JOHN CARTER DE PANDORA

3 julio, 2012

Por David Muñoz

Aviso: esta entrada está repleta de “spoilers”. Si aún no habéis visto “John Carter”, mejor no la leáis.

No lo puedo evitar. Como estoy escribiendo un guión de cine basado en un cómic que no es nada fácil de adaptar, cada vez que me siento a ver una película basada en material procedente de otro medio, le presto especial atención.

La última adaptación que he visto es “John Carter”, la película dirigida por Andrew Stanton (Buscando a Nemo, Wall-E) basada en la serie de novelas del creador de Tarzan, Edgar Rice Burroughs, protagonizadas por el personaje que da título a la película, más conocido como “John Carter de Marte”.

Esta portada corresponde a una edición de 1940. Pero la serie comenzó a publicarse en 1912.

Como ya supongo que sabréis la mayoría, “John Carter” fue un fracaso descomunal. Su productora, Disney, invirtió en ella 250 millones de dólares, de los cuales parece que aún no ha recuperado ni la mitad. Además, se planteó como la primera parte de una trilogía que nunca será rodada.

Sin embargo, “John Carter” no es ni mucho menos el bodrio que me esperaba. Para bodrio reciente de gran presupuesto… yo qué sé… hay tantos títulos entre los que elegir… “Battle: Los Angeles”, por decir alguna.

No, “John Carter” no es un bodrio. El casting es decente, los efectos especiales son magníficos (aunque estemos tan acostumbrados a ver cosas así que ya no le demos importancia), y hay un par de escenas memorables (la batalla, o quizá mejor habría que decir, “masacre”, de mitad de la película; o la saltarina llegada de John Carter a Marte), pero en general la película no pasa de ser entretenida. Y para eso no te gastas 250 millones de dólares. Gastas 250 millones para crear  “La guerra de las galaxias” del siglo XXI, para poner la primera piedra de un imperio del merchandising.

Claro está que para conseguirlo la película tenía que luchar con un enemigo imposible de batir: la influencia de la obra de Burroughs sobre innumerables películas estrenadas mucho antes que “John Carter”.

En “John Carter” hay muy poco que no te suene a ya visto.

Y claro, lo más “visto” es precisamente el argumento. Veamos: un ex soldado terrestre llega a otro planeta, donde su mente ocupa un nuevo cuerpo que, además de facilitarle interactuar con los nativos (unos seres de dos metros y medio de altura), le permite llevar a cabo hazañas físicas extraordinarias. Tras enamorarse de una nativa, el soldado decide quedarse en el planeta y combatir junto a los parientes de su nueva novia.

¿Suena o no suena a “Avatar”?

Vamos, cambias Marte por Pandora, el desierto por la selva, y casi, casi estaríamos hablando de la misma película.

Eso en cuanto al argumento, porque luego hay muchas escenas que ya había rodado a su manera George Lucas en la serie de “La guerra de las galaxias”, como la del “circo romano” con los gorilas gigantes.

En Internet pueden encontrarse comparativas entre “John Carter” y “El ataque de los clones”.

Aún así, “John Carter” podría haber sido la película épica y emocionante de la que habla Andrew Stanton en el breve making of que incluye el Blu-ray. Y si no lo es, se debe precisamente a lo último que yo me esperaba en una película escrita por gente de Pixar: el guión no funciona. Pero no funciona nada de nada. Es un desastre.

Lo peor: que John Carter no te importa. No es Luke Skywalker, no es Neo, no es Frodo, no es Jake Sully. No, es el protagonista de “Krull”. Sí, ese que ninguno recordamos cómo se llama.

A mí el fracaso “guionístico” de John Carter me produjo un efecto curioso. Por una parte me puso triste (“que difícil es esto”, pensé cuando los malos atraparon a John Carter por segunda o tercera vez y la película volvió a “resetearse” para arrancar en una nueva dirección… después de hora y media), pero por otro lado me dio cierta tranquilidad. Así es, esto es muy difícil, pero lo es para todos. A la hora de la verdad estamos en igualdad de condiciones Andrew Stanton y cualquiera de nosotros.

También me sirvió para convencerme de que tengo razón cuando, después de que en alguna clase un alumno empieza a decir eso de que “en España no valemos para nada, mira las películas de animación que hacen los de Pixar y mira las que hacemos nosotros” -dando a entender que tenemos alguna tara genética que nos impide la grandeza-, yo intento explicarle que en las condiciones en las que se trabaja en Pixar, HASTA NOSOTROS haríamos grandes películas. No es tanto el qué, sino el cómo. Fuera del sistema de trabajo de Pixar, que permite “repensar” la película una y otra vez, afinando la historia hasta casi el único momento*, Stanton y sus coguionistas, el director de “Brave”, Mark Andrews, y el novelista Michael Chabon, han tirado 250 millones de dólares a la basura. Y eso que contaron con varias semanas de rodaje adicional que usaron para añadir nuevas escenas tras ver el primer montaje. Por lo menos nosotros cuando nos equivocamos solo tiramos dos o tres millones de euros (¡como mucho!)…

Por supuesto, siempre es mucho más fácil ver los errores ajenos que los propios, y también es más sencillo darse cuenta de lo que está mal a toro pasado. No pretendo sugerir que yo lo habría hecho mejor que Stanton & Co. Ni mucho menos. Pero analizar “John Carter” me ha permitido llegar a algunas conclusiones sobre cómo contar mejor este tipo de historias. Conclusiones que espero poder aplicar en mi propio trabajo. Porque aunque como guionista de cine y televisión jamás podré escribir una película épica de gran presupuesto, como guionista de cómic sí que escribo historias así. Y en el cómic mi presupuesto es infinito.

Me dejo de preámbulos, y voy a compartir con vosotros las notas que tomé nada más terminar de ver “John Carter”. He procurado pulirlas lo menos posible, porque al fin y al cabo de lo que se trataba no era de llegar a grandes conclusiones sino de hacerse preguntas que en algún caso tardaré en poder contestar, si es que puedo llegar a hacerlo alguna vez:

-Que una película de este tipo comience con un texto o una voz en off (o las dos cosas a la vez) que presente al espectador el mundo fantástico -o la circunstancia fantástica-, dónde va a transcurrir la acción parece una buena idea. Así de pronto, recuerdo que se usa en “La guerra de las galaxias”, “Blade Runner”, “El señor de los anillos o “Los inmortales”. Pero en “John Carter” no funciona. Se cuenta demasiado demasiado pronto sobre “Barsoom” (Marte). ¿Zadonga? ¿Helium?

Y lo peor es que la primera escena de la película, ubicada en Marte, no ayuda nada. Ves a unos tipos peleando, y no sabes quién es quién. No sabes con quién tienes que “ir”. Con lo cuál, te da igual. Es como pillar a la mitad un partido de fútbol aburrido con dos equipos que no conoces.

Así, la voz en off recuerda más al inicio de “La amenaza fantasma” que a otra cosa. Da pereza tratar de aprenderse tanto nombre raro.

-El espectador no se sienta en el cine para recordar datos, quiere vivir una experiencia emocional.

-Pero “Avatar” sí funciona. ¿Por qué? Quizá porque descubrimos Pandora a través de los ojos de Jake Sully. Nunca vamos por delante de él. Él es nuestro “avatar”. Como también Frodo en “El señor de los anillos”.

-Se me ocurre una posible “regla”: empezar explicando cosas sobre el mundo de la película funciona sobre todo para generar expectativas en el espectador, y cuanto más genérico sea ese texto, mejor (“Hace mucho, mucho tiempo, en una galaxia muy lejana…”). No hacen falta detalles que además nadie va a ser capaz de recordar. Existen los replicantes, se mueren pronto y se han fugado. Y punto pelota. Pero esa introducción funciona mejor cuando el protagonista de la historia ya conoce ese mundo, por Ej. porque es el suyo (sería raro que alguien le explicara a Luke Skywalker dónde sucede su historia). Si el protagonista va a entrar en un mundo nuevo, es mucho mejor descubrirlo con él. No hay que tener miedo a su extrañeza, a su desconcierto, sino que hay que utilizarlo a favor de la historia (Jake Sully, Frodo cuando sale de La Comarca).

Una cosa buena de la película: la mascota graciosa perruna está muy bien. Lástima que no haya más escenas de Carter interactuando con ella.

-¿Cuál es el arco de John Carter? Aunque no lo descubrimos hasta la mitad de la película (otro error), Carter es un soldado que, tras acabar la guerra de Secesión Americana, vuelve a casa para descubrir que toda su familia ha sido asesinada. Destrozado, se dedica a vagar por el oeste tratando de encontrar una mina de oro. Al llegar accidentalmente a Barsoom, aunque al principio trata de volver a la tierra, como conoce a una princesa que le hace tilín, acaba identificándose con su causa y decide quedarse a luchar por ella. ¿Qué es lo que no funciona en este resumen? Que ni una sola cosa está vinculada con otra. No hay relación de causa y efecto. ¿John Carter sufre por su familia y se dedica a buscar oro? ¿Es un soldado harto de las consecuencias de la guerra y elige luchar en una nueva guerra? No tiene ni pies ni cabeza. Es imposible entenderle, empatizar con él. Como personaje, me refiero. Los seres humanos somos así de incoherentes, los protagonistas de películas épicas de 250 millones de dólares no deberían serlo. Su conflicto, que lo tiene, nace de que es un pacifista abocado a la guerra, pero eso es algo que la película no aborda en ningún momento. La transformación de John Carter ocurre en segundos. De pronto, decide volver a pelear, y en la escena siguiente masacra a cientos de extraterrestres sin que en ningún momento parezca agobiarle que sus familias vayan a pasar por lo mismo que pasó él al perder a la suya. De hecho, la escena, estupenda desde el punto de vista cinematográfico, es una catarsis. Mientras mata, mientras desmiembra a sus enemigos y corta sus cabezas, hay un montaje en paralelo que sugiere que Carter recuerda entonces el momento en el que descubrió los cuerpos de su mujer y de su hija. Lo que además sugiere ese montaje es que el dolor de la muerte de nuestros seres queridos solo se “sana” con más muerte. Para Carter la masacre es un acto de purificación. Al dejar aflorar el guerrero que lleva dentro está por fin preparado para continuar con su vida. ¡Y todo esto en una película de Disney destinada a un público infantil/juvenil!

-Otro problema es que el trauma de Carter, del que surge su conflicto, y lo que le pone en marcha como personaje en la segunda mitad de la película, es irresoluble. Luke Skywalker se siente un don nadie. Sueña con ser piloto y la llegada de C3Po y R2D2 le permite hacer realidad su sueño. Jake Sully sueña con volver a andar y su visita a Pandora se lo pone en bandeja (Sully también busca una cierta pureza, pero eso es otro tema, la motivación consciente y la inconsciente, etc.). Pero John Carter nunca va a poder olvidar lo que le ocurrió. Ni todas las macizas del espacio juntas podrían hacerle olvidar la visión de los cuerpos quemados de su mujer y su hija. Como mucho, con el tiempo, acabaría reuniendo fuerzas para poder seguir viviendo. Pero poco más. Pensándolo bien, con estos mimbres, “John Carter” podría haber sido el “Sin perdón” de la Space Opera, pero no la película que querían hacer en Disney.

-Por lo que yo sé, el John Carter de las novelas de Burroughs no tenía semejante trauma. Era solo un soldado confederado que, tras la guerra, se dedicó a buscar oro con un amigo hasta que de pura chiripa acabó en Marte para luchar de nuevo en otra guerra, una guerra que ésta vez va a ganar. Así, sí tiene sentido. El suyo es un arco sencillo, pero es coherente. Pero en su afán de dotar de profundidad al personaje, los guionistas eligieron la opción “trauma”, y se equivocaron al elegirlo. O acertaron y en lo que se equivocaron fue al conservar el resto de los atributos del Carter de Burroughs. La cuestión es que unas cosas no casan con otras.

-Luego, a pesar de todo eso, los primeros 30 minutos de la película podrían haber hecho que John Carter interesara más. Porque tal y como están planteados son letales.

No contentos con introducir un nuevo mundo, después de Marte los guionistas colocan un incomprensible “flash Forward” en el que vemos a John Carter huyendo de no se sabe quién y cuyo sentido no se explicará hasta casi el final de la película.

Luego, la historia cambia de protagonista, y nuestro punto de vista pasa a ser el de un joven Edgar Rice Burroughs, un aspirante a escritor que resulta ser el sobrino de John Carter, a quién este ha dejado una importante herencia (momento álgido: la lectura de un testamento, mal vamos para una película de aventuras). Solo cuando Burroughs comienza a leer los diarios de su tío John Carter, llegamos por fin a Marte, pero eso sí, después de pasar por el oeste.

-Es una historia dentro de una historia. Pero… ¿para qué? ¿Seguro que era necesario? ¿No habría sido mejor renunciar a todo eso y concentrarse en John Carter y su peripecia? Así es un lío.

-Carter hace cosas… ¿pero qué cosas?

Para empezar, manda un telegrama. Apasionante.

Luego, en la historia narrada por el diario, busca oro (vamos, dice que lo busca, porque no lo vemos); mientras intenta comprar provisiones en una tienda tiene un enfrentamiento con unos tipos malencarados; aparecen unos soldados liderados por el protagonista de “Breaking Bad” (Bryan Cranston con una peluca cantosísima), que quiere reclutarle, y lo reducen enseguida. Después, Carter trata de fugarse varias veces sin conseguirlo (en una secuencia bastante divertida) y, cuando por fin lo logra, es perseguido por los soldados, que están a punto de alcanzarle cuando aparecen unos indios. Uno de los soldados la caga y se produce un tiroteo. Entonces, ¿qué hace Carter? ¡Huir! Eso sí, salva a Cranston. Aunque para nada, porque como se verá después, Cranston está herido de muerte.

Al rato, por casualidad, Carter encuentra en una cueva la puerta espacio dimensional que lleva a Marte y, también por casualidad, termina en Barsoom.

Este todo “por casualidad” recuerda mucho a “La amenaza fantasma”, ¿no? John Carter es la versión depresiva de Anakin Skywalker. Va de un lado a otro un poco porque sí y le van pasando cosas que a él ni le van ni le vienen pero que curiosamente avanzan la trama de la película.

-Ejercicio: Comparad la presentación de John Carter y la de Indiana Jones.

-A los héroes de las películas de aventuras no siempre les hacen falta traumas/conflictos, pero siempre les hacen falta motivaciones.

-Al final, escribas lo que escribas, siempre es lo mismo. ¿Qué quiere tu personaje? ¿En qué sentido va a ayudarle (o no) la película a conseguirlo? Nada de lo que quiere o necesita John Carter tendría que haber pasado necesariamente por viajar a Barsoom. Podría haber conocido a una campesina en Kansas con más o menos el mismo resultado (me refiero en cuanto a su arco como personaje, no a los efectos de sus acciones en la trama).

-Otra regla básica que la película olvida: en el cine nos importan tanto las cosas como le importan a los personajes. Y John Carter no parece enamorado de Dejah Thoris. Más bien parece que le resulta simpática y poco más. No es Luke con Leia. O Jake Sully con Neytiri. Tampoco parece enamorarse de Marte (que es más bien un sitio inhóspito y un tanto grimoso). Falta la escena de “Avatar” con las medusas voladoras.

-Ejercicio: reescribe en tu cabeza el inicio de John Carter. Objetivo: generar empatía por el personaje y clarificar su arco. 1.Escena de acción espectacular en la Guerra de Secesión Americana. 2. Después de la batalla, el horror de la guerra. 3. Carter llega a casa. Descubre a su mujer y su hija, muertas. Pierde toda razón para vivir. Es un soldado derrotado. Su familia murió por una venganza de los vencedores. 4. Carter no busca oro. Vive solo, es un cazador, como Jeremiah Johnson. No quiere saber nada de nadie. 6. Los soldados le reclutan. Quieren utilizar sus habilidades como rastreador para descubrir la cueva del oro en territorio indio. 7. Carter lo hace. Gracias a ello acaba encontrando la “puerta” a Marte. 8. Estamos en Marte. Y Carter está dispuesto a pelear de nuevo. La gente de Helium son su nuevo “Sur”. Su segunda oportunidad.

-El problema de los antagonistas. Hay demasiados. Y se alían o se enemistan por razones que o no se entienden o cuando se entiende más o menos te dan igual. Y los verdaderos “malos”, esa especie de seres místico sobrenaturales que conspiran en la sombra, tampoco tienen un plan demasiado claro por mucho que se empeñen en contarle su vida a John Carter cada vez que éste se cruza en su camino. Hay “mini malos” efectivos, como el “Thark” malote, pero cumplen una función más cercana al del villano de la semana de una serie de televisión que al de un malvado de largometraje.

Y por cierto, estos son los Tharks.

-Decisiones extrañas de dirección/producción que no ayudan nada:

1. Los “hombres rojos” de Marte no son rojos. Son gente tatuada. Parecen maorís disco. No hay ninguna razón para que cuando los Tharks se encuentran con John Carter no crean que es solo un “marciano” sin tatuajes. Pero se comportan con la misma extrañeza que sentiríamos nosotros si nos encontráramos a un Thark en la puerta de nuestra casa.

2. Las ciudades estado de Barsoom parecen pueblos. Esto no es la final de la Copa del Mundo. Es la final de la liga. Y de Segunda. Villa arriba contra Villa abajo.

-En el making of Chabon y Stanton hablan de lo mucho que significan para ellos las novelas de John Carter. Quizá ese es el problema. Han querido incluir demasiadas cosas en su película (usaron material de tres novelas); y así no hay manera. En una película cabe mucha menos materia narrativa que una novela. Mejor contar menos pero mejor. Vista así, “John Carter” es prima hermana de “Alatriste”.

-Al final lo más fácil habría sido que Andrew Stanton y sus coguionistas hubieran fusilado la estructura de “Avatar” y la construcción de sus personajes. Habría resultado raro: James Cameron plagia a Burroughs, y quienes tienen que adaptar a Burroughs (tras haber adquirido legalmente los derechos de sus obras), acaban plagiando a Cameron. Pero oye, cosas más extrañas se han visto. Y “quien roba a un ladrón…”.

– *Stanton explica muy bien todo esto en esta entrevista con Harry Knowles en la página Ain´t It Cool News.


ADAPTADO

5 junio, 2012

Por  David Muñoz

He leído dos novelas de Marc Pastor, “La mala mujer”, un thriller de época basado en la historia de Enriqueta Martí, conocida como “la vampira del raval”, y “El año de la plaga”, una mezcla de terror y ciencia ficción que podría definirse como “La invasión de los ultracuerpos” en Barcelona. Las dos me han parecido muy interesantes, pero, como este es un blog de guión y no de literatura, la razón por la que he decidido entrevistarle no son sus novelas sino que recientemente se ha anunciado que la productora Zentropa ha comprado los derechos de “El año de la plaga” para llevarla al cine. Como coincidió que nada más terminar “El año de la plaga” leí la noticia sobre su posible adaptación en la revista “Fotogramas”, me pareció que sería interesante que un escritor a punto de ser adaptado hablara de cómo está viviendo ese proceso. Gracias a un amigo común me puse en contacto con Marc y afortunadamente él se prestó a responder una entrevista tan atípica como esta. Así que, Marc, gracias por tomarte el tiempo de contestar, y ojalá dentro de un par de años podamos ver una gran película de “El año de la plaga”.

En los agradecimientos del libro explicas que “El año de la plaga” es básicamente “La invasión de los ultracuerpos” en Barcelona. ¿Qué es lo que te cautivó tanto de la película cuando la viste de niño para que durante tantos años te estuviera rondando la idea de contar la misma historia a tu manera?

Hay muchos factores que me han llevado a versionar “La invasión de los ultracuerpos”. La primera es que la película de Kauffman me sedujo y aterró a partes iguales cuando la vi de niño. Por aquel entonces era el pánico a quedarte solo en el mundo. De hecho, tuve pesadillas relacionadas con la película en las que yo era el protagonista. Esto me ha pasado con pocos films.

Con los años, y descubriendo todas las versiones habidas y por haber, la novela original de Finney, los homenajes en multitud de series, etc… vi que las vainas gigantes solo eran una excusa para que cada autor lleve el agua a su molino. Con esta historia de fondo, puedes explicar lo que quieras.

Así que decidí hacer un remake explícito. En la misma novela se hacen alusiones y paralelismos con la película del 78, que es algo con lo que me gusta jugar cuando escribo. Que los personajes sean autoconscientes del género y de la influencia de la ficción en el mundo real (o lo que para ellos es el mundo real).

Y yo quería hablar sobre todo de la identidad, de lo que nos hace especiales, del individuo, del alma humana. Que es la base de toda gran historia de ciencia ficción, al fin y al cabo.

Durante la preparación de la novela, mi abuelo murió y mi abuela empezó un proceso de demencia senil que prácticamente borró cualquier rastro de personalidad en ella. Su cuerpo seguía allí, pero su esencia no. Todo lo que ella había sido, una persona con gran carácter, desaparecía lentamente. Y decidí incluir ese miedo a desaparecer estando presente. Sigues vivo, pero ya no eres tú.

Una pregunta que nos hacen mucho en Bloguionistas es cómo conseguir los derechos de una novela para adaptarla al cine. ¿Qué tendría que hacer yo para conseguir los derechos de una novela de Marc Pastor? ¿Debería escribirte a ti, a tu agente, a la editorial…?

En el caso que leyeras alguna de mis novelas y estuvieras interesado en conseguir los derechos, deberías contactar con mi agente, The Ella Sher Lit Agency. Algunas veces contactan conmigo por mail, twitter o facebook, y así tengo un primer contacto con la persona interesada en los derechos, pero cualquier negociación posterior se hace mediante la agente.

¿Cómo han sido las cosas con “El año de la plaga”?

Desde antes de la publicación de “El año de la plaga” ya se vio que era una novela que olía a cine. Los hermanos Pastor, por ejemplo, leyeron el original, porque a menudo las productoras les piden historias que puedan ser llevadas a la gran pantalla.

Una vez publicada, he recibido unos cuantos mails de guionistas que querían adaptarla y de directores y productoras que querían moverla. De hecho, me consta que la novela se ha leído bastante en el mundillo audiovisual, y que había bastante interés en convertirla en una miniserie.

Zentropa contactó conmigo y mostraron mucho entusiasmo, lo que me gustó. Pregunté a un director de cine por ellos y me dijo que eran de absoluta confianza. Esa opinión se ratificó en nuestra primera reunión.

He tenido malas experiencias con otras productoras anteriormente, por la fallida adaptación al cine de “La mala dona”, y eso me hace ser bastante escéptico sobre todo el proceso. Sin embargo, David, el productor, derrocha energía e ilusión por el proyecto. Así que compraron la opción a los derechos y a nosotros nos encantó que fueran ellos los que tiren adelante con la película. Y esta es la situación en la que estamos ahora.

¿Cómo te enfrentas a la decisión de vender los derechos de una de tus novelas? ¿Hablas previamente con la gente que va a hacer la película para ver por dónde van a ir los tiros cuando la rueden?

Sí, prefiero saber qué intenciones tienen con respecto a la adaptación. No es lo mismo que el productor vea una película intimista o una cinta de acción, por ejemplo. En el caso de “El año de la plaga”, vi que David tenía las ideas muy claras y sabía cómo quería que fuera el film. Y además me gustó porque coincidía con él. Me gusta la perspectiva que le quiere dar.

Con “La mala dona”, por ejemplo, nos habían llegado a proponer cambiar casi al 100% la novela. Uno de los productores solo estaba interesado en el protagonista. Podría haber quedado bien, pero de la novela hubiera quedado poco o muy poco, y tampoco es plan.

El origen de la plaga

¿Quieres estar involucrado en el proceso de desarrollo de la película? ¿Te has planteado escribir tú el guión, por Ej.?

Prefiero mantenerme al margen. Me gustará seguir el proceso y estar al tanto, pero más por curiosidad que por control. La película es un producto diferente a la novela, y eso lo tengo clarísimo. Si el guionista tiene cualquier duda sobre como actuaría tal o cual personaje, estoy abierto a ofrecer cualquier tipo de consejo. Aparte de eso, no quiero intervenir. Y menos aún escribir el guión: primero porque no escribo guiones y no sabría por dónde empezar, y segundo porque ya he escrito esa historia en novela y no tengo tiempo para volver a reescribirla pensando en la pantalla.

¿Cómo se plantea la adaptación de “El año de la plaga”? ¿Hasta qué punto pretende ser fiel a la novela?

Como aún no hay ni guionista ni director cerrados, aventurar nada sobre la película es muy aventurado. Sí que sé que tienen claro que quieren centrarse en los personajes, hacer que la fuerza de la película recaiga en sus interrelaciones.

“El año de la plaga” parece fácil de adaptar en una primera lectura pero en cuando profundizas un poco en ella no lo es en absoluto. Muchas de las cosas que más me han interesado de ella, como el relato de los fracasos sentimentales del protagonista, creo que iban a tener difícil cabida en la película, sobre todo porque ocurren antes de que arranque la historia de las plantas que replican seres humanos. Luego, un recurso literario que te permite dar mucha información sobre el protagonista es que la historia está contada en primera persona. Gracias a ese monólogo interior descubrimos por Ej. cómo fueron las cosas con su ex la médico. Y esa es una relación que juega un papel muy importante en la novela. A mí me gusta especialmente el momento en el que al escuchar un diálogo entre otros personajes descubrimos que a lo mejor nuestro narrador no nos ha contado toda la verdad sobre lo que pasó entre él y la médico, no porque nos esté mintiendo expresamente, sino porque puede que se esté mintiendo a sí mismo.  ¿Cómo crees que se puede incluir toda esa información en un guión de cine? ¿Incorporando nuevos personajes con  los que el protagonista pueda dialogar, por Ej.? 

Obviamente toda esa parte va a ser complicada de elaborar. No sé cómo lo afrontarán. Solo sé que, cuando la escribía, yo tenía en mente la novela “Alta Fidelidad” de Nick Hornby, que consiguió una traslación al cine diría que casi perfecta. Si por mí fuera, El año de la plaga sería un “Alta Fidelidad” con extraterrestres y un par de dedos cortados.

Por otro lado, sí que hay cosas que son muy claramente trasladables al cine. Por Ej. el protagonista tiene un arco muy claro y la historia principal (la que digamos ocurre “en presente”) tiene una estructura en tres actos bastante clara. Pero… hay otro problema, y es que me da la impresión de que rodada tal cuál, la novela daría para una película de 20 millones de euros.  ¿Eso es algo que afecta al trabajo de desarrollo del guión desde el principio? Si es así, ¿de qué manera?

La novela explica la historia de Víctor Negro, al fin y al cabo. Hay quien me acusa de dejarla muy abierta, pero no estoy de acuerdo: la historia de Víctor Negro tiene un inicio y un final muy claros.

No está hoy el cine para ir tirando cohetes con presupuestos archimillonarios. Así que creo que la mejor opción es reforzar ese arco argumental (y las relaciones que de él penden), más allá de la pirotecnia. Pero volvemos a lo mismo, de momento solo existe la intención de hacer la película y está todo en el aire. Concretar mucho es difícil, y solo serían fabulaciones mías que se mezclan con los sueños.

Leyendo tu novela es obvio que eres un guionista muy cinéfilo. Tengo curiosidad… ¿me podrías poner algún ejemplo de buena adaptación cinematográfica y otro de mala?

Me remito a mi respuesta anterior. Una adaptación ejemplar es “Alta Fidelidad”, de Stephen Frears. Consigue que te metas en la cabeza del personaje de John Cusack Incluso ese momento en que Bruce Springsteen himself le da un consejo. De hecho, en una de las primeras versiones de mi novela, Víctor Negro hablaba con Meg Ryan sobre sus fracasos amorosos, y la rubia de marras se dedicaba a rajar de Sandra Bullock. Afortunadamente eso pertenece a las escenas eliminadas de la novela…

Otra gran adaptación relativamente reciente es la de “El señor de los Anillos”. Vale que tenían un dineral para hacerla, pero creo que es fiel al espíritu de Tolkien y además es un gran espectáculo.

De malas adaptaciones, me viene a la cabeza “Soy leyenda”, la última, la de Will Smith. Sobre todo porque soy un gran fan del libro de Matheson (el título de “El año de la plaga” viene de esta novela, del aria de ópera que Robert Neville está escuchando al principio). Pues bien: la adaptación es bastante entretenida hasta que llega al final y pervierte TODO el mensaje de la novela. Allí donde había una reflexión sobre la ambigüedad Bien/Mal y sobre el origen del Monstruo (así, en mayúsculas), aquí hay una historia de sacrificio judeo-cristiano pseudo-heroico patriota que nada tiene que ver con lo que escribió Matheson. De hecho, el título en la novela y en la película significan cosas distintas, sino antagónicas.

Otra adaptación horrenda es “La novena puerta”, que se basaba en la estupenda “El club Dumas” de Pérez Reverte. La prueba de que hasta Polanski puede meter la pata versionando una novela.

Y, supongamos que al final la película no te gusta… ¿te ves como Javier Marías , que llegó a denunciar al productor de la adaptación de su novela “Todas las almas” por no respetar “el espíritu de la novela” (tal y como estaba establecido en el contrato) o cómo Arturo Pérez Reverte, que salvo casos de fuerza mayor como la serie de televisión “La reina del sur”, suele optar por guardar un discreto silencio sobre las adaptaciones de sus obras?

¡¡¡Mal vamos si nos ponemos a pensar que no me va a gustar!!! Tengo confianza en la gente que tirará de la peli adelante (si finalmente logra salir adelante, porque el mundo del cine camina por la cuerda floja, hoy día). De hecho, tengo muchas ganas de estar sentado en un cine, que se apaguen las luces, y empezar a disfrutar de la adaptación al cine de “El año de la plaga”. Si llega ese momento, sea como sea, lo pienso disfrutar al máximo.


UNA NOVELA… ¿UNA PELÍCULA?

29 mayo, 2012

Por David Muñoz

He escrito aquí varias veces sobre las dificultades más habituales a las que suelen tener que enfrentarse los guionistas cuando adaptan una novela al cine.

Y hace poco vi una película basada en una novela que pienso utilizar como ejemplo si algún día tengo que dar una clase explicando cuáles son esas dificultades. Se trata de “Never Let Me Go” (Mark Romanek, 2010), conocida en España como “Nunca me abandones”, y basada en una novela muy conocida del inglés Kazuo Ishiguro.

Romanek es un gran director y la película tiene una factura estupenda. Desde el punto de vista formal no creo que pueda ponérsele ninguna pega. Los actores están todos muy bien, la fotografía es magnífica, el diseño de producción impecable, etc. Pese a ello, “Nunca me abandones” es una película muy fría con una primera hora un tanto aburrida y por la que es difícil sentir algo más que un interés distante hasta que en su magnífico tramo final está casi, casi, a punto de resultar conmovedora.

Sospecho que esa frialdad inicial es una de las razones por las que ha pasado tan desapercibida, cuando en teoría lo tenía todo, no sé si para ser un éxito (en esta época de blockbusters infraescritos, dudo mucho que una película así pueda serlo), pero sí al menos para haber llamado un poco más la atención.

Habiendo leído el libro, creo que una de las razones por las que “Nunca me abandones” resulta tan insatisfactoria es que es demasiado fiel a la novela de Ishiguro. En el “making of” del DVD, el guionista Alex Garland explica que desde el principio tuvo claro que su trabajo no era cambiar la historia de Ishiguro, sino encontrar la manera de narrarla “cinematográficamente”. Pero me da la impresión de que Garland y sus productores no supieron o no quisieron ir tan lejos como habrían debido para convertir “Nunca me abandones” en una experiencia cinematográfica satisfactoria. No sé si habrá tenido algo que ver o no, pero en el “making of” también se explica que Ishiguro y Garland son amigos íntimos. Y si ya suele ser difícil atreverse a cambiar cosas de un libro de un autor al que admiras con el que no tienes una relación personal, no puedo imaginarme lo que tiene que ser pensar que cargarte una subtrama puede provocar que tu amigo deje de hablarte. O que te despida. Porque Ishiguro además es productor ejecutivo de la película.

A partir de este punto va haber muchos “spoilers”, así que si no conocéis la historia que cuenta “Nunca me abandones”, os recomiendo que dejéis de leer.

La película comienza mostrándonos la vida de unos niños en un internado inglés durante los años 70 de una realidad alternativa en la que ha habido grandes avances científicos en el campo de la medicina. Un “internado” que hace honor a su nombre. Los niños nunca salen de allí y nunca va a verles ningún pariente, de modo que da la impresión de que son huérfanos. Entre esos niños se encuentra la tímida Kathy, que está enamorada de Tommy, un crío algo especial que pese a que parece sentir interés por Kathy, elige como novieta a la mucho más lanzada Ruth.

Y a lo tonto llevamos 20 minutos de película.

Como yo había leído el libro y sabía lo que realmente estaba pasando, no me aburrí, pero mi pareja estuvo a punto de dormirse. Con el triángulo entre los niños podían haberse rodado 20 minutos muy interesantes, pero todo está contado en un tono tan bajo que resulta difícil sentir interés por ellos y sus desvelos.

Entonces, llega la gran revelación que pone patas arriba toda la historia y nos obliga a replantearnos lo que hemos visto hasta ese momento: una profesora “rebelde” le explica a los niños que son clones. Cuando crezcan, serán utilizados como donantes de órganos hasta que mueran. Algo que ocurrirá cuando la mayoría tengan veintitantos años.

En ese momento, aumentó el interés de mi pareja por la película.

Pero éste volvió a decrecer rápidamente.

Los niños se hacen adultos y van a pasar una temporada al campo con varios compañeros, en una fase durante la que se les permite llevar una vida más o menos normal (se les deja tener pareja, por Ej.). Tommy sigue con Ruth, y la pobre Kathy se dedica a sufrir en silencio al ver como el amor de su vida descubre el sexo con su archienemiga.

Hay un nuevo salto en el tiempo y nos encontramos a Kathy convertida en “cuidadora”. Los “cuidadores” son clones que se dedican a cuidar de aquellos que ya han empezado a donar sus órganos. Y lo hacen hasta el momento en el que estos “completan”, que es la manera eufemística que tienen de referirse a la muerte. Los “cuidadores” empiezan a donar después que sus compañeros y por tanto viven un poco más.

Es entonces cuando por fin la película consigue atraparte. Queda poco más de media hora por delante, pero es una media hora que justifica no haberle dado aún al botón de “stop”.

Kathy se encuentra con Ruth, que ya ha hecho su segunda donación y está casi al borde de la muerte. Tras averiguar dónde está internado Tommy (que acaba de donar por primera vez) las dos deciden ir a visitarlo. Una vez los tres vuelven a estar juntos, como cuando eran niños, Ruth les pide disculpas por haberse interpuesto en su relación y Tommy y Kathy, además de retomar su historia de amor, ponen en marcha un plan que esperan pueda llevarles a ser indultados y evitar tener que “completar”.

Pero, por si acaso me habéis leído sin haber leído el libro o visto la película, no os cuento nada más.

Lo importante es que de pronto los personajes tienen un plan. Por primera vez buscan algo con ahínco. Por primera vez se plantean algo que no sea vivir sus vidas. Vidas excepcionales, desde luego, pero solo para nosotros, no para ellos. Porque para los clones lo que para nosotros es inusual, para ellos es su día a día. Y como ya sabéis, como espectadores, nosotros vivimos las cosas con tanta intensidad como las viven nuestros personajes. Una vez superada la sorpresa inicial que produce descubrir de qué va la historia que nos están contando (“¡son personas y los tratan como a animales!”), como espectadores, la aceptamos. Son las circunstancias de los protagonistas, y si a ellos no les perturban, a nosotros tampoco. O al menos solo lo hace de una manera más teórica que emocional.

Tommy, Ruth y Kathy

La cuestión es que hasta ese momento la sensación que produce la película es que va a la deriva, de que no hay historia. O que más bien la historia (el triángulo amoroso), no está lo suficientemente desarrollada como para interesarte. Porque la descripción del mundo en el que viven los personajes no es una historia. La descripción de una situación estática, por mucho que la descubramos poco a poco al hacerlo a través del punto de vista de un personaje, no es una historia. Quizá podría ser la base de un documental, o a lo mejor ni siquiera eso.

Como me decía hace poco un productor con el que estoy trabajando, una historia sin giros (sin cambios, sin evolución), no es una historia, es “un devenir”.

Y es muy difícil que un devenir resulte interesante.

Dudo mucho que de ser una historia original de Alex Garland, “Nunca me abandones” hubiera tardado tanto en arrancar (entendiendo por “arrancar” el momento en el que los personajes se ponen en marcha en pos de un objetivo). Pero al elegir ser fiel a la novela, Garland hirió de muerte el flujo narrativo de su película.

Supongo que algunos os preguntaréis si la lectura de la primera parte de la novela produce ese mismo efecto de tedio. Pero yo creo recordar que no. En una novela no hace falta que los personajes hagan cosas interesantes, basta que su punto de vista sobre lo que les ocurre, sobre su realidad, sea interesante. Pero el cine muestra las acciones desnudas. Más allá de lo que hacen los personajes y de la interacción entre unos y otros, no hay nada. Da igual que uses una voz en off (y en “Nunca me abandones” se utiliza), en esa voz en off serán solo apuntes, breves subrayados, explicaciones que además muchas veces sobran. Nunca podrá compararse con el diálogo que mantiene un lector con un personaje al que acompaña durante páginas y páginas.

Dicho de otra manera: lo mismo que contado en una novela puede resultar apasionante, puede parecer un coñazo narrado únicamente con imágenes.

Desde mi punto de vista, la única manera de lograr que la primera mitad de la película “Nunca me abandones” hubiera resultado tan interesante como la de la novela habría sido potenciar la tensión en el triángulo amoroso, convirtiendo a Kathy en un personaje mucho más activo, que además de llevar la procesión por dentro y de asistir impotente a los avances de su rival, Ruth, hubiera hecho algo por conseguir el amor de Tommy. Pero la película opta por mostrarnos lo mismo que hacen los personajes en el libro, sin darse cuenta de que lo realmente interesante les pasa por dentro, en ese mundo de la mente que suele estarle vedado al cine. Si hubiéramos sentido que a Kathy le importaba perder a Tommy, también a nosotros nos habría importado más.

Lo malo de la película es que este problema se traslada también al segmento de los personajes adultos viviendo en el campo.

Otro problema, esta vez estructural, es que la revelación sobre la verdadera naturaleza de los niños llega demasiado tarde. De nuevo, creo que en una película que hubiera nacido directamente como un guión cinematográfico, esa es una clave que se habría dado a los diez minutos, o como mucho, a los quince. Porque es lo que activa la pregunta que debe hacerse cualquier espectador cuando se encuentra viendo una película: “¿Y ahora qué va a pasar?”.

Viendo la película, creo que pueden encontrarse pistas que demuestran que los cineastas (y ahí incluyo al guionista, el director y los productores) sabían que su apuesta por ser tan fieles a la novela podía acabar siendo problemática. Y lo supongo porque yo he estado ahí y me he visto obligado a usar los mismos recursos para tratar de dotar de interés a una historia con una estructura que no llegaba a funcionar del todo bien desde el punto de vista cinematográfico:

-El uso del flashforward. La película comienza con una escena en la que vemos a Kathy adulta en un quirófano en el que Tommy va a llevar a cabo su segunda donación. Los dos se miran, y en teoría esa escena debería servir para darnos a entender que la película que vamos a ver a continuación es algo más que una historia de niños ingleses en un internado como tantas otras. También introduce el tema de las donaciones y, de forma muy sutil, el de la clonación. Debería servir, en suma, para despertar nuestro interés, para que nos preguntemos: “¿Qué está pasando aquí?” y “¿Cómo vamos a llegar a este punto?”. Pero pasa tanto tiempo entre esa escena y la siguiente en la que se tocan los mismos temas, que no llega a tener el efecto deseado. Si no se conoce la historia, podría parecer perfectamente que la película va de la historia de amor entre Kathy y un Tommy enfermo de cualquier cosa y necesitado de un trasplante. Por miedo a adelantar una revelación importante, creo que Garland se quedó corto.

-El uso de la voz en off. Como en tantas adaptaciones, permite dar saltos en el tiempo sin necesidad de imágenes y explicar qué le pasa por la cabeza a los personajes. Su uso más efectivo, aunque también más cuestionable, es al final de la película, cuando Kathy explica el tema de la historia. O sea, que la vida de estos clones no es sino una metáfora de nuestras vidas. Cuando la protagonista piensa que quizá el resto de la gente no vive unas vidas tan diferentes a las suyas, nosotros sabemos que en realidad no está hablando Kathy, sino un guionista y un director agobiados que no están muy convencidos de que las escenas que acabamos de ver hayan dejado claro qué nos han querido contar.

Eso me lleva al que quizá es el mayor problema que me plantea la película como espectador. No puedo dejar de pensar que resulta increíble que estos chavales, a los que durante su vida adulta no vigila nadie, no se planteen darse a la fuga en ningún momento y que acepten su destino tan resignadamente.

Es algo que también me pregunté leyendo el libro, pero quizá porque la literatura permite que aceptemos con mayor facilidad premisas que no pasan el filtro lógico naturalista, la literalidad que lleva implícita el cine de estilo realista (pues así es como está rodada; esto no es “El imaginario del Doctor Parnassus”), choca con esa vocación metafórica de la historia. Las verjas, los paisajes, las carreteras, no son palabras, son reales. Resulta demasiado fácil imaginarse a los personajes recorriéndolas.

Me resultó simpático ver a Ishiguro en el documental del DVD explicando que le han hecho esa pregunta muchísimas veces: “¿Por qué los personajes no escapan?” y, después de tratar de dar una explicación más o menos convincente (son incapaces de hacerlo porque no han sido educados para planteárselo, como los adeptos de una secta), sonríe y dice que bueno, que el realismo nunca fue su meta. “Nunca me abandones” no puede ser leída de forma literal. Es una metáfora. Él no quería hablar de clones, sino, a través de ellos, de nuestra mortalidad. Siendo así, nunca se planteó abordar el tema desde un punto de vista realista, porque mostrar a los personajes huyendo habría sido como decir que nosotros podemos escapar de nuestra muerte.

En esa tensión entre la naturaleza metafórica de la historia y la literalidad de su plasmación cinematográfica, creo que está la clave de porqué era prácticamente imposible que hubiera funcionado del todo bien como película. Garland, Romanek y sus productores saben lo que hacen (ahí están sus créditos para demostrarlo) pero quizá lo que querían hacer no había manera de hacerlo del todo bien.

El dilema al que solemos enfrentarnos al adaptar una novela (o como me ha pasado a mí recientemente, un cómic), tiene que ver con esa tensión. Piensas, vale, es un problema, pero, si no vas a ser fiel al material original… ¿para qué lo estás adaptando? Pero claro, si de verdad quieres que se ruede la obra que has leído, muchas veces te arriesgas a hacer una mala película. Y sabes que elijas una u otra opción, probablemente acabarás preguntándote si no te habrás equivocado. O tu guión es una ilustración superficial de la novela, o tu guión no respeta la novela y en tu afán de convertirla en cine tienes la sensación de que te has comportado como un ególatra que cree que imponer su punto de vista sobre el material original es justo lo que le hacía falta y has acabado traicionándolo. Encima, hay ejemplos para todos los gustos:”Blade Runner” no se parece casi nada a la novela de Philip K. Dick en la que está basada y es una obra maestra. Pero a “The Spirit” no le hubiera sentado nada mal parecerse algo más a  los cómics de Will Eisner en los que se inspira.

Pero de todo esto espero hablar más detenidamente en una próxima entrada.


EL GUIÓN DRAMÁTICO DE DOS CÓMICOS

26 marzo, 2012

por Fernando Navarro.

Primer guión rodado. Óscar al mejor Guión Original.

Con esta contundencia se podría resumir la aún breve carrera de Nat Faxon y Jim Rash en el mundo del guión. Dos tipos que provienen de la rica cantera de cómicos de improvisación de Los Ángeles cuyo primer guión (en realidad el segundo, ya que tienen un primero aún inédito) supone el regreso de Alexander Payne al cine, tras varios años de problemas personales e indecisiones creativas.

Faxon y Rash continúan una tradición larga en el cine americano: el cómico convertido en guionista. Un paso coherente que va del escenario, el público, la noche y el micro al folio en blanco y el rodaje. Una formación interesante, paralela a los estándares a los que habituamos en el cine europeo, y de la que han surgido mentes tan brillantes como las de Mike Nichols, Woody Allen, Dan Aykroid, Larry David o Seth Meyers.

De esa tradición, pues, surgen estos dos cómicos-actores-escritores que han debutado con una película maravillosa, que con un guión conmovedor, contenido, divertido y tierno, triste (paradójicamente la película más triste de Alexander Payne es la que han coescrito estos dos autores) y optimista, a pesar de todo.

En esta breve entrevista, estos “novatos” hablan de la adaptación del libro, del difícil equilibrio entre humor y drama y del trabajo junto a Payne.

Espero que os guste.

Nat Faxon, Alexander Payne y Jim Rash

LOS ASCENDENTES

El impresionante debut de Nat Faxon y Jim Rash

Publicado originalmente en “Written By” Volume 16/No.2 February/March 2012.
Traducción de Fernando Navarro

Nat Faxon y Jim Rash se conocieron formando parte del grupo de de cómicos del club de sketches e improvisación The Groundlings, en Los Ángeles. Allí compartieron horas de escenario con futuras iluminarias como Tate Taylor (“Criadas y Señoras”) o Annie Mumolo & Kristen Wiig (“La Boda de mi Mejor Amiga”). Ambos tenían unas carreras de éxito como actores. Faxon en comedias para el cine (“Walk Hard: The Dewey Cox Story” de Jake Kasdan) o la televisión (“El Show de Cleveland”, “Reno 911”) y Rash convirtiéndose en el Dean Pelton de la serie “Community”. Después de conocerse desde hace más de una década, ambos comenzaron a escribir guiones juntos.

Uno de sus proyectos, “The Way Back”, una historia de aprendizaje sobre un chico que trabaja en un zarrapastroso parque acuático, los llevó en el 2007 a una reunión con Ad Hominen Productions. La mezcla de humor y patetismo de aquel guión tenía una clara reminiscencia de los guiones de Alexander Payne y Jim Taylor. Uno de los productores de Ad Hominen, Jim Burke, los contrató para adaptar la novela de Kaui Hartt Hemmings “Los Descendientes”. Desarrollaron unas cuantas versiones para el director inglés Stephen Frears.

Cuando Alexander Payne decidió dirigir la película, él reescribió su propia versión. Así explicó el porqué de su reescritura: “Tanto el libro como la adaptación tenían más que ver con la hija más joven, con Scottie. Yo estaba mucho menos interesado en ella que en la relación del padre con la hija mayor. Además, como director, ya sé que cuando trabajas con menores, solo tienes ocho horas al día y ¿quién quiere eso?”.

Rash and Faxon están escribiendo ahora una “pequeña comedia sobre una familia disfuncional”, según dice Rash en la charla telefónica, “que Alexander Payne producirá para Fox Searchlight.  Será un guión original nuestro, pero también estamos leyendo un montón de libros y viendo si hay algo que nos engancha para adaptarlo. Estamos también en el proceso de convertir nuestro primer guión, “The Way Back” en una película. Cruzamos los dedos para que todo venga junto, porque como ya sabes, la industria del cine es un castillo de naipes”.

Rob Feld: ¿Qué había en el libro que os hizo dejar todo lo demás y poneros a trabajar en él?

Nat Faxon: Reaccionamos por los cambios en el tono, que van de la comedia al drama. Conectamos con la historia de manera sencilla, llevados por la complejidad de los personajes. Aquella iba a ser nuestra primera adaptación, así que se convirtió en una auténtica prueba de fuego. Al final resultó bastante fiel al libro, incluso cuando Alexander le dio una pasada al guión. Estabamos puliendo un gran material y, sobre todo, haciendo destacar a Matt King en la historia, cuyo punto de vista guía la novela, pero que no revela su voz. Sentías ese tono, pero había que crear su propia voz a través de los diálogos.

¿Os centrastéis en el humor? ¿De qué manera?

Nat Faxon: La comedia en realidad provenía de la emoción tan creíble y realista que hay en la historia. Hay mucho drama en el libro, así que ambos pensamos que era muy importante no tener toda la película girando alrededor de la cama de un hospital donde se muere una mujer. Intentamos que la comedia apareciera a través de Scottie, la hija pequeña, y Sid, el amigo de la hija mayor. Creo que lo hicimos bastante equilibrado, sin olvidar que había una carga emotiva, muy dura por debajo, que era importante mantener fuera de la pantalla todo lo que pudiéramos.

Jim Rash: Aunque Nat y yo venimos de The Groundlings y tenemos un pasado de comediantes en ese sentido, nuestro entrenamiento como escritores se basa en coger a personajes, a personas reales como las que conoces y hacerlos únicos, específicos para cada historia. Cuando damos clases, solemos enseñar a los estudiantes cómo partir de algo que puede ser doloroso y, de ahí, encontrar la comedia. Cuando escuchas a estudiantes hablando de su madre o de su mejor amigos, suelen empezar describiéndola como “una persona única” cuando quizá deberían decir cosas como “Mi madre realmente es una pasiva agresiva”. Y a partir de ahí, descubrir por qué es así.  Entrar en el meollo y entender a la gente para que nos ayude a ser mejores interpretes y escritores. Nuestras actuaciones en The Groundlings eran sketches, pero el origen de todos esos personajes que hacíamos viene exactamente de la misma idea. Si lees el guión de rodaje, verás más presencia del personaje de de Scottie, dando un respiro en todo momento, pero al final no ayudaba a la película cuando llegó la hora del montaje.

¿Dónde llevó Alexander el guión una vez que vosotros terminásteis vuestro trabajo?

Nat Faxon: Además de la voz en off, el cambio más significativo fue que nosotros habíamos dado mucho más pesos al personaje de Scottie. Incluso hay escenas que se rodaron pero que no están en la película. Alexander se centró en el viaje de Matt y su hija mayor, Alexandra, porque sentía que ellos sufrían el cambió más importante en la historia. Por eso acabó quitando algunas de las escenas de Scottie. Una de las cosas que Alexander introdujo vino del viaje que hizo a la isla con (la novelista) Kaui. De ella extrajo un mejor entendimiento del negocio de las tierras. Aunque ya está en el libro, estuvo preparado para darle más importancia en la historia después de aquel viaje. La verdad es que trabajar con un director del que ambos hemos sido muy fan fue una experiencia en la que hemos aprendido mucho.


CONSULTORIO: COMPRAR LOS DERECHOS DE UNA NOVELA

20 marzo, 2012

por David Muñoz.

“Hola,

Me llamo Raúl Mancilla. Soy Licenciado en Dirección de Escena y Dramaturgia por la ESAD de Málaga y Técnico Superior en Realización Audiovisual. He sido director, guionista, editor y productor de varios cortometrajes, documentales y obras de teatro. Actualmente vivo en Marbella y he creado un pequeña productora (www.avenate.com) con un viejo compañero de estudios. Además de trabajos de encargo intentamos sacar adelante nuestros propios proyectos. Ahora estamos liados en la adaptación de una novela. Antes de empezar a trabajar en ella (escaletas, tratamientos,…) me puse en contacto con el autor de la misma. Mi idea, además de escribir el guión (cine o tv-movie), es dirigir el proyecto. Y aquí viene mi pregunta: ¿dónde puedo conseguir un modelo de contrato con opción de compra de los derechos de autor de la novela? Tengo entendido que lo ideal es realizar un contrato que tenga una duración de 18 meses. Además, no sé si nuestra pequeña productora podría llevar adelante un proyecto tan grande. ¿Dónde y cómo me recomendáis que mueva el proyecto? Es la primera vez que nos embarcamos en algo así y la verdad es que estamos algo verdes. Agradecería mucho vuestra ayuda. Un cordial saludo.

Raúl Mancilla
Avenate Producciones
www.avenate.com”.

Hola Raúl,

Antes de contestar tus pregunta, os recomiendo a todos aquellos que estéis interesados en este tema que leáis las entradas anteriores de Bloguionistas que he dedicado tanto a la compra de derechos literarios como a las adaptaciones en si. Podéis encontrarlas aquí:

1

2

3

4

Respecto a tu primera pregunta, Raúl, es cierto que no resulta fácil encontrar un modelo de contrato como el que necesitas. Lo que yo puedo ofrecerte es el único contrato que he firmado en mi vida comprando los derechos de una novela. He tachado los datos de los compradores y lo comprado, pero por lo demás, aunque está en inglés, creo que puede servirte de referencia:

Como ves, es muy cortito y muy sencillo. Ah, aunque en el contrato no se indica, llegamos a un acuerdo según el cual podemos renovar automáticamente la opción durante otro año. Porque 12 meses, o 18, es muy poco tiempo para poder levantar una película. Nosotros (uso el plural porque los derechos de la novela los compré junto a un director), llevamos año y medio moviendo el proyecto, y aunque un productor ya se ha interesado por él, todavía no hemos firmado nada. En realidad creo que comprar una opción por dos años renovable a tres sería lo más realista. Y aun así, según están las cosas seguro que se quedaba corta.

Luego, tu última pregunta creo que la contestaría mejor un productor. Yo el único blog de productor que conozco es el de Pancho Casal. Además está muy bien. Merece la pena leerlo habitualmente. Y quizá puedes dirigirle a él la pregunta.

En todo caso, parece que lo que buscáis es asociaros con una productora que realmente pueda montar desde el punto de vista financiero la película que queréis hacer. O sea que buscáis un coproductor. Pero para poder haceros alguna sugerencia tendría que saber cómo es vuestro proyecto, o al menos a qué genero pertenece. Cada productora acostumbra a tener una línea de trabajo más o menos definida. Y suele tener sentido mandarle un proyecto de un determinado género a una productora que ya haya demostrando interés por él. También existe la posibilidad de que impliquéis a alguna televisión desde el principio. Claro que ahora mismo no es el mejor momento para ir a una cadena a pedir dinero para una película. Pero dentro de unos meses (o con suerte, antes), cuando se aclare cuánto dinero van a gastar y cómo, quizá merezca la pena intentarlo. Sé de al menos un proyecto de una productora minúscula en el que entró Tele 5 que iba a ser rodado antes del reciente parón.

Y ahora caigo en que no solo os planteáis la posibilidad de adaptar la novela al cine sino de convertirla en TV Movie. Y no sé por qué, pero me parece más fácil siendo una productora pequeña llegar a producir algo en cine que en televisión. Pero eso es algo también de lo que seguro que tendría más cosas que decir un productor.

Esta última pregunta tuya me ha hecho pensar en otra cosa: en lo difícil que resulta a veces hacer cosas como descubrir qué productores están en disposición de leer proyectos. O también que un guionista encuentre un director (o viceversa). Sería estupendo que existiera una página web dónde fuera posible encontrar esa información o dónde se pudieran generar ese tipo de contactos. Claro que a ver quien es el superhéroe mantiene una página así y la gestiona y con qué criterio. Porque de nada te serviría, si eres un productor, entrar en ella y encontrarte con 500 proyectos de los cuales a priori no sabes nada. Estarías como en el mundo real. Totalmente perdido. Haría falta un ejército de lectores para estudiar ese material y desbrozarlo hasta encontrar algo valioso.

En fin, Raúl, poco más puedo decirte. Ojalá tengáis suerte con vuestro proyecto y espero haberos sido de alguna utilidad.


CONSULTORIO: DERECHOS DE ADAPTACIÓN DE UNA NOVELA

4 enero, 2011

por David Muñoz.

Buenas,

Soy Raúl Gay. Esta es la segunda vez que escribo a bloguionistas; la primera tuve una respuesta rápida y muy clarificadora.

Una vez terminado el máster de la UAB, me he lanzado a escribir. Tengo 2 cortos y un tratamiento de largometraje.

Ahora me apetece adaptar una novela de un autor español vivo (ya disculparéis que no ponga aquí su nombre). Y tengo muchas dudas.

¿He de pedir los derechos antes de sentarme a escribir? ¿A quién se los pido? ¿Cuánto tendré que pagar? Si los pago, en el caso de que pueda, y luego no me sale (al fin y al cabo estoy empezando) ¿qué sucede? ¿Necesito el apoyo de una productora? ¿Antes o después de escribir? ¿Antes o después de tener los derechos?

En fin, mil y una dudas que pueden resumirse en: ¿Qué diablos tengo que hacer para adaptar una novela, venderla a una productora, que haga una peli y sacar unos eurillos por el camino?

Muchas gracias, feliz aniversario con retraso y feliz 2011

Raúl Gay

Hola Raúl,

¡Pues claro que tienes que pedir los derechos antes de sentarte a escribir!

Si no lo haces, te puedes encontrar con que te pase una de estas cosas:

-Que cuando ya hayas escrito tu guión descubras que los derechos del libro ya han sido vendidos y hay otro proyecto de largometraje en marcha basado en el mismo material.

-Que aunque no sea así, el autor decida que no le interesa venderte los derechos de su obra.

El resultado, en ambos casos, es que después de meses y meses de duro trabajo (adaptar un libro no suele ser nada fácil), puedes encontrarte con que tienes 100 páginas que no valen para nada, ya que tú no tienes derecho a hacer nada con ellas salvo a guardarlas en una carpeta de tu ordenador.

Luego, además de un problema legal/práctico, hay otro de orden moral.

¿Qué te parecería a ti si escribieras una novela y descubrieras que hay un guionista adaptándola con la idea de venderle su guión a un productor sin haberse puesto en contacto contigo para pedirte los derechos?

Uno de los derechos más importantes que tenemos los autores es el derecho a hacer con nuestras obras lo que nos de la gana (y eso incluye renunciar a ese derecho a cambio de un dinero).

Entonces, ¿qué hacer?

Pues tratar de hacerte con los derechos del libro en cuestión, por supuesto.

Hace un par de años adapté este libro para Tornasol. El resultado fue un guión muy atípico que podría haber dado lugar a una película creo que bastante interesante. Pero ninguna television quiso comprar un proyecto tan "raro".

Las maneras más comunes de hacerlo son las siguientes:

1- Ponerte en contacto con un productor al que creas que pueda interesarle ese tipo de material. Pasarle una copia del libro, pedirle que lo lea, y si le interesa, convencerle para que compre los derechos para el cine y te encargue a ti el guión.

Esta suele ser la vía más habitual. Aunque lo normal es que sea primero el productor quien compre los derechos de un libro y luego contrate a un guionista para que lo adapte.

De modo que si trabajas con (o más bien, “para”) un productor, no tienes que preocuparte de ninguna gestión más que de convencerle de que el libro que te gusta puede ser la base de una película interesante  y de que tú eres el guionista adecuado para adaptarlo.

El riesgo que corres es que en cualquier momento el productor puede decidir encargarle el guión a otro, dejándote fuera del proyecto que tú mismo has puesto en marcha (y sí, legalmente puede hacerlo, ya que los derechos del libro serían suyos).

2- Conseguir tú los derechos del libro y adaptarlo por tu cuenta. Una vez tengas la primeras versión, entonces es cuando deberías conseguir un productor capaz de levantar una película basada en él. También puede despedirte cuando compre tu guión (y los derechos del libro), pero puedes negarte a firmar el contrato si intuyes que te van a largar (o intentar que en el contrato haya una cláusula que impida tu despido; cosa que no creo que pudieras conseguir).

Si es eso lo que quieres hacer, los pasos a seguir son los siguientes (afortunadamente, gracias a Internet, este tipo de gestiones son ahora relativamente rápidas y sencillas):

-La mayoría de los autores llevan a cabo este tipo de tratos a través de sus agentes.

Para descubrir quién es el agente del autor que ha escrito el libro que te interesa, lo más rápido es escribir a su editorial. Y casi todas las editoriales tienen páginas web. Incluso son muchos los autores que disponen de páginas web o blogs. Si les escribes, ya dependerá de ellos remitirte a su agente o negociar contigo personalmente.

-Cuando escribas al agente (o al autor) te recomiendo un mensaje no demasiado largo (a lo mejor de un folio, como mucho) explicando claramente quien eres y lo que quieres. Hay que ser educado, pero no es necesario hacer la pelota. Si quieres adquirir los derechos de un libro, se sobreentiende que te gusta.

Si al agente le parece interesante lo que le has contado (y todavía no ha vendido los derechos), entonces empieza la negociación.

-Lo más común no es comprar directamente los derechos del libro, sino pactar una opción por un precio mucho más reducido de lo que te costarían los derechos.

¿Y en qué consiste una opción?

Como dice su nombre, una “opción” te permite tener la opción de comprar los derechos del libro…

…o no.

Básicamente, una opción te permite escribir tu guión y moverlo durante un período de tiempo determinado. Lo más normal es pedir que ese tiempo sea entre uno y dos años. Después, o se concreta la opción -o sea, se compran los derechos abonando una cantidad muy superior a la pagada inicialmente-, o los derechos del guión vuelven a ser propiedad del autor de la novela.

Estas son las dos situaciones básicas.

Luego, hay todo tipo de permutaciones.

Hace muchos años, adapté al cine este libro. La película nunca se rodó, pero tiempo después, escribí una serie, "Quart", protagonizada por los mismos personajes de la novela.

Por Ej., yo he escrito dos cómics cuyos derechos he vendido para el cine. En un caso, yo soy el titular de todos los derechos y no tengo agente, con lo cual el productor se ha puesto directamente en contacto conmigo y he sido yo quien he llevado toda la negociación. En el segundo, cedí los derechos de la adaptación al cine al editor, de manera que el productor ha tratado directamente con él. Yo no he hecho nada (ni he decidido nada tampoco). El editor se ha limitado a ir informándome de cómo iban las cosas y ya está.

Puedo ponerte otro ejemplo práctico desde el punto de vista no de propietario de los derechos, sino de guionista que quiere adaptar una novela y consigue los derechos necesarios para hacerlo.

Hace unos meses leí una novela de un autor inglés que me interesó mucho. Casualmente, un director amigo mío la leyó también y mostró interés por ella.

Pensamos en adaptarla entre los dos y en hablar con un productor para que comprara los derechos, pero finalmente elegimos no hacerlo. No queríamos arriesgarnos a que el productor decidiera despedirnos a uno de los dos y pasarle el proyecto a vete a saber quién.

Así que acordamos tratar de comprar los derechos.

Gracias al editor español, conseguimos el e-mail del agente del novelista y le escribimos.

Lo que le propusimos fue lo siguiente: que nos cediera una opción durante un tiempo por un dinero razonable. Pasado ese tiempo, o comprábamos los derechos, o los derechos volverían al autor.

Y aceptó.

Una opción por un año, renovable a dos. Además, por una cantidad bastante modesta.

De manera que ya tenemos los derechos y podemos empezar a trabajar.

Nuestra intención es escribir la primera versión del guión lo antes posible, buscar un actor conocido que quiera interpretar el papel protagonista, y luego ofrecerle el “paquete” completo a un productor.

De hecho, nos estamos comportando como productores.

Puede que no nos salga bien. Quien sabe. Pero al menos nos daremos el gusto de adaptar el libro a nuestro aire y tendremos la tranquilidad de saber que hemos hecho todo lo posible para hacer realidad la película que imaginamos cuando leímos la novela.

Obviamente, el proceso siempre es mucho más fácil si, como hemos hecho nosotros, te fijas en una novela poco conocida de un autor no demasiado popular, que si lo que quieres es adaptar un libro de Arturo Pérez-Reverte o de Stephen King, a quienes probablemente deben llegarles jugosísimas ofertas para adaptar sus novelas todos los días.

Pero… nunca se sabe.

La última novela que he leído: "True Grit", en la que han basado su nueva película los hermanos Coen. No sé cómo será la película, pero el libro es cojonudo. Hacía tiempo que no lo pasaba tan bien leyendo.

Y Raúl, respondiendo otra de tus preguntas.

¿Qué pasa si no nos “sale”?

Pues que habremos perdido mucho tiempo y poco dinero.

Pero como reza el dicho: “quien quiera peces que se moje el culo”.

Nada te garantiza que vayas “a sacar unos eurillos por el camino” salvo que convenzas a un productor para que compre los derechos y te pague por adaptar el guión.

Claro que como te he comentado antes, al hacerlo corres ciertos riesgos que a lo mejor te interesa posponer todo lo posible. O no.

Tú eliges.

Ah, si te animas a intentar conseguir los derechos del libro, te recomiendo que hagas una cosa antes de empezar todo el proceso: escaletar la novela para ver si realmente hay ahí una película o no.  A veces lo parece cuando lo lees y al empezar a trabajar resulta que no es así. Y es mejor darse cuenta antes de firmar el contrato.

¡Suerte!


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