CARLOS DE PANDO: “EN ESPAÑA HAY MENOS TRABAJO QUE GUIONISTAS, POR LO QUE NO TE QUEDA MÁS REMEDIO QUE SABER HACER DE TODO Y, ADEMÁS, SABER HACERLO RÁPIDO”

16 junio, 2017

Por Àlvar López y Carlos Muñoz Gadea

Carlos de Pando es guionista de cine y de televisión, además de ser miembro de la actual junta directiva de ALMA. Su entrevista fue la primera que realizamos para el blog hace ya diez meses, si bien la publicación quedó a la espera de tener fecha de estreno de la nueva temporada de El Ministerio del Tiempo, donde ha escrito un total de cinco capítulosAhora, con la serie estrenada (y tras varias actualizaciones de la entrevista) publicamos el resultado de la conversación con Carlos. Se habló del Ministerio, por supuesto (para más información sobre la serie, se puede consultar la entrevista de Nico Romero a Javier Olivares), pero también hubo tiempo para hablar sobre la figura del guionista, su papel en la industria, el mercado laboral y los dos proyectos de cine que tiene en marcha actualmente.

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¿Qué puedes contarnos de los dos largometrajes que estás escribiendo?

El primero de ellos surge a través del director Marc Vigil. Estuvo viviendo un tiempo en México y fue allí cuando le surgió la oportunidad de hacer una película, inspirada en una historia real. Resulta que unos pobres desgraciados robaron un camión, con la mala fortuna de que este iba lleno de residuos radioactivos, y dispararon todas las alarmas en el país. A raíz de eso nos imaginamos una road movie por México con el camión lleno de una carga peligrosísima como eje central (a lo Duel de Spielberg, o El salario del miedo, de Clouzot) a través de paisajes desérticos. Tenemos claro que con esta película queremos contar México de una manera diferente, enseñar la parte menos trillada y alejarnos del tema más habitual, que es el narcotráfico. En síntesis, hacer un thriller sin drogas, que en México es algo complicado, para contar la esencia de un país donde casi no existe clase media y la clase baja vive esperando algo que nunca llega.

El otro proyecto surge entre medias, cuando contactan con Marc por su trabajo como director en El Ministerio del Tiempo –lo cual confirma una vez más que tenemos un trabajo que luce poco– para llevar a cabo la adaptación de una novela negra ubicada en Valencia en la que se habla de la corrupción política, humana y social. La novela es El silencio del pantano, de Juanjo Braulio. Acabo de terminar la quinta versión, y es, tal cual, lo más difícil que he escrito en mi puta vida.

Comentas que tenemos un trabajo que a veces luce poco.

Sí. Cuando vas a intentar vender un proyecto tú solo a una productora es muy difícil, pero si hay un director de por medio las puertas se abren de par en par. Leerse un guión, incluso un tratamiento, les resulta menos apetecible si no hay una propuesta de director detrás. Parece que dé la sensación de que es un proyecto a medio hacer. En una parte lo entiendo, pero es una lástima que cada vez se den menos oportunidades a los guionistas que van con un proyecto de texto puro y duro. Esa es y debería ser la base; luego si te gusta el proyecto ya encontrarás un director que se adecue.

De hecho se da bastante la dupla guionista/director. Rafael Cobos/Alberto Rodríguez, Isabel Peña/Rodrigo Sorogoyen. Y parece que también es Carlos de Pando/Marc Vigil.

Al principio pensaba (reconozco que por ego autoral) que escribir era contar mi historia. Sin duda, el guionista es el principal autor de la obra, es el que se enfrenta al folio en blanco, a la nada, para sacar adelante un proyecto. No obstante, a mí trabajar con un director como Marc me ha cambiado la forma de pensar en ese sentido. Si encuentras a un director que sepa leer guiones, que sepa que su dirección está al servicio de la historia que se quiere contar, y que además también será su historia, todo funciona mucho mejor.

Es cierto que en España padecemos desde hace muchos años el mal de los directores guionistas, que se creen en muchas ocasiones los autores únicos de las obras, pero cada vez hay más directores que entienden que el trabajo es de los dos. Al final se trata de que ambos quieran contar la misma historia, pero en lenguajes diferentes. Le recomendaría a cualquier guionista este tipo de trabajo, puesto que te da un punto de vista práctico que tú como guionista no tienes: entender que hay cosas que escribes que luego en plató son difíciles de rodar, sea por cuestiones de producción o porque has escrito algo que no coincide con la mejor manera de contarlo visualmente. Si desde el principio tienes un guión que también sea visual va a ser muy útil, porque te puedes imaginar la película muy pronto. Esto es algo que a veces el guionista puede perder de vista. Creo que estamos faltos de la realidad de un rodaje.

Y del mismo modo que el director debe tener nociones de guión para poder entender la historia, ¿crees que el guionista debe tener nociones de dirección?

De alguna manera, prácticamente todos los guionistas que conozco piensan en imágenes, y eso en cierto modo es dirigir. Componemos, aunque no sea de una manera muy concreta, la película en nuestras cabezas, de forma visual. No es que sepas si una escena debería estar contada en planos cortos y picados o con un travelling circular, es algo más abstracto, pero está ahí, y es importante profundizar en ello en el guión.

Esto nos puede ayudar, primero, a resolver problemas en la forma de escritura. A veces con un único plano podemos ahorrarnos varias páginas de guión que podemos considerar necesarias, pero que con una imagen pueden resolverse igual. Por tanto, diría que no hay que ser tan exhaustivo como el director, pero sí tener ciertas nociones. También creo que, para tener este punto de vista no basta con ver muchas películas, puesto que ver audiovisual no implica entender audiovisual, y mucho menos saber escribirlo. Para ello hace falta recurrir a más fuentes.

¿Cuáles?

Creo que leemos pocos guiones, cuando son la esencia de todo. Hace poco me pasó con Nightcrawler. Al verla por primera vez me pareció potente, me gustó, pero no me fascinó. No obstante, al leer una entrevista con el director de la película y escuchar cómo él lo que se propuso era contar la historia de un personaje que no evoluciona, que no tiene arco, porque la mayoría de la gente en su vida no lo tiene, sospeché que en el guión podía haber una profundidad que se me había escapado en la película. Fue al leerlo cuando entendí perfectamente lo que querían contar. Al volverla a ver después de aquella lectura, comprendí que todas las decisiones visuales estaban hechas para mejorar la historia. Me pasó lo mismo con el guión de La Isla Mínima. Te das cuenta que lo que parece importar a Rafael Cobos no es tanto la investigación en sí, sino todo lo que no se cuenta, el subtexto que subyace sobre la España que representan. Ubicar la historia en ese contexto es lo fundamental del largometraje. Y eso está ahí en la película, claro, pero leerlo en el guión te da otra dimensión del asunto.

Y no solo eso, leer guiones también te ayuda a ver cómo en dos líneas se puede describir a la perfección un personaje, una situación y un suceso. El que lo lee lo entiende todo de un plumazo, y eso es algo que no sucede tan a menudo como parece en un guión. Es tan importante el cómo se cuenta como el qué. La forma del texto es muy importante, puesto que, si está bien contado, el que lo lee se va a quedar exactamente con lo que tú quieres que se quede.

Luego es igual de importante nutrirse de otras fuentes culturales: teatro, exposiciones, conciertos… porque muchas veces nos centramos solo en ver series y películas que nos gustan, nos ensimismamos mucho con el audiovisual moderno cuando, al ver un cuadro o una fotografía, por ejemplo, te das cuenta que lo fundamental está ahí, y es el querer contar una historia. Sea cual sea la forma o el arte con el que se represente, lo que se consigue es que sientas algo.

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Para Carlos, leer guiones es imprescindible para aprender y entender su funcionamiento y construcción.

¿Y los manuales?

La vertiente académica y la de la profesión son cosas muy distintas. La teoría está clara, pero la práctica es el infierno en la tierra. Hay que estar improvisando constantemente. En la práctica hay mucha gente metiendo la mano, hay que tomar muchas decisiones, hay muchas opiniones. El punto académico está muy bien, y es necesario que exista, pero no puedes hablar desde lo académico cuando estás en plena guerra y hay disparos por todas partes.

Hablabas también sobre el qué quieres contar. En el caso de los proyectos que tenéis en marcha, ¿sabes qué quieres contar desde el inicio, o lo encuentras a medida que escribes?

Es una pregunta muy complicada. Tal y como yo lo entiendo depende del proyecto. La diferencia fundamental, para mí, está entre tema y trama. Para mí, lo fundamental es el tema. La trama está al servicio de lo que tú quieres contar. En las películas buenas, el tema está presente en todas las escenas del guión, y si no lo tienes claro desde el principio es difícil que lo respetes. Obviamente habrán temas que surgirán a medida que escribes, pero el tema esencial debe permanecer.

De hecho, con el proyecto que tenemos en España nos costó más de cuatro meses darnos cuenta de lo que estábamos hablando realmente, y era algo que también está en la novela. Nos obsesionamos con los hechos, con los acontecimientos, con las escenas y momentos concretos… Y perdimos de vista la esencia: ¿qué narices estamos contando con esto? Por suerte, cinco versiones y muchos meses de trabajo después, creo que lo tenemos claro.

Jorge Guerricaechevarría, el guionista habitual de Álex De La Iglesia, decía algo muy interesante al respecto: cuando sepas el tema de tu película, no hables de él, pero que esté presente todo el rato. Creo que eso es algo muy complicado, y solo se puede hacer si tienes un conocimiento muy profundo del tema que estás tratando.

Del mismo modo, Natxo López también decía algo interesante: sabemos muy bien los qués, pero somos pobres en los cómos. A esta opinión sí que tengo algo que añadirle, y es que personalmente creo que también somos pobres en los qués. Las series españolas siempre van a la trama, a que sea potente y haya muchos giros, pero al final no hablamos de nada, en muchas ocasiones no hay un qué. Si hablamos de una serie que está bien hecha, pensad en la que queráis, el tema, ese qué, está presente todo el rato, y es un discurso que hila toda la narración.

En el caso de la televisión es cierto que también entra la producción, sus tiempos y el no perder audiencia, que es lo de que vive.

Sí, pero para mí no son cosas excluyentes. Creo que se pueden hacer ambas cosas. El que esté un poco atento percibirá esa profundidad, y al que no le enganche la trama, quizás le atrape el tema. Lo que sí es cierto es que en televisión falta tiempo para profundizar, puesto que el tiempo que tienes es la nada. Escaletar en dos días, dialogar en una semana. Al final tienes un producto de setenta minutos hecho en dos semanas, lo que es demoledor. En un largometraje, con suerte, tienes meses para pensar en un producto de noventa minutos.

Con esto no quiero decir que en televisión hagan falta tiempos así de largos, es inevitable que por el puro formato, tiempo y urgencias del medio sea así, pero sí que creo que en muchas ocasiones es la falta de tiempo la causante de la falta de profundidad.


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Se nota que en El Ministerio del Tiempo os preocupa mucho hablar sobre el tema. ¿Hasta qué punto tenías claros los temas antes de escaletar?

La diferencia entre esta serie y otras en las que he trabajado es precisamente lo claro que tenemos el tema a la hora de escribir. Es cierto que es una serie procedimental, donde cada capítulo es una aventura, pero a su vez el viaje que haces a cada época ya te implica un tema. Si por ejemplo vas a centrarte en la historia de “Los últimos de Filipinas” en un capítulo, eso ya te implica que vas a dar tu opinión sobre los conflictos bélicos, sobre el sacrificio y sobre el sentido del patriotismo.

Olivares lleva por bandera que cada capítulo hable de un tema, pero porque el contexto te lo hace inevitable. Por ponerte otro ejemplo, el capítulo de la vampira del Raval, de la segunda temporada. “¿El monstruo nace o se hace?” Ahí tienes el tema, y eso te lo permite los viajes en el tiempo, puesto que puedes hablar de cómo el contexto y las circunstancias de cada época modifican la forma de pensar. El formato de la serie ya está muy pensado para que puedas hablar de los temas.

Por otro lado, nos pasa algo que también ocurría en Herederos, y es que hablamos mucho sobre los personajes. Las grandes series siempre hablan de grandes personajes. Cuando hablas de Los Soprano puedes recordar ciertas tramas, pero lo que siempre se te queda, el poso de lo que recuerdas, tiene que ver con los personajes. El tema también viene dado por los personajes y por su forma de pensar.

Sí, parece que en El Ministerio del tiempo hay un trabajo de diseño de personajes muy profundo, y las tramas salen solas a partir de ellos.

El diseño de personajes, que está hecho por Pablo y por Javier, es impresionante. Los tres personajes protagonistas, Alonso, Julián y Amelia son extremos entre ellos, que vienen de diferentes épocas y que además tienen un conflicto vital meridiano. El diseño es tan bueno, tiene tanto desarrollo, que te permite pensar en el choque de sus conflictos al entrar en contacto con otras épocas y personajes. Sus reacciones a las tramas tienen mucho que ver con su diseño. Porque, al final, ¿qué más da que tengas el dinero para hacer una explosión gigante al inicio de una película si te importa una mierda lo que le ocurra a la víctima?

Es obvio que en el caso de El Ministerio la idea predomina: viajes en el tiempo y un Ministerio lleno de funcionarios. No puede hablar nada más español que la mezcla de esas dos cosas. Pero a partir de ahí lo que surgen son los personajes, puesto que son ellos los que sostienen la historia. ¿Cómo afecta cada caso a los personajes? Eso es lo interesante y la base de todo en esta serie.

 

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El primer capítulo de la recién estrenada temporada ha sido coescrito por Carlos.

Sí, sin duda es el gran acierto de este formato.

Esta mañana lo hablaba con el guionista con el que estoy escaletando el nuevo capítulo. La diferencia entre esta procedimental o House y otra como puede ser C.S.I. está en su profundidad. La clave de House está en el personaje. Lo que te interesa es cómo reacciona él ante diferentes casos, sea Lupus o sean lombrices en el corazón. Parecen obviedades, pero se nos olvidan demasiadas veces. 

Y ahora, en esta tercera temporada, ¿qué vamos a ver?

La serie está en un momento muy interesante. Quizá ya se han explotado algunos de los hitos históricos más importantes de la historia de España, por lo que en la tercera temporada no podemos volver a hacer lo que ya se ha hecho. Hay un trabajo de replanteamiento importante. Os avanzo que han encontrado un hallazgo muy bueno, a modo de trama horizontal, que será difícil de contar, pero es muy interesante. Nos permitirá no encasillarnos en las tramas verticales. No vamos a viajar al futuro, porque es algo que Olivares tiene claro, eso sí. Además, con Netflix de por medio cambian cosas, puesto que quieren tramas más internacionales, como se pudo ver en el capítulo de Hitchcock y se verá en alguno más.

¿Cómo has buscado, en tus capítulos, la originalidad de los temas?

Realmente es lo que más me preocupaba, porque sí que pensaba que debía haber un revulsivo para no repetirnos. Como es una serie muy procedimental en el fondo, aunque a la vez sea tan compleja, cada capítulo es un esfuerzo grande en ese sentido. Por tanto, era importante no volver a caer en que las aventuras fueran divertidas. Necesitábamos un plus para esta tercera temporada, porque la premisa ya estaba súper contada, los personajes desarrollados… hacía falta indagar un poco más.

En el fondo, y me repito, todo era el tema: relacionar los viajes en el tiempo con asuntos como la pérdida, segundas oportunidades, reencontrarte a ti mismo… Y pasarlo, como siempre, por el filtro de los personajes. Además, haremos más hincapié en personajes que hasta el momento no han tenido tantísimo desarrollo, como puede ser el caso de Irene o de Lola Mendieta.

¿Ha afectado la entrada de Netflix?

No hemos cambiado casi nada a la hora de escribir. Sí que diría que ahora los capítulos son un poco más ambiciosos, por más que la pasta que tenemos no sea mucha más y vaya a ir a suplir cosas de otras temporadas, pero sí que creo que hay una vocación un poco más grande y épica.

Sí que creo, no obstante, que en esta temporada veremos arcos que se van a ir cerrando. Tres temporadas son suficientes para cerrar ciertas cosas y para abrir otras.

Del mismo modo, intentaremos jugar con elementos más “pequeños” de la historia de España, por decirlo de alguna manera: volveremos a figuras de gran calado como Goya, pero también contaremos historias menos conocidas, como la de Gonzalo Guerrero o el Marqués de Comillas.

 ¿Y respecto al tiempo de la serie?

Se queda en 70 minutos.

 Nos comentaban una vez que algunos guionistas americanos, al saber que en España tenemos series más largas, pensaban que era siempre positivo, ya que permitía profundizar más en las historias.

Sí, el problema no es tanto la duración como que te fuercen a un tiempo. Hay series a las que 70 minutos pueden venirles bien, pero hay otras en las que el ritmo y la tensión se resiente. Cada historia tiene una duración. Las comedias, por ejemplo, te piden menos tiempo por una cuestión de ritmo y de intensidad. Menos las de Judd Apatow, que sólo sabe hacer comedias de más de dos horas.

 ¿Y cómo se lleva escribir a la vez dos largometrajes y una serie?

Al final es una cuestión de organización y, sobre todo, de pensar todo el rato que estás haciendo lo que te gusta. Hoy, por ejemplo, que estábamos escaletando el ministerio. Te pones seis, ocho horas, a escaletar. Lo último que te apetece al acabar es ponerte a escribir otro proyecto, pero cuando lo piensas dos veces te das cuenta que al final te están pagando por lo que más te gusta, que es escribir, y eso es una suerte. Al final se trata de una cuestión de actitud.

Aún así, la organización es importante. La mía es dividir el trabajo: entre semana series, los fines de semana película. ¿Queda poco tiempo de ocio? Bueno, para mí este trabajo tiene un componente de disfrute que lo relaciona directamente con el ocio. Por supuesto, no te apetece estar escribiendo 24 horas al día, pero la clave es disfrutar las que le dediques.

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  ¿Y cómo gestionar el cambio de formato?

Creo que no hay más truco que el entrenamiento. Yo ya llevo doce años haciéndolo. Al final, en España hay menos trabajo que guionistas, por lo que no te queda más remedio que saber hacer de todo, y además, saber hacerlo rápido. Para mí es uno de los grandes males del mundo del guión español, que debemos hacer de todo. En Estados Unidos sí que existe la especialización, lo que permite hacer las historias mucho más tuyas.

Es verdad que tiene su lado bueno, porque te permite experimentar, probarte, y decidir qué es lo que más te gusta. Al drama me enfrenté por primera vez en mi cuarto año profesional, y quizá no habría llegado nunca si no hubiera hecho antes tres años de comedia. Años después, me he dado cuenta de que .a comedia me parece lo más complicado de escribir. Necesitas que funcione todo igual que en el drama, y cuando tienes eso, además tienes que hacer reír.


MÉXICO D.F. AHORA SE ESCRIBE C.D.M.X: ENTREVISTA A EMMA BERTRÁN

20 diciembre, 2016

Entrevista de Àlvar López y Carlos Muñoz Gadea. Fotografías de Caridad Riol.

Aunque México y España compartan idioma, son dos culturas diferentes, con un cine y una televisión igualmente diferenciados. El tamaño del país, así como los millones de habitantes que viven en él, son elementos que hacen que la industria audiovisual mexicana sea mucho más grande, más compleja y variada. Del mismo modo, se abren oportunidades de todo tipo, aunque empezar de cero en un país desconocido siempre es arriesgado.

Tras dejar un proyecto a medias con futuro y la estabilidad que tenía trabajando en diversas series españolas, Emma Bertrán lo dejó todo y se mudó a México, país que le ha permitido seguir creciendo como profesional y ampliar su abanico de proyectos. Aquí, de hecho, ha podido hacer su primer largometraje, e incluso ha escrito una ópera. Sobre estas cuestiones y otras como la libertad creativa que supone escribir para una cadena de pago o el concepto de cine de autor pudimos hablar con ella una tarde de martes en el barrio de Polanco.

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¿Cómo es tu llegada a México?

Llegué por una cuestión personal: me enamoré de un mexicano, y me vine para aquí. Tenía trabajo en España, estaba desarrollando una serie que se llamaba Madrinas, para Antena 3, con Tedi Villalba, Rocío Martínez y Juan Carlos Cueto, y estábamos en proceso de venta. Habíamos llegado hasta el capítulo 6, y bueno, me surgió la posibilidad de venirme a México. Abandoné ese proyecto, y al final no salió, sigue ahí, esperando. Y es una pena, porque era un proyecto que está muy bien, está muy chulo.

¿Y cómo es tomar una decisión tan arriesgada como esa?

Es arriesgada, porque al menos en mi caso concreto no fue muy pensada. Fue un impulso visceral, puro y duro. También llevaba ya como 4 o 5 años sonando la crisis en España. Debo decir que yo tuve mucha suerte, porque siempre tuve trabajo mientras estuvo la crisis. Y luego tenía una sensación de techo, del famoso techo de cristal. Como que había llegado a un lugar donde no me iba a ser posible dar el siguiente paso, que era el de la producción ejecutiva. Sentía que el mercado estaba muy cerrado, muy concreto, en la gente que siempre había estado en esos puestos, y no sé, como que pensé que era ahora o nunca.

Con el techo de cristal, ¿te refieres a una cuestión de género?

No, la verdad que no. En ese salto no. He tenido grandes jefas, muy buenas productoras ejecutivas.

¿Y por lo que respecta a la situación en México?

Pues aquí el trabajo que he tenido, de hecho, ha sido por ser mujer precisamente. De repente sí había una carencia de mujeres guionistas en este país, en una franja de edad concreta que es la mía (a partir de los 40) y en el trabajo que estoy ahora también ha sido un punto a favor el ser extranjera, lo que me permite tener una visión no romántica del tema que estamos tratando en la serie.

Así, buscaban el perfil de mujer, mayor de 40 y extranjera.

Cuando entrevistamos a Luis Gamboa nos explicaba que él, al inicio, tuvo que diversificarse mucho. En tu caso, has escrito hasta una ópera. ¿Abres las miras al llegar aquí?

La verdad es que sí que vine con la idea de levantar un largo, que eso por ejemplo en España ni me lo había planteado.

Funcionaba bien, trabajaba mucho en series de televisión y me iba muy bien. Pero cuando llegué aquí sí que se me despertó el gusanillo, sí que vi que era posible. Aquí tienen un estímulo fiscal, la ley 189 ahora, que antes era la 226, y eso, quieras o no, abre el mercado. No hay tanto contenido. De repente fue una puerta que vi abierta y por la que decidí entrar, super a gusto además.

Escribí un largo, salió, escribí otro, que está en proceso de preproducción… y lo de la ópera fue por carambola. Yo era (y seré de nuevo ahora) profesora en la escuela de cine que promueve la productora Mantarraya. Antes tenía un taller Mantarraya, donde estaba dando clases, y el director tenía un amigo productor que tenía la idea de levantar una ópera. Nos presentó, de entrada a mí el proyecto me sonó rarísimo, y le dije que yo no podía ser su guionista, porque no sabía escribir ópera. Pero él, muy mejicano (risas) como que le entró por un oído y le salió por el otro. “Muy bien, pero quedamos la semana que viene para charlar”. Y claro, volví a quedar con él, y otra vez le dije lo mismo. “Mira, Juan, yo te ayudo en lo que quieras, pero no te puedo escribir una ópera porque no sé.” Y él, otra vez. “Sí, perfecto, voy a presentarte al compositor.”

Desde el inicio hubo muy buen feeling con Rogelio Sosa, y ya me apunté. Juan, además, me dijo una cosa que me tocó mucho la fibra. “Si tú nunca lo has hecho, ¿cómo sabes que no lo vas a saber hacer?” Pues ahí le has dado. Me senté mano a mano con el compositor, empecé a entender lo que era una partitura, la estructura de una ópera, me empecé a empapar y a documentar, y acabamos sacando un libreto de una ópera que en su circuito la verdad es que tuvo bastante éxito. Riesgo, se llama. Y ahí está, mi ópera (risas).

Escribir una ópera fue un trabajazo. Es un lenguaje diferente del audiovisual, escribes para una partitura, y literalmente fue arrancar de cero.

¿Cuáles son las diferencias entre escribir una ópera y un largometraje?

Las diferencias son todas, como te decía. Trabajas para un lenguaje diferente, para una partitura. Tienes que escribir, a parte de una historia que tenga sentido en una estructura de cinco actos, los diálogos (que son los párrafos que cantan) adecuados en sílabas a una partitura. Era una búsqueda espeleológica en tu lenguaje para encontrar las palabras adecuadas para que se ajustaran y que además pudieran contar la historia.

Y todo eso, además, adaptado al vocabulario mexicano.

Exacto.

¿Cómo fue tu búsqueda para aprender a dialogar?

Tiraba mucho de calle. Me montaba en un pesero (transporte público que vale un peso, pensado para la gente más humilde) que ni siquiera sabía a dónde iba, e iba tomando notas de las conversaciones que escuchaba. La gente que usa este medio de transporte suele ser más humilde. Popular, como dicen aquí. Entonces, tienen un lenguaje muy diferente al que puedes escuchar aquí, en Polanco (barrio de alto nivel económico de la ciudad). Había cosas que literalmente no entendía un carajo. Pero yo las grababa, así, a escondidillas, y luego se las preguntaba a mi novio. Y él me traducía (risas).

Otras las fui captando poco a poco, y luego, cada vez que iba a una reunión o a algún sarao yo estaba calladita, con la oreja abierta, a ver si así iba agarrando léxico y, sobre todo, formas verbales, frases hechas. Pero vamos, sobre todo espiando, venirme aquí, con el móvil, hacer como que escribo cuando realmente lo que hago es escuchar a los de al lado (risas).

Se lo digo mucho a mis alumnos, el diálogo se aprende en la calle, escuchando. Si no, te queda acartonado.

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Sabrás qué hacer conmigo es el título del primer largometraje de Emma.

Si volvemos al largometraje, ¿ves aquí muchas más facilidades para poder sacarlo adelante?

Sí, la verdad. Yo todavía el mercado mexicano no lo acabo de agarrar, puesto que también abarca gran parte del mercado de Estados Unidos. De repente te llaman productoras con proyectos que quieren vender a Telemundo, pero en realidad tu público va a estar en Estados Unidos. Se trata de generaciones primeras que nacieron allí, o para los padres de estas generaciones, que emigraron de aquí para allá.

Hay muchísima necesidad de contenido, son muchos millones de mexicanos en el mundo. O sea, creo que solo en el país son 160, y fuera del país se contabilizan otros 60. Son un huevo de mexicanos que quieren contenido. Por tanto, aquí se necesita contenido, tanto para este lado de la frontera como para el otro. Haya o no muro en un futuro.

Y luego está el estímulo fiscal, Eficine, por parte del gobierno, que la verdad que es un gran pulmón para el cine mexicano, porque sí que se puede acceder a él, no es tan complicado…

¿Crees que esta necesidad cubre las exigencias de hacer un cine mexicano que plasme la realidad?

Igual que en España, aquí lo que funciona es la comedia. Las películas más taquilleras han sido comedias. Cásese quien pueda, Nosotros los nobles, No se aceptan devolucionesSon películas para un público muy masivo, pero tienes una amplia gama de películas que se están moviendo en festivales.

Por ejemplo, hay un documental llamado Bellas de noche, que lo dirige María José Cuevas, que habla sobre las vedettes, un tema que no es masivo y sin embargo sigue teniendo un éxito brutal allí donde ha ido. En Morelia ha ganado premios, en los Cabos también, ahora se va a Rotterdam… Por tanto, sí que hay un cine que habla de México, y sí que hay un cine que no habla del narcotráfico, que habla de más Méxicos.

Así que sí, creo que existe una amplitud de temas. Ahora, lo taquillero, lo que llena las salas, es la comedia. Aquí y allí, vamos. Ocho Apellidos Vascos fue un petardazo. ¿Es una película que habla sobre la realidad de España?

El otro día, cuando entrevistamos a Pablo, comentaba que él opina que hay muchas películas de autor donde a él le faltaba esa conexión con el mexicano. Opinaba que era cine que se hacía directamente para ser exportado a Cannes. ¿Cuál es tu visión al respecto?

A mí, personalmente, el concepto de autor me genera serias dudas. ¿John Ford no era autor? y trabajaba en la industria que trabajaba… Lo que pasa es que era un tío que trabajaba de tal manera que cuando llegaba al montador el material no tenía más remedio que montarla como había rodado él. ¿Eso es autoría, o no?

Es que es un término que escucho desde que salió este concepto, pero no puedo entenderlo. ¿Todos son autores, no? ¿Cásese quien pueda no es una película de autor? Entiendo lo que dice Pablo desde la perspectiva de lo que consideramos cine de autor, pero si hablamos de ese mismo concepto tampoco estoy de acuerdo.

Emma se queda unos segundos reflexionando.

La verdad es que el concepto cine de autor me molesta, y suelo quedarme con la boca calladita en este tema, pero coño, ahí están Howard Hughes, Fritz Lang. Trabajaban en industrias donde todo estaba encajonado, y mira qué cine hacían. ¿Y eso no es cine de autor? ¿O cuándo es cine de autor, a partir de Jean Luc Godard? Pues yo no lo entiendo, la verdad, y menos cuando hacer cine de autor se adopta como una pose.

¿Y no crees que esto también puede ser un problema de cómo recibimos nosotros el cine como espectadores?

¿Por qué va a tener menos autoría una película como 8 apellidos vascos? ¿Te has reído con ella? Pues ha cumplido su función. O la comedia de Lars Von Trier, El Jefe de todo esto. ¿Qué es, comedia de autor? Porque claro, él es el propulsor del dogma. Entonces él ha creado un término nuevo. ¿Comedia de autor? Pues no. Autor es el que tiene una idea y esa idea se graba, se rueda como buenamente puede y le dejan.

Volviendo al cine mexicano, tienes films como 600 millas, de Gabriel Ripstein. Directores como Arturo Ripstein. Dudo mucho que su planteamiento inicial sea hablar de México para exportarlo a Cannes. Pero vamos, que no tengo ni idea.

Hablabas antes de la obertura del mercado, y cómo se están haciendo cosas alejadas de esa narconovela. ¿Ves alguna diferencia entre lo que están demandando Netflix y Blim?

Por lo que veo, por lo que está comprando Netflix en México, tiran por la comedia, una vez más.

Blim sí que sé que están diversificando mucho más los temas. Tienen comedia, hay thriller político… sí que están ampliando el contenido. Pero no sé si Netflix va a seguir esa estela, o se quedará en la comedia, que es éxito asegurado.

¿Qué diferencias notas en las series que has escrito aquí respecto a las que hiciste en España?

La serie que estoy escribiendo aquí ahora no es para un canal abierto, es para una plataforma, por lo que eso ya te asegura que no necesitas el visionado de toda la familia, desde el niño hasta el abuelo de 82. No hace falta nutrir de tramas para todos los públicos.

Es una serie escrita para un público muy concreto, y punto. Eso, como guionista, te da mucha libertad, porque te permite centrarte en la trama, en el arco de personajes. No tienes que estar pensando en meter la tramita corta de comedia, la de adolescentes… La verdad que aquí, la serie en la que estoy ahora, es una joya.

Es una serie de época, de un momento muy concreto, las Olimpiadas del 68, la sucesión presidencial, cuando había un presidente que hizo su propia historia… De repente, he entendido el país en el que estoy, y de dónde viene. A nivel de documentación esta serie ha sido una joya. A través de Televisa Noticieros hemos tenido acceso a personajes que formaron parte de la historia del país. A estudiantes que todavía siguen vivos y que han seguido formando parte del espectro político, políticos que siguen vivos, escritores, filósofos… gente que forma parte de lo que viene siendo el acerbo cultural de este país.

Un día los estás leyendo en tu casa tranquilamente, y al día siguiente te estás tomando un café con ellos y te cuentan cómo vivieron el 2 de octubre. Para mí eso es una joya, ya de entrada, tener acceso a eso. Es como si te sientas con Iñaki Gabilondo. Pues qué maravilla, no, que te cuente él cómo vivió la transición.

Por lo que respecta a los tipos de personajes y tramas que has escrito, ¿notas diferencias entre lo que has escrito en España y México?

Es que, ya de entrada, son dos culturas diferentes. Efectivamente tenemos un mismo idioma, pero a la vez tenemos la distancia de dos lenguas. Es otra manera, las formas, la manera de dirigirte… ellos son mucho más dulces. Hay dos culturas diferentes, que se acercan, pero sí que existe un choque.

¿Qué te ha aportado, por lo que respecta a la creatividad y a la creación de nuevo contenido, vivir y trabajar en un país diferente?

Qué buena pregunta. No sé si se trata tanto de vivir en otra cultura como el hecho de sentirte fuera de tu zona de confort, lo que te obliga a despertarte, no te queda otra. Y más en un país como México, que te exige tener siempre el sentido común alerta.

Por tanto sí, yo sí que siento que veo más, que veo imágenes que no se me habrían ocurrido antes, del mismo modo que a partir de ahí me viene a la cabeza por dónde tirar. A poco que estés semivivo, ya no te digo vivo, sino semivivo, entrar por ejemplo a un mercado aquí te aporta una serie de experiencias (gestos, sonidos, posturas) que te abren la mente. Pero creo que es porque estamos fuera de lo que conocemos. Lo tienes todo por conocer. Y lo bueno de ser extranjera es que cuatro años después lo sigues siendo, cosa que en Madrid obviamente no lo eres, y das muchas cosas por hecho. Forman parte de ti, y tú de ellas. Y aquí no. Todavía no.

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¿Y qué te aporta escribir aquí que no tuvieras en España?

Pues me aporta ampliar mi mercado. ¿Cuándo iba a escribir una ópera en España? Y luego que en España somos los que somos y aquí son el triple, lo que hace que tus posibilidades se aumenten por tres también, del mismo modo que se aumentan también las visiones diferentes dentro del mismo mercado.

* Actualmente, Emma, escribe para una serie basada en hechos reales, sobre los acontecimientos que giraron en torno a las Olimpiadas de 1968 en México. Este año estrenó el largometraje “Sabrás qué hacer conmigo” de Katina Medina Mora y la Ópera “Riesgo”.  Su siguiente largometraje “La Manzana de Adán”, una coproducción entre México y EEUU, se encuentra en fase de preproducción. Forma parte de un colectivo de guionistas, Writers Room, que está en proceso de desarrollo de diferentes contenidos para un lado y otro de la frontera y volverá a dar clases de guión en ESCINE (Escuela Superior de Cine). A día de hoy, también se dedica a seguir conociendo este enorme país y sus gentes.


ESCRIBES PARA GENTE QUE NO QUIERE LEER

20 enero, 2016

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Juanjo Ramírez Mascaró.

Hace poco asesiné a una persona. Necesitaba esconder el cadáver en algún sitio en el que nadie lo encontrase, así que lo puse en la acotación de un guión.

Tenemos que asumirlo: Hay muchos PROFESIONALES que no van a leerse las acotaciones de tu guión. Es más: Habrá productores y miembros del equipo técnico que pondrán a parir lo que has escrito porque no han leído bien tus acotaciones y se han perdido matices importantes.

¿Y los actores? No voy a decir que la mayoría de los actores se fijen sólo en los diálogos, ignorando las acotaciones, pero todos sabemos que sucede más a menudo de lo que desearíamos.

Estaría bien reprocharles esa conducta con la cabeza bien alta, pero no podemos… porque nosotros, los guionistas, tampoco prestamos demasiada atención a las acotaciones.

Que tire la primera piedra el guionista que, en más de una ocasión, condicionado por la presión y por las prisas, se ha leído el guión de un compañero “en diagonal”, que es un eufemismo para decir: “Me salto tres de cada cuatro acotaciones porque ME DAS PEREZA.”

¡Si es que ni siquiera nos leemos bien nuestras propias acotaciones!  Cuando revisamos el guión pulimos el diálogo hasta la saciedad, pero lo otro ni lo miramos. A veces, más que texto, parece alcantarilla: ecosistema favorito de la errata.

Supongo que en el fondo pensamos: “Lo importante es el diálogo. Es la única parte de nuestro trabajo que, con suerte, va a llegar al público reproducida tal y como la hemos escrito.”

¡Mal!

Si piensas así, ponte a escribir teatro. Y escribirás un teatro muy coñazo.

Se supone que nuestro curro consiste en manejar el lenguaje audiovisual. Hacemos cine, televisión… esas cosas. Cuando estudiaba para esto, los profes me decían que lo que se veía era más importante que lo que se decía, que los personajes se definían por sus acciones…

El profesor que más insistía en ello era un tal Hitchcock.

Luego te licencias, empiezas a trabajar aquí y allá y te piden que escribas cosas que más que cine o tele son radio, pero sin la magia de la radio. Cosas que cualquiera pueda escuchar sin prestar demasiada atención a la pantalla, mientras friega los platos.

No sé por qué te esfuerzas tanto en mantener esos pectorales, Mario Casas. Nadie te está mirando.

Otra cosa que descubres cuando aterrizas en el mercado laboral es que a gran parte de los productores no les gusta leer. No les culpo. A nadie le gusta leer. Matizo: Nos puede gustar leer lo último de Stephen King, o lo primero de García Márquez. Pero no nos apetece perder nuestro valiosísimo tiempo leyendo abortos potenciales de “don nadies” como nosotros.

Hoy día cualquier cosa que no quepa en un tweet nos parece demasiado larga.

De niños sólo nos interesaban los libros que tenían muchos dibujitos. Despreciábamos el texto. Hoy día nos interesan los guiones que tienen muchos diálogos. Ignoramos las acotaciones.

Creo que somos nosotros, los guionistas, quienes tenemos que romper el círculo vicioso. ¡Cuidemos más nuestras acotaciones, para que no dé tanta pereza leerlas! ¡Hagamos ese esfuerzo!

Esmerémonos para que sean más fáciles de leer.

Revisémoslas con la misma atención que dedicamos a los diálogos.

Currémonoslo para que las frases no sean farragosas, para que sean directas, concretas, fluidas. Como puñetazos.

Mimemos la gramática, la sintaxis. Que el lector no tenga que consumir su energía desentrañando nuestra escritura. Que sea la frase la que salte para meterse en su cerebro, perforándole el cráneo.

Y usemos un poquito más la tecla INTRO, por favor. Espaciemos la información, dejemos huecos para que se cuele un poco de aire fresco entre un renglón y otro.

Un concepto por párrafo.

No abigarremos los folios con tochos interminables. A veces apelotonamos toda la información en unos pocos párrafos, provocando esa incómoda sensación de cuando estás en un restaurante en el que hay demasiadas mesas y están demasiado juntas. Creo que lo hacemos porque tenemos miedo a pasarnos de páginas. En el colegio hacíamos los trabajos con letras más grandes y muchos espacios para ocupar más páginas. Cuando creces y te dedicas al guión, acabas haciendo lo contrario: Recurres a todas las triquiñuelas habidas y por haber para ocupar menos espacio. En ocasiones eso implica incluso amputarle elementos a una acotación para que ocupe un solo renglón, aunque lo que dices en ella no se entienda del todo.

Al final todo se reduce a eso: A espacio y a tiempo. Al tiempo que se supone que ocupa el espacio de un folio… o al poco tiempo del que dispones para reaccionar cuando te piden las cosas “para ayer”… o al poquísimo tiempo que va a destinar tu destinatario a leer lo que le ofreces.

Nos ponen la cosa muy difícil para hacer bien nuestro puto trabajo, pero eso no debería ser excusa para no hacer bien nuestro puto trabajo.


ABRACADABRA

29 octubre, 2015

por Carlos Crespo

Todos tenemos más o menos claro que son innumerables las manos por las que pasa una película durante su creación, desde que nace sobre el papel hasta que se estrena en salas y más allá. Durante este proceso intervendrá muchísima gente, serán abundantes y contradictorias las opiniones e infinitas las variables que escaparán al control del guionista una vez que su guion empiece -con suerte- a recorrer el mundo de las productoras.

Normalmente el guionista será dueño de su guion y de nada más. ¿No? Bueno, pues a veces ni eso. Y la culpa la tiene la magia. 

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El autor del texto original es Doug Richardson y lo podéis encontrar íntegro en inglés en este enlace: 

Abracadabra.

Ahí va la traducción: 

Yo estaba intentando que no me despidieran. Bueno, esto era obviamente antes de descubrir que tenía poderes mágicos. Porque de haberlo sabido, habría agitado una varita mágica o recitado algún encantamiento que hechizara al minion ese que sujetaba el hacha y que era el encargado de darme la mala noticia.

Pero, primero, ¿qué tal un poquito de contexto?

Yo ya había hecho el pitch de la peli, lo había reescrito hasta la extenuación, y mientras estaba de vacaciones en un resort con acceso limitado al teléfono, tanto el productor como el jefe de producción del estudio se tomaron la molestia de localizarme para decirme lo contentos que estaban con el último borrador. En apenas tiempo, ya se mencionaban nombres de estrellas del cine. Agentes y representantes hacían cola para sugerir a sus actores más solicitados.

La película que yo había concebido era un mano a mano. Un joven malote que es instruido para llevar una vida de delincuencia por un viejo y experto estafador. Cuando el productor y yo planeábamos nuestro reparto ideal, acabamos nombrando a Edward Norton, que era el actor del momento, y al aún muy rentable (al menos en aquella época) Al Pacino. Les enviamos el guion. Les hicieron ofertas. Pacino se apuntó el primero pidiendo once millones de dólares. Al parecer, Ed Norton estaba dispuesto a trabajar con el icono y se estaba preparando para unirse. ¿Qué podría salir mal?

Más o menos a la vez que nuestros protas estaban siendo confirmados, la directora ejecutiva del estudio entró a dar su opinión. Correcto. La directora ejecutiva. La mandamás de los mandamases. La comandante suprema del estudio de cine.

Importante consejo de seguridad: no importa cuánto le ENCANTE el guion al jefe de producción del estudio, recuerda siempre que él no tiene la última palabra. Ni siquiera la penúltima. 

La directora ejecutiva no estaba segura de que Al Pacino valiera el dinero que pedía. Tampoco estaba del todo convencida de Ed Norton como primera opción para dar vida al joven y habilidoso coprotagonista. Pero antes de hacer sus propias sugerencias para el reparto, muy sabiamente pensó que debía tomarse el fin de semana para leer el guion.

En efecto, damas y cabestreros. La mandamás todavía estaba por leerse el guion para el que sus súbditos ya andaban manejando números de ocho cifras. Pero no la culpéis. Cada pez gordo tiene su propio conjunto de habilidades y estilos a la hora de dar caza a ese pececillo que es la taquilla. El de esta mujer era dejar que sus minions crearan el suficiente hype alrededor de una posible peli para que luego ella se llevara el guion bien escoltado a casa, untarlo bien con los aceites de su propia perspectiva y así decidir cómo consumar el acto de la mejor manera posible.

En el caso de mi guion, su sentido común le decía que antes de hacer ofertas a estrellas del cine hacía falta incorporar a un director que le diera su toque personal al guion. Vale, me dije. Soy un profesional. Esto ya me ha pasado antes. Tráeme al directorcillo que yo me encargo de plegar sus ideas en lo que claramente seguirá siendo mi propio guiso.

Pero oh no. El director que ella tenía en mente -uno comercial bastante conocido que recientemente había hecho mucho ruido tras dirigir la exitosa secuela de una comedia de acción- únicamente consideraría aceptar el encargo si uno de tres jinetes de la palabra de primera categoría entraba en el proyecto para tomar las riendas del guion.

Las riendas de mi guion.

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No era la primera vez que me pasaba esto. Sabía bien cómo funcionaba el juego. En este negocio importan las estrellas. No solo los actores estrella. También los directores estrella y los productores estrella y los escritores estrella. En todo momento, hay siempre una lista de unos diez de estos jinetes de la palabra que, bajo demanda y a cambio de una astronómica tarifa semanal (una tarifa suficiente como para comprarse una casita pequeña en San Fernando Valley), se ofrecerán a pulir guiones en desarrollo y dejarlos listos para una casi segura producción. Y no, no es porque estos escritores sean tan mucho mejores escritores que un guionista profesional cualquiera. O mejores que yo, ya que estamos. Es meramente porque ellos son los últimos escritores en haber amasado el más reciente bombazo en taquilla de algún estudio. Y en el idioma de los estudios, nada tiene tanto éxito como el éxito.

Como ya he dicho, esto me había pasado antes. Había escrito borradores que le habían dado luz verde a películas para luego verme descartado en favor de alguien con un sabor de pintalabios más apetitoso. Así que hice lo que cualquier escritor que se precie habría hecho. Llamé a mi abogado. No porque pensara que tenía opción alguna a ganar nada por la vía legal. Había firmado el contrato. Había cobrado los cheques. A cambio de pasta y de la oportunidad de que se hiciera mi película, había cedido todo el poder al gran y poderoso Jabba El Estudio de Cine.

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No. Llamé a mi abogado porque es un tío directo y convincente que conocía a todos los jugadores importantes por sus nombres de pila. No perdía nada pidiéndole que levantara el teléfono y le recomendara encarecidamente a la directora ejecutiva que se sentara conmigo y me permitiera defender mi caso para ser yo quien manejara el guion durante la fase en la que intervendría el director. Al fin y al cabo, ¿no había sido yo quien había conseguido llevarlo donde estaba -a puntito de darle luz verde en una estación de pesaje de entusiasmo casi desenfrenado? Un borrador, eso era todo lo que le quería pedir a la directora. Necesitaba desesperadamente la oportunidad de hacer una petición tan simple y racional.

“¿Y por qué iba ella a hacer eso?” dijo The Werth, mi abogado y consejero, no haciendo la pregunta en realidad sino sugiriendo una perspectiva diferente.

“Te acabo de explicar el porqué,” dije yo. “¿Hay algún fallo en mi exposición?”

“No,” dijo él. “Tiene todo el sentido. Y en un mundo más perfecto, tendrías tu oportunidad”.

“¿Entonces no vas ni a intentarlo?” pregunté.

“Déjame que te explique una cosa,” dijo Werth. “Los ejecutivos de los estudios. La mayoría de los productores. No tienen ni la más remota idea de lo que haces”.

“¿Cómo?”

“A ver. Saben que escribes. ¿Pero cómo haces que un guion sea bueno o malo o como sea? De eso no tienen ni pajolera idea”.

“Sigo sin pillarte”.

“Creen que saben lo que haces. Lo que hacen otros escritores. Todos vosotros. Y creen que es magia”.

“Ya. ¿Y?”

“Pues que si creen en la magia -y te aseguro que es el caso- creen también que algunos escritores son más mágicos que otros”.

“Y por tanto…” empecé, casi entendiendo ya lo que me quería decir su cerebro sobrehumano.

“Y por tanto, ¿por qué no iban a elegir a un escritor que creen que es más mágico que el escritor original?”

Me cabreé. Y al mismo tiempo, vi la luz. Era tan ridícula y enfermizamente sencillo -y al tiempo totalmente comprensible. En mi fuero interno sabía que esa era la verdad. La lógica de Werth me acababa de explicar un montón de cosas en términos extraordinariamente simples.

“No saben nada de lo que es bueno y lo que es malo”, rematé.

“No, señor,” admitió.

“Solo de lo que ya haya tenido éxito”.

“Así es”.

“Pues me alegro de haber tenido esta conversación”.

“Y yo de haber ayudado”.

Ahí lo tenéis. Así fue cómo me enteré de que soy, efectivamente, mágico. Por supuesto, más allá de hacer lo que hago -lo que he hecho siempre- no podría decir que haya cambiado nada en mi vida quitando mi comprensión de quienes adoran el altar de la taquilla de la semana pasada.

Vale, puede que no os guste mucho la magia. Pero sé que creéis en la suerte. O ya que estamos en Lucky Dey en 99 PERCENT KILL. Poneos el cinturón porque os prometo que él no os va a decepcionar.

 

 


POR QUÉ LOS PRODUCTORES NO SE LEERÁN TU GUION – INCREÍBLE CASO DE ESTUDIO DE UN PRODUCTOR EJECUTIVO

9 octubre, 2015

por Carlos Crespo.

Escribir un guion de largo es una tarea difícil para la que se necesita mucho tiempo y mucha energía. Terminarlo requiere además cantidades ingentes de determinación. Llegar a tener una versión que puedas mostrar sin morir de la vergüenza supone semanas o meses de reescritura y aislamiento social. En agradecimiento a tanto esfuerzo, conseguir que un productor lea tu guion es casi un sueño inalcanzable. Pese a todo esto, mejor no hacer nunca lo que hizo el guionista del ejemplo que viene a continuación si no queremos que nuestro sueño casi inalcanzable se convierta instantáneamente en una misión imposible.

El autor del texto original es Chris Jones y lo podéis encontrar íntegro en inglés en este enlace:        

http://www.chrisjonesblog.com/2014/04/producers-submit-script.html

Ahí va la traducción:

Un productor amigo que trabaja en una productora ha compartido recientemente este intercambio de emails con un escritor. Ilustra dolorosamente por qué la mayoría de los productores solo aceptarán guiones bajo demanda o a través de un agente acreditado. Independientemente del talento que este escritor en particular pueda llegar a demostrar en un futuro, esta puerta ya está cerrada para él.

He cambiado algunos datos por XXXXX y por supuesto eliminado la sinopsis de la historia así como títulos, tratamientos, pitches, etc.

Primer email del escritor-director al productor

Hola, XXXX XXXXX, nos hemos visto hoy en XXXXXX, ha sido un placer conocerte hoy, una pena no tener más tiempo para hablar contigo. Te he dado mi tarjeta con mis datos, entre ellos 3 guiones que acabo de subir a XXXX, échales un vistazo si sacas tiempo.

Actualmente busco productora que se encargue de llevar mis guiones y mi carrera al siguiente nivel. He oído cosas buenas sobre ti y XXXX y espero que mis datos sean de suficiente interés para alguno de los productores de vuestra compañía y que queráis saber más de mí.

Ya he vendido algún guion y derechos de opción a productoras.

Tengo tres guiones listos para producir, los tres con una gran idea (high concept), con grandes posibilidades comerciales.

Soy escritor, director, actor y productor, pero actualmente quiero concentrarme principalmente en escribir.

He rodado varios cortos, entre ellos el que ganó el premio al mejor corto XXXXX en el Festival XXXXX.

He escrito, producido y dirigido la película de bajo coste XXXXXX.

Espero con esto que me des cierta credibilidad y le eches un vistazo a los 3 geniales guiones que he escrito.

Recientemente has trabajado con un actor que se llama XXX XXXXX (nota: aquí venía el nombre de una estrella), que da el perfil para ser el protagonista de XXXXXX.

NOTA: Aquí se ha cortado una parte que contenía demasiada información y tres sinopsis de los proyectos mencionados, de una página cada una.

*****

Te dejo mis datos para que me puedas contactar directamente si estás interesado, o si lo prefieres, también a través de la web de XXXX.

Gracias otra vez por nuestra charla de hoy, encantado de conocerte.

Un saludo cordial, XXXXXX XXXXXXX, escritor-director.

Primera respuesta del productor

Gracias XXXXX,

Le he pasado tus ideas a nuestro equipo de desarrollo, pero en estos momentos tenemos tal volumen de trabajo que ninguna de tus propuestas ha destacado lo suficiente como para incorporarlas a nuestro material y desarrollarlas.

Mucha suerte con tus proyectos y un saludo cordial.

XXXXX

Segundo email del escritor-director al productor

Gracias XXXXXX, te agradezco que las pasaras a tu equipo de desarrollo. Por desgracia para mí, siempre se me ha dado mal escribir loglines (sinopsis breves). No así guiones. Supongo que debería centrarme en mejorar ese aspecto porque me dificulta conseguir que mis guiones sean leídos. Sé que cambiarían de opinión con respecto a esos proyectos si te hubiera pasado directamente los guiones. Son tres guiones geniales, de verdad que son magníficos, altamente comerciales y fácilmente vendibles.

Estoy seguro de que cambiaríais de opinión si leyerais uno solo de esos guiones. Cualquiera de ellos. Pídemelo, leedlo y si es un no, me retiraré educadamente y te agradeceré tu tiempo. Pero sé que habrás cambiado radicalmente de parecer cuando leas uno de mis guiones.

Encantado de conocerte, XXXX, te deseo mucho éxito en XXX en cualquier caso.

Un saludo cordial, XXXX XXXXXX

Segunda respuesta del productor

De acuerdo, le echaré un vistazo a uno de ellos (elige tú el más comercial de los tres), aunque quiero asegurarme de que eres consciente de que ahora mismo es muy poco probable que incorporemos ningún nuevo proyecto a no ser que nos deje con la boca abierta.

XXXX XXXX

Tercer email del escritor-director al productor

Gracias, XXXX, te lo agradezco mucho. No es momento de ser modestos, así que te digo que creo que os van a dejar con la boca abierta los tres guiones. Pero si tengo que elegir uno, lo haré siguiendo los motivos de los que hablábamos el otro día: empezar con el que creo que podría hacerse antes, y luego ya los otros. Por presupuesto creo que el más costeable es XXXXXX, así que ese es el que elijo.

Piensa en XXXX, XXXXXX (nota: aquí menciona dos películas muy conocidas en plan Batman meets Titanic).

Buena suerte. Y gracias, XXXX.

Un saludo cordial, XXXX XXXXX.

Tercera respuesta del productor

Hola XXXXX, ya hemos revisado el guion y me temo que no está a la altura de lo que nos habías prometido; de hecho, tanto el director de desarrollo como yo pensamos que copia bastante y no nos termina de convencer.

Basándonos en esto, hemos decidido dejarlo pasar, pero te deseamos mucha suerte moviéndolo por otros lugares.

Todo lo mejor

XXXX

Cuarto email del escritor-director al productor

Hola XXXX,

He de decirte que tengo la sospecha de que tú no has leído el guion sino que se lo has pasado a alguien para que lo lea por ti, porque lo que dices en tu correo no tiene ningún sentido.

Decir que no está a la altura de lo que había prometido o que es una copia y no es convincente no tiene base alguna y sinceramente lo encuentro insultante.

El guion ofrece muchísima originalidad, potente y cinematográficamente, sería una película fantástica y muy vendible y comercial.

Si te parece que copia bastante, como dices, por favor, dame nombres de películas o dime qué contenidos o temas han sido copiados. O ni siquiera copiados, me vale con que se parezcan. ¿Me lo puedes pasar en un email?

Te digo desde ya que no puedes. Porque no es una imitación de nada, absolutamente nada, que haya sido hecho jamás. ¿Por qué? Porque sale de mi mente, de mis habilidades como escritor y las de nadie más. No como la porquería regurgitada una y otra vez por becarios sin talento que quieren escribir imitando a los demás.

Lo siento, XXXXX, pero si me acusas de algo así deberías aportar alguna prueba. Tu análisis del guion es tan equivocado que no creo que lo hayas leído.

Todo lo mejor, XXXXX XXXXXX.

Cuarta respuesta del productor

Estimado XXXX,

Te puedo asegurar que me leí el guion yo mismo. Y si esta es la manera en que vas a tomarte cualquier tipo de crítica a tu trabajo lo vas a pasar bastante mal en esta industria.

En cualquier caso, en uno de tus emails prometiste que “si es un no, me retiraré educadamente y te agradeceré tu tiempo”, así que vamos a dejarlo ahí.

XXXX

Quinto email del escritor-director al productor

Estimado XXXX,

Tienes razón, en efecto dije que si era un no me retiraría educadamente y ahí lo dejaríamos, pero es que no esperaba de ti una falta total de respeto hacia mi persona. Podrías haber dicho cosas que yo habría aceptado, incluyendo críticas auténticas al guion, pero es que decir que mi trabajo “copia bastante” es poner mi reputación en tela de juicio. Al decir eso, básicamente dices que he plagiado los trabajos de otra gente y eso me ofende.

Te he pedido que aportes pruebas de esa supuesta copia dándome nombres de películas, temas o conceptos a los que se pareciera XXXXX XXXXXX. ¿No has sido capaz de darme ninguno? Pues voy más lejos: ¿me puedes mencionar eventos, escenas o incluso personajes que sean similares? ¿No se te ocurre nada tampoco? Motivo de más para no creer que te hayas leído el guion, porque si lo hubieras hecho serías capaz de dar datos que apoyen tu crítica o juicio, ¿no? ¿No eres capaz ni de compararlo en estilo a otra obra que hayas visto o leído? Eso es porque estás ante algo distinto dentro de un mar de igualdad, es único. Y por eso mismo está expuesto a que quien lo lea lo reescriba y se cargue su singularidad. Y lo arruine por completo.

Y no te pongas en plan malote conmigo y me amenaces con que no voy a llegar lejos en la industria si no soy capaz de aceptar críticas. Para ser claros, yo ya estoy en la industria y siempre me comporto educadamente, puedo aceptar críticas todo el tiempo sin que me afecten ni me hagan enfadar. Parece que eres tú quien se toma mal las críticas y ha sido poco profesional lanzándome calumnias virtuales.

No me sienta bien que me traten así, ni tú ni nadie, sea quien sea. Y sigo pensando que no te lo has leído y me estás recitando lo que te ha dicho quien sí se lo haya leído. Y esto lo sé porque el guion es lo que yo os prometí y más, y es alucinante que alguien en tu posición lo lea y pase de él siendo un guion tan bueno, y encima lo rechaces con actitud condescendiente y faltándome al respeto innecesariamente. No te he dado motivo para que me trates así. Es más, de primeras pareces un tío majo con el que podría trabajar y habría estado encantado de dorarte la píldora incluso si por la razón que fuera no te interesaba o gustaba el guion que te mandé. ¿Pero decir que es una copia? ¿De verdad?

En fin, que efectivamente me retiro, pero no educadamente. Me debes una disculpa por las calumnias vertidas sobre mi trabajo y por tanto sobre mi persona. Lo veo como un abuso de poder desde el puesto que ocupas en XXXXXXX y en la industria. Espero que entiendas la gravedad de lo que me estás acusando. Y estoy muy muy cabreado al respecto. Quiero que aportes pruebas de todo lo que me acusas o me pidas perdón. No tengo ninguna duda de que nuestros caminos volverán a cruzarse. Una simple disculpa bastará, y mejor ahora que dejar esto sin resolver.

Todo lo mejor, XXXXX.

Aquí estoy otra vez. Tristemente, incluso si este escritor hubiera enviado el más extraordinario de los guiones, su actitud hizo que fuera imposible trabajar con esa persona.

Así que la próxima vez que te preguntes por qué los productores no aceptan trabajo no solicitado, acuérdate de esta cadena de correos.

Y al escritor en cuestión, al igual que le dijo el productor: “te deseamos mucha suerte moviéndolo por otros lugares”.

¡Hacia delante y hacia arriba!

 


DIÁLOGOS INVEROSÍMILES

5 octubre, 2015

¡Luces, cámara, acción! Googlead esa cadena de texto y encontraréis MILES de resultados. Mucha gente que jamás ha pisado un rodaje vive convencida de que ésas son las palabras que se dicen cuando se rueda un plano.

Yo tampoco es que sea un súper experto en rodajes, pero en los que he estado, se decían cosas muy distintas:

AYTE. DIRECCIÓN.- Motor.

SONIDISTA.- Graba.

AUX. CÁMARA.- Ocho, dos, primera (O lo que sea que pone en la claqueta: escena, plano, toma)

AYTE. CÁMARA – Rueda.

Y ahí es cuando se da el claquetazo, y después el famoso ¡Acción!

Y por increíble que pueda parecer, la acción no siempre la da el director; el golpe de claqueta no restalla cual látigo de Indiana Jones, ni resulta imprescindible dar todas estas voces a grito pelao.

En fin, que el mito se parece muy poco a la realidad.

De hecho, por puro sentido común, cualquiera debería dudar de la utilidad de voces como “luces” y “cámara”. Es de suponer que las luces y la cámara ya llevarán un buen rato colocadas para cuando llegue el momento de rodar. Apañados estaríamos si hubiera que ponerse a llamarles en ese momento. ¿Habría que llamar también a los de arte? ¡Vestuario, atrezzo, acción! ¿O a los actores? ¡Protagonistas, figurantes, acción!

¿De dónde ha salido esa leyenda? ¿Por qué se ha popularizado ese mito? Ni idea. Pero ahí están los miles y miles de resultados en Google… mientras el sentido común no aparece por ninguna parte. Más o menos como cuando suegros y cuñados de España toda dicen por ahí que los del cine español son una panda de millonarios que viven de la subvención.

Contribuyamos entre todos a acabar con esos diálogos inverosímiles. Instruyamos a nuestros suegros y cuñados. Señalemos la incongruencia entre la seguridad con que afirman y la vastedad de lo que ignoran. Si no saben ni cómo se da motor, qué van a saber de cómo se financia una película.

Invitemos a suegros y cuñados a que lean más blogs especializados, como los estupendos y muy documentados DIRECTOR DE FOTOGRAFÍA o AYUDANTE DE DIRECCIÓN. Y que se pasen también por DESAFORANDO EL CUADRO, o por el del productor PANCHO CASAL, que aunque llevan mucho tiempo inactivos, contienen mucha información sobre las finanzas del cine español y sobre los procesos de preproducción, producción y postproducción .

Y sobre todo, que recuerden que, durante sus primeras tres décadas, el cine fue mudo. Sin diálogos. Las bocas de la pantalla sólo emitían silencio. Y en aquellos años se hicieron clásicos inolvidables, quizá los más grandes de la historia del cine.

 

Tal vez, en definitiva, deberíamos enseñarles a suegros y cuñados otra voz fundamental en un rodaje: Silencio, por favor, vamos a rodar. 

 


FIRMAS INVITADAS. JOANES URKIXO – ESCRIBIR “LASA Y ZABALA”

20 octubre, 2014

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Por Joanes Urkixo

Los compañeros de Bloguionistas me han pedido que os hable de “Lasa y Zabala”, película cuyo guion firmo y que muy probablemente ya se haya estrenado en salas cuando esto se publique. Agradezco mucho la invitación y me apresto a debutar en la primera división de los blogs del audiovisual contando cómo fue el proceso de desarrollo del guion y esperando, cuando menos, no resultaros aburrido.

Hablar del conflicto vasco. Lo había discutido en diversas ocasiones con el productor Joxe Portela (Abra Prod) pero la idea se quedaba siempre a la espera de tiempos mejores, pues a nadie se le escapa que hablar del conflicto vasco ha sido y sigue siendo una tarea enormemente delicada y llena de riesgos, más aún si la intención no se centra en alguno de los atentados de ETA sino, como era nuestro caso, en la guerra sucia del estado.

Hubo de pasar aún bastante tiempo para que las cosas cambiaran lo suficiente, cese definitivo de la actividad de ETA mediante, hasta que una mañana de principios de 2013 desperté asaltado por la idea de que había llegado el momento y no podía perder un segundo más. Seguro que todos habéis sentido alguna vez esa clase de revelación y comprendéis la urgencia que me empujó al ordenador sin siquiera desayunar. Aquella mañana elegí el tema (el caso Lasa y Zabala tenía un valor simbólico añadido por ser el primer acto del GAL y además era el mejor documentado), a lo que siguió un periodo de documentación y visitas a la hemeroteca contra el reloj y sin contárselo a nadie por el temor de que alguien se me adelantara, hasta que pude reunir unas páginas con el relato cronológico de los hechos (impactante incluso para aquellos que los vivimos)  y una propuesta narrativa.

Y se lo enseñé al productor.

Puesta en marcha. Este reaccionó de inmediato enviándoselo a ETB pues, en aquel momento, ambos pensábamos que las mayores opciones estaban en una tvmovie o miniserie de dos capítulos aun sin descartar el cine. No habían pasado dos semanas cuando ETB nos convocó a reunión.

Lo primero que hicimos fue incorporar a Pablo Malo quien, además de no estar significado políticamente, añadía un estilo narrativo y de dirección de autores que nos gustaba. Así pues, acudimos los tres a la reunión y allí nos llevamos la primera sorpresa: ETB no iba a invertir más en tvmovies, estaba en cambio interesada en que hiciéramos una película. Por supuesto, aún teníamos que presentar un guion a su comisión de coproducciones. Y aquí vino la segunda y no tan agradable sorpresa: tenía cuatro semanas exactas de plazo.

Decisiones. La primera decisión de urgencia fue que la película fuera bilingüe. Parecía lo más sensato que los personajes hablaran en su forma natural: refugiados vascos, familiares y población local en euskera, en castellano los guardias civiles así como todo el sumario y el juicio, aunque, para optar a las ayudas a la producción en euskera (algo mayores que en el caso del castellano) al menos un 50% de los diálogos tendrían que ser en dicha lengua. Sin duda esto limitaba un tanto las opciones narrativas y me cargaba con el trabajo añadido de las traducciones, pues Pablo Malo no habla euskera.

También era el momento de elegir un punto de vista. Descartamos diversas opciones, como el policía de Alicante Jesús García (gracias a quien se identificaron los cuerpos) o incluso uno de los asesinos, el guardia civil Bayo, para centrarnos finalmente en el abogado de las familias, único protagonista que estuvo presente en todos los hechos de principio a fin. También la idea de centrarnos en los propios Lasa y Zabala se abandonó enseguida: su papel en la historia era trágicamente breve, conocíamos poco de sus actividades anteriores al secuestro, el único retrato que teníamos de ellos procedía de los familiares… No queríamos caer en una imagen empática ni, por ultracorrección, caer en el extremo opuesto.

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Otra decisión inicial fue incorporar a la historia la voz de los familiares de Lasa y Zabala. Sus portavoces, Axun Lasa y Pili Zabala siempre han difundido un mensaje alejado del deseo de venganza y centrado en la justicia, la reconciliación y el entendimiento que los tres, productor, director y guionista, compartimos punto por punto y quisimos que estuviera presente.

A reescribir. Pude acabar a tiempo la primera versión con su correspondiente traducción, aunque éramos conscientes de que aún quedaba mucho camino por recorrer: teníamos una historia con contenido impactante pero estructurada sobre una entrevista a los personajes de Axun y Pili que, fragmento a fragmento, iban dando paso a los diferentes bloques y saltos temporales, en tanto que el personaje principal, el abogado, limitaba su papel a las actuaciones del sumario y el proceso. Todo esto daba a la historia un tono muy documental en el que los acontecimientos sucedían por sí mismos en vez de producirse como consecuencia de las decisiones del protagonista. Esto último me parecía que debía ser la clave de toda nuestra construcción dramática, lo que marcaría la diferencia entre limitarse a contar los hechos tal como ocurrieron o dramatizar la narración para darle identidad propia.

La solución nos llegó al descubrir en una documentación adicional que el abogado real, Iñigo Iruin, había tenido un ayudante durante el sumario. Esto nos proporcionaba un personaje con quien el protagonista pudiera interactuar, expresar sus pensamientos y, en definitiva, desarrollar un conflicto, de modo que decidimos aprovecharlo aunque al hacerlo tuvimos que tomar otra decisión importante:  ficcionar al protagonista.

Dos versiones más tarde contábamos ya con un guion aceptable y favorablemente recibido por todos sus lectores beta, entre ellos varios directores y guionistas. Su estructura, que es básicamente la que se ha mantenido hasta el final, se asentaba  sobre dos planos narrativos: mientras el principal seguía de modo fiel los hechos relativos al sumario y al posterior juicio del caso “Lasa y Zabala”, la subtrama particular del protagonista, nos mostraba a un “Iñigo” ficcionado con un arco dramático y un conflicto que el auténtico Iñigo Iruin jamás tuvo.

A partir de ahí comenzó el trabajo de pulido y afinado. En primer lugar, los cortes de entrevista a Axun y Pili quedaron reducidos a solo uno, lo justo para transmitirnos la esencia de su mensaje. Hubo que suprimir más cosas, pues una de las características de este proyecto ha sido la gran abundancia de hechos reseñables, con la consabida tendencia a irme largo de páginas y el también consabido dolor al tener que eliminarlas después. Además, Pablo Malo empezaba ya a ver con bastante claridad la clase de narración que quería y eso acarreaba cambios pensados desde la planificación de secuencias.

Y a rodar. Solo 8 meses (debe andar cerca del récord) y 7 versiones hicieron falta para llegar al rodaje, en Enero de 2014. En ese momento yo era un tanto crítico con algunas decisiones finales de Pablo y me hice a la idea de no esperar demasiado, pero cuando meses más tarde vi la película terminada me llevé una agradable sorpresa pues gran parte de lo que no me gustaba se había quedado en la mesa de montaje. Quiero pensar que mis opiniones al respecto tuvieron algo que ver, aunque no quiero decir con esto que estoy del todo satisfecho, no sería guionista si lo estuviera. Pero, en cualquier caso, creo que Pablo ha hecho un estupendo trabajo y suscribo la película en su totalidad, quizá con la salvedad de que fuera de Euskadi vais a verla doblada al castellano y eso me intranquiliza bastante.

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Joanes Urkixo, a la derecha, con el reparto de la película, en Donosti.

Escribo esto después del estreno en el Festival de Donostia y a pocos días del estreno en salas. Tenemos ya, por tanto, una primera tanda de reacciones que han venido a decantarse en dos grupos radicalmente opuestos: el de aquellos que a priori empatizaban con la historia, y el de quienes no lo hacían y tratan de explicarlo de formas muy diversas aunque todas ellas centradas en el aspecto político. Muy poquito ha habido de crítica cinematográfica e incluso esta parece claramente dividida. Personalmente agradecería más de esto último, pero imagino que las críticas del estreno seguirán la misma senda. Quedáis vosotros, los profesionales, para aportar algo de objetividad.


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