Y AHORA, ¿QUÉ?

16 diciembre, 2016

por Àlvar López y Carlos Muñoz Gadea.

Hace ya cinco meses que acabamos nuestros estudios en el Master de Guión de la UPSA y, desde entonces, hay una sombra que nos sigue a cada paso que damos. De hecho, la muy cabrona ya empezó a seguirnos unos meses antes de acabarlo, que fue cuando la advertimos por primera vez. “Se acerca la fecha”, nos decía, “y no tenemos un plan de futuro que digamos, precisamente. Nos vas matar de hambre”. Y entonces llega el día. Acaba el Máster, y la sombra te grita al oído: “¿Y ahora, qué coño hacemos, eh, lumbreras? ¿Por dónde empezamos?”

Nosotros, aunque todavía de manera lejana, estamos encontrando la forma de enviar a nuestra sombra a tomar por culo. Porque sí: hay vida más allá de los estudiosAsí que este artículo, el primero que escribimos en primera persona, va dedicado a todos los que os podéis encontrar más o menos en una postura similar a la nuestra. Quizá, contando nuestra experiencia, os podamos ayudar en algo. Esperemos que así sea.

Captura de pantalla 2016-12-08 a las 13.21.44.png

Curiosamente (aunque si se piensa dos veces, es de cajón), puede que lo primero y más importante que hemos aprendido es que, para que haya vida después del Máster, es importante que ya exista durante el mismo. E incluso antes. La mayoría de los amigos que hicimos ya entraban al Máster habiendo hecho cortometrajes, videoclips, spots publicitarios… lo que fuera, pero ya escribían. Y escriben, cómo no. Nuestro caso no fue diferente. Y os podemos asegurar que ni contábamos con unos presupuestos desorbitados ni con unos medios de envidia. Lo importante no pasa tanto por ahí, sino por escribir y apuntarse a todo lo que se pueda y no cesar en el empeño.

Lo segundo es que sí, que trabajar gratis es una mierda. Estamos de acuerdo en eso. Pero hay formas y formas de hacerlo. Y, a fin de cuentas, por algún lado hay que meter cabeza. Así que, puestos a no ver un duro, que sea en proyectos propios, o de amigos que necesiten ayuda, o de desconocidos que tampoco tengan un centavo pero que tengan proyectos que realmente te apasionen. En el peor de los casos, habrás aprendido bastante por el camino. En el mejor, habrás hecho amigos, verás un proyecto acabado y surgirán las opciones de otros en los que se empieza a hablar, aunque sea de manera simbólica, de remuneración.

Sinceramente, nosotros nos hemos metido en casi todo (por no decir todo) lo que nos ha pasado por delante, y a día de hoy seguimos sin ganarnos la vida con esto del guión. Pero en la mayoría de las ocasiones los proyectos en los que nos hemos metido nos han llevado a buen puerto. Nos juntamos con un par de amigos y nos pusimos a currar en nuestra propia productora donde pudimos coescribir y colaborar de múltiples formas en el largometraje western Nubes Rojas, una película de bajo presupuesto con la que nadie ha salido de pobre, sí, pero que a día de hoy nos ha enseñado y dado más alegrías de lo que nunca habríamos imaginado. En esta época también participamos en varios videoclips y escribimos nuestros propios “Notodos“.

Después han llegado obras de Microteatro (representadas en ciudades como Valencia, Salamanca, San Sebastián y Las Palmas), un cortometraje galardonado con mejor guión en el festival CineJoven de Almería y la oportunidad de entrar a escribir en Bloguionistas. Esto último nos está permitiendo conocer a un sinfín de grandes guionistas de los que seguir aprendiendo. Hasta ahora y desde septiembre hemos publicado más de 60 entrevistas entre Madrid, San Sebastián, Sitges, Valladolid, Gijón y Ciudad de México, lo que ha supuesto un aprendizaje tan intensivo y enriquecedor como el que tuvimos en el Máster.

13243909_1159668270744381_6078520874085758845_o.jpg

Así, cada día el “qué coño hago y por dónde empiezo” se va haciendo más pequeño. Con un poco de suerte la sombra entrará en coma y dejará de perseguirnos. Si echamos la vista atrás, vemos que hay ciertas cosas que sí han funcionado. Y oye, nunca está de más compartirlas.

La primera y más palpable es que cuando te metes en un proyecto sin pasta de por medio (sea propio o ajeno) lo más importante es hacerlo siendo consciente de ello, hacerlo lo mejor posible y con la más grande de las sonrisas. No tiene sentido amargarse por algo que has decidido tú. Al final nadie te ha obligado a estar ahí, así que mientras exista el buen rollo entre todos, y puestos a hacerlo, hazlo bien. Qué menos, ¿no?

Lo segundo es que no tiene sentido agobiarse por las sombras que te hablan al oído.  No queremos decir nada que resuene a Paulo Coelho, pero la verdad es que cuando uno deja de hacerles caso y se pone a lo suyo, sin agobiarse y sin estrés, y se preocupa de lo que importa, que es trabajar y buscarse las castañas, las cosas suelen funcionan mejor.

Lo tercero tiene que ver con esa tendencia masoquista a hacerlo todo, absolutamente todo. No cerrarse ninguna puerta, por más que esté oxidada, llena de clavos y huela a tifus. Es difícil pensar, cuando uno está en producción a las cuatro de la mañana un sábado, que llevar trastos de un lado a otro te va a servir para algo. O que pasar frío en el Teruel profundo rodando con caballos es lo mejor que puede hacer uno en diciembre. Pero luego pasa el tiempo y te das cuenta que de cada rodaje, de cada experiencia, has aprendido algo que te sirve para próximos proyectos, o para ir a pedir un trabajo, o para que tu currículum destaque por encima de otros cien millones de personas que también están empezando.

Sin ir más lejos, Luis Caballero, un buen amigo guionista, nos dijo que una escuela de cine de Valencia pedían CV a la búsqueda de nuevos profesores. Decidimos probar suerte, pensando que no nos íbamos a comer un rosco, y… Atención spam rápido: en enero empezamos a impartir dos cursos de guión en Valencia, basados en y ajustados a nuestras batallitas y experiencias. Fin del spam. Puestos a ganarnos las lentejas, mejor hacerlo intentando transmitir lo que sabemos, ¿no?

Si tenemos que sacar una conclusión de este año, es que hay que hacer todo lo posible por acercarse a gente que va a poder enseñarte algo. Escribirles (con educación, por supuesto) suele ser bastante productivo, y cuando se hace con la sinceridad de buscar simplemente el mero aprendizaje o un par de consejos suele dar sus frutos. Nosotros siempre les estaremos agradecidos a Juan Miguel Company, un excelente profesor y mentor que tuvimos en la Universidad, a Ramón Alòs, el primer productor con el que hablamos en nuestra vida, confió en nosotros y nos enseñó que los productores pueden ser gente de lo más agradable, a Paco López Barrio, el guionista que nos transmitió su pasión por la profesión y nos convenció definitivamente para instruirnos como es debido y, cómo no, a Sergio Barrejón, sin el que hoy no estaríamos aquí escribiendo.

Poco más nos queda por decir, así que nos volvemos a la seguridad de publicar entrevistas. Os dejamos, eso sí, nuestras cuentas de Twitter, por si por un casual de esos habéis leído hasta aquí y queréis comentarnos cualquier cosa del artículo, o de un guión, o del curso que damos en Valencia (sí, aquí está de nuevo el spam), o de la vida, o simplemente queréis enviarnos amenazas anónimas. Eso ya, lo dejamos a vuestra decisión y fetiches personales.


POR QUÉ LOS PRODUCTORES NO SE LEERÁN TU GUION – INCREÍBLE CASO DE ESTUDIO DE UN PRODUCTOR EJECUTIVO

9 octubre, 2015

por Carlos Crespo.

Escribir un guion de largo es una tarea difícil para la que se necesita mucho tiempo y mucha energía. Terminarlo requiere además cantidades ingentes de determinación. Llegar a tener una versión que puedas mostrar sin morir de la vergüenza supone semanas o meses de reescritura y aislamiento social. En agradecimiento a tanto esfuerzo, conseguir que un productor lea tu guion es casi un sueño inalcanzable. Pese a todo esto, mejor no hacer nunca lo que hizo el guionista del ejemplo que viene a continuación si no queremos que nuestro sueño casi inalcanzable se convierta instantáneamente en una misión imposible.

El autor del texto original es Chris Jones y lo podéis encontrar íntegro en inglés en este enlace:        

http://www.chrisjonesblog.com/2014/04/producers-submit-script.html

Ahí va la traducción:

Un productor amigo que trabaja en una productora ha compartido recientemente este intercambio de emails con un escritor. Ilustra dolorosamente por qué la mayoría de los productores solo aceptarán guiones bajo demanda o a través de un agente acreditado. Independientemente del talento que este escritor en particular pueda llegar a demostrar en un futuro, esta puerta ya está cerrada para él.

He cambiado algunos datos por XXXXX y por supuesto eliminado la sinopsis de la historia así como títulos, tratamientos, pitches, etc.

Primer email del escritor-director al productor

Hola, XXXX XXXXX, nos hemos visto hoy en XXXXXX, ha sido un placer conocerte hoy, una pena no tener más tiempo para hablar contigo. Te he dado mi tarjeta con mis datos, entre ellos 3 guiones que acabo de subir a XXXX, échales un vistazo si sacas tiempo.

Actualmente busco productora que se encargue de llevar mis guiones y mi carrera al siguiente nivel. He oído cosas buenas sobre ti y XXXX y espero que mis datos sean de suficiente interés para alguno de los productores de vuestra compañía y que queráis saber más de mí.

Ya he vendido algún guion y derechos de opción a productoras.

Tengo tres guiones listos para producir, los tres con una gran idea (high concept), con grandes posibilidades comerciales.

Soy escritor, director, actor y productor, pero actualmente quiero concentrarme principalmente en escribir.

He rodado varios cortos, entre ellos el que ganó el premio al mejor corto XXXXX en el Festival XXXXX.

He escrito, producido y dirigido la película de bajo coste XXXXXX.

Espero con esto que me des cierta credibilidad y le eches un vistazo a los 3 geniales guiones que he escrito.

Recientemente has trabajado con un actor que se llama XXX XXXXX (nota: aquí venía el nombre de una estrella), que da el perfil para ser el protagonista de XXXXXX.

NOTA: Aquí se ha cortado una parte que contenía demasiada información y tres sinopsis de los proyectos mencionados, de una página cada una.

*****

Te dejo mis datos para que me puedas contactar directamente si estás interesado, o si lo prefieres, también a través de la web de XXXX.

Gracias otra vez por nuestra charla de hoy, encantado de conocerte.

Un saludo cordial, XXXXXX XXXXXXX, escritor-director.

Primera respuesta del productor

Gracias XXXXX,

Le he pasado tus ideas a nuestro equipo de desarrollo, pero en estos momentos tenemos tal volumen de trabajo que ninguna de tus propuestas ha destacado lo suficiente como para incorporarlas a nuestro material y desarrollarlas.

Mucha suerte con tus proyectos y un saludo cordial.

XXXXX

Segundo email del escritor-director al productor

Gracias XXXXXX, te agradezco que las pasaras a tu equipo de desarrollo. Por desgracia para mí, siempre se me ha dado mal escribir loglines (sinopsis breves). No así guiones. Supongo que debería centrarme en mejorar ese aspecto porque me dificulta conseguir que mis guiones sean leídos. Sé que cambiarían de opinión con respecto a esos proyectos si te hubiera pasado directamente los guiones. Son tres guiones geniales, de verdad que son magníficos, altamente comerciales y fácilmente vendibles.

Estoy seguro de que cambiaríais de opinión si leyerais uno solo de esos guiones. Cualquiera de ellos. Pídemelo, leedlo y si es un no, me retiraré educadamente y te agradeceré tu tiempo. Pero sé que habrás cambiado radicalmente de parecer cuando leas uno de mis guiones.

Encantado de conocerte, XXXX, te deseo mucho éxito en XXX en cualquier caso.

Un saludo cordial, XXXX XXXXXX

Segunda respuesta del productor

De acuerdo, le echaré un vistazo a uno de ellos (elige tú el más comercial de los tres), aunque quiero asegurarme de que eres consciente de que ahora mismo es muy poco probable que incorporemos ningún nuevo proyecto a no ser que nos deje con la boca abierta.

XXXX XXXX

Tercer email del escritor-director al productor

Gracias, XXXX, te lo agradezco mucho. No es momento de ser modestos, así que te digo que creo que os van a dejar con la boca abierta los tres guiones. Pero si tengo que elegir uno, lo haré siguiendo los motivos de los que hablábamos el otro día: empezar con el que creo que podría hacerse antes, y luego ya los otros. Por presupuesto creo que el más costeable es XXXXXX, así que ese es el que elijo.

Piensa en XXXX, XXXXXX (nota: aquí menciona dos películas muy conocidas en plan Batman meets Titanic).

Buena suerte. Y gracias, XXXX.

Un saludo cordial, XXXX XXXXX.

Tercera respuesta del productor

Hola XXXXX, ya hemos revisado el guion y me temo que no está a la altura de lo que nos habías prometido; de hecho, tanto el director de desarrollo como yo pensamos que copia bastante y no nos termina de convencer.

Basándonos en esto, hemos decidido dejarlo pasar, pero te deseamos mucha suerte moviéndolo por otros lugares.

Todo lo mejor

XXXX

Cuarto email del escritor-director al productor

Hola XXXX,

He de decirte que tengo la sospecha de que tú no has leído el guion sino que se lo has pasado a alguien para que lo lea por ti, porque lo que dices en tu correo no tiene ningún sentido.

Decir que no está a la altura de lo que había prometido o que es una copia y no es convincente no tiene base alguna y sinceramente lo encuentro insultante.

El guion ofrece muchísima originalidad, potente y cinematográficamente, sería una película fantástica y muy vendible y comercial.

Si te parece que copia bastante, como dices, por favor, dame nombres de películas o dime qué contenidos o temas han sido copiados. O ni siquiera copiados, me vale con que se parezcan. ¿Me lo puedes pasar en un email?

Te digo desde ya que no puedes. Porque no es una imitación de nada, absolutamente nada, que haya sido hecho jamás. ¿Por qué? Porque sale de mi mente, de mis habilidades como escritor y las de nadie más. No como la porquería regurgitada una y otra vez por becarios sin talento que quieren escribir imitando a los demás.

Lo siento, XXXXX, pero si me acusas de algo así deberías aportar alguna prueba. Tu análisis del guion es tan equivocado que no creo que lo hayas leído.

Todo lo mejor, XXXXX XXXXXX.

Cuarta respuesta del productor

Estimado XXXX,

Te puedo asegurar que me leí el guion yo mismo. Y si esta es la manera en que vas a tomarte cualquier tipo de crítica a tu trabajo lo vas a pasar bastante mal en esta industria.

En cualquier caso, en uno de tus emails prometiste que “si es un no, me retiraré educadamente y te agradeceré tu tiempo”, así que vamos a dejarlo ahí.

XXXX

Quinto email del escritor-director al productor

Estimado XXXX,

Tienes razón, en efecto dije que si era un no me retiraría educadamente y ahí lo dejaríamos, pero es que no esperaba de ti una falta total de respeto hacia mi persona. Podrías haber dicho cosas que yo habría aceptado, incluyendo críticas auténticas al guion, pero es que decir que mi trabajo “copia bastante” es poner mi reputación en tela de juicio. Al decir eso, básicamente dices que he plagiado los trabajos de otra gente y eso me ofende.

Te he pedido que aportes pruebas de esa supuesta copia dándome nombres de películas, temas o conceptos a los que se pareciera XXXXX XXXXXX. ¿No has sido capaz de darme ninguno? Pues voy más lejos: ¿me puedes mencionar eventos, escenas o incluso personajes que sean similares? ¿No se te ocurre nada tampoco? Motivo de más para no creer que te hayas leído el guion, porque si lo hubieras hecho serías capaz de dar datos que apoyen tu crítica o juicio, ¿no? ¿No eres capaz ni de compararlo en estilo a otra obra que hayas visto o leído? Eso es porque estás ante algo distinto dentro de un mar de igualdad, es único. Y por eso mismo está expuesto a que quien lo lea lo reescriba y se cargue su singularidad. Y lo arruine por completo.

Y no te pongas en plan malote conmigo y me amenaces con que no voy a llegar lejos en la industria si no soy capaz de aceptar críticas. Para ser claros, yo ya estoy en la industria y siempre me comporto educadamente, puedo aceptar críticas todo el tiempo sin que me afecten ni me hagan enfadar. Parece que eres tú quien se toma mal las críticas y ha sido poco profesional lanzándome calumnias virtuales.

No me sienta bien que me traten así, ni tú ni nadie, sea quien sea. Y sigo pensando que no te lo has leído y me estás recitando lo que te ha dicho quien sí se lo haya leído. Y esto lo sé porque el guion es lo que yo os prometí y más, y es alucinante que alguien en tu posición lo lea y pase de él siendo un guion tan bueno, y encima lo rechaces con actitud condescendiente y faltándome al respeto innecesariamente. No te he dado motivo para que me trates así. Es más, de primeras pareces un tío majo con el que podría trabajar y habría estado encantado de dorarte la píldora incluso si por la razón que fuera no te interesaba o gustaba el guion que te mandé. ¿Pero decir que es una copia? ¿De verdad?

En fin, que efectivamente me retiro, pero no educadamente. Me debes una disculpa por las calumnias vertidas sobre mi trabajo y por tanto sobre mi persona. Lo veo como un abuso de poder desde el puesto que ocupas en XXXXXXX y en la industria. Espero que entiendas la gravedad de lo que me estás acusando. Y estoy muy muy cabreado al respecto. Quiero que aportes pruebas de todo lo que me acusas o me pidas perdón. No tengo ninguna duda de que nuestros caminos volverán a cruzarse. Una simple disculpa bastará, y mejor ahora que dejar esto sin resolver.

Todo lo mejor, XXXXX.

Aquí estoy otra vez. Tristemente, incluso si este escritor hubiera enviado el más extraordinario de los guiones, su actitud hizo que fuera imposible trabajar con esa persona.

Así que la próxima vez que te preguntes por qué los productores no aceptan trabajo no solicitado, acuérdate de esta cadena de correos.

Y al escritor en cuestión, al igual que le dijo el productor: “te deseamos mucha suerte moviéndolo por otros lugares”.

¡Hacia delante y hacia arriba!

 


LA ANTIFIRMA INVITADA

15 enero, 2013

Por Daniel Castro (Guionista en Chamberí)

En una entrada que se publicó en este blog en noviembre, hubo este intercambio de comentarios.

Image

Casi dos meses más tarde, tomándome la palabra,Yabadabadooh, llamado realmente Arnau Margenet, me envió un texto en el que expresaba todas las angustias del guionista principiante que aspira, por lo menos, a tener la oportunidad de demostrar su valía.

Creo que es posible que algunos de vosotros os sintáis identificados con Arnau, que también sintáis cierto rechazo al leer en este blog historias de éxito, de sueldos astronómicos, series de gran audiencia o directores llamados a trabajar en Estados Unidos. Es muy posible que algunos nos veáis como triunfadores que han logrado colarse en lo que Santamano suele llamar la “pomada“. Puede que sintáis que estamos atrincherados en una fortaleza de oro de la que nos resistimos a ser evacuados.

Es posible que tengáis parte de razón. Pero, caso de ser un triunfador, no sé qué carajo hago, con una manta sobre las piernas, muerto de frío, prácticamente en el paro desde junio, escribiendo en este blog a las once y media de la noche en lugar de estar viendo una película con mi novia.

Aquí va el texto que me envió Arnau.

LA ANTIFIRMA INVITADA

por Arnau Margenet

En el poco menos de un año que duró el máster de guión de la UPSA el año pasado pasaron por el aula numerosas voces reconocidas del mundo del guión y el cine (Urbizu, Cobeaga, Diego San José, el mismísimo Sergio Barrejón entre otros muchos), y en todos ellos parecía irradiarse la figura del ‘ejemplo a seguir’. Lo parecía, sobre todo, a ojos de los que estábamos sentados enfrente, jóvenes ilusionados que recibían a los ponentes como estrellas de cine, que veían en esos seres mitológicos un espejo en el que reflejarse, auténticas esponjas proaduladoras dispuestas a absorber todo lo que el conferenciante desprendiera de su ser, incluso su alma si eso sirviera de inversión. Esta absoluta e incondicional entrega del alumnado me hizo reflexionar sobre el poder (y la responsabilidad) que los enseñantes tienen para con sus enseñados, sobre la repercusión que pueden tener sus palabras sobre la presente y futura visión de quien las escucha –especialmente si éste tiene el oído más verde que la lima y el culo agualimón–, en fin, en la relevancia que tiene la elección de un discurso u otro, de un lenguaje, una visión, un posicionamiento u otro. Pero ese es otro tema del que (como suele decir David Muñoz aquí) “hablaré en otra ocasión”.

El caso es que cada visita que recibíamos resultaba tener un efecto catártico en nuestro estado de ánimo. Cada vez que un señor o señora que venía representando tal o cual película o serie o productora o trayectoria entraba en el aula, se subía a la tarima y hablaba, se paraba el mundo, se ensanchaban los tímpanos de los respetables y en la intimidad de nuestros cráneos resonaba (yo no era todo el alumnado, pero estoy seguro de ello) la misma profecía: “Yo de mayor seré como él”. Qué imbéciles, ¿verdad? Al menos es algo de lo que yo me di cuenta con el paso de las clases. Sí, la revelación se me fue dibujando a medida que quemábamos las semanas, con el suceder de ese discurso falsamente optimista que se iba hilvanando ponente tras ponente, repleto de buenas intenciones y ánimos pero manchado por el cúmulo de referencias a la crisis, a los despidos, a las congelaciones… a lo mal que está todo vaya. La ilusión dio paso a los números, y a medida que pasaban las semanas se impuso la razón, el realismo, la estadística. Mientras que parte de mí se aferraba a la fantasía, la otra (de naturaleza escéptica) tiraba en dirección contraria y me ordenaba que mirara por un momento alrededor, que recordara el número de guionistas en activo que existen en este país (recuerdo que un ponente puso la medida en 2000 o por ahí) e hiciera cálculos. Entonces lo vi: imposible que todos seamos guionistas. No digo ya de cine, a esos les ampara la divina providencia, sino de tele, de radio, de lo que coño sea. ¿Quién de nosotros, de los 24, terminará siendo guionista?

Te pones a pensar en ello y no convienes ninguna cifra en concreto. “Tal vez cinco”, te dices. Pero pudieran ser dos, o veinte. Quién sabe, todo conjeturas. En todo caso, no todos lo seremos. O sí. Pero en TODO CASO, no todos los alumnos que han pasado por las ocho promociones de este máster (¡y que sean muchas más!) lo son o lo serán. Tal vez fuera porque era una de esas obviedades de las que uno no tiene constancia hasta que se encuentra a un palmo de ellas, de las que duelen porque aún siendo previsibles te han pasado inadvertidas (cegado por el romanticismo), pero esa certeza, esa realidad que de pronto se me reveló como agua clara, me perturbó y me imanó a tierra. Primero pensé: joder, si los 23 tienen depositadas en esto las mismas ganas terribles que yo, el fracaso será como la muerte. Y en segundo lugar, como una losa: ¡Coño! ¡Que podría ser yo!

Claro. Podrías no ser guionista. Es una posibilidad. Una de muy razonable, además. Siempre podrás trabajar de otra cosa, de periodista, de operario de set, de script, de cajero de supermercado… Al final esto va de vivir la vida, de comer y pasar el rato y eso. ¡Pero no! ¡Qué mierdas digo! Y te mantienes firme, te aferras a la esperanza y sobre todo te esfuerzas, lees cosas sobre guión, lees guiones, desglosas guiones, escribes guiones, comes guiones, porque sabes (o al menos eso prometen los proverbios positivistas que tan socorridos son en esta sociedad, a cuyos miembros promete mieles a cambio de trabajo duro) que ese es el único camino hacia la cima –la cima es el curro, no un Óscar–. La suerte no aparece, se busca, que dicen. Pero entonces, de vuelta a nuestra aula de Máster, llega ese ponente. Es ese guionista sin vocación, ese que considera el ser guionista un oficio (ok), ese que entró de casualidad y sin ni siquiera pretenderlo porque alguien le propuso hacer, le invitó a, le abrió las puertas de, cuando escribía un blog o trabajaba de no sé qué en no sé dónde (vaya por delante, que a los que me refiero son guionistas MUY buenos y cotizados). Es en ese momento, cuando ese guionista te hace partícipe de su anecdótico acceso al mundo del guión cuando empiezas a sumar, otra vez. “Vale, 2000 guionistas… crisis… despidos… vale. Proyectos cancelados, en la nevera, en barrena, congelados… bueno, crisis… ¡pero tengo un máster! ¡uno de prestigio!…y además creo que algo de talento… ya, ¿y qué?… bueno… espera, aquí somos 24… ¿cuántas pruebas de guión oficiales hemos hecho este año? Ah sí, cero. La crisis… ¿Y si este año no cogen guionistas, y el siguiente tampoco, ni el otro? Pues 24×3… 72 guionistas… 0 sillas… Vale, bueno, vale”. Y clavas la mirada en los ojos de ese guionista suertudo –como echándole la culpa–, ese que entró cuando hubo bonanza, que nació en el año que tenía que nacer y se plantó en los 90 cuando (tal vez) entraba hasta el que pasaba por ahí o el que tenía un amigo que. Y es ahí cuando empiezas a murmullar, y no canalizas la frustración por el tubo adecuado y te cabreas, y empiezas a pensar que alguien te está tomando el pelo.

Y debo decir, llegado a este punto, que lo mismo me ocurre en este blog con algunas de las FIRMAS INVITADAS. Profesionales que escriben acerca de su experiencia, de cuán entorpecidos fueron sus primeros pasos como guionistas, -echando la vista atrás con condescendencia hacia si mismos y cierta nostalgia– aunque al final se abrieron paso entre la maleza, sortearon los más infranqueables escollos y, al fin, lograron su sueño. Lo leo y me jode, porque parece que lea una película familiar de Hollywood, con su discurso biempensante y su desenlace asquerosamente feliz. Y además me digo: “Habrá quien tras unos inicios entorpecidos, se cayera al suelo para no levantarse jamás”. ¿Dónde están esos? ¿Dónde están los ‘fracasados’? Porque a esos también nos conviene escucharlos.

Es un problema mío, lo sé. Es frustración, la sensación de entregarse al más apasionado masoquismo. Porque estás ahí, hundido en el asiento del aula. Pensando: vienen aquí y me cuentan su bonita historia, sus aventurados inicios, sus más y sus menos, sus anécdotas de guionista y toda esa mierda, autocomplacientes, gustándose, sabiendo que el auditorio está rendido a su fábula y, sobre todo, trasvasando su feliz experiencia a nuestro generador de expectativas y futuros por dibujar. Vale, sí, esto es un máster de guión en el que se imparten conocimientos de guión y en el que profesionales del guión ofrecen ponencias en las que se transmiten, entre otras cosas, las experiencias relacionadas con el guión (en fin, que no es un máster de no-guión, y vienen no-guionistas). Pero, ¿alguien me entiende? Es frustrante. Es ofensivo el discurso exclusivamente positivista con el que el ponente medio embelesa al alumno de hoy, tan lleno de buenas (tan buenas como relativas) premoniciones e intenciones, de dulces perspectivas y, sobre todo, cargado de ánimos sonoramente condescendientes. Ninguno te dice: “vamos a ver chicos, no todos seréis guionistas, lo sabéis ¿no?”. Qué va. Y tal vez nos conviene que alguien nos lo recuerde de vez en cuando (bueno miento, uno de ellos si que nos lo dijo, y de lejos fue la ponencia más honesta y enriquecedora de todas, con la que todos nos quedamos, por distendida y constructiva, por realista, cruda y, aún así, estimulante). Hay que currárselo, por supuesto, pero también hay que contemplar la posibilidad de que, a pesar del esfuerzo y la fe, acabes currando de otra cosa. Porque si al final es así, si no consigues ser guionista y te has pasado la vida visualizando tu futuro a conveniencia, convencido de que era cuestión de tiempo materializarlo, tu vida se va a convertir en poco menos que un infierno, carente de sentido ni motivación. Para los que sentimos devoción y vocación por esto es algo difícil de asumir, pero vale más ser prevenido y entender que en la vida hay muchas cosas buenas por hacer a parte de perseguir sueños.

Parecen las palabras de alguien que da la batalla por perdida, huelen a abatimiento y resignación. Ni mucho menos. Sólo contemplo esa opción, que es una de muchas, pero que a menudo obviamos porque contravienen a los sentimientos más gratificantes que puede experimentar el ser humano, que son los que nacen de los sueños y que tienen relación directa con el sentido, más o menos ambicioso, que cada uno le quiere dar a su vida. Si uno no se previene, la opción de no cumplir un sueño puede ser, precisamente, lo contrario a eso: la muerte. Por eso evitamos afrontarla, por miedo a constatar lo irrefutable. Aún así no hay que dejar de currar. Currar, currar y currar, y luego la contingencia nos llevará por un camino u otro (por bien que currar, creo, es la única manera de tener un mínimo control sobre ella y condicionar para bien tu destino).

Explico todo esto porque entiendo que mucho jóvenes como yo se encuentran en una situación similar, muchos que, además, frecuentan religiosamente bloguionistas: un blog de guionistas y para guionistas. ¿Y para aspirantes a guionista? También, por supuesto. Pero, personalmente, a veces echo de menos que los que están dentro echen un cable a los que estamos fuera. Y no me refiero un trato preferente ni un “hola jefe, te presento a este chico”, sino a un espacio, aunque sea en la intimidad de nuestra gruta gremial, en el que ser recordados y aconsejados, reverberados a los demás paisanos que concurren la plaza mayor de la industria. Un foco sobre el montón de jóvenes aspirantes que se apilan año tras año en la puerta de acceso, luchando por coger aire, por favor.


FLASHBACK – FIRMAS INVITADAS: CURRO ROYO

17 julio, 2011

Si yo no fuera tan vago, si no tuviera tres hijos, si no me gustara tanto estar con Chus, si no aprovechara cada ocasión para subirme un pico y cantar arriba una jota, si no viviera en Inglaterra y tuviera que estudiar inglés, si no estuviera postproduciendo mi primer corto, si True Blood y Dexter no fueran tan buenas series, si no fuera el único en casa que hace tortillas de patata, si Cuéntame no siguiera funcionando como un tiro, si los bonsáis no se murieran a la mínima, si hubiera escrito ya la cuarta versión de “Reset”, si estrenaran de una vez la sexta de Lost y tomara menos ansiolíticos…

…si se dieran esas circunstancias, tendría un blog.

Y a falta de un blog propio, estoy encantado de postear en este experimento colectivo.

A modo de introducción-presentación, he reescrito una carta que envié a dos fantásticas personas que me preguntaron cómo se podía empezar a escribir guiones. En los post que sigan, estaré encantado de poder compartir mi experiencia, que es esa cosa que te da la vida a cambio de quedarse con todo tu tiempo.

CARTA A DOS ASPIRANTES A GUIONISTA

Hola chicos. La verdad es que, con el corazón en la mano, lo tenéis bastante difícil. La distribución de empresas que den trabajo a los que vivimos de esto, no es nada democrática. Básicamente, el trabajo está en Madrid. Y tampoco es que lo haya a patadas. Si vives en una autonomía con idioma propio, y escribes ése idioma, tienes una oportunidad en las teles autonómicas, pero te las habrás con los típicos productores caza-subvenciones, o los que están al albur del cambio político que ponga en los despachos “a los suyos”. Ni que decir tiene que fuera de Madrid, se cobra un tercio, que llega en ocasiones a ser una cosa de risa y de vergüenza, a partes iguales.

Dicho esto, tengo que admitir que yo era- y soy- lo que en Madrid dicen un chico “de provincias”, de Zaragoza concretamente. Cuando empecé a escribir algo parecido a un guión, hacia el año 84, estaba estudiando Geografía e Historia y aún tenía pelo. Conocí entonces a Jonathan Gelabert- conocido hoy en la globosfera como El Hombre Perplejo– y empezamos a escribir cosas juntos. La excusa- buscarse una siempre es bueno- fue presentarnos a un concurso de TV3, un concurso de proyectos de series de televisión. No nos dieron el premio, pero crearon un accésit para reconocer que la serie, “Alexandre de Monfort”, a pesar de ser improducible, les gustaba mucho.

El día que fuimos a recoger el premio fue la primera vez que entré en una televisión. Nada más entrar en la sala donde nos esperaban los jefes de TV3, nos salió al encuentro Xesc Barceló y con una de sus sonrisas socarronas nos dijo: “Hombre, los del Alexandre de Monfort… ¿vosotros sabéis lo que cuesta alquilar un caballo?” Ése fue mi aterrizaje en la profesión y en el “audiovisual español”. Nuestra serie estaba ambientada en el S. XIV y eso la relegaba a un cajón… al menos por ahora

Jonathan Gelabert siempre tuvo más claro que yo lo de dedicarse profesionalmente al guión. Tengo que admitir, como he hecho muchas veces y lo haré a lo largo de toda mi vida, que sin Jonathan yo no habría dado el primer paso… ni el segundo, ni los que siguieron. Tal vez es por eso que siempre me he sentido en este oficio como un auténtico intruso, como alguien que hace lo que le gusta y encima le pagan, como si me hubiera colado en una fiesta a la que no fui invitado y me preguntase cuánto tiempo tardarán en echarme. Puedo asegurar que aún hoy, cada vez que me encargan un guión, pienso para mis adentros: “Éste es, en éste me pillan… con este guión se darán cuenta de que yo, en el fondo, no soy guionista”

Desde que empecé como guionista, un trabajo me ha llevado a otro. He conocido gente estupenda, he trabajado en veinte sitios, he tenido estrepitosos fracasos y algún que otro éxito. Lo mejor han sido los compañeros, los buenos, la gente que ama este oficio, que es capaz de seguir sorprendiéndome con sus escenas y diálogos. Gente como Juanvi Pozuelo, Vicente Mora, Xabi Puerta, Carlos Martín, Ignasi Rubio, Joan Potau, Alberto Macías, Eduardo Ladrón de Guevara, Roberto Santiago, Ignacio del Moral, Verónica Fernández, Julia Altares, Antonio Onetti, Juan Carlos Rubio, Mercedes Cruz, Antonio Venegas, Ernesto Pozuelo, Joaquín Andújar…  y muchos, muchos otros.  Con algunos de ellos he escrito, otros me han coordinado o les he coordinado, o he tenido que opinar de sus guiones, o han opinado de los míos. Son buena gente a la que aprecio y respeto. Contadores de historias. ¿Se puede ser algo mejor?

Cuando yo empecé, los únicos guionistas que había en España estaban en los aeropuertos y en las playas… eran guionistas americanos y estaban de paso o de vacaciones. Hoy, cada año, hay una nueva horda de graduados en escuelas, facultades o masters que se lanzan al asalto del más mínimo resquicio del negocio como orcos de Moria.

Mover guiones en productoras, a mí, no me ha servido nunca. Sólo debéis enviar un guión a una productora si conocéis a alguien dentro. Si no, probablemente no lo leerá nadie ¿Concursos… subvenciones? Te proporcionan una fecha de entrega, un dinero si ganas, sirven para que te pruebes a ti mismo… ¿Cursos? Insisto en que puede ser una buena inversión, pero no está garantizada, y sólo debéis hacer cursos impartidos por guionistas en activo.

Sed realistas en cuanto a vuestros objetivos, posibilidades y expectativas… y si se abre una puerta, corred hacia ella antes de que se cierre. Tal vez no sea la entrada al negocio que pensasteis, pero os puede llevar dentro igualmente.

En fin, que me siento como un funámbulo que estuviera haciendo esfuerzos para no caerse de la cuerda al vacío y se acercaran otros dos funámbulos y le preguntaran… “¿Resiste?”. Toda mi respuesta sería… “por ahora sí”.

Con mucho cariño,

Curro Royo.

(Publicado originalmente en Bloguionistas el 19 de diciembre de 2009)


FLASHBACK – CONSULTORIO: PRUEBAS PERVERSAS

19 junio, 2011

Por Guionista Hastiado

Un lector de “Bloguionistas” nos remite la siguiente cuestión…

Hola.

Después de que la productora donde escribía me diera con la puerta en las narices porque se nos acabó el chollito del programa que teníamos en Canal 9, con el sobado pretexto de la crisis, estoy enviando pruebas de guión a todas aquellas otras productoras que me las solicitan, al cabo de una lectura del currículum. Dado que antes yo mismo había revisado pruebas de guión de los pretendientes a un puesto en mi antigua productora, y que creo tener un vago recuerdo sobre el hecho de que algunas pruebas se emitieran sin remunerar, ¿la única manera de evitar este fraude es registrar cada una de las pruebas en SGAE?

Muchas gracias por tu tiempo y enhorabuena por el blog.


El asunto de las pruebas de guión es uno de los temas que recurrentemente surgen en las conversaciones de guionistas, y uno de los más complicados de resolver. Las productoras tienen todo el derecho a pedir pruebas de guión para juzgar la valía de los guionistas a los que contratan. El currículum a menudo muestra una visión general, superficial y no siempre fidedigna de las capacidades del postulante.

El problema, como con todo, es cuando esas pruebas se pervierten y se vuelven abusivas, bien por la extensión, por la excesiva rapidez con la que se solicitan, o porque directamente, como dices, las productoras se apropian de ellas y las  utilizan de forma fraudulenta como material suyo. Eso es un delito, y si dices que en la productora en la que trabajaste se cometió, no estaría de más que los perjudicados tuvieran, al menos, conocimiento de ello.

En cuanto a la manera de corregir estos desmanes tiene dos vertientes:

– Antes de enviar la prueba. Previsión.

Lo que se debería hacer siempre es registrar el material. El registro no se hace en la SGAE (ahí debes registrar las obras publicadas que generan derechos de autor para que puedan recaudarlos por ti, es otro asunto distinto). A donde debes acudir es al Registro de la Propiedad Intelectual. Es rápido, barato y fiable. Es cierto que puede resultar un coñazo registrar cada pequeño sketch, escena o escaleta de cada prueba -hay que ir en persona a la oficina del registro- pero si crees que se trata de un buen material y consideras que existe el peligro de que te lo roben, es la mejor opción.

Una manera de indicarle a la productora que debe respetar ese material es añadir -en el pie de página o la portada- una frase breve que indique que el material está inscrito en el registro de la Propiedad Intelectual junto con el número de registro que te habrán proporcionado. Podría ser que alguien en la productora pensara “mira este idiota, ha registrado su sketch de mierda pensando que se lo vamos a copiar. Paso de contratarle”. Bien, eso podría pasar, hipotéticamente, pero en ese caso creo que deberías alegrarte de tu gran suerte, porque podías haber terminado currando para un completo gilipollas.

Otra manera de poder demostrar que una obra es tuya, es enviándotela a ti mismo por correo certificado, y guardarte ese sobre CERRADO. Si algún día alguien utilizara tu material, tu podrías ir con ese sobre a un notario para que lo abriera, certificando la fecha de envío y, por tanto, de creación.

Eso sí, ten en cuenta que no te merece la pena registrar algo que no sea 100 % tuyo. Por ejemplo, si haces una prueba para “Los Hombres de Paco” que consiste en escribir un par de escenas de la serie, posiblemente no te valdrá de nada registrar algo que está basado en un producto que ya existe, por muy maravillosos que sean tus diálogos.

Algunas productoras -especialmente las cinematográficas que aceptan recibir proyectos- obligan a firmar un contrato en el que las eximes de toda responsabilidad por posibles futuras e hipotéticas semejanzas de tus textos con sus producciones.  Ahí cada uno debe decidir si pasa por el aro o no. A mí me parece un abuso -si no quieres que te acusen de plagio, no plagies- pero es una manera que tienen de asegurarse demandas pilladas por los pelos, que también existen (“Ey, yo os envié un guión de peli sobre un fantasma que habita entre los vivos, y vosotros luego habéis hecho una peli sobre el mismo tema”).

La otra medida que puedes tomar antes de enviar una prueba, si consideras que es abusiva o que la productora no te da suficiente confianza es, directamente, no enviarla. Ésta es una de las opciones más eficaces, créeme. Si además les explicas a los de la productora por qué lo haces, te harás un favor a ti mismo (porque quedarás como un profesional y no como un pelele) y a todos los guionistas en general.

– Después del envío. Medidas.

Si alguien utiliza material tuyo sin tu permiso, puedes demandarle. Es así de sencillo. O no, porque en este país la justicia es cara, lenta y engorrosa. Debes pensar si realmente te merece la pena meterte en un pleito en asuntos tan complejos y abstractos como los de la propiedad intelectual sólo porque hayan utilizado una idea tuya para un sketch, por ejemplo.

Antes de tomar esa decisión, lo mejor es que consultes a un profesional del asunto, uséase, un abogado. Si eres miembro de ALMA, DAMA, SGAE o alguna entidad de este estilo, tendrás la posibilidad de consultar gratuitamente a un abogado experto en el tema. Es el mejor consejo que te puedo dar: que te aconseje otro.

Eso sí, la condición sine qua non para demandar con alguna posibilidad de éxito es que hayas registrado adecuadamente la obra.

En el sindicato de guionistas ALMA se lleva tiempo pensando en publicar un informe de “buenas maneras” para el tema de las pruebas, o incluso una especie de “contrato tipo” que deberían firmar tanto las productoras solicitantes como los guionistas aspirantes, reconociendo la validez del material enviado y ese tipo de asuntos… Otra cosa sería, claro, que luego alguien lo firmara o lo cumpliera, pero al menos serviría de referente.

En estos asuntos lo ideal sería que las cosas se hicieran, simplemente, de manera profesional y lógica. Es lógico que además del currículum se pida una prueba, pero ésta no debería consistir en más de cuatro o cinco páginas. Tampoco me parecen muy correctas las “pruebas encadenadas” en distintas fases (has pasado el primer filtro, ahora te pedimos otra cosa para el siguiente, y luego más y más…).

Yo he supervisado varias veces procesos de selección de guionistas, y te aseguro que con el currículum y una prueba breve es más que suficiente para tomar una decisión, si añades una entrevista personal a los aspirantes que hayan demostrado más talento. Por supuesto, siempre te puedes equivocar a la hora de escoger, pero para eso están los períodos de prueba y las prácticas.

Sea como sea, y a pesar de los riesgos, las pruebas de guión son una de las maneras más plausibles de entrar en la industria, y te animo a que sigas intentándolo. Evidentemente son siempre difíciles, competitivas y frustrantes. En la mayoría de las ocasiones no se pondrán en contacto contigo para decirte “no te hemos cogido”, e incluso puede que te traten de manera poco educada si insistes en pedir una aclaración de por qué no les gustó tu prueba.

El riesgo del plagio está ahí, sí, pero también es cierto que, en mi opinión, y por mi experiencia, es algo que sucede con mucha menos frecuencia de lo que uno pueda creer si se deja llevar por su imaginación. Si realmente te preocupa, pon las medidas necesarias para evitarlo o minimizarlo, y sigue escribiendo…

(Publicado originalmente en Bloguionistas el 9 de enero de 2010.)


FLASHBACK – CONSULTORIO: LAS PRUEBAS DE MARRAS

18 junio, 2011

Por Guionista Hastiado

Un lector de Bloguionistas nos remite el siguiente texto:

Hola, hola, soy Dani de Madrid. Tu libro es el mejor manual que he tenido el placer de leer, releer y subrayar; es preciso y ameno, y tiene unos ejemplos muy bien puestos; y ver a Frasier, Niles y Martin en la portada es simplemente… inspirador.

Verás, estoy preparando una prueba para una serie pero me ha surgido un problema simple y sencillo: ¿Cómo enviarla?

Hasta ahora yo llamaba a las productoras preguntando por si hacían pruebas o admitían pruebas de guión. Cansado de recibir negativas las hacía por mi cuenta y se las he estado enviando al productor ejecutivo o coordinador de guiones por correo certificado. No sé si está bien o no y eso me corroe por dentro pero sobre todo quiero saber: ¿Qué buscan exactamente en una prueba?

Yo he estado enviando un par de escenas de dos o tres páginas y a veces la escaleta de una trama… Sé que hay que demostrar que se conoce a los personajes, que se tiene el tono cogido por los cuernos, que se conocen los mecanismos internos de la estructura de la serie… pero, como diría Josh Bartlett: «Qué más». ¿Qué es eso que decanta la balanza? ¿Hay que seguir fielmente lo ya escrito o se valora más un planteamiento nuevo, fresco y original? Llevo casi cuatro meses enviando pruebas y ni una triste llamada, ¿Qué hago mal? ¿Hago bien en enviar pruebas a lo loco sin que me las pidan? ¿Algún consejo?

Y una duda, ya que estamos, respecto a los interiores y exteriores. ¿Cuándo se rueda en plató simulando un exterior qué se pone, simplemente interior, o se especifica que es un falso exterior de algún otro modo?

Muchas gracias y espero que Hugo le pregunte ya a Jacob «¿Qué es la isla?» para saber si he ganado la porra o no.

Saludos, Dani.

Hola, amigo Dani. En primer lugar, gracias por esa correcta dosis de peloteo con la que ya tengo mi ración diaria para alimentar el ego, que tiene siempre mucha hambre. Me alegra que el libro te haya podido servir de algo más que para calzar mesas.

El asunto de las pruebas es uno de los que más interés suscitan entre la gente que empieza y ya hemos hablado de él en alguna ocasión, aunque desde otras perspectivas. Las preguntas que te haces son lógicas, y todos nos las hemos planteado en algún momento. Ahora que estoy “al otro lado” y me he visto más de una vez en el brete de leerme y elegir pruebas, veo las cosas de otra manera y espero poder ayudarte en algo con una serie de reflexiones que, por supuesto, no dejan de ser personales y simplificadoras…

– Las pruebas se piden, sobre todo, cuando se busca gente con poca experiencia que no tiene una trayectoria profesional que “demuestre” su oficio y/o talento. Por lo tanto, es comprensible que la mayoría de las pruebas que se reciben tengan un nivel bastante bajo. ¿Eso qué implica? Que no hay que preocuparse por ser Billy Wilder (porque si te preocupas en exceso por ello, seguramente meterás la pata). Lo que se busca en esas pruebas son otras cosas…

– Como bien dices, se espera que se haya entendido cómo es la producción elegida para escribir. Debes captar el ritmo, la personalidad de los personajes y el tono… Sólo con conseguir esto, ya estarás por encima del 90 % de las pruebas recibidas. Muchas veces lo que se busca son “aprendices” capaces de echar un cable con una escaleta, una prueba de casting, algunas escenas… mientras van aprendiendo poco a poco. Por eso es fundamental que hayan demostrado que saben adaptarse a tu ficción.

– Y luego está… la chispa. Aquí es donde entra en juego el posible talento innato de cada uno. Además de gente sensata y ordenada, en todos los equipos hace falta gente que tenga “ingenio”, aunque adolezcan de otras carencias. Y no me estoy circunscribiendo a las comedias; con “ingenio” me refiero a la capacidad para encontrar alternativas, giros, diálogos, chistes o situaciones, que no suenen a trillados; que sorprendan sin ser locuras; que encajen perfectamente sin ser lo de siempre. Yo he estado en producciones donde se ha contratado a gente por dos líneas de diálogo “refrescantes”, incluso a pesar de que el resto de la prueba no tuviera demasiado sentido. Por eso, creo yo, además de tener en cuenta estructuras, tono y personajes, a veces hay que lanzarse también a la piscina y buscar la provocación y el brillo. No tratando, como decía, de ser Billy Wilder, sino de aportar un punto de vista más personal. Pero, evidentemente, este tipo de hallazgos son mucho más difíciles de definir, obtener y juzgar, sobre todo por uno mismo…

– Un buen consejo sería intentar que el conflicto o las situaciones que plantees sirvan para aprovechar y desarrollar al máximo las idiosincrasias de los personajes que las protagonizan. Lo que realmente atrapa a los espectadores son los personajes y, de la misma manera, los que los escribimos apreciamos la lectura de unas líneas que te hagan decir “lo ha clavado, éste es él en su pura ensencia…”

– Y, por supuesto, lo que siempre decimos: REESCRIBIR es lo más importante.  Hay pruebas que se nota que se han hecho por probar, o para quitárselas de encima lo más rápido posible. Una buena escena deberá estar bien estructurada, pensada y rematada.

– Respecto al material que se debe enviar -y hablaré de televisión, que es lo que más conozco y donde funciona más el asunto de las pruebas- lo mejor es siempre saber qué es lo que se demanda. Lo habitual suele ser una trama escaletada (o incluso un capítulo entero, si hablamos de una serie corta o de un coordinador hijoputa), más algunas escenas dialogadas. Lo mejor es escribirlas de la serie en cuestión a la que aspiras a entrar, aunque también puedes arriesgarte y hacerlo con una producción de tono semejante. En “7 Vidas“, por ejemplo, aceptábamos pruebas de “Frasier“, “Seinfeld“, “Friends“… (vale, sí, yo también hago chistes al respecto).

– En cuanto a la manera de enviar las pruebas, siempre es recomendable enterarse de dónde están buscando a gente. Dudo mucho que una prueba que aterriza sin haber sido solicitada llegue a dar ningún resultado, más teniendo en cuenta que, si estás empezando en el oficio, te será difícil escribir unas escenas tan epatantes que sean capaces de venderte por sí mismas (y si no estás empezando, también). Sin embargo, tampoco digo que sea un estrategia inútil. Enviar currículums a lo loco muy pocas veces da resultado, pero a veces pasa, y hay que probar todas las puertas…

– Eso sí, la información es poder, así que hay que estar al día de lo que se está haciendo, de nuevas producciones y productoras punteras, y tirar de conocidos que puedan decirte en qué empresas están abiertos a recibir pruebas. Por supuesto, si puedes enviarla a través de alguien que te conozca, tendrás muchas más posibilidades de ser, al menos, tenido en cuenta.

– Por supuesto, importan y mucho las cuestiones de forma: utiliza un formato profesional (si consigues algún guión de la serie en cuestión, mejor que mejor); NADA de faltas de ortografía ni errores tipográficos (parecerá que no te has trabajado mucho la prueba); no metas dibujitos ni churriguerescas portadas; sé concreto, educado y directo en tu carta de presentación; y añade siempre un currículum actualizado y no excesivamente extenso… (no incluyas el premio al mejor cuento que te dieron en la guardería).

– Y, por último, no te hundas si no recibes respuesta. Es normal, y más si has enviado una prueba no solicitada. Piensa que en la mayor parte de las producciones las pruebas las lee gente que está hasta arriba de trabajo (el coordinador de guión, habitualmente), y con frecuencia no tienen tiempo de responder a cada prueba educada e individualmente (porque para hacerlo de otra manera, es mejor no hacerlo). Lo habitual es que sólo se pongan en contacto con aquella gente que quieren contratar o a la que quieren conocer en persona para hacer una entrevista personal. Así que puede que tu prueba estuviera bien, pero que simplemente hubo una o dos mejores y te quedaste fuera…

Estos dos últimos años están siendo difíciles. Incluso para los guionistas profesionales no resulta fácil encontrar un puesto de trabajo, así que imagino que los principiantes lo deben estar flipando. Pero la mala racha está empezando a pasar, y se preparan bastantes nuevas producciones que irán abriendo horizontes.

No hay recetas mágicas aparte del esfuerzo, el empeño, la paciencia y el talento. Y, por supuesto, aprovechar las oportunidades. Si consigues que te llamen para trabajar en algún sitio, empléate al máximo, incluso aunque te paguen una mierda y el proyecto no te entusiasme. Algún día esa gente puede contar contigo para otro proyecto, si has encajado bien en el equipo. No hay nada más decepcionante que ver a una joven promesa que entra en un equipo gracias a una buena prueba, y la fastidia por llegar con absurdas ínfulas o con pocas ganas de dar el callo. Y he visto unos cuantos casos, créeme…

Y en cuanto a tu última cuestión, más técnica, cada producción puede que tenga sus propias normas, pero lo normal es que pongas EXT. Si luego se rueda en un plató eso ya es cosa de la producción, pero si la escena es exterior, es exterior.

Un saludo, ánimo, y mucha mierda.

(Publicado originalmente en Bloguionistas el 7 de mayo de 2010)


OTRO FOLIO Y MEDIO SOBRE LA COMEDIA

11 abril, 2011

Por Daniel Castro (Guionista en Chamberí)

Sigo con otras pequeñas notas sobre algunas características de lo cómico (aquí tenéis la primera parte). Como ya os dije, son ideas dispersas y poco organizadas, pero espero que os sean útiles.

La comedia suele tratar temas “pequeños”. Es habitual que un thriller, una peli de terror o aventuras traten sobre un gran peligro que amenaza a una ciudad, un país o el mundo entero. De hecho, como comentaba Ángela en su post, citando a un tal Albert Zuckerman: cuanto más “monumental” es lo que esté en juego, más posible es que ese relato (en su caso hablaba de novelas) interese al público. Nadie se va a tomar muy en serio a un psicópata que amenaza con quemar cada mes un contenedor de basura. Si va a matar una virgen cada mes, el asunto se vuelve más interesante. Si mata a un líder mundial al mes, tal vez sea más impactante aún. Creo que sería un bombazo si el tipo intentara matar cada mes a un líder mundial que además fuera virgen. Bueno, me estoy yendo por las ramas: lo que quiero decir es que esto no ocurre con la comedia. La comedia parece huir de los temas “importantes”. Es cierto que existen parodias cómicas del cine de espías o de las películas de acción, pero no es lo habitual: la mayor parte de las comedias suelen tener temas más cotidianos: relaciones sentimentales, gente que pierde su trabajo, familias disfuncionales…

Con el párrafo anterior no quiero decir, ni mucho menos, que los temas tratados por las comedias sean menores: ¿hay algo más importante en nuestra vida que el amor, el trabajo o la familia? Desde luego, en la vida real seguramente estos asuntos nos afectan más directamente que la posible destrucción de la ciudad de Chicago por un terrorista georgiano.

– Tal vez por algo relacionado con lo anterior, o tal vez no, me da la impresión de que las comedias suelen transcurrir en un tiempo dramático más corto. Repito, es sólo una intuición, pero pienso que, así como es habitual que en el drama se narre una larga saga familiar, la historia completa de la vida de una persona o, una epopeya épica que se extiende incluso a lo largo de varios siglos, en la comedia, el tiempo dramático suele ser más breve: un viaje a un concurso de belleza infantil que no salió del todo bien, las semanas que un grupo de parados dedican a montar un número de striptease con el que recaudar pasta… No recuerdo grandes sagas cómicas. Sólo, en todo caso, parodias de sagas épicas.

Sí, pensándolo un poco, creo que estos dos puntos que llevo escritos tienen relación entre sí: la narración de un periodo largo de tiempo exige el uso de muchas elipsis y, por lo tanto, la selección exigente de las secuencias que son dramáticamente importantes para comprender la historia. En cambio, la comedia suele necesitar precisamente de escenas “poco importantes” dramáticamente para poder hacer gracia. La secuencia entera del dictador Adenoid Hynkley jugando con la bola del mundo, aún siendo un insuperable retrato de los delirios de grandeza de un dictador, no hace avanzar la trama de la película.

Lo mismo puede decirse de casi todos los gags verbales: un personaje puede llegar a cierto sitio y disculparse brevemente por el retraso. En una comedia podría inventar una torpe excusa y explicar que el metro que ha cogido ha sido secuestrado por terroristas novatos que exigían que el tren les llevara a Oviedo. Puede ser gracioso pero, desde luego, no es necesario que lo explique. En un relato de “largo aliento” no hay espacio para digresiones y, la comedia, diría yo, es el reino de las digresiones.

La comedia es crítica. Decía en el anterior post sobre este asunto que uno sólo se ríe sobre aquello que considera malo. Así que quien se ríe sobre algo, lo está criticando o describiendo negativamente. Si le comento a un amigo que es más pesado que la Newsletter del Notodofilmfest, me estoy metiendo con su insistencia (y, de paso, con la del festival de cortos por Internet). Un tipo que hace bromas sobre todo lo que le rodea puede resultar muy agresivo: si te ríes de la excesiva cautela de una amigo, de la temeridad de otro, de la testarudez de un tercero y de la falta de criterio del cuarto amigo, seguramente los cuatro acabarán hartos de ti. Sentirán que, riéndote, te sitúas por encima de ellos, en un punto medio óptimo, desde el que te permites criticar a todos. Es por eso por lo que…

Muchos cómicos se ríen de sí mismos. Las bromas del propio cómico sobre su patética situación (p.ej.: estoy tan solo que hasta me hace ilusión recibir la Newsletter del Notodo. Lo malo es que el cabrón ni me contesta), sus pequeños vicios, sus costumbres… permiten que el público desarrolle cariño hacia una persona que, no sólo tiene muchos defectos, sino que es capaz de contarlos en público de manera patética y graciosa. El público se siente identificado con los defectos que el cómico enumera y, en cierto modo, se siente aliviado de que otras personas compartan sus defectos, aunque, habitualmente, exagerados para resultar divertidos. El cómico, en cierto modo, se pone de rodillas ante su público, esperando ser acariciado por él. Desde ahí, desde esa postura, resultarán mucho más admisibles las bromas del cómico sobre el resto del mundo: los inútiles dependientes del Media Markt, los teleoperadores pesados… incluso el público se reirá cuando, con falsa inocencia, el cómico se ría un poco de él.


A %d blogueros les gusta esto: