COMO UNA PELÍCULA CANNON

4 noviembre, 2015

 

Foto: Marta G. Brea

TIRSO CALERO. Foto: Marta G. Brea

Tirso Calero es director argumental y jefe de guionistas de “Amar es para siempre”. Fue creador de “Bandolera”, jefe de guionistas de “Gran Reserva, El Origen”, y director de los largometrajes “Carne Cruda” y “Blockbuster”.

Hace pocos días pude ver un espléndido documental titulado “Electric Bogaloo: la loca historia de Cannon Films”. Es muy recomendable para los amantes del cine en general y, especialmente indicado para aquellos que crecimos en los videoclubs de los años 80.

La Cannon Films fue una compañía independiente, creada por dos productores avispados de Tel Aviv, que decidieron conquistar Hollywood. La jugada les salió regular porque se estrellaron una y otra vez contra el gran muro de las majors establecidas. Pero de aquella aventura liderada por Menahem Golan y Yoram Globus se extraen aspectos muy positivos. Por primera vez, una productora independiente plantaba cara a los grandes estudios contratando a auténticas estrellas como Sylvester Stallone o Lee Marvin, además de dar oportunidad a grandes directores que ya no contaban para el férreo Hollywood, como John Frankenheimer, Andrei Konchalovsy, Franco Zeffirelli o Jean Luc Godard.

Menachem Golan & Yoram Globus

Menahem Golan y Yoram Globus. Fuente: Google

La mayor parte de sus películas (“Invasión USA”, “Desaparecido en combate”, “Masters del Universo”…) eran de consumo rápido y dudosa calidad. Pero también produjeron films realmente interesantes como “El borracho”, “El tren del infierno” o “Life Force”. La mayor parte del público disfrutaba con las correrías de Chuck Norris o Charles Bronson y se celebraba con entusiasmo la aparición de un nuevo héroe de acción como Jean Claude Van Damme, que consiguió su primer papel haciendo una demostración de artes marciales en el mismo despacho de Menahem Golan.

El peor enemigo de Cannon Films eran ellos mismos. Su imagen y su marca quedaban siempre asociadas a productos bastante baratos de dudoso gusto. Era un cliché, un estigma que les acompañó siempre, desde su fundación en los años 70 hasta su final, a principios de los 90. A pesar de sus intentos por ofrecer cine de qualité (“Ansias de vivir”, “Otello”, “Los hombres duros no bailan”…), nadie les tomaba en serio. Hicieran lo que hicieran, siempre sería una peliculita de la Cannon. Daba igual que fuera un éxito en taquilla o que el film se vendiera a más de 50 países o incluso que se contara con intérpretes prestigiosos (Alan Bates, Faye Dunaway, James Mason, Rod Steiger, Sean Connery…), el sello Cannon eliminaba cualquier posibilidad de crítica positiva. Todas sus obras, pues, caían en el mismo saco.

Viendo ese documental, pensé en el fenómeno Cannon dentro de nuestra televisión actual. Creo que las series diarias tienen algo de ese estigma. En la actualidad, hay cuatro series nacionales diarias en la parrilla (“Amar es para siempre”, “El secreto de Puente Viejo”, “Acacias 37” y “Seis hermanas”). Podríamos hablar de cinco series si incluimos la tira diaria “Gym Tony”. Pero la repercusión que tienen las series diarias, en comparación con las series nacionales, es ínfima. Algunas de ellas obtienen más audiencia que una serie de prime-time e incluso cuentan con repartos sonados, dignos de cualquier película o serie semanal, pero todo eso no basta.

Las series diarias, a pesar de lo mucho que suponen para la industria audiovisual de nuestro país, son las grandes olvidadas, en todos los sentidos.

Como le ocurría a Cannon Films, hagamos lo que hagamos en una serie diaria, siempre se nos dirá que estamos escribiendo / produciendo / interpretando un culebrón. No tengo nada en contra de esa palabra pero no me gustaría que se asociara el término a un trabajo desganado, pobre o deficiente.

En mi equipo de guión de “Amar es para siempre” hay 14 guionistas. Por mi experiencia en televisión, puedo decir que cualquiera de ellos podría cumplir con creces en una serie semanal. Lo mismo ocurre con los 6 realizadores con los que cuenta la serie o con los actores que están dando el callo para aprenderse diariamente 30 páginas y soltarlas con naturalidad. Pero da igual, como La Cannon, siempre seremos los tipos que hacen culebrones. Al igual que ellos, nuestros presupuestos son mucho más ajustados y las condiciones de producción son limitadísimas. A pesar de eso, tenemos que seguir buscándonos la vida para ofrecer 250 capítulos al año y, lo más importante, conseguir audiencia. Debemos escribir 24 guiones al mes, sin descanso y sin que nos repitamos. Después de 2500 capítulos (que son los que tiene “Amar”) a veces es difícil escribir algo que no haya aparecido previamente, aunque de forma indirecta. Con la velocidad a la que trabajamos (no se puede ir más lentos porque, en ese caso, la maquinaria se pararía), es imposible escribir una obra de arte. Un guión de cine suele darse por bueno, después de varios meses o años de trabajo y un sinfín de revisiones. Estamos hablando de unas 100 páginas. Pues bien, nosotros debemos dar por buenas 360 páginas… a la semana. Porque la siguiente semana llegan otras 360. Pero aunque lográramos escribir el mejor guión de la historia de la televisión, daría igual. ¿Quién se iba a fijar en un guión de una serie diaria?

La temporada pasada contamos una historia de terroristas con bombas y no salimos del decorado. Batimos récords de audiencia y todo el mundo quedó satisfecho. ¿Cómo era posible eso? Como Menahen Golam y Yoram Globus, echándole cara, valentía y, sobre todo, sin avergonzarse de lo que hacían. En la presente temporada de “Amar es para siemprecontamos una historia de espías de la Guerra Fría sin salir de una plaza. Y mis compañeros de otras series diarias también son capaces de contar grandes historias en reducidos espacios con un montón de dificultades.

En la actualidad, muchos guionistas, actores, realizadores, técnicos… siguen en activo gracias a las series diarias. Difícilmente se les reconocerá su labor porque la hacen en un culebrón y, hagamos lo que hagamos, siempre llevaremos encima el estigma de la Cannon.


LOS GUIONES ESTÁN VIVOS

12 diciembre, 2013

por Sergio Barrejón.

bonsai

El 17 de enero de 2001 se estrenó una serie semanal de prime-time que cambiaría el panorama de la ficción nacional, inaugurando la moda de los dramas ambientados en la historia de España. En este caso, era una serie ambientada en la posguerra. Y no, no estoy hablando de Cuéntame, que se estrenó ocho meses después. Estoy hablando de Temps de Silenci.

Cabe suponer que el éxito de la serie de TV3 tuvo algo que ver en que TVE diera luz verde a Cuéntame, aquel proyecto que llevaba siete años dando vueltas por las cadenas nacionales, en la época en que los expertos sentenciaban con toda ligereza que “la historia de España no le interesa a nadie“. O quizá Temps de Silenci no tuvo nada que ver. Quizá, simplemente, había llegado el momento. Igual que, en algún punto, este momento pasará. Y lo hará por sorpresa. Como siempre.

Pero lo que yo quería contar es que Temps de silenci había sido concebida por sus creadores como una telenovela diaria. El formato triunfaba en Cataluña y sus creadores lo dominaban con soltura. No en vano habían firmado ya algunos éxitos apabullantes como El Súper. Sin embargo, TV3 decidió que quería un prime-time semanal. Lo adaptaron. Sin problema.

Años más tarde, los creadores de aquella serie desembarcaron en TVE dispuestos a repetir el éxito con otro drama semanal ambientado en la posguerra, pero esta vez en Madrid, en lugar de la Barcelona de Temps de Silenci. El formato estaba testado, los creadores tenían prestigio. TVE compró la idea… pero quería una telenovela diaria. Lo adaptaron. Sin problema. Así nació Amar en tiempos revueltos.

Con el éxito de Amar en Tiempos Revueltos, Antena 3 pidió a su productora, Diagonal TV, una telenovela diaria para sus sobremesas. La productora puso varios proyectos sobre la mesa, pero ninguno era histórico. Y Antena 3 quería uno histórico. Esto es lo que queremos, dijeron señalando un guión de época llamado Bandolera. Un guión… de tv-movie.

La productora llamó al autor del guión, Tirso Calero, y le preguntó si podía adaptarla. Sin problema, dijo Tirso. Sólo se trataba de convertir una historia cerrada de dos episodios en una telenovela diaria de 65 capítulos como mínimo, y con posibilidad de continuidad (de hecho, llegó a emitir unos 400).

Sin problema.

Y aquí es donde yo quería llegar. Porque ésa es la actitud que hace falta si uno quiere ser guionista profesional. No estoy diciendo que todas las tv movies puedan ser convertidas en series diarias. Estoy diciendo que todas las obras de ficción pueden ser adaptadas a otros formatos. Ya sean tv movies, series semanales, diarias, largometrajes, novelas, obras de teatro o silvas arromanzadas. Y muchas veces cambiarán a mejor. Porque, si bien en el proceso pueden perder parte de aquello que te gustaba en su forma original, es también muy probable que adaptándolas descubras nuevas posibilidades de tu historia que ni habías imaginado.

Porque los guiones son historias. Y las historias están vivas. Tanto si las tienes en pequeñas macetas dentro de un invernadero como si las dejas crecer libres en mitad del monte, las historias tienen una vida aparte de ti. Pretender que tus obras sean inmunes a las circunstancias que las rodean es tan patético como decorar tu casa con flores de plástico.

Ayer estrenamos online el cortometraje En plan romántico, dirigido por Peris Romano y producido por el que suscribe.

Su estreno en sala había sido el 25 de octubre de 2012 en la Seminci el cortometraje  Era el único corto español que competía en la Sección Oficial. Un buen presagio… que se quedó en nada. Año y pico después, el corto no ha ganado un puñetero premio.

Pero la historia está viva. Tan viva que, con unos pocos cambios, se ha convertido en una de las escenas más hilarantes de Los miércoles no existen, una obra de teatro que consiguió llenar más de 20 noches la sala independiente El Sol de York de Madrid y acabó saltando primero al Teatro Principal de Donosti y luego al Teatro Lara de Madrid (donde aún podéis verla, varios meses después de su estreno).

¿Cuántas de las historias que hemos dejado por imposibles estarán todavía vivas, esperando a que las trasplantemos a la maceta adecuada?

 


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