SIETE ENLACES PARA UN FIN DE SEMANA DE PUENTE

1 mayo, 2015

1. ‘Anchorman’, ‘Talladega Nights’, Knocked Up’… Todas estas películas tienen algo en común: que si no lloras de risa viéndolas estás muerto por dentro y Brent White, el hombre que hace a la gente más graciosa del mundo incluso más graciosa. No lo digo yo, sino este reportaje del New York Times dedicado a este maestro montador de comedia.

2. Y siguiendo con la comedia americana: si te gusta Tina Fey, esto que han escrito en The Script Lab será una de tus lecturas favoritas del fin de semana.

3. ¿Os acordáis de Hagai Levi? Aquel tipo con un Globo de Oro que estuvo hace poco por Madrid impartiendo sabiduría gracias al Sindicato ALMA? Pues los en El País aprovecharon su visita para hablar con él.

4. Además de organizar charlas con guionistas de prestigio mundial, en ALMA también dan premios, como este a mejor guión en el Festival de cortometrajes y animación Mecal Pro que ganó Oriol Puig por su corto ‘It girl’. ¡Enhorabuena!

5. Anotad: 19 de mayo en la Cineteca del Matadero de Madrid, 19 horas. Nueva entrega de los martes de DAMA con una mesa redonda sobre los personajes femeninos en la ficción encabezada por Virginia Yagüe.

6. Y el guión para leer este fin de semana, que no falte: ‘La red social’, de Aaron Sorkin, ganador del Oscar al mejor guión adaptado.

7. También podéis ir leyendo el adelanto de ‘Toda una vida’, la nueva novela de los guionistas de ‘Cuéntame’ Jacobo Delgado y Carlos Molinero en la que cuentan el orígenes de la familia Alcántara.

¡Buen fin de semana!

Por Alberto Pérez Castaños. 


GUIONISTAS DE CINE Y GUIONISTAS DE TELEVISIÓN

13 noviembre, 2014

por Carlos López

SORKIN por dos

Me lo dijo hace tiempo un actor y creo que sirve también para guionistas: “Cuando hacemos televisión queremos hacer teatro, cuando hacemos teatro estamos deseando hacer una película y cuando por fin rodamos, mataríamos por entrar en una serie”. La eterna insatisfacción, las ganas de probarlo todo, de demostrarse a uno mismo que puede, de escapar de la rutina… En este oficio se empieza desde cero tantas veces que los deseos de cambio acaban por convertirse en un vicio. Cuando escribes drama estás deseando escribir chistes y cuando trabajas en una comedia echas de menos el drama. Y luego está, eso, el gran salto: que un guionista de series estrene un largo, que un guionista de cine entre en una serie. ¿Ah, que eso no pasa? Pasa, pero pasa poco.

No son mundos tan distintos ni, por supuesto, lenguajes diferentes. En la práctica, sin embargo, son planetas que giran en órbitas distantes. Muchos guionistas televisivos, entre ellos algunos muy curtidos y hasta con prestigio, tienen clavada la espina de no haber visto su nombre en los créditos de una película. Como si les faltara algo. Como si el éxito de audiencia y el trabajo continuado no fueran suficientes: el cine tiene un aura, un no sé qué, un envoltorio bohemio, el sello de artista… Sí, sí, lo mismo te pagan menos y tu película se estrena de refilón, pero es otra liga, es la Champions, entras en la historia, en los libros, en la alfombra roja. Vale que no podrás invitar más que a dos personas en el estreno, pero ¿vamos a fijarnos en los detalles?

Ah, eso sí, hay un momento que todo guionista debería vivir: camuflado en las filas de atrás del cine en una sesión de diario, fisgando los comentarios de los espectadores, comprobando que ríen tus chistes o saltan cuando has querido darles un susto. Eso no tiene precio, eso compensa todo. Eso hay que vivirlo.

Si hablamos de éxito de público, la televisión gana por goleada. Ahora mismo hay en emisión tres o cuatro series nacionales que convocan cada semana a más de cuatro millones de espectadores. En cine, aunque hay que tener en cuenta la envergadura de la película, un solo millón de entradas ya es un pedazo de éxito. El niño, por ejemplo, apenas ha pasado de los dos millones; Torrente 5, del millón y medio (puedes comprobar datos recientes de recaudación aquí). La conexión con su público que tienen las series en nuestro país es innegable y, sin embargo, muchas veces parece insuficiente para sentirnos orgullosos de ellas. Incluso para que muchos de los que trabajan en ellas se sientan orgullosos.

Ah, eso sí, dónde va a parar: quién se conforma con un Iris cuando se puede competir por un Goya.

Y eso que, en cuanto a la consideración artística que nos merece, de unos años a esta parte la televisión se ha convertido en la meca del creador, el laboratorio de invención de personajes, el lugar donde se exploran nuevos mundos y donde se juega a imaginar… territorios que antes parecían exclusivos del cine. Para la televisión actual, el cine es un trastero del que se dispone a voluntad hasta vaciarlo: a este paso, no van a quedar películas que se conviertan en series. Vale que cuando el fan habla de series suele referirse a los canales de cable norteamericanos, pero el virus se va extendiendo.

Tradicionalmente, cine y televisión eran, también, mercados laborales diferentes. La crisis ha tirado todos los muros que separaban esos mercados y profesionales de todos los departamentos han dejado el cine para invadir los platós de televisión. Incluso los directores. Y aún así, siguen siendo mundos bien distintos. Pido permiso a dos colegas para reproducir aquí un fragmento de charla tuitera de hace unas semanas:

CHAT

¿Y los guionistas? ¿El guionista peliculero no está preparado para el ritmo infernal de las series? ¿El guionista televisivo no tiene la altura requerida para la magia del cine? Realmente, ¿en qué se diferencia el trabajo de uno y otro?

En estas cuestiones estaba cuando leo la crónica que en este mismo blog escribió Alberto Pérez Castaños de la masterclass sevillana de los guionistas de Juego de Tronos. David Benioff y Daniel B. Weiss dejaron caer esta perla: “Escribir una película es como correr una maratón; escribir una serie es correr hasta que te mueres”. Qué razón tienen, pensé. Y seguí pensando más cosas: primero, el trabajo de guionista, en el fondo, es igual aquí y en todas partes; segundo, al guionista se le pide esfuerzo hasta el agotamiento, doy fe, nada de siéntate a esperar a las musas, no, tú ponte a correr y no pares; tercero, ¿de verdad no hay más opciones? ¿Estoy a punto de morirme o me he muerto ya y esto es Limboguionistas?

Por una mezcla de azar y empecinamiento, que es como únicamente se consigue algo en esta profesión, debuté en el cine y sólo unos años después tomé contacto con la televisión. En los primeros tiempos, cada vez que surgía la oportunidad de trabajar en una serie no podía atender la llamada porque ahí estaba, con mi película, regando el huerto, esperando a verla brotar, y entrar en el equipo de una serie era como alistarse en la Legión: despídete del mundo hasta que empiece la emisión. Pero llegó el momento en que me decidí a probar suerte, y llevo cerca de diez años entregado a la ficción televisiva. Así que no voy a contaros, de momento, cuáles son para mí las diferencias entre el trabajo de guion en cine y televisión, sino algunas de las cosas que he descubierto trabajando para la tele. Cosas que aprendes en la tele y que no conoce el guionista de cine.

Porque quizá la tele no da esa pátina, no es esa bufanda de autor, ese periplo de festivales y retrospectivas, ese sentimiento de pionero que se abre paso a machetazos, ese privilegio que sigue siendo participar en una película. A cambio, en el trabajo de guionista de ficción en televisión disfrutas de otros privilegios indudables. Como estos:

EL TRABAJO EN EQUIPO. Cójase a seis guionistas e introdúzcanse en una sala pequeña, sin ventanas, con una pizarra blanca muy grande, dos cajas de rotuladores y una montaña de post its. Permítaseles apoyar los pies encima de la mesa y hagáse el favor de suministrarles dosis constante de café y, de vez en cuando, algún dulce. En una semana han llenado la pizarra de tramas. Y por el camino, han compartido sus vidas al detalle, algunos ataques de risa floja, han cortado trajes a media profesión mientras escaletaban y han jugado al “¿Y si…?” como si fuera deporte olímpico. Tengo que decirlo: los ratos compartidos en eso que ahora llamamos writers room son los más fructíferos y divertidos que puedas vivir en este trabajo.

EL ORGANISMO VIVO. Trabajar en una serie es tomarle el pulso a un organismo, asistir a su gestación y alumbramiento, darle de comer, vigilar cómo crece y, casi siempre, lamentar su muerte prematura. Escribes personajes cuyo final no conoces, que van mutando de temporada en temporada, secundarios que despuntan inesperadamente hasta casi invadir los capítulos, al tiempo que otros a los que augurabas larga vida de pronto respiran con dificultad y se convierten en sombras al fondo del decorado. La serie en la que trabajas son varias series: la que imaginas, la que empiezas a ver cuando entran las caras y los colores del decorado, la que descubres en los primeros visionados, la que existe cuando empieza la emisión y se convierte en algo público, pasa a propiedad del espectador, que te exige que trates a sus personajes a su capricho.

LA INMEDIATEZ. Escribes páginas que van a grabarse el mes que viene, puede que la semana que viene, a veces mañana mismo. Los plazos se acortan, a veces hasta lo imposible, y ese ritmo endiablado acaba por convertirse, también, en un vicio. No hay tiempo para especular, el plató es el monstruo de las galletas y todos los días devora siete u ocho páginas de guion. Hay que alimentarle. Sin parar. Y tú eres la liebre que corre delante de los galgos, temiendo la dentellada que siempre amenaza tus talones, aunque la carrera suele acabar antes de que te hayan dado alcance. El mayor aprendizaje para un guionista es ver su texto puesto en pie, en la pantalla. En la tele disfrutas (o te espantas) constantemente, y se emite (casi siempre) en prime time.

EXPERTOS EN CASI TODO. Cualquier guionista de series con unos años en activo adquiere una capacidad técnica notable. Tiene reflejos, oficio, repertorio. Si no sabe medir sus fuerzas, puede que eso signifique adocenamiento o escasa autoexigencia, si se descuida será para siempre un expendedor de diálogos, pero incluso en ese caso no se puede decir que no tenga los músculos en forma. Cualquier guionista de series veterano conoce al detalle el protocolo policial, el médico, el de un bufete de abogados… puede que todos ellos a la vez. Todos han escrito un secuestro, un juicio, una entrada en urgencias, un arresto, un atraco, una muerte violenta, una despedida, un beso, un sueño, un despido, un accidente.

EL CONTACTO CON EL PÚBLICO. La televisión es un medio popular. Está comprobado: apareces diez segundos en un programa de la 2 un jueves a la una de la mañana y al día siguiente todo el mundo te saluda cuando haces la compra en el súper. Puedes llevar toda la vida escribiendo películas que la gran mayoría de la gente no sabe ni que existen; cualquier serie tiene un eco inmediato en el público. Encuentras opiniones en tu familia, tu portal, en las redes sociales, en una conversación ajena atrapada en el metro. Puede ser incómodo, sí, sobre todo si hablan mal de la serie, pero si trabajas en el espectáculo trabajas para el público y en ningún otro espectáculo tienes tan a mano la respuesta de tu público. En cine, te citas con tu espectador una vez al año, o cada dos años, o cada tres. En televisión, cada semana durante cuatro meses seguidos.

Y ahora viene el de la foto, el bueno de Aaron Sorkin, el monstruo, el máquina, el expendedor de diálogos kilométricos, que esta semana ha estrenado la última temporada de The Newsroom y, antes de que le lluevan las pedradas de costumbre, ha dejado claro en una entrevista que va a ser lo último que escribirá para televisión. Que sólo quiere hacer cine. Que no habrá más series. ¿Nos apostamos a que antes de dos años ha faltado a su palabra?


NADIE VA A PEDIR UN RESCATE FINANCIERO

4 octubre, 2013

john-carter

Por Natxo López

En el capítulo 6 de la segunda temporada de “The Newsroom” asistimos a esta breve conversación que pueden leer aquí abajo. Tranquilos, no hay spoilers, se trata de un momento desvinculado de cualquier trama del capítulo o de la temporada (a no ser que consideren ustedes un spoiler el que estos dos personajes sigan vivos, en cuyo caso tienen un serio problema).

WILL en el despacho. Entra SLOAN

SLOAN – ¿Estás ocupado?

WILL – No.

SLOAN – Mira, esto puede sonar extraño, pero estoy viendo la película de “John Carter” como un posible tema para mi segmento de esta noche.

WILL – ¿Qué pasa con ella?

SLOAN – Bueno, trata de un oficial confederado de la Guerra Civil que es transportado a Marte, que es un planeta frondoso habitado por bárbaros de tres metros y medio. Por su distinta densidad ósea y la baja gravedad del planeta, John Carter puede saltar…

WILL – (Interrumpiendo) Dije, “¿Qué pasa con ella?” no, “¿De qué va?”. Además, ya sabes: spoilers.

SLOAN -Vale, bueno, está previsto que le dé unos 200 millones de pérdidas a Disney.

WILL – ¿Quieres hablar de la economía de Hollywood?

SOAN – Di lo que quieras, pero es una de las pocas industrias americanas que todavía hace un producto que la gente quiere comprar.

WILL – No parece que quieran comprar “John Carter”.

SOAN – Bueno, ahí está: Nadie va a pedir un rescate financiero y las acciones de Disney son relativamente seguras. El entretenimiento es una de nuestras exportaciones que más ingresos genera, y emplea a miembros de 17 sindicatos diferentes, los cuales todos tienen unos excelentes contratos mínimos básicos. Puede que se den un batacazo con John Carter, pero nadie va a resultar herido. Aún es pronto. Sólo es una primera idea.

WILL – Sí, no… suena bien.

A partir de aquí la escena prosigue con una de las lineas narrativas del capítulo, y el asunto “John Carter” no se vuelve a mencionar.

A pesar de cómo nos tiene acostumbrados Sorkin a sus triquiñuelas, me sorprendió este momento, por varios motivos. En primer lugar, como he dicho, no tiene niguna relación causal ni temática con el resto del capítulo. Es un “recadito” que ha querido dejar el guionista y productor ejecutivo. Nos está recordando algo que él considera relevante: que la Industria del Cine es eso, una Industria, y que es además una de las más prósperas y fiables de EEUU. Tanto, que pueden permitirse una razonable cantidad de fracasos.

En un momento en el que la globalización hace temblar algunos de los estamentos sagrados sobre los que se erige la economía americana (y que ha llevado a la bancarrota incluso de una ciudad como Detroit), el cine sigue mostrando músculo. A pesar de no ser una industria “al uso” en la que fabrico un objeto por X costes y lo vendo por X+Y obteniendo así mi beneficio minuciosamente planificado… A pesar de ser un negocio que depende de elementos intangibles y difíciles de controlar como son los resultados en taquilla o la aceptación de público y crítica… A pesar de todo eso, funciona. Y funciona muy bien.

Y no sólo eso. Es una industria con un fuerte componente sindical, donde los profesionales saben cuáles son sus derechos y emolumentos básicos, donde alguien que se salte el pacto sindical queda fuera de la industria. Y eso, que algunos consideran un anatema para el rendimiento económico, se demuestra aquí como una herramienta que favorece la profesionalidad, el trabajo bien hecho y, a la postre, el beneficio.

No todo en Hollywood es de color de rosa, por supuesto, pero sí han conseguido, desde hace décadas, que tanto los ciudadanos como las diferentes administraciones comprendan la importancia, y la necesidad, de tener una industria cultural fuerte y competitiva. Y ahí está el quid del asunto: es una industria que recibe un apoyo y un impulso radical por parte de su gobierno, en forma de desgravaciones, ayudas y apoyo internacional.

Para el resto del mundo, y como bien sabemos por algunas de las revelaciones de wikileaks, ese apoyo refuerza un neocolonialismo cultural del que EEUU no nos va a dejar desprendernos en mucho tiempo. Su cine y su TV -y, por lo tanto, su cultura- nos tienen invadidos y acomplejaditos, tanto que no nos atrevemos a propugnar leyes al estilo de las francesas que ayuden a minimizar los efectos negativos que esa colonización tiene sobre nuestra propia industria cultural. Sin embargo, desde el punto de vista interno, es una estrategia económica intachable.

Lo que hace Sorkin aquí, en realidad, es sacar pecho, ponerse chulito, sacar la chorra delante de todos esos que consideran que su oficio no es importante, que no salva vidas, que no aporta nada. En una sociedad (la norteamericana) en la que el dinero es la carta ganadora en cualquier discusión, Sorkin saca el as de oros y se lleva las apuestas de la mesa con gesto de suficiencia.

Mientras, aquí en España vemos cómo se están cargando progresivamente la pequeña y maltrecha Industria cinematográfica que tenemos, aduciendo tonterías como que es un club de mantenidos y que la cultura no es lo importante (al igual que no lo son, por lo visto, la salud o la educación). Lo importante es rescatar a los bancos, mantener los compromisos con empresas militares y, sobre todo, tener satisfecha a Merkel, no se vaya a contrariar.

Al contrario de lo que mucha gente malinformada cree, la del cine no es, ni de lejos, la industria más subvencionada de España. Basta con mirar las cifras, por ejemplo, aquí.  Sólo la primera de las sociedades mercantiles de la lista recibe más del doble de ayudas que todo el presupuesto del ICAA de este año. No está mal para ser la Peugeot, una empresa francesa. Y eso por no empezar a rajar de las subvenciones a partidos políticos. Que esos mismos políticos vayan a dejar morir al cine por unos cuantos millones de euros (una parte infinitesimal de los presupuestos) es un acto vergonzoso, vengativo y, sobre todo, absolutamente estúpido desde cualquier prisma económico a través del cual se quiera justificar.

Es en tiempos como estos, precisamente, donde los miembros de la industria tenemos que tomar ejemplo de la actitud de Sorkin y sacar pecho. Sé que a veces apetece todo lo contrario, amohinarse y quedarse acurrucadillos y dejarse rematar, pero eso es lo que quieren, que lo demos por perdido.

Aquí nuestro sacar pecho tiene un componente necesariamente diferente al que demuestra Sorkin. Aquí el pecho se saca por todo lo contrario, es decir, porque a pesar de que nos las meten dobladas por todos lados, seguimos teniendo una industria, y unos profesionales, que luchan para sacar las cosas adelante, que logran arañar éxitos y que se parten el jeto para que esto no se muera, para seguir pariendo historias y para seguir rodándolas. Tanto en el cine como en la televisión como en Internet.

Lo que quizá nos falta aún es una mayor capacidad de unión y de concienciación colectiva. En este sentido los guionistas siempre hemos sido uno de los gremios más individualistas. En los últimos años se está produciendo un cierto cambio. Hay más interés por conocer a los compañeros y departir con ellos de nuestros problemas comunes. La labor de los diferentes sindicatos y asociaciones, aunque difícil y con muchos palos en las ruedas, poco a poco se va notando.

Esta semana ALMA organizó un exitoso encuentro de los medios con los guionistas de las series que se emitirán este trimestre, en reivindicación de que los guionistas sean también tenidos en cuenta como creadores necesarios y responsables de las producciones televisivas. Tenemos también iniciativas maravillosas como la de las “70 teclas. Dentro de un par de semanas FAGA y ALMA organizan en Bilbao el III Encuentro de Guionistas, donde una vez más podremos reunirnos para hablar de los problemas del gremio y de cómo afrontarlos entre todos. Les recomiendo que no se lo salten.

Soy consciente de que una parte de los motivos de que el sector esté cada vez más unido tiene que ver, también, con la crisis y con el acojone que causa en el personal. Muchos guionistas que se sentían cómodos en su anacoretismo hogareño, felices ante su poltrona por no verse obligados a relacionarse con otros humanos juntaletras, han empezado a mover el culo por miedo a no poder seguir pagando la hipoteca. Consideran, en su pánico, que los contactos y la información pueden formar parte, también, de una estrategia laboral a largo plazo. Son motivos egoístas, sí, pero si el resultado es que esa gente se acerque a sus compañeros de profesión y comience a verlos no como enemigos ni competidores, sino como colegas con sus mismos problemas y visicitudes, pues bienvenida sea esa dosis de egoísmo.

Ahora sólo falta que ese sentimiento colaborativo se contagie más hacia arriba, entre aquellos que tienen la fortuna y la responsabilidad de estar al frente de equipos creativos. Que un Productor Ejecutivo del poder de Aron Sorkin elogie el férreo sistema sindical de la industria hollywoodiense, en lugar de quejarse por no poder pagar menos a los miembros de su equipo, es un ejemplo para ponerse a aplaudir. Aquí tenemos la fea costumbre de mirar mal al que se queja. No estaría mal empezar a mirar entre todos aún peor a quien desprecia y maltrata a sus compañeros.


ANÁLISIS DE SERIES: EL PILOTO DE “THE NEWSROOM” (II)

5 octubre, 2012

Por Natxo López

Hoy respondo al post del miércoles pasando a relatar mis impresiones acerca de los propósitos narrativos de Aaron Sorkin en su piloto de “The Newsroom”. La pregunta a la que intento ir contestando es: ¿por qué Sorkin nos cuenta esto? ¿Qué pretende conseguir? ¿Cuál es su intención?

Podría llenar el post de acotaciones tipo: “en mi opinión…”, “desde mi punto de vista…”, “siendo un poco aventurados podríamos decir…”, pero el post sería aún más largo y molesto, así que asumamos desde ya que lo que yo escribo (en color azul) es lo que yo PRESUMO que pretende Sorkin. Puedo equivocarme, sólo es mi impresión. Tampoco estoy juzgando si me parece bien o mal lo que él pretende, sólo intento clarificar sus intenciones. Lo interesante, aquí, es abrir el debate y establecer las preguntas.

*****

“The Newsroom”. 1×01. Escaleta.

Debate en la Universidad. Dos periodistas ideológicamente contrarios discuten sobre impuestos mientras WILL escucha. Cree ver a alguien conocido entre el público, una mujer. Pero está mareado, confuso, aturdido por las luces. El presentador le dice que es conocido por no posicionarse, intenta presionarle. WILL elude respuestas directas. Una chica del público pregunta por qué América es el mejor país del mundo. WILL intenta escaquearse, pero el presentador insiste en que responda. WILL ve a la mujer del público con un par de carteles. “It´s not”. “But it can be”. WILL dice que no lo es. Que podría serlo pero no lo es. Y suelta una gran perorata sobre América que deja a todo el mundo muy asombrado.

Presentación de personaje. Sorkin nos muestra a su protagonista, un periodista de éxito que nunca se moja y que de pronto tiene un ataque de sinceridad. 

También es una declaración del tema y del tono de la serie.

Hay, creo, un intento de provocación (para el público estadounidense, claro). “Tu país no es el mejor”. La provocación puede derivar en escándalo, barullo, debate… y audiencia.

Además se siembra tímidamente la existencia del personaje de Mackenzie, al que conoceremos más tarde, y de su poderosa relación con Will.

Pero, sobre todo es un gancho, una soflama de Sorkin con la que intenta “atrapar” a cierto tipo de espectadores diciéndoles “si estáis igual de hartos que yo, y sois tan ingeligentes como yo, esta serie os va a gustar”.

– Reacciones nerviosas en el backstage tras el debate. Le echan la bronca a WILL por lo que ha dicho. Él dice que está tomando una medicación… “¿qué coño he dicho ahí fuera?”.

Sorkin recurre a un truco de guión algo barato. Ha conseguido impactarnos y presentarnos a un personaje muy potente que ha roto las reglas de su mundo. Pero… para que su conflicto no esté ya agotado y pueda desarrollarse a lo largo del piloto (y de la serie) se introduce la justificación de las drogas para dar “un salto atrás”. Ya no tenemos un personaje en conflicto con el mundo, sino en conflicto consigo mismo. 

– CABECERA. “We just decided to”.

No entraré a analizar la cabecera (que a mí me parece algo sosa y anticuada, aunque con aciertos). El título  condensa el conflicto principal del capítulo y de la serie. Que vendría a ser algo así como “¿tienes huevos de hacer lo correcto, o eres un vendido?”.

– WILL en un coche con chófer, New York. Se baja y entra en un edificio.

Información. Will es un tío importante, rico, tiene chofer, trabaja en el centro de Manhattan.

Sin embargo, no nos cuentan qué ha pasado durante este tiempo. Se crea curiosidad porque sabemos que tiene que haber habido consecuencias…

– WILL atraviesa la redacción y entra en su oficina. Una pareja le ve. Son DON y MAGGIE. Discuten si él debería conocer a los padres de ella. Sólo llevan 3 meses de relación. Un chico hindú intenta no escuchar su conversación personal. Es NEAL.

MAGGIE le reprocha a DON discutir en mitad de la redacción. “Todos aquí lo saben”, dice él.  “Peor si un día discutimos en medio de la redacción no te despedirán a ti, productor de primera de la Facultad de Periodismo de Columbia, sino a mí, la becaria ascendida a asistente por casualidad”.

Don también está molesto porque no se va con él a su nuevo informativo. Ella quiere quedarse con WILL por lealtad. “¿Lealtad? Acaba de entrar en su despacho sin darse cuenta de que falta todo su equipo”.

Presentación de Don y Maggie. Son pareja. Llevan 3 meses. Tienen diferencias, no parece una pareja feliz. Don es arrogante, Maggie, más insegura. Don critica a Will mientras que Maggie es leal. Averiguamos (con mucha literalidad) sus puestos laborales. De paso se presenta cómicamente a Neal (uno de los personajes más cómicos).

WILL sale: ¿dónde está todo el mundo? “Tienes que subir a hablar con CHARLIE, no te puedo decir nada”, dice DON. Y se va. MAGGIE dice que no sabe nada y no puede contar nada. WILL se lía con su nombre. Y va a hablar con CHARLIE…

Se presenta un peligro: descubrimos que pasa algo con el informativo de Will pero no qué, lo que nos empuja a considerar consecuencias de la primera secuencia. Algo le ha pasado a este tío por haber dicho la verdad. Empezamos a temer por él. Y a tener más curiosidad.

Presentación de la relación de Will con Maggie. Will no es capaz ni de aprenderse su nombre: es sólo una becaria más.

– Despacho de Charlie. WILL habla con CHARLIE, su jefe. WILL ha estado dos semanas fuera. CHARLIE sabe que estuvo de vacaciones con una famosa. WILL pregunta dónde está su equipo. CHARLIE cuenta una vieja historia de Vietnam. “A veces los deseos te caen encima”. Luego explica que hay un programa nuevo al que se va su equipo, incluyendo a su productor Don. WILL se va a hablar con él.

Presentación de Charlie. Abuelo cebolleta. Buen jefe, amigo de Will.

Más información sobre Will: sale con famosas. 

Nuevo avance en la trama: “tu equipo se va”.

– Pasillos. WILL habla con el PRESENTADOR del nuevo programa. WILL está enfadado, le han robado a su productor. CHARLIE le explica que DON pidió irse. “¿Es por lo que pasó?” (el debate). “No…”.

DON sale y dice que no se va por lo que pasó en el debate (aunque la chica ha puesto una demanda). “Es por tu forma de ser. Me gritaste delante de todo el equipo. La pagaste conmigo y con tu equipo y por eso nos vamos”. DON le dice también que la cagó en ese debate, que marcó el fin de su carrera. CHARLIE defiende a WILL, que le dice a DON que lo que realmente está haciendo es “saltar de un barco que se hunde”. “Siempre has sido el tío más inteligente por aquí”. El PRESENTADOR del programa se disculpa y WILL le desea sinceramente que tenga suerte, no tiene nada contra él.

Aquí se presenta a Don ya directamente como el antagonista, el malo. No hay nada peor que un cobarde, un desagradecido y un trepa, así que ya nos cae mal. Abandona a Will porque cree que no tendrá éxito (es la visión que da Will, pero está escrita de tal manera que es con la que se queda el espectador).

Pero Sorkin no hace que Don sea, simplemente, “un hombre malo”; lo que hace es presentárnoslo, durante todo el capítulo, como una representación del tipo de periodismo que él abomina, y contra el que va dirigida la serie. A partir de este momento, casi todo lo que hace Don es lo que hacen “los malos periodistas”.

Más presentación de Will: es irritable, grita a sus empleados, aunque luego no lo recuerde.

Se pone en boca de Don el “elefante en la habitación” al que nadie quiere hacer mención: la cagó en ese debate. El resultado de la escena es que Will pierde. Es una DERROTA en toda regla. Sorkin empieza aquí a presentarnos el lado perdedor, débil, humano y sufriente de Will, para intentar conseguir que nos caiga bien a pesar de todos sus defectos (que son muchos).

– En la cafetería, WILL habla con CHARLIE. Will jodido, no sabía que caía tan mal a sus trabajadores. CHARLIE le dice que ha contratado a un productor nuevo. Sin consultarle. Y sí, es ella. ¡Mackenzie! Está preparada, estuvo en la guerra, es la mejor posible, ahora quiere volver a casa… Está mental y físicamente exhausta. WILL no quiere, pretende negarse por contrato, CHARLIE le dice que no puede pero WILL se va a hablar con su representante.“¿Cuándo fue la última vez que la viste?”. “Hace tres años”. “Fue la última vez que fuiste un buen tío”.

Presentación de Mackenzie a través de lo que dicen de ella otros personajes, un recurso inteligente y, bien utilizado, poderoso, puesto que permite verbalizar opiniones muy directas para vendérselas rápidamente al espectador. No sólo es una profesional como la copa de un pino (corresponsal en Irak…), además sufre (está agotada), lo que ayuda a que empaticemos con ella.

Y lo mismo con Will. Sorkin nos lo muestra jodido por lo que piensan de él sus empleados, débil y temeroso ante el anuncio que le hace su jefe…

Y, obviamente, hay un giro de guión: han contratado sin su permiso a una nueva productora… que él odia por algún motivo que desconocemos. Se marca así por primera vez que algo muy fuerte hubo entre Will y Mackenzie… creando más curiosidad, queremos saber más.

– Redacción casi vacía. En la tele hablan de Lehman Brothers. Llega MACKENZIE. Es la mujer que Will creyó ver. Nadie le hace caso. Habla con MAGGIE y DON (que la conoce). “Estoy aquí para ocupar tu puesto”. DON lo ve raro. MAGGIE deja escapar que WILL ha ido a ver a su representante. MACKENZIE deduce que la han contratado a espaldas de WILL y éste ha ido a ver si puede rechazarla por contrato. “Bien, vais a ver algunas cosas… Me sentaré aquí a esperarle”.

Descubrimos que Mackenzie es la mujer que Will vio en el debate y que tanto le afecta. Esto no es un giro para los personajes, pero sí para el espectador. 

Presentación del personaje de Mackenzie. Es directa, franca, e inteligente, deduce rápidamente lo que pasa. Conoce a Don pero parece empatizar más con Maggie.

Más información sobre Maggie: es patosa, aunque bienintencionada.

La frase “Vais a ver algunas cosas” es una manera (literal, pero fácil y efectiva) de dejar en alto que “esto se va a liar”. Es un gancho para que sigamos mirando.

MACKENZIE charla con MAGGIE. Le dice que lo primero que hizo al volver fue comprar ropa de mujer. MAGGIE recibe una llamada de su padre, le dice que Don no podrá ir a cenar porque tiene curro. MACKENZIE oye la llamada. Ve a MAGGIE llorar. Lo deduce todo y MAGGIE lo corrobora. “Mi padre sabe que miento, y ahora odiará a DON”. MACKENZIE le consuela y le da consejos “de mujer experimentada”. MAGGIE le dice que se ha quedado con WILL por lealtad a él. MACKENZIE la asciende a Productora Asociada. “Me vuelve loca la lealtad”.

Más presentación de personajes y de la relación entre las dos mujeres. Nuevo rasgo de habilidad deductiva (de “periodista de raza”) de Mackenzie. Pero también es una mujer empática y capaz de evaluar a la gente. Y encima es generosa al ascender a una chica a la que acaba de conocer.

Avance en la pequeña subtrama de Maggie: ahora sus padres saben que Don miente. 

Encones aparece JIM como un torbellino. Tropieza. MACKENZIE le presenta a MAGGIE.

Presentación “simpática”. Un personaje perfecto es odioso. Uno nervioso, que tropieza y la caga es, directamente, mucho más “querible” para el espectador. Nada más llegar se establece la que será una de las relaciones fundamentales de la serie: Maggie y él son presentados.

En un aparte, JIM habla con MACKENZIE. Teme por su curro. ¡Ha declinado ofertas en la CNN para venir con ella! ¡Ha alquilado un piso en New York! “¿Por qué no me dijiste que tienes problemas con Will?”. MACKENZIE le tranquiliza e intenta que se fije en MAGGIE. Necesita ayuda de DON en la transición y ella es su novia… Si ve que JIM es una amenaza, intentará impresionarla… MAKENZIE le convence de que harán cosas grandes juntos en esa redacción. “Quédate”. JIM duda. “Dime qué problema tienes con WILL”. “No puedo”. JIM accede a coquetear con MAGGIE (aunque no lo sabe hacer muy bien).

Presentación de Jim . Es un buen periodista (¿ofertas de la CNN?), aunque no gana mucho dinero, y es leal a Mackenzie. Lo que no significa que no tenga miedo. Todo orientado a que nos caiga bien.

En un  giro absurdísimo, y que luego no se explota, Mackenzie le pide que flirtee con Maggie. Es una forma, supongo, de detonar la trama sentimental (que va a ser fundamental en la temporada), pero para mí no funciona (y, como digo, no se utiliza luego, lo que me lleva a sospechar que tal vez eliminaron alguna secuencia posterior). 

También damos más datos de Mackenzie: es un poco manipuladora, aunque sea para hacer el bien.

Entra WILL. Encuentro con MACKENZIE. Pausa, tensión. Todos miran. “Vamos a mi oficina”.

No hacen falta muchas palabras. Entre lo que nos han dicho y lo que vemos, queda claro. Aquí ha habido tomate.

– En el despacho, MACKENZIE dice que le mandó mails estos años… WILL ni los leyó. Fuma. Está tenso. Ella intenta convencerle de que el programa funcionará con ellos dos juntos. Él le dice que ya no tiene un contrato de 3 años; ahora es un contrato de 156 semanas, puede despedirle cuando quiera, después de cada programa. Ha renunciado a un millón de dólares al año para lograrlo.

Comienzo de una larga discusión que posiblemente haya sido “troceada” en edición para mezclarla con lo que ocurre en la redacción y darle, así, más ritmo a un momento del capítulo que es algo coñazo.

Descubrimiento paulatino de cómo es la relación entre estos dos personajes, aunque Sorkin sigue jugando con la curiosidad del espectador, postergando la explicación del “qué pasó”.

La noticia de Will de que ha renunciado a un millón de dólares anual para poder despedirla es al mismo tiempo un giro de guión, un rasgo de personaje (es orgulloso, no especialmente avaricioso, en parte porque gana mucho dinero) y una manera de reforzar nuevamente la idea de que algo muy fuerte sucedió entre ambos personajes.

– En la redacción, MAGGIE presenta a JIM y DON. “¿Estuviste con Mackenzie en Afganistan?”. “Sí. Y en Irak. Pakistán…”. DON se mete un poco con Mackenzie. A JIM no le gusta que lo haga, pero es educado y no replica. DON le da la bienvenida.

Don ya está posicionado como “el antagonista”, así que cualquier rivalidad que demuestre con otro personaje, ayudará a que ese personaje nos caiga mejor. Aquí se hace eso con Jim y con Mackenzie.

Jim queda como un señor callando elegantemente. Además recibimos nueva información de él: también ha vivido lo suyo en mil batallitas periodísticas a pesar de su juventud.

Se establece aquí el comienzo del triángulo. Como en cualquier buena trama sentimental, es casi más importante lo que se muestra entre los personajes (miradas, gestos, interpretación) que lo que se dice (una máxima que Sorkin tiende a saltarse a menudo cuando pone a sus personajes a hablar de sus sentimientos hasta la extenuación; aquí no lo hace todavía y se agradece).  

– Volvemos a MACKENZIE y WILL. Ella le pide que no lo pague con la gente que se ha traído consigo, como JIM. WILL le grita: “¡la cagaron, confiaron en ti!”.

Giro en la conversación: Will pierde los nervios por primera vez. Y está tan dolido, que incluso parece capaz de hacer pagar a otros por las culpas de ella.

– Ese grito se oye en la redacción. JIM se lleva las manos a la cara, agobiado. En ese momento suena una alarma de noticia. JIM es el primero que empieza a darle importancia a pesar de que todavía es “amarilla”. Una explosión en plataforma petrolífera. Entonces aparece sobreimpresionada la fecha: “20 abril 2010”. (Es el minuto 34 del capítulo).

Jim está agobiado, no sabe qué será de su futuro. Pero es un periodista “de raza”. Y en cuanto llega una noticia importante, él la huele, la nota, y deja todo a un lado para investigar. Lo lleva en la sangre. Sí, es todo un poco obvio.

Aquí comienza la trama profesional que nos permitirá ver a los protagonistas en acción. Primera información sobre el vertido.

Me parece interesante el recurso de la fecha sobreimpresionada. Sorkin decide relegar a este punto (más de media hora después de empezar) la información del momento exacto que se está narrando.

A partir de este momento se coloca al espectador en una situación de superioridad al darle más información que a los personajes. Nosotros sabemos perfectamente las grandes repercusiones que tuvo ese vertido.

Hasta ahora estaba presentando a personajes. Ahora es cuando empieza a hablar de periodismo, y de una parte de la historia reciente de EEUU. Hasta ahora todo era pequeño, humano, asumible. A partir de aquí va a ir haciéndolo cada vez más grande y épico.

– En el despacho, MACKENZIE intenta disculparse con WILL por lo que pasó (no dicen el qué). WILL se pone en plan sarcástico.

Subida de tensión en la discusión. Más información sobre los personajes. Will puede ser sarcástico y hacer bromas incluso estando cabreado. Mackenzie no sólo es muy lista, sino que además le conoce perfectamente.

– En la redacción, la gravedad de la noticia aumenta. Se habla de 15 muertos. JIM cree que hay que decírselo a Will. DON cree que no, “y tú todavía no trabajas aquí, así que relájate”. NEAL dice que podría tratarse de un vertido masivo de petróleo. Pero DON le para los pies a JIM: “tú no trabajarás aquí hasta dentro de 2 semanas, me estás molestando”. JIM lo comprende. Entonces recibe una llamada importante…

Primer enfrentamiento entre Jim y Don. O, lo que es lo mismo para Sorkin, entre el periodismo “de verdad” y el “vendido”.

El conocimiento que tenemos del vertido hace que, sin tener que hacer nada, Jim quede como un visionario defensor de la verdad, y Don como un auténtico gilipollas. ¿Tramposo? Un poco. Pero muy efectivo.

– Despacho. MACKENZIE defiende a su equipo. WILL promete darles una oportunidad cuando contrate a un nuevo productor. Ella se lo agradece y se va a ir… Pero cambia de opinión y suelta una perorata sobre la importancia de los medios de comunicación en una democracia. “Se puede hacer un buen informativo y que tenga buenas audiencias”. “Eso es imposible”, dice WILL. “América está polarizada, la gente quiere elegir qué hechos conocer”. MAKENCIE insiste, pero WILL no parece muy impresionado por el discurso…

Tanto Mackenzie como Will se preocupan  por la gente del equipo. No son malas personas.

Parece que la discusión llega a su fin… Pero Mackenzie no es de las que se rinden: se vuelve y pelea. Y empieza a verbalizar las ideas de fondo que sustentan la serie y que seguramente son las que llevaron a Sorkin a escribirla. “Los informativos de hoy en día son caca, pero eso se puede cambiar. Tú lo puedes cambiar”.

– JIM le dice a MAGGIE que quiere hablar con DON. “¿Estás seguro”. Asiente. Le dice a DON que tiene la llamada de una fuente, un ingeniero de BP. No saben cómo parar el escape. Pero no puede revelar la fuente. DON pasa completamente de él… JIM recibe otra llamada.

Casi es una repetición de la escena anterior. Jim no sólo es listo, además tiene buenos contactos que le ponen en la senda de la verdad.

Don es todavía más gilipollas al no hacerle caso.

– MACKENZIE sigue con su perorata a WILL. Le habla del Quijote. Le habla de reivindicar el cuarto poder, reivindicar el periodismo como una profesión honorable. “Decirle la verdad a los estúpidos”.

También escena algo repetitiva (por eso creo que seguramente fueron “troceadas”). Más discursos, más momentos para que Sorkin suelte sus panfletos. Lo cuela por aquí, en la mitad del capítulo para que no cante tanto, aunque en realidad es una continuación del discurso de la primera secuencia, sólo que en boca de otro personaje.

– Redacción. JIM vuelve a hablar con DON. Ha descubierto la implicación de Halliburton en el vertido. DON se cabrea: “estás empezando a molestarme, fuera de aquí de una puta vez”. Pero JIM se escabulle hasta el despacho de WILL…

Tercera escena seguida en la que Jim y Don discuten por lo mismo. Creo que es algo redundante y que se podría haber concentrado más, aunque supongo que Sorkin tuvo alguna buena razón para hacerlo así. Posiblemente quería plantearlo de forma gradual.

Sorkin nos habla de la valentía de Jim (y su instinto periodístico) al colarse sin permiso en el despacho de Will…

– JIM interrumpe nervioso en el despacho. DON se queja pero WILL le hace callar, quiere escucharle. MACKENZIE le presenta: “es mi productor senior”. JIM cuenta que el vertido es mucho más grave de lo que parece…

A partir de aquí (incluyendo las escenas anteriores de Jim) se incia un conflicto muy claro: ¿vamos a informar de esta noticia o no? Como los espectadores sabemos cuál fue la noticia, nuestra postura sólo puede ser una: “¡informar, coño!”. Así se consigue plantear una dinámica algo maniquea semejante a la de las películas de acción, donde se trata de que el héroe acabe con el malvado. Sólo que, en este caso, el heróe son un grupo de periodistas a la caza de la verdad.

– Salen a la redacción a hablar con NEAL, que defiende que la gran profundidad de pozo lo hace muy peligroso. “¿Y tú quién eres?”. “Escribo tu blog”. “¿Estás de broma? ¿Tengo un blog?”.

Sorkin es muy hábil introduciendo ligeros toques de comedia como éste en determinados puntos donde se concentra gran cantidad de tensión. Esto permite liberar dicha tensión, dotar de mayor ritmo al capítulo mediante leves “giros de tono” y, por supuesto, ayudar a definir a los personajes (Will es un “antiguo”) y a que te caigan mejor al hacerlos más imperfectos.

Aparece CHARLIE (el jefe). Se entera de lo que pasa. Escucha la explicación de JIM: el fallo en la mezcla de cemento de Halliburton puede ser la causa de la explosión. ¡Además Halliburton hizo pruebas que demostraron que eso iba a pasar! WILL pregunta cuáles son sus fuentes. JIM no puede revelarlas, le pide que confíe en él. WILL se ríe. MACKENZIE le pide a JIM que revele sus fuentes… WILL: “Vamos al despacho, la gente imprescindible” .

La aparición de Charlie nos ayuda a definirle: es un jefe valiente que está a favor de investigar sin miedo. Por otra parte, elimina de la ecuación la posibilidad de que el conflicto derive en “¿me enfrento a mi jefe?”. Sorkin no quiere un “conflicto de cargos”, él busca (según anuncia el título del capítulo) un conflicto interno en sus personajes, quiere que el antagonista sea el propio miedo del periodista, un miedo que puede ser vencido y derrotado.

La presión para que Jim revele sus fuentes introduce otro conflicto moral clásico en periodismo, que aquí además sirve para fortalecer los vínculos de confianza entre varios protagonistas que apenas se conocen. El hecho de que Jim revele sus fuentes implica no sólo que sea consciente de la gravedad de la noticia, sino también que se fía de sus nuevos compañeros. Porque es un tío guay. Y porque van a ser un grupo guay.

– Despacho. JIM revela sus fuentes: un amigo de la Universidad y su propia hermana. WILL: “¿tienes a dos fuentes de personas traicionando a sus empresas en 2 minutos?”. “Ha sido un golpe de suerte. Es la primera vez”. DON (seguramente celoso de JIM) mete caña a WILL: “si te equivocas con Halliburton, será el final de tu carrera. Demandarán a la cadena y se la comerán”. Ese discurso hace girar a WILL: “vamos a ver a dónde nos lleva esto”.

Nuevamente Don interpreta el papel del “periodismo malo”. Es maniqueo pero funciona. Will, por fin, gira. Gracias a su desprecio por la mentira, a la presión de buenos compañeros de profesión, y gracias a la aparición de una exclusiva brutal que activa su sexto sentido de periodista.

Y todo eso a pesar de la advertencia, clarísima, durísima, literalísima, de Don. El efecto que busca Sorkin en el espectador es crear sensación de un gran peligro, como en cualquier película de acción. Lo que está en juego es importante, es la carrera profesional de todos esos protagonistas, e incluso la supervivencia de la cadena para la que trabajan. Sorkin nos está diciendo “se va a liar una buena, se van a meter en un gran lío, pueden acabar muy mal… ¿es que vas a perdértelo?”.

– DON sale a currar a la redacción de mala leche, pero WILL les da dos semanas libres a todos los que se iban al nuevo programa, incluído él. MACKENZIE dirigirá el programa. “Aunque no me he tragado todas esas chorradas que has dicho en el programa”. “¡Todo el mundo a trabajar!”.

Se afianza la decisión de Will (que justo antes ha sido un poco tibia) y se refuerza la sensación de peligro y dificultad. No sólo van a hacerlo. Además van a hacerlo solos.

Discusión amoroso-laboral que distiende el tono.

Se da el “disparo de salida” que da paso a…

– Movimientos de cámara, steady, gente llamando por teléfono… WILL acepta a JIM (y se entera de su nombre).

Se da una imagen rápida, visual -e idealizada- del trabajo de los periodistas. Se consigue así, mediante trucos de puesta en escena y realización, darle épica a una labor tediosa que consiste, principalmente, en hacer llamadas de teléfono.

Se establece, asímismo, el paso de tiempo, a la vez que aumenta la sensación de premura y tensión.

– JIM le hace un encargo a MAGGIE. DON lo escucha y lo quiere hacer él. No sabe que ella ahora es productora asociada. Pequeña discusión. MAGGIE: “podéis seguir discutiendo sobre quién es mi jefe, pero tengo trabajo”.

Rápido recordatorio de la trama Jim/Don/Maggie. Una vez más, Don queda fatal menospreciando a su novia, mientras que Jim le demuestra su apoyo. Pequeños apuntes que construyen el triángulo.

– MACKENZIE pregunta por sus geólogos de cabecera. DON no lo sabe… NEAL se adelanta y se lo dice.

Un pequeño detalle que cuela Sorkin que viene a decirnos que aquí no importa el cargo, importan el trabajo y el talento. En la vida real esto es mentira, claro, pero esto no es la vida real, es Sorkin.

– Más llamadas. Montaje. Se preparan los técnicos, la sala de emisión, las cámaras…

No sólo se mantiene el ritmo y la sensación de paso de tiempo, también nos ofrecen información visual de cómo es el trabajo en una redacción de informativos de TV, algo que hasta ahora apenas hemos visto. Se nos muestra el ejército preparándose ante la batalla.

-WILL se mira en el espejo de su camerino. Sus manos tiemblan.

Peligro. Will es consciente de lo que va a hacer y tiene miedo, lo que nos ayuda a comprender el peligro que corre. Si no estuviera asustado no sería un héroe, sería un loco.

– MACKENZIE entra en la sala de emisión y se pone los cascos, nerviosa.

– WILL, de etiqueta, se sienta en su mesa, ante las cámaras. Le ponen el micro, le pasan notas, se concentra…

Seriedad, importancia, gravedad. Esto no es un juego, es la liga grande de la televisión que llega a millones de hogares y conciencias.

– (53) MACKENZIE en la sala. Quedan dos minutos para la emisión. Quiere un asesor de imagen para WILL. Quiere que esté sexy otra vez. MACKENZIE habla a WILL a través del micro. “Quiero dejar claras dos cosas: yo hice algo malo y no espero que me perdones. Podrás despedirme tras el programa, pero de ocho a nueve eres mío. Yo mando. Dime que lo entiendes”. “No creo que eso sea así”, contesta WILL. MACKENZIE sobrescribe en pantalla un rótulo: “Vertigo medicine”, en alusión a su episodio psicótico en el debate. “Di que lo entiendes y lo quitaré”. Quedan 30 segundos. Discuten, él grita “¡está bien lo entiendo!”. Ella lo quita in extremis.

Apoyado en un gag quizá algo prescindible (en mi opinión le resta seriedad al momento), se deja claro aquí cómo va a ser la relación profesional entre Mackenzie y Will. Se establece que su pretérita relación sentimental no será óbice para hacer bien su trabajo (algo necesario para evitar distracciones al espectador).

Y esto además ayuda a engrandecer la profesionalidad de los personajes: son conscientes de la importancia de lo que van a hacer y no lo mezclarán con tonterías amorosas.

10 segundos. El técnico avisa de que no hay guión, no hay nada en el teleprompter. “Así es cuando se mueve como pez en el agua”, dice MACKENZIE.

Peligro, tensión in extremis. Ahora vamos a ver por fin qué es lo que hace este señor idiota que hemos visto todo el capítulo quejándose…

Si esto fuera una película de guerra, éste sería el momento en el que empieza la batalla.

– (Minuto 55 del piloto) El programa EMPIEZA. WILL habla del accidente. Entra una corresponsal…

– En la redacción ven el programa mientras siguen trabajando a destajo…

– MACKENZIE anima a WILL a presionar a una entrevistada… WILL mete caña.

Aquí vemos un programa de informativos bien hecho, serio, poderoso. Entendemos la valía de Will: puede que en su vida personal sea un desastre, pero delante de las cámaras es un fuera de serie, un tipo que sabe conducir un complicado programa sin guión y sin red de seguridad.

– MAGGIE intenta llamar a JIM sin gritar. DON la ve agitar los brazos. Gag visual. Está nerviosa: “¡lo tengo!”. “Ven conmigo”.

Nuevo gag en mitad de la tensión. Maggie ha encontrado algo importante, ¿qué será? Se crea un nuevo gancho fundamentado en la curiosidad…

– En el plató, el programa entra en una pausa. MACKENZIE al micro: “cuando volvamos, empiezas a saco con Halliburton”.

Más gancho textual: “ahora viene la caña”. (Todos sabemos que Halliburton son los malos).

– CHARLIE entra en la redacción, orgulloso: “esto es maravilloso”. Se acerca a una redactora y le explica lo grande y difícil y arriesgado que es lo que están haciendo WILL y MACKENZIE. “Ponlo en twitter”. “Sólo puedo usar 140 caracteres”. “Apáñatelas”.

Por si alguien no lo ha entendido, se explica la dificultad de lo que están haciendo y el peligro que conlleva.

Todo ello rematado con un gag nada inocente que relaciona el viejo y el nuevo periodismo. (Cuando vi el capítulo en el prestreno en una sala de cine, éste fue uno de los gags más celebrados por el público joven).

– En plató el programa sigue, más tarde. WILL entrevista a un tío de Halliburton. Le mete mucha caña. MAGGIE y JIM llegan a la sala de emisión con información candente: “¡hay 56 inspectores para 35.000 pozos! Y encima la última inspección la hizo un becario! ¡Y lo tenemos al teléfono!”. Pausa publicitaria. MACKENZIE se lo explica a WILL en 20 segundos.

Will metiendo caña. Es el héroe, el gran guerrero luchando contra el enemigo en mitad de la batalla. Nos mola porque el de Halliburton es malo y nos cae mal (y por lo tanto Will nos cae mejor).

Clímax respecto al conflicto planteado durante el capítulo: ¿serán capaces de contar la verdad? ¡Tienen muy poco tiempo!

WILL habla en directo con el inspector. Le presiona, le saca la verdad.

El héroe luchando como sólo el sabe.

Hay una declaración de BP absolutamente naif. “Se ofrecen a limpiar”. Se termina el programa. Aplausos de toda la redacción mientras WILL descansa. Sonrisas. Música moderadamente épica. La noticia ha pasado a rojo.

Se ha vencido en la batalla. Felicidad, relajación de la tensión, el ritmo se distiende.

Durante la primera parte del capítulo Will era un personaje algo odioso y quejica. Ahora sabemos que tiene un don, un poder, y que puede hacer mucho bien al mundo si decide utilizarlo.

– CHARLIE entra en plató y se toma un whisky con WILL. Le gusta lo que ha visto. No tiene miedo. WILL comprende que lo ha orquestado todo. CHARLIE está orgulloso: “Antes se hacían buenos informativos, ¿sabes cómo? Simplemente decidiendo hacerlos. Ah, y me encantó lo que dijiste en esa universidad”.

Se recoge aquí el título del capítulo “We just decided to”, en alusión a la idea que intenta transmitir Sorkin de que hay buenos periodistas, y que pueden hacer buen periodismo simplemente si tienen el valor para tomar esa decisión. El apoyo de Charlie es el pistoletazo de salida que le hace falta al protagonista para seguir haciendo lo que ha hecho esta noche.

– JIM se despide de su primer día de trabajo. Buen rollito con MAGGIE, pero DON aparece… Le ofrece a MAGGIE saludar a sus padres que están abajo. WILL llega: ya se sabe el nombre de MAGGIE. DON y MAGGIE se van. MACKENZIE anima a JIM con ella…

Ya está lanzado el triángulo amoroso: la chica sale con un idiota en lugar de con el chico majo. El gancho sentimental más sencillo del mundo, pero también el más eficaz (especialmente para el target femenino. Y no se me ofendan, es la realidad).

– WILL se va a ir. MACKENZIE le sigue. WILL entra en una sala: “equipo, buen trabajo, sois lo más importante para mí… Ups, ésta no es mi sala de control, ¿verdad?”. “No”. “Pues que os den”.

Un último gag que, una vez más, está definiendo al personaje. Se distiende el tono para contrarestar la intensidad del momento que viene a continuación. Es un constante juego de contrapesos.

– WILL va a coger el ascensor. MACKENZIE le recuerda cómo fue cuando le presentó a sus padres. “No te acordarás de nada, pero estuviste perfecto”. Él sí se acuerda, con todo detalle. “CHARLIE dice que estás cansada”. “Todo el mundo lo está”. “Buen programa esta noche”. WILL se sincera: “No fue la medicina, esa noche en el debate. Creí verte entre el público, me puse nervioso… pero era otra persona”. WILL se mete en el ascensor antes de que MACKENZIE tenga tiempo de responder. Y entonces vemos que ella tiene los carteles: “It´s not”. “But it can be”. ¡Ella estuvo en el debate!

Se lanza el último gancho sentimental y se plantea una pregunta: ¿volverán a estar juntos Will y Mackenzie? Obviamente se busca que el espectador desee una respuesta positiva, y por supuesto se deja una puerta abierta.

El descubrimiento de que fue Mackenzie realmente la que estuvo en el debate con los carteles es una manera de cerrar el círculo del capítulo y de reforzar la idea de fondo de la pareja: él no sería nada sin ella, y viceversa. Ella ha venido a salvarle del agujero del mal periodismo en el que había caído. 

Cierra su cuaderno. Sonríe. Entra en la redacción.

Esto no ha sido más que el comienzo. En esa redacción van a pasar muchas cosas.

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UN BAÑO DE REALIDAD

8 marzo, 2012

por Carlos López

Tengo que admitir que hoy no escribo en las mejores condiciones. No he pegado ojo. Acabo de volver del hospital, hemos pasado la noche en urgencias, rodeados de un catálogo de personajes de lo más variopinto con los que hemos compartido largas horas de espera. Yo llegué como a las diez de la noche con mi hija, a la que un coche acababa de atropellar a dos portales de casa. Bueno, atropellar es mucho decir, fue ella la que invadió la calle y por fortuna el conductor frenó a tiempo. La cosa no pasó del susto, pero preferimos acudir al hospital porque al caer se dio un golpe en la cabeza. Mi hija no era la más necesitada de atención, ni mucho menos, así que nos tocó esperar. Y así fuimos testigos de la impaciencia de los demás, que protestaban con razón porque pasan las horas y nadie aparecía. O si lo hacía, era para repetir una profecía nunca cumplida: ya les avisarán. No nos atrevíamos a movernos por si acaso venían, ni siquiera para ir al baño. Éramos un retén de desconocidos con la vejiga a punto de explotar. Hasta que una mujer de unos sesenta y tantos se desmayó. En la caída debió de morderse la lengua, pegó un grito que nos puso en pie de un salto y comenzó a sangrar por la boca…

Un momento. Eso es mentira. No sangró. En realidad, no se desmayó. Ni tenía sesenta y tantos. No hemos pasado la noche en urgencias. Y tampoco ha existido atropello alguno. Es más, ni siquiera tengo hija.

¿Me gusta mentir? No, para nada. Simplemente, me pagan por ello. Es mi trabajo. Contar una mentira y conseguir que os parezca interesante, que os la creáis mientras os la estoy contando. En realidad, tengo dos hijos. Y anoche dormí a pierna suelta, estaba cansado después de haber pasado la mañana en un entierro a doscientos kilómetros de Madrid. Estuve en una iglesia con tumbas de caballeros templarios bajo mis pies y un cementerio de muretes blancos en la cresta de una loma que allí conocían como el hotel de la cuesta. Esta es la verdad, aunque no sé si queréis que os la cuente. Y tampoco sé si esta vez me vais a creer.

Esta es la pregunta: ¿es necesario que me creáis para que os interese mi historia?

Quizá al leer el título dábais por hecho que os iba a hablar de la marea que sacude la profesión. Hoy, no. Hoy os voy a hablar de guión. Para empezar, de este guión. Abridlo por la página 17.

INT.OAKLAND COLISEUM. SCOUTING ROOM. PRESENT DAY

Billy y su departamento de Scouts: diez hombres mayores que él, todos ex jugadores y mascadores de tabaco, cada uno con su lata de Copenhague y una papelera, sentados alrededor de una espaciosa “sala de guerra”, un sótano con paredes de bloques de hormigón donde el elemento más extravagante es un Mr. Coffee.

LA MENTIRA QUE PARECE VERDAD

Así comienza la escena expositiva de Moneyball, en la que el personaje de Brad Pitt se enfrenta a los veteranos exploradores y les presenta a un gordito con gafas que va a proponer cambiar su arte por matemáticas. Son ocho folios de diálogo, ¡ocho!, en los que nueve personajes hablan como cotorras: ochenta y siete parlamentos. Y eso que la mayoría de ellos no van a volver a abrir la boca en el resto de la película. ¿Hacía falta tanto ruido para contarlo bien?

Supongo que en una película de hace veinte años, esto se hubiera planteado con una escena de despacho. Tres personajes, docena y media de réplicas y Billy se marcha con un desplante torero que deja al antagonista echando humo. Supongo que así ya no es verosímil, que nos parece demasiado peliculero, un cliché de arquetipos parlantes. Se notaría demasiado que es una secuencia informativa.

Aaron Sorkin y Steven Zaillian (sí, claro, hagamos la ola) firman Moneyball, aunque parece lógico atribuir a la logorrea del primero el desarrollo de la secuencia. Sorkin lo ha vuelto a hacer: llenarlo todo de palabras escupidas y monólogos encadenados que envuelven como papel celofán lo que necesitan explicarnos. La gente suele alabar sus brillantes réplicas, pero a mí me parece que la astucia de Sorkin reside en cómo sabe marearnos. Vale que la luz es exacta a la de un sótano, vale que está rodado como si nos hubiéramos colado en la reunión, vale que los actores no lo parecen, que son caras arrugadas, tan feos que respiran verdad. Pero ya desde el guión se busca el engaño, la simulación de realidad, se nos obliga a escarbar en un montón de escombros hasta que lo entendemos. Incluso si no lo entendemos bien tampoco pasa nada: nos hemos creído que estas reuniones deben de ser así.

Y esta es la pregunta: ¿qué puede hacer el guionista para añadirle un baño de realidad a lo que sólo es pura invención?

LA VERDAD QUE PARECE MENTIRA

Moneyball está basada en un caso real. Eso siempre nos lo ponen por delante, un cartón grandote, sobre negro, el tiempo suficiente para que lo leamos tres veces por lo menos. Hecho real. Basta la advertencia para que encajemos cualquier detalle con la fe del ignorante: si así nos lo cuentan es que así fue como pasó. Y punto.

Sucede que a menudo lo que pasó en la realidad es completamente inverosímil. Y si el guionista pensaba relajarse porque pensaba que su trabajo iba a reducirse a contar los hechos, se encuentra con que tiene que hacer lo de siempre: mentir para contar la verdad.

Suelo contar como ejemplo lo que sucedió en la preparación de Horas de luz. Quizá me digáis que no fue así, que me lo estoy inventando, que ya no me vais a creer. Bueno, así es como lo recuerdo: ¿no es eso la verdad? La película está basada en la historia de un preso de aislamiento al que fuimos a entrevistar a la cárcel de Picassent. En el relato que queríamos escuchar de su boca había un momento que prometía ser revelador: después de casi un año encerrado en su celda, sin haber visto más que a media docena de funcionarios con los que nunca cambió palabra alguna, el preso es conducido hasta el juzgado para prestar declaración. Un viaje de varias horas que comparte con otro preso, la primera persona con la que puede hablar después de tanto tiempo. Un aliado. Un amigo. Quizá en su compañía se atreva a mostrarse con sinceridad.

Confiando en que aquello daría lugar a una buena escena, agarramos lápiz y libreta y preguntamos: ¿Recuerdas de qué hablásteis en aquel viaje? Claro, responde él, hablamos de libros. ¿De libros…? Sí, los dos leíamos mucho, nos pasábamos las horas solos en el chabolo. ¿Y te acuerdas de qué libros hablasteis? Pues estuvimos un buen rato discutiendo sobre cuál era el discurso de Platón que nos gustaba más. Un buen rato.

Cerramos la libreta sin apuntar nada. ¿Dos presos peligrosos viajan esposados dentro de un furgón policial debatiendo sobre los discursos de Platón? Si llego a escribir eso en el guión todo el mundo habría dado por supuesto que aquello era una invención del pedante del guionista, una metáfora culta fuera de tono. La realidad huele a falsa. La realidad no es verosímil. Hay que inventársela, aplicarle las reglas del espectáculo. En una palabra: mentir.

Pero quizá otro día vuelva sobre la verdad que parece ficción, hoy quería escribir sobre la ficción que parece verdad.

TAN LEJOS Y TAN CERCA

En un año en el que ninguna finalista era redonda, el Oscar al mejor guión debería haber ido a parar a Nader y Simin, una separación, una pequeña maravilla que reúne casi todo lo necesario para clavarte en la butaca. Viéndola tuve la sensación de que aquello que me estaban contando sucedía de verdad en Irán y podía suceder tal cual en Aluche, Burgos o Algeciras. Esa mujer que recorre media ciudad en autobús para ir a limpiar una casa. Ese padre enfermo que se orina encima cuando menos conviene o cruza la calle con temeridad. Incluso ese juez tan meticuloso y al mismo tiempo tan chapuza, tan improbable que sólo puede ser verdad. Todo es cercano, palpable, veraz. ¿Cómo lo ha hecho Asghar Farhadi?

Ya me gustaría saberlo. Creo que la medicina que ha empleado es más sencilla y a la vez más elaborada que la de Moneyball: el trabajo de personajes. A lo largo de la película, cada uno de ellos muestra un momento de debilidad y un momento de coraje, algo censurable y algo digno de elogio, una emoción que reprimen y otra que se les escapa. Así es imposible que no los reconozcamos.

Si se utiliza bien esta herramienta, puede que dé igual de qué hablen los diálogos, dónde estén los puntos de giro, quién lleve el timón de la historia. Véase, por ejemplo, El padre de mis hijos, de la que ya se ha hablado en este blog por lo menos en dos ocasiones (aquí y aquí, ¿a qué esperáis para verla?), una película inclasificable que rezuma humanidad, en la que no tenemos dudas de que el protagonista es productor de cine. Qué difícil, porque casi nadie conoce a un productor y los que conocemos a alguno sabemos que la mayor parte de ellos son personajes inverosímiles (para bien o para mal).

Otra igualmente difícil de clasificar: La clase. El personaje del profesor lo interpreta el profesor que escribió el libro en el que se basa la película. Pero eso es lo de menos: ese colegio está representado con un relieve tan auténtico que casi produce escalofríos comprobar hasta qué punto todo está prefigurado en el guión (que podéis consultar aquí).

EL TRUCO DEL MAGO

Quizá sea por la proliferación de cámaras personales, hace unos años las handycam y hoy los smartphones. El caso es que estamos acostumbrados a retratar la realidad en movimiento y a verla retratada con esos rasgos: cámara en mano, textura imperfecta, punto de vista subjetivo, gente que habla directamente al espectador. Todo eso ha sido importado como marca de estilo en el cine y la televisión recientes, una especie de barniz que pretende hacernos pasar por verdad las invenciones de la ficción. ¿Qué hay de todo eso en el guión? ¿Cómo debemos plantear nuestra escritura para propiciar ese estilo? Quizá no tengamos más remedio que copiar la dispersión de, por ejemplo, un vídeo de cumpleaños: diálogos solapados y sin medida, conversaciones que no llegamos a escuchar bien, escenas compuestas de fragmentos, sin conflicto aparente. Y dejar que el conjunto, lleno de interferencias, de imperfección, nos pinte una imagen de realidad.

Hay otra posibilidad, más metódica. Aquello que –al menos, yo– vimos por primera vez en Woody Allen (Toma el dinero y corre), que luego expotó de maravilla Ricky Gervais (The Office) y ha llegado hasta la comedia hogareña (Modern Family): los propios personajes se explican ante un supuesto entrevistador al que nunca conoceremos. El mockumentary, documental de pega. Una estratagema que quizá hayan llevado más lejos que nadie Peter Jackson en la descacharrante Forgotten Silver (que pretende hacernos testigos de un descubrimento que obligaría a revisar la historia del cine) o el propio Woody Allen en Zelig. O simular que la película es la sucesión de un material casero (ejemplos con director español:  Sobre el arco iris o Apollo 18).

Poca novedad, sin embargo: Citizen Kane comenzaba con un noticiero. Por no hablar del padre de todos los inventos, el Quijote, en cuya introducción se intenta vendernos la novela como si se tratase del manuscrito recuperado a un historiador musulmán. Trucos de mago para que nuestros ojos den por cierto lo imposible.

VAMOS A CONTAR MENTIRAS

En una reunión de pizarra, en una lectura de mesa, en los decorados de un plató, cuando veo montar un travelling, entro en la sala de maquillaje o contemplo al ayudante que mueve a la figuración… Siempre pienso lo mismo: la de mentiras que hay que contar para que algo parezca real. Hace dos años vi rodar la siguiente escena: un tren de cercanías llega a la estación; se detiene, las puertas se abren, bajan los viajeros y suben los que esperaban en el andén; entre los que bajan, el protagonista, al que seguimos hasta que sube por una escalera mecánica. Todo cotidiano, todo normal. Para conseguir la toma buena, fue necesario montar el número: acordonar vías y andenes, reclutar y ordenar figuración, disponer focos, coordinarse con el conductor…

Lo más gracioso es que esa toma buena era lo más parecido a lo que cualquiera conseguiría si ahora mismo se plantase en la estación, sacara su teléfono y se pusiera a grabar.

No hay nada más difícil que la apariencia de realidad. Sencilla, natural, viva. Difícil porque el espectador, creo yo, no se conforma con algo que huela a verdad. Quiere algo digno de ser contado y, por tanto, excepcional, fuera de lo común al límite de lo increíble. Contado como si fuese probable. Jean Claude Carrière cuenta que eso era precisamente lo que le pedía Buñuel al comienzo de cada jornada de trabajo: tratemos de contar algo absurdo como si fuera lo más normal del mundo.


VUESTRAS PELÍCULAS DE 2010

27 diciembre, 2010

Por Daniel Castro (Guionista en Chamberí)

Como os anuncié el pasado lunes, he estado sumando los votos llegados a la sección de comentarios y, si no me he equivocado, he aqui la lista de las mejores películas de los lectores de Bloguionistas que han querido participar. Por cierto, hay alguna sorpresa.

En el puesto número 10, con 15 puntos, “Up in the air” la amarga comedia en la que George Clooney viaja por Estados Unidos despidiendo a trabajadores. (Yo olvidé que era de 2010 y tal vez la hubiera incluido en mi propia lista, me gustó bastante, como ya escribí aquí).

En el 9, con un voto más, “Copia Certificada” de Abbas Kiarostami, aún en (algunos) cines.

Con 17 votos, “Nausicaä del Valle del Viento“, película de animación de Miyazaki que yo no he visto y que, por lo que he leído aquí, ha tenido una tormentosa trayectoria de más de veinte años de duración antes de poder estrenarse convenientemente en nuestro país en 2010. Empatada a puntos, otra película de animación, “Fantastic Mr Fox” de Wes Anderson, cuya producción tampoco fue un camino de rosas.

En el puesto número 6, más animación, esta vez por ordenador, de Pixar y en 3D: “Toy Story 3”, con 28 puntos.

En el puesto 5, mi película favorita del año, “Canino” con 29 puntos. Me alegra ver que algunos lectores del blog también encontraron interesante esta gran rareza griega

En el cuatro, uno de los taquillazos del año: “Origen” dirigida y coescrita por Christopher Nolan. Aunque a mí me decepcionó, es evidente que esta película incluye algunos de los momentos del año: París doblándose como un mapa, esa camioneta sin terminar de precipitarse al río…

En el tres, con 36 puntos, “La cinta blanca” de Michael Haneke, que, pese a haberse estrenado a principios de año (y a haber escrito yo sobre lo mucho que me disgustaba) ha convencido mucho a los lectores de Bloguionistas.

En el segundo lugar, una de las películas más comentadas del año: “La Red Social” de David Fincher, con guión de Aaron Sorkin (43 puntos)

En lo más alto, y creo que es algo sorprendente, una película que ha pasado por los cines haciendo mucho menos ruido que muchas de las anteriores: “El escritor” dirigida por Roman Polanski, que ha recibido 50 puntos.

Agradezco su participación a todos los que han enviado sus listas. También a todos los que han leído mis posts y los de todos los compañeros de Bloguionistas a lo largo de 2010. Gracias por colaborar, corregir, elogiar o criticar.

Os deseo a todos lo mejor para 2011.


MIS DIEZ PELÍCULAS DEL AÑO

20 diciembre, 2010

Por Daniel Castro (Guionista en Chamberí)

Os traigo una iniciativa nunca vista. Se trata de una lista de las diez mejores películas del año.

No sé por qué, este año, como si fuera un personaje de Nick Hornby, me han entrado las ganas de escribir listas. Os propongo que os unáis a esta actividad tan inútil como inofensiva.

Las condiciones: deberán ser películas de ficción estrenadas en España en 2010 aunque hayan sido producidas en otro año (si tenéis dudas, buscad en Internet la fecha de estreno en España, es fácil de encontrar). Sumaré las puntuaciones que publiquéis en vuestros comentarios (10 puntos a la “mejor película” que elijáis, 9 a la segunda y así sucesivamente) y colgaré vuestra lista en mi próximo post, el último del año.

Vamos, en orden inverso, con mis películas de 2010. Evidentemente, es un orden absolutamente subjetivo y me encantaría discutirlo con vosotros entre mordiscos al turrón de yema tostada y tragos de cava.

10 “El escritor” dirigida y escrita por Roman Polanski, adaptando una novela de Thomas Harris (que también coescribió el guión). Aunque una premisa y unos personajes muy interesantes se desperdician en una trama de thriller algo convencional, la historia de este “negro” contratado para escribir las memorias de un primer ministro caído en desgracia está tan maravillosamente dirigida que uno queda absolutamente seducido por la elegancia y la precisión de su puesta en escena. Uno no puede evitar establecer comparaciones entre ese primer ministro (inspirado al parecer en Tony Blair) aislado en un chalet y acosado por la prensa y la situación que el propio Polanski ha sufrido a lo largo de este año.

9 “El silencio de Lorna” (“Le silence de Lorna”) dirigida y escrita por Luc y Jean Pierre Dardenne. El cine “social” y el género negro están mucho más cerca de lo que solemos recordar. Los Dardenne dan un paso más en esa dirección. Tal vez no sea su mejor película, pero sí parece mostrar un ligero cambio en su estilo. Creo que por primera vez en sus películas, “El silencio de Lorna” incluye unas pocas notas de música no diegética sobre unas últimas imágenes inolvidables. Igual que el personaje del yonqui rehabilitado encarnado por Jérémie Renier, uno de los más entrañables que he visto este año en el cine. Ah, por cierto, la peli incluye una elipsis espectacular.

8 “Fantastico Sr. Fox” dirigida por Wes Anderson. Adaptación de un relato de Roald Dahl por Anderson y Noah Baumbach. Una maravillosa fábula, divertida y ágil, realizada con la animación más tradicional y laboriosa. Tras verla uno piensa, como decía Jonás Trueba en su blog, que tal vez Wes Anderson, con esos personajes tan hieráticos y aparentemente inexpresivos, siempre ha estado dirigiendo películas de animación, aunque, en lugar de un zorro, las interpretara Bill Murray. Sea como sea, me parece que esta es una de las que mejor le ha salido.

7 “Un profeta” de Jacques Audiard. Malik, un joven de origen magrebí, entra en prisión siendo un delincuente de tres al cuarto. No desvelo mucho si digo que, al final, el tipo se convierte en todo un capo. Lo verdaderamente impresionante es cómo lo logra Malik y cómo lo cuenta Audiard, uno de los guionistas (esta película la coescribió con otros tres escritores) y directores más enérgicos del cine actual. Todavía se me pone la piel de gallina al recordar la escena del coche. No, no puedo contar más. Pilladla en DVD, descargadla, haced lo que sea. Es imprescindible.

6. “Madres e hijas” escrita y dirigida por Rodrigo García. No es el tipo de película que suelo ver en el cine. A priori, puede parecer un telefilme de lujo, pero, en mi opinión, no hay nada más alejado de la realidad, “Madres e hijas” es una película muy elegantemente escrita y dirigida, conmovedora sin caer nunca en el sentimentalismo. Una película humana, sobre conflictos que siempre estarán ahí, cuando desaparezcan las redes sociales o la tecnología 3D: hijas abandonadas por sus padres que se vengan contra el mundo, madres despóticas, mujeres sometidas que se refugian en la soledad…

5. “Un tipo serio” escrita y dirigida por Ethan y Joel Coen es, para mí, una de las mejores películas de estos hermanos. Una adaptación libre de la historia de Job ambientada en los años sesenta en los suburbios de una ciudad de Minnesotta. Delirante, cáustica y, a la vez, inquietante. Creo, que, como muchas películas de los Coen, en el fondo, es una historia sobre el absurdo. Cine existencialista pero también inmensamente divertido. No hay muchos momentos que haya disfrutado más en el cine que ese delirante episodio del mensaje grabado en los dientes de uno de los personajes. Y ese fascinante final, abrupto y prometedor.

4. “Two Lovers” dirigida por James Gray. Adaptación libre de “Noches blancas” de Dostoievsky, coescrita por el director y el guionista Ric Menello. Joaquin Phoenix, un tipo psicológicamente frágil, se enamora de su vecina, Gwyneth Paltrow. Desprecia a una buena chica que está enamorada de él. Gwyneth, en cambio, está enamorada de otro tipo que, por cierto, tampoco parece tan entusiasmado por ella. Todos sabemos cómo suelen acabar estas historias, pero James Gray nos la cuenta de manera que nos fascine como si no la hubiéramos escuchado jamás. No hay muchos directores que hagan creíble una historia tan romántica y clásica en estos tiempos descreídos.

3. “Copia Certificada“, escrita y dirigida por Abbas Kiarostami. La historia de una pareja que se conoce o se reencuentra o finge conocerse o finge reencontrarse… bien, no sé exactamente qué se llevan entre manos estos dos extranjeros maduros que pasean por la Toscana pero, incluso sin acabar de comprenderlo, su juego de seducciones, apariencias, originales que parecen falsos y copias más valiosas que el original me fascinó. En algunas ciudades “Copia certificada” todavía está en cartel. Por favor, no dejéis de verla.

2. “La Red Social” Dirigida por David Fincher. Guión: Aaron Sorkin (adaptado del libro – no ficción – de Ben Mezrich “Multimillonarios por accidente”). Una suma apabullante de apabullantes talentos. El cine de estudio norteamericano, cuando funciona bien, produce películas como esta. Lamentablemente, esto cada vez parece ocurrir con menor frecuencia. Una película ambiciosa sobre un tipo ambicioso, un multimillonario casi imberbe, genial e irrespetuoso. Una película que destila calidad en cada uno de sus instantes, en cada uno de sus planos. No hay una secuencia floja, una frase tópica, un actor fuera de lugar.

1. “Canino” dirigida por Yorgos Lanthimos (escrita con Efthymis Filippou). Una película fascinante y enfermiza sobre unos padres hiperprotectores que encierran a sus hijos en su chalet. Con un bajísimo presupuesto, un sentido del humor perverso y una imaginación desbordante, Lanthimos logra una especie de fábula realista que funciona como un simple relato de “toma de conciencia” pero también como retrato de los tiempos atemorizados que nos ha tocado vivir. Se ha hablado de Haneke como influencia. A mí, afortunadamente, me parece ver mucho más de Buñuel, del mejor Buñuel, en esta película griega que os aconsejo no perderos.

Hay muchas otras películas que no he podido incluir. No he visto aún “Toy Story 3” o “Machete“, que algunos amigos con buen gusto incluyen entre sus favoritas. Tampoco, por supuesto, algunos estrenos que las distribuidoras se guardan para Navidad. Otras muchas películas se han quedado en el vestíbulo de mi lista: “Exit through the gift shop” la desconcertante película de Banksy sobre el mundo del “arte callejero” (¿documental, ficción, arte,  fraude?), “I love you Phillip Morris” una comedia con un ritmo y una gracia inigualables, “Conocerás al hombre de tus sueños”, que contiene unos cuantos momentos mágicos y memorables al estilo más clásico de Woody Allen, “Yo soy el amor” pomposa e irritante, pero también atractiva y exquisita formalmente. “Uncle Boonmee que recuerda sus vidas pasadas”, que, como todas las películas de Weerasethakul me resulta fascinante e incomprensible (y muy difícil de seguir con atención) pese a contener algunas secuencias de las más inolvidables del año.

Especialmente difícil me resulta dejar de incluir películas que ya he visto pese a que no se han estrenado aquí (algunas, por cierto nunca llegarán). Cada vez resulta más absurdo y frustrante, en este mundo globalizado, tener que esperar meses para poder ver (una versión acortada de) “Carlos” de Olivier Assayas o resignarse a que no se estrenen por aquí “Le père de mes enfants” de Mia Hansen Love o “Greenberg” de Noah Baumbach. Yo sí las he visto, pero ha sido descargándomelas (¿ilegalmente?) de Internet. Algunas de ellas, sin duda, estarían en la lista que he enumerado. Sin embargo, para atenerme a esas normas que he fijado (estrenadas en España en 2010) he preferido no hacer excepciones.

Bien, esta ha sido mi lista de diez pelis. Tomadla como el comienzo de una discusión. Ahora vosotros tenéis la palabra.


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