UNA ANÉCDOTA DE MALASAÑA

6 mayo, 2010

por Pianista en un Burdel.

Atención: este post tampoco va sobre guión. Aprovechando que el martes David Muñoz hablaba de comics, y ayer Chico Santamano habló sobre mariconadas, yo voy a hacer un pedazo de off-topic y voy a contar una anécdota sin relación con el guión. Los más puristas pueden saltarse el post y volver mañana, que habrá una interesante reflexión del Guionista Hastiado sobre las pruebas de guión.

Entre los comentarios a mi post de la semana pasada me llamó la atención éste de Insecto:

La comunidad de Madrid intenta boicotearnos: ahora en algunas bibliotecas públicas han prohibido el uso de la red eléctrica para enchufar portátiles, móviles o ipods. Dicen que se sobrecarga la red. Paparruchas.

Y empecé a recordar las cosas que la gente cuenta de Esperanza Aguirre. Que si el recorte salvaje de presupuesto a las escuelas municipales de música; que si la reducción brutal de personal en las guarderías públicas; que si la privatización de empresas públicas más que solventes, como el Canal de Isabel II; que si las miserias que esconden todos esos hospitales presuntamente públicos, pero en realidad gestionados -de manera casi leonina- por manos privadas; por no hablar de la insensata criminalización de la sedación paliativa, o de cómo les aprietan las tuercas a los abogados del Turno de Oficio…

Ya sé que sobran blogs que hablan de política sin ton ni son. Sobran incluso blogs que hablan de política con conocimiento de causa. Así que no voy a hablar de política. Voy a hablar de Esperanza Aguirre no como político, sino como persona. A ver si consigo contestar a una pregunta que ronda por muchas cabezas:

¿Es Esperanza Aguirre la peor persona de España?

No puedo contestar taxativamente. En primer lugar, porque no me gustan las afirmaciones absolutas. La gente que hace afirmaciones absolutas es gilipollas. Punto. Y en segundo lugar, porque una contestación sincera a esa pregunta podría traerme problemas.

Todo lo que puedo hacer es contar, como decía, una anécdota. No una noticia política, no una reflexión moral. Una anécdota vivida por un servidor. Y que, además de retratar bastante bien al personaje, ilustra a las claras por qué podría traerme problemas decir que Esperanza Aguirre es la peor persona de España. (Que no lo estoy diciendo, ojo, sólo digo qué podría pasarme si lo dijese. Pero no lo he dicho. NO LO HE DICHO.)

ACTO I

Mayo de 2003. Recordemos: el año del Prestige y el Nunca Mais. El año de la invasión de Irak y el “No a la guerra” en los Goya. Se avecinan las elecciones autonómicas. En Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón abandona la presidencia. La nueva candidata del PP es Esperanza Aguirre.

Hay cierta tensión en el ambiente. La izquierda madrileña tiene esperanzas por primera vez, tras dos legislaturas de aplastante mayoría del PP. El cariz político de los últimos meses presagia que el 25 de mayo podría ser uno de esos raros domingos en que la gente de izquierdas se digna ir a votar, en lugar de pasarse la mañana durmiendo y la tarde de sobremesa.

Hasta la derecha teme la derrota: pocos días antes, la Junta Electoral Central, en un ambiguo comunicado, rechaza (sin prohibirlo expresamente) que se exhiban en colegios electorales e inmediaciones lemas de “No a la guerra”, por considerar que pueden ser constitutivos de campaña electoral.

ACTO II

25 de mayo de 2003, domingo. Día de las elecciones a la Asamblea de Madrid.

Estamos en las inmediaciones del colegio electoral Pi i Margall, en el barrio de Maravillas de Madrid (Malasaña para los amigos). Concretamente enfrente del colegio, en el café Pepe Botella, frecuentado por cineastas y otra gente de mal vivir, entre ellos el que suscribe.

El Pepe es un local encantador. Además de servir un café exquisito, y de no tener ni tragaperras ni tele (con la excepción de ciertas noches de los Goya), recientemente han abierto una microsala de teatro al fondo del local. Un espacio como para cincuenta personas, donde unos pocos privilegiados hemos podido disfrutar de pequeñas maravillas como el humor de las Donas Móviles, entonces con la gran Marta Belenguer.

Dibujo de Pablo Gallo

Son aproximadamente las once de la mañana de un domingo soleado de primavera. Mucha gente se pasa por el Pepe antes de ir a votar. Muchos están indignados por la decisión de la Junta Electoral Central, que ha sido motivo de encendidos debates entre los partidos políticos. Para unos, es un ataque a la libertad de expresión. Para otros, es una interpretación legítima de la ley electoral.

Entre los más indignados se encuentra María, la dueña del Pepe Botella. Esta mañana, al abrir el bar, ha dejado sobre la mesa una cajita de cartón que contiene un particular obsequio para los clientes habituales:

MARÍA

¿Has votado ya?

CLIENTE

Iba ahora.

MARÍA

Pues toma. Para la solapa.

Y abre la caja.
Y saca de ella un pin rectangular.
Un pin rectangular con este diseño (con perdón de la expresión):

Muchos se lo ponen. Yo no. Recuerdo con bochorno la noche de los Goya. Que un montón de gente supuestamente experta en la comunicación visual y en la narrativa dramática desfile por el escenario repitiendo la misma línea de diálogo y exhibiendo el mismo atentado al buen gusto visual me parece, política aparte, un error de producción.

Así que ahí estoy, acodado en la barra, como escribiría un novelista perezoso, sorbiendo mi cortado con una media sonrisa, y murmurando de vez en cuando “estás loca, María”. Cuando de pronto, ocurre un punto de giro digno de una peli de John Ford:

Entra Esperanza Aguirre por la puerta.

 

ACTO III

En realidad, para los residentes de Malasaña, la sorpresa no es tanta. Al fin y al cabo, la señora Aguirre vive en el barrio y, por tanto, le corresponde votar en el Pi i Margall. Pero su aparición en el Pepe Botella es, como mínimo, inesperada.

Flanqueada por sus guardaespaldas y acólitos, se sienta, y espera a que la sirvan, con esa sonrisa suya como de profesora de latín a punto de poner un examen-sorpresa. Juraría que sus ojos buscan un momento la famosa cajita de pines de la que, sin duda, alguien le ha hablado ya. Es la única razón por la que ha podido entrar en el Pepe Botella. Viene a provocar, es obvio.

María sale de la barra y se acerca a su mesa. Todo el mundo en el bar la sigue con la mirada, mientras María recorre los pocos pasos que las separan. El silencio, como escribiría un periodista perezoso, podía cortarse con un cuchillo. Esperanza Aguirre abre la boca para pedir su consumición, pero María no le da tiempo:

MARÍA

Váyase. Aquí no servimos a fascistas.

La manera en que se le quedó la boca abierta no la he vuelto a ver en ninguna de sus apariciones públicas. Bien es cierto que siempre aparto la mirada cuando aparece ella. Ese gesto de suficiencia que gasta, esa cara como de marquesa apolillada, me producen náuseas.

El caso es que Esperanza Aguirre se levanta, muy digna, y se marcha sin decir nada. Todos nos quedamos un rato sin decir nada. ¿Y qué íbamos a decir? El consabido “estás loca, María” se queda cortísimo para la situación.

Y como escribiría un dialoguista perezoso, el resto ya es historia: la izquierda ganó las elecciones. Luego se les calentó la boca diciendo que iban a acabar “con el ladrillo”. Como consecuencia lógica a esa estúpida estrategia de jugar con las cartas boca arriba, alguien se sacó un as de la manga: el tamayazo. Con la ayuda de la habitual torpeza comunicativa de los socialistas, el PP consiguió que todo el asunto pareciese una confirmación de que el PSOE estaba, como diría un bloguero perezoso, corrompido hasta la médula (cosa probablemente cierta… pero no sólo para el PSOE). Las elecciones se repitieron… y Esperanza Aguirre sacó mayoría absoluta. Y hasta hoy.

¿Y en qué demuestra esta anécdota que es peligroso decir que Esperanza Aguirre es la peor persona de España (cosa que yo jamás he dicho)? La explicación la encontramos en el

EPÍLOGO

Casualmente, tras conseguir Esperanza Aguirre la Presidencia de la Comunidad de Madrid, empezaron a pasar cosas en el Pepe Botella. Las inspecciones técnicas y las visitas policiales se multiplicaron. Aproximadamente cada quince días, un inspector aparecía por allí y les ponía una multa por los motivos más diversos. Verbigracia:

  • Los camareros van vestidos con la ropa de calle, lo que determinada ordenanza prohíbe expresamente.
  • Los lavabos no tienen agua caliente, cosa que determinada ordenanza impone expresamente.
  • El local tiene licencia de restaurante, no de bar, lo que les obliga a construir inmediatamente una cocina, si no quieren exponerse al cierre… según determinada ordenanza.
  • El local no tiene licencia de café-teatro, por lo que la celebración de espectáculos en la parte de atrás contraviene determinada ordenanza.

Hoy en día, en la parte de atrás del Pepe Botella, donde un día hubo un escenario, hay una cocina que nadie usa. Por allí hay también un clavo donde cuelgan siempre un par de camisas y unos pantalones. Si quieren ustedes creerlo, es la ropa de calle de los camareros. Los lavabos siguen sin tener agua caliente, naturalmente, como ocurre en nueve de cada diez bares de Malasaña (la mitad de los cuales funciona, sin problema ninguno, con una licencia de restaurante).

Y cada pocas noches, la Policía Municipal se asegura de que el bar cierra puntualmente a las 2.00 a.m., en cumplimiento de determinada ordenanza cuya observancia, al parecer, no es necesariamente exigible al resto de los locales del barrio. Claro que, en el resto de los locales del barrio, no le han dicho las verdades a la cara a Esperanza Aguirre.

¿Contesta esto a la pregunta? ¿Demuestra esto que Esperanza Aguirre es la peor persona de España?

No tengo ni idea. Echaré mano de un refrán, como haría un tertuliano perezoso: dicen que mala hierba nunca muere. Y de momento, Esperanza Aguirre ha sobrevivido a un accidente de helicóptero y a un ataque terrorista.

Probablemente ese dato no quiera decir nada. Pero les diré una cosa más: guardo un recuerdo muy vívido de aquella soleada mañana de mayo en el Pepe Botella. Al salir Esperanza Aguirre del Pepe Botella, noté un intenso olor a azufre…

¿Tópico? No lo niego. Quizá ni siquiera sea cierta, toda esta anécdota. Quizá sólo sea fruto de mi imaginación perezosa


A %d blogueros les gusta esto: