DANIEL REMÓN: “ES IMPORTANTE DEJARSE LLEVAR Y EXPLOTAR AL MÁXIMO LAS POSIBILIDADES DE CADA ESCENA”

12 octubre, 2017

Por Àlvar López y Carlos Muñoz Gadea

Un año más vuelven los martes de DAMA a la Cineteca de Madrid. Y lo hacen con Daniel Remón, que impartirá un curso titulado “El idioma de la película: la escena como punto de partida“. El guionista y director madrileño, en cuatro sesiones de dos horas cada una (17 y 31 de octubre y 14 y 28 de noviembre), explicará a los asistentes cómo desarrollar una historia partiendo precisamente de la concreción que supone la escritura de una escena. Esta manera de proceder, que en cierto modo supone seguir el proceso inverso a la hora de desarrollar una historia, tiene como objetivo favorecer la experimentación a la hora de escribir con tal de encontrar el lenguaje único de cada película. Pero mejor que sea él quien nos lo explique.

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Cuéntanos Dani, ¿en qué consiste exactamente este curso?

Mi objetivo con estas clases es tratar de salir un poco de la norma, de los manuales de guión y de las maneras de proceder que se enseñan en las escuelas. Evidentemente, son conocimientos importantes que los guionistas deben saber y manejar, pero en la práctica no necesariamente funcionan para todas las películas.  En mi opinión, cada película se escribe de forma diferente, por lo que es bueno adquirir otras herramientas además de las habituales. El proceso más frecuente a la hora de escribir una historia, que consiste en tener una idea y después una sinopsis y de ahí pasar al tratamiento y a la escaleta, ofrece sus ventajas, pero muchas veces se escribe sin saber hacia dónde se va. A mí es algo que me ocurre bastante, porque muchas veces no puedes tenerlo todo planificado desde el principio.

Y quieres tratar de mostrar esto a través del estudio de escenas concretas, ¿verdad?

La idea es trabajar sobre escenas, utilizándolas como punto de partida en lugar de como final del proceso, es decir, siguiendo el camino contrario. En lugar de tener una escaleta cerrada y haber realizado un estudio previo de los personajes, lo que quiero es que los alumnos prueben a planteárselo en dirección contraria, que cojan situaciones que se les ocurran o que hayan escuchado en la calle y a partir de ahí traten de hacer crecer la historia. En definitiva, podría decirse que de lo que se trata aquí es de utilizar el lenguaje como punto de partida.

¿Para qué tipo de alumnos va enfocado este curso?

Va enfocado a cualquier persona que esté interesada en escribir y busque ir más allá de la teoría, desde personas que estén empezando y busquen ir más allá de los manuales a profesionales del guión que trabajan habitualmente escribiendo. Como lo que se pretende es ofrecer otro enfoque a la hora de abordar la escritura de una historia, creo que el curso que planteo puede serles útil tanto a quienes buscan probar otras rutinas de trabajo como para los que quieran desarrollar una historia en concreto pero estén atascados en algún punto.

¿Cómo será el desarrollo de cada una de las sesiones de trabajo?

Para poder explicarme bien, utilizaré en gran medida mi propia experiencia, analizando las tres películas que he escrito hasta la fecha: Casual day, 5 metros cuadrados y El perdido. En mi caso, analizando mi experiencia como guionista a la hora de sentarme a escribir, pienso que cada película viene en cierto modo viciada por el proyecto inmediatamente anterior. Por ejemplo, cuando escribíamos 5 metros cuadrados, durante seis o siete meses tuvimos escaletas muy parecidas a las de Casual day y no fue hasta casi el final donde llegamos a una escaleta mucho más clásica con una trama principal marcada y con el viaje del héroe de por medio. Ese fue el punto de llegada en nuestro caso, y todo el recorrido que hicimos hasta llegar allí nos permitió conocer mejor a los personajes y por tanto nos ayudó a dialogar y a poder plasmar el tono de la historia de un mejor modo. En cambio, con El perdido sucedió lo contrario y nos planteamos hacer una película sin diálogos. En definitiva, se trata de pasar mucho tiempo con la película, dejar que vaya creciendo dentro de ti, para que puedas encontrar el idioma concreto que habla esa película. Y en este sentido, partir de la escena para hacer crecer la historia me parece un método acertado a la hora de librarse de esos vicios adquiridos por las otras cosas que uno ha escrito.

Tú también has trabajado, además de en estos largometrajes, como guionista de cortos, de documentales o incluso escribiendo teatro. ¿Está el curso únicamente pensado para cine o puede servir para otras disciplinas?

Los ejemplos con los que trabajaremos en el curso salen de proyectos para cine, pero creo que a pesar de las diferencias específicas de cada formato, el proceso sirve también para el teatro o el género documental. Una de las historias que escribí junto a mi hermano acabó convirtiéndose en una obra de teatro diez años después. Porque también se tarda en encontrar cuál es el medio más adecuado para contar la historia. Partir de una situación, de una escena, y tratar de crecer desde ahí también sirve de hecho para encontrar qué formato se adapta mejor a esa historia en concreto.

¿Qué crees que puede aportar esta manera de enfocar el trabajo de escritura? ¿Por qué sigues tú este proceso?

Hay gente que a la hora de escribir, en mi opinión, peca de querer conocer demasiado la historia. Guillermo Arriaga dijo una vez que era importante no saber demasiado sobre lo que estás escribiendo. Muchas veces se le da demasiada importancia a la documentación, o a la psicología de los personajes… Yo no trabajo de ese modo, sino más bien partiendo de la necesidad de escribir para que sea la propia película la que encuentre su camino. Y si no lo encuentra es que seguramente haya que escribir otra cosa. De este modo, sucede que lo que pensabas que iba a ser una comedia puede acabar siendo un drama, o al revés. Realmente no tenemos tanto control sobre el material como pensamos, y hay que aprender a echarse a un lado y dejar que hasta cierto punto el material funcione solo.

Desde luego, con esto no quiero decir en ningún momento que no sea importante fijarse en la estructura y trabajarla, pero creo que cómo hay que hacer las dos cosas, es interesante hacerlo invirtiendo el orden habitual. Así, para mí resulta más cómodo empezar por la parte más intuitiva, más de dejarse llevar, aunque en todo proyecto llegará un punto donde tengas que parar, poner distancia y analizar hacia donde ha ido esa historia, como si ese guión lo hubiese escrito otra persona. Y después volver a entrar en la historia. Es un proceso, el de la escritura de un guión, que implica muchas idas y venidas. Sin esa parte de escritura automática -por decirlo de algún modo- creo que se corre el riesgo de llegar a películas más vacías, donde a veces se ve demasiado el manual. Los manuales tienen de bueno que funcionan, porque se ha demostrado que así es, pero sin esa parte más intuitiva las historias pueden ser demasiado previsibles.

Además, seguir los manuales a raja tabla puede suponer encorsetarse demasiado. ¿No es así?

Muchas veces, las películas tienden a cierta economía en las escenas, siguiendo la máxima de que cada una en particular debe hacer avanzar la trama, cuando no siempre es así. Yo creo que se tiende a intentar controlar la trama, precisamente porque es un elemento más fácil de analizar conscientemente y es verdad que todas las escenas tienen que servir para algo, pero no siempre es necesario que hagan avanzar la trama de un punto a otro. Por ejemplo, una escena puede ser también útil para que el espectador conozca mejor al personaje, o interiorice el tono de la historia. Lo que hace que las películas aguanten bien el paso del tiempo, más que su estructura,  son ciertos detalles y momentos concretos, o una determinada frase de un personaje, por lo que es importante dejarse llevar y explotar al máximo las posibilidades de cada escena.


PACO LÓPEZ BARRIO: “LA INDUSTRIA VALENCIANA YA ESTABA DESTROZADA ANTES DEL CIERRE DE CANAL 9”

5 mayo, 2017

Por Àlvar López y Carlos Muñoz Gadea

A día de hoy hay varias preguntas que sobrevuelan la apertura de la nueva Radio Televisión Valenciana. ¿Cuándo se hará?¿Con cuántos trabajadores? Y, lo que quizá es más importante, ¿cómo y con qué contenidos? Algunas de estas cuestiones (de complicada respuesta) son las que trata el guionista valenciano Paco López Barrio en la entrevista que tuvo lugar en su despacho de trabajo, y en la que también hubo tiempo de repasar sus años de profesión en la extinta televisión valenciana, las diferencias que notó al dar el salto a la televisión nacional con Víctor Ros El Ministerio del Tiempo, y de su labor como docente de guión.

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¿Cómo definirías tu experiencia después de tantos años trabajando en televisión pública?

Bien, por una parte mi experiencia se divide, en primer lugar, en mi paso por Canal 9, donde empecé en Benifotrem, una serie en donde me divertí mucho haciéndola, y luego en L’Alqueria Blancadonde estuve haciendo argumentos. Tras esto, pasé a Televisión Española, donde trabajé primero en Víctor Ros y luego en El Ministerio del TiempoEsto en cuanto a ficción, pero he trabajado muchísimo también en entretenimiento y documentales.

La verdad que son dos ligas muy diferentes. Trabajar en una televisión autonómica, y más en la valenciana, era hacerlo sabiendo que tenías presupuestos muy limitados y que, además, atrevimientos podías permitirte los justos. Especialmente en la época de L’Alqueria Blanca, por la situación política que vivíamos, todo tenía que ser muy blanco, y era una lástima, porque teníamos una cantidad de elementos de la época (Valencia, mundo rural, años 60) muy interesantes. Eran también los años del inicio de la industrialización en la comarca de la serie, pero sin embargo no podíamos hacer mención a ninguno de los cambios profundos que se apuntaban en aquel momento. Eso te quitaba muchas posibilidades de hacer tramas.

En tu experiencia, entonces, sí que has notado que la escritura de contenido de ficción estaba muy unida a la política reinante. 

Sobre todo en la época del PP. En la época en la que gobernaba el PSOE, que por otra parte poca ficción se hizo, tendríamos otros problemas, pero con el tema de contenidos no había inconveniente siempre y cuando no montaras algún escándalo. En cambio, en la época del PP era cogerlo todo con papel de fumar de manera continua. Entonces, claro, se hacía muy incómodo.

Por poneros un ejemplo. En L’Alqueria Blanca, una de las claves de una temporada fue un embarazo no deseado. Recuerdo que una de las posibilidades que planteé, aunque luego no se resolviese así, fue que el personaje reflexionara sobre la opción de abortar. Hablamos de los años sesenta, lo que nos habría permitido explotar el mundo del aborto clandestino, con todos los riesgos que suponía una mala operación, que incluso podía costarle la prisión o la vida a quien lo llevara a cabo. Pues bien, aquello no llegó ni siquiera a la cadena, fue la misma productora la que dijo que era un tema tabú. Y era un tema que estaba en la calle, no nos engañemos. Desde que soy muy joven llevo escuchando sobre casos de abortos clandestinos.

Todo muy blanco, como decías, sin mención alguna a la actualidad. 

Por supuesto. Sin mencionar el hecho de que en ese momento era Franco el que mandaba. Teníamos un personaje que había venido de la ciudad, un joven inquieto y con estudios, y era un personaje ideal para que montara un sindicato clandestino en L’Alqueria, que empezaba a tener sus primeras fábricas. Pero no había manera. Todo debía ser conflictos de familia o de negocios, no había lugar para la lucha de clases. Es muy complicado hacer una serie de época si te obligan a eludir los conflictos de la época. ¿Al final con qué nos quedábamos? Con la nostalgia del seiscientos y la minifalda.

Y aún así, L’Alqueria Blanca tenía una audiencia muy alta.

Muy muy alta. La audiencia nunca castigó la falta de atrevimiento, quizá porque no era un problema de la serie, sino un problema general de toda la cadena en todos sus programas. Pero sí, ya lo creo que funcionó. Había domingos que se plantaba con un 30% de audiencia. Eso no lo hacía nadie, ni lo volverá a hacer nadie.  También es cierto que había hambre de ficción en lengua propia. Llevábamos 20 años de retraso y el público la cogió con ganas.

¿Qué diferencias notaste cuando empezaste a escribir en nacional?

Para empezar poder dejar de lado el costumbrismo. Y poder, por fin, abordar temas sociales. Además tuve la suerte de formar parte de un equipo con el suficiente peso y prestigio profesional como para poder trabajar sin tener que aguantar demasiadas tonterías de terceros. Javier Olivares es una persona que allá donde va se hace respetar y que se toma muy en serio la dignidad de sus colaboradores, tanto la económica como la creativa. Defiende el hacer de cada escritor, y eso es algo que no tiene precio y que en Valencia nunca llegué a ver. Aunque ahora sigo otro camino, mi deuda con él es enorme.

Y esa valorización del trabajo del guionista de la que hablas, ¿no la llegaste a ver en Valencia en la televisión pública?

La valoración del trabajador audiovisual, guionista o conductor de unidades móviles en la TV pública valenciana… piensa en cómo acabó aquella casa y aquellos trabajadores. Eso te da la medida de todo.

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¿Qué crees que debería hacerse para que la nueva televisión autonómica no incurriera en los mismos errores?

A mí parecer, en estos momentos la televisión autonómica general tiene un handicap bastante gordo, y la valenciana, además, uno extra: viene de un cierre de tres años, algo demoledor para tu presencia en los audímetros, y además parte de una situación de desprestigio descomunal. Creo que nunca ninguna televisión ha llegado a estar tan poco considerada (y con razón) como la valenciana. Hay que salvar, eso sí, a sus excelentes profesionales, eh, que los ha habido, pero ha estado dirigida con el culo desde hace muchos años. Y por si fuera poco el cierre se hizo tan mal que, se dé la solución que se le dé, va a dejar víctimas y agraviados por el camino. Y eso quiere decir viejos camaradas enfrentados. Feo asunto.

Luego, además, por otro lado, se vuelve en un momento en el que la oferta está muy diversificada. Cuando se creó RTTV solo existía TVE y TV3. Internet tenían la NASA y las universidades. Entonces vinieron las autónomas, las privadas un poco después. Ahora la oferta ya sabemos la que es, y realmente está el mercado tan fragmentado que para que una televisión nueva pueda hacerse un hueco suficiente como para que se justifique el que esté abierta habrá que tirar de mucha imaginación, y ahí soy bastante pesimista, porque le temo bastante a los políticos.

Cuando escuché a los políticos de la Generalitat decir que van a reflotar Canal 9 (o como la quieran llamar) a base de ficción… No perdamos el norte: la ficción es lo más caro. Además, la parrilla son muchas horas al día, y tú no puedes hacer televisión a base de salvar una hora por las noches. Ni siquiera las generalistas mejor posicionadas te hacen una ficción al día, hacen dos o tres a la semana. El resto del tiempo hacen otras cosas.

Así, me da un poco de miedo pensar que los que puedan estar detrás de la nueva televisión hablen de oídas. Su viabilidad es dudosa. Si por lo menos tuviéramos la fuerza o la infraestructura (salvando la diferencia de escala) que aún a día de hoy tiene TVE, podríamos plantearnos hacer cierto tipo de televisión, pero nosotros jamás lo hemos llegado a ser, así que me parece un brindis al Sol decir que vamos a hacer mucha ficción. Ficción haremos poquita, y además de muy poco presupuesto. No vamos a poder competir con grandes ficciones que vayan a estar disponibles en el canal de al lado.

¿Y qué te puede salvar una ficción barata? Un guión muy bueno, que arraigue mucho con la gente, cosa que supone escribir con un nivel de exigencia que no sé si nosotros mismos nos hemos llegado a plantear alguna vez aquí. Y no solo eso, también tendremos que escribir con un nivel de atrevimiento importante. Es lo único que nos puede hacer competitivos.

¿Quizá series más pegadas a la actualidad valenciana?

Claro, sin ninguna duda, porque, para empezar, te quitas los elevados gastos de producir una serie de época. Luego, además, puedes conectar con un público más joven, con temáticas más jóvenes, más vivas.

Pero donde yo creo que hay que hacer la gran apuesta es en programas de servicios de proximidad. Entretenimiento bien entendido, de salir a nuestros pueblos, donde hay gente muy divertida que puede contarnos historias espectaculares. Hubo una época en que se apostó por esto, con programas como Trau la llengua o Gormandia, una época en la que de hecho se reflotó una audiencia que se había perdido. Por ahí, a mi parecer, es por donde puede ir el camino, y ojalá se hubiera hecho mucho antes. Ahí fue fundamental la jefatura de entretenimiento desempeñada por Teresa Díez Recio, con quien no me consta que vayan a contar ahora y sería un verdadero lujo.

Respecto a programas como los que puede tener TV3 del estilo Crackòvia o Polònia. ¿Crees que pueden tener cabida en la nueva televisión?

Sé, de hecho, que hay intentos. Lo que pasa es que como hemos perdido un poco la práctica (si es que la hemos llegado a tener) de ser críticos, ácidos, de no preocuparnos si hacemos sangre… estamos tan hechos a la autocensura que nos va a costar mucho cambiar de chip. Además, la sociedad valenciana presume de buen humor, pero no soporta la autocrítica. Bromear sobre el presidente de una falla ya es un tema delicado.

En guión, medir bien cuál es el punto de la crítica política, que duela pero que a la vez sirva de algo, es algo muy complicado, creo yo, y que además hace falta tener mucha mano y experiencia, y nunca nos han dejado desarrollarlo.

Es interesante esto que comentas de la autocensura y del tipo de productos que generó. En Valencia también podemos tener el problema de la audiencia, que está demasiado acostumbrada a relacionar la televisión pública con este tipo de contenido. Así, si ahora se hiciera una serie con una financiación adecuada y con unos guiones cuidados, ¿cómo convences al público más joven que se ponga Canal 9?

¿El público joven lo ha perdido Canal 9? Sí, pero también la mayoría de las cadenas, salvo programas concretos. Al paso que van, de hecho, me atrevería a decir que el público que ve televisión cada vez va a ser más reducido.

Una anécdota: dos abuelos en mi pueblo, en un banco del parque, comentaban el otro día si valía la pena ponerse HBO o Netflix… Si este segmento ya ha llegado a este punto… ¿qué les quedará a las generalistas?

¿Crees que a día de hoy hay proyectos en Valencia que puedan llegar a romper esa autocensura y lleguen al público?

Para empezar, afortunadamente, hace dos años que cambiamos de gobierno y se respira una mayor libertad en todos los ámbitos. Ya no hay excusa para la autocensura.

Creo que hay varios proyectos interesantes. Conozco algunos de ellos, de hecho, e incluso he echado una mano. Creo que hay algunos muy frescos, que apuestan por normalizar la situación de la televisión a base de buenos contenidos. Pero luego también veo mucho proyecto que quizá va de más de lo mismo de siempre.

Mucho biopic de personajes ilustres de la vida valenciana, por ejemplo. No dudo que alguien muy relevante en su terreno (científico, artístico o el que sea) merezca todo el respeto, ni mucho menos, pero su vida puede ser un verdadero coñazo. Quizá para este caso vale la pena hacer biopics de valencianos menos importantes pero que han tenido una vida apasionante, porque dudo mucho que el público valenciano esté deseando que llegue la noche para ver la vida del ilustre académico de turno… pero son los proyectos que a los que tienen el poder más les suele gustar.

Luego también tenemos los típicos documentales estilo “Els Nostres…” Yo siempre digo de broma “Els Nostres Embotits: Capítol 1. La Botifarra”. No terminamos de salir de ahí, de esa concepción de la televisión que ya es antigua, y así nos vamos a quedar en el 3%. Para eso no sé yo si vale la pena volver a abrir.

¿Una modernización en los contenidos es lo que haría falta?

Sin duda, una modernización en nuestras mentalidades, las de los guionistas. Somos los primeros que tenemos que estar siempre renovándonos. Quiero creer que los guionistas, en general, estamos educados en ver contenidos de muchos tipos. Los que no sé si lo tienen tan claro son los políticos y los ejecutivos de turno.

Pero, fundamentalmente, hay un chip que deberíamos cambiar a la hora de desarrollar proyectos. Deberíamos trabajar en aquellas historias que necesitamos contar, porque nos salen de dentro. Pero nos hemos pasado muchos años escribiendo aquello que pensábamos que sería más fácil venderle al político de turno. No podemos seguir con esa mentalidad ni un dia más.

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Algunas de las series en las que ha trabajado Paco López Barrio.

Dejemos de lado ahora la televisión. ¿Cómo sobrevive un guionista en Valencia cuando deja de existir la televisión pública?

A mí, personalmente, me pilla muy entrenado, porque cuando había televisión e industria ya me había chupado largas épocas de paro. Nunca fui de los más simpáticos y queridos, aunque a veces me llamaban, pero no me pilla de nuevas estar un tiempo en el paro, pasando la mano por la pared.

Sí que llegué a una conclusión, hace tiempo, y es que aunque yo viva en Valencia y sea mi centro, tenemos que empezar a acostumbrarnos a que somos unos profesionales volantes que no podemos depender de un único mercado, y ya no hablemos de un mercado local. Precisamente nosotros, que no necesitamos estar físicamente en ningún lugar, o no demasiado tiempo, podemos trabajar en cualquier parte, sin salir de casa incluso. Y si en un momento dado necesitas coger un AVE e ir a Madrid, en una hora y media estás allí.

Eso, por un lado, te da más oportunidades, te oxigena, te permite cambiar de grupo de trabajo y de contenidos, y eso te permite ver que el mundo es ancho y variado y que no tiene que funcionar exactamente igual que en tu casa. Y bueno, supongo que llegará un momento, cuando dominemos otros idiomas, que podremos trabajar para quien haga falta. Ahora bien, ¿cómo abriremos otros canales? Sinceramente, no lo sé, y creo que es un trabajo que le va a tocar a gente con menos edad a sus espaldas, a las generaciones que vienen detrás de mí.

Pero una cosa está clara: el tema de guionista valenciano que trabaja en Valencia se va a acabar. Ya no hay fronteras en la profesión. Y eso quiere decir puertas abiertas para salir nosotros fuera o para que vengan aquí otros de fuera. Cuidado con los proteccionismos, no se nos vuelvan en contra.

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Más allá de los viajes habituales de un guionista, ¿crees que es posible que en Valencia recuperemos el tejido audiovisual?

Bien, el tejido audiovisual se destrozó antes de la catástrofe de Canal 9. Una vez más hay que explicar que la TV valenciana enterró millones y millones en productoras de fuera. Muchas veces propiedad de periodistas de derecha, en agradecimiento por allanarle el camino a Zaplana en su salto a la política nacional. Y el caso es que eran programas sencillos y baratos, que se podrían haber resuelto con personal y equipos propios, que se tenían parados. Pero se pagaron unos sobrecostes alucinantes. El comité de empresa se cansó de denunciarlo sin ningún éxito.

En cuanto a la empresa local, con el cierre quebraron aquellas que habían resistido, que eran las tres o cuatro que recibían los pocos encargos que se quedaban en casa. Siempre las mismas. Ahora se han quedado enganchadas al cerrar Canal 9 y tienen temporadas enteras por cobrar. Eso es un dineral, sin duda, y no hay que alegrarse nunca porque una empresa tenga pérdidas (que lo pagan sus trabajadores) pero tampoco hay que perder de vista que durante años se aprovecharon de su situación de oligopolio. El grueso del sector ya estaba quebrado mucho antes.

Aquí el sector debería replantearse qué papel jugó cada uno, pero… No creo que haga muchos amigos con esta entrevista (ríe), pero sinceramente, creo que hay mucha autocrítica pendiente.

Una de las opciones que le queda al guionista es la docencia, pero en la actualidad, quisiéramos saber si opinas que es un camino natural o, en ocasiones, puede ser casi un camino obligado por la situación de la industria.

A mi parecer hay de todo un poco. Yo, por ejemplo, llevo dando cursos de guión desde hace unos años, y lo que descubro al dar clases es que es una manera genial de refrescar conceptos, de actualizarte incluso y de hacer consciente cosas que puedes saber pero que nunca te has preocupado de sistematizar. Entonces, para mí mismo era una disciplina interesante, y, a la vez, una manera de sacar algo de dinero.

De lo que sí que me he dado cuenta es que la gente sale de las Facultades de Comunicación Audiovisual con unos conocimientos de guión muy pobres. Hay una sola asignatura de guión y es cuatrimestral.

Luego también suele ocurrir que la gente con una experiencia en la industria no está en la enseñanza universitaria, que está más llena de teóricos. Mucha semiótica, pero no profundizan en conceptos prácticos de la escritura porque nunca se han visto en la tesitura de tener que escribir algo para que la gente se entretenga o se inquiete. Así, el bagaje con el que se acaba la carrera respecto a la escritura de guión es poco y poco útil. Ahí pensé que se podía ayudar a cubrir una laguna que existe. Por supuesto hay Másters de guión cojonudos, pero no están al alcance de todo el mundo. Y el que había en Valencia, de FIA-UIMP, muy prestigioso, se lo cargaron hace años.

A mí, lo que más me atrae de la docencia (y así es como yo la enseño) es trabajar en equipos pequeños, con horas por delante para charlar y debatir sobre el estudio del repertorio existente, porque no hay otra forma de descubrir los mecanismos cinematográficos que viendo mucho cine. Tengo pocos alumnos, pero muy motivados. Y quiero que siga siendo así.

¿Y respecto a los manuales?

La mayoría de lo que llamamos “manuales de guión” son en realidad manuales para escribir blockbusters. No hay más que ver en qué años se escribieron la mayoría. Y no es que cuenten mentiras, ni mucho menos, pero sí que creo que su verdad es una verdad muy parcial.

El paradigma funciona de puta madre en historias muy clásicas, en el género de aventuras, pero fuera de ahí… No sólo hacen aguas cuando intentamos examinar a Welles, Fellini, Bergman, Tarkovski… es que el propio Billy Wilder te hace saltar la teoría en pedazos contínuamente. Es una teoría tan parcial, que como la tratemos como la única posible vamos vendidos. La mejor manera de analizar mecanismos no contemplados por el paradigma, pero completamente funcionales, es a través del repertorio.

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A modo de conclusión, ¿qué le dirías a guionistas que estén empezando a escribir y no vivan en Madrid?

Y para los que vivan en Madrid también. Fundamentalmente mi consejo es escribir, ir haciendo obra y pelearse con el folio en blanco. Luchar contra las carencias propias. Formarse al máximo, de una manera amplia, y no solo con audiovisual, sino también con la literatura grecolatina,con Las mil y una noches, con la gran novela del XIX, con el Nouveau Roman… Leer también poesía, muy útil para desarrollar la escritura con imágenes. Hay más potencia escénica o visual en un poema de Pavese que en muchas películas famosas. Con todo eso hay que construirse un bagaje propio. Y, sobre todo, vive. No te conviertas en una caricatura de cinéfilo. Sal a la calle, pasea, habla con gente corriente. Métete en los mercados, en los bares. Júntate con gente con la que no estés de acuerdo para tirar tus tópicos, tus creencias, por los suelos. Y hablad con otros guionistas, tenedlos cerca, sin la necesidad de hacer competiciones. Hay que ser naturales. Y divertirse y disfrutar mucho de esta profesión sin ponernos intelectuales ni pedantes, que ante todo somos personas corrientes. Por eso, por corrientes, somos valiosos.


GREG DANIELS: EL NOMBRE QUE SIEMPRE APARECE

10 marzo, 2014

Por Adolfo Valor.

Adolfo Valor ha escrito en “El Intermedio” durante cinco temporadas, el año pasado estrenó la comedia “Promoción Fantasma” y en la actualidad trabaja en la productora Bambú Producciones en la serie “The Refugees” para Atresmedia y BBC.

GREGDANIELSEl Sindicato ALMA te trae a Greg Daniels y a
los guionistas de MAD MEN
 a Madrid. ¿Más info? Aquí y al final del post.

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Cuando empiezas a escribir humor sueñas con convertirte en el nuevo Woody Allen. Como todo sueño, es absolutamente legítimo. Como todo sueño, puede hacerse realidad o no. Pero cuando empiezas a dedicarte profesionalmente a escribir humor, esto es cuando logras pagar el alquiler escribiendo chistes (y si lo has hecho, sabes que no hay nada en el mundo comparable a pagar el alquiler escribiendo chistes) te das cuenta de que esto no va de tocar el clarinete, fingir hipocondrías o echarte una novia asiática (aunque si lo has hecho, sabes que no hay nada en el mundo comparable a echarte una novia asiática). Va de hacer bien tu trabajo. Siempre. Esta perogrullada no es nueva, antes que tú la descubrió mucha gente. Gente que basó toda su carrera en ser infaliblemente graciosa. Hombres y mujeres como S.J. Perelman, Pierre Etaix, Merril Markoe, Harold Ramis, Robert Smigel, John Swartzwelder o cualquiera de los 87 coguionistas que usaba Pietro Germi. Hoy quiero hablarte de uno de esos hombres. Porque si te fijas en las cosas más graciosas que ha creado la humanidad en los últimos treinta años hay un nombre que siempre aparece en los títulos de crédito: Greg Daniels.

Mi madre es lo que más quiero en este mundo pero no dudaría un segundo en mandarla a Siria con escala en Ucrania a cambio de tener la décima parte de logros profesionales de Greg Daniels. Fue a Harvard en los 80, donde dos acontecimientos marcaron su futuro: escribió en el Harvard Lampoon, el magazín humorístico del campus donde puso en práctica todo lo que había aprendido viendo en la tele a los Monty Python; y conoció a Conan O Brien, el futuro rey del Late Night con quien formaría equipo en sus primeros años. Recién licenciados, cogieron el coche y partieron rumbo a Hollywood, donde no tardaron en conseguir su primer empleo: Not Necessarily the news. Les echaron a la temporada siguiente por recortes de presupuesto. Pero ya se había corrido la voz de que esos chicos eran buenos, así que Lorne Michaels les recibió en su sancta sanctórum del número 30 de Rockefeller Plaza y les dio un puesto como guionistas en el Saturday Night Live (Si no sabes qué es SNL simplemente decirte que es el mejor programa de la historia del planeta, lo siento, no tengo tiempo ni ganas de explicarte por qué lo es, acéptalo y trata de cambiar tu estilo de vida ahora mismo). Juntos escribieron varios de los sketches más míticos de una etapa del Saturday que podríamos denominar la Era Edward G Robinson, con actores feos y pinta de secundarios de la Warner de los 40, pero acojonantemente graciosos: Phil Hartman, Jon Lovitz, Norm McDonald…

Como pasa tantas veces la pareja de amigos se separó para cada uno buscar su camino: Conan hacia el megaestrellato, Daniels a una serie que igual te suena de algo: Los Simpson. En las tres temporadas que trabajó en ella escribió episodios clásicos como “Bart vende su alma”, “La boda de Lisa” o “Homer y Apu”, incluida la canción “¿Quién quiere el badulaque?” (Pregunta existencial a la que el pobre Apu respondía con un quejío que rasga el alma: “pues yoooo…”).

¿No te parece suficiente? Tranquilo, aún hay más. Escribió el capítulo de la plaza de aparcamiento en Seinfeld, co-creó junto a Mike Judge El Rey de la Colina, dotando al universo de su autor de una consistencia y empatía de la que Beavis y Butt Head carecían y que permitió a la serie durar (flipa) 11 temporadas.

En 2005, la NBC le encargó adaptar The Office de Gervais y Merchant. Como showrunner absoluto, Daniels convirtió una serie inglesa de doce capítulos en nueve años de felicidad que hicieron que me planteara dejarlo todo e irme a Pennsylvania a vender papel. Debatir qué Office es mejor resulta estéril y nos llevaría lustros, pero aquí va un argumento ganador: a las chicas les gusta más la Office de Daniels. Ponles la tercera temporada, cuando adquirió voz propia y se alejó para siempre de su nave nodriza, y te estarán eternamente agradecidas. Vale, mientras ven la serie contigo estarán preguntándose por qué tú no puedes ser como Jim Halpert. ¿Pero sabes quién escribió el personaje de Jim Halpert? ¡Exacto, Greg Daniels!

A raíz del éxito de The Office, NBC le pidió un spin off. En vez de eso, les dio algo mejor: Parks and Recreations, que ya va por su sexta temporada y deja para los anales algo más que un personaje antológico, un nuevo modelo de masculinidad y la razón por la que quiero dejarme bigote y destilar mi propio whisky: Ron Swanson.

Parece que en los últimos dos años, Daniels ha tenido serios problemas para vender una nueva serie a NBC. De unos ocho proyectos presentados, la cadena no se ha quedado con ninguno. Y tú te quejas porque nadie quiere hacer tu serie de policías existencialistas en Extremadura. Aquí tienes a un tipo que lleva haciendo oro desde que salió del vientre materno y aún tiene que pelearse con los jefes de cadena. ¿Moraleja? Efectivamente, los posts de Bloguionistas siguen siendo demasiado largos.

¿Ves? Te dije que Greg Daniels había escrito muchas de las cosas más graciosas de los últimos treinta años. Si no eres guionista, deberías estarle agradecido por haber hecho tu vida un poco más feliz. Y si lo eres, deberías adorarle y ponerle una vela en la Almudena para llegar a ser algún día la mitad de bueno que él. Puede que no sea Woody Allen, pero tampoco hay nadie que quiera verle en la cárcel por sus delitos. A Roma con Amor, ¿qué coño era eso?

ALMAMASTERCLASS

El SINDICATO ALMA organiza dos masterclass con Greg Daniels y guionistas de MAD MEN.

El 22 y 23 de Marzo en la Cineteca Matadero de Madrid, Greg Daniels nos hablará de su experiencia como guionista y showrunner de las series y programas de humor más importantes de las últimas décadas. El 10 de Mayo es el turno de André y Maria Jacquemetton, este matrimonio de guionistas, han escrito y desarrollado la producción ejecutiva de la multipremiada serie MAD MEN.

Dos formas de hacer y entender la ficción. Una oportunidad única para los guionistas españoles de aprender con los mejores.

Las plazas son limitadas y los precios muy muy muy asequibles para afiliados a ALMA y socios de SGAE y DAMA. Puedes asistir desde 25 euros, por eso os recomendamos que completéis cuanto antes la inscripción. Podéis hacerlo e informaros AQUÍ.


EL RELATO

14 febrero, 2013

por Sergio Barrejón.

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“Todos somos personajes de un relato. De varios relatos, de hecho. Nos han asignado un papel a cada uno, y se espera que lo desempeñemos según un guión establecido. Y nos pasamos la vida interpretando obedientemente esos papeles, como si realmente tuviéramos que hacerlo. Como si hubiéramos pedido que nos asignaran ese rol.

Pero no es así. Cualquier relato en el que te hagan participar sin preguntarte antes es, por definición falso, y sirve a intereses ajenos.

Sé que esto suena muy abstracto. Pongamos un ejemplo. En esta clase, en la disposición de los muebles de esta clase, hay un relato. Un relato bastante claro. Veamos: tengo todo este espacio abierto para moverme, tengo una mesa grande y tengo un ordenador conectado a un proyector. Todo indica que el protagonista del relato soy yo. O el narrador, si queréis. ¿Y vosotros? Bueno, todas vuestras sillas son iguales y sólo tienen una pequeña mesita plegable, así que todo indica que sois poco más que figurantes. Y todas vuestras sillas están dispuestas mirando hacia mí, así que parece claro que en este relato yo soy el que habla, el que tiene algo que decir, y vosotros estáis interesados en eso, porque os sentáis ordenadamente a escuchar. Según este relato, yo sé cosas que vosotros ignoráis y debéis sentaros a aprenderlas. Pero eso no es necesariamente cierto.

¿Os dais cuenta de lo diferente que sería el relato si las sillas estuvieran dispuestas en círculo, y yo me sentase en una de ellas, exactamente igual que vosotros? ¿Verdad que las relaciones entre personajes cambiarían bastante?

También me parece significativo que toda la primera fila esté vacía. Todos os sentáis a partir de la segunda. Y ocupáis cuatro filas, aunque cabríais en sólo dos. A mí eso me habla de un cierto escepticismo hacia el relato de esta clase. Aceptáis el rol, pero no os convence del todo. Podría ser peor.

Vamos a ver más relatos que os afectan. Antes, un compañero vuestro me pedía que os hablase de “la selva” que os espera ahí fuera cuando terminéis vuestros estudios, y cómo sobrevivir en ella. Otro relato falso en el que os han asignado un papel muy concreto.

No existe esa selva. Al menos, no como estadio opuesto al que vivís ahora. No existe una separación, ni de espacio ni de tiempo, entre la escuela y el mundo real. Ya estáis en el mundo real. ¿Sabéis lo que pasa con las escuelas de arte? Y ojo, no estoy hablando de esta en concreto. Hablo del propio concepto de “estudiar una disciplina artística durante equis años”. Pasa que muy frecuentemente se crea un relato falso según el cual vosotros, durante esos años, sois pupilos-aún-no-preparados para desenvolveros en el mundo real. Necesitáis primero formaros, antes de salir a “la selva”.

¿Y qué ocurre si aceptáis ese papel? Que vosotros mismos construís esa selva. Es una profecía autocumplida. Os habéis convencido de que no seréis artistas hasta que no os hayan ungido, hasta que no hayáis superado el rito iniciático de “la graduación”, “el proyecto de fin de carrera” o como lo llamen aquí. Consecuentemente, no os atrevéis a comportaros como profesionales, porque se supone que todavía no ha llegado el momento. Y de manera natural, encontráis confort en esta etapa en que la negligencia es aceptada.

De esa manera, levantáis un muro entre el microclima híper protegido de la escuela (donde os movéis siguiendo a un guía, donde todo está estructurado, donde tenéis derecho a equivocaros porque habéis pagado por ello) y “la selva” del mundo laboral, donde cada uno tiene que encontrar su hueco, sin una equis que marque el lugar del tesoro, y donde el derecho a equivocarse se cambia por la obligación de solucionar problemas.

Es una dinámica muy parecida, y por favor, que esto nos parezca una crítica a esta escuela ni a ninguna en concreto, a la de una secta: primero se te comunica la existencia de un problema tremendo e inquietante, y una vez que tienes miedo, se te ofrecen las herramientas para volver a sentirte seguro… siempre que sigas dentro de la secta y respetes sus normas sin siquiera cuestionarlas.

El secreto es que ese problema tremendo e inquietante… no existe. Y el miedo tampoco. El miedo no es nada. Sólo es una disposición mental inducida que lleva a la parálisis y a la autocompasión. Sólo existe la selva que tú plantas y riegas con miedo.

Lo único cierto es que todas las tardes un montón de gente paga por meterse en una sala oscura a que le cuenten una historia. Y esas historias tiene que inventárselas alguien.

Lo único cierto es que escribir un guión es fácil. Hacerlo bien es complicadísimo, sí, pero desde el punto de vista físico, es fácil. Tan fácil como sentar tu culo delante del teclado, no entrar en Facebook, y apretar las teclas unos cuantos miles de veces.

Si ése es el personaje que quieres interpretar en el relato de tu vida, lo cierto es que nada ni nadie te lo impide. Dejad de pedir permiso. Dejad de esperar que alguien os lo encargue. Encontrad vuestro personaje, escribid vuestro relato.”

Extracto (retocado y mejorado) de una de mis clases sobre “El oficio de guionista” en la ECAM.

P.S. El próximo jueves, 21 de febrero, se estrena en Madrid mi último corto, #STOP. Será a las 21.00 en los cines Kinépolis, con entrada gratuita y fiesta posterior. Más información y reserva de entradas (a partir del lunes) en CORTÓPOLIS. Aprovechando la ocasión, he colgado el guión del corto en la sección Descargar Guiones. Y de paso, aquí está el trailer

 


DUDO, LUEGO ESCRIBO

14 diciembre, 2010

por David Muñoz.

Hace unas semanas recibimos este mensaje en el buzón de consultas de Bloguionistas:

Hola,

Hace diez años, cuando tenía veinte, un amigo me convenció de la utilidad de los cursillos impartidos por casas de cultura para ligar (soy de donosti y era un poco pagafantas, que se le va a hacer). Había una buena gama donde elegir, desde repostería caribeña a pintura flamenca, pero me quedé con uno de iniciación al guión. No ligue nada pero me entró el gusanillo de contar historias.

Al cabo del tiempo tuve la suerte de poder crear y trabajar en una serie que nadie vio pero que tenía su punto.

Hace tiempo que he escrito mis primeras mil páginas pero soy consciente que todavía me queda mucho por pulir.

Tengo escritos cuatro guiones de largo, uno de ellos finalista en un concurso. También he escrito muchos cortos y alguno ha sido realizado obteniendo una veintena de premios.

Resumiendo, no me ha ido mal pero tampoco bien (últimamente pago el alquiler gracias a currar en una guardería), ya no me considero un principiante pero desde luego no soy un veterano, tampoco soy viejo ni joven… Me siento en tierra de nadie y lo que es peor, he perdido mucha de la ilusión que tenía.

Y aquí va la pregunta (perdón por la chapa): ¿Cuándo es el momento de arrojar la toalla?

Ya llevo diez años intentando conseguir mi objetivo: escribir en pijama, es decir, escribir guiones desde el calor de mi casa. Una vez lo conseguí pero no duró mucho tiempo pues la serie no llegó ni a emitirse.

Alguien me dijo que los guionistas compramos tiempo para escribir nuestra siguiente historia. A mi se me está terminando ese tiempo. Lo malo es que soy como el burro del cuento, el de la zanahoria, que ha probado su sabor y que por muchos palos que sufra sigue caminando. ¿Pero hasta cuándo?

Gracias por vuestro tiempo

Un saludo

A.

Hola A.,

Me gustaría poder responder tu pregunta de forma categórica, dándote un plazo por Ej. (“¡Si a los 30 años no has conseguido que se ruede uno de tus guiones de cine, ha llegado la hora de abandonar!”*), porque tengo la impresión de que eso te daría cierta tranquilidad, tanto para atreverte a dejarlo como para decidirte a seguir intentándolo. Pero me temo que las cosas nunca son tan sencillas. Y mucho menos cuando estamos hablando de un trabajo tan impredecible como el nuestro.

En realidad, tú eres el único que puede responder correctamente la pregunta que formulas. Y quizá ya conoces la respuesta. Otra cosa es que estés dispuesto a obrar en consecuencia.

Se trata de un proceso emocional, no racional. Cuando uno se gana la vida realizando un trabajo, aunque odie ir a la oficina todos los días no tiene más remedio que hacerlo, pero en tu caso, si te apetece lo haces, o si no, no. Es así de sencillo.

La pregunta sería: dadas tus circunstancias actuales (que solo conoces tú)…  ¿te apetece escribir otro guión o no?

¿Cuál es la respuesta?

Y la edad no me parece un factor que debas tener en cuenta para responder “sí” o “no”. Eres muy joven. 30 años no es nada.  Si los aspirantes a escritores abandonaran al llegar a esa edad, prácticamente no se publicarían libros.

Pero a lo mejor no sabes qué responder. A lo mejor realmente estás hecho un lío y no sabes lo que quieres.

Desde mi punto de vista, el momento de “arrojar la toalla” es nunca o ahora mismo, dependiendo de varios factores.

Dices que has perdido la ilusión, pero al mismo tiempo, si has escrito este mail, supongo que sigues deseando profesionalizarte como guionista (o sea, lograr vivir de ello).

Si aún disfrutas inventando historias y sentándote a escribir delante del ordenador a transformarlas en guiones, debes seguir tratando de abrirte hueco en la industria. ¿Por qué no? ¿Qué tienes que perder? Otros dedican su tiempo libre a aficiones mucho más absurdas. ¿Por qué no escribirse un tratamiento de un guión en vez de… yo qué sé… irse a esquiar todos los fines de semana o montar una ciudad de cartón en el sótano de tu casa?

Eso siempre que tu vida te lo permita y no te veas obligado a renunciar a algo más importante para hacerlo.

Los edificios de cartón del dibujante Seth. Comenzó a construirlos para pasar el rato y terminaron en un museo.

Por otra parte, no te ha ido tan mal. Has trabajado en televisión y has rodado un corto que ha sido premiado.

No me parece que estés tan lejos de conseguir lo que anhelas.

¿De qué depende que lo logres?

Pues, básicamente, de que sigas trabajando y de que tengas un golpe de suerte.

Resulta duro aceptarlo. A todos nos gustaría creer que podemos controlar nuestro propio destino o que hemos conseguido nuestros objetivos solo porque nos lo hemos currado. Pero la suerte juega un papel muy importante a la hora de determinar por dónde va a discurrir nuestra vida. Tanto la personal como la laboral. Que sí, que la suerte hay que buscarla (escribiendo sin parar un proyecto tras otro), y te tiene que pillar preparado (con oficio si por Ej. te surge la oportunidad de hacer una prueba para una serie), pero sin ella no hay nada que hacer.

Un día, conoces a un productor que se interesa por ti para integrarte en el equipo de una serie; otro, un director decide que puede interesarle dirigir esa sinopsis que has escrito. Y si la serie o la película van bien (o al menos tienen cierta repercusión) ya tienes el inicio de una carrera.

Y ese golpe de suerte, gracias al que nos hemos profesionalizado todos los guionistas que vivimos de esto, puede llegar hoy, mañana o nunca.

Hace unos días, en su discurso de aceptación del Premio Nobel, Mario Vargas Llosa habló de su golpe de suerte: venir a España y conocer a su agente. También mencionó a todos esos escritores de talento que al no haber mediado ese golpe de suerte, abandonaron  vencidos por la desesperanza, o que han seguido trabajando sin que nadie les presté la más mínima atención. He leído por ahí que hubo a quien esa mención le pareció un arranque de falsa modestia por parte de Vargas Llosa (quizá son de esos ingenuos qué creen que el talento siempre encuentra recompensa). Pero yo estoy convencido de que era totalmente sincero y de que habló con el corazón en la mano.  Ya seas un escritor con Nobel o un modesto guionista como yo, sabes que habría sido muy fácil quedarse por el camino.

Entonces… ¿cuándo dejar de esperar que llegue el golpe de suerte?

Pues cuando no te compense emocionalmente, como he dicho antes. Cuando seguir moviendo proyectos (y moviéndote tú) te haga más infeliz que feliz. Todos necesitamos una recompensa de algún tipo para continuar haciendo algo que requiere un gran esfuerzo (y escribir guiones cuesta mucho). Sin esa recompensa, es imposible seguir adelante.

De todas maneras, me gustaría comentar algo en lo que me ha hecho pensar tu pregunta.

Muchas veces me da la impresión, sobre todo cuando doy clase, de que hay ciertas cosas que se da por hecho que ocurren automáticamente cuando se piensa en profesionalizarse en esto del guión. Como por Ej. que dejas de preocuparte por todos estos temas.

Pero la realidad es que nunca dejas de pensar en ellos.

Sobre todo, porque salvo casos muy contados, casi nunca “lo consigues” del todo. A poco que lleves en esto, te das cuenta de que es muy fácil perder de un día para otro todo lo que has conseguido tras años de esfuerzo. Lo digo a menudo en mis clases en tono de broma para no deprimir a mis alumnos, pero en el fondo de broma tiene más bien poco: si eres guionista, tu tercer apellido es incertidumbre, y el cuarto, fracaso.

Hay que fracasar mucho (pero mucho), para conseguir un éxito. Y por éxito no entiendo hacer una gran taquilla o conseguir una audiencia masiva, sino lograr que lo que escribes se haga. Yo he sido contratado veintitantas veces para escribir guiones de largo, por Ej., y solo tengo cinco películas. Por el resto de los guiones cobré (no todo lo pactado y no siempre), de manera que no puedo quejarme mucho. Pero eso no quiere decir que no me haya pasado meses y meses al borde de la depresión al darme cuenta de que otro guión en el que había estado trabajando tanto tiempo iba a quedarse también en el cajón.

Sé que visto “desde fuera” no parece así, pero es raro el guionista profesional que no siente que vive con una espada de Damocles flotando continuamente por encima de su cabeza. Las productoras cierran, las cadenas cancelan las series de un día para otro, el proyecto de cine que salía “seguro” deja de salir en unas horas, el dinero con el que contabas para sobrevivir los próximos meses nunca llega…

Luego, salvo que estés a sueldo en una productora tipo Globomedia, lo normal es compatibilizar la escritura de guiones con otros trabajos. En mi caso, además de haber ejercido como periodista hace ya muchos años y más recientemente, de realizar sketches y dirigir un programa en Paramount Comedy, ahora mismo me gano la vida también dando clases de guión. Disfruto muchísimo con ello, así que no me  agobia tener que hacerlo. De hecho, es algo que no quiero dejar nunca, por mucho trabajo de guionista que tenga. Lo importante es que hay que tener claro que muchas veces para ser guionista y llegar a fin de mes, es importante no ser solo guionista.

Y las dudas siempre están ahí: ¿Valdré realmente para esto? ¿Por qué no he encajado en esta serie? ¿Qué es lo que hice mal para que la cadena no decidiera producir el guión del largo que llevábamos desarrollando con ellos dos años…? ¿Por qué no me saco una oposición y dejo de sufrir de una vez?

Así estamos casi todos de desquiciados.

En fin, A. Espero que algo en toda esta perorata te resulte útil. Yo me he sentido muy identificado con tus preocupaciones. Han sido las mías en muchas ocasiones, y estoy seguro de que tarde o temprano volverán a serlo.

Mucha suerte.

*Esa fue la regla que me puse yo por Ej. Y lo conseguí por los pelos. Ahora creo que aunque no lo hubiera logrado, no habría dejado de escribir. Disfrutaba demasiado con ello y soy bastante cabezón.


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