CULTURA E IGUALDAD EN EL SENADO

16 mayo, 2018
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Montserrat Boix, Montserrat Domínguez, Pepa Bueno y Mabel Lozano.

por Ángela Armero
El pasado jueves 10 de Mayo tuvo lugar en la sala Clara Campoamor del Senado una jornada sobre cultura e igualdad, organizada por el grupo socialista. Allí se dieron cita muchas personalidades de las instituciones culturales, del mundo del cine y el teatro, y también de los medios de comunicación. Yo acudí representando al sindicato ALMA y a CIMA y tuve ocasión de participar brevemente.
La jornada proporcionó una panorámica (sustentada en abundantes estudios, datos y testimonios) del presente de la cultura, y especialmente de la desigual participación de la mujer en él.
En esta crónica me centraré en las opiniones de cine y medios, por imposibilidad de contarlo todo; la mañana dio para mucho. El debate alrededor del mundo audiovisual tenía como ponentes principales a Cristina Andreu, vicepresidenta de CIMA, a la productora Pilar Pérez Solano y a Pilar González Almansa, productora de teatro y fundadora de la compañía Cría Cuervos, y representante de la asociación Liga de las mujeres profesionales del teatro. Las cifras que arrojó Andreu, sobre la presencia femenina en el cine fueron dramáticas, y especialmente en el guion: en 2016 solo el 17% de las películas fueron escritas por mujeres. Otros indicadores también revelan y amplifican esta desigualdad: si se analiza el reparto de los  premios cinematográficos de carácter nacional (Premio Nacional de Cinematografía, Goya de Honor, Medalla de oro de la Academia), las mujeres han obtenido reconocimiento en 34 ocasiones, y en 27 de estos casos, las galardonadas han sido actrices, y solo dos (que suponen el 6%) lo han recibido por sus aportes en liderazgo cinematográfico, es decir,  por su desempeño en producción, dirección o guion.
Además, las películas escritas o dirigidas por mujeres suelen llevarse a cabo con presupuestos menores, con lo que ello acarrea: menor distribución, menor promoción, menor reconocimiento y por tanto, menor visibilidad. Entre otras medidas, CIMA propone que los fondos anticipados para la producción se repartan de forma igualitaria entre mujeres y hombres en las categorías de directoras, guionistas y productoras.
Al hilo de esta cuestión, la productora Pilar Pérez Solano propuso mirar el modelo de financiación del cine sueco, que ha arrojado excelentes resultados, y cuyo primer filtro se basa exclusivamente en la calidad, independientemente del sexo.
Pilar González Almansa habló de la escena teatral. Arrojó datos que mostraban que las mujeres son, por lo general, programadas en salas más pequeñas y menos tiempo que sus compañeros varones y que sus voces son más difíciles de singularizar como creadoras y autoras al estar constreñidas al género. Reivindicó que seamos vistas también como personas y no solo como colectivo.
En este debate también participaron cineastas como la directora Patricia Ferreira y la productora Ana Amigo. Se mencionó el reciente artículo de Sabina Urraca, que expone la paradoja de que mientras las mujeres nos dedicamos a llenar programaciones de festivales de cine, teatro o literatura de mujeres, los hombres están ocupando los espacios donde no tienen que exponer continuamente la cuestión de género sino que se dedican a dar a conocer su obra sin más preocupaciones.
Por mi parte, hablé del sesgo existente (muchas veces de forma inconsciente) que provoca que la mayoría de los creadores de series son hombres, y la mayoría de los guionistas de cine (y los más reconocidos) son hombres. En este informe de FERA-FSE sobre la remuneración de los guionistas europeos se muestra que las mujeres guionistas ven cómo su carrera se estanca alrededor de los 35 años mientras que la de sus compañeros varones sigue subiendo ininterrumpidamente hasta los cincuenta. Si lo cruzamos con este otro estudio de las universidades de Copenhague y Londres recogido por el periódico “El País”, que muestran como las mujeres son penalizadas laboral y económicamente al tener hijos, y que en España la edad media para tener hijos es de 32 años, tenemos un doble reto para superar: el sesgo de género y los cuidados de hijos y en ocasiones de mayores, que tradicionalmente recae en las mujeres. En mi opinión, solo con medidas para impulsar la inclusión y políticas decididas por la conciliación familiar podremos lograr la plena igualdad entre guionistas de ambos sexos.
La mesa de medios, en la que estuvieron Montserrat Boix, periodista de RTVE y reconocida activista, Montserrat Dominguez, directora del Huffington Post, Pepa Bueno, directora de Hoy por Hoy, y Mabel Lozano, directora y productora de cine y activista en contra de la trata de mujeres, estuvo llena de brillantez y verdades incómodas, y también de datos para la esperanza. Pepa Bueno explicó cómo en reuniones con compañeros detecta que es difícil reconocer la autoridad de la mujer. Abunda la cita “como dijo Iñaki el otro día…” pero cuando se trata de invocar una figura reconocida de forma unánime, no se recuerda tanto a las compañeras como a los compañeros; también que cuando las mujeres opinan, muchas veces lo hacen como si pidieran disculpas (“Perdonad, pero yo creo que…” “Es mi opinión…” debido a la educación recibida), y que encima las periodistas que trabajan en medios como presentadoras tienen que someterse a la esclavitud de la imagen. También se habló del lenguaje inclusivo. Bueno comentó que las periodistas más jóvenes no tienen ni que pensarlo, que acude de forma innata, por contraste con generaciones anteriores. Boix afirmó que hay muchas formas de abordar el lenguaje para que sea más igualitario, por ejemplo, utilizando la palabra “ciudadanía”.
Por su parte, Domínguez apuntó un hecho positivo que denominó un “movimiento tectónico”: en el mismo año, 2008, ella asumió la dirección del diario (y porque Arianna Huffington, como dijo, se empeñó en que fuera una mujer), Pepa Bueno se puso al frente de “Hoy por Hoy” y Angels Barceló de “Hora 25”. Afirmó que los espacios ganados no han de pasar desapercibidos, ya que “la lucha feminista comenzó mucho antes del 8 de marzo.” Dijo además que su redacción está formada por mujeres y hombres jóvenes y que en su plantilla ambos sexos “no pasan ni una”, y que esa es una señal de que las mentalidades están cambiando.
Mabel Lozano habló de las dificultades que enfrentó como directora de cine al haber sido modelo y estrella televisiva de “programas de variedades”, y de lo que le costó interesar al público e incluso a sus compañeros cineastas en un tema incómodo como es la trata de blancas en nuestro país (tema que aborda sus película “Chicas nuevas 24 horas” y su libro “El Proxeneta”). Opinó que el cine español está hecho desde el patriarcado y que es necesario ampliar el punto de vista y los referentes, ya que cuando ella era pequeña ser directora de cine no era algo a lo que una mujer podía aspirar; aunque la situación ha mejorado, cree que siguen faltando referentes femeninos en el audiovisual español.
Fue una velada muy intensa, llena de testimonios, datos e iniciativas, que favorecen la reflexión y la toma de conciencia. Somos muchísimas mujeres las que trabajamos con pasión y entrega en el teatro, en la televisión y en el cine, pero en los ámbitos de toma de decisiones la igualdad sigue estando lejos. El guión, por ser el comienzo de todo, por el peso cultural e identitario que implican las narraciones de gran consumo, es una pieza especialmente sensible en el avance hacia una sociedad mejor.
Estudio de CIMA 2016
Estudio FSE-FERA sobre la remuneración de los autores audiovisuales
Estudio sobre niños y desigualdad de género de investigadores de las universidades de Londres y Copenhague
Agradecimientos: Ibàn García del Blanco, Curro Royo, Cristina Andreu, Virginia Yagüe, Pablo Uruburu. 

SORTEAMOS “ANOCHECE EN LOS PARQUES”, DE ÁNGELA ARMERO

3 enero, 2017

Ángela Armero es guionista de series como Velvet y Hospital Central y de películas como El Diario de Carlota. Ha escrito y dirigido varios cortometrajes, y ha publicado varias novelas. La última, ANOCHECE EN LOS PARQUES, ganó el Premio Jaén de Narrativa Juvenil 2016… y te la vas a llevar GRATIS.

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Para concursar, sólo tienes que ser suscriptor de nuestro boletín LA SEPARATA (si no lo eres, pincha en el enlace, que es gratis) y estar atento al correo. Dentro de muy poco te contaremos cómo participar en el sorteo de los cinco ejemplares que nos ha cedido su editorial, Montena.

Y ahora seguimos con nuestras vacaciones. La semana próxima volvemos con contenidos nuevos. Entre ellos, la entrevista que Nico Romero le ha hecho a Alberto Caballero destripando el proceso de creación de “La que se avecina”, y una reflexión de Juanjo Ramírez Mascaró sobre los imbéciles que piden las cosas para ayer.

Feliz año. Y no olvidéis suscribiros a LA SEPARATA.


MI EXPERIENCIA EN IBERMEDIA

28 enero, 2016

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Cuando le conté a un par de personas cercanas que me habían seleccionado un proyecto en el programa de desarrollo Ibermedia, tuvieron la misma reacción.

-De tutora, ¿no?

-No.

La verdad es que es un halago que me sitúen al nivel de los tutores y tutoras del programa (entre los que se encuentra el bloguionista David Muñoz), pero les parecía sorprendente que con cierto grado de veteranía allí estuviera yo, con mi guión, bajo el brazo, dispuesta a recibir consejos, collejas, sugerencias, diagnósticos y tortas de todo pelaje. Yo, la verdad, no sabía qué me iba a encontrar. Lo único seguro es que tenía un guión con necesidad de mejorar y la ocasión de dejarme aconsejar por algunos ilustres a quienes no conocía.

Dos meses después de acabar el curso, puedo decir que ha sido un acierto haber participado, y que mi guión ha mejorado mucho.

Dejadme que os hable un poco de la mecánica del programa, en el que pueden participar guionistas y directores/as de España y toda América del Sur. (En caso de que el participante sea de fuera de Madrid, se le paga el viaje y el alojamiento.)

Hay dos fases, una por cada tutor. Son tres semanas con uno, tres semanas con otro. Dos visiones distintas que se suceden mientras tú vas haciendo y deshaciendo a lo largo de las semanas que dura el curso. Los tutores van siguiendo tus progresos y opinando sobre las modificaciones que se hacen hasta la versión definitiva. Además, el curso incluye un curso de pitching (destinado a hacerlo en 90 segundos; muy útil) y un pitch con productores y festivales internacionales, sesiones sobre producción, y adicionalmente puede ser una vía interesante para entrar en contacto con vías de coproducción, especialmente con países latinoamericanos. Y por último, pero no menos importante, está la maravillosa oportunidad de conocer a guionistas y director@s de todos los países latinoamericanos y descubrir en sus guiones historias que suelen ser absolutamente diferentes a lo que solemos leer en España, al tiempo que compruebas que, aparte del lenguaje, la pasión por el cine nos hermana a todos. (Esto es cursi, pero es verdad.)

En mi caso, el primer asesor fue Andrés Koppel. Me hizo entender muchas cosas que no os diré porque si queréis aprender, es mejor que os las cuente él. El segundo fue Tomás Aragay, y empezó repartiendo una leña desconocida. Pero fue increíblemente útil también. La suma de los dos me hizo ver el guión desde un lugar diferente, probar sus fortalezas y fomentarlas, destruir o transformar sus debilidades, y sobre todo, des-escribir y hacerme muchas preguntas. Encontrar la esencia y liberarme de palabras y acciones innecesarias. Hallar, en definitiva, el guión dentro del guión, el guión pulido, aproximarte a la película “platónica” que lleva tiempo habitando en tu cabeza pero que no has sabido transmitir aún en el papel.

Independientemente de las horas de vuelo de cada guionista (y es verdad que los niveles de experiencia dentro del programa varían mucho) creo que nunca sobra enseñarle tu guion a un profesional y pedirle su opinión, con profundidad y sin excesivo “cariño” de por medio. Los amigos y las amigas (sean colegas de profesión o no) tienen un problema: pueden tener una visión privilegiada, pero nos quieren, o eso deben hacernos creer, y eso nubla su visión. Es bueno entrar en esa arena, como gladiadores del guión y pensar “Ave César, los que van a descuajaringar su guion te saludan” y asumir que la mayoría de las veces lo que escribimos no vale ni el precio de los árboles caídos para imprimirlo.

Pero sin duda, lo mejor de Ibermedia para mí, aparte del beneficio impagable de haber mejorado la historia, y aunque tenía miedo de que esos Jedis del guionismo destruyeran mi fluctuante autoestima, es la sensación de sentirme padawan de nuevo.

Sí, estudiante de nuevo. Con el 100% de mi atención en las páginas, como hacía tiempo que no me sentía. Una auténtica reconexión con la parte de mí misma que quería contar historias, muchos años después de la chispa inicial. Recuperar el ensimismamiento, la pasión, y por qué no decirlo, el combate contra la frustración de no poder escribir lo que se quiere, sino lo que se puede.

Hay que caminar siempre hacia esa idea de perfección, aunque no se consiga. Cuando éramos más principiantes nos motivaba la idea de dedicarnos a esto. Ahora que tenemos el privilegio de hacerlo con mayor o menor continuidad, la fortuna es aspirar a hacerlo cada día mejor. Y eso es lo que mantiene la energía creativa crepitando dentro de nuestras cabezas.

¿Acaso merecería la pena esta profesión si la llama se hubiera apagado?

El plazo para recibir solicitudes para la siguiente convocatoria concluye el 6 de Marzo. Las bases están aquí. 

Otros enlaces de interés

Entrevista a Mariana Barassi, coordinadora del curso

Preguntas frecuentes

 


9 ENLACES PARA EL FIN DE SEMANA

30 enero, 2015

Por Alberto Pérez Castaños. 

1. Supongo que a estas alturas ya conocéis el colectivo 70 teclas. En este enlace de nuestro blog podéis descargar los guiones que han publicado hasta la fecha –a falta del de ‘La isla mínima’–, además de un buen puñado de trabajos de Berlanga, Azcona y Bardem y otros tantos escritos por Bloguionistas y colaboradores. 

2. Y en éste podéis leer una entrevista bastante interesante a Stephen King y su ordinaria vida como señor del terror. Tiene 67 años y, exacto, sigue escribiendo como una auténtica bestia.

3. La bloguionista Ángela Armero y Daniel Martín han escrito una novela sobre los orígenes de las galerías Velvet. La producción de Bambú está siendo un éxito, pero a la novela tampoco le va mal. Si te gusta la serie, estás tardando en comprarlo.

4. Tampoco les está yendo mal a los compañeros DAMA con sus conferencias de los martes. Lleno en las del mes de enero y todo parece indicar que repetirán éxito con las de febrero, porque mira qué cartelazo.

5. Uno de los guionistas que pasó por los Martes de DAMA fue Rafael Cobos, coautor de ‘La isla mínima’ junto a Alberto Rodríguez. Aquí puedes leer una entrevista al director sevillano, reciente ganador del premio Feroz.

6. David Seidler es el guionista ganador de un Oscar por ‘El discurso del rey’. También es un gran pescador. Y tiene un método de trabajo interesante. Lo sé porque lo dice en este vídeo:

7. Larry David no tiene un Oscar ni falta que hace. El creador junto a Jerry Seinfeld de la sitcom más exitosa de todos los tiempos debuta en Broadway como autor y actor. Aquí, un reportaje bastante completo sobre el asunto. Ojo, que también está bastante en inglés.

8. Filmarket Hub acaba de convocar la segunda edición de Pitchbox. Si no sabes lo que es pégale un vistazo, porque es muy probable que te interese.

9. Y, para terminar, le pegas otro vistazo a este ciclo organizado por la Fundación SGAE con las películas nominadas al Goya. Del 1 al 22 de febrero en la Sala Berlanga de Madrid por sólo 3 euros.

Buen fin de semana.


FLASHBACK: VENDEDORES DE ILUSIONES

11 septiembre, 2011

por Ángela Armero

Llevo cierto tiempo trabajando en la creación de nuevas series en lo que podríamos llamar cariñosamente Development Hell, Development’s Kitchen, o Arrested Development.  Es que un trabajo tan bonito como frustrante, porque es muy difícil dar con la formula del éxito.

Como dice William Goldman NADIE SABE NADA, si la gente (ya sean productores, directores o escritores) supiera cómo se fabrica un éxito todo el mundo tendría uno; es muy complicado materializar una serie, al igual que pasarse un tiempo invirtiendo tiempo y esfuerzo en un proyecto que se moverá por las cadenas en un ciclo de dos o tres meses para, en la mayoría de los casos, quedarse en el papel. Esto mismo sucede casi siempre con las películas; es como si lleváramos un año o dos ahorrando y en una noche de casino nos lo jugáramos todo. Podemos ganar, pero estadísticamente es más fácil perder.
En la vida cotidiana de casi todo guionista existe una carpeta, ya sea de cartón, informática o cerebral en la que vamos apuntando todo lo que responde a la etiqueta de “ideas nuevas”, para una serie, para una película, para cualquier cosa. Nuestra mentalidad creativa nos habla de historias y personajes, y a veces otra parte de nuestra mente, la pragmática, nos puede sugerir elementos que ayuden a vender la serie, como por ejemplo, ser familiar, ser barata, ser reconocible a la par que original, contar con el apoyo de un actor o una actriz que vendan mucho, tocar un tema de actualidad o una tendencia (histórica, fantástica, etc). Pero aún así, la fórmula del éxito sigue siendo esquiva.
El otro día estaba viendo un capítulo de “The Big Bang Theory” y pensé que quizá había otra forma de pensar en qué es lo que el espectador quiere, como en un ejercicio de “ingeniería inversa” de todo a cien. Es decir, ¿qué es lo quiero yo como espectador? ¿Qué es lo quiero yo, casi como persona?
Quiero vivir dentro de “Friends” y de “The Big Bang Theory”.
Quiero ser joven para siempre, no preocuparme de nada, vivir con mis amigos y tener a mi “love interest” en la puerta de enfrente.
Quiero ser libre.
Quiero vivir en una nebulosa temporal sin cargas familiares ni problemas demasiado graves.
Quiero estar rodeada de gente que lanza chistes brillantes cada dos frases y que nunca se enfada en serio conmigo.
Quiero estar en un universo en el cual ni la salud ni el dinero parecen condicionar las vidas de las personas.
Quiero vivir la década de los veinte, una y otra vez.
Y entonces pensé, que aparte de buenas historias, buenos personajes, medios de producción suficientes, buenos profesionales y todos esos aditamentos que ayudan a vender y consolidar una serie, quizá la ilusión sea un factor infravalorado.
Puede que el mayor imperativo a la hora de construir esos universos más o menos estables en los que volcamos la ficción (sobre todo en las sitcoms) debiera ser crear un mundo del que nos gustaría formar parte.
Tampoco digo que eso explique el éxito de todas las series, pero creo que este “ingrediente x” parcialmente sí contribuye al de estas dos que menciono y que a mí me encantan (y al mundo entero.)
Está muy bien vender zapatillas, móviles, escenas de sexo y de violencia pero la ilusión de ser libre, de vivir un amor apasionante, de ser eternamente joven… eso no tiene precio.

(Publicado originalmente en Bloguionistas el 25 de junio de 2010)


FLASHBACK: ¿SOMOS LOS GUIONISTAS ESCRITORES?

28 agosto, 2011

por Ángela Armero.

El otro día conocí a un a escritor joven y talentoso. Entáblamos una conversación cordial y me preguntó que si sólo escribía guiones. No se muy bien cómo, acabé justificándome por no escribir novelas, relatos breves, ni aforismos, ni haikus ni sonetos.

No. Solo guiones, amigo. Pero ahora recordándolo me viene eso de “excusatio non petita, acusatio manifiesta” a la cabeza. Es decir, ¿qué estoy haciendo con mi vida, escribiendo sólo guiones? Le dije que me sentía incómoda escribiendo algo que no fuera eso y que hacía mucho tiempo que no intentaba escribir prosa. Lo del mucho tiempo es relativo. Hace un par de años intenté escribir un “bestseller” (por empezar por algo fácil, vaya –modo ironía on) y lo dejé a las diez páginas. Actualmente no he desechado esa historia, pero si la retomo, será en forma de guión. Pero el joven escritor me dió en un punto débil.

¿Me gustaría escribir novelas?
Sí.
¿Soy capaz?
No lo sé.
¿Sería una escritora de verdad si escribiera otros géneros literarios?

Eso es lo que quiero preguntaros.

Según me dijo un viejo profesor y no es cosa baladí, “escritor es aquel que escribe todos los días”. Según esos parámetros, un periodista también es un escritor, aunque su oficio sea interpretativo más que creativo. Según esos parámetros, un guionista es un escritor. Según esos parámetros, el que apunta el menú a 10,50 en la pizarra del restaurante es un escritor. (Y quien diga que me estoy metiendo con los periodistas: se equivoca. Ni con los pizarreros. O pizarristas.)

Pero luego entras en una librería, con todos esos volúmenes que condensan la LITERATURA así con mayúsculas y tú, que haces un día un culebrón para chavales y otro sketches para una sitcom en una peluquería, sientes que estás en otra galaxia. No, no comparo a los guionistas con Kafka. Digo que somos de otra galaxia mucho, mucho más pequeña.

Supongo que lo que convierte a los escritores de prosa o de poesía en la jet de los creadores literarios es que su obra, terminada en sí misma ya es completa. Un guión sólo es una pieza en un engranaje, un material del que todo el mundo opina y que mucha gente puede cambiar.

Aparte de eso, creo que depende mucho de lo que se escriba y para qué medio. Me imagino que nadie se escandalizaría si digo que Pedro Almodóvar es un gran escritor, pero que sí me mirarían mal si dijera que los autores de Gossip Girl son grandes dramaturgos.

Tan escultor es quien crea “La piedad” como quien modela a Naranjito con arena en la playa. Quizá sea la obra la que permite diferenciar quién es un artista, quién un artesano… y quién un desgraciad@ que debería dedicarse a otra cosa.

¿Qué opináis?

(Publicado originalmente en Bloguionistas el 3 de diciembre de 2010)

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FLASHBACK: NOSOTROS, LOS FRUTOS SECOS

6 agosto, 2011

por Ángela Armero

¿Sabes el típico día en el que estás en un restaurante comiendo tranquilamente y alguien entra corriendo, gritando con desesperación y a pleno pulmón si hay un guionista en la sala?

No, no lo sabes porque eso no pasa. Nos creemos muy interesantes, pero nadie se levanta por la mañana con la ardiente necesidad de que un guionista le ayude. Si es muy importante ver al banquero, al dentista, al que te vende el pan o el que te ayuda a defenderte ante la justicia. Pero, ¿guionistas? el mundo podría seguir girando sin ellos, aparentemente.

Entonces, ¿por qué nos creemos tan apasionantes? ¿Por qué parece que nuestra profesión nos pone muchísimo? ¿Por una vocación ardiente? ¿Por pura devoción al acto solitario de escribir y de recibir tortas como panes como forma habitual de feedback? Sí, pero también porque nuestra profesión nos garantiza casi siempre la ocasión de hablar de un tema que nos encanta: nosotros mismos. Si lo que hacemos es tan atractivo, nosotros también debemos serlo, es el silogismo al que muchos nos hemos adherido con el paso de los años, dijera lo que dijera en el año 88 Iñaki el de cuarto que no quiso rollo conmigo.

Nos gusta ir a las fiestas y que la gente nos diga, “¿Y cada uno escribís un personaje?”, la frase que más te repiten los profanos. Alguna vez te gustaría responder que sí, sólo por perpetuar esa leyenda tan antigua como absurda, tentación tan seductora como dar un nombre falso en Starbucks, “Remigia, tu frappe chai tea con soja light está listo”. Otras frases que se suelen oír son “Si yo te contara la historia de mi vida…”, “Yo creo que sería buen guionista porque a)me dicen que soy ingenioso b)me pasan unas cosas…” Y podemos porfiar todo lo que queramos acerca de esos comentarios, pero en realidad nos gustan. (Daría para otra entrada la facilidad con la que la gente cree que podría dedicarse a una profesión que exige cierta cualificación y según Pianista mil páginas, es como decir “Se me da bien el bricolaje, ¿Me dejas drenar el hematoma en tu cerebro?”.)

Pero sí, nos gusta hablar de nosotros mismos, y este blog es la mejor prueba; nos gusta decir en qué serie trabajamos, aunque a renglón seguido te digan, “Esa serie era una mierda”, que todavía si fuera en presente (“es una mierda”) te granjearía algo más de respeto. A veces, en una reunión social, cuando refiriéndose a ti alguien le dice a un tercero (o tercera) “Zutano es guionista”, de repente, esa persona te mira de forma distinta. Pero esa atención sólo dura un tiempo. Luego somos perfectamente capaces de demostrar que somos tan aburridos como el que más. Tediosamente anodinos y preocupados por las mismas cosas que el resto de la gente.

¿Cuáles son esas cosas? Hablar incesantemente de nuestro trabajo, (al igual que hacen médicos, financieros o arquitectos), siempre comenzando con el ineludible “¿En qué andas?”, frecuentemente seguido por dosis de cotilleo, quejas multidireccionales y del clásico estar harto de su jefe o de su jefa, algo tan español como El Corte Inglés o Zara. Cuando ese tema se agota, podemos hacer que nuestros amigos o parejas hagan viajes astrales mientras nos enzarzamos en el enésimo debate sobre si la serie “Sexo en Nueva York” es machista o por el contrario feminista, o sobre qué temporada de 24 es mejor, o sobre si escribir guiones es escribir literatura o no.

Nos creemos el solomillo pero en realidad somos los frutos secos de la sociedad. Nadie basaría su alimentación en nosotros, no somos huevos, ni pescado, ni agua, ni pan, ni siquiera garbanzos. Estamos bien para acompañar la vida, pero si hubiera que hacer una expedición rescatando a cincuenta personas del planeta Tierra para regenerar nuestra civilización seríamos los últimos de la fila. Los panaderos nos harían cortes de mangas desde las ventanas de la nave espacial.

Aunque en esa cola nos lo pasaríamos genial. “¿En qué andas?”, empezaríamos a conversar animadamente.

(Publicado originalmente en Bloguionistas el 5 de junio de 2010)


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