A LOS TÍMIDOS

12 enero, 2016

Por David Muñoz

Aviso: he escrito este texto en un arrebato. Para no sentir tentaciones de reescribirlo entero y a lo mejor acabar por no subirlo, apenas lo he revisado.

Ser tímido es una mierda.

No me refiero a la timidez que de vez en cuando sentimos todos en determinadas situaciones, la timidez que podríamos llamar “normal”. No, hablo de esa timidez que no te deja hacer cosas que querrías hacer, que te paraliza, que te bloquea. La timidez que se convierte en terror cuando te ves obligado a interactuar con otros, especialmente si esa interacción se produce en público. La timidez que te condena a ser figurante en vez de protagonista, que te hace vivir acurrucado, como en si cualquier momento un francotirador agazapado en una terraza te fuera a reventar la cabeza de un disparo. Esa timidez que algunos psiquiatras llaman “fobia social” (aunque otros, como uno que a mí me merece mucho respeto, Guillermo Rendueles, opinan que a denominarla así y convertir la timidez en cuadro clínico, en enfermedad, puede ser contraproducente, contribuir a su cronificación y a que el tímido no deje de serlo nunca).

Yo conozco esa timidez muy bien.
Fui tímido durante muchos años. Aún sigo siéndolo. Solo que ahora, no siempre, pero sí casi siempre, he aprendido a simular que soy una persona normal. Nunca lo seré del todo, pero ya no dejo de hacer cosas que quiero hacer por miedo. O por lo menos solo dejo de hacer algunas. Por ejemplo, jamás podré orinar en un váter público si hay otra persona. Pero bueno, no es tan importante. Siempre puedo esperar a quedarme solo (y si voy al cine, asegurarme de llegar siempre con tiempo).

Si eres guionista, ser tímido es una mierda por partida doble. Esta es una profesión en la que es muy importante relacionarse, conocer gente, saber venderse. Más ahora, con tanta sesión de “pitch” por la que hay que pasar sí o sí si quieres dar a conocer tus proyectos. Y por supuesto, si trabajas en televisión y formas parte de un equipo, saber explicar tus ideas es fundamental. Y todo eso, a mí, durante años, se me dio como el culo. Encima sospecho que tendía a caer mal. Era uno de esos tímidos de gesto duro que más que tímido parecía un borde. Pero si no hablaba, o cuando lo hacía lo hacía de manera brusca, y en un tono mucho más duro del que me habría gustado utilizar, era porque no sabía hacerlo de otra manera.

Pero tuve suerte: un coguionista, Antonio Trashorras, que además de comprenderme y apoyarme, aportaba el don de gentes del que yo carecía cuando empezamos a mover nuestros guiones. Antonio, si lees esto, gracias. Creo que nunca lo he dicho en público, pero ya tocaba. Sin ti quizá nunca habría tenido el valor de salir de mi agujero.

Ahora, me parte el alma cuando veo que entre mis alumnos hay gente con talento que no es capaz de hablar de sus proyectos sin que les tiemble la voz. Y todos los años tengo varios. Me he puesto a escribir esto pensando en ellos.

Porque lo que no pretendo es que esto sea el clásico texto autocompasivo de guionista. Para nada. Lo escribo para explicar que, como he dicho antes, de la timidez se sale. Vale, lo de mear en un váter público para mí es un imposible, pero vaya, que dentro de un par de días voy a estar dando clase a veintitantos alumnos en la universidad, y no solo no lo voy a pasar mal haciéndolo, sino que lo voy a disfrutar. He pasado de no poder hablar en público a dar clase contento. De hecho, lo que ocurre ahora es que cuando me dan la oportunidad de hablar, lo difícil es conseguir que me calle*.

Pero para lograrlo, para salir como salí yo, necesitas esforzarte mucho y, también, probablemente, necesitas ayuda.

La “receta” para ir saliendo es fácil: Debes obligarte a hacer cosas que te da miedo hacer. Una cada cierto tiempo. Sin agobios. No se puede cambiar totalmente de un día para otro. Conviene ir paso a paso.

La primera vez que lo hagas, lo pasarás fatal. Pero poco a poco empezarás a sentirte más a gusto hasta que, incluso aunque no acabes estando del todo relajado mientras haces eso que antes te asustaba tanto, por lo menos serás capaz de hacerlo. Parafraseando a la actriz Carrie Fisher hablando de sus problemas psicológicos: “aunque sigas teniendo miedo, no dejes de hacerlo”.

Recuerdo perfectamente el día en que mi pareja me obligó a pedir algo en un bar. Tenía veinte y pocos años. Hasta ese momento había sido incapaz de dirigirme a un camarero. Fue aterrador. Me tembló la voz, pero lo hice. Y después de hacerlo diez veces, la vez número once ya no me pareció tan importante.

También recuerdo la primera vez que di clase, con las orejas coloradas como tomates y las manos metidas en los bolsillos para que no se notara lo que me temblaban. Aquella clase, en un taller de ALMA, la di también porque otros se empeñaron en que podía y debía hacerlo. En este caso fueron mis amigos los también guionistas Carlos Molinero y Nacho Faerna. Ellos me hicieron profesor. Y sin saberlo, me cambiaron la vida.

La timidez solo se “cura” (o mejora) si el tímido es consciente de que lo es, si no se inventa excusas para justificar su comportamiento (esas del tipo “esto no lo hago porque no me gusta” cuando en realidad sabes que no es así, que te mueres por hacerlo, y no puedes), y empieza a dar pequeños pasos para vencerla.

Como habéis visto por los ejemplos que he puesto, casi siempre también hace falta que te echen una mano. Lo que yo no hice fue algo que ahora parece una solución muy obvia: ir a ver a un psicólogo. En aquella época me resultaba algo muy exótico, una cosa rara que la gente de mi entorno no hacía, una extravagancia de las películas de Woody Allen. Y tendría que haberlo hecho. En muchos casos, la timidez está relacionada con una baja autoestima, y eso puede trabajarse con un psicólogo.

Yo no fui, no supe ir, pero a cambio tuve amigos, mi pareja, gente que me quería, que me ayudó aunque yo no se lo hubiera pedido. No todo el mundo tiene esa suerte.

Sea como sea, si sois tímidos, no dejéis que la timidez os impida ser lo que podéis llegar a ser. Luchad contra ella. El primer paso es el más difícil. Pero es una meta que puede lograrse. Con mucho trabajo, desde luego, pero puede hacerse.

Pensad: ¿qué podéis hacer esta semana que normalmente os dé miedo hacer?

Y hacedlo.

Aunque os tiemblen las manos, aunque se os quiebre la voz, aunque vuestras orejas brillen como dos farolillos chinos… hacedlo.

*El camino para salir de la timidez no es una línea recta. A veces se da un paso adelante y dos atrás. O hay recaídas. A mí me pasa de vez en cuando. El tímido que llevo dentro vuelve a apoderarse de mí. Conviene no obsesionarse con ello y recordar que en este caso sí que se trata de algo excepcional. Además, como las habilidades sociales se dominan mediante la práctica, y el tímido suele haber practicado poco, también ocurre a menudo que al tímido le cuesta medir y a veces habla más de la cuenta. Cuando me ocurre a mí y me agobio lo que pienso es que es mejor hablar de más que no poder abrir la boca.


QUÉ BUENAS IDEAS TIENEN ESOS AMERICANOS

31 julio, 2015

Por Antonio Trashorras. 

cabecera

Hace unos días me enteré de que Sony Pictures Animation había dado luz verde a un proyecto de largometraje basado en los denominados emojis. Sí, esas socorridas caritas amarillas, nietas del ya cincuentón Smiley, cuya gama expresiva en permanente crecimiento tanto está colaborando al retroceso de la capacidad de expresión escrita del ciudadano medio. Tal noticia detonó en mi cerebro un recuerdo, nítido como la certeza de que bien poco vale el talento sin algo de chiripa; la escena evocada data de hace unos tres años y la protagonizan Diego Puertas y Alejandro Pérez, quienes, sentados frente a mí, me cuentan con entusiasmo y un grado de detalle a veces, por qué no decirlo, exagerado, un proyecto que difícilmente podía sonarme mejor, y, por una vez, no sólo en el aspecto creativo, sino, qué demonios, también en el comercial. Aquel proyecto era… bueno, mejor que lo veáis:

Vaya… Así que hace tres años estos dos españoles ya tenían tan avanzado un proyecto básicamente idéntico a ese que no tardando mucho nos llegará de Hollywood e invadirá buena parte de nuestras pantallas comerciales. En realidad, no. Porque Diego y Alejandro, habían concebido ese proyecto hace ONCE años; es decir, en aquellos lejanos tiempo de los emoticonos del Messenger, de los foros de Internet, del talante… A partir de esa idea crearon unos personajes, urdieron una serie de historias y llenaron cientos de páginas con los detalles de un universo entero. Un trabajo redondo (JÁ). Supongo que los guionistas del proyecto de Sony, a poco que se estrujen el bulbo pensando en una mundo donde todos sus habitantes son esféricos (y amarillos) llegarán a parir algunas, sino bastantes, de las ideas que se les ocurrieron a ellos durante aquel período.

Diego y Alejandro escribieron y dirigieron el “teaser” entre 2005 y 2006, animado nada menos que por Enrique Gato (“Tadeo Jones”), y que aunque sólo se vio en círculos muy pequeños, y siempre buscando vender el proyecto, gustó lo suficiente en España como para incluso llevarlo en inglés hasta Cannes y Hollywood atrayendo un primer interés por parte de varias productoras.

Y si todo iba tan bien… ¿qué pasó para que “Emo” no llegara a producirse? Ellos me han contado la historia, aunque sin entrar en demasiados detalles. Recurriendo de nuevo a la memoria trataré de resumirla: ellos siempre quisieron hacer una serie con capítulos de media hora, tramas de “continuará”, en 3D y de contenido adulto. Por supuesto se toparon con todos los impedimentos del mundo. En algunos sitios les dijeron que no querían historias que abarcasen más de un episodio, ya que eso anulaba la posibilidad de emitirlos y reponerlos desordenados (¿os suena “Los Simpson”?). Tampoco faltaron quienes quisieron convertir “Emo” en un producto exclusivamente destinado al público infantil (las pelotitas esas, tan monas…), aunque ellos ahí dijeron “basta”. Estaban dispuestos a negociar todo lo referente al formato (barajaron diversas posibles duraciones para los capítulos, e incluso un posible argumento de largometraje), a suavizar algo el “teaser” (por ejemplo, eliminando las palabrotas, aunque quienes pedían eso eran, curiosamente, los que más se reían con ellas), pero a lo que no estaban dispuestos era a llegar tan lejos con los cambios como para alterar por completo el espíritu inicial de la idea.
Cuando me lo enseñaron a mí, ellos habían realizado una (desafortunada) cesión que tuvo bloqueado el proyecto durante tres años, sin al final siquiera llegar a desarrollarse. ¿”Development hell”? No, peor.
Fue de todo esto de lo que me acordé al ver aquella noticia del proyecto de película protagonizada por emoticonos. Puede que Sony le saque tanta rentabilidad a esta idea como hicieron con “Lluvia de albóndigas”, “Hotel Transylvania” o “Los pitufos”, pero nadie le quitará a dos españoles la satisfacción de haberla tenido antes que ellos. Mucho antes. Sí, sé que esta última frase es una idiotez mayúscula, y lo que Diego y Alejandro querrían es haber podido materializar su idea hace años, en el momento en que, no nos engañemos, resultaba de verdad original. No hay más que ver de nuevo el “teaser” para imaginar el bombazo que aquello hubiera representado en la animación española. Es más, no me extrañaría que cuando dentro de un año o dos veamos el “trailer” de la multimillonaria producción americana pensemos que, manda narices, en el fondo nos sigue haciendo más gracia aquella cosita hecha aquí, la misma en la que ningún productor confió lo suficiente como para apostar por ella, tal cual era.


PODCASTS DE GUIÓN, BLOGS CATALANES Y MÁS ENLACES PARA EL FIN DE SEMANA

29 mayo, 2015

Por Alberto Pérez Castaños. 

1. “Hay productores que son muy listos. Se ha dado el caso, de hecho, de productores que saben lo que hacen”. Tiene ya una semana y pico, pero esta entrevista a José Luis Cuerda merece abrir la tanda de enlaces de esta semana.

2.  A lo mejor este enlace con 10 consejos para escribir loglines os viene bien para cuando vayáis a ver a uno de esos productores que dice Cuerda.

3. Álex Catalán es el director de fotografía de películas como ‘Camino’, ‘Habitación en Roma’, ‘También la lluvia’ y, por supuesto, toda la filmografía de Alberto Rodríguez, incluida ‘La isla mínima’, por la que ganó el premio Goya. Canal Sur le dedicó recientemente este pequeño pero interesantísimo reportaje:

4. El guionista Arnau Margenet tiene un blog en el que analiza guiones de películas. Su última disección ha sido al guión de ‘Drive’.

5. Así que, el guión de esta semana es ‘Drive’, escrito por Hossein Amini.

6. Por cierto, ¿conocíais este blog de guión en catalán? Pues una manera de empezar a hacerlo es este post de Rodolf Giner“La millor professió del món”.

7. Esta semana se ha estrenado el podcast sobre guión de Antonio Trashorras, “Courier New”, y lo ha hecho con Virginia Yagüe, Adolfo Valor y Cristóbal Garrido como invitados.

8. Y, para terminar con la tanda, un par de críticas. En concreto, de ‘Ilusión’, de Daniel Castro, que se proyectó en el Coral Gables Art Cinema de Miami y han hablado muy bien de ella aquí y aquí.

¡Buen fin de semana!


CONSULTORIO: VENDER EL PRIMER GUIÓN

26 noviembre, 2013

Por David Muñoz

“Hola,
Mi nombre es David, soy de Málaga e intento ser guionista.
Últimamente he visto como en el blog insistís con el tema de que para vender un guión o un proyecto no basta con: formarte, escribir mucho y muy bien, y contactar con las productoras para que te lean. Ya… me voy dando cuenta. Eso es lo que he hecho hasta ahora, y muy bien no me ha ido. Y mira que yo no me limito a mandar mails a las productoras. Las he llamado, les he dicho de qué iba mi proyecto, lo he enviado cuando me han dado permiso para hacerlo, he preguntado si lo estaban leyendo, he insistido, me temo que tendré que volver a insistir…
La sensación es que, debido a la baja financiación, las productoras se han vuelto hiperselectivas y sólo se fijan en los proyectos que vengan bajo el brazo de alguien consolidado en el sector. De ahí quizá la importancia de ofrecerle primero tus proyectos a directores, actores u otros guionistas (para hacer una colaboración) y que ellos te hagan de padrino (no por afinidad, sino porque realmente les mole tu proyecto y se impliquen en que vea la luz).
Y ahí es donde nos solemos perder los guionistas noveles. Porque una productora es engañosamente accesible, pero, ¿cómo accedo a un director, a un actor, a otro guionista? ¿Y no sólo cómo accedo, cómo destaco de entre la manada de frikis que como yo, anda pidiendo que le lean esto o aquello, es decir, cómo consigo captar su atención?
Se echa en falta, cuando surgen estas cuestiones, la figura del agente en España. Pero como no lo tenemos, no estaría nada mal un post orientativo en este sentido. Incluso se agradecería que contarais experiencias personales (“pues yo hice esto”).
Gracias por adelantado y enhorabuena por el blog.
¡Un saludo!”.

Hola David,

Sinceramente, la única manera en la que puedo responder a tus preguntas es diciéndote la verdad: no tengo ni idea. O más bien, que no puedo explicarte cómo acceder, así en general, a directores, actores o guionistas. Cada persona es un mundo. Hay quienes están dispuestos a escuchar el “pitch” de un novato si éste consigue despertar su interés de alguna manera (que sí, que sino concreto es como decirte nada, pero es que no hay un método), pero también hay quien sale corriendo en cuanto un “friki” trata de pillarle por banda.  Hay de todo.

Lo que no hay es UNA manera de llamar su atención.

En realidad, de todo esto ya hemos hablado muchas veces en el blog. Incluso recientemente. Solo tienes que revisar las entradas de los últimos meses para encontrar las respuestas a muchas de tus preguntas (aunque no sé si en ellas se dice una cosa obvia: para contactar en persona con directores, actores, guionistas, conviene ir a donde van ellos, o sea: festivales y certámenes varios).

Por otra parte me parece que por lo que cuentas estás haciendo las cosas bien, como hay que hacerlas. Solo que este no es el mejor momento para vender ningún guión (y claro, luego habría que ver si tus guiones tienen o no posibilidades de interesar a un productor, cosa que yo no tengo manera de saber).

También me parece que algunos también hemos contado aquí cómo vendimos nuestro primer guión. Yo al menos lo he hecho unas cuantas veces.

Y en tu mensaje hay algo que me ha llamado mucho la atención: y es que pienses que conseguir coescribir con un guionista más o menos conocido te va a poner más fácil lograr tu primer crédito. Hombre, si consiguieras que Sergio G. Sánchez accediera a colaborar contigo, pues a lo mejor sí. Pero ojalá los guionistas más veteranos y con algunos créditos tuviéramos más fácil conseguir que se rodaran nuestros guiones. Hombre, supongo que la veteranía sí es un grado y que es más probable que los productores lean un guión nuestro que el de un novato, y que a lo mejor hasta le hacen un poco más de caso, pero te aseguro que ahí queda la cosa. Por otro lado no veo razón alguna para que un guionista veterano colabore con un novato (perdiendo la mitad del dinero que ganaría escribiendo solo) si no les une una relación personal. Como la de por ejemplo Jonás Cuarón y su padre, Alfonso Cuarón.

Pensando en todo esto me he acordado de unas entrevistas con guionistas que hice hace al menos ocho o nueve años (o más) con Antonio Trashorras para un libro que no llegamos a terminar. Como en varias de ellas los entrevistados cuyas declaraciones transcribimos -Juan Cavestany, Carlos Molinero y Ángeles González Sinde-, hablan de sus inicios en la profesión, me ha parecido que podía ser interesante que leyeras sus respuestas (como verás, son historias muy distintas entre sí; lo repito: no hay un método, “solo” necesitas constancia y suerte):

CARLOS MOLINERO: Yo decidí ser guionista en el momento en que me di cuenta de que las películas las hacían personas (risas). Me explico: un día siendo pequeñito estaba viendo “Los duelistas” en la tele y vi el nombre de Ridley Scott, y pensé: “Ay, va… el mismo de “Blade Runner” y “Alien”. Entonces, por absurdo que parezca, me di cuenta de que las películas tenían responsables. Y decidí que quería ser uno de ellos. Por supuesto, más tarde supe que Ridley Scott ni siquiera las había escrito y que unos señores llamados guionistas, que siempre permanecían en la sombra, eran  los que en realidad inventaban las historias. Como siempre fui un poco sociópata y la interacción humana no ha ido mucho conmigo, pensé que lo mío no era dirigir sino escribir películas. Cuando lo conté en casa se descojonaron de mí, claro.

Años después acabé haciendo la carrera de Matemáticas, y en los dos últimos años de universidad me apunté a un taller literario, pero no de cine, sino de escritura creativa en general. Luego, al terminar la carrera entré en la Escuela de Cine de Madrid en la especialidad de Guión. Ese fue un giro importante en mi vida porque en lugar de buscar trabajo como informático o preparar una oposición ya me encontré metido en un ambiente que me convenció que dedicarse al cine no era una locura.

JUAN CAVESTANY: Yo he dado varios tumbos hasta acabar dedicándome a esto. Primero estudié Ciencias Políticas, nada menos. Luego me dediqué a varios trabajos que no tienen nada que ver con aquella carrera, y por fin hice el master de Periodismo de “El País” y me fui a Nueva York, donde estuve seis años colaborando con el periódico como corresponsal para temas de cine y cultura. Paralelamente  yo venía escribiendo cosillas por mi cuenta: cuentos, obras de teatro, pequeñas escenas, “sketches”… Algunas cosas las escribía para que las representaran en la compañía de teatro a la cual pertenezco desde hace años que es “Animalario”, compuesta por gente como Alberto San Juan, Guillermo Toledo, Ernesto Alterio, etc. El grupo se formó a mediados de los 90 y no hemos perdido el contacto ni las ganas de hacer cosas juntos. El cine siempre nos atrajo, pero no sabíamos qué hacer para entrar en él. A mí lo de escribir guiones me resultaba algo ajeno; no sabía si se estudiaba o si alguien te encargaba un primer trabajo sin tener referencias.

ANGELES GONZÁLEZ SINDE: Mi vocación empezó bastante tarde, teniendo encima en cuenta que mi padre se dedicaba al cine, que mi tío era montador… Y yo incluso salí de pequeña en una película de José Luis García Sánchez: “El love feroz”. Ya de mayor lo que estudié fue Filología Clásica y luego trabajé en una compañía de discos, de traductora, y en una editorial en promoción y prensa. En general cambié bastante de trabajo porque ninguno me acababa de gustar. Un día salió un anuncio en el periódico y mi madre lo vio y se empeñó que me apuntara en un curso de guión que daban José Luis Borau y Mario Onaeindia. Era en el año 92 y antes de esto no había escrito prácticamente nada, ni era especialmente cinéfila.

C.M: Yo creo que casi cualquiera puede vender un tratamiento a una productora si les gusta lo que leen. No hace falta presentarse con unas referencias acojonantes. Por ejemplo, recién salido de la Escuela de Cine yo vendí un guión a Tornasol. Y me hicieron contrato y me trataron no como a un novato sino como a un profesional más. Simplemente confiaron en el proyecto aunque yo no fuera nadie. Bien es cierto que yo ya venía con la referencia de ser de la Escuela de Cine, lo cual ya te supone un nivel mínimo, pero aun así creo que lo importante es dar en la diana con algo que les guste, y no importa el nombre que tengas. Yo me entero continuamente de proyectos rechazados a supuestos guionistas y directores consagrados, y otros casos de absolutos desconocidos que de repente colocan un guión. Sin ir más lejos, me consta que los guionistas y directores de “Tuno negro” llevaron el tratamiento a Lola Films sin el menor contacto y les compraron la idea porque vieron la película clara. Lo de los contactos sirve para eliminar filtros hasta llegar a  la persona que decide lo que se hace y lo que no. Si conoces a  alguien gordo, pues no te va a leer el último becario que está en la productora haciendo informes de guiones. Pero aunque no conozcas a nadie, si los informes van siendo buenos y gusta lo que entregas, al final tienes tantas oportunidades como cualquiera. Puede ser todo más lento, eso sí, pero no hay más misterio que escribir algo con lo que ellos crean que van a ganar dinero. Y ya está. Con esto quiero decir que creo que en las productoras realmente se leen los guiones que llegan. La forma en que se los leen y si aciertan o no en sus elecciones ya es otra cosa, pero leérselos yo creo que se los leen. Y desde luego que el 90% de lo que les llega será basura, como todo en esta vida.

A.G.S: Este trabajo no es distinto que cualquier otro, y si no te conoce la gente, ¿cómo vas a conseguir trabajo? Un arquitecto no se queda en casa esperando que le llamen para ofrecerle un proyecto. Pues nosotros al principio, lo mismo.

J.C: Yo dudo que en las productoras se lean todo los que les llega. Lo digo desde fuera y sin ninguna certeza  de que esto sea así. Pero es la impresión que tengo cada vez que voy a una productora y veo los montones de guiones apilados. ¿Cómo van a leérselos todos? A mí algún productor me ha reconocido que si se los leyeran todos no tendrían tiempo para nada, aunque eso también depende de cuantos sean los que trabajan allí. Otra cosa que también me deprime un poco es cuando voy al registro y me encuentro un montón de chavales registrando sus guiones con unas caras de ilusión…

J.C: Estando en Nueva York un buen día, me dio por escribir un guión entero, de principio a fin, que fue “Los lobos de Washington”. Bien es cierto que eso no fue tan brusco como suena, ya que lo que hice fue partir de varias escenas pequeñas que tenía escritas para Animalario y tratar de construir una historia mínimamente articulada. Lo escribí muy rápido, a mi bola, sin ningún método… y luego, claro, vi que aquello no respondía a lo que se entiende por un guión clásico, pero aun así me gustaba. La primera versión del guión de “Los lobos de Washington” la escribí con intención de que se convirtiera en el primer proyecto cinematográfico de “Animalario”. Nosotros ya habíamos hablado de que además de teatro nos gustaría hacer una peli, pero lo que pasa es que por entonces ninguno de nosotros tenía ni idea de cómo dar los pasos necesarios, ni de donde salía el dinero, ni nada. Por eso pensé que el guión podía servir para impulsar una película con “Animalario” y si no salía, pues hacer un montaje teatral con él.

Aquella primera versión de “Los lobos” era más rara, todo diálogos, un poco inconexa, sin esa trama de thriller que tiene la película. Recordaba más a un texto teatral y fragmentado que a un guión de largometraje normal. Yo se lo mandé a Alberto, y como él hizo un taller con Mariano Barroso, se lo pasó para que lo leyera a ver que le parecía. El caso es que Mariano lo leyó y al poco llamó a Alberto y le dijo que le había encantado, porque era una cosa muy fresca, muy rara… para nada los típicos guiones que estaba acostumbrado a leer. Y que quería hacer una película con ese guión. Yo me vine a Madrid a hablar con Mariano, quien se planteó  ponerse a reescribir el guión conmigo ya.

El hecho de que el primer guión que escribí lo vendiera tan rápido me dio una imagen de esta profesión totalmente equivocada, y unas esperanzas también algo desproporcionadas, que luego se han puesto en su sitio, todo tengo que decirlo (risas).

A.G.S: El primer guión que escribí lo hice en aquel master con Borau, ya que el ejercicio final consistía en escribir uno entero. Ese guión lo leyó más tarde Manolo Matji, quien se lo pasó a Ricardo Franco y le gustó lo suficiente como para iniciar una colaboración conmigo, que mantuvimos a distancia mientras estuve en Los Angeles. De hecho, ese primer guión acabé vendiéndolo a una productora aunque al final no se rodó.

C.M: Mi primer trabajo profesional fue en un programa de televisión que se llamaba “Osados” y me salió porque llamaron a Yolanda García Serrano, que había sido profesora mía, y como ella no podía hacerlo les dio mi contacto. Más tarde mi primer trabajo de ficción en televisión, que fue en “Querido maestro” pues surgió de forma parecida, aunque esta vez gracias a otra profesora, Lola Salvador. Es decir, tengo que reconocer que en ese sentido la Escuela de Cine fue fundamental porque sirvió para que unos cuantos profesores confiaran más tarde en mí para encargos profesionales.


NO ME DIERON LA AYUDA… PERO ME AYUDARON

20 noviembre, 2012

Por David Muñoz

En esta entrada de su blog, el guionista de cómic, crítico y traductor Santiago García habla de lo que supone para el mundo del cómic que el centro cultural La Alhóndiga de Bilbao haya suprimido la beca para historietistas que venía concediendo desde hace unos años.

Al recordar su experiencia como parte del jurado que concedió la beca en el año 2011, Santiago dice: “Recuerdo lo mucho que me impresionó la calidad de los trabajos presentados a esta beca. Había decenas de proyectos publicables, algunos propuestos por autores que ya tenían obra en el mercado, pero otros muchos firmados por talentos completamente desconocidos. Y recuerdo el dolor de no poder otorgar quince o veinte becas, y confiar en que, de la misma manera que la existencia de la convocatoria había servido de estímulo a muchos de los candidatos para materializar aquel proyecto que llevaba tanto tiempo dándoles vueltas en la cabeza, el no haberlo conseguido en esta ocasión no les desanimara, haciéndoles desistir de sacar adelante sus cómics. Al fin y al cabo, habría otras oportunidades”.

Y al leerlo, lo primero que pensé fue que esa era exactamente la función que cumplían las ayudas al desarrollo de guiones de largometraje que otorgaba hasta hace muy poco el Ministerio de Cultura*.

Porque los beneficiarios de las ayudas no han sido solo quienes las han recibido, sino todos los guionistas que se han presentado a las convocatorias.

Habrá quién piense: “Si quieres escribir un guion, pues lo escribes y punto, no te hace falta una ayuda ministerial”. Y algo de razón tendría, pero solo “algo”.

Escribir un guion de cine, aunque sea solo en forma de tratamiento, que era lo que pedía el Ministerio de Cultura,  es un trabajo mucho más duro y laborioso de lo que pueden imaginarse aquellos que nunca han intentado escribir uno. Si quieres hacerlo bien, tienes que dedicarle mucho tiempo, y, cuando no hay nadie esperando a leer tu proyecto, es muy fácil desanimarse y abandonar. Quizá porque un guion que no tiene la posibilidad de ser convertido en una película, no es nada, no es una obra literaria con entidad propia, no es una novela. Como ya hemos dicho por aquí muchas veces, un guion es el mapa de una película. Nadie suele leer guiones por gusto salvo quienes quieren escribirlos. Y todos sabemos que en este país, la mayor parte de los guiones de las películas que se estrenan los escriben o los coescriben los propios directores. De los que no, la mayoría son encargos de productores, habitualmente adaptaciones de material ajeno. De modo que, sabiendo que las historias originales tienen un hueco diminuto en el mercado, creo que hay razones más que suficientes para preguntarse para qué dedicar varios meses de tu vida a escribir algo que tiene un 90% de posibilidades de no servir para nada.

Y es ahí dónde juegan un papel fundamental los concursos, las ayudas y las becas.

Pensar que puedes llegar a recibir una mínima compensación económica, o que gracias a que tu guion sea premiado o seleccionado, va a haber productores que le van a hacer un poco más de caso cuando salga al mercado (aunque luego tu historia te sirva solo como muestra de escritura y si gusta acaben encargándote otra cosa), puede ayudarte a sentarte delante del ordenador con un poco más de optimismo.

Estaría bien ser “superseres” capaces de trabajar siempre porque sí, por el puro placer de hacerlo, pero no lo somos. La mayoría necesitamos darle una finalidad a nuestro trabajo, tener un objetivo, aunque no acabemos consiguiéndolo.

Además, pese a lo difícil que resulta vender un guion, a veces ocurre. Y estoy convencido de que muchos de esos guiones que sí que han vendido, pasaron de ser a una idea a un tratamiento y más tarde a un guion gracias a que sus autores decidieron presentarse a las ayudas del Ministerio.

Al menos eso fue lo que me pasó a mí.

Creo que debió ser en el año 1998 o en el 1999, ahora no lo recuerdo exactamente.

Fuera el año que fuera, lo importante es que yo llevaba entre seis y nueve meses escribiendo guiones con el que fue mi coguionista durante muchos años, Antonio Trashorras. Pero, aunque habíamos escrito varias sinopsis y algo que se parecía lejanamente a un tratamiento, no teníamos ningún documento lo bastante cerrado como para poder enviárselo a un productor.

Entonces, pensamos en presentarnos a las ayudas al desarrollo de guiones del Ministerio de Cultura. Y, para doblar nuestras posibilidades de conseguir alguna, decidimos presentar cada uno por separado “Bola 8” y “La bomba”, dos de los proyectos que habíamos arrancado juntos.

Recuerdo que nos metimos un palizón para tratar de llegar a tiempo y que lo conseguimos por los pelos.

Pero ni “Bola 8” ni “La bomba” fueron seleccionados por el jurado.

Obviamente, nos habría encantado que nos hubieran dado un dinerillo por escribir alguno de los dos guiones (sobre todo a mí, que en aquel momento estaba en paro); pero  gracias al palizón que nos habíamos metido para entregar a tiempo, teníamos por fin dos tratamientos “de verdad”, dos documentos que sí que podíamos pasarle a quién quisiéramos.

Que fue exactamente lo que hicimos.

Varios meses después, le dimos nuestros tratamientos (los dos que presentamos y un tercero que escribimos después, llamado “Topos”) al director Guillermo del Toro.

Y en un giro totalmente inesperado, Guillermo decidió comprarnos “La Bomba”.

Dos años más tarde, lo que había sido “La bomba” se estrenó con el título de “El espinazo del diablo”.

Fue la primera película que escribimos Antonio y yo y la que nos permitió convertirnos en guionistas profesionales. Aunque quiero pensar que quizá habríamos escrito aquel tratamiento de todas maneras, puede que no hubiera sido así. Quien sabe si nos habríamos cansado de “La bomba” después de estar dándole vueltas unos meses. Son  muchas las historias que se quedan por el camino porque no las escribes cuando están “vivas”, cuando son lo único en lo que piensas mañana, tarde y noche. Puede que sin aquella convocatoria de las ayudas del Ministerio,  el momento más importante en nuestra carrera de guionistas no se hubiera producido.

Me resulta muy triste pensar que un guionista joven, que sueña con ganarse la vida alguna vez con sus historias, haya perdido oportunidades que sí que tuvimos generaciones anteriores (y que dábamos por hecho; jamás pensamos que llegaríamos  a este punto).

Además, me parece que no es solo algo malo para los guionistas, sino para el cine español.

Está bien decir que hacen falta guiones y exigir que mejoren la calidad de las historias que contamos. Pero para eso deben darse las condiciones que permitan escribirlos.  Y en ese sentido, las ayudas al desarrollo de guiones del Ministerio de Cultura han jugado un papel fundamental.

Por eso, y aunque he escuchado decir que las ayudas volverán “tras la crisis” (cosa que ahora mismo me cuesta creer), me parece que es importante que todos los que nos dedicamos a esto tengamos claro que las ayudas de este tipo no son una limosna, no son algo de lo que se pueda prescindir cuando las cosas van mal, son una necesidad.

Y ya sea  de manera individual o a través del sindicato ALMA o de las asociaciones a las que pertenecemos, hay que empezar a decirlo.

*Por si alguien se lo pregunta, es obvio que estoy a favor de que el gobierno invierta parte de mis impuestos en apoyar la industria cultural de mi país, tal y como se ayuda a otras industrias, incluso a otras que mueven mucho menos dinero. Otra cosa es cómo se han gestionado esas ayudas. Mayor control para evitar el fraude, sí. Supresión, no. Pero como es un tema que aquí se ha discutido ya muchas veces, y como sé también que no voy a convencer a nadie que piense lo contrario, es lo único que voy a decir al respecto.


FLASHBACK: CÓMO CONSEGUIR PRUEBAS

30 mayo, 2010

por Pianista en un Burdel.

Últimamente, en la sección de comentarios, se ha repetido varias veces la misma pregunta: ¿cómo conseguir pruebas de guionista?

Hace ya casi tres años, en mi anterior blog, hablé de ello en profundidad con Antonio Trashorras. Su amplia experiencia como guionista y jefe de contenidos en diversas productoras avala los muchos consejos que me ofreció entonces, y que siguen vigentes ahora.

Éste es el post original:

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20 Junio 2007

MANUAL DE SUPERVIVENCIA PARA GUIONISTAS / 11

Muchos lectores me escriben preguntándome cómo se consigue hacer una prueba para entrar de guionista en una productora. Otros muchos quieren saber cómo puede un guionista novel empezar a mover su guión. Como he dicho en alguna ocasión, siempre contesto.

Pero como los mensajes siguen llegando, y yo soy un vago redomado, he decidido que sea un compañero quien responda a esas preguntas. Antonio Trashorras, guionista, productor y amiguete, mordió el anzuelo y accedió a compartir con los lectores de Pianista en un Burdel toda su sabiduría… Y parte de su mala leche.

Puede que Trashi no sea precisamente El Risitas, y tal vez consiga desanimar a más de uno, pero los más valientes encontrarán esta entrevista de mucha utilidad. Y algunos de ustedes descubrirán que desaconseja severamente ciertos consejos que yo les he dado por email. Háganle caso a él.

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PIANISTA.- Copypasteando de un lector: “¿Qué medios de aproximación a una productora hay en estos temas del guión? De cara sobre todo a que te hagan una prueba. ¿Se llama y se pregunta? ¿Se envía muestras de trabajo?”

ANTONIO TRASHORRAS: A ver, en primer lugar, entiendo que con lo de la “prueba” se refiere a posibles trabajos en series, ¿no? O sea, que necesiten guionistas para alguna serie y hagan pruebas a gente que no conocen, ¿es eso?

P: Doy por hecho que es así.

AT: Supongo que hay que establecer primero el nivel profesional objetivo que cada guionista tiene. O sea, si eres un absoluto principiante, sin crédito alguno… Pues… Ejem… ¿Cómo demonios vas a convencer a un productor para que te haga un prueba de guión? Porque esas pruebas, de hecho, se hacen a guionistas de cierto nivel. No hay tantos guionistas profesionales en este mundillo que consigan trabajo sin que antes los empleadores sepan su nivel objetivo, sin que comprueben si son el tipo de guionistas que buscan. Hay mucho guionista por ahí moviéndose ya con ciertos créditos en su curriculum, y que aun así llegan a una productora y les piden una prueba. De modo que si eres un ABSOLUTO NOVATO… Lo tienes jodido. Quedan posibilidades laterales y más o menos frikis para meter la cabeza en alguna serie:

1) La vía personal, sea enchufe o conocimiento previo de alguien o similar. Por ejemplo, yo conozco a algún joven sin crédito alguno de quien me he leído cosas que no están mal. En un momento dado, puedo recomendar a alguien que apueste por ellos. Me refiero a productores que se fían de mí, si yo les aseguro que ese guionista NOVEL puede funcionar.

Ahí se añaden enchufes, claro. Enchufes de esos que no molan nada, tipo el sobrino del productor, y tal. Gente “muy ingeniosa” que no tiene créditos, pero que alguien confía en ellos porque viene recomendado.

Luego está el punto 2), que me parece kamikaze: eso de escribirte tú solo en casita un guión de la serie en la que aspiras a entrar. Eso lo hacen mucho los americanos, pero aquí es una rareza.

P: Un spec, vaya.

AT: Un spec, por ejemplo, de Los Serrano.

P: Yo eso lo desaconsejo sistemáticamente. No sólo porque es casi imposible venderlo, sino porque lo más seguro es que te tomen por un LOCO con demasiado tiempo libre.

AT: A ver, no es una cuestión de venderlo, sino de demostrar que sabes escribir. Es que, verás, si tú eres productor o coordinador de guión de una serie -una que ya lleve algunas temporadas- y de pronto recibes un capítulo spec y ves que lo ha escrito alguien de… No sé, 25 años… Te puede entrar la curiosidad de empezar a leerlo. No lo veo tan descabellado. En las primeras páginas puedes comprobar si escribe aceptablemente, si le ha pillado el punto a los personajes, etc. Tampoco inviertes mucho tiempo. Apenas diez o doce páginas pueden bastar. Si es una basura, lo tiras.

P: Pero ¿es realista pensar que eso te puede dar trabajo? Quiero decir: si el equipo está cerrado…

AT: Hablo si el equipo NO ESTÁ CERRADO. Los típicos momentos de transición entre temporadas. Y, claro, pensando en guionistas junior o así, como los llaman en Globo. En plan “completar plantilla con jóvenes con ganas”.

P: De todas formas, hay una condición para que esa técnica funcione. Y es una condición difícil: hacer llegar el spec a LA PERSONA INDICADA, sin intermediarios.

AT: La persona indicada tampoco tiene tanto misterio. Sólo pueden ser dos o tres:

– COORDINADOR DE GUIÓN
– PRODUCTOR EJECUTIVO
– DIRECTOR

Lo más probable es que el único que se lo lea sea el coordinador, ya que su trabajo implica leer un huevo.

P: Resumiendo, la opción 2) sería: “si eres lo bastante kamikaze, escribe un spec y envíalo por correo al nombre que, en los créditos de la serie, aparece bajo el lema Coordinador de guión“. En cuanto a la opción 1), me hace preguntarme dos cosas: Esos guionistas noveles en los que confías, ¿cómo entraron en contacto contigo?

AT: Mmmmh… Normalmente los guionistas te hacen llegar a otros guionistas. No sé cómo.. Pero es una cadena… Hay mucho amigo de guionistas amigos de guionistas, etc., etc.

P: Entiendo que no te refieres a enchufados, sino que sencillamente recomiendas a los noveles que se esfuercen en conocer gente y darse a conocer como aspirantes a guionistas.

AT: Eso es. Ahora bien, en mi caso también influye que tengo una cierta… Exposición pública. O sea, como escribo en revistas y periódicos desde muy joven; y el puto blog; y voy por festivales y demás, pues (no sé muy bien cómo) hay muchos que se me acercan y ya saben bastante de mí.

También doy clases y hay alumnos que dan el paso posterior a las clases de querer que leas cosas suyas personales, lo cual es temible y un marronazo. Pero a veces, muy de vez en cuando, te topas con alguien que no es un absoluto INEPTO. MUY DE VEZ EN CUANDO. Y en tales casos… Me resulta un auténtico PLACER ayudarlo, si puedo.

P: Conozco la sensación (de eso va todo esto).

AT: Creo que lo mejor de este gremio es que de verdad disfrutamos AYUDANDO. Hay sinceridad cuando recomiendas a un guionista joven en el que confías. Te estimula mucho encontrar talentos. El siguiente paso es que haya gente en la industria que confíe en tu criterio.

P: Antes has dicho que si eres un absoluto novato, lo tienes jodido. ¿Qué vías ves más productivas para conseguir un primer crédito cuando eres un pimpollo?

AT: Jo… A ver, lo primero sería… ESCRIBIR DE PUTA MADRE, ¿no? Yo tiendo a ser un desanimador, no me ando con gilipolleces ilusionadoras y tal.

P: Sí, claro: LAS MIL PRIMERAS PÁGINAS.

AT: No sólo las mil páginas. Hay guionistas que llevan 100.000 páginas y siguen siendo malos de solemnidad. Es decir, aparte del puro oficio, que se adquiere como lo adquiere un fontanero. El talento tampoco abunda, ¿eh? Y el talento lo percibes en los pequeños detalles, en los destellos. Brillos que te dejan muerto a veces. Alguien va y te cuenta una idea de peli, y flipas. O alguien enfoca una escena de una forma marciana, y ves que ahí delante tienes una cabeza que no es como las demás. El oficio ya lo adquirirán. El oficio lo aprende cualquier mediocre. No es para tanto esto de los putos guiones: requiere orden mental; pensamiento lógico; mucho causa-efecto; algo de oído para los diálogos… En fin, cosas que tampoco son extraordinarias. Pero el brillo es otra cosa.

P: Vale, pero volvamos al CV. Los cortos, por ejemplo. ¿Son una buena carta de presentación? ¿Puede servir de algo que un guionista novel tenga “un buen corto” escrito y/o dirigido?

AT: A ver, primero… CASI NINGÚN CORTO ES BUENO, ¿vale? Casi ninguno. Pero dejando a un lado eso: si tú escribes un corto y lo diriges pueden pasar dos cosas: que como director seas inútil, o que como director seas un monstruo. Si el corto queda de miedo y lo has dirigido tú, entonces NO ERES UN GUIONISTA, eres un puto auteur, eso que todo el mundo anhela ser. Eres el tío que las productoras querrán, pero como director/autor, no como guionista. Es decir, ese caso se sale de nuestras charla. En el otro caso, es decir, si eres un director de mierda y jodes el corto, pues la verdad es que NADIE APRECIA UN BUEN GUIÓN MAL DIRIGIDO. Es una pena, pero así es. Si tu guión es cojonudo, pero da con un director de mierda (otro o tú mismo), casi nadie apreciará el buen trabajo de escritura. O sea que estás en manos de esos queridos seres llamados directores. Entonces… Retomando… ¿La pregunta era…?

P: ¿Cuál sería el primer paso para conseguir créditos, para no ser totalmente novel?

AT: Intentaré desglosar una serie de etapas. Posibilidades, punto por punto.

1) Si te apuntas a cursos, y en esos cursos los profesores son guionistas de cierto nivel, te puedes aproximar a ellos. Si lo que escribes está bien, es muy probable que haya profesores dispuestos a ayudarte. Lo digo con conocimiento de causa. Yo he ayudado así a algunos guionistas, y muchos otros que conozco también han ayudado así a noveles. Entre nosotros solemos pasarnos información: “oye, conozco a un chico que escribe muy bien”… “Oye, ¿sabes de algún joven que pudiera entrar en esta serie?”… Creo que esto es un primer paso muy interesante para los jóvenes, llegar a otros guionistas mayores mediante cursos o talleres.

2) Subvenciones. Si no tienes créditos, pero has obtenido alguna subvención, pues al menos garantizas que tienes cierto nivel. Aunque la peli no se haya hecho, es una cierta garantía. En las subvenciones hay jurados de la industria, y estamos en lo mismo: puedes llamar la atención de alguien. Pasan los años y a veces conoces a gente que recuerda guiones que leyeron en convocatorias de subvenciones, e incluso pueden acordarse del nombre, ¿no estás de acuerdo?

P: Sí, y por supuesto, en un CV pinta muy bien “gané una ayuda del ICAA” o “quedé finalista en el Pilar Miró”. Por otro lado, cuando he estado de jurado en algún premio, los amiguetes productores suelen decirme eso de “ya me avisarás si ves algo realmente bueno”.

AT: Todo es ir dando pasitos pequeños. Pensemos que estamos en el mundo real, donde cuesta mucho salir adelante.

P: “No hay una X marcando el lugar”.

AT: Pasito a pasito…
3) En cuanto a largometrajes, no descartemos el enviar “specs” a las productoras. De acuerdo, es casi una vía imposible. Pero, oye, lo único que te gastas es el dinero de las fotocopias. Hay que informarse, eso sí, previamente. Lo ideal sería tener un cierto conocimiento previo del momento concreto que vive cada productora en el mercado. No hay demasiadas productoras en España: cualquiera, por muy novel que sea, puede sacar una lista de las principales, siendo medianamente espabilado, sin que nadie le diga de dónde sacar el listado, ¿ok? Luego, efectivamente, si tienes información de la industria, mejor, pero sino… pues basta con ponerte a llamar y preguntar. Desde luego que te van a decir claramente si están recibiendo y leyendo proyectos, o sea que por esa vía te puedes evitar enviar tu guión a sitios donde ni se lo van a mirar. Es obvio que hay que informarse por los “jefes de desarrollo”, y si es posible al menos hablar brevemente con ellos por teléfono.

P: ¿Y no te parece más productivo el pitching con los jefes de desarrollo en persona?

AT: Entiendo que te refieres a que, aún teniendo el guión escrito. si lo cuentas en pocas frases y no interesa, te ahorras el enviarlo, ¿es eso? No te refieres a no tenerlo escrito e ir por ahí haciendo el pitch, esperando que te encarguen la escritura.

P: No, no: hay que ser ALGUIEN para lograr un encargo de una simple conversación. Yo hablo de un pitch sobre guión escrito.

AT: Mmmmh… Pero no siendo NOVEL TOTAL. Me da la impresión que los pitchs funcionan si das unas ciertas garantías de base.

P: ¿Hace falta dar garantías para ser escuchado 5 MINUTOS? ¿El ser capaz de presentarse y dar la cara no es suficiente garantía?

AT: Piensa esto: ¿cuántos frikis, críos y trastornados que se creen guionistas no querrían sentarse 5 minutos con el tío de la productora que hace las pelis de Amenábar? ¿Cientos? Y recibir a la gente, colocarla en la agenda, etc., ES UN TRABAJO. Tú estás leyendo un guión, y si no te gusta lo tiras a la papelera. Pero un visita no la puedes tirar a la papelera. Tratar con personas desgasta.

Esto no es una ciencia, desde luego… Pero no veo demasiado “justificado” que un jefe de desarrollo de una productora reciba a alguien novel que por teléfono parece “sensato” a escuchar su idea, que insiste en que es buenísima. No te parece un poco… ¿Inconsistente? Hay gente que se vende muy bien, y son muy convincentes, y luego escriben como el culo, o tienen cero talento. De todas formas… Si alguien profesional te vende esa burra por teléfono, pues le recibes.

P: No es recomendable, por tanto, intentar colar un pitching si no tienes un mínimo CV profesional. Para que te reciban hay que haber firmado algo presentable.

AT: A ver, no sólo no me parece recomendable… Sino que incluso me parece INJUSTIFICABLE. Perdona que sea así de duro, pero me parece importante que los guionistas noveles se conciencien de su posición, que no se hagan pajas mentales ni se les llene la cabeza de pájaros. Puede que alguno de verdad sea un genio, puede que tengan una idea maravillosa, y un guión en un cajón que te cagas la perra. Pero si llamas y, por muy sensato que te muestres, no te reciben, no tienes porqué ofenderte, ni pensar que en las productoras son unos altivos porque no te conceden los minutos para un pitch. Es que sencillamente esa vía no resulta operativa para guionistas noveles, es una cuestión de puro funcionamiento laboral de las empresas, ¿me explico? Es como… No sé… La forma en que se patentan los inventos… O el mercado del arte… Ya me entiendes: cada sector tiene su funcionamiento. Si eres novel y tu idea es cojonuda y tu guión buenísimo… Pues siguiendo los cauces normales creo que casi seguro será detectado: un profesor de guión alucinará contigo y te recomendará, o un jurado quizá te premie… Tu obra, aunque primeriza, te hará llegar a esos sitios donde la gente querrá saber de ti.

P: Resumiendo, los “cauces normales” para un guionista novel que quiera mover un guión serían:

– Enseñarlo a los colegas
– Presentarlo a concursos o subvenciones
– Intentar que un profesor o conocido profesional lo lea
– Intentar que una productora lo lea, haciendo una selección previa de productoras y confirmando que reciben guiones

AT: Eso es. Y ojo, que los informes de las productoras a veces también sirven. A veces pueden recomendar mucho a alguien. Un informe superbueno de un analista sirve. Pero, muy importante, PACIENCIA. Sin ansiedad.


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