LA VIDA SECRETA DEL GUIONISTA

9 enero, 2014

Por Carlos López

La_vida_secreta

Aquel estreno no se parecía a ningún otro. Los guionistas ocupaban las primeras filas del patio de butacas. Y en la pantalla del cine, los protagonistas de la película también eran guionistas. Sólo guionistas. Uno detrás de otro, hablando de guion, claro, y de sus miedos, de sus querencias, sus métodos, su tesón. Era el estreno de Writing Heads, y aquello fue literalmente lo nunca visto: ¿guionistas que hablan de sí mismos? Pero, ¿no es una profesión de solitarios, no trabaja cada uno encerrado en su casa, entregado en contar la vida de los demás?

Aquella noche salieron de casa. Se vieron a sí mismos hablando de sí mismos y después, en parte avergonzados por la falta de costumbre, volvieron a su guarida, a hacer lo que mejor saben hacer, aquello que repetimos aquí una y otra vez, en esto somos muy machacones: ¿eres o quieres ser guionista? Pues escribe. Eso es todo. Inventa historias y piensa en cómo contarlas para que atraigan a tu público.

¿He dicho mi público? ¿Quiénes son, qué quieren, cómo voy a saber qué les interesa? Bastante peleo para que lo escribo me interese a mí. Yo soy mi público. Tan caprichoso y tan exigente como cualquier público. Uno escribe para el espectador que lleva dentro, suponiendo que si a ti te gusta, a alguien más le gustará.

Los hay que escriben para sí mismos pero sólo pensando en sí mismos, o eso dicen. Se miran reflejados en la pantalla de su portátil, huyen de cualquier cosa que parezca de gusto mayoritario. Los hay, sí. Alicia Luna, precisamente en Writing Heads, se dirige a ellos: “Si escribes pensando en ti, estás muerto, porque una película se hace para que la vea mucha gente. Si quieres escribir para ti, es mejor que escribas poesía, que es mucho más barato”.

Habrá guionistas así, no lo dudo, pero yo no conozco a ninguno que no tiemble en un estreno, que no pida consejo para sus guiones, que no se preocupe por lo que funciona en taquilla, que no tema quedarse varado en el barro, fuera de onda, despreciado, lejos de su espectador.

Por eso salen de casa y observan. Y se preguntan qué quiere el público, y qué entenderá cuando vea lo que él está escribiendo.

Tomamos el mando a distancia. Hacemos zapping. En algún canalillo están echando un documental de fauna exótica. Imaginemos el capítulo dedicado al guionista cuando sale de su madriguera y trata de saber qué demonios piensa el espectador de lo que él teclea en su portátil. El programa se llama La vida secreta del guionista.

EL GUIONISTA QUE SALE DE CAZA
El guionista de raza lo es veinticuatro horas al día. Yo incluso diría que veintiséis, porque parte de las horas de sueño las utiliza para deglutir las ideas que le rondan. Él decide cuándo enciende y apaga la máquina, aquello está siempre al chup chup, como un caldito, a punto de entrar en ebullición. Las ideas vienen a destiempo, cuando no las buscas ni las esperas. Y el guionista, pese a lo que muchos suponen, no va por el mundo concentrado en su hipotético mundo interior, qué va. El guionista es un observador nato, que anota mentalmente todo lo que ve y lo que oye, porque todo puede acabar pasando por su trituradora. En el metro viaja rodeado de personajes; en la calle ve escenas; el telediario le parece el índice de sus próximos guiones y hasta cuando habla con su familia apunta las réplicas. El guionista es un reciclador de la realidad.

Y ve esa realidad en forma de pantalla. O peor aún: con formato Din A4. Si tenéis un rato, dedicadlo a leer la entrevista con la guionista Lola Salvador titulada Modos de mostrar, que se puede descargar en PDF en esta dirección. Allí repasa su vida y su profesión, y cuando rememora su infancia dice: “Yo pienso como si escribiera, desde pequeña; cosa que no hago cuando verbalizo algo, entonces me embarullo, pero cuando pienso, pienso con imágenes, pienso rellenando el folio con una courier 12, con treinta y tantos renglones y con interlineado a uno y medio. Y sobre todo, pienso contándoselo a alguien, a un interlocutor imaginario”.

LolaSalvador

EL GUIONISTA QUE ABURRE A LAS CABRAS
Cuando anda dándole vueltas a una historia, cuando trata de centrarla en sus términos o, por ejemplo, elegir el arranque más eficaz, el guionista necesita un interlocutor. Las historias se cuentan en voz alta, a alguien que te escuche, el que tengas más cerca, en una especie de microteatro que sirve de ensayo para cuando tu historia se enfrente a los cientos de cabecitas de la sala 25 del Kinépolis. Por eso, en esa fase de su trabajo, si es interpelado por cualquiera, allegado o no, sobre cualquier clase de asunto, el guionista de raza responderá invariablemente contando su historia con insistencia umbraliana, yo-he-venido-a-hablar-de-mi-guion.

¿Que mientras sale el café tu primo entra en la cocina y te pregunta en qué andas? No des evasivas: cuéntale tu historia. ¿Que en mitad del paso de cebra te cruzas con aquella chica a la que no veías desde la Facultad y que ya ni recuerdas su nombre? Cuéntale tu historia. ¿Que la reunión de amigos se vuelve espesa y se acaban las cervezas al tiempo que los temas de conversación? Aprovecha: cuenta tu historia.

Es la gimnasia del guionista. No hace falta que les preguntes nada. Basta con escucharte a ti mismo, vigilando las caras de tus oyentes irás puliendo el relato, conociendo sus zonas muertas y los efectos que siempre funcionan. ¿Qué te puede pasar? ¿Que digan que eres un coñazo, que te rehúyan, que dejen de preguntarte, que no te inviten a las fiestas, que dejen de ir a tu casa?

Llámales. De madrugada. Al fijo. Y cuéntales tu historia.

EL GUIONISTA Y SU CÍRCULO DE CONFIANZA
Todos los guionistas prestan su primer borrador a un reducido número de lectores, en su mayoría colegas, de los que espera respuesta sincera y rigurosa. No basta un me ha gustado bastante, ni siquiera un yo le daría otra vuelta. Les pides notas concretas, constructivas y lejos de la misericordia. Son tu círculo de confianza y necesitas su opinión para saber qué se entiende de todo lo que has escrito, cuál de tus sospechas se confirma y en qué lance has conseguido, quién te lo iba a decir, que colase por factible lo que es poco menos que improbable. El guionista no suele sorprenderse cuando recibe esas notas: él es el primero en saber dónde ha forzado la mano. Y tampoco hace caso a todo lo que le dicen, aunque sabe de sobra que si tres lectores cualificados coinciden en que ese chiste no se entiende es mejor suprimirlo que andarse con remiendos.

El guionista perezoso manda el guion por mail y espera respuesta. Pero nunca está de más la cita en un café, la entrega del ejemplar impreso, el agradecimiento en vivo. Al guionista le gustan esas citas, ese no es el problema. Lo jodido es cuando se vuelve a casa después de haber entregado esa primera versión y no puede evitar un punto de vergüenza, imagina a su amigo cuando hojee el texto y sepa, por fin, a qué ha estado dedicando sus noches en vela. A eso. A ESO.

EL GUIONISTA DE LARGA DIGESTIÓN
Recopiladas las notas, releído el material con otra perspectiva, el guionista se encierra de nuevo en su cubil y allí pasa horas, días, meses enteros entregado a digerirlo todo. Reescribiendo. A veces, con las manos como garras, inmóviles y suspendidas sobre el teclado, en espera de la musa que nunca llega.

Es ese momento ya clásico del documental de naturaleza, esa escena con batracio o con serpiente: el macro sobre la órbita del ojo, el plano fijo sobre la tráquea forzando el paso del bolo.

Algunos mueren en el intento. No me refiero a los guionistas, sino a los guiones. No pasan la prueba. De tanto manosearlos dejan de parecernos interesantes. Y nunca sabremos si han perdido el interés porque apenas tenían o por culpa de nuestro manoseo. El guionista es aquel que no tiene miedo a reescribir, a tirar al cesto, a empezar de nuevo a cada poco, pero los guiones se resienten en cada cambio y la tarea de reescritura no debe ser muy insistente. Sólo puede regirse por una regla, sencilla de expresar y no siempre fácil de cumplir: que cada versión sea mejor que la anterior.

EL GUIONISTA ESCONDIDO EN LA FILA SIETE
El guionista asiste a su propio estreno, claro, aunque a menudo sólo reciba invitaciones para él y un acompañante. Pero esa noche poco o nada aprenderá, las opiniones son amistosas y compasivas, nada de lo que sienta o suceda es fiable, ni siquiera puede asegurar que las copas no son de garrafón.

El guionista hará bien en comprar su entrada para una sesión normal, en un cine normal, y se sentará con sus palomitas en mitad de la fila de butacas, con la oreja presta y simulando seguir atentamente la pantalla. Le costará superar un sentimiento de vergüenza cuando en la película reconozca como suya una frase de diálogo poco afortunada. Y poco después, cuando llegue esa escena que le reescribieron en rodaje, sentirá el impulso de levantarse y dar explicaciones a toda la sala.

Si sabe contenerse, es un momento irrepetible: oír que el público ríe tus chistes, contiene el aliento en esa escena, o da un respingo cuando algo le sobrecoge… eso recarga las pilas lo suficiente como para olvidar lo que cuesta llegar hasta el estreno. Es la experiencia definitiva, la más temida y la más gozosa, quizá la que más enseña sobre el alcance de tu escritura.

Y a veces, el público de pago aplaude cuando aparecen los créditos finales. Algo ridículo, aplaudir a una pantalla de proyección. Tienen razón los que dicen que el aplauso alimenta, que sienta de maravilla, que puede crear adicción.

Si el guionista trabaja para televisión, esta escena tiene una variante hogareña:

EL GUIONISTA QUE ESPÍA LOS TUITS
Es una forma de cerrar el círculo: en el mismo portátil en el que escribiste el guion consultas el hashtag del estreno televisivo y repasas en directo, durante la emisión, las opiniones de los espectadores. Hace solo unos años nos hubiera costado imaginarlo, hoy es una actividad habitual: allí, sentado en el sofá, el guionista fisga conversaciones ajenas, recibe insultos, mucho sarcasmo de baratillo y algún halago inesperado. ¿Es ese tu público? Digamos que es un termómetro poco fiable, porque los que escriben se matan por hilar una frase ingeniosa o por conseguir unas docenas de RT. Pero es el contacto más directo con tu público que como guionista televisivo vas a conseguir. Y tiene algo de escalofriante.

El plano final del documento muestra al guionista de vuelta a su puesto habitual. A mí me lo dieron como consejo: cuando llegue ese momento, cuando tu guion se exponga en la plaza pública, ya reciba flores o piedras, cuando llegue el estreno, se emita el capítulo o se cuelgue en la red… procura que, para entones, a ti te pille ya escribiendo el siguiente guion. En casita. Otra vez. Con la cabeza ocupada.


DAMA AYUDA

17 septiembre, 2013

Por David Muñoz

Más de una vez lo he comentado hablando con otros amigos guionistas: es paradójico, pero si cuando yo tenía veintitantos años hubieran existido los másteres, cursos de guión, etc, en los que doy clases ahora, no habría podido pagar la matrícula de ninguno de ellos.

Y estoy seguro de que me hubiera resultado muy frustrante. Habría pensado: “si tengo talento, y ganas de escribir, y lo que más deseo es ser guionista, ¿por qué no puedo tener acceso a esa formación?”.

Creo que hay algo muy injusto, que no está bien, en que tener entre 4.000 y 6.000 euros sea lo que permita que puedas acceder o no a una buena formación como guionista.

Aunque desde luego, no hace falta estudiar nada para ser guionista. Como ya he explicado muchas veces aquí, yo no lo hice. Lo único necesario es escribir mucho, y leer los cuatro o cinco libros que explican los conceptos básicos. Lo demás es cuestión de práctica y de no rendirse cuando empiezas a darte cuenta de que escribir las alrededor de100 páginas de un guión es mucho más difícil de lo que parece.

Pero sí que está claro que tener a alguien guiando tus pasos puede ahorrarte mucho tiempo (y muchas frustraciones) y te puede ayudar a ser un guionista competente en bastante menos tiempo.

Y, sobre todo, conocer a guionistas profesionales, aprender cómo trabajan,  y, si es posible, escribir guiado por ellos, es una experiencia que puede suponer un punto y aparte en el aprendizaje de cualquier aspirante a guionista.

Por ejemplo, si bien es cierto que yo no estudié guión, mis visitas a los talleres de escritura de Equinoxe en Francia y del Mediterranean Film Institute en Grecia, en los que pude desarrollar dos proyectos míos asesorado por varios guionistas y profesores de guión, me ayudaron a ser un guionista mucho mejor de lo que era. Y dichas visitas no me costaron un solo euro (pesetas entonces), ya que acudí “becado” por Canal + guiones, el programa de desarrollo que tenía en marcha por aquel entonces Canal + y que tan importante fue también para mí.

Pensando en todo esto, se me ocurrió ya hace tiempo que ahora que Canal + guiones ya no existe, y ni siquiera hay subvenciones a la escritura de guiones, estaría bien poder crear un programa de desarrollo de guiones en España en el que varios profesionales asesoráramos a guionistas noveles, y al que se pudiera acceder únicamente demostrando que se tiene talento y capacidad de trabajo, sin pagar un solo euro.  Exactamente como me pasó a mí con Equinoxe y el MIF.

Y cuidado, no pretendo decir que un programa de este tipo pueda sustituir a la completísima formación que se adquiere en un máster como el de la Universidad Pontificia de Salamanca. Es otra cosa. Ya lo he dicho aquí también muchas veces: si puedes pagarlo merece la pena, y mucho, matricularte. El de Salamanca es un gran máster. No se me ocurre cómo podría ser mejor. Solo que no todo el mundo puede permitírselo.

Recuerdo que hace unos meses les comenté mi idea a varios amigos guionistas pero, aunque a todos les pareció interesante, no veían muy claro cómo llevarlo a cabo. El problema más importante era de dónde iba a salir el dinero para pagar a los asesores. Porque aunque los alumnos no paguen matrícula, es obvio que no se le puede pedir a ningún guionista profesional que dedique el tiempo necesario para desarrollar durante meses un proyecto o dos de largometraje sin ver un solo euro, dejando de lado trabajos pagados. Además, igual que creo que aprender no debe costar dinero (o lo menos posible) también creo que el trabajo, cualquier trabajo, debe estar remunerado.

Así que entre unas cosas y otras, la verdad es que pensé que era una idea que nunca podría poner en marcha.

Pero el pasado mes de junio me reuní con el consejero de DAMA Roberto Jiménez para hablar del taller de escritura organizado por DAMA que di en verano en el Matadero, y, cuando Roberto me preguntó qué más cosas me apetecían hacer, le conté mi idea y él me dijo que le parecía interesante y que iba a intentar convencer al resto de los consejeros de DAMA para que apoyaran el proyecto. La idea era que DAMA lo organizara y que también se hiciera cargo de los sueldos de los profesores.

Por suerte, a los otros consejeros también les pareció bien, y dos meses después, por fin puedo anunciar “DAMA ayuda”.

Durante 9 meses, cuatro tutores, Michel Gaztambide, Carlos López, Alicia Luna y yo mismo, asesoraremos la escritura de ocho guiones de largometraje. Al terminar, presentaremos en sociedad los ocho guiones y los difundiremos lo mejor que podamos.

Que acaben o no convirtiéndose en películas ya no será cosa nuestra. Pero sí que haremos lo posible para que los ocho guiones sean buenos guiones.

Además, como ya expliqué en esta entrada, creo que este tipo de proyectos sirven para estimular a los guionistas que están empezando, independientemente de que su proyecto sea o no seleccionado. Y por supuesto, si eres seleccionado, esperamos que, se haga o no una película con el guión que has escrito, aprendas lo suficiente como para que tu próximo guión sea aún mejor.

Para ser seleccionado, lo único que hay que hacer es mandarnos una sinopsis de un largo y un currículum (éste no condicionará que sea elegido un proyecto u otro, pero queremos saber quiénes sois).

Entre los cuatro asesores, Roberto, y otros miembros de DAMA, elegiremos los proyectos que más interesantes nos parezcan y empezaremos a trabajar.

Estas son las bases en detalle:

1.   Podrán presentarse autores/as mayores  de edad, de nacionalidad española y residentes en España.

2.   La sinopsis deberá desarrollarse en castellano. Los guiones se desarrollarán también en castellano.

3.   Los autores/as deberán presentar una sinopsis que no exceda de dos páginas, un currículum actualizado y sus datos de contacto (nombre, dirección, teléfono y correo electrónico).

4.   La documentación deberá remitirse por correo electrónico a guiones@damautor.es

5.   La fecha límite para la recepción de proyectos será el 13 de octubre de 2013.

6.   La relación de los proyectos seleccionados se hará pública el 28 de octubre de 2013.

7.   A cada proyecto se le asignará un tutor/a.

8.   Se convocará un primer encuentro entre los autores/as seleccionados y los tutores/as.

9.   A partir de ese momento se pondrá en marcha la tutorización de los proyectos que será a través de Internet (Skype, mails, etc.).

10  El 31 de julio de 2014 terminará el proceso de tutorización de los proyectos.

Respecto al punto 9, os aclaro que en el caso de que los guionistas con los que me toque trabajar vivan en Madrid, lo más probable es que me reúna con ellos en persona. El Skype lo usaré solo si los guionistas viven fuera de Madrid. En todo caso, cada tutor pactará con los guionistas tutorizados cómo hacer las cosas.

Y, si queréis algo más de información, aquí está la web de DAMA.

Añadido de última hora:  ACLARO AQUÍ TAMBIÉN VARIAS DUDAS QUE HAN SURGIDO EN TWITTER:

-No vamos a desarrollar guiones de documentales.

-Los proyectos pueden estar firmados por una pareja de coguionistas.

-Las historias deben ser originales. No valen adaptaciones. Coger un cuento cojonudo del que tengas los derechos (o que esté libre por antiguo) y mandarnos una sinopsis de ese cuento no nos va a decir nada del posible talento que puedas tener como guionista.


DOS RECOMENDACIONES

2 julio, 2013

Por David Muñoz

1. Film Crit Hulk!

Aunque había leído algún texto suyo hace tiempo, y lo había disfrutado mucho, no sé por qué, había dejado de pasar por su blog. Pero la semana pasada, hablando en Twitter de “Man of Steel” y sus incongruencias, el director Nacho Vigalondo me recomendó que leyera la última entrada de su blog, “The age of the convoluted blockbuster” (algo así como “La era del blockbuster retorcido”). Y me dejó muy impresionado. Es la explicación más clara y mejor razonada de cómo funcionan los mecanismos narrativos -o más bien de cómo no funcionan-, de los grandes estrenos de los últimos años. La pena es que está en inglés y que nadie se ha animado aún a traducirlo, pero si podéis leerlo, aunque os cueste un poco de esfuerzo os aseguro que merece la pena. Especialmente si os apasiona tanto como a mí pensar en cómo y por qué se escriben las historias.

Esta es una de las reflexiones que se hace “Hulk” en ese texto (los textos de “Hulk” están escritos en mayúsculas, así que voy a respetarlo):

“PERO LA PREGUNTA MÁS IMPORTANTE SIGUE ESTANDO AHÍ: ¿POR QUÉ ESTOS NARRADORES CON TALENTO TIENEN TANTO MIEDO DE SER CLAROS?

A DAVID FOSTER WALLACE LE PREGUNTARON UNA VEZ: “¿CUÁL ES EL OBSTÁCULO MÁS GRANDE AL QUE SE ENFRENTAN LOS JÓVENES ESCRITORES DE HOY?”. Y SU RESPUESTA SORPRENDIÓ A LA GENTE. QUIZÁ ESTABAN ESPERANDO ALGUNA DIÉGESIS SOBRE EL ESTADO DE LA INDUSTRIA DEL LIBRO O ALGO PARECIDO. PERO EN VEZ DE ESO, ARGUYÓ QUE EL MAYOR OBSTÁCULO PARA LOS JÓVENES ESCRITORES CON TALENTO ERA “EL MIEDO“; EL MIEDO A QUE DE ALGÚN MODO ALGUIEN, AL LEER LO QUE TENÍAN QUE DECIR NO LO CONSIDERARA INTELIGENTE. EL MIEDO A QUE NO IRRADIARA ENCANTO INSTANTÁNEAMENTE, O LA DESEADA RESPUESTA EMOCIONAL. EL MIEDO A QUE SU VOZ NO SE ESCUCHARA O QUEDARA CLARA. (…) EL MIEDO A SER SIMPLEMENTE CONSIDERADOS COMO ORDINARIOS”.

Después, FilmCriticHulk explica cómo ese miedo lleva a los escritores a esconderse detrás de piruetas formales, de un estilo barroco y recargado, para ocultar lo que quieren contar con su historia, no vaya a ser que alguien les entienda y se les vea el plumero. Y de ahí pasa a explicar que eso es lo que les ocurre más o menos a los “blockbusters” contemporáneos, usando como ejemplo la segunda película de Star Trek dirigida y escrita por J.J. Abrams.

Pero ese no es el único texto de “Hulk” que merece la pena. Por lo que llevo leído -y no he hecho otra cosa que leerle esta semana después de la recomendación de Vigalondo-, casi todo lo que ha escrito es igual de interesante o más. No siempre estoy de acuerdo con él (por Ej. su análisis de “Little Miss Sunshine” me parece algo desacertado), pero siempre me da que pensar, que es de lo que se trata.

Dudo mucho que encontréis textos mejores sobre los mecanismos narrativos cine contemporáneo en todo Internet.

Ah, “Hulk” es en realidad un guionista de cine. ¿Quién? Pues eso ya no he podido descubrirlo.

2.Un taller de escritura

Como ya sabéis si habéis sido alumnos míos o si me leéis aquí habitualmente, pienso que a escribir guiones de cine solo se aprende escribiéndolos. Desde luego que es imprescindible conocer la teoría, pero si luego no la aplicas, no sirve de nada. Se olvida.

Por eso, me ha parecido muy interesante el taller de escritura de guión que ha montado mi amigo Nacho Faerna. La idea es que durante varios meses, de octubre de este año a junio del que viene, los alumnos trabajen en un guión de largometraje o en un piloto de una serie de televisión. O sea, que escriban, y que escriban mucho. Como me dijo Nacho hace poco: “Vamos, que si no salen todos del taller con un guión debajo del brazo sería para matarlos”. Aunque es probable que esas no fueran sus palabras exactas.

Alguno pensaréis (y con razón) que si recomiendo su taller es porque Nacho es amigo. Pero no. Lo recomiendo porque su planteamiento me parece muy interesante, y además porque tiene un precio muy razonable. Cosa que en los tiempos que corren, es bastante importante. De hecho, si lo que quieres es formarte como guionista, me parece una buena alternativa a los másteres que recomendamos en la columna de la derecha. Obviamente, los másteres ofrecen muchas más cosas. Por ejemplo en el de Salamanca hay charlas teóricas, visitas de profesionales, talleres de escritura de guión de largometraje y de televisión, de cortos, de diálogos, etc. Pero si no puedes costearte una matrícula de entre 4000 y 5000 euros y lo único que quieres es aprender a escribir guiones, creo que puede merecerte la pena inscribirte en el taller de Nacho. Además, por lo que me han comentado alumnos suyos, es un buen profesor que se toma muy en serio lo que hace. Y de verdad, nunca recomendaría algo en esta página si no pensara que es interesante.

Ahora que lo pienso, creo que no he hablado aquí nunca de los lugares (aparte de másterers y similares) donde creo que puede estudiarse guión con un mínimo de garantías. Lo malo es que yo nada más que puedo hablar de los que están en Madrid. Además, solo me atrevo a recomendar los que conozco bien.

Aún así, siempre te queda la duda. Si no has asistido a un curso es casi imposible poder valorarlo. Por ejemplo, algo que aprendí muy pronto como alumno y que he visto confirmado trabajando como profesor, es que el mejor maestro no es necesariamente el más famoso, ni el que tiene mejor currículum. Hay guionistas conocidos que son incapaces de dar una clase entretenida, y otros a los que no conoce nadie que se mueven como pez en el agua en un aula.

Hay muchas razones por las que el Máster de guión de ficción en cine y televisión de la Universidad Pontificia de Salamanca es el mejor máster de guión de España. Pero una de ellas es que en las clases siempre están su director, Pedro Sangro, o alguno de los coordinadores. Así se aseguran de que han llamado a gente que vale para dar clase y deciden si merece la pena que vuelvan o no. Si vuelves, es porque lo has hecho bien como profesor, no porque hayas estrenado una película de éxito.

Bueno, sigo con las recomendaciones: otro sitio interesante es la Escuela de guión de Madrid que lleva la guionista Alicia Luna. Me da un poco de pudor recomendarla, porque lo mismo el próximo curso estoy yo allí sustituyendo temporalmente a la otra profesora, Tatiana Rodríguez, que tiene que dejar las clases unos meses por temas personales, pero también sería injusto no hacerlo.

Eso es todo lo que se me ocurre ahora mismo. Quizá sería interesante que si habéis sido alumnos de algún curso o taller que creáis que merece la pena, lo recomendarais en los comentarios. Sobre todo si no son de Madrid. Seguro que hay gente a la que le interesa conocerlos.


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