: Sí. Pero el Presidente es un voto más, eh. Toda la labor que hacemos es una labor debatida y consensuada entre los catorce.

Y no remunerada. Eso también hay que decirlo. ¿Cuántos trabajadores tiene el sindicato?

A.M: Tenemos una directora general, que es Ana Pineda, que lleva un año y pico con nosotros, y que ha revitalizado mucho la actividad del sindicato. Creo que ella es otra de las razones fundamentales del crecimiento que estamos teniendo.  Contamos con una administrativa, que es Gema Jiménez. Y puntualmente podemos tener a gente muy útil y muy eficaz como es Julia Yago, que es la que organizó los premios ALMA 2019 o algunas ediciones anteriores de nuestras masterclasses. Si seguimos creciendo estaría muy bien poder contar con su ayuda de manera permanente.

¿Y cómo funcionáis?

La gestión diaria y organización del sindicato la lleva nuestra directora. La junta marca la línea de actuación por medio de reuniones y comisiones (encuentro de guionistas, participaciones en festivales, comisiones negociadoras… ). Y luego todos los días tenemos hilos de correos o de whatsapp donde estamos continuamente informados de las actividades de todos y de problemas puntuales que van surgiendo.

¿Y las comisiones son puntuales o permanentes?

Eso es algo que queremos mejorar. Ana, que tiene más experiencia en la gestión que nosotros, quiere organizarlo de una manera más coherente porque ahora mismo vamos repartiéndonos tareas un poco por disponibilidad.

Te quería preguntar también por la SGAE. Es muy conocida la polémica relacionada con la famosa rueda y el sistema de reparto en detrimento de los autores que más ingresos por publicidad generamos en favor de las franjas de madrugada. Y quería saber qué posición adopta ALMA en este sentido. Si recomendáis un entidad de gestión por encima de otra…

Nosotros tenemos socios en las dos entidades y tenemos una relación cordial con ambas por muchas razones. Creemos que es algo que tienen que resolver los socios de la entidad, de la SGAE, y apoyamos reclamaciones puntuales…

Como el asunto de la rueda…

Sí. En contra de la rueda estamos posicionados e hicimos una carta, porque entendemos que atacan nuestros derechos de una manera tan frontal que no podíamos quedarnos callados. Pero también entendemos que hay un Colegio Audiovisual que tiene que ser el que cambie las cosas. Siempre estaremos al lado del Colegio Audiovisual de SGAE. Pero en todo caso, con la reciente normativa europea para entidades de gestión de derechos parece que la transparencia y la trazabilidad de los derechos de autor garantiza una mayor atención a la recaudación y al reparto de esos derechos en el sector audiovisual.

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Este sector nuestro, ¿cuántos guionistas necesita?, o sea, ¿qué nivel de paro tenemos? ¿sabéis datos sobre esto?

A.M: Tenemos en curso la idea de hacer un nuevo estudio de la situación como el que se hizo hace ya por lo menos 10 años porque es importante saber cuántos somos, cuántas mujeres hay, en qué condiciones trabajamos… es vital para nosotros. Sobre todo ahora que hay una gran demanda de guionistas.

Seguramente estemos batiendo records de guionistas trabajando…

A.M: Es que hace 5 o 6 años, había tres clientes. Ahora tenemos también Netflix, Movistar, HBO… ahora entra Apple…

¿Y es posible que esto se pueda sostener en el tiempo, que no sea una burbuja sino que se deba exclusivamente a la ampliación internacional de nuestro mercado?

A.M: Hombre, lo que ha ocurrido es algo que tenían los norteamericanos hace muchos años: un mercado de 300 millones. Nosotros teníamos un mercado de 44 y difícilmente cruzábamos fronteras en Europa. Ni siquiera a Latinoamérica, que era nuestro mercado natural.

P.B: Ahora las tres primeras series que se ven en el mundo en español son españolas, con lo cual es difícil que vayamos hacia atrás. Eso es un mercado que estamos conquistando…

A.M: Otra cosa distinta es que vayan a sobrevivir todos los operadores… pero el mercado sí va a seguir.

P.B: Hombre, esta semana es la presentación de los estudios de Netflix aquí, en España, y de los estudios Mediapro. Es una noticia importante porque ya estamos hablando de inversión en infraestructuras que no se pueden trasladar a otro país… y tiene pinta de que Amazon y Apple van a contestar igual.

A.M: Sí, yo creo que es muy importante que Movistar y Mediapro estén en la carrera, porque yo recuerdo cuando hablaban los ministros de finanzas de Grecia y de España durante la crisis y el de España decía: “Buf, ¿me va a pasar a mí lo mismo?”, y decía el griego: “No, a ti no te va a pasar porque tú tienes multinacionales” Y es verdad. Parece una visión muy capitalista del asunto, pero somos una industria sujeta a la ley de la oferta y la demanda. Es muy importante que tengamos empresas nacionales compitiendo en el sector a nivel internacional…

P.B: En España somos capaces de producir muy bien a un precio que casi nadie en el mundo puede hacerlo y eso es indudable.

Bueno, por último quería preguntaros por vuestro momento profesional… porque tú, Alberto, aparte de presidente de ALMA eres guionista, lógicamente. Y trabajas habitualmente con Pablo.

A.M: Sí, llevamos ya varios años formando pareja profesional. Ahora estrenamos “Brigada Costa del Sol” en Telecinco y estamos esperando noticias de varios proyectos que tenemos colocados. Y un largo con el que llevo cinco años trabajando con Carlos Molinero, pero que nunca terminamos. Desde luego, el cine ha dejado de ser una prioridad y me duele.

P.B: Nosotros trabajamos de dos maneras: por encargo y por nuestros propios proyectos, bajo la firma de “Kubelik”. Ahí tenemos nuestras historias más personales.

Mucha suerte en las elecciones y con el estreno de la serie.

Más contenido como éste en mi blog “Escribir en serie”


“NO ME DAN MIEDO LOS SILENCIOS LARGOS. SON PRECIOSOS CON EL INTÉRPRETE O LA ESCENA ADECUADA.”

1 abril, 2019

Por Àlvar López y Carlos Muñoz GadeaFotografías de Txuca Pereira.

¿Sabemos comunicarnos de manera sincera con las personas a las que amamos? Esta es la pregunta sobre la que se construye La Tierra llamando a Anael segundo cortometraje de Fernando Bonelli que, recientemente, se ha hecho con el Roel de Oro y el Premio de la Juventud en la Semana del Cine de Medina del Campo. Con Bonelli hemos podido profundizar, entre otros temas, sobre los motivos que le impulsaron a escribir este proyecto, las particularidades del formato del cortometraje o los mecanismos dramáticos que permiten narrar un conflicto universal partiendo de un conflicto cotidiano.

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Los cortometrajes tienden a ser proyectos personales: conllevan un riesgo económico menor y, por tanto, permiten una mayor libertad para explorar conceptos que le interesen al autor. ¿Qué te impulsó a querer contar la historia de Ana?

Me parecía una historia preciosa. Lo mejor es que fue naciendo. Apareció. ¿Sabes esto de querer escribir sobre algo y que de la nada, según avanzas, la historia crece y crece? Eso pasó.

Mi idea inicial era centrarme en la discusión de una pareja y trabajar con ellos, los personajes, el cómo resolver (o no) esa situación. Me atraía mucho la idea porque aportaba la dificultad de partir de algo cotidiano, no necesariamente bello y el reto era lograr que lograse cautivar al espectador.

Me llama mucho la atención la falta de comunicación. El cómo no escuchar puede romper algo que quizás con dos palabras o con una mirada podríamos haber solucionado. Entonces surgió esa idea de complicar aún más esa posible solución entre ellos. Hagamos más difícil la comunicación.

Situemos a Ana en un momento vital desalentador para cualquiera. Ana era música en estado puro: cantaba, componía, gozaba de éxito y un día devino el desastre; se quedó aislada. Yo no sé cómo reaccionaría.

A Laia Manzanares, la actriz que interpreta a Ana, la primera vez que lo planteamos levantando el personaje, le brotaban lágrimas. Pero oye, se levanta y sigue adelante, agarrándose fuerte a sus pilares: la música y Juan. Con esos mimbres, las manos se te disparan escribiendo. La historia a contar podía ser bellísima.

De hecho, lo difícil era contarla de una manera concreta, pequeña, hermosa, pero recogiendo en ella toda la fuerza, la energía, la potencia que sentía dentro de mí al pensarla.

A juicio de quien te pregunta, quizá, lo más interesante del cortometraje es que la relación entre ambos protagonistas es extrapolable a cualquier pareja. A todos, en un momento u otro, nos cuesta escuchar a los que tenemos a nuestro alrededor. Si nosotros no intentamos comunicarnos, nadie lo hará por nosotros.

Claro, y si lo piensas, muchas veces la clave está en escuchar. Y me parece un verbo maravilloso en relación con esta historia concreta. Escuchar es siempre posible. Escuchar puede hacerse incluso con la mirada. Esa forma en la que Ana mira a Juan en el momento en el que explica lo de Nines, esa ternura…

Un punto del que quería partir al contar esta historia es que una regla de esta pareja era que todo, absolutamente todo, debía hablarse entre ellos. Arrancamos la historia con Ana desesperada porque quizás hoy termina su historia con Juan. Reunir el valor de hablarlo es impensable. Y lo hace. Y trata de ir serena…

Tras ella vemos el esfuerzo de la pareja por solucionarlo, porque se quieren, porque saben que esa es la manera. Al menos, intentarlo. Debemos comunicarnos. Demos siempre esa opción. Nos cuesta a todos, a mí el primero, pero es clave en nuestra relación con el otro (conocido o no), incluso con nosotros mismos. No escucharse a uno mismo ya pinta un mal principio.

Si nos centramos ahora en Ana, una mujer que, por no hacer spoilers, solo diremos de ella que se ha visto obligada a buscar nuevos canales de comunicación desde hace relativamente poco, es interesante detenerse en las reflexiones que se desprenden de su nueva realidad: la oralidad es solo una de las muchas formas de expresarnos que tenemos. Como cineasta, ¿ha sido un desafío buscar formas de comunicación entre dos personajes más allá de los diálogos hablados?

Como director, sinceramente, solo he tenido que dejarme llevar. Creo que el proceso ha sido el natural y la ventaja es que el guion ya lo dibujaba. Ya lo apuntaba antes, creo mucho en las miradas. Creo que ahí encuentras todo. Desde hace muchos años me puse como norma no trabajar con nadie sin antes sentarme con él o ella. Mirando a la persona que tienes delante creo que uno es capaz de saber quién es y dónde está. Es la mirada, la actitud corporal… Quizás es la forma primera de comunicación. Es muy propia de la naturaleza.

El problema es que muchas veces no nos detenemos a observar. Yo intento hacerlo mucho. Desde un punto de vista cinematográfico no me preocupaba tanto la comunicación entre los personajes (leyendo el guion, era real entre ellos); me preocupaba más el lugar desde el que hacer partícipe al espectador. Me resultaba imprescindible respetar la intimidad de la pareja. No invadirla.

Para ello, lo que hice es jugar con la proximidad. Algo que propuse al dire de foto, operador, foquista… fue que considerásemos a la cámara como si fuese Campanilla, que viviese en casa, que fuese parte viva de ella. Quería observar a Ana, cuidarla, que el espectador se sintiese tal, y que desde ese lugar pudiese hacer propia la historia y casi sentir lo que Ana o Juan estaban viviendo.

Y hacerlo en silencio (ese sería el segundo elemento). He intentado respetar mucho ese posicionamiento de escucha, de cuidado hacia y entre los personajes. Ya en mi anterior corto, [Still] love you, intenté cuidar mucho el silencio y darle la importancia y el tiempo que merece. No me dan miedo los silencios largos. Son preciosos con el intérprete o la escena adecuada.

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Supongo que, con una protagonista tan marcada, la primera intuición que debió surgirte para estructurar la historia fue ella. ¿Cómo fue el proceso de escritura para escoger a los mejores protagonistas y su mejor conflicto en relación a lo que te interesaba transmitir?

La situación que vive Ana me llevó a determinar su edad y su personalidad. Siendo joven y con una personalidad fuerte y definida me parecía creíble que se pudiese poner en pie tras ese golpe que la obligó a cambiar su modo de comunicación, de rehacerse. No digo, por supuesto, que cualquier otro perfil no pueda lograrlo, pero para esta historia ayudaba.

También ayudó a definir a Juan. Debía ser mayor que ella, con un trabajo estable, seguro de sí mismo. Imaginar el proceso que debieron seguir hasta llegar al día en el que transcurre lo que contamos me parece asombroso. Hace falta mucho amor en una pareja para que Ana vuelva a tener ganas de salir a la calle (eso sí, tres años después) y para que su historia siga viva.

Ese, entendí, que, siendo su punto más fuerte, podría ser, de hecho, su talón de Aquiles. Lo es de casi todas las parejas. En nuestro caso, además, la inseguridad de Ana en sí misma, por mucha personalidad que tenga, es desbordante. Perdió su virtud, o eso cree.

A nivel de guion el reto también era lograr una conversación fluida, en la que lográsemos sorprender al espectador en los momentos adecuados. Es fantástico poder dotar al texto del ritmo que quieres, cuando te lo pide. En este caso, por la situación del personaje, esa fluidez y ese ritmo podrían complicarse. Llegué a pensar que así sería y me equivoqué. ¡Qué tontería! Dejé que fluyera, y fluyó.

Creo que hay que dar libertad a los personajes. No obsesionarnos al escribir. Fue una pasada releerlo y ver que funcionaba.

Lo que Ana sí determinaba mucho era la actriz que la pudiese interpretar. Hay grandísimas actrices en este país, pero lo que buscaba era tan concreto que el trabajo del equipo de casting (Luis San Narciso, Tonucha Vidal, Andrés Cuenca y Diego Martín) fue complicado.

Estuvimos seis meses buscando a la actriz ideal. Un día me hicieron llegar el reel de Laia; enloquecí. Necesitaba a una actriz con la mayor dulzura del mundo, pero a la vez tendría que ser muy “macarra”. Adorable en el sosiego, pero una fiera en el enfado. Laia era perfecta.

Es más, volviendo de Barcelona, tras conocerla, me di cuenta de que ahora el problema era él. ¿Qué actor iba a encontrar a la altura de Laia? Es tal su energía y nivel que le iba a devorar en plató y en pantalla. Y entonces apareció Javier Pereira. La tranquilidad de contar con un actor de su nivel. Menos mal.

Sin dejar de lado a Ana: ¿cuál fue el proceso de investigación que seguiste para entender cómo se comunica una persona con su perfil y poder así plasmar su particular modo de comunicación en el guion y en el cortometraje resultante?

Imprescindible rodearse de personas expertas en lo que desconoces. Eso es algo que ocurre en todas las películas y trabajos, o al menos, así debería ocurrir. Si vas a hablar de un mundo, debes recabar toda la información posible sobre el mismo y, de hecho, preocuparte de cómo contarlo. He intentado ser muy respetuoso en todo el proceso. Laia y yo recibimos formación específica, contamos con coachs en plató, hemos tratado de ser cuidadosos a todos los niveles (incluso cuidando los tiros de cámara, al componer la música…). En cualquier caso, más allá de suponer un descubrimiento para el espectador, la peculiaridad del personaje no hemos querido nunca que fuese extraordinaria de por sí. Es una realidad y una forma de comunicación, tan válida y natural como cualquier otra. Añadiría que incluso más bella. Laia y yo nos hemos enamorado de ella.

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Ana también nos recuerda que las voces, los sonidos, incluso la música, están tanto fuera como dentro de nuestra cabeza: ella sigue componiendo y tocando con ayuda de su piano. Y, sin duda, la música tiene un peso muy importante dentro del cortometraje. ¿Cómo de presente estuvo la música durante el proceso de escritura del guion?

La música nació según lo hacía el texto. De hecho, yo empecé a trabajar con Juanan (Juan Antonio Simarro) casi a la par. La complicación a este respecto es que yo no tengo formación musical. Sé lo que sabe cualquiera sin ella. No sé tocar instrumentos, más allá de la batería, si es que sé.

Pero surgen melodías, muchas, en mi cabeza, las tarareo, quizás porque mi padre siempre ponía música en casa y, a partir de ahí, siempre me ha acompañado. Con esta película brotaron intensamente. Cada línea de instrumento era nítida, y no eran temas sencillos: violines, piano, trompas, chelos, trompeta, percusión, voz… Por ello precipité la incorporación de Juanan.

Tenía claro que quería que fuesen cuatro estaciones, cuatro tempos: El dolor previo de Ana antes de tener que hablar con Juan, dolor que la propia música trataría de mitigar (‟Otoño”), la discusión hecha tormenta (‟Invierno”), la resaca (‟Primavera”) y el desenlace (‟Verano”).

Sí decir que la música no condicionó el guion, ni viceversa. No es fácil explicarlo. Iban de la mano. Se alimentaban el uno al otro. En todo caso, Juanan ha sido imprescindible. Ha sido muy generoso conmigo. Ha escuchado todas mis sugerencias (que no han sido pocas), ha sido paciente (soy muy perfeccionista) y creo que la BSO de esta película es algo de lo que los dos estamos muy muy orgullosos.

Aparte de la música, ¿tuviste en mente otros elementos que no fueran el uso la palabra durante el proceso de escritura?

Propiamente no. Lo más parecido es que durante la escritura del guion me dio por dibujar, a modo de story board. Dibujé bastante la escena de la conversación entre ellos y sobre todo veía claro (antes incluso de que apareciese Laia) el dibujo de la chica que Juan entrega a Ana. De hecho, ese dibujo lo incluimos en rodaje a última hora. Estuvo desde el principio en mis notas y me pareció bonito que apareciese.

La Tierra llamando a Ana también es un alegato en defensa de las “historias pequeñas”: no hace falta contar con grandes misterios ni con acción a raudales para desarrollar un conflicto universal con el que el espectador pueda empatizar. En este caso, dos amantes y un malentendido entre ambos es suficiente. ¿Qué es lo que te atrae de este tipo de historias? 

Ese es el reto. Hacer grande lo pequeño. Me muero de ganas de rodar escenas de acción, pero me parece tan bello sentarme ante Laia o Javier y ver cómo desde el gesto levantan un personaje… Eso ya es tanto….

Reconozco que siempre me preocupa no lograr saber transmitir esa belleza al espectador, tan delicada, tan pequeña. Por eso lo trabajo mucho, en texto, pensando en el mejor movimiento de cámara, con el equipo técnico artístico… para que funcione y se logre transmitir lo que queremos contar.

Cuando hace un par de semanas viajábamos hacia Medina del Campo para estrenar La Tierra llamando a Ana, cada vez que algún amigo me deseaba suerte o tal yo recuerdo decirles “Que guste, que guste…”. Necesitaba tener la tranquilidad de haber sabido transmitir esta historia. No era fácil. Ahora la miro y… funciona. ¡Qué gran equipo he tenido! Son unos genios.

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También conviene destacar que apuestas por la sencillez a la hora de narrar la historia. Dos personajes, una localización, y un detonante claro y fácil de entender: “A” cree haber descubierto algo que “B” le oculta. Lo que demostraría que, para contar una historia, tampoco nos hace falta buscar grandes giros o artificios dramáticos. Más bien, originalidad a la hora de afrontar tramas clásicas. ¿Dónde encontraste la originalidad para abordar esta historia con tu punto de vista?

La clave es que no hay tanta originalidad. Lo hemos vivido o lo viviremos todos. Lo que hemos hecho es tomarnos la calma necesaria para contarlo como merece, cuidarlo. Lo que hemos intentado es abordarlo con muchísima sensibilidad. Y me parece tan bonita la apuesta de todo el equipo por lograrlo… Es bello.

Sé que no soy objetivo, pero yo estoy muy contento con la película. Es contundente donde debe serlo y delicada donde lo precisa. No dudo que puede hacerse mucho mejor. A fin de cuentas estamos aprendiendo, pero confieso que me siento pequeño al verla proyectada y eso me hace feliz. Siento que hemos puesto de pie un gigante de 20 minutos.

La Tierra llamando a Ana ha ganado recientemente el Roel de Oro, lo que acerca un poco más el cortometraje a una posible nominación a los próximos Goya. Pregunta difícil: en tu opinión, ¿qué elementos posee el cortometraje para haberse alzado con dicho galardón? 

Creo que es una historia sencilla, contada desde un lugar honesto y, sobre todo, con mucho amor. Creo que tiene verdad y creo que es muy fácil, como ya apuntabas, identificarse con ella. Y tiene, junto a la música, sus puntitos de magia, que ayudan al espectador a soñar. También el cine debe conservar esa función, de transportarte, como le ocurría a ‟Inés” en la canción de Luz Casal. En cualquier caso, creo que sería más correcto trasladar esta pregunta al espectador. Algunos me decían que valoraban mucho esa sensibilidad a la que antes aludíamos. Sonrisa inmensa en mi cara, como imaginarás.

Vivimos en una industria que apuesta por el largometraje, pero pocas veces hay cabida comercial (más allá de festivales) para otras propuestas como el mediometraje o el cortometraje, cuando, en ocasiones, hay historias que no podrían ser contadas en otro formato. ¿Qué te aporta a ti el género del cortometraje para contar historias?

El apoyo al largometraje es razonable, al menos desde un punto de vista puramente económico: de estos tres formatos (corto, medio y largometraje) es el que a día de hoy puede permitir el retorno de lo invertido, sea por taquilla, por ventas a televisión… No obstante, una vuelta merece. No todo es economía. Por encima está la Cultura. Los fantásticos Festivales que tenemos en nuestro país (Medina del Campo, Huesca, Lanzarote, Tarazona y el Mocayo, entre otros muchos) necesitan de ayuda para hacer valer a los excepcionales profesionales que existen en torno al corto, y sus trabajos. Son presente y futuro. Lo cierto es que, si lo pensamos, sería muy fácil lograr que su difusión y visionado fuese mucho más accesible y habitual.

¿Qué me aporta el corto? A mí, sinceramente, en primer lugar, me da la posibilidad de rodar, y rodar es de las cosas que más disfruto. Yo no podría por mí mismo rodar un largo. Sería impensable. Es una mera cuestión de tesorería. Rodar un corto te puede suponer 10, 20, 30.000 €… o más. Puedo ahorrarlo o pedir un crédito. Rodar un largo te lleva a pensar, al menos, en torno al millón. Por supuesto, según cómo quieras rodarlo. Esa frontera se presenta insalvable, al menos sin ayuda.

¿Te garantiza el corto también libertad? A priori, rodando un corto gozas de la libertad de rodar lo que deseas de la manera que crees más conveniente. Trasladado al largo, el condicionante de la tesorería puede traer otros implícitos. Puede ocurrir que quien aporta la financiación desee imponer su criterio (en contenido, respecto al reparto [actores…]…), y tendría derecho: A fin de cuentas, pasa a ser su producción. Y no está mal contar con su opinión. Es más, por regla general, su experiencia será un plus.

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De hecho, yo, en mis cortos, me apoyo en cada departamento, les cuento qué idea tengo y escucho las suyas. Si son mejores que las mías, adelante con ellas. El problema puede darse si alguna propuesta no suma y es impuesta. Eso no será bueno para el proyecto. Lo debilitará. De hecho, aunque no debería ocurrir, en la práctica ocurre, y no tiene sentido. Por eso te rodeas de un equipo profesional: Para construir.

Finalmente, el corto me permite crecer. Y es a lo que debemos aspirar: Progresar, mejorar. Sería bastante descabellado arrancar nuestras carreras rodando largos. Parece sensato ir probando con cortometrajes, complicarte cada vez un poquito más la vida, ponerte retos y ver si eres capaz de superarlos. Si lo que haces, brilla, lograrás llamar la atención y, quizás así, quien pueda financiarte entenderá que puede confiar en ti. Me parece un proceso razonable. Así ocurre en cualquier otro trabajo, en tu propio desarrollo como persona. Esa es mi idea, avanzar paso a paso. Si encima te rodeas de un equipo mejor que tú, el camino será aún más fácil. Eso sí, estarás obligado a estar a su altura, lo que exigirá mucho más de ti. Pero eso es bueno, seguro.

* El tráiler del cortometraje puede verse aquí.


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