PACKS DVD QUE ME COMPRARÍA… SI EXISTIESEN

8 julio, 2010

por Pianista en un Burdel.

Planet 51 - Calle 54 - Celda 211 - La caja 507

25 kilates - 27 horas - 28 días después

3 días - 3 días con la familia - Los 3 días del cóndor

Silencio Roto - Alas Rotas - Flores Rotas - Los Abrazos Rotos

Todo sobre mi madre - La madre muerta - El tesoro de Sierra Madre

Pelham 1, 2, 3 - Uno, dos tres - 1, 2, 3... Splash!

Pausa.

Éste parecía un post fácil. No hay que pensar gran cosa, no hay que preocuparse por la redacción, no hay que rehacer ningún párrafo…

Pero lo de buscar, copiar y ordenar las portadas es agotador. No tengo fuerzas para seguir photoshopeando. Tengo ganas de darle ya a “publicar”. Aunque ¿quién soy yo para quejarme de nada, cuando el Presidente de la Academia y último Premio Nacional de Cinematografía anda como puta por rastrojo y aguantando?

No, no puedo rendirme todavía. Puedo ahorrarme “La Flor de mi Secreto – Secretos del CorazónCorazón Salvaje”, o “Muerte entre las FloresFlores en el Ático – Las Flores del Corán”, e incluso “Corre, Lola, Corre – Lo que sé de LolaLolita“.

Me avergüenza sucumbir a la tarea de recopilar las portadas del megapack semana:

Los Lunes al Sol – Martes de Carnaval – El gran Miércoles – Los Jueves milagro – Viernes 13 – Fiebre del Sábado Noche – Un Domingo Cualquiera

Pero no puedo dejar sin carátula estos dos regalos:

Río Rojo - Colmillo Blanco - Azul Oscuro Casi Negro - Del Rosa al Amarillo

Canino - Casino - Camino

El de arriba es idea de thehardmenpath (¡Y sin tirar de Kieslowski!). El de abajo, del señor Vigalondo.

Están todos ustedes invitados a proponer más packs en la sección de comentarios. ¡Juntos podemos salvar la industria del DVD!

Aprovecho para anunciar que un servidor también hará parón vacacional. Quizá la semana que viene aún podré publicar algo nuevo, pero honestamente, de aquí a septiembre no garantizo que mis posts sean más frescos que un plato de pescado en lunes.

Disfruten del verano. Yo me despido con un pack, como comprenderán, inevitable:

La pianista - El piano - EL PIANISTA


¿QUÉ MOSTRAR, QUÉ CONTAR? (y II)

14 junio, 2010

Por Daniel Castro (Guionista en Chamberí)

Como recordaréis, el lunes pasado os contaba las razones por las que en un guión siempre se debe preferir mostrar algo a contarlo. No es lo mismo decir: Carlos es ludópata que verle perder seiscientos euros en una tarde jugando en la tragaperras. La primera opción te llega al intelecto, la segunda, además, te graba emocionalmente esa información, que, además viene “autentificada” por la experiencia directa del espectador (“No es que me hayan dicho que el tipo es ludópata, es que yo mismo le he visto perder 600 euros en la tragaperras sin levantar el culo del taburete”)

Es decir: “Muestra, no cuentes”. “Show, don’t tell” – en inglés.

Esta es la regla general. Sin embargo, no siempre puedes (o quieres) mostrar.

Cuando uno escribe un guión, hay un montón de información que quiere transmitir a sus espectadores. De hecho, fríamente observado, un guión no es más que una transmisión de información.

– Quieres que el espectador sepa que el niño alérgico está sufriendo un shock anafiláctico provocado por el malo de la película.

– Quieres que el espectador sepa que el inhalador del niño, el que le sirve para superar estas crisis, está vacío.

– Quieres que el espectador sepa que… era el último inhalador que les quedaba.

– Quieres que el espectador sepa que las farmacias del pueblo están cerradas el fin de semana

– Quieres que el espectador sepa que el padre de la familia hizo un cursillo de primeros auxilios hace mucho tiempo

– Quieres que el espectador sepa que el niño puede morir si el shock anafiláctico es grave.

– Quieres que el espectador sepa que han llamado al hospital, que ha prometido mandar una ambulancia

– Quieres que el espectador sepa que la ambulancia tardará como mínimo quince minutos en llegar desde el hospital.

– Quieres que el espectador sepa que la muerte puede llegar antes que la ambulancia.

– Quieres que el espectador sepa que el padre tiene una idea: tal vez alguien del hospital puede decirle por teléfono qué debe hacer. Tratará de usar sus oxidados conocimientos de primeros auxilios para salvar a su hijo.

Me acabo de inventar toda esta sucesión de informaciones (eso sí, muy basada en una terrorífica escena que vi el otro día en la peli “Firewall”).

Todos son datos importantes para la comprensión de la escena y para aportar la emoción que el guionista quiere provocar en el espectador.

La aplicación radical de la norma “Show don’t tell” nos obligaría a mostrar visualmente todas estas informaciones.

Veamos cómo podría ser:

– Niño sufre ataque. Plano detalle en el suelo del trozo de cacahuete en su bocadillo. Es la causa del ataque.

– Madre se alarma por el ataque. Reacciona. Saca el inhalador: trata de usarlo. Suena a vacío. Nada sale. El ataque del hijo se agrava.

– El hermano sube al piso de arriba. Busca en el mueble del aseo. Nada, no hay ni rastro de inhaladores de repuesto.

– Padre toma el coche. Rompiendo todas las normas de circulación, se desplaza hasta la farmacia del pueblo. Un cartel informa de que está cerrada. Farmacia de guardia más próxima: Arnedo, 32 kilómetros por la N II. Preocupación en la cara del padre.

– Padre regresa a casa. El hijo sigue sufriendo el ataque. Viéndole, tiene un rápido flashback. El padre, mucho más joven, asiste a unas clases de primeros auxilios. El flashback se desvanece, el padre duda viendo que…

– El niño sigue estremeciéndose. El hermano posa su cabeza sobre el pecho del pequeño. Su corazón parece dejar de latir de vez en cuando, como si perdiera un latido. Y respira cada vez con más dificultad.

– La madre, desesperada, llama por teléfono al hospital. Repite lo que le comunican: ¿la ambulancia tardará quince minutos? ¡Eso es demasiado!

– El padre toma el teléfono de las manos de su mujer. Pregunta si hay ahí un médico que pueda guiarle. Él hizo un curso de primeros auxilios hace tiempo. Cree que puede intentarlo. No puede dejar que su hijo muera esperando una ambulancia.

Como veis, casi toda la información se ha transmitido de forma no verbal (excepto en los últimos dos puntos en los que parecía demasiado forzado encontrar otras soluciones): hemos visto que no hay inhaladores, hemos visto que las farmacias están cerradas, hemos visto que el estado del niño es cada vez más grave, incluso hemos visto al padre recordar que, años atrás, asistió a un curso de primeros auxilios.

Sin embargo, ¿es ésta la mejor manera de contar esta situación?

¿Necesitamos realmente introducir un flashback en ese instante o basta con que el padre diga que hace años fue a ese cursillo? ¿Hace falta ver al padre yendo a la farmacia o basta con que la madre diga que a esas horas la única abierta es la de guardia, en Arnedo?

Hay casos en los que la aplicación radical del “Show don’t tell” es poco práctica e incluso poco natural. Aún a riesgo de perder algo de componente emocional muchas veces parece más lógico contar que mostrar.

Volvamos al principio de este eterno post:

Si Jorge Guerricaecheverría y Daniel Monzón hubieran querido que todos recordáramos el motivo por el que se suicidó el primer inquilino de la Celda 211 y cuál es su conexión con los hechos posteriores, hubieran podido contar algo parecido a esto:

– Al preso de la Celda 211 le diagnostican un grave tumor. El médico le comunica que debería ser trasladado de urgencia a un hospital. Lo tiene que autorizar el director de la prisión.

– Los compañeros de prisión se enteran del caso. Todos quieren mucho al preso. Deciden que hay que presionar para que el traslado se haga lo antes posible.

– Malamadre, trajeado y todo serio, va con unos cuantos presos a ver al director de la prisión para hacer petición formal de traslado al hospital.  El director se pone a la defensiva y, tal vez por la actitud de alguno de los presos, dice que el traslado al hospital del preso seguirá el trámite ordinario. Eso es casi una sentencia de muerte para el inquilino de la 211. La reunión ha concluido.

– Malamadre y los demás, muy irritados y decepcionados, comunican al preso de la 211 que no han tenido éxito, pero le piden que tenga ánimos. Seguro que aguanta y se cura. Tratan de consolarle.

– El preso, sabiendo que no va a poder curarse del tumor, se suicida. Los presos se enteran de la muerte. Motín.

Si llegamos a ver estas escenas previas, todos hubiéramos entendido la relación entre ese suicidio y el posterior motín. Y yo no hubiera hecho el ridículo diciendo que la primera secuencia no tenía relación alguna con la trama de la película.

Sin embargo, los guionistas decidieron que no era ésta la historia que querían contar (y, desde luego, creo que lo hicieron con muy buen criterio). La historia que ellos querían contar arrancaba verdaderamente con la llegada del nuevo funcionario de prisiones y su coincidencia con el motín.

Decidieron conservar la escena del suicidio y, después, contar verbalmente la historia de ese personaje y su incidencia en el motín. Evidentemente, esta fórmula resta importancia a todo ese “prólogo” y anula casi completamente el impacto que esa parte de la historia tiene en el espectador.

Mostrar es mejor, porque deja huella. Pero mostrar también es más caro (y suele requerir más tiempo) que contar. Por ejemplo: no es lo mismo mostrar a bandas rivales enfrentándose a tiros en la Gran Vía que mostrar a un tipo volviendo a casa con cara de susto y diciéndole a su madre: “Mamá, hoy no vayas al ambulatorio, que ahí fuera hay montada una muy gorda”).

Como el tiempo y el dinero son limitados, tenemos que elegir.¿En qué queremos gastarnos el dinero? ¿A qué queremos dedicar los folios?

En principio, yo diría que mostraremos lo que consideramos importante para nuestra historia y que, en cambio, contaremos aquello más accesorio (o aquello que no se beneficie especialmente de ser mostrado).

Pero… he ahí otro gran dilema: en nuestra historia, ¿qué es lo  importante y qué lo accesorio?

Parece una pregunta sencilla, pero suelen ser las preguntas sencillas las que tienen respuestas más complicadas. Muchas veces, escribir el guión es lo de menos. Lo difícil suele ser decidir cuál de los miles de guiones que podrías crear a partir de tu idea inicial es el que realmente quieres escribir.


GUIONISTAS, PROFESIÓN DE ‘FLIPAOS’

30 diciembre, 2009

Por Chico Santamano

Guionistas, profesión de flipaos

La semana pasada, el segundo guionista más atractivo de Bloguionistas y primero de su blog aconsejaba a un guionista joven e imaginario que no tratara según qué temas a la hora de abordar un guión cuya historia se desarrollara en España. Nos quitaba las ganas de escribir thrillers con finales sorpresa, loveactuallys a la española y cualquier cosa que se saliera de nuestras vivencias más cercanas en pos de la verdad, el realismo y el reconocimiento inmediato de la audiencia.

Los que ya me conocen, saben que no puedo estar menos de acuerdo con Guionista en Chamberí. Se ha hablado mucho sobre uno de los grandes males de nuestra profesión. ¿Los productores? ¿Los niños pijos en la industria? ¿La SGAE? Todo eso también, por supuesto. Pero me refiero a la AUTOCENSURA.

Amigo guionista joven e imaginario, ¿qué tal? Ahora te habla Chico Santamano y te ruega que no dejes nunca de ser un ‘flipao’ por ese miedo absurdo de “si esto aquí no se hace” o “en España es imposible que esto sea creíble”.

Por favor, no abandones ese guión sobre una nave espacial que recorre el espacio, o sobre esa estudiante que ha descubierto una red de snuff movies con su facultad como epicentro, o sobre un adolescente aficionado a los juegos de rol que vive entre el mundo real y el imaginario, o sobre esa madre que recibe una llamada de su hija dada por muerta hace años.

Tú podrías ser el nuevo Álex de la Iglesia, el recambio de Alejandro Amenábar, el suplente de Daniel Monzón o el tipo que jubile a Jaume Balagueró. ¿Por qué no?

[Un inciso. Si eres el nuevo Balagueró, por favor te lo pido… ni una sola película más en la que la motivación de los malos sea “encontrar la esencia absoluta del mal”.
GRACIAS por anticipado.]

Nuestro cine es perfectísimamente capaz de dar algo más que las historias intimistas con cocinas sin recoger de León de Aranoa y Bollaín. Lo ha demostrado en multitud de ocasiones. De hecho, nuestros directores más interesantes e internacionales son aquellos que han despuntado con historias propias o ajenas que van más allá de lo social.

La clave no está en esquivar esos temas, sino en tratarlos con nuestro lenguaje, con nuestras señas de identidad. Les digo por experiencia, que si se limitan a copiar formulas sin más, el resultado será tan patético como el de la foto que ilustra este post.

“Celda 211” ha conectado con el público porque los reos no pueden ser más ibéricos y porque no tenemos tiroteos a cámara lenta con travellings circulares a lo Michael Bay. Puede que “REC” no hubiera funcionado tan bien hace 15 años cuando esa cultura reporteril de “España Directo” no estaba tan asimilada en nuestro cerebelo. Guillermo del Toro contó en “El laberinto del Fauno” exactamente la misma historia que en “Las Crónicas de Narnia”. Huyendo de la guerra, una niña se refugia en un mundo de fantasía (del que podría ser princesa) donde conoce a un Fauno. El mismo punto de partida, pero él usó nuestros códigos, nuestro pasado más reconocible y la hizo nuestra, creíble y lo que es más importante POSIBLE.

Eso sí, no se crean que yo no voy a caer en la tentación de sentar cátedra y no les voy a aconsejar que no escriban sobre algo. Es más, no sólo les voy a aconsejar, es que se lo voy a prohibir. Pero eso será en el próximo post… el primero de la década que viene.

Feliz año a todos.


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