ANATOMÍA DE LA VENTA INTERNACIONAL DE UNA PELÍCULA. PARTE IV: CÓMO NO SER ESTAFADO POR TU DISTRIBUIDOR

7 octubre, 2015

Por Tina Olivares.

Quiero presentaros uno de los pocos blogs que hablan sobre venta internacional de cine independiente. Lo encontré cuando buscaba información sobre el mercado de Cannes y, tras contactar con su autor, he traducido al castellano varias de sus entradas. Esta que os invito a leer en Bloguionistas me parece de tremenda utilidad: habla de las cláusulas habituales que puedes encontrarte en un contrato de distribución y que debes negarte a firmar, porque suponen una auténtica estafa para el cineasta.

Es posible que te estés planteando autoproducirte algo de manera independiente. Hay muchas razones por las que un creativo decide hacer eso: impaciencia, necesidad de encontrar la propia voz, falta de confianza en el sistema, escaso acceso a los productores “conocidos”,… A mi me parece bien, yo lo hice, suele ser una decisión instintiva y de supervivencia intelectual. Pero ten cuidado dónde te metes.

En resumen, la situación en que te encontrarás el cine independiente se puede condensar en dos escenarios:

1ª) La incongruencia y el desdén de instituciones como FAPAE, que dicen cosas como que “hay demasiadas películas de un determinado tipo”, al tiempo que “10.000kms” o “Magical Girl” son presentadas como preselección española para los Oscar.

2ª) Que a nadie parece importarle la escasa cultura financiera y/o comercial que tienen los emprendedores audiovisuales, los cuales se arruinan mientras juegan con sus ahorros a levantar producciones que no sabrán vender.

Vivimos un “boom” de la producción. Nos estamos convirtiendo en productores de contenidos, todos nosotros, cualquiera. Ahora bien, para que funcione el conjunto, es necesario que a nivel de cada nuevo productor se clausure el tobogán mental del “trabajo no remunerado” y se sustituya por la tarea ordenada de “voy a levantar mi financiación”.

Hay un gran vacío de conocimiento en los productores noveles sobre técnicas de financiación y venta. Es normal. Nadie nos lo enseñó. Aprender cómo trabaja un agente de ventas, cómo ir a Cannes o a la Berlinale, o cómo montar una AIE deberían ser materias impulsadas desde las instituciones. En vez de quejarse de que hay demasiada producción, sería más positivo que apoyaran al emprendedor audiovisual y le enseñaran a vender fuera y recuperar su inversión.

Por ahora, para ir dando un poco de luz sobre el tema, aquí os dejo este primer post escrito con buen humor por su autor, el agente de ventas norteamericano Hammid Zaidi. Y cuidado con los distribuidores a los que cedéis ilusionados vuestros derechos de explotación:

“Todavía recuerdo mis ojos como platos y lo nervioso que estaba cuando asistí a mi primer American Film Market en 1992. El presidente Bill Clinton estaba a menos de dos meses de terminar su mandato y yo estaba a menos de dos meses de terminar mi licenciatura. Conforme entré por la puerta principal, me zambullí en un zoo de caros trajes italianos, botas de piel de serpiente, e ingenuos aspirantes a cineastas, listos para ser estafados por los distribuidores…

…Recuerdo cómo me acerqué a un distribuidor, auto-etiquetado como “uno grande”, y le pregunté por cuánto tiempo hacia sus contratos con los directores. El sonrió y me dijo “cuarenta años, chico”.

¿Cuarenta años? Yo tenía en ese momento 24 y sólo podía pensar en que si firmaba una película con él, recuperaría los derechos cuando estuviera a unos meses de jubilarme. Fue la primera vez que me di cuenta verdaderamente de que a los directores se los follan pero bien. Fue un momento desalentador y depresivo que quedó tatuado en mi mente para siempre.

Eso me trae a mi asunto del día: Cómo conseguir que no te estafen en tu contrato de distribución. Durante años, he sido tan estafado de todo corazón por los distribuidores (en las cosas que yo producía) que, cuando empecé mi propia empresa de distribución y venta internacional, Edward Stencel y yo nos hicimos la promesa de ofrecer siempre un contrato justo y pro-cineasta. Como los dos éramos directores, la última cosa que queríamos hacer era joder a nuestros semejantes. Por lo tanto, aquí van unas cuantas claves que deberías conocer para no tener esa “sensación de recién follado” antes de que se seque la tinta de la pluma que utilizaste para decirle adiós a tu película.

Pagos por adelantado.
Conseguir un anticipo para una película independiente en estos días sigue el mismo camino que los mamuts lanudos y los calentadores de piernas. Incluso si tienes un casting sólido y un presupuesto de varios millones, los anticipos son difíciles de conseguir. Si exiges un anticipo, ten en cuenta que probablemente será el último cheque que veas. Esto es así porque la mayoría de los distribuidores sufren de una incapacidad que no les permite pagar ni un penique más sobre la cantidad anticipada que desembolsaron, porque en sus mentes, ellos ya han pagado por la película.

Mínimo Garantizado, Caución en dinero o Garantía de dinero. (* (MG’s) Money Guarantees)
Los Mínimos Garantizados o Garantías de Dinero de distribuidoras independientes normalmente no son mucho mas que un trozo de papel para convencer a los directores de que firmen. La mayoría de los distribuidores saben bien que tu película nunca va a generar los ingresos que se necesitan para satisfacer la Garantía de Dinero. También saben que si te dijeran la verdad, nunca hubieses firmado con ellos. Así que cuando te quejes de que no te están pagando tu Garantía de Dinero, tu distribuidor te devolverá los derechos de tu película, en vez de pagarte el dinero que te garantizó.

Previsiones de ventas.
Ingiere una libra de sal antes de leer u oír sobre las previsiones de ventas que te dan para que firmes un contrato sobre tu película. Personalmente, he perdido películas por ser demasiado honesto. Cuando le dices a un director que su película de 600.000$ será afortunada si recupera 120.000$ en el mercado hoy en día, ese director sale corriendo. Prefieren obviamente escuchar a alguien que les cuenta que va a hacer 3$ millones fácilmente. De hecho, una amiga directora me dijo que su distribuidor anterior le había dicho que su pequeña película de 200.000$ vendería 2 millones de DVDs. La única cosa todavía más loca que esa mentira mayúscula es que mi amiga se la creyera.

Garantías cruzadas. (* Cross-Collateralization)
No permitas las “Garantías Cruzadas”. Es decir, que tu distribuidor pueda cargar pérdidas de otros títulos en tu título. Tu película debe tener su propia contabilidad y tu distribuidor debería cargarte solamente costes con los que estés de acuerdo.

Contrato único de “Packaging” de varias películas.

Esta te va a hacer vomitar así que si tienes Pepto-Bismol a mano, tenlo listo. Lo que hacen algunos distribuidores salvajemente poco éticos es: vender un ejército de películas a una empresa a un precio dolorosamente bajo, lo cual supone estafar a los directores a un nivel imposible de creer mientras que el distribuidor se adjudica una buena tarifa.

Así funciona:

El distribuidor firma con 100 películas independientes, y entonces se inventa unos gastos administrativos escandalosos de 100.000$ ó 250.000$ por película. Lo cual significa que el distribuidor tiene derecho a recuperar primero estos costes, antes de que legalmente esté obligado a pagar al director por beneficios.

Así que básicamente, los directores están regalando los primeros 100.000$ ó 250.000$ en ventas de su película a su distribuidor. Aparte, el distribuidor se llevará su comisión por ventas de lo quede tras descontar sus gastos administrativos. Si esto no te hace querer ingerir un bote de Pepto-Bismol, esto otro lo hará…

Después el distribuidor toma las 100 películas recién firmadas y las vende a una empresa a 1.000$ la película. 100.000$ en total. Como cada director le debe al distribuidor los primeros 100.000$ de las ventas de su película, el pago de 100.000$ de la empresa que compra las películas va enteramente al distribuidor. Al final, cada director está a 99.000$ de ver un solo dólar, mientras que el distribuidor ya se ha embolsado unos buenos 100.000. Es de enfermos, lo se. Por eso, asegúrate, si tu película está incluida en alguna venta al por mayor, de que tiene su propio contrato y no está agrupada con otros 99 títulos más.

Duración de los contratos.
La duración de un contrato verdaderamente depende de lo que tu distribuidor te adelante. En el caso de que tu distribuidor te pague por adelantado, querrá los derechos de tu película de 10 a 25 años. Sin embargo, si no te está pagando por adelantado, de 3 a 7 años es más que razonable. Pero, también hay algo truculento sobre la duración de los contratos que tienes que entender claramente: Es la longitud de tiempo que tu distribuidor tiene los derechos de tu película, no la longitud de tiempo por la que puede subrogar tu película a otra entidad.

Una explicación: digamos que tu distribuidor posee tus derechos para Alemania hasta el 14 de agosto de 2016. El 13 de agosto de 2016 él vende los derechos a Alemania por 10 años. Por lo tanto, tu puedes terminar tu relación contractual con tu distribuidor el 14 agosto de 2016 pero los derechos de tu película en Alemania están vendidos hasta agosto de 2026. En casos como este, tu distribuidor debería estar atento a que se te pague por ese trato de último minuto, incluso aunque el o ella ya no esté relacionado contractualmente contigo. Pero por supuesto, como todavía le debas a tu distribuidor los gastos administrativos, el dinero del contrato del último minuto irá directo a su bolsillo.

Esquemas de pago.
Los distribuidores normalmente pagan de 30 a 60 días después del final de cada trimestre. Esto por supuesto, si te pagan.

Costes de mercados.
Todos los distribuidores los tienen, pero asegúrate de que claramente entiendes lo que suponen. Estos costes están referidos al coste de ir a los mercados de cine, no del marketing. Los costes de mercados normalmente se meten dentro de los “gastos administrativos”, pero deberías dejarlo claro.

Costes publicitarios. (* En España están incluidos dentro de los costes P&A o costes por publicidad y copias)
Haz que tu distribuidor le ponga un tope a cuánto puede cargarte por publicidad. Si no lo haces, cada vez que estén cerca de tener que pagarte, añadirán más gastos por publicidad.

Informes de ventas.
Independientemente de lo que acuerde tu distribuidor, la mayoría sólo generará un informe de ventas para ti después de que las ventas de tu película se hayan iniciado. Como la mayoría de las películas independientes a) nunca consiguen una venta b) consiguen una venta varios meses después o más de un año después de firmar un contrato, no te asustes si no tienes ningún informe de ventas durante bastante tiempo. Aparte, ¿cuál es el sentido de mandarte un informe de ventas sin ventas? Sería como darte un Big Mac sin carne dentro. De todas formas, una vez que hayas conseguido tu primera venta, deberías tener informes regularmente.

Porcentajes.

He aquí una simple regla de oro: cuanto mayor sea el presupuesto, menor será el porcentaje de ventas.
Por ejemplo, un distribuidor internacional se quedará normalmente entre el 8% y 12% de las ventas de una película de 50 millones de presupuesto, pero va a demandar entre el 20% y el 25% sobre las ventas de películas con presupuestos entre cientos de miles de dólares a unos pocos millones. En ocasiones, podrías negociar dejando que tu distribuidor tenga un porcentaje más alto (30% – 35%) a cambio de no cargarte con gastos administrativos.

Pero conseguir que alguien renuncie a sus gastos administrativos hoy en día es bastante improbable. Esto es porque las ventas actuales de las películas independientes no son suficientemente altas como para que el distribuidor cubra sus gastos generales solamente con su tajada de las ventas.

La conclusión con los contratos de distribución es: que son tan válidos como las intenciones que tenga el distribuidor. La clave es ir a cada negociación contractual con tus ojos bien abiertos, tus oídos alerta y tu mano armada con un bolígrafo dispuesto a firmar, pero solo si consigues un contrato justo.

Dicho simplemente, cuando trates con la mayoría de los distribuidores sobre contratos, imagínate a ti mismo siendo una gacela lanzada a un foso de leones hambrientos. Te van a destrozar, pero tu no eres una gacela ordinaria, tu eres “biónica”, y las gacelas biónicas escapan de las garras mortales de un mal contrato de distribución cualquier día de la semana.

Hasta el próximo martes, gracias por dedicarme tus ojos”.

Artículo original en Going Bionic.

Facebook de Creando Cine.


POR FIN, EL MALDITO ESTRENO

28 junio, 2013

Por Daniel Castro

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Yo antes no era así. Yo antes hablaba sobre otras cosas. La carrera nuclear en Irán, la etapa de Pellegrini en el Real Madrid… tenía opiniones fundadas sobre cuál era el mejor pincho de tortilla de Madrid o la mejor canción de los Who. Recordaba los nombres de los hijos de mis amigos e iba al cine con cierta frecuencia.  Antes existía un mundo exterior que podía intentar conocer y en el que, con cierto leve esfuerzo, podía llegar a interesarme.

Ahora no. Ahora reconozco que me he vuelto una versión pobre y, espero, menos pomposa, de Francisco Umbral, que sólo acudía los sitios a hablar de su libro.

Ahora yo hago lo mismo. Ahora mismo resulta difícil mantener una conversación de más de dos minutos conmigo que no incluya seis menciones a la maldita película que dirigí. Hace unos meses mendigaba localizaciones para rodar o buscaba a actores para encarnar personajes.  Ahora hablo de si nos han seleccionado para cierto festival, de la exigencia de este otro, que necesita que lleve pósters (el drama de que sólo tenga cuatro pósters intactos de la peli, de que cada uno cueste 15 euros), de lo apropiado o no de mandar una nota de prensa a una revista de cine, de lo conveniente o no de hacerme el DCP yo mismo, en mi pobre iMac…

En las últimas fechas sólo he aparecido por Bloguionistas para hablar de “Ilusión”. Antes escribía análisis de tres folios sobre “El discurso del Rey”, ahora escribo medio. Y va sobre mi maldita peli.

Pero os prometo que esta va a ser la última vez que aparezca por Bloguionistas para promocionar “Ilusión”. A estas alturas casi todos le tendréis manía, algunos querréis verla y otros no sabréis ni siquiera de qué hablo.

El caso es que la parte principal del camino que se ya ha acabado. La película ya está en los cines.

Bueno, más concretamente, la película está en un cine. La Cineteca de Matadero de Madrid. Una sala en la que se está exhibiendo parte del cine más interesante, pero también minoritario, que se hace en España.

El estreno, organizado por Márgenes, es mañana día 29, pero habrá más pases el domingo 30. También los miércoles 3 y 10 de julio, siempre en el mismo cine, al precio de 3’5 euros. Podéis comprar entradas en la taquilla a ese precio. O, anticipadamente, aquí, con un pequeño recargo que cobra entradas.com (el total son 4,40),

Por ahora sólo hablo de Madrid. ¿Se podrá ver en más lugares de España? Sí, por ahora ya hay unas cuantas sesiones apalabradas (festivales, salas de cine pequeñas, cine clubes) y habrá más si nos las piden. ¿Se podrá ver online? Sí, pero cuando eso no sea incompatible con algún concurso, premio o contrato en el que esté implicada la película (muchos premios, por ejemplo, exigen que la peli no esté online).

Siento que este blog ha tenido mucho que ver en “Ilusión”. Escribía aquí con frecuencia mientras la rodábamos, aquí (en la sección de comentarios) me dieron un poco de caña como actor y alguno de los principales colaboradores de la peli se puso en contacto con nosotros gracias a lo que yo escribía en Bloguionistas. Este lector ofreció a hacer el making of de la película pero acabó llevando una cámara, un micrófono, cargando carteles y ayudando en la posproducción de la imagen.

Me gustaría regalar tres entradas para ver “Ilusión” en alguno de estos pases: domingo 30 a las 18h30 o miércoles 3 o 10 de julio a las 20h30. Serán para los tres primeros que las pidáis en la sección de comentarios (una por persona).

(No podrán participar en esta promoción colaboradores de Bloguionistas o sus familiares)


DESPUES DE LA CHARLA

28 noviembre, 2011

Por Daniel Castro

Hace dos lunes escribía sobre lo difícil que me había resultado preparar mi charla para el Hotel Kafka. Intentaba contar dos cosas a los alumnos: una, que se animaran a escribir historias que tuvieran que ver con sus vidas y, dos, que intentaran rodar, aprovechando que los medios técnicos actuales lo facilitan enormemente.

Pero no encontraba la manera de relacionar las dos ideas. Una tenía que ver con la escritura, la otra, con las menudencias de la autoproducción más precaria.

Como casi siempre, la solución fue sencilla y de sentido común.

Las dos cosas son casi la misma:

Escribir algo realista lo convierte en fácil de rodar. Y, rodar algo con pocos medios lo convierte, casi obligatoriamente, en algo realista.

A no ser que lo que uno quiera reproducir en una película sea aquél apocalíptico viaje que hizo al Amazonas en el que una tribu autóctona intentó devorarle y sólo consiguió huir fabricando un helicóptero con troncos de palmeras, el resto de las cosas que uno vive suelen ser bastante sencillas de reproducir.

En nuestra vida suele haber pocas persecuciones en lanchas y, en cambio bastantes conversaciones en cafeterías. No solemos asesinar cruelmente a demasiada gente. En cambio, sí solemos abrazarla, hacerle el amor o llamarla por teléfono. Cosas mucho más económicas.

Es bastante fácil convencer a tu amigo excéntrico para que haga un papel de… tipo excéntrico. Es bastante probable que el dueño del bar donde llevas años yendo a tomar cañas te deje grabar y también es lógico que los objetos que necesites para una película sobre un tipo de 30 años que vive en Madrid, los tengas en tu casa, que viene a ser… la de un tipo de 30 años que vive en Madrid.

Los problemas empiezan si quieres que tu protagonista viva en un palacete de cristal, conduzca un Ferrari y haga explotar un tren de Alta Velocidad.

Marx sostenía que la infrastructura (base económica) de una sociedad determinaba su superestructura (producción intelectual, cultural, etc). Según el marxismo, “no es posible la independencia de la mente humana, del pensamiento, respecto de las condiciones materiales específicas en las cuales se está inmersa la sociedad” cita extraída de este artículo de la Wikipedia).

Un análisis superficial vendría a identificar el inusitado crecimiento económico de Occidente durante los últimos 30 años con un tipo de cine comercial y evasivo, ideal para que cada avance tecnológico se mostrara en todo su esplendor. Desde las primeras películas de Spielberg hasta “Avatar”, de Cameron, Occidente parece haber vivido tres décadas de frenesí, de un progreso que parecía universal e imparable.

Tal vez la actual crisis económica mundial afecte a los contenidos audiovisuales. Tal vez no.

En cualquier caso, estemos ante una decadencia del cine tal y como lo hemos conocido en los últimos 30 años o no, estemos ante un cambio en el tipo de contenidos de la ficción o no, lo que sí parece evidente es que los medios escasos deberían acompañar a historias modestas y eso, implica, en cierto modo, que éstas sean más realistas.

Nacho Vigalondo acaba de rodar una película de bajo presupuesto titulada “Extraterrestre”. Aún no la he visto pero, según las reseñas que he leído, viene a ser una comedia romántica con marcianos al fondo. ¿Alguien imagina una producción barata que fuera, al contrario, una gran película de invasión extraterrestre con leve subtrama amorosa?

Probablemente sería una gran chapuza. La escasez de dinero se nota sobre todo cuando se pretende recrear algo inexistente en el tiempo actual. No tanto cuando uno pretende grabar cómo es un piso de Malasaña en 2011. El dinero puede ser incluso contraproducente en este último caso. Uno no imagina que una película de Ken Loach pueda ser mucho más realista o mejor si un estudio (algo desquiciado) decidiera financiarla con veinte millones de dólares más.

Cuando el dinero es escaso, el director y guionista deben limitar su grado de intervención en la realidad, deben moderar sus ansias de “reconstruir”. Resultan obviamente eliminados la persecución en moto y el flashback a 1905, cuando el abuelo tomó el carguero que le llevó a Argentina.

Algunos ven en estas limitaciones grandes barreras que limitan su creatividad.

Lo son.

Pero creo que también hay en ellas grandes ventajas.

Una de ellas es la libertad que permite al director – guionista. Quienes aportan dinero a una producción permiten que el personal cobre o que se pueda utilizar cierto efecto digital especialmente caro, pero, a cambio, exigen decidir quién va a ser ese personal: quién va a protagonizar la película, cómo va a ser el final y en qué idioma se va a rodar.

Sin conocer concretamente el caso de la última película de Vigalondo, me permito aventurar que probablemente haya gozado de mucha más libertad para escribirla y rodarla que si se hubiera tratado de una historia más complicada.

Otra ventaja indirecta de la escasez económica es la de acercar lo que hacemos a lo que vivimos. Como explicaba más arriba, cierto grado de realismo deja de ser una opción y pasa a ser una obligación. La pantalla de cine deja así de ser únicamente una puerta de evasión, sino que pasa a ser también un espejo que muestra al espectador algo que se parece a él o una ventana que le permite ver otros aspectos de la realidad en la que vive.

El otro día, en el hotel Kafka, cerré la charla con una cita de Truffaut de 1957 que me parece sorprendentemente apropiada para estos tiempos de autoproducciones: “La película del mañana la intuyo más personal incluso que una novela autobiográfica. Como una confesión o como un diario íntimo. Los jóvenes cineastas se expresarán en primera persona y nos contarán cuanto les ha pasado: podrá ser la historia de su primer amor o del más reciente, su toma de postura política, una crónica de viaje, una enfermedad, un servicio militar, su boda, las pasadas vacaciones, y eso gustará porque será algo verdadero y nuevo… La película del mañana será un acto de amor.

Y ahora, tomando las últimas palabras de esa cita, voy a correr el riesgo de ser cursi.

La clave es el amor.

Escribir es amar. Rodar es amar. Tomar fotos es amar. Mirar es amar.

Nuestro tiempo es escaso y lo sabemos. Por eso lo dedicamos a aquello que creemos que merece la pena.

Por eso escribimos sobre aquello que nos gusta o, al menos, nos interesa. Superhéroes (porque esos fueron los cómics que amamos), amor, zombies o conflictos familiares.

Asumo que la gran mayoría de las personas que se dedican a escribir o a dirigir han tenido una vida tan llena de amor por el cine, la televisión y otras obras de ficción que es imprescindible que este sentimiento se vea reflejado en su obra. Es sano y lógico que quieran mostrar en sus películas su pasión por los relatos de aventuras, de zombies o por el cine de espías de los últimos 70.

Sin embargo, y sabiendo que es un consejo que resulta desagradable a muchos jóvenes cinéfilos (era algo que no quería oír yo mismo hace diez años), les invitaría a que miraran menos al cine, menos a la tele, y más a la vida. Aunque a veces no lo parezca, hay cosas más fascinantes que un sorprendente punto de giro, un medido movimiento de cámara o un plano cuidadosamente compuesto.

La realidad no es sólo un lugar del que huir. Es el lugar en el que estamos instalados, lo queramos o no. Y estaremos aquí siempre. De la realidad podemos extraer historias apasionantes que, además, podemos contar de manera muy económica.

Pienso que un buen guionista no sólo debe amar el cine. También debe amar el mundo que le rodea. O al menos,  intentarlo.

Nota de despedida

Tras este post me voy a tomar un descanso. Actualmente trabajo como guionista en “Gran Hotel” y acabo el montaje de “Ilusión” (mi pequeño largo autoproducido) en los ratos libres. Eso me deja poco tiempo para escribir posts que merezcan la pena.

Durante unos meses escribiré menos por aquí, aunque intentaré no desaparecer completamente. Espero volver pronto con mayor regularidad.

Hasta entonces, os mando a todos un saludo.


ANTES DE LA CHARLA

13 noviembre, 2011

Por Daniel Castro

El día 2 tenía que hablar en el curso de Hotel Kafka que impartimos los Bloguionistas. Aunque he dado unas cuantas charlas (algunas con buenos resultados y otras apocalípticas), reconozco que esta vez estaba especialmente nervioso. Creo que soy una de las pocas personas del país que reconoce que le gusta hablar en público: suelo sentirme a gusto contando cosas de las que creo saber algo, haciendo chistes y variando mi charla según las reacciones que noto en el público. Pero, insisto, esta vez estaba nervioso.

¿Por qué?

Posiblemente porque aquella gente, unos quince alumnos, había pagado bastante pasta para vernos y escucharnos. 390 euros por persona. Creo que nadie ha pagado tanto por verme. Cuando viví en Italia, aquella novia vino a verme en un vuelo de Ryanair.

Otra razón para estar nervioso era que iba a poner una secuencia de la peli que he estado grabando y montando desde hace casi un año. Era la primera vez que la ponía ante un público completamente ajeno al proyecto. Como era una secuencia cómica (al menos esa es su intención) quería en si había o no risas y en qué momentos se producían.

La tercera razón para estar nervioso era algo más importante. Simplemente, no sabía de qué iba a hablar durante tres horas. Imagino que fue en un momento de euforia e imprudencia en el que elegí el título de mi charla: “El cine y/o la vida” al que Ángela, más sensata, me sugirió añadir algo tipo “el reto de la autoproducción”. La primera parte del título se refería a mi obsesión porque las historias que contemos como guionistas tengan algo que ver con la vida que llevamos, con el entorno que conocemos, con las cosas que nos ocurren. La segunda parte del título aludía a lo que yo hubiera podido aprender de la experiencia de “Ilusión”. ¿Cómo carajo iba a poder unir dos asuntos tan distintos? ¿Iba a dedicar una charla de tres horas a hablar a guionistas que querían escribir series para la tele de cómo autoproducirse películas marginales? ¿Les iba a interesar? ¿Habían pagado para eso? Y los otros, los que sí que querían montar sus proyectos propios, ¿tenían que escuchar cómo alguien balbuceaba frases tipo “escribe sobre lo que conoces” si lo que querían autoproducirse era una pelis sobre zombies? Dediqué varias horas a buscar la manera de estructurar la charla. ¿Cómo unir esos dos temas? ¿Qué vídeos mostrar como ejemplo? ¿Cuándo poner la secuencia de mi película?

Hice un montón de intentos para estructurar la charla, pero fui incapaz. Fui a Muji y me compré un rotulador y una libreta específicamente para esto. No entiendo porqué, pero ni siquiera esto funcionó. Unas horas antes de ir al Hotel Kafka, tenía una vaga idea de lo que iba a contar. Pero no sabía cómo hacerlo.

Ya me había resignado al caos y me preparaba para el desastre cuando, de pronto, se me ocurrió empezar a anotar, sin orden ni jerarquía, algunas de las cosas que creía haber aprendido en los últimos tiempos. Son estas.

LA PELI: COSAS QUE HE APRENDIDO

–       Escribe sencillo, todo es complicado.

–       Grabar es complicado.

–       Comer es caro.

–       Pero es necesario.

–       Confía en tu equipo.

–       Confía en tu instinto.

–       Compra varias tarjetas SD (si ese es el tipo de tarjeta que usa tu cámara, claro)

–       Usa varias cámaras. Son baratas.

–       La diferencia no la marca la técnica, la marca la transgresión.

–       Nadie produciría algo así. Esa es la ventaja.

–       Lo más jodido es organizar, cuadrar agendas de diferentes personas.

–       Muchas llamadas. Muchos favores. La gente está DESEANDO AYUDAR si se siente apreciada y útil.

–       No grabación cronológica (Jodido). Agrupar por actores y espacios.

–       Hay muchos actores dispuestos a echar una mano.

–       Quiere a tus actores. Detrás de sus balbuceos místicos suele (puede) haber algo con sentido.

–       Escribe sobre ti. Tu vida.

  • Tu vida en concepto amplio:
    • Quién eres.
    • De dónde vienes
    • Qué te ha pasado
    • Dónde has vivido
    • Qué te gusta.

–       La realidad es barata. La “ficción” es cara.

–       Un director debe ser “simpático”.

–       Si no pagas con dinero, pagas con AMOR.

–       Hacer, escribir, rodar es AMAR. ( [Poner aquí cita de]  Truffaut)

(La próxima semana explicaré qué hay detrás de algunas de estas frases y si encontré o no un hilo conductor para la charla).


FLASHBACK: CURRANDO DURO EN STARBUCK’S

25 julio, 2011

Por Daniel Castro (Guionista en Chamberí)

Ahora mismo estoy escribiendo un largometraje basado en una experiencia personal.

Y me está costando horrores.

Por ahora mis jornadas consisten en pasar mucho rato emborronando papeles en el Starbucks de la calle Fuencarral mientras escucho a Teenage Fanclub a todo volumen en mi mp3.

Hasta la fecha he escrito más de diez largos, casi todos en solitario. La mitad de ellos está en un cajón donde no puede hacer daño a nadie. Otros se rodaron. No hago esta presentación para presumir de nada, sólo para ilustrar la inmensa frustración que siento al darme cuenta de que este pequeño guión, cuya idea principal se me ocurrió durante una noche en una litera de un albergue de Pekín, el verano pasado, esté tardando tanto en cobrar forma.

En mi descargo, debo decir que no he estado todo este tiempo exclusivamente dedicado a este guión. Trabajé unos meses en una serie aún no estrenada y dediqué mucho tiempo a este videoblog, todas las semanas, también paso unas buenas horas escribiendo una entrada lo más presentable posible para este sitio en el que me estáis leyendo.

Aún así, es mucho tiempo el que ha pasado. Demasiado para no tener ni siquiera un tratamiento de guión sólido y convincente.

Tampoco puede decirse que esté atascado. Casi todos los días tengo buenas ideas que llevan mi guión en una nueva y prometedora dirección. Casi todos los días imagino un gran secundario, un par de gags que creo memorables…

Sin embargo, son retazos, algunos brillantes, creo, de una historia que insiste en escapárseme.

Como imaginaréis, he dedicado cierto tiempo a tratar de averiguar también cuáles son las razones por las que se está produciendo este fenómeno tan novedoso como doloroso.

En cuanto acabe el guión, voy a intentar dirigirlo y protagonizarlo. Sí, será un proyecto de muy bajo presupuesto, que irá en la línea de estas pequeñas piezas que he ido grabando en mi casa en los últimos tiempos. (Aquí la primera de estas piezas, el corto After Shave)

¿Será que la perspectiva de dirigir mi primer largometraje me bloquea y me hace pensar en cosas que un guionista no suele plantearse?

¿Será que el imaginarme como protagonista me impide escribir con libertad?

Es cierto que algo de esto está ocurriendo: cada vez que pienso que una música sería apropiada para acompañar cierta escena, calculo los años desde la muerte del autor, la vigencia o no de los derechos de autor. Lo mismo ocurre cada vez que imagino una escena en un tren, un restaurante de lujo o una manifestación pro-vida. ¿Cómo carajo haré esto de manera digna? ¿Podré meter la cámara en el tren sin pedir permiso?

Por otra parte, cada vez que se me ocurre una secuencia desgarradora en la que la intensa mirada del protagonista nos revela el drama que esconde en su interior, me imagino a mí mismo siendo ese protagonista y… suelo acabar desechando la climática escena.

Siendo estos obstáculos importantes, sin embargo, creo que el mayor es otro.

Cuando uno escribe un guión no basado en hechos reales, es decir, cuando se trata de “pura” ficción, el proceso suele ser más o menos así: uno tiene una idea de lo que quiere contar que, normalmente tiene que ver con la trama, aunque en algunos casos surge de un personaje. Esa idea suele ser una especie de raspa que uno va desarrollando, a la que uno va dotando de carne. El proceso, habitualmente, consiste en ir añadiendo a esa pequeña trama. ¿Quién es el protagonista? ¿Cómo habla? ¿De dónde viene y qué pretende? ¿Qué le ocurre ahora que conoce a esta chica? ¿Cómo es ella, por cierto, de dónde viene? Evidentemente, muchas veces estos detalles, estas caracterizaciones, acaban alterando esa trama inicial, pero esto no provoca demasiados problemas: uno ha inventado la trama y puede modificarla todo lo que quiera.

En cambio, cuando uno está trabajando con hechos reales que no puede (o quiere) alterar sustancialmente, el proceso es casi el inverso. Los acontecimientos están ahí; concretos, exhaustivos… pero no ordenados. Si uno trata de hacer una película sobre el Solitario, el grotesco y sanguinario atracador que tuvo en jaque a la Guardia Civil durante casi catorce años, puede saberlo casi todo sobre él. Un poco de investigación le permitirá conocer todos los detalles: el primer banco que atracó (en Adamuz, Córdoba), los detalles del tiroteo a los guardias civiles que trataron de detenerle en la Ribera de Navarra (en junio de 2004), uno puede incluso ir a visitar a sus antiguos vecinos e interrogarles sobre su comportamiento… En principio, suena como una gran facilidad para un guionista: la documentación suple a la imaginación. No tengo que inventar cómo es la ex mujer del individuo: es una tal Anita Sharrock y tal vez pueda entrar en contacto con ella por Facebook.

Sin embargo, aunque pueda parecer lo contrario, tratar de elaborar un guión directamente a partir de hechos reales es, al menos para mí, un esfuerzo muy considerable. Parte del problema viene de que la realidad es mucho más compleja que las historias, más desordenada y mucho más hermética. ¿Cuántas veces tomamos decisiones y… ni siquiera nosotros conocemos porqué? ¿Cómo averiguar cuáles fueron los motivos reales por los que El Solitario tiró del gatillo aquella noche en Castejón y pasó de ser un atracador a un asesino? Sin embargo, sabemos que tal cosa ocurrió en junio de 2004 y así tenemos que contarlo.

Tras la labor de documentación, llega un trabajo muy complicado que es el de buscar lógica en los acontecimientos: ¿debo presentar la infancia del personaje, ya que tal vez fue ahí cuando se decidió que él fuera atracador? ¿O estoy así justificando al delincuente, con un argumento psicologista más bien barato? ¿Hago lo contrario? ¿Presento como única causa de su carrera delictiva la crisis económica? ¿Es esto justo con el personaje? ¿Y con los demás, que se las arreglan para sobrevivir en el paro sin ser delincuentes?

Creo que establecer cuáles son las causas reales, las aparentes y las profundas de los acontecimientos es una labor casi detectivesca. Además, una vez extraídas las posibles causas, deben plasmarse en el guión de la manera adecuada y en las proporciones justas.

Trabajar con hechos reales, además, pone a prueba la integridad del guionista. Tal vez me fuera útil dramáticamente enfatizar la difícil infancia del delincuente (tal vez inventar un padre tiránico lo solucionaría todo), sin embargo así, en cierto modo, cualquier acción que el protagonista realizara posteriormente parecería casi justificada. Tal vez obtuviera un guión más compacto pero… tal vez no sería demasiado honesto con la realidad a la que me refiero (sí, esta es básicamente mi crítica a La cinta blanca”)

Investigar honesta y profundamente los hechos, establecer sus consecuencias, descartar lo accesorio y plasmar lo importante de manera equilibrada es, os lo aseguro, un trabajo ímprobo.

Y luego, con todo esto… hay que escribir un buen guión, que se vea como si fuera pura ficción.

Si alguna vez me veis en el Starbucks de Fuencarral y parece que sólo estoy mirando pasar a las guapas pijas que frecuentan la zona, no os fiéis, tras esa apariencia distraída hay un guionista trabajando. Muy duro.

Deseadme suerte.

(Publicado originalmente en Bloguionistas el 29 de junio de 2010)


ENTREVISTA A TINA OLIVARES. “ESPERANDO SEPTIEMBRE”

9 febrero, 2011

Por Daniel Castro (Guionista en Chamberí) (*)

Primero, Tina, enhorabuena por tu película, independientemente de los escasísimos medios con que la has producido, me pareció muy entretenida, bien escrita y con unas estupendas interpretaciones. ¿Puedes resumirnos, brevemente, de qué va “Esperando Septiembre”?

¿Has pasado alguna vez Agosto sin un duro en Madrid? …  ¿Has llegado a estar tan pelado de pasta que encontrar un euro en el bolsillo abría un mundo de posibilidades?…  ¿Has mirado meditadamente una factura de luz pensando de dónde coño vas a sacar el dinero para pagarla?…

Esta es una comedia simpática sobre cinco amigos que sufren la crisis económica y les estalla en la cara el hallazgo de una bolsa con 20 millones de pesetas en billetes de las antiguas pesetas. Un tesoro de dos caras que los une y separa a la vez. Les une porque se necesitan para cambiar el dinero de a poquito en el Banco de España y les separa porque, ya se sabe, cuando el dinero entra en las relaciones humanas, la amistad sale por la ventana…

¿Cuál era tu carrera antes de dirigir este primer largo? ¿En qué series escribiste? ¿Siempre tuviste claro que querías dirigir?

Mi trayectoria profesional es bastante variopinta, llegué a Madrid hace quince años y aparte de vendedora de almanaques puerta a puerta, llegué a ser secretaria de producción en RTVE. Después, cronológicamente, camarera, ayudante de producción en Lola Films, camarera, ayudante de producción en Star Line P.C., camarera y por fin en el año 2000, guionista en Globomedia, abandoné el mundo de la hostelería intermitente para escribir series de ficción en diversas productoras. Lo último: “Los Misterios de Laura” y “Mi gemela es hija única”.  También he ganado el Premio Nacional SGAE de Teatro Infantil con mi obra “Au Revoir Marie” y he escrito y dirigido dos cortos: “Las hormigas acuden puntuales a las citas” (2004) y “Energy!” (2007), el primero de ellos puedes verlo en YouTube.

Y sí, siempre tuve claro que quería dirigir. Lo que no sabía muy bien era cómo iba a conseguirlo. “Esperando Septiembre” ha sido un dejarse llevar.

¿Cuándo decidiste ponerte con esta idea?

La idea de “Esperando Septiembre” nació en 2008, en Albacete. Estaba escribiendo el guión de lo que espero sea mi segundo largo y me disciplinaba todos los días yendo a la biblioteca pública. En el camino pasaba por el solar de una casa donde todavía se percibían perfectamente las habitaciones, la cocina, el baño, … Se me ocurrió pensar que pasaría si alguien hubiese dejado los ahorros de toda su vida escondidos detrás de alguno de aquellos azulejos. Tenía que ser mucha pasta y tenían que ser pesetas. Le conté la idea a mi hermana y ella, mientras preparaba un potito para su hijo, me dio el mejor punto de giro de la trama: ¿Y si esos millones no eran los ahorros de alguien, sino que tenían un origen mucho más siniestro?…

Creo que fue muy importante la colaboración con los actores. ¿Los conocías desde antes?

Hice un casting mental entre la gente que conocía. David Tenreiro (“Gente Pez”), Pedro Almagro (“La Fiesta”) y Victoria Teijeiro (Premio Max 2007) habían trabajado conmigo en “Energy!” y a Ana López (“Juicio a los Humanos”) y Natalia Erice (“Vaya semanita”) las había visto trabajar en teatro. Fui individualmente a hablar con cada uno de ellos y les propuse el proyecto. Les encantó y en la primavera de 2009 empecé a reunirme por separado con cada actor para hablar de su personaje, hablábamos de qué problema personal tenía,  a qué se dedicaba,…  cada uno puso en su personaje un montón de ilusión. Todos ellos me preguntaban quiénes eran los demás, pero yo callaba como si aquello fuera el Cesid, no quería que se contaminaran. Sólo los reuní por primera vez a todos al final, cuando la escaleta estaba terminada y en ella, todos estaban interrelacionados. Hubo muchas risas en aquella primera reunión.

¿”Esperando Septiembre” está grabada en un montón de diferentes localizaciones, con muchos exteriores (de Madrid, en verano) y un amplio reparto, todo esto lo conseguiste gratis?

Sip. La mayoría.

¿Hiciste tú misma las gestiones para conseguirlo todo? ¿Tenías experiencia en producción?

Si no hubiese sido por mis años como ayudante de producción, no hubiese tenido la templanza de abarcar todas las gestiones que implicó “Esperando Septiembre”. Es curioso como nada suma en vano.

¿Cuántas personas integraban el equipo técnico? ¿Con qué medios contábais?

Grabábamos con una Sony HDV y el micro a cámara (esto último es algo que no aconsejo del todo si no se sabe hacer bien), el equipo técnico de rodaje éramos Vera Domínguez, sonido directo, Aida Blas Espejo, estilista y script y yo como cámara. Toda la grabación se realizó a luz natural.

La grabación fue muy ágil y yo pude estar en contacto directo con mis actores, creo que esta forma de trabajar le ha dado mucha frescura a la peli.

¿Cuánto tiempo duró la grabación aproximadamente?

Si sumo todo junto tardamos un mes y una semana, pero ese total estuvo distribuido en varios meses.

¿Te planteaste alguna vez solicitar subvenciones públicas para levantar el proyecto?

“Esperando Septiembre” ha tomado categoría de película al final, cuando ha estado terminada, siempre fue un “vamos a ver qué pasa si hacemos esto”.  Yo no quería sentir más presión que la que saliese de la propia historia. No sé si me explico. Las subvenciones son esperas, memorias de actividades, entregas, plazos. Era mi primera película y me centré en el claro objetivo de sostener una trama durante 90 minutos.

Ahora, la película terminada está despertando mucho interés (la “película anti-crisis” la han llamado en algún periódico) y parece que está adquiriendo una dimensión insospechada en un principio. Pero vamos, en resumen, esta película está pagada íntegramente de mi bolsillo. Supongo que pedir subvenciones hubiese ralentizado el proceso y es posible que esa espera hubiese sido infructuosa y hubiese acabado desanimando mi impulso inicial.

A pesar de que el presupuesto del proyecto era casi cero, sin duda, hay gastos imprescindibles (comidas para los actores, desplazamientos…). Si no es demasiada indiscreción, puedes decirnos ¿cuánto acabó costando “Esperando Septiembre”, aproximadamente?

Siempre respondo lo mismo, los gastos no han terminado. No quiero decir una cifra porque la peli es un pozo sin fondo y no quiero que se mida la película en función de su presupuesto. Mi respuesta a esta pregunta es la siguiente “no tengo la entrada de una casa pero tengo una película”, “no tengo un coche nuevo porque tengo una película”. Hay casas y coches de múltiples precios. La casa o el coche que te dejas de comprar que lo valore autónomamente cada uno. Con todo, es un buen sacrificio.

Creo firmemente que las “autoproducciones” cinematográficas se van a multiplicar, el coste de cada película es lo que menos debería importar en beneficio del brillo y la luz que tenga el argumento.

La verdad que puede desprender una historia es algo puro. Medir esa verdad en términos de cifras o formatos de grabación es, en todo caso, injusto.

Una vez acabada la película, empieza otra fase, la difusión por festivales y los intentos para conseguir distribución. ¿Cómo está yendo el proceso?  ¿Podrías recordarnos cuándo y dónde va a verse “”Esperando Septiembre” próximamente?

Puedes ver “Esperando Septiembre” en la Sala Berlanga de Madrid, calle Andrés Mellado, 53. Desde este viernes 11 de Febrero hasta el jueves 17, en sesión de las 18:00. Precio entrada: 3 euros. (Nota del entrevistador: justo durante las mismas fechas, en la misma sala y al mismo precio, se proyecta “Dispongo de barcos” otra aventura autoproducida, escrita y dirigida por Juan Cavestany)

El sábado, 12 haremos una fiesta en la “Ciudadela” para todos los que hayan visto la película en sus dos primeros días de estreno. Si vas a Facebook y te agregas a la página de “Esperando Septiembre” tendrás todos los datos e información puntual de lo que está pasando con la peli.

En festivales está funcionando muy bien, acabamos de ganar el Premio a la Mejor Película en el Festival de Cine de Castilla La Mancha. Y en cuanto a su distribución comercial prefiero no hablar demasiado. Parece que surgen oportunidades pero como soy medio supersticiosa prefiero callar, por ahora. Si la peli se distribuye comercialmente serás el primero en saberlo.

¿Animarías a otros a que se lanzaran a este tipo de aventura “autoproducida”? ¿Qué has aprendido con ella? ¿Qué repetirías y qué no?

He aprendido a tener paciencia. Esa lección está por encima de cualquier aspecto técnico. Este oficio es una carrera de fondo y yo quiero aguantar sin llevarme una úlcera de regalo. He comprobado que las cosas llegan. Curiosamente llegan cuando más maduro estás para recibirlas y menos ilusión te hacen. Pero llegan.

¿Volvería a “autoproducirme”?  Con más pasta, si. Eres el dueño de todo el proceso. Como novato es el aprendizaje total. Y como profesional también, porque tocas todos los palos. Un director que sabe lo que cuesta, desde conseguir una localización,  hasta el esfuerzo de hacer una campaña de prensa, tiene una mirada más amplia.  Es necesario que un director sepa producir. Por el bien de la película es absolutamente necesario.

¿Tienes algún otro proyecto personal en mente? ¿Será también “autoproducido”?

Tengo ese guión del que hablaba al principio. Una historia de misterio que tiene que ver con las herencias familiares. Mejor dicho, con lo que uno puede heredar de la familia, el prestigio y la fatalidad también se heredan. De nuevo es una historia de muchos personajes.

Y para ese proyecto concreto quiero contar con una productora.

Por último, te quería agradecer que hayas contestado a esta entrevista. Sin duda, gracias a tu peli y a tus respuestas, muchos lectores habrán sentido un impulso irresistible de salir a la calle a rodar sin pensárselo dos veces.

Muchísimas gracias a ti, Dani, pero una cosa: lo que no se piensa al principio se termina pensando al final. Aconsejo efusivamente que el autor/hacedor/autoproductor de una película se responda con claridad a esta pregunta antes de dar un solo paso:

Cuando esté terminada ¿para qué la quiero?

(*) Nota: Esta semana el post de Daniel Castro se publica en miércoles por coincidencia con el de Chico Santamano sobre los Premios ALMA de Guión. El próximo lunes, tampoco habrá post de Daniel Castro, por coincidir con crónica de los Goya.


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