ANÁLISIS DE SOFTWARE DE GUIÓN: TURNGIVER

21 marzo, 2016

turngiver

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Por Juanjo Ramírez Mascaró.

Hoy me dispongo a analizar uno de los mejores softwares para escritura de guiones que conozco. Quizá el que mejor se adapta a las peculiaridades específicas de nuestro oficio:

TURNGIVER

Del inglés “turn” (vuelta) y “give” (dar), el nombre procede de esa frase tan recurrente en el ámbito guionístico: “Dale una vuelta”.

turngiver

Lamento que las capturas contengan caracteres ininteligibles. La versión de pago costaba diez eurazos, así que me he descargado la versión china, en plan pirata.

Una de las herramientas más útiles de Turngiver es la opción de:

Estimación en cervezas.

Funciona de la siguiente manera: Introduces una breve sinopsis de una trama o, en su defecto, el mail que te ha enviado el director contándote de qué va la peli para la que te quiere liar. Seleccionas el texto y haces click en “Estimación en cervezas.” El programa calcula cuántas cervezas vas a necesitar para terminar el primer borrador y eso te ayuda a decidir si te compensa o no embarcarte en el proceso de escritura.

La opción de “Estimación en cervezas” sirve también para saber si estás en situación de exigirle 200 ó 300 euros al director o si hablamos de un curro de los de 50 euros y una invitación a merendar.

Intercalador de acotaciones.

Otra de las innovaciones más interesantes de Turngiver. Cuando le escribes a un personaje un diálogo de más de cuatro líneas, el programa te distribuye el contenido de dicho diálogo en dos bocadillos o fragmentos de diálogo más pequeños, e introduce automáticamente entre ellos alguna acotación absurda e inútil para separarlos.

Suele tratarse de acotaciones vacías, como “HOMBRE2 le escucha atentamente” o “Se rasca la barbilla y continúa“.

De esta manera, los coordinadores y los actores no se asustan porque “escribes diálogos demasiado largos”.

La calidad de vida que proporciona esta herramienta es considerable. Te permite dialogar con una tranquilidad muy de agradecer. Es como cuando pasas de conducir un coche normal (cambiando las marchas a mano como un gilipollas) a llevar un vehículo automático.

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El menú de participios.

Se acabó eso de perder tiempo buscando la palabra más adecuada para describir la actitud de tu personaje. El “menú de participios” de Turngiver nos ahorra bastantes quebraderos de cabeza.

Imaginemos que empezamos a teclear la siguiente acción:

BOB la mira

Inmediatamente, se nos despliega una lista de palabras con las que completar la frase:

– airado
– afligido
– aterrado
– compungido
– conmovido
– dolido
– enloquecido
– indignado
– interesado
– intrigado
– mosqueado
– receloso
– sorprendido

Los algoritmos del programa están diseñados para que en el listado aparezca una combinación de los términos que a los más suele recurrir el usuario junto a otros similares pero totalmente nuevos. Eso nos invita a variar un poquito, confiendo más riqueza lingüística a esos textos que en realidad no va a leer nadie.

Existen también (por un módico precio) pluguins y extensiones adaptados a géneros cinematográficos concretos. Yo he estado probando el pluguin para cine de terror (porque es el único que he encontrado en descarga ilegal) y mientras lo tengo activado,cuando escribo algo como:

Andrea está

… el programa me ofrece un listado con propuestas como: atada, descuartizada, desmembrada, despedazada, ensangrentada, eviscerada, gangrenada, traumatizada, violada.

La opción de respuesta automática.

También conocida como “generador de excusas”.

Cuando te llega un mail de alguno de tus colegas invitándote a un microteatro, Turngiver responde automáticamente inventándose excusas para declinar la invitación.

Se trata de una herramienta interesante, aunque aún un poco verde. Necesita perfeccionarse para ser realmente efectiva. Se han dado casos de “dramaturgos” que envían un mail colectivo invitando a sus contactos a su nueva obra… que a los pocos minutos reciben simultáneamente, de manera automática, cinco mails distintos de cinco guionistas distintos poniendo la misma excusa y con las mismas palabras. En la mayoría de los casos el dramaturgo, a pesar de ello, no se da por aludido.

El tipo de excusa que confecciona Turngiver depende de los parámetros de configuración que introduzcamos. Cuando iniciamos sesión, el programa nos pregunta si estamos casados, si tenemos hijos, si nuestros padres y suegros están vivos… El software manejará esa información, de tal manera que el único personaje coherente que salga de él serás tú mismo.

En próximas actualizaciones pretenden poner de acuerdo el generador de excusas con el Facebook, para que el socorrido “Se ha muerto mi suegro” de Turngiver no se contradiga con el “Aquí de fiestuky con los colegas” de la red social.

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El retomador de contactos.

Otro de los hallazgos estrella de Turngiver. El programa está en constante comunicación con webs como Vertele o FormulaTV. De ese modo deduce que tu serie se va a la mierda varias semanas antes de que lo sepas tú.

Ahí es donde entra en juego el “retomador de contactos”. De manera automática, el software empieza a enviar mails a todos tus contactos del mundo del guión, dando prioridad a aquéllos que trabajan en las series y programas que funcionan bien en la parrilla. Se trata de mails tan desenfadados que no parecen escritos por una máquina, en los que “te” interesas por qué tal le va la vida a esos cabrones y les dices cosas como: “Hace siglos que no nos vemos. A ver cuándo quedamos para unas cañitas.

Gracias a esa labor de avanzadilla, Turngiver logra que semanas después, cuando – contra todo pronóstico – te quedas sin curro antes de lo previsto, ya lleves un tiempo en contacto con toda esa gente a la que tendrás que mendigar trabajo, y no parecerás un CRISHM (capullo rastrero interesado sabandija hipócrita de mierda)

No obstante, esta aplicación sólo será cien por cien efectiva cuando consigan coordinarla mejor con el generador de excusas. Hoy por hoy, los algoritmos se vuelven locos y hacen que a tu contacto laboral más jugoso le llegue un mail de “Hace siglos que no sé nada de ti” dos días después de haberle dicho que no puedes ir a su microteatro porque tu hijo está en urgencias.

El talentizador.

Por último, esta herramienta aún en fase de desarrollo. Se trata de un dispositivo cuya finalidad es que los guionistas españoles tengamos talento.

Como los creadores de Turngiver no han logrado aún que el “talentizador” funcione, lo suplen con un parche provisional: El generador de justificaciones.

Este generador se encarga de enviarnos cada día una posible explicación de por qué no estamos triunfando. Algunas de las más recurrentes son: “Si en vez de en España hubieses nacido en Estados Unidos estarías arrasando“, “En este país sólo triunfan los mediocres“, “Si te diesen a ti el presupuesto de la HBO también harías una obra maestra“, “Es que viviendo con tus padres o compartiendo piso no puedes concentrarte para crear nada decente“, “Está demostrado que la cerveza no engorda“.
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PROBAMOS FADE IN, UN NUEVO SOFTWARE DE GUION

31 agosto, 2015

Parecido a Final Draft, pero más barato y más compatible. Ese sería el titular.

Captura de pantalla 2015-08-31 a la(s) 08.36.26

Hace unas semanas, Carlos J. Marín nos hablaba de este software a través de Twitter. Hace tiempo que oí hablar de él en el podcast de John August y Craig Mazin, y me sonaba que estaba desarrollado por profesionales de la industria norteamericana. Pero me va bastante bien con Final Draft, así que no presté mucha atención. Además, reconozco que me echaba un poco para atrás su logo escrito en Trajan).

Sin embargo, cuando Carlos nos habló de que de Fade In importa y edita guiones escritos Final Draft y otros procesadores de texto, me empecé a interesar. Desde mi punto de vista, el único punto débil de Final Draft (aparte de costar doscientos eurazos) es su limitada compatibilidad con otros programas como Word o Celtx.

Un primer vistazo a la comparativa de Fade In versus Final Draft, Screewriter, Adobe Story y Celtx me acabó de convencer de que tenía que probarlo.

Así que hace un par de días descargué la versión de prueba para Mac. Es gratuita y no tiene límite de tiempo. Me gusta que al abrir el .dmg, en la primera ventana, aparezca la firma del desarrollador: Kent Tessman. Su firma aparece también visible en la web de Fade In. Bien.

La primera impresión a abrir el programa es agradable. Una ventana sencilla, bien organizada. Estoy haciendo este test en un MacBook Air de 11”. Con una pantalla tan pequeña, se agradece un interfaz que aproveche bien el espacio. La combinación estándar de colores (página blanca sobre fondo gris oscuro) resulta agradable a la vista, nada agresivo. Invita a concentrarse en la escritura.

Fade In Screenshots 01

En un primer vistazo rápido da la impresión de que cualquiera mínimamente versado en Final Draft se puede hacer con los controles de inmediato. El contenido de los menús desplegables se parece bastante.

Una cosa que me llama la atención rápidamente es la capacidad de cambiar la organización de las ventanas básicas en un sólo clic. Como puede verse en la siguiente captura de pantalla, la opción “Layout” permite colocar la página de redacción a ambos lados de la pantalla, o en posición superior, o inferior. También existe la opción de configurar una disposición de ventanas personalizada y dejarla memorizada.

Screenshots FadeIn 02

Pero lo que yo más destacaría es la capacidad de Fade In para importar documentos desde formatos como .fdx o .scriv. Para los que llevamos años alternando por obligación entre procesadores de texto mal avenidos como Word, Final Draft, Celtx o Scrivener, esto es un gran adelanto.

Muchas productoras españolas insisten en pedir los guiones en Word. Personalmente, me parece una aberración que en el fondo refleja la equivocada jerarquía de las productoras españolas, donde un auxiliar puede imponer, por su propia comodidad, qué software usar en departamentos clave. Pero el caso es que, si quieres escribir en esas productoras, es el sistema establecido.

Después te contratan para trabajar en cine y te piden el guión en Final Draft. Bien. Lógico. Luego escribes un guión con un colega que no tiene Final Draft, y para no acabar trabajando en Word, lo hacéis en Celtx, que es gratis (más o menos). Y para escribir una novela, lo mejor es sin duda Scrivener, con su eficiente sistema de carpetas internas y de captura de archivos y webs, que tanto favorece la organización de la documentación y la navegación entre capítulos. Por no hablar de la adorable función “Composition Mode”, que mantiene el cursor siempre en el centro de la pantalla, reproduciendo el funcionamiento de una vieja máquina de escribir, donde el papel se movía por ti, evitándole a tus ojos el tener que perseguir el cursor por la página. Esto puede parecer una fruslería… hasta que tienes que pasarte dos meses escribiendo durante diez horas diarias.

El problema es que si quieres saltar de un software a otro, porque una productora te pide en Word un guión que escribiste en Final Draft; o un traductor necesita en Word un guión que escribiste en Celtx; o un guión de cine que escribiste en Celtx entra en producción en una productora que usa Final Draft… Vas a tener todo tipo de problemas de formato. Tabulaciones que saltan, mayúsculas que desaparecen, vocales acentuadas que se convierten en una especie de emoji satánico…

En mi primera prueba con Fade In, importé el capítulo 4 de La Catedral del Mar (serie que he escrito con Rodolf Sirera y Antonio Onetti para A3 y que se rueda este otoño, toma plug) y el guión del largometraje 19 DE MARZO (que escribí con César Sabater y presentamos en el al PitchBox del Festival de Sitges, toma otro plug)… Y la conversión fue perfecta. El formato respetado línea por línea. Encabezamientos, diálogos, nombres de personajes… Todo en su sitio.

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Un aspecto que puede echar para atrás a algunos usuarios es que Fade In no tiene incorporado diccionario en castellano. Sin embargo, existe la posibilidad de instalarlo. Aquí las cosas se complican un poco. Lo que hace Fade In es invitar a los usuarios a instalar diccionarios “third-party”. En mi caso, descargué el es-ES-pack.zip de OpenOffice desde Red Iris. Lo que hay que hacer es

  1. Descomprimir el .zip inicial
  2. En la carpeta resultante, descomprimir el es_ES.zip
  3. Desde Fade In, con un documento ya abierto, ir a Document/Check Spelling. Ahí se abrirá una ventanita de corrección ortográfica como las de toda la vida. Lo que debemos hacer para instalar el diccionario en castellano es abrir el desplegable donde se seleccionan los idiomas (señalado con la flecha roja), y clicar en Install/Remove.

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En el cuadro de navegación que aparecerá, tendremos que ir adonde hayamos guardado el diccionario descargado, y elegir la subcarpeta “es_ES”. El archivo que queremos instalar se llama “es_ES.dic” y no tiene pérdida: es el único que el programa nos permitirá instalar.

Sólo he invertido una hora trasteando con el programa, así que no puedo dar muchos detalles ni asegurar que no tenga bugs ni cosas raras. Pero las primeras impresiones son muy positivas. La versión de prueba gratuita es completamente funcional. Los documentos de más de diez páginas verán aparecer cada poco un recordatorio de que el programa es de pago, y si se usa esta versión para imprimir un guión, aparecerá una marca de agua. Por lo demás, es el programa completo, con todas las opciones de la versión de pago de 50$.

Personalmente, tras esta primera prueba he quedado convencido de comprármelo. Y no sólo eso: si fuera un guionista que está empezando y tuviera que decantarme por un solo software de guión, ahora mismo elegiría Fade In sin dudarlo: formatea el guión de manera profesional, es totalmente compatible con otros procesadores, y tiene el mejor precio del mercado.

Sergio Barrejón.

Fade In no patrocina este artículo, ni mantiene relación comercial con Bloguionistas ni con el autor del post. 


CONSULTORIO: CÓMO ESCRIBIR CINE DENTRO DEL CINE. EL COÑAZO DE LOS FORMATOS.

2 marzo, 2015

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Por Juanjo Ramírez Mascaró.

El compañero Jorge nos ha enviado este mail al consultorio:

Hola, muy buenas.

Primero de todo felicitaros por el blog que sigo diariamente. Leeros ya se ha convertido en una rutina matinal. ¿Rutina o excusa para procrastinar?

Voy al grano.  Estoy escribiendo un guión donde ocurren varios rodajes de películas. En muchos momentos de la historia, vemos las imágenes de lo que graban a full frame. Es decir, es como si hay grupo de personas rodando una escena y más adelante, nosotros, espectadores, vemos el resultado final. O viceversa: vemos lo que parece un fragmento de peli de época y cuando termina, cortamos a la gente grabando ese último plano que vimos. Es la misma situación que ocurre en pelis como “Vivir rodando” (1995) o “Rebobine, por favor” (2008).

En guión me he estado haciendo un lío para que se pueda entender bien la diferencia entre lo que es imagen de video de lo que es “realidad”. ¿

Existe alguna forma estándar para plasmar de forma limpia esta situación?

Muchas gracias!

Hola Jorge, muchas gracias a ti por escribirnos.

Va a ser gracioso que te responda precisamente yo, porque odio los formatos. Me parecen un auténtico coñazo. No obstante, me temo que se trata de un coñazo necesario. El mundo del guión está plagado de “coñazos necesarios”. Coñazos como reescribir, ir al Registro de la Propiedad Intelectual, ver los Microteatros de tus compañeros o incluso, en ocasiones, trabajar en equipo.

Con respecto al coñazo de los formatos, te diré algo que quizá te sirva de consuelo:

A la hora de la verdad, no hay reglas sagradas.

En cada productora de televisión te obligan a usar una plantilla distinta, o al menos ésa ha sido mi experiencia hasta la fecha. En el caso del cine sí parece existir un frágil consenso que hemos heredado de las máquinas de escribir estadounidenses. Ya sabes: Courier 12, diálogos centraditos, alguna mancha de café en una esquinita del folio… Aunque si te saltas ese consenso tampoco te mueres. Yo he leído de primera mano guiones de profesionales consagrados que le dan patadas muy gordas al formato. Unas patadas maravillosas.

Mi filosofía de vida en estos casos consiste en delegar las responsabilidades en softwares como Celtx o FinalDraft. ¡Que se encarguen los ordenadores del trabajo aburrido! Quizá ése sea el primer paso para acabar sometidos a ellos, como en Matrix. Me parece un precio razonable. Acepto que las máquinas me dominen y me metan cables por todos los orificios del cuerpo si a cambio de ello me arreglan el formato de los guiones y me dejan escribir en paz. Y si ya de paso me redactan automáticamente la contestación a ese mensaje de ese colega que quiere saber qué me ha parecido su Notodo… eso ya sería la polla.

Disculpa que me demore con esta ida de olla, Jorge. Sólo intento crear un clima en el que podamos relajarnos un pelín. Perdámosle un poco el respeto a los formatos y dejemos de sobrevalorar “lo estándar”.

A veces “lo estándar” es muy útil, lo reconozco. Porque respetando estándares nos resulta más fácil hacernos pasar por mediocres, y la mediocridad nos puede abrir muchas puertas. Es como esa camiseta que triunfa porque es cómoda.

Tú no eres mediocre, y yo no soy mediocre, pero en realidad todos somos mediocres en mayor o menor medida. De un modo u otro creo que si alguien tiene razones para declararle la guerra a lo estándar, es precisamente la gente que realiza labores creativas. Me temo que esa gentuza somos nosotros. Es más: Cuando un productor tiene cien guiones en su mesa y todos son estándar, lo más probable es que acabe durmiéndose, igual que un conductor en una carretera demasiado recta.

Me acaban de pitar los oídos. Creo que es Jorge pensando muy fuerte: ¡Déjate de rollos y responde a mi puta pregunta! Está bien, Jorge. ¡Voy al grano, perdona!

Yo en casos como el tuyo, no busco tanto “lo estándar” como el “sentido común”. ¿Qué me dice, al menos a mí, el sentido común? Que el formato del guión debe estar al servicio de estos dos cometidos:

– Que otra persona lo pueda leer de manera fluida y entienda qué cojones le estamos contando.

– Que sea útil como herramienta, para los distintos equipos, en las distintas fases del proceso en que dicha herramienta va a ser necesaria (preproducción, rodaje, montaje…)

Habrá distintas maneras de afrontar cada problemilla, y en mi opinión todas ellas serán válidas en la medida en que cumplan las dos condiciones que acabo de citar. Si yo personalmente me viese en esa tesitura tuya, intentaría diferenciar visualmente las dos partes (la de los rodajes en la “vida real” y la de las pelis “ficticias” a full screen) No sé… Que cada una de esas realidades esté escrita con una tipografía distinta, o con distinto color (si te respalda una productora gorda que tenga pasta para imprimir en colorines, y sé de alguien que se va a arrancar los ojos al leer esto, y espero que lo grite en los comentarios) o… yo qué sé… si te sobra el tiempo puedes hacer que cada trozo de lo que debería verse “como peli” esté enmarcado con unos bordes que imiten los agujeritos de arrastre del celuloide. Imagínate al señor productor en su despacho, aburrido de leer guiones con un formato estándar. De pronto abre el tuyo y… “¡Coño, si éste tiene dibujitos!” Eso aportará su granito de arena para que el productor no se muera de aburrimiento. A veces también ayuda que el guión esté bien escrito.

Si – como yo – trabajas con Celtx supongo que no podrás hacer esa clase de pijadas y tendrás que conformarte con resaltar ciertos trozos en negrita para diferenciar una de las dos “realidades alternativas” de tu guión.

Yo pondría al principio un texto explicativo que, como su propio nombre indica, explique por qué el formato del guión consta de dos partes diferenciadas visualmente y en qué consiste cada una de ellas. Una vez dejamos eso bien clarito, podemos permitirnos el lujo de narrar de forma fluida y (muy importante) podremos llamar a cada personaje siempre con el mismo nombre, a pesar del plano de realidad en el que estemos, sin que ello induzca a confusión.

Cada vez que llamamos a un mismo personaje con dos nombres distintos Dios mata a un gatito y un ayudante de dirección tiene diálogos de besugos con una auxiliar de producción por nuestra puta culpa.

Espero haberte ayudado aunque sea un poco, aunque, como ya decía más arriba, ni mi propuesta es la única válida, ni es necesariamente la más apropiada, ni soy yo la persona más legitimada para hablar de formatos. Por eso mi intención es que este post no termine aquí, sino que prosiga en los comentarios con propuestas de otra gente: maneras alternativas de abordar el problema, trucos para cambiar tipografías o colores en Celtx o FinalDraft, debates sobre si hay que ser de DAMA o SGAE, o sobre si los guionistas de ficción son mejores o peores que los de entretenimiento…

Muchísima suerte con tu guión, Jorge. Y sobre todo muchísimo curro, muchísimo disfrute y muchísimo ánimo.


CINCO RAZONES PARA USAR FINAL DRAFT

5 junio, 2014

por Sergio Barrejón

Después de casi 10 años trabajando ininterrumpidamente como guionista de televisión en España, por fin he entrado en una serie en que los guiones se escriben en Final Draft. Hasta ahora, en productoras tan grandes como Globomedia, Zeppelin o Diagonal TV siempre había tenido que escribir mis guiones con el maldito Word.

A lo largo de estos años, he intentado (en vano) convencer a colegas y jefes, tanto de guión como de producción, de las ventajas de usar un software específico de guión. Se me ha ocurrido que podría publicar algunas de esas razones, a ver si ayuda a más productoras de televisión a abandonar de una vez el maldito Word.

Vamos allá con mis 5 razones para usar Final Draft:

1. Estadísticas. Final Draft permite a autores y productores destripar los guiones de manera analítica. El número de intervenciones que tiene cada personaje y con qué otro personaje interactúa más, la cantidad de diálogo vs la cantidad de acción de cada texto, y otros muchos datos se obtienen inmediatamente, con un par de clicks, dentro de la sección “Reports”.

macreports OLEOK

2. Navegador, fichas y búsquedas selectivas. Final Draft te permite desplazarte por tu guión de una manera rápida e intuitiva. Por un lado, te ofrece la posibilidad de abrir una ventana flotante para navegar por los encabezamientos de escena, de manera que no tengas que hacer infinitos scrolls cada vez que tienes que buscar una escena en la otra punta del guión. También te permite visualizar el guión en una cuadrícula de fichas, donde cada ficha corresponde a una escena. Además, si tienes que buscar y reemplazar texto, puedes hacerlo por categorías. Es decir, puedes buscar determinada palabra sólo en los diálogos, o sólo en los encabezamientos, o sólo en las acciones, etc.

Captura de pantalla 2014-06-05 a la(s) 00.19.05

3. Compatibilidad. Algo que echa para atrás a muchos es la sospecha de que será imposible editar guiones escritos con otros programas. Puedes importar a Final Draft cualquier documento de texto guardado en .txt o .rtf, por ejemplo. Hay varias webs donde explican cómo convertir paso a paso de Word a Final Draft, así que no entraré en detalles. Pero se puede, y sólo implica una hora escasa de revisar posibles saltos de formato derivados de tabulaciones raras y otras molestias que implica usar el maldito Word. En cuanto al idioma, la web oficial de Final Draft ya tiene páginas en castellano, y el programa se puede configurar con un corrector ortográfico en castellano, sin coste adicional.

4. Aplicaciones para iPad y iPhone. Final Draft tiene sus propias aplicaciones en dispositivos móviles OS. En iPhone sólo existe un lector que permite abrir guiones en el formato original de Final Draft. Pero para iPad hay una versión mucho más completa, que permite editar guiones en Final Draft directamente en el iPad, con las mismas opciones que el programa de escritorio, y sin alterar el formato lo más mínimo.

5. Exportación para trabajo de Producción. Final Draft, permite exportar los guiones en formatos compatibles con Movie Magic, el software que usan la gran mayoría de productoras para elaborar presupuestos y planes de rodaje. Con apenas media docena de clicks, un ayudante de dirección o de producción puede importar encabezamientos de escenas y nombres de personajes de manera automatizada. Movie Magic reconocerá los INT. y los EXT. así como los días y noches, y permitirá al ayudante tener listo un primer borrador de plan de rodaje en muchísimo menos tiempo que si le pasamos el guión escrito en el maldito Word.

Podría haber un sexto motivo, del tipo “parecerás un profesional”. Pero Final Draft no es ni mucho menos el único software que reproduce el formato de-toda-la-vida-página-minuto-Hollywood-edad-de-oro-Underwood. Existen también Screenwriter (de pago), Celtx (gratuito) y otros muchos que lo hacen, y también aplicaciones para iPad bastante más baratas que Final Draft.

Mi preferencia por Final Draft tiene que ver con que es el software más usado por los profesionales del mundo anglosajón (también es el más caro con diferencia),  y supongo que por una cuestión de gustos. He escrito guiones en Celtx y me ha ido bien. Pero no creo que se pueda comparar. Ni por usabilidad, ni por capacidades.

En cualquier caso, conviene aclarar que ni Bloguionistas ni yo percibimos remuneración alguna ni ningún tipo de favor por la publicación de este post. Esto no es publicidad, sólo opinión. Espero que os haya sido de alguna ayuda.


FLASHBACK: LA COMEDIA ES EL TRUCO

2 octubre, 2011

Por Guillermo Zapata

Afronto desde hace semanas la escritura de una comedia. La afronto, porque de alguna manera tengo que llamar a eso que hago de abrir el Celtx, releer lo escrito y huir a escribir algo dramático y llorón. A raíz de mi cobarde y patética actitud he empezado a darle vueltas a ese tópico (cierto) de que escribir comedia es lo más difícil del mundo.

Vamos a dejar de lado las consideraciones socio-históricas y los contextos culturales (que por otro lado, tanta importancia tienen para escribir una comedia) y vayamos a la mera técnica. A enfrentarse al trabajo concreto. ¿Por qué es más difícil escribir comedia que escribir drama?

Lo primero que se me ocurre es que la comedia, como casi todo lo que tiene que ver con el goce, no está tan estudiado como el drama. Digamos que el drama se considera “lo normal”, así que los manuales de guión hablan de como hacer eso que es normal y luego, una subsección de ellos, habla de las comedias. O sea, que hay menos escrito, menos talleres (aunque ahora va habiendo más) De entre lo escrito, mi favorito es y será siempre el maestro Vorhaus y su nunca-suficientemente-bien-valorada-teoría de “Dolor+ Verdad”.

El segundo motivo es que, al estar menos teorizada que el drama, se ha entendido que es algo natural, que no necesita preparación y que, si tienes suerte y talento, “sale sola”.

Creo que ésto se debe a que confundimos “ser ingenioso” con “hacer reír”. Me explico, el ingenio es una cualidad que tienen algunas personas y que se desarrolla en contextos sociales. Los grandes bromistas, insultadores y bocazas lo son en relación al resto. Esto muy poco (o nada) tiene que ver con sentarte a solas delante de un teclado o un cuaderno y escribir algo que, a posteriori, tendrá gracia.

De hecho, mucha gente es capaz de ser ingeniosa “en diferido” (O sea, escribir personajes ingeniosos) y eso no quiere decir que sean grandes comediantes. Aaron Sorkin escribe diálogos llenos de ingenio y no por eso es capaz de hacerte reír (Si hay alguien que se haya reído viendo El Ala Oeste de la Casa Blanca o Studio 60- especialmente Studio 60, que debería hacer reír- que levante la mano)

La clave es, creo, que el ingenio suele aplicarse a los diálogos. Y los diálogos no son la comedia. Puede que haya grandes comedias que apoyan parte de su humor en los diálogos, pero no es lo fundamental.

Lo que sí es necesario es la violencia. Sin violencia (Sin dolor, que diría Vorhaus) No hay comedia. La violencia viene de la situación, de la estructura. Escribir comedia es construir situaciones de comedia. Personajes de comedia también, si. Pero sobre todo, situaciones de comedia. ¿Y que es una situación de comedia?

Se me ocurre que una buena definición podría ser: “Una situación de comedia es una situación dramática intervenida, variada”. Esas situaciones se dan en la vida real (pocas veces) o se pueden inventar (la mayoría)

Mi “situación de comedia real” favorita me sucedió hace años. Fuí a casa de mi ex-novia al poco de terminar nuestra relación para coger algo de ropa. Llegué y ella estaba en el salón. La conversación que tuvimos fue fría y dolorosa. Yo quería salir de allí cuanto antes así que fui a por una bolsa de plástico a la cocina (En mis nervios generalizados no había cogido nada para llevarme la ropa) y agarré la primera bolsa que encontré. Empecé a meter ropa en ella y descubrí que era una bolsa de CDs de la Fnac. Una bolsa enana, en la que apenas cabían un par de calzoncillos y unos calcetines. Avergonzado, preferí escabullirme que afrontar la petición de una segunda bolsa.  Dije adiós y me fuí a la calle. Sentado en un banco, con mis calzoncillos rebosando la bolsa y echo polvo por lo sucedido tuve tiempo de pensar “Yo aquí sentado con los calcetines en esta puta bolsa es algo que tiene bastante gracia”.

Si cogemos esta situación y le quitamos los elementos cómicos (o hipotéticamente cómicos) se vuelve una situación dramática. Lo que define su comicidad son los elementos que la “varían” de una situación dramática normal.

Si esta historia no fuera completamente real yo habría tenido que inventarla (o algo diferente que tuviera gracia) colocándole a la situación dramática los elementos necesarios para que tuviera gracia.

Es decir, que el drama es contar las cosas tal y como las vemos y la comedia es intervenir en esas cosas hasta conseguir un efecto.

El drama aparece (y probablemente sea) algo mucho más sencillo de escribir porque se trata de contar algo tal cúal es. En la comedia no funciona así (Como probablemente no suceda así en el terror y, en general, en cualquier género que implique una intervención en una situación para conseguir un efecto concreto. En la comedia eres consciente de que estás haciendo una especie de trampas buscando que suceda algo. Creo que ese efecto de artificialidad es lo que le da su complicación. Porque cuando la comedia aparece en la pantalla no puede aparecer como artificial, tiene que ser tan normal como todo lo demás, pero encima hacer gracia.

Evidentemente, se puede hacer drama artificial, pero simplemente es un drama malo. Y se puede hacer comedia artificial, eso es una mala comedia. Pero yo no hablo de los resultados. Hablo del proceso.

Y en el proceso, sentado uno solo pensando en “hacer gracia”, esos trucos para hacer reír suenan más sucios, más falsos y más grotescos, que cualquier situación autocomplaciente, sobada y llorica de cualquier drama.

(Publicado originalmente en Bloguionistas el 21 de enero de 2011)


FLASHBACK: OBSESIÓN

14 agosto, 2011

por Pianista en un Burdel.

Hace tiempo publiqué dos posts raros en mí: sensatos, lúcidos y con tesis. Probablemente los dos únicos artículos de los que me siento orgulloso.

Me lo paso bien soltando diatribas contra productores poderosos, ganándome el odio de ciertos compañeros del Sindicato, y publicando gilipolladitas supuestamente ocurrentes. Pero artículos como PLANTILLA DE GUIÓN PARA OPENOFFICE y MANIFIESTO POR UN FORMATO COMÚN son algo más que entretenimiento para frikis del guión. Creo honestamente que tratan un tema importante y proponen cosas útiles.

Naturalmente, nadie les ha hecho ni puto caso en la industria. Pero eso, dada la tesitura actual del negocio audiovisual español, no hace más que reafirmar mi convicción de que he dado en el clavo. Si recibiese aplausos de la gente que manda en la industria, me preocuparía y mucho.

Lo que venía a decir en MANIFIESTO POR UN FORMATO COMÚN es que más nos valdría a todos adoptar un formato común para los guiones audivosuales y renunciar a costosas y arbitrarias plantillas de su padre y de su madre, y cuya continuidad sólo se justifica por la fuerza de la costumbre y el arraigado yoesquismo ibérico. Verbigracia: “ya sé que es una mierda, pero yo es que estoy acostumbrado”. Más o menos el mismo argumento por el que, en el siglo XXI, en un país de la Unión Europea, aún se toleran cosas como el toro embolado.

En PLANTILLA DE GUIÓN PARA OPENOFFICE proponía que abrazar el software libre y gratuito, en vez de plegarnos a la absurda tiranía del Microsoft Word: un programa caro, complejo, de tamaño monstruoso y carente de ergonomía, que una vez más, sólo reina en el mundo audiovisual porque nadie con un mínimo poder de decisión se ha sentado a pensar cómo optimizar el sector de guión. No creo que nadie sea capaz de discutir que es mejor un software específico, multiplataforma, gratuito y accesible desde Internet que un macroprocesador que cuesta cientos de euros, que presenta todo tipo de problemas de compatibilidad, y que lo único que ofrece a cambio son miles de funcionalidades que no se necesitan en absoluto para un guión.

Que OpenOffice y Celtx son mejores que Word para escribir guiones es tan evidente como que las sitcom y las telenovelas diarias deberían durar 25 minutos por capítulo. Pero ya saben que hay personas que no están dispuestas a permitir que una evidencia distorsione sus queridos prejuicios. Esas personas se llaman MANDAMASES, y no hay nada que más les joda que una buena idea que no haya salido de su propia cabeza.

Como me dijo un jefe una vez: “no vuelvas a llevarme la contraria, y mucho menos si tienes razón“.

El caso es que recientemente ha aparecido un comentario de una lectora habitual de Bloguionistas en uno de estos posts, que dice lo siguiente:

Trabajé bastante tiempo con open office, pero después de dos años de problemas continuados por parte de los destinatarios de mi trabajo, trminé por poner una copía pirata de Office.

[…]

Aunque soy una firme defensora del software libre (muy acertado lo que comenta al respecto) creo que mientras no se solucionen las compatibilidades con otros programas es dificil pensar en su generalización.

Cristina, tiene usted toda la razón. Con un matiz: los problemas de compatibilidad no los tiene OpenOffice con Word, sino Word con el resto del mundo. Y sobre todo, los verdaderos problemas de compatibilidad los tienen los mandamases con el mundo real, con el pensamiento lógico.

Usemos un ejemplo práctico. Pongamos que yo escribo en Celtx el guión de un largometraje (como ya han hecho, recordemos, Borja Cobeaga y Diego San José con No Controles o Nacho Vigalondo con Extraterrestre, entre otros), y lo envío en PDF, que es como se envían los documentos serios en el mundo real.

Hagamos un inciso: ¿por qué se popularizó, precisamente, el formato PDF para enviar los documentos serios en el mundo real? Porque es un formato legible desde un software gratuito y multiplataforma, como es Adobe Reader. Es decir, porque cualquiera, aunque no sea orgulloso poseedor de un Word pagado, o miserable poseedor de un Word pirateado, puede leerlo en su formato original, descargándose gratuitamente el Adobe Reader. En otras palabras: por su gran versatilidad. Fin del inciso.

He enviado mi guión en PDF y lo he vendido a una productora. Hacemos un par de reescrituras y el guión entra en preproducción. Un ayudante de producción o de dirección me pide el guión en un formato editable para, pongamos por caso, numerar las escenas. Le paso en guión en su formato original, .celtx. Y ¿qué ocurre? Saltan las alarmas:

¡NO SE ME ABRE EN WORD!

¿Saben lo que ocurrirá a continuación? En la oficina de producción habrá denodados intentos por copiar y pegar el documento .celtx en Word. Viendo que el formato se va al carajo y los acentos se convierten en locos grupos de caracteres con aspecto de blasfemia de tebeo de Ibáñez (#$%*!!), intentarán abrir el PDF en Word. El resultado será igual de frustrante. Entonces, algún pobre asistente se comerá el marrón, y perderá valiosas horas de trabajo intentando reformatearlo. Cuando se vea que es una tarea inhumana, algún ayudante llamará al productor para quejarse, y el productor llamará al guionista para exigirle el guión en formato Word.

¿Saben cómo se denomina esto en psicología? OBSESIÓN.

Eso es lo que hay en la industria con respecto a Word. Una verdadera obsesión. Porque sólo desde la sinrazón se explica esa incapacidad para buscar caminos alternativos. Tan simples como pensar ¿qué formato es éste? ¿.celtx? VOY A BUSCARLO EN GOOGLE. Que en el siglo XXI, en un país de la Unión Europea, un profesional del cine sea incapaz de superar un mínimo problema técnico cuya solución se encuentra a un maldito click… sencillamente no es lógico.

Celtx, y para el caso OpenOffice, no tienen problemas de compatibilidad con Word. Sencillamente, no es su objetivo ni su responsabilidad ser compatibles con Word. ¿Desde cuándo lo que es gratis y accesible tiene que competir con lo que es caro y difícil de obtener? ¡Que Word se busque la vida para abrir documentos .celtx! ¡Que las oficinas de producción abran los ojos y se instalen Celtx y OpenOffice en sus ordenadores!

A nadie en su sano juicio se le ocurriría exigir una partitura musical o unos planos de rodaje en formato Word. Dejen de pedir los guiones en formato Word. Existe software específico y gratuito para escribir guiones. Existe otro procesador de textos tan completo como Word, gratuito, compatible con todos los sistemas, y descargable desde Internet.

Señores mandamases, queridos productores, amigos ayudantes y asistentes: solucionad vuestros problemas de compatibilidad con la vida real, por favor. Haced sitio en vuestros discos duros para Celtx y OpenOffice. Y sobre todo, haced sitio en vuestros cerebros para lo que viene siendo LA LÓGICA.

(Publicado originalmente en Bloguionistas el 15 de julio de 2010)


LA COMEDIA ES EL TRUCO

21 enero, 2011

Por Guillermo Zapata

Afronto desde hace semanas la escritura de una comedia. La afronto, porque de alguna manera tengo que llamar a eso que hago de abrir el Celtx, releer lo escrito y huir a escribir algo dramático y llorón. A raíz de mi cobarde y patética actitud he empezado a darle vueltas a ese tópico (cierto) de que escribir comedia es lo más difícil del mundo.

Vamos a dejar de lado las consideraciones socio-históricas y los contextos culturales (que por otro lado, tanta importancia tienen para escribir una comedia) y vayamos a la mera técnica. A enfrentarse al trabajo concreto. ¿Por qué es más difícil escribir comedia que escribir drama?

Lo primero que se me ocurre es que la comedia, como casi todo lo que tiene que ver con el goce, no está tan estudiado como el drama. Digamos que el drama se considera “lo normal”, así que los manuales de guión hablan de como hacer eso que es normal y luego, una subsección de ellos, habla de las comedias. O sea, que hay menos escrito, menos talleres (aunque ahora va habiendo más) De entre lo escrito, mi favorito es y será siempre el maestro Vorhaus y su nunca-suficientemente-bien-valorada-teoría de “Dolor+ Verdad”.

El segundo motivo es que, al estar menos teorizada que el drama, se ha entendido que es algo natural, que no necesita preparación y que, si tienes suerte y talento, “sale sola”.

Creo que ésto se debe a que confundimos “ser ingenioso” con “hacer reír”. Me explico, el ingenio es una cualidad que tienen algunas personas y que se desarrolla en contextos sociales. Los grandes bromistas, insultadores y bocazas lo son en relación al resto. Esto muy poco (o nada) tiene que ver con sentarte a solas delante de un teclado o un cuaderno y escribir algo que, a posteriori, tendrá gracia.

De hecho, mucha gente es capaz de ser ingeniosa “en diferido” (O sea, escribir personajes ingeniosos) y eso no quiere decir que sean grandes comediantes. Aaron Sorkin escribe diálogos llenos de ingenio y no por eso es capaz de hacerte reír (Si hay alguien que se haya reído viendo El Ala Oeste de la Casa Blanca o Studio 60- especialmente Studio 60, que debería hacer reír- que levante la mano)

La clave es, creo, que el ingenio suele aplicarse a los diálogos. Y los diálogos no son la comedia. Puede que haya grandes comedias que apoyan parte de su humor en los diálogos, pero no es lo fundamental.

Lo que sí es necesario es la violencia. Sin violencia (Sin dolor, que diría Vorhaus) No hay comedia. La violencia viene de la situación, de la estructura. Escribir comedia es construir situaciones de comedia. Personajes de comedia también, si. Pero sobre todo, situaciones de comedia. ¿Y que es una situación de comedia?

Se me ocurre que una buena definición podría ser: “Una situación de comedia es una situación dramática intervenida, variada”. Esas situaciones se dan en la vida real (pocas veces) o se pueden inventar (la mayoría)

Mi “situación de comedia real” favorita me sucedió hace años. Fuí a casa de mi ex-novia al poco de terminar nuestra relación para coger algo de ropa. Llegué y ella estaba en el salón. La conversación que tuvimos fue fría y dolorosa. Yo quería salir de allí cuanto antes así que fui a por una bolsa de plástico a la cocina (En mis nervios generalizados no había cogido nada para llevarme la ropa) y agarré la primera bolsa que encontré. Empecé a meter ropa en ella y descubrí que era una bolsa de CDs de la Fnac. Una bolsa enana, en la que apenas cabían un par de calzoncillos y unos calcetines. Avergonzado, preferí escabullirme que afrontar la petición de una segunda bolsa.  Dije adiós y me fuí a la calle. Sentado en un banco, con mis calzoncillos rebosando la bolsa y echo polvo por lo sucedido tuve tiempo de pensar “Yo aquí sentado con los calcetines en esta puta bolsa es algo que tiene bastante gracia”.

Si cogemos esta situación y le quitamos los elementos cómicos (o hipotéticamente cómicos) se vuelve una situación dramática. Lo que define su comicidad son los elementos que la “varían” de una situación dramática normal.

Si esta historia no fuera completamente real yo habría tenido que inventarla (o algo diferente que tuviera gracia) colocándole a la situación dramática los elementos necesarios para que tuviera gracia.

Es decir, que el drama es contar las cosas tal y como las vemos y la comedia es intervenir en esas cosas hasta conseguir un efecto.

El drama aparece (y probablemente sea) algo mucho más sencillo de escribir porque se trata de contar algo tal cúal es. En la comedia no funciona así (Como probablemente no suceda así en el terror y, en general, en cualquier género que implique una intervención en una situación para conseguir un efecto concreto. En la comedia eres consciente de que estás haciendo una especie de trampas buscando que suceda algo. Creo que ese efecto de artificialidad es lo que le da su complicación. Porque cuando la comedia aparece en la pantalla no puede aparecer como artificial, tiene que ser tan normal como todo lo demás, pero encima hacer gracia.

Evidentemente, se puede hacer drama artificial, pero simplemente es un drama malo. Y se puede hacer comedia artificial, eso es una mala comedia. Pero yo no hablo de los resultados. Hablo del proceso.

Y en el proceso, sentado uno solo pensando en “hacer gracia”, esos trucos para hacer reír suenan más sucios, más falsos y más grotescos, que cualquier situación autocomplaciente, sobada y llorica de cualquier drama.


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