CONSULTORIO: UN POCO DE TODO

16 abril, 2013

Por David Muñoz

¡Muy buenas Bloguionistas!

Primero, felicidades por vuestro blog, tan interesante como instructivo. Leeros brinda buena compañía.

Veréis, sé que es algo que suele ocurrir a los guionistas. El verano pasado surgió en mi cabeza una idea. Básicamente, y basándome en una serie de experiencias que me ocurrieron, decidí llevar lo que hubiera podido ocurrir al extremo.

En dos meses fueron llenándose las páginas. Escribir, borrar, cambiar, reescribir, idear nuevos conflictos y nuevas reacciones. En fin, lo normal. Pero poco a poco, y a tan sólo una única escena de completar el guión del largometraje, comencé a ser invadido por pensamientos preocupantes.

Hablo de la desesperante y progresiva pérdida de valor que pierde la idea y el guión, sólo por el hecho de haber sido tan trabajada y ‘manoseada’.

¿Esa desvaloración es real? Como dice Syd Field, ¿es recomendable entonces tomar distancia y retomar el trabajo más adelante? Porque, por otra parte, no quiero sentir que pierdo el tiempo.

Un saludo y gracias.

Julio

Hola Julio,

No te preocupes. Lo que te está pasando es normal. De hecho, lo raro sería que no te pasara. Mientras escribes un guion, siempre hay un momento (o varios) en el que te preguntas: “¿Pero qué interés tiene esto?”. Es inevitable. Cuanto más piensas en una historia, más ves sus defectos, y cuanto más tiempo pasas trabajando en ella, más te das cuenta de que lo más probable es que nunca llegue a parecerse a esa versión ideal que tenías en la cabeza antes de empezar a escribir. Quizá eso es lo más difícil: asimilar que, si bien puede que profundizar en tu material haya acabado llevándote por otro camino, eso no quiere decir que al lugar al que has llegado no sea igual de interesante o más.

Y bueno, que con las historias pasa como con los chistes: la primera vez que te cuentan uno a lo mejor te partes de risa, pero después de escucharlo diez veces ya es difícil que te siga haciendo gracia.

Aunque cuidado, también puede ocurrir que el guión en el que estás trabajando no merezca la pena. Pero eso solo puedes valorarlo tú. En un par de ocasiones yo me he dado cuenta de que la historia no funcionaba cuando ya había escrito la primera versión del guión. Es muy difícil valorar objetivamente lo que escribimos. No somos los mejores jueces de nuestro trabajo.

En todo caso, Syd Field tiene razón: lo mejor que puedes hacer es dejar descansar el guión unos días (dos semanas me parece un tiempo razonable) y volver a leerlo después. Estoy seguro de que lo verás con un poco más de distancia y entonces podrás decidir si lo que pasaba es que estabas cansado o que esa historia no merece la pena.

Hola chicos, los sigo desde hace un tiempo, me informan muchísimo sobre esta apasionada profesión. Escribo desde Buenos Aires con una consulta que no sé si la han
tenido antes. Escribí un guión sobre un hecho policial que en parte es basado en hechos reales. Hasta ahí todo bien, pero luego descubrí en Internet que el ‘modus operandi’ de los delincuentes/personajes del guión es muy similar en todo el mundo. Es decir, descubrí muchos post de blogs, redes sociales, foros, de personas de todo el mundo con una experiencia más o menos similar a lo que sucede en la historia que escribí. Quisiera saber qué debo hacer respecto a los Derechos de Autor de mi guión: Estoy protegido por haberlo registrado, ¿o voy a tener una avalancha de juicios cuando la película se haga realidad? Además, debo agregar que cuando alguien publica algo en un foro la propiedad intelectual sobre ese post pertenece a la página y no a su autor, pero también la propiedad intelectual de una página de Internet pertenece al diseñador y no solamente a su dueño. Estoy totalmente confundido y sería genial que puedan ayudarme con esto. Sigan así, ¡un abrazo grande!

Lucho

Hola Lucho,

No sé si voy a poder servirte de mucha ayuda. Este es un blog de guionistas, no de abogados especializados en propiedad intelectual. Pero bueno, voy a contarte lo que sí que tengo más o menos claro respecto a lo que preguntas.

Como bien sabes, las ideas (o más bien los conceptos), no pueden registrarse. Por ponerte el primer ejemplo que se me ocurre, esa es la razón por la que pueden estrenarse al mismo tiempo dos películas con una premisa similar (“Armageddon” y “Deep Impact”, por Ej,) sin que una se considere un plagio de la otra. Lo que se registra es el desarrollo de ese concepto. Lo que importa son los detalles. El cómo y no solo el qué. Vamos, que si tuvieras dinero para producirlo, mañana podrías rodar tu propio “Titanic” mientras no usaras los personajes de la película de James Cameron. Dicho de otra manera: lo genérico no es registrable, lo específico, lo que hace que tu historia sea tuya, sí.

Por otra parte, es normal que un guionista se inspire en la realidad para escribir, y más si tiene que describir algo como el “modus operandi” de unos delincuentes. Si a mí mañana me encargaran escribir un guión sobre, yo qué sé, unos butroneros por Ej., lo primero que haría sería leer toda la información que pudiera encontrar sobre cómo trabajan. Y la utilizaría, claro. Pero eso no quiere decir que estuviera plagiando nada.

De manera similar, algo real puede servirte de inspiración, pero si en el camino te alejas tanto de los hechos originales que resulta casi imposible saber qué has partido de ahí, tampoco estás incurriendo en ningún tipo de delito.

Así que por lo que cuentas, no vas a tener ningún problema legal por haberte inspirado en un hecho real.

Lo que no sé es qué tiene que ver lo primero que preguntas con lo que planteas luego respecto a los derechos de autor de tu guión. Es tu guión, y los derechos que genere en el caso de que llegue a rodarse siempre serán tuyos (y no solo por haberlo registrado, aunque no está de más ser prudente y hacerlo). Pero de lo que nunca te va a proteger el registro es de una demanda por plagio en el caso de que hubiera motivos para ello. A ver si te lo explico mejor: registrar tu obra ayuda a evitar que te plagien, pero no te exime de responsabilidad si el plagiador eres tú.

Luego, lo que cuentas sobre foros, páginas, etc. no sé qué tiene que ver con escribir un guión, son asuntos totalmente distintos.

Verá, tengo una pregunta. Me estoy iniciando en el mundo -tengo 14 años- haciendo mis propios cortometrajes, escritos por mí, así como escribiendo guiones de series y algún que otro largometraje. Y mi pregunta es, ¿siendo menor de edad, o sea, con mi edad, podría vender una serie de televisión o el guión de algún largometraje?

Un saludo.
Carlos

Bueno Carlos, ante todo tengo que decirte que me has dejado con la boca abierta con esto de que con 14 años has escrito ya guiones de serie y “algún que otro largometraje”. Sean buenos, malos o regulares, la verdad es que ya es la leche que tengas claro a esa edad que quieres dedicarte a esto. Y que además hayas trabajado tanto.

Por supuesto que podrías vender tus guiones.

Te recomiendo que eches un vistazo a esta página, en la que se explica bastante bien las condiciones en las que un menor puede firmar un contrato y trabajar: http://www.problemaslaborales.com.ar/menores.htm

Pero sí te da pereza leerla entera, te cuento lo más importante: hasta los 18 años (o hasta los 16 en el que caso de que por entonces ya estés emancipado), si firmas un contrato tienes que hacerlo con la autorización de tus padres. Y ya sería raro que un padre se negara a que su hijo vendiera un guión de cine o de televisión.

Eso sí, recuerda que vender un guión no es nada fácil y el hecho de que no lo consigas no significa nada ni debe desanimarte, ¡y menos a tu edad! Sigue escribiendo, mejora, aprende, y tarde temprano acabará ocurriendo.

¡Suerte!

Hola compañeros, os escribo para el eterno dilema de las cantidades que pedir como honorarios de la venta de guiones. Si pudierais darme alguna orientación os lo agradecería infinitamente, ya que en este sector de la animación conozco algunos baremos, pero no he trabajado de forma remunerada hasta ahora. Se trata de una serie de animación infantil, con una duración de 11-13 min por capítulos. Aún está en proyecto y hay alguna tv interesada pero nada en forme. ¿Qué  cantidad creéis que es razonable pedir por capítulo? Yo he elaborado también la biblia, argumento, personajes, etc… ¿Se cobra aparte? ¿Alguna sugerencia de cantidad?

Gracias de antemano.

Un saludo

Luis

Hola Luis, dado que yo no sé contestar esta pregunta, le pedí que lo hiciera a un guionista de animación. Esta es su respuesta:

Hola Luis.

Soy Daniel Sánchez, guionista de la mayoría de los capítulos de la serie de animación “Jelly Jamm”. Te doy mi opinión sobre lo que planteas. ¡Espero que te pueda servir!

Desgraciadamente no existe -o al menos yo no la conozco- una lista de precios que pueda ser aplicable al mundo de la animación. Ten en cuenta que la animación abarca todo tipo de técnicas y la inversión no es la misma para una animación 2D que para una 3D o para una en Stop-Motion. Aunque estén bajo el mismo paraguas son producciones completamente distintas en todos los sentidos. Además, en el mundo de la animación la mayoría de productoras que tienen en marcha un proyecto de gran presupuesto suelen contratar guionistas Americanos porque así es más fácil de vender a nivel internacional. Es triste que sea así pero… ¡es la realidad del mercado! Así que mi consejo sería el que te hagas una composición sobre la inversión que se puede hacer en la serie, la complejidad que te supondría escribir esos guiones y reclames un presupuesto razonable por tu trabajo.

La segunda parte de la pregunta es más fácil de contestar: Sí, la biblia se vende por separado. Aunque, una vez más, el precio debes marcarlo tú en base a tu percepción sobre el proyecto.

Siento no poder darte unas cifras concretas a las que atenerte pero, como ves, las variables entre un trabajo y otro son enormes.

¡Un abrazo!


FIRMAS INVITADAS: SERGIO BARREJÓN

13 enero, 2011

Sergio Barrejón es guionista de series como Amar en Tiempos Revueltos y La Señora, y estuvo nominado al Goya por su cortometraje El Encargado. Recientemente, ha producido cortos como ¿Quién está ahí?, de Alejandro Pérez, o Llámame Parker, de Peris Romano.


GOYAS 2011: INJUSTICIAS LAS JUSTAS

Anteayer se conocieron por fin las nominaciones a los Goya. Como dicen ahora en los periódicos, “el asunto cobró gran relevancia en las redes sociales”. Quisiera compartir aquí algunas de mis impresiones al respecto, y comentar también las discusiones que mantuve ese día por Facebook y por email con algunos amigos y compañeros.

YO VOTO A MIS AMIGOS

Muchos cortometrajistas han tenido reacciones negativas ante las nominaciones. Algunos de ellos critican razonadamente el sistema de selección, que la Academia cambió hace poco (el anterior también fue muy criticado). Otros, quizá menos razonadamente, se han indignado mucho por el supuesto amiguismo que rige el proceso. Curiosamente, suelen rematar estas críticas lamentando que no hayan nominado los cortos de sus amigos.

Y es que, como demuestra ese doble rasero, el amiguismo existe. Pero no tiene las características de gran conspiración que algunos le atribuyen. ¿Por qué? Muy sencillo. Porque todo el mundo tiene amigos. Y, según mi experiencia, uno no apoya determinada obra porque es de un amigo. El proceso es totalmente contrario: en esta profesión, uno tiene a frecuentar la compañía de aquella gente cuyo trabajo admira. (Lógico, no vas a arrimarte a los que consideras patanes.) O sea, son tus amigos porque les votarías.

Y bueno… no puedo hablar por los demás, pero aunque las obras de mis amigos en general me gustan, no apoyaría cualquier mierda que pudieran presentar a un concurso sólo porque sean mis amigos. En primer lugar, porque uno tiene muchos amigos, y porque, como he dicho, uno tiende a sentir simpatía por la calidad. Así que, entre una mierda firmada por un viejo amigo, y una maravilla firmada por un desconocido, la elección suele estar clara. Optar por la calidad, y tratar de tomarse una caña con ese desconocido. Puede ser el principio de una hermosa amistad.

LA DEMOCRACIA ES UN SISTEMA IMPERFECTO

Muchas críticas parecen provenir de una creencia equivocada, según la cual la Academia de Cine emite, con las nominaciones, un veredicto, basado en un criterio institucional. Como si fuera el fallo de un jurado. Y no es así. Las nominaciones (y los premios) son el resultado de la suma aritmética de los votos en un proceso electoral democrático. Esto no significa que no se puedan criticar. Pero no es serio decir cosas como “siempre salen los mismos” o “la Academia ningunea a las películas pequeñas”. En el Congreso de los Diputados también salen siempre los mismos y a nadie le parece sospechoso. Puede ser lamentable, pero es la voluntad de la mayoría. Volviendo a la Academia, un rápido vistazo a los resultados de años anteriores demostrará inmediatamente que:

a) Varias películas pequeñas han ganado premios importantes.

b) Los directores y productoras nominados varían significativamente de un año a otro.

Pero sobre todo, hay que tener en cuenta, y parece que es necesario insistir, que la Academia no decide de manera conjunta. Son el conjunto de los académicos, de manera secreta e individual, los que han apoyado determinadas candidaturas. Y la suma aritmética de votos es la que decide las nominaciones (y los premios). Por tanto, quejas del tipo ¿De verdad se merecía Balada 15 nominaciones? son, de nuevo, equiparables a ¿De verdad se merecía CiU sacar 10 diputados? Probablemente la respuesta sea “no”, no lo sé. Pero difícilmente se le pueda pedir cuentas a nadie por separado.

Y a mi modo de ver, si alguien ningunea a las películas pequeñas, no es la Academia, sino… la vida. Los estudios sobre evolución de las especies tiene más que enseñarnos a este respecto que cualquier reflexión paranoica sobre las supuestamente corruptas estructuras de poder que rigen el cine español. Las películas pequeñas son pequeñas, y pequeñas se quedarán, salvo unas pocas excepciones. Igual que raramente un chihuahua podrá hacerle frente a un dogo.

Excepcionalmente, una película pequeña, sin apenas promoción, puede convertirse en el éxito de una temporada (véase Tesis) o alzarse con el Goya a la Mejor Película (véase La Soledad). Pero lo lógico es que las especies grandes y más agresivas sean preeminentes. Esto, creo yo, no es justo ni injusto. No ha lugar ninguna valoración moral al respecto. Sería injusto e intolerable que no se pudieran presentar las películas pequeñas. Sería sospechoso que nunca obtuvieran nominaciones las películas pequeñas. Pero no es el caso.

Hay que tener en cuenta cómo funciona la Academia, quiénes son sus miembros, y cómo funciona la industria. Una gran producción contrata a muchísima gente: técnicos, actores y empresas de servicios. Es lógico que para hacer El Orfanato o Las 13 Rosas necesites cinco veces más técnicos y más actores que para hacer La Soledad. Es lógico que los técnicos y actores voten a la película en la que han trabajado. Es lógico que logren apoyos por simpatía entre sus amigos y asociados. Es, por tanto, de pura lógica que obtengan muchas más nominaciones las grandes producciones que las pequeñas. Y es evidente que tienen más probabilidades de ganar los grandes premios.

Y aun así, La Soledad ganó Mejor Película y Mejor Dirección, en el año en que competía con El Orfanato y Las 13 Rosas. Porque el sistema no impide esas cosas. Como todo sistema, es imperfecto y discutible, pero ni es radicalmente injusto (al menos, no más que cualquier otro sistema democrático) ni está necesariamente corrompido (al menos, no más que cualquier otro sistema democrático).

ES MUJER, ES JOVEN Y TIENE ÉXITO: A ALGUIEN SE LA HABRÁ CHUPADO

Como suele ocurrir, entre la gente que se rasga las vestiduras por la supuesta actitud reaccionaria de la Academia, hay quien exhibe rasgos de una insultante ranciedad. Por ejemplo, abundan las alusiones machistas a la nominación de Carolina Bang como Mejor Actriz Revelación. Según ciertos comentaristas, esta nominación se debe única y exclusivamente a la relación sentimental (pública y notoria, por cierto) que la actriz mantiene con Álex de la Iglesia, a la sazón Presidente de la Academia.

Dejando de lado el hecho de que nadie explica el mecanismo por el que esa relación sentimental se convierte en votos, me parece absolutamente intolerable que los méritos profesionales de una mujer sean puestos en cuestión de manera automática cuando esa mujer mantiene una relación sentimental con un profesional masculino de mayor fama. Puede disfrazarse de lo que quiera, pero eso es puro machismo, más propio de clientes de un puticlub de carretera que de profesionales del cine.

Uno puede suponer que hay una relación estrecha entre el hecho de que Carolina Bang sea pareja de Álex de la Iglesia y el hecho de que Carolina Bang interprete papeles importantes en las películas de Álex de la Iglesia. Pero remitámonos al capítulo del amiguismo. ¿Cuál es la causa y cuál el efecto (si es que los hay)?

Unos querrán ver a un calzonazos que se ve obligado a darle papeles a la putita de turno. Otros querrán ver a un autor que se ha enamorado de una actriz a la que ya consideraba talentosa. Otros, simplemente, verán a dos profesionales de un mismo gremio que trabajan juntos y que, anecdóticamente, son pareja. Para mí, los que sólo sean capaces de ver la primera opción necesitan:

a) Una revisión psicológica urgente.

b) Ser un poco menos cotillas.

c) Follar un poco más.

Desde mi punto de vista, un director como Álex de la Iglesia ha demostrado ya criterio de sobra en la dirección de actores como para poner a quien mejor le parezca al frente de sus películas. Y por lo que a mí respecta, tiene todo el derecho a acostarse con quien le apetezca, siempre que sea mayor de edad y consienta.

De manera que entiendo que la indignación proviene del hecho de que la actriz sea nominada. Aquí deberíamos repasar la lección de la evolución de las especies, que nos enseñaba que las películas grandes tienen muchas nominaciones. Creo que aquí procede aplicar la navaja de Ockham: es mucho más sencillo entender que Balada Triste de Trompeta acapara muchos apoyos por el tamaño de su producción y por su capacidad promocional, que suponer que Álex de la Iglesia va por ahí haciéndole a los académicos ofertas que no pueden rechazar.

Y a los que aún sigan con complejo de peones negros, les invito a investigar sobre casos como el de Francesc McDormand co-protagonizando Fargo (y ganando el Oscar, por cierto), o Lindsay Crouse y Rebecca Pidgeon interprentando papeles clave en House of Games y Heist. Aunque quizá a nadie le interese saber con quién están casados Joel Coen y David Mamet, ni le parezcan sospechosas muestras de nepotismo la contratación de sus respectivas esposas para papeles clave de sus películas. ¿Será tal vez porque estas actrices no son tan jóvenes ni tan atractivas, y por tanto, no hay por qué sospechar que sean putas?

EL PROBLEMA CON LOS CORTOMETRAJES

Como guionista, director y productor de cortos, me interesaban mucho las nominaciones a Mejor Cortometraje. Y concretamente, las nominaciones a Mejor Cortometraje de Ficción fueron muy contestadas.

De hecho, supongo que algunos aún estarán desconcertados porque se haya quedado fuera de la terna de nominados el corto Lo siento, te quiero, de Leticia Dolera. Extrañísimo, tratándose de una actriz joven y atractiva que además es pareja de un director de éxito.

Personalmente, no tengo ninguna crítica hacia las nominaciones. Creo que la mayoría de los nominados son títulos muy dignos. Cierto que se han quedado fuera títulos también destacables. Cierto que yo habría votado por otros cortos. Pero así es la democracia.

Con lo que sí tengo problema es con el sistema de preselección de candidaturas que maneja actualmente la Academia. Dicen las bases:

Podrán concurrir en las distintas categorías todos los cortometrajes españoles, de duración inferior a 30 minutos, con versión en 35mm o 16mm, cuyo certificado de calificación, expedido por el Instituto de la Cinematografía y de las Artes Audiovisuales, o por el órgano competente de las respectivas Comunidades Autónomas, esté fechado entre el 1 de diciembre de 2009 y el 30 de noviembre de 2010.

A esta limitación se añade otra que sólo rige para los cortometrajes de ficción (no para los documentales ni de animación, que por lo visto merecen privilegios especiales), y que consiste en la necesidad de haber ganado al menos “uno de los premios principales” de una lista de 33 festivales nacionales. Y añaden (y con esto termino de citar las bases):

Asimismo podrán participar igualmente aquellos cortometrajes que hayan sido seleccionados en las secciones oficiales de cortometrajes de los Premios de la Academia de Hollywood (Oscar) y de todos aquellos festivales internacionales no celebrados en España.

(El subrayado es mío.)

Pido disculpas por el insportable aburrimiento que habré provocado en más de un lector citando estos anodinos textos. Pero me parecía importante constatar lo que, a mi juicio, es el enésimo capítulo de maltrato que la Academia comete contra el sector del cortometraje.

La combinación de todas estas restricciones produce un efecto totalmente indeseable en el sector, y que este año se concreta en este dato: sólo 55 cortometrajes de ficción han podido presentarse al Goya. Para los que no estén muy informados, aclararé que cualquier festival español de segunda categoría en recibe entre diez y veinte veces más cortos.

¿Y por qué ha ocurrido esto? Muy sencillo: por la falta de conocimiento del sector, por la falta de ganas de conocer el sector, por la falta de autocrítica dentro de la Academia, y por la falta de reflejos a la hora de subsanar lo que, a todas luces, es un error de redacción de las bases.

Y el error es muy sencillo: antiguamente, la única restricción era la fecha de calificación del Ministerio. Es lógico considerar que cada año sólo pueden competir los cortos calificados el año anterior. Pero, al sumar a esa restricción la obligación de ganar en determinados festivales, la ventana se cierra muchísimo. Es de lógica: aquellos cortos que hayan sido calificados en la segunda mitad del año, apenas tienen tres meses para ganar un premio u obtener una selección en un festival extranjero. En la práctica, es casi imposible, porque en un festival, pasan varios meses entre que empiezan a recibir y clasificar los cientos o miles de cortometrajes que les llegan, y el momento en que hacen su selección, y más aún hasta que falla el jurado.

En una palabra, las bases dicen que te puedes presentar si tu corto está calificado entre el 1 de Diciembre de 2009 y el 30 de Noviembre de 2010. Pero la realidad es que si no calificas antes de Junio, tus probabilidades se reducen drásticamente. Y si lo haces más allá de Septiembre, son prácticamente nulas. Y la gracia es doble, porque como ya has calificado en 2010, no podrás presentarte tampoco el año que viene. Y lo de calificar en determinada fecha no es un capricho: si has tenido subvención del ICAA o quieres optar a tener una a posteriori, tienes que seguir los plazos del Ministerio. Que naturalmente no coinciden con losde la Academia. Así que, gracias a esta redacción, si quieres participar en los Goya, tienes que calificar en los seis primeros meses del año… o renunciar a la financiación pública. Más, naturalmente, ganar en esos festivales u obtener selecciones en el extranjero. ¿Esto son unos premios de cine o una gymkana?

Algunos profesionales se pusieron en contacto con la Academia hace meses para comentar esta situación. Y en la Academia reconocieron que era un problema, pero no pudieron (o no quisieron) solucionarlo. La solución era bien fácil: amplíar el plazo de calificación. Pero aparentemente, cambiar una frase de las bases requería de una movilización burocrática inconcebible (y a eso me refiero cuando digo “falta de reflejos”).

Merced a estas bases mal redactadas y a la incapacidad de reaccionar, se han dado situaciones absolutamente ridículas. Voy a citar un par de ellas que me afectaron personalmente, como co-producitor de dos cortos en 35mm que se han quedado fuera:

MARINA, dirigido por Álex Montoya. Tuvimos que calificarlo en Septiembre de 2009, porque habíamos tenido una subvención del Ministerio de Cultura. A esas alturas, ya no teníamos tiempo de presentarnos y ser seleccionados por ningún festival antes de dos meses, no digamos ya obtener un premio”. Después, durante 2010, el corto ganó premios principales en Medina del Campo, en Huelva y en Cortogenia: no uno, sino tres de los 33 festivales de la lista. Pero como estaba calificado fuera de fecha, tampoco nos hemos podido presentar en esta convocatoria.

LA CULPA, dirigido por David Victori. Calificado en Septiembre de 2010, otra vez sin tiempo de ganar nada ni distribuir internacionalmente. Sí que fuimos invitados a estrenarlo en sección competitiva en el Festival de Sitges. Pero recordemos que la Academia sólo admite selecciones en festivales internacionales no celebrados en España. Es decir, podríamos habernos presentado a los Goya si hubiéramos obtenido una selección en el festival de cortos de la aldea más mísera de Magadascar (con todos los respetos hacia Madagascar). Pero una selección en Sitges, uno de los festivales internacionales con más proyección de Europa, no cuenta para nada.

UN PAR DE COMENTARIOS FINALES

Quiero hacer mía la advertencia que escribió en este mismo blog hace unos días el guionista Silvestre García:

Anticipándome a todas las críticas que se basarán únicamente en el hecho de haber recibido una subvención del Estado, quiero posicionarme al respecto. Creo que las subvenciones y los modelos del ministerio son cuestionables, criticables y siempre mejorables. No obstante, las veo necesarias en cuanto representan un impulso, una oportunidad, una “beca” para desarrollar un trabajo.

Y añado: no voy a perder el tiempo intentando convencer a nadie de que las subvenciones son buenas y necesarias. De la misma manera que nadie podrá convencerme jamás de la necesidad de gastar dinero público en organizar corridas de toros. Sólo puedo decir, y que se lo crea quien quiera, que el número de subvenciones que me han sido concedidas iguala aproximadamente el número de subvenciones que me han sido denegadas. En ambos casos, desconozco las causas que han motivado la decisión, ya que siempre que me presento creo hacerlo con un producto digno. En cualquier caso, cuando las he obtenido no ha sido por amiguismo, enchufismo ni por pertenecer a ningún partido (que ni pertenezco, ni creo que sirviera para nada, tampoco).

En segundo lugar, invitar a amigos y compañeros cortometrajistas a abordar este debate con calma. Y sobre todo, a no ver la Academia como un enemigo a batir, ni como un reducto de carcamales endogámicos que sólo saben mirarse el ombligo. La Academia es una más de las instituciones públicas relacionadas con el cine. Tiene una función y una utilidad. Uno puede no estar de acuerdo y mostrarse todo lo crítico que quiera con su funcionamiento, pero hacerlo de una manera taxativa e irrespetuosa no es muy acertado, fundamentalmente porque:

a) La Academia está integrada por cientos y cientos de personas de diversa procedencia. Algunos de sus miembros, inevitablemente, por pura estadística, serán unos soplapollas. Muchos otros, y esto no lo digo por estadística, sino por experiencia, son personas inteligentes, dialogantes y talentosas. Al Presidente no lo conozco en persona, pero por su obra y sus actuaciones públicas deduzco que se le pueden aplicar los tres adjetivos. No hay razón para insultarles sólo porque no hacen las cosas como a nosotros nos gustaría. Tal vez hacer las cosas bien no es tan fácil como parece cuando no eres tú quien tiene que hacerlas. Como no soy académico ni presento nada a los Goya este año (ni el siguiente, me temo), espero que no parezca que estoy barriendo para casa ni haciéndole la pelota a nadie.

b) Hay compañeros en el sector del cortometraje con ideas muy interesantes para mejorar el sistema, pero mal vamos a convencer a nadie de escuchar nuestras ideas si se las decimos a gritos, rematadas por un ¿entiendes, subnormal? Esa estrategia no suele dar resultados serios en ningún ámbito. Como mucho, puede servir para obtener cierta “relevancia en las redes sociales”, que viene a ser el equivalente a arrancar el aplauso del público de un talk-show: un mérito muy relativo.


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