LA ESCRITURA SEGÚN VINCE GILLIGAN: LA QUÍMICA DEL CAMBIO

4 octubre, 2018

por Pedro de Mercader.

La semana pasada, Vince Gilligan acudió a Barcelona invitado por el Serielizados Fest y ofreció una masterclass en la facultad de Blanquerna moderada por Nacho Vigalondo y mantuvo un diálogo con el periodista Toni García Ramón. Después, Gilligan acudió a Madrid para conversar con la guionista Teresa de Rosendo, en un acto organizado por el sindicato ALMA. Bloguionistas tuvo el privilegio de poder acudir a ambas convocatorias. El domingo ya tuiteamos en directo la charla de Madrid, y hoy os traemos una crónica más detallada de lo que fue el paso por España del creador de Breaking Bad y Better Call Saul.

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Vince Gilligan durante la charla organizada por ALMA en Madrid. Fotografía de Natxo López.

Si algo me sorprendió de la figura de Vince Gilligan es su humildad y cercanía. Parece que ni él mismo sea consciente de las cotas que ha alcanzado. Asume el éxito con la mayor naturalidad. El autocontrol sobre su propio ego es insólito. Trata a sus compañeros con absoluto respeto. Es alguien de quien se puede aprender tanto en lo profesional como en lo personal.

Fue un constante goteo de información interesante. Aunque se puede poner un pero: tal vez no haya alcanzado la profundidad que me hubiese gustado. Pero es comprensible puesto que es un evento con vocación de llegar a todo tipo de público.

Gilligan comenzó la charla desgranando su trabajo en Expediente X. Se define a sí mismo como un fan que ha tenido la suerte de trabajar en la serie. Esta etapa duró 7 años. Fue su mayor escuela de guion. El nivel era muy exigente. “No hay nada en Breaking Bad que no hiciéramos antes de un modo u otro en Expediente X”. Trabajó de forma muy rápida ahí porque era una serie para una network. Eso trae consigo restricciones creativas y temporales.

Recuerda con especial cariño la temporada de 2001. Le encantó trabajar en el spin-off titulado Los Pistoleros Solitarios. A pesar de la prematura cancelación, es un trabajo del que se siente muy satisfecho. No sabe como sobrevivió ese año: no se desvinculó de Expediente X escribió 26 episodios (13 para la serie madre, y otros 13 para el spin-off).

Las circunstancias del formato episódico de Expediente X no les permitían construir muchas tramas horizontales. Gilligan se quedó con la idea de que no podía lidiar con las consecuencias de los actos de los personajes. Eso es algo que le causó cierto resquemor, algo en lo que quería profundizar. Gilligan recordó un episodio que escribió él mismo. Mulder tiene que matar a unas personas en su residencia. Al siguiente episodio el personaje está como si no hubiese sucedido nada. Eso no es orgánico. Si un personaje mata a otro, debe quedar destrozado moralmente. Es algo que no se puede negar si se quiere autenticidad.

Gilligan cree que vivimos en una edad de oro para la televisión. Si le das a elegir entre los dos medios, el showrunner escoge la televisión porque le permite hacer un estudio de personaje más prolongado. La única distinción respecto al cine es la duración. Eso se debe a la proliferación de las plataformas de VOD y los cambios de consumo. Esto ha permitido cambiar las clásicas estructuras argumentales de la televisión. Ya no hay por qué tener en cuenta la publicidad. Aún así, ellos siguen manteniendo el teaser y la estructura de cuatro actos en Breaking Bad y en Better Call Saul.

El grueso de la charla versó sobre su trabajo en Breaking Bad. Dentro de su writers room, Gilligan simplemente supervisa y ayuda a construir las historias. Las tramas las construyen entre todos los guionistas. El objetivo es llegar al punto en el que cualquier guionista podría escribir cualquier episodio. Es un equipo formado por seis o siete guionistas trabajando diez horas al día. Su mantra es “¿Qué quiere nuestro personaje en este momento?” Es una respuesta tediosa y muy complicada de responder. Pero invierten todo el tiempo que sea necesario hasta dar con la respuesta. Es un trabajo que requiere paciencia. Nunca hay que darse por satisfecho y lo último que quiere escuchar mientras buscan la respuesta es “esto ya es lo suficientemente bueno”. Emplean una pizarra entera y llena de notas por episodio. Tardan dos o tres semanas de trabajo intensivo en diseñar un episodio.

Previno respecto a las subtramas. No estaban acostumbrados a hacerlas en Expediente X. Comenzaron a probar en Breaking Bad. Construyeron una serie de subtramas. Se alejaban demasiado de la historia principal. Eran historias que no tenían nada que ver con Walter. El protagonista ni siquiera intervenía. No tenían mucho sentido, porque la historia de Breaking Bad se explica desde el punto de vista de Walter. En vez de sumar, lo que hacían las subtramas era que la serie fuera menos precisa. Eliminaron muchas al principio. Con el desarrollo de la serie perfilaron esta cuestión. Se hicieron más receptivos al respecto.

Gilligan se ve como alguien afortunado. Las productoras y cadenas quieren más inmediatez. Pero deben comprender que todo el tiempo y el dinero que inviertan dejando espacio a los guionistas, es dinero que luego se ahorrarán de lanzar un producto que tal vez no sea lo suficientemente bueno. Aplaude a Sony el hecho de que aceptaran que quisiera acabar la serie en el momento en el que comenzaban a rentabilizarla.

A su equipo de guionistas no le tiembla el pulso a la hora de meterse en terreno de dirección. Escriben descripciones de las escenas muy extensas. En ocasiones han podido llegar a las 14 páginas de descripción. Eso sienta mal a algunos directores. Entienden que se están metiendo en su terreno. Otros lo aceptan sin ninguna queja y aportan todo lo que pueden aportar.

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Gilligan habló de sus principales trabajos como guionista durante la charla. Fotografía de Natxo López.

No tuvieron miedo a la hora de tomar decisiones arriesgadas. Gilligan puso como ejemplos el episodio en el que Walter intenta recuperar la normalidad en su vida y La Mosca. Tremendamente complejos de escribir porque no tenían ningún esquema ni referente. Moira Walley-Beckett, la guionista de ambos episodios, estaba aterrorizada. Entre todos lograron afrontarlo.

Respecto al final, en un principio buscaron a toda costa la sorpresa. Pero llegaron a la conclusión de que era un error. Es más importante encontrar un final orgánico para la serie. Por ejemplo, en un principio se deleitaron matando a todos los personajes menos a Walter White. Pensaba que era un final irónico para una serie que empezaba con Walter anunciando que tenía un cáncer fatal. Pero después se dieron cuenta de que no estarían satisfechos ni ellos ni el público con ese cierre.

“No puedes ser rígido como guionista” es una idea en la que Gilligan hizo mucho hincapié. Es bueno tener un destino, pero hay que ser capaz de desviarse a carreteras secundarias. Encontrarás mejores vistas de las que te hubieses imaginado jamás. Y te las habrías perdido si te hubieses empecinado a seguir el plan inicial.

Eso es aplicable a los personajes. Su guía es hacer lo que los personajes quieren en todo momento. Es fundamental que todo en la serie sea orgánico y realista. Eso se consigue haciendo que los personajes tomen las riendas de la narrativa. Para ello hay que definirlos lo máximo posible. Dotarles de vida propia e identificarnos con ellos. Explica dos anécdotas personales para ejemplificarlo: él mismo sentía paranoia de que le fueran a pegar un tiro cada vez que un coche lo adelantaba. Creía estar en peligro en todo momento cuando escribía a Walter White. Escuchaba a Mulder y Scully discutir en su cabeza todas y cada una de las noches. Hay que sumar las experiencias personales que podamos proporcionar. Eso es lo que convierte a los personajes en seres humanos creíbles con los que el público se puede identificar. Las tramas se deben amoldar a los personajes.

En lugar de mirar hacia donde querían ir, miraban constantemente para atrás. Tomaban las decisiones en base a eso. Volviendo a ver los capítulos anteriores, mirando lo que ellos mismos habían construido, encontraban muchos indicativos de hacia dónde conducir la trama.

Volvió a explicar la historia de que tenían pensado matar a Jesse en la primera temporada, en el momento en que Walter ya estuviese en tratos directamente con los narcos. Fue la química entre los dos actores lo que hizo que cambiaran los planes. Hubiese sido un error desperdiciarla. Hay que ser receptivo con los desvíos y las potenciales aportaciones de cada uno de los miembros del equipo creativo. Es el esfuerzo colectivo lo que enriquece la creación. “La gente siempre me pregunta que cómo explico el éxito de Breaking Bad. Lo cierto es que no tengo ni idea”.

En el momento en que Gilligan pitcheó su idea a los ejecutivos de Sony ellos lo miraron como si estuviera loco. Quiso esmerarse con el piloto de cara a tener algo que pudiera presentar a la hora de buscar trabajo. No imaginó ni por un instante en lo que se iba a convertir. No encuentra explicación. Se autodefine como pesimista y algo psicótico. Está acostumbrado a convivir con el fracaso. Eso sí que se puede analizar y entender. ¿Pero del éxito? No sabe nada.

Respecto a la creación de Better Call Saul, Gilligan y su equipo tenían en mente lanzar una sitcom procedimental. En cada episodio viene un personaje distinto pidiendo ayuda al abogado. Saul se las ingenia para solucionarlo rompiendo la ley de forma creativa. Hubiese sido un camino. Pero no era el adecuado. Esta idea cayó por su propio peso. Ninguno sabía escribir comedias. Volvieron a pensar en los capítulos anteriores. Recordaron que el mismo Saul llegaba a decir en un episodio que Saul Goodman no era su nombre real. En realidad se llamaba Jimmy McGill. Comprendieron que Saul les estaba diciendo que aquella sitcom no era su historia. Que su historia era la de cómo Jimmy se convierte en Saul. La serie fue convirtiéndose en algo progresivamente dramático.

¿Qué es necesario para poder trabajar y prosperar en una sala de guionistas dirigida por él? En primer lugar, la actitud positiva. Es un trabajo muy duro y exigente. Es fundamental recordar que se hace porque uno así lo desea. Por otro lado, estar activo e intervenir. No aburrirse. No mirar a las ventanas. No sacar el móvil. Aportar a la historia y lanzar ideas. Gilligan es alguien que está dispuesto a escuchar y a valorar todas las ideas, por locas que sean. Refuerza la confianza en los guionistas. No quiere que estos se sientan intimidados. Quiere que lancen cualquier idea. Porque no se puede saber si la idea que se vaya a lanzar acabará siendo la clave para avanzar. Por último, tienes que ser un engranaje que contribuya al proceso de construcción de tramas. Hacer que avance en lugar de enrocarse o atascarse. Es indiferente lo bien o mal que escribas. Busca a alguien que logre dar la talla en esas exigencias.

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Vince Gilligan conversa con Teresa de Rosendo. Fotografía de Natxo López.

Gilligan niega cualquier atribución de autoría. Entiende que un pintor o un novelista sí son autores. En ese trabajo solo intervienen ellos mismos. Pero en el audiovisual han intervenido y aportado cientos de personas. Eso le ha conducido a terrenos inesperados que él solo jamás habría previsto. Y llevarse todo el mérito sería injusto.

Y eso es lo más destacado que nos dejó el paso de Gilligan en su paso por Barcelona. Para más información, os invitamos a leer el minucioso análisis que hizo en su día Carlos López de Ozymandias, El mejor episodio de Breaking Bad.

Bonus track 1: Gilligan confesó que, tras diez horas de extenuante trabajo, lo último que quiere es llegar a casa y ver alguna serie. Consume mucha telebasura. También algunas series clásicas como La dimensión desconocida o The Honeymooners.

Bonus track 2: Está escribiendo una miniserie de seis episodios para la HBO. Es la adaptación de Raven, el libro de Tim Reiterman y John Jacobs. Gira alrededor de la figura del reverendo Jim Jones. Aunque va más lento de lo que le gustaría.

Bonus track 3: Nos adelantó que en el episodio de esta semana de Better Call Saul aparecerá Walter White y se descubrirá que es un robot. Puede que esto último sea mentira.

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Con la colaboración del sindicato ALMA

 


ANTES DE LA CHARLA

13 noviembre, 2011

Por Daniel Castro

El día 2 tenía que hablar en el curso de Hotel Kafka que impartimos los Bloguionistas. Aunque he dado unas cuantas charlas (algunas con buenos resultados y otras apocalípticas), reconozco que esta vez estaba especialmente nervioso. Creo que soy una de las pocas personas del país que reconoce que le gusta hablar en público: suelo sentirme a gusto contando cosas de las que creo saber algo, haciendo chistes y variando mi charla según las reacciones que noto en el público. Pero, insisto, esta vez estaba nervioso.

¿Por qué?

Posiblemente porque aquella gente, unos quince alumnos, había pagado bastante pasta para vernos y escucharnos. 390 euros por persona. Creo que nadie ha pagado tanto por verme. Cuando viví en Italia, aquella novia vino a verme en un vuelo de Ryanair.

Otra razón para estar nervioso era que iba a poner una secuencia de la peli que he estado grabando y montando desde hace casi un año. Era la primera vez que la ponía ante un público completamente ajeno al proyecto. Como era una secuencia cómica (al menos esa es su intención) quería en si había o no risas y en qué momentos se producían.

La tercera razón para estar nervioso era algo más importante. Simplemente, no sabía de qué iba a hablar durante tres horas. Imagino que fue en un momento de euforia e imprudencia en el que elegí el título de mi charla: “El cine y/o la vida” al que Ángela, más sensata, me sugirió añadir algo tipo “el reto de la autoproducción”. La primera parte del título se refería a mi obsesión porque las historias que contemos como guionistas tengan algo que ver con la vida que llevamos, con el entorno que conocemos, con las cosas que nos ocurren. La segunda parte del título aludía a lo que yo hubiera podido aprender de la experiencia de “Ilusión”. ¿Cómo carajo iba a poder unir dos asuntos tan distintos? ¿Iba a dedicar una charla de tres horas a hablar a guionistas que querían escribir series para la tele de cómo autoproducirse películas marginales? ¿Les iba a interesar? ¿Habían pagado para eso? Y los otros, los que sí que querían montar sus proyectos propios, ¿tenían que escuchar cómo alguien balbuceaba frases tipo “escribe sobre lo que conoces” si lo que querían autoproducirse era una pelis sobre zombies? Dediqué varias horas a buscar la manera de estructurar la charla. ¿Cómo unir esos dos temas? ¿Qué vídeos mostrar como ejemplo? ¿Cuándo poner la secuencia de mi película?

Hice un montón de intentos para estructurar la charla, pero fui incapaz. Fui a Muji y me compré un rotulador y una libreta específicamente para esto. No entiendo porqué, pero ni siquiera esto funcionó. Unas horas antes de ir al Hotel Kafka, tenía una vaga idea de lo que iba a contar. Pero no sabía cómo hacerlo.

Ya me había resignado al caos y me preparaba para el desastre cuando, de pronto, se me ocurrió empezar a anotar, sin orden ni jerarquía, algunas de las cosas que creía haber aprendido en los últimos tiempos. Son estas.

LA PELI: COSAS QUE HE APRENDIDO

–       Escribe sencillo, todo es complicado.

–       Grabar es complicado.

–       Comer es caro.

–       Pero es necesario.

–       Confía en tu equipo.

–       Confía en tu instinto.

–       Compra varias tarjetas SD (si ese es el tipo de tarjeta que usa tu cámara, claro)

–       Usa varias cámaras. Son baratas.

–       La diferencia no la marca la técnica, la marca la transgresión.

–       Nadie produciría algo así. Esa es la ventaja.

–       Lo más jodido es organizar, cuadrar agendas de diferentes personas.

–       Muchas llamadas. Muchos favores. La gente está DESEANDO AYUDAR si se siente apreciada y útil.

–       No grabación cronológica (Jodido). Agrupar por actores y espacios.

–       Hay muchos actores dispuestos a echar una mano.

–       Quiere a tus actores. Detrás de sus balbuceos místicos suele (puede) haber algo con sentido.

–       Escribe sobre ti. Tu vida.

  • Tu vida en concepto amplio:
    • Quién eres.
    • De dónde vienes
    • Qué te ha pasado
    • Dónde has vivido
    • Qué te gusta.

–       La realidad es barata. La “ficción” es cara.

–       Un director debe ser “simpático”.

–       Si no pagas con dinero, pagas con AMOR.

–       Hacer, escribir, rodar es AMAR. ( [Poner aquí cita de]  Truffaut)

(La próxima semana explicaré qué hay detrás de algunas de estas frases y si encontré o no un hilo conductor para la charla).


CÓRDOBA: UN VERANO DE GUIÓN

14 julio, 2011

por Sergio Barrejón.

Éste se supone que debería ser un post de autobombo, para venderles a todos ustedes que la última semana de este mes estaré en Córdoba, haciendo asesorías de guión y dando dos charlas monográficas, una sobre recursos en internet para guionistas y otra sobre vías de financiación de una obra audiovisual.

Charla de recursos en Madrid, 13 Junio 2011. Foto: Gorka Basaguren

Pero para eso no necesito un post entero. Me basta con un párrafo. Bueno, con dos. Así en el segundo les aviso de que pueden conseguir un descuento para todos los eventos de Un Verano de Guión simplemente solicitándolo en bloguionistas@gmail.com.

Hecho. Fin del autobombo. Déjenme ahora que les explique lo que significa para mí Córdoba y Un Verano de Guión.

Valentín Fernández-Tubau, “el jefe de todo esto”, por así decirlo, fue una de las primeras personas que me consideró guionista. Hace ya la tira de años, antes incluso de crearse abcguionistas, cuando mi currículum como guionista aún podía escribirse en un papel de fumar, incluso con letra grande y dejando buenos márgenes, Valentín se reunió conmigo en un bar de la Gran Vía y decidió que yo valía para esto. Con el tiempo, me dio trabajo de analista de guiones en abcguionistas, y me llevó como profesor de guión a la primera edición de Un Verano de Guión.

Valentín Fernández-Tubau

Gracias a Valentín, di mi primer curso sobre guión habiendo hecho apenas unos cortometrajes y un par de capitulillos de una serie que no vio casi nadie. Cierto que este dato podría indicar que Valentín no vale gran cosa como jefe de personal. Lo que yo creo que demuestra es que es una persona capaz de darle un voto de confianza a alguien que apunta maneras, más allá del hecho de que tenga un gran curriculum, que venga con contactos o que se tire mucho el moco. Son tres cosas que yo no tenía cuando empezaba en esto: apenas conocía a nadie en la industria, sólo había hecho unos cortos en vídeo y jamás he sido uno de esos que van a fiestas, estrenos y rodajes a dejarse ver. En fin, no es que yo desde entonces me haya convertido en un guionista súper exitoso ni nada parecido. Sólo he escrito unas pocas de series y mi primer largo como guionista todavía ni se ha rodado. Pero llevo ya siete años ganándome la vida decentemente con esto, lo cual no es poco decir, tal y como está el patio. Y en gran parte, creo que se debe al voto de confianza que me dio Valentín en su día. Y no porque me haya convertido en su protegido, ni su recomendado. No. Simplemente, porque en esta profesión hace falta cierta dosis de autoconfianza para seguir adelante, sin arrugarse ante los retos ni frustrarse ante los reveses.

No es casualidad que uno de los seminarios de guión más populares de España en los últimos años haya sido el de Valentín imparte sobre Mercado Audiovisual. Sus reflexiones sobre el estado de la industria y sobre las maneras de “meter el pie en la puerta” han sido valiosísimas para cualquiera que estuviese empezando. Tampoco es casualidad que Valentín insista en mantener la convocatoria de Un Verano de Guión incluso cuando las ayudas económicas del Ayuntamiento y la Universidad desaparecen o se reducen al mínimo. Valentín es uno de los pocos emprendedores reales que conozco. Con el mérito añadido de no ser un neoliberal desmelenado ni un pedante egocéntrico, que es lo que suelen ser los que se autodenominan emprendedores. Y además, uno de sus mayores empeños es siempre el de ayudar a formarse a futuros guionistas. Año tras año tiene que romperse los cuernos para no perder dinero en el camino. Pero ni se cansa ni abandona.

Tampoco es casualidad que las dos charlas que yo impartiré esa semana en Córdoba estén destinadas fundamentalmente a dar pistas a la gente que empieza. Ni es casualidad que participe en este blog, donde no hay publicidad ni ingresos de ningún tipo, y donde el único interés que nos mueve a sus autores sea compartir lo poco que sabemos de guión.

Podríamos decir que Valentín Fernández-Tubau me contagió las ganas de ayudar. Obviamente, no voy a Córdoba para forrarme dando clases. Lo que cobro por cada charla a duras penas da para comprarse un polo Lacoste de esos que lleva Caco Senante en las ruedas de prensa de SGAE. Pero merece la pena. Y creo que para todo el que esté empezando en esto, para todo el que necesite un empujoncito, merece la pena pasarse por Un Verano de Guión. La relación calidad/precio/buen rollo no creo que la supere ninguna otra oferta formativa en España.

Y ahora permítanme otros dos párrafos de autobombo para terminar. Dentro de mi modesta aportación al programa de Córdoba este año, creo que destaca una charla inédita, que hemos titulado DE CERO A CIEN. La impartiré con Cristóbal Garrido y Álex Montoya, otros dos que empezaron en esto sin un enchufe ni un papaíto que les pagase los masters, y que ahí están ganándose la vida: uno reventando audiencias en prime-time, y otro con ciento y pico premios ganados con sus cortos.

Cristóbal Garrido y Álex Montoya

En esta charla de tres horas intentaremos explicar cómo demonios nos las hemos arreglado para salir adelante, tanto en proyectos de presupuesto cero como en obras subvencionadas. E intentaremos demostrar, desde nuestra humilde experiencia, que la única manera de entender este negocio es no entender este negocio de una única manera. E ilustraremos nuestras múltiples maneras de afrontar cada proyecto. Enseñaremos guiones, memorias, storyboards y presupuestos. Proyectaremos cortos y contaremos anécdotas de todo tipo. Y muy probablemente, será la primera vez en mucho tiempo que, en una charla sobre industria audiovisual, los ponentes no le dicen al público que “la cosa está muy mal”. Será el 28 de julio, en Córdoba. Y quién sabe… Quizá a la vuelta del verano repitamos en Madrid.


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