BUENOS RATOS

11 abril, 2012

La vida de cualquiera está marcada por momentos especialmente trágicos y por otros especialmente felices. Los más afortunados tendrán pocos de los primeros y muchos de los segundos. El común de los mortales podrá contar a sus nietos un par de puntos de giro en su trama vital, algún momento de desconcierto y casi ningún momento heroico. Así que cuando uno se pone nostálgico y quita los hits de su existencia más trágica o más exultantemente feliz se queda con un montón de buenos ratos. Mi pregunta de hoy sonará muy ingenua, pero no lo es tanto: “¿qué sería la vida sin los buenos ratos?”.

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Se me ocurren (afortunadamente) muchos buenos ratos que enumerar: las horas que pasábamos en la cafetería de la facultad fingiendo que sabíamos jugar al mus, los domingos en el Retiro envidiando a los expertos patinadores, las cervecitas en Santa Ana, los paseos fotográficos para epatar en el instagram, las comidas suculentas con amigos de profesión y de vida, las manifestaciones, las noches de frenética escritura, las tardes de encuentros casuales, las mañanas de radio y coche sin ganas de llegar a ningún sitio…. Sí, esos han sido y son buenos ratos para mí, pero hay más, muchos más que tienen que ver con la televisión, el cine, el teatro y otras cosas que algunos están empeñados en subestimar.

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Recuerdo el día que Don Draper empezó a escribir su diario para poder salir del infierno del alcohol. Pasé un gran rato viendo cómo nadaba en aquella piscina sesentera. También me asalta el momento en el que un cine de Logroño caía la nieve de Dublineses y yo lloraba como una magdalena o aquel otro día en que no podía parar de reír en los antiguos Alphaville con el bigotón de Para todos los gustos. También fue un gran rato el día que asistí al teatro para ver Becketiana y a una gran Marisa Paredes comiéndose el escenario. O aquel otro momento en la sala pequeña del Español en la que me sentí parte de la familia Colleman. Uff, se me llenan las meninges de buenos ratos. Perdonadme si me pongo existencialista, pero no sé quién sería yo sin todos estos momentos.

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No sé qué sociedad queremos si para desprestigiar las artes decimos que sólo sirven para pasar un buen rato. Defiendo que pasar un buen rato es lo mejor de la vida, que para eso nos esforzamos diariamente y que aunque sólo fuera por eso, un capítulo de Cuéntame ya tendría ganado el cielo. Que no nos comparen con los hospitales. Entre operar a un niño a corazón abierto y producir un capítulo de una serie nadie dudaría, pero por qué tiene que ser tan falaz la argumentación. Nadie quiere que a los niños no se les opere. Nada tiene que ver aniquilar televisión española y la producción cinematográfica con eso.

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Mi post de hoy es muy corto y contundente. Me invade la tristeza y poco tengo que decir ante tanta estupidez que se está publicando. Cada recorte que anuncian es un tijeretazo en el alma.

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Ya en Altamira nuestros ancestros sabían lo que era pasar un buen rato pintando. Imaginemos la vida sin las Meninas, sin el pensador de Rodin, sin el Quijote, sin Draper, sin Tony Soprano, sin Antonio Alcántara y sin muchos otros que nos hacen pasar excelentes ratos en estos tiempos de crisis.

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He dicho.
Verónica Fernández
http://www.formulatv.com/noticias/24425/cristobal-montoro-recortamos-tve-series-rato/


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