EUROPA MON AMOUR

14 noviembre, 2013

Por Curro Royo.

european screenwriters 

1. INT. ZONA CAFÉ. DÍA

Bruselas. Edificio multiusos de diseño… es decir, diseñado para pulirse los fondos europeos.

Después de horas de reunión, hemos parado para estirar las piernas, fumar y mear… que en europeo se dice “coffee break”.

Estoy con un francés muy simpático y muy miembro del Sindicato Francés de Guionistas.

CURRO
Estoy en una serie que igual se estrena en Arte Francia y Arte Alemania.

FRANCÉS
¡Qué bien! Arte es una cadena cojonuda. Pequeñita, pero cojonuda.

CURRO
Es así como muy fina… ¿no?

FRANCÉS
Sí, me gusta mucho… y mira por dónde,estoy esperando que me llamen y me digan si cogen una serie mía.

CURRO
Ah… qué bien, igual coincidimos en parrilla.

Asentimos, cabeceando… como somos europeos, debe ser muy normal que nos pasen estas cosas.

FRANCÉS
Lástima que al ser una cadena pequeña… te pagen poco por guión.

Yo miro al techo y como quien no quiere la cosa, lo suelto.

CURRO
Y… ¿cuánto es para ti poco?

FRANCÉS
No sé, digamos… 20.000 euros por capítulo.

Se me caen dos cosas por el pantalón, y no son ni mi movil ni las llaves.

Pongo cara de poker, me agarro a lo primero que encuentro y ya puestos… hasta el fondo.

CURRO
Y… ¿Y si fuera una cadena de las gordas, como cuánto cobrarías?

FRANCÉS
Prime time… cincuenta minutos…

CURRO
Por decir algo, sí…

FRANCÉS
Una cadena tipo TF1

CURRO
(En español)
Por tu padre, va…

FRANCÉS
Mmmm… unos 40.000 euros.

Diez segundos después, el francés sale corriendo a por el desfibrilador.

Y quince minutos después, de fondo y como con eco… mientras me inyectan la segunda dosis de adrenalina en el ventrículo derecho… escucho al Francés hablar por el móvil.

Ha vendido la serie a Arte, esa cadena pequeña que paga tan poco.

 

La escena anterior transcurrió el 8 de noviembre, en Bruselas. Acudí allí como delegado de ALMA a la Asamblea de la Federación de Guionistas, que reúne a los sindicatos de guionistas toda la Europa civilizada, esto es… la que produce ficción.

Entre reuniones, informes, cafés, comidas y copas, fui recogiendo datos que solté en Twitter en plan ametralladora. Por invitación de Chico Santamano, me he animado a poner por escrito algunas reflexiones personales sobre la información que recogí de primera mano.

1.- ¿Cuánto gana un guionista europeo?

Durante la celebración de la Asamblea, se presentó el estudio “Ingresos de los guionistas europeos en 2012”, resultado del análisis de un completo cuestionario respondida por más de setecientos guionistas de veinticinco países. Los resultados nos dicen que:

– Los ingresos medios del guionista europeo, después de impuestos, son 22.000 €.

– El 57% de los guionistas que respondieron el cuestionario ganaron menos de 30.000€ y solo el 7% ganaron más de 100.000€. También los hubo que ganaron 1.000 € o menos, como el caso de los guionistas griegos, que a falta de producción, sólo cuentan con los derechos de autor generados por las reposiciones.

– Más de la mitad de los guionistas encuestados, afirmaron que sus ingresos bajaron en 2012.

– La inmensa mayoría de los guionistas encuestados deben compaginar la escritura de guiones con otros trabajos.

– El ingreso medio por contrato de los 72 guionistas que afirmaron trabajar solo para cine, fue de 13.800 €. Firmaron de media 1, 5 contratos en 2012.

– Los 241 guionistas que solo perciben ingresos de la televisión, percibieron una media de 9.900 € por contrato, y firmaron una media de 3, 7 contratos en 2012.

El estudio, que no tiene desperdicio, estará disponible próximamente en formato pdf en la web de la FES.

¿En qué lugar estaríamos los guionistas españoles? Estaríamos- estadísticamente hablando- en el lugar intermedio tirando a bajo. Concretamente, estaríamos en el puesto diez de un total de dieciocho. No nos acercamos ni en sueños a lo que ganan nuestros colegas franceses, noruegos, suizos, alemanes o ingleses… pero tampoco estamos en la desesperada situación de búlgaros, griegos turcos, finlandeses o islandeses.

La cifra de ingresos medios se acercaría a los 23.000€, coincidiendo prácticamente con la cifra que han dado los sucesivos estudios sobre la profesión en nuestro país que ha elaborado SGAE en colaboración con ALMA y FAGA, que se puede descargar aquí.

Quisiera repetir una vez más que estas cifras son medias estadísticas. Por lo tanto , son números vacíos y muertos para los muchos compañeros y compañeras a los que la crisis ha vapuleado a placer, ensañándose con una profesión ya de por sí maltratada y desprotegida.

2.- Sí se pueden negociar mínimos

Como sabéis los compañeros guionistas y los que seguís este blog, las autoridades de la Competencia de nuestro país multaron a ALMA, dándonos un estacazo de 30.000€, que seguido al poco tiempo de otro aún mayor de 50.000€ al GAC, el sindicato de guionistas catalanes.

En nuestro país, todos los profesionales, los free-lances, los autónomos… todos los que no trabajamos con la cobertura de un contrato por cuenta ajena, nos vemos impedidos por ley a negociar unos mínimos por nuestro trabajo. Es así tanto para guionistas como para abogados o traductores.

Las autoridades de Competencia nos investigaron, como resultado de una denuncia amparada por el anonimato, intentando dilucidar si habíamos intentado negociar e imponer unos mínimos con los productores audiovisuales.

La más sencilla de las lógicas nos dice que negociar dichos mínimos no solo no debería ser un delito, sino un derecho. Si no puedes ampararte en la fuerza del colectivo para intentar mejorar tus condiciones laborales… ¿no incurres en la mayor de las indefensiones?

Finalmente, nos cayó la multa… y fue por haber publicado en nuestra web un listado de precios orientativos de guión. La razón de que hiciéramos esa lista es tan sencilla como lógica. La primera pregunta que nos hace cualquiera que empieza en este mundillo es… “¿Cuánto es razonable pedir por un guión?”.

Pues bien, mientras en nuestro país sucede esto, nuestros compañeros europeos, sin ningún tipo de problema legal, elaboran y defienden tablas y acuerdos marcos, con cifras de mínimos tan concretos, como éste de los ingleses con la BBC.

Puedo aseguraros que nuestros compañeros se llevan las manos a la cabeza al pensar en nuestra situación, y que estas multas han sido protestadas y esgrimidas ante las autoridades europeas como un ejemplo de lo que una legislación europea unificada debería abolir.

Pero mientras eso ocurre, los sueños de fijar un mínimo de precio por guión, se quedan en eso, en sueños ilegales y multados.

2.- Hay otra forma de vender los guiones

En España estamos acostumbrados a vender nuestros guiones por un tanto alzado, a cambio del cual, cedemos todos los derechos y usos que se pueda hacer de dicho guión.

Esto, que nos parece de lo más normal, es lo que nuestros compañeros europeos conocen como “buyout” , y no sólo les parece una barbaridad, sino que hace tiempo que muchos de ellos no firman contratos de ése tipo.

¿Un ejemplo? En una pausa para tomar café, pegué hebra con un guionista alemán y empezamos a hablar del tema de lo que se paga por guión. Como todo en el Estudio eran medias estadísticas, intentaba contrastar esos datos con ejemplos concretos de lo que se cobra en otros países.

El simpático compañero germano me comentó que el sistema en Alemania es el siguiente. Por un guión de televisión de noventa minutos, el guionista recibe 47.000 €. Yo ya estaba a punto de decir que la cifra estaba muy bien cuando él añadió que se entendía que ése era el precio por el primer pase.

Si la cadena hace un segundo pase del capítulo, el guionista vuelve a cobrar otro tanto. Si la serie se vende al extranjero, el guionista cobra. Si se edita en DVD, el guionista cobra.

Es decir, el guionista acompaña la vida y el desarrollo comercial de la serie que ha escrito. Y por supuesto, no estamos hablando de derechos de autor como los que gestionan aquí SGAE o DAMA. Estamos diciendo que la cadena, el fabricante de DVD, quien sea… paga al productor, y éste al guionista.

Se da el caso de que no todos los capítulos se pasan dos veces. Y también ocurre que el segundo pase se realiza en una cadena más pequeña del grupo, digamos una cadena por satélite, por lo que el pago por el segundo pase es menor. Sea como sea, algunos guionistas prefieren no estar pendientes de este proceso y ceden todos los derechos de golpe, es decir, venden en modalidad “buyout”.

En este caso, el importe puede ser de entre 60.000€ a 75.000€. Recordemos… por un guión de televisión del noventa minutos.

Esto mismo es lo que ocurre en Inglaterra. De camino al hotel en el que nos hospedábamos, un guionista inglés me dio un cursillo acelerado de negociación en la pérfida Albión.

Imaginemos que escribimos un guión de sesenta minutos para la BBC. De acuerdo a la tabla que hemos citado más arriba, cobraríamos un mínimo de 6000 libras… y subrayo lo de mínimo porque todo indica que de verdad lo es.

El compañero insistió que esa sería la base de cálculo y es lo que nos pagarían “simplemente por escribir el guión y que se emita el capítulo”. Es decir, lo normal aquí. Pero resulta que de nuevo, la repetición, implicaría un pago del 100% de la base… y a partir de ahí, por contrato y con mínimos garantizados, cobraríamos por cada uso que se dé a nuestro guión convertido en una obra audiovisual. Desde la venta al extranjero, el pay-per-view, el DVD…

…y por supuesto, por el portal de Internet de BBC, llamado BBC iPlayer.

3.- ¿Parientes pobres o competencia desleal?

Para entender estas cifras, es necesario poner el precio del guión en su contexto, que no es otro que el coste de producción.

Por lo que puedo deducir de las conversaciones con los compañeros, en Europa es muy difícil que el precio de un capítulo de prime-time baje del millón y medio de euros. Son cálculos de guionista con un café en la mano, no una hoja Excel con membrete de una productora… pero coincide en al menos tres países.

En España, en época de bonanza, las series más caras han podido alcanzar los ochocientos mil euros. Hoy en día, yo diría que las series que estén por encima de los cuatrocientos mil euros por capítulo, son excepciones. Eso para series nuevas. En cuanto a las series que arrancaron antes de la crisis, han sufrido un serio recorte, o directamente, no han sido renovadas.

El caso es que en nuestro país, estamos dando una calidad por unos precios que en el resto de Europa les parecen imposibles. Literalmente, alucinan al saber con cuánto dinero está hecho lo que ven en pantalla.

Dejémonos de complejos, somos capaces de dar mucha calidad por un precio más que competitivo, y para colmo, arrasamos en nuestro propio mercado, desplazando de las parrillas a las producciones USA.

Esto nos convierte en un buen partner a la hora de co-producir, lo cual parece una buena noticia para la producción local.

En estos momentos se está grabando una serie juvenil aquí, que será emitida en media Europa. Se graba en inglés… con actores y guiones en inglés y con medios y precios españoles. Nuestras series se venden bien en Europa, y algunas productoras de fuera empiezan a co-producir con nosotros.

¿Podría llegar nuestro país a ver una nueva era Bronston del audiovisual?

No lo sé. Pero si así fuera… ¿no estaríamos haciéndole la competencia desleal a nuestros colegas? De poco les serviría a ellos haber logrado convenios y precios mínimos si al final la producción termina en manos de alguien que cobra la mitad ¿Qué podemos hacer al respecto? Se me ocurre, que como poco, intentar subir el precio de los guiones aquí.

La parte contratante de la primera parte

La lucha corporativa, o sindical, es una carrera de fondo. Su principal obstáculo no suele ser los que se sientan al otro lado de la mesa a negociar con nosotros.

El principal obstáculo para el avance de los logros colectivos de los guionistas en España, somos los propios guionistas. Descreídos y cortoplacistas, los guionistas tenemos una vocación de francotiradores que nos impide asociarnos si no vemos un resultado inmediato, un “qué hay de lo mío” tan claro que justifique el pago de la cuota mensual. Y así nos va.

El sindicato ALMA comparte alquiler de oficinas con la Unión de Actores o Tace. El sindicato noruego tiene un piso en Barcelona para que sus miembros puedan ir allí a escribir.

ALMA acude a cuantas ayudas públicas hay para poder ofertar algo de formación a sus socios, organiza cursos, co-organiza un Master con la Universidad Carlos III. El sindicato francés dispone a partir de este año de un millón y medio de euros para que sus socios hagan cursos de todo tipo.

ALMA tiene en estos momentos 239 miembros. El sindicato inglés tiene los mismos miembros que el año en el que estamos… 2013.

ALMA está presente en muchos Festivales, dando premios o siendo parte del jurado. Incluso conseguimos entregar un premio propio en algún festival. El sindicato francés alquila un bar en Cannes, durante todo el festival, para que sus socios tengan un punto de encuentro y un sitio al que llevan a sus contactos y potenciales clientes, un lugar en el que, para variar, el que se tira el pisto de invitar a copas, es el guionista ¡En Cannes y durante el Festival!

Pero eso sí… la cuota del sindicato francés consiste en un 1% de los ingresos netos del guionista (incluyendo contratos y derechos de autor) con un mínimo anual de 200€ y un máximo de 1.500€.

Las cosas no ocurren por casualidad, ni de hoy para mañana. Escribimos para una industria que con recursos muchísimo inferiores a los de competidores foráneos, consigue unos resultados excelentes. Somos líderes en nuestro mercado, competitivos, exportables, rentables…

En buena lógica, si en lugar de considerarnos como “algo para pasar el rato” se nos viera con el respeto con la que se nos ve en el resto de Europa, la producción audiovisual sería uno de los motores para salir de la crisis.

Pero esto solo es posible si se cuida el eslabón más crítico de la cadena, la generación de contenidos, con una mejor remuneración, por supuesto, y con un sistema de pago progresivo con el éxito de las obras en las que participemos. Y eso no va a pasar nadie va a hacerlo a menos que nosotros mismos, los guionistas, lo exijamos y lo consigamos.

Pensar que no hay nada que hacer, es lo mismo que no hacer nada. Pero no hacer nada ya es hacer algo… es consentir con que otros lo hagan en tu lugar.


GUIONISTAS TRAS LA CÁMARA: RODANDO “ONIRIC” (y II)

9 enero, 2012

por Curro Royo.

(Este post continúa el publicado el pasado jueves, 29 de Enero.)

En el primer post analicé las razones por las que pasé del teclado a la cámara, así como los condicionantes con los que llegué a la dirección. En este post me gustaría analizar cómo el guión se transforma en el proceso de producción y rodaje, así como responder a las preguntas que surgieron el los comments al post anterior.

Del guión al rodaje

Los guionistas somos los primeros en llegar a los proyectos… y también los primeros en salir. Una vez que hemos entregado la última versión, sabemos que sólo nos queda cruzarnos de brazos hasta el estreno, y cruzar los dedos para que asistir al mismo haya merecido la pena. A veces, si te llevas bien con el director, haces una visita al rodaje, como ya nos explicaba hace poco Carlos López.  También es muy posible que te inviten a la proyección de la copia estándar en el laboratorio. Y ya definitivamente, la ves en el estreno. Entre la entrega de la última versión y el estreno pueden pasar tranquilamente de doce a dieciocho meses. De la última versión a lo que ves en pantalla han podido pasar de doce a dieciocho mil desastres.

A veces, también es verdad, lo que ves en pantalla te gusta y sorprende.  Lo reconoces, lo disfrutas, y al mismo tiempo ves que hay cambios que han mejorado la historia. Eso sí, nadie te dice cómo, cuándo y por qué se hicieron esos cambios.

Y es que lo que ocurre entre esos dos momentos, entrega y estreno, sea para bien o para mal, la auténtica historia de cómo se ha hecho la película, es un misterio. No es un secreto, ya que todo el equipo menos tú parece saberlo. Es un misterio del que tú, estás excluido.

Y queridos colegas, es una lástima que sea así, una lástima para todos, pero sobre todo para el resultado final, para la propia película.

Admitámoslo, el guión se sigue escribiendo a lo largo de toda la película, pero sin el guionista. Y contrariamente a lo que pensamos no es una traición, es un proceso lógico. La reescritura, quiero decir, no la ausencia del guionista.

El rey está desnudo

Cuando el director tiene el guión en la mano, no está sólo. Está rodeado de un equipo en el que cada cuál es un experto en su propio campo. Todos tienen dudas, preguntas, pero más importante aún… todos tienen sugerencias para mejorar el resultado final.

Dudas. Conviene estar atento a las dudas, y muy especialmente, a aquellas en las que coincidan varios miembros del equipo. La historia puede tener todavía incoherencias, fallos de continuidad, contradicciones… y recordemos que lo que en el guión habla, en la pantalla grita.

Preguntas, las habrá a miles. Cada miembro del equipo quiere hacer lo mejor posible su trabajo, pero buscando siempre ajustarse al criterio o el gusto del director. El trabajo del equipo es dar al director opciones, y el del director, elegir. Las preguntas se acumulan a tal velocidad que empiezas tirando de tus ideas, sigues con tu intuición, y finalmente llegas a un punto muy interesante… el reconocimiento de tu propia ignorancia. Cuando llegas a ese punto haces la pregunta más inteligente que puedes hacer dirigiendo: “¿Tú cómo lo ves?”

Sugerencias. Las ideas y aportaciones de tu equipo, valen su peso en oro. Por alguna razón que todavía no entiendo, nos han vendido que un director novel es un genio que sabe de todo, controla de todo, y tiene una seguridad apabullante. Según esta teoría, dudar es mostrar un flanco débil, bajar la guardia, exponerte al ridículo. Dirigir es mandar- te dicen- aunque mandes mal.

Sin embargo, para el equipo, eres transparente. Cuanto más inseguro e inexperto, más se te nota. Cuanto más te encastillas en tu ego, más ridículo eres. El rey está desnudo, y la única forma de empezar a vestirlo es admitir honestamente que sabes lo que quieres contar -es tu condición básica como narrador- e intuyes cómo podría ser… pero necesitas desesperadamente que cada miembro del equipo ponga lo mejor de sí para suplir todas tus carencias.

Bonita idea… me la quedo

Estamos en la escena nueve de una primerísima versión del guión. Es un sueño de Karen, nuestra protagonista. En él, Karen entra en la habitación que preparó para su bebé, un espacio mágico y plácido.

El texto dice:

11. INT. CUARTO BEBÉ – DÍA

KAREN entra en una habitación, la habitación de un bebé, prístina, inmaculada como si ningún bebé la hubiera ocupado todavía.

KAREN entra. Mira alrededor, cada rincón y detalle, con alegría, como si reconociera esa habitación.

Meses después de escribir esto, empiezo a desglosar el guión plano por plano con el director de foto, Ismael Issa. Enseguida nos damos cuenta de que este momento es clave. Nos estrujamos el cerebro para intentar hacer algo especial, mágico, que dé el tono de lo que es el mundo onírico de Karen.

Llego a esta propuesta, la última que escribo:

11. INT. CUARTO BEBÉ – DÍA

(Secuencia onírica)

KAREN entra la habitación de un bebé. Al fondo hay una cuna. Karen se dirige hacia ella. La paredes de la habitación están decoradas con imágenes de planetas, naves espaciales. Sobre la cuna hay un móvil de planetas.

Karen avanza hacia la cuna, y al hacerlo, las paredes de la habitación se expanden, y el techo se comba formando una inmensa cúpula. La decoración de las paredes llena la cúpula, y los dibujos se transforman en estrellas y constelaciones.

A Isma le gusta la propuesta, y decidimos que lo vemos como un plano fijo, contrapicado. La actriz entra por el lado derecho de cuadro y avanza hacia la cuna, que está al fondo. Mientras la actriz avanza, de espaldas a cámara, la habitación se está transformando en una cúpula, en el universo. Es un sitio que emana paz, el refugio de nuestra protagonista que le proporciona un descanso reparador. En el storyboard, la idea quedó plasmada así:

Evidentemente, el plano tenía que hacerse con efectos especiales, rodándolo sobre fondo chroma. Nuestro FX-Man, Gonzalo Caulonga nos dice que está seguro de que, si le damos tiempo,  puede hacer algo que quede muy bien. Pero necesita más concreción en lo que queremos de él. Exactamente… ¿cómo es el plano?

La directora de arte, Cristina Mampaso, dice que a ella, la escena le recuerda a una de esas lámparas de noche que proyectan sombras en la pared… mmm… una fuente de luz que gira y proyecta la forma de los planetas en las paredes del cuarto.

Alguien -prometo que no recuerdo quién- dice que tenemos una fuente de luz… el Sol del móvil de planetas diseñado por nuestra ayudante de decoración, Elisa Correa.

¿Y si el Sol se incendiara y proyectara con su luz a los otros planetas sobre las paredes del cuarto?

Diseño: Elisa Correa

Diseño: Elisa Correa

Finalmente llegamos a la siguiente planificación:

1.- General contrapicado de Karen avanzando en el cuarto, que por ahora es un cuarto de bebé minimalista con predominio de blancos.

2.- Detalle del móvil de los planetas girando, hasta que nos quedamos con el Sol, que se torna incandescente y con su luz… transforma el cuarto.

3.- General contrapicado de nuevo, vemos el cuarto plenamente transformado en el universo.

Gonzalo nos ha hecho una prueba de éste último momento, que no es ni de lejos definitiva, para abrir boca y que nos vayamos haciendo una idea de cómo podría quedar.

Vídeo disponible en http://www.oniric-the-movie.com, pestaña MAD/NYC

Así pues, el guión siguió escribiéndose, hasta el rodaje. Y seguirá, ya que estamos en la fase de montaje con Ángel Hernández Zoido, la reescritura final.

En todo este largo proceso el guionista estuvo presente porque también era el director. Pero mi pregunta, mi gran pregunta es: ¿Si no hubieran sido la misma persona, no podría haber estado también presente? Quiero decir, ¿los guionistas no estamos en ese proceso porque nuestro trabajo ha terminado, o porque tradicionalmente se nos excluye del mismo? Si se nos dejara estar en este proceso ¿no seguiríamos contribuyendo igual que lo hacemos hasta llegar a él? Y para ser justos, ¿sabríamos todos estar en nuestro sitio y estar por la película del director en lugar de intentar salvaguardar nuestra última versión de guión a toda costa?

¿Mi respuesta?

Los guionistas estaríamos encantados de seguir acompañando el proceso, de no vernos apeados tan pronto de la película. Y seríamos francamente útiles. Pero para ello, y sé que muchos no estaréis de acuerdo conmigo, deberíamos aprender a ocupar el mismo sitio que ocupan los otros miembros del equipo: alrededor del director, ofreciendo alternativas y dejándole ejecutar su papel, es decir, dejándole dirigir.

Nuestros guiones no están escritos en piedra. Están escritos en papel con la voluntad de transformarse en imágenes, luz y sonido. En el camino hay tantas contingencias, imprevistos, condicionantes… que nosotros mismos cambiaríamos veinte veces el guión para buscar la mejor solución sobre la marcha. Si nos dejaran.

Gestión de tiempos y planificación

A petición de Panov, una breve nota sobre el tema, que podemos ir ampliando en comments. Todo en un corto responde a un simple binomio: tiempo y dinero. A falta de uno, tiene que haber mucho del otro. Los primeros mails que cruzamos sobre Oniric datan de un año antes de ponernos a rodar.

En los cortometrajes la gente te da su tiempo, es decir, dinero que no les puedes pagar. Te dan mucho, mucho tiempo. Debes apreciarlo, buscar la forma de que todo el mundo que está involucrado vea su trabajo y su nombre reflejado en el resultado final. Nunca se dice suficientes veces: “Gracias”.

De nuevo, la cosa está en confiar en el equipo. En mi caso, los productores Cecilio Chaves y Javier Ercilla por un lado, y mis ayudantes Aitor Basterretxea y Txemi Alonso por otra, a los que conocí gracias a Sergio Barrejón. Que no te cuenten ni la décima parte de las gestiones que hacen no significa que no las estén haciendo. Insisto, ser director no es controlarlo todo. Tu ansiedad no acelera las cosas, las hace más difíciles.

Y paciencia. Mucha paciencia. El rodaje se retrasa al menos un par de veces. No pasa nada. La localización perfecta es muy cara, o no dan permisos. Tu equipo ya tenía otra prevista. Tu protagonista empieza una película cuando ya estaba confirmado el rodaje ¿Y qué le vas a hacer? Es lógico que la haga… ya colaboraréis en otro proyecto.

Cuando llegues al rodaje, por extraño que parezca, el objetivo no es sufrir, gritar y estar tenso como si estuvieras al mando de una galera… sino todo lo contrario. Ya que todo el mundo ha hecho todo lo que podía hacer y más, solo queda disfrutar de la experiencia.

El trabajo con el actor

Mucho me temo que me estoy alargando y este es un tema que merece un post propio, pero a petición de Elena Cobos, intentaré dar un apunte.

Dirigir actores es en sí mismo un arte, como lo es actuar. Requiere años y un entrenamiento constante. Yo he dado mis primeros pasos, como en tantas cosas de este oficio. Como todos los primeros pasos, es emocionante ver que te tienes en pie. Pero el objetivo no es poner un pie delante del otro mientras te agarras a lo primero que tienes a mano, sino andar… y llegar a correr.

Tres consejos.

El primero, es dosificar la cantidad de información que se le da al actor. Los guionistas tenemos toda la información de la historia, toda ella en la cabeza, con sus detalles  y matices. El actor sólo necesita la información que pueda ayudarle a construir su personaje. Y además, en los ensayos, es preferible que el actor vaya descubriendo esa información paso a paso, de manera que llegue por sí mismo a las deducciones a las que llegaría su personaje. Debemos ayudarle a que transforme nuestra información en los pensamientos de su personaje.

El segundo consejo, cómo no, es buscar ayuda. En mi caso, conté con Inés Piñole, actriz y coach. Fue un lujo tenerla en el casting, los ensayos y el rodaje. Si puedes, búscate a alguien de confianza que pueda darte un feedback sobre cómo avanza el trabajo. Y a poder ser, en esto como en todo, busca alguien que sepa más que tú.

El tercer consejo, el más importante, es hacer un buen casting. Carla Sánchez, Rita Rodríguez, Priscilla Delgado, Aníbal Tártalo, Frank Feys y la propia Inés Piñole, son el elenco perfecto. Enamórate de tus actores, averigua cómo trabaja cada uno de ellos y busca la mejor forma posible de ayudarles a que saquen lo mejor de ellos.

Finalmente

No creo en el cliché del guionista resentido y amargado, que piensa que nadie ha conseguido hacer justicia a sus guiones. Mi trabajo termina cuando entrego el guión. Ahí empieza el trabajo de todo un equipo que, al igual que yo, acierta o se equivoca. Me encantaría seguir siendo parte de ese equipo hasta el final, pero por lo general, no puede ser.

Me niego a pasarme la vida pensando que si yo hubiera dirigido mis guiones, el resultado sería mejor. No quiero pensarlo, quiero intentarlo. Lo peor que puede ocurrir, es que me equivoque. Pero como dijo alguien, el que nunca se equivoca, es que nunca ha hecho nada.

(Podéis visitar la página oficial del corto y también su página en Facebook.)


GUIONISTAS TRAS LA CÁMARA: RODANDO “ONIRIC”

29 diciembre, 2011

por Curro Royo.

Alguien dijo que los guionistas dirigen en defensa propia. Es verdad. Después de años de escribir historias para otros, uno llega a la conclusión de que hay ciertas historias que nunca dejará que caigan en manos ajenas. La única alternativa posible, es intentarlo uno mismo.

Algunos guionistas dan el paso, otros no. Las razones para no dirigir nunca nada propio pueden ser el respeto, la falta de confianza en uno mismo, o simplemente la enorme pereza que te entra ya solo de pensar en levantar un proyecto, conseguir un equipo y un casting idóneos, localizar, ensayar, rodar, posproducir, estrenar y promocionar… y todo con el riesgo de, simple y llanamente, cargarte tu propia historia, es decir… de cagarla.

Finalmente, y tras un largo proceso que intentaré analizar en este post y en otro posterior, me decidí a dirigir Oniric, una historia rodada en inglés, en Madrid, pero ambientada en Nueva York, que explora la frontera entre el mundo real y el de los sueños.

La sinopsis sería tal que:

Después de sufrir una traumática separación y la pérdida de su bebé, Karen decide mudarse a Brooklyn y reconstruir su vida. Tras unos días en la nueva casa, comienza a sentirse cada vez más y más débil: siente mareos, oye ruidos extraños y su agotamiento es extremo. Por muchas horas que duerma, se despierta como si hubiera pasado la noche en blanco. La clave de lo que le sucede, está en sus sueños. Cada noche sueña con una niña, siempre la misma. Karen no la conoce de nada, pero ve con impotencia cómo la pequeña cada vez ocupa más protagonismo, como si noche tras noche estuviera, literalmente, adueñándose de sus sueños.

Cómo acabé dirigiendo

Yo creo hay tres vías principales por las que la gente llega a la dirección, marcadas por los tres pilares que sustentan una película: la técnica, los actores y la historia.

Primeramente están los realizadores. Son gente con formación técnica, que entienden de objetivos, encuadres, movimientos de cámara, iluminación, etc. Los realizadores suelen hacer películas con una buena o muy buena factura, con ritmo y momentos visualmente potentes. El peligro… y sé de lo que hablo pues he trabajado para algunos, es que a veces el realizador puro se enamora de sus propias imágenes, de “momentos”, casi visiones…  y fuerza la historia para poder meter esos momentos, vengan o no a cuento. Incluso los hay que articulan la historia entera en base a esas tres o cuatro visiones que les han arrebatado. Resumiendo, no tienen una visión de conjunto de la historia.

Además, los realizadores puros suelen desconocer, recelar o ignorar la técnica y la sensibilidad de los actores, que se sienten abandonados en medio del plató y terminan dirigiéndose unos a otros, ya que las únicas indicaciones del director son, como han llegado a confesarme,  “Más alto” o “Más lento”.

La segunda vía de acceso a la dirección suele ser la interpretación. Actores y actrices que se ponen detrás de la cámara. Tienen a su favor, teóricamente, un conocimiento privilegiado del mundo del actor, de su forma de preparar los personajes, de encarar las escenas, de sacar lo mejor de la interacción entre los miembros del elenco. La única vez que estuve a punto de escribir un guión para que lo dirigiera una actriz, bastante consagrada por cierto, tuve la sensación de estar en manos de alguien bastante inseguro y neurasténico, con escasa preparación técnica y mucha intuición, mucho sentido del arco dramático del personaje, pero de nuevo una enorme carencia de visión del conjunto, del entramado de la historia, de la estructura.

Por último, estamos los guionistas. Empecemos por decir que somos señores y señoras que escribimos, y además lo hacemos en nuestra casa. No puede haber nada más alejado de escribir que estar en medio de un plató respondiendo todo tipo de preguntas, desde el color de un vestido a la ondulación de un peinado, pasando por el tamaño de un plano o si la mirada del personaje tiene raccord con algo ya grabado.

Rodaje en exteriores de "Oniric"

En cuanto al apartado técnico, el territorio del realizador, he decir que los guionistas sabemos de planos y narrativa audiovisual mucho más de lo que nosotros mismos nos imaginamos. De entrada, somos los primeros en ver la película… en nuestra cabeza. El noventa por ciento de nuestro esfuerzo consiste en transcribir en el papel una historia que ya podemos ver y sentir. Al contrario que otros profesionales, somos capaces de ver el conjunto y el detalle, somos los únicos que tenemos toda la película en la cabeza, a excepción tal vez del montador, que no deja de ser alguien que reescribe la última versión del guión con lo ya rodado.

Sin embargo, el que sepamos qué queremos contar, no significa que sepamos cómo contarlo… o incluso peor aún, que lo que queremos contar sea técnica o económicamente viable.

En cuanto a los actores, los guionistas no solemos tener trato con los intérpretes de nuestras series o películas. Acudimos al plató a una lectura de guión, o de visita. Estamos deseando conocer y tratar a los que encarnan nuestros personajes. Aunque lo disimulemos, no somos totalmente inmunes al glamour, al encanto del estrellato. La mayoría, simplemente, nos sentimos cortados ante las estrellas. Si eres actor y lees esto, créeme, cuesta muy poco acercarte a un guionista y decirle simplemente que te gusta su trabajo. Cuesta lo mismo que lanzarle una sardina a un león marino de Faunia, y el efecto es el mismo… aplaudirá hasta con las orejas. Actor, actriz… la próxima vez que veas un guionista suelto, salúdalo, alégrale el día.

Trabajando con actrices

Volviendo al tema, yo diría que los guionistas no tenemos la pericia técnica de los realizadores, ni un lenguaje común con los actores. Muchas películas hechas por guionistas noveles, parecen pobres visualmente, y carecen de interpretaciones potentes, o contienen trabajos actorales desenfocados, en los que el actor ha campado por sus anchas y ha ido a su bola de acuerdo a su idea del personaje.

Y es que, admitámoslo, la dirección es un arte multidisciplinar, que requiere del director o directora conocimientos, habilidades y sensibilidades que superan lo que uno haya vivido o aprendido cuando comienza a dirigir.

Ante las carencias propias, sólo cabe formarse, aprender con la práctica, equivocarse, y sobre todo, ser lo suficientemente humilde como para admitir lo que uno sabe y empezar a beneficiarse del conocimiento y la pericia del gran protagonista del cine: tu equipo.

Una buena idea es hacer tus pinitos en un ambiente protegido. Es lo que yo hice durante mi estancia en Carlisle, Inglaterra. Después de mi primer año allí, me apunté a un Master en Producción de Cine Digital en la Universidad de Cumbria. La cosa iba de que los alumnos dirigiéramos nuestros propios cortos. Allí dirigí Randomness, cuatro minutos que me enseñaron un montón y que sirvieron, como digo, para coger confianza.

El curso era más práctico que teórico, por lo que apenas pude rellenar mis lagunas, más bien mares, de conocimientos técnicos. Soy plenamente consciente de mis limitaciones en este campo. Lo era antes de dirigir, pero ya después de haber dirigido el corto, lo tengo claro como el agua.

Si eres de los míos, compañero guionista, estás de suerte, porque eso se puede compensar con un excelente director de fotografía.

Yo jamás sabré ni la cuarta parte de lo que sabe de encuadres, objetivos y movimientos de cámara mi director de foto, Ismael Issa. Consciente de ello, planifiqué el corto, plano a plano, con él. Desde cero. Fue un proceso apasionante y muy creativo. Era una especie de tenis de mesa de “No sé cómo hacerlo, pero yo lo veo así” respondido con un “¿Y si…?”. No se diferenció mucho de una buena reunión de guión, ya que al igual que me ocurre muchas veces con colegas, al final, da igual a quién se le haya ocurrido la idea mientras sea buena.

Los beneficios diferidos de estas maratones de planificación fueron inmensos. Sobre todo en términos de complicidad. He oído muchas veces de historias de pulsos entre directores y su directores de foto, de cómo cada uno quiere hacer su película. Si eres un guionista metido a director, creo que llevas las de perder si te pones a echar pulsos. Yo que tú, invertiría toda esa energía en intentar trasmitirle a tu director de foto la idea que tienes de la película y dejarte sorprender por lo que pueda proponerte.

En cuanto a la dirección de actores, he pasado muchas horas formándome como actor. Mi objetivo no era ni es actuar, sino dirigir.

Mi amor por los actores empezó con un mítico curso dirigido por Mariano Barroso, organizado por la Unión de Actores y ALMA. Aquel curso nos marcó a muchos. Allí descubrí por primera vez que los actores, los de verdad, los buenos, los que aman su oficio… son unos currantes de primera. Los que merecen llamarse actores y actrices con todas las letras pueden echarle todas las horas que hagan falta, realizando un trabajo riguroso y poniendo al descubierto las virtudes y los defectos del texto, que respetan y miman… si está bien escrito.

Después seguí con los cursos de Fernando Piernas. Comenzamos un grupo de guionistas y directores, pero luego nos integramos en los cursos de actores propiamente dichos, haciendo los mismos ejercicios que ellos. Improvisaciones, trabajos con texto, escenas… el lote completo.

Recomiendo vivamente a todo guionista que atraviese la experiencia del actor. No hay nada más formativo… ni más divertido. Todo mi empeño al estudiar con Fernando Piernas era poder adquirir un lenguaje común con el actor, con el objetivo de poder ayudarle, de poder nombrar de forma precisa aspectos técnicos concretos.

El buen actor/actriz intuye por dónde ir, pero necesita alguien que le ayude a escoger entre las posibilidades que se le presentan a cada momento. Todas son válidas, pero no todas colaboran a contar lo que debe ser contado en ése momento. El buen actor sólo necesita eso, una mirada externa que le ayude a elegir y le dé confianza.

Creo que de las tres columnas de las que hablaba antes, la técnica, la dirección de actores y la historia, la primera es la que más fácilmente puede subsanarse. Todo consiste en dejarte el ego en casa y dejar que ese espacio lo ocupe alguien mucho más capacitado que tú en quien puedas confiar. Con el tiempo y la práctica aprendes, espero, y ganas seguridad y perfilas tu propio criterio.

Lo que se refiere a la historia, es nuestro fuerte. Sea buena o mala, eso ya es otra cuestión, conocemos bien la historia que estamos contando, en su conjunto y en su detalle.

Y es en la dirección de actores donde yo diría que el director está más solo o menos protegido, y por tanto el aspecto que requiere un sobreesfuerzo de formación o experimentación. Para cada tarea del rodaje, cuentas en el equipo con un experto, con alguien que sabe mucho más que tú de luz, maquillaje… de lo que sea. Pero el actor, es cosa del director y sólo de él (o ella, se entiende).

En fin, espero todos los comentarios, críticas, adhesiones…. que iré leyendo mientras escribo el siguiente post, con un análisis pormenorizado del paso del guión al rodaje pasando por storyboard.

Mientras tanto, os invito a que visiteis la página oficial del corto y también su página en Facebook.


FLASHBACK – CONSULTORIO 2×1: SALTOS TEMPORALES + COLOCAR GUIONES

19 noviembre, 2011

por Pianista en un Burdel.

Me llamo J. L. Hace varios años que escribí un guión de un largo en un Máster de guión que hice, pero nunca lo he presentado para ayudas ni concursos. Este año va a ser la primera vez.

Gracias a su blog me han resuelto muchas dudas sobre el tratamiento, el tratamiento secuenciado, etc. pero aún sigo teniendo una al respecto. Mi guión tiene muchos saltos temporales, no sigue una linea cronológica, y no sé si esto debe ser así también en el tratamiento.

He leído, y recuerdo del máster, que debe ser lineal en función a la historia que se cuente en el futuro guión, pero me gustaría asegurarme, ya que uno de los atractivos de este guión es la estructura que tiene.

Vamos a ver. Creo que estamos mezclando dos conceptos: el tratamiento y el tratamiento secuenciado. Sé que esto de las denominaciones es un coñazo, y que además luego cada productor entiende lo que le da la gana por tratamiento, sinopsis, argumento, tratamiento secuenciado, escaleta, sinopsis larga, preproyecto, biblia y la madre del cordero.

Así que voy lo que sigue es sólo una opinión personal basada en mi experiencia, y como tal debe ser valorada. Tal y como yo lo veo, existen dos tipos de tratamientos: el tratamiento “literario” y el tratamiento “secuenciado”.

En un post de febrero pasado ya hablamos profusamente del tratamiento secuenciado, y antes de eso David Muñoz también escribió sobre tratamientos “literarios”, así que no vamos a entrar en demasiados detalles. Pero creo que la respuesta a tu pregunta pasa por diferenciar el objetivo que persigue cada formato.

  • El tratamiento “literario” es un relato en prosa que cuenta la historia de manera literaria, no cinematográfica, y que pretende enganchar a un lector no necesariamente instruido en técnica narrativa audiovisual (léase un productor o ejecutivo).
  • Por el contrario, el tratamiento secuenciado es un esquema o esqueleto de lo que será un guión. Y por ello debe acercarse mucho más a la técnica cinematográfica: está contado en presente de indicativo y está estructurado en secuencias, con sus respectivos encabezamientos. Y lo más importante para tu pregunta, respeta escrupulosamente el orden cronológico que seguirá el futuro guión.

De manera que, para saber si debes respetar dicho orden cronológico, debes preguntarte qué clase de tratamiento quieres escribir.

Si es un tratamiento secuenciado para el ICAA, o para un productor que ya conoce la historia y quiere ver qué tipo de guión piensas escribir, entonces debes reflejar esa estructura temporal de la manera más fiel al guión. Puede que sea un documento árido, pero será de gran utilidad para dimensionar el guión en términos de producción y valorar sus posibilidades cinematográficas.

Si lo que estás buscando es redactar un documento atractivo de leer, que pueda interesar a alguien totalmente ajeno, entonces puedes recurrir a técnicas más literarias, sin preocuparte de que cada flashback sea detallado en el momento en que ocurre, sin constreñirte a contar lo que la cámara puede filmar. Tu objetivo es escribir un documento ameno, que presente a tus personajes de manera interesante y que venda tu historia bien.

Tú decides.

La siguiente consulta la envía E.R. y dice así:

Os lo habrán preguntado mil veces y probablemente habréis respondido sin cansaros 999, ¿cómo coloco a una productora el guión que he escrito? Sé que no recomendáis enviar los guiones por correo, pero no se me ocurre otra manera de asomar la cabeza en el mundillo. He terminado una historia de terror gótico y decimonónico, quizá podríais recomendarme alguna productora a la que pudiera enviárselo.

Como lector: Alguno de vosotros mencionó algo de prepararse una presentación por si un productor decide atenderte. ¿Podría alguno escribir un post sobre el tema, dar algunos consejos o  rememorar algunas experiencias?
La primera pregunta, efectivamente, la hemos respondido unas cuantas veces. Y no, no recomiendo en absoluto ponerse a enviar indiscriminadamente copias no solicitadas de tu guión.
Por varias razones, y perdona si no sueno muy alentador: en primer lugar, porque la mayor parte de los primeros guiones son una mierda pinchada en un palo. No he leído el tuyo, así que no puedo opinar. Y por otro lado, “Tesis” era un primer guión y no era una mierda pinchada en un palo, así que probablemente me equivoque. Pero también es cierto que he leído unos cuantos primeros guiones y la inmensa mayoría no valían ni para limpiarse el culo con él. Y aunque valiesen… daría igual. Porque la gran mayoría de las productoras no se leen los guiones no solicitados.
Si alguien está esperando que le dé el consejo mágico para colocar guiones, que no siga leyendo. Porque si lo hay, yo no lo conozco. Y de hecho, pienso -llámenme pesimista- que no existe una fórmula mágica para vender guiones. Igual que no la hay para triunfar en… yo qué sé, el mundo de la moda, o de la hostelería. Aunque algo me dice que, de existir una fórmula, estaría basada en una mezcla de perseverancia, autocrítica, talento… y suerte.
Por ser un poco positivo, te diré que, a bote pronto, supongo que Filmax sería la productora ideal para un guión de terror gótico/decimonónico. Y he oído muchas veces que en Filmax sí se leen los guiones que les llegan por el conducto oficial, y que suelen contestar a los tres meses más o menos. Pero también he oído que siempre contestan algo del tipo “no, gracias”. De hecho, quitando ejemplos anecdóticos como “Tuno Negro” o “Más de 1.000 cámaras…”, no conozco ninguna película que se haya rodado a partir de un guión enviado en plan francotirador.
De manera que supongo que la perspectiva más realista que puedes esperar de esta vía es llamar la atención de un productor sobre tu estilo como guionista. Así, quizá, algún día obtengas algún encargo para reescribir un guión, o desarrollar una idea… Y de ahí en adelante, sky is the limit. Pero ojo, eso también puede ser un arma de doble filo: porque si has escrito un guión rematadamente malo -lo cual es más probable cuanto más lejos estés de las 1.000 primeras páginas-, eso es lo que se recordará de ti durante un tiempo.
Sé que no te doy alternativas molonas al envío indiscriminado de copias. Pero la falta de alternativas molonas no convierte en buena a una mala idea, ¿verdad?
Más información sobre la eterna pregunta de cómo poner el pie en la puerta la encontrarás en este post de Curro Royo, en éste de Chico Santamano (continuación aquí) y en éste de un servidor.
En cuanto a la segunda parte de la pregunta, tienes razón: la cosa del pitching da para un post. Pero en resumen, es una cuestión de sentido común. Piensa fríamente en su guión e imagina esta situación: coincides con Steven Spielberg en un ascensor… y de pronto se va la luz. El ascensor se queda parado. Estáis los dos solos. Por romper el hielo, Spielberg te pregunta a qué te dedicas. Y cuando le dices que eres guionista, Spielberg arquea una ceja y te pregunta “¿y tienes alguna historia que me pueda interesar?”.
Estas cosas no pasan, por supuesto. Y si ocurriesen, lo más probable es que Spielberg se pusiera a trastear con su Blackberry antes que dirigirte la palabra. Pero qué putada si ocurre y no tienes una respuesta preparada, ¿eh? Pues ése es el ejercicio: ¿qué le dirías a Spielberg si te pregunta algo así? Sacar el guión de la mochila y endosárselo sería una grosería, como si una chica te pregunta cómo te llamas y tú le enseñas la polla. Tienes que captar su interés. Y ojo: si un tío tan importante como Steven Spielberg se queda encerrado en un ascensor, es más que probable que antes de cinco minutos haya un ejército dedicado a sacarlo de allí. Así que tendrás que preparar una respuesta breve.
Más información a cargo de gente mucho mejor informada que yo, en este post de mi antiguo blog: Los Diez Mandamientos del Pitching.
Podéis enviar vuestras consultas a bloguionistas@gmail.com.
(Publicado originalmente en Bloguionistas el 10 de junio de 2010)

FLASHBACK: ESA MALDITA ESTANTERÍA

4 septiembre, 2011

Por Curro Royo.

Hace unos días surgió el tema en el blog acerca de si se deben enviar o no guiones a productoras. Mi respuesta es un categórico… NO.

Está bien, por aquello de no ser dogmático, la matizaré: “No, salvo que me demostréis lo contrario”.

Como todo el mundo en este negocio, yo he enviado guiones a algunas productoras. Lo hice sobre todo al principio. Estaba tan convencido de la calidad de mi guión, que me imaginaba un hipotético lector recibiéndolo, leyéndolo, y pasándoselo a su jefe diciendo: “Esto es lo que estábamos buscando”. Tampoco es que enviara guiones como quien reparte cartas jugando al mus. Intentaba seleccionar las productoras, averiguar al menos un nombre de alguien que trabajara dentro, y acompañaba el envío con una carta de presentación en la que intentaba vender el guión.  Al menos uno o dos de los guiones que envié, habían recibido subvenciones del ICAA, destacando entre otros seiscientos proyectos que optaban a las ayudas, lo cual, en mi opinión, debía contar.

Así que enviaba el guión… y me sentaba a esperar. Pero nunca funcionó. Nunca respondieron, nadie llamó, ni escribió, ni nada de nada.

En el caso de una de esas productoras pude saber, años después, que alguien había leído el guión y había hecho un muy buen informe. Pero tampoco sirvió para nada.

Ahora tengo que dar un salto de unos doce años para situarme justamente al otro lado, el de las productoras que reciben proyectos.

Durante unos dos años estuve trabajando como Director de Ficción  de una productora que hacía televisión y cine. Parte de mi trabajo era leer e informar los guiones de cine que la productora estaba desarrollando, aportando criterio y opinión y reportando al Director de Contenidos de la productora.

Los guiones que leía eran de tres tipos.

El primero, los guiones que se iban a producir. Cuando llegaban a mis manos, estos guiones estaban en un estado muy avanzado de desarrollo, con director asignado, buscando financiación… las grandes decisiones habían sido tomadas y el margen de maniobra era muy escaso.

El segundo grupo correspondía a los guiones que podían llegar a producirse. Generalmente, y esto es muy importante, estos guiones estaban escritos por guionistas de la órbita de la productora. Podía tratarse de directores que escribían sus guiones o que hacían pareja más o menos fija con un guionista, guionistas que ya habían trabajado con la productora y a los que se les encargaba la adaptación de una novela opcionada, guionistas de alguna de las series que producíamos… en fin, la procedencia podía ser variada, pero de una forma u otra todos ellos y ellas eran ya guionistas profesionales. Por regla general los conocía, o al menos había oído hablar de ellos aunque no les conociera en persona.

El tercer grupo, que es el que nos interesa, estaba compuesto por todos los guiones que nos llegaban, por decirlo así “de la calle”. Cada semana, y no miento, podían llegar decenas de sobres conteniendo guiones no solicitados por la productora. De entrada, suponían un problema de logística. Había que crear una entrada en un registro que intentábamos llevar de una forma rigurosa, había que contactar con el autor para hacer acuse de recibo y que firmara un documento exigido por la productora para eximirla de posibles demandas por plagio… y por supuesto, había que leer el guión, hacer un informe y responder al autor.

A todo esto, el trabajo que requería esta división de cine de la empresa, debía ser compatibilizado con todo lo que tenía que ver con televisión. Mientras estuve en la productora, creamos o encargamos proyectos de series, supervisamos la continuidad de una serie consolidada que era sistemáticamente maltratada por la cadena, afrontamos una crisis de audiencia de otra serie que fue cancelada, y pusimos en marcha otra serie que no cuajó. Los que trabajáis en televisión sabéis que las cosas son para ayer, así que imaginad la presión que todo eso suponía y el tiempo y las fuerzas que teníamos cuando tocaba pasar al “apartado cine”, que dicho sea de paso, era el que más nos gustaba a todos.

En medio de este marasmo, mi gran angustia era ver cómo la estantería en la que se acumulaban los guiones no solicitados estaba cada vez más llena. Decenas de sobres nuevos cada semana, con sospechosos aluviones tras el vencimiento de los plazos de entrega de las distintas ayudas a desarrollo de guión. Desde los anaqueles negros que aún puedo ver a la izquierda de mi despacho, aquellas miles de páginas me gritaban una misma cosa… “Estamos esperando”. Y yo sabía lo que eso suponía, lo sabía por experiencia propia. Aquella estantería tal vez no contenía el próximo Goya… o tal vez sí… pero lo que seguro que representaba era la ilusión de mucha, mucha gente.

Como anécdota, diré que uno de esos guiones estaba escrito a mano. Tal cual, más de cien páginas escritas a mano. Con esa persona sí que tuve una entrevista, invitándola a hacer algún curso de guión.

Finalmente, opté por una solución radical: no más guiones. Si alguien enviaba un guión, se le devolvía. La excusa que me puse a mí mismo era “por lo menos hasta que lea estos”. Nunca pude leerlos, no tuve tiempo. No tenía tiempo para mi familia… ¿cómo iba a tenerlo para esos cientos de guiones que amenazaban con caer sobre mí y aplastarme?

De todo esto creo que se pueden sacar varias conclusiones.

En primer lugar, no envíes tu guión a una productora, salvo que tengas al menos una posibilidad de que sea leído. Si tienes esa posibilidad, es que estás mínimamente introducido en el negocio. No malgastes ilusión y tiempo, dos bienes preciosos cuyo agotamiento se traduce en frustración y resentimiento. Si alguna vez tienes que dar uno de tus guiones a leer, que sea en mano, fruto de una conversación, un trabajo en común, o porque un productor o un director te lo hayan pedido.

Hasta donde yo sé… y aquí va mi petición, casi súplica de que me demostréis lo contrario, ninguna película en cuyo proceso de producción he estado involucrado o he tenido conocimiento, ha partido de un guión no solicitado, esto es, enviado a una productora por correo o similar. Insisto… ninguna.

La idea del “mirlo blanco”, del guión surgido de ninguna parte que se convierte en un éxito, es por tanto un mito.

Por otro lado, parece que esto de los guiones funciona como cabría esperar en el funcionamiento de cualquier otro negocio, esto es, que el input de creatividad provenga de una fuente mínimamente contrastada y confiable. Desconozco si Seat, Opel, o Citroën reciben diseños no solicitados de coches, provenientes de personas que quieren empezar a diseñar coches. Supongo que cada una de estas marcas tendrá sus canales propios para incorporar nuevos diseñadores convenientemente formados y experimentados.

Espero de todo corazón que el post no haya sido un jarro de agua fría para nadie. Una de las cosas más engañosas de esta profesión es que, aparentemente, es la puerta más espaciosa para entrar en el mundillo del cine y la tv. No todos sabemos realizar, iluminar, editar, interpretar… pero todos sabemos leer y escribir. Desgraciadamente, eso no es suficiente, ni siquiera cuando se hace con toda la ilusión y el entusiasmo del mundo.

Y ahora, si algún alma caritativa tiene a bien demostrarme que no tengo razón, se lo agradecería. Me sobran guiones, sobres y sellos.

(Publicado originalmente en Bloguionistas el 15 de enero de 2010)


FLASHBACK – FIRMAS INVITADAS: CURRO ROYO

17 julio, 2011

Si yo no fuera tan vago, si no tuviera tres hijos, si no me gustara tanto estar con Chus, si no aprovechara cada ocasión para subirme un pico y cantar arriba una jota, si no viviera en Inglaterra y tuviera que estudiar inglés, si no estuviera postproduciendo mi primer corto, si True Blood y Dexter no fueran tan buenas series, si no fuera el único en casa que hace tortillas de patata, si Cuéntame no siguiera funcionando como un tiro, si los bonsáis no se murieran a la mínima, si hubiera escrito ya la cuarta versión de “Reset”, si estrenaran de una vez la sexta de Lost y tomara menos ansiolíticos…

…si se dieran esas circunstancias, tendría un blog.

Y a falta de un blog propio, estoy encantado de postear en este experimento colectivo.

A modo de introducción-presentación, he reescrito una carta que envié a dos fantásticas personas que me preguntaron cómo se podía empezar a escribir guiones. En los post que sigan, estaré encantado de poder compartir mi experiencia, que es esa cosa que te da la vida a cambio de quedarse con todo tu tiempo.

CARTA A DOS ASPIRANTES A GUIONISTA

Hola chicos. La verdad es que, con el corazón en la mano, lo tenéis bastante difícil. La distribución de empresas que den trabajo a los que vivimos de esto, no es nada democrática. Básicamente, el trabajo está en Madrid. Y tampoco es que lo haya a patadas. Si vives en una autonomía con idioma propio, y escribes ése idioma, tienes una oportunidad en las teles autonómicas, pero te las habrás con los típicos productores caza-subvenciones, o los que están al albur del cambio político que ponga en los despachos “a los suyos”. Ni que decir tiene que fuera de Madrid, se cobra un tercio, que llega en ocasiones a ser una cosa de risa y de vergüenza, a partes iguales.

Dicho esto, tengo que admitir que yo era- y soy- lo que en Madrid dicen un chico “de provincias”, de Zaragoza concretamente. Cuando empecé a escribir algo parecido a un guión, hacia el año 84, estaba estudiando Geografía e Historia y aún tenía pelo. Conocí entonces a Jonathan Gelabert- conocido hoy en la globosfera como El Hombre Perplejo– y empezamos a escribir cosas juntos. La excusa- buscarse una siempre es bueno- fue presentarnos a un concurso de TV3, un concurso de proyectos de series de televisión. No nos dieron el premio, pero crearon un accésit para reconocer que la serie, “Alexandre de Monfort”, a pesar de ser improducible, les gustaba mucho.

El día que fuimos a recoger el premio fue la primera vez que entré en una televisión. Nada más entrar en la sala donde nos esperaban los jefes de TV3, nos salió al encuentro Xesc Barceló y con una de sus sonrisas socarronas nos dijo: “Hombre, los del Alexandre de Monfort… ¿vosotros sabéis lo que cuesta alquilar un caballo?” Ése fue mi aterrizaje en la profesión y en el “audiovisual español”. Nuestra serie estaba ambientada en el S. XIV y eso la relegaba a un cajón… al menos por ahora

Jonathan Gelabert siempre tuvo más claro que yo lo de dedicarse profesionalmente al guión. Tengo que admitir, como he hecho muchas veces y lo haré a lo largo de toda mi vida, que sin Jonathan yo no habría dado el primer paso… ni el segundo, ni los que siguieron. Tal vez es por eso que siempre me he sentido en este oficio como un auténtico intruso, como alguien que hace lo que le gusta y encima le pagan, como si me hubiera colado en una fiesta a la que no fui invitado y me preguntase cuánto tiempo tardarán en echarme. Puedo asegurar que aún hoy, cada vez que me encargan un guión, pienso para mis adentros: “Éste es, en éste me pillan… con este guión se darán cuenta de que yo, en el fondo, no soy guionista”

Desde que empecé como guionista, un trabajo me ha llevado a otro. He conocido gente estupenda, he trabajado en veinte sitios, he tenido estrepitosos fracasos y algún que otro éxito. Lo mejor han sido los compañeros, los buenos, la gente que ama este oficio, que es capaz de seguir sorprendiéndome con sus escenas y diálogos. Gente como Juanvi Pozuelo, Vicente Mora, Xabi Puerta, Carlos Martín, Ignasi Rubio, Joan Potau, Alberto Macías, Eduardo Ladrón de Guevara, Roberto Santiago, Ignacio del Moral, Verónica Fernández, Julia Altares, Antonio Onetti, Juan Carlos Rubio, Mercedes Cruz, Antonio Venegas, Ernesto Pozuelo, Joaquín Andújar…  y muchos, muchos otros.  Con algunos de ellos he escrito, otros me han coordinado o les he coordinado, o he tenido que opinar de sus guiones, o han opinado de los míos. Son buena gente a la que aprecio y respeto. Contadores de historias. ¿Se puede ser algo mejor?

Cuando yo empecé, los únicos guionistas que había en España estaban en los aeropuertos y en las playas… eran guionistas americanos y estaban de paso o de vacaciones. Hoy, cada año, hay una nueva horda de graduados en escuelas, facultades o masters que se lanzan al asalto del más mínimo resquicio del negocio como orcos de Moria.

Mover guiones en productoras, a mí, no me ha servido nunca. Sólo debéis enviar un guión a una productora si conocéis a alguien dentro. Si no, probablemente no lo leerá nadie ¿Concursos… subvenciones? Te proporcionan una fecha de entrega, un dinero si ganas, sirven para que te pruebes a ti mismo… ¿Cursos? Insisto en que puede ser una buena inversión, pero no está garantizada, y sólo debéis hacer cursos impartidos por guionistas en activo.

Sed realistas en cuanto a vuestros objetivos, posibilidades y expectativas… y si se abre una puerta, corred hacia ella antes de que se cierre. Tal vez no sea la entrada al negocio que pensasteis, pero os puede llevar dentro igualmente.

En fin, que me siento como un funámbulo que estuviera haciendo esfuerzos para no caerse de la cuerda al vacío y se acercaran otros dos funámbulos y le preguntaran… “¿Resiste?”. Toda mi respuesta sería… “por ahora sí”.

Con mucho cariño,

Curro Royo.

(Publicado originalmente en Bloguionistas el 19 de diciembre de 2009)


CONSULTORIO 2×1: SALTOS TEMPORALES + COLOCAR GUIONES

10 junio, 2010

por Pianista en un Burdel.

Me llamo J. L. Hace varios años que escribí un guión de un largo en un Máster de guión que hice, pero nunca lo he presentado para ayudas ni concursos. Este año va a ser la primera vez.

Gracias a su blog me han resuelto muchas dudas sobre el tratamiento, el tratamiento secuenciado, etc. pero aún sigo teniendo una al respecto. Mi guión tiene muchos saltos temporales, no sigue una linea cronológica, y no sé si esto debe ser así también en el tratamiento.

He leído, y recuerdo del máster, que debe ser lineal en función a la historia que se cuente en el futuro guión, pero me gustaría asegurarme, ya que uno de los atractivos de este guión es la estructura que tiene.

Vamos a ver. Creo que estamos mezclando dos conceptos: el tratamiento y el tratamiento secuenciado. Sé que esto de las denominaciones es un coñazo, y que además luego cada productor entiende lo que le da la gana por tratamiento, sinopsis, argumento, tratamiento secuenciado, escaleta, sinopsis larga, preproyecto, biblia y la madre del cordero.

Así que voy lo que sigue es sólo una opinión personal basada en mi experiencia, y como tal debe ser valorada. Tal y como yo lo veo, existen dos tipos de tratamientos: el tratamiento “literario” y el tratamiento “secuenciado”.

En un post de febrero pasado ya hablamos profusamente del tratamiento secuenciado, y antes de eso David Muñoz también escribió sobre tratamientos “literarios”, así que no vamos a entrar en demasiados detalles. Pero creo que la respuesta a tu pregunta pasa por diferenciar el objetivo que persigue cada formato.

  • El tratamiento “literario” es un relato en prosa que cuenta la historia de manera literaria, no cinematográfica, y que pretende enganchar a un lector no necesariamente instruido en técnica narrativa audiovisual (léase un productor o ejecutivo).
  • Por el contrario, el tratamiento secuenciado es un esquema o esqueleto de lo que será un guión. Y por ello debe acercarse mucho más a la técnica cinematográfica: está contado en presente de indicativo y está estructurado en secuencias, con sus respectivos encabezamientos. Y lo más importante para tu pregunta, respeta escrupulosamente el orden cronológico que seguirá el futuro guión.

De manera que, para saber si debes respetar dicho orden cronológico, debes preguntarte qué clase de tratamiento quieres escribir.

Si es un tratamiento secuenciado para el ICAA, o para un productor que ya conoce la historia y quiere ver qué tipo de guión piensas escribir, entonces debes reflejar esa estructura temporal de la manera más fiel al guión. Puede que sea un documento árido, pero será de gran utilidad para dimensionar el guión en términos de producción y valorar sus posibilidades cinematográficas.

Si lo que estás buscando es redactar un documento atractivo de leer, que pueda interesar a alguien totalmente ajeno, entonces puedes recurrir a técnicas más literarias, sin preocuparte de que cada flashback sea detallado en el momento en que ocurre, sin constreñirte a contar lo que la cámara puede filmar. Tu objetivo es escribir un documento ameno, que presente a tus personajes de manera interesante y que venda tu historia bien.

Tú decides.

La siguiente consulta la envía E.R. y dice así:

Os lo habrán preguntado mil veces y probablemente habréis respondido sin cansaros 999, ¿cómo coloco a una productora el guión que he escrito? Sé que no recomendáis enviar los guiones por correo, pero no se me ocurre otra manera de asomar la cabeza en el mundillo. He terminado una historia de terror gótico y decimonónico, quizá podríais recomendarme alguna productora a la que pudiera enviárselo.

Como lector: Alguno de vosotros mencionó algo de prepararse una presentación por si un productor decide atenderte. ¿Podría alguno escribir un post sobre el tema, dar algunos consejos o  rememorar algunas experiencias?

La primera pregunta, efectivamente, la hemos respondido unas cuantas veces. Y no, no recomiendo en absoluto ponerse a enviar indiscriminadamente copias no solicitadas de tu guión.

Por varias razones, y perdona si no sueno muy alentador: en primer lugar, porque la mayor parte de los primeros guiones son una mierda pinchada en un palo. No he leído el tuyo, así que no puedo opinar. Y por otro lado, “Tesis” era un primer guión y no era una mierda pinchada en un palo, así que probablemente me equivoque. Pero también es cierto que he leído unos cuantos primeros guiones y la inmensa mayoría no valían ni para limpiarse el culo con él. Y aunque valiesen… daría igual. Porque la gran mayoría de las productoras no se leen los guiones no solicitados.

Si alguien está esperando que le dé el consejo mágico para colocar guiones, que no siga leyendo. Porque si lo hay, yo no lo conozco. Y de hecho, pienso -llámenme pesimista- que no existe una fórmula mágica para vender guiones. Igual que no la hay para triunfar en… yo qué sé, el mundo de la moda, o de la hostelería. Aunque algo me dice que, de existir una fórmula, estaría basada en una mezcla de perseverancia, autocrítica, talento… y suerte.

Por ser un poco positivo, te diré que, a bote pronto, supongo que Filmax sería la productora ideal para un guión de terror gótico/decimonónico. Y he oído muchas veces que en Filmax sí se leen los guiones que les llegan por el conducto oficial, y que suelen contestar a los tres meses más o menos. Pero también he oído que siempre contestan algo del tipo “no, gracias”. De hecho, quitando ejemplos anecdóticos como “Tuno Negro” o “Más de 1.000 cámaras…”, no conozco ninguna película que se haya rodado a partir de un guión enviado en plan francotirador.

De manera que supongo que la perspectiva más realista que puedes esperar de esta vía es llamar la atención de un productor sobre tu estilo como guionista. Así, quizá, algún día obtengas algún encargo para reescribir un guión, o desarrollar una idea… Y de ahí en adelante, sky is the limit. Pero ojo, eso también puede ser un arma de doble filo: porque si has escrito un guión rematadamente malo -lo cual es más probable cuanto más lejos estés de las 1.000 primeras páginas-, eso es lo que se recordará de ti durante un tiempo.

Sé que no te doy alternativas molonas al envío indiscriminado de copias. Pero la falta de alternativas molonas no convierte en buena a una mala idea, ¿verdad?

Más información sobre la eterna pregunta de cómo poner el pie en la puerta la encontrarás en este post de Curro Royo, en éste de Chico Santamano (continuación aquí) y en éste de un servidor.

En cuanto a la segunda parte de la pregunta, tienes razón: la cosa del pitching da para un post. Pero en resumen, es una cuestión de sentido común. Piensa fríamente en su guión e imagina esta situación: coincides con Steven Spielberg en un ascensor… y de pronto se va la luz. El ascensor se queda parado. Estáis los dos solos. Por romper el hielo, Spielberg te pregunta a qué te dedicas. Y cuando le dices que eres guionista, Spielberg arquea una ceja y te pregunta “¿y tienes alguna historia que me pueda interesar?”.

Estas cosas no pasan, por supuesto. Y si ocurriesen, lo más probable es que Spielberg se pusiera a trastear con su Blackberry antes que dirigirte la palabra. Pero qué putada si ocurre y no tienes una respuesta preparada, ¿eh? Pues ése es el ejercicio: ¿qué le dirías a Spielberg si te pregunta algo así? Sacar el guión de la mochila y endosárselo sería una grosería, como si una chica te pregunta cómo te llamas y tú le enseñas la polla. Tienes que captar su interés. Y ojo: si un tío tan importante como Steven Spielberg se queda encerrado en un ascensor, es más que probable que antes de cinco minutos haya un ejército dedicado a sacarlo de allí. Así que tendrás que preparar una respuesta breve.

Más información a cargo de gente mucho mejor informada que yo, en este post de mi antiguo blog: Los Diez Mandamientos del Pitching.

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