SORTEAMOS “ANOCHECE EN LOS PARQUES”, DE ÁNGELA ARMERO

3 enero, 2017

Ángela Armero es guionista de series como Velvet y Hospital Central y de películas como El Diario de Carlota. Ha escrito y dirigido varios cortometrajes, y ha publicado varias novelas. La última, ANOCHECE EN LOS PARQUES, ganó el Premio Jaén de Narrativa Juvenil 2016… y te la vas a llevar GRATIS.

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Para concursar, sólo tienes que ser suscriptor de nuestro boletín LA SEPARATA (si no lo eres, pincha en el enlace, que es gratis) y estar atento al correo. Dentro de muy poco te contaremos cómo participar en el sorteo de los cinco ejemplares que nos ha cedido su editorial, Montena.

Y ahora seguimos con nuestras vacaciones. La semana próxima volvemos con contenidos nuevos. Entre ellos, la entrevista que Nico Romero le ha hecho a Alberto Caballero destripando el proceso de creación de “La que se avecina”, y una reflexión de Juanjo Ramírez Mascaró sobre los imbéciles que piden las cosas para ayer.

Feliz año. Y no olvidéis suscribiros a LA SEPARATA.


MI EXPERIENCIA EN IBERMEDIA

28 enero, 2016

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Cuando le conté a un par de personas cercanas que me habían seleccionado un proyecto en el programa de desarrollo Ibermedia, tuvieron la misma reacción.

-De tutora, ¿no?

-No.

La verdad es que es un halago que me sitúen al nivel de los tutores y tutoras del programa (entre los que se encuentra el bloguionista David Muñoz), pero les parecía sorprendente que con cierto grado de veteranía allí estuviera yo, con mi guión, bajo el brazo, dispuesta a recibir consejos, collejas, sugerencias, diagnósticos y tortas de todo pelaje. Yo, la verdad, no sabía qué me iba a encontrar. Lo único seguro es que tenía un guión con necesidad de mejorar y la ocasión de dejarme aconsejar por algunos ilustres a quienes no conocía.

Dos meses después de acabar el curso, puedo decir que ha sido un acierto haber participado, y que mi guión ha mejorado mucho.

Dejadme que os hable un poco de la mecánica del programa, en el que pueden participar guionistas y directores/as de España y toda América del Sur. (En caso de que el participante sea de fuera de Madrid, se le paga el viaje y el alojamiento.)

Hay dos fases, una por cada tutor. Son tres semanas con uno, tres semanas con otro. Dos visiones distintas que se suceden mientras tú vas haciendo y deshaciendo a lo largo de las semanas que dura el curso. Los tutores van siguiendo tus progresos y opinando sobre las modificaciones que se hacen hasta la versión definitiva. Además, el curso incluye un curso de pitching (destinado a hacerlo en 90 segundos; muy útil) y un pitch con productores y festivales internacionales, sesiones sobre producción, y adicionalmente puede ser una vía interesante para entrar en contacto con vías de coproducción, especialmente con países latinoamericanos. Y por último, pero no menos importante, está la maravillosa oportunidad de conocer a guionistas y director@s de todos los países latinoamericanos y descubrir en sus guiones historias que suelen ser absolutamente diferentes a lo que solemos leer en España, al tiempo que compruebas que, aparte del lenguaje, la pasión por el cine nos hermana a todos. (Esto es cursi, pero es verdad.)

En mi caso, el primer asesor fue Andrés Koppel. Me hizo entender muchas cosas que no os diré porque si queréis aprender, es mejor que os las cuente él. El segundo fue Tomás Aragay, y empezó repartiendo una leña desconocida. Pero fue increíblemente útil también. La suma de los dos me hizo ver el guión desde un lugar diferente, probar sus fortalezas y fomentarlas, destruir o transformar sus debilidades, y sobre todo, des-escribir y hacerme muchas preguntas. Encontrar la esencia y liberarme de palabras y acciones innecesarias. Hallar, en definitiva, el guión dentro del guión, el guión pulido, aproximarte a la película “platónica” que lleva tiempo habitando en tu cabeza pero que no has sabido transmitir aún en el papel.

Independientemente de las horas de vuelo de cada guionista (y es verdad que los niveles de experiencia dentro del programa varían mucho) creo que nunca sobra enseñarle tu guion a un profesional y pedirle su opinión, con profundidad y sin excesivo “cariño” de por medio. Los amigos y las amigas (sean colegas de profesión o no) tienen un problema: pueden tener una visión privilegiada, pero nos quieren, o eso deben hacernos creer, y eso nubla su visión. Es bueno entrar en esa arena, como gladiadores del guión y pensar “Ave César, los que van a descuajaringar su guion te saludan” y asumir que la mayoría de las veces lo que escribimos no vale ni el precio de los árboles caídos para imprimirlo.

Pero sin duda, lo mejor de Ibermedia para mí, aparte del beneficio impagable de haber mejorado la historia, y aunque tenía miedo de que esos Jedis del guionismo destruyeran mi fluctuante autoestima, es la sensación de sentirme padawan de nuevo.

Sí, estudiante de nuevo. Con el 100% de mi atención en las páginas, como hacía tiempo que no me sentía. Una auténtica reconexión con la parte de mí misma que quería contar historias, muchos años después de la chispa inicial. Recuperar el ensimismamiento, la pasión, y por qué no decirlo, el combate contra la frustración de no poder escribir lo que se quiere, sino lo que se puede.

Hay que caminar siempre hacia esa idea de perfección, aunque no se consiga. Cuando éramos más principiantes nos motivaba la idea de dedicarnos a esto. Ahora que tenemos el privilegio de hacerlo con mayor o menor continuidad, la fortuna es aspirar a hacerlo cada día mejor. Y eso es lo que mantiene la energía creativa crepitando dentro de nuestras cabezas.

¿Acaso merecería la pena esta profesión si la llama se hubiera apagado?

El plazo para recibir solicitudes para la siguiente convocatoria concluye el 6 de Marzo. Las bases están aquí. 

Otros enlaces de interés

Entrevista a Mariana Barassi, coordinadora del curso

Preguntas frecuentes

 


9 ENLACES PARA EL FIN DE SEMANA

30 enero, 2015

Por Alberto Pérez Castaños. 

1. Supongo que a estas alturas ya conocéis el colectivo 70 teclas. En este enlace de nuestro blog podéis descargar los guiones que han publicado hasta la fecha –a falta del de ‘La isla mínima’–, además de un buen puñado de trabajos de Berlanga, Azcona y Bardem y otros tantos escritos por Bloguionistas y colaboradores. 

2. Y en éste podéis leer una entrevista bastante interesante a Stephen King y su ordinaria vida como señor del terror. Tiene 67 años y, exacto, sigue escribiendo como una auténtica bestia.

3. La bloguionista Ángela Armero y Daniel Martín han escrito una novela sobre los orígenes de las galerías Velvet. La producción de Bambú está siendo un éxito, pero a la novela tampoco le va mal. Si te gusta la serie, estás tardando en comprarlo.

4. Tampoco les está yendo mal a los compañeros DAMA con sus conferencias de los martes. Lleno en las del mes de enero y todo parece indicar que repetirán éxito con las de febrero, porque mira qué cartelazo.

5. Uno de los guionistas que pasó por los Martes de DAMA fue Rafael Cobos, coautor de ‘La isla mínima’ junto a Alberto Rodríguez. Aquí puedes leer una entrevista al director sevillano, reciente ganador del premio Feroz.

6. David Seidler es el guionista ganador de un Oscar por ‘El discurso del rey’. También es un gran pescador. Y tiene un método de trabajo interesante. Lo sé porque lo dice en este vídeo:

7. Larry David no tiene un Oscar ni falta que hace. El creador junto a Jerry Seinfeld de la sitcom más exitosa de todos los tiempos debuta en Broadway como autor y actor. Aquí, un reportaje bastante completo sobre el asunto. Ojo, que también está bastante en inglés.

8. Filmarket Hub acaba de convocar la segunda edición de Pitchbox. Si no sabes lo que es pégale un vistazo, porque es muy probable que te interese.

9. Y, para terminar, le pegas otro vistazo a este ciclo organizado por la Fundación SGAE con las películas nominadas al Goya. Del 1 al 22 de febrero en la Sala Berlanga de Madrid por sólo 3 euros.

Buen fin de semana.


FLASHBACK: VENDEDORES DE ILUSIONES

11 septiembre, 2011

por Ángela Armero

Llevo cierto tiempo trabajando en la creación de nuevas series en lo que podríamos llamar cariñosamente Development Hell, Development’s Kitchen, o Arrested Development.  Es que un trabajo tan bonito como frustrante, porque es muy difícil dar con la formula del éxito.

Como dice William Goldman NADIE SABE NADA, si la gente (ya sean productores, directores o escritores) supiera cómo se fabrica un éxito todo el mundo tendría uno; es muy complicado materializar una serie, al igual que pasarse un tiempo invirtiendo tiempo y esfuerzo en un proyecto que se moverá por las cadenas en un ciclo de dos o tres meses para, en la mayoría de los casos, quedarse en el papel. Esto mismo sucede casi siempre con las películas; es como si lleváramos un año o dos ahorrando y en una noche de casino nos lo jugáramos todo. Podemos ganar, pero estadísticamente es más fácil perder.
En la vida cotidiana de casi todo guionista existe una carpeta, ya sea de cartón, informática o cerebral en la que vamos apuntando todo lo que responde a la etiqueta de “ideas nuevas”, para una serie, para una película, para cualquier cosa. Nuestra mentalidad creativa nos habla de historias y personajes, y a veces otra parte de nuestra mente, la pragmática, nos puede sugerir elementos que ayuden a vender la serie, como por ejemplo, ser familiar, ser barata, ser reconocible a la par que original, contar con el apoyo de un actor o una actriz que vendan mucho, tocar un tema de actualidad o una tendencia (histórica, fantástica, etc). Pero aún así, la fórmula del éxito sigue siendo esquiva.
El otro día estaba viendo un capítulo de “The Big Bang Theory” y pensé que quizá había otra forma de pensar en qué es lo que el espectador quiere, como en un ejercicio de “ingeniería inversa” de todo a cien. Es decir, ¿qué es lo quiero yo como espectador? ¿Qué es lo quiero yo, casi como persona?
Quiero vivir dentro de “Friends” y de “The Big Bang Theory”.
Quiero ser joven para siempre, no preocuparme de nada, vivir con mis amigos y tener a mi “love interest” en la puerta de enfrente.
Quiero ser libre.
Quiero vivir en una nebulosa temporal sin cargas familiares ni problemas demasiado graves.
Quiero estar rodeada de gente que lanza chistes brillantes cada dos frases y que nunca se enfada en serio conmigo.
Quiero estar en un universo en el cual ni la salud ni el dinero parecen condicionar las vidas de las personas.
Quiero vivir la década de los veinte, una y otra vez.
Y entonces pensé, que aparte de buenas historias, buenos personajes, medios de producción suficientes, buenos profesionales y todos esos aditamentos que ayudan a vender y consolidar una serie, quizá la ilusión sea un factor infravalorado.
Puede que el mayor imperativo a la hora de construir esos universos más o menos estables en los que volcamos la ficción (sobre todo en las sitcoms) debiera ser crear un mundo del que nos gustaría formar parte.
Tampoco digo que eso explique el éxito de todas las series, pero creo que este “ingrediente x” parcialmente sí contribuye al de estas dos que menciono y que a mí me encantan (y al mundo entero.)
Está muy bien vender zapatillas, móviles, escenas de sexo y de violencia pero la ilusión de ser libre, de vivir un amor apasionante, de ser eternamente joven… eso no tiene precio.

(Publicado originalmente en Bloguionistas el 25 de junio de 2010)


FLASHBACK: ¿SOMOS LOS GUIONISTAS ESCRITORES?

28 agosto, 2011

por Ángela Armero.

El otro día conocí a un a escritor joven y talentoso. Entáblamos una conversación cordial y me preguntó que si sólo escribía guiones. No se muy bien cómo, acabé justificándome por no escribir novelas, relatos breves, ni aforismos, ni haikus ni sonetos.

No. Solo guiones, amigo. Pero ahora recordándolo me viene eso de “excusatio non petita, acusatio manifiesta” a la cabeza. Es decir, ¿qué estoy haciendo con mi vida, escribiendo sólo guiones? Le dije que me sentía incómoda escribiendo algo que no fuera eso y que hacía mucho tiempo que no intentaba escribir prosa. Lo del mucho tiempo es relativo. Hace un par de años intenté escribir un “bestseller” (por empezar por algo fácil, vaya –modo ironía on) y lo dejé a las diez páginas. Actualmente no he desechado esa historia, pero si la retomo, será en forma de guión. Pero el joven escritor me dió en un punto débil.

¿Me gustaría escribir novelas?
Sí.
¿Soy capaz?
No lo sé.
¿Sería una escritora de verdad si escribiera otros géneros literarios?

Eso es lo que quiero preguntaros.

Según me dijo un viejo profesor y no es cosa baladí, “escritor es aquel que escribe todos los días”. Según esos parámetros, un periodista también es un escritor, aunque su oficio sea interpretativo más que creativo. Según esos parámetros, un guionista es un escritor. Según esos parámetros, el que apunta el menú a 10,50 en la pizarra del restaurante es un escritor. (Y quien diga que me estoy metiendo con los periodistas: se equivoca. Ni con los pizarreros. O pizarristas.)

Pero luego entras en una librería, con todos esos volúmenes que condensan la LITERATURA así con mayúsculas y tú, que haces un día un culebrón para chavales y otro sketches para una sitcom en una peluquería, sientes que estás en otra galaxia. No, no comparo a los guionistas con Kafka. Digo que somos de otra galaxia mucho, mucho más pequeña.

Supongo que lo que convierte a los escritores de prosa o de poesía en la jet de los creadores literarios es que su obra, terminada en sí misma ya es completa. Un guión sólo es una pieza en un engranaje, un material del que todo el mundo opina y que mucha gente puede cambiar.

Aparte de eso, creo que depende mucho de lo que se escriba y para qué medio. Me imagino que nadie se escandalizaría si digo que Pedro Almodóvar es un gran escritor, pero que sí me mirarían mal si dijera que los autores de Gossip Girl son grandes dramaturgos.

Tan escultor es quien crea “La piedad” como quien modela a Naranjito con arena en la playa. Quizá sea la obra la que permite diferenciar quién es un artista, quién un artesano… y quién un desgraciad@ que debería dedicarse a otra cosa.

¿Qué opináis?

(Publicado originalmente en Bloguionistas el 3 de diciembre de 2010)

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FLASHBACK: NOSOTROS, LOS FRUTOS SECOS

6 agosto, 2011

por Ángela Armero

¿Sabes el típico día en el que estás en un restaurante comiendo tranquilamente y alguien entra corriendo, gritando con desesperación y a pleno pulmón si hay un guionista en la sala?

No, no lo sabes porque eso no pasa. Nos creemos muy interesantes, pero nadie se levanta por la mañana con la ardiente necesidad de que un guionista le ayude. Si es muy importante ver al banquero, al dentista, al que te vende el pan o el que te ayuda a defenderte ante la justicia. Pero, ¿guionistas? el mundo podría seguir girando sin ellos, aparentemente.

Entonces, ¿por qué nos creemos tan apasionantes? ¿Por qué parece que nuestra profesión nos pone muchísimo? ¿Por una vocación ardiente? ¿Por pura devoción al acto solitario de escribir y de recibir tortas como panes como forma habitual de feedback? Sí, pero también porque nuestra profesión nos garantiza casi siempre la ocasión de hablar de un tema que nos encanta: nosotros mismos. Si lo que hacemos es tan atractivo, nosotros también debemos serlo, es el silogismo al que muchos nos hemos adherido con el paso de los años, dijera lo que dijera en el año 88 Iñaki el de cuarto que no quiso rollo conmigo.

Nos gusta ir a las fiestas y que la gente nos diga, “¿Y cada uno escribís un personaje?”, la frase que más te repiten los profanos. Alguna vez te gustaría responder que sí, sólo por perpetuar esa leyenda tan antigua como absurda, tentación tan seductora como dar un nombre falso en Starbucks, “Remigia, tu frappe chai tea con soja light está listo”. Otras frases que se suelen oír son “Si yo te contara la historia de mi vida…”, “Yo creo que sería buen guionista porque a)me dicen que soy ingenioso b)me pasan unas cosas…” Y podemos porfiar todo lo que queramos acerca de esos comentarios, pero en realidad nos gustan. (Daría para otra entrada la facilidad con la que la gente cree que podría dedicarse a una profesión que exige cierta cualificación y según Pianista mil páginas, es como decir “Se me da bien el bricolaje, ¿Me dejas drenar el hematoma en tu cerebro?”.)

Pero sí, nos gusta hablar de nosotros mismos, y este blog es la mejor prueba; nos gusta decir en qué serie trabajamos, aunque a renglón seguido te digan, “Esa serie era una mierda”, que todavía si fuera en presente (“es una mierda”) te granjearía algo más de respeto. A veces, en una reunión social, cuando refiriéndose a ti alguien le dice a un tercero (o tercera) “Zutano es guionista”, de repente, esa persona te mira de forma distinta. Pero esa atención sólo dura un tiempo. Luego somos perfectamente capaces de demostrar que somos tan aburridos como el que más. Tediosamente anodinos y preocupados por las mismas cosas que el resto de la gente.

¿Cuáles son esas cosas? Hablar incesantemente de nuestro trabajo, (al igual que hacen médicos, financieros o arquitectos), siempre comenzando con el ineludible “¿En qué andas?”, frecuentemente seguido por dosis de cotilleo, quejas multidireccionales y del clásico estar harto de su jefe o de su jefa, algo tan español como El Corte Inglés o Zara. Cuando ese tema se agota, podemos hacer que nuestros amigos o parejas hagan viajes astrales mientras nos enzarzamos en el enésimo debate sobre si la serie “Sexo en Nueva York” es machista o por el contrario feminista, o sobre qué temporada de 24 es mejor, o sobre si escribir guiones es escribir literatura o no.

Nos creemos el solomillo pero en realidad somos los frutos secos de la sociedad. Nadie basaría su alimentación en nosotros, no somos huevos, ni pescado, ni agua, ni pan, ni siquiera garbanzos. Estamos bien para acompañar la vida, pero si hubiera que hacer una expedición rescatando a cincuenta personas del planeta Tierra para regenerar nuestra civilización seríamos los últimos de la fila. Los panaderos nos harían cortes de mangas desde las ventanas de la nave espacial.

Aunque en esa cola nos lo pasaríamos genial. “¿En qué andas?”, empezaríamos a conversar animadamente.

(Publicado originalmente en Bloguionistas el 5 de junio de 2010)


MÁS COMPETENCIA, POR FAVOR

30 junio, 2011

por Sergio Barrejón.

En enero de 2009, un corto que yo había dirigido, El Encargado, fue nominado al Goya. Entre los actos previos a la ceremonia, todos los nominados por cortometrajes recibimos una invitación para visitar la ECAM, la Escuela de Cine que la Comunidad de Madrid, EGEDA y SGAE tienen en la Ciudad de la Imagen (Madrid), y que comparte siglas con la Escuela de Conducción de Motos de Alcañiz.

Así que fuimos a la ECAM (la de Madrid), donde nos recibió Pilar García-Elegido, asesora de Cine de la Comunidad de Madrid; Santiago Fisas, Consejero de Cultura de la Comunidad de Madrid (cuando todavía había una Consejería de Cultura); y el director de la escuela, Fernando Méndez-Leite.

Fernando Méndez-Leite. (Foto: Álvaro García)

Nos enseñaron las instalaciones, nos pusieron vino y jamón, y bromeamos con el director, a cuenta de que entre los invitados había gente que no logró superar el examen de ingreso en la escuela (servidor), e incluso una ex alumna que fue expulsada antes de terminar la carrera (Isabel de Ocampo, quien por cierto ganó el Goya aquel año).

En un tono distendido, pero ya más serio, Fernando Méndez-Leite tuvo la humildad de preguntarnos qué cosas pensábamos nosotros que se podían hacer para mejorar la escuela. Yo apenas conocía la escuela por dentro, así que no podía opinar. Pero pensé que debía decir algo, para que no pensasen que sólo había ido allí por el vino y el jamón. Así que comenté que me extrañaba que no tuvieran una productora propia para rentabilizar los cortos que ruedan cada año como prueba final de curso. Esos cortos se hacen con un presupuesto considerable, y participa en ellos gente que lleva tres años estudiando en una de las escuelas más exigentes de España. Puse el ejemplo de Escándalo Films, la productora nacida de la ESCAC de Barcelona, y sus muchos éxitos.

Por lo visto, el modelo Escándalo sería muy difícil de reproducir en Madrid. No me concretaron exactamente por qué. Anteayer en El País leí una noticia que aclaraba un poco la cuestión. Aparentemente a instancias del productor Enrique Cerezo, presidente de EGEDA y de la Junta Rectora de la ECAM, la escuela no renovará el contrato bianual de Fernando Méndez-Leite, que lleva siendo su director desde su fundación en 1994.

Enrique Cerezo. (Foto: Pipo Fernández)

Según se desprende de la noticia, parece que una las razones que ha llevado a la ECAM ha prescindir de su director ha sido precisamente la insistencia de éste… en crear una productora propia en la escuela, “para promover su marca”. No sé cuánto crédito se le puede dar a estos artículos de El País, especialmente cuando vienen sin firmar, y sobre todo sabiendo el gustito que les da todo lo que suene a gresca en el cine español. Pero según fuentes anónimas citadas en otro artículo aparecido ayer, el rechazo a formar una productora se debe a que eso supondría “más competencia”.

Insisto: es un artículo sin firmar, son fuentes anónimas… Quizá no sea cierto. Pero de ser cierto, me parecería desconcertante.

Entiendo que pudiera resultar discutible el hecho de que una escuela financiada al 50% con fondos públicos convierta sus cortometrajes en productos comerciales, pero… En fin, si eso supone un retorno económico; si eso fomenta la profesionalización de sus estudiantes; si contribuye a la distribución internacional del cine español… En definitiva: si crea cantera… No veo el problema por ninguna parte. La Selección Española de Fútbol también vende camisetas, ¿no?

Como digo, no conozco la ECAM por dentro. A Méndez-Leite sólo lo he saludado un par de veces. Tampoco conozco personalmente a Cerezo, ni tengo trato con ninguno de los integrantes de la ECAM. Ni para bien ni para mal. Así que no estoy lo bastante informado como para elegir un bando, si es que hubiera bandos en este asunto. Pero yo creía que una de las aspiraciones de una escuela de profesional de cine era crear industria. Y para crear industria, nada mejor que fomentar la competencia.

Que el argumento esgrimido para no fomentar la explotación económica de las producciones de la ECAM sea que ello supondría “más competencia” conduce inevitablemente a esta pregunta: ¿Más competencia… PARA QUIÉN? ¿Quién exactamente está intentando manejar la ECAM para proteger sus intereses, y por qué le teme a la competencia? Tal y como yo lo veo, en el reducido campo del cine español, lo que precisamente necesitamos es más competencia. (Tanto en la acepción de rivalidad entre empresas como en la de pericia y aptitud, por cierto.)

La ECAM tiene muchos logros de los que enorgullecerse. Lo menciona El País en su artículo:

Sólo en 2010 se estrenaron cinco películas dirigidas por alumnos de la ECAM: Bon appetit de David Pinillos, que ganó un Goya a la Mejor Dirección Novel 2011; El idioma imposible, de Rodrigo Rodero; A tres metros sobre el cielo (sic), de Fernando González, una de las más taquilleras de 2010; Secuestrados de Miguel Ángel Vivas; y El diario de Carlota de José Manuel Carrasco. (Esta última, por cierto, con guión de la compañera bloguionista Ángela Armero)

En mi humilde y desinformada opinión, formar una productora propia bien podría llevar a la ECAM a reproducir ese éxito en el campo del cortometraje. Y debo de ser miope, pero no veo cómo eso podría ser un problema para nadie. A mí ese párrafo no me suena a amenaza por ningún lado. Quizá debería revisar mis creencias, no lo sé. Lo cierto es que, después de haber estado nominado al Goya como director, aún no he conseguido colocar mi primer proyecto de largo. Quizá sea porque hay mucha competencia. Pero algo me dice que la solución a ese problema no es bloquear el paso a tus posibles rivales, sino en todo caso aprender de sus éxitos, y sobre todo, seguir trabajando duro para crear tu propio hueco en la industria, o para mantener el que ya tengas.


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