JOAQUIM ORISTRELL, CUÉNTAME CÓMO SE ESCRIBIÓ

6 febrero, 2018

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ENTREVISTA: Nico Romero

FOTOS: Pablo Bartomolé

El autor de comedias tan icónicas como “El amor perjudica seriamente la salud” o “Boca a boca” nos recibe en la cafetería de uno de esos hoteles de Madrid que parecen sacados de otro siglo. “Es mi oficina” argumenta. Indudablemente sería el lugar que yo escogería para escribir cine negro pero Joaquim se sienta con frecuencia en una de aquellas mesas y le dedica sus horas de trabajo a editar, uno tras otro, los capítulos de una de las series más longevas y exitosas de la ficción nacional. “Cuéntame cómo pasó” ya va por su decimonovena temporada y, a juzgar por los datos de audiencia, quizás esta serie llegue algún día a contarnos cómo pasó aquello de la crisis económica de 2008 o aquello de la no proclamación de la República catalana de 2017.

SOBRE JOAQUIM

Vamos a empezar, si te parece, por el principio de tu extensa carrera. Tú has hecho muchas cosas en cine y televisión pero sobre todo has escrito ¿en qué momento decidiste que querías ser guionista?

Fue una decisión a la desesperada. Yo habría querido ser actor y luego director. Después leí en un “Fotogramas” que había crisis de guionistas en España. A mí me gustaba escribir, así que me dije “voy a ser de lo que no hay”.

Y según tu imdb, empezaste con Chicho Ibáñez Serrador en el “1, 2, 3”

Sí. Tengo muy buenos recuerdos. Yo llevaba mucho tiempo queriendo trabajar en esto. Empecé casi a los treinta, así que ya no era tan joven. Chicho fue muy generoso conmigo. Nos entendimos muy bien. Él se alimentó de mi juventud y yo chupaba de su sangre también. Trabajar en el “1, 2, 3” era muy divertido porque era una película cada semana: la arqueología, Grecia, el cine… Fue una buena escuela. También tuve la suerte de trabajar con Mercero, con Marsillach, con Forqué, con Berlanga…

Luego enseguida te especializaste en comedia. ¿Lo hiciste por gusto propio o por la demanda del mercado?

La vida te coloca en sitios. Cada país tiene su género propio y en España es la comedia. Tiene que ver con nuestros problemas de presupuesto. Yo hice algunas comedias que fueron muy icónicas, como la adaptación de “Bajarse al moro” y me especialicé en eso.

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SOBRE CUÉNTAME

“Cuéntame” va por su temporada diecinueve pero tú entraste hace poco. ¿Cómo fue?

Sólo llevo tres temporadas. Caí de rebote. A mí me llama la productora y me pasan una breve sinopsis de una serie que habían presentado a las cadenas y que no había salido. Me plantean si de esa idea puedo hacer una peli. Se llamaba “Los impecables”, una comedia de robos. Hice un trabajo sobre eso que gustó. Yo estaba en Barcelona, por entonces. Entonces tuve una reunión con Miguel Angel Bernardeau e Ignacio del Moral, con el que yo había trabajado mucho. Estuvimos hablando de la peli y de pronto me plantean si querría escribir un capítulo de “Cuéntame”. Yo acepté y a los dos días me llamó Bernardeau y me dijo “¿Quieres hacer la biblia de la temporada que viene? Mientras nosotros terminamos esta temporada, ocúpate tú de la que viene”. Y así fue. Entonces me ví 40 capítulos de la serie, analicé el momento en el que estaba y planteé lo que fue la serie hace dos temporadas. Yo no inventé nada. Propuse una vuelta a los orígenes, potenciar la familia…

¿Te lo compraron?

Sí, sí. Discutimos cosas pero sí. Y la temporada funcionó mejor que la anterior, sumó espectadores y me quedé con Ignacio coordinando la serie.

En muchas series se ha instalado ya la figura del “showrunner” americano, esa persona que está por encima de todos los departamentos y que es la máxima responsable de las decisiones creativas de la serie. ¿Se te puede considerar el “showrunner” de “Cuéntame”?

Yo me preocupo porque todo esté lo mejor posible y me tomo mucho cargo. No puedo evitarlo porque he sido director, he tenido una productora como “Bocaboca” y tengo un conocimiento del conjunto. Meto las narices en todas partes porque me fascina mi trabajo pero no tengo tiempo para hacerlo porque tengo que escribir. Así que supongo que no puedo ser considerado el “showrunner” de “Cuéntame”. No puedo firmar como productor ejecutivo, cosa que me han ofrecido. La empresa ha sido generosa.

Y entonces ¿quién hace ese trabajo?

Lo compartimos entre Miguel Angel Bernardeau, el director de producción de la serie, Ignacio del Moral y yo.

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Ignacio y tú firmais como coordinadores de guion ¿Cómo os repartís el trabajo? ¿Decidís de forma colegiada o tenéis el trabajo repartido?

Normalmente quedamos todos los guionistas para escaletar. Luego uno se lleva la escaleta y escribe el capítulo. Normalmente Ignacio envía notas y yo reescribo en función de esas notas y de mis propias apreciaciones. Yo soy un poco totalitario a la hora de cerrar las historias porque las hago de acuerdo a lo que yo siento pero estoy convencido de que no saldría lo mismo si no hubiera un trabajo de todos detrás. Esto es así. Lo he comprobado. A veces es difícil entenderlo desde el otro lado, desde el guionista que ve que se le reescribe mucho. Pero es que esa es la labor del coordinador.  

Después de diecinueve temporadas supongo que ya tendréis muy mecanizado el trabajo.

¡Qué va! Aunque aparentemente es simple, “Cuéntame” es una serie muy difícil. A veces hay thriller y la historia de España aporta mucho pero fundamentalmente son setenta minutos basados en relaciones. Tratamos de contar cómo piensa cada uno de los personajes y que el espectador transite por las cabezas de cada miembro de esa familia y que los entienda a todos, aunque no esté de acuerdo con la mayoría…. diecinueve capítulos por temporada, intentando sorprender constantemente. No es fácil.

¿Le dedicáis un tiempo previo al mapa de tramas antes de lanzaros a escribir la temporada?

Vamos tirando hasta que no hay más remedio. La condición de producción es que cuando empiezan a grabar, normalmente en septiembre, tenemos que tener nueve capítulos ya escritos.

Supongo que tras diecinueve temporadas debe de ser ya muy complicado no repetirse.

Van saliendo cosas. Eso sí, siempre que respetes a los personajes.  Y a veces intentamos cosas nuevas. Ayer leímos una secuencia de 17 páginas. Sólo con dos actores. Es la secuencia de la temporada. Pinta muy bien. Se va a ensayar un día y se va a grabar al día siguiente. Son esas cosas que te puedes permitir en una serie que está tan trabajada. A ver qué tal queda.

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“Cuéntame” tiene la capacidad de influir en la percepción colectiva de hechos históricos recientes como la Transición. Esto tiene una importancia política muy importante, especialmente en tiempos como estos en los que la posverdad está tan de moda. La serie, además, se emite en una cadena pública, cuyo presidente es un cargo político. ¿Cómo os afecta todo esto en vuestro trabajo?

Además es que “Cuéntame” ha pasado por gobiernos de distinta índole. En esta temporada estamos hablando del 1987, momento en el que gobernaba el PSOE, pero el partido en el gobierno en 2018 es el PP. Lo bueno de la serie es que, al ser un éxito, está por encima del bien y del mal, incluso en una cadena pública. Hay temas que se han tratado con bastante valentía, como el GAL, ETA o el aborto, por ejemplo. La ficción nos hace empatizar con la Historia. Conocemos más de la Historia por la ficción que por lo que estudiamos en el colegio o en la Universidad.  Y en la ficción se manipula al espectador. Eso no se puede evitar. Nosotros lo que intentamos es que haya voces distintas, desde personajes conservadores, como la abuela, hasta el más progre que ahora ya es la niña. En el capítulo de esta semana, la niña va a una manifestación y recibe un tiro en el culo. Esto es algo que no habla muy bien de la policía, pero un hecho real y lo hemos incluido.

¿Completa libertad entonces?

Dentro del sentido común. Intentamos que las voces sean lo más abiertas posibles y que haya concordia en un país donde hay una sombra de guerra civil que va saliendo en la serie de vez en cuando. “Cuéntame” aguanta porque es honesta en ese sentido. No la definiría como de izquierdas ni de derechas.

Quiero aprovechar que Pablo, el fotógrafo que nos está haciendo este reportaje, es guionista de “Cuéntame” (como tú bien sabes), para hacerle una pregunta. Pablo ¿qué has aprendido en estos años con Joaquim?

Pablo Bartolomé: A perseguir la tensión. Eso es una cosa que Joaquim repite mucho. Recuerdo que uno de mis guiones, en concreto el segundo que escribí y que firmaba con Sonia Sánchez, las notas de Joaquin fueron todas en torno a eso. A veces no te das cuenta, lees el guión y te parece que funciona pero con eso en la cabeza ves otras cosas y te das cuenta de que la falta de tensión es un problema común. Que una escena te lleve a otra, que no sean cápsulas aisladas. Y luego Joaquim siempre habla de la verdad, que haya algo de ti mismo en lo que escribes. Cuando salimos de la escuela tratamos de imitar lo que hay o perpetuar un estilo. Nos preguntamos ¿qué es lo qué haría mi ídolo? en lugar de preguntarnos a nosotros mismos. En “Fugitiva” Joaquim lo repite mucho.

Joaquim ¿qué te aporta Pablo?

Lo que yo le aportaba a Chicho: juventud, ganas, entusiasmo… Además es un hombre muy leído, que ve muchas cosas. Tenemos un chat donde opinamos sobre lo que vemos y es muy interesante ver cómo recibe él una película y como la recibo yo. A veces hay películas que a mí me parecen una mierda y a él le hacen llorar. Pero claro, es que él la está viendo en su edad. Si yo la hubiera visto en su edad, me habría pasado lo mismo. La juventud es importante… como la madurez.

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SOBRE “FUGITIVA”

Ahora estáis los dos escribiendo una nueva serie para TVE. ¿Qué me puedes contar de “Fugitiva”?

Es una serie distinta completamente. Es un thriller familiar. Es la reivindicación de un personaje femenino. Es una historia de una mujer que huye con sus hijos. Una heroína que va convirtiéndose en una especie de Sarah Connors. Hay un sustrato de malos tratos tratado desde el thriller. Yo creo que es una serie original, pensando en Paz Vega, que tiene un punto para TVE. Es un poco canalla, lo que yo llamo “comanchería”: México, España, Benidorm, colorismo. No es un thriller oscuro. Es claro. Tengo curiosidad por ver cómo se lo toma la gente.

¿Qué diferencias habéis aportado en la escritura con respecto a “Cuéntame”?

La mecánica es muy parecida. De alguna forma, yo tengo una manera de trabajar que me ha funcionado y que llevo conmigo desde hace muchos años. No sé hacerlo de otro modo.

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LOS GUIONES ESTÁN VIVOS

12 diciembre, 2013

por Sergio Barrejón.

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El 17 de enero de 2001 se estrenó una serie semanal de prime-time que cambiaría el panorama de la ficción nacional, inaugurando la moda de los dramas ambientados en la historia de España. En este caso, era una serie ambientada en la posguerra. Y no, no estoy hablando de Cuéntame, que se estrenó ocho meses después. Estoy hablando de Temps de Silenci.

Cabe suponer que el éxito de la serie de TV3 tuvo algo que ver en que TVE diera luz verde a Cuéntame, aquel proyecto que llevaba siete años dando vueltas por las cadenas nacionales, en la época en que los expertos sentenciaban con toda ligereza que “la historia de España no le interesa a nadie“. O quizá Temps de Silenci no tuvo nada que ver. Quizá, simplemente, había llegado el momento. Igual que, en algún punto, este momento pasará. Y lo hará por sorpresa. Como siempre.

Pero lo que yo quería contar es que Temps de silenci había sido concebida por sus creadores como una telenovela diaria. El formato triunfaba en Cataluña y sus creadores lo dominaban con soltura. No en vano habían firmado ya algunos éxitos apabullantes como El Súper. Sin embargo, TV3 decidió que quería un prime-time semanal. Lo adaptaron. Sin problema.

Años más tarde, los creadores de aquella serie desembarcaron en TVE dispuestos a repetir el éxito con otro drama semanal ambientado en la posguerra, pero esta vez en Madrid, en lugar de la Barcelona de Temps de Silenci. El formato estaba testado, los creadores tenían prestigio. TVE compró la idea… pero quería una telenovela diaria. Lo adaptaron. Sin problema. Así nació Amar en tiempos revueltos.

Con el éxito de Amar en Tiempos Revueltos, Antena 3 pidió a su productora, Diagonal TV, una telenovela diaria para sus sobremesas. La productora puso varios proyectos sobre la mesa, pero ninguno era histórico. Y Antena 3 quería uno histórico. Esto es lo que queremos, dijeron señalando un guión de época llamado Bandolera. Un guión… de tv-movie.

La productora llamó al autor del guión, Tirso Calero, y le preguntó si podía adaptarla. Sin problema, dijo Tirso. Sólo se trataba de convertir una historia cerrada de dos episodios en una telenovela diaria de 65 capítulos como mínimo, y con posibilidad de continuidad (de hecho, llegó a emitir unos 400).

Sin problema.

Y aquí es donde yo quería llegar. Porque ésa es la actitud que hace falta si uno quiere ser guionista profesional. No estoy diciendo que todas las tv movies puedan ser convertidas en series diarias. Estoy diciendo que todas las obras de ficción pueden ser adaptadas a otros formatos. Ya sean tv movies, series semanales, diarias, largometrajes, novelas, obras de teatro o silvas arromanzadas. Y muchas veces cambiarán a mejor. Porque, si bien en el proceso pueden perder parte de aquello que te gustaba en su forma original, es también muy probable que adaptándolas descubras nuevas posibilidades de tu historia que ni habías imaginado.

Porque los guiones son historias. Y las historias están vivas. Tanto si las tienes en pequeñas macetas dentro de un invernadero como si las dejas crecer libres en mitad del monte, las historias tienen una vida aparte de ti. Pretender que tus obras sean inmunes a las circunstancias que las rodean es tan patético como decorar tu casa con flores de plástico.

Ayer estrenamos online el cortometraje En plan romántico, dirigido por Peris Romano y producido por el que suscribe.

Su estreno en sala había sido el 25 de octubre de 2012 en la Seminci el cortometraje  Era el único corto español que competía en la Sección Oficial. Un buen presagio… que se quedó en nada. Año y pico después, el corto no ha ganado un puñetero premio.

Pero la historia está viva. Tan viva que, con unos pocos cambios, se ha convertido en una de las escenas más hilarantes de Los miércoles no existen, una obra de teatro que consiguió llenar más de 20 noches la sala independiente El Sol de York de Madrid y acabó saltando primero al Teatro Principal de Donosti y luego al Teatro Lara de Madrid (donde aún podéis verla, varios meses después de su estreno).

¿Cuántas de las historias que hemos dejado por imposibles estarán todavía vivas, esperando a que las trasplantemos a la maceta adecuada?

 


LA CARTA DE BIENVENIDA

12 septiembre, 2012

Por Chico Santamano.

Querido Leopoldo González Echenique (nuevo Presidente de RTVE),
Querido Ignacio Corrales (nuevo Director de RTVE),
Queridos los dos,

…no soy un hombre de la casa, aunque he trabajado para ella, y desde mi modesta posición de guionista quiero daros la más sincera bienvenida al cargo. En serio, no me gustaría estar en vuestro lugar. Tenéis un marrón de los gordos y os deseo la mayor de las suertes.

Seguro que estaréis algo aturullados ante la perspectiva de abrir la puerta del despacho cada día y encontraros con esa multitud que pregunta “qué hay de lo mío”.

La verdad es que durante meses los profesionales del sector hemos vivido angustiados creyendo que RTVE no apostaría más por la ficción. Las torpes palabras del Ministro de Hacienda no calmaron precisamente los ánimos. Al menos ahora parece que se ha desbloqueado la salida de productos de la nevera.

¡Por fin se estrenó Isabel! ¡Y qué buen dato de audiencia! La Primera ha recuperado el brillo en el prime time con un producto de calidad del que sentirse orgullosa. Ha sido un soplo de optimismo que nos ha permitido pensar que no seríais capaces de dejar morir esta industria de la misma forma que Kate Winslet abandonó a su suerte a Leonardo di Caprio en Titanic.

Yo no sé mucho sobre gestión de cadenas. Pero a lo largo de los años que llevo currando como guionista he ido observando algunas cosas que lo mismo os es útil para manejar esta locura denominada “el Ente”. Voy a ejercer el papel del pobre iluso de oficina que cuando llega un nuevo jefe, libre de prejuicios y malos hábitos adquiridos, corre a venderles cuatro o cinco obviedades. Trivialidades que de verdad cree que harían mucho bien al funcionamiento interno de la oficina. Voy a ser un poco Dwight Schrute.

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PRIMERA OBVIEDAD. Entiendo que las series son caras. Lo son y algunas muy mucho. La mayoría de las productoras que trabajan para vosotros han accedido a rebajar presupuestos en los últimos años y posiblemente estarían dispuestas a renegociar aún más si con eso pueden seguir manteniendo su producto en antena y evitar que un centenar de familias se vaya a la calle.

Si las superestrellas (y todos sabemos de los protagonistas de qué superserie hablamos) no acceden a bajarse sus supercachés no sería ningún drama. Chapemos la serie de la misma manera que se ha hecho en USA toda la vida de Dios aunque estuvieran en pleno éxito de audiencia.  ¿El presupuesto se dispara? ¿La serie no es rentable? ¿Cargarnos a sus protas desvirtuaría el producto? Pues nada. Una serie dejará paso a otra más barata. Posiblemente a DOS más baratas. De esta forma la supervivencia estará garantizada. Y si aún así la ficción en general os sigue pareciendo un producto prohibitivo entonces tendremos que ir a por la segunda obviedad.

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SEGUNDA OBVIEDAD. ¡Coño, que vuelva la publicidad! Siendo una tele PÚBLICA la audiencia no debería importaros un pimiento, pero si os pica (con razón) el amor propio de no querer hundir el canal y os da miedo la bajada de share… no temáis. Telecinco tiene muchos anuncios y os supera en una cantidad considerable de franjas.

Si no queréis ser recordados como los tíos que trajeron de nuevo una invasión de anuncios a la parrilla, recuperadlos aunque sea sólo para el prime time. Con las tarifas por spot que se gastan en la hora de máxima audiencia, aliviaríais el coste de todo un capítulo con tan sólo un corte y un patrocinio bien puesto. Y si Vasile se enfada, que se enfade. Total… se enfada todo el rato.

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TERCERA OBVIEDAD. Las series de TVE viven un momento dorado. Cuéntame, Gran Reserva, Aguila Roja, Los Misterios de Laura, Amar en tiempos revueltos… no sólo tienen audiencias millonarias sino que cosechan premios y prestigio para la cadena y el país allá donde van. Las estanterías de Cuéntame tienen que haber sido reforzadas con cemento armado para soportar el peso de sus múltiples premios. Gran Reserva ha lucido en festivales más allá de nuestras fronteras con, entre otros, un premio de bronce en el Festival de Televisión de Nueva York y una nominación a mejor Drama en el de Seúl. La ya perdida Amar en tiempos revueltos (¡qué cojonacos habéis tenido, coño!) tuvo el honor de ser la primera serie española en emitirse en USA en español…

Estos reconocimientos, y muchos más, deberían hacernos entender que las series pueden ser rentables también en sus ventas internacionales. TVE es un maravilloso escaparate para un trabajo espléndido de cientos de profesionales y en el extranjero nos ven cada vez con mejores ojos. Si nuestras series tienen la suerte de hablar español al igual que 500 millones de personas en este santo planeta… ¿Por qué no sacamos más provecho económico de eso y vendemos como el Dios catódico manda nuestro producto?

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CUARTA OBVIEDAD. Nuestros capítulos son largos como un día sin pan. Cualquiera que haya tenido que ir a festivales internacionales a vender nuestras series sabe que ni el tato nos compra nada porque nuestro formato no encaja en sus parrillas. ¿Sitcoms de 60 minutos? ¿Dramas de 70/80 minutos? ¿Estamos locos? Vale que tengamos un prime time más largo que el resto. Vale que ya se hayan testado sitcoms de media hora y no han funcionado (claro, que… vaya series). Vale que si un capítulo acaba a las 22:50 no hay efecto arrastre y la gente huye a otras cadenas, pero a TVE eso debería importarle poco o nada. Repitamos esto una y otra vez:

“¿Somos una tele pública? SÍ. ¿Queremos gustar a la audiencia? SÍ. ¿La audiencia es lo primero? NO”.

Y si de verdad nos preocupa perder audiencia a las 22:50 pues poned otro capítulo de estreno, otro repetido o la enésima reposición de “Españoles por el mundo: Nueva York”. Las productoras que saben lo que es bueno para su producto quieren hacer capítulos más cortos y temporadas más largas, los guionistas soñamos con hacer capítulos con “duración yanki” y los actores se frotan las manos ante la perspectiva de cobrar por un capítulo de 45 minutos lo mismo que cobraban por uno de 80. Claro, ahí habrá que pararles los pies… como siempre. Y no se conseguirá… como siempre, también.

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Y QUINTA OBVIEDAD. La ficción española gusta. Hay una parte importante de la sociedad peleada con el cine español. De eso no hay duda, pero más allá de esa pelea hay ejemplos claros de profesionales, de ese y otros campos, que están viendo reconocido su esfuerzo y talento a través de sus productos.

A pequeña escala, la semana pasada laSexta3 programó cortos españoles en la sobremesa. El lunes empezaron con 45.000 espectadores. La audiencia no dejó de subir día tras día hasta alcanzar el viernes los 89.000 espectadores con el corto “G” de Diego Puertas. El cual aumentó en tres décimas el dato de esa misma franja una semana antes. ¿Qué hubiera pasado si el experimento se hubiera prorrogado durante unas semanas más? ¿Podría hacer TVE algo así? DEBERÍA.

Las citadas “Cuéntame” y “Gran Reserva” han visto cómo sus tramas eran susceptibles de múltiples remakes en otros países del mundo. También Albert Espinosa y sus “Pulseras rojas” hablan de tú a tú con Spielberg para producir la versión yanki.

“Gran Hotel” se ha vendido al mercado francés y ruso. Además de lograr CUATRO nominaciones (incluida mejor Drama) en los premios del Festival de Mónaco.

Es raro el año que no tenemos un español nominado a los Oscars y en la última década hemos tenido más nominaciones a mejor película de habla no inglesa que otras cinematografías más protegidas y prestigiosas.

Rodrigo Cortés, los hermanos Pastor, Nacho Vigalondo, Jaume Collet Serra, Javier Aguirresarrobe… multitud de profesionales españoles están ahora mismo bajo el objetivo de Hollywood.

Hace unos meses se anunció el remake de “Promoción Fantasma” por parte de la productora de Will Smith. Así como Paul Haggis pretende hacer lo mismo con “Celda 211”.

La “Blancanieves de Pablo Berger” y “Lo Imposible” de J.A. Bayona están cosechando ovaciones en el Festival de Toronto esta misma semana.

“Tadeo Jones” ha conseguido atravesar la difícil frontera de China y asegurarse allí su exhibición.

David Victori y su corto “La Culpa” se hizo con un premio de medio millón de dólares en el primer festival internacional de cortos de Youtube.

La mayoría de estos éxitos recientes habrían sido imposibles sin el apoyo del público, pero también sin el APOYO PÚBLICO. Sin instituciones que de una u otra forma consigan junto a los productores que esta maquinaria esté activa y sea rentable para todos. Para vosotros que exhibís nuestro trabajo, para nosotros que intentamos vivir cada de día de él y para el país en general y esa cosa llamada “MARCA ESPAÑA” en particular…

Que no sólo de Copas del Mundo y Zaras vive la imagen exterior de un país.

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Un abrazo y mucha suerte, Sr. Presidente y Sr. Director.


EL ALMA DE LAS SERIES

27 febrero, 2012

por Javier Olivares.

 I

Para que una serie tenga alma, hay una serie de requisitos indispensables:

1. Que lo que se cuenta tenga interés para el público tanto como lo pueda tener para el que la haya creado.

2. Que quien la haya pensado (guionista y/o productor) debe velar para que, de la idea a la emisión, el espíritu de la serie, lo que se quiere contar y cómo se quiere contar no se pierda por el camino.

Ese interés se puede basar en:

a. El puro entretenimiento, la evasión a épocas ajenas, la aventura en tiempos presentes o no, el gancho que pueda tener su reparto…

b. La cercanía a la realidad y las emociones tanto nuestras como de quienes van a ver nuestro producto (malos creadores seremos si dejamos de ser público). O dicho, en otras palabras: verdad y credibilidad… hables de romanos, alienígenas o del portero de tu finca.

c. En cualquier caso, diálogos y personajes deben construirse con solidez, basándose en la lógica dramaturgia de los objetivos o deseos del personaje, lo que impide que los logre (o hace complicada su tarea), sus estados de ánimo, sus relaciones emocionales, sus palabras y sus silencios… que es el lenguaje inteligente y superentendible a la vez para cualquiera que la vea: porque es el suyo.

Cuando estas condiciones no se contemplan, lo que vemos en la pantalla suele ser el resultado de fórmulas en las que un extraño sentido del target (y más con la fragmentación actual) y del “yo sé lo que quiere el espectador” (frase típica de entomólogo) predominan sobre la creación.

Ejemplo de esto son esas series en las que aún cuando hablen en castellano, cuesta entender qué quieren decir. Esas adaptaciones de series extranjeras sin sentido. Esos castings de gente guapa que no sabe vocalizar o de jóvenes de 25 años que interpretan papeles de policías experimentados (como si El Comisario o Policías no hubieran existido). Cuando eso ocurre, las series pierden su alma (si es que alguna vez la tuvieron). Y, con ella, también su público.

Desaparecida

Al contrario, cuando una serie tiene alma y la dejan expresarse, nuestra ficción ha hecho series comparables a cualquier serie extranjera. Como Cuéntame cómo pasó, en la que no se habla del mundo actual pero sí se nos recuerda nuestro pasado reciente para que entendamos quiénes somos. O como Siete Vidas, donde –en algunas temporadas de gran nivel- aparecían por nuestra sala de estar personajes que se parecían sospechosamente a nosotros mismos. O como las primeras temporadas de Amar en tiempos revueltos, donde se demostró que nuestras tardes televisiva podían ser distintas apelando a nuestros recuerdos y, de paso, arrasar en una franja llena de subproductos de ficción o no, hechos a la supuesta y tópica “medida del público”. O como la impecable Desaparecida, fue capaz de adelantarse de manera emocionante a The Killing y a su origen (la danesa Forbrydelsen, también del 2.007). O, en comedia ligera, las primeras temporadas de Doctor Mateo, con un humor tranquilo e inteligente que se vende al extranjero con mayor éxito que la original inglesa Doc Martin. O como la magnífica revisión de hechos recientes como el 23-F de TVE y el 11-M de Tele 5. O como la excelente ficción autonómica –esa de la que desgraciadamente nunca se habla y produce calidad con muy poco dinero- de TVG (Padre Casares, Matalobos…) o TV3 ( Temps de Silenci, Plats Bruts, Porca miseria, los inicios de El Cor de la Ciutat, Polseres Vermelles y, perdón por citar una en la que estoy implicado, la detectivesca Kubala, Moreno i Manchón…).

Todas estas series, tan diferentes en géneros y tipos de producción, hablan de tristezas, pérdidas, derrotas cotidianas, de pequeñas alegrías donde aferrarse a la vida… No son acomodaticias y, pese a ser fáciles de ver, no son blandas ni en comedia. Cuentan desde la verdad y la credibilidad lo cotidiano o lo que no lo es tanto. Y han conseguido que el público las quiera. Porque se ven en un espejo en el que, sin dejar de entretenerse, ve reconocidas sus emociones.

No estoy hablando de series de poco éxito, precisamente. Así que poder, se puede. Y se debe.

Cuéntame

 

II

Queda más que claro, con los ejemplos citados (y habría más que nombrar) que nuestra ficción tiene capacidad para hacer productos de calidad. Ahora, falta dar un paso más en nuestra ficción para redondear el círculo: contar en ella lo que podemos ver en periódicos e informativos (aunque cada vez menos, la verdad: uno ve a Hilario Pino y prefiere El Informal). O, parafraseando la famosa frase de Adolfo Suárez, “elevar a la categoría televisiva de normal lo que a nivel de calle es normal”.

Si toda creación y pensamiento (arte, filosofía, diseño…) son el reflejo de su época, ¿cómo es la España actual desde el punto de vista de su ficción? Para todos los públicos.

Tal vez ése sea uno de los principales lastres, porque pensando en que sea para todos los públicos se desprecia la calidad de cada tipo de público y se ha expulsado de nuestra audiencia a gente que vería la televisión si se le diera otro tipo de productos. Creo que el objetivo no sebe ser sólo mantener la audiencia, sino buscar a ese gran tanto por ciento que puede llegar a serlo y que no ve nuestra ficción porque piensa –muchas veces con razón- que “es más de lo mismo”.

Y eso no se va a lograr con productos que “no molesten”, que “no inquieten”. Sean del género que sean. A ese público, al que hay que recuperar, no le vale con salpicar un capítulo con desnudos oportunistas: quiere que los actores, lo sean, a pesar de su buen físico.

No le vale con historias de buenos muy buenos y malos muy malos: busca elegir él quién es su malo o su bueno… Quiere personajes menos maniqueístas y más poliédricos.

No le vale la misma manida historia de amor: ya sabe que el amor ha cambiado mucho y ya no es lo que era… Aunque siga siendo amor.

No le vale ver la misma fórmula repetida siempre porque alguna vez triunfó. Ni el alargamiento de las series hasta que dejan de ser lo que fueron. Ni el plagio de fórmulas extranjeras: prefiere ver la original y la ve por Internet (hasta ahora… habría que ver si gran parte de la piratería en lo referente a ficción no se basa en que no encuentra en la televisión lo que allí está a su disposición).

Shameless

Con todo esto, nos alejamos de la realidad y de la verdad. De la vida y del origen de las historias. Porque se escribe de lo que se ha vivido, de lo que ha deseado y nunca obtenido, convirtiendo en imágenes lo que se ha leído, de lo que se ha escuchado…

Marcel Pagnol escribió que “la vida es una sucesión de tristezas y pérdidas y, de vez en cuando, alguna alegría. Pero eso no hay que contárselo a los niños”. Si esto es así, no cabe duda: nos están tratando como a niños.

¿Significa esto que esté proponiendo una ficción triste y melancólica? Nada más lejos de eso. Nuestros protagonistas, nuestros héroes, tienen como objetivo superar los obstáculos que le dificultan cumplir con sus deseos. Cuanto más reales sean esos obstáculos, más heroicos serán nuestros personajes. Porque, a día de hoy, un padre de familia sufre tanto para cuadrar las cuentas cada fin de mes como Sísifo subiendo la piedra a la colina una y otra vez.

Si utilizáramos la realidad que nos rodea, nuestra ficción sería más épica, más moderna, más atrevida… Mejor. Shameless, Breaking Bad y series españolas ya citadas antes son un buen ejemplo de ello con momentos como la maravillosa amistad entre Solá e Hipólito en Desaparecida. Olaantológica secuencia de Imanol Arias con el I Will Survive de la Gaynor en Cuéntame cómo pasó…Por no hablar del cáncer de mama del personaje de la Duato en la misma serie…

The Fades

Precisamente, un tema desgraciadamente familiar para cualquiera de nosotros son las enfermedades (propias y de gente querida y cercana). No existen en nuestras pantallas (salvo en excepciones gloriosas como Polseres Vermelles o la citada de Cuéntame) y como protagonistas, menos.

No tenemos enfermos mentales como los de In Treatment (lástima de no tener paciencia con nuestro excelente El Grupo). Nuestros protagonistas no deben ser enfermos terminales (como en Boss, Breaking Bad, The Big C), ni psicópatas (Dexter). Demasiada negatividad para el cuerpo.

No, aquí se tiende a que todos sean sanos, jóvenes y guapos. Y cuando es irremediable que las series las protagonicen jóvenes guapos y sanos (ése es el tema), una recomendación: comparar nuestra ficción juvenil con Misfits, esos gamberros ingleses con superpoderes, o con The Fades, esa maravilla de la BBC que mezcla el paso de la adolescencia con muertos vivientes. O la barroca creatividad del Doctor Who (el de Davies y el de Moffatt), llena de mensajes positivos, para un público juvenil al que no se le exime de la melancolía ni la tristeza.

 

IV

Dando vueltas al paisaje que nos rodea, se hace difícil de creer que en un mundo tan corrupto como el de la sociedad occidental actual (y también la nuestra), dicha corrupción no se muestre apenas en nuestra ficción.

Que en una situación social como la nuestra (llena de paro e indignación, donde el mercado manda sobre los gobiernos), esto no se aún tema a tratar en nuestra televisión. Ni en historias troncales, ni en personajes adyacentes.

Si hay un policía malo, se justifica dicha maldad en un pasado terrorífico y en que es la manzana podrida en un inmenso cesto de manzanas sanas. ¿La justicia no funciona? Vamos, no me jodas. Todo lo más, un juez que está pirado. ¿Corrupción política? Mejor no tocarla. ¿Paro? ¿Familias desestructuradas? Mejor no contar penas (Shameless es un ejemplo de cómo hablar de ello y convertirlo en una obra de arte).

Muchas veces se habla de la pequeña pantalla como la caja tonta. Eso no tiene que ser así. De hecho si hay una disciplina de vanguardia (y de vanguardia popular, además) a día de hoy son las series televisivas. Esas series que sí nos cuentan (y a veces nos anticipan) cómo es el mundo.

Homeland

Series como Homeland, que nos cuenta como lo ideológico y lo personal se mezclan en un tema como el terrorismo. Con unos personajes tan poliédricos que a veces no sabes de qué lado estás… con lo que, pase lo que pase, la felicidad del espectador no será completa.

O como Boss, donde se hace una radiografía del poder corrupto a través de un supuesto alcalde de Chicago a día de hoy. Un alcalde que tiene (y oculta) una enfermedad terminal pero que eso no le impide aferrarse al poder como si éste le fuera a dar la vida eterna.

Otro ejemplo –ya tópico, tan de moda ha estado- de contar las cosas con alma es The Wire, heredera de Homicidio y The Corner. Para muchos es la mejor serie de todos los tiempos: y habla de política municipal, en qué se ha quedado la prensa, la educación, la clase obrera y la crisis económica… de nuestro mundo. Y sin dejar de ser un policíaco.

O, ya con más tintes sociológicos, la apabullante trilogía de Black Mirror. donde todo lo que he propuesto se funde en una sola serie.

Black Mirror

¿Son series caras? Sí.

¿El problema de que no se hagan cosas así en España salvo algún intento –Crematorio– es el dinero? No. Se podría hablar de ello hasta en nuestros niveles de producción. De hecho, Homeland es una adaptación de una serie israelí que no contaba con sus mismos medios.

No es falta de medios. Es falta de riesgo. Es no avanzar en la narración con algo tan elemental a día de hoy como mezclar géneros (que confunde a la gente, parece). Es seguir idealizando tanto a nuestros personajes, hacerles tan positivos, que no parecen ciertos. Y cuando detrás no hay miga, aparecen los diálogos vacíos y las situaciones vacuas.

En esto, por cierto, también los guionistas tenemos mucho que mejorar, sea el encargo que sea el que recibamos. Porque nuestras armas son la construcción de personajes y los diálogos para convertir lo nimio en apasionante. O lo nefasto, en digno. Y si no nos dejan, decir que no e irnos.

Porque, recuerdo, cuando una serie triunfa nadie se acuerda de quienes la escribieron (fuera no pasa lo mismo). Pero cuando fracasa, el fracaso sólo tiene un padre: los guionistas. Otro día hablaré de esto.

 

V

Industria hay. Es cuestión de dar un paso adelante. Otros lo han hecho.

Un buen ejemplo es la televisión israelí, capaz de generar formatos que se venden en el extranjero (y en la meca de la TV) como In Treatment (en Israel, Be’Tipul), Homeland (Hatufi), The Ex List (Ex), The Naked Truth (adaptada por Clyde Phillips, el padre de Dexter)… Y otras dos que ya preparan su estreno: Ramzor(que se titulará Mixed Signals) y la impecable Ran Quartet(Quinn-Tuplets).

Abarcan géneros que van desde el drama, la comedia ligera, la sitcom, la política, la trama familiar… Con un descaro, un riesgo y una capacidad evidente para captar la realidad social que les envuelve. Sólo una fracasó: The Ex List y porque la CBS edulcoró hasta el empalago, la original idea de mezclar el género fantástico con el de las relaciones de pareja de la protagonista.

Todas ellas han pasado la reválida en su televisión de origen y ahora dan el salto a los EEUU, donde más de una de las majors se han asegurado la primera opción de compra de diversos creadores israelíes.

Polseres Vermelles

Sin ir tan lejos, Polseres Vermelles, una producción que no llegará ni a los 200.000 euros por capítulo, ha sido comprada por Spielberg para su adaptación USA de la mano de Marta Kauffman (Friends). Seguro que les sale más cara. Pero ojo: que no eliminen el espíritu de Albert Espinosa, su creador. Porque entonces, la adaptación americana (por muy altos que sean sus presupuestos y muy prestigiosos los nombres que están detrás de ella), habrá perdido su alma.

Alma e ideas. Verdad y credibilidad. Hay cosas que no son cuestión de dinero, sino de inteligencia y de riesgo… Y además, acaban dando prestigio y dinero.

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Javier Olivares: Estudió dos años en el Laboratorio del TEC, teniendo como maestros a William Layton, José Carlos Plaza, Miguel Narros… En prensa, fue redactor jefe de La Luna de Madrid. Ha estrenado diversas obras de teatro, como autor, adaptador y director. Como guionista ha trabajado en programas (La Última Noche, El Club de la Comedia…) y en series como Robles Investigador, El secreto de la porcelana, Los Serrano, Pelotas –en todas junto a su hermano Pablo Olivares-, Los hombres de Paco, Ventdelplà, Infidels,Kubala Moreno i Manchón (estas dos últimas como creador y productor ejecutivo) e Isabel, de la que es director argumental y jefe de guión. Profesor de guión en el Master de Producción Audiovisual de la U. Complutense y en la ESCAC de Barcelona.


SIN FUTURO Y SIN REMEDIO

8 febrero, 2012

Por Javier Olivares.

La noticia: TVE paraliza la emisión de sus grandes series (de gran audiencia) y proyectos futuros.

La reacción: quitando los propios perjudicados por trabajar en el medio, ninguna.

Incluso en internet, ese pozo sin fondo, en los comentarios sobre la noticia, los lectores responden mayoritariamente con frases como “me da igual, a mí no me gustaban”, “¡¡¡¿¿¿¿600.000 euros cuesta un capítulo???!!!.. La cantidad de cosas que se pueden arreglar con esa pasta…”, “el recorte tiene que ser para todos y la televisión es menos necesario que la sanidad”, “desde que los actores dijeran No a la Guerra no veo nada donde salgan, que les den”, etc, etc… Lo cual demuestra que, sin ánimo de ser elitista, ahora que cualquiera puede opinar, la red se llena de demostraciones de ignorancia. Porque para opinar hay que: 1) centrarse en el tema del que se eestá hablando / 2) saber de él. / 3) dejar la mala baba para sus visitas al psicólogo. / 4) Saber que hacer las cosas, aunque sean series, cuestan un dinero y saber, de paso, la diferencia de nuestros costes (mucho menores) con las producciones extranjeras de países del nivel del nuestro.

¿Qué dicen los medios? Nada. Informan (y tarde). Pero nadie se atreve a analizar la situación. ¿Para qué? No suelen hacerlo nunca. Y menos en estos temas, donde la especialización es tan baja que muchas webs de simples aficionados informan mejor de la televisión que ellos (aunque siempre, por supuesto, con un énfasis en lo externo: cuando una serie es inglesa o made in USA, se citan guionistas, creadores. Las españolas se escriben solas).

O tonterías o la nada más absoluta: esa es la reacción. Y habría muchas cosas que decir. A saber.

1) EL PELIGRO DE DESMANTELAMIENTO DE UN SECTOR INDUSTRIAL IMPORTANTE. Un sector que genera riqueza y muchos puestos de trabajo. Las audiencias de las series en peligro son y pueden ser las mejores de este país y su efecto público es máximo. Por menos que eso, se habla de alarma social en otras ocasiones.

2) LA DEMOSTRACIÓN DE LA INCAPACIDAD DE NUESTROS POLÍTICOS. Primero se quita la publicidad de la televisión pública sin buscar alternativas (ni canon, ni un plan de viabilidad). Eso lo hizo el anterior gobierno a cambio de redondear las cuentas de ganancias de las cadenas privadas, que se llevaron todo ese pastel publicitario. ¿A cambio? Apoyar un lobby y no recibir demasiadas críticas… Y abrir la puerta a lo que pasa ahora. Y lo que pasa ahora es que el actual gobierno tiene las manos libres para, con estas medidas…

Algunos dirán: pues que vuelva la publicidad a TVE. Error. ¿Alguien se cree que las cadenas privadas van a perder  los beneficios que tienen con esta medida? Ejemplo: el actual gobierno (improvisando, como siempre por estos lares) dijo en un primer momento que no se descartaba que volviera la publicidad a TVE. Al día siguiente, se descartó. Entre una cosa y otra, no me cabe duda, los teléfonos debieron echar humo.

3) LA PERSECUCIÓN Y ELIMINACIÓN DE LO PÚBLICO. La educación, la sanidad y ahora la televisión. Es curioso: se dice que es una manera de ahorrar dinero, pero no es cierto. Ése sector privado tan alabado ni da la misma calidad de servicios, ni se mueve por otra cosa que no sea el beneficio económico… Y está subvencionado por el Estado. Primero, regalándole una gran cartera de clientes (todos los españoles). Segundo, con participaciones de políticos en el traspaso de negocio con ganancias evidentes que, parece, no merecen la atención de fiscales ni jueces. Tercero, con subvenciones en caso de pérdidas.

4) LO NECESARIO Y LO QUE NO LO ES. En crisis, se dice que lo importante es el paro.. Pero se toman medidas para que, precisamente, crezca. Luego se dice que hay cosas más importantes que la cultura, la educación o la televisión. Es un lenguaje de posguerra, de transición, impropio de un país moderno. ¿Hay que recortar? Sí. Pero no a costa de una pérdida que aún nos empobrecerá más. Y lo hará en algo tan importante como el trabajo o en el nivel cultural de los españoles. Una televisión pública es la referencia de un país y de la actividad privada en ese mismo sector. Querer hacer una televisión a la americana es imposible. Ni hay la misma industria ni la fuerza de las televisiones por cable (en la TDT se dieron concesiones a cadenas que reemiten y sólo hacen mesas redondas, nunca producen). Fueron concesiones políticas, no profesionales.

Lo siento, pero, aún guardando ciertas diferencias (en la 2, ninguna: es mejor la nuestra), TVE está más cerca de la BBC que nuestras privadas de Channel Four o la DSF. Y es líder de audiencia. Tiene un prestigio internacional. Y, muy importante, estamos hablando de algo (la televisión) cuyo consumo en tiempos de crisis es máximo. El pasado enero se han vuelto a batir records en nuestro país: no creo que no sea un negocio poco rentable si se encauza como es debido. Es decir, con más inteligencia que recortando.

5) CULTURA Y SEÑAS DE IDENTIDAD. Se podrán tomar las medidas económicas que se quieran, aunque si son éstas dudo que levantems la cabeza en nada. Además, se toman otras (ley del aborto, posibilidad de que te cases o te divorcies con un notario -¡¡¡cómo se nota que Gallardón es de familia de notarios!!!, lástima que no hubiera sido de guionistas, atrezzistas, eléctricos… Lo mismo nos arreglaba el problema-, eliminar la asignatura de Educación para la Ciudadanía, la alcaldesa de Madrid pide voluntarios para mantener sus centros culturales…). Nada que objetar. Han arrasado en las elecciones (algo que debería hacer recapacitar a políticos de izquierda y a electores) y no creo que se esté haciendo nada que no se esperara.

Pero hay que avisar que si se sigue por esta senda y no hay oposición que lo critique (que parece no haberla, muda como la prensa), nos encaminamos a una vulgaridad y un desierto que hará (como  los recortes en I+D) que un país que debería querer ser grande, se haga pequeño. Sin señas de identidad. Sin cultura. Sin educación. Acrítico. Y un país que no tiene ese orgullo ni esa identidad, nunca tendrá ni economía ni industria porque ésta es el resultado de la esperanza, el optimismo y el trabajo. Y las dos primeras cosas se matan con estas medidas. La tercera, parece que no importa, cuando se castiga a quien lo ha hecho bien o se le elimina.

TVE no es el único ejemplo: el director general de Tráfico acaba de ser destituido tras rebajar un 60% los accidentes, algo que no pasaría en países de nustro entorno).

6) OPOSICIÓN Y SINDICATOS. La oposición (antes gobierno) no ha tomado medidas para evitar estos golpes. Todo lo contrario, con medidas como la supresión de la publicidad ha dado el primer paso para llegar donde estamos. Ha dejado sin defensa a TVE ante lo que va a ser su destino: el desmantelamiento. No es la primera vez que lo hace: por ejemplo, en Educación, lanzó ayudas al sector privado ahorrándole ese paso a quienes ahora gobiernan (y a la propia Iglesia). Ha preferido disputarse sus cargos dentro del partido que a crear un partido que defienda al país de estos embates. Y siguen en ello.

Los sindicatos. Me ceñiré a nuestro sector audiovisual. ¿Se puede esperar de ellos una mínima sensibilidad? Yo no la espero. ¿Qué se puede esperar cuando han impedido que los guionistas hayamos accedido a las  mesas de negociación de nuestro sector? (gracias González Sinde, para ser guionista, poco has hecho).

Una prueba del desprecio a la industria cultural es que hasta hace nada ni epígrafe teníamos los guionistas, los gestores culturales… en el INEM… Es tercermundista que ni siquiera tengamos la posibilidad de poner una tabla de salarios en las webs de quienes nos representan para que no seamos engañados. ¿Podemos esperar directores, guionistas, creativos de este sector -sin nuestro trabajo, los que no nos dejan sentarnos en las mesas de negociación no tendrían trabajo- que defiendan situaciones como ésta?. Sinceramente, lo dudo. Siguen pensando que industria es obrerismo (líbreme Dios de despreciarlo, pero no debe ser sólo eso), fábricas de automóviles y grandes empresas… cuando la industria cultural genera en el mundo unos beneficios superiores a muchas industrias tradicionales, las únicas que ellos protegen.

RESUMEN: estamos jodidos. Y quien crea que esto es sólo la alarma de alguien afectado por este problema en concreto, se equivoca. El verdadero problema es la falta de tejido social, de crítica, de nuestro país. La incapacidad de reacción ante las decisiones de unos políticos que se sienten libres de trabas para (además con el respaldo que da la democracia) tomar medidas inconscientes cuyo fracaso no tendrá responsable.

El verdadero problema es la inacción y, aún peor, que toda acción se pierde en un universo lleno de medios de comunicación que no comunican la realidad ni la analizan.

Mientras, miles de ingenieros y licenciados en otras carreras de alta cualificación dejan España para trabajar en el extranjero, tras haber invertido el Estado en una formación de la que ahora se beneficiarán otros. Mientras, el Senado (ese símbolo de inutilidad) sigue abierto. Mientras, quienes desde el poder hablan de la herencia recibida se olvidan del fracaso de sus políticas en las comunidades autónomas regidas por su mismo partido (la Comunidad Valenciana sobre todas ellas… La madrileña, si se desvelara toda su ingeniería económica, también). Y su ministro de Justicia, hasta hace nada alcalde de la ciudad más endeudada de Europa, posa en la foto de un gobierno que pide restricciones y ahorro. Dentro de unos días doy clase a jóvenes guionistas: les diré que aprendan inglés y que emigren. Es lo que haría yo si tuviera su edad.

Ahora, se pide esfuerzos y sacrificios a una ciudadanía que no es culpable de esta crisis. Una ciudadanía que, además de esforzarse, ve cómo se burlan de ella cuando el ministro de Economía habla de que los bancos deben bajar los precios de los pisos que guardan y luego calcula que habrá que despedir a cerca de 40.000 personas de bancos y cajas: ¿serán ellos los que compren los pisos con el dinero del paro? ¿Lo serán toda la gente que se está quedando sin trabajo con medidas como ésta?

La burla puede llegar más lejos. En Italia, su presidente Mario Monti ha declarado que el trabajo fijo es monótono y que “es mucho más bonito cambiar y aceptar nuevos desafiíos”. Mario Monti es senador vitalicio. O sea, que todo es cuestión de aburrimiento.

Bromas de mal gusto aparte, esa ciudadanía tendrá que asumir el co-pago en atención sanitaria, que verá (si es humilde) las dificultades de sus hijos puedan aspirar a algo por mucho que estudien… Y que cuando lleguen a casa verán programas del corazón, informativos llenos de videos de youtube (ojo: los informativos de TVE serán el siguiente objetivo), realities y series del siglo XII en las que es posible ver a uno de sus personajes hacer anuncios de ING Direct como si por aquella época existiera. O televisiones públicas como la valenciana y la madrileña, fieles servidoras de sus políticos y ajenas a su público (ver audiencias y comparar con la catalana, la vasca o la gallega).

El día que la lectura, el ocio, la televisión, el uso que un ciudadano hace de su tiempo libre (convirtiéndose en consumidor y generando industria con ello) se tengan en cuenta, este país será un país moderno: porque eso es también economía, dinero, publicidad, industria… No parece que vayamos por ese camino.

Como escribió Juanjo Millás cuando la huelga de guionistas de Hollywood  (“Pan y Circo”, 9 de noviembre del 2007):  “No se puede vivir sin comida, claro. ¿Y sin fábulas? Quizá tampoco. (…)  Desde que el mundo el mundo, mientras unos amasan el pan que comemos por la mañana, otros urden las historias que devoramos por la noche. Estamos hechos de pan y de novelas. (…) Imaginen un mundo sin cine, sin novelas, sin cómics, si series de televisión, sin culebrones; sólo realidad a palo seco, o sucedáneos de las fábulas como los que nos sirven los políticos. Ese señor tan raro que se acuesta cuando usted se levanta es guionista. Un respeto.

En este caso, cuando se lea guionista, entiéndase también productor, director, ayudante de dirección, ayudantes de producción, localizador, director de casting, los de sonido, fotógrafo, los montadores, los de atrezzo, eléctricos y hasta los guardias jurados que vigilan un plato. En esto, estamos todos juntos… Aunque tantas veces no nos hayan querido, a nosotros los guionistas, junto a ellos cuando queríamos defender nuestros derechos.

Para todos, un respeto.

PS: A los que piensen que escribo esto como implicado porque soy director argumental y jefe de guión de Isabel en su primera temporada o porque he trabajado estos últimos cuatro años para Diagonal, decirles que he dejado esta productora y ya he cobrado religiosamente todo mi trabajo. Lo cual quiere decir dos cosas: 1) que no obtengo beneficio económico alguno, aunque, evidentemente, que el público vea la serie es de mi máximo interés; 2) que la nombrada productora, junto a las otras que han parado la emisión de sus series (Bambú, Globomedia) han hecho un desembolso que a ver cómo recuperan y en qué tiempo, algo no menos grave que lo que arriba cuento.

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Javier Olivares: Estudió dos años en el Laboratorio del TEC, teniendo como maestros a William Layton, José Carlos Plaza, Miguel Narros… En prensa, fue redactor jefe de La Luna de Madrid. Ha estrenado diversas obras de teatro, como autor, adaptador y director. Como guionista ha trabajado en programas (La Última Noche, El Club de la Comedia…) y en series como Robles Investigador, El secreto de la porcelana, Los Serrano, Pelotas –en todas junto a su hermano Pablo Olivares-, Los hombres de Paco, Ventdelplà, Infidels, Kubala Moreno i Manchón (estas dos últimas como creador y productor ejecutivo) e Isabel, de la que es director argumental y jefe de guión. Profesor de guión en el Master de Producción Audiovisual de la U. Complutense y en la ESCAC de Barcelona.


FLASHBACK: DE ALTAMIRA A FRANKENSTEIN, PASANDO POR DANI ÉCIJA

8 octubre, 2011

por Pianista en un Burdel

Leo en el siempre interesante Focoforo un hilo que abre así el muy ilustre Fanshawe:

Hoy me he desayunado con un artículo doble sobre la ficción en España publicado en El País. Uno es un texto sobre las quejas de los guionistas y creadores acerca de las exigencias de productoras y televisiones a la hora de hacer series:

http://www.elpais.com/articulo/sociedad/corse/aprieta/guionistas/elpepisoc/20100612elpepisoc_1/Tes

Ya sé que son cosas ultrasabidas por todos aquí y en otros mentideros (me encanta decir mentideros) de Internet, a saber: putas series de 70 minutos donde tiene que haber una familia, un desayuno grupal, un niño, un abuelo, un perro, dos adolescentes, etc; para todos los públicos que interese al abuelo y al nieto. Sí, todo eso lo sabemos pero a mí me resulta muy interesante y significativo que eso “que ya sabemos” ahora salga publicado en un periódico de tirada nacional, es decir, que pueda ser leído por un grueso de la población a la que los foros de internet les traiga al fresco.

Más interesante aún me resulta el artículo que escribe Daniel Écija, gran jefe indio de Globomedia, defendiendo el modelo de ficción nacional:

http://www.elpais.com/articulo/sociedad/patio/butacas/irrenunciable/elpepisoc/20100612elpepisoc_2/Tes

La retórica de Écija es la clásica “institucional”, con un punto paternalista y otro de “no tenemos más remedio, la gente demanda esto”: que si el público español es el que es, que si tenemos que intentar llegar a todos porque si no no hay rentabilidad y no se puede hacer ficción, que si la estructura de la TV de pago nacional no permite otro tipo de apuestas más arriesgadas…

Independientemente de filias y fobias, ¿cómo se pueden rebatir los argumentos de Écija cuando efectivamente ideas con un punto de riesgo mayor se pegan castañazos importantes? Me gustaría escuchar la opinión del foro con un punto de seriedad sobre este tema, que ha salpicado otros hilos pero que creo que aquí queda muy resumidito, con el punto ese además de que El País decide colocarlo sobre una mesa más amplia que el debate de la red.

¿Se puede cambiar o ampliar el modelo de la ficción de series en España, señoras?

El hilo continúa como es habitual en un foro, incluso en un foro de cierto nivel como éste: yéndose por los cerros de Úbeda. Reconozco que lo he leído en diagonal y a toda velocidad, pero creo que nadie contestaba a la pregunta crucial del mensaje de Fanshawe:

¿Cómo se pueden rebatir los argumentos de Écija cuando efectivamente ideas con un punto de riesgo mayor se pegan castañazos importantes?

Voy a aportar mi reducida experiencia y mi dilatada arrogancia para intentar contestar a esta pregunta con el punto de seriedad que demanda (y merece) Fanshawe.

Como la mayor parte de ustedes sabrán, hay muy poco margen de creatividad en el mercado televisivo de ficción español. Ése es el problema central. Como un día me dijo un amigo director, “yo no tengo ningún problema con el público. Mi problema es con los intermediarios que se empeñan en impedir que mi obra llegue al público tal y como yo la diseño”. El arrollador éxito que había tenido en sus proyectos independientes le daba la razón.

Pero no quiero perderme en digresiones pro-indie. ¿Por qué hay tan poco margen de creatividad en la ficción televisiva nacional? Porque 8 de cada 10 series se diseñan tratando de encajar en las demandas previas de una cadena. Y las demandas de las cadenas son increíblemente conservadoras.

El funcionamiento normal de una productora en contacto con una cadena incluye por un lado la propuesta de proyectos propios, vamos a llamarlos “originales”; y por otro, la propuesta de proyectos que responden a las demandas antes citadas.

“Antena 3 está buscando comedias juveniles.”

“Telecinco quiere hacer una serie con José Coronado.”

“Cuatro está buscando un formato… increíblemente barato.”

Cosas así.

La posibilidad de que un periodista con talento para la ficción se invente una serie policíaca increíblemente verosímil sobre los tejemanejes de la mafia que reina en el puerto de Barcelona o en los supermercados de la droga en Madrid y acabe colocándola en una cadena con gran éxito es absolutamente ínfima.

Y estoy tratando de ser optimista. Siendo realista, diría que ES IMPOSIBLE.

Y es imposible porque, sencillamente, las cadenas no quieren productos así. Las cadenas quieren productos que cumplan al menos dos de estas condiciones:

a)    Contener elementos clave de éxitos anteriores. Entre los cuales se valorará especialmente el estar protagonizados por actores de mucha fama (o por actores de medio pelo que la cadena ha decidido proteger, sabe Dios por qué).

b)   Presentar un contenido que no ofenda a determinados grupos de presión, ya que eso que podría comprometer la imagen pública de los patrocinadores que pagan la serie mediante la publicidad.

c)    Responder a las supuestas demandas del público, según estudios de mercado elaborados sabe Dios con qué criterio pseudocientífico (léase esotérico).

Esos son los tres pilares sobre los que se sustenta el sistema de valores de la ficción televisiva española. Y muy, muy pocas veces se verán en pantalla series que no responden a esos cánones.

Y por supuesto, no necesariamente saltarse esos cánones hace que las series sean buenas. (Sé que los trolls de turno van a fingir no haber leído esta frase, pero yo la dejo escrita: que cite algunas series como ejemplo de las que cumplen o no esos cánones, no quiere decir que me gusten, ni que me disgusten.)

La mayor parte de las series de Globomedia cumplen esos cánones. Es cierto que suelen contener algunas pasadas verbales, pero el habitual enfoque sainetero de su humor casi siempre evita que se sientan realmente ofendidos los lobbies más coñazo: ultracatólicos, ultrafeministas, ultrahomosexuales, ultra-andaluces/catalanes/vascos/gallegos/etc.

Algunas series que se han saltado parte de esos cánones con un éxito arrollador han sido, por ejemplo, las series de época de Televisión Española: Cuéntame, La Señora y Amar en Tiempos Revueltos. (Águila Roja no la cuento como serie de época básicamente porque la época se la inventan. Lo cual no juzgo ni como defecto ni como virtud.) Estas series de época han demostrado, por ejemplo, que el punto C de los mandamientos de la cadena es tremendamente peligroso. Cuéntame anduvo 7 añazos dando vueltas por las cadenas sin que nadie se decidiese a comprarla. “Porque la historia reciente de España no interesa a la gente.”

Pero hay otro supuesto, además de “series que no cumplen los cánones” y “series que las cadenas deciden comprar tras siete años considerando que no es el momento. Son las series que un productor con labia consigue venderles a pesar de sus reticencias.

Ésas son las peores. No quiero dar nombres propios, pero últimamente ha habido algunos castañazos sonados con series que partían de presupuestos completamente contrarios a los que configuran las series estándar. Series que trataban de desafiar el establishment en todos los ámbitos: entorno, personajes, formato, estética visual…

Y se estrellaron. ¿Acaso no se pueden rebatir los argumentos de Écija? ¿Acaso hay sólo una manera de hacer series en España? No lo sé. Pero tengo una cosa clarísima con respecto a los mandamases: si no les vendes la moto a la primera, no insistas. Casi nunca conseguirás vendérsela a la segunda. O también puede que tengas mucha labia y acabes convenciéndoles de hacer tu serie, sólo que… para entonces ya no será tu serie, y recordarás el viejo adagio de santa Teresa.

Será un Frankenstein. Una mezcla de elementos originales con injertos de clásica ranciedad españolaza.

La cadena aceptará ese entorno original, pero insistirá en meter con calzador a un actor rancio. Y creerás merece la pena ceder, porque un manchurrón no estropea Las Meninas.

La cadena aceptará esos personajes chocantes y controvertidos, pero insistirá en que haya un niño, o un abuelo, o un genio de la informática con ataques de verborrea, o cualquier otra imposición arbitraria camuflada de estrategia para enganchar a determinado sector de la audiencia. Y cederás, porque un mal suplente no estropea un buen equipo.

La cadena aceptará esa historia que no se parece a nada, y esa narrativa tan seca y exenta de melodrama… a condición de que estires los capítulos hasta 70 minutos y metas un par de subtramas: una que se parezca a determinado éxito, y otra que tenga algo de melodrama. Y cederás, porque una pequeña vía de agua no hunde un barco, si se achica agua a tiempo.

La cadena, en fin… aceptará que ruedes con estética cinematográfica y estará encantada con que tengas muchos exteriores, pero te dará un presupuesto que lo hará casi imposible. Y cederás, porque tu naturaleza aventurera hace que te estimulen los desafíos.

Y al final del proceso te verás con una serie que dura lo que las de siempre, que tiene a los actores rancios de las de siempre, con personajes y tramas rancios como las de siempre… y encima se ha hecho con menos dinero que las de siempre.

A mí me parece que el artículo de Dani Écija es muy muy muy interesado. Cita algunos datos para a continuación convertirlos en dogma. Una tesis tan sólida como “rellene la quiniela con los resultados de ayer.” Pero, ¿qué va a decir este señor? Él no es un creador, sólo es un mercader. Un mercader de muchísimo éxito, ojo. Un tipo que ha identificado UNA manera de hacer las cosas que tiene mucha aceptación en las cadenas. Y que ahora intenta, a través de las páginas de un diario amigo, decirnos tácitamente que la suya es LA ÚNICA manera de hacer las cosas. Esto, que sería absolutamente deprimente para cualquier creador, es estupendo para un vendedor. No hay que cambiar de medios de producción, no hay que pensar… sólo hay que darle al rodillo de imprimir billetes.

Personalmente, creo que Écija es un maestro en lo suyo. Un tipo astuto que sabe vender su producto con maestría. Pero igual que no me convencen algunas de sus técnicas para convencer a la gente de que no se vaya de Globo (“ahí fuera hace mucho frío”), tampoco me convence su artículo. No creo que el estilo Globomedia sea la única forma sensata de hacer televisión. Cierto que las cadenas viven una hipnosis colectiva según la cual Dani Écija conoce y administra la fórmula del éxito, con pocas excepciones (Bambú, Diagonal TV…)

Cierto que Globomedia también ha tenido pinchazos. Cierto que las cadenas no aprenden de sus errores, sino que tratan de repetir sus éxitos de una manera casi mágica. Su estrategia de supervivencia se asemeja a la de los pobladores de Altamira: pinta mamut, cazarás mamut.

Pero como en este negocio nada es una ciencia exacta, por definición, TIENE QUE HABER más maneras de hacer las cosas. Es sólo cuestión de tiempo. Cuando cambie la gente que maneja el cotarro hoy en día en las televisiones -cuya edad promedio también se asemeja a la de los pobladores de Altamira- cambiarán los prejuicios absurdos sobre “lo que interesa a la gente”. Tengamos en cuenta que los últimos años de éxitos continuos en TVE coinciden en parte con la llegada de gente joven a los puestos de responsabilidad en ficción, que ha apostado por maneras distintas de entender la ficción.

Cuando más gente joven, formada en ámbitos distintos al franquismo y el nacionalcatolicismo, ocupe los puestos de responsabilidad, es de esperar que equilibren un poco mejor la balanza entre creatividad y mercadotecnia. No hace falta que le den un vuelco, basta con poner cada cosa en su sitio: la gente con talento crea el producto, la gente con corbata lo vende.

Ése es uno de los secretos del éxito de Globomedia: su marchamo de calidad es tan apabullante, que la mayoría de las cadenas confían casi ciegamente en el producto, sin necesidad de intervenir significativamente en los guiones. Más o menos lo mismo que ocurre en las series de éxito de TVE. Si las cadenas se limitasen a contratar a buenos profesionales y les diesen un margen de creatividad razonable, minimizando sus intervenciones en texto y casting, y metiéndose sus estudios de mercado por donde buenamente les cupiesen, todos seríamos más felices.

Que es de lo que se trata. ¿No?

(Publicado originalmente en Bloguionistas el 17 de junio de 2011)


FIRMAS INVITADAS: LLÁMAME PARKER

7 abril, 2011

Peris Romano es director y guionista de series de televisión como Impares, Yo soy Bea o La sopa boba; y de cortometrajes como Sigue Soñando, El Efecto Rubik, Trío o Todo lo que sube. Ha escrito y codirigido el largometraje 8 citas. Su último trabajo, Llámame Parker, está nominado a Mejor documental, Premio del Público y Premio Distribución Freak en el concurso Notodofilmfest. (Los premios se entregan esta noche en el Cine Capitol de Madrid.)

 

Me han pedido que escriba en este blog sobre mi experiencia con Llámame Parker. Me va a costar lo mío, la verdad. Nadie hasta el momento me ha pedido que pusiera en papel mi opinión o mi experiencia en nada. Me han hecho alguna entrevista, pero es distinto. Lo único que he escrito hasta ahora son guiones. Así que voy a intentarlo, pero pido perdón por anticipado por las meteduras de pata, porque alguna tendré. Me conozco.

El proyecto de Parker nace cuando, tras un Periodo Artístico Reflexivo Obligatorio (más conocido como P.A.R.O.), me doy cuenta de que, a pesar de mi experiencia y de mi curriculum, acceder a cierto tipo de oportunidades está cada vez más complicado. Y no porque no se produzcan cosas, sino porque el trabajo que he realizado hasta ahora me encasilla en un perfil determinado que parece que no es lo que el mercado busca. O algo así.

Por otro lado, cuanto más trabajas para una productora en concreto, menos te conocen en otras. De hecho, muchos piensan que sólo trabajas para una productora, y directamente ni te llaman cuando buscan gente. Y luego, para colmo, te los encuentras en una fiesta y te lo dicen: “tenía un trabajo que te habría venido a la medida, pero pensaba que trabajabas en exclusiva para…”

Me encantaría poder dirigir en series como Cuéntame o República, o que me llamaran para escribir en Hispania o en El Barco. Pero resulta muy difícil acceder a esas grandes productoras. Difícilmente confiarán en ti si no conoces a alguien dentro de ellas. Y es muy difícil conocer a alguien dentro de ellas si no has trabajado para ellos. Es una pescadilla que se muerde la cola. Supongo que a todo el mundo aquí le suena.

Si eres guionista quizás puedas acceder a una prueba de guión. Para los directores es diferente: no tenemos pruebas, como los guionistas. No tenemos castings, como los actores. Si así fuera, estaríamos presentándonos constantemente. Demostrando que cuando eres director puedes hacer una comedia, una de época o una futurista. Pero no: sólo tenemos como recurso nuestros contactos y la amistad con productores. La única alternativa a eso es hacer un trabajo independiente que llame la atención, que no deje indiferente, que haga ruido. Tanto ruido que pueda llegar a oídos de esos productores que no te conocían. Y eso es lo que en parte intento conseguir con mis cortos. A veces me sale, otras veces no. Pero es lo que intentaba con Llámame Parker.

La idea surgió una mañana en la Plaza Mayor de Madrid. Yo estaba dando un paseo, tratando de pensar en alguna historia para un nuevo corto. Llevaba días paseando en busca de inspiración, y nada.

De pronto, me fijé en un corrillo de chicos y chicas que se hacían fotos junto a uno de los animadores callejeros habituales de la plaza: el tipo vestido de Spiderman. No era la primera vez que lo veía. Ya alguna vez había elucubrado con algún amigo sobre quién sería esa persona que se escondía tras el disfraz. Y de pronto comprendí que, si estaba buscando una historia nueva, acababa de encontrarla. No sería un corto de ficción: haría un documental sobre ese tipo…

… Si él quería, claro.

Me senté en una terraza y me pedí un refresco. Dejé que me clavaran, igual que a un turista, y me quedé contemplando al que esperaba fuera mi próximo protagonista. Pronto perdí la cuenta de la cantidad de fotos y fotos que la gente se hacía con él. Me fijé en sus reacciones, en su manera de relacionarse con el resto de trabajadores de la plaza, que como él, se buscan la vida. Aquello era un microcosmos fascinante.

Fui un par de días más por allí a observarle. A cada momento, me parecía más interesante el documental. Llegué a pensar en montar un largo con varios “personajes”: más animadores, dibujantes, transeúntes… Un documental en el que el protagonista central casi sería la propia plaza.

La cosa empezaba a crecer, así que le dejé caer el asunto a Sergio Barrejón, que me había producido un corto anterior, Trío, a ver si quería meterse en esto. No lo dudó, pero me insistió en que aparcásemos la idea del largo y nos centrásemos en hacer un corto para el Notodo. Yo estaba pensando en un largo, y el productor me pidió que me quedase en tres minutos. Típico.

Pero me lo tomé como un reto. La verdad es que llevo años intentando presentarme al Notodo y siempre me paso de los reglamentarios 3 minutos y 30 segundos. El primer intento fue “El efecto Rubik”, que acabó convirtiéndose en un falso documental de media hora, con otra media hora que se quedó fuera. Eso fue en 2005. Desde entonces, cada año he ido rebajando mis tiempos corto a corto, como un velocista. Hace dos años conseguí dejar Trío en 10 minutos, y el año pasado con Todo lo que sube, conseguí bajar a 7. Este año he entrenado duro y al final han llegado los ansiados 3:30. Y me he dado cuenta de que, si puedes contar una historia en ese tiempo, no hay razón para alargarla más.

Ahora, el corto tiene tres nominaciones en el Notodo y ha estado durante 15 semanas en la lista de los más vistos. El amigo Parker está encantado. El otro día, camino del rodaje de mi siguiente proyecto, pasé por la Plaza Mayor para darle la enhorabuena. Estaba rodeado de una docena de chicos y chicas que acababan de hacerse unas fotos con él. Cuando me vio, me dijo que ya sabía la noticia, alguien se lo había dicho. Nos dimos la enhorabuena y un abrazo. Luego, Parker les dijo a los chicos que le rodeaban que yo era el director del corto. ¡Todos lo habían visto! Y de manera totalmente espontánea, se pusieron a aplaudirme.

Nunca en mi puñetera vida me habían aplaudido por mi trabajo (exceptuando algún festival o presentación). Casi me muero de vergüenza. Pero me fui a rodaje (ya os contaré de qué) con una sonrisa de oreja a oreja.

Con Parker, en la Plaza Mayor

Ahora, a pocas horas de la gala, estoy nervioso. Bueno no. Vale, es a ratos. Yo creía que esto del Notodo era algo que no trascendía mucho más allá de Internet, pero según se acerca el momento de la gala, noto a mi alrededor cierto revuelo que hasta ahora no había sentido. Yo no estoy acostumbrado a llegar a muchas finales, ni a ser favorito en nada. He hecho una película, he dirigido varios cortometrajes y un par de cientos de capítulos de televisión, pero proporcionalmente, “Llámame Parker” es el trabajo que más repercusión ha tenido.

No sueño con ganar los tres premios. Ni dos. Ni siquiera… Bueno, alguno sí. Yo qué sé.  Pero que no pasa nada si no. La verdad es que me conformo con que no pase como en el estreno de 8 Citas en Madrid: yo venía de presentar la película en el festival de Málaga delante de 1.000 personas, y todo había salido muy bien. Cuando llegamos a Madrid, me subí al escenario del cine Callao muy crecidito. Iba el primero del grupo…

… y me tropecé con un foco del escenario. De la patada que le di, lo hice pedazos. Delante de un cine lleno de gente que rompió en carcajadas. Después de aquello, apenas me atreví a abrir la boca. De hecho no lo hice. Como pude llegué a mi asiento y aguanté el tirón.

Esta noche vuelvo a presentar un trabajo mío en un cine abarrotado, a escasos cien metros del cine Callao. Y tengo tres cosas que decirme para calmar la angustia hasta saber si he ganado o no:

  • Al menos no ha palmado dinero propio (muy importante)
  • He conseguido hacer algo distinto y meter bastante ruido (más importante aún)
  • Al propio Parker le ha encantado el corto (lo más importante)

Deseadme suerte… O no, que lo mismo competimos esta noche. Eso sí: prometo no romper nada si me llaman al escenario. Mientras tanto haré como todos y dejaré que mi trabajo hable por mí, a ver si alguien se fija.


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