JOTA ARONAK: “COMO AUTORES DEBEMOS INTENTAR BUSCAR NUESTRO PROPIO LENGUAJE”

20 marzo, 2017

Entrevista de Àlvar López y Carlos Muñoz Gadea

IRA es el título del primer largometraje escrito y dirigido por Jota Aronak, un guionista que ha apostado para su estreno en un proyecto de larga duración por la hibridación de géneros y por explorar y profundizar un concepto que genera múltiples opiniones cruzadas: la pena de muerte. Con él pudimos coincidir en la última edición de SEMINCI, donde hablamos sobre la película, su guión y la forma que tiene de estructurar su tesis.

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Para contextualizar al lector, podemos decir que estamos delante de una película política, donde tú, como guionista, aportas tu visión sobre la pena de muerte. ¿Cuál fue el proceso para guionizar tu opinión?

A decir verdad, mi intención como guionista no era la de dejar mi opinión sobre la pena de muerte como único punto de vista, porque ni soy una eminencia en el tema ni a nadie le interesa  lo que opino yo sobre ello. Mi objetivo como guionista era hacer un trabajo de análisis de las distintas perspectivas sobre el tema y tratar que la mayoría estuvieran presentes y con un peso similar.

Me gustaba la idea de hacer que el espectador creara su propia opinión sobre el tema y que, si llevaba una idea predefinida antes de ver la película, hacer que se la cuestionara y la defendiera consigo mismo. Siempre me ha resultado muy curioso lo que opina la mayoría de la gente que me rodea respecto a la pena de muerte, y sin embargo, cuando le trasladas a un supuesto ejemplo personal, en el que él se ve en una situación como la del personaje, su opinión varía. Quería hacer eso mismo con el espectador y hacerle la misma pregunta al inicio y al final de la película.

¿Qué herramientas te han sido útiles para vertebrar tu discurso y transformarlo en una película de tres actos?

La herramienta que uso y me parece imprescindible para todo el proceso es la pizarra. En mi caso, las tres pizarras.  Primero trabajo en ellas, colocando tarjetas con los pulsos narrativos de cada escena y  después decido en cuál de las tres deben ir. Es muy visual y a mí me ayuda mucho para ver la película de un solo vistazo. Con ello te das cuenta de qué acto flojea o qué escenas no deben ir donde están situadas. Una vez tengo todo este trabajo hecho y estoy contento con el resultado paso a las teclas, pero nunca antes.

¿Cómo decidiste que esta era la primera película que querías escribir?

En realidad esta es la primera película que he dirigido, sí, pero es el cuarto guión que he escrito.

¿Cuántas fases de reescritura ha tenido la película?

Unas 12 desde el primer borrador. Y considero reescritura también la fase de rodaje y la edición.

¿Por qué decides mezclar los géneros de documental y ficción?

Creí en aquel momento que era la mejor manera de contar esta historia. Quería que tuviera un importante ingrediente de realidad y que eso impactara. Llevarlo al documental me parecía la mejor opción. Luego, la propia historia me pedía un cambio de género, ritmo y narrativa. Esto siempre me preocupó mucho, temía que ese cambio de género fuera brusco y demasiado llamativo, pero creo que finalmente es un cambio fluido, casi inapreciable y hace que el espectador comience viendo un tipo de película y acabe viendo otra sin darse cuenta.

¿Por qué contar este caso concreto, con estos personajes concretos? ¿Qué te aportan que no lo hagan otros?

Son personajes llevados al extremo. El padre es un tipo corriente (tan corriente como he podido) que ve cómo un día cualquiera su vida cambia por completo y se convierte en otra persona. Ese padre podríamos ser cualquiera de nosotros, he tratado de reflejar a alguien con el que podamos sentirnos identificados. Me gustaba la idea de que el espectador sintiera pena por él, se identificara, luego se distanciara y finalmente se cuestionara su reacción. Es un personaje que se transforma por completo y pasa de ser un padre destrozado por la muerte de un hijo a un hombre perturbado, frío y calculador que se ha convertido en un meticuloso asesino.

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El otro personaje es alguien que quiere contar una historia por encima de todo y antepone sus objetivos a sus límites morales. Es un simple observador que muestra “su realidad” a través de la cámara. Tiene una gran historia que quiere contar. Sin embargo, como él mismo dice, pasa de ser un simple observador a convertirse en un personaje más.

¿Desechaste otras ideas antes de decidir que esta era la mejor manera para transmitir tu visión?

Supongo que cuando te decides a contar algo de determinada manera tu cabeza valora cientos de opciones más, casi de un modo inconsciente, y finalmente te decantas por la que mejor te parece. Si te refieres a la forma que tiene la película lo tenía muy claro desde el principio. Nunca pensé en contar esta historia de un modo convencional. Siempre quise jugar con los géneros, con la ambigüedad respecto a la realidad y a la ficción y con que fuera una película contada a través de la cámara de uno de los personajes.

Todo lo que contamos lo ve esta cámara y esos límites me parecían muy interesantes para abordar una película con una temática como esta. La justicia tiene muchas aristas y dependiendo desde donde se mire ves unas u otras. Esta historia trata de reflejar muchas de ellas, pero siempre desde el ojo de ese documentalista y esa cámara.

¿La película tiene relación con algún caso real?

Con muchos. El trabajo de investigación fue muy largo y casi después de llenar 15 cuadernos de casos y experiencias reales decidí dibujar una propia, sí, pero basada en muchas. Hay muchos diálogos y testimonios que son prácticamente réplicas de conversaciones con presos, abogados, criminólogas o padres de hijos asesinados. Hay mucha verdad en cada línea de texto porque está basado en la verdad.

¿Qué ha prevalecido, la importancia de la documentación jurídica para que la trama sea realista o concesiones por el bien de la verosimilitud y el entretenimiento?

Creo que se puede mantener compensado todo un poco. Una vez tienes claro cómo funciona la ley y el código penal tratas de usar esos datos para escribir la historia. No tienes por qué hacer concesiones respecto a la verosimilitud de los datos.

Los personajes protagonistas parecen estar dotados de muchas aristas. ¿Los has trabajado de manera independiente o es la propia relación que surge entre ellos lo que te permite darles esta profundidad?

Son dos personajes muy definidos antes de comenzar su relación, pero a medida que esta avanza y va cogiendo fuerza los personajes se transforman. Me preocupaba mucho contar sólo una historia de venganza, quería que fuera también una historia de personajes con mucha profundidad y verdad en ellos. El arco de transformación de cada personaje es algo muy buscado y trabajado no sólo en guión y en rodaje sino también en edición.

Parece que, para ser tu primera película, apuestas por un género arriesgado con una temática polémica. ¿Esta decisión es parte de la apuesta para diferenciarte desde el inicio, o fueron decisiones narrativas para contar la historia tal y como querías?

Espero no parecer pretencioso, pero creo que, como autores, debemos intentar buscar nuestro propio lenguaje y tratar de diferenciarnos. Siempre tendremos nuestras referencias de las que beber y aprender, pero somos nosotros los que decidimos cuáles usamos y cuáles no, y esa elección debe de ser muy personal.

Con esta película he tratado de ser yo mismo y dejarme llevar, pero sobre todo hacer una película que me identificara. Puede que no consiga hacer otra, nunca se sabe, mañana puedo morir o pueden encarcelarme en Irán por posesión de drogas, así es la vida. Con ese pensamiento claro quise hacer esta película como si fuera la única que hiciera, así que tenía que apostarlo todo.

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¿Qué le aconsejarías a alguien que se esté planteando ahora escribir su primera película? ¿Cómo consigues un productor para que apueste por ti sin haber hecho antes un largometraje?

Yo no puedo aconsejarle nada a nadie, pero sí contarle mi experiencia. Yo no había rodado ninguna película antes, pero sí tenía mucho callo rodando: 60 videoclips, 5 cortos y 50 spots. Tenía un gran equipo detrás que apostaba por mí y a un productor de campo que estaba tan loco como yo. A los dos años de haber acabado de escribir IRA, de recibir negativas de todos los colores y tamaños y de escuchar constantemente que no podíamos hacer esta película, decidimos que sí se podía.Y se pudo.


FLASHBACK – MANUAL DE SUPERVIVENCIA PARA GUIONISTAS: EL 525.1

18 septiembre, 2011

por Pianista en un Burdel.

La reciente apertura de juicio oral a Javier Krahe por un delito contra los sentimientos religiosos (artículo 525.1 del Código Penal) me ha hecho reflexionar sobre los peculiares límites de la libertad de expresión en España, y la forma en que afectan a los autores audiovisuales en un país en que la Iglesia Católica sigue teniendo un sitio preferencial en el ordenamiento jurídico. La separación Iglesia-Estado, desde el inicio de la democracia hasta nuestros días, ha seguido una progresión notable, pero aún queda mucho trabajo por hacer (ver gráfico).

Y mientras no se haga ese trabajo, cambiando las leyes y colocando a la Iglesia en su sitio, seguiremos teniendo Torquemadas wannabe.

Resumamos los hechos del caso:

  • La obra por la que se acusa a Javier Krahe es el cortometraje “Cómo cocinar un Cristo“, de 1978. En él, de la manera más neutra y objetiva, se muestra la preparación un plato en el que el ingrediente principal es una escultura de Cristo, previamente retirada de un crucifijo, a la que se sazona de diversas maneras y se introduce en un horno, del que, según la locución, saldrá solo a los 3 días.
  • Dicho corto fue proyectado en la pantalla que aparecía tras los entrevistados en el programa Lo + Plus de 15 de diciembre de 2004. La directora del programa también ha sido imputada.
  • La querella criminal la ha presentado el Centro de Estudios Jurídicos Tomás Moro.
  • El caso fue sobreseído en 2007. El Centro Tomás Moro recurrió el sobreseimiento.
  • El lema que el Gabinete de Estudios Jurídicos Tomás Moro exhibe en su página web es “cristianizando el Derecho, cristianizando la Sociedad”.
  • El juez, aplicando el artículo 589 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal, ha dictado que Javier Krahe vaya pagando una fianza de 400 euros diarios, hasta un total de 192.000, por si se le encuentra culpable.

Krahe

Yo no sé mucho de derecho (ni mucho ni poco) pero me parece ACOJONANTE que te puedan sacar 192.000 euros por si acaso resulta que eres culpable. No vaya a ser que luego te condenemos y digas que no tienes dinero.

Desde la ignorancia lo pregunto: si puedo fingirlo tras la sentencia, ¿no podría fingirlo también ahora? ¿Si resulta que soy inocente, me devuelven la pasta con los intereses?

Y sobre todo, ¿adónde va ese dinero? En caso de que me condenen, digo. ¿Reparar los ofendidos sentimientos religiosos de un fanático cuesta más que comprar un piso? Oiga, y ya puestos, ¿no podrían sacarle 192.000 también al Centro de Obtusos Jurásicos Toma Moreno, por si acaso resulta que Javier Krahe no es culpable de nada? Digo, para repararle a él los sentimientos de justicia, que después de esta locura deben de haberle quedado bastante maltrechos, al pobre.

También me parece acojonante que EXISTA un artículo del código civil que pretende proteger algo tan absolutamente etéreo como los “sentimientos religiosos”. Digo etéreo por no decir maleable. Porque bajo esa definición se pueden amparar cientos, miles de denuncias arbitrarias y malintencionadas, como en mi opinión es la presentada contra Javier Krahe.

¿Qué es el sentimiento religioso? ¿Cómo puedo identificarlo? ¿Cómo puedo saber cuándo lo estoy ofendiendo? Yo puedo evitar atropellar a un niño con mi coche. Veo al niño cruzando la calle, me hago una idea bastante clara de lo que le ocurriría si le paso por encima con mi coche. Puedo comprender que me castiguen duramente por hacerlo. Puedo comprender que el castigo sea mayor si lo hago en un paso de cebra (porque puedo ver el paso de cebra). Me parece estupendo que la multa sea mayor si encima supero la limitación de velocidad (perfectamente visible), y le atropello de noche con las luces apagadas (de sentido común).

Pero ¿cómo sé dónde empieza la sensibilidad religiosa de cada cuál? En fin, cualquier día pueden oírse blasfemias en la televisión. Que yo sepa, nadie ha denunciado nunca a nadie por decir HOSTIA PUTA o ME CAGO EN DIOS en televisión o en el cine o en la radio. Y sin duda son blasfemias dichas públicamente. Hasta a mí me molesta oírlas. Pero el caso es que se dicen, y nada ocurre. Se dicen delante de los niños, y el mundo sigue girando.

¿Es aceptable en un país aconfesional, en el siglo XXI, que a uno puedan no ya condenarle, sino siquiera procesarle, por cometer un supuesto delito que no se sabe cuándo se está cometiendo?¿Es aceptable que determinados delitos -como la estafa- prescriban en pocos años, y mientras se procese a ciudadanos por obras de arte realizadas hace más de TRES DÉCADAS?

¿Cómo demuestra un presunto ofendido que su sentimiento religioso ha sido herido? ¿Hay PRUEBAS de eso? Que yo sepa, no se puede condenar a alguien sin pruebas. Y sin embargo, el juez ya ha visto INDICIOS de delito. ¿Cuáles son esos indicios, Señoría? ¿La propia denuncia? ¿Basta con el testimonio del presunto ofendido para considerar que hay una ofensa? ¿Por qué se imputa a la realizadora del programa y no se persigue a quien ha subido el vídeo a Youtube? Qué demonios, ¿por qué no se multa a Youtube?

Imaginemos que yo establezco el límite de mi sensibilidad religiosa, pongamos por caso, en los Diez Mandamientos. Todo aquel que infrinja públicamennte los preceptos de este código básico y de todos conocido estará atacando a mi sentimiento religiosos, y por tanto conculcando el artículo 525.1 del Código Penal.

Bien. Pues que se preparen todos lo que pronuncien en mi presencia cualquier interjección con las palabras “Dios” o “Cristo”. Incluyo, naturalmente, “por el amor de Dios” o “por los clavos de Cristo”. Porque si eso no es tomar el nombre de Dios en vano, que venga Dios y lo vea.

Ups.

Y lo mismo con los mentirosos. Los que desean a la mujer del prójimo. LOS QUE NO SE AMAN LOS UNOS A LOS OTROS COMO ÉL LOS AMÓ.

¿Dónde está el límite?

Confío, Señoría, en que no sea usted quien lo marque, porque sería como mínimo dudoso que pueda usted dictar Justicia sobre los SENTIMIENTOS AJENOS.

A todo esto: ¿no sería más que razonable pedir, en este tipo de casos, que el juez demuestre no tener los mismos sentimientos religiosos que el denunciante? En fin, creo que a un católico de misa y comunión diaria le resultaría muy difícil ser imparcial en el caso de Javier Krahe.

¿Y si le diéramos la vuelta? ¿Y si mis sentimientos religiosos cristianos -que no católicos- se ven ofendidos cada vez que un cura de barrio suelta una diatriba contra las bodas homosexuales o contra los anticonceptivos? ¿No sería razonable ofenderse (religiosamente, digo) ante la noticia de que la Conferencia Episcopal, pongo por caso, tiene cientos de millones en fondos de inversión?

Digámoslo claro: la permanencia del 525.1 en nuestro Código Penal es una vergüenza intolerable para todos los Presidentes del Gobierno, Ministros de Justicia y, en general, Diputados del Congreso que la permiten. No tengo ni idea de si podría derogarse por decreto en el Consejo de Ministros. Pero de ser así, dudo que exista una justificación razonable para que no se haga ESTE VIERNES. Tampoco entiendo a qué dedican el tiempo ciertos congresistas, mientras en nuestro ordenamiento jurídico permanecen artículos propios de la Edad Media. Shame on you all.

Y que nadie vea esto como un ataque al catolicismo, ni a ninguna religión. Pero las cosas conviene ponerlas en su sitio. Los sentimientos religiosos pertenecen a la esfera privada. Y son intangibles. Luego no se pueden hurtar ni perjudicar. No tienen proyección en la vida social, como lo tienen por ejemplo otros intangibles (el honor, la identidad) por lo que no se pueden realmente menoscabar ni herir. La única manera razonable de que los fanáticos religiosos exijan que no se ofenda a sus sentimientos sería que exhibiesen su condición de fanáticos religiosos, y que dejasen claros sus sentimientos. No sé, una camiseta que diga

SOY CATÓLICO, TENGO UN BUFETE QUE TE CAGAS Y ME SOBRA LA PASTA. AL PRIMERO QUE SE CAGUE EN DIOS, LO EMPAPELO.

Por ejemplo.

A mí no me gusta blasfemar, pero hombre… en determinadas ocasiones no le queda a uno más remedio que cagarse esto y en aquello. Pero no se me ocurriría hacerlo delante de una monja. Porque eso son ganas de molestar a la señora. Pero si yo hago un corto en el que parodio la comunión y la resurrección de Cristo, y que se llama CÓMO COCINAR UN CRISTO… no veo dónde está el ánimo de ofender.

Si Javier Krahe hubiese enviado el corto a la Conferencia Episcopal con una nota invitándoles a verlo… entiendo que eso sí serían ganas de tocar los cojones (aunque jamás entenderé por qué se valora el delito en 192.000 euros).

Los consejos de supervivencia que se extraen de este caso son claros: ten mucho cuidado cuando te metas con la religión (y con los Borbones). Y si en tu guión hay un ataque contra la Iglesia (la Católica, las otras aún no tienen abogados poderosos), procura que el atacante sea un personaje concreto. Porque si no, los fanáticos entenderán automáticamente que el autor del ataque eres tú, el autor de la obra. Y nadie garantiza que entre los fanáticos no haya jueces y fiscales. Recordemos que el inicio del año judicial se celebra con una misa católica.

¿Qué quieres? Han estudiado derecho romano. No esperarás que también sepan ALGO sobre comunicación audiovisual.

Tened mucho cuidado, y sobre todo en esta época. Porque si todo esto fuera un guión de cine, a lo mejor habría un sheriff llamado Garzón, y un forajido llamado Tomás Moro, dispuesto a cualquier cosa para impedir que ningún sheriff entrometido se ponga a buscar cadáveres por los armarios.

Por supuesto, esto no es un guión de cine. Y la denuncia contra Javier Krahe seguramente no será una acción de castigo de la parte más reaccionaria de la judicatura contra la izquierda antifranquista para que ésta se entere de quién manda aquí.

Pero si lo fuera, tengamos en cuenta que los que han presentado una querella criminal por un corto de 1978 no sólo tienen dinero, poder y la convicción de que Dios está de su lado. Además disponen de un Código Penal hecho a medida para joderle la vida a cualquiera que no comulgue con sus ideas.

(Publicado originalmente en Bloguionistas el 3 de junio de 2010)


MANUAL DE SUPERVIVENCIA PARA GUIONISTAS: EL 525.1

3 junio, 2010

por Pianista en un Burdel.

La reciente apertura de juicio oral a Javier Krahe por un delito contra los sentimientos religiosos (artículo 525.1 del Código Penal) me ha hecho reflexionar sobre los peculiares límites de la libertad de expresión en España, y la forma en que afectan a los autores audiovisuales en un país en que la Iglesia Católica sigue teniendo un sitio preferencial en el ordenamiento jurídico. La separación Iglesia-Estado, desde el inicio de la democracia hasta nuestros días, ha seguido una progresión notable, pero aún queda mucho trabajo por hacer (ver gráfico).

Y mientras no se haga ese trabajo, cambiando las leyes y colocando a la Iglesia en su sitio, seguiremos teniendo Torquemadas wannabe.

Resumamos los hechos del caso:

  • La obra por la que se acusa a Javier Krahe es el cortometraje “Cómo cocinar un Cristo“, de 1978. En él, de la manera más neutra y objetiva, se muestra la preparación un plato en el que el ingrediente principal es una escultura de Cristo, previamente retirada de un crucifijo, a la que se sazona de diversas maneras y se introduce en un horno, del que, según la locución, saldrá solo a los 3 días.
  • Dicho corto fue proyectado en la pantalla que aparecía tras los entrevistados en el programa Lo + Plus de 15 de diciembre de 2004. La directora del programa también ha sido imputada.
  • La querella criminal la ha presentado el Centro de Estudios Jurídicos Tomás Moro.
  • El caso fue sobreseído en 2007. El Centro Tomás Moro recurrió el sobreseimiento.
  • El lema que el Gabinete de Estudios Jurídicos Tomás Moro exhibe en su página web es “cristianizando el Derecho, cristianizando la Sociedad”.
  • El juez, aplicando el artículo 589 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal, ha dictado que Javier Krahe vaya pagando una fianza de 400 euros diarios, hasta un total de 192.000, por si se le encuentra culpable.

Krahe

Yo no sé mucho de derecho (ni mucho ni poco) pero me parece ACOJONANTE que te puedan sacar 192.000 euros por si acaso resulta que eres culpable. No vaya a ser que luego te condenemos y digas que no tienes dinero.

Desde la ignorancia lo pregunto: si puedo fingirlo tras la sentencia, ¿no podría fingirlo también ahora? ¿Si resulta que soy inocente, me devuelven la pasta con los intereses?

Y sobre todo, ¿adónde va ese dinero? En caso de que me condenen, digo. ¿Reparar los ofendidos sentimientos religiosos de un fanático cuesta más que comprar un piso? Oiga, y ya puestos, ¿no podrían sacarle 192.000 también al Centro de Obtusos Jurásicos Toma Moreno, por si acaso resulta que Javier Krahe no es culpable de nada? Digo, para repararle a él los sentimientos de justicia, que después de esta locura deben de haberle quedado bastante maltrechos, al pobre.

También me parece acojonante que EXISTA un artículo del código civil que pretende proteger algo tan absolutamente etéreo como los “sentimientos religiosos”. Digo etéreo por no decir maleable. Porque bajo esa definición se pueden amparar cientos, miles de denuncias arbitrarias y malintencionadas, como en mi opinión es la presentada contra Javier Krahe.

¿Qué es el sentimiento religioso? ¿Cómo puedo identificarlo? ¿Cómo puedo saber cuándo lo estoy ofendiendo? Yo puedo evitar atropellar a un niño con mi coche. Veo al niño cruzando la calle, me hago una idea bastante clara de lo que le ocurriría si le paso por encima con mi coche. Puedo comprender que me castiguen duramente por hacerlo. Puedo comprender que el castigo sea mayor si lo hago en un paso de cebra (porque puedo ver el paso de cebra). Me parece estupendo que la multa sea mayor si encima supero la limitación de velocidad (perfectamente visible), y le atropello de noche con las luces apagadas (de sentido común).

Pero ¿cómo sé dónde empieza la sensibilidad religiosa de cada cuál? En fin, cualquier día pueden oírse blasfemias en la televisión. Que yo sepa, nadie ha denunciado nunca a nadie por decir HOSTIA PUTA o ME CAGO EN DIOS en televisión o en el cine o en la radio. Y sin duda son blasfemias dichas públicamente. Hasta a mí me molesta oírlas. Pero el caso es que se dicen, y nada ocurre. Se dicen delante de los niños, y el mundo sigue girando.

¿Es aceptable en un país aconfesional, en el siglo XXI, que a uno puedan no ya condenarle, sino siquiera procesarle, por cometer un supuesto delito que no se sabe cuándo se está cometiendo?¿Es aceptable que determinados delitos -como la estafa- prescriban en pocos años, y mientras se procese a ciudadanos por obras de arte realizadas hace más de TRES DÉCADAS?

¿Cómo demuestra un presunto ofendido que su sentimiento religioso ha sido herido? ¿Hay PRUEBAS de eso? Que yo sepa, no se puede condenar a alguien sin pruebas. Y sin embargo, el juez ya ha visto INDICIOS de delito. ¿Cuáles son esos indicios, Señoría? ¿La propia denuncia? ¿Basta con el testimonio del presunto ofendido para considerar que hay una ofensa? ¿Por qué se imputa a la realizadora del programa y no se persigue a quien ha subido el vídeo a Youtube? Qué demonios, ¿por qué no se multa a Youtube?

Imaginemos que yo establezco el límite de mi sensibilidad religiosa, pongamos por caso, en los Diez Mandamientos. Todo aquel que infrinja públicamennte los preceptos de este código básico y de todos conocido estará atacando a mi sentimiento religiosos, y por tanto conculcando el artículo 525.1 del Código Penal.

Bien. Pues que se preparen todos lo que pronuncien en mi presencia cualquier interjección con las palabras “Dios” o “Cristo”. Incluyo, naturalmente, “por el amor de Dios” o “por los clavos de Cristo”. Porque si eso no es tomar el nombre de Dios en vano, que venga Dios y lo vea.

Ups.

Y lo mismo con los mentirosos. Los que desean a la mujer del prójimo. LOS QUE NO SE AMAN LOS UNOS A LOS OTROS COMO ÉL LOS AMÓ.

¿Dónde está el límite?

Confío, Señoría, en que no sea usted quien lo marque, porque sería como mínimo dudoso que pueda usted dictar Justicia sobre los SENTIMIENTOS AJENOS.

A todo esto: ¿no sería más que razonable pedir, en este tipo de casos, que el juez demuestre no tener los mismos sentimientos religiosos que el denunciante? En fin, creo que a un católico de misa y comunión diaria le resultaría muy difícil ser imparcial en el caso de Javier Krahe.

¿Y si le diéramos la vuelta? ¿Y si mis sentimientos religiosos cristianos -que no católicos- se ven ofendidos cada vez que un cura de barrio suelta una diatriba contra las bodas homosexuales o contra los anticonceptivos? ¿No sería razonable ofenderse (religiosamente, digo) ante la noticia de que la Conferencia Episcopal, pongo por caso, tiene cientos de millones en fondos de inversión?

Digámoslo claro: la permanencia del 525.1 en nuestro Código Penal es una vergüenza intolerable para todos los Presidentes del Gobierno, Ministros de Justicia y, en general, Diputados del Congreso que la permiten. No tengo ni idea de si podría derogarse por decreto en el Consejo de Ministros. Pero de ser así, dudo que exista una justificación razonable para que no se haga ESTE VIERNES. Tampoco entiendo a qué dedican el tiempo ciertos congresistas, mientras en nuestro ordenamiento jurídico permanecen artículos propios de la Edad Media. Shame on you all.

Y que nadie vea esto como un ataque al catolicismo, ni a ninguna religión. Pero las cosas conviene ponerlas en su sitio. Los sentimientos religiosos pertenecen a la esfera privada. Y son intangibles. Luego no se pueden hurtar ni perjudicar. No tienen proyección en la vida social, como lo tienen por ejemplo otros intangibles (el honor, la identidad) por lo que no se pueden realmente menoscabar ni herir. La única manera razonable de que los fanáticos religiosos exijan que no se ofenda a sus sentimientos sería que exhibiesen su condición de fanáticos religiosos, y que dejasen claros sus sentimientos. No sé, una camiseta que diga

SOY CATÓLICO, TENGO UN BUFETE QUE TE CAGAS Y ME SOBRA LA PASTA. AL PRIMERO QUE SE CAGUE EN DIOS, LO EMPAPELO.

Por ejemplo.

A mí no me gusta blasfemar, pero hombre… en determinadas ocasiones no le queda a uno más remedio que cagarse esto y en aquello. Pero no se me ocurriría hacerlo delante de una monja. Porque eso son ganas de molestar a la señora. Pero si yo hago un corto en el que parodio la comunión y la resurrección de Cristo, y que se llama CÓMO COCINAR UN CRISTO… no veo dónde está el ánimo de ofender.

Si Javier Krahe hubiese enviado el corto a la Conferencia Episcopal con una nota invitándoles a verlo… entiendo que eso sí serían ganas de tocar los cojones (aunque jamás entenderé por qué se valora el delito en 192.000 euros).

Los consejos de supervivencia que se extraen de este caso son claros: ten mucho cuidado cuando te metas con la religión (y con los Borbones). Y si en tu guión hay un ataque contra la Iglesia (la Católica, las otras aún no tienen abogados poderosos), procura que el atacante sea un personaje concreto. Porque si no, los fanáticos entenderán automáticamente que el autor del ataque eres tú, el autor de la obra. Y nadie garantiza que entre los fanáticos no haya jueces y fiscales. Recordemos que el inicio del año judicial se celebra con una misa católica.

¿Qué quieres? Han estudiado derecho romano. No esperarás que también sepan ALGO sobre comunicación audiovisual.

Tened mucho cuidado, y sobre todo en esta época. Porque si todo esto fuera un guión de cine, a lo mejor habría un sheriff llamado Garzón, y un forajido llamado Tomás Moro, dispuesto a cualquier cosa para impedir que ningún sheriff entrometido se ponga a buscar cadáveres por los armarios.

Por supuesto, esto no es un guión de cine. Y la denuncia contra Javier Krahe seguramente no será una acción de castigo de la parte más reaccionaria de la judicatura contra la izquierda antifranquista para que ésta se entere de quién manda aquí.

Pero si lo fuera, tengamos en cuenta que los que han presentado una querella criminal por un corto de 1978 no sólo tienen dinero, poder y la convicción de que Dios está de su lado. Además disponen de un Código Penal hecho a medida para joderle la vida a cualquiera que no comulgue con sus ideas.


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