OTRA MIRADA A LA COORDINACIÓN

25 junio, 2019

Alba Lucío es guionista y, tras trabajar en las series Chiringuito de Pepe (Telecinco, 100 Balas) y Olmos y Robles (TVE, 100 Balas), ha ejercido la coordinación de la segunda temporada de La Otra Mirada (TVE, Boomerang TV).

Ha pasado un lustro desde que publiqué este artículo contando mi experiencia como junior en la primera serie en la que trabajé. Y aunque lo leo y sigo suscribiéndolo todo… las cosas han cambiado. Este año he afrontado mi primera coordinación en la serie La Otra Mirada y han sido meses de intenso aprendizaje. He intentado suplir mi inexperiencia con entrega, respeto y planificación. Porque aunque marcar la línea de los contenidos parezca la tarea más importante de un coordinador, hay más. Así que por si fuera de utilidad, aquí van algunas cosas que he aprendido a lo largo de esta experiencia.

El tictac en tu cabeza.

¿Oís eso? No, no es el silencio. Es el segundero que empieza a correr desde el momento en que dices el “sí, quiero”. La primera negociación, y una de las más importantes, es el calendario, y en él deben contemplarse los imprevistos. Porque sí, habrá varios, es inevitable. Y sin ser pesimista, hay que intentar ponerse en lo peor. ¿Tenemos margen para que se caigan guiones, para que una actriz se haga un esguince, para que se incendie el plató? Podría pasar.

El caso es que hay que tener un cierto margen para todo eso, y además, tener en cuenta que cuando empieza el rodaje todo se complica. Lecturas técnicas, ir al plató, resolver dudas y peticiones de otros departamentos… Y el reto es gestionar todas esas tareas sin paralizar a los guionistas. Ellos y su trabajo son la prioridad máxima. Y si les pides que cumplan unos plazos de entrega, qué menos que cumplir tú con las revisiones que has pactado con ellos. Porque aunque no es imprescindible, sí es recomendable fijar las revisiones en el calendario, con guion y con producción ejecutiva. Indica una planificación, una estrategia, y eso nos tranquiliza a todos.

Pero en general, la sensación del tiempo es muy variable. Lo normal es que sientas que te falta cuando estás hasta arriba, pero también que los días son semanas, y las semanas sexenios. Envejeces. Se puede saber en qué momento del proceso estabas por las fotos que te ibas haciendo. Como una especie de anuncio de un producto dietético milagroso, con la foto del antes y el después, pero mal. A mí me ayudó tener el calendario impreso en la pared e ir tachando los días cual presidiaria con la mano temblorosa.

Guionista de método.

Además de la gestión del tiempo y de formar al equipo, al coordinador le corresponde elegir el método de trabajo, la estrategia. Yo heredé el plan de la anterior temporada, porque como guionista estaba contenta y decidí hacer pocos cambios al respecto. Arrancamos la escritura haciendo un amplio mapa de tramas que hemos respetado bastante. Después, nos reuníamos las tres guionistas y yo en la oficina unos tres o cuatro días cada vez que arrancábamos un bloque de capítulos. Dábamos ideas entre todas y luego a casa a escribir. Revisiones internas por video llamada y con producción ejecutiva por teléfono, al margen de alguna reunión puntual en persona. Las guionistas han tenido la posibilidad de ir a plató cuando quisieran, pero no la obligación. Y creo que ha funcionado. Al menos para nosotras, al menos en esta serie.

Y sobre mi trabajo en concreto, me ayudó seguir horarios similares cada día, anotarlo todo en un organizador semanal (mi objeto estrella, cuánto le debo a ese cuaderno), ir al fisio de vez en cuando, (intentar) hacer ejercicio, dormir al menos siete horas cada día y esforzarme por tener el mayor tiempo posible para mí. Un coordinador con vida social es un mejor coordinador.

Lo que no pone en el contrato.

Pero aunque uno pueda hacer bastantes cosas para no ser engullido por el puesto, hay otras de las que no se puede huir. Una de las primeras que aprendí fue que siempre iba a tener un nivel mínimo de preocupación que nunca iba a desaparecer. Aunque todo estuviese saliendo bien y en los plazos previstos. Era como un zumbido que estaba ahí y que podía ser asumible o insoportable según la atención que le prestase. Como tener el Sálvame todo el rato puesto de fondo mientras trabajas. Y pongamos que en una escala del 0 al 10, donde 0 es “me importa un pepino todo” y 10 “vivo a base de sumiales”, lo ideal es mantenerse en niveles intermedios, y nunca estar por debajo de 3, ni dejar que pase de 7. Controlar el estrés, por arriba y por abajo.

Así que sí, la preocupación y la presión van dentro del crédito y el sueldo. Y también la responsabilidad. Hay cosas de las que uno no debería escaquearse, pero diría que la más básica es esta: si hay marrones, te los comes tú. Si hay algo que no ha salido bien y hay que asumirlo, lo asumes tú. Si hay que pintarse la cara de betún, agarrar un cuchillo con los dientes y arrastrarse por el barro… Pues eso.

Lo curioso de esto es que cuando transmites al equipo tu disponibilidad para dar la cara, los problemas se minimizan y hay que darla menos. Recibes lo que das… pero a ti siempre te corresponde dar un poquito más y, sobre todo, mantener la calma. Porque el coordinador no sólo tiene una responsabilidad en cuanto a los contenidos, también se espera que seas un pilar, que transmitas serenidad, confianza y control. Y no sólo a los guionistas, también a otros departamentos. Siempre hay alguien que necesita que le tranquilices, y la mayoría de las veces es sólo eso. Alguien quiere oír que todo va a salir bien, que tú estás convencida y segura, que sabes hacia dónde vamos, que llegaremos. Y claro que tú dudas, y claro que tú también quieres que te digan que lo estás haciendo bien. Pero alguien tiene que ser ese piloto que abofetea al otro para que reaccione en medio de un aterrizaje de emergencia. Y a ti te pagan para serlo.

Guionistas felices, mejores profesionales.

¿Y cómo le afectan todas estas movidas psicológicas tuyas a los guionistas? La respuesta debería ser “no les afectan”. No están ahí para ser tu paño de lágrimas. Pero a la vez, merecen saber qué está pasando en la producción, sobre todo si escriben en casa, donde se puede llegar a tener una sensación de aislamiento, casi de irrealidad. Así que tanto un coordinador al borde del colapso, como uno que aísla demasiado al equipo, generan incertidumbre. Y es lo último que necesita un guionista a la hora de escribir. Eso, y obras en casa del vecino.

Pero un buen ambiente de trabajo no sólo se genera controlando la frustración que transmites al equipo. También hay algo muy básico: educación, respeto y cariño. Y es que uno puede ponerse serio y decir “no es el resultado que esperaba, tenemos que mejorarlo” sin perder los nervios, sin alzar la voz, sin desacreditar a nadie. Y felicitando y repartiendo el mérito cuando las cosas salen bien. Cuando se acierta. Cuando se tiene un buen día. “Esta secuencia ha quedado preciosa” o “en plató me dicen que están muy contentos con la temporada, buen trabajo”… Son pocas palabras que tienen un efecto enorme. Refuerzo positivo, nos lo enseñó Supernanny.

La cara pública.

Bueno, pues ya hemos escrito la temporada y por fin llega el día en que la cadena anuncia la emisión. Allá vamos. Pero antes del estreno, y también durante la temporada, se desarrolla otra parte del trabajo en la que el equipo de guion no siempre tiene la posibilidad de participar: la campaña de comunicación. Ruedas de prensa, actos de cadena, entrevistas… Vender el bebé a los medios y al público.

Por suerte, he podido implicarme en esa parte del proceso y he hecho más entrevistas de las que pensé que jamás haría en mi vida. Cuestionarios por email, entrevistas en persona, por teléfono, en vídeo… Me falta ir al Hormiguero. Me las he preparado tomando notas, eligiendo palabras clave, analizando qué quería contar o destacar, ensayando en la ducha… Pero voy aprendiendo sobre la marcha y con cada entrevista voy perfeccionando y haciendo más complejo el discurso. O eso creo.

Y en una serie como esta… lo del feminismo, claro. Creo que lo que más ha llamado la atención a los medios esta temporada es que seamos un equipo de guion formado por mujeres. Suele ser la primera pregunta o el tema central de la entrevista. Y por un lado está genial que las mujeres guionistas tengamos visibilidad, que se hable de nuestro trabajo, que podamos reclamar nuestro espacio. Es una oportunidad que merece la pena aprovechar. Pero por otro, que ese aspecto llame tanto la atención demuestra lo lejos que estamos todavía de la igualdad. No he leído entrevistas a coordinadores de equipos masculinos en las que se les pregunte cómo es trabajar sólo con hombres, o por qué tomaron la decisión de formar un equipo masculino.

La paradoja de la visibilidad.

Y luego está lo de sentir que te repites, que lo que dices no le interesa a nadie, que te expones demasiado. Comparto con alegría cada entrevista que se publica, pero a la vez no puedo evitar sentir que estoy siendo un auténtico plomo. “Ya está la pesada ésta otra vez, que se calle ya”. No sé si esto responde a algún tipo de característica del guionista. Utilizamos el papel para expresarnos, no se suele conocer nuestro rostro, no hablamos en primera persona. Nos gusta sentirnos protegidos tras la pantalla, que la autoría se diluya cuando patinamos con una trama o con un chiste polémico. Pero en una entrevista tú eres la responsable de lo que dices, con nombres y apellidos, y ahí queda, para la posteridad. Así que te debates todo el rato entre el “qué bien poder hablar de nuestro trabajo” y el “madre mía, voy a meter la pata”.

También está la sensación de que no eres tan importante como para “salir en los medios”. De que al público lo que le interesa son los actores. O de que hay otros guionistas con mucha más experiencia que ya han contado todo esto, y lo han hecho mejor. Pero creo que hay que luchar contra esos miedos y sacar un poquito de pecho. Si te dan la posibilidad de hablar del proyecto, habla. Aunque te dé vergüenza, aunque creas (erróneamente) que no tienes nada que decir. Porque no podemos pasarnos el día quejándonos de que somos invisibles, de que el público no conoce nuestro trabajo, de que los medios no se interesan por nosotros, y luego rechazar la posibilidad de cambiar eso a poco a poco. Y no sólo por la promoción de la serie, o la autopromoción. Por la visibilidad de todos los guionistas.

Y ahora que todo está acabando, que la serie se ha estrenado y el futuro de la misma no depende de nosotros… Sólo queda la satisfacción. Estoy orgullosa de nuestro trabajo, con nuestros aciertos y nuestros errores, y creo que eso es lo importante. No sé si esta experiencia me ha hecho mejor guionista, pero sin duda me ha hecho descubrir cosas sobre mí misma. Así que si tenéis la posibilidad de asumir una coordinación, si os pica la idea de trabajar de sol a sol, tener ojeras y aprender otra parte del proceso… Tiraos a la piscina. Y comprad un organizador semanal. De verdad. Bendito cuaderno.


FIRMAS INVITADAS: CÓMO SER GUIONISTA… JUNIOR (Y NO DARTE A LA BEBIDA EN EL INTENTO)

19 junio, 2014

Por Alba Lucío

Alba Lucío estudió el Máster de Guión de la Universidad Carlos III y ALMA y comenzó como becaria en el Departamento de Contenidos de la productora Hill Valley. Actualmente afronta su primer trabajo como guionista junior en la serie ‘Chiringuito de Pepe’, de 100 Balas y Telecinco. Seriéfila, cinéfila, gamer, miope y otras cosas frikis. 

El pasado mes de septiembre me incorporé a la serie Chiringuito de Pepe como guionista junior. Mi primer trabajo en una serie. Todo un reto y una maravillosa experiencia a la que he sobrevivido sin canas. El puesto de guionista junior puede parecer sencillo y agradecido, pero también es una tarea estresante y exigente. Sólo tenéis que recordar vuestro primer día de trabajo, o vuestra primera cita: quieres que todo salga bien, que todo sea perfecto, que la otra persona quede prendada de ti… Mucho está en juego.

Para compartir mi experiencia y animar a aquellos que, como yo, intentan entrar en esta industria tan compleja, he decidido enumerar diez consejos para sobrevivir a esa “primera vez” en el mundo del guión (y no gastarte tu primer sueldo en psicólogos):

1. Absorbe como una esponja (o como una Campurriana): Aunque los libros y las escuelas o másteres de guión nos enseñan lo básico para dedicarnos a esta profesión, son las personas con las que trabajamos cada día las que más pueden enseñarnos. Cada consejo que nos dan (lo pidamos o no) y cada decisión que toman (acertada o errónea), es una pequeña lección. Esto no quiere decir que tengamos que hacer siempre lo que digan nuestros compañeros o superiores, pero es interesante escucharles y tomar nota de sus experiencias. Al fin y al cabo, ellos llevan muchos años dedicándose a esto, y “han visto cosas que nosotros no creeríamos”. Y cuando digo ellos no me refiero sólo a los guionistas. Me refiero a aprender también de cualquier persona implicada en la producción: actores, productores, productores ejecutivos, directores… Hasta de la señora de la limpieza, si me apuras.

2. Contágiate de lo bueno, no de lo malo: Una sala de guionistas es un pequeño ecosistema en el que se crea un ambiente muy frágil, un microclima que pasa de un día soleado a un ciclón en medio segundo. Trabajamos muchas horas, y a veces con un alto nivel de estrés y tensión. Es muy fácil que el estado de ánimo de una persona pueda contagiar al resto, o que una circunstancia adversa en la producción pueda dinamitar el grupo entero. Es normal que aquellos que llevan muchos años en la industria se sientan a veces cansados o frustrados. Son pequeños momentos de bajón que nosotros, los juniors, no debemos alimentar. Los que empezamos tenemos que contagiarnos de la ilusión y las cosas buenas de los demás, y no de sus posibles frustraciones o miedos. Es como si tuviéramos que ponernos un escudo para no contaminarnos de los vicios o derrotas de los demás.

3. Sé flexible como una caña de bambú (o como un chicle bubalú): A todos nos gustaría poder elegir nuestros proyectos, compañeros o lugar de trabajo. Pero eso casi nunca es así. Lo rápido que te adaptes a un proyecto o equipo es una de las claves para trabajar en televisión. Puedes ser más o menos hábil, o más o menos gracioso (si trabajas en comedia), pero si eres capaz de dejar a un lado tus ideas preconcebidas (ésas que traías del máster y de tu casa, sobre lo que imaginabas que sería trabajar como guionista), tendrás más futuro en esto. Esto no significa que si las condiciones de trabajo no te parecen favorables no lo digas. Nadie debería sentirse incómodo trabajando, o trabajar en un proyecto que no le guste. Pero es que este trabajo no es tan glamuroso como todos habíamos imaginado, y eso hay que saber llevarlo. En algún momento todos creíamos que tendríamos un sueldo elevado, un horario maravilloso y doce mil seguidores en Twitter. La realidad es que acabarás trabajando en un polígono (y si no tienes coche vete sacando el abono transportes, que te va a hacer falta).

gif01

El día en que te comunican que te aceptan en la serie

gif02

Más tarde, cuando descubres que vas a trabajar en un polígono

4. No intentes abarcar más de lo que te corresponde: Hacia mitad de este proyecto, cual punto de giro del segundo acto, tuve un bajón. Llevaba ya unos cuatro meses trabajando y poco a poco me sentía más segura y cómoda en el equipo. Sentía que mi opinión era escuchada y valorada, pero me vine un poco arriba y uno de mis compañeros me dio una charla que nunca dejaré de agradecerle, a pesar de lo difícil que fue afrontarla. Me di cuenta de que estaba intentando trabajar al mismo nivel que mis compañeros, intentando abarcar más de lo que me correspondía. Me sugirieron que me relajase, que disfrutase más de la experiencia, que siguiese aprendiendo, aportando y dando lo mejor de mí, pero sin olvidar cuál era mi lugar. Me pudieron las ganas de impresionar. A partir de ese momento, decidí dejarme llevar, mostrar mi opinión, esforzarme, pero sabiendo que la última palabra no iba a ser la mía. Y a partir de entonces el viaje mejoró notablemente.

5. Da lo mejor de ti mismo, pero sin frustrarte: Creo que la frustración es uno de los sentimientos contra los que más debe luchar un guionista a lo largo de toda su carrera. Cuando empiezas, la exigencia y el deseo de demostrar que vales puede jugarte una mala pasada, y también provocarte una sensación de fracaso errónea. Está muy bien esforzarse al máximo, pero nunca hay que perder de vista que estamos aprendiendo, y que tendremos que tropezarnos ochocientas veces en el camino para ello. La mayoría de las veces estoy segura de que nos importan más nuestros errores a nosotros mismos que a los demás. Esa escena que, seamos francos, no tenía ni pies ni cabeza. Ese chiste que sólo entendías tú. Esa trama que no terminaste de saber desarrollar. Es completamente normal sentirse perdido en algún momento del proceso. Y en lugar de flagelarse, lo más saludable es admitirlo y tomárselo con naturalidad y humor. Si trabajas con buenas personas, todos entenderán tus fallos y te ayudarán a superarlos. No te conviertas en tu peor enemigo.

6. Sé valiente como un espartano (o como Calimero): trabajando estos meses y observando he llegado a una conclusión: no hay guionistas buenos o malos, sino guionistas cobardes y valientes. Cuando escribimos es muy fácil quedarnos en lo superficial, en lo banal, en lo “correctillo”, no mojarnos, no aportar. Ese era uno de los primeros fallos que cometí. Tenía miedo de tirarme a la piscina y que estuviera vacía, prefería no arriesgar. Con el tiempo he descubierto que hay que saltar del trampolín, haciendo un doble tirabuzón si hace falta, haya agua o no debajo. ¿Qué te darás de bruces contra el fondo muchas veces? Sí, seguro. Pero si no lo intentas te quedarás a medio camino, sin fuelle, desinflado. Lo de ser valiente también se aplica a muchos otros ámbitos de la profesión: desarrollo de nuevos proyectos, reuniones con ejecutivos de cadena, decisiones creativas… Un guionista cobarde es como un chef que decide, por voluntad propia, cocinar con los peores ingredientes.

gif03

Guionista tirándose a la piscina

7. Asume todas las tareas con la misma alegría: Ser guionista junior no significa que desde el primer día vayas a tramar o a dialogar escenas. Probablemente hará falta un período de adaptación en el que realizarás las tareas que nadie quiere hacer, aquellas más tediosas. Irás a la fotocopiadora doscientas veces al día. Encuadernarás biblias y capítulos, mandarás emails. Pero con el tiempo, y si todo va bien, acabarás escribiendo como un guionista más. Eso no quiere decir que dejes de tener que encargarte de las otras tareas, tendrás que compatibilizarlo todo, y poner en ellas la misma ilusión que depositas en las escenas que te encargan. Si le dedicas la misma energía y alegría a cada tarea encomendada te convertirás en alguien querido e importante para el equipo.

8. Relaciónate con el equipo: La profesión de guionista es muy endogámica. Una de las primeras cosas que me llamó la atención al incorporarme al equipo fue descubrir que todos los departamentos comían juntos y que el equipo de guión salía a comer fuera o comía en otra mesa. Es una de las cosas que no me gustan y creo que nos perjudica. Por hacer un símil musical, creo que los guionistas somos los bajistas del audiovisual (con perdón de Lemmy). Somos parte imprescindible del proceso, la base de todo, pero no solemos atraer la atención de los demás y tendemos a retraernos. Cuando guionistas y resto del equipo trabajan separados, es normal que no se tengan en cuenta. Pero cuando, como en este caso, todos trabajan en el mismo espacio, me parece imprescindible relacionarse, comer juntos, charlar, conocerse… Se puede aprender muchísimo de cómo trabajan el resto de departamentos. Es básico saber qué cosas facilitan o dificultan la producción. También para los compañeros de otras áreas puede ser útil comunicarse con los guionistas, conocerles. Cuando la relación se vuelve humana y no estrictamente profesional, la producción mejora (y empiezan a invitarte a las fiestas).

gif04

Guionista en la fiesta de fin de rodaje

9. Implícate en todas las partes del proceso: Una de las cosas que me han resultado más interesantes de esta primera experiencia ha sido poder implicarme en partes del proceso distintas a la escritura. Por ejemplo, ir al rodaje y ver cómo se graban las escenas, cómo ensayan los actores… También acudir a las lecturas de guión técnicas (en las que descubres que lo que sale de tu cabeza genera un montón de trabajo para otras personas), las lecturas con actores (donde ves cómo interpretan sus personajes, si están cómodos o no, y donde surgen propuestas muy interesantes), el montaje, la rueda de prensa, o las reuniones en la cadena (si tienes la oportunidad de ir). Toda parte del proceso te ayuda a comprender la labor del guionista y se convierte en una lección mucho más valiosa que cualquier libro o masterclass.

10. No pierdas la ilusión: Si algo puede diferenciar a un guionista junior de un senior es la ilusión y el espíritu. Nosotros venimos, como suele decirse, “fresquitos” y con ganas, y eso nos convierte en personas con ideas nuevas y energía para parar un tren. Podemos aportar “sangre nueva” a la industria, fuerza y coraje. En muchas ocasiones tenemos miedo, nos sentimos confusos, nos encontramos con una profesión cerrada, limitada, masculina (chicas, preparaos), y algo chapada a la antigua. Pero eso no debe desanimarnos. Tenemos que mantener el fuego avivado y esforzarnos en no decaer (sobre todo si no queréis envejecer pronto).

gif05

Guionista junior en su primer día de trabajo

Estos son los consejos que, desde mi corta experiencia, repasaré a menudo para que a mí misma no se me olviden. Espero que sean de utilidad para alguien, y que aquellos que estáis empezando, como yo, os animéis a seguir intentándolo. Cuesta mucho, pero se puede. Y permitidme que aproveche para darles las gracias a mis profesores del máster y a los que en los dos últimos años han confiado en mí, me han ofrecido trabajo y se han molestado en enseñarme algo cada día.

Entrar en esta industria es como colarse en una discoteca con quince años. Puedes intentarlo varias veces antes de conseguirlo, y cuando estás dentro, crees que el dueño vendrá a echarte en cualquier momento. Pero hasta que eso ocurra, habrá que bailar.

gif06


A %d blogueros les gusta esto: