ENTREVISTA A RAMÓN CAMPOS

17 febrero, 2014

Por Chico Santamano.

Ramón Campos está al frente de Bambú Producciones, es productor y guionista de series como… esto… mirad, tenemos una entrevista bien larga por delante. Mirad su imdb y vayamos al lío.

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Esta noche se estrena “Velvet”. Leo en todas partes declaraciones tuyas y de los actores diciendo que no es la típica historia de amor imposible. Sin embargo, “chica pobre + chico rico” huele a amor imposible sí o sí. ¿Qué es lo que no la hace “típica”?

Pues que desde el principio nuestros protagonistas están juntos aunque no lo pueden mostrar al mundo. Es un amor clandestino en el que nuestra protagonista se convierte en “la otra” desde el comienzo de la historia. Cuando propusimos el arranque que veréis esta noche todo el mundo nos decía que, si contábamos lo que vais a ver al inicio, a los espectadores no les quedarían ganas de saber nada más. Lejos de eso, nosotros pensamos que era mucho más interesante dejar establecido desde el inicio que esta no era solo una historia de dos personas que no pueden estar juntas… la nuestra es una historia de dos amantes furtivos. Lo curioso es que poco a poco los espectadores se empezarán a sentir atraídos por la tercera en discordia.

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Me parece curioso que la misma persona que se casca melodramas muy para señoras, le venda una serie de narcos con componentes fantásticos a la FOX. ¿Quién es Ramón Campos? ¿El del culebrón deluxe o el de los proyectos molones?

Jajaja… Soy el mismo solo que, al igual que todos con los que trabajo, somos muy conscientes en cada momento de a quien nos estamos dirigiendo. Eso es algo que, como ya he contado muchas veces, aprendimos muy rápido tras el fracaso de audiencia de “Guante Blanco”. Estos días he leído a alguna gente criticando a las cadenas españolas por no haber comprado “Contranatura”… incluso a algunos que critican a Atresmedia por programar “The refugees” en La Sexta en vez de en A3. Los que lo hacen demuestran que no conocen el mercado o que no se enfrentan a él muy a menudo. Cada canal tiene su público y lo que escribamos y produzcamos tiene que ir dirigido a ese público. Lo otro es correr un Rally sin que el copiloto tenga las notas de trazado. Puede que una vez ganes una carrera, pero la mayoría de las veces terminarás estrellándote.

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¿Te consideras mejor productor o mejor guionista? ¿En qué papel te sientes más cómodo? Y no puedes decir “papá y mamá”.

Me considero un buen generador de proyectos aunque a medida que va pasando el tiempo cada vez me siento más productor ejecutivo que guionista. Como productor ejecutivo me gusta tener la posibilidad de dirigir a todo el equipo hacia un lugar en concreto. Ser la guía sobre la que caminan todos los departamentos para que al final la serie tenga una coherencia estética y narrativa. Eso hace que cada vez pueda escribir menos porque la mayor parte del tiempo lo paso en reuniones de pre o postproducción. La labor de productor es otra historia y no me gusta nada lo que conlleva: bancos, notarios, angustias… y reuniones nada creativas.

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Entiendo que por tu faceta como productor tu relación con las cadenas ha de ser fluida y cordial y eso no te permite ser demasiado crítico en público, pero ¿hay algo que te saque de quicio de las exigencias habituales de las cadenas? ¿Algo que se haga especialmente mal y que no nos permita crecer como industria?

Casi nada me saca de quicio. Con el tiempo he aprendido a relativizarlo casi todo. A mí, y a mi equipo, nos gusta trabajar mano a mano con la cadena. No los sentimos como enemigos ni como coartadores de nuestra libertad creativa. Esa visión, en la que la cadena tiene la obligación de poner en antena nuestras geniales ideas sin ponerlas en tela de juicio me parece absurda. Nadie mejor que ellos conocen a su público. Es cierto que se pueden equivocar, y lo hacen muchas veces, pero yo intento mirarlo desde este prisma: Si yo que hago una serie al año me equivoco bastantes veces, ellos que hacen productos para cubrir 24 horas de parrilla, 365 días al año, lógicamente se equivocarán más que yo. Es una cuestión de probabilidad.

Sí hay una cosa que creo que las cadenas españolas deberían replantearse y es la propiedad de los formatos. En el resto del mundo son las productoras las propietarias de los formatos pero en España, quizás por las malas experiencias sucedidas con series que cambiaron de cadenas, la política es que el canal tiene que ser propietario del 100 por 100 del formato de la serie. El que haya tan pocas cadenas a las que vender las series no ayuda a luchar contra eso.

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Además de creador de tus series eres productor y tienes fama de meterte en todos los departamentos. Estás a tope en montaje, con las músicas, supervisas personalmente hasta las fotos que se mandan a prensa. ¿Es lo que tiene que hacer un showrunner como Dios manda? ¿O es desconfianza en el prójimo?

No, posiblemente eso no lo tenga que hacer un productor ejecutivo pero yo, desde el principio, me planteé que todo lo que saliese de Bambú tenía que pasar por mí de forma que si la cadena en algún momento pedía responsabilidades por algo yo fuese el destinatario de la reprimenda. Es cierto que si lo ves desde fuera puede parecer un poco excesivo, pero si te encuentras en el proceso no lo es. El montaje final, el control de las músicas, el etalonaje…son al fin y al cabo partes del proceso que son importantes para el resultado final que yo he vendido a la cadena. Si yo le he dicho a A3 que le voy a hacer una serie como Velvet, o recibo una llamada en la que me dicen que quieren que la serie sea de una determinada manera, lo lógico es que controle todas las partes del proceso y especialmente la parte final donde se le da el último toque a la identidad de la serie. Aun así, cada vez más, delego en la gente de mi confianza: directores como Carlos Sedes, David Pinillos, Silvia Quer, Jorge Sánchez Cabezudo… guionistas como Gema R. Neira, María José Rustarazo, Cristóbal Garrido, Adolfo Valor, Eligio R. Montero, Moisés Gómez, Carlos de Pando, Santiago Brey… directores artísticos como Carlos de Dorremochea o Jorge de Soto… figurinistas como Helena Sanchís… Montadores como Julia Juanatey o Fidel Collado… Todos juntos hemos compartido tantas batallas que sabemos perfectamente qué se espera de cada uno de nosotros.

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Mucha gente se queja por la constante presencia de música en las series de Bambú. ¿Por qué, Ramón Campos? ¿Por qué?

Jajaja. Porque creo que la música, si está bien metida, ayuda y no perjudica. Creo que los espectadores de televisión generalista no tienen una atención tan alta al producto como los de cable (o los espectadores de internet) por eso me parece que la música ayuda a posicionar la trama en cada momento de forma que, aunque se pierda la atención por un instante hacia la televisión, se sabe a dónde se está dirigiendo la historia. También hay momentos en que el montaje no consigue acelerar lo suficiente una secuencia y la música contribuye a hacerlo. Lucio Godoy, Federico Jusid y yo tenemos claves con las que nos entendemos: El “hormigueo” y el “hormisterio” son dos de ellas que hacen que una secuencia que por texto, o interpretación, puede resultar lenta, se aligera con la música.

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¿Qué hay de cierto en los comentarios de que sólo vuelves a twitter cuando tienes algo que promocionar?

Todo. Jajajaja. ¿Acaso twitter sirve para algo más que para promocionar?. Todo el mundo intenta promocionar algo: su serie, su libro, su personalidad, sus cursos, su soltería…

Ahora en serio. Hay dos razones para mi salida y mi regreso a  la red: La primera es que Twitter me parece un reflejo de la sociedad y, como en ella, podemos encontrar en la red a todo tipo de personas. Muchas de ellas, la mayoría, ayudan a que uno avance… pero hay un grupo que se mueven sólo por la rabia y la envidia. Cuando este segundo grupo empieza a cobrar fuerza en el entorno de uno es mejor irse. Hace un tiempo me pasó y cuando me vuelva a suceder me volveré a marchar. La segunda razón es que se pierde muchísimo tiempo. Ya no solo leyendo, escribiendo, respondiendo, retwitteando, marcando favoritos… sino que cada vez que uno mira su timeline pierde la concentración necesaria para escribir. No me fío de los guionistas cuyo timeline de twitter o de facebook está continuamente actualizado. Por esa razón en las épocas en las que realmente tengo que escribir con intensidad prefiero abandonar twitter.

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¿Guionistas que están todo el día en redes sociales? ¡Qué horror! Claro que sí… A la hoguera con ellos… ejem… Siguiente pregunta.

Gema R. Neira es como la gran desconocida del universo Bambú. Es la co-creadora de casi todas vuestras series. ¿Cómo trabajáis juntos? ¿Cuál es el proceso? ¿Quién manda?

Gema es la mujer más importante en mi vida tras mis hijas, mi mujer y mi madre. Si Teresa es mi mano derecha, Gema es mi mano izquierda. Ella sabe cuales son mis miedos, mis ansiedades, mis debilidades, mis fortalezas… Llevamos trabajando juntos diez años y desde el principio me di cuenta de que éramos absolutamente compatibles. El proceso no es fácil de definir. Mantenemos el contacto las 24 horas del día y, ya sea a través del teléfono, de internet o en persona nos vamos lanzando ideas de posibles historias. De ese rebote permanente nacen las ideas que desarrollamos y para llevarlas a cabo los dos tenemos que estar convencidos de que es lo que debemos hacer. Aun así, como cualquier “pareja profesional” discutimos muchas veces pero ambos sabemos que lo que queremos es llegar a más. Gema es la directora de desarrollo de Bambú desde su nacimiento. Ella es la persona de referencia para los guionistas de la productora y la responsable de que lo que contamos en nuestras historias esté a la altura que se espera.

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“Desaparecida”, “Gran Reserva”, “Gran Hotel”, “Hispania”… Éxitos, sí, pero hablemos de los fracasos. ¿Qué falló entre la primera y la segunda temporada de “Hispania”? Porque os fuisteis con una audiencia estupenda y volvisteis desde el primer capítulo con un dato bastante mejorable y sin una competencia atroz como pasó con La Voz vs. Gran Hotel.

Hay parte de leyenda en esto. La verdad es que no nos fuimos de la primera temporada con una audiencia estupenda. El último capítulo de la primera temporada, emitido tras la navidad como estrategia de programación, había marcado un 17,8% y 3.376.000 espectadores. Teniendo en cuenta que el capítulo anterior, antes de navidad, había hecho un 24,1% y 4.145.000 espectadores perdimos de uno a otro casi 800 mil espectadores y más de seis puntos de share. En esa bajada de audiencia no creo que hubiese razones relacionadas con la historia (terminábamos con la gran batalla final en la que Viriato vencía a Galba) sino que creo que tuvo que ver más con la programación (entre otras cosas coincidimos con el estreno de The walking dead en La Sexta).

Pasados los meses el arranque de la segunda temporada marcó un 16%  y 3.050.000 espectadores. Trescientos mil espectadores menos que el último capítulo de la primera temporada, un dato más que razonable. El capítulo 2 de esa segunda temporada hizo un 16,2% y 3.130.000 espectadores audiencia que, ahora sí, a partir de ese momento, fue bajando de forma inexorable. ¿Por qué? Cada uno tiene sus razones pero yo estoy convencido de que el único culpable fui yo. Creo que cometí el error de dejarme influenciar por opiniones externas y cambiar la serie. Hispania era un TBO. Un guionista amigo siempre me dice que deberíamos haber comenzado la serie con un dragón volando sobre Viriato para que ningún historiador se plantease ya criticarnos. No era una serie histórica: En la primera temporada Sandro (interpretado por Hovik Keuchkarian) se colaba en el campamento romano con barba y vestido con un traje de romano  que le quedaba pequeño… y ninguno de los romanos se daba cuenta… Pero de pronto quisimos ponernos serios. Dividimos a los héroes, que ya no se llevaban bien, y estaban enfrentados entre ellos. Es como si coges a “El Equipo A” y lo separas. Los espectadores, a los que les gustaba Hispania porque en cada capítulo realizaban un asalto o una emboscada, se encontraron con otra serie diferente. Creo que ese fue mi error. Como decía antes el Productor ejecutivo debe ser las guías sobre las que viaja el equipo y yo les llevé por el camino equivocado. Eso sí, aprendí que si tienes algo que funciona, no lo cambies.

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¿Y “Gran Reserva. El Origen”? Bambú hizo por primera vez una diaria con los cánones de calidad habituales, pero no enganchó. ¿Qué salió mal? ¿Te meterías otra vez en un fregao como este?

Nos habían pedido hacer una diaria varias veces pero siempre lo habíamos rechazado porque sentíamos un respeto reverencial por las diarias. Es un producto que si no lo controlas puede ser el final de tu productora. Cuando surgió la posibilidad de hacer “Gran Reserva, El origen” nos pareció que era el momento de dar un paso al frente. Sabíamos que si conseguíamos que funcionase quizás lográsemos darle un soplo de aire a la serie de primetime que, pese a las situaciones vividas, como el retraso en su emisión, había aguantado bastante bien en su tercera temporada. Si me preguntases qué cambiaría de El origen si tuviese que volver a hacerla la respuesta sería: nada. Creo que hicimos una serie de la que sentirnos orgullosos y que la poca audiencia tuvo que ver más con una cuestión de programación y de situación de una cadena que con el producto en sí. ¿Si volvería  a hacer una diaria?. Sin duda. Ha sido una de las experiencias más intensas y satisfactorias de mi carrera profesional.

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Por primera vez, una productora española ha colado una serie en la BBC. “The Refugees”… ¿Cómo surgió? ¿Cómo coño se consigue esto?

Tanto Sonia Martínez (directora de ficción de Atresmedia) como Ignacio Manubens (subdirector de ficción de Atresmedia) conocían nuestras ganas de afrontar nuevos proyectos. Sonia había leído precisamente “Contranatura” en su momento y fueron ellos los que nos lanzaron el guante de intentar desarrollar algo diferente para La Sexta. No había ningún compromiso por su parte… Únicamente el hecho de que si se nos ocurría algo suficientemente interesante estaban dispuestos a verlo. En ese momento la BBC todavía era una intención. Con esa idea en mente Gema R. Neira, Cristóbal Garrido, Adolfo Valor y yo propusimos tres proyectos a la cadena y  de ahí nació “The Refugees” que en principio se titulaba “Éxodo”. Con la idea sobre la mesa nos sentamos con la BBC y su respuesta fue que si los guiones les convencían analizarían la posibilidad de entrar en coproducción. Eso fue antes del verano del año pasado. Durante mucho tiempo estuvimos escribiendo sin saber si realmente la BBC estaría finalmente interesada en la historia pero con el apoyo constante del equipo de ficción de Atresmedia. Tras varios meses llegó el momento de presentarlo a la cadena británica en el mes de enero y, casi nueve meses después, tras analizar los primeros capítulos y el mapa de tramas decidieron firmar la coproducción.

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Los guionistas, o al menos los que más proyección pública tienen, somos un gremio bastante criticón. ¿No acojona conseguir lo de la BBC y que luego quede un churro?

Pues sí, claro que asusta, pero no tanto por lo que opinen otros guionistas, o profesionales del medio, como por la responsabilidad con uno mismo. Desde el inicio de Bambú decidimos que cualquier producto que hiciésemos debía, antes de nada, hacernos sentir orgullosos a nosotros de nuestro trabajo. Esa ha sido nuestra filosofía y no la hemos cambiado desde entonces pese a que, seguramente, de otra manera habríamos ganado más dinero. Te aseguro que ahora mismo, que nos jugamos el partido en los penaltis, no vamos a cambiar esa filosofía. Antes de no hacerlo bien creemos sinceramente que es mejor rechazar la serie y dejar que otros la hagan. En esta profesión eres lo que haces y como lo haces. Nadie puede asegurar que lo que va a producir sea un éxito pero lo que si puedes asegurar es que al menos va a ser algo digno de lo que la cadena pueda sentirse orgullosa.

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Mucha gente que no conoce Bambú por dentro, sabe que es una productora a la que se le da mucha importancia al guión, pero se sorprende al descubrir que los equipos son bastante reducidos. Además, soléis cambiar bastante a los escritores de una temporada para otra. ¿Qué buscáis en un guionista? ¿Cómo se puede entrar y sobrevivir en Bambú sin morir en el intento?

Los equipos son reducidos en argumento porque nos parece que los equipos grandes no son tan efectivos. De todas formas no tenemos más que nuestra experiencia para pensarlo y entendemos que las otras productoras funcionen de maneras distintas. Como se suele decir, cada maestrillo tiene su librillo y lo bonito de este trabajo es que no hay una sola fórmula. Por ejemplo, y refiriéndome a otra productora, los capítulos de Los misterios de Laura los escriben Carlos y Javier en solitario desde el argumento hasta el diálogo.  En nuestro caso lo que intentamos es dar continuidad a los guionistas en la medida de lo posible. Aunque a esto posiblemente debería responder Gema, creo que en ellos encontramos lo que buscamos en todos los guionistas: Que creen un ambiente agradable de trabajo, profesionalidad, esfuerzo, ganas de superarse, cintura, sentimiento de equipo…

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Esta semana ALMA la ha liado denunciando el enésimo ninguneo a los guionistas en una serie española no incluyendo sus nombres en el pressbook. Un día después, en la rueda de prensa de “VELVET”, pediste a la prensa que se acordaran de los escritores cuando escribieran sus artículos. (A partir del 36:00) ¿Oportunismo o convencimiento? ¿Qué estamos haciendo mal cuando los medios especializados hablan de la nueva serie de los guionistas de “Once Upon a Time” y no usan la misma fórmula con nosotros?

Oportunismo sin duda. Todo el mundo sabe el beneficio que saco de esto… ¿Qué otra razón puede haber además para poner siempre, desde hace años, al lado de mi crédito como guionista las siglas de ALMA? Jajaja. Ahora en serio. Desde el principio de mi carrera como guionista viví el “ninguneo” de los medios de comunicación a nuestra figura y creo que, en nuestra posición, es el momento de luchar porque eso deje de ser así. Por eso intento dar visibilidad al sindicato dentro de mis posibilidades y por esa misma razón el otro día hice mi alegato a favor de los creadores. Pienso que la historia de la televisión en España es en parte la causante de que los medios no nos respeten. Durante mucho tiempo las series españolas eran “clones” de series americanas y los periodistas especializados sólo veían eso. Ahora la situación ha cambiado y debemos hacérselo entender. Hoy mismo hablando con el director de FormulaTV, la página de referencia de la información televisiva en nuestro país, me aseguraba que a partir de ahora en todas las noticias referidas a la presentación de una serie iban a nombrar a los creadores y a los guionistas, y en las posteriores al menos a los creadores.  Ese es un gran paso. Creo que si todos aportamos nuestro granito de arena conseguiremos que las cosas cambien.

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Para acabar, esta noche hay gran duelo en la cumbre. Coincidirán “Velvet”, “B&B” y “Mira Quién Baila”. ¿Quién ganará? ¿Colate o Marina Danko?

Colate. No lo he visto bailar nunca pero tiene que mover la cadera de locura… si no qué otra explicación puede haber para que enamorase a Paulina Rubio.

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¡Gracias, Ramón Campos!

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VELVET, esta noche a las 22:30 en Antena 3.


CHAT CON UNA ESTUDIANTE DE GUIÓN

20 septiembre, 2013

por Sergio Barrejón.

Sabe Dios por qué razón, a veces me escriben estudiantes de guión y aspirantes a guionista para pedirme consejo profesional. Y yo, por razón de mi inmodestia, les contesto como si supiera de qué hablo. Y luego, en un alarde de insensatez, vengo a este blog y publico las conversaciones. Esta que reproduzco a continuación la tuve hace unos días con una ex alumna mía de la ECAM:

ALUMNA: Me gustaría trasladarte una inquietud que tengo, muy de principiante y muy de idiota a la vez.

Tengo muchas ganas de escribir un largo. Nunca he escrito uno completo y creo que ya toca. Sé que es imposible que el primer guión sea bueno, vendible o producible. Pero tampoco quiero escribir sólo con la idea en la cabeza de: esto es para aprender, aún te quedan 1000 páginas para hacer algo mínimamente decente. Me gustaría tener la ilusión de que lo que estoy haciendo puede llegar a valer.

ABUELO CEBOLLETA: Lo único que te detiene es la presión de “hacer algo bueno”, lo que en mi curso El oficio de guionista definí como un “objetivo subjetivo”. Ese tipo de objetivos suelen ser paralizantes. Hay que buscar “objetivos objetivos”. No te impongas una tarea tan abstracta como escribir un buen guión. Oblígate sin más a escribir un guión. Como decía Louis CK:

Por fin tengo el cuerpo que deseaba. Y ha sido fácil conseguirlo: sólo consistía en desear un cuerpo patético.

O sea, que si te da miedo no ser capaz de escribir algo bueno, plantéate escribir una soberana mierda. Parece más fácil, ¿no?

ALUMNA: OK, pero yo lo que quiero es que tú, desde tu posición experimentada, me recomiendes qué tipo de largo escribir: algo tipo ILUSIÓN (autoproducible, pequeño) u otro tipo de historia más comercial pero con algunos requisitos que estén pidiendo ahora.

ABUELO CEBOLLETA: No, no, no. Sin limitaciones. Escribe lo que te dé la gana. La experiencia demuestra repetidamente que las ideas más susceptibles de triunfar son aquellas que se escriben de espaldas a objetivos como “triunfar”. Todos los grandes éxitos provienen de maniobras inesperadas, insólitas, poco recomendables. Si pones a trabajar el lado pragmático del cerebro estás perdida. No puedes plantearte tus objetivos artísticos en función de lo vendibles que serán los resultados. Eso ya llegará cuando seas vieja.

Ese es el problema de ir a másters y escuelas de cine: que nos escucháis hablar a los viejos y cogéis los vicios. Esa forma de pensar tiene sentido cuando ya has hecho músculo, tienes 7 guiones escritos y sabes que puedes enfrentar un proyecto sin morir. Entonces puedes escoger de entre tus doce o catorce ideas que siempre tienes a fuego lento y decir “ésta es la que parece más razonable escribir ahora”. Pero cuando no has escrito ningún guión tu objetivo es ESCRIBIR TU PRIMER GUIÓN. Punto. No hay más requerimientos.

El mejor consejo profesional que me han dado en mi vida fue “Estás en tercero de carrera. Tienes que hacer un corto ESTE AÑO. Bueno o malo, no importa. Tienes que hacerlo ya, PORQUE estás en tercero de carrera”. (El tipo que me dio ese consejo ahora tiene un Oscar, por cierto).

Si te fijas por ejemplo en la carrera de alguien como Vigalondo, ves que tiene una especie de alergia a parar. Al ritmo que este hombre hace sus cortos, comprenderás que no hay tiempo para tener mieditos. Ya sabes lo que dice Woody Allen: “80% of success is just showing up”.

Y hablando de show up, voy a dejarme de dar la chapa y voy a seguir con mis guioncitos de telenovela. Hablando de lo cual…

El próximo miércoles 25 llega a las librerías esta obra magna de la literatura mundial:

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Mi primera novela.

Dudo mucho que la novela resulte de interés para el lector promedio de este blog, pero le encantará a vuestros padres. A mi madre, al menos, le ha FASCINADO. Si gracias a esta sutil maniobra de marketing alguien siente el irrefrenable deseo de leerla, puede echar un vistazo a este adelanto de la novela en la web de Antena 3.


LA TELE EN INTERNET X

19 septiembre, 2012

Por Chico Santamano.

NOTA: la X del título es porque se encuentran ante la décima entrega de esta serie de posts y no porque venga a hablarles de los mejores vídeos de xvideos  o xhamsters.com.

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Cada cierto tiempo me gusta dar un repaso (público) a los proyectos creados exclusivamente para internet que más me llaman la atención. Y no lo voy a negar, algunos de ellos los hacen colegas y me encanta verlos y reivindicarlos. Aquí va una selección…

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GEEK AND SUNDRY

Felicia Day no es mi colega, pero me fliparía que lo fuese. Es lista, es divertida, es mona y sabe un montón de cine, cómics y videojuegos. Vamos, la perfecta novia del perfecto freak. Felicia saltó a la fama internetera con la webserie “The Guild” que va ya por su sexta temporada.

(Tiene subtítulos. No sufráis, hispanohablantes)

Gracias a su divertida visión de esas almas cándidas que se pasan la vida jugando al “World of Warcraft”, Felicia consiguió protagonizar junto a Neil Patrick Harris la primera súper webserie de referencia parida por Joss Wedon: “Dr. HORRIBLE’s SING-ALONG BLOG”.

(También tiene subtítulos. Tranquis)

Pero todo esto ya es historia, ahora Felicia lo peta con su canal exclusivo en youtube: GEEK AND SUNDRY. Desde su propia plataforma lanza programas de bajo coste y altísimo entretenimiento. ¿Mis favoritos?

WRITTEN BY A KID. En cada programa un niño improvisa una historia y profesionales de la industria reinterpretan su relato para plasmarlo en un corto.

FLOG. Programa en el que repasa webs bizarras y otros adorables descubrimientos de la cultura geek.

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CHESSBOXING

En 2011, Antena 3 lanzó un concurso de webseries desde su site “El Sotano” (vaya nombrecito si lo que querían era darle importancia  al formato, por cierto). El ganador resultó ser “Chessboxing”.

¿Sabían que existe un deporte absolutamente real que mezcla ajedrez con boxeo? Pues así es y esta webserie habla de eso y de otras muchas más cosas. Capítulos cortitos y de factura perfecta que contribuyen a que el público se quite la imagen de “cosa amateur” cuando piensa en este tipo de productos.

Todos los capítulos AQUÍ y su facebook oficial AQUÍ.

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SEGUNDA CLASE

Y seguimos con ganadores de concursos. Un año más, los amigos del Notodofilmfest nos invitaron a una gala donde como siempre el microentretenimiento y los copazos de Jameson son los protagonistas. Un año de palmarés flojito, pero en el que destacó especialmente el piloto de la webserie “Segunda Clase” de Alejandro  Torres y Pablo Vara. 

Puede que a estas alturas una escuela de superhéroes no sea lo más original que se puedan echar a los ojos, pero qué demonios… la serie está bien resuelta y cuenta con interpretaciones mucho más que dignas.

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MIRA Y APRENDE. TUTORIAL

El portal de humor PAPANATOS lanzó hace unos meses esta webserie tan idiota como divertida. A modo de tutorial de internet, Martín Creativo nos enseña cómo utilizar diferentes softwares al mismo tiempo que se derrumba su vida personal.

Por cierto, el tal Martín es uno de los bloguionistas de cabecera de este blog…

Todos los capítulos AQUÍ.

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WIGS

Y para acabar, una joya salida de la mente de Rodrigo García (sí, el hijo de Gabriel García Márquez). Producida por Youtube, “Wigs” son en realidad muchas series; Blue, Serena, Jennifer… Todas ellas bautizadas con nombres de mujer y, como no podía ser de otra manera, protagonizadas por actrices de primera línea (Julia Styles, America Ferrara, Jennifer Garner…). Todas con una factura espléndida y sobre todo… todas presumen de unos guiones pensados para INTERNET y no para televisión. Algo clave en esto de las webseries y que no todo el mundo parece tener en cuenta.

Os dejo con el piloto de “Blue”, protagonizada por Julia Styles.

(No tiene subtítulos, pero Youtube te permite verlos doblados a un español neutro como en los buenos tiempos de Disney)

Todos los capítulos de todas las series de Wigs… AQUÍ.


FIRMAS INVITADAS: ANALIZANDO AL ANALISTA (y II)

5 diciembre, 2011

por Silvestre García.

(Esta entrada es continuación de la publicada el pasado 24 de Noviembre)

En lo que concierne a las biblias y nuevos proyectos, diré lo más importante que desde aquí creo que puedo decir. En dos años y pico, ni una, ni una sola de esas biblias que llegaban sin haberse encargado, se realizaron. Y ojo, sólo se recibían proyectos de productoras.

Sinceramente, la mayoría de esos proyectos eran malos. Malos según mi subjetivo criterio, sí. Criterio, que no gusto. Parte del trabajo era separar el gusto personal de la capacidad de valoración. ¿Y basándome en qué puedo decir tan rotundamente que eran malos?

Pues, por un lado, había un alto índice de proyectos con faltas de ortografía. Vale, puede que a mí mismo se me haya escapado alguna en este mismo texto. Pero esto no es un trabajo presentado a una cadena. Lo que revela un proyecto con faltas de ortografía son varias cosas: 1) Quien lo ha escrito no ha mimado/cuidado/revisado lo suficientemente bien su producto; 2) En su equipo no hay más personas ocupadas de hacer de filtro ; 3) Si se les ha pasado eso, ¿qué otras cosas no se les pasarán en un futuro?

Por otro lado, había muchos proyectos que decían lo que iban a ser, pero no lo mostraban por ningún lado. Proyectos de comedia recalcaban que su humor será desternillante, con unos personajes muy originales, y unas tramas muy imaginativas. De verdad, había muchísimas biblias basadas en intenciones.

Por haber, había hasta proyectos que te hacían pasar vergüenza ajena: Una serie sobre los buenos modales en la mesa; Un biblia que comenzaba –Género: ficción- Formato: grabado -Target: 25 años en adelante. Lo juro. Y otros casos sonrojantes.

¿Era todo malo? Por supuesto que no. Y ojo, entiendo y presupongo que la mayor parte de la culpa la tenían las productoras, que por “colar” y reunirse con la cadena mandaban biblias y proyectos que aún no estaban maduros, o que pedían a los guionistas copiar las series de moda.

Llegaron buenos proyectos, algunos muy buenos.

¿Por qué no se hicieron? Pues, habiendo trabajado desde dentro, te das cuenta de lo difícil que es dar con el momento y la idea adecuadas en el “lugar” indicado.

Y justamente eso fue lo que falló. Una de las series que gustó mucho, de una productora grande, no se llegó a hacer porque justo se tenían varias series de ese tono/corte, y se buscaba algo diferente. Vamos, que era juvenil y en ese momento estaban “El Internado”, Física, y “Los protegidos” en preparación.

 La otra serie que gustó mucho no se llegó a hacer porque no terminaba de tener el tono adecuado, era una serie muy adulta y seria. Y las hostias que se pegan las anteriores series marcan. En Antena, tras el varapalo que sufrió “Cazadores de hombres” se repensaron mucho las series más adultas. A “Karaboudjan” se le dio luz verde sólo cuando Hugo Silva dijo que entraba.

Es una putada, pero ciertamente las cosas de calidad, buena factura y tratamiento más cinematográfico… No despuntaban. Se podría entrar en un largo análisis que daría para otro post, pero la realidad, al menos la realidad que ve y quiere ver la cadena, es que funciona la dramedia y que los capítulos, cuanto más largos sean, más rendimiento económico dan. Y, como hasta ahora no se ha demostrado que ataña a la calidad… Podremos ponernos como queramos, (yo seré el primero en luchar por un estándar de menor duración), pero “Gominolas” no fue mejor que “Siete vidas”; ni “Cuenta atrás” mejor que “Los Hombres de Paco”. Siendo cada una diferente. Lo que quiero decir es que a ojos de la cadena, un capítulo de setenta minutos no desvirtúa la calidad.

Muy diferente es la labor de analista de guiones fuera de una cadena. Colaboro con bloguionistas y he analizado algunos proyectos y guiones de largo. Ahí de lo que se trata es de saber qué quiere el autor, y qué espera/necesita de tu ayuda. Idealmente, se debería llegar a un análisis que no haga sentir al autor que alguien desde “arriba” le dice cómo hacerlo mejor, sino que trate de situarse “dentro” de la historia para intentar descubrir qué late en ella y qué puede hacerse para potenciarla.

Aún así, después de todo, uno de mis aprendizajes, en ese famoso “nadie sabe nada” de William Goldman, el analista, aún menos. Y es que he de reconocer que había muchas veces en las que no “veía” o entendía, o criticaba desde un punto de vista práctico algo de un guión, argumentaba de manera racional el por qué creía que debían quitarse o modificarse ciertas cosas, y mi interlocutor insistía en que no lo “podían” cambiar, que tenía que ser así.

No os toméis esto al pie de la letra, que ya hace mucho, pero la esencia de lo que cuento es que dicho interlocutor se posicionaba en contra de los cambios que yo le pedía. Pero tampoco lo argumentaba, sino más bien terminaba siendo un porque sí. Luego, cuando veía el resultado… Me tenía que comer mis palabras. Ahí había algo, inexplicable (o explicable a un nivel no racional, o por química de actores, de ritmo en la puesta en escena, u otros elementos que, analizando un guión, se escapaban), pero que ellos sí conocen y lo tienen en cuenta mientras escriben. Porque es su serie, así de simple.

Por eso creo que las genialidades surgen donde menos filtros se interponen. Y, así mismo, donde más filtros se establecen, más industria se genera, pues más acorde al gusto general y establecido se puede llegar.

¡Ojo!, es una opinión más personal que profesional. Un muestra de ello podrían ser los cortos. La gente suele hacer lo que le sale de… Del alma… Para bien, para mal y, en raras veces, para muy bien. Si de forma establecida se analizasen los guiones de todos los cortos, sería mucho más difícil que obras como los dos alumbramientos se hubiesen realizado.

En el cine español creo que también hay menos filtros, sobre todo cuando el guionista, y/o director son más conocidos. Así se pueden llegar a dar, gusten más o gusten menos, obras como “Hable con ella”, “Los amantes del círculo polar”, “Barrio” o “La buena vida”. Aunque también, como contrapartida negativa (y hay a quien le gustan) películas como “La piel que habito”, “Caótica Ana”, “Princesas” o “Bienvenido a casa”.

Mientras que en la tele… Sí, conseguimos audiencias que multiplican por 10 las del cine, a veces por 100, pero… Y no arremeto contra la calidad, ni quiero entrar en la eterna controversia entre un medio y otro, sólo creo que lo que se hace en tele es más industrial, más elaborado, genera más trabajo… Pero es menos libre.

Para finalizar, me gustaría plantear una duda: ¿El analista, debería ser, o haber sido, o querer ser guionista? Yo a priori creo que sí, que es fundamental para que tenga y entienda las herramientas con las que trabaja la persona que ha trabajado en el guión. Pero, como pasa respecto a los críticos, hay voces que opinan diferente. Y me sorprendió que Ana Sanz Magallón dijese en el encuentro que ella ni es ni quiere ser guionista.

Silvestre García ha sido guionista en Los Serrano, ha realizado varios cortometrajes (17 del 7), y ha sido Delegado de Ficción en Antena 3. En la actualidad ultima la puesta en marcha de una empresa de 3D, y es miembro del equipo de analistas de guión de Bloguionistas.


FIRMAS INVITADAS: ANALIZANDO AL ANALISTA (I)

24 noviembre, 2011

por Silvestre García.

Recientemente contacté con bloguionistas comentándoles mi interés en escribir un post sobre uno de los temas candentes del II Encuentro de guionistas: los analistas de las cadenas (delegados de ficción).

Trabajé como delegado en Antena 3 durante algo más de dos años y nunca me sentí del todo analista, sino un guionista que para comer trabajaba allí, y que en paralelo escribía y rodaba sus cosas.

Pues bien, en el encuentro, escuchando el debate y la controversia generada, de pronto, después de un año fuera de Antena…. Me identifiqué con ellos. Creo que el tema podría merecer el post. Explicar cuál es realmente el trabajo de un analista, sin pelos en la lengua; mi experiencia y mi opinión sobre el arte de analizar el arte de otros.

En bloguionistas les pareció que podía ser interesante, así que aquí estamos… Por cierto,  el guionista hastiado ya habló del tema en su día.

Quiero dejar claro que este post no pretende ni enfrentar ni alimentar la controversia. Quien busque trapos sucios, insultos o dardos envenenados no los encontrará aquí. No porque no quiera pringarme, sino porque nunca le he visto la utilidad, ni para mí ni para a quien me dirijo, el hablar mal de otras personas o cotillear sobre malos rollos. La intención de este post es informativa, ilustrativa y/o aclaradora en relación a un tema que, de una forma u otra, toca a muchos guionistas. Quizás diga cosas demasiado obvias, y por ello quedo a disposición de responder cuestiones concretas en los comentarios.

Lo primero de todo sería explicar en qué consiste grosso modo ese ente denominado departamento de ficción de una cadena.

Hablo del caso de Antena 3, en el periodo concreto en el que yo trabajé allí. Me consta que no siempre se ha hecho así, que a día de hoy ha variado, y que en otras cadenas es diferente. Aunque creo que, al final, la esencia se mantiene.

Pues a ver: en la cúspide de la pirámide está la directora de ficción de la cadena, con su despacho junto a los jefes, sus secretarias y sus fotos molonas de todas las series que se han realizado durante su “mandato”.

El departamento en sí está en otro sitio, dividido en dos subgrupos: producción y contenidos.

Como enlace entre las dos áreas y la directora, había dos subjefes (me vais a disculpar, pero la terminología jerárquica nunca ha sido mi fuerte. Siempre confundo capitán con oficial; coronel con sargento; almirante con general y obispo con pe… sorry, que se me va…) Lo que decía, dos subalternos.

El equipo de producción se encargaba (atención, spoiler) de los temas relacionados con la producción de las series.  Ejemplo: llamaban “Los hombres de Paco” porque necesitaban que Susanna Griso hablase de un caso; o “Doctor Mateo” necesitaba imágenes de archivo; o saber si se tenían los derechos de una canción determinada… También eran responsables de la recepción de los capítulos. Llegaba un máster y ellos se encargaban de que se ingestase, comprobando y chequeando que no había problemas (que alguien hubiese grabado una porno encima o algo así). Pues de eso y más cosas se ocupaba el equipo de producción.


Yo estaba en contenidos, y los de contenidos hacíamos (atención, spoiler) la parte concerniente a los contenidos.

Básicamente, nuestro trabajo, y en esto hacía hincapié la directora, es que éramos sus ojos, su primer filtro.

Había que valorar y analizar la calidad de los contenidos. Por un lado, las series que estaban en emisión, y, por otro, las biblias y propuestas de series que mandaban las productoras.

A cada uno de los delegados se les asignaba una, dos o tres series en marcha que llevar. Dependiendo de la experiencia de ese delegado y de cómo fuesen las series. No es lo mismo llevar una semanal que una diaria, obvio.

¿Qué es lo que hace un delegado con la serie que lleva?

Llegaba el guión. Normalmente, una versión bastante definitiva, que, por su parte, ya había pasado el filtro de coordinador y producción ejecutiva en la productora. Pues bien, nos llegaba ese guión; una copia se la leía el delegado de la serie y otra se la leía la subalterna.

Si la serie estaba empezando, la directora también se leía el guión.

Una vez leído, y no debía pasar mucho tiempo para intentar dar a los guionistas el máximo margen para reescribir (ya  se sabe, uno o dos días), se realizaba un informe detallando los “problemas” que se veían en el guión.

Se analizaban las tramas, los personajes, estructura, diálogos, tono, etc.

¿Cuáles eran los problemas más comunes? Normalmente, había dos tipos:

1.- Las salidas de tono de la serie. Esto es muy personal y había que valorarlo bien. Por ejemplo, en algún capítulo de Los Pacos había cosas demasiado escatológicas… Esto es subjetivo, pues lo que para uno es “muy” para otro es “algo”; y lo que para uno es arriesgado para otro es atrevido, etc.

Otro problema relacionado con el tono era cuando, en series que combinan humor y misterio (por ejemplo, “Los Protegidos”), se desequilibraba la balanza y de pronto faltaba intriga.

2.- El segundo grupo de problemas típicos podrían denominarse como “problemas básicos de guión”, en plan “Vale, puede que esto no se entienda bien; nos parece que la información que se da en esta secuencia no está suficientemente desarrollada”;  “Quizás esto se debería plantar mejor; “Da la impresión de que la actitud de este personaje no es acorde con lo que dijo en el capítulo anterior”. En definitiva, comprobar raccords de personajes, pulsos dramáticos, ritmo, que los avances de las tramas no fuesen repetitivos… “¿Otra vez Mario Casas a punto de besar a Michelle Jenner?” (Admitiendo que luego era lo que mejor funcionaba…). En resumen, valorar el guión en su conjunto.

Ese informe se lo leía la subalterna, lo comentaba con el delegado en cuestión, nos poníamos de acuerdo, -“Afina esta parte; ¿no te cantaba también aquello otro? Y quita ese párrafo donde te metes con la madre del guionista”-, se reescribía y se mandaba a la directora. Ella lo leía, daba el visto bueno (o no, y había q volver a reescribirlo) y se le enviaba al responsable de la productora; normalmente, el coordinador de guiones o un productor ejecutivo.

Al haber tantos filtros dentro de la propia cadena, todo se ralentizaba. Los delegados tratábamos de leer y escribir el informe lo antes posible, muchas veces el mismo día que llegaba el guión, pero luego debía leerlo la subalterna, reescribirse, mandárselo a la directora, dar el visto bueno… Frustraba, porque sabías que luego era menor el margen que el equipo de guión tenía para reescribir… Para más inri, a veces en las altas esferas, de pronto, se “interesaban” por una serie y entonces se multiplicaban los filtros y la espera.

Bueno, pues, tras mandar ese informe, nos llegaba la nueva versión de guión. Se leía para comprobar que se habían introducido los cambios y sugerencias. Normalmente era así. Y se daba luz verde. El trato con los enlaces de las productoras era bueno. Supongo que a todos nos convenía. Además, ya que tenías que sumergirte a saco en un proyecto, tratabas de hacer el trabajo lo mejor posible para el bien de la serie. Incluso, aunque a priori fuese un proyecto que no te “gustase”, al final siempre le terminabas cogiendo “cariño”. Uno de los primeros proyectos que llevé fue la serie diaria “18”. Me vi casi todas las pruebas de castings, me leí la biblia, los mapas de tramas, las escaletas, todos sus guiones, me vi todos sus premásters y másters… y claro, dolió que no funcionase.

Con las diarias, el trabajo era el mismo, pero de cinco en cinco. Es decir, llegaban cinco guiones seguidos y tenías que hacer un informe conjunto de los cinco. A veces se acumulaban unos megatochazos impresionantes… no voy a decir que nos rompiésemos la espalda a currar, porque no era así, pero, de vez en cuando, había momentos de… WTF!

Así pues, se daba luz verde al guión definitivo. Luego, una vez rodado el capítulo, llegaba el premáster, que es una cosa un poco bastante infernal de ver, sin etalonaje, ni sonorización, ni música… La dinámica era la misma que con el guión, se veía, se realizaba un informe, se comentaba con la subalterna y luego con la directora. Si la serie estaba empezando, se veía y analizaba con lupa.

Era raro que se tuviesen que regrabar o añadir secuencias. Si acaso, agilizar o aclarar cosas mediante montaje.

Luego llegaba el máster, se ingestaba y se emitía.

Antes de emitirlo, como delegados de esa serie, debíamos dar el corte a emisión. El corte es fijar un punto en el que pueda entrar el último bloque de publicidad. Dependiendo de la parrilla. Llegaba un compañero de emisiones y te decía el margen que había para colocar dicho corte. Normalmente, era de 6 a 8 minutos del final. Puteante. A mí me llegaron a pedir un corte a 2-3 minutos del final. Sí. Esto se hace para poder insertar el bloque de anuncios dentro de la franja de prime time, en la que los anunciantes pagan más. Por aquello de que las cadenas son emisoras de anuncios con pausas de contenidos, pues eso.

El corte era importante darlo bien. Muchas veces a los 6 ó 7 minutos, parecía que la trama principal se había resuelto. Obviamente, si te vas ahí a publicidad no vuelve ni la mitad de la audiencia. Así pues, se intentaba dar el corte dejando en alto. Puntualizo este tema porque… Sí, sería la hostia que en España se respetasen de antemano los cortes y que estos se planteasen en guión, como se hace en EE. UU., acordetazos de violín a lo “Lost” y publicidad. Pero la realidad es que no es así. Y desde guión al menos podemos prever que habrá un corte poco antes del final, por lo que meter un “momento musical” o resolverlo todo antes de esos 6-7 minutos es contraproducente. Todo esto sonará a Perogrullo, pero pasaba.

Continuará…

(En la próxima entrega hablaré, entre otras cosas, sobre los proyectos que llegaban a la cadena)

Silvestre García ha sido guionista en Los Serrano, ha realizado varios cortometrajes (17 del 7), y ha sido Delegado de Ficción en Antena 3. En la actualidad ultima la puesta en marcha de una empresa de 3D.


POR QUÉ HA FUNCIONADO “HISPANIA”

14 enero, 2011

Hispania, La Leyenda

Por Guionista Hastiado

Finalizada la emisión de la primera temporada de “Hispania”, y con un share medio de temporada de alrededor del 23%,  podríamos aventurarnos a afirmar que el estreno de esta serie de ficción de Antena 3 ha sido un razonable éxito, al menos poniéndolo en relación con los baremos habituales para evaluar los eventos televisivos, y más teniendo en cuenta que la media de la cadena ronda el 12% de share.

Partiendo de esta valoración en la que creo que podríamos estar todos más o menos de acuerdo, mi opinión siempre ha sido que, de la misma forma que uno debe hacer acto de contrición cuando trabaja en un proyecto que, por las razones que sea, fracasa (ejercicio que yo ya he tenido que realizar unas cuantas veces), cuando nos encontramos en nuestra trayectoria profesional con algo parecido a un éxito, lo más sensato es hacer un esfuerzo por reflexionar y aprender sobre los aciertos logrados, los errores que por fortuna no fueron determinantes, y poner en su justo lugar las cosas. Son muchas las personas en esta industria obsesionadas por encontrar las claves que separan el éxito del fracaso, y no está de más intentar aprender algo de cada proyecto, funcione éste o no.

No se abrumen, este post es más una pregunta abierta a sugerencias e interpretaciones suyas, amigos lectores, antes que un fatuo ejercicio de autobombo, aunque, como es lógico, intentaré hacer una aproximación personal a algunas de las estrategias que desde el equipo de guión hemos seguido para intentar que el resultado fuera el mejor posible. Aunque, como digo, todo lo que van a leer aquí son valoraciones personales y posiblemente poco acertadas, absolutamente a título personal, por lo que ni ustedes ni mis estupendas compañeras guionistas de la serie, tienen por qué estar de acuerdo con lo que digo. Así que les animo a todos a discrepar alegremente y, si entra dentro de lo posible, con educación.

Supongo que algunos de ustedes habrán pensado, nada más leer el título del post, algo así como que en este país el público es imbécil, y que por eso una serie tan mala ha funcionado. No les culpo. A fin de cuentas, en este tipo de asuntos siempre hay un componente subjetivo, y reconozco que yo mismo he llegado a hacer valoraciones parecidas con algunos pretéritos estrenos televisivos. Aunque, en este caso concreto, yo no estaría de acuerdo con esa impresión, posiblemente influenciado por mi intensa participación en el proyecto, que no me permite de ninguna manera ser objetivo.

Entrando en tema, y hablando de la producción de Hispania en general, yo destacaría algunos de los que yo considero aciertos de la serie, y que fundamentalmente se deben a una buena labor de la producción ejecutiva:

– Una idea llamativa, que generaba cierta curiosidad y que partía de un referente –la figura de Viriato- más o menos conocido por todos.
– Un equipo formado por buenos profesionales, en todos y cada uno de los departamentos.
– Un cásting bastante acertado.
– Una apuesta por los valores visuales de la serie, bien encauzada gracias a un magnífico trabajo de los directores y sus equipos.
– Una acertada gestión de los –para mí algo escasos- recursos con los que contaba la producción.

No obstante, me centraré en comentar aquellos aspectos de los que soy más directamente culpable y de los que puedo hablar con mayor conocimiento, que son todos aquellos que atañen a los guiones de la serie.

En primer lugar debo decir que, en general, y a pesar de muchas errores, yo defiendo el trabajo de guión que se ha hecho en Hispania. Se ha abordado con poco tiempo, con muchos palos en las ruedas y con gran esfuerzo. Pero nos lo hemos tomado en serio. Puede que pudiéramos haberlo hecho mejor  (bueno, “puede” no, es seguro), pero no hemos tratado de engañar a nadie, hemos procurado escribir lo mejor que podíamos con el material, el tiempo y los recursos que teníamos, y mi cometido, personalmente, ha sido encargarme de intentar que todo estuviera lo mejor escrito posible.

En segundo lugar, quiero mostrar mi sincero asombro y agradecimiento a la cadena, Antena 3, con la que hemos tenido una relación fácil y muy provechosa. Aquellos guionistas que habéis trabajado en proyectos televisivos sabéis lo difícil que puede llegar a ser decir algo así. Es habitual que las cadenas mareen mucho con cambios y exigencias sobre los guiones, lo cual no quiere decir que no tengan razón en muchas ocasiones, pero es un handicap que lastra en profundidad el sistema de trabajo, ya que impide tomar una dirección narrativa clara y obliga a reescribir y reaccionar siempre con prisas y poca reflexión.

En el caso de Hispania, sin embargo, los responsables de contenidos de Antena 3 nos han dejado trabajar, guiándonos o llamando la atención sobre determinados aspectos de los guiones que, desde fuera, encontraban más endebles, pero haciendo siempre propuestas constructivas y confiando en la profesionalidad y el tino de los guionistas que estábamos al frente del proyecto. Es decir, que han colaborado con nosotros, no nos han impuesto nada. En todos mis años de experiencia como coordinador de guión, puedo asegurar que nunca había colaborado tan a gusto con una cadena de televisión. Ustedes podrían pensar que esto es puro peloteo, pero les aseguro que es absolutamente cierto, y que considero que es uno de los factores que han propiciado el buen discurrir de la producción.

Por contextualizar un poco, contaré que hace cosa de un año me llamaron de Bambú, productora con la que ya había colaborado escribiendo algunos capítulos de Gran Reserva. Me dijeron que tenían “una noticia buena y una mala”. La buena era que Antena 3 había comprado el proyecto de Hispania, una serie de la que ya me habían contado algo. “La mala”, dijeron, “es que ahora tenemos que hacerla”.

Bromas aparte, había un duro trabajo por delante para el que era necesario crear un equipo de guión, y me propusieron ser coordinador del proyecto. Yo, sin dudarlo demasiado, allí me planté, desestimando algunas otras ofertas interesantes, pero ciertamente no tan atractivas. En efecto, Hispania era un proyecto apasionante aunque también complejo, que planteaba numerosas incógnitas, algunas de las cuales ya comenté, con mayor o menor seriedad, en este texto que descansa en el cementerio de los posts olvidados.

Cuando empecé mi andadura en Hispania, teníamos los cimientos sólidos de unas líneas generales en las que se explicaba grosso modo quiénes eran los protagonistas y qué les sucedería en la primera temporada. Pero aún quedaban por responder algunas preguntas fundamentales, relacionadas sobre todo con el tono de la serie, los recursos narrativos, las limitaciones de producción, y los principales conflictos personales entre los protagonistas. Y, además, no contábamos con ningún referente claro al que agarrarnos para empezar a construir. Nos la teníamos que apañar por nuestra cuenta, vamos.

El propósito era escribir una serie de 9 capítulos (inicialmente fueron 8 que luego se ampliaron) ubicada en la Península Ibérica del siglo II A.C, y hacerlo de manera que cada episodio de 70-80 minutos resultara todo lo trepidante y entretenido que pudiéramos, que los capítulos te mantuvieran pegado a la pantalla a pesar de la larga duración, los cortes publicitarios y la previsible feroz competencia en otros canales. Evidentemente, para lograr esto sólo había dos opciones:

1- Plantear en cada capítulo decenas de emocionantes batallas y escenas de acción que mantuvieran la tensión al límite.

2- Apostar porque fueran los valores narrativos los que mantuvieran el interés de la historia.

Ustedes ya imaginan cuál era la única opción realista de la dos. Para conseguir los resultados que queríamos, hay una serie de recursos guionísticos que son relativamente sencillos de emplear y que hemos intentado aprovechar en Hispania:

–   Apostar por un número mayor de escenas más breves, que aporten rapidez y dinamismo a la narración.
–   Acelerar el ritmo de acontecimientos en cada capítulo. “Que pasen muchas cosas”.
–   Cuidar la continuidad narrativa, e intentar siempre “dejar en alto” las escenas.
–   Aprovechar el diálogo para reforzar la importancia y gravedad de los acontecimientos.
–   Y, sobre todo, tener un rico plantel de personajes que favorezca la continua presencia de conflictos potentes.

Esto último es, quizá, lo más importante a la hora de desarrollar un proyecto, así que el primer cometido que afrontamos consistió en intentar enriquecer, fortalecer, desarrollar la personalidad de los protagonistas, de tal forma que nos ofrecieran una cantidad suficiente de conflictos con recorrido y riqueza narrativa. Quizá no tuvimos todo el tiempo necesario para hacerlo, y quizá los resultados no fueron todo lo buenos que podrían haber sido, pero más abajo explico cómo, poco a poco, ciertas debilidades al respecto se fueron solventando a medida que la temporada avanzaba.

En los cursos que imparto o en mis aburridas disquisiciones blogueras, yo siempre son muy pesado con esta premisa básica: las series funcionan si funcionan sus personajes. Puede que esté equivocado, pero es una máxima que yo defiendo a rajatabla. Pregunten a alguien cuál es su serie favorita y por qué. Nadie responderá “me gusta House porque tiene unas tramas muy entretenidas”, o “me encanta Dexter porque tiene unos giros de guión muy buenos”. Seguramente dirán cosas más del estilo “es que me parto con Ross”, “me encantaba lo zorra que era Ángela Channing” o “quiero saber qué le va a pasar a Jack la siguiente temporada”.  Los personajes son los que conducen la acción, los que nos dirigen en su viaje, los que permiten que haya tramas, giros, situaciones, conflictos… Éstos, aunque sea fundamental que funcionen, van cambiando. Los personajes, permanecen.

Desde este punto de vista, la mayor dificultad que representaba el desarrollo de “Hispania” tenía que ver con una de las debilidades habituales en los proyectos de ficción de este estilo: el maniqueismo. Se trataba de una serie, en esencia, de buenos contra malos, y eso nos hacía correr el peligro de convertir a sus personajes en arquetipos demasiado elementales. El problema con el maniqueísmo no es sólo una cuestión moral o de verosimilitud, sino que tiene también un componente meramente práctico. Si unos son buenos y otros malos, es más difícil encontrar conflictos personales, no habrá conflictos morales, ni dudas en los personajes, ni lucha dentro de cada uno de los bandos, no habrá más que peleas del bien contra el mal, de la luz contra la oscuridad… y eso puede mantener la atención durante los 90 minutos de un filme (si tiene grandes dosis de acción), pero difícilmente, en nuestro caso, nos daría riqueza dramática suficiente para escribir los 700 minutos de la primera temporada de “Hispania”.

Es habitual encontrarse este tipo esquemas en proyectos de ficción, algo debido en gran medida al hecho de que las series se plantean, en primera instancia, para ser vendidas, y no para ser escritas, ya que por lo general las televisiones demandan lo que ellos consideran productos de “fácil digestión” para el público. El problema es que, una vez que te pones frente al teclado, o la pizarra del mapa de tramas, las cosas son muy distintas.

Así pues, antes de empezar a escribir o decidir los arcos horizontales de la temporada, decidimos hacer un esfuerzo por redefinir y complicar a los personajes protagonistas y los ambientes en los que se movían. En aquella primera fase, por ejemplo, surgieron los personajes de Héctor y Sabina, que añadían matices y gamas de grises tanto al mundo hispano como romano, representando patrones morales diferenciados de sus principales partenaires.

Reforzamos, entre muchas otras cosas, el carácter rebelde de Darío frente a su padre, el componente emocional de Viriato y su evolución de hombre común a líder, las habilidades conspirativas de Claudia, el carácter irascible y, en cierto modo, inseguro, de Galba, la relación de amor y cotidianeidad de Sandro con su familia (Bárbara y Tirso) y su especial amistad con Viriato, el carácter impulsivo de Paulo, la evolución en la relación entre Nerea y Sabina, la esclava rebelde y la que tenía asumida su posición…

Lo fundamental a la hora de definir a los personajes pasa por tener claro cuál es la función de cada uno en el esquema de la serie, qué papel va a cumplir, cuáles van a ser sus atribuciones dramáticas, sus tramas, sus conflictos, y para eso tan importante es que los caracteres de los personajes sean complejos, tridimensionales, como que lo sean las relaciones que sustentan.

Aun así, cuando empezamos a dialogar los primeros capítulos de “Hispania”, aún manteníamos muchas de las dudas del principio. ¿Qué papel jugaría exactamente éste o aquel personaje? ¿Cómo hablarían? ¿Cómo alargaríamos en el tiempo esquemas dramáticos en apariencia tan sencillos?

Lo más apasionante de escribir una serie es ir encontrando respuestas a esas preguntas. Es normal, e incluso aconsejable, que el esquema básico de una producción seriada parta de una premisa elemental fácilmente asimilable por el espectador. En este caso, se trataba de contar la venganza de un hombre sencillo contra un imperio, venganza que acababa derivando en una guerra liderada por un héroe.  Pero, a partir de ahí, a medida que los personajes se van enfrentando a diferentes conflictos, pueden crecer, evolucionar y encontrar su voz propia. Los arquetipos empiezan a transformarse en personajes complejos, lo que fundamentalmente significa, casi siempre, encontrar sus defectos, sus debilidades y sus contradicciones, que son lo que más nos define (por eso los personajes “malvados” casi siempre suelen ser más interesantes, y dan más juego, que los “buenos”).

En esencia, la historia de Hispania era la historia de una guerra, y, como tal, debíamos aprovechar los conflictos fundamentales que surgen en una confrontación bélica, que, aparte del propio enfrentamiento violento, físico, que implica la pregunta de “¿quién vencerá?”, casi siempre consisten en conflictos morales. ¿Hasta dónde se puede llegar para vencer a los enemigos? ¿El fin justifica los medios? ¿Puede un hombre bueno matar sin que ese acto violento, por muy justificado que esté, transforme fundamentalmente su propia esencia?

Desde los primeros capítulos procuramos que las escaramuzas, las peripecias y las aventuras de los protagonistas estuvieran impregnadas de este tipo de conflictos más profundos. Ya en el segundo capítulo Viriato se planteaba qué hacer con un prisionero romano al que debía matar a sangre fría, puesto que si lo dejaba libre revelaría a sus correligionarios la ubicación del escondite rebelde. No fue, quizá, la mejor trama que hemos escrito, aún estábamos encontrando la serie y se cortaron en montaje algunas de sus secuencias, pero ese tipo de conflictos morales siempre tienen fuerza, ayudan a mantener la tensión de la historia sin tener que gastarse los cuartos en complicadas batallas, y al mismo tiempo ayudan a ir definiendo las aristas menos conocidas de los protagonistas.

Una pelea puede resultar entretenida si está muy bien rodada, pero estamos acostumbrados ya a ver grandes superproducciones con mucho más presupuesto y fuerza visual que aquella a la que puede aspirar una serie de televisión española. No eran esas nuestras armas. Por lo tanto, debíamos asumir que al espectador no le concerniría realmente una pelea si no hay algo importante en juego. La confrontación física siempre tendrá mucho más valor si va acompañada de la confrontación entre los personajes, o de los personajes consigo mismos. Y es en el personaje de Viriato, fundamentalmente, donde intentamos trasladar esta manera de enfocar los guiones partiendo del conflicto.

A veces son las propias necesidades narrativas las que te empujan a desarrollar tus personajes. Héctor, por ejemplo, surgió de la necesidad de introducir una manzana podrida en el núcleo de los hispanos rebeldes, alguien que supusiera un peligro dentro del grupo, sin tener que recurrir constantemente a la amenaza romana, más lejana e inaccesible. Pero Héctor resultaba de partida demasiado “malvado”, lo que le podía convertir en un personaje plano. Sin embargo, a partir del tercer capítulo nos surgió una duda importante: los hispanos se ocultaban en una cueva, así que, si Héctor estaba dispuesto a traicionarles por dinero, ¿por qué no guiaba, sencillamente, a los romanos hasta ese escondite? Nuestra respuesta era, evidentemente, “porque no nos interesa que lo haga todavía”. Pero había que buscar una justificación plausible para el personaje… Así que decidí escribir esta escena de arranque para el capítulo, que nos solucionó el problema:

Los sueños o imaginaciones son útiles para expresar los deseos, miedos o intenciones de personajes que, por las razones que sea, no tienen un interlocutor con el que “confesarse”. Esta pesadilla explicaba rápidamente el motivo por el que Héctor no lleva a los romanos hasta la cueva: porque no quiere que maten a su hermano. Y, al mismo tiempo, lo convierte en un personaje más interesante al conferirle un nuevo matiz. Ya no era totalmente malo. Héctor está dispuesto a venderse por dinero, sí… pero tiene un límite claro: su familia. Y ese matiz aparentemente tan sencillo nos ha permitido a lo largo de la primera temporada llevarle de un lado a otro del espectro moral y nos ha brindado gran cantidad de tramas y conflictos. La inestimable aportación de Pau Derqui, un actor como la copa de un pino, ayudó también a darle credibilidad y volumen al personaje.

En otras ocasiones, ha sido el propio proceso de diálogo el que ha ayudado a ir encontrando al personaje. Como coordinador de guión, me he visto en la necesidad de escribir, o reescribir, al menos el 80% de los diálogos de la serie, para bien o para mal. Y a través de los diálogos hemos podido permitirnos el lujo de ir encontrando y definiendo a muchos de los protagonistas. Eso ha sido especialmente notable en Servio Sulpicio Galba, el personaje al que más he disfrutado escribiendo en toda mi trayectoria profesional. Galba, así como Marco, era en principio un malo malísimo. Casi un malo de opereta. Sin embargo, a medida que escribíamos a su personaje, y sobre todo conforme observábamos el magnífico trabajo de Lluis Homar, nos dábamos cuenta de la cantidad de matices con los que podíamos jugar.

Galba era astuto, Galba era inteligente, y eso le dotaba de una gran capacidad para la ironía, la burla, y la comedia. Galba era divertido, sí, incluso hacía chistes y ridiculizaba a sus interlocutores. Galba era cruel (aunque seguramente mucho menos que el verdadero personaje histórico). Galba era también temperamental, pero sabía utilizar mejor su rabia conteniéndola que dejándola explotar. Así, la dosificación de sus ataques de ira hacía que éstos resultaran mucho más inesperados y eficaces.

Los diálogos de Galba condensan recursos narrativos que rara vez se te permiten utilizar en televisión (donde todo suele ser tan verbalizado y tosco): dobles sentidos, soliloquios, discursos, medias verdades, pullas veladas, y mucho, mucho subtexto, como se puede comprobar en la siguiente escena, en la que Galba recibe a su general Marco sabiendo que éste pretende matarle, a la par que Marco sabe que él lo sabe…

Prácticamente todo en esta escena es subtexto. Ninguno dice exactamente lo que piensa, nadie habla de venenos, ni de traiciones y, sin embargo, creo que queda bastante claro todo lo que sucede, e incluso se insinúan aspectos de la relación entre los dos personajes que van mucho más allá de lo que nunca hemos verbalizado. Esta escena fue escrita con el convencimiento de que los espectadores no son estúpidos, y en mi opinión el resultado no fue tan terrible (por supuesto ustedes, si están en desacuerdo, son libres de patearme el culo, aunque sea metafóricamente).

Por otra parte, la escritura de un capítulo 6 algo improvisado que en principio no iba a existir, nos brindó una trama (idea de mis grandes compañeros MJ y Fran) en la que el pretor Galba enfermaba, y que nos permitió aportar al personaje, por medio de su sufrimiento, algún rasgo de humanidad (y, por lo tanto, hacerlo menos básico), al hablarnos de su hijo Fabio (al que algún día puede que lleguemos a conocer), y al poder expresar algunos secretos de su subconsciente, nuevamente en un sueño…

La figura uniformada que representa él mismo seguramente sea un aviso subconsciente del peligro que supone para él su lugarteniente Marco (que le acabará traicionando). Pero también podemos vislumbrar en la escena algo del afecto paterno que siente por su vástago Fabio, e incluso los retazos olvidados de un antiguo y verdadero amor por su mujer Claudia…

Quizá la fuerza del personaje de Galba, para mí, sólo pueda compararse, al menos sobre el papel, a la complejidad del de su  mujer, una patricia egoísta, caprichosa, malediciente, pero que termina por caernos bien, porque antes que nada es una mujer que sufre. Sufre mucho, y lo único que intenta una y otra vez es sobrevivir, incluso aunque para ello deba aliarse con sus enemigos naturales. Es un personaje complicado, y a veces no queda claro qué pasa por su cabeza: ¿ama realmente a Marco o sólo le utiliza? ¿Y a Viriato? ¿Cuáles son sus verdaderos objetivos? ¿El poder? ¿El dinero? ¿La venganza? ¿la supervivencia? ¿Todos a la vez? Los guionistas, evidentemente, tenemos respuesta a estas preguntas, pero preferimos dejar algunas cosas abiertas a la interpretación del espectador. No siempre es necesario explicitarlo todo.

Hacer sufrir a un personaje es una de las maneras más efectivas de lograr que caiga bien (apúnteselo, éste es uno de los pocos grandes “trucos” de guionista que conozco y utilizo). Si ese personaje es fundamentalmente bueno, ese efecto es todavía más palpable. Así lo planteamos con Sandro -magnífico Hovik,  el mayor descubrimiento de cásting de mi vida-, un bonachón que sufría en directo la muerte de su mujer…

Esta muerte se convirtió en un punto de inflexión de la serie. A partir del capítulo 4 los guiones se volvieron algo más oscuros, y quizá algo más complejos. La herida ponzoñosa que esta muerte dejó tanto en Sandro como en Viriato les volvió menos blandos, más adultos y sombríos, y posiblemente haya sido el giro más útil que hemos tenido en toda la temporada, al menos en lo que respecta a la composición de personajes.

Marco también empezó siendo un personaje arquetípico. Era un mero brazo ejecutor de Galba, un malvado asesino sin corazón, un hijoputa sanguinario… Pero sabíamos que, poco a poco, íbamos a encontrarle su punto débil: Claudia.

Marco es notablemente menos inteligente que Galba, más bruto, menos sutil, y disfrutamos mucho construyendo a lo largo de la temporada ese proceso en el que le vemos caer como un ceporro en los enredos y tejemanejes de la mujer a la que no puede evitar amar.

La necesidad de que se reconciliara con el pretor al final de una temporada que, desde el principio, estaba planteada para que Galba muriera (decisión que, acertadamente, se cambió en el último momento), nos volvió locos durante un tiempo. Pero de pronto nos dimos cuenta de que teníamos la solución delante de nuestros ojos: Galba siempre se había mostrado indolente y bárbaro con sus legionarios, mientras que Marco les trataba con el respeto militar de un general al que le conciernen sus subalternos. Así, cuando Galba decide acabar con la vida de su General traidor, las tropas se amotinan y se ponen del lado de Marco. Pero éste, consciente de que ya ha se ha deshonrado suficientemente con su fallida traición, decide reponer al pretor en su lugar, consiguiendo, así, que todo vuelva a ser lo que era, y limpiando en cierto modo su falta… Es una decisión fundamentada en un sentido del honor algo palurdo, pero perfectamente creíble en el tosco personaje que habíamos planteado, y que en cierta forma lo completaba.

Y es así, a lo largo del proceso, como poco a poco los personajes de una serie, y sus conflictos, se van perfilando. Estos son sólo algunos ejemplos pequeñitos de cómo enfocamos el curro diario, pero yo creo, humildemente, que todo este trabajo de “descubrimiento” ha sido uno de los motivos, no quizá de que la gente empezara a ver la serie, pero sí al menos de que la continuaran viendo. La fertilidad narrativa surge siempre del entramado de relaciones entre los personajes, y ese entramado se va tejiendo a lo largo de los capítulos, con paciencia, objetivos claros y un poco de sentido común. Por eso es tan importante que las cadenas sean pacientes con sus productos y dejen que las series hagan su recorrido.

¿Que hemos cometido muchos errores? Por supuesto. Si los pusiera todos juntos necesitaría diez posts como éste para explicarlos. Yo reescribiría todos y cada uno de los guiones de la primera temporada, hasta la extenuación. Por suerte para mis nervios, en televisión uno tiene plazos que no se puede saltar,y lo que está hecho, está hecho. Podría explayarme al respecto, pero creo que muchos de ustedes ya han demostrado su capacidad para detectar nuestras mayores cagadas y para ponerlas sobre la palestra con mayor ecuanimidad que un servidor. Y les animo, además, a hacerlo. Entiendan que no sería muy elegante por mi parte ponerme aquí a criticar a destajo un trabajo en el que tantos compañeros han colaborado.

La segunda temporada de “Hispania” será más compleja, oscura y trepidante que la primera, en mi opinión, aunque evidentemente condicionada por los límites de producción y por ciertas prisas en su elaboración. Habrá nuevos personajes, habrá muertes, amor, traiciones y héroes, un poco de todo. Espero que no les decepcione. A estas alturas del camino, una vez recorrido el primer trecho, me doy cuenta ahora de que la base dramática de “Hispania” era mucho más rica en nutrientes dramáticos de lo que me había parecido en un principio, y lo único que hace falta ahora para aprovecharla es seguir trabajando muy duro picando la piedra.

Porque eso sí, ustedes ya saben que los éxitos no son nunca para los guionistas, amigos. Son para los actores, las cadenas, los productores o los publicistas. Los guionistas, o los coordinadores de guión, aparte de la satisfacción personal por algunos -pocos- momentos de los que nos sentimos verdaderamente satisfechos, sabemos que cuando hacemos un trabajo afortunado seguiremos teniendo, sencillamente, un empleo y un sueldo por un tiempo más, hasta que la serie se agote, o nos agote a nosotros.

Antena 3 ha pedido más Hispania, como es lógico. Y para muy pronto, como es comprensible. De momento  he pasado las navidades escribiendo sin parar, y ya estamos inmersos en la segunda temporada, con la misma ilusión y empeño que en los primeros capítulos y con una idea algo más clara de la serie que hacemos, aunque quizá con algunas fuerzas menos. Todo sea porque continúe el espectáculo.

Y ustedes, por favor, me perdonen el tochazo.
(Y el egocentrismo)


LA CRÍTICA INTERNA

15 diciembre, 2010

Por Chico Santamano.

Me voy unos días de vacaciones y se lía la de Dios es Cristo. Por cuestión de horas me libré de la ¿huelga? de controladores aéreos (incidente histórico en esta nación llamada España y en este blog llamado Bloguionistas), a una campeona de atletismo la pillaron trapicheando supuestamente con drogaínas varias y Mila Ximénez anunció su (falsa) retirada de la televisión, tocada y hundida por las declaraciones del abogado Rodríguez Menéndez. Pero de todo lo ocurrido en estos días de ausencia me apetece hablar de lo que sucedió en este blog hace justo una semana.

El miércoles pasado, Carlos García Miranda, en un tono coloquial, quizá demasiado coloquial, reconoció en este post que la serie en la que curró durante años no era una obra maestra de envidiable perfección. Asumió que por petición (por no decir “obligación”) de la cadena y la productora, los guionistas de “El internado” tuvieron que estirar las tramas hasta el delirio para conseguir rellenar 70 minutos semanales y alargar la historia durante más temporadas de las que realmente necesitaba. Y que, a pesar de seguir engordando el pavo con relleno que por necesidad no podía ser de la mejor calidad, el público seguía estando ahí semana tras semana.

Este es el resumen que yo hago de un texto que consiguió más de 78 comentarios y no todos positivos precisamente.

Puede que el que les escriba sea bastantante benévolo con la interpretación del texto porque Carlos es colega, no lo niego. Pero en esencia el único pecado que cometió fue escribir en internet (¡Maldita internet!) la típica conversación que mantenemos normalmente los guionistas de este país en el mismo código de coña descreída que casi todos usamos. Como profesional te involucras al 100% con tu serie o tu peli, pero eso no implica que cobrar una nómina casi todos los meses destruya tu capacidad de crítica y no seas consciente de las carencias del producto en general y de tu trabajo en particular. No entiendo que ningún profesional en Globo (o cualquier otra productora) se pueda rasgar las vestiduras por un post así, cuando todos hemos oído en boca de compañeros que su serie era “los serrano con pistola”, “los serrano con espadas” o “los serrano con anclas”. Quizá en los despachos que están un piso por encima del de los Carlos Garcías Mirandas de este país (y por supuesto en los despachos de las teles) deberían tomar nota de que esta repetición de fórmulas sólo crea desmotivación entre los profesionales que tienen que defender las mismas tramas, bajo los mismos esquemas y el mismo tono, una y otra vez. ¡Lo extraño sería que no criticasen sus propias series! Es un ejercicio de lo más sano.

Entiendo que por raro e inédito sorprenda la autocrítica, pero no que indigne. En USA pararon “Heroes” (…y Flashforward, y The Event), entonaron un mea culpa, reconocieron que la habían cagado con el rumbo de la serie y que trabajarían para darle al público lo que merecía y esperaba. Y no pasó nada. Nadie se echó las manos a la cabeza, nadie se sintió insultado  (ni profesionales, ni espectadores) y las series se acabaron yendo a pique (de momento las dos primeras), pero al menos hubo un ejercicio de reflexión y reconocimiento. Entiendo también que haber hecho una crítica tan ácida con el producto aún vivo habría sido una irresponsabilidad, pero una vez que tu trabajo ha llegado a su fin y la serie ha chapado por siempre jamás, ¿qué te impide echar la vista atrás y decirle al mundo entero “no pudimos hacerlo mejor por esto y por esto y por esto otro”?

Guionista Hastiado comenzó su blog para hablar de su (mala) experiencia en “Divinos”, Guionista en Chamberí escribió un par de posts estupendos diseccionando “Yo soy Bea” (aquí y aquí). Ambos señalaban con bastante criterio el por qué y de qué  manera estas series llegaron a su fin (una de ellas con un camino más exitoso que la otra, of course). Quizá el problema sea haber pinchado en un hueso distinto.

“Divinos” era un blanco fácil. Desde el principio fue mal de audiencia. Un auténtico muerto viviente. “Yo soy Bea” ha sido hasta la fecha el último gran fenómeno diario con audiencias que sobrepasaban el 30%, pero siempre tuvo mala prensa, por lo que decir cosas feas de ella no habría supuesto mucho problema. Sin embargo este hueso, el de “El Internado”, era muy distinto; una serie en prime time de indiscutible éxito, con buena imagen, producida por la casitodopoderosa Globomedia y poseedora de una horda de fans envidiable.

No me sorprende leer los comentarios airados de los fans. Los pobres no tienen por qué saber que Carlos García Miranda ni pinchaba ni cortaba en este tinglado. Él no decidió que la serie durase más de lo que la historia demandaba. Él no decidió rellenar los capítulos con tramas infantiles ñoñas. Él, como el 95% de guionistas no deciden prácticamente nada… Y vosotros diréis “pues que se hubiera ido de la serie si no le gustaba lo que hacía”. Y yo os digo: “pues haber dejado de verla vosotros cuando advertíais que “El Internado” se iba a la mierda con esos giros locos”.

Los guionistas tienen que estar a a la altura, pero los fans también, chicos. Si no os gusta lo que veis, dejad de quejaros en los foros de Formula TV y directamente APAGAD EL TELEVISOR. No vayáis a los preestrenos. No os hagáis fotos en el Festival de Málaga con sus estrellas como si lo fueran a prohibir. Tal vez así os escuchen de verdad y los guionistas, que odiamos dar vueltas sobre lo mismo para alargar las series hasta el infinito y más allá, os lo agradeceremos. Y creo que esto ya lo dijo hace tiempo Guionista Hastiado en su blog pero si, tal y como pasó en “Los hombres de Paco”, no os mola que Sarita se enrolle con Mario Casas, no le echéis la culpa a los guionistas. Echadle la culpa a Hugo Silva que decidió pasar de la serie y por extensión de vosotros, sus fans.

En definitiva, no descubro nada si digo que los mejores extras y audiocomentarios son los de las pelis antiguas. Aquellos en los que, con los flashes del estreno mucho más que fríos, te cuentan DE VERDAD el proceso doloroso y lleno de mierda que implica hacer un producto de ficción.

Ojalá que en Bloguionistas no haga falta esperar al 50º aniversario de una serie para poder llamar a las cosas por su nombre.

 


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