FIRMAS INVITADAS: SEXO FÁCIL, PELÍCULAS TRISTES por ALEJO FLAH

11 noviembre, 2013

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Por Alejo Flah (Fotos: José Haro)

Hace algunos meses me dejaron ocupar este mismo espacio después de mi visita al rodaje de Séptimo, una película de la que soy coguionista (que ya se ha estrenado en Argentina y este fin de semana se estrena en España).

Ahora acabo de terminar la primera parte del rodaje de mi primera película como director de la que también soy guionista: Sexo fácil, películas tristes

Duermo poco (no duermo nada). Como mal. Me duele todo el cuerpo.

Y nunca me he sentido mejor.

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Realidad y ficción

La película tiene dos partes: realidad y ficción (o “vida” y “cine” si es que pueden ser lo contrario).

La “realidad” transcurre en Buenos Aires y la “ficción” transcurre en Madrid. Los protagonistas son Ernesto Alterio, Quim Gutierrez y Marta Etura. El reparto se completa con Carlos Areces y Bárbara Santa Cruz (en la parte española) y Julieta Cardinalli, Luis Luque, María Alché y Mónica Antonópulos (en la parte argentina). Creo, sin exagerar, que no podía haber mejores actores en el mundo para cada uno de estos personajes.

La pregunta que se plantea la película es si es posible escribir una comedia romántica cuando la experiencia amorosa del que la escribe es un desastre.

La respuesta: en algunos meses.  “En los mejores cines”.

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Robert Smith

Después ser un teen angst escuchando The Cure muchos años, logré finalmente verlos en directo en algún festival de verano de España. En las primeras canciones me deprimí. Robert Smith se había convertido en una anciana (habría que preguntarse por qué tantos rockeros envejecen como señoras) y Simon Gallup encarnaba, como en el tango, toda la vergüenza de haber sido y el dolor de ya no ser.

Desde el escenario parecían estar pensando en su equipo de fútbol, en dónde iban a comprar los chorizos para el asado de esa noche, en el análisis de próstata que tendrían la semana siguiente. En todo, menos en sus canciones.

Era entendible: las letras que cantaban tenían, en algunos casos, veinticinco años. Él, con más de cincuenta, tenía que volver a sentir lo mismo que sentía con veintipocos. Volver a decir con convicción que el viernes estaba enamorado o que estaba perdido en un bosque, completamente solo.

Hasta que de pronto algo cambió. Una extraña conexión y todo volvió a ser como antes. O no. Pero era una mirada atenta, cariñosa sobre ese pasado.

O al menos es lo que pensé en ese momento.

Me acuerdo ahora de esto porque lo normal es que desde el momento en que empezamos un guión hasta que lleguemos a rodarlo pase mucho tiempo. Suelen ser varios años. Pueden ser dos (en un plan optimista) o cuatro. Inclusive, algunos más.

Por eso (si aceptamos que nosotros cambiamos y que todo cambia en el mundo, excepto en los malos guiones), siempre nos vamos a encontrar dirigiendo guiones de otras personas.

Y creo que es lo mejor que nos puede pasar.

A la hora de dirigir nuestros guiones no está mal volver a recordar entonces (una vez más) a Robert Smith. Volver a entender siempre quiénes éramos nosotros hace algún tiempo, acercarnos con cariño a quienes fuimos y tratar de entendernos una vez más: cuando los pelos parados nos quedaban mucho mejor.

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Metáforas deportivas

El costumbrismo porteño incorpora siempre alguna metáfora futbolera en el lenguaje cotidiano. “Te quedaste en offside”, “Te están dando un baile” se pueden incorporar para referirse a una discusión absolutamente extradeportiva.

Debo aclarar que detesto las metáforas deportivas.

Pero como siempre es más fuerte mi reacción de acabar haciendo aquellas cosas que critico, voy a usar una.

Voy a hablar del cine y la natación. (Insisto: estoy durmiendo poco).

Escribir es como nadar en una piscina. Estamos solos. Todo depende de nosotros. De nuestra fuerza, de nuestra resistencia por seguir adelante. No hay viento, no hay olas, no hay imprevistos. Nadie más nos obliga a llegar hasta el borde. Y una vez que llegamos, hay que volver a girar. Y así, una y otra vez. Brazada a brazada. O página a página.

Por eso creo que lo más importante para poder escribir es la resistencia. La capacidad de estar día tras día avanzando solos por un mismo carril. Con todas nuestras debilidades. Sin otro premio que el de la página terminada. Para pasar a la siguiente y volver a seguir. Como Sísifo…

Dirigir, en cambio, es como nadar en el mar. A veces vamos a favor de la corriente, otras en contra. A veces con sol, otras con lluvia. A veces, inclusive estamos a puntos de ahogarnos. Y de lo que se trata es de usar todo eso a nuestro favor para seguir adelante. Las horas de luz, el clima, el presupuesto, los imprevistos. Todos esos “accidentes” son la película.

Pero ya no es nuestra resistencia lo que nos mantiene a flote: porque afortunadamente ya no estamos solos. Y eso es algo mágico: de estar solo en casa escribiendo, pasas a estar rodeado de gente que lo da todo para que esa película que soñaste sea inclusive mejor de lo que pensabas. Esa es la sensación que tuve durante cada minuto de las tres semanas de rodaje en Madrid.

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Soledad y compañía

Disfruto mucho de la soledad de la escritura. De no salir a la calle hasta las 7 de la tarde. De no hablar con nadie en todo el día.

Pero los guionistas no somos escritores. Nuestro trabajo consiste crear en soledad un material que se va a transformar en algo nuevo gracias a la colaboración (comunión, en algunos casos) de un equipo de gente (Y podría insistir una vez más en la metáfora de Carriere de la oruga y la mariposa.) Vivimos siempre en ese equilibrio constante entre la soledad y la compañía. Entre el individuo y el grupo. Y por eso es fundamental esa conexión. Puede ser dirigiendo nuestros guiones, visitando los rodajes en los que los ruedan o simplemente compartiendo (discutiendo) nuestra escritura con otros amigos.

Acabo de terminar las tres semanas de rodaje en Madrid: la “ficción”. Al día siguiente  estuve en París: rodando un día. Al día siguiente salí para Argentina, dónde estoy ahora: para preparar tres semanas y rodar otras tres semanas más aquí: la “realidad”.

Y ya estoy sufriendo por el momento en que se termine.

Uno tiene la sensación de que podría seguir así eternamente. Rodeado por un equipo increíble. Por actores que hacen que eso que escribiste solo en tu casa tenga vida, emoción y un sentido. Por la adrenalina del tiempo que se nos viene encima. Por las nubes que tapan el sol en el momento justo y dan un brillo inolvidable a la sonrisa de la actriz. Por la magia del tiempo que queda atrapado en cada secuencia.

Pero después habrá que volver a la soledad. A escribir nuevamente.

Escribir y dirigir. Soledad y compañía: como Edward Norton en Fight Club.


NADIE VA A PEDIR UN RESCATE FINANCIERO

4 octubre, 2013

john-carter

Por Natxo López

En el capítulo 6 de la segunda temporada de “The Newsroom” asistimos a esta breve conversación que pueden leer aquí abajo. Tranquilos, no hay spoilers, se trata de un momento desvinculado de cualquier trama del capítulo o de la temporada (a no ser que consideren ustedes un spoiler el que estos dos personajes sigan vivos, en cuyo caso tienen un serio problema).

WILL en el despacho. Entra SLOAN

SLOAN – ¿Estás ocupado?

WILL – No.

SLOAN – Mira, esto puede sonar extraño, pero estoy viendo la película de “John Carter” como un posible tema para mi segmento de esta noche.

WILL – ¿Qué pasa con ella?

SLOAN – Bueno, trata de un oficial confederado de la Guerra Civil que es transportado a Marte, que es un planeta frondoso habitado por bárbaros de tres metros y medio. Por su distinta densidad ósea y la baja gravedad del planeta, John Carter puede saltar…

WILL – (Interrumpiendo) Dije, “¿Qué pasa con ella?” no, “¿De qué va?”. Además, ya sabes: spoilers.

SLOAN -Vale, bueno, está previsto que le dé unos 200 millones de pérdidas a Disney.

WILL – ¿Quieres hablar de la economía de Hollywood?

SOAN – Di lo que quieras, pero es una de las pocas industrias americanas que todavía hace un producto que la gente quiere comprar.

WILL – No parece que quieran comprar “John Carter”.

SOAN – Bueno, ahí está: Nadie va a pedir un rescate financiero y las acciones de Disney son relativamente seguras. El entretenimiento es una de nuestras exportaciones que más ingresos genera, y emplea a miembros de 17 sindicatos diferentes, los cuales todos tienen unos excelentes contratos mínimos básicos. Puede que se den un batacazo con John Carter, pero nadie va a resultar herido. Aún es pronto. Sólo es una primera idea.

WILL – Sí, no… suena bien.

A partir de aquí la escena prosigue con una de las lineas narrativas del capítulo, y el asunto “John Carter” no se vuelve a mencionar.

A pesar de cómo nos tiene acostumbrados Sorkin a sus triquiñuelas, me sorprendió este momento, por varios motivos. En primer lugar, como he dicho, no tiene niguna relación causal ni temática con el resto del capítulo. Es un “recadito” que ha querido dejar el guionista y productor ejecutivo. Nos está recordando algo que él considera relevante: que la Industria del Cine es eso, una Industria, y que es además una de las más prósperas y fiables de EEUU. Tanto, que pueden permitirse una razonable cantidad de fracasos.

En un momento en el que la globalización hace temblar algunos de los estamentos sagrados sobre los que se erige la economía americana (y que ha llevado a la bancarrota incluso de una ciudad como Detroit), el cine sigue mostrando músculo. A pesar de no ser una industria “al uso” en la que fabrico un objeto por X costes y lo vendo por X+Y obteniendo así mi beneficio minuciosamente planificado… A pesar de ser un negocio que depende de elementos intangibles y difíciles de controlar como son los resultados en taquilla o la aceptación de público y crítica… A pesar de todo eso, funciona. Y funciona muy bien.

Y no sólo eso. Es una industria con un fuerte componente sindical, donde los profesionales saben cuáles son sus derechos y emolumentos básicos, donde alguien que se salte el pacto sindical queda fuera de la industria. Y eso, que algunos consideran un anatema para el rendimiento económico, se demuestra aquí como una herramienta que favorece la profesionalidad, el trabajo bien hecho y, a la postre, el beneficio.

No todo en Hollywood es de color de rosa, por supuesto, pero sí han conseguido, desde hace décadas, que tanto los ciudadanos como las diferentes administraciones comprendan la importancia, y la necesidad, de tener una industria cultural fuerte y competitiva. Y ahí está el quid del asunto: es una industria que recibe un apoyo y un impulso radical por parte de su gobierno, en forma de desgravaciones, ayudas y apoyo internacional.

Para el resto del mundo, y como bien sabemos por algunas de las revelaciones de wikileaks, ese apoyo refuerza un neocolonialismo cultural del que EEUU no nos va a dejar desprendernos en mucho tiempo. Su cine y su TV -y, por lo tanto, su cultura- nos tienen invadidos y acomplejaditos, tanto que no nos atrevemos a propugnar leyes al estilo de las francesas que ayuden a minimizar los efectos negativos que esa colonización tiene sobre nuestra propia industria cultural. Sin embargo, desde el punto de vista interno, es una estrategia económica intachable.

Lo que hace Sorkin aquí, en realidad, es sacar pecho, ponerse chulito, sacar la chorra delante de todos esos que consideran que su oficio no es importante, que no salva vidas, que no aporta nada. En una sociedad (la norteamericana) en la que el dinero es la carta ganadora en cualquier discusión, Sorkin saca el as de oros y se lleva las apuestas de la mesa con gesto de suficiencia.

Mientras, aquí en España vemos cómo se están cargando progresivamente la pequeña y maltrecha Industria cinematográfica que tenemos, aduciendo tonterías como que es un club de mantenidos y que la cultura no es lo importante (al igual que no lo son, por lo visto, la salud o la educación). Lo importante es rescatar a los bancos, mantener los compromisos con empresas militares y, sobre todo, tener satisfecha a Merkel, no se vaya a contrariar.

Al contrario de lo que mucha gente malinformada cree, la del cine no es, ni de lejos, la industria más subvencionada de España. Basta con mirar las cifras, por ejemplo, aquí.  Sólo la primera de las sociedades mercantiles de la lista recibe más del doble de ayudas que todo el presupuesto del ICAA de este año. No está mal para ser la Peugeot, una empresa francesa. Y eso por no empezar a rajar de las subvenciones a partidos políticos. Que esos mismos políticos vayan a dejar morir al cine por unos cuantos millones de euros (una parte infinitesimal de los presupuestos) es un acto vergonzoso, vengativo y, sobre todo, absolutamente estúpido desde cualquier prisma económico a través del cual se quiera justificar.

Es en tiempos como estos, precisamente, donde los miembros de la industria tenemos que tomar ejemplo de la actitud de Sorkin y sacar pecho. Sé que a veces apetece todo lo contrario, amohinarse y quedarse acurrucadillos y dejarse rematar, pero eso es lo que quieren, que lo demos por perdido.

Aquí nuestro sacar pecho tiene un componente necesariamente diferente al que demuestra Sorkin. Aquí el pecho se saca por todo lo contrario, es decir, porque a pesar de que nos las meten dobladas por todos lados, seguimos teniendo una industria, y unos profesionales, que luchan para sacar las cosas adelante, que logran arañar éxitos y que se parten el jeto para que esto no se muera, para seguir pariendo historias y para seguir rodándolas. Tanto en el cine como en la televisión como en Internet.

Lo que quizá nos falta aún es una mayor capacidad de unión y de concienciación colectiva. En este sentido los guionistas siempre hemos sido uno de los gremios más individualistas. En los últimos años se está produciendo un cierto cambio. Hay más interés por conocer a los compañeros y departir con ellos de nuestros problemas comunes. La labor de los diferentes sindicatos y asociaciones, aunque difícil y con muchos palos en las ruedas, poco a poco se va notando.

Esta semana ALMA organizó un exitoso encuentro de los medios con los guionistas de las series que se emitirán este trimestre, en reivindicación de que los guionistas sean también tenidos en cuenta como creadores necesarios y responsables de las producciones televisivas. Tenemos también iniciativas maravillosas como la de las “70 teclas. Dentro de un par de semanas FAGA y ALMA organizan en Bilbao el III Encuentro de Guionistas, donde una vez más podremos reunirnos para hablar de los problemas del gremio y de cómo afrontarlos entre todos. Les recomiendo que no se lo salten.

Soy consciente de que una parte de los motivos de que el sector esté cada vez más unido tiene que ver, también, con la crisis y con el acojone que causa en el personal. Muchos guionistas que se sentían cómodos en su anacoretismo hogareño, felices ante su poltrona por no verse obligados a relacionarse con otros humanos juntaletras, han empezado a mover el culo por miedo a no poder seguir pagando la hipoteca. Consideran, en su pánico, que los contactos y la información pueden formar parte, también, de una estrategia laboral a largo plazo. Son motivos egoístas, sí, pero si el resultado es que esa gente se acerque a sus compañeros de profesión y comience a verlos no como enemigos ni competidores, sino como colegas con sus mismos problemas y visicitudes, pues bienvenida sea esa dosis de egoísmo.

Ahora sólo falta que ese sentimiento colaborativo se contagie más hacia arriba, entre aquellos que tienen la fortuna y la responsabilidad de estar al frente de equipos creativos. Que un Productor Ejecutivo del poder de Aron Sorkin elogie el férreo sistema sindical de la industria hollywoodiense, en lugar de quejarse por no poder pagar menos a los miembros de su equipo, es un ejemplo para ponerse a aplaudir. Aquí tenemos la fea costumbre de mirar mal al que se queja. No estaría mal empezar a mirar entre todos aún peor a quien desprecia y maltrata a sus compañeros.



GUIONES INVISIBLES

1 febrero, 2013

Invisible

Por Natxo López

Hace unos meses el guionista canario Juanjo Ramírez (a quien aconsejo sigan en twitter si les gusta la comedia descarnada y sin filtros) publicó este post  donde se proponía un reto: abría un plazo en el que solicitaba a los lectores que le dieran ideas para un largo en 140 caracteres. Él cogería la más repetida o la última en ser publicada antes del plazo, y con ella escribiría un guión de largometraje en 24 horas. Un guión de mierda. Y lo colgaría para que todo el que quisiera pudiera leerlo.

La propuesta invitaba a ser avispado; parecía claro que el último que publicara antes de plazo conseguiría que su idea fuera la elegida. Y ahí estuve yo, como siempre taimado, esperando a publicar mi tweet pocos segundos antes. Y conseguí mi objetivo. Mi propuesta rezaba así:

“Mujer robot convive con suicida para que no se mate. Atracción. Al final descubre q no es un robot, le mintieron desde niña”.

Más que un log-line era una gran hijoputada, lo sé. Pero Juanjo cumplió lo prometido, se puso manos a la obra y el resultado es éste maravilloso guión de mierda escrito en 24 horas, del que pueden disponer libremente y que les invito a leer con generosidad.

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El pasado diciembre, en el blog “Guionistas Vlc” se publicó esta entrada en la que se valoraban las posibilidades de que se pudiera llegar a crear aquí en España algo parecido a la “Blacklist” de EEUU, una lista de “mejores guiones por producir”, muchos de los cuales consiguen convertirse en películas. Recomiendo leer, también, los comentarios del artículo, así como echarle un vistazo a la web oficial de la Blacklist.

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En el último Congreso Mundial de Guionistas celebrado en Barcelona (del que nos hicimos eco aquí y aquí) se presentaron los resultados de un estudio a escala internacional en el que se demostraba la casi nula representación de los guionistas en los festivales de cine, así como la necesidad de pelear para que dicha presencia fuera cada vez mayor, concienciando a los festivales de que los guionistas son también autores de los filmes.

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Justo ayer me llegó a través de las redes sociales una invitación a descargar este guión por un módico precio. No conozco al autor ni sé si esos 1,84 euros merecerán la pena, pero la iniciativa me parece valiente. Si no puedes ver la película (porque no se produce), al menos léela.

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En los últimos tiempos, de hecho, cada vez es más frecuente que se difundan en Internet (de manera legal o por filtraciones) guiones de films que todavía no han sido estrenados en pantalla. De hecho es un ejercicio muy instructivo leer algunos de estos guiones antes de ver el film en una pantalla. Yo lo he hecho así, por ejemplo, con “This is 40“, la última de Appatow y “Django Unchained“, la última de Tarantino. El hecho de publicarlos no sólo es una manera de facilitar que los amantes del guión podamos aprehender maneras de escritura de grandes profesionales, también es una medio para que la productora cree expectación y movimiento alrededor de un estreno.

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He unido todas estas informaciones en un mismo post porque todas ellas tienen que ver con un asunto del que por lo general no hablamos mucho los guionistas, excepto para quejarnos: la VISIBILIDAD de los guiones (o la falta de ella).

Por lo general, los guionistas nos quejamos de que no se le presta suficiente atención a nuestro sector, pero al mismo tiempo somos muy recelosos a la hora de mostrar públicamente nuestro trabajo. En nuestro país apenas se pueden encontrar guiones españoles en la red, y sólo unos pocos films -ya estrenados con cierto éxito- son editados en papel (gracias sobre todo al buen hacer de la editorial 8 y medio).

Lo que me llama la atención es que hoy en día se explota publicitariamente cualquier mínimo detalle relacionado con la realización de un film o una serie. Incluso el mero hecho de que el proyecto exista es una noticia con la que alimentar expectativas y lograr titulares. Se muestran fotos de gente dándose apretones de manos en feos despachos, imágenes de pruebas de vestuario, se lanzan virales primigenísimos y se muestran pantallas verdes donde se clonarán bichos y bombas. Se lanzan notas de prensa desgranando cualquiera de los aspectos más nimios de la pre y la postproducción, y en cuanto se tienen dos imágenes de video guarras se esparcen a los cuatro vientos del youtube, se twitean, se facebuquean, se da pábulo premeditado a las rumorologías y el cotilleo…

¿Por qué los guiones están absolutamente fuera de este proceso, más allá de alguna información fría donde se dice “fulanito está escribiendo la peli de menganito”? Nadie se atreve a enseñar nunca ni una sola escena escrita en papel, ni una frase, ni una coma. Como mucho se enseña el título.

Supongo que se podrían argumentar diferentes causas:

La inseguridad de los guionistas. Ya conocen esa máxima de que los guionistas vivimos con el miedo constante a que los demás descubran que somos un fraude. Ninguneamos nuestro propio trabajo, dudamos de nuestro talento, de nuestras capacidades. Nos hicimos guionistas y no actores o directores porque somos “un tipo concreto de creativos” a los que no nos atrae especialmente la idea de exponernos. Enseñar un guión siempre será un acto de valentía y una garantía de sufrimiento, especialmente en este país de críticos ingobernables prestos a saltar cual ninjas sobre el trabajo ajeno. Publicar un guión parece una invitación a que la gente diga: “ah, vale, queda confirmado oficialmente que eres un guionista de mierda porque esta vez no te puedes escudar en la excusa de que me lo rodaron mal“.

El miedo al plagio. Es frecuente que creamos que nuestras ideas son dignas de ser plagiadas. Casi nunca lo son, y de hecho los casos reales de plagio son muchos menos de lo que la mayoría de la gente imagina. Pero el miedo está ahí.

La eterna condición “provisional” de los guiones. Hasta que un film o un capítulo no está terminado todo es susceptible de ser cambiado, por lo que nos da mucho respeto mostrar algo que, seguramente, alguien nos acabará obligando a cambiar a lo largo del proceso (a pesar de que dicho proceso es algo ya muy asumido por el público, nadie se espanta al ver las pantallas verdes todavía sin los bichos y las bombas).

– En la mayoría de los casos, los guiones en los que ha habido un contrato de por medio ya no son “propiedad” del guionista, por lo tanto la decisión de mostrar el libreto, o no, está en manos del productor.

El carácter asustadizo de los guionistas. Creemos que mostrar un guión que no ha sido rodado podría suponer un impedimento definitivo para lograr, efectivamente, que se llegue a rodar. Tenemos el convencimiento de que los productores no se van a interesar por un guión que ha sido previamente expuesto. Que, de alguna manera, esa historia ya estará “quemada”.

Y yo me pregunto, ¿todo esto es realmente así? ¿No estamos dando por hecho convenciones mantenidas durante décadas que, quizá, ya no se adecúan al momento tecnológico y cultural que vivimos? Ojo, no lanzo la pregunta con la prepotencia de quien ya tiene decidida su respuesta; realmente dudo al respecto. Lo único que tengo claro es que me parecen preguntas que merecen la pena ser planteadas.

¿Realmente alguien piensa que colgar en la red un guión significa, automáticamente, que millones de personas lo van a leer y que, por ende, esos millones de personas no irán a ver la película porque ya habrán leído el guión y ya “habrán disfrutado de él” y “sabrán lo que pasa”? Si esto fuera así, si realmente fuera lo mismo una cosa que la otra, ¿no sería mucho más fácil -y barato- publicar los guiones en lugar de rodar las películas?

Seamos sinceros, casi nadie lee guiones, y menos gente de fuera de la industria. Y cuando uno hace el esfuerzo de leer un guión que le interesa (porque casi siempre es un esfuerzo, no nos engañemos), si está razonablemente bien escrito, lo normal es que tenga muchas más ganas de ver la película que antes de leerlo, no menos.

Nos quejamos de tener una industria dirigista, que crea los proyectos desde los despachos y no desde las teclas, pero luego somos absolutamente timoratos a la hora de proponer, de enseñar, de vender, y nos dejamos apabullar por pistas peregrinas sobre “lo que se pide ahora” o “lo que es vendible”, sin atrevernos a llevar la iniciativa narradora. Creo que no conozco a ningún guionista que no critique más o menos apasionadamente la industria audiovisual nacional, lo erróneo, antiguo y cobarde de sus propuestas; pero casi ninguno se atreve a mostrar un guión escrito y decir, “esto es lo que yo haría si me dejaran”. Es una crítica de carácter colectivo y por tanto injusta, sí. Pero nos entendemos.

¿No será, también, que gran parte de las producciones se montan sobre la premisa de “engañar al espectador” con fuegos artificiales promocionales para que crea que va a ver un film, o una serie, mucho mejor de lo que es en realidad, y que, por tanto, hay miedo de “romper el hechizo” si se publica el guión antes de tiempo? ¿Será, tal vez, que los directores o los productores se negarían por principio a que se pudiera confrontar el resultado de su trabajo con el planteamiento previo que había en el guión original? (De hecho, es más habitual que los guiones que se publican sean de directores-guionistas, lo que responde en parte a la pregunta).

¿No va siendo hora de buscar estrategias entre todo el gremio para que el guión adquiera en este país el lugar que le corresponde como motor fundamental en la creación de una historia audiovisual? ¿Y no es Internet una herramienta que podría ayudar, de alguna manera, a lograrlo?

Todo esto son preguntas abiertas. No voy a afirmar algo así como que todos tenemos que colgar en Internet nuestros guiones. Pero sí creo que tampoco pasaría nada demasiado terrible por hacerlo, y que no está de más planteárselo. Y para que esto no quede en un alegato retórico, voy a colgar, aquí y ahora, dos guiones escritos por mí, para que me los destrocen.

El primero es fruto de una petición. Se trata del guión del cortometraje “La Media Pena” , dirigido por Sergio Barrejón, y que varias personas me han solicitado en los últimos meses. Aquí lo tienen. En este caso lo bueno es que es corto, y que pueden compararlo con el resultado final rodado (que, en mi opinión, mejora mucho lo escrito, como siempre debería ser). Se trata de la última versión antes de rodaje, y he de decir que, aunque Barrejón se negó a firmar como guionista, aportó varias ideas al libreto, entre ellas el final tal y como quedó en pantalla.

El otro es un largometraje llamado “Objetos”, escrito en 2011, que recibió una subvención del ICAA a desarrollo, lo que me permitió trabajar en él sin presiones creativas ni condicionantes comerciales. Escribí, grosso modo, lo que me salía de los huevos; un thriller oscuro, personal, seguramente fruto de una mente un poco sucia. La verdad es que lo pasé bien con él y he de agradecer a varios colegas que leyeron, desmenuzaron y aconsejaron. Eso sí, es un guión sin ningún viso por el momento de que llegue a rodarse algún día. Ha sido leído por productores y unos cuantos de ellos hicieron valoraciones positivas, pero no demostraron intención o posibilidad de producirlo, al menos no en un futuro cercano. Quizá es demasiado personal, quizá no es comercial, quizá es muy caro, quizá es muy malo. Aquí lo pueden descargar y comprobarlo.

Sé que haciendo esto me expongo, pero en fin, es que vivir es exponerse. Algunos de ustedes podrán decir “vaya puta mierda de guión y de guionista”, y seré yo el que se lo habrá servido en bandeja. Están en su perfecto derecho de criticar, y aquí se publicarán sus comentarios intactos, siempre que no rasguen esa fina membrana que nos protege del mal gusto. En la medida de lo posible responderé a cualquier pregunta que quieran plantearme.

Si el experimento no es un absoluto desastre, puede que más adelante comparta otros textos de los que menos me avergüenzan, entre ellos también pilotos televisivos, que es donde más me prodigo y donde, tal vez, se echan en falta propuestas más audaces.

Por supuesto, esto lo hago con el deseo de animarles a todos ustedes a que aireen también sus creaciones, aquí o en sus propias bitácoras o twitters. Sé que seguramente no lo van a hacer. Casi seguro consideran esto un acto de gilipollez supina o de onanismo bloguestúpido. Puede ser, lo mismo me dijeron muchas veces cuando empecé con “El Guionista Hastiado“.

Sinceramente, a mí me interesaría mucho leer proyectos de compañeros de profesión. Proyectos que nunca se rodaron, que no pasaron el filtro, que eran demasiado personales, o audaces, o malos, o que están todavía en la dura pelea por ser llevados a término.

Porque los proyectos aparcados, invisibles, deficientes, los que se quedan sin pareja en el baile, los que no prosperan, nos hablan también de cómo funciona esta industria, tanto o más que los que sí llegaron a las pantallas. Y, de cualquier manera, la lectura, la colaboración, el conocimiento y el compartir inquietudes y críticas nunca pueden suponer, a la larga, algo negativo. Levantémosnos los refajos y enseñemos un poco de carne.


LO MEJOR DE 2012, PARA MÍ (PUEDE CONTENER SPOILERS)

31 diciembre, 2012

Por Daniel Castro (Guionista en Chamberí)

Un lugar donde quedarse

Un viejo rockero, con el cerebro frito pero con un extraño sentido del humor, arrastra una maleta con ruedas. Cruza el océano en un trasatlántico para volver a Estados Unidos, ahora que su padre ha fallecido. Una vez allá, se entera de que éste dedicó los últimos años de su vida a intentar vengarse de una humillación menor que había sufrido en el campo de concentración nazi en el que fue internado. El protagonista decide continuar la misión de su padre. Busca por los Estados Unidos al viejo nazi. Por el camino encuentra juega partidas de ping pong, asiste a un memorable concierto de David Byrne, conversa con el tipo que decidió poner ruedas a las maletas, asiste a la combustión espontánea de un todoterreno que le prestó un mafioso y tiene memorables encuentros con ocas, bisontes y hombres tatuados.

Posiblemente, la película más libre del año. “Sólo lo raro es bello”, escribió Baudelaire, Pues eso.

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Take Shelter

El protagonista de “Take Shelter” repite una frase para si: “Hay algo que no está bien, algo no está bien” viene a decir. Es casi la misma frase que repite Sean Penn en “Un lugar donde quedarse”, creo que en el interior del coche. Dos presuntos desequilibrados que resultan ser, irónicamente, más cuerdos que quienes les rodean.

Pero así como “Un lugar donde quedarse” es una curiosa road movie protagonizada por un Buster Keaton disfrazado de Robert Smith, “Take Shelter” es una durísima historia sobre la locura, el amor y el miedo. Ésta, en cambio, no es una película libre. Aquí sabes que, escribiendo y dirigiendo, hay un tipo que sabe a donde va. Y conduce muy bien.

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Los descendientes

Un hombre corre en chanclas hacia la casa de unos amigos. Quiere asegurarse. ¿Es posible que sea verdad? Su mujer, ahora en coma, ¿es cierto que ha estado engañándole con otro hombre desde hace meses?

Sí, es cierto. Y Clooney, con sus chanclas y sus bermudas, llega a conocer al amante. Un hombre para el que su esposa significó demasiado poco. La extraña tristeza de Clooney en ese momento. Por lo menos, hubiera deseado que, para su amante, ella hubiera sido alguien extraordinario.

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Declaración de guerra

Otra carrera. Ésta desesperada, por los pasillos de un hospital. Valérie Donzelli se dirige a si misma, cuando, hace unos años, recibió la noticia. Su hijo estaba gravemente enfermo. Ella y su novio se encarnan a si mismos en una película sobre la enfermedad de su hijo y cómo les afectó. Ahora su hijo está mucho mejor. Pero ellos ya no son pareja. Una película dolorosa y, sí, divertida.

(Aquí, en Filmin)

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La cueva de los sueños olvidados.

Herzog entra en la cueva de Chauvet. Graba en 3D las pinturas rupestres. Los salientes de las rocas, los animales retratados. La mano de un artista, repetida en la pared. Tal vez es su firma. Tal vez es su voluntad de sobrevivir a la muerte y vencer al tiempo. Como la película que estamos viendo.

Y ese extraño epílogo del cocodrilo albino…

(Aquí, en Filmin)

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Diamond Flash.

La minúscula película de Carlos Vermut es una de las más desasosegantes y originales del año. Una mezcla de Tarantino, Shyamalan y Bergman. Os lo juro. Que la haya logrado en condiciones tan precarias es el mejor de los estímulos en estos tiempos de negros augurios sobre el futuro del cine.

(Aquí, en Filmin)

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Lo imposible.

Una película de catástrofes que no es una película de catástrofes, es la historia de una familia normal viviendo una experiencia extrema. Una historia de supervivencia contada con todos los recursos del cine más espectacular, pero también con honradez. No parece española. Efectivamente, parece una gran película de Hollywood. En el buen sentido.

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De óxido y hueso.

A algunos no les gusta el título español. No acabo de entender porqué. Pocas cosas más físicas y duras que una película de Audiard. En ellas todo son cuerpos chocando, huesos partiéndose, cristales clavándose y sangre negra manando. De vez en cuando, un tímido rayo de sol. Un paso más cerca del melodrama, pero sin alejarse del género negro, Audiard y Bidegain adaptan libremente relatos de Craig Davidson, trasladándolos de Norteamérica a Francia sin que pierdan ni un gramo de verosimilitud en el camino.

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Un amor de juventud.

Sin llegar a la altura de “El padre de mis hijos”, la siguiente película de Mia Hansen Love es una preciosa historia de amor y nostalgia que parece hablar, sobre todo, sobre el paso del tiempo.

(Aquí, en Filmin)

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Esto no es una película.

Un director iraní, obligado por el régimen de Ahmadinejad a permanecer en su casa, sin poder rodar. Como un león enjaulado, pasea por el salón de su casa, grabado por la cámara de un amigo documentalista, arreglando detalles legales, preocupado por la seguridad de su familia, que queda atrapada en una manifestación contra el gobierno en las calles de Teherán y, sobre todo, leyendo el guión, interpretando los papeles, dibujando en el suelo las paredes de la casa imaginaria de una película que, posiblemente, nunca le permitan rodar. Pronto admite su fracaso. Una película no se puede contar. Si fuera así, no haría falta rodarla. Os recomiendo ver esta pequeña no-película sobre la necesidad de rodar. Cuando, como en el caso de alguien como Panahi, rodar es vivir.

Con escalofriantes títulos de crédito, por cierto.

(Aquí, en Filmin)

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SALVAR EL CINE

19 julio, 2012

por Alejandro Pérez.

¿Sabías que Alemania tiene una asistencia al cine por debajo de la española?
Escribo desde Marburgo, el pueblo paradisíaco donde estudiaron los hermanos Grimm. Entre mis anfitriones hay unos cuantos que están estudiando análisis de medios (Musik, Kunst und Medien, lo llaman). Y me han contado que los cines se tuvieron que poner las pilas mucho antes de la crisis de internet, por lo que, en eso también, nos llevan años de ventaja.
Por lo visto aquí las ventanas de explotación son ligeramente distintas respecto a otros países. La gente no tiene la misma cultura de pagar por ver una película que en España. Sí compran el DVD, pero casi no hay Pay Per View. La razón de que el Plus y similares no funcionen es que no hay porno duro. Sí señores, en Alemania ni siquiera un canal de pago puede emitir porno duro por ley, y eso llevó a frenó sensiblemente la contratación de canales digitales. Si a eso le sumamos una gran televisión pública y dura competencia de canales privados, el Astra y los canales temáticos libres, nos encontramos todas las películas del cine en la tele en menos de un año y la gente prefiere esperar.
 
Hoy he ido al cine para ver cómo han peleado con eso desde las salas. Marburg tiene tres, de tres tamaños: la del centro comercial, multisala, digital, con butacas grandes; la de cine de barrio, de toda la vida, y una pequeñita de cine alternativo para cosas iraníes subtituladas.
He ido a la sala comercial. y he visto tres innovaciones  que me han sorprendido:
 
1) LOVE SEATS: asientos del amor. El cine es un lugar perfecto para una cita, pero los asientos cómodos y grandes con palomiteros gigantes que tanto mejoran la experiencia como espectador también son un coñazo para abrazar a tu chica. Y para ellas es imposible apoyar su cabeza en tu hombro sin romperse la espalda. Antes, con asientos tamaño La Sepulvedana, esto no pasaba. Es más, como estaban diseñados igual que los autobuses, en algunos sitios podías levantar el apoyabrazos. Pero con asientos grandes, de los de apoyabrazos dobles con palomiteros, ya no se puede. A veces son tan anchos que, ni llegas.
Los Love Seats vienen al rescate. En cada fila del cine hay dos butacas que NO tienen apoyabrazos en medio. Y ya está. La gente que va al tema y no a comer palomitas, bien que lo agradece. El único problema supongo que es proponer esos asientos a tu pareja en una primera cita.
2) SNEAK PEAKS: si has estado en Sitges, sabrás que hay una sesión sorpresa donde todo puede pasar, los espectadores no saben a lo que van. A veces, ha habido estrenos mundiales de mucha repercusión.
Claro, no puedes tener a Ángel Sala negociando eso en cada multiplex. Lo que sí puedes hacer es poner otra peli de tu catálogo al azar, del año pasado, o que no ha rentado lo suficiente. El precio de la entrada es de dos o tres euros, permisible para cualquier bolsillo, y según me han dicho, esta idea ha sido uno de los grandes salvadores de las salas alemanas. De media, al pasar 15 minutos sale del cine la cuarta parte de la gente. Pero no les importa: salen una de cada cuatro veces. Las otras tres veces se han quedado porque les gustaba lo que veían. Sirve para que eche la velada un grupo de amigos y ahorrarse las discusiones de qué ver. La idea funciona tan bien que aquí tenían dos salas a las 10:30 de la nochedispuestas a sorprender, una en inglés y otra en alemán. Incluso, una vez al mes, hay un Classic Sneak Peak, y la peli sorpresa es un clásico, generalmente en blanco y negro.
3) VENTA DE POSTERS: Admito que cuando lo he visto me he cabreado con España. ¿Por qué cojones no existe eso en nuestro país? La gente que compra posters es la gente que paga por las películas. El cine, cuando es industria, tiene la mayor parte de sus ingresos en merchandising. Entonces, ¿por qué no se pone el merchandising POR SISTEMA en el stand de palomitas? ¿Por qué te echan a la calle, incluso en los cines construidos hace poco, que es el momento de tu vida que más presentes vas a tener esos personajes? Quiero pillarme un póster de dos metros de Angelina con escote cuando todavía estoy acalorado. Pero también todo lo demás. Quiero comprar los juguetes de Toy Story. Quiero la banda sonora de Giacchino. Quiero salir a tope de adrenalina de Los Vengadores y que una colección de los Ultimates se me plante en las narices.
Exhibidores, exhíbanse. Salvemos el cine.
(Alejandro Pérez es diseñador de efectos especiales y guionista y director de cortometrajes. Próximamente estrenará el quinto episodio de Tus derechos 2.0, documental web sobre derechos de autor.)

ELIGE TUS PROPIAS PAREDES

20 abril, 2012

por Guillermo Zapata.

Creo que podría escribir un artículo parecido para la educación, la sanidad, la reforma laboral, etc. Pero ésto es bloguionistas, así que hablemos de guiones, de cine, de tele y eso.

Hablemos del panorama. Si conoces el panorama, pasa al siguiente párrafo. Si no, te lo resumo: Charlas con amigos. La expresión favorita es “parado”, todo está parado. No solo no se invierte en desarrollo de proyectos, los proyectos ya escritos no se ruedan, los proyectos ya rodados no se emiten. Un proyecto por emitir de una televisión forma parte de sus “activos”, un proyecto emitido forma parte de sus “pasivos”. No se están rodando películas. Las subvenciones destinadas al cine tras los recortes se irán todas a pagar las ayudas a las películas del año pasado. Hay una cosa llamada “ley de mecenazgo” que parece ser la panacea bíblica, pero de la que no sabemos nada y tampoco se la espera.

Vale. Correcto. Ya estamos todos en el mismo sitio.

Ahora. ¿Qué hacer? En realidad, la única pregunta importante es siempre qué hacer.

Opciones.

A.- Manifestarse, gritar, enfadarse (mucho o poco) Al gusto.

B.- Confiar en que escampe. Rezar para que escampe a Dios o a Luis Buñuel. A quién sea.

C.- Pensar que a ti no va a pasarte. Confiar en tu talento. En tu potencia creativa. En tus contactos.

Tengo la sensación de que estas tres formas son igualmente legítimas, razonables y problemáticas. ¿Es razonable y justo enfadarse? Sin duda. La lista de motivos es larguísima. ¿Es razonable confiar en que las cosas mañana irán mejor? Si, por supuesto, porque vivimos un contexto que se nos presenta como pasajero. ¿Es razonable creer en uno mismo? Hombre, ¿si no crees en ti mismo en quién demonios vas a creer?

Pero a la vez son paredes. Son límites infranqueables que se bloquean muy fácilmente. A la primera opción siempre se le va a poder decir “Grita hasta quedarte ronco” “Expresa tus opiniones cuanto quieras” “Pero no hay dinero”. A la segunda siempre se le va a poder ir dando cuerda poco a poco porque está dispuesta a conformarse con la ilusión de un regreso a un tiempo mejor. Y la tercera siempre puedes pensar que si algo no va bien también es culpa tuya.

Quizás hay que elegir otros caminos con menos paredes. Hacer películas o series requiere de algunas cosas, pero hay una esencial, gente que quiera que esas cosas existan. Si esa gente no tiene interés, si no hay ese deseo de que algo exista, no existirá. Entonces, quizás el centro de las conversaciones, las discusiones, los enfados, las propuestas, podría ir encaminado no a demandarle cosas a quién hace los recortes, no a la esperanza de volver a tiempos que, quizás, no vayan a volver y tampoco a nosotros mismos, sino en aliarnos con otros. Aliarnos a través de proyectos, de series, de películas, de experimentos que, si funcionan, podamos replicar.

Aliarnos con otros es reconocer también la necesidad de recomponer un lazo roto, muchas miradas por encima del hombro, mucho “son todos unos vagos que viven del estado” y mucho “no les interesa nada, son idiotas, no saben de nada, están manipulados” Y ese será un proceso largo, como recomponer un matrimonio herido o superar una muerte. Pero esa alianza es esencial porque es el motor de otras cosas. De otra forma de relación con el público, que igual ya no tiene que ser “público” sino comunidad.

Podríamos pensar que el cine o la televisión ya no existen, pero que tenemos las herramientas técnicas y los conocimientos para que existan y, entonces, ¿que haríamos?

Sin una fuerza afirmativa, que plantee la creación cultural en términos nuevos, que produzca de otra forma, distribuya de otra manera, sea sostenible y no solo rentable (que también) sin esa doble alianza, es muy posible que nos quedemos roncos… Y ya. Y quizás si esa fuerza afirmativa existe, se recompone la relación social que posibilidad un determinado modelo de cultura y que sostiene a unos profesionales y unas comunidades creativas.

Hay una frase que me gusta mucho que dice algo así como “la única manera de que un sistema supere a otro sistema es que el nuevo sea, al menos, tan complejo como el anterior”. No sé porque me ha venido a la cabeza.


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