SERGIO V. SANTESTEBAN: “EL HUMOR ES UN MECANISMO DE DEFENSA. HAY GENTE QUE LLORA, QUE SE INDIGNA O QUE ROMPE COSAS DE PURA IMPOTENCIA. YO HAGO CHISTES”

10 abril, 2018

Por Àlvar López y Carlos Muñoz. 

En 48 horas, la cuenta de Twitter de Sergio V. Santesteban pasó de tener 60 seguidores a cerca de 1.400. ¿El motivo? Un chiste publicado por el guionista de Allí Abajo en dicha red social trascendió hasta el punto de ser noticia en diversos medios de comunicación, dejando a su paso tanto ofendidos que pedían su despido como férreos defensores de la libertad de expresión. La situación, en definitiva, reabrió (una vez más) el eterno debate: ¿Tiene límites el humor? ¿Hay chistes que no sean “adecuados”? ¿De ser así, cuáles son y quién lo decide? ¿Las redes sociales tienden a magnificar este tipo de situaciones? Tras vivirlo en primera persona, Sergio nos atendió para darnos sus reflexiones al respecto.

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De nuevo, un chiste en Twitter vuelve a incendiar durante un par de días las redes sociales, los medios e, incluso, se diría que una parte de la sociedad. Con la calma reinstaurada, ¿qué conclusiones sacas sobre el proceso de construcción mediática de estas situaciones?

Lo primero, no estoy muy seguro que haya incendiado a parte de la sociedad. Parte de la sociedad es cuando los jubilados y los que no lo somos salimos a la calle a protestar por el tema de las pensiones, o cuando se organizan marchas por la igualdad entre hombres y mujeres. Tengo amigos y familia que ni se han enterado de lo que ha pasado porque pasan más tiempo en el mundo real que en internet.

En cuanto al proceso de construcción mediática, por lo que he visto en este y otros casos, primero aparecen los ofendidos exigiendo disculpas, que son los que crean los primeros fuegos en las redes, y cuando el incendio genera una humareda que se ve a kilómetros de distancia, aparecen los medios de comunicación con titulares en los que no puede faltar la palabra “polémica”, y en lugar de apagar las llamas echan gasolina al fuego.

Se podría decir que casi actúan como un guión: tienen un detonante (el chiste), un primer punto de giro (alguien se ofende), un segundo punto de giro (las redes se llenan de ira) y un clímax (todo se olvida). ¿Por qué crees que las redes sociales, y en especial Twitter, han virado hacia esta dirección?

En este caso creo que el punto de giro se dio cuando alguien entró en mi perfil y vio que era guionista de Allí Abajo. Estoy completamente seguro de que si no hubiera sido así, el chiste se habría disuelto en el mar de twitter sin mayores consecuencias, pero alguien hizo la relación “chiste de andaluces-Allí Abajo” y pensó: “Oye, si nos organizamos igual podemos conseguir que despidan a este tío”.

Recuerdo los inicios de Facebook. Era un sitio donde colgabas videos graciosos y canciones, y era divertido, pero entonces la gente se dio cuenta de que podía alimentar su ego y convertir las redes sociales en el púlpito desde el que mostrar lo interesantes y acertadas que eran sus opiniones. Y lo que antes se quedaba en la barra de un bar o en una terraza entre cuatro colegas, ahora se convierte en el debate del siglo entre cuatro mil personas durante tres días.

Se diría que esta inmediatez también existe en la forma en la que se consumen ahora las ficciones. Hacemos maratones de temporadas, queremos ser los primeros en verlas… ¿crees que este cambio en la sociedad está afectando al modo en el que se escriben las series actuales?

Puede que en las plataformas de pago. En mi caso, llevo trece años escribiendo para televisión generalista, y la forma en la que se escriben las series no ha cambiado. Hay que seguir pensando en llegar a la mayor cantidad de gente posible. Aunque concretamente en las generalistas, nuestro target tendría que empezar a ser los insomnes y los que no tienen que madrugar al día siguiente, porque con lo tarde que empiezan las series y la duración que tienen, dentro de poco podrán anunciarlas en plan: “No te pierdas el próximo capítulo de X, empieza el lunes por la noche y termina el martes por la mañana temprano”.

Hablemos ahora sobre algo tan difuso como son los límites del humor. En tu opinión, ¿hay alguna barrera, algún punto que no se puede pasar sobre el que hacer humor o sobre quien hacer humor?

Ninguno. Pero este es mi punto de vista y es muy personal. Creo que se puede hacer humor sobre absolutamente TODO y en cualquier momento. Yo no compro eso de tragedia + tiempo = comedia. Recuerdo tragedias como la de Biescas o el 11S, y estar haciendo coñas con los colegas el mismo día que ocurrieron. El humor es un mecanismo de defensa. Hay gente que llora, hay quien se indigna y los hay que rompen cosas de pura impotencia. Yo hago chistes, los hice hasta el día que murió mi abuela, y sé que ahora mismo me está mirando orgullosa esté donde esté. ¿Ves? Otro chiste. No está mirando nada porque está muerta y además la cremamos para asegurarnos.

¿Por qué crees que existen diferencias tan marcadas entre países? ¿Sería posible tener un Ricky Gervais o un Louis C.K. en España?

No podemos olvidar que hasta 1975 en España mandaba el pequeño dictador, y llevaba muy mal que la gente pensara de forma distinta y moderna a la suya, y como todos sabemos, la suya era una forma de pensar de mierda. Y eso se tiene que notar a la fuerza. Cuando el aguacate con uniforme militar todavía vivía, en Estados Unidos estaban actuando cómicos como Lenny Bruce, Richard Pryor o George Carlin. Y 25 años después en España sacamos un programa en el que un grupo de guionistas escribía un texto para que un actor o actriz (fuera cómico o no) lo destrozara sobre un escenario. Y a eso lo llamamos hacer monólogos.

Ellos tienen una tradición y una base que nosotros no tenemos. Lo bueno es que nos hemos puesto las pilas y ahora mismo hay gente muy buena en este país que va acortando las distancias. Ahí están Isa Calderón, Lele Morales, Sara Escudero, Ignatius Farray, Róber Bodegas, Luis Fabra…

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Twitter es una red social donde, a diario, leemos insultos de todos los tipos, incluso amenazas de muerte ¿Por qué crees que tu chiste en concreto detonó lo que ha sucedido después?

Es un misterio. Creo que a veces la explicación es tan típica y manida como estar en el lugar equivocado en el momento equivocado. Pero como te decía antes, estoy convencido de que si en mi biografía no hubiese puesto que soy guionista de Allí Abajo, el chiste habría caído en el olvido.

Pero a partir de ahí, hay dos posibilidades: que el chiste te haga gracia o que no. El problema es que la gente se lo lleva al nivel personal, piensa que le estás insultando y exigen que te disculpes. Yo no voy a pedir perdón por hacer un chiste, porque entonces tendría que invertir la mitad de mi tiempo en pedir perdón. Además, muchas veces un nivel tan alto de indignación lo que esconde detrás es un complejo de inferioridad. ¡Si hasta me ha escrito un chico andaluz en Linkedin para invitarme a que visite su perfil y vea todos los estudios que tiene! Ya sé que en Andalucía hay gente muy lista. Conozco a un montón de andaluces mucho más inteligentes que yo; ya sé que tiene una riqueza cultural enorme. Y sé que es una tierra preciosa y que no me canso de visitar. Pero no va a evitar que haga chistes, buenos, malos o pésimos sobre sus tópicos.

Del mismo modo, presenciamos como las redes sociales se convierten en un mecanismo de autocensura. Cuando vemos algo que no compartimos, arremetemos contra ello. En tu caso, en el que ha habido gente que incluso ha pedido tu despido, ¿se te han quitado las ganas de usar Twitter como método para hacer comedia?

Para nada. Yo sigo trabajando en Allí Abajo porque por suerte, la gente que lleva la productora no está tan pirada como la que te encuentras en Twitter. Yo antes tenía sesenta seguidores y ahora más de mil trescientos. Y supongo que en un futuro no muy lejano muchos de los que me siguen pensarán: “Ya no me acuerdo por qué seguía a este fulano, si no pone más que polladas. Bah, unfollow”. Y volveré a mis sesenta seguidores. Pero hasta entonces, puedo seguir haciendo mis chistes de mierda para una audiencia mayor.

Y respecto a tu forma de escribir, ¿crees que la vas a modificar de algún modo tras lo ocurrido, aunque sea de manera inconsciente?

No. Estoy muy satisfecho con mi manera de escribir. Igual empiezo a poner menos comas, que últimamente me he dado cuenta de que pongo muchas.

En una entrevista que le hicimos hace unos meses, Diego San José hablaba sobre la importancia de diferenciar entre hacer un chiste donde la ofensa recaiga sobre un grupo de poder o sobre un grupo social marginado por la sociedad. ¿Crees que reflexionar sobre el propósito de algunos chistes nos puede hacer mejor como sociedad?

Puede ser, pero yo no soy la persona adecuada para responder ese tipo de pregunta tan profunda. Me gusta mucho lo que escribe Diego San José. Soy muy fan de sus guiones y de sus tuits. Me parece un tipo inteligentísimo, así que lo que haya dicho sobre ese tema, yo lo suscribo. De todas formas, me comprometo a reflexionar sobre ello y otro día te cuento.

Del mismo modo, hace poco saltó la noticia de que en Inglaterra algunas de las generaciones más jóvenes que se enfrentaban por primera vez a Friends la consideraban homófoba, machista y racista, lo que nos sirve para reflexionar sobre otro tema. Algo indudable es que las sociedades avanzan, modfican sus valores. ¿Se puede, por tanto, juzgar un producto cultural fuera del contexto en el que fue creado?

Claro que se puede juzgar, y al hacerlo podremos analizar cómo estaban las cosas en esa época y cómo han evolucionado. De hecho, hace poco volví a ver Friends con mi mujer, y una de las cosas que más nos llamó la atención al ver la última temporada, fue ver cómo el personaje de Ross pasa mil de la hija que tiene con Rachel. Las pocas tramas que hay sobre la maternidad/paternidad recaen sobre el personaje femenino, y cuando Rachel se va a ir a vivir a Francia, Ross muere de pena porque va a perder a la mujer de su vida, pero se la suda mucho lo que pase con su hija.

Si te vas más atrás en el tiempo, en el cine negro de los cuarenta, lo normal es ver a Humprey Bogart usando a las mujeres para que le humedezcan el papel de fumar con la lengua mientras lía un cigarrillo, o a James Cagney abofeteando a cualquiera que lleve falda y el pelo largo. Y si te vas más atrás todavía, en El nacimiento de una nación David W. Griffith pone al KKK como los buenos de la película. Es inevitable juzgar eso como racista o machista, pero lo que no puedes hacer bajo ningún concepto es censurarlo o prohibirlo, porque es la crónica de una época y hay que estudiarla y entenderla para seguir mejorando.

Pese a todo, llega el día del estreno de una nueva temporada de la serie, y se convierte en líder de la franja horaria de Prime Time. Viendo este dato, ¿crees que las redes sociales son un buen medidor real de la opinión pública?

Absolutamente no. Las redes sociales son útiles en muchos sentidos: te informan, te entretienen, a veces te ilustran. Pero ahora mismo, para lo que más sirven las es para ver la cantidad de gente aburrida que hay sin nada mejor que hacer que pedir boicots, que metan a gente en la cárcel y que los despidan de sus trabajos.

A veces me da la sensación de que las redes sociales son una herramienta muy importante que se nos ha dado, pero vienen sin libro de instrucciones sobre su correcto uso. Es como si cuando se inventó la rueda, durante los primeros años la hubiéramos usado para jugar a la ruleta en lugar de para mover carros.

¿Qué papel crees que juegan los medios de comunicación en la propagación de este tipo de situaciones?

Uno en el que deberían obrar con mayor responsabilidad. En estos casos concretos, para lo único que suelen servir es para echar más leña al fuego. Entiendo que la prensa digital vive gracias a los clics que se hacen en las noticias, pero lo ideal sería eso, que fueran noticias de verdad. Creo que este país tiene problemas más importantes como para dedicar una sola línea a que un fulano ha hecho un chiste sobre andaluces en Twitter.

Durante el tiempo que llevas en la serie, ¿habías escrito algún chiste similar que se haya emitido? En caso afirmativo, ¿tuvo alguna repercusión mediática? ¿A qué crees que se debe?

Si te soy sincero, no hago mucho caso a Twitter cuando ponen un capítulo que haya escrito, pero no recuerdo que me hayan comentado que hubiera ninguna polémica. Además, creo que para los linchamientos mediáticos, la gente prefiere ponerle cara al objetivo en lugar de dirigirse contra un ente como pueda ser una productora, una serie o una cadena.

Respecto a la nueva temporada de Allí Abajo, ¿qué puede esperar el público?

Esta temporada ha sido un desafío muy grande para sacarla adelante, porque las dos coordinadoras que llevaron las tres primeras temporadas, Olatz Arroyo y Marta Sánchez, hicieron un trabajo excepcional y había que mantener el listón muy alto. Tuvimos la suerte de que estuvieran con nosotros durante la preparación del mapa de tramas y eso nos quitó bastante presión.

Pero esta temporada ha sido un reto también porque hemos separado a Iñaki y Carmen, después de todo lo que costó que estuvieran juntos, y eso es algo que a veces el espectador se toma como una traición personal. Pero que estén tranquilos, que al final todo se arregla… o no… o a medias. Mejor no digo más, que soy muy bocazas y se me puede escapar un spoiler.

¿Qué sorpresas, cambios, novedades, puede esperar el público?

Han entrado y entrarán varios personajes nuevos, pero hemos mantenido la línea que tan bien ha funcionado durante tres temporadas. Aunque, claro está, el hecho de tener en esta temporada un bebé de seis meses, no solo afecta a sus padres, y hemos intentado explotar eso, cómo se comporta el resto de personajes ante la llegada de Elaia. No es lo mismo ver a Maritxu con su nieta, que si por ella fuera se la quedaba, que a la cuadrilla, que a Gotzone, que para ella un bebé es similar a un marciano, no sabe cómo interactuar con él. En general, todo cambia ligeramente para que todo siga igual.

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Imagen promocional de la nueva temporada de Allí Abajo (Atresmedia)

 

En tu opinión, ¿cuál es el éxito que ha permitido que Allí Abajo vuelva una temporada más?

La temporada pasada acabamos casi con un 20% de media de cuota de pantalla, que a estas alturas y con la cantidad de canales que hay es increíble. Pero para conseguir eso, creo que la fórmula que ha usado Allí Abajo es dar una dosis justa de comedia con unos personajes muy definidos y trabajados con personalidad que han conseguido que a la gente le importe lo que les pase. La gente se queda a ver la serie porque se lo pasa bien, pero en primer lugar la pone porque se preocupa de lo que le pasa a los personajes, y en especial a Iñaki y Carmen.

* Sobre los límites del humor y sus distintas concepciones, Sergio recomienda los especiales de comedia Thoughts and payers de Anthony Jeselnik, Freedumb y Fully Functional de Jim Jefferies, Speck of dust de Sarah Silverman, Michael Che matters de Michael Che y Humanity de Ricky Gervais.


LA OCASIÓN PERFECTA PARA LEER EL QUIJOTE

12 enero, 2015

por Julia Altares, guionista (Amar en tiempos revueltos, Motivos personales, El súper) y miembro de la Junta Directiva de SGAE.

Después de disfrutar y aprender con vuestros post desde que vio la luz Bloguionistas, es la primera vez que escribo para el blog, y es que he cogido al vuelo la oportunidad que me han dado, porque la ocasión lo merece: tenemos a la vista la Asamblea General Extraordinaria de SGAE, que como muchos de vosotros sabéis se celebrará el próximo 26 de Enero en la sede de la ONCE, Paseo de la Habana 208, a las 16:00.

Auditorio ONCE P Habana

Lo que quiero pediros sin ningún pudor y apelando a la responsabilidad de todos es que asistáis a la asamblea del 26 de enero y apoyéis con vuestros votos tanto la aprobación de cuentas como el cambio de franjas horarias.

Y para que sepáis lo que nos estamos jugando en ella los autores socios de SGAE, os lo explico brevemente. Aunque el orden del día tiene más puntos, son dos los fundamentales y los que nos afectan muy directamente:

1.-Aprobación de las cuentas de 2013 de la Entidad, que en la pasada Asamblea de Junio fueron rechazadas por cuestiones políticas y claramente interesadas del colegio de Pequeño Derecho (el de los Músicos)

2.-Ratificación del cambio de valoración de las franjas horarias, uno de los factores que inciden directamente en el reparto de nuestros derechos. Este cambio ya ha sido aprobado por la Junta Directiva el pasado mes de diciembre y se tiene que ratificar (o no) en la Asamblea, con los votos de todos vosotros.

Con respecto al primer punto, hay que aprobar las cuentas como sea, porque de no hacerse, la entidad puede quedar en una situación inédita desde su creación. Y sobre todo, una situación absurda, que podría acabar directamente con la entidad en unos momentos en los que las entidades de gestión están en el punto de mira.

Y no están los tiempos para que una entidad como la SGAE, con todas las reservas que podáis tener hacia ella y muchas de ellas con razón, desaparezca después de ser el gran pilar en la defensa de los derechos de autor en este país.

Ya en junio, las cuentas estaban perfectamente formuladas (no dejan de ser una radiografía numérica de gastos e ingresos) y nadie cuestionó su perfecta adecuación a la realidad. Aprobarlas debería haber sido un trámite más, pero algunos socios decidieron usarlas como arma arrojadiza precisamente para evitar el cambio de valoración de las franjas horarias. Se trata de un grupo de socios encabezados por lo que llaman La Rueda: músicos de los conciertos nocturnos de las televisiones (de 2.00 a 7.00 AM, aproximadamente) que, con una audiencia prácticamente nula y, por tanto, cero espacios de publicidad, se llevan entre un 50% y un 70% de la recaudación total de la música de SGAE.

Esto ha sido posible, aparte de por componendas más o menos “irregulares” o pícaras, digamos, de determinados autores, porque esas franjas de madrugada tenían una ponderación en SGAE mucho más alta de lo debido, si nos acogemos a valores puramente objetivos (audiencia y publicidad, que en definitiva es de donde las televisiones sacan parar pagar los derechos de autor a SGAE por el repertorio que utilizan).

Atajar y solucionar este problema ha sido uno de los objetivos principales durante esta legislatura, pero siempre hemos topado con la oposición de un sector de músicos que viven de eso (y bastante bien, como os podéis imaginar). Para salvar su chiringuito, no dudaron en tumbar las cuentas, la gestión de la junta directiva, que se convocaran elecciones y en eso estamos.

En realidad son un porcentaje muy muy reducido del colectivo total de músicos, pero se organizan con gran precisión y efectividad, por lo que les va en juego.

Pero aunque lo parezca, no es un tema que sólo afecte al colegio de Pequeño Derecho. Los Audiovisuales también nos jugamos muchísimo con este cambio de franjas, porque las que queremos ratificar en la asamblea (y que ojo: ya están consensuadas por todos los colegios) favorecen a nuestras series y películas. Simple y llanamente porque son las franjas de máxima audiencia y mayor publicidad.

Además, si se acaba más o menos con el mercado artificial de la música nocturna y deja de ser rentable para las televisiones, a lo mejor las cadenas tienen que plantearse un cambio en su programación, invertir más en ficción… Pero no ficcionemos, a pesar de la tendencia natural, y vayamos a lo concreto:

Entiendo perfectamente vuestras reticencias a asistir a semejante “circo”, porque algunos autores de Pequeño Derecho toman la palabra durante horas, en una burda maniobra de distracción y dilación, que sin embargo tiene el efecto deseado: pasan las horas, las votaciones se retrasan más y más… Y los audiovisuales, hartos y sin ganas de perder el tiempo, se van marchando antes de las votaciones… ¡Y los de La Rueda se llevan el gato al agua! Como pasó en Junio, vaya.

ESTA VEZ NO PUEDE PASAR, COMPAÑEROS. NOS JUGAMOS MUCHÍSIMO. Un colega ha tenido una idea maravillosa: dice que se llevará las dos partes del Quijote, por si se aburre en el debate…

Bromas aparte, hay una solución en caso de que no podáis o no queráis asistir a la Asamblea. Y es que deleguéis vuestros votos en alguien de confianza, que sepáis que va a acudir.

Esta delegación de voto consiste en enviar los papeles que os mandaron al efecto el pasado mes de diciembre, con el nombre de la persona en la que delegáis, de vuelta a SGAE. Si no tenéis a mano estos papeles, aún estáis a tiempo de pedir otros y participar. Si nos vence la pereza, otros se quedarán con el fruto de nuestro trabajo.

Apuesto a que todos los que estáis leyendo esto habéis levantado la voz en alguna ocasión contra los irritantes casos de corrupción que asolan nuestro país. ¿Me equivoco? Pues el día 26 tenemos la oportunidad de plantar cara a un cierto nivel de “corrupción” que se está produciendo en nuestra sociedad de gestión. Ahora podemos clarificar las cosas y hacerlas más justas. ¿Vamos a dejar pasar la oportunidad?

El derecho de autor se defiende reclamando lo generado real y justamente por nuestro trabajo. Y, sin embargo, se mancha cuando se utilizan argucias para percibir un dinero que no se merece. Acabemos con esto y ganaremos todos. Si nosotros respetamos el derecho de autor, nos haremos respetar.

Por favor, concienciémonos por una vez, y actuemos. El plazo para mandar delegaciones se acaba el 22 de enero. ¡No queda tanto!


RAINER KUHIRT

19 junio, 2013

por Carlos García Miranda.

Rainer Kuhirt fue un exitoso productor y realizador alemán de programas sensacionalistas y series de televisión de ínfima calidad. Su mayor éxito lo alcanzó en la cadena TTS con “Hol dir das Superbaby’ (Consigue tu Superbebé), en el que una chica elegía  entre varios candidatos al futuro padre de su hijo, como si de un banco de esperma televisado se tratase.

Durante su exitosa etapa al frente de la productora, Rainer vivió en una espiral de fama y drogas, hasta que un grave accidente le sacó del campo de juego. En realidad fue más bien un intento de asesinato a cargo de una chica que, unos meses antes, vio como su abuelo se suicidaba por culpa de un reportaje calumnioso producido por Rainer. Aquella experiencia cercana a la muerte, y los motivos que le llevaron hasta ella, hicieron que Rainer viera la luz y comprendiera que con su trabajo en televisión sólo contribuía a extender la estupidez de la sociedad. Así que cuando pudo volver al trabajo trató de enmendar sus errores del pasado creando contenidos más inteligentes. Se estrenó con un programa informativo de denuncia política, “Cosas que deberían saber”. A pesar de lo interesante de la propuesta, la audiencia le dio de lado.

En discusiones con la productora, decidida a cancelar el programa, insistió en que debían mantenerlo el tiempo que los espectadores necesitan para acostumbrarse a un contenido. Les recordó lo que ocurrió con el culebrón del que fue productor ejecutivo unos años atrás; los resultados de audiencia en los primeros días de emisión fueron tan malos como cabría esperar, ya que la serie era de dudosa calidad, pero la mantuvieron en emisión, convencidos de que las cifras cambiarían. Y así fue, tres semanas después del estreno la audiencia empezó a darle una oportunidad y los datos mejoraron. Tres meses más tarde el que fuera un culebrón infame se convirtió en una serie de éxito sin la que la gente no podía vivir. ¿Mejoró la serie en ese tiempo? No, pero el público se acostumbró a ella.

A pesar del empeño de Rainer, terminaron por retirar “Cosas que deberías saber” argumentando que era un programa de contenido demasiado elevado para el público generalista, cuyos intereses son más vulgares. Rainer presentó entonces su dimisión, recordándoles antes de marcharse el principio de vulgarización:

“Toda propaganda debe ser popular, adaptando su nivel al menos inteligente de los individuos a los que va dirigida. Cuanto más grande sea la masa a convencer, más pequeño ha de ser el esfuerzo mental a realizar. La capacidad receptiva de las masas es limitada y su comprensión escasa; además, tienen gran facilidad para olvidar.”

El autor de estas palabras fue Adolf Hitler.

Ya fuera del circuito televisivo, Rainer se lanzó a investigar el trasfondo de la elaboración de los estudios de audiencia. Descubrió entonces que los datos estaban sesgados ya que en Alemania se excluye a una parte importante de la población de los audímetros, como los extranjeros. Decidido a cambiar las cosas, aunque fuera por las malas, buscó un buen pirata informático y a unos cuantos hombres dispuestos a trabajar sin hacer demasiadas preguntas. Juntos boicotearon la señal de televisión de los audímetros alemanes. Cambiaron los datos que recibía la central de medios, subiendo el share de los programas de calidad o culturales y bajando la audiencia de los sensacionalistas de éxito. Manipularon las cifras el tiempo suficiente como para que las cadenas comenzaran a replantearse sus parrillas, disminuyendo los programas basura y potenciando los de mayor calidad.

El boicot del equipo de Rainer sólo duró una semanas,  las autoridades terminaron por descubrir lo que ocurría y tuvieron que disolver la organización. Los audímetros volvieron a registrar los datos reales, pero sorprendentemente las cifras de los programas y contenidos basura continuaron bajando, mientras que los de mayor calidad se mantuvieron a la cabeza. El espectador ya se había acostumbrado a la buena televisión.

A todo esto, Rainer Kuhirt no existe, es un personaje de ficción, y esta historia que os he destripado (perdón por no anunciar los spoilers, pero es que entonces esto no tenía gracia) le ocurre en una película titulada Un juego de inteligencia, del director Hans Weingartner estrenada en el 2007.

¿Te ha parecido que lo que vive Rainer en su etapa como productor podría ser real?

Pues entonces eso es que tú también trabajas en la televisión.

 

¿Al leer el principio de la vulgarización has pensado en la famosa señora de Cuenca?

Pues entonces eso es que tú también trabajas en la televisión.

 

¿Has sonreído al leer lo que consigue Rainer al manipular las audiencias?

Pues entonces eso es que tú también quieres trabajar en una televisión mejor.

 

 


ALGUNAS DUDAS

27 marzo, 2012

Por David Muñoz.

Hace un par de semanas Tele 5 decidió que “La fuga”, la última serie de la que he sido guionista, no tenga una segunda temporada.

Normalmente no soy muy amigo de hablar en este blog de los proyectos en los que trabajo. Los cuatro o cinco folios de una entrada de Bloguionistas casi siempre me obligan a simplificar y a tomar atajos. Pero el proceso de desarrollo de una serie de televisión suele ser cualquier cosa menos sencillo. En este caso, cuando el guionista y productor ejecutivo Nacho Faerna concibió “La fuga”, la acción transcurría en el año 2055 y en una cárcel en la Luna. Cuando se estrenó, sucedía en un futuro muy cercano y en una plataforma petrolífera habilitada como prisión. Podéis imaginaros que entre medias pasó de todo, o casi. Así que para acabar explicando una versión de los hechos que se iba a quedar coja sí o sí, y que además podría sentarle mal, por inexacta, a algún compañero, prefiero callarme. Eso sí, espero que algún día Nacho Faerna, Joaquín Górriz (el productor ejecutivo de la serie tras la marcha de Nacho) y Tatiana Rodríguez (coordinadora de guión) se pongan de acuerdo para escribir el “cómo se hizo” de la serie. Os aseguro que a su lado el documental sobre el rodaje fallido en España de la película del Quijote de Terry Gilliam os iba a parecer una tontería (además, creo que la historia va más allá de lo puramente anecdótico y es bastante representativa de lo malo, lo bueno y lo regular de cómo se produce televisión en España).

Pero ya digo que no es eso de lo que quiero hablar hoy. En realidad tampoco quiero hablar de la serie en si. Sino de un tema en el que he pensado mucho según la audiencia iba perdiendo interés en “La fuga” semana tras semana.

Érase una vez una serie que ocurría en la Luna...

“La fuga” es una serie de “continuará”. Como es lógico, el hilo conductor de la serie es la fuga que le da título. En el capítulo 1 se presenta el plan de los personajes para escapar de la plataforma petrolífera, y en el 12 lo ejecutan. Aunque durante una fase del desarrollo, cada episodio incluía una subtrama que ocurría en tierra contando cosas sobre el pasado de los personajes que protagonizaban la trama principal (al estilo de las de “Perdidos”), estas fueron descartadas por razones presupuestarias. Rodar exteriores salía demasiado caro. Posteriormente, se decidió que los capítulos contarían historias carcelarias autoconclusivas. Pero cuando llevábamos escritos unos cuantos guiones, Tele 5 nos pidió que nos centráramos en el triángulo amoroso y en las tramas de los miembros de la resistencia y que aparcáramos o cerráramos cuanto antes las historias carcelarias que ya estaban abiertas.

La cuestión es que entre unas cosas y otras, al final “La fuga” se convirtió en una serie de la que no podías perderte un solo episodio si querías enterarte de lo que estaba pasando.

Y aunque su arranque fue muy bueno (casi un 17% de share), entonces llegó el fútbol, -dos semanas seguidas nada menos de Madrid/Barcelona-, los datos fueron a peor y empezó el parece que inevitable baile de fechas y de horarios. Que si hoy nos vamos los jueves, que si la semana que viene no emitimos pero volvemos a la siguiente los miércoles, que se anuncia a las 10 y media pero en realidad la emisión comienza a las 11 menos cuarto, etc.

O estabas muy atento a la parrilla de Tele 5 o era muy difícil saber cuándo se emitía “La fuga”. Recuerdo que un día, en medio de este lío, me llamó mi madre y me dijo: “Oye, ¿tú serie la han quitado ya, no?”. Pues no, no la habían quitado. Pero para muchos espectadores, “La fuga” había desaparecido de la programación.

Otro día un amigo que no tiene nada que ver con este negocio (es chófer) me dijo otra cosa que luego he escuchado más veces: “Pues es que como me perdí un episodio, me desenganché” .

En ese “desenganche” está la clave de todo.

Pese a Internet, todavía son muchos los espectadores que consumen televisión de la manera tradicional. “Hoy es martes, y después de cenar veo la serie de los martes”, me dijo hace poco una amiga mayor que yo. “Su” serie, la serie que ha elegido de entre las varias que se emiten. Y si no está “tu” serie, asumes que la han quitado y te pones a ver otra cosa (la serie de la competencia a la que te enganchas en lugar de la otra). Los que no la consumen así, se la descargan. Que quizá es lo que justifica las cifras récord de descargas que ha tenido “La Fuga”. ¿Para qué estar pendiente de los cambios en la programación cuando sabes dónde puedes encontrar la serie sin problemas? Lástima que las descargas no computen a la hora de decidir la continuidad de una serie.

Porque “La fuga” es un fracaso raro. No es que la serie no le interesara a nadie (ante lo cual habría poco que decir salvo tratar de hacerlo mejor la próxima vez) sino que a los millones a los que le interesaba no les merecía la pena esperar a ver cuando la programaba Tele 5 y preferían verla a su manera. Puede haberse dado la paradoja de que el éxito en Internet de la serie haya ido en contra de su continuidad al haberle restado espectadores en su emisión en abierto.

Según Vertele!, “La ficción se ha convertido en una de las series más seguidas en Telecinco.es y Mitele.es con un total de 3.146.199 de vídeos servidos (capítulos íntegros) desde que se estrenara a primeros de enero. De estos vídeos servidos, un total de 1.850.021 pertenecen a Telecinco.es, mientras que 1.296.178 pertenecen a Mitele.es. tal y como recoge Vanitatis”.

La cifra de Vertele! Se ha quedado antigua, porque en el momento en el que se publicó la noticia creo que solo se habían emitido ocho capítulos, pero aún así, esos más de tres millones me parecen una barbaridad.

Supongo que los programadores tendrán razones de peso para cambiar el día y la hora de emisión de una serie una semana sí y otra también. Me cuesta entender cómo nadie puede pensar que esa sea la forma de mejorar su “share”, pero… vete a saber, no soy un especialista en ese tema.

Sin embargo, mi impresión es que la relación de los espectadores con las series puede explicarse bien con la siguiente metáfora: conoces a una chica (o a un chico, vaya) y el primer día todo va estupendamente. Es  guapa, simpática y lo pasas de miedo con ella. Pero a la segunda cita la chica llega tarde, y a la tercera ni se presenta. A la cuarta ya te planteas si ir o no, pero bueno, después de pensarlo mucho decides darle una oportunidad. Pero si esa vez tampoco aparece… en fin, hay más mujeres en el mundo luchando por conseguir tu atención. Porque el espectador es un ligón. Viendo televisión todos somos Brad Pitt. Nos desean todas. Y el exceso de oferta nos convierte en unos veletas.

La cuestión es que al final el espectador que se siente maltratado, o pasa de la serie, o la consigue por otras vías. En los dos casos el resultado es el mismo: deja de verla por televisión.

De modo que partiendo de la premisa de que a pesar de todo los programadores saben lo que hacen (¿qué cadena tendría interés en sabotear su propio producto?), como guionistas quizá deberíamos preguntarnos cómo deberían ser las series que escribimos cuando estas van a ser emitidas por cadenas que tienden al “baile de parrillas”. Aunque bien pensado deberían ser las televisiones las que se lo pensaran dos veces antes de encargar series de “continuará” en las que perderte un episodio te impide comprender la historia. Total, nosotros nos limitamos a hacer lo que nos mandan.

No quiero decir que las tramas autoconclusivas sean la panacea universal. Hay muchas más razones por las que una serie no llega a funcionar. Pero sí que creo que merece la pena “blindar” las series contra los saltos en la programación escribiendo guiones que, independientemente de que hayas visto o no los capítulos anteriores, te ofrezcan algún tipo de satisfacción narrativa. Capítulos que cuenten una historia completa y no sean solo parte de una historia mucho mayor.

No se trata de que solo deban hacerse sitcoms o “procedurals” a lo C.S.I. Al fin y al cabo el cambio es el motor de la ficción dramática (e incluso series cómicas como “Con el culo al aire” incluyen tramas de continuará). Pero si yo fuera director de ficción de una cadena, me lo pensaría mucho antes de encargar una serie como “La fuga”. Intentaría que en “mis” series las tramas autoconclusivas supusieran al menos el 85% de cada capítulo. Algo que creo que en general hace muy bien Globomedia. La única alternativa es ofrecer siempre la serie a la misma hora el mismo día, y me temo que eso, salvo quizá en el caso de Televisión Española, y no siempre, es casi ciencia ficción.

Otra posibilidad es replantearse la manera en la que se mide el éxito de las series. Porque si se diseñan desde el guión para que sean consumidas cuando al espectador le apetezca verlas, muchas veces del tirón, ya sea descargándoselas o comprando la caja con la temporada completa en DVD, no sé qué sentido tiene que la continuidad de una serie dependa únicamente de su éxito en un medio donde las mismas características que son virtudes para el público que compra cajas y descarga, se convierten en defectos. Pero me da que eso tampoco va a ocurrir. Por lo menos no a corto plazo. No mientras la rentabilidad, o sea, los anuncios, estén en la televisión.

Precisamente he leído hace poco un artículo muy interesante de un periodista que no conocía llamado Ryan McGee, en el que habla tangencialmente de estos temas en su versión norteamericana. En “¿Hicieron los Soprano más mal que bien? HBO y el declive del episodio”, McGee explica como la popularidad del formato televisivo a lo HBO, donde cada episodio es solo un capítulo de una novela, y por tanto difícil sino imposible de disfrutar por si mismo, está haciendo más daño que bien a la escritura de las series. El artículo está muy bien argumentado y me temo que tiene razón. Así que la semana que viene (o a la siguiente) trataré de traducir parte para poder explicar las cosas en las que me ha hecho pensar y en cómo se aplican a la producción de series españolas.

Volviendo a “La fuga”, y terminando ya, creo que merece la pena reflexionar cómo ha sido su deambular por la parrilla de Tele 5, y también prestar atención a las cifras de descargas oficiales que ha tenido en la página de la cadena (y vete a saber las que ha tenido por medios extraoficiales). Y, sobre todo, creo que merece la pena tenerlo en cuenta a la hora de plantearse nuevos proyectos. Porque creo que ya no hay que pensar solo qué quiere hacerse de acuerdo al supuesto público que se busca (el famoso target) sino también en cómo va ese público a disfrutar del producto que se le ofrece. No podemos separar la forma del contenido.

La forma en la que se consume televisión está cambiando a toda velocidad. Y o espabilamos, o vamos a acabar quedándonos atrás.

*Justo termino el texto y me dice un amigo que ha estado en una reunión en una productora donde le han comentado que dada la dificultad de fidelizar al público joven (al que iba dirigido “La fuga”), se estaban planteando renunciar a ese tipo de proyectos para buscar un público de mayor edad (que en su mayor parte aún solo ve la tele), ese que ha convertido en un éxito la miniserie de la Pantoja.

Pero no creo que ese sea el camino. Esa es la técnica del avestruz. Meter la cabeza bajo tierra y esperar que pase el peligro. Y así no vamos a ninguna parte… salvo a la muerte, como el avestruz.


EN #ACAMPADASOL SE NECESITAN GUIONISTAS

2 junio, 2011

por Sergio Barrejón.

Si yo fuera lector de guiones en una productora, y el Movimiento 15-M fuese un proyecto de serie de televisión, supongo que escribiría su sinopsis más o menos así:

Un grupo heterogéneo de ciudadanos indignados por la situación política nacional decide salir a protestar a calles y plazas de toda España. El movimiento se organiza de manera espontánea en forma de acampadas. El ejemplo pronto cunde en el extranjero, donde se generalizan las protestas frente a embajadas españolas. Incluso se extiende a otros países afectados por crisis económicas más graves, como Grecia.

Y si tuviera que esquematizar su estructura, probablemente la reduciría a estos puntos:

-ANTECEDENTES. La crisis económica y la burbuja inmobiliaria española. Las sentadas por una vivienda digna de 2006, realizadas también a mitad de mayo.

-PUNTO DE PARTIDA: La manifestación del 15-M y su violenta represión policial. La respuesta ciudadana es volver a manifestarse al día siguiente en la Puerta del Sol. Desde entonces, se instala allí un campamento permanente.

-PUNTO DE GIRO: Tras las elecciones del 22-M, los indignados deciden permanecer en la Puerta del Sol al menos una semana más.

-PUNTO DE GIRO: Transcurrida esa semana, los acampados deciden permanecer indefinidamente en la Puerta del Sol.

-FIN: España cambia su ley electoral y se logra una democracia realmente representativa.

Naturalmente, ni el Movimiento 15M es un proyecto de serie de televisión (de momento), ni yo soy lector de guiones en ninguna productora (de momento). Pero muchas veces, viendo las noticias o leyendo el periódico, me ha dado por pensar algo así como “esta gente necesita un guionista”.

Por ejemplo, cuando leo que a la Ministra de Defensa le roban el coche en la puerta de su casa (!) y al día siguiente decide retirar su candidatura en las primarias de su partido, no puedo evitar pensar que los barones del PSOE necesitan un guionista. Más que nada para que una serie de acontecimientos casuales no parezcan síntomas de un sospechosísimo proceso de intimidación para quitar de en medio (otra vez) a un candidato catalán y poner a un viejo calvo proveniente de la zona cantábrica.

Pero no nos desviemos. Hoy voy a tratar de explicar por qué el Movimiento 15M también está necesitando un guionista, y rápido. Voy a intentar glosar los puntos flojos del proyecto de serie. Pero empezaré, como tengo por costumbre cuando hago un análisis de guión, por resumir los aspectos positivos:

El punto de partida es muy llamativo. La serie arranca ciertamente en el límite de la verosimilitud (¿miles de españoles protestando a la vez en multitud de sitios sin un líder que les organice?), pero eso mismo la convierte en material muy original.

El conflicto se plantea como algo potente y perdurable, lo que es fundamental en una buena serie, si quiere mantenerse en antena bastante tiempo.

La ambientación es visualmente interesante: grandes manifestaciones, asambleas multitudinarias, cargas policiales, comparecencias polémicas, elecciones…  Y no sólo eso: además tiene lugar fundamentalmente en exteriores reconocibles (plazas principales de grandes ciudades), lo que aporta una indudable espectacularidad. ¡Y ni siquiera hay que gastar dinero en construir decorados ni en pedir permisos!

Se plantean escenarios novedosos, insólitos. La idea de montar una acampada permanente en el centro de Madrid es sin duda original y, a priori, es un buen elemento para que la audiencia recuerde la serie y quiera seguir viéndola.

Vayamos ahora con los problemas:

Los protagonistas no están bien definidos. “La ciudadanía” contra “el sistema político” no es un conflicto fácilmente representable. Por eso muchos espectadores proyectan imágenes distorsionadas del asunto, que responden más a sus propios miedos que a una imagen concreta. Por ejemplo: las señoras con permanente que toman café con leche en Nebraska están convencidas de que en Sol no hay más que agitadores enviados por el PSOE para contrarrestar el avance del PP. Los del PSOE piensan que sólo son hay jóvenes antisistema enviados por Izquierda Unida para arañar votos ante el retroceso del PSOE. Y los de Izquierda Unida… Bueno, esos ya hace unos cuantos años que no saben qué pensar de nada. Y así.

No me atrevo a decir quién debería ser el protagonista del 15-M. Ni siquiera diré que debería haber un protagonista. Tal vez el éxito de la serie en su arranque se base precisamente en retrasar la aparición de un protagonista. Sería un recurso original. Lo que tengo claro es que el producto no durará mucho en antena si no aparece un líder claro. Sé que es una pena, pero qué quieren: estamos en España. Seguimos teniendo un rey, por el amor de Dios: en este país, la gente quiere líderes.

Algunos personajes hablan demasiado. Es una pena que un decorado tan interesante y particular como la #acampadasol, con sus inolvidables lonas azules y su cartelería ingeniosísima, se malgaste en interminables escenas de bla-bla-bla. Ya saben, estoy hablando de Las Puñeteras Asambleas.

Es un síntoma típico de un problema de guión. Al igual que las personas mediocres nunca manifiestan su mediocridad mediante el silencio, sino mediante la pedantería y la verborrea, cuando en un guión no hay nada interesante que contar, el guionista suele recurrir al bla-bla-bla.

En otras palabras: si esta serie no quiere perder audiencia, hay que quitar las escenas de asamblea. Así de simple. Arrancar las páginas. Borrar. Vaciar la papelera. Adiós para siempre, mediocres de mierda.

Hay que unificar la terminología. A lo largo de esta serie, hay términos que se confunden y adjetivos de los que se abusa hasta desvirtuarlos. Por ejemplo: perroflauta. Hay que reconocer que la palabra es graciosa y es comprensible que a un mediocre le den muchas ganas de usarla cuando alguien le escucha. Pero lo cierto es que la base de su éxito es su enorme precisión. Un perroflauta es un tipo que pide dinero tocando lamentablemente la flauta y acompañado de un perro. Punto. Es cierto que todos los perroflautas van sucios (y sus perros, ni hablemos), pero no por eso tiene sentido llamar perroflauta a cualquiera que vaya sucio. Ni a cualquiera que toque la flauta, claro está. Podemos extender el nombre a cualquiera que vaya muy sucio y ejerza horrendamente una actividad pseudoartística en plena calle. Pero sólo si puede apreciarse que tanto la suciedad como el ataque a la sensibilidad artística son actividades continuadas en el tiempo. Lo cierto es que en Sol hay muy pocos perroflautas. De hecho, incluso se ha conseguido mantener callados a los gilipollas de los bongos, lo que es probablemente uno de los mayores logros de la democracia española.

Si a lo que nos referimos es a un niñato de pseudoizquierdas que acude a Sol en los ratos libres que le dejan sus prácticas infrapagadas en una multinacional petrolífera, por ejemplo, y que se disfraza de sucio por puro síndrome de Cenicienta, entonces no digamos “perroflauta“. Hablemos con propiedad: eso es un pihippie, o pjijpi, como se quiera. Esos son los que el día de mañana llegarán a políticos, y presumirán de haber estado en Sol mientras joden a la gente igual que los políticos de hoy.

Si nos referimos a neo-hippies más auténticos, de los que sí pernoctan en Sol, que colaboran activamente en las comisiones, y que caminan descalzos sobre esos cartones infectos y que indefectiblemente tienen un piercing en nariz, labio o ceja, más un tatuaje tribal en brazo o tobillo, y un corte de pelo indefinible que sólo puede haber perpetrado uno de sus semejantes… eso es un “pie-sucio”.

En cuanto al término magufo/a, convendría erradicarlo cuanto antes. Como la mayoría de los neologismos basados en dos medias palabras, suele ser completamente innecesario. Además, la propia disposición fonética hace que el que pronuncia esa palabra ponga, inevitablemente, cara de idiota. Y escrito también queda muy feo.

El clímax amenaza con llegar demasiado pronto. Todo lo que sé sobre las telenovelas (y después de mil y pico episodios de “Amar en Tiempos Revueltos” voy sabiendo algo) lo he aprendido de Rodolf Sirera, que es un genio en varios sentidos, no sólo como guionista. Y entre las cosas que me ha enseñado destaca ésta: las telenovelas consisten fundamentalmente en un laaaaaaargo, larguísimo segundo acto. El primer acto es importante, pero básicamente en función de su capacidad para plantear un conflicto que pueda mantenerse abierto, pero en desarrollo, durante muchísimo tiempo.

¿Y cómo se hace eso? Pues poniendo en juego pocos elementos, conceptos primarios, y evitando constantemente el clímax. Porque el clímax, amigos, está dentro de la jurisdicción del tercer acto. Y el tercer acto no se puede estirar (ésta es otra de Las Grandes Verdades). Después del clímax, viene el final. Y después del final, se acabó la serie y vuelves al paro.

¿Y cómo aplicamos esto a las acampadas del 15M? Muy sencillo: evitad el enfrentamiento con la policía. Dentro de la estética revolucionaria, está muy bien visto el soportar heroicamente las collejas de esos hijoputas (por usar la terminología de Ferrán Teruel, gloria de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado). Pero en la vida real, es contraproducente, porque al espectador le produce una sensación de clímax, y posteriormente, de fin de la serie. Eso no interesa. Es mucho mejor una estrategia de falso final. Cuando se reciba una orden de desalojo… se desaloja como si no pasara nada.

Y se vuelve al día siguiente o cuando sea. Sin porras. Sin mártires. Sin clímax. Eso es lo que le dará a la audiencia la idea de que a) Éste no es el típico culebrón que acaba cuando muere el bueno o el malo, y b) Que esta serie todavía tiene mucho que contar.

Y recordad: pocos elementos, y conceptos básicos. “No nos representan” y “No nos vamos” son conceptos básicos. La indignación es un concepto estupendo, con el que el 90% de la población empatiza automáticamente. En cuanto empezáis a matizarlo, empezáis a perder audiencia. Mantened la indefinición. O en otras palabras: dejaos de propuestas. La mayor parte de las propuestas que salen de las asambleas son de un infantilismo lamentable, propio de las peores series españolas. Lamento comunicaros que arreglar el mundo no es tan fácil como juntarse en Sol a comentar lo mal que está todo. Si lo fuera, ya lo habríamos arreglado hace mucho tiempo en la barra de muchos bares, ¿no os parece?

En conclusión: 15M es una buena idea, pero conviene reescribirla para que no la quiten de antena al llegar el verano.


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