ÁLVARO TATO RESUCITA EL ARTE NUEVO DE HACER COMEDIAS EN ‘TODAS HIEREN Y UNA MATA’

9 febrero, 2019

En 1937, Miguel Hernández publicó ‘El labrador de más aire‘, una obra teatral en verso que seguía los preceptos del ‘Arte nuevo de hacer comedias‘, de Lope de Vega:

Acomode los versos con prudencia
a los sujetos de que va tratando:
las décimas son buenas para quejas;
el soneto está bien en los que aguardan;
las relaciones piden los romances,
aunque en otavas lucen por extremo;
son los tercetos para cosas graves,
y para las de amor, las redondillas…

Desde aquella obra insólita (cuyo autor jamás vio representada, pues no logró estrenarse hasta 1972) nadie en nuestro país había vuelto a firmar una comedia ‘de capa y espada’ en verso clásico. Ayer en el Teatro Fernán-Gómez de Madrid, Álvaro Tato (Madrid, 1978) repitió la proeza con su más reciente obra, ‘Todas hieren y una mata’.

Redondillas, sonetos, silvas y demás métricas clásicas fluyen con inusitada soltura en un texto que, a lo largo de 2.500 versos, despliega hábilmente todos los recursos escénicos y narrativos del teatro del Siglo de Oro. Por momentos es paródico, y no faltan algunos guiños autoconscientes al espectador. Pero a pesar de su subtítulo (‘Miradas al Siglo de Oro’) ‘Todas hieren y una mata’ no es un oportunista artefacto didáctico. Álvaro Tato ha firmado una comedia auténtica, que entretiene, emociona y arranca carcajadas al respetable. El actor Carlos Lorenzo comparaba la sensación que le produjo la lectura del texto a la que sintió al ver ‘La princesa prometida‘, también una comedia que enmarcaba dentro de un contexto moderno una folletín clásico de aventuras y espadachines.

Convencido de que ‘la semilla de los grandes temas de nuestra generación ya estaba sembrada en el teatro del Siglo de Oro’ el autor madrileño ha colocado en el centro de su comedia ‘a la dama que Lope o Calderón no pudieron crear por las limitaciones de la época‘. Una dama lectora, dueña de una prohibida biblioteca secreta, cuya máxima aspiración en la vida es leer, instruirse, aprender. Una dama a quien las protestas de amor de sus dos pretendientes -el ingenuo galán don Daniel y el viejo y amanerado Corregidor- le traen sin cuidado, pues tiene más altas cosas en que ocupar su mente.

Este triángulo amoroso es el detonante de la trama. Don Daniel y su descarado sirviente Pico deben huir a toda prisa de las iras del Corregidor, quien los ha sorprendido cortejando a su prometida, la dama Aurora. Don Daniel y Pico, en su huida, topan con una Bruja, quien decide ayudarlos proporcionándoles unas arenas mágicas que les permitirán viajar en el tiempo. Así es como galán y criado acaban aterrizando, desconcertados, en el siglo XXI. Se encuentran allí con Alba, una profesora de Literatura que estaba precisamente impartiendo una clase sobre el teatro del Siglo de Oro. Al trabar conversación con don Daniel y Pico, la propia Alba se sorprende a sí misma hablando de pronto en verso. Intrigada por las cuitas de estos dos insólitos personajes, la profesora decide ayudarlos, y les allana el camino para que ambos puedan encontrar de nuevo a la dama Aurora en un antiguo corral de comedias, donde el desarrollo de la propia representación le dará a Daniel la oportunidad de declarar su amor a la joven. Pero en el corral de comedias, inevitablemente, se halla también el Corregidor…

Teatro dentro del teatro, desafíos y duelos, disfraces, equívocos, criados que descuidan su labor de intermediarios para seguir sus propios bajos instintos… Todas las escenas clásicas de las comedias de capa y espada encuentran su lugar de forma orgánica en la trama de ‘Todas hieren y una mata’. Como destaca la veterana intérprete Sol López, una de las más aplaudidas en la noche del estreno: “Hoy en día el lenguaje se ha ido empobreciendo, por eso es necesario hacer un teatro así, donde hay sonoridad, ritmo, música e imágenes, pero todo contenido en la palabra”.

El verso suena claro y totalmente natural en boca de un elenco inspiradísimo, que bajo la hábil dirección de Yayo Cáceres logra llenar de imágenes un escenario completamente desnudo. Un poyete central, doce candilejas rodeándolo en círculo y un telón de mano manejado por los propios actores componen toda la escenografía, y no se echa en falta más. El colorido y la sonoridad del verso, y la maestría con que Cáceres monta cada escena manipulan la imaginación del espectador para levantar bosques mágicos, jardines umbríos, corrales de comedias y lo que haga falta. El también muy aplaudido Diego Morales, que interpreta al criado Pico, subraya el reto de trabajar de esta manera: “Yo he hecho mucho teatro clásico, pero con escenografías fastuosas. Está muy bien esta apuesta de fiarlo todo a la didascalia”. Álvaro Tato tampoco escatima elogios para el director: “Yayo es un Quijote del teatro. Un idealista lúcido que proviene del teatro pobre y nos ha descubierto a toda una generación esta forma de hacer teatro”. El director enmarcó su apuesta en la importancia de “volver a la esencia del teatro, que a veces se pierde con tanto artificio de paneles que suben y bajan, proyecciones, etc. Cosas que yo mismo he hecho”.

Largos aplausos para el elenco, con varias docenas de espectadores puestos incluso en pie para aplaudir la comedia. Cabe destacar también la comodidad y amplitud de la sala Guirau del Fernán-Gómez, probablemente uno de los mejores teatros de Madrid. Es muy de agradecer que tan lujoso espacio se ponga al servicio de una producción original independiente, firmada por un joven autor y con intención claramente cómica.

Álvaro Tato.

Se da la feliz coincidencia de que, cincuenta metros más allá, la Biblioteca Nacional muestra al público originales autógrafos de Lope de Vega y maquetas de corrales de comedias, entre otras curiosidades, en la interesantísma exposición gratuita ‘Lope de Vega y el Siglo de Oro‘. Un complemento perfecto para la imprescindible comedia de Álvaro Tato.

Sergio Barrejón.


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