GIJÓN 2016: ENTREVISTA A MANANE RODRÍGUEZ

29 noviembre, 2016

Entrevista de Àlvar López y Carlos Muñoz Gadea y fotografías de Diego Bernardeau

La cineasta uruguaya Manane Rodríguez presentó en el 54º Festival de Cine Internacional de Gijón su último largometraje, Migas de Pan, un drama basado en hechos reales sobre la represión en las cárceles femeninas durante la dictadura en Uruguay. La película, que también cuenta con producción española, forma parte de la Sección Oficial del festival y será la representante de su país para los Oscar.

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Has coescrito el guión de Migas de Pan junto a Xavier Bermúdez, con el que ya habías colaborado en anteriores proyectos. ¿Cómo nace la idea de esta historia?

Yo siempre trabajo con Xavier ya que tenemos una productora juntos. Además, él es mi compañero de vida y vivimos juntos, así que cuando hago una película suelo empezar por escribir unas primeras líneas, que voy comentando después con él, o un primer esquema…Y después, dependiendo del tipo de película pues ya vamos hablando y escribiendo las escenas, él algunas y yo otras. En este caso, puede que haya escrito yo un algunas escenas más, ya que es una historia que yo conocía de antemano, pero en todo lo que se refiere a la estructura de la película, o al ritmo, es algo que trabajamos íntegramente juntos. En realidad trabajamos juntos durante todo el proceso, porque incluso en montaje él acude a visionar las primeras versiones para dar su opinión. Es una tarea bastante común la que hacemos.

¿Cómo llegasteis entonces a esta historia? ¿Por iniciativa propia o por encargo?

Migas de pan no es una película de encargo, sino una historia que decidí crear para hablar de esas mujeres que tuvieron la mala suerte, durante la dictadura en Uruguay, de no poder escapar, cosa que yo sí pude hacer. Yo tengo muchas amigas en Uruguay que pasaron por la cárcel en esa época y por todas las veces que he hablado con ellas sé que tuvieron que hacer frente a grandes obstáculos para salir de allí, por lo que ya sabía que era una historia que me interesaba poder contar, pero en realidad el detonante del proyecto vino más tarde.Un grupo de presas salieron en la prensa denunciando que, además de haber sido torturadas -algo que muchas ya habían denunciado-, habían sido violadas sistemáticamente. Empecé a pensar entonces en que la sociedad uruguaya no las había querido oír, que no las dejó hablar ni les preguntó cómo estaban después de aquella terrible situación, sino que solo las recibió de vuelta en su seno. Seguramente, es algo qeu se hizo con la excusa de que les haría daño hablar, pero realmente más daño les hubiese hecho a ellos escuchar.

Me pareció que hacía por lo tanto falta una película que les preguntara precisamente eso. Que les preguntara cómo estaban. En la función que cumple el hijo de la protagonista, que tiene una trama un poco independiente, y que sirve precisamente para enmendar dentro de lo posible este hecho, haciendo lo que la gente no hizo, que es preguntar directamente por las consecuencias para las presas de su estancia en las cárceles. Quería contar la historia de cómo esas mujeres consiguieron sobrevivir a unas condiciones extremas, manteniendo su entereza y su dignidad. Mujeres que eran además muy jóvenes en esa época. Eso fue lo que nos hizo querer contar esa historia, aunque sabíamos que sería una película complicada.

¿Complicada en qué sentido? Imaginamos que querer hacer ficción en base a unos hechos reales y tan crudos debe haber supuesto un reto difícil, por el hecho de querer respetar una realidad que indudablemente va a ser alterada por el bien de la dramaturgia.

Efectivamente. De hecho, yo siempre traté de tener mucha precaución con la parte no realista de la historia, con la parte más melodramática, puesto que no quería que cayéramos en la cosa fácil. No quería mentir. Yo conocía un caso sobre cómo era la vida en prisión para las mujeres, pero había más. Aprendí muchas más cosas hablando con mujeres que habían estado presas, y que me contaron que eran más de las que yo creía. Y contaban historias durísimas, donde además de vivir recluidas, eran castigadas sistemáticamente por los carceleros. Imaginad una mujer que ya de por sí recibía pocas visitas de su familia y que encima era castigada justo cuando la familia sí acudía, para destrozarla psicológicamente. Allí se vivieron verdaderos momentos de desesperación.

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Cartel promocional de la película

Escogéis contar la historia en dos momentos distintos en el tiempo, entre la actualidad y ese pasado de represión durante la dictadura. Ese paralelismo, por ejemplo, refuerza el carácter negativo de la vida en la cárcel. ¿Ya teníais esa estructura pensada desde las primeras versiones de guión?

Como siempre, la estructura sufrió variaciones durante todo el proceso. Al final, esta estructura en paralelo con dos tiempos fue la resultante del progresivo aumento de contenido. Yo me entrevisté con mucha gente para esta película, así que fue a raíz de toda esa información que pudimos construir la estructura final. Ya habíamos comenzado a idearla con los conocimientos que yo tenía al respecto y no fue hasta más tarde cuando ya comenzamos a informarnos a fondo sobre todos los aspectos para dotarla de profundidad.

¿Cuál fue tu criterio para seleccionar esas entrevistas?

Me entrevisté con bastantes presas uruguayas que habían pasado por aquella terrible situación. Me entrevisté incluso con una presa argentina, que no vivió la misma situación, pero que sí atravesó momentos muy parecidos durante la dictadura de su país. En Argentina, el tema de la dictadura se ha tratado en muchas películas, pero sobre todo el del los campos de exterminio, como fue el caso de la Escuela de Mecánica de la Armada, o algunos otros, donde se vivieron situaciones atroces, pero este caso era distinto. No se pretendía exterminar a las presas, sino una cárcel de tortura, donde mujeres con unas condenas completamente ilegales eran abandonadas allí, en un campo de concentración, para que perdieran todos sus lazos con la sociedad civil. Lo que se buscaba en aquellos lugares era liquidarlas mentalmente, así que las entrevistas me permitieron reflejarlo de la manera más exacta posible en la película, donde a veces los carceleos utilizaban métodos más sutiles per igualmente dañinos, como tomar notas de las presas continuamente, haciendo que se sintiesen perpetuamente observadas sin saber con qué objetivo. Por eso a las presas no les quedó más remedio que protegerse entre ellas, también de la locura, cómo se refleja en la cinta, donde unas cuidan de las otras.

Precisamente, los secundarios de la película aportan muchos matices a la historia, que enriquecen tanto a la atmósfera como a la protagonista. ¿Cómo habéis afrontado la construcción de personajes?

La verdad es que esta ha sido una tarea bastante complicada. Tuvimos que leer, y releer, y releer para ir puliendo a todo ellos, para que aportasen a la complejidad de la película y destilaran realismo. Lo que hice en este caso fue escribir más para cada escena de lo que en realidad quería. Sabía que esas escenas nunca verían la luz al completo, pero ayudaba mucho al realismo que las conversaciones vinieran de antes y fueran hacia algún lado. Quería sobre todo que se respirase verdad, tanto para el resultado final como para el buen hacer de los actores, que podían introducirse mejor en sus personajes de esta manera. Por suerte, estas cosas son ahora factibles con el rodaje digital, que igual que tiene cosas malas también trae consigo algunas ventajas.

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Sobre lo de escribir de más, aun sabiendo que no aparecería en la película, ¿cómo decides que merece aparecer y que no lo merece?

No es nunca una cuestión de mejor o peor, sino de lo que sirve más y lo que sirve menos, de escoger lo que más te ayuda a contar tu historia. Siempre quedan cosas, pero creo que esta vez hemos conseguido que lo principal quede bien reflejado: desde la ayuda y la camaradería entre las presas hasta sus estrategias para no perder la cabeza allí dentro, manteniéndose activas…Y creo que lo hemos reflejado con la cotidianidad de la que se convirtió en su casa obligada, como cuando una de las presas lee a Marcel Proust en voz alta mientras las demás realizan sus actividades manuales. Momentos íntimos que no hubiésemos sabido reflejar de no ser por toda la fase de documentación y entrevistas con las presas que nos han servido para mostrar como todas ellas consiguieron luchar y sobrevivir, utilizando sus fuertes vínculos como arma de resistencia.

 


GIJÓN 2016: ENTREVISTA A MIJKE DE JONG

23 noviembre, 2016

Entrevista de Àlvar López y Carlos Muñoz Gadea y fotografías de Diego Bernardeau

La 54ª edición del Festival Internacional de Cine de Gijón se inauguró con la coproducción holandesa y belga titulada Layla M., una historia sobre los peligros de la radicalización en la vida de una joven musulmana criada y educada en Europa. Allí, pudimos charlar con Mijke De Jong, la coautora de la película.

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¿Cómo encontraste la historia que querías contar?

Empecé a reflexionar esta historia cuando conocí a una joven muy parecida a Layla, la protagonista de la historia, mientras todavía estaba con mi anterior película. Con evidentes diferencias con respecto al personaje, reconocí en esa chica algunos rasgos que luego utilicé para Layla, como la lucha por buscar su identidad. Ese fue el punto de partida en realidad, y con esa idea comencé a escribir el guión junto a mi marido, Jan Eilander, que es guionista puro. De eso hace ya cuatro años, coincidiendo con los inicios de la Primavera Árabe. Era un momento social diferente al actual en cuanto a la relación del Islam con la Europa Occidental.

Cuando empezamos a escribir lo hicimos en base a Layla, creándola a ella como personaje mediante la reflexión sobre cuál sería su entorno, su relación con sus padres y cosas así. Después esa relación de la comunidad árabe con Europa empezó a cambiar, y rápidamente tuvimos claro que queríamos reflejar algo de eso en nuestra historia, por lo que empezamos a introducir más y más contexto social a la historia, para tratar el tema del radicalismo. Luego, al ver que no podíamos aportar una solución, volvimos a trabajar este aspecto desde la perspectiva de Layla. Fue entonces cuando el guión comenzó a despegar definitivamente, cuando decidimos vehicular toda la temática a través de su vida cotidiana, haciendo que la gente entendiera el contexto global a través del camino que recorre la protagonista.

Desde luego, esta historia es claramente de personajes. ¿Seguisteis algún tipo de procedimiento a la hora de crearlos?

Empezamos por manejar mucha documentación. Cuando tuvimos claro el tipo de personaje sobre el que queríamos escribir, me entrevisté con muchas chicas de un perfil similar al de Layla, para encontrar la inspiración necesaria. Acudimos incluso a una mezquita para comprobar cómo era la vida de las jóvenes musulmanas practicantes. De esas visitas hasta sacamos algunas de las escenas de la cinta, las que mejor reflejaban la creciente tensión entre la propia comunidad musulmana debido a la radicalización. Por otro lado, la construcción de los personajes exigía reforzar algunos rasgos para el buen funcionamiento dramático de la historia.

Ahora que mencionas la dramaturgia, ¿cómo encontrasteis el punto exacto entre lo que os servía para reflejar la realidad y lo que ayudaba a transmitir mejor la historia al espectador?

Precisamente, toda esa documentación y esas entrevistas que realizamos antes de sentarnos a escribir nos sirvieron para poder centrarnos en la dramaturgia una vez nos pusimos a escribir el guión. Al haber trabajado tanto la fase previa, informándonos, nos aseguramos un mayor respeto a la realidad. Decidimos no tratar cómo ella se iría radicalizando poco a poco, introduciendo esta temática en lo que sería su vida cotidiana como joven criada en occidente, si no mostrar su vida una vez ya comenzado ese proceso. Evidentemente, las primeras versiones de guión no eran buenas porque se advertía de una forma muy burda su radicalización, que no acababa de camuflarse en su vida cotidiana. Por eso decidimos abrir la película con una Layla abierta, que no duda en saltar al sentirse discriminada durante un partido de fútbol amateur.

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Cartel promocional de Layla M.

Y lo mismo ocurre en cierto modo con el momento en que decidís dar por concluida la película, buscando precisamente no iros hacia la periferia del tema que queríais transmitir. ¿Es así?

Sí. La elección de un final abierto viene motivada por esa precisa razón. No es un final abierto al uso, sino más bien un espejo en el que el espectador puede mirarse y comprender a Layla. Creo que es uno de los puntos fuertes que decidimos seguir a la hora de construir la estructura de la película, que no diera soluciones, sino que simplemente acompañara a la protagonista en su día a día para que el espectador pudiese conocer la motivación de cada uno de sus actos.

Podríamos decir que también se vuelve más universal de ese modo, ¿no? Al no tratar de aportar conclusiones, sino solo mostrar la vida de Layla, con la que cualquiera puede empatizar si se le ve como a una adolescente cualquiera tomando decisiones más o menos equivocadas. 

Exacto. De ahí también varias escenas que aparecen tanto al principio como al final de la película, aun con pequeñas pero importantes variaciones, que sirven para demostrar que sigue siendo esa adolescente del principio de la cinta, la que asistía a partidos de fútbol con su grupo de amigos. Por otro lado, todas las mujeres que aparecen en la película son musulmanas, lo que sirve para reflejar que el caso de Layla no es universal ni mucho menos entre las musulmanas, menos universal al menos que los errores que pueda cometer cualquier adolescente que empieza a tomar decisiones propias.  Queríamos ser muy respetuosos con el credo de cada persona y al mismo tiempo poder hablar de lo negativos del radicalismo.

Has hablado antes de estructura. ¿Te sirves normalmente de manuales o de cánones para escribir tus historias o dejas esa parte más intelectual para la reescritura?

Es mi marido y coescritor quien lleva la voz cantante en el proceso de escritura, pero creo que ambas opciones son verdad. En este caso, al ser una historia de personajes, más que trabajar la trama nos centramos en las situaciones en las que el personaje se ve inmerso, tratando de ser muy fieles a las líneas con la que lo hemos creado. Este era en mi opinión el gran reto de la película y a lo que dedicamos gran parte del trabajo, hablando mucho al respecto entre nosotros.

La atmósfera de la historia juega un papel esencial para entender al personaje de Layla. ¿Habéis tenido que trabajar mucho este aspecto de fondo en las sucesivas versiones?

Sí. Fue algo que trabajamos con cada nueva versión, pero desde el principio intentamos asegurarnos que esa atmósfera resulta real y tuviese una fuerte presencia. Durante la fase de entrevistas, o en aquellas visitas a una mezquita de las que os hablaba antes, extrajimos numerosos detalles útiles, e incluso preguntamos directamente a miembros de la comunidad musulmana para no cometer errores. De hecho, algunas de las jóvenes radicalizadas que aparecen protestando en la puerta de la mezquita son reales. Las vimos durante nuestras visitas, e incluso algunas de ellas se mezclaron entre los actores en el mismo rodaje.

¿Cómo conseguisteis que participasen?

Nos reunimos con ellas y fuimos muy transparentes desde el principio, contándoles nuestras intenciones reales. También les dimos a leer el guión una vez tuvimos incorporadas esas escenas, y fueron ellas las que decidieron acudir voluntariamente.

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Se puede pensar entonces que la película se ha ido escribiendo progresivamente, que no teníais un planteamiento y un final pensados, sino que han surgido conforme avanzaba vuestra experiencia.

En mi caso, siempre ocurre que las historias crecen durante el proceso de escritura. Es verdad que sabía sobre qué quería hablar, pero no tenía ninguna referencia concreta al respecto, o cómo iría del punto A al punto B. No fue hasta comenzar el desarrollo del guión cuando por fin tuve la historia concreta en la cabeza. Hasta ese momento solo tenía una idea de las emociones que queríamos transmitir.


GIJÓN 2016: ENTREVISTA A JONATHAN CENZUAL

22 noviembre, 2016

Entrevista de Àlvar López y Carlos Muñoz Gadea y fotografías de Diego Bernardeau

El guionista y cineasta español Jonathan Cenzual ha acudido a la 54ª edición del Festival Internacional de Cine de Gijón para presentar su última película, El pastor, un drama con tintes de cine negro sobre los abusos de poder de una promotora urbanística hacia un pastor que se niega a vender su porción de tierra.

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Este proyecto parece muy ligado al contexto social y económico de la España actual. ¿Cuál fue tu punto de partida para crear la historia?

En un principio, me interesaba hacer algo sobre la trashumancia, un tema que siempre me ha atraído mucho. Yo he pasado bastante tiempo viajando, y cuando vine a España por asuntos familiares caí en la cuenta de que aquí todos vivimos de algún modo con temas como la corrupción y los desahucios, pero que de tanto oírlos en las noticias acabamos por ignorarlos. Precisamente, yo volvía después de haber estado un tiempo fuera, por la India y Nepal, por lo que había permanecido separado de esta lógica de las noticias, así que debió chocarme de manera brusca, sobre todo lo de los desahucios, que echen a gente de sus casas cuando no tienen adónde más ir. Además, resulta más chocante cuando la siguiente noticia cuenta que el político de turno ha robado no sé cuántos millones. Si lo piensas, deberíamos estar todos en la calle quemando el Congreso, y no viendo al fútbol por la tele.

Con esto quiero decir que para la creación de la película fusioné estos aspectos con esa idea de la trashumancia y el pastoreo que me interesaba en un principio, y que sirve como metáfora para explicar la situación actual. Así que me sirvo del claro retroceso del mundo rural para representar el abuso de poder en cualquiera de sus formas. Podría haber sido una película sobre un chaval al que el abusón de la clase le quita la comida, pero creo que usar el pastoreo, una cosa tan arraigada a cualquier país -especialmente en el Mediterráneo-, servía mejor para representar en lo abstracto que alguien quiera quitarle a otra persona lo más básico que tiene, y dejarle sin nada.

De todas maneras, a pesar de inscribirse en esta realidad actual, la trama concreta que escribiste es ficticia, ¿verdad?

Sí, aunque se inscribe en la realidad. De hecho, ya he dicho más de una vez que la idea de la historia en sí, o cómo se desenlaza, no tiene mucho de original. Y yo soy el primero en reconocerlo. Dicho esto, ya desde el principio yo no me planteaba hacer una película que destacase por su originalidad. Cualquier película que se base un poco en hechos cotidianos y sea una crítica social, ya de por sí no puede ser original. Al fin y al cabo estás criticando algo que está sucediendo en el mundo real. No es que yo me basase en un artículo de prensa o en un caso en concreto, pero al mismo tiempo conozco el contexto en que estas situaciones tienen lugar, igual que lo conocemos todos. En este sentido, escribir el guión fue bastante jodido, porque el detonante mismo de la historia, cuando intentan comprar las tierras al protagonista y este se niega, te indica hacia dónde va a derivar la cosa.

Lo que me resultaba más interesante de ver era, sin embargo, cómo va cambiando la psicología de la gente que rodea a nuestro protagonista. Especialmente entre el resto de los vecinos que esperan beneficiarse, y que lo ven automáticamente como al estereotipo más negativo de un pastor, analfabeto, raro y antisocial, algo que para nada es. Y lo mismo en la dirección opuesta, donde quería saber cómo un tipo que a priori es bueno puede llegar a explotar a causa de la presión. Todo el mundo acaba estallando, eso era lo que quería transmitir con el guión. En este sentido y por lo que he podido saber, es interesante comprobar que la audiencia se divide en el resultado de la película, entre los que veían claro que no había otra solución y los que jamás la vieron venir. Es bueno que divida, porque significa que hay reflexión en cada espectador sobre cómo reaccionaría a su vez si se viera en la situación del protagonista.

¿Cómo ha sido entonces la creación de los personajes? El protagonista, para el buen funcionamiento de de una historia como esta, debe producir empatía en el espectador.

Sobre la personalidad de Anselmo, el protagonista, recuerdo haber hablado con Miguel Martín a la hora de preparar su papel. Para él era difícil, cosa muy comprensible, porque el personaje debía ir llenándose lenta y progresivamente de ira para aproximarse a esa posible explosión. Pienso que esta película no sigue los cánones establecidos de tensión. Es una película que arranca muy lenta y que va creciendo y creciendo continuamente. Nunca recae, pero ese crecimiento es lento hasta el final, lo que implica muchos matices para el personaje que después el actor debe poder transmitir. De hecho, la película no está rodada cronológicamente, por lo que debía quedar claro el momento en que estaba el personaje.

Estas diferentes fases de la ira de Anselmo vendrían por lo tanto muy acotadas desde el guión, ¿no?

Sí, aunque quizá no en un sentido estricto del formato. Como escribí el guión sabiendo que lo dirigiría yo mismo más tarde, escribí las acotaciones sobre todo para mí, para luego trabajarlas de la mejor manera posible con el actor en la localización. Por mucho que uno escriba, las cosas siempre cambian en el rodaje. No quiero decir que no haya guión, evidentemente, pero como creador de la historia yo sabía en qué punto nos encontrábamos en cada momento y se lo transmitía a los actores.

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Entonces, ¿tenías más bien una escaleta extendida para no perder el hilo de la historia?

Bueno, tenía un guión a modo casi de esquema, como un mapa a partir del cual armar la historia que había escrito. Era una relación de los hechos que se dan en la película, a partir de la que poder guiar a los actores, de manera casi telegráfica. Entiendo que si hubiese dirigido la película de otro guionista, el guión hubiese sido más completo y adaptado al formato, pero al encargarme yo mismo no ha sido necesario. Me bastaba con saber qué acciones iba a realizar el personaje en cada secuencia, y que habían sido pensadas para reflejar su personalidad a través de sus actos, siempre con vistas a esa lenta escalada de ira. Creo que, en este tipo de cintas, la audiencia siempre tiene que ir un paso por delante en cuanto a cabreo. Para que se adhieran al punto de vista del protagonista, casi como fans. No puedes darles más ventaja sobre el personaje, porque comenzarían a preguntarse sobre la verosimilitud de ese personaje que no se está enterando y no empatizarían tanto con él.

¿Cómo te aseguras que el espectador se halla en ese punto preciso?

Yo creo que difícilmente puedes saberlo. Lo haces y esperas que funcione. Creo que además ocurre con todas las películas. Tú escribes un planteamiento y un guión para tu historia, pero no sabes en realidad si va a salir o no. Esto no depende solo del guión, sino también del rodaje y de la edición posterior. En el montaje todavía se cambian muchas cosas y ni siquiera así tienes la seguridad de que vaya a ser eficaz para el espectador. Al haber escrito la película y estar en el proyecto desde el principio, yo al menos pierdo toda la tensión con respecto a la historia, porque la conozco de memoria, así que tengo que confiar en que lo estoy contando bien. Ese es el misterio del cine en realidad. Saber si algo funciona o no. Y no sólo del cine, sino de todo aquel arte que busque contar una historia, porque no es una ciencia exacta.

Deducimos por tanto que no eres muy académico en tu proceso de escritura.

Creo que ningún arte puede ser académico por el mero hecho de ser arte. No tiene un esquema que vaya a funcionar siempre, aunque se sigan ciertos cánones que han demostrado su efectividad. Se supone que funcionan, pero esto no ocurre siempre. Como escritor, creo que es importante ser fiel a la historia que uno quiere contar, sin dejarse llevar por lo que piense que la audiencia va a querer, porque además es imposible predecirlo. Ser auténtico por encima de todo, y si luego gusta pues mejor. No es algo secundario, porque al fin y al cabo las películas no se escriben para uno mismo, sino para la gente que va a verlas, pero es que la manera de respetar al público es precisamente hacer lo que tienes en la cabeza y mostrárselo para que sean ellos quienes lo valoren y decidan.

En este caso, tú tenías este tema que te rondaba en la cabeza y es después cuando decides contarlo a través de la historia concreta de Anselmo. ¿Es así?

Sí, totalmente. Lo primero fue preguntarme: ¿Qué puedo usar para contar esta crítica al abuso de poder del grande contra el pequeño? ¿Cómo puedo reflejar el poder corrosivo de la codicia? Luego, a partir de estas preguntas elaboré los personajes concretos que mejor me ayudasen a responder en un contexto concreto. Así fue como elegí la historia de un pastor al que una poderosa constructora pretende arrebatarle sus tierras con su superioridad económica. También quise reflejar esto a través del resto de personajes, como demuestra la motivación de los vecinos de los terrenos colindantes al de Anselmo, que son rápidamente tentados y comienzan a presionar a su igual, por el hecho de lucrarse ellos a su vez, sin respetar la legítima decisión del protagonista a no querer marcharse de su casa.

De ahí que se vean reflejados como verdugos y víctimas al mismo tiempo, lo que demuestra además era jerarquía del poder de los abusones de la que hablabas.

Es verdad que varias personas me han preguntado por la naturaleza de los vecinos, a los que no ven eminentemente malos. Si eran malos, no lo sé, pero al hacer cosas malas es que se están volviendo así, me da lo mismo la razón, extremos aparte. En este caso es la codicia la que los mueve y les cambia su compás moral, hasta el punto de complicar activamente la vida de una persona para mejorar las suyas. Además, yo creo que esta división de personajes buenos y malos ya está superada, y lo que cuenta es la escala de grises que sirven para dotar de más capas y realismo a los personajes.

De todas formas, desde el principio y como decías antes, la película no oculta hacia dónde se encamina, por lo que es importante que se genere este debate sobre la condición de las distintas partes en conflicto, ¿no?

Claro. De hecho la película prioriza esto sobre la posibilidad de sorpresa. Desde el principio se intuye que va a producirse un conflicto muy fuerte, más allá de una mera discusión inmobiliaria. Imagínate que la actitud del protagonista se redujese a poner una denuncia o montar una campaña en Twitter (ríe). El cine se sirve de historias más dramáticas que eso para dotar de discurso a sus historias, sobre todo tratándose del género de esta película.

Sí. De hecho la atmósfera juega un papel importante en la cinta, casi a modo de personaje y al mismo tiempo de caldo de cultivo para el devenir de la historia.

Claro. La película está rodada en la provincia de Salamanca, que conozco mucho porque vivo ahí y me ha inspirado. Y como universo funciona precisamente porque, al no haber nada, no te puedes esconder. Un poco como ocurre en las películas del oeste, aunque fue algo que surgió de manera inconsciente en mí. De hecho no caí en la cuenta hasta que no me lo comentó un amigo. Pero es verdad que los western suelen tratar sobre un pecado capital, algo que también ocurre aquí. Te diría incluso que el campo hace las veces del espectador, de la audiencia que está ahí observando cómo todo sucede, casi como un Dios castigador que mira desde las alturas. Sería un poco como ver a dos hormigas peleándose, saber que podrías pararlas pero querer ver quién puede más. Hice mucho hincapié en las condiciones de esos grandes terrenos sin construir, donde todo lo que sucede queda a la vista a varios kilómetros a la redonda. El hecho de que se desencadene una situación de ilegalidad en un lugar así, el típico pueblo dormitorio rodeado de campos donde parece que no haya vida pero donde todo se oye, me sirvió para contar mejor esta historia, en la que se produce el aislamiento de un vecino para lograr que claudique. En esa zona de Salamanca, tú te puedes sentir muy libre cuando sales a caminar y ves los enormes cielos de Castilla, pero al mismo tiempo, en un contexto de presión absoluta, esa nada debe evocar precisamente todo lo contrario, una sensación de opresión e imposibilidad de huida, como en un desierto.

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En definitiva, podría haber contado esta historia de abuso de poder en cualquier otro lugar, en la piel del vendedor de un pequeño comercio que un gran centro comercial busca absorber, pero esta atmósfera dotaba a la historia de un mayor grado de universalidad. Hubiera podido contar la historia en otro contexto porque es algo ya de por sí universal, que en la Sociedad hemos permitido dejando que los más grandes puedan pasar por encima del código penal, pero al narrar esta historia sobre la tierra, sobre algo tan primitivo, buscaba apelar en el espectador a un sentimiento casi arcaico, que a la vez es finito y no puede crearse más. Que alguien te quiera quitar tu lugar en el mundo, tu pedazo de tierra, es algo universal y común a todo ser humano, y por lo tanto una fuente de historias.

 


NO TODO ES FICCIÓN: ENTREVISTA CON FÉLIX COLOMER

17 noviembre, 2016

Entrevista y fotografías de Àlvar López y Carlos Muñoz Gadea

El guionista y documentalista Félix Colomer acudió a la SEMINCI de este año para presentar su primer proyecto de no ficción, Sasha, sobre la experiencia de un niño ucraniano que pasa parte del año en una familia catalana de acogida. Nos hicimos con él precisamente en Valladolid, donde pudimos preguntarle acerca del proceso de escritura del documental, que posteriormente resultaría galardonado en la sección DOC España con la Mención Especial del Jurado.

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Sasha es tu primer proyecto profesional tras concluir tus estudios en la ESCAC. ¿Cómo surgió la posibilidad de hacer este documental?

Yo acabé mis estudios en la ESCAC hace ahora dos años. Fue durante el último año allí cuando, a modo de proyecto final de carrera, los estudiantes debíamos presentar un proyecto, ya fuera una película, una serie o un documental. Yo me había especializado en montaje, pero quise tirarme a la piscina como documentalista con la historia de Sasha, que afortunadamente fue seleccionada y financiada. Acabar presentando aquí en Valladolid con un proyecto que nació como parte de mis estudios me parece espectacular.

¿Y cómo llegaste precisamente hasta esta historia sobre un niño ucraniano?

En realidad, para mí Sasha es como un primo. La familia que lo acoge aquí en España son mis tíos, así que lo conozco desde que vino por primera vez con cinco años. Y desde entonces viene dos veces cada año, por lo que tenemos una relación de mucho afecto. Fue precisamente por tratar tan cotidianamente con él que me surgieron las preguntas sobre su vida y por tanto el documental en sí mismo. Yo me preguntaba mucho cómo sería para él esta especie de doble vida plagada de contrastes entre su Ucrania natal y España. Y también cómo ese shock se había transformado en una rutina para él, pasando sistemáticamente de un sitio a otro completamente distinto con idéntica periodicidad cada vez. Por eso la historia está enfocada desde su punto de vista, para entender cómo lleva él todos esos cambios, incluso con sus propias explicaciones en voz en off.

Al haber comenzado como un proyecto universitario tutorizado, podemos imaginar que has pasado por todas las etapas académicas de la escritura, ¿verdad?

Sí. Desde la ESCAC nos pidieron preparar un pitching, acompañado además de un trailer grabado con nuestros propios medios. Les explicamos conceptualmente de qué queríamos hablar con esta historia de un niño, casi ya en la preadolescencia, que tiene una vida muy particular dada su situación particular pero que vive las mismas experiencias vitales que todos los niños de su edad, que se emociona e incluso vive su primer amor durante la cinta. Queríamos retratar un año de la vida de este niño, un año en la vida de Sasha.

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Cartel promocional de Sasha

Claro, pero al ser documental, en ese proceso de venta previo no puedes asegurar el resultado final desde el punto de vista de la historia. ¿Cómo escribes para este tipo de formato? ¿Te basas en los brutos que vas almacenando o llevas ya una idea de lo que quieres registrar y transmitir a partir de lo que sabes de Sasha personalmente?

Antes de comenzar a rodar, escribí un pequeño guión, o más bien una sinopsis larga, de cómo imaginaba el documental en base a lo que sabía de Sasha, señalando escenas que luego podrían producirse o no y que de hecho fueron distintas y seguramente mejores de lo imaginado en la mayoría de los casos. Esas páginas, en un principio, nos habían sido pedidas desde la ESCAC, pero nos sirvieron para no perder de vista lo que queríamos contar. A veces, parece que conceptualmente es muy fácil rodar lo que has pensado de antemano, pero en la práctica ocurren cosas muy concretas que cambian tu manera de entender la historia, o ejemplifican mejor un aspecto que pretendías reflejar con otras imágenes. Y del mismo modo, cosas que yo sabía de Sasha por nuestra relación no pudieron ser incluidas bien porque eran imposibles de rodar o bien porque no encajaban con el tono general del documental.

Y luego esperar al montaje, ¿no? Porque tratándose de imágenes reales debe resultar imposible no reescribir -y mucho- durante la fase de edición, tu especialidad formativa además.

Exacto. El montaje es, o al menos así ha ocurrido en esta película, una fase clave para la manera de contar la historia. A pesar de llevar ese pequeño guión previo, la verdad es que el guión definitivo se ha labrado en la sala de montaje, donde nos vimos con unas ochenta horas grabadas que debían ser reducidas hasta poco menos de una hora. Eso de entrada requiere un gran trabajo de síntesis. Y no sólo eso, sino también de inclusión y exclusión de planos, siempre con el objetivo de encontrar aquellas imágenes que aportaran algo nuevo a la historia en relación con las anteriores. Queríamos que cada escena comenzara y acabara en un lugar narrativo distinto, que no solo fuesen imágenes estéticas sino sobre todo de contenido, que sirviesen para avanzar.

¿Cómo os comunicabais con Sasha y su familia? Debe ser complicado saber lo que estás grabando cuando no entiendes la lengua de las personas que tienes delante, sobre todo si buscáis centraros en el contenido.

La lengua era uno de los principales handicaps con los que nos encontramos. De hecho, hasta que no acababa el día y el traductor nos decía qué partes eran interesantes nosotros no teníamos demasiada idea de si había ido bien o mal la grabación de ese día.

¿Cuál es tu criterio para encontrar qué escenas significan algo y cuáles no?

Lo que hicimos fue un primer montaje con todas las imágenes que nos gustaban de entre los brutos. Después, ya una vez montadas, nos metimos de lleno en ese proceso de eliminación y descarte en base a esos criterios de contenido y avance de la historia. Y también de profundidad de las imágenes, buscando las que además de tratar el tema adecuado nos aportaran, por ejemplo, un rollo poético que favoreciera la comprensión del espectador, mostrando el estado mental de Sasha, o sus emociones.

Por otro lado, volviendo a la fase pura de guión, la selección de esas imágenes también se hizo en base a las voces en off que escribimos para el propio Sasha, para que transmitiera las reflexiones que previamente nos había explicado durante nuestra convivencia con él. Son sus palabras, pero evidentemente vienen moldeadas por las imágenes que hemos seleccionado.

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Este punto es interesante. ¿Cómo te planteas dónde se encuentra el equilibrio entre la planificación propia de un producto audiovisual y la historia real de la vida cotidiana de Sasha?

Pues es curioso, porque muchas de las personas que han visto la película nos han comentado que hay ciertos momentos que les suenan a ficción. Hay una escena, por ejemplo, de Sasha hablando con su gemelo y con la madre de ambos, en la que todos tienen sus primeros planos además del plano general que los muestra a todos. Solo íbamos con una cámara, así que sin hacer repetir nada a ninguno de ellos, los grabábamos en silencio para después utilizar esas imágenes en montaje, pero sin alterar la historia más de lo necesario, haciendo que muy ocasionalmente reexplicasen alguna de sus afirmaciones.

Es cierto que muchas veces les predispones a la situación, porque de lo contrario podrías pasar horas grabando sin captar nada, pero esto solo consiste en proponerles que hablen de un tema y a partir de ahí dejar que fluya la realidad entre ellos, cuando se olvidan de la cámara. En este sentido, tuvimos mucha suerte con Sasha porque parecía que hubiese nacido con una cámara delante y no le cohibía que lo grabásemos.

 

 


OTRAS VOCES: ENTREVISTA A DEEPA MEHTA

14 noviembre, 2016

Entrevista y fotografías de Àlvar López y Carlos Muñoz Gadea

Otras voces, nuestra sección dedicada a los guionistas no hispanohablantes, continúa en marcha con la cineasta de origen hindú Deepa Mehta. Tuvimos la suerte de entrevistarla durante la 61ª edición de la SEMINCI en Valladolid, donde nos habló de su última película, Anatomy of Violence, en la que explora las raíces de la sociedad de su país para tratar de hallar una explicación para un caso real de violación en grupo ocurrido en 2012 en Nueva Delhi.

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¿Por qué decides escribir Anatomy of Violence?

Yo estaba en Delhi en 2012 cuando se publicó que una joven había sido violada en un autobús en marcha, incluso estando acompañada de su novio. Me chocó mucho el hecho de que un grupo de hombres violase a una mujer en un autobús mientras circulaba por la ciudad a plena luz del día y por delante de hasta seis comisarías en funcionamiento. Y todo ello sin ser parados ni por las autoridades ni por la ciudadanía. Para colmo, una vez tuvieron bastante, los hombres simplemente lanzaron a la carretera a la joven y a su pareja, a quien golpearon repetidas veces. Era tal la brutalidad de ese grupo humano que la noticia conmocionó al mundo entero, a los indios y por supuesto a mí, que inmediatamente me sumé a las protestas. Fue entonces cuando unos productores de Nueva York me llamaron para realizar una película sobre la violación. Aunque mi primera respuesta fue un no rotundo, dos años más tarde me lo volvieron a preguntar y entonces sí acepté, aunque con mis condiciones.

¿A qué se debió ese cambio de idea?

Cuando hablé por segunda vez con aquellos productores, les dije que no haría una película sobre la víctima y les pareció bien el enfoque que les propuse a cambio. Les dije que no estaba interesada en centrarme en la víctima porque pensaba que ello supondría en cierto modo “revictimizar” a la joven, pero que sí podría tratar de crear una historia que sirviese para explorar cómo se crea un violador, qué es lo que marca a una persona para transformarla en algo así.

Parece lógico. Si lo que pretendías era denunciar que la violación es un problema generalizado en países como India, centrarse en exclusividad en la víctima hubiera ido en detrimento de esta tesis, ¿no?

Es una situación que se da por todo el mundo. Porque la violación tiene que ver con el poder. Es cierto que en este caso en particular, creo que la extrema pobreza e incultura de los agresores tuvo un papel importante, pero no siempre es así. Lo que sí es constante es esa idea de poder. El poder y la misoginia.

Esas causas estructurales que atribuyes a los agresores tienen su influencia directa en la estructura de la película, ¿verdad? De ahí que la película tenga esa estructura cronológica que abarca la vida de cada uno de los agresores y también de la víctima, desde la infancia hasta el momento mismo de la violación.

Efectivamente, desde el principio tuve claro que para entender a los personajes de la película -y más teniendo en cuenta que sabes desde el principio que son los agresores- debía enfocar la mirada hacia sus orígenes, hacia lo que les ha llevado a convertirse en violadores. Por eso centré el proceso de escritura en relatar cómo podían haber sido sus vidas, sus entornos o sus familias, y traté de crear momentos que dramáticamente funcionasen para contar todo eso al mismo tiempo. Creo que es una técnica, la de proyectar el pasado de alguien para entender sus acciones presentes, que es válida en cualquier caso, pero que es en situaciones como ésta cuando adquiere más sentido. A partir de ahí, la estructura capitular surgió de manera orgánica, pues me resultaba la mejor manera de organizar estos momentos críticos de las vidas de los agresores como motor de su brutal acto. Por otro lado, aunque conferí una gran importancia a sus pasados, quise dejar claro que la estructura servía para llegar al punto cero -al momento en que toman la decisión de violar a la joven-, donde ellos optan por cometer esa atrocidad de manera consciente, pues no quería que pareciese que les eximía en modo alguno de sus responsabilidades. De ahí que los capítulos estén numerados como en una cuenta atrás hasta el punto de no retorno.

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Cartel promocional de Anatomy of Violence

Para desarrollar a estos personajes, de los que pretendías que se vieran sus backgrounds completos antes de la secuencia final, ¿qué proceso de documentación seguiste?

Primero vino la fase de documentación sobre los orígenes de los agresores, que me sirvieron como punto de partida para crear a los agresores de la ficción, a los que por necesidades dramáticas atribuyo situaciones distintas a las reales, aunque sin alterar la esencia. Después, el trabajo de ensayos con los actores se realizó con el guión todavía por cerrar, a modo de taller si queréis, para que esos mismos ensayos nos sirvieran de reflexión para la propia escritura. Quería que la puesta en escena fuera abiertamente teatral, así que este método de escritura viva me pareció el más adecuado para dotar a la película del tono que quería imprimirle. En definitiva, partimos de esas situaciones reales halladas durante la fase de documentación para después explorar las posibles causas de los comportamientos en base a los talleres y los ensayos con actores, que han colaborado muy estrechamente en el esfuerzo que supone la escritura de la película.

Entonces, ¿las historias mostradas no son los pasados reales de los agresores?

Sí y no. Hemos funcionado mucho por contexto para la creación de los personajes. Es decir, conocíamos y hemos respetado los eventos mayores de sus vidas, pero a partir del trabajo de escritura y de ensayo hemos reinterpretado esas situaciones para crear en base a ellas esa reflexión sobre las posibles causas estructurales y sociales de sus atroces comportamientos.

Se diría que es esa reflexión la que te impidió enfocar este proyecto a modo de documental, género que ya habías trabajado con anterioridad. ¿Por qué te decantaste por la ficción en este caso?

Decidí hacer una historia de ficción por la simple razón de que debía imaginarme sus vidas a causa de la falta de documentación al respecto. Además ni podía ni quería entrevistar a los violadores, ni tampoco a sus familias. Queríamos mostrar momentos de sus vidas que eran todo menos agradables de escuchar, por lo que haber conseguido sus testimonios al respecto hubiese sido una tarea casi imposible. Es difícil que alguien acepte mirar a cámara y contar, por ejemplo, que su tío lo violaba repetidas veces cuando tan solo era un niño.

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Eso también explica que con independencia de la edad de los personajes que pretende ser representada en cada capítulo, los actores son siempre los mismos, ya sea para hacer de niños de 8 años o de adultos de 25. ¿No es así?

Si quería retratar esa realidad tan horrible, no podía hacerlo con niños de verdad, porque ello hubiese sido abiertamente macabro. De esta manera, utilizando a adultos para interpretar papeles de niños de temprana edad, quise llevar la película a otro lugar, al de la reflexión intelectual sobre la sociedad hindú y su responsabilidad en este tipo de comportamientos. Por otro lado, también entra de este modo en juego la idea de que esa accidentada infancia tiene una gran influencia en las vidas adultas de los agresores, lo que refuerza esa reflexión de la que os hablaba. De haber utilizado a niños para estas escenas, mucho me temo que solo habría conseguido que la gente sintiera asco por las imágenes, lo que hubiese perjudicado esa reflexión activa que pretendo para los espectadores de la película. Le dimos muchas vueltas a esto, preguntándonos cuál era la decisión más adecuada para transmitir el tema del guión. Y lo hicimos durante la misma fase de escritura, donde ya trabajábamos en base a esta estética concreta.

 


SEMINCI 2016: ENTREVISTA CON JOEL CALERO

28 octubre, 2016

Entrevista y fotografías de Àlvar López y Carlos Muñoz Gadea

El cineasta peruano Joel Calero presenta su segundo largometraje, La última tarde, en la 61ª edición de la SEMINCI de Valladolid. La película, que narra la historia de dos antiguos amantes y compañeros de guerrilla, forma parte de la sección Punto de Encuentro.

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La película arranca con una pareja que re reúne 19 años más tarde, después de una juventud en la militancia de un grupo radical de izquierdas, para sellar de manera oficial su divorcio. ¿Qué te inspiró para crear esta historia?

Este proyecto tiene un doble origen. Yo había hecho Cielo Oscuro, mi primera película, que tardé siete años en hacerla, y ya tenía otro proyecto, una ficción que iba a rodarse en Cuzco a la manera de Shortcuts, con varias historias que se entrecruzan. Entonces me dije que si para una película mediana había tardado siete años, no quería meterme otra vez en algo tan grande, por lo que quise hacer otro tipo de película que también me gusta, un tipo de cinta más concentrada, con pocos personajes… Esa fue la primera razón. La otra razón para comenzar este proyecto fue que mis historias siempre son temas de pareja, obsesivamente, y me interesaba sumarle a esta temática un background político. Así es como surgió esta historia, con una pareja que se reencuentra tras haber compartido este pasado y hacen un ajuste de cuentas de lo que han sido sus vidas hasta ese momento, tanto de su pasado emocional y de pareja como de su pasado político. Desde el guión, el reto era precisamente entrelazar estos dos aspectos, conseguir que alternaran y fluyeran entre sí. Tiene además mucha lógica, porque en la década de los ochenta la vida política estaba profundamente marcada por los ámbitos social y afectivo, de una manera que no se podía desligar. Eso fue lo primero que quise introducir en el guión.

El desarrollo de personajes viene muy marcado por esa realidad social que describes. Cada uno proviene de una clase social distinta y llegó a la militancia por diferentes caminos, lo que permite precisamente tratar esa dimensión sociopolítica que subyace de su historia personal. ¿Cómo desarrollaste a la pareja protagonista?

El título original de la película era Lo mejor de la burguesía son su vino y sus mujeres, una frase de Lenin que alude a este contraste de clases. En Perú, que las clases altas participasen en la militancia no fue algo muy usual, aunque sí ocurrió. Cuando hablamos de violencia política en Perú, hay que hablar de dos actores políticos, desde la subversión. Uno es Sendero Luminoso y el otro es el MRTA, siendo el primero un movimiento terrorista de origen maoísta y el segundo más bien guerrillero, que incurrió en el terror pero que también tuvo un perfil guerrillero más a la manera guevarista. Explico esto porque a mí me interesaba que mis personajes hubiesen sido emerretistas, y porque entiendo que el público internacional piensa inmediatamente en Sendero al hablar de Perú.

El caso es que cuando empecé a trabajar el tema, no es que hubiese demasiada literatura al respecto. De hecho, yo me serví bastante de un libro que se llama Mujeres Guerrilleras, sobre la guerrilla argentina formada por las clases medias e intelectuales, para crear el papel femenino, que ha interpretado Caterina D’Onofrio. En cambio para el papel masculino, el de Lucho Cáceres, su personaje también se escribió gracias a su trabajo personal. Recuerdo que la primera vez que le planteé el guión me dijo que no lo haría “mientras en tu película esos hijos de puta no le pidan perdón al país por lo que hicieron.” Evidentemente, le contesté que para eso debía escribir su propia película. Y en el proceso que atravesó hasta que decidió hacerla se creó su personaje en parte. Porque él mismo hizo algo que el propio país está haciendo, que es desdemonizar a esos sujetos, no justificarlos, pero entender cómo pudieron ver ellos los casos. Poner este problema en el nivel de la sociología, que es donde debería estar, y alejarlo de la inclinación política. En definitiva, tuvimos que trabajar mucho en la concepción ideológica del personaje para no rechazarlo.

¿Y todo esto tuvo lugar durante la preproducción o todavía hiciste reescrituras durante el mismo rodaje?

Yo no diría que el guión continuó reescribiéndose en el rodaje. Por mi manera de trabajar, la estructura y el argumento ya llegan cerrados al rodaje, e incluso ninguna de las intenciones de las secuencias fue alterada durante este proceso, pero sí se adaptó a los actores, sobre todo en lo referente a los diálogos, ya que en la película ellos dos conversan durante los más de 80 minutos de metraje. Las ideas que interpretan son las del guionista, por supuesto, pero los actores aportaron al acoplar los diálogos a su dicción para poder trabajar mejor a los personajes.

En cuanto a la reescritura, ¿sueles trabajar mucho tus guiones mediante las sucesivas versiones?

Claro. Tengo la fortuna de haber desarrollado mis dos largometrajes en el Curso de Desarrollo de Proyectos Cinematográficos Iberoamericanos Fundación Carolina, lo que es un laboratorio intensivo de trabajo, donde compruebas con la ayuda de los asesores que la cocina del guión se cuece lento. Por ejemplo, creo que escribí unas catorce versiones de mi primera película, y en esta al menos ocho o nueve.

¿Surgió primero el tema y esta idea de revisar la historia política reciente de tu país o  llegaste a una situación y al dotarla de profundidad comenzaron a aparecer esas ideas?

Primero vino el tema. Además, el germen de la película es una carta que yo le escribo hace mucho tiempo a un amigo que había tenido cierta militancia política en los ochenta, y que en su vida cotidiana habla de esos años con grandilocuencia, con cierto enfervorecimiento verbal, que ensalza su propia imagen de ese tiempo en detrimento de la suya propia y actual. Recuerdo que empezaba esa carta preguntándole a qué pueblo se refería, a ese pueblo que él asociaba a los poemas de Benedetti y a las películas de Ettore Scola, y que yo pienso que ya no existe, que no tiene conciencia social y que es el lumpen proletario que eligió y mantiene a Fujimori. Fue ese choque, ese contraste, lo que me inspiró para hacer esta película. De hecho es algo que los personajes se dicen en un momento dado de la cinta.

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Cartel promocional de la película

Desde el inicio la idea fue muy clara, quisimos partir del contraste entre estos dos guerrilleros que se encuentran, y cuyo drama tiene que ver con que uno se ha quedado anquilosado en la grandilocuencia de ese pasado mientras que la otra ha ecualizado sus ideales políticos con su nueva realidad. Hay una cita de José Pepe Mujica, expresidente de Uruguay y en su día exguerrillero Tupamaro, que dice: “Antes queríamos cambiar la sociedad, ahora nos conformamos con cambiar la acera de enfrente.” Es decir, variar o adecuar la expectativa de lo que quieres cambiar a una escala doméstica, más cercana, es lo que define al personaje femenino, que fantasea desde su cómoda posición con poner un restaurante de comida orgánica, lo que la reconcilia con sus ideales, mientras que el personaje masculino que sí trabaja concediendo microcréditos y por lo tanto teniendo una mayor incidencia social, se siente mal y muy frustrado con respecto a su pasado, lo que representa un conflicto muy interesante que estaba ya desde la primera versión de guión.

De hecho, los diálogos entre los dos personajes tratan temas como la memoria, o esa visión romántica del pasado a la que aludías. Y suena natural gracias a esa presentación de sus pasados y sus presentes durante el primer acto. ¿Cómo desarrollaste este primer acto?

Sabía que tenía que entrar rápidamente en materia para mantener el interés. Presento en el inicio a una pareja que quiere divorciarse, pero que no puede de inmediato y debe regresar más tarde para cerrar el trámite. Una vez los tenía en la situación, pretendía hacer que floreciera rápidamente el tema de su pasado, y el por qué de su separación, para que empiecen a sincerarse. Me parece muy curioso y divertido que precisamente en la SEMINCI  de este año haya una muestra sobre la obra de Richard Linklater. Es obvio que tuve como referencia Antes del atardecer, que he visto muchas veces y que me encanta. También tuve como referencia clara Sin Testigos, de Nikita Mijalkov. Creo que la obra de Mijalkov me aporta la esencia de un personaje que fue potente en el pasado y que descubre que tan sumido en la mediocridad está ahora, y sentía que algo de eso podía introducir en el reencuentro de estos dos personajes de mi película.

Tenemos la sensación de que una buena parte del cine latinoamericano actual bebe de su realidad social, o de la reinterpretación de su pasado reciente. Destacan cintas como la argentina La larga noche de Francisco Sanctis o la chilena Aquí no ha pasado nada (guión del que hablamos aquí). ¿A qué crees que responde esta tendencia?

Yo creo que este tipo de películas están apareciendo de otra manera. En el tiempo inmediatamente posterior a este periodo de violencia en Perú, ya existían esas películas, pero como ilustración de un cierto periodo. En cambio, me parece que ahora eso aparece como un background, en tercer término, como en mi película, aunque está siempre presente. Hay una película que aprecio mucho, Paraíso, donde también puede observarse esta atmósfera, pero no está en primer término. Está en un tercer término actuante, y eso me parece interesante porque es como nuestra vida personal. Mis traumas no están ahora mismo presentes, pero están estructurando desde un background, y es así como me interesa que sean mis historias. En este caso, que se hable de la violencia política pero no en aquellos años, sino en el ahora.

Con respecto a la tendencia, yo creo que sí existe. Por lo menos en el cine que a mí me interesa y me parece más rico y fructífero. Ya hablando de la temática de la que trata la película, creo que es el hecho sociológico más importante de Perú de los últimos cuarenta o cincuenta años. En este sentido, el cine, o también la literatura, sirve para pensarlo y procesarlo, y por tanto para digerirlo. Es algo así como la terapia de una sociedad.

¿Hasta qué punto desarrollas esa atmósfera desde la escritura? ¿Cómo transmites eso en el papel?

Como es parte de mi realidad, no he necesitado una fase de documentación muy exhaustiva. En cambio, para el nuevo proyecto que tengo, mi tercer guión de largometraje que se llama La piel más temida, sí he necesitado de mucha más documentación, porque trata de Sendero Luminoso y ya no es algo que me sea tan propio, es mucho más complejo.  La última tarde nace desde lo que yo vivía, veía y sentía como sujeto que forma parte de Perú.

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¿Y cómo consigues que esa atmósfera tan potente y cargada de significado no se coma la trama?

Yo nunca tuve muy claro este aspecto. Sabía que no era el primer término de la historia cuando la escribía, pero sí que estaba presente por todas partes: en los diálogos, en la alternancia, en la recurrencia con la que regresa el tema… Me pareció interesante, durante la primera proyección que fue en el Festival de Cine de Lima, que la percepción de la gente era la de haber visto a una pareja que fue en su día guerrillera, y no la de dos guerrilleros que en su día fueron pareja. Fue bien interesante que la percepción de la gente fuera la que habíamos pretendido. Cuando hablamos de pareja, hablamos de sujetos, y eso es justamente como no se percibe a los guerrilleros jamás, puesto que son deshumanizados como una categoría susceptible de recepcionar todos los prejuicios. En cambio, en la película ves a Laura y a Ramón, dos sujetos con sus historias, sus pasados y sus particularidades. Es algo que ocurre en uno de los libros más interesantes publicados el año pasado en Perú, Los rendidos, de José Carlos Agüero, el hijo de dos Senderistas que fueron asesinados por las fuerzas del Estado y donde él, siendo un activista político, consigue que el lector comprenda a esas personas como sujetos, como seres humanos con los que empatizar. Ese es el punto que intentamos conseguir en la película.

 


SEMINCI 2016: ENTREVISTA A EDUARD CORTÉS

28 octubre, 2016

Entrevista y fotografías de Àlvar López y Carlos Muñoz Gadea

Eduard Cortés es uno de los guionistas (junto a Piti Español) de Cerca de Tu Casalargometraje presentado dentro de la sección Spanish Cinema de la 61º edición de la SEMINCI que cuenta con una particularidad evidente desde la misma base del guión: se trata de un musical sobre desahucios. Precisamente con Eduard pudimos charlar para saber cómo surge este proyecto y cuáles son las particularidades y fases de escritura que atravesó el largometraje.

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Suponemos que lo primero que surge en este proceso creativo es la idea de querer hacer un largometraje musical que hable sobre desahucios. Desde este punto de origen, ¿cómo es el trabajo de construcción del guión?

Lo que tenía muy claro es que la historia que me interesaba contar era la de una familia joven con una hija donde ambos padres están en el paro por la crisis. A partir de ahí, quería contar todo el periplo que se inicia cuando los tiran de casa, pero sobre todo lo que viene a partir de ese momento. Me parece que si hay algo distintivo de los conflictos sobre desahucios de este país respecto a otros países es no tanto lo que ocurre hasta que te echan de casa, sino lo que ocurre después de que te echen, que creo que es cuando realmente empieza la travesía del desierto.

A partir de este punto lo que hice fue entrevistarme con personas que habían sufrido lo mismo que la protagonista de la película con tal de articularlo todo en función de la realidad, intentando ficcionar lo menos posible. Desde el inicio contaba con las canciones para alejar, por decirlo de alguna manera, la película de un telediario, pero a su vez tenía mucho interés en que la historia fuera muy real, que estuviera poco intervenida por la trama o por giros dramáticos que podían hacernos ilusión. Queríamos alejarnos de esto, mantenernos muy sobrios.

Es un trabajo que queda presente al ver la película, que no se trata de un guión con giros, sino que parece que lo que se pretende es plasmar la realidad de manera sencilla.

Lo que pretendíamos, si bien no se puede hablar de giros, era dotarla de singularidad a través de la parte musical y no de la argumental, digamos. Me parece lo más característico del proyecto. Normalmente los guiones los escribo con Piti Español, y es cierto que cuando nos empezamos a plantear todas estas cuestiones, todas las opciones que teníamos para contar la historia, surgieron multitud de posibilidades que fueron deambulando incluso por géneros diversos. Pero siempre me quedaba la sensación de estar frivolizando el tema, de estar llevándolo a un lugar que no era el que queríamos, por lo que volvimos a esa sencillez argumental donde los puntos más climáticos venían marcados por la música y no por giros.

Por tanto, todas las tramas y personajes que surgieron fueron en pos de esa búsqueda de la realidad, ¿no?

Sí. De hecho, en algunos momentos teníamos tramas y personajes mucho más estridentes, al inicio sobre todo, por lo que para quedarnos con la esencia hicimos mucho trabajo de pulir. Se trató de un proceso en el que queríamos llegar al punto de conseguir no utilizar la película para, por decirlo de algún modo, exponer nuestra brillantez, sino más bien intentar escribirla desde un lugar más humilde. Entiendo que en un momento determinado la sensación que puede dar la película es de estar poco trabajada desde el guión, o que podríamos haber hecho más, pero la realidad es que hicimos mucho, mucho más, de lo que sale en el guión final, puesto que el trabajo siempre estuvo orientado a simplificarlo al máximo.

Es que precisamente, quizá para conseguir la sencillez, la simplificación, debes conocer bien tu historia, haberla trabajado mucho para saber qué es lo que puedes quitar.

Exacto, esa es la manera de llegar al núcleo. Hay veces que tenemos mucho interés en que se vea el guión, que esté presente, pero en ocasiones debes esconderlo. En ocasiones, conviene que la gente tenga una percepción de que hay poca intervención por parte de la ficción, por parte del guionista. A veces interesa más conectar con la realidad, y en este caso en concreto cualquier intervención aparatosa por parte de nosotros como guionistas hubiera ido en contra de esa realidad.

Hablaríamos de no pensar la historia partiendo de la base de que hay que buscar giros interesantes por guión, sino buscar la manera más sencilla de contar la idea que quieres transmitir.

Efectivamente. Cuando tienes el contacto con la realidad en un caso como este, que no deja de nutrirte de conflictos dramáticos muy potentes (aunque a fuerza de repetirse parece que nos hemos acostumbrado a que estas cosas ocurran), hay que hacer lo posible para no alejarse de ella.

Hace unos años, antes de que empezaran los desahucios, si contabas la historia de una familia que echaban de casa, iba a vivir a casa de los padres de ella y también corría el riesgo de que perdieran esa casa por culpa de un sistema que los acorrala y  los lleva a un callejón sin salida, eso habría sido un argumento muy estridente. Hoy en día lo tenemos más interiorizado, es nuestro día a día, pero con el argumento en sí, con los personajes que intervienen, sobra para poder contar una historia, no hace falta añadirle más. Lo que hacemos nosotros es un recorrido por este suceso, por todos los personajes que giran en torno al desahucio, y todos tienen su propio drama.

¿Y cómo fue la construcción de estos personajes para buscar su propio drama sin caer en los tópicos, en la separación de buenos y malos?

Precisamente, una cosa que no queríamos hacer era una película maniquea, de buenos y malos. Nos parecía infantil, por definirlo de alguna manera. Cuando estuve en algún desahucio y veía a la policía, por ejemplo, no veía robots, veía personas de carne y hueso que posiblemente, algunos de ellos, tendrían hijos de la edad de las familias a las que desahucian. No sé qué tipo de impermeabilidad debes tener para que sacar a una niña como tu hija de una casa y dejarla en la calle no te afecte, por muy bruto que seas. Entonces, si consigues establecer un poco de empatía con todos los personajes te das cuenta de que finalmente algunos de ellos están arrepentidos de ser policías si lo que tienen que hacer es ese tipo de cosas. Supongo que hay de todo, pero al menos para mí está muy claro que esa realidad, ese arrepentimiento, existe. Al buscar información no tardé en descubrir que muchos de ellos pedían el cambio de departamento. Y lo mismo con los banqueros, que pedían el cambio de oficina, porque en ocasiones se encontraban machacando con la hipoteca a vecinos que conocen de toda la vida, y eso lo llevaban fatal, cómo no. Por tanto, entiendo que en cierto modo esa gente es también víctima del sistema en el que viven.

Entiendo que tengamos una imagen de la ley como un ente implacable, abstracto y difícil de localizar, pero un policía, un individuo, es más sencillo de localizar. Si bien yo no escogería esa profesión, entiendo que un policía es una persona normal, que siente. Por otro lado, a nosotros la policía también nos brinda seguridad, y confiamos que aplicará la justicia. Es cierto que no es lo mismo la policía antes y después de la Ley Mordaza, por ejemplo, pero vuelvo a lo mismo: entiendo que el problema no es el individuo, sino la aplicación que se ven obligados a hacer de ciertas leyes. Pero por lo demás, pienso que es gente que al llegar a su casa hace vida normal. Podré identificarme más o menos con su ideología, pero entiendo que en su esencia son igual que yo. Aman, se desesperan, lloran de felicidad. Y eso es algo que me parecía importante mostrar.

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Cartel promocional de la película

¿Y esta falta de diferenciación entre buenos y malos era algo que siempre estuvo presente desde la primera versión de guión?

Sin ninguna duda. La idea de un policía que se cuestiona la validez de los desahucios, pero ya no desde un punto de vista filosófico o moral, sino desde la misma emoción, desde la posibilidad de que empatice con la gente que está echando, siempre estuvo presente. Además, a nivel narrativo, creo que este enfoque puede darle un interés extra a la historia, porque no nos centramos en la visión simplista de los personajes que tienen que ver con el desahucio puro y duro.

¿Cómo funcionáis para evitar caer en este tipo de clichés? 

Normalmente lo que hago con Piti es no escribir durante los dos primeros meses del proyecto. Solo hablamos, mucho. Día sí día no nos vemos en una cafetería de Barcelona que nos encanta, y hablamos, sin papel ni boli de por medio. Al cabo de dos meses, de todo lo que hemos hablado hay algo que por su propio peso ha cogido consistencia, que no lo olvidas. De hecho, si no nos acordamos es porque no era tan importante. Lo esencial siempre lo recuerdas. Es verdad que quizá algún pequeño mecanismo se te puede olvidar, pero en general, hasta que no tenemos algo muy sólido no nos ponemos a escribir. Entonces, durante estas conversaciones surge todo lo que queremos hacer y sobre todo lo que no queremos hacer. En esas conversaciones a veces surgen cosas, sin darte cuenta, que no te gustan, y es en ese momento cuando lo hablamos: “oye, que este no es el camino”.

Cuando haces un guión, siempre te cuestionas si tiene sentido o no hacerlo. Para mí, ese es el gran drama. Empiezas a pensar una película, te ilusionas con ella, y en un momento determinado te preguntas si a alguien le va a interesar lo que estás explicando. Ese es el gran momento de crisis para mí. Luego puede haber otras crisis sobre ciertos personajes o escenas, pero en todos los guiones que me ha tocado escribir he pasado por esta crisis general. ¿Alguien querrá ir al cine a ver esta historia? Cuando te haces esta pregunta, que es atroz, puesto que hay muy pocas ideas que soporten esta pregunta, debes pararte un momento y reflexionar lo que quieres contar, porque si no existe la tendencia a crear cosas que acaban siendo clichés pero que puedes pensar que son necesarias para que el espectador quiera verte. “Esta es la historia de un tipo al que desahucian y entonces mata al banquero”. Si caes en ese tipo de concesiones, al final lo acabas pagando muy caro, porque te puedes alejar de lo que quieres hacer. Por tanto, de vez en cuando es imprescindible recular y reflexionar sobre si realmente estás haciendo el guión que te gusta a ti o si está cayendo en ciertos clichés. Aunque he de decir, no obstante, que esas exploraciones son buenas. De vez en cuando, no ir tan programado va bien para vacunarte contra ciertas cosas.

Claro, sería un poco el proceso de dejarse llevar en algún momento para ver lo que surge, y luego ver qué es lo que te interesa y qué no.

Sí, eso es. Por ejemplo, en este caso yo contacté con Silvia Pérez Cruz desde el mismo inicio de la idea, puesto que sabía que la quería a ella. Como no es actriz, era evidente que no podía dejar su trabajo para el día de los ensayos. Cuando llegara ese momento, ella debía conocer perfectamente el guión, para saber qué se quería conseguir en cada situación. Pues bien, ella alucinaba con la cantidad de guiones similares pero a su vez distintos que hubo en ese proceso. Igual hay guionistas que lo tienen muy claro desde el principio, pero ni Piti ni yo trabajamos así. Nosotros construimos y derrumbamos constantemente, teniendo claro de entrada qué tipo de película queremos hacer, eso sí. Pero desde este punto sí, haces muchos recorridos de ida y vuelta.

Ya lo has mencionado antes por encima, ¿pero cómo os planteasteis la introducción de las canciones dentro de la narración?

Lo que no queríamos era que las canciones formaran parte de la acción dramática de la escena. Me gustaba la idea de que las canciones reflejaran el estado anímico de los personajes cuando este llega a un extremo, por lo que la música subraya emocionalmente el momento. Por tanto, era importante detectar dónde estaban esos momentos dentro de la narración, y era muy importante también que Silvia los entendiera para que pudiera trabajar las canciones, puesto que ella ha hecho tanto la música como la letra.

Por otro lado, en cierto modo también habéis seguido la estructura de musical a la hora de construir el guión, ¿no? Empezáis con una melodía que se repite en ciertos momentos, por ejemplo. ¿Es una decisión de guión o surge en el montaje?

Venía desde el guión, si bien fue una de las últimas cosas que incorporamos. Lo que hicimos fue crear un personaje que abriera y cerrara la película con dos consignas distintas. Esto surgió porque, cuando hicimos el teaser de la película, Silvia compuso una nana. Reflexionando sobre este tema, sobre el por qué de la nana, llegamos a la conclusión que nos podía servir muy bien para reflejar el estado de letargo de todos, ese “duérmete” que se repite al inicio, si bien al final de la película esa misma melodía invita a despertarse, a ver la realidad de una manera más combativa. Creo que es un elemento muy estilístico de esta película, que además tiene mucha conexión con el típico narrador del género musical.

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Parece que surja de manera natural, sí, que la conexión entre actos venga dada por un personaje, o por una melodía, en el caso de un musical.

Sí, además incluso a nivel de puesta en escena esto se tiene en cuenta. Empezamos con un plano que tira hacia atrás desde un primer plano, y acabamos con el plano inverso. En algún momento de la película hemos pasado de dormirnos a despertarnos, es un poco el concepto estilístico que tiene mucho componente musical y que ya venía dado desde el mismo guión, puesto que aquí las cosas se abren y se cierran, es un componente narrativo que sí que es cierto que en la vida real no ocurre de manera tan clara, tan redonda.


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