NOMINADOS, PASES GRATIS Y OTROS ENLACES PARA EL FIN DE SEMANA

9 enero, 2015

Por Alberto Pérez Castaños y Sergio Barrejón.

1. ¿Siguen todas las comedias de situación americanas una misma fórmula? No vamos a negar que, después de tantos años y series, algo nos olíamos. En este enlace lo han demostrado sacando una estructura básica a raíz de un episodio de ‘Parks and Recreation’.

2. También alguien se ha encargado de analizar la ‘Poética’ de Aristóteles para elaborar esta guía de lectura. Es completísima y, sí, está inglés.

3. Las últimas semanas, como cada fin de año, hemos sido asediados con listas personales con lo mejor del 2014. No todas son interesantes. Ésta sí. Son los 10 cortos favoritos de Roberto Pérez Toledo, entre los que se encuentran trabajos como ‘Café para llevar’ de Patricia Font, nominado al Goya, ‘El amor me queda grande’, de Javier Giner o ‘Pase Privado’, del bloguionista Natxo López.

4. Todos somos conscientes de los estragos que está causando el abusivo IVA del 21% en la industria. Uno de los principales afectados es el teatro. En este artículo se cuenta, como el titular indica, la odisea por la que están pasando en el gremio. Cifras para echarse las manos a la cabeza.

5. Seguro que prácticamente todos los guionistas que estáis leyendo esto habéis escrito alguna vez con un compañero. Puede ser divertido, estimulante, duro, tedioso… Pero, el resumen perfecto de una experiencia así se resume con un párrafo de este genial texto: “Crezco como guionista cuando trabajo con otros guionistas, sea o no una buena experiencia. Si la gente con la que escribo es talentosa, me convierto en un mejor guionista y colaborador”.

6. Jose Luis Cuerda, por ejemplo, escribió muchas de sus mejores películas en compañía. Algunas de ellas se proyectarán a precio irrisorio en el homenaje al director de ‘El Bosque Animado’ que tiene lugar en la Sala Berlanga de Madrid a lo largo de este mes. Más información, aquí.

7. Esta semana se conocieron los nominados a los premios Goya 2015. Éstos son los afortunados, para que vayáis confeccionando vuestras porras. La gala será el 7 de febrero.

8. Ayer, Josep Gatell y Carlos Muriana nos hablaban del curso de guiones de no ficción que organiza ALMA mañana en Madrid. Es la primera de las diez clases magistrales sobre guión que el sindicato de guionistas tiene preparadas para el primer trimestre de 2015. Las clases son gratuitas para socios de ALMA. Pero cuestan 25€ para los no socios. Para facilitar el acceso a no socios que anden escasos de recursos, los amigos de ALMA han tenido el detallazo de regalarnos tres abonos para que los sorteemos entre nuestros lectores. El abono anual te permitirá asistir gratis a los diez eventos.

Para concursar, sólo tienes que escribirnos HOY antes de las 18:00 a bloguionistas@gmail.com con el asunto “Abono 10 clases ALMA” y contarnos lo siguiente de ti:

Que eres guionista y estás en paro.

Tu nombre, apellidos, correo electrónico y teléfono móvil.

Que te comprometes a asistir a todas las clases, o a informarnos de cuando no puedas asistir, para que tu sitio lo pueda ocupar otro guionista. (Recuerda: la primera es MAÑANA).

Por favor, no pidas el abono si tienes trabajo. Y recuerda: esta promoción se acaba HOY a las 18:00, así que no te lo pienses mucho. (Participar en esta promoción supone que has leído y aceptas lo que se dice en nuestro disclaimer sobre Protección de Datos personales.)

Buen fin de semana.


LOS GUIONISTAS DE HOY Y LOS GUIONISTAS DEL MAÑANA

24 noviembre, 2014

Pixel Theory - Silly Walks

Por Juanjo Ramírez Mascaró.

Hace poco, gracias a Javier de Prado, tuve ocasión de probar las Oculus Rift.

Si eso de “Oculus Rift” os suena a chino, intentaré haceros un resumen de andar por casa: Se trata de unas gafas que están a punto de salir al mercado, y traen consigo la realidad virtual tal y como la hemos visto en las películas de ciencia ficción.

YA ESTÁ AQUÍ.

Es un futuro inmediato, casi me atrevería a decir que es un PRESENTE .

The Oculus Rift headset is tested by attendees at the Eurogamer Expo at Earls Court in London.

Con Javi haciéndome de cicerone pude usar esas gafas para pasear por la Luna, por lagos, por pueblos medievales. Pude flotar por el espacio entre meteoritos y pude arrojarme desde lo alto de un rascacielos.

Se trata de una tecnología aún un poco verde. La resolución de las imágenes dista mucho de ser perfecta y para disfrutar de una experiencia realmente plena, la asignatura pendiente es combinar esas gafas con otros interfaces (por ejemplo, sensores de movimiento para poder desplazarte por ese universo virtual sin usar el ratón y el teclado)

Sin embargo, mi primer vis a vis con las Oculus Rift me ha hecho llegar a dos conclusiones:

1- Que estamos a dos o tres versiones de alcanzar un resultado lo suficientemente impresionante para que nos cueste distinguir realidad y ficción.

2- Que los guionistas de hoy tenemos que espabilar si queremos ser los guionistas de mañana.

Por mucha pereza que nos dé utilizar este término, nos enfrentamos a un “cambio de paradigma”.

¿Significa eso que el cine tal y como lo conocemos está al borde de la extinción?

Yo quiero pensar que no.

La narración cinematográfica tradicional tiene un par de ventajas que a día de hoy, que yo sepa, la realidad virtual no puede suplir de manera satisfactoria.

En primer lugar está el hecho de que no siempre nos apetecerá sumergirnos en un universo para participar en él de manera activa. Muchas veces llegamos a casa cansados del trabajo y lo que nos apetece es espatarrarnos en el sofá para que alguien nos cuente una historia mientras abrazamos a nuestra pareja o nos tomamos una sopa. Queremos asistir a esa historia desde la seguridad que nos proporciona contemplar los toros detrás de la barrera, con toda esa magia encerrada en una caja de pandora: la pantalla.

En segundo lugar, creo que en muchas ocasiones no valoramos únicamente la historia en sí, sino cómo nos la cuenta el autor. Aunque un niño se sepa al pie de la letra el cuento de Peter Pan, no le basta con eso: él quiere escuchar cómo se lo relata papá. La magia de un contador de historias está en las decisiones que toma, en qué cosas te señala con el dedo y a través de cuáles elige pasar de puntillas. Si visitas una misma ciudad con dos guías turísticos distintos, verás dos ciudades distintas.

¿Alguna vez os habéis parado a pensar por qué la Humanidad ha decidido que casi todas las películas y la gran mayoría de los cuadros se representen en ventanas rectangulares? ¿Por qué el rectángulo?

Puede que hayamos apostado por esa figura geométrica porque es la forma más sencilla y rudimentaria que hemos encontrado para traducir a lenguaje matemático ciertos estímulos, ciertas armonías. Sabemos desde hace tiempo que la naturaleza, la geología, la astronomía… funcionan obedeciendo patrones matemáticos: que si el número fi, que si el número pi, que si los fractales, que si llas ramas de los árboles y las conchas de los caracoles…

Una pantalla (o marco) rectangular es la manera más directa de emular de forma consciente, racional, premeditada… todo ese “lenguaje de los dioses”. Proporciones áureas, equilibrios y desequilibrios, simetrías…

Somos muchos los que, a la hora de disfrutar una película, nos extasiamos cuando Spielberg acaba un plano con el prota bien compuesto en sección áurea, nos incomodamos cuando un japonés nos compone un plano “a la inversa” en una peli de terror, nos agobiamos con el perro de Goya, diminuto, casi aplastado en lo más hondo del plano (hay que recordar, no obstante, que originariamente ese perro no estaba enjaulado en un marco, sino pintado en una pared. Ello nos servirá de bisagra para cambiar de tema dentro de un par de párrafos, o seis, o siete, u ocho)

2001monolito

Este “culto al rectángulo” es demasiado poderoso. Puede que termine extinguiéndose, por supuesto, pero una inercia con varios siglos de vigencia es demasiado poderosa para desaparecer de la noche a la mañana. De hecho, Javi de Prado me comentó que ya están desarrollando una aplicación para Oculus gracias a la cuál podremos sumergirnos en una sala de cine virtual, en la que encarnaremos a un avatar, como en Matrix o en la peli de Cameron. Podremos quedar en esa sala con nuestros amigos, o encontrarnos allí con desconocidos. Podremos sentarnos en una butaca que “no existe” y mirar una pantalla de las de toda la vida en la que esté “proyectándose”, por ejemplo, El más allá de Lucio Fulci. Podremos comentar la película con los avatares de la gente que tengamoss junto a nosotros. Será una experiencia parecidísima a la de meternos en una sala de cine real, pero sin tener que coger el transporte público para llegar hasta allí, sin hacer colas, con la capacidad de silenciar a ese imbécil que comenta la peli en voz demasiado alta o que se pasa la peli hablando “por el móvil”.

Como veis, esta inminente realidad virtual hace esfuerzos por suplir los elementos de la narrativa tradicional por los que más apego sentimos (del mismo modo en que los restaurantes chinos de occidente hacen esfuerzos para adaptar su gastronomía a nuestro paladar occidental)

En este último ejemplo de la sala virtual, por ejemplo, encontramos un sucedáneo de evento social. Y es ése, en mi opinión, otro de los puntos fuertes de los medios de difusión más clásicos. Si el cine y el teatro continúan sobreviviendo a todas las revoluciones tecnológicas, es en gran parte gracias a ese factor social. Un grupo de personas concentrando sus mentes y sus vísceras en un mismo objeto genera una energía mágica (literal o metafórica, según las creencias de quien esté leyendo esto) Ésa es la base de casi todas las ceremonias religiosas, de casi todos los rituales mágicos a lo largo y ancho del tiempo, a lo largo y ancho del planeta. Los cuentos más antiguos que conocemos tienen siempre connotaciones religiosas o esotéricas, y todo parece indicar que nacieron en épocas neolíticas e incluso paleolíticas, con grupos de personas, probablemente dispuestas en círculos alrededor de una hoguera, en las entrañas de una cueva, proyectando su atención y su energía en un clima de sugestión, de sinergia o de cualquier otra cosa que empiece por ese.

¿Esos sucedáneos de reunión social que están desarrollando para los dispositivos de realidad virtual serán capaces de generar esa misma energía, o es necesaria la presencia física de los asistentes en el mismo espacio y en el mismo tiempo? Es una pregunta interesante, pero si hay que responderla, lo oportuno no es hacerlo en un blog de guión, sino en uno de Ciencia o de Filosofía.

Mientras tanto, dejémonos de esoterismo y regresemos al futuro inmediato: ¿No os parece muy comprensible que muchos autores tengan miedo de ir más allá de la pantalla rectangular? Como insinuábamos más arriba, es relativamente fácil crear un manual sobre cómo lograr el equilibrio y la armonía en una superficie rectangular. Podemos adiestrarnos para manejar esos parámetros de forma racional, y tenemos también al público más que adiestrado para reaccionar a ese lenguaje como nosotros queremos.

¿Significa eso que el rectángulo es la superficie perfecta para reflejar la armonía? En absoluto. Como decíamos al principio, TODO en nuestro mundo obedece a esos patrones.

nautilusaurea

Pero a menos que seamos John Nash o Sheldon Cooper, si abandonamos la seguridad del rectángulo nuestra capacidad para encontrar lo que funciona va a depender más de lo emocional y lo intuitivo que del aprendizaje racional. Entiendo que eso acojone a muchos. Me acojona incluso a mí, que estoy partiendo una lanza por ello. Uno se pasa la vida asimilando unas reglas que le ayudarán a sobrevivir, como ocurre con las reglas de los cuentos…

… y de repente las reglas cambian, convirtiéndose en un desafío para los creadores y para el propio espectador.

Quizá sea más sano dejar de preguntarnos qué vamos a “perder” con esta revolución y empezar a juguetear con las nuevas oportunidades que se nos presentan.

Por alguna extraña razón, mucha gente concibe la realidad virtual como una amenaza para los contadores de historias. Es como si dieran por sentado que esa tecnología va a servir para sentarte en una montaña rusa o en una sala de striptease (cosa que, por cierto, también experimenté con las Oculus Rift) En otros casos repudian la realidad virtual simplemente porque temen que vaya a dar más poder al público que al autor, y eso no es necesariamente así.

Se pueden contar historias muy elaboradas más allá de la estructura clásica. Hay vida más allá de Aristóteles, y el propio Aristóteles no se irá para siempre, sino que se disolverá como Obi Wan Kenobi y nos susurrará cositas al oído.

Hace unos cuantos siglos, la Inquisición condenó a Galileo porque lo que afirmaba haber averiguado con su telescopio contradecía los sagrados preceptos de Aristóteles. Entonces Galileo replicó que un científico de la talla de Aristóteles habría sido el primero en querer mirar por ese telescopio, para comprobar si estaba equivocado.

Yo creo que un filósofo de la talla de Aristóteles sería también el primero en querer probar las Oculus Rift para poder escribir POÉTICA 2: EL RETORNO y POÉTICA 3: LA VENGANZA.

A quien tenga dudas sobre la relevancia del narrador en este nuevo vehículo de expresión le recomiendo otra de las experiencias que pude vivir gracias a Javi de Prado: Él me introdujo – oculus rift mediante – en una secuencia de El Viaje de Chihiro, la peli de Miyazaki. Concretamente, la que podéis ver en este vídeo a partir del segundo 35:

De todas las demostraciones de Oculus, ésta fue la que más me impactó: Porque de repente me habían sumergido en el universo de un artista. Si miraba hacia el suelo, podía ver los duendecillos del carbón correteando entre mis pies (que eran los pies de la propia Chihiro) y también podía acercarme hacia ese anciano de múltiples brazos hasta poder verle en contrapicado si alzaba mi propia cabeza. ¿Por qué me impresionó eso incluso más que un paseo por la Luna o una caída desde lo alto de un edificio? Porque era más evidente que todo lo que veía había surgido de la cabeza de alguien. Se trataba de algo que no existiría si la imaginación una o más personas no hubiesen trabajado para idear criaturas, conceptos visuales, situaciones surrealistas.

Ésa es la demostración de que en el futuro, haya o no pantallas de cine y televisión, seguiremos siendo necesarios o, como mínimo, convenientes. Seguiremos siendo lo que hemos sido hasta ahora: Creadores de mundos. Y en esos mundos tendrán que pasar cosas. Y es probable que nosotros podamos reaccionar ante esas cosas que pasen, e incluso provocar otras con nuestras propias decisiones, como ya ocurre en ese enfant terrible de la narrativa actual: el videojuego.

Si analizamos la historia de la narrativa con un mínimo de perspectiva llegaremos a la conclusión de que han cambiado los canales de difusión, han cambiado – y no tanto – los códigos, han cambiado las técnicas… pero los resortes siguen siendo prácticamente los mismos; las estructuras, los viajes iniciáticos, los arquetipos que manejamos, las emociones a las que apelamos, las inquietudes a las que buscamos respuesta… todo ello se ha mantenido casi intacto desde el mismísimo Paleolítico.

Si un montador es bueno, te montará bien una película tanto en Avid como en Final Cut. Seguro que te la monta bien hasta en iMovie. Necesitará una semana para aprender los códigos de cada programa, los atajos de teclado… pero lo que distingue a un buen montador de un montador mediocre no es tanto su dominio de la herramienta como su cabeza de montador, su percepción del ritmo, del énfasis, de la lógica secuencial.

Con los narradores sucede exactamente lo mismo. Aunque nos sintamos más cómodos en unos formatos que en otros, nuestra calidad como narradores no depende tanto de si estamos escribiendo para cine, televisión, teatro… Uno sobrevive como contador de historias si sabe escuchar y entender a la gente, si es capaz de hacerse una cuantas preguntas sobre cómo funciona todo o sobre cómo todo está dejando de funcionar. Uno sobrevive si se rige por el sentido común que, como dijo H. Greele, “es el menos común de los sentidos”.


ENTREVISTA: FERNANDO NAVARRO

16 septiembre, 2011

por Gorka Basaguren.

En Bloguionistas se ha escrito y reescrito en abundancia sobre cuál es la forma de acceder a este oficio. ¿Cómo se llega a ser guionista? Tengo 25 años y apenas he hecho unas prácticas en una serie de televisión así que no seré yo quien dé la clave mágica, pero tampoco creo que exista una respuesta concreta.

Recientemente, en el Verano de Guión de Córdoba, Valentín Fernández-Tubau decía que el oficio del guionista no es un trayecto en el que se asciende constantemente, si no una espiral en la que unas veces vas a estar arriba y otras abajo. Y tiene razón.

En mi caso, después de cursar el máster de guión de la Universidad Pontificia de Salamanca, a través de una prueba entré como guionista en prácticas (sí, existen los becarios de guión) a Bambú Producciones. Hay que tener en cuenta que esas pruebas eran exclusivas para los alumnos del máster, y no conozco otra forma de entrar a trabajar en una serie de televisión que no sea por prueba o por enchufe contactos.

Pero al terminar el convenio que sostenía esas prácticas, de nuevo me vi en la línea de salida. Volvía a estar abajo en la espiral. Ya han pasado varios meses desde entonces, y como otros tantos aspirantes a guionista, sigo desempleado, vagando entre trabajillos de mierda esporádicos. Aún así, el tiempo que pasé en Bambú cuenta, porque aún recuerdo lo que aprendí y la gente que conocí. Porque de no haber estado ahí, no habría coincidido con profesionales como Fernando Navarro, guionista de series como Pelotas, ¿Qué fue de Jorge Sanz?, Hispania, la leyenda… Y en consecuencia no estaría escribiendo estas líneas.

Como dice Chico Santamano, lo importante es estar ahí, pero sobre todo, estar en movimiento. Porque cuanto más te mueves, más gente te ve. Y puede que algún día alguien se acuerde de ti.

En definitiva, no creo que ningún guionista haya accedido al oficio de la misma forma, y la de Fernando es una de esas trayectorias fuera de lo común que merecen ser destacadas.

Foto: Natxo López

¿Por qué decidiste ser guionista? ¿Buscaste la oportunidad o se te presentó de forma casual?

Medio tocaba la batería e intenté armar un grupo, pero en Granada todos mis amigos tenían uno. Así que me pareció que escribir cine o televisión podría ser igual de lucrativo y algo más relajado. Siempre me han interesado la escritura y el cine, y si juntas las dos cosas: sale un guionista.

Ahora están a la orden del día los cursos de guión, masters, etc. pero tus comienzos fueron muy distintos. ¿Cómo entraste en el gremio? ¿Recomiendas cursar este tipo de estudios?

Escribí mi primer guión de largometraje en Granada, antes de haber hecho otra cosa, en los ratos libres que me dejaban los trabajos mal pagados de camarero o crítico de música para un periódico local. Le pasé ese guión a un actor al que conocí casi de casualidad y él se lo llevó a una productora. Les gustó y me lo compraron. Como suele pasar, la película no se rodó, pero lo cobré íntegramente. Con ese dinero, conseguí tiempo para seguir escribiendo y moviendo cosas.

Respecto a los cursos, a pesar de mi formación, creo que está muy bien escuchar a guionistas con más experiencia, poner en práctica distintas técnicas de escritura, coincidir con más gente que también quiere escribir, aprender el paradigma, los tres actos y todas esas cosas de Aristóteles.

¿Qué hay de los libros? ¿Hay algún manual de guión, o algún libro de cualquier tipo, que te haya servido de guía o de inspiración?

De pequeño medio hojeé uno de Michel Chion cuyo nombre no recuerdo, pero que me parece que estaba bien escrito. Y alguien me dejó el que escribió Jean Claude Carrière, que es uno de los guionistas a los que más admiro. Sobre el proceso creativo a mí me han ayudado cosas muy variadas como el “Mientras escribo” de Stephen King o las “Oblique Strategies” de Brian Eno.

Y para aprender sobre el oficio recomiendo el “Backstory 4” (cuarto volumen de una serie dedicada a entrevistas a guionistas americanos, en este caso a los de los 70), y, sobre todo, “El Vendedor de Naranjas” de Fernando Fernán-Gomez, una novelita sobre un guionista que persigue a un productor para cobrar un guión.

¿Eres el típico guionista con un oficio alternativo? ¿Tienes un Plan-B por si lo de los guiones al final no funciona?

Dios proveerá.

Ahora, desde la distancia, ¿cómo recuerdas tus primeros trabajos de guionista?

No pienso mucho en los trabajos que ya he hecho. Y la realidad es que yo aún estoy empezando, con lo que mis primeros trabajos se remontan a antes de ayer. De todos modos, cuando empecé me sentía torpe en la escritura en sí. Me costaba encontrar las palabras justas, las más exactas o la manera de afrontar cada una de las secuencias. Hoy más o menos es igual.

Dicen las malas lenguas que curraste un tiempo de negro para un guionista famoso (si es que eso existe). No te pido nombres, pero sí anécdotas.

Las malas lenguas se equivocan. No era un guionista famoso. Y no conservo muchas anécdotas. Pero aprendí el oficio a su lado. No hice muchos trabajos para él. Dejó de llamarme pronto. Supongo que pensó que ya estaba preparado para ir por mi cuenta. No sé donde está ahora, pero si está leyendo esto, me gustaría invitarlo a una caña. Pago yo.

Has trabajado tanto en cine como en televisión. ¿Cuál es tu visión de estos dos medios hermanos y tan diferentes a la vez? ¿Dónde te has sentido más cómodo / has encontrado más facilidades para trabajar?

Escribir cine es un trabajo más parecido al literario. Es más personal y, a ratos, mucho más solitario. De la  televisión me gusta su inmediatez, el hecho de poder trabajar mano a mano con otros compañeros, conocer distintos métodos de escritura, ser disciplinado. Se mejora muchísimo como profesional cuando se escribe televisión.

¿Cómo crees que se podría mejorar la situación actual del cine español? ¿Y la calidad de las producciones televisivas?

Quitándolo de la sección “Cine Español” de las tiendas. “Rec” tiene que ir con cine de terror, “Pagafantas” con comedia y, no sé, “La Mujer sin Piano” en cine de autor. Por lo demás, para mí, el cine español no tiene ningún problema. Si que lo hay en la forma que tiene de percibirlo cierto sector del público. Pero no pasa nada, Spain is pain.

Mójate: ¿Cuál es el mejor guión español del año? ¿Y el mejor guión del mundo este año? ¿Y el mejor guión DE TODOS LOS TIEMPOS?

Uff. No sé. De lo que llevo visto este año, me han encantado los guiones de “Dispongo de Barcos” de Juan Cavestany y el de “Cerro Bayo”, una preciosa película argentina. Y estoy impaciente por ver “No Habrá Paz para Los Malvados”, de Enrique Urbizu y “La Piel que Habito”. Respecto a guiones de fuera, ahora mismo recuerdo los de “The Kids Are Allright” de Lisa Cholodenko, “I Saw the Devil” de Jee-woon Kim o “El Padre de mis Hijos” de Mia Hansen Love.

No me atrevo a decir cuál es el mejor guión de todos los tiempos. Puedo empezar a decir guiones que me gustan, no sé… “Río Bravo” de Leigh Bracket y Jules Furthman me parece uno de los mejores, quizá mi favorito por su tono, tan ligero. Están muy bien “La Piel Suave” de Truffaut y Jean Louis Richard, “El Apartamento” de Billy Wilder y I.A.L. Diamond, el guión de “Yi Yi” de Edward Yang, que es como una novela, los guiones de Robert Benton y David Newman (que escribieron casi seguidos) para “Bonnie & Clyde”, “¿Qué me pasa, Doctor” y “El Día de los Tramposos”) y “Superman” o “Two-Lane Blacktop” de Rudolph Wurtlitzer. Si me preguntas mañana, seguramente te diría otros.

¿Cómo llega un joven de Granada a recibir el encargo de desarrollar un guión de largometraje para los hermanos Weinstein?

Llevo tiempo escribiendo con uno de mis mejores amigos, el director Gonzalo López-Gallego. A raíz de la buena acogida de su película, “El Rey de la Montaña”, en el festival de Toronto, se le abrieron las puertas del mercado americano. Un día le encargaron una película de terror y él se atrevió a sugerir mi nombre para escribirlo, aún sabiendo lo difícil que era que aceptaran a un guionista español, desconocido. Les mandamos un tratamiento escrito en inglés, les gustó y encargaron el guión. Todo es mérito de Gonzalo y de nuestros agentes en ICM, que han ayudado mucho con el papeleo.

Hay gente que piensa que “los del cine” os bañáis en champán. ¿Es tu caso? ¿Qué te pilla más cerca: el ranking de Forbes o el comedor de Cáritas?

“Hemos pasado de las más bajas cotas de la pobreza a las más altas cotas de la indigencia”.

¿Cuáles son las claves que te han permitido acceder al mercado internacional? ¿Cómo ha sido el sistema de trabajo con los productores estadounidenses?

La única clave está en la confianza que Gonzalo tiene en mi trabajo. También han ayudado la suerte y un moderado conocimiento del inglés para la escritura del primer tratamiento y la comunicación con ellos. Respecto al sistema, nos han dejado trabajar con bastante libertad. Como en cualquier trabajo, nos mandaban algunas notas desde Red Wagon -la productora- y más tarde, Dimension Films -el estudio- daba el visto bueno a los borradores que íbamos mandando. No ha sido especialmente traumático ni horrible. Son muy educados y muy amables. De todos modos, no me gusta mucho hablar mucho de este guión, porque como todo en Hollywood, no sabemos qué va a pasar con él.

¿Cómo es tu rutina de trabajo? ¿Eres de los que escriben a mano en un café, con jersey de cuello vuelto y fumando sin parar? ¿O tienes una mesa de diseño con un iMac y un sillón ergonómico? ¿Eres de los que no salen sin su libretita en el bolsillo, o trabajas en horas fijas?

¿Alguien escribe con jersey de cuello vuelto? Yo me levanto más o menos temprano, leo la prensa, pongo música y escribo hasta la hora de comer. Después, continúo hasta la caída de la tarde. Trabajo en un despacho sencillo, pequeño, siempre con música, con luz natural y ayudándome muy de vez en cuando de una libreta, que luego casi no miro.

¿Qué les recomendarías a un guionista novel para llegar a vivir de esto?

Que lea. Un guionista es un escritor. Y un escritor tiene que leer. Todo el tiempo y todo lo que caiga en sus manos.


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