CRIMEN Y TELÓN: JUGANDO CON LA ESENCIA DEL TEATRO

11 agosto, 2019

La compañía Ron Lalá, responsable de éxitos como Cervantina, el último Tenorio en Alcalá de Henares o Todas hieren y una mata, que ya comentamos aquí, reestrenó el pasado 1 de agosto su aclamada comedia Crimen y telón en la Sala Roja de los Teatros del Canal de Madrid.

Sostenida por una trama distópica –en un futuro cercano en el que las artes han sido prohibidas, el detective Noir investiga el asesinato de una víctima muy particular: el teatro- Crimen y telón es una disparatada mezcla de géneros: policíaco, musical, farsa… Todo tiene cabida en un espectáculo que no da respiro al espectador, gracias a la vertiginosa dirección de Yayo Cáceres y a un elenco brillante.

Álvaro Tato mezcla en su texto una cantidad de giros metalingüísticos que harían estallar la cabeza del Unamuno de Niebla y del Pirandello de Seis personajes en busca de autor. Pero lo hace a un ritmo tan endiablado, salpicándolo tan descaradamente de referencias culturales y bromas coyunturales, y con tantos cambios de ritmo –de un largo monólogo en verso a una persecución con los actores portando linternas como única fuente de luz; luego cantan un corrido; después se encienden las luces de la sala y el elenco interpela al público- que el resultado es de una espectacularidad impresionante.

Una escena de “Crimen y Telón”. Foto: David Ruiz, http://www.masescena.es

Cuando un guión le da excesiva importancia al formato, suele ser en detrimento de la trama y de la profundidad de los personajes, que quedan reducidos a marionetas. Aquí, la apuesta por el metalenguaje es radical: en un momento de la obra, Noir descubre un ejemplar del texto de la obra Crimen y telón y entiende que él es su protagonista. Los actores hacen hablar al técnico de sonido, obligan a la regidora a salir a escena. Estos recursos resultan deliciosos para el público, pero llegan a ahogar la trama.

La investigación del detective Noir acaba por no ser más que una excusa para hacer un rosario de homenajes al teatro: en escena aparecen Edipo, Lady Macbeth, el espectro del asesinado Rey Hamlet… Cada escena, cada reflexión (no falta la disculpa hacia nuestras grandes heroínas –Laurencia, La dama duende- por el machismo secular del teatro nacional) se disfruta muchísimo, pero de trama sólo tienen la apariencia.

¿Es esto un error? No en el caso de Crimen y telón, que desde el primer momento está planteada como una gran broma, un juguete escénico destinado no a contar la peripecia de un héroe, sino simplemente a hacer reír. Y es que, como reflexiona el protagonista, el juego es la esencia del teatro.

Ahora bien, durante ese juego Álvaro Tato lanza dardos envenenados contra el poder, contra la censura, contra la dictadura de la corrección política, contra el abandono de las artes, contra el conformismo… Y es que Tato, gran conocedor de los clásicos, sabe que la comedia es un artilugio estupendo para camuflar mensajes incendiarios bajo la apariencia de inofensivas bromas.

Álvaro Tato. Foto: Álex Piña, http://www.elcorreo.com

Así, Tato salpica la función de unos pocos chistes ridículamente malos (¡Es una bombilla! ¡Al suelillo!) y de un par de comentarios satíricos que no pasarían el filtro de un tuitero de segunda para decirle al público que todo esto es una gran coña. Y cuando el espectador ha bajado la guardia, el autor empieza a lanzar andanadas críticas de mucha más profundidad, recordándonos por ejemplo el grave peligro de renunciar a las artes, y la perentoria necesidad de defender la educación.

Y consigue hacer llegar el mensaje hasta el punto de poner a media sala en pie ovacionando justamente al elenco… todavía con la sonrisa dibujada en el rostro. Porque, recordemos, el juego es la esencia del teatro. Y hoy en día, pocas compañías juegan con tanta soltura como los ronlaleros.

Sergio Barrejón.

Crimen y telón estará en la Sala Roja de los Teatros del Canal de Madrid hasta el próximo domingo 18 de agosto.


ÁLVARO TATO RESUCITA EL ARTE NUEVO DE HACER COMEDIAS EN ‘TODAS HIEREN Y UNA MATA’

9 febrero, 2019

En 1937, Miguel Hernández publicó ‘El labrador de más aire‘, una obra teatral en verso que seguía los preceptos del ‘Arte nuevo de hacer comedias‘, de Lope de Vega:

Acomode los versos con prudencia
a los sujetos de que va tratando:
las décimas son buenas para quejas;
el soneto está bien en los que aguardan;
las relaciones piden los romances,
aunque en otavas lucen por extremo;
son los tercetos para cosas graves,
y para las de amor, las redondillas…

Desde aquella obra insólita (cuyo autor jamás vio representada, pues no logró estrenarse hasta 1972) nadie en nuestro país había vuelto a firmar una comedia ‘de capa y espada’ en verso clásico. Ayer en el Teatro Fernán-Gómez de Madrid, Álvaro Tato (Madrid, 1978) repitió la proeza con su más reciente obra, ‘Todas hieren y una mata’.

Redondillas, sonetos, silvas y demás métricas clásicas fluyen con inusitada soltura en un texto que, a lo largo de 2.500 versos, despliega hábilmente todos los recursos escénicos y narrativos del teatro del Siglo de Oro. Por momentos es paródico, y no faltan algunos guiños autoconscientes al espectador. Pero a pesar de su subtítulo (‘Miradas al Siglo de Oro’) ‘Todas hieren y una mata’ no es un oportunista artefacto didáctico. Álvaro Tato ha firmado una comedia auténtica, que entretiene, emociona y arranca carcajadas al respetable. El actor Carlos Lorenzo comparaba la sensación que le produjo la lectura del texto a la que sintió al ver ‘La princesa prometida‘, también una comedia que enmarcaba dentro de un contexto moderno una folletín clásico de aventuras y espadachines.

Convencido de que ‘la semilla de los grandes temas de nuestra generación ya estaba sembrada en el teatro del Siglo de Oro’ el autor madrileño ha colocado en el centro de su comedia ‘a la dama que Lope o Calderón no pudieron crear por las limitaciones de la época‘. Una dama lectora, dueña de una prohibida biblioteca secreta, cuya máxima aspiración en la vida es leer, instruirse, aprender. Una dama a quien las protestas de amor de sus dos pretendientes -el ingenuo galán don Daniel y el viejo y amanerado Corregidor- le traen sin cuidado, pues tiene más altas cosas en que ocupar su mente.

Este triángulo amoroso es el detonante de la trama. Don Daniel y su descarado sirviente Pico deben huir a toda prisa de las iras del Corregidor, quien los ha sorprendido cortejando a su prometida, la dama Aurora. Don Daniel y Pico, en su huida, topan con una Bruja, quien decide ayudarlos proporcionándoles unas arenas mágicas que les permitirán viajar en el tiempo. Así es como galán y criado acaban aterrizando, desconcertados, en el siglo XXI. Se encuentran allí con Alba, una profesora de Literatura que estaba precisamente impartiendo una clase sobre el teatro del Siglo de Oro. Al trabar conversación con don Daniel y Pico, la propia Alba se sorprende a sí misma hablando de pronto en verso. Intrigada por las cuitas de estos dos insólitos personajes, la profesora decide ayudarlos, y les allana el camino para que ambos puedan encontrar de nuevo a la dama Aurora en un antiguo corral de comedias, donde el desarrollo de la propia representación le dará a Daniel la oportunidad de declarar su amor a la joven. Pero en el corral de comedias, inevitablemente, se halla también el Corregidor…

Teatro dentro del teatro, desafíos y duelos, disfraces, equívocos, criados que descuidan su labor de intermediarios para seguir sus propios bajos instintos… Todas las escenas clásicas de las comedias de capa y espada encuentran su lugar de forma orgánica en la trama de ‘Todas hieren y una mata’. Como destaca la veterana intérprete Sol López, una de las más aplaudidas en la noche del estreno: “Hoy en día el lenguaje se ha ido empobreciendo, por eso es necesario hacer un teatro así, donde hay sonoridad, ritmo, música e imágenes, pero todo contenido en la palabra”.

El verso suena claro y totalmente natural en boca de un elenco inspiradísimo, que bajo la hábil dirección de Yayo Cáceres logra llenar de imágenes un escenario completamente desnudo. Un poyete central, doce candilejas rodeándolo en círculo y un telón de mano manejado por los propios actores componen toda la escenografía, y no se echa en falta más. El colorido y la sonoridad del verso, y la maestría con que Cáceres monta cada escena manipulan la imaginación del espectador para levantar bosques mágicos, jardines umbríos, corrales de comedias y lo que haga falta. El también muy aplaudido Diego Morales, que interpreta al criado Pico, subraya el reto de trabajar de esta manera: “Yo he hecho mucho teatro clásico, pero con escenografías fastuosas. Está muy bien esta apuesta de fiarlo todo a la didascalia”. Álvaro Tato tampoco escatima elogios para el director: “Yayo es un Quijote del teatro. Un idealista lúcido que proviene del teatro pobre y nos ha descubierto a toda una generación esta forma de hacer teatro”. El director enmarcó su apuesta en la importancia de “volver a la esencia del teatro, que a veces se pierde con tanto artificio de paneles que suben y bajan, proyecciones, etc. Cosas que yo mismo he hecho”.

Largos aplausos para el elenco, con varias docenas de espectadores puestos incluso en pie para aplaudir la comedia. Cabe destacar también la comodidad y amplitud de la sala Guirau del Fernán-Gómez, probablemente uno de los mejores teatros de Madrid. Es muy de agradecer que tan lujoso espacio se ponga al servicio de una producción original independiente, firmada por un joven autor y con intención claramente cómica.

Álvaro Tato.

Se da la feliz coincidencia de que, cincuenta metros más allá, la Biblioteca Nacional muestra al público originales autógrafos de Lope de Vega y maquetas de corrales de comedias, entre otras curiosidades, en la interesantísma exposición gratuita ‘Lope de Vega y el Siglo de Oro‘. Un complemento perfecto para la imprescindible comedia de Álvaro Tato.

Sergio Barrejón.


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