FERNANDO NAVARRO: “SER LO MÁS IRRESPETUOSOS POSIBLE NOS PARECIÓ LO MÁS RESPETUOSO CON UN AUTOR COMO VÁZQUEZ”

4 septiembre, 2015

Por Alberto Pérez Castaños. 

A mediados de los 60, Manuel Vázquez creó uno de los personajes más célebres del cómic español: Anacleto, agente secreto. Hoy, 4 de septiembre de 2015, Anacleto se vuelve a poner la pajarita y a encenderse un pitillo gracias al director Javier Ruiz Caldera y a los guionistas Fernando Navarro, Breixo Corral y Pablo Alén. En esta adaptación del realizador catalán, el agente del flequillo negro ahora tiene el pelo canoso, se encuentra al borde de la jubilación y está encarnado por Imanol Arias. Además, tiene un hijo, Adolfo, con el que no se lleva muy bien: Quim Gutiérrez.

En Bloguionistas quisimos charlar un rato con Fernando Navarro, uno de los guionistas de la película y que, además, en 2016 estrenará ‘Toro’, el próximo largometraje del director Kike Maíllo. 

Los autores del guión de ‘Anacleto: Agente secreto’ sois tú y Pablo Alén y Breixo Corral, que ya formaron pareja creativa en ‘Tres bodas de más’. ¿Cómo empiezas a escribir con los guionistas del último éxito de Javier Ruiz Caldera?

El proyecto surge cuando Paco Ramos, de Zeta Cinema, me ofrece la adaptación. Para Paco solo había un director posible, Javier Ruiz Caldera, y Javi y yo nos conocíamos de antes del estreno de ‘Spanish Movie’ y llevábamos tiempo buscando algo que escribir juntos. Así que todo cuadró perfecto. Estuvimos bastante tiempo buscando el tono. Escribimos bastantes tratamientos. Trabajamos mucho y muy duro.

Después de cuatro versiones, muy asentadas, mi siguiente guión, ‘Toro’ estaba en pleno desarrollo y requería mucho trabajo y eso coincidió con que Javi pensó que Pablo y Breixo –que acababan de hacer con él ‘Tres Bodas de Más’– podrían hacer una reescritura final en la que aportaran algunos chistes más. De hecho, Javi siempre somete a sus guiones a reescrituras de gente de fuera que aporten más y más chistes. Pablo y Breixo tienen muchísimo talento para el humor, y no solo trajeron muy buenos gags sino que aportaron ideas nuevas muy interesantes, que acabaron dando forma al guión que finalmente se rodó.

Me ha parecido un acierto la actualización del personaje de Anacleto (Imanol Arias), verlo a punto de jubilarse, y que su hijo (Quim Gutiérrez) tome el protagonismo. Sin embargo, también me parece una decisión arriesgada, ¿en qué momento la tomasteis y por qué?

Estuvo claro desde el principio. La idea fue: hagamos de Anacleto un héroe de acción. Javi y yo éramos fans de Anacleto pero habían dejado de publicarse en los setenta. Así que decidimos huir de la idea de una película retro o deudora en exceso del Universo Bruguera. Yo soy lector fiel de Marvel desde que soy niño y el lenguaje del cómic adaptado al cine me interesa mucho, así que la idea fue escribir un tebeo más contemporáneo, con héroes a la vez realistas y demenciales. Necesitábamos un punto de vista más cercano para contar la historia y para contar a un personaje como Anacleto y de ahí surgió la posibilidad de crearle un hijo. Ese hijo éramos nosotros, nuestro punto de vista. Alguien que pudiera “infiltrarse” en un cómic desde fuera para acabar formando parte de él.

Una de las cosas más difíciles de adaptar cómics de humor es lograr mantener el tono. Muchas veces son gags físicos muy bestias y complicados de rodar, otras veces chistes que quizás no funcionan igual de bien en pantalla que en papel… ¿Qué directrices seguisteis para la adaptación?

Las principal directriz era: ‘Anacleto’ es una película de acción. Queríamos, de alguna manera, refundar una franquicia que no existía realmente. Había que ser más o menos fiel, plagar el guión de guiños al tebeo, a los chistes originales y a los personajes. Pero, al mismo tiempo, iba a ser la hija bastarda, más violenta, más salvaje, más adulta. Y, sobre todo, tenía que ser muy entretenida y con un ritmo que no decayera nunca. Edgar Wright, Mathew Vaughan y Álex de la Iglesia marcaron el camino de este tipo de películas. Humor. Acción. Violencia.

Fue un encargo increíble, de estas cosas que dices: “no me va a volver a pasar”. Yo soy muy fan de Walter Hill, es uno de mis maestros y fue uno de los primeros en adaptar el lenguaje del tebeo al cine con ‘The Warriors’, por ejemplo. Y no es tan fácil que te hagan un encargo de un tebeo en España y cuando pasa es como un sueño, ya no tanto por los personajes, sino sobre todo por el lenguaje. Por eso nosotros decidimos hacer un cómic, y un cómic incluye desde ‘Sin City’ hasta los Mortadelos de Fesser, e incluso las pelis de Edwar Wright, que tienen un tono de cómic. Y Javi es un estilista y eso nos permitió estilizar la realidad, pudiendo hacer cosas que no se pueden hacer, por ejemplo, en ‘Tres bodas de más’ o yo mismo en otros guiones.

En una comedia de acción como ‘Anacleto: Agente secreto’ se juega mucho a hacer humor desde la realización. Muchos directores de este tipo de comedias como, por ejemplo, Edgar Wright, que has nombrado antes, escriben o coescriben sus propios guiones; sin embargo, Caldera no escribe, ¿trabajasteis en algún momento de la escritura con el director este tipo de situaciones?

El guión se ha trabajado con Javi secuencia por secuencia. De manera exhaustiva y perfeccionista. Hay secuencias de acción como la pelea con el chino o el asalto a la Masía, que Javi y yo coreografiamos en papel ya desde las primeras versiones del tratamiento. Cuando escribes acción y además escribes chistes integrados en esa acción, lo mejor es estar cerca del director, escribirlos con él, probarlos y desarrollarlos con él. Sus ideas, la puesta en escena, lo que se puede y no se puede rodar, debe estar lo máximo posible integrado en el papel.

¿Qué ha sido más complicado, escribir una comedia de acción o que la comedia sea la adaptación de un personaje tan emblemático como el de Vázquez?

A mi no me resulta especialmente complicado escribir acción. Ni me siento incómodo en la comedia. Lo de Vázquez sí era mucho más difícil. Para empezar, Vázquez era un genio absoluto. Del humor, del despropósito. Y adaptar sus personajes era complicadísimo porque la mayoría de las historietas de Anacleto no tenían mucho desarrollo dramático. No daban para un guión de noventa páginas. Eran una sucesión de chistes brillantes, de ideas estupendas, de dibujos increíbles. Así que usamos sus personajes, nos inventamos otros nuevos, decidimos olvidarnos de él para construir la narrativa de la película y volvimos a él cuando había que rematar chistes, pensar diálogos, aportar detalles. Ser lo más irrespetuoso posible nos pareció lo más respetuoso con un autor como él.

¿Crees que a Vázquez le gustaría vuestra adaptación?

Yo creo que nosotros le gustaríamos a Vázquez. Para que viera la película antes tendríamos que haber quedado con él e invitarlo a un vino. Probablemente le divertiría una cosa y es que la película es cien por cien española. Fue uno de nuestros empeños, que fuese una película española estilizada. Muchos cineastas se desentienden de España porque la ven cutre. Y lo es. Pero para hacer comedia, o para hacer thriller es muy interesante. Yo admiro mucho las películas de Alberto Rodríguez y Rafael Cobos, por ejemplo, porque son muy autóctonas. Por eso pusimos tanto empeño en hacer una película castiza.

Casi todas las adaptaciones de clásicos del cómic español han contado con continuación, ¿sabes ya si habrá más misiones para vuestro Anacleto en el futuro?

Nosotros no podemos tomar esa decisión. Dependerá de la respuesta del público a la película. Pero no es un secreto que estaríamos felices de volver al mundo de Anacleto.

Foto de Eva Manzano

Fernando Navarro con Carlos Areces caracterizado como el villano Vázquez. Foto: Eva Manzano.

Estuviste en el rodaje, como se puede ver en esta foto con Carlos Areces. ¿Eres de los guionistas a los que les gusta ir al set?

No me gusta mucho. Y a ellos tampoco les suele gustar que vaya el guionista. Sin embargo, en el caso del rodaje de ‘Anacleto’ había muchos amigos: los actores, parte del equipo técnico, así que me pasé un par de días a saludar. Creo que el guionista es una presencia incómoda y es mejor no estar mucho por allí y dejarlos hacer sus trabajo. Hay algunos compañeros que van porque trabajan con los actores –caso de Rafael Cobos– o porque son los asistentes del director –como Mateo Gil– o que simplemente aprovechan los rodajes porque saben que quieren dirigir y aprenden mucho.

Así que no eres de los de compartir tu opinión con el director…

Bueno, fui dos días y hubo uno que creo que sí le dije a Javi algo que no terminaba de ver e hicimos algún cambio sobre la marcha, pero esto depende mucho de los directores. Javi, por ejemplo, es muy celoso de su trabajo. Él siempre se encierra con el guión y con el montador antes de rodar y trabaja sobre el texto.

¿Sabes qué tipo de trabajo previo hace sobre el guión?

Javi tiene espíritu de montador –es montador, de hecho–, y los montadores son como escritores; reescriben la película. Yo creo que Javi lo que hace es montarla en su cabeza antes de rodarla. Tiene una cabeza privilegiada. Cuando coge el guión se imagina cómo lo va a rodar, qué le sirve y qué no. Sabe perfectamente lo que va a hacer y por eso tiene ese control del material y hace esas películas tan redondas.

Caldera es uno de los directores que más trabajan en la actualidad, que más éxito tiene y que más guiones de guionistas diferentes ha rodado. ¿No crees que esto demuestra la importante que es tanto para la industria como para los guionistas que existan figuras así, que debería haber más Calderas?

Javi es un director muy inteligente. Muy exigente con las historias y los guiones y que ha asumido una posición muy discreta y muy humilde respecto al guión: él no escribe y no quiere escribir. Como la mayoría de sus directores de cabecera, por otra parte. Pero eso no quiere decir que no esté detrás de cada una de las cuatro películas que ha dirigido. Al contrario. Su visión impregna cada página del guión. No me atrevería a decir que para una industria es mejor o peor que haya directores no guionistas, porque estamos rodeados de cineastas muy buenos (Javier Rebollo, Jonás Trueba, Carlos Vermut, Cobeaga) que escriben su propio material. Para mí, como espectador, no hay diferencia. Lo importante es el resultado, no el proceso. A Javi o a Jota les viene bien contar con escritores y a otros no tan bien. No hay una fórmula.

Recientemente ha terminado el rodaje de ‘Toro’, el guión que has escrito junto a Rafael Cobos y que dirige Kike Maíllo. En este cuestionario que contestaste hace un tiempo en Bloguionistas dijiste que fue una escritura muy complicada, ¿por qué?

Escribir ‘Toro’ junto a Rafael Cobos para Kike Maíllo ha sido una de las mejores experiencias profesionales que he tenido. La más intensa, sin duda. Rafael es de los mejores guionistas de este país. Un gran compañero y un amigo. ‘Toro’ es, de nuevo, un guión de acción total y su escritura nos llevó por cuatro ciudades distintas por circunstancias personales de los implicados. Kike sabía que yo estaba escribiendo el Anacleto con Javi. Empezamos a pensar en hacer algo juntos y terminamos dándole vueltas a un guión. En ese punto llamé a Rafael Cobos, con el que estaba deseando escribir. Como por aquel momento estábamos pasando por algunas situaciones personales algo convulsas éramos como una banda de rock en plena huida hacia delante. Y eso se refleja en el guión, que es muy salvaje, muy violento. Recibimos total apoyo del productor, Enrique López Lavigne, que era como el cuarto miembro del grupo y se metió en la película desde el principio. Ha sido el mejor proceso de mi vida, muy salvaje. Nunca me lo voy a pasar mejor. Repetiría mañana.

Tus dos últimos guiones, ‘Toro’ y ‘Anacleto: Agente secreto’, los has escrito con guionistas para directores no guionistas. Sin embargo, también has escrito con directores. ¿Encuentras diferencias a hacerlo con unos o con otros?

Yo suelo trabajar codo con codo con el director, sea o no escritor. No suelo escribir un primer borrador sin saber quién lo va a dirigir, como mucho un primer tratamiento y a veces ni eso. Para mí la visión del director es la visión global de la película ­–que no del guión– y es la que quiero conocer y la que debo potenciar. Si no estoy de acuerdo con algo, argumentaré cómo lo veo yo, porque conozco muy bien a los personajes y la trama, pero él es quién tomará las decisiones en el set y en montaje. Mi manera de trabajar en ese sentido es siempre con un director detrás, aunque escriba con otro compañero. Lo importante es que todo el mundo esté de acuerdo en el tono, en la historia y los personajes. Si involucras al director desde la primera versión ahorras mucho tiempo, porque avanzáis hacia el mismo sitio. Por eso, en mi caso no noto una diferencia.

Esa actitud ahora es más posible porque ya llevas muchos años escribiendo y relacionándote con productores pero, ¿cómo lo hacías cuando empezaste?

Al principio empecé a trabajar con el director Gonzalo López Gallego. Vendimos algún guión fuera y aprendí mucho el oficio. Luego me fui cruzando con productores y tuve suerte. Siempre pensé que era mejor ir de la mano de alguien, porque confío en el trabajo de los directores y de los productores, porque ellos son los que hacen las películas, los que encuentran el dinero… Me gusta mucho trabajar con productores mano a mano; con Enrique Lavigne, con Paco Ramos… Pero si me preguntas qué debe hacer el que esté empezando, creo que lo mejor es ir con un director; buscar un director de cortos, que también esté empezando, y asociarte con él. Es mejor que ir solo a una productora.

También andas escribiendo la próxima película de Jaume Balagueró, ‘Muse’, ¿qué puedes contar sobre este proyecto?

Aún poca cosa. Es la primera película en inglés de Jaume desde ‘Frágiles’. El guión es un thriller sobrenatural ambientado en un campus universitario, con la literatura y la poesía como trasfondo y una mitología, creo, bastante original. Ha sido un proceso muy interesante para un guionista. Adaptar una novela de género, trabajar en el guión con Jaume, que es un referente mundial para el cine de género, hacer un thriller con sus propias reglas, escribir secuencias terroríficas. Estoy deseando que empiecen a rodar.


ANÁLISIS DE PELÍCULAS: LEGISLATURA MORTAL

8 junio, 2015

por Sergio Barrejón.

A continuación vamos a analizar la película “Legislatura mortal”, estrenada a finales de 2011 y que todavía sigue en cartel, previsiblemente hasta mediados del próximo otoño.

Protagonista: los productores del cine español.

Objetivo: vivir de hacer películas.

Obstáculos: los recortes presupuestarios, el IVA cultural, la falta de un modelo económico alternativo, la confianza absurda en que el antagonista dejará de joder.

Antagonista: el Gobierno de Rajoy.

Primera escena: A finales de 2011, Mariano Rajoy llega al Gobierno.

Incidente desencadenante: El Gobierno rebaja en 200 millones el presupuesto de TVE.

Desarrollo primer acto: A principios de 2012, el Gobierno nombra directora general del ICAA a Susana de la Sierra, una mujer joven, preparada, dialogante, políglota. Un truco de guión bastante viejo: disfrazar de cordero al lobo feroz. De hecho, una de las primeras medidas que tiene que anunciar la nueva directora del ICAA es un recorte del 36% en el presupuesto del ICAA. Desaparecen las ayudas a creación de guiones, a películas para televisión, y a distribución. Las ayudas a cortos se quedan en la mitad.

Primer giro: A mediados de 2012, el Gobierno anuncia que el 1 de septiembre subirá el IVA cultural del 8% al 21%. Una maniobra algo previsible, teniendo en cuenta el background: sed de venganza del PP contra el sector de las artes escénicas desde las humillaciones –merecidísimas- sufridas en 2003 (Hay Motivo, los Goya del No a la guerra, etc).

Segundo acto: En el verano de 2012, cuatro mil empresas de la industria cultural envían una carta al Gobierno pidiéndole que demore la subida del IVA al menos seis meses, razonando que la medida será muy dañina para el sector.

A principios de 2013, el presupuesto del ICAA vuelve a caer. Pero en verano, el Ministro Wert anuncia que está abierto a revisar el IVA cultural. Muchos productores audiovisuales quieren ver en esa vaga declaración una “voluntad de diálogo”. (Esto está mal. Las historias no se cuentan con diálogos, sino con acciones. Ejemplo de acción significativa: el Ministro de Cultura no asiste a la gala de los Goya.

Punto medio: A principios de 2014, después de recortar aún más el presupuesto del ICAA, el Gobierno decide bajar el IVA… de la compraventa de obras de arte. El de cine y artes escénicas se queda igual. Muchos productores protestan, pero Montoro los aplaca, otra vez, con una simple línea de diálogo: “Ya hemos bajado el IVA de las obras de arte y ahora trabajamos en el resto de la reforma fiscal de la cultura”.

A mediados de 2014, la Unión de Asociaciones Empresariales de la Industria Cultural envía otra carta al Gobierno reclamando la supresión inmediata del IVA al 21%. Le dan dos meses al Gobierno, o empezarán a ESTUDIAR MEDIDAS (inserte aquí sus risas de lata). Como era absolutamente previsible, el Gobierno ni contesta. Pasan dos meses y… bueno, ¿recuerdan alguien las medidas de protesta? Pues eso.

Segundo giro: En julio de 2014, dimite la directora del ICAA. Después de luchar a brazo partido porque las desgravaciones fiscales llegasen a un nivel razonable, y visto que el Gobierno no tiene la menor voluntad de tomar ninguna medida que favoreciese a la industria cultural, Susana de la Sierra asume que Rajoy, Wert y Lasalle la han engañado y que no tiene sentido seguir haciéndoles el juego.

Tercer acto: En noviembre de 2014, los productores –no os lo vais a creer, pero os juro que es cierto, la hemeroteca no miente– envían OTRA CARTA al Gobierno pidiéndole que baje el IVA cultural. Aquí el presidente de FAPAE explicando su estrategia epistolar:

A principios de 2015, y ante la cercanía de la gala de los Goya, el Gobierno anuncia que “subirá” el presupuesto del ICAA hasta los 55 millones. (Una cifra que es exactamente la misma que tuvo en 2013. O sea, la mitad de lo que el ICAA tenía al final del Gobierno Zapatero. O sea, que de subida nada). También anuncia que están “estudiando” la posibilidad de bajar el IVA cultural. Ya no es que recurran a diálogos cutres. ¡Es que hacen copy-paste!

Clímax: los productores piden prudencia en la gala. Nada de protestas. A todo el que va a subir al escenario se le pide que firme un contrato en el que se compromete a no salirse del guión. El actor Carlos Areces se niega a firmarlo, y le impiden entregar el premio para el que lo habían convocado. Es más: lo expulsan del backstage. El Presidente de la Academia exige en su discurso que el Gobierno baje el IVA y Almodóvar advierte a Wert que no le considera su amigo.

Escena final: En la primavera de 2015… Rajoy descarta definitivamente bajar el IVA cultural en los seis meses que le quedan de legislatura.

Conclusiones:

-El antagonista es un malo de bigote, de culebrón barato, empeñado en hacer el mal porque sí, sin beneficio propio.

-El protagonista insiste una y otra vez en una maniobra obviamente inútil, como una polilla dándose una y otra vez contra una bombilla. Además, se cree lo que le dice el antagonista cuando resulta obvio que miente. Cierto que el pobre no tiene muchas alternativas de ganar la batalla, pero caramba: ¡Es el prota! ¡Que se deje de cartas y haga alguna maniobra desesperada!

-El clímax no tiene fuerza. Sólo son palabras.

-El final no sorprende a nadie. No es más que una repetición de lo mismo que llevamos viendo toda la película.

-Los únicos personajes potentes son Susana de la Sierra y Carlos Areces. Son los únicos que emprenden acciones que los dignifican. Cierto que no consiguen nada reseñable, pero lo intentan, y eso les da una dimensión trágica que los hace interesantes.

Recomendación final:

Esta película es una mierda. Reescribir en profundidad y presentar nueva versión en noviembre de 2015.


“LA PEREZA ES LO QUE MUEVE EL MUNDO”

13 marzo, 2015

A lo tonto, Borja Cobeaga lleva casi un año de promoción: junto a Diego San José hizo más entrevistas de las que cualquier guionista hubiese imaginado tras el estreno de ‘Ocho apellidos vascos’; luego publicaron ‘Venirse arriba’, su primera novela; al poco tiempo vio la luz ‘Aupa Josu’ y, justo hoy, estrena ‘Negociador’, su tercera película como director. ‘Negociador’ es una película muy especial porque está hecha con pocos medios, trata sobre un tema delicado y es muy diferente a los dos primeros largometrajes de Borja. Así que, como imaginaréis, teníamos muchas ganas de hablar con él.

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Foto: @Nacho Méndez

Una de las cosas que más me ha sorprendido de ‘Negociador’ es tu evolución como director de largometrajes, ¿qué piensas que ha cambiado del Cobeaga de ‘Pagafantas’ al actual?

Sobre todo tenía ganas de hacer algo muy personal. Con esto no quiero decir que ‘Pagafantas’ no lo fuese, aunque hubiese ganas de provocar la carcajada no creo que hubiese concesiones; era una comedia alocada y con un poso bastante melancólico. El siguiente paso fue ‘No controles’, que también era una comedia alocada, pero más clásica y sin esa melancolía. Sin embargo, los primeros cortos que hice, como ‘Éramos pocos’, funcionaron muy bien y no tenían ese sello de comedia loca. Pensé que a lo mejor me estaba perdiendo algo, ya que eran algo muy personal y no lo estaba imprimiendo en lo que estaba haciendo ahora. Y de ahí vino ‘Negociador’, de la necesidad de tener ese tono incluso antes de que se me ocurriera la historia. También me pasa que, como espectador cada vez me gustan menos las pelis “académicas” y que son más correctas y me gustan más las películas imperfectas y con personalidad.

Pero recuperar el tono de ‘Éramos pocos’ no te hace renunciar a la comedia de gag, porque, al menos, la sigues escribiendo…

No. Para mí lo ideal sería alternar. La comedia más de gag, de carcajada, da muchas satisfacciones. Ver que una línea de diálogo o una situación que has escrito funciona en una sala llena de gente que se ríe a carcajadas es muy satisfactorio y hace que sea muy difícil renunciar a eso. Lo que pasa es que si sólo me dedicase a eso sí que sentiría que estoy renunciando a algo que me gusta mucho. De la misma manera que en el thriller existe ‘La isla mínima’, que es una película comercial y que encima es de prestigio, a mí me encantaría combinar ambas cosas en una sola película. Pero, de momento, como eso parece la fórmula de la Coca-Cola, supongo que seguiré escribiendo y también dirigiendo comedias alocadas y comedias más del estilo de ‘Negociador’. Ahora tengo la sensación de que, en un mismo año, he hecho dos películas muy diferentes, una como guionista y otra como director, y que si pudiese mantener esto como modo de vida sería estupendo.

‘Negociador’ es la primera película que escribes sin Diego San José, ¿cómo ha sido no tener en esta ocasión un muro en el que rebotar ideas?

Es más complicado. Cuando escribes con otra persona lo bueno no es sólo lo que aporta, sino lo que quita, en el sentido de que las malas ideas te las lima mejor otra persona. Con ‘Negociador’ ha sido un proceso natural, porque surgió como entretenimiento propio y sin saber muy bien si iba a hacerla realmente. Entonces, en ese sentido, tenía que ser una apuesta personal. Es verdad que hay un par de ideas en el guión que son de Diego. Como la de que los negociadores oyen en la tele una frase que más tarde usan en la negociación. Creo que, de haber escrito el guión con otra persona, sería mejor, pero, por otro lado, yo siempre he visto esta película como un capricho, y si es un capricho de una sola persona es mucho más sencillo. Y lo he disfrutado incluso en esas imperfecciones que tiene escribir solo.

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Foto: @Nacho Méndez

Dices que empezaste el guión sin saber si la ibas a rodar y, cuando pudiste hacerlo, fue con un presupuesto reducido. Cuando la escribiste, ¿lo hiciste adaptando la historia a los medios de los que dispondrías más adelante?

Claro. Yo, en el fondo, la escribí porque sabía que en el caso de que se rodase iba a ser así. Tuve dos momentos que me hicieron hacer click la cabeza para ver cómo se podía hacer ‘Negociador’. Uno de ellos fue cuando hice un corto para el Notodo como jurado, entre ‘Pagafantas’ y ‘No controles’, llamado ‘Un novio de mierda’. Lo grabamos en una casa, con un equipo muy reducido y pensé: “¿no estaría bien hacer una película así?”. Cosa que se confirmó más tarde cuando estábamos produciendo ‘Extraterrestre’, de Vigalondo, que fue un proyecto que lo había escrito él para poder hacerlo porque la financiación de ‘Open Windows’ se estaba estirando. Las ganas de rodar le llevaron a escribir un guión del que era consciente que tenía que estar limitado. Entonces, yo recuerdo que visité el rodaje y me pareció que aquello estaba muy bien, le veía todo ventajas. Además, también escribí ‘Negociador’ porque me daban envidia algunos compañeros que hacían investigación. Yo hablaba con Urbizu, por ejemplo, y me decía que estaba documentándose con Gaztambide y eso era algo que a mí también me apetecía hacer. Así que sí, sí me mentía a mí mismo mientras escribía diciendo: “esto no sé si se va a hacer pero, por si acaso, no voy a meter figuración aquí”. Por ejemplo, cuando desayunan por primera vez Ramón Barea y Josean Bengoetxea dicen: “qué vacío está esto, ¿no?”.

¿Y qué tal ese proceso de documentación?

Justamente coincidió que salieron bastantes cosas, tampoco hay mucho escrito sobre el tema. Además, cuando Diego y yo empezamos a escribir ‘Fe de etarras’ ya habíamos leído bastante porque queríamos que tuviese ese punto de realidad pese a ser una comedia alocada. Jesús Eguiguren publicó un libro con Luis Rodríguez Aizpeolea (‘ETA, las claves de la paz’) que sirvió mucho de base; se hizo un documental, ‘Memorias de un conspirador’, que era sobre Eguiguren; en ETB también hicieron un estupendo reportaje en profundidad con él, más todo lo publicado en prensa… De repente, en poco tiempo había mucho material al que recurrir y, sobre todo, muy rico en detalles cotidianos. El otro día me juntaron en una entrevista con Luis Rodríguez Aizpeolea y me decía que cuando estaban escribiendo el libro le pedía a Jesús que le contase muchas cosas cotidianas, y son esas cosas en las que me he fijado y con las que no he podido evitar fantasear. Por ejemplo, si un día la traductora no acude a la negociación, yo, como guionista, pienso: “¿y por qué no fue?”. Lo que no quise hacer fue hablar con gente que había intervenido en estas conversaciones porque sabía el tono antiépico que iba a tener. Si llego a hablar con ellos me hubiese entrado Síndrome de Estocolmo y me hubiese dado pudor escribir o rodar ciertas cosas.

¿Hubo algún momento durante la escritura en el que dijeses “cuidado, esto mejor no lo pongo”?

No. Eso no pasó, y creo que vino por la confianza en trabajos previos. ‘Vaya Semanita’ vino más que nada de una audacia inconsciente, porque éramos muy jóvenes y en ETB hacíamos un humor político muy cotidiano, no hacíamos burla de nadie en concreto, sino sátira de lo cotidiano. Un ejemplo muy claro es que, justamente, el chispazo con el que nació ‘Negociador’ fue el Salvados que hace Jordi Évole con Jesús Eguiguren. En un momento del programa, Évole iba a Hernani, pueblo símbolo del nacionalismo radical, y le preguntaba a un quiosquero por los periódicos que se vendían: cuánto se vendía el Gara, el Diario Vasco… Y cuando le preguntó cuánto se vendía La Razón le dijo que “ahora más, porque regalaban un patinete”. A mí, ese padre de convicciones nacionalistas muy arraigadas pero que su hijo quiere el patinete y tiene que ir a comprar La Razón, es la política que me interesa.

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Foto: @Nacho Méndez

De hecho, ‘Negociador’ es una comedia política, pero donde haces comedia es con los personajes, con sus bajezas y sus miserias. Esto es algo bastante común en tus obras…

En el último Festival de San Sebastián hubo una especie de encuentro donde proyectaron varios cortos míos seguidos y el presentador del acto me dijo: “todos tus personajes principales son muy mezquinos”. Lógicamente no es algo a lo que fuese ajeno, pero verlos seguidos me impresionó mucho. Supongo que tiene que ver con una visión muy personal de las cosas. Yo creo se resumiría en que tengo un problema con Aaron Sorkin, con ese idealismo, con ese humanismo extremo, y yo no tengo ninguna fe en esas cosas. Creo que la pereza es lo que mueve el mundo. Incluida la política, y lo demuestran ahora. He estado escuchando la conversación de Iñaki González con los comisarios en la Puerta del Sol y, ¿de verdad nos quieren hacer creer que esto es un mundo serio, donde todo está calculado y milimetrado con dos tíos llamándose “tronco” el uno al otro, diciendo “buga”, todo muy cutre, todo muy sórdido… Yo es que creo que la vida es así. Mi visión es que tenemos que sobrellevar nuestras miserias y tirar para adelante.

Viendo la película me dio la impresión de que los momentos más delicados a la hora de escribir tuvieron que ser en los que aparece el personaje inspirado en Thierry, encarnado por Carlos Areces…

Pues sí. Yo lo que tenía claro era que no quería frivolizar. Por un lado estaba bajando a un nivel muy humano todo esto, pero por otro, los hechos históricos llevaban a que esa negociación llegó a dar muchas esperanzas y se truncó. Y lo hizo porque un sector de ETA que en ese momento tenía más peso decidió que así fuese. Luego vino la ruptura de la tregua, el atentado de la T-4, el asesinato de Isaías Carrasco, que era un amigo muy cercano de Eguiguren y lo cierto es que escamotear todo eso me hubiese parecido muy frívolo. Son acontecimientos que no puedes pasar por alto. Y uno de ellos fue la aparición de ese personaje inspirado en Thierry que hace Carlos Areces, un actor de marcado tono cómico. Thierry en la realidad era un tipo muy sociable, muy campechano, pero que luego tenía unos cambios de carácter muy fuertes. Y Carlos Areces es aparecer en la pantalla y la gente dice: “Ay, Areces, qué gracioso”. Tenerle a él ahí y que, de repente, su personaje se ponga inquietante me parece, por un lado muy fiel a la realidad y, por otro, me permitía ponerle el freno a los aspectos cómicos y meterme más en cosas como aquello que dijo de las corbatas negras o en el momento de su detención, que es algo muy icónico… Todo el mundo lo recuerda con un polo verde, esposado y gritando. Por eso me parecía que era necesario subrayar en ese sentido esa parte de la película.

Me preguntan mucho por qué Areces. Uno de los motivos es porque la película se hizo en un ambiente muy familiar, quería llamar a actores con los que había trabajado o con los que tenía ganas de hacerlo, como Josean Bengoetxea. Y Areces, además de ser muy buen actor, es de confianza porque somos amigos. Por otro lado, todos conocemos a Areces. Es uno de esos cómicos que tiene un lado muy inquietante y que pueden hacer papeles aterradores. Ya lo hizo en ‘Balada triste de trompeta’.

Tras ‘Negociador’, ¿estás más cerca de hacer ‘Fe de etarras’, una adaptación de vuestra novela ‘Venirse arriba’ u otro proyecto diferente?

Pasa una cosa muy curiosa con ‘Fe de etarras’; cuando teníamos tiempo para hacerla nadie la quería y ahora que hay quien quiere hacerla, no tenemos tiempo. Entre la escritura de la secuela de ‘Ocho apellidos vascos’, que es el eje laboral que tenemos Diego y yo ahora mismo, y recuperar un proyecto que se quedó un poco paralizado porque Javier Ruiz Caldera estaba rodando ‘Anacleto’ y nosotros escribiendo la secuela, que es ‘Superlópez’, creo que 2015 está ya muy adjudicado. Pero sí que creo que estoy más cerca de hacer ‘Fe de etarras’, sobre todo porque es una comedia muy diferente a ‘Negociador’, es ‘Friends’ con ETA, una comedia de compañeros de piso. El tono ha sido la razón para hacer ‘Negociador’ y con ‘Fe de etarras’ pasa lo mismo. Me apetece bastante hacerlo. Respecto a la adaptación de ‘Venirse arriba’, pues no lo sé, la verdad. Ahora mismo sólo tenemos en mente estos tres proyectos, que no está mal. Pero recuerdo que escribiéndola pensé que podía ser una buena película. La mayor complicación sería encontrar alguien que pudiese hacer del padre. Con el reparto adecuado me gustaría mucho hacerla. Habría que matizar mucho el tono, no caer en hacer un Alfredo Landa 2.0. Sería complicado llegar a un equilibrio entre un actor que sea muy gracioso y que no sea chusco y gritón.

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Foto: @Nacho Méndez

¿Y cómo está yendo la adaptación de ‘Superlópez’?

Al principio fue un proceso bastante reflexivo de leer los álbumes y ver si cada libro daba para estructura de película, y la verdad es que resulta complicado. Pero sí que, del mismo modo que hay adaptaciones de tebeos como ‘Anacleto’ o ‘Zipi y Zape’ que cogen los personajes y los ponen en un contexto totalmente diferente, aquí sí que queremos ser fieles al universo y al tono de la historia. Creo que el guión va a estar lleno de detalles que remiten de lleno al universo de ‘Superlópez’. Es curioso porque, por ejemplo, ‘Zipi y Zape’ tiene seguidores, pero no son tan fervientes como los de ‘Superlópez’. Ya me ha pasado muchas veces de encontrarme con alguien que me dice: “he visto que vas a hacer Superlópez, ten cuidado”. Y creo que hay una cosa del tono, de cómo afrontamos la adaptación, en la que Diego dio en el clavo: de la misma manera que en ‘Superman’ Clark Kent es un perdedor y cuando es Supermán es la hostia, ‘Superlópez’ en su faceta de López es un perdedor y como Superlópez, también. Y con esa premisa creo que haremos una buena peli.

Está siendo un proceso curioso porque es la primera vez que adaptamos algo, pero tenemos mucha confianza sabiendo que Caldera es el director. Todavía no he visto la película, pero el tráiler de ‘Anacleto’ me ha parecido bestial. Pensé: “¿este tío va a dirigir ‘Superlópez’? Pues lo que quieras, porque sería capaz de hacer una gran escena de acción con una hoja en blanco”. Luego, por otro lado, Diego y yo nos estamos divirtiendo mucho haciendo con las setpieces de acción, que es algo que no hemos hecho nunca. Pero ahí nos tenemos que limitar porque, pese a que va a tener un gran presupuesto para tratarse de una producción española, no tiene ese presupuesto que puede tener una película de superhéroes tipo ‘Los Vengadores’, nosotros estamos en una liga mucho más pequeña y por eso tenemos que ser muy selectivos en dónde ponemos la carne en el asador en cuanto a efectos y escenas de acción. En ese sentido, el trabajo con Javi está siendo muy racional.

Además de tener varios proyectos en marcha, por si fuera poco, también eres presidente de DAMA, ¿qué balance haces de este primer año?

La verdad es que, comparado con anteriores presidentes, está siendo tremendamente fácil porque DAMA ya ha llegado a un nivel de estabilidad brutal. Todo es como muy normal ya. Estamos creciendo y haciendo cosas; desde hace unos meses llevamos el catálogo de SACD, la entidad de gestión francesa, y eso hace que nuestro volumen crezca. Pero no es una obsesión crecer, yo me encuentro con amigos de SGAE y no les reparto panfletos de DAMA, de hecho Diego es de SGAE y yo de DAMA. Eso es algo que también quiero transmitir: estoy muy a gusto en DAMA, todo es muy racional y muy transparente, si te quieres venir estupendo y si no, también. Yo, si me pasé a DAMA, fue porque estaba en SGAE y no entendía cómo, por ejemplo, estaban comprando teatros o por qué estaba dominada por un sector pequeño que era el que menos recaudaba en la realidad. Era una espiral muy loca. Yo sé que muchos de los que están en SGAE siguen dentro para intentar cambiarlo, pero hay cosas que no entiendo por qué tienen que seguir aguantando. Pero siempre desde el respeto hacia ellos. Fíjate, si no respeto a Diego… Así que, todo aquel que quiera venir será bienvenido. En los últimos años se ha racionalizado mucho todo y no sólo crecemos en número de socios, sino también a nivel de infraestructura, pero siempre sin volvernos locos ni ponernos a comprar teatros.

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Foto: @Nacho Méndez

Entrevista: Alberto Pérez Castaños. 

Fotos: Nacho Méndez.

Peluquería y maquillaje: María Manuela Cruz

Estilismo: García Madrid


CÓMO SER… ALEJO FLAH

12 noviembre, 2014

por Alberto Pérez Castaños. 

Tras inaugurar “Cómo ser…” la semana pasada con Fernando Navarro, hoy regresamos con un nuevo invitado para la sección: Alejo Flah.

Nacido en Argentina, Alejo Flah es guionista y director, coautor del guión de ‘Séptimo’ y de la serie ‘Vientos de agua’ entre otros trabajos. También ha colaborado unas cuantas veces en Bloguionistas con entradas realmente interesantes. En abril del año que viene se estrena en España su primera película como director: ‘Sexo fácil, películas tristes’, con Quim Gutiérrez, Marta Etura y Carlos Areces.

1) ¿Cuáles son tus hábitos de trabajo? ¿Eres más de mañana o de tarde? ¿Tienes un horario fijo o vas improvisando? ¿Qué es lo primero que haces cuando abres el ordenador? ¿Tienes alguna rutina de pre-calentamiento?

Mi mejor momento es la mañana: de 10 a 10:15, precisamente. Hablando más en serio: me levanto temprano, voy a nadar y suelo trabajar desde las 10, hasta la hora de comer. Y después de comer vuelvo a trabajar hasta la tarde/noche. Por lo general las mañanas son para el guión más “importante”: el que está en primer borrador. Las tardes son para la reescritura de algún otro guión más avanzado. Pero todo esto puede cambiar: quedo a comer con amigos, voy al cine… Como bien decía una canción de Sr. Chinarro: “yo no soy militar”.

2) ¿Qué software sueles usar para escribir? ¿Por qué?

Final Draft. Por costumbre. Lo llevo usando desde hace unos 13 años y, aunque para mí la mejor era la versión 6, lo he ido actualizando. Soy tan nerd que les escribí algunos mails pidiéndoles que vuelvan a poner algunas herramientas del 6 que quedaron fuera de otras versiones y me escribieron agradeciéndome y proponiéndome que testee una versión beta. Lo hice… y recibí un mail de agradecimiento: ni un mísero descuento para la siguiente compra.

3) ¿Escuchas música cuando trabajas? ¿Bandas sonoras, clásica, rock? Recomiéndanos algo de música inspiradora.

Alguna vez, pero no siempre. Hay un peligro al escribir con música: que creas que esas escenas tienen la emoción de la banda sonora y luego las lees sin música y… bueno, no serían tan emocionantes. Lo que sí me sirve es armarme “bandas sonoras” con el tono de la película que estoy escribiendo. Las voy escuchando por la calle, para pensar. Pero no para escribir. Últimamente escuché la de Boyhood.

4) ¿Trabajas en pijama?

No. Duermo en pelotas. Y trabajo vestido. ¿O era al revés?

5) ¿Café? ¿Té? ¿Botella de agua? ¿Comes delante del ordenador?

Agua, pero en una botella de metal que llevo en mi maleta hasta cuando viajo. La tengo hace más de diez años, un pequeño fetiche. No como delante del ordenador.

6) ¿Windows? ¿Mac? ¿Linux?

Mac.

7) ¿Escribes en papel? ¿Moleskine, folios sueltos, servilletas de bar? ¿Algún bolígrafo o pluma preferido?

Ordenador, siempre. Alguna nota en papel, pero confío en lo que decía Woody Allen: si la memoria no conservó una idea es porque no era demasiado buena.

8) ¿Eres capaz de escribir con Internet encendido?

Sí. De a ratos es necesario, es como salir a dar un paseo. Otras veces lo uso para buscar algún dato o investigar sobre algo que tenga que ver con lo que estoy escribiendo: fotos, películas, canciones… También pierdo bastante el tiempo. Pero es como decía Amos Oz: las ideas son nuestros clientes y hay que esperarlas, como un peluquero que espera con la peluquería abierta a los que quieran cortarse el pelo. Hay días que vienen más, días que vienen menos, pero lo mejor es siempre estar ahí.

9) ¿Qué te hizo pensar: “quiero ser guionista”?

El placer. Y mi escasa habilidad para hacer otras cosas.

10) ¿Cuándo empezaste a ganarte la vida como guionista? ¿Cómo metiste el pie en la puerta?

Al poco tiempo de llegar a Madrid (año 2002). Presenté algunos guiones míos a un productor que le gustaron y me encargó el proyecto de una serie. Como no tenía dinero para comprarme un ordenador, empecé escribiendo en un locutorio en Lavapiés entre gritos en todos los idiomas. (Algo de esto lo acabé poniendo unos años después en algunos capítulos que escribí de ‘Vientos de Agua’, la serie dirigida por Juan J. Campanella). Con el primer pago me compré un portátil, pero desde ese momento puedo escribir prácticamente en cualquier lugar, por más ruidoso que sea.

11) Escaleta: ¿Sí o no?

A veces.

12) ¿Prefieres escribir solo o en equipo?

Depende.

13) ¿Género favorito a la hora de escribir?

No hay un género en particular.

14) ¿Te ves incapaz de escribir algún género en concreto?

No. Me veo incapaz de escribir algunas películas, pero no por el género en sí.

15) ¿Qué aspecto tiene tu escritorio, o el refugio en el que te escondes para escribir?

Llevo varios años viajando bastante entre Buenos Aires y Madrid así que no tengo un escritorio fijo. Como decía antes, puedo escribir en cualquier lugar: bares, casas, hoteles, oficinas… Pero el mejor lugar sigue siendo el avión. Es más, deberían inventar un bar que fuera como un avión: sin internet, sin distracciones, con azafatas y con comida en bandejas. Esa sería mi oficina perfecta. La de ahora tiene una mesa cerca de una ventana, algunos libros y mi botella de agua, infaltable.

16) ¿Cuál es el lugar más extraño en el que has escrito un guión?

Cuzco, Perú. 4500 metros de altura. Tenía que hacer unas correcciones de un guión que rodaban tres días después. Lo hice tomando mate de coca para aliviar el mal de altura (desde ese momento creo que es un mito que el mate de coca alivie el mal de altura). En un momento se me rompió el ordenador (supongo que también sufrió el soroche) y tuve que ir a un locutorio, instalar el Final Draft y pasar ocho horas encerrado escuchando música andina a todo volumen. Creo que quedó bastante bien.

17) ¿Qué libros y películas te cambiaron la vida?

Muy complicado responder esto. Pero supongo que varias películas de Woody Allen, Truffaut, Clint Eastwood, Bresson, Leonardo Favio, Richard Linklater, Cameron Crowe o Tomás Gutierrez Alea. Libros de Bioy Casares, Isaac B. Singer, Philip Roth, Las aventuras de Isidoro Cañones. Discos de los Beatles, The Cure, Sumo…

18) ¿Qué lecturas, cursos, películas, etc… te han marcado como guionista?

Nada más salir del bachillerato, hice un curso de montaje con un gran montador argentino (Miguel Pérez). Creo que es fundamental para un guionista entender de montaje que es la mejor (o acaso la única) manera de entender el cine. También hice un curso de guión en la escuela de cine de San Antonio de los Baños en Cuba a la que vuelvo cada año como profesor. Son dos semanas que espero con bastante ansiedad.

En cuanto a los libros se me ocurren tres autobiografías: la de Chaplin, la de Buñuel, la de Capra. O los de entrevistas entre Hitchcock/Truffaut y Wilder/Crowe. De dramaturgia clásica sin duda el de Lajos Egri (“Cómo escribir un drama”). De montaje el de Walter Murch (“En el momento del parpadeo”). También me gusta mucho el libro de Chabrol (“Cómo se hace una película”) que, en pocas páginas, cuenta lo fundamental. Por último, creo que vale la pena leer guiones de películas que a uno le hayan gustado.

20) ¿Cuáles son tus referentes clásicos y modernos, españoles y extranjeros?

Alexander Payne, Clint Eastwood, Billy Wilder, Buñuel, Scorsese, Powell/Pressburger, Woody Allen, Cameron Crowe, Richard Linklater, Preston Sturges, Chaplin, Hitchcock, Hong Jin-Na, Campanella, Leonardo Favio, Tomás Gutierrez Alea, Louis C.K, Rossellini, Seinfeld, Los Tres Chiflados (creo que en España nunca la dieron … Mañana diría otros.

21) ¿Cuál es el trabajo del que te sientes más orgulloso?

Él último, que se estrena en España en Abril 2015: “Sexo fácil, películas tristes”, que ha sido también mi primera película como director.


FIRMAS INVITADAS: SEXO FÁCIL, PELÍCULAS TRISTES por ALEJO FLAH

11 noviembre, 2013

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Por Alejo Flah (Fotos: José Haro)

Hace algunos meses me dejaron ocupar este mismo espacio después de mi visita al rodaje de Séptimo, una película de la que soy coguionista (que ya se ha estrenado en Argentina y este fin de semana se estrena en España).

Ahora acabo de terminar la primera parte del rodaje de mi primera película como director de la que también soy guionista: Sexo fácil, películas tristes

Duermo poco (no duermo nada). Como mal. Me duele todo el cuerpo.

Y nunca me he sentido mejor.

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Realidad y ficción

La película tiene dos partes: realidad y ficción (o “vida” y “cine” si es que pueden ser lo contrario).

La “realidad” transcurre en Buenos Aires y la “ficción” transcurre en Madrid. Los protagonistas son Ernesto Alterio, Quim Gutierrez y Marta Etura. El reparto se completa con Carlos Areces y Bárbara Santa Cruz (en la parte española) y Julieta Cardinalli, Luis Luque, María Alché y Mónica Antonópulos (en la parte argentina). Creo, sin exagerar, que no podía haber mejores actores en el mundo para cada uno de estos personajes.

La pregunta que se plantea la película es si es posible escribir una comedia romántica cuando la experiencia amorosa del que la escribe es un desastre.

La respuesta: en algunos meses.  “En los mejores cines”.

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Robert Smith

Después ser un teen angst escuchando The Cure muchos años, logré finalmente verlos en directo en algún festival de verano de España. En las primeras canciones me deprimí. Robert Smith se había convertido en una anciana (habría que preguntarse por qué tantos rockeros envejecen como señoras) y Simon Gallup encarnaba, como en el tango, toda la vergüenza de haber sido y el dolor de ya no ser.

Desde el escenario parecían estar pensando en su equipo de fútbol, en dónde iban a comprar los chorizos para el asado de esa noche, en el análisis de próstata que tendrían la semana siguiente. En todo, menos en sus canciones.

Era entendible: las letras que cantaban tenían, en algunos casos, veinticinco años. Él, con más de cincuenta, tenía que volver a sentir lo mismo que sentía con veintipocos. Volver a decir con convicción que el viernes estaba enamorado o que estaba perdido en un bosque, completamente solo.

Hasta que de pronto algo cambió. Una extraña conexión y todo volvió a ser como antes. O no. Pero era una mirada atenta, cariñosa sobre ese pasado.

O al menos es lo que pensé en ese momento.

Me acuerdo ahora de esto porque lo normal es que desde el momento en que empezamos un guión hasta que lleguemos a rodarlo pase mucho tiempo. Suelen ser varios años. Pueden ser dos (en un plan optimista) o cuatro. Inclusive, algunos más.

Por eso (si aceptamos que nosotros cambiamos y que todo cambia en el mundo, excepto en los malos guiones), siempre nos vamos a encontrar dirigiendo guiones de otras personas.

Y creo que es lo mejor que nos puede pasar.

A la hora de dirigir nuestros guiones no está mal volver a recordar entonces (una vez más) a Robert Smith. Volver a entender siempre quiénes éramos nosotros hace algún tiempo, acercarnos con cariño a quienes fuimos y tratar de entendernos una vez más: cuando los pelos parados nos quedaban mucho mejor.

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Metáforas deportivas

El costumbrismo porteño incorpora siempre alguna metáfora futbolera en el lenguaje cotidiano. “Te quedaste en offside”, “Te están dando un baile” se pueden incorporar para referirse a una discusión absolutamente extradeportiva.

Debo aclarar que detesto las metáforas deportivas.

Pero como siempre es más fuerte mi reacción de acabar haciendo aquellas cosas que critico, voy a usar una.

Voy a hablar del cine y la natación. (Insisto: estoy durmiendo poco).

Escribir es como nadar en una piscina. Estamos solos. Todo depende de nosotros. De nuestra fuerza, de nuestra resistencia por seguir adelante. No hay viento, no hay olas, no hay imprevistos. Nadie más nos obliga a llegar hasta el borde. Y una vez que llegamos, hay que volver a girar. Y así, una y otra vez. Brazada a brazada. O página a página.

Por eso creo que lo más importante para poder escribir es la resistencia. La capacidad de estar día tras día avanzando solos por un mismo carril. Con todas nuestras debilidades. Sin otro premio que el de la página terminada. Para pasar a la siguiente y volver a seguir. Como Sísifo…

Dirigir, en cambio, es como nadar en el mar. A veces vamos a favor de la corriente, otras en contra. A veces con sol, otras con lluvia. A veces, inclusive estamos a puntos de ahogarnos. Y de lo que se trata es de usar todo eso a nuestro favor para seguir adelante. Las horas de luz, el clima, el presupuesto, los imprevistos. Todos esos “accidentes” son la película.

Pero ya no es nuestra resistencia lo que nos mantiene a flote: porque afortunadamente ya no estamos solos. Y eso es algo mágico: de estar solo en casa escribiendo, pasas a estar rodeado de gente que lo da todo para que esa película que soñaste sea inclusive mejor de lo que pensabas. Esa es la sensación que tuve durante cada minuto de las tres semanas de rodaje en Madrid.

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Soledad y compañía

Disfruto mucho de la soledad de la escritura. De no salir a la calle hasta las 7 de la tarde. De no hablar con nadie en todo el día.

Pero los guionistas no somos escritores. Nuestro trabajo consiste crear en soledad un material que se va a transformar en algo nuevo gracias a la colaboración (comunión, en algunos casos) de un equipo de gente (Y podría insistir una vez más en la metáfora de Carriere de la oruga y la mariposa.) Vivimos siempre en ese equilibrio constante entre la soledad y la compañía. Entre el individuo y el grupo. Y por eso es fundamental esa conexión. Puede ser dirigiendo nuestros guiones, visitando los rodajes en los que los ruedan o simplemente compartiendo (discutiendo) nuestra escritura con otros amigos.

Acabo de terminar las tres semanas de rodaje en Madrid: la “ficción”. Al día siguiente  estuve en París: rodando un día. Al día siguiente salí para Argentina, dónde estoy ahora: para preparar tres semanas y rodar otras tres semanas más aquí: la “realidad”.

Y ya estoy sufriendo por el momento en que se termine.

Uno tiene la sensación de que podría seguir así eternamente. Rodeado por un equipo increíble. Por actores que hacen que eso que escribiste solo en tu casa tenga vida, emoción y un sentido. Por la adrenalina del tiempo que se nos viene encima. Por las nubes que tapan el sol en el momento justo y dan un brillo inolvidable a la sonrisa de la actriz. Por la magia del tiempo que queda atrapado en cada secuencia.

Pero después habrá que volver a la soledad. A escribir nuevamente.

Escribir y dirigir. Soledad y compañía: como Edward Norton en Fight Club.


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