ANÁLISIS DE PELÍCULAS: VERANO 1993

19 abril, 2018

Por Pablo Bartolomé.

El otro día hablaba con mi padre sobre su propincua jubilación. Aunque en su caso el trabajo nunca ha sido una cuestión vertebral, es fácil entender el vacío, casi existencial, que se le avecina.

Le propuse, para enfrentarse al tiempo, que escribiera y contara aquellas cosas que había vivido y que le gustaría que se recordasen, su respuesta fue tajante: “¿A quién le va a importar eso?”.

Es curioso cómo parece estar extendida la idea de que solo las grandes historias merecen ser contadas. Bueno, pues yo digo que no. Todo lo contrario. Creo que hasta la anécdota más íntima o personal, puede llegar a ser una narración atractiva o emocionante.

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Dándole vueltas a esa idea, pensando en ejemplos que haya podido ver o leer, llegué hasta “Estiu 1993“, una historia basada en una experiencia que según declaró la propia Carla Simón, guionista y directora de la película, sufrió en un periodo concreto de su vida.

Desde mi punto de vista, el trabajo de un narrador reside precisamente en saber convertir nuestras inquietudes o experiencias en historias interesantes para el resto. Por esto voy a intentar analizar el guión de Carla Simón y encontrar aquellos elementos que han conseguido hacer de una historia que a priori no tendría por qué ser atractiva para el gran público, una de las revelaciones de 2017.

En “Estiu 1993” se cuenta una pequeña historia de transformación a la que se enfrenta una niña, Frida (Laia Artigas), que con solo 6 años sufre la trágica muerte de sus padres. La pequeña se ve obligada a abandonar su casa, su barrio, sus amigos e irse a vivir con sus tíos, que pasarán a ser sus nuevos “padres”, Marga y Esteve (Bruna Cusí y David Verdaguer), a una casa de campo.

Frida, por tanto, debe hacer frente a una situación impropia para una niña de su edad: asumir no solo la muerte de sus padres, sino también la ausencia definitiva de su espacio íntimo y de confianza, algo que tendrá que construir de nuevo sin, apenas, herramientas emocionales para ello.

Lo primero a destacar del guión es que se podría decir que estamos ante lo que se conoce como una estructura Character-driven, es decir, la narración evoluciona y se organiza en función de un personaje, en este caso Frida, que nos guía basando su acción dramática en el desarrollo de sus relaciones personales y en su arco de transformación emocional. Es por lo tanto, el “causa-efecto” (mejor dicho para este caso, el aprendizaje por prueba y error) lo que hace avanzar la acción (o lo que hace que Frida vaya adquiriendo experiencia).

Sí que hay algunos plot points identificables que organizan la narración en cuatro grandes bloques -yo señalaría las dos apariciones de los abuelos y el incidente con Anna, su nueva hermana pequeña-, pero tengo la sensación de que son sucesos que en lugar de cambiar o modificar el entorno del personaje, alteran o mutan el interior del personaje.

Porque el universo de Frida cambia al principio de la historia y se mantiene estable a lo largo de todo el metraje y aunque los personajes que la rodean sufren y también evolucionan, es en la transformación de Frida en donde quiere poner el foco Carla Simón.

No se me entienda mal, esto no quiere decir que en la película no “pase nada”, al contrario, pese a lo que pueda parecer por su ritmo y caligrafía audiovisual, Carla Simón (tanto en dirección como en guión), ha creado una película tremendamente estimulante. Todo lo que aparece en pantalla tiene de una u otra manera repercusión en la vida o en el entorno de Frida, enfatizando así ese mecanismo de “causa-efecto” al que hacía referencia. Cada escena que vemos es un avance del aprendizaje (forzoso) que Frida está experimentando. Es decir, todo suma, porque tanto para nosotros (espectadores) como para Frida, lo que ocurre en la pantalla es un descubrimiento, un nuevo conocimiento, que ayuda (o no) en el nuevo camino que ella ha de recorrer.

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Quizá por eso, nuestra protagonista no tiene ningún tipo de objetivo consciente. Frida no lucha por conseguir nada, no pone nada en juego, al contrario. Casi hasta la mitad de la película, Frida es casi más objeto que sujeto. Se podría decir entonces que esa es la motivación inconsciente de Frida, la aceptación del duelo (ni siquiera la superación, recordemos que la película empieza con la muerte de los padres y acaba cuando Frida por fin consigue llorar), pero no un objetivo concreto.

Para enfatizar esta idea, Carla Simón utiliza una herramienta narrativa bastante identificable hasta más o menos la mitad de la película. A saber:

Hasta ese momento de la historia, prácticamente la totalidad de las escenas empiezan con la mirada de Frida o con el objeto de la mirada de Frida. Es decir, Frida nunca entra en escena, ni la escena la sorprende ni siquiera arrastra una acción que detone la escena. Frida acaba de llegar a un universo nuevo y entendemos por cómo se relaciona con este, que es un universo por descubrir. Carla Simón coloca la cámara a la altura de Frida y no salimos de su juego de miradas. Frida observa, interpreta, analiza y se relaciona con su alrededor desde lejos, desde un lugar casi descontextualizado, lo que provoca que, sobre todo en los primeros diez minutos de metraje, prácticamente la totalidad de los diálogos del resto de personajes sean en OFF -tantos los que se dirigen a ella como los que no-. Hasta que poco a poco, Frida va abandonando esa actitud de voyeur y empieza a interactuar con el entorno (como ejemplo, recordar que no es hasta el minuto 8 cuando Marga tiene un dialogo directo en plano con Frida).

Esto se mantiene hasta el incidente con Anna, porque lo que ocurre hace cambiar a Frida.

Está queriendo “librarse” de Anna, que la está pidiendo insistentemente jugar, la engaña haciéndola creer que van a jugar al escondite. Frida esconde a Anna y se “olvida” de ella. Al rato, vemos a Anna aparecer con un brazo escayolado.

Frida toma consciencia de lo ocurrido como consecuencia de su actitud egoísta y modifica su forma de relacionarse con su nueva familia. En las escenas siguientes, Frida regala unas flores a Magda y le hace un dibujo en la escayola a Anna. Frida se siente culpable por lo ocurrido con Anna y empieza a ser consciente de las posibles repercusiones que pueden tener sus acciones en su entorno, lo que podemos definir como un proceso de aprendizaje.

Vemos entonces, cómo esa manera de mirar y conocer su nuevo mundo evoluciona, ya no observa desde fuera sino que interactúa e intenta adaptarse a él.

Estas ideas aunque nacen en el guión terminan de construirse cuando Carla se pone en la dirección. Al leer el guión -que se puede leer aquí-, y aunque al estar en catalán puede que se me haya escapado alguna cosa, tengo la sensación de que en origen era una película más dialogada y explicativa. Es a la hora de ponerse a dirigir, cuando Carla Simón consigue sintetizar la esencia de la historia que quiere contar.

Uno de esos grandes hallazgos de “sintetización” es la traslación a imágenes de ese universo de crecimiento infantil sobre el que la película reflexiona. Esto lo hace sabiendo encontrar elementos que no solo nos retrotraen a cada uno a nuestra propia infancia sino que además actúan como balizas que nos van señalando el arco de transformación de Frida. Como casi no merece la pena analizar el resto de personajes -excepto a los abuelos, que lo haré más adelante- ya que en su mayoría son personajes en segundo plano y funcionales, me detendré en analizar esos elementos a los que hago referencia, que son: sus muñecas, los abuelos y los cordones de las zapatillas.

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La nueva situación a la que se enfrenta Frida le exige que dé un paso de aprendizaje emocional muy grande, a lo que, de manera inconsciente, ella se resiste. Frida no acepta a su nueva familia ni su nueva vida. No es un rechazo consciente, simplemente Frida quiere seguir en su casa de Barcelona con sus “antiguos” padres.

Como eso es imposible, ella se aferra a aquellos pequeños vínculos que la conectan con ese recuerdo, con su infancia más primaria, una infancia que además como podemos inferir en algunas escenas de la película, era una infancia donde ella era centro de cariño y caprichos.

Bien, como decía, uno de esos vínculos a los que Frida se aferra son sus muñecas. Las besa, mima y “protege” de su hermana Anna. En las anteriores escenas, hemos visto la casa de Frida totalmente destartalada, desecha. En poco menos de unos días su mundo se ha convertido en objetos dentro de cajas y su espacio de intimidad ha desaparecido. Después vemos cómo es introducida “a la fuerza” en una nueva “burbuja” que le es ajena. Así que lo primero que hace Frida, una vez instalada en su nuevo hogar, es desplegar sus muñecas para intentar instaurar allí dentro un resquicio de su antiguo hogar. Por eso, de una manera un tanto “desagradable”, alerta a Anna de que ella no puede tocar sus muñecas. Eso no son muñecas, son el último vínculo que tiene con su antigua vida.

Carla Simón cosifica la sensación de pérdida y de desarraigo que en ese momento tiene Frida en tan solo una escena y con unos pocos objetos.

Hay que señalar que en el guión que yo he leído este “mecanismo” era un poco más evidente. Las muñecas jugaban un papel mayor en la historia, ocupando alguna escena más, que, desde mi punto de vista, han sido correctamente eliminadas.

Así ocurre con sus abuelos, quizá sean estos los personajes con mayor interés dramático por lo que representan en el arco de transformación de Frida. Estos son lo único que no ha cambiado de su alrededor, además de representar ese espacio de mimo y de capricho que en ese momento Frida cree necesitar.

Los abuelos interactúan dos veces con Frida cuando ésta ya se ha instalado en su nueva casa y en ambos momentos se muestran como un elemento que frena la adaptación de Frida a su nueva realidad. Se puede decir entonces que los abuelos son los que, siempre de manera inconsciente, se oponen a ese (falso) objetivo de Frida. Es decir ejercen la función de antagonistas para su nieta.

El trabajo por parte de Marga intentando que Frida se acople a la familia y abandone su actitud de párvula (no de niña, ojo) ante lo que ocurre, es tirado por tierra cada vez que los abuelos aparecen, ya que premian esa actitud caprichosa de la niña.

Esto entronca con la siguiente “herramienta” a la que hacía referencia. Cuando los abuelos aparecen por primera vez en la casa de Marga y Esteve, vemos que su abuelo está atando los cordones de la zapatilla de Frida ante la queja de Marga, que insta a la niña a hacerlo sola. Entendemos por la actitud de Frida, que sí sabe atarse los cordones pero que no quiere.

Atarse los cordones es una parte más del proceso de aprendizaje de un niño. De manera simbólica, Carla se recrea con este detalle porque muestra claramente el rechazo de la niña a ese aprendizaje, es decir, a crecer. Porque crecer implica asumir aquello que nos hace sufrir.

Más adelante, los abuelos vuelven a aparecer en la casa. En esta nueva aparición, Frida ya ha empezado a “sufrir” cambios en su actitud, pero aún así no acaba de sentirse dentro de su nuevo núcleo familiar. Entonces, en esta segunda aparición, Carla Simón usa a los personajes de los abuelos como catalizadores definitivos para el proceso que está viviendo Frida. Cuando los abuelos se van, Frida intenta por todos los medios irse con ellos: Frida llora, patalea… hace todo lo que una niña puede hacer para conseguir lo que quiere conseguir, aunque vemos que sin éxito.

No es casual que este sea el momento de la película en el que Frida se comporte de manera más infantil. Es decir, el personaje se está oponiendo ahora de manera voluntaria a la consecución de su objetivo, curiosamente cuando más cerca está de él (esto podría funcionar perfectamente como un 2º punto de giro).

Aunque más adelante veremos que es una oposición estéril, porque esa escena de berrinche de Frida es un instrumento para que entendamos la situación crítica que está viviendo Frida y por la que se ve obligada a dar un paso definitivo.

Frida se siente acorralada, ya no sabe qué más hacer para librarse de esa situación que la exige madurar, dar un paso. Así que lo da, pero erróneo.

Al caer la noche, Frida decide fugarse a su casa de Barcelona, ya que se ha enterado de que sigue vacía.

Frida empieza a actuar como si hubiera tomado una decisión reflexionada, adulta (en realidad, adolescente); está muy convencida de que lo que va hacer es lo que “debe” hacer y para que así lo entendamos, Carla Simón usa esos elementos que ya ha usado para hablarnos del momento emocional de Frida, pero esta vez desde otro lugar. Ahora vemos cómo Frida sí sabe atarse ella sola sus zapatillas y vemos cómo regala una de sus muñecas a su hermana Anna, rompiendo el protocolo que ella misma había establecido para mantener el vinculo con su antiguo hogar, incorrupto.

Ahora Frida es capaz de enfrentarse a sus miedos y por eso, un par de escenas después, Frida se atreve por fin a preguntar sobre la muerte de su madre. Por fin empieza a aceptar lo ocurrido.

Por último y antes de terminar, me gustaría hacer referencia al tono y a la atmósfera de la película, dos elementos que aunque normalmente se dejan fuera en este tipo de análisis, creo que merecen ser señalados por su peculiaridad y porque, desde mi opinión, están pensados desde el guión.

Creo que el guión está construido sobre un drama pero con un lenguaje que se aleja de él. Es más, creo que hay varias escenas que juegan en el terreno del suspense o del thriller y que nos permite a los espectadores anticiparnos a posibles giros o a elementos dramáticos que, por cierto, al final nunca llegan. Es muy interesante porque esta confección le da al guión una atmósfera de tensión que aporta mucho a la historia. No podemos olvidar que el tema de la muerte sobre vuela constantemente el imaginario de la niña y por tanto de la película.

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Quizá esto pueda ser consecuencia de que “Estiu 1993” fue desarrollada en uno de los Laboratorios de guión de SGAE, bajo la supervisión de Alberto Rodríguez, quien no solo entiende bien los procesos de transformación -como demostró en sus películas “7 vírgenes” o “After”-, sino que maneja el thriller de manera ejemplar y no solo como mero artificio.

“Estiu 1993” se nos presenta como una película íntima, personal, que se centra en un hecho concreto que sufrió la propia guionista y directora en su infancia, pero como he intentado analizar y explicar, creo que la película es mucho más grande de lo que quiere parecer. Porque, como le decía a mi padre, cualquier historia merece ser contada y somos nosotros quienes tendremos que saber cómo trasladar que aquello que nos afectó pueda afectar a los demás.

* Pablo Bartolomé Jiménez es guionista de ‘Fugitiva’, que se emite esta noche a las 22:40 en TVE.


ANÁLISIS DE PELÍCULAS: HANDIA

8 febrero, 2018

Por Àlvar López

Hace dos años, el estreno de Loreak dejó claro que sus autores tenían una visión muy clara y particular del tipo de historias que querían contar, y de la manera en que lo querían hacer. Su nueva película, Handia, ganadora de diez premios Goya, entre ellos Mejor Guión Original, no hace sino corroborarlo. Tras entrevistar a sus cuatro guionistas, publicamos ahora un análisis del guion.

[ATENCIÓN SPOILERS]

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Sobre el tema y la trama  

Lo primero interesante a destacar es la gran conexión entre el tema y la trama del film. Handia nos cuenta una historia donde la vida y la leyenda del gigante de Altzo se funden en un único relato. Su trama, por tanto, girará en torno al auge y posterior caída de la fama de Joaquín, el gigante, quien, junto a su hermano Martín, recorrió gran parte de Europa durante el siglo XIX cosechando una gran fortuna.

Pero el viaje de ambos hermanos no será solo físico. Los dos, Martín y Joaquín, son las dos caras de una misma moneda. Martín quiere abrirse a la modernidad, a la vida de la ciudad, y disfrutar de los avances de su época. Eso sí, será incapaz de conseguir el dinero suficiente para hacerlo por su cuenta. Mientras, Joaquín representará la inmovilidad de la vida en el campo, la tranquilidad y las ganas de que nada cambie. No obstante, y aunque no necesite nada más que su montaña para ser feliz, Joaquín se convertirá en una máquina de hacer dinero desde el mismo momento en el que empieza a crecer y a crecer: la gente llegaba a pagar un buen pellizco por verlo. Justo en esta relación es donde encontramos el tema de la película.

Martín, que no crece físicamente (de hecho, es más bien bajito) tiene un ansia insaciable de crecer espiritual y económicamente. Mientras, Joaquín no deja de crecer físicamente cuando lo único que quiere es que todo se detenga en la tranquilidad de su caserío. Así, entre los dos se empieza a desarrollar una relación que en momentos está más cerca de la necesidad y la envidia mutua que de la fraternidad. Pero, como comenta Aitor en la entrevista, “nadie crece eternamente”. Todo evoluciona. Todo muere. La relación entre ellos, también.

La mejor manera de analizar esta evolución es detenerse ahora en la estructura narrativa de la película. Cada avance en la trama supone también un avance en la relación entre ambos hermanos.

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Sobre la estructura: situación inicial.

Handia empieza con una sobreimpresión: se nos avisa de que la película transcurre entre los siglos XVIII y XIX y está impregnada de las tensiones que se vivían entre el antiguo y el nuevo régimen. Desde el primer momento, por tanto, podemos situar a cada uno de los dos hermanos en un bando diferente. Acto seguido, una voice over de Martín nos da una segunda pista: aunque el mundo parezca inalterable, siempre cambia, siempre evoluciona. De nuevo, Martín constata que el rótulo inicial esconde el eje central de la película: la tensión entre lo nuevo y lo viejo. Su voice over sigue diciendo que él y su hermano se enfrentaron al mundo de forma diferente. El prólogo acaba con Martín delante de la tumba de su hermano. Al abrirla, un enigma. Los huesos de su hermano no están en ella.

A partir de este momento la película se construye de manera capitular, lo que incrementa la sensación de que asistimos al visionado de un cuento, que se inicia con el “érase una vez dos hermanos” y finaliza como empieza, con el misterio de dónde habrán ido a parar los huesos de Joaquín. En este caso, la estructura capitular y la sensación de leyenda que transmite beneficia al conjunto de la historia, puesto que al entrar en ese universo nosotros, como espectadores, podemos dar por válida la historia del gigante y sus hazañas y disfrutarla a la vez que nos centramos en la evolución de la relación entre ambos hermanos.

El “cuento” tiene su detonante en la partida de Martín a la guerra. Los carlistas obligan al padre de ambos hijos a decidir qué hijo quiere que vaya a combatir por ellos, por la causa. Sin dudar, elige a Martín para que vaya. Al cambio, a la modernidad. Durante la guerra Martín perderá la movilidad en un brazo, por lo que al terminar ésta intenta subsistir como puede durante tres años, pero siempre sin volver al caserío. El rencor que guarda hacia su padre, unido al intento de evolucionar y de dejar atrás el poblado, le llevan a buscarse la vida como puede. No obstante, Martín no encuentra la forma de salir adelante. Al final no le quedará más remedio que volver al caserío. Su sorpresa es mayúscula cuando ve que su hermano no ha dejado de crecer hasta alcanzar un tamaño colosal. Por si fuera poco, tras la guerra el caserío está en un serio declive: no hay forma de pagar lo que deben. Así, el primer punto de giro nace como una necesidad, una solución para mantener el caserío: si no quieren perderlo, deberán abrirse a la modernidad, introducirse en el mundo del espectáculo y exhibir a Joaquín.

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Sobre la estructura: la tensión entre hermanos.

A partir de este instante, la tensión entre la seguridad de lo conocido que ama Joaquín y el afán de modernización de Martín no dejará de crecer. Cuanto más dinero consiguen, más quiere volver Joaquín a su hogar, y más ilustrado se hará Joaquín, el cual empezará a imitar a la clase burguesa del momento. Los escollos, eso sí, cada vez se harán más grandes, y alcanzan su cénit delante de la Reina. La monarca le pide a Joaquín que se desnude para ella. Martín tiene la oportunidad de poner un límite en la exhibición de Joaquín, de defender a su hermano. Sin embargo, no lo hace.

Por tanto, tenemos una primera parte de la película en la que nos es difícil empatizar con Martín, nuestro protagonista, por la forma en la que trata a su hermano y por su egoísta afán económico… una estrategia del guión para presentarnos a un personaje al que poco a poco se le irá dando la vuelta.

De Martín empezamos a ver cosas en las que no nos habíamos fijado. Sigue guardándole rencor a su padre, pero le encantaría recibir una muestra suya de cariño. Quiere empezar una nueva vida en Estados Unidos, pero es fácil entender que ese sueño nunca se va a cumplir. Además, hay algo que es indudable: Martín quiere a su hermano. En ningún momento se aprovecha de él, o no al menos de manera consciente.

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Sobre la estructura: el cambio.

El momento que ilustra la nueva relación entre ambos se produce en su viaje a Inglaterra. Momento que, tanto por metraje como por estructura, se instaura dentro del midpoint.

En Inglaterra, además de conocer a otros gigantes que existían en Europa (entre los que destaca una giganta que se fija en Joaquín y con la que más adelante tendrá su única experiencia sexual) Martín y Joaquín se dan la mano por primera vez, gesto que encierra todo el cariño que ambos se tienen. Esa unión refleja también la unión entre dos mundos, dos fuerzas, que, por más que sean opuestas, se atraen entre ellas.

Tras el midpoint, la segunda parte de la película se centra en la relación cada vez más estrecha e íntima de ambos hermanos. Conforme más tiempo pasan juntos, más se vuelven a complementar como lo hacían antes del detonante, de la Guerra. Pero, de nuevo, el guión vuelve a recordarnos cuál es la idea nuclear de la película: nada puede crecer eternamente.

Sobre la estructura: el declive

Martín, precavido, siempre enviaba su parte del dinero al caserío, pero Joaquín, en un acto de rebelión y desoyendo el consejo de su hermano, lo llevaba siempre consigo, oculto. En uno de sus trayectos, un grupo de asaltantes les roban hasta el último centavo que Joaquín había ganado durante los últimos años. Este segundo giro llega justo cuando la relación entre ambos hermanos ha madurado hasta hacerse más fuerte que nunca, lo que provoca que Martín use sus propios ahorros para seguir pagando el caserío y evitar que su padre y hermano lo pierdan.

Con este hecho asistimos a un giro de personaje que se ha ido cociendo a fuego lento a lo largo de todo el guión. Martín, el hermano que quería romper con todo, acaba usando la fortuna que tenía ahorrada para ir a Estados Unidos para salvar lo que más odiaba en esta vida: el caserío. La vida rural.

A la falta de liquidez se le suma la llegada de los tiempos modernos. La gente se cansa rápido de lo que no es tendencia. A Joaquín, al gigante, ya lo conoce todo el mundo. Ya no es una novedad, por lo que su empresa solo puede acabar como lo hace: en la quiebra.

A la ruina económica le seguirá la muerte de Joaquín debida al gigantismo, y así volvemos al inicio, a un Martín que se queda en el caserío, a cuidar de su padre. Padre que, por cierto, no recuerda haber decidido nunca haber enviado a Martín a la guerra.

La desaparición de los huesos de Joaquín al fin de la película ayuda a reforzar la sensación de que el guión está construido como si se tratara de un cuento. Sin huesos, sin nadie que se acuerde de Joaquín, los límites de la realidad se desdibujan. La leyenda y el mito cobran fuerza en la historia del gigante de Altzo.

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Sobre el cuándo y el dónde de la historia.

La elección de las coordenadas espacio-temporales de la historia son todo un acierto de guión. Los protagonistas vienen de una Guipúzcoa rural que luchaba por mantenerse frente a la modernidad, por un lado, y a la centralidad de Madrid por otro. No es casualidad que los madrileños se crean superiores a Martín y a Joaquín por el mero hecho de hablar español y no vasco. Además, el hecho de que la historia ocurra en el siglo XIX, en pleno Romanticismo, permite explorar en profundidad ciertas dudas existenciales que, si bien siguen presentes en la actualidad, alcanzaron su momento más elevado en aquella época.

El inicio de la industrialización, de la sociedad capitalista y del mundo del espectáculo (Martín) entraban en conflicto directo con el culto a la religión y a los antiguos estamentos (Joaquín), lo que obliga a ambos personajes a plantearse su lugar en el mundo. ¿Quiénes son?¿Quiénes quieren llegar a ser?

Sobre el tono, los diálogos y las subtramas.

Igualmente interesante es destacar la lentitud que respira el guión, la cual contribuye a que los arcos de transformación de los dos hermanos sean creíbles y coherentes con todo lo que viven. Hay muchas escenas de transición, de conocimiento de los personajes, más que de información o de avance de trama, algo muy necesario para contar este tipo de historias.

Por otro lado, los diálogos, escuetos en su mayoría, también contribuyen a reflejar la lucha de fuerzas que viven ambos hermanos. Mientras que Joaquín es más bien callado y no cuenta ni con un gran vocabulario (de hecho, ni siquiera sabe español) ni con grandes herramientas comunicativas, Martín, pese a sus limitaciones, tiene mucha más labia, más capacidad para vender y para adaptarse a los nuevos tiempos.

Para acabar, la cantidad de subtramas que rodean al conflicto principal dotan al guión de vida, de realidad. El mundo no se reduce a un único conflicto. En Handia asistimos a subtramas como la reflexión sobre la fama, el papel de la religión en el seno familiar, el amor, la cultura y su influencia en la sociedad, el nacionalismo y sus bases… En definitiva, las subtramas no hacen sino subrayar lo mismo que la trama principal: todo cambia, y lo único que podemos hacer como seres humanos es aceptarlo e intentar no sucumbir en el intento.


¿POR QUÉ DEBES CUIDAR DE TUS ESCENAS SI QUIERES UN BUEN GUIÓN?

23 noviembre, 2017

Por Àlvar López y Carlos Muñoz Gadea

“No es nuestra intención dar a luz un texto más que repita, redunde, sintetice, o simplemente recicle, lo que ya otros muchos volúmenes especializados en la escritura de guiones para el cine se han encargado de hacer previamente.”

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Con estas palabras empieza “Escenas de Cine: Guión y Análisis”, libro coral firmado por hasta diez profesionales del guión. Y, tras su lectura, podemos afirmar que han conseguido su objetivo. Lejos de repetir lo que hemos leído tantas veces, estamos ante un manual que consigue explorar un terreno que, si bien podemos saber que existe, no estaba hasta ahora recogido de una manera tan clara.

En esta edición, que corre a cargo de Arkadin, los editores y coordinadores del Máster de Guión de la UPSA Miguel Ángel Huerta y Pedro Sangro se han propuesto crear un manual dirigido tanto a los estudiantes de guión como a los profesionales del mismo, combinando un tono didáctico con diversas enseñanzas prácticas que le serán útiles a cualquiera que quiera dedicarse (o que ya se dedique) a esta disciplina. Los que firmamos este artículo iniciamos nuestra andadura en el mundo del guión en dicho Máster, por lo que a título personal nos es un placer poder reseñar este libro y poder así agradecer en cierta manera todo lo que aprendimos y nos llevamos de sus aulas.

Hay varios factores que pueden hacer de este manual una opción muy interesante para dedicarle unas horas a su lectura.

En primer lugar, el objeto de análisis está alejado de lo que solemos encontrar en otros manuales, quizá más centrados en analizar el guión y todo lo que le rodea en su conjunto. “Escenas de Cine” centra su estudio en el estudio pormenorizado de la escena y todo lo que le rodea para poder así construir unidades dramáticas más complejas e interesantes.

Partiendo de la base de entender la escena como una unidad cinematográfica de espacio y tiempo, el estudio de dicho elemento en este manual permitirá a su lector ampliar las miras de su proceso creativo, reflexionando sobre la escena no solo como la unidad narrativa más pequeña, sino también como la unida poética y dramática más potente que podemos escribir. Por tanto, podríamos decir que una de las máximas pretensiones de este libro es defender a ultranza la necesidad de cuidar la escena por encima de los macroelementos de estudio del guión.

Esto es algo que también defienden los hermanos Remón (y de lo que nos han hablado mucho en las diversas entrevistas que hemos podido realizar con ellos, que las tenéis aquí, aquí y aquí). Para que el guión en su conjunto pueda tener un sentido coherente y armónico, es necesario detenerse antes en todas y cada una de las escenas para reflexionar, más allá del papel que juegan en el conjunto y la forma en la que se superponen una a la otra, sobre cómo se utilizan los elementos que entran en juego escena por escena.

Por qué nos decantamos por un espacio dramático y no por otro, cómo podemos mejorar nuestra escena buscando el broche de oro final que la haga más redonda, cómo determinar si nos conviene un monólogo o una acción visual para nuestro clímax… estas son solo algunas de las preguntas a las que probablemente el lector pueda dar respuesta tras la lectura del libro.

En segundo lugar, su estructura, que como decíamos está elaborada de una manera muy coral, enriquece la diversidad de opiniones y puntos de vista. En total, el lector puede encontrar en las páginas de este libro diez capítulos que se encargan de profundizar en aspectos diferentes de la construcción de la escena. Esta división permite que la lectura del manual sea muy práctica y sencilla, puesto que el que así lo necesite puede recurrir a la lectura exacta de lo que le haga falta para el desarrollo de su escena.

Como valor añadido, cabe destacar que el equilibrio entre los que firman dichos capítulos (todos ellos profesionales de renombre cuya trayectoria personal así lo corrobora) se ha encontrado mediante la búsqueda de la aportación desde diversas ramas. Así, los primeros capítulos están firmados por los docentes de Guión Antonio Sánchez-Escalonilla, Pedro Sangro, Miguel Ángel Huerta, Juan Medina, por el escritor Xavier Pérez (La Semilla Inmortal) y el historiador y crítico de cine José Luis Sánchez Noriega, mientras que los restantes vienen de la mano de los guionistas Carlos Molinero, Verónica Fernández, David Muñoz y la analista de guión Ana Sanz-Magallón, autora del también conocido Cuéntalo Bien.

Que no se engañe el que lea estas palabras: tanto los capítulos firmados por académicos como los firmados por guionistas buscan un acercamiento práctico que pueda aplicarse de manera inmediata tras la lectura. Así, no estamos ante un manual que simplemente reflexione sobre algunas herramientas o estrategias teóricas, sino que también encontramos cómo pueden aplicarse en la práctica dichas herramientas a través de un surtido número de ejemplos de escenas de películas de éxito y de las experiencias personales de los guionistas invitados a escribir en el manual.

Baste un rápido vistazo al contenido de los capítulos para darse cuenta de ello. El libro se inicia con “Escenas con espacio ambiguo: la localización como recurso de tensión dramática”, donde Sánchez-Escalonilla reflexiona sobre la importancia de la dimensión espacial y el lugar donde decidimos que ocurran nuestras escenas. ¿Por qué ese y no otro? ¿Qué nos aporta para nuestra historia? Pedro Sangro continúa con El Toque Lubitsch: cómo mejorar una escena, en el que analiza, a través de ejemplos reales del director, la importancia de jugar con las expectativas del espectador para que su participación en la escena sea activa. En El Suspense en las escenas de anagnórisis Xavier Pérez demuestra cómo el buen uso de ambos elementos (suspense y anagnórisis) en una escena puede permitir al guionista captar toda la atención del espectador.

Como no podían faltar ejemplos extraídos de nuestro cine, Miguel Ángel Huerta analiza en Ataúdes, umbrales y un señor llamado José Luis Rodríguez el guión y la puesta en escena de El Verdugo para reflexionar sobre los elementos que hacen que las escenas de dicho film sean tan redondas desde su inicio hasta su fin. El también profesor del Máster de la UPSA Juan Medina demuestra en Escenas resolutivas del policíaco: el clímax en un monólogo la potencia de cerrar las películas de este género con una escena que combine un final interesante a nivel dramático construido con uno de los monólogos aclaratorios que tanto usaba Agatha Christie. El cuentista Auggie Wren exhala humo y fábulas en ‘Smoke’ es el título del capítulo de Sánchez Noriega, en el cual nos habla de lo que comúnmente conocemos como escenas espejo (esas que tienen el suficiente poder como para que el espectador las recuerde años después de ver el film) y el lugar estratégico dentro del guión donde colocarlas para que puedan tener el mayor impacto posible.

El guionista Carlos Molinero es el encargado de abrir el bloque de los profesionales con “El viento en su pelo”: el guionista épico contra el guionista dramático, donde habla de la importancia de construir escenas que, sin tener una tensión dramática con un objetivo claro, permiten sin embargo establecer una conexión emocional entre el espectador y sus personajes. Le sigue Verónica Fernández, con “La del coche” y otras secuencias ineludibles en la vida de un guionista, donde, a través de su experiencia, da útiles consejos para enfrentarse a escenas dramáticas que suelen dar problemas, como son la muerte de un protagonista o la ruptura de una relación.

Acostumbrada como está a leer cientos de guiones, la analista de guión Sanz-Magallón nos habla en La escena es para el que se la lee sobre la importancia de escribir un guión que seduzca desde su primera lectura a la vez que brinda al lector varios consejos útiles para poder conseguirlo. El libro concluye con David Muñoz y su capítulo Trucos de Magia, a través del cual el guionista recalca la importancia de que el espectador se enganche a la película en los primeros minutos de su metraje y lo ilustra con ejemplos extraídos de films que han conseguido esto con éxito.

En definitiva, Escenas de Cine: Guión y Análisis es un completo manual en español donde el lector puede encontrar un buen compendio de ejemplos prácticos que de seguro le podrán solventar más de un quebradero de cabeza cuando deba enfrentarse a la construcción de una escena.


ANÁLISIS DE PELÍCULAS: LA ISLA MÍNIMA

12 junio, 2017

Por Pablo Bartolomé.

Hace ya unos meses, hablando con Sergio Barrejón mientras bebíamos cervezas, coincidíamos en que era una pena que no hubiera más análisis de guiones en el blog. Los posts que en su día hicieron Carlos López o Dani Castro eran muy visitados y muy bien recibidos. Al fin y al cabo, darle vueltas a aquello que hemos visto e intentar analizar las claves de por qué creemos que funciona una historia o no, es algo que a todos nos gusta leer; compartir y sobre todo rebatir. Pedí otra ronda más y en un alarde de no sé muy bien qué, asumí la responsabilidad de retomar yo (el primero de) esos posts.

Pensamos que sería buena idea analizar una película que no estuviera en cartel, por aquello de los spoilers. Por eso y porque soy yo el que escribe, he elegido “La Isla Mínima“.

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“La Isla Mínima” es una película de 2014 dirigida por Alberto Rodríguez, que también firma el guión junto a Rafael Cobos (aquí hay una entrevista a Rafael Cobos en donde habla sobre la película).

La película transcurre en 1980, en plena transición, en un pequeño pueblo andaluz cerca de las marismas del Guadalquivir, donde han desaparecido dos chicas adolescentes. Para resolver el caso, envían desde Madrid a dos detectives: Juan (Javier Gutiérrez) y Pedro (Raúl Arévalo) que pronto descubrirán que las chicas han sido asesinadas y están relacionadas con otras desapariciones, todas siguiendo el mismo patrón. 

La investigación de los dos policías revela un ecosistema basado en el silencio, donde se sustentan las estructuras de poder del pueblo.

Los personajes principales, los dos detectives, son motor de la narración y quienes soportan el peso de la trama, por lo tanto protagonistas. Aunque en mi opinión, es Pedro (Raúl Arévalo) quien lleva el peso de la tesis sobre la que trabaja la película, y con quien hacia el final del metraje acaba empatizando el espectador.

Aun así, ambos comienzan compartiendo objetivo: encontrar a las niñas y resolver el caso, motivados ambos porque entienden, cuando el caso empieza a crecer, que es su oportunidad para enmendar su posición con respecto a sus superiores y volver a Madrid, ya que ambos han sido enviados allí como castigo de ciertos comportamientos comprometidos (cada uno por motivos distintos, es más, se podría decir que antagónicos).

Para revolver el caso no existe un antagonista definido, corpóreo, de hecho ese es uno de los temas de la película (que desarrollaré más adelante). Solo al final sabremos quién es el culpable o el autor intelectual de la trama, pero este no ha actuado como antagonista porque no ha hecho nada que como espectadores veamos, para impedir la investigación. Hasta ese momento, más que antagonistas, Pedro y Juan lo que se van encontrando son obstáculos -el mismo entorno, los habitantes del pueblo, el juez Andrade (Juan Carlos Villanueva)- que impiden a nuestros personajes revolver el caso.

Esos obstáculos son, según yo lo veo, oponentes metafóricos para los dos policías, pero esto no responde a una lógica común, no actúan como entes organizados, sino más bien son una representación estratificada de una sociedad española en la que se pone el foco y se analiza en la película. Es decir, todos esos elementos son la traducción narrativa de un ecosistema sobre el que se sostiene un contrato social demasiado delicado y que con la entrada de nuestros protagonistas, se tambalea y hace lo posible por perpetuarse.

Pese a todo esto, es una película bastante más sencilla, a nivel estructural, de lo que puede parecer en un primer visionado. Es cierto que se complejiza hacia el final pero en la mayoría del metraje responde a un esquema más o menos clásico:

La historia se detona con la llegada de los policías.

Tiene un primer giro, cuando se descubre que las chicas están muertas y que hay más desapariciones.

Un punto medio, en el que los detectives dan con los supuestos implicados y empiezan a asumir la magnitud que puede tener el caso.

Un segundo giro, cuando descubren que el autor “intelectual” es el hombre del sombrero, Don Alfonso, pero que el Juez Andrade les impide detener.

Y un final o epílogo, en el que se “resuelve” el caso de aquella manera. Una manera en la que todos (protagonistas y antagonistas) están contentos.

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Es cierto que cuando se estrenó la película hubo un cierto “run run” en relación al final de la película. Parece que la manera de cerrar la trama no generó una gran acogida, puesto que parecía no quedar resuelto el caso. Incluso la gente seguía debatiendo a posteriori, generando teorías sobre los posibles implicados en los asesinatos. Pero voy a intentar analizar y explicar por qué, para mí, esos debates son estériles.

Creo que la trama de la película se resuelve de esta manera:

Las chicas eran seducidas por Quini (Jesús Castro) que las llevaba hasta la casa de campo, donde Don Alfonso (Alberto Gónzalez) les hacía fotos teniendo relaciones (consentidas o no). Las chicas eran amenazadas con publicar las fotos si contaban algo de lo ocurrido, lo que actuaba como detonante para que las chicas quisieran huir del pueblo. Ante esta situación, el guardés (Manuel Salas) se aprovechaba para hacer creer a las chicas que les podía conseguir un trabajo fuera de allí y con este pretexto las secuestraba, las torturaba y finalmente las asesinaba.   

Todo esto es algo que se deduce de la película, que los personajes señalan y resuelven, pero es algo que quizá intencionadamente no se subraya porque, en mi opinión, la intención de la película no es tanto construir un whodunit, sino una reflexión o análisis político de un contexto social concreto.

Según la lógica planteada más arriba, los crímenes no eran consecuencia de una sola mente, sino de una concatenación de sucesos que desembocaban en tragedia. Todos estaban al corriente de lo que ocurría, pero nadie hablaba porque sabían que era lo que había que hacer si querían seguir disfrutando de ese “juego” de poder con respecto a las chicas.

No obstante, sí que había un “autor intelectual” de los crímenes, aquel que provocaba que todo ocurriese. Este es Don Alfonso, el hombre del sombrero.

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Cuando los protagonistas descubren esto e intentan detenerle, se encuentran con que el Juez Andrade se lo impide. Don Alfonso es alguien importante y mucho más en ese momento, con una huelga de jornaleros y una situación de escasez agrícola. No, Don Alfonso es intocable, no se le puede detener.

Cuando Juan y Pedro detienen a Sebastian, el guardés, el Juez le carga con los crímenes y compra el silencio de los policías con el reconocimiento público por haber cerrado el caso y devolviéndoles sus antiguos puestos en Madrid. 

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Tenemos por tanto a una población civil que mira para otro lado ante los crímenes de Don Alfonso. A una institución local que protege al terrateniente con tal de mantener el orden social establecido y también tenemos a los dos protagonistas que acatan las órdenes del Juez, asumiendo la impunidad de Don Alfonso y que lejos de oponerse a ella, se benefician. Esto es fundamental para la historia, porque pone de manifiesto una gran construcción de los dos personajes protagonistas. Ambos están escritos de manera especifica para la trama y viceversa. No solo eso, la definición de cada uno de los dos personajes protagonistas permiten hacer una traducción que trasciende a la película: Juan es un policía que perteneció la antigua Brigada político-social, es decir, un personaje que pertenece a la vieja España. Pedro, por su parte, es un joven progresista que ha entrado en la policía con la llegada de la democracia y que reclama la limpieza y democratización del cuerpo. Por lo tanto, una representación de la nueva España. Siendo así, ese momento en que ambos policías acatan las órdenes del Juez Andrade, dejando a Don Alfonso impune, se puede entender como metáfora de una sociedad que se encontraba en un proceso de transición construido sobre la impunidad de una sociedad criminal y opresora, una vieja España que agoniza pero que no acaba de morir (recordemos ese estado insalubre de Juan durante todo el metraje, que parece anticipar una muerte que no acaba de llegar) y sobre la aceptación y silencio comprado de una nueva sociedad emergente y progresista. Una nueva España que se veía a sí misma en los ojos de la vieja España que quería derrocar. La parte por el todo.

Es cierto que la película ha manejado ese simbolismo durante todo el metraje -¿son los pájaros que se presentan ante Juan en sus momentos más críticos como señal de que ha llegado la hora de irse, de emigrar, una analogía del simbolismo franquista?-, pero creo que esto no se revela hasta el final -el último diálogo de la película es de Juan hacia Pedro: “¿Todo en orden?”, una expresión que certifica aún más si cabe, ese pacto tácito de las dos Españas-. Solo entonces se entiende que el motivo de esta película nace de intentar trasladar esta tesis y no tanto de un juego de enigma sobre el auténtico asesino.

Por eso creo que generó tantas dudas cuando se estrenó. Parte de esa “resistencia” a aceptar el final planteado, puede venir porque desde mi punto de vista se rompe el pacto que establece la película con el espectador, puesto que cuando la tesis toma el control de la película se olvida por completo de la resolución de la trama. Quiero decir, durante el primer y segundo acto, la película sí que sigue un esquema clásico de cine policiaco o de investigación con un enigma. Un esquema que el espectador conoce y le es cómodo, donde cree establecer un contrato con la película que le permite “jugar” a ser él el detective. Cuando llegamos al tercer acto, con las cartas ya sobre la mesa, la película cambia ese lenguaje, hasta ahora más narrativo basado en la peripecia y se empieza a mover en un terreno más reflexivo. El espectador ya no puede anticiparse a nada, ya no puede participar. Se le han cambiado las reglas del juego de golpe y eso genera confusión.

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Espero no haber sido muy obtuso. Creo que la película funciona y es coherente. Si el único problema que se le puede acusar es que ha generado debate, pues qué suerte, ojalá siempre haya películas que nos permitan debatir o hacer post como estos.


ANÁLISIS DE PELÍCULAS: LEGISLATURA MORTAL

8 junio, 2015

por Sergio Barrejón.

A continuación vamos a analizar la película “Legislatura mortal”, estrenada a finales de 2011 y que todavía sigue en cartel, previsiblemente hasta mediados del próximo otoño.

Protagonista: los productores del cine español.

Objetivo: vivir de hacer películas.

Obstáculos: los recortes presupuestarios, el IVA cultural, la falta de un modelo económico alternativo, la confianza absurda en que el antagonista dejará de joder.

Antagonista: el Gobierno de Rajoy.

Primera escena: A finales de 2011, Mariano Rajoy llega al Gobierno.

Incidente desencadenante: El Gobierno rebaja en 200 millones el presupuesto de TVE.

Desarrollo primer acto: A principios de 2012, el Gobierno nombra directora general del ICAA a Susana de la Sierra, una mujer joven, preparada, dialogante, políglota. Un truco de guión bastante viejo: disfrazar de cordero al lobo feroz. De hecho, una de las primeras medidas que tiene que anunciar la nueva directora del ICAA es un recorte del 36% en el presupuesto del ICAA. Desaparecen las ayudas a creación de guiones, a películas para televisión, y a distribución. Las ayudas a cortos se quedan en la mitad.

Primer giro: A mediados de 2012, el Gobierno anuncia que el 1 de septiembre subirá el IVA cultural del 8% al 21%. Una maniobra algo previsible, teniendo en cuenta el background: sed de venganza del PP contra el sector de las artes escénicas desde las humillaciones –merecidísimas- sufridas en 2003 (Hay Motivo, los Goya del No a la guerra, etc).

Segundo acto: En el verano de 2012, cuatro mil empresas de la industria cultural envían una carta al Gobierno pidiéndole que demore la subida del IVA al menos seis meses, razonando que la medida será muy dañina para el sector.

A principios de 2013, el presupuesto del ICAA vuelve a caer. Pero en verano, el Ministro Wert anuncia que está abierto a revisar el IVA cultural. Muchos productores audiovisuales quieren ver en esa vaga declaración una “voluntad de diálogo”. (Esto está mal. Las historias no se cuentan con diálogos, sino con acciones. Ejemplo de acción significativa: el Ministro de Cultura no asiste a la gala de los Goya.

Punto medio: A principios de 2014, después de recortar aún más el presupuesto del ICAA, el Gobierno decide bajar el IVA… de la compraventa de obras de arte. El de cine y artes escénicas se queda igual. Muchos productores protestan, pero Montoro los aplaca, otra vez, con una simple línea de diálogo: “Ya hemos bajado el IVA de las obras de arte y ahora trabajamos en el resto de la reforma fiscal de la cultura”.

A mediados de 2014, la Unión de Asociaciones Empresariales de la Industria Cultural envía otra carta al Gobierno reclamando la supresión inmediata del IVA al 21%. Le dan dos meses al Gobierno, o empezarán a ESTUDIAR MEDIDAS (inserte aquí sus risas de lata). Como era absolutamente previsible, el Gobierno ni contesta. Pasan dos meses y… bueno, ¿recuerdan alguien las medidas de protesta? Pues eso.

Segundo giro: En julio de 2014, dimite la directora del ICAA. Después de luchar a brazo partido porque las desgravaciones fiscales llegasen a un nivel razonable, y visto que el Gobierno no tiene la menor voluntad de tomar ninguna medida que favoreciese a la industria cultural, Susana de la Sierra asume que Rajoy, Wert y Lasalle la han engañado y que no tiene sentido seguir haciéndoles el juego.

Tercer acto: En noviembre de 2014, los productores –no os lo vais a creer, pero os juro que es cierto, la hemeroteca no miente– envían OTRA CARTA al Gobierno pidiéndole que baje el IVA cultural. Aquí el presidente de FAPAE explicando su estrategia epistolar:

A principios de 2015, y ante la cercanía de la gala de los Goya, el Gobierno anuncia que “subirá” el presupuesto del ICAA hasta los 55 millones. (Una cifra que es exactamente la misma que tuvo en 2013. O sea, la mitad de lo que el ICAA tenía al final del Gobierno Zapatero. O sea, que de subida nada). También anuncia que están “estudiando” la posibilidad de bajar el IVA cultural. Ya no es que recurran a diálogos cutres. ¡Es que hacen copy-paste!

Clímax: los productores piden prudencia en la gala. Nada de protestas. A todo el que va a subir al escenario se le pide que firme un contrato en el que se compromete a no salirse del guión. El actor Carlos Areces se niega a firmarlo, y le impiden entregar el premio para el que lo habían convocado. Es más: lo expulsan del backstage. El Presidente de la Academia exige en su discurso que el Gobierno baje el IVA y Almodóvar advierte a Wert que no le considera su amigo.

Escena final: En la primavera de 2015… Rajoy descarta definitivamente bajar el IVA cultural en los seis meses que le quedan de legislatura.

Conclusiones:

-El antagonista es un malo de bigote, de culebrón barato, empeñado en hacer el mal porque sí, sin beneficio propio.

-El protagonista insiste una y otra vez en una maniobra obviamente inútil, como una polilla dándose una y otra vez contra una bombilla. Además, se cree lo que le dice el antagonista cuando resulta obvio que miente. Cierto que el pobre no tiene muchas alternativas de ganar la batalla, pero caramba: ¡Es el prota! ¡Que se deje de cartas y haga alguna maniobra desesperada!

-El clímax no tiene fuerza. Sólo son palabras.

-El final no sorprende a nadie. No es más que una repetición de lo mismo que llevamos viendo toda la película.

-Los únicos personajes potentes son Susana de la Sierra y Carlos Areces. Son los únicos que emprenden acciones que los dignifican. Cierto que no consiguen nada reseñable, pero lo intentan, y eso les da una dimensión trágica que los hace interesantes.

Recomendación final:

Esta película es una mierda. Reescribir en profundidad y presentar nueva versión en noviembre de 2015.


ANÁLISIS DE PELÍCULAS: “INTOCABLE” (Spoilers)

22 abril, 2012

Por Daniel Castro

“Intocable” es el fenómeno taquillero de la temporada. En una época de flojas recaudaciones, esta película francesa se ha convertido en la película más taquillera de la historia en su país y ha tenido un éxito impresionante también en el extranjero.

¿Cuáles son los motivos de éste éxito popular? Imagino que hay muchos y que sería difícil enumerarlos todos. Sin embargo, vamos a intentar analizar el guión, tal vez haya en él algo que nos explique este éxito tan extraordinario para una película que no cuenta con estrellas, un argumento muy original o un gran presupuesto.

Vamos con el análisis. Evidentemente, si seguís leyendo, encontraréis millones de spoilers.

Breve resumen

Driss, un joven negro, entra a trabajar como cuidador de Phillipe, un millonario parapléjico. Pese a ser aparentemente el candidato menos apropiado para el puesto, de la relación entre estos dos hombres tan opuestos, ambos salen ganando.

Pequeño análisis de la estructura

Secuencia pre créditos: Driss lleva en coche a Philippe. Parados por la poli. Philippe finge un ataque para simular que iban al hospital. Acaban escoltados por la policía. Driss ha ganado la apuesta.

Detonante de la acción:

Driss se presenta a una entrevista de trabajo para cuidar a Phillippe. No tiene esperanza de obtener el trabajo. Acude a la entrevista para poder volver a cobrar su subsidio del paro. (Minuto 10)

Primer acto:

Driss aprovecha la visita a Philippe para robarle un valioso huevo Fabergé.

Presentación del entorno de Driss; marginalidad, pobreza y hacinamiento.  Mala relación con su familia.

Primer punto de giro:

Cuando Driss acude a recoger su papel firmado, se da cuenta de que Philippe le ha elegido para el puesto de cuidador. (Min. 20)

Segundo acto:

Driss acepta el puesto.

Montaje cómico en el que vemos cómo Driss se adapta a regañadientes a su trabajo. Mientras se presenta el entorno de Philippe: su hija adolescente y malcriada, el personal que trabaja a su servicio…

Poco a poco, Driss va haciendo con mayor placer el trabajo. Su optimismo contagioso va calando en Philippe y su entorno.

Philippe sufre una grave crisis. Driss le ayuda. Tras ella, Philippe le cuenta cómo sucedió el accidente que le dejó paralítico.

Driss se entera de que Philippe se cartea con Eleonore, una mujer a la que no se atreve a conocer en persona por miedo a que ésta le rechace por ser paralítico.

Indignado al ver que Philippe se niega a dar el primer paso y citarse con Eleonore, Driss llama a la mujer. Gracias a la intervención de Driss, Philippe se cita por fin con Eleonore. Va a enviar una foto en la que se ve que es paralítico.

Sin embargo, Philippe no se atreve a acudir a la cita. No cuenta nada sobre ella a Driss.

El hermano/sobrino de Driss aparece por la casa de Philippe: le han dado una paliza relacionada con el tráfico de drogas.

Segundo punto de giro:

Philippe se da cuenta de que el sobrino/hermano de Driss necesita que éste esté con él. Por ello le “despide”. (Min. 85)

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Tercer acto:

Cuando se va a marchar, Driss se da cuenta de que Philippe nunca llegó a mandar la foto en la que se le veía como paralítico. Imagina que por ese motivo no se atrevió a ir a la cita con Eleonore.

Mientras, Driss arregla los problemas de su familia, Philippe se comporta odiosamente con sus nuevos cuidadores. Claramente, echa de menos a Driss. Y se culpa por no haber tenido el valor de acudir a su cita con Eleonore.

Driss, más culto y educado gracias a su relación con Philippe, logra encontrar trabajo en una empresa de mensajería.

Avisado de una crisis aguda de Philippe, Driss acude para ayudarle.

Driss lleva a Philippe a una cita que, sin avisarle, ha concertado con Eleonore.

Driss se despide después de dejar a Philippe con Eleonore.

Protagonistas:  Driss, Philippe

Antagonistas: Marginalidad, pobreza (para Driss). Paraplejia, enfermedad, miedo (Philippe).

Objetivo de los protagonistas: Salir adelante en la vida, mantener a la familia unida y segura. Encontrar el amor.

Aliados: Philippe (para Driss), Driss (para Philippe). Personal al servicio de Philippe.

Obstáculos, reveses: Prejuicios sociales, traficantes de drogas…

Mi análisis:

Driss, un joven negro con antecedentes penales, responde al anuncio de un millonario paralítico que busca a alguien para cuidarle. Sorprendentemente, pese a su agresividad durante la entrevista, Philippe le contrata. Según explica luego Philippe, lo que le gustó de Driss fue el ver que no le tenía compasión alguna. Estaba harto de lidiar con cuidadores que tenían piedad de él.

Desde ese momento, la película se convierte en una sucesión de escenas que muestran el contraste entre esos dos personajes tan opuestos: un hombre sano e irreflexivo frente a un paralítico culto y muy poco espontáneo.

Driss recibe algunos conocimientos y experiencias que le ayudan a conseguir un nuevo trabajo, pero… el gran beneficiado de esta relación es el paralítico Philippe, que recibe una enseñanza de Driss. Decidir lanzarse al mundo, a intentar conquistar a una mujer, sin miedo a que su parálisis le haga indeseable.

El título original francés “Intocables” hace referencia, imagino, a los integrantes de la secta más baja en la India, aquellos con los que nadie quiere relacionarse. Seguramente es eso lo único que Philippe y Driss tienen en común: formar parte de grupos marginados aunque, eso sí, por diferentes motivos.

Me resulta difícil señalar cuáles son los puntos de giro de la historia, ya que, básicamente, los personajes, desde que se conocen, pasan a llevarse bien y a ayudarse el uno al otro. Básicamente, es la historia de una amistad.

Driss impulsa a Philippe a disciplinar a su hija díscola y, sobre todo, a dar el paso y conocer en persona a la mujer con la que mantiene desde hace ya tiempo una relación epistolar.

Philippe, por su parte, intenta proporcionar algo de cultura a su cuidador y también, a su vez, anima a Driss a arreglar sus problemas familiares (para que tenga tiempo de hacerlo, prescinde de él como cuidador).

En el fondo, las tramas son muy sencillas e incluso previsibles. Los conflictos se resuelven de modo tan simple que, en algunos momentos casi parecen caricaturas: Driss tiene una conversación (que no escuchamos) con un tipo y así consigue que éste deje de usar a su sobrino/hermano como camello, Driss hace (en off) unas gestiones y se lleva a Philippe a una perfectamente preparada cita con Eleonore que tiene toda la pinta de ser un gran éxito. Otras tramas se resuelven de manera igualmente sencilla y positiva: el repelente novio de la hija de Philippe se vuelve encantador tras una cuantas amenazas de Driss, éste vende un cuadro por una suma considerable pese a ser la primera vez que se pone ante un lienzo, Phillippe logra disciplinar a su hija simplemente repitiendo unas enérgicas palabras de Driss…

En “La semilla inmortal” el ya clásico libro de Xavier Pérez y Jordi Balló se hablaba de varios argumentos que se repiten en prácticamente todas las culturas y formas de narración. Me acordé de uno de ellos, “el intruso benefactor”, al ver “Intocable”. Driss sería, según ese paradigma, el recién llegado (e inadaptado) que viene a sacudir las convenciones y costumbres de una comunidad para mejorarla. El Nuevo Testamento o “Raíces profundas” serían dos ejemplos muy diferentes de este esquema narrativo. “Intocable” comienza con un amargado Driss llegando a casa de un millonario que parece igualmente infeliz. Acaba con un Driss sonriente, marchándose después de haber dejado a un feliz Philippe ante una mujer que parece quererle.  La cámara se eleva y el intruso benefactor se aleja de Philippe y de nosotros, los espectadores, a los que también, en cierto modo, ha hecho felices.

Si la trama de “Intocable” es tan sencilla e incluso en algunos momentos incluso algo torpe (por ejemplo: la inverosímil decisión de Philippe de echarle para que Driss arregle los problemas de su casa, la facilidad con que Driss lo hace), ¿cuál es la clave para que ésta pequeña película apenas promocionada lleve muchas semanas instalada entre las más vistas de medio mundo?

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Yo diría que hay varias claves. Muchas de ellas (el estado de gracias de los actores, la inteligente producción de la película, etc) escapan al trabajo del escritor, pero otras no. ¿Qué tiene el guión de “Intocable” para conseguir tal éxito? En mi opinión: personajes muy humanos, sentido del humor y un final optimista.

Driss y Philippe están muy bien caracterizados. De la oposición entre ambos, de su excéntrica convivencia, surge la mayoría de los gags de la película que, en muchos casos se nutre también de gags de “pez fuera del agua” (Driss asiste a una ópera, come postres sofisticados que cree a medio cocinar…). Sin embargo, ninguno de los personajes tiene “mal fondo”. Driss es, en el fondo, un buenazo. Lo mismo que Philippe. Todo el personal al servicio del millonario e incluso su hija malcriada resultan agradables si se les trata de entender o se los trata con la severidad necesaria.

Pese a que las tramas de “Intocable” sean sencillas, pese a que no haya en toda la película una sola idea novedosa, hay algo muy meritorio en su capacidad para tocar el corazón de los espectadores. Pese a que los recursos que utiliza son muy conocidos, no debe de ser tan fácil utilizarlos hábilmente. De lo contrario, muchos habríamos escrito películas tan exitosas como ésta.

“Intocable” trata de mostrarnos que todos tenemos una oportunidad de ser mejores y de superar nuestros miedos. Nos muestra que los demás pueden ayudarnos aunque esto parezca improbable debido a las diferencias que nos separan de ellos. En una época desengañada, “Intocable” vende esperanza, buen humor y fe en el ser humano. Por ocho euros, parece una buena compra.

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ANÁLISIS DE PELÍCULAS: LOS HOMBRES QUE NO AMABAN A LAS MUJERES (espoilers)

13 febrero, 2012

Por Daniel Castro (Guionista en Chamberí)

(“The Girl with the Dragon Tattoo”, David Fincher, 2011).

Hola a todos. De vuelta por aquí para un análisis.

Las reglas son las de siempre. A partir de aquí hay dragones. Espoilers. Adéntrate si quieres, pero no reclames.

“Los hombres que no amaban a las mujeres” es la adaptación norteamericana de la primera novela de la trilogía “Millenium”, del escritor sueco Stieg Larsson.  Las novelas alcanzaron un descomunal éxito comercial. Tras una adaptación sueca de toda la trilogía, llega la versión norteamericana. La primera de las novelas la ha adaptado  Steven Zaillian (autor, entre otros, del guión de “La lista de Schindler” y coautor del de “Moneyball”, actualmente en cartelera).  La dirección ha corrido a cargo de David Fincher.

Breve resumen

Mikael Blomkvist, un periodista que ha fracasado en su intento de desenmascarar a un corrupto empresario (Wennerström) se embarca en la resolución de otro caso. Otro empresario, Vanger, le promete entregarle a cambio información reveladora sobre su enemigo. Para investigar este asunto, la desaparición de Harriet, sobrina de Vanger, contará con la ayuda de una singular hacker, Lisbeth Salander, con la que iniciará una relación sentimental.

Pequeño análisis de la estructura

Detonante de la acción: Mikael es condenado por acusar sin pruebas al empresario Wennerström. Perderá todos sus ahorros. La condena además supone en gran desprestigio para la revista “Millenium” con cuya directora tiene una relación sentimental que no parece del todo oficial.

Primer acto:

Tras su caída en desgracias, Mikael recibe la oferta de Vanger, un viejo empresario: si resuelve un viejo misterio familiar (la desaparición de su sobrina Harriet) le proporcionará información confidencial para poder desprestigiar a su enemigo Wennerström.

En una línea paralela, Lisbeth Salander, hacker contratada por Vanger para investigar a Blomkvist antes de encargarle el trabajo, sufre un inesperado cambio de “tutor” (minuto 23, punto de giro de la trama personal de Lisbeth).

Primer punto de giro: (Minuto 25) Blomkvist deja la revista, acepta el trabajo de Vanger y se va a Henested.

Segundo acto:

Blomkvist comienza a investigar el caso de Harriet Vanger: conoce a toda la familia Vanger.

Mientras tanto, el nuevo tutor abusa sexualmente de Lisbeth: sólo si le complace tendrá acceso a su dinero.

Trama de Lisbeth Salander. Lisbeth se venga de su tutor. Le chantajea y logra acceder a su dinero. (min. 65)

Trama principal: Blomkvist descubre que las anotaciones del cuaderno de Harriet corresponden a citas bíblicas. Se abre la posibilidad de que el caso de Harriet tenga que ver con un asesino en serie. (Min. 72) (Para mí este punto marca el centro del segundo acto)

Blomkvist necesita ayuda y “contrata” a Lisbeth. Ambas tramas se funden. Min. 76

Lisbeth halla las muertes correspondientes a las citas bíblicas. Se confirma la teoría del asesino en serie.

Blomkvist recibe un disparo. Lisbeth le cura. Se acuestan. (Min. 98)

Segundo punto de giro:. (Min. 110) Cada uno por su lado, Lisbeth y Blomkvist averiguan la relación del padre de Martin con los crímenes. Lisbeth también averigua la relación del propio Martin.

Tercer acto:

Mikael acude a ver a Martin mientras Lisbeth trata de llegar a tiempo para avisarle de lo que ha averiguado.

Clímax: Mikael a punto de morir a manos de Martin. Lisbeth llega a tiempo de liberarle. (min. 120)

Martin muere, perseguido por Lisbeth. (Min 130)

El caso está resuelto. Harriet, en contra de lo supuesto, está viva, en Londres. Bajo otra identidad.

Tercer punto de giro: la información sobre Vennerström que Vanger entrega a Blomkvist es inútil. No podrá vengarse de su enemigo. (Min. 140)

Cuarto acto:

Actuando por su cuenta, gracias a información obtenida ilegalmente y a un préstamo de Blomkvist, Lisbeth logra desviar los fondos de Vennerström.

Vennerström, desprestigiado y arruinado, muere a tiros. (Min 150)

Lisbeth, enamorada de Blomkvist, le compra un regalo. Ve cómo éste vuelve con su pareja. Lisbeth se marcha, desengañada, tras tirar el regalo. (Min. 153)

Protagonistas:

Mikael Blomkvist y, en menor medida, Lisbeth Salander

Antagonista:

Wennerstrom, Martin Vanger (el asesino), el tutor de Lisbeth.

Objetivo del protagonista:

Probar la culpabilidad de Wennerström, para ello, resolver el caso de Harriet Vanger. Establecer la verdad. Recuperar su prestigio.

En el caso de Lisbeth: ayudar a Blomkvist, del que está enamorada, a desenmascarar a Wennerström. Además, parece tomarse de manera personal los casos sobre violencia contra mujeres. Posiblemente sufre algún trauma por alguna experiencia anterior.

Aliados: Vanger, Lisbeth (si consideramos a Blomkvist el único protagonista), algunos miembros de la familia Vanger, policías, testigos…

Obstáculos, reveses: Tutor de Lisbeth, disparo, otros miembros de la familia Vanger…

Mi análisis:

Me da la impresión de que cualquiera que haya visto la última película de David Fincher habrá salido con una extraña sensación.

La película parece acabar veinte minutos antes del final.

Pero sigue.

Aunque la película nos presenta inicialmente a Blomkvist derrotado por un empresario que acaba de ganarle en los tribunales, todo parece empezar realmente cuando el millonario Vanger le ofrece resolver un asunto familiar. Esto se debe en gran parte a que nunca presenciamos un enfrentamiento entre Blomkvist y su antagonista, a que se nos presenta la derrota inicial del protagonista como algo que simplemente detona la acción. A Wennerström se le ve escasos segundos y, casi siempre, a través de breves declaraciones a la televisión. Evidentemente, no parece el tipo de presencia que suele tener el antagonista del héroe en una película convencional.

(Por cierto, la historia ocurre en Suecia pero… los personajes hablan en inglés – muchos de ellos con acento nórdico. Muchos textos están en sueco. Otros, en inglés. Imagino que la decisión de mantener la historia en Suecia, en lugar de adaptarla a los Estados Unidos tiene que ver con mantener algunos elementos de las novelas – implicación de algunos personajes en el nazismo, por ejemplo – pero admito que me produjo una extraña incomodidad durante gran parte de la película ver a actores norteamericanos haciendo de suecos que hablan entre sí en inglés – eso sí cada uno con su interpretación del acento nórdico).

Otra singularidad de la película de Fincher es la trama de Lisbeth Salander, que se mantiene casi completamente independiente de la principal durante la mitad de la película. Esta subtrama sirve para presentar al personaje más singular de la película y, en mi opinión, contiene las mejores secuencias, sin embargo, desde un punto de vista estrictamente narrativo, todas ellas son prescindibles. No es necesario para comprender la historia principal el saber que un tutor abusa de Lisbeth y que ésta se venga finalmente de él.

El grueso de la película, lo que podríamos calificar de larguísimo segundo acto (o de segundo y tercer acto en una estructura de cuatro) consiste en la resolución de un caso familiar que afecta a los Vanger, una rica familia cuyos miembros no parecen llevarse demasiado bien entre sí. Algunos de ellos tuvieron vergonzantes simpatías por los nazis.

La investigación sigue los procedimientos habituales: búsqueda de documentación, entrevistas con testigos y/o familiares de la desaparecida. Un giro sorprendente tiene lugar cuando, gracias a una anotación en la libreta de Harriet, Blomkvist sospecha que el caso tiene algo que ver con una serie de versículos bíblicos. Y, tal vez, con un asesino en serie.

En mi opinión, esta trama tiene algo de tópica: el propio Fincher dirigió una gran película de psicópata asesinando según textos religiosos (en aquél caso, los 7 pecados capitales). De “Se7en” hace ya 16 años. Desde entonces, se han rodado incontables thrillers con este tipo de argumento.

Pese a estar hábilmente escrita y excelentemente dirigida, la historia principal resulta, en mi opinión, algo vulgar: la pista de la libreta lleva al clásico mapa en el que se marca el lugar en el que apareció cada víctima, la investigación sobre los movimientos del tío de Harriet acaba indicando que éste se encontraba siempre en la ciudad en la que se cometió el crimen. Una original (y en mi opinión algo inverosímil) variante sobre el tema del psicópata aparece cuando se descubre que Martin siguió los pasos de su padre cuando éste falleció y continuó sus crímenes siguiendo un ritual similar.

Martin muere y la desaparecida Harriet es localizada por Blomkvist en Londres, donde vive bajo otro nombre. Ahora que el asesino ha sido descubierto, puede regresar con su familia. El regreso de Harriet, que es abrazada por su tío ante la mirada de los investigadores sería la penúltima secuencia de una película clásica. La última permitiría adivinar cómo será en el futuro la relación entre los dos investigadores y qué futuro les espera.

Sin embargo, ahí es donde “Los hombres que no amaban a las mujeres” (y tal vez también la novela y la película sueca – no las conozco) resulta sorprendente. De pronto, la historia vuelve a ser la de Mikael contra el empresario que ganó su demanda por difamación, ese Wennerström al que apenas hemos visto.

El cuarto acto (o larga coda) de la película muestra como Lisbeth ayuda a  Mikael a librarse de Wennerström. Es llamativo que el protagonista de la película desaparezca casi completamente en los veinte últimos minutos y que la resolución de su problema principal recaiga en su colaboradora y amante.

Hacía tiempo que no veía una película comercial que transgrediera así las “normas” del guión.

La pregunta es ¿funciona?

Mi respuesta es… no lo sé. Algunos opinarán que la parte final, con Lisbeth disfrazándose y arruinando al empresario en un vertiginoso montaje es prescindible. Otros la contemplarán con interés. Personalmente, encontré que la maravillosa manera de dirigir de Fincher hacía que esa última parte de la película fluyera mágicamente. Sin embargo, también fui consciente de estar viendo algo que pertenecía a “otra historia”. Me gustó, pero mi implicación emocional, ahora que había acabado la historia principal, fue mínima. Narrativamente es una decisión arriesgada.

¿Por qué se tomó esta decisión?

Sobre esto, evidentemente, sólo podemos lanzar especulaciones.

Ahí va la mía:

Opino que acabar tras la resolución del caso principal hubiera dejado para los espectadores las cosas excesivamente cerradas… si lo que uno pretende es producir dos películas más con los mismos personajes.

Los veinte últimos minutos permiten que veamos al duro personaje de Salander arruinar a Wennerström sólo por amor a Blomkvist. La última secuencia, nos revela que ese amor no parece correspondido. ¿Será así como acabe la relación de los dos? ¿Volverán a unirse? Dejar estas preguntas en el aire tal vez anime a más espectadores a ver la segunda parte de la trilogía.

La pregunta que yo me hago es esta otra. ¿La siguiente película también la dirigirá Fincher? En caso afirmativo, la veré, sin duda.


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