ENLACES DONOSTIARRAS PARA EL FIN DE SEMANA

20 septiembre, 2015

Por Alberto Pérez Castaños. 

Fotos: Héctor Beltrán. 

1*. Como algunos sabéis, los enviados especiales habituales de Bloguionistas nos encontramos en plena cobertura del 63 Festival de San Sebastián. Pinta bien, ¿eh? Pues sí, para que nos vamos a engañar. Tras dos años consecutivos cubriendo el Festival de Málaga realizando entrevistas, hemos debutado en nuestro primer festival internacional de Clase A. Casi nada. Todo ha sido gracias a la ayuda de DAMA, que ha apoyado económicamente este viaje para unirse a la causa de Bloguionistas y dar difusión al trabajo de los autores.

*Vale, nos habéis pillado, esto no es un enlace, sino una introducción. Lo compensamos con esta bonita foto del Kursaal:

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EXT-KURSAAL-NOCHE. Foto: @hbeltrangimeno.

2. Desgraciadamente no pudimos asistir al pase de una de las películas más esperadas del año: ‘Regresión’, la vuelta de Alejandro Amenábar. Un sólo pase de prensa el viernes con el que fue imposible cuadrar horarios, alguno que otro previo al festival en Madrid al que nadie nos invitó… Lo dicho, una lástima. (Jefes y jefas de prensa, a partir de ahora invitadnos. Somos simpáticos y educados). Así que nos estrenamos el viernes 18 con ‘Truman’, la nueva película de Cesc Gay.

Pese a ser la primera película proyectada de la Sección Oficial que entra en concurso, ‘Truman’ ya se ha convertido en una de las favoritas del festival. La crítica se la dejamos a otros, nosotros hablaremos con su director y co guionista Cesc Gay sobre el guión esta misma tarde. Si no sucede nada fuera de lo normal, mañana publicaremos la entrevista.

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El Teatro Principal de San Sebastián. Siempre hay colas, pero cabemos todos. Foto: @hbeltrangimeno.

3. Antes de charlar con Cesc Gay lo haremos con Álex de la Iglesia. El director vasco presenta ‘Mi gran noche’ en la Sección Oficial, aunque lo hace fuera de concurso. Se trata de una comedia muy loca y muy coral escrita, cómo no, junto a Jorge Guerricaechevarría y que pudimos ver ayer en el Teatro Principal de San Sebastián.

Como veis, vamos a pasar el domingo en bastante buena compañía.

4. Pero no sólo de Sección Oficial vivimos en Bloguionistas. Empezamos el sábado 19 con una sorpresa: ‘Le Nouveau’, una comedia “preadolescente” del francés Rudi Rosenberg que participa en Nuev@s Director@s. Ya hemos dicho que las críticas se las dejábamos a otros, pero para compensar que vamos a poner el tráiler en francés y sin subtítulos (es lo que hay), diremos que es divertidísima, con actuaciones brillantes de actores jovencísimos (ojo con Josuah Raccah) y que está escrita con mucha inteligencia y sensibilidad. Ojalá dé mucho que hablar. Si tenéis posibilidad de verla, hacedlo sin dudarlo:

5. Y para compensar que ayer vimos otra película de la Sección Oficial, la experimental ‘Evolution’, de Lucile Hadzihalilovic, nos dejamos caer por la proyección de ‘Me, Earl and the Dying Girl’, que participa dentro de la sección Perlas. Fue una de las grandes triunfadoras del último festival de Sundance y, ésta sí, tiene tráiler subtitulado:

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CONSEJOS A LO CORNETTO, CURSOS PARA INVOCAR GUIONES Y MÁS ENLACES PARA EL FIN DE SEMANA

27 marzo, 2015

Por Alberto Pérez Castaños.

1. “Para mí, la tortura es tener una idea, trabajar su argumento general, la estructura y la historia. Una vez tengo esto, puedo escribir un guión en dos o tres semanas”. Esto lo dice Woody Allen. Esto y cuatro cosas más sobre escribir guiones.

2. Y en la misma página, screencraft.org, que ya es de visita diaria obligada, podemos ver cuáles son los cinco ingredientes para grandes personajes que no estás utilizando (aún).

3. También se han ganado el calificativo de obligatorio todos los cursos y ponencias que organizan desde DAMA. Con el último que han montado te van a enseñar a invocar un guión en seis semanas sin perder demasiado la cordura y el responsable de hacerlo será el gran Carlos Molinero.

4. Mientras te apuntas al curso de Molinero puedes ver este video en el que Mario Puzo y Francis Ford Coppola hablan sobre la escritura de ‘El Padrino’:

5. El enlace semanal con un guión para leer se va a empezar a convertir en tradición. El viernes pasado fue el de ‘Tiburón’. Hoy, el de Nebraska, escrito por Robert W. Nelson (AKA Bob Nelson) y dirigida por Alexander Payne.

6. Por cierto, ya hay nuevas fechas para la próxima Fiesta del Cine: 11, 12 y 13 de mayo.

7. Los compañeros de Las Horas Perdidas nos descubrieron una de las lecturas más interesantes de la semana: un ensayo de 17.000 palabras escrito por el guionista de ‘Perdidos’ Javi Grillo-Marxuach en el que narra detalladamente su paso por la serie.

8. Simon Pegg, Edgar Wright y Nick Frost son los responsables de la “Trilogía del Cornetto”, es decir, de tres de las comedias más brillantes en lo que llevamos de siglo. Así que, atentos a sus consejos:

9. El sábado pasado nos dejó Moncho Alpuente, periodista, humorista, escritor, presentador, músico… En resumen: un grande. Su hija, Bárbara Alpuente, a la que se le ha pegado la genialidad del padre, le ha dedicado este precioso homenaje.

Buen fin de semana.


“LA PEREZA ES LO QUE MUEVE EL MUNDO”

13 marzo, 2015

A lo tonto, Borja Cobeaga lleva casi un año de promoción: junto a Diego San José hizo más entrevistas de las que cualquier guionista hubiese imaginado tras el estreno de ‘Ocho apellidos vascos’; luego publicaron ‘Venirse arriba’, su primera novela; al poco tiempo vio la luz ‘Aupa Josu’ y, justo hoy, estrena ‘Negociador’, su tercera película como director. ‘Negociador’ es una película muy especial porque está hecha con pocos medios, trata sobre un tema delicado y es muy diferente a los dos primeros largometrajes de Borja. Así que, como imaginaréis, teníamos muchas ganas de hablar con él.

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Foto: @Nacho Méndez

Una de las cosas que más me ha sorprendido de ‘Negociador’ es tu evolución como director de largometrajes, ¿qué piensas que ha cambiado del Cobeaga de ‘Pagafantas’ al actual?

Sobre todo tenía ganas de hacer algo muy personal. Con esto no quiero decir que ‘Pagafantas’ no lo fuese, aunque hubiese ganas de provocar la carcajada no creo que hubiese concesiones; era una comedia alocada y con un poso bastante melancólico. El siguiente paso fue ‘No controles’, que también era una comedia alocada, pero más clásica y sin esa melancolía. Sin embargo, los primeros cortos que hice, como ‘Éramos pocos’, funcionaron muy bien y no tenían ese sello de comedia loca. Pensé que a lo mejor me estaba perdiendo algo, ya que eran algo muy personal y no lo estaba imprimiendo en lo que estaba haciendo ahora. Y de ahí vino ‘Negociador’, de la necesidad de tener ese tono incluso antes de que se me ocurriera la historia. También me pasa que, como espectador cada vez me gustan menos las pelis “académicas” y que son más correctas y me gustan más las películas imperfectas y con personalidad.

Pero recuperar el tono de ‘Éramos pocos’ no te hace renunciar a la comedia de gag, porque, al menos, la sigues escribiendo…

No. Para mí lo ideal sería alternar. La comedia más de gag, de carcajada, da muchas satisfacciones. Ver que una línea de diálogo o una situación que has escrito funciona en una sala llena de gente que se ríe a carcajadas es muy satisfactorio y hace que sea muy difícil renunciar a eso. Lo que pasa es que si sólo me dedicase a eso sí que sentiría que estoy renunciando a algo que me gusta mucho. De la misma manera que en el thriller existe ‘La isla mínima’, que es una película comercial y que encima es de prestigio, a mí me encantaría combinar ambas cosas en una sola película. Pero, de momento, como eso parece la fórmula de la Coca-Cola, supongo que seguiré escribiendo y también dirigiendo comedias alocadas y comedias más del estilo de ‘Negociador’. Ahora tengo la sensación de que, en un mismo año, he hecho dos películas muy diferentes, una como guionista y otra como director, y que si pudiese mantener esto como modo de vida sería estupendo.

‘Negociador’ es la primera película que escribes sin Diego San José, ¿cómo ha sido no tener en esta ocasión un muro en el que rebotar ideas?

Es más complicado. Cuando escribes con otra persona lo bueno no es sólo lo que aporta, sino lo que quita, en el sentido de que las malas ideas te las lima mejor otra persona. Con ‘Negociador’ ha sido un proceso natural, porque surgió como entretenimiento propio y sin saber muy bien si iba a hacerla realmente. Entonces, en ese sentido, tenía que ser una apuesta personal. Es verdad que hay un par de ideas en el guión que son de Diego. Como la de que los negociadores oyen en la tele una frase que más tarde usan en la negociación. Creo que, de haber escrito el guión con otra persona, sería mejor, pero, por otro lado, yo siempre he visto esta película como un capricho, y si es un capricho de una sola persona es mucho más sencillo. Y lo he disfrutado incluso en esas imperfecciones que tiene escribir solo.

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Foto: @Nacho Méndez

Dices que empezaste el guión sin saber si la ibas a rodar y, cuando pudiste hacerlo, fue con un presupuesto reducido. Cuando la escribiste, ¿lo hiciste adaptando la historia a los medios de los que dispondrías más adelante?

Claro. Yo, en el fondo, la escribí porque sabía que en el caso de que se rodase iba a ser así. Tuve dos momentos que me hicieron hacer click la cabeza para ver cómo se podía hacer ‘Negociador’. Uno de ellos fue cuando hice un corto para el Notodo como jurado, entre ‘Pagafantas’ y ‘No controles’, llamado ‘Un novio de mierda’. Lo grabamos en una casa, con un equipo muy reducido y pensé: “¿no estaría bien hacer una película así?”. Cosa que se confirmó más tarde cuando estábamos produciendo ‘Extraterrestre’, de Vigalondo, que fue un proyecto que lo había escrito él para poder hacerlo porque la financiación de ‘Open Windows’ se estaba estirando. Las ganas de rodar le llevaron a escribir un guión del que era consciente que tenía que estar limitado. Entonces, yo recuerdo que visité el rodaje y me pareció que aquello estaba muy bien, le veía todo ventajas. Además, también escribí ‘Negociador’ porque me daban envidia algunos compañeros que hacían investigación. Yo hablaba con Urbizu, por ejemplo, y me decía que estaba documentándose con Gaztambide y eso era algo que a mí también me apetecía hacer. Así que sí, sí me mentía a mí mismo mientras escribía diciendo: “esto no sé si se va a hacer pero, por si acaso, no voy a meter figuración aquí”. Por ejemplo, cuando desayunan por primera vez Ramón Barea y Josean Bengoetxea dicen: “qué vacío está esto, ¿no?”.

¿Y qué tal ese proceso de documentación?

Justamente coincidió que salieron bastantes cosas, tampoco hay mucho escrito sobre el tema. Además, cuando Diego y yo empezamos a escribir ‘Fe de etarras’ ya habíamos leído bastante porque queríamos que tuviese ese punto de realidad pese a ser una comedia alocada. Jesús Eguiguren publicó un libro con Luis Rodríguez Aizpeolea (‘ETA, las claves de la paz’) que sirvió mucho de base; se hizo un documental, ‘Memorias de un conspirador’, que era sobre Eguiguren; en ETB también hicieron un estupendo reportaje en profundidad con él, más todo lo publicado en prensa… De repente, en poco tiempo había mucho material al que recurrir y, sobre todo, muy rico en detalles cotidianos. El otro día me juntaron en una entrevista con Luis Rodríguez Aizpeolea y me decía que cuando estaban escribiendo el libro le pedía a Jesús que le contase muchas cosas cotidianas, y son esas cosas en las que me he fijado y con las que no he podido evitar fantasear. Por ejemplo, si un día la traductora no acude a la negociación, yo, como guionista, pienso: “¿y por qué no fue?”. Lo que no quise hacer fue hablar con gente que había intervenido en estas conversaciones porque sabía el tono antiépico que iba a tener. Si llego a hablar con ellos me hubiese entrado Síndrome de Estocolmo y me hubiese dado pudor escribir o rodar ciertas cosas.

¿Hubo algún momento durante la escritura en el que dijeses “cuidado, esto mejor no lo pongo”?

No. Eso no pasó, y creo que vino por la confianza en trabajos previos. ‘Vaya Semanita’ vino más que nada de una audacia inconsciente, porque éramos muy jóvenes y en ETB hacíamos un humor político muy cotidiano, no hacíamos burla de nadie en concreto, sino sátira de lo cotidiano. Un ejemplo muy claro es que, justamente, el chispazo con el que nació ‘Negociador’ fue el Salvados que hace Jordi Évole con Jesús Eguiguren. En un momento del programa, Évole iba a Hernani, pueblo símbolo del nacionalismo radical, y le preguntaba a un quiosquero por los periódicos que se vendían: cuánto se vendía el Gara, el Diario Vasco… Y cuando le preguntó cuánto se vendía La Razón le dijo que “ahora más, porque regalaban un patinete”. A mí, ese padre de convicciones nacionalistas muy arraigadas pero que su hijo quiere el patinete y tiene que ir a comprar La Razón, es la política que me interesa.

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Foto: @Nacho Méndez

De hecho, ‘Negociador’ es una comedia política, pero donde haces comedia es con los personajes, con sus bajezas y sus miserias. Esto es algo bastante común en tus obras…

En el último Festival de San Sebastián hubo una especie de encuentro donde proyectaron varios cortos míos seguidos y el presentador del acto me dijo: “todos tus personajes principales son muy mezquinos”. Lógicamente no es algo a lo que fuese ajeno, pero verlos seguidos me impresionó mucho. Supongo que tiene que ver con una visión muy personal de las cosas. Yo creo se resumiría en que tengo un problema con Aaron Sorkin, con ese idealismo, con ese humanismo extremo, y yo no tengo ninguna fe en esas cosas. Creo que la pereza es lo que mueve el mundo. Incluida la política, y lo demuestran ahora. He estado escuchando la conversación de Iñaki González con los comisarios en la Puerta del Sol y, ¿de verdad nos quieren hacer creer que esto es un mundo serio, donde todo está calculado y milimetrado con dos tíos llamándose “tronco” el uno al otro, diciendo “buga”, todo muy cutre, todo muy sórdido… Yo es que creo que la vida es así. Mi visión es que tenemos que sobrellevar nuestras miserias y tirar para adelante.

Viendo la película me dio la impresión de que los momentos más delicados a la hora de escribir tuvieron que ser en los que aparece el personaje inspirado en Thierry, encarnado por Carlos Areces…

Pues sí. Yo lo que tenía claro era que no quería frivolizar. Por un lado estaba bajando a un nivel muy humano todo esto, pero por otro, los hechos históricos llevaban a que esa negociación llegó a dar muchas esperanzas y se truncó. Y lo hizo porque un sector de ETA que en ese momento tenía más peso decidió que así fuese. Luego vino la ruptura de la tregua, el atentado de la T-4, el asesinato de Isaías Carrasco, que era un amigo muy cercano de Eguiguren y lo cierto es que escamotear todo eso me hubiese parecido muy frívolo. Son acontecimientos que no puedes pasar por alto. Y uno de ellos fue la aparición de ese personaje inspirado en Thierry que hace Carlos Areces, un actor de marcado tono cómico. Thierry en la realidad era un tipo muy sociable, muy campechano, pero que luego tenía unos cambios de carácter muy fuertes. Y Carlos Areces es aparecer en la pantalla y la gente dice: “Ay, Areces, qué gracioso”. Tenerle a él ahí y que, de repente, su personaje se ponga inquietante me parece, por un lado muy fiel a la realidad y, por otro, me permitía ponerle el freno a los aspectos cómicos y meterme más en cosas como aquello que dijo de las corbatas negras o en el momento de su detención, que es algo muy icónico… Todo el mundo lo recuerda con un polo verde, esposado y gritando. Por eso me parecía que era necesario subrayar en ese sentido esa parte de la película.

Me preguntan mucho por qué Areces. Uno de los motivos es porque la película se hizo en un ambiente muy familiar, quería llamar a actores con los que había trabajado o con los que tenía ganas de hacerlo, como Josean Bengoetxea. Y Areces, además de ser muy buen actor, es de confianza porque somos amigos. Por otro lado, todos conocemos a Areces. Es uno de esos cómicos que tiene un lado muy inquietante y que pueden hacer papeles aterradores. Ya lo hizo en ‘Balada triste de trompeta’.

Tras ‘Negociador’, ¿estás más cerca de hacer ‘Fe de etarras’, una adaptación de vuestra novela ‘Venirse arriba’ u otro proyecto diferente?

Pasa una cosa muy curiosa con ‘Fe de etarras’; cuando teníamos tiempo para hacerla nadie la quería y ahora que hay quien quiere hacerla, no tenemos tiempo. Entre la escritura de la secuela de ‘Ocho apellidos vascos’, que es el eje laboral que tenemos Diego y yo ahora mismo, y recuperar un proyecto que se quedó un poco paralizado porque Javier Ruiz Caldera estaba rodando ‘Anacleto’ y nosotros escribiendo la secuela, que es ‘Superlópez’, creo que 2015 está ya muy adjudicado. Pero sí que creo que estoy más cerca de hacer ‘Fe de etarras’, sobre todo porque es una comedia muy diferente a ‘Negociador’, es ‘Friends’ con ETA, una comedia de compañeros de piso. El tono ha sido la razón para hacer ‘Negociador’ y con ‘Fe de etarras’ pasa lo mismo. Me apetece bastante hacerlo. Respecto a la adaptación de ‘Venirse arriba’, pues no lo sé, la verdad. Ahora mismo sólo tenemos en mente estos tres proyectos, que no está mal. Pero recuerdo que escribiéndola pensé que podía ser una buena película. La mayor complicación sería encontrar alguien que pudiese hacer del padre. Con el reparto adecuado me gustaría mucho hacerla. Habría que matizar mucho el tono, no caer en hacer un Alfredo Landa 2.0. Sería complicado llegar a un equilibrio entre un actor que sea muy gracioso y que no sea chusco y gritón.

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Foto: @Nacho Méndez

¿Y cómo está yendo la adaptación de ‘Superlópez’?

Al principio fue un proceso bastante reflexivo de leer los álbumes y ver si cada libro daba para estructura de película, y la verdad es que resulta complicado. Pero sí que, del mismo modo que hay adaptaciones de tebeos como ‘Anacleto’ o ‘Zipi y Zape’ que cogen los personajes y los ponen en un contexto totalmente diferente, aquí sí que queremos ser fieles al universo y al tono de la historia. Creo que el guión va a estar lleno de detalles que remiten de lleno al universo de ‘Superlópez’. Es curioso porque, por ejemplo, ‘Zipi y Zape’ tiene seguidores, pero no son tan fervientes como los de ‘Superlópez’. Ya me ha pasado muchas veces de encontrarme con alguien que me dice: “he visto que vas a hacer Superlópez, ten cuidado”. Y creo que hay una cosa del tono, de cómo afrontamos la adaptación, en la que Diego dio en el clavo: de la misma manera que en ‘Superman’ Clark Kent es un perdedor y cuando es Supermán es la hostia, ‘Superlópez’ en su faceta de López es un perdedor y como Superlópez, también. Y con esa premisa creo que haremos una buena peli.

Está siendo un proceso curioso porque es la primera vez que adaptamos algo, pero tenemos mucha confianza sabiendo que Caldera es el director. Todavía no he visto la película, pero el tráiler de ‘Anacleto’ me ha parecido bestial. Pensé: “¿este tío va a dirigir ‘Superlópez’? Pues lo que quieras, porque sería capaz de hacer una gran escena de acción con una hoja en blanco”. Luego, por otro lado, Diego y yo nos estamos divirtiendo mucho haciendo con las setpieces de acción, que es algo que no hemos hecho nunca. Pero ahí nos tenemos que limitar porque, pese a que va a tener un gran presupuesto para tratarse de una producción española, no tiene ese presupuesto que puede tener una película de superhéroes tipo ‘Los Vengadores’, nosotros estamos en una liga mucho más pequeña y por eso tenemos que ser muy selectivos en dónde ponemos la carne en el asador en cuanto a efectos y escenas de acción. En ese sentido, el trabajo con Javi está siendo muy racional.

Además de tener varios proyectos en marcha, por si fuera poco, también eres presidente de DAMA, ¿qué balance haces de este primer año?

La verdad es que, comparado con anteriores presidentes, está siendo tremendamente fácil porque DAMA ya ha llegado a un nivel de estabilidad brutal. Todo es como muy normal ya. Estamos creciendo y haciendo cosas; desde hace unos meses llevamos el catálogo de SACD, la entidad de gestión francesa, y eso hace que nuestro volumen crezca. Pero no es una obsesión crecer, yo me encuentro con amigos de SGAE y no les reparto panfletos de DAMA, de hecho Diego es de SGAE y yo de DAMA. Eso es algo que también quiero transmitir: estoy muy a gusto en DAMA, todo es muy racional y muy transparente, si te quieres venir estupendo y si no, también. Yo, si me pasé a DAMA, fue porque estaba en SGAE y no entendía cómo, por ejemplo, estaban comprando teatros o por qué estaba dominada por un sector pequeño que era el que menos recaudaba en la realidad. Era una espiral muy loca. Yo sé que muchos de los que están en SGAE siguen dentro para intentar cambiarlo, pero hay cosas que no entiendo por qué tienen que seguir aguantando. Pero siempre desde el respeto hacia ellos. Fíjate, si no respeto a Diego… Así que, todo aquel que quiera venir será bienvenido. En los últimos años se ha racionalizado mucho todo y no sólo crecemos en número de socios, sino también a nivel de infraestructura, pero siempre sin volvernos locos ni ponernos a comprar teatros.

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Foto: @Nacho Méndez

Entrevista: Alberto Pérez Castaños. 

Fotos: Nacho Méndez.

Peluquería y maquillaje: María Manuela Cruz

Estilismo: García Madrid


9 ENLACES PARA EL FIN DE SEMANA

30 enero, 2015

Por Alberto Pérez Castaños. 

1. Supongo que a estas alturas ya conocéis el colectivo 70 teclas. En este enlace de nuestro blog podéis descargar los guiones que han publicado hasta la fecha –a falta del de ‘La isla mínima’–, además de un buen puñado de trabajos de Berlanga, Azcona y Bardem y otros tantos escritos por Bloguionistas y colaboradores. 

2. Y en éste podéis leer una entrevista bastante interesante a Stephen King y su ordinaria vida como señor del terror. Tiene 67 años y, exacto, sigue escribiendo como una auténtica bestia.

3. La bloguionista Ángela Armero y Daniel Martín han escrito una novela sobre los orígenes de las galerías Velvet. La producción de Bambú está siendo un éxito, pero a la novela tampoco le va mal. Si te gusta la serie, estás tardando en comprarlo.

4. Tampoco les está yendo mal a los compañeros DAMA con sus conferencias de los martes. Lleno en las del mes de enero y todo parece indicar que repetirán éxito con las de febrero, porque mira qué cartelazo.

5. Uno de los guionistas que pasó por los Martes de DAMA fue Rafael Cobos, coautor de ‘La isla mínima’ junto a Alberto Rodríguez. Aquí puedes leer una entrevista al director sevillano, reciente ganador del premio Feroz.

6. David Seidler es el guionista ganador de un Oscar por ‘El discurso del rey’. También es un gran pescador. Y tiene un método de trabajo interesante. Lo sé porque lo dice en este vídeo:

7. Larry David no tiene un Oscar ni falta que hace. El creador junto a Jerry Seinfeld de la sitcom más exitosa de todos los tiempos debuta en Broadway como autor y actor. Aquí, un reportaje bastante completo sobre el asunto. Ojo, que también está bastante en inglés.

8. Filmarket Hub acaba de convocar la segunda edición de Pitchbox. Si no sabes lo que es pégale un vistazo, porque es muy probable que te interese.

9. Y, para terminar, le pegas otro vistazo a este ciclo organizado por la Fundación SGAE con las películas nominadas al Goya. Del 1 al 22 de febrero en la Sala Berlanga de Madrid por sólo 3 euros.

Buen fin de semana.


NOS HAN HECHO UN COBRA KAI

27 enero, 2015

por Josep Gatell.

Imaginad que en vuestra clase hay un alumno que todas las mañanas os roba el bocadillo. No podéis hacer nada porque su padre financia al colegio, así que el chaval está protegido. Uno ingresa un pastón, otros miran a otro lado, y el matón se lleva unos cuantos bocatas. El sistema funciona. Y aquí tenéis dos opciones: cambiar ese sistema o cambiar de colegio.

A los guionistas nos gusta la opción uno. Es la épica, la justa, la que queremos para nuestro protagonista. Porque un Karate Kid en el que Danielsan tiene que hacer las maletas y cambiar de ciudad para que no le partan la cara todas las mañanas sería una mierda. No queremos que el mundo sea así. Y no lo queremos porque en general a las personas (guionistas o no) también nos gusta la opción uno. Es la épica, la justa, la que queremos para nosotros mismos. Si en un país hay un sistema corrupto lo suyo es acabar con él, no tener que huir. Bien, pues justo eso ocurrió ayer en la Asamblea Extraordinaria de la SGAE… pero al contrario. Se votó a favor del alumno que nos roba el bocata. De que Johnny Lawrence y sus colegas del Cobra Kai nos curtan el lomo todas las noches de 2 a 8 de la mañana. Echad un vistazo a las franjas horarias y al sistema de reparto que actualmente sigue la SGAE:

Reparto SGAE franjas

 

Los contenidos que se emiten por TV de 2 a 8 de la mañana se llevan ahora mismo el 59% de lo que recauda la SGAE. No generan ni el 0’6% de audiencia. No superan ni el 1% en ingresos por publicidad. Pero se llevan el 59% del pastel. Loco, ¿no? Atentos:

Un autor (guionista, director o músico) cuyo trabajo se emita en televisión de 18:30 a 00:30 cobrará menos de la SGAE que otro que lo haga a las 04:00 de la madrugada. Aunque los primeros generen el 59% de la audiencia frente al 0’55% de los segundos. Aunque los primeros generen unos ingresos por publicidad del 23% (ingresos con los que se financia la SGAE, por cierto) frente al 1% de los segundos. Nos han hecho un Cobra Kai.

¿Por qué? Porque cuando se vota en la SGAE no rige la norma de “un socio un voto” sino la de “un euro un voto”. Un socio que recibe mucho dinero posee más votos que otro que genera menos. ¿Y qué socios reciben más dinero? Volved a la tabla: los que emiten de 2 a 8 de la mañana. Bastan unos pocos para inclinar la balanza a su favor. ¿Quiere decir que está todo perdido? NO. Teníamos dos opciones:

Cambiar de país. Afortunadamente, la SGAE no es la única entidad de gestión que tenemos los guionistas. Existe DAMA, por ejemplo, con un sistema de reparto distinto y donde no se aplica la locura de que una canción emitida a las 4:40 se pague mejor que la de una serie de prime time.

Cambiar de sistema. Plantar cara al Cobra Kai. La votación de ayer en la Asamblea se GANÓ. Ganó la apuesta por cambiar las franjas y repartir el dinero de forma justa y sensata. Así lo votamos guionistas, directores y músicos y, de nuevo, ganamos. Pero no fue suficiente. Había que ganar por dos tercios de diferencia y nos quedamos a las puertas. Perdimos por poco pero quedó claro que existe una amplia voluntad de mejorar y cambiar las cosas.

Llegados a este punto, ¿qué hay que hacer? Lo que cada uno quiera. En mi caso, yo apostaré una última vez por cambiar las cosas en la SGAE. Porque creo que es bueno que exista más de una entidad de gestión pero sólo si ambas funcionan correctamente y de forma segura. Ahí es cuando se puede elegir y cambiar con libertad y ahí es cuando se puede hacer frente común para luchar por los derechos de autor. Si un país funciona bien pero el de al lado está corrupto, de poco sirve emigrar porque el problema seguirá estando ahí.

O no, cuidado. Quizás no hay solución y nos toque cruzar sí o sí la frontera, pero por si acaso dentro de un mes habrá nuevas elecciones en la SGAE. Si nos ponemos las pilas y elegimos a una junta directiva que apueste por cambiar este asunto, quizá consigamos ese final épico que sin duda alguna nos merecemos. El de unas franjas sensatas que reflejen la importancia del trabajo de guionistas, directores y músicos como se merece. El de la patada de la grulla.


EL FACTOR HUMANO

14 enero, 2015

Por Lea Vélez. 

Lea Vélez es guionista y escritora. Ha sido la creadora y coordinadora de series diarias de gran éxito, como El Secreto, La Verdad de Laura o Luna Negra. En 2014 ha publicado dos novelas: La cirujana de Palma (Ediciones B) y El Jardín de la Memoria (Galaxia Gutenberg).

Ser guionista es una profesión. Como en todas las profesiones, los guionistas a veces nos asociamos o nos afiliamos a un sindicato -y para eso tenemos ALMA- y a veces no. La fortaleza o debilidad de un sindicato está en su número de miembros. La decisión de asociarse depende de muchos factores: tener amigos que se han asociado antes, la posibilidad de acceder a seminarios y cursos, la necesidad de luchar por la mejora de nuestros derechos laborales, conocer a otros guionistas o una combinación de todo esto. La cosa es que hay quien se asocia y hay quien no, ya digo. Los autores audiovisuales, en cambio, debemos unirnos siempre, obligatoriamente, a una sociedad de gestión. Si no lo hacemos no podemos registrar nuestras obras, ni percibir la parte de nuestros ingresos que nos corresponde por derechos de autor.

En España hay dos sociedades de gestión para los autores audiovisuales. Una es SGAE y la otra es DAMA.

Yo soy de SGAE.

Quizá nadie alce la ceja y mi percepción de cómo anda el patio sea errónea y quizá muchos la están alzando ya. “Coño, Lea… ¿De la SGAE? ¿Con lo maja que tú eres? Si pareces una tía lista”.

Sí, de SGAE, y además apoyo profundamente la existencia de SGAE y de DAMA. “¿Pero cómo? ¿Cómo es posible?”, pensará algún compañero… La SGAE está asociada a años de corrupción, al tío aquel, presidente plenipotenciario que ha dejado una mancha que sigue sin pasar la prueba del algodón. Está ligada a la dictadura de ciertos músicos, a la manipulación y el amiguísimo y a tantas clases de merdé como planos tiene la avaricia personal. La palabra SGAE es radioactiva. ¿Por qué soy de SGAE? Eso me pregunto yo. ¿Por qué no me he pasado a DAMA? ¿Por vagancia? ¿Porque me gusta que me miren mal algunos compañeros? No. Soy de SGAE por el factor humano.

Quien haya leído El Factor Humano de Graham Green quizá me entienda. Quien no lo haya leído, que lo lea, que aunque no me entienda lo pasará genial. Para mí la esencia de la vida está en la lealtad a las personas. Mi factor humano es la lealtad a las personas por las que entré en SGAE.

También hay otras personas en DAMA, un grupo de guionistas y directores de cine, gentes admirables, con ideas limpias y claras, que mientras yo me asociaba a SGAE, decidían escindirse de la centenaria sociedad de gestión. Estaban hartos de ser pisoteados y hechos leña por los músicos de zarzaparrilla, los editores musicales y su poder omnipresente y cansino. Estos cineastas, autores del audiovisual, lucharon por promover una nueva sociedad de gestión que velara mejor por sus derechos, que repartiera con equidad, que a veces, no siempre, es lo mismo que la justicia. Primero fundaron la asociación: ALMA. Más adelante, hace ya diez años -si no me fallan las cuentas- y tras muchas dificultades, lograron crear DAMA. Precioso nombre. Conozco su lucha porque yo era socia activa de ALMA en 1999, tan activa que estuve un año en la junta directiva y apoyé desde la asociación aquella génesis de DAMA y sobre todo, apoyé humildemente, desde mi guionismo incipiente, a la gente que la promovía y sus valores. Los apoyé porque había factores humanos por todas partes. Uno de ellos, mi amiga Virginia Yagüe, pero eran más.

La guerra de estos compañeros era buena para el conjunto de los autores audiovisuales. Era buena para todos. Para la apertura, para la visibilidad de los guionistas, para que SGAE redujera sus tarifas de gestión, para romper un monopolio, para empezar a limpiar y ordenar. En aquellos años de escisión, ALMA estaba muy unida a la génesis de DAMA y SGAE era para todos, el Goliat enemigo. Había sido el dragón que chamuscaba los derechos del audiovisual. Era la dictadura de un sistema de reparto injusto. Los ataques de los autores de ALMA hacia la SGAE como ente abstracto y maléfico, eran constantes porque SGAE utilizaba sus inagotables recursos en querellas judiciales con las que evitar el nacimiento de DAMA. Encuentro aquella frustración y el enconamiento de DAMA hacia SGAE, comprensibles. Pero eso ya no es así. Lo voy a decir de nuevo: eso ya no es así. Merece ser repetido: Ya no es así.

DAMA captará socios haciendo las cosas bien y SGAE conseguirá volver a hacerlas si todos nos unimos. Por eso me duele que cada vez que los del audiovisual de SGAE tenemos un traspiés o somos derrotados o bloqueados, como en la anterior asamblea, suenen voces de DAMA, de amigos míos, que se olvidan de que los limpios de SGAE somos quijotes contra enormes aéreo-generadores que escupen mierda. Me duele que tras las hecatombes, los bloqueos, las derrotas, digan cosas como: “¿Veis por qué hay que hacerse de DAMA?”.

Como tengo este handicap de la lealtad hacia las personas, una lealtad que es irrompible e inoxidable en el sentido de que es eterna, yo sigo hablando bien de DAMA y de su gente, a pesar de estos comentarios, mientras soy leal a los de mi SGAE. Esta poca reciprocidad… me duele y ya me duele que me espanta ver que la falta de unidad son pedruscos contra los dos tejados.

Fuera del mundo del guión, para la gente de a pie, SGAE se ha convertido en sinónimo de autores caraduras que cobran un dinero “del pueblo” por generar quién sabe qué cosa que debería ser gratis y la prueba de esto es que son todos unos corruptos. Sabemos, chicos, que esto es una falacia propiciada por las multinacionales de la electrónica. Lo del canon y bla, bla, en lo que no entraré. La campaña de estas multinacionales durante años se tradujo al fin en una ley que ya desde ahora nos ha recortado el salario. Con la legislación vigente, ya este año, los autores de DAMA Y SGAE, todos, hemos dejado de cobrar por la copia privada. Habrá quién no percibiese muchos ingresos, un par de cientos de euros al año, habrá quién cobrase mil y pico y habrá quién nada. Depende del repertorio. A muchos no les importará, pero retroceder en los logros históricos es un precedente tremendo y ha sucedido, en gran parte, a causa de la debilidad de la SGAE, su halo radiactivo y la leña que se ha hecho del árbol caído. La realidad es que si este retroceso en nuestros derechos se lo sumamos a los salarios partidos por la mitad con los que andamos ahora y al desempleo brutal, deberíamos cabrearnos mucho. Sí, la cosa es como para cabrearse mucho y como para canalizar el cabreo planteándose que hay que movilizarse, asociarse y luchar por todo, TODO, lo que tenemos. Hacerse de un sindicato es genial, pero no todo el mundo se anima. Hacerse de una sociedad de gestión es obligatorio, así que es fundamental que canalicemos esa unidad a la que nos obliga el cobro de nuestros derechos de autor. Todos somos de una sociedad de gestión y esto nos une al 100 por 100.

Por eso nos interesa a TODOS que las sociedades de gestión sean fuertes y que velen por nuestra visibilidad y nuestras luchas y por eso hoy, con la asamblea de SGAE a la vuelta de la esquina, debemos difundir la necesidad de asistir y de lograr con el voto que una de nuestras sociedades de gestión lave su cara y funcione de la mejor manera posible.

El 12 de enero, Julia Altares, que es una persona fabulosa y además amiga (ella es mi factor humano) y también es miembro de la junta de SGAE, escribía un artículo en este blog llamándonos al voto. Explicaba muy bien la situación y nos pedía que vayamos a la asamblea o que deleguemos en otro socio. Bloguionistas colgaba el artículo en su twitter y añadía la frase: “hoy Julia Altares nos explica cómo los músicos de “la rueda” nos meten la mano en la cartera y cómo podemos evitarlo”. Tuvo muy pocos retutits, poquísimo apoyo porque la palabra SGAE es… Sí, correcto: radioactiva. Hubo en cambio una respuesta de un compañero guionista, un miembro de DAMA al que aprecio y conozco, que en lugar de apoyar, respondía al tuit con aquella mentalidad de tiempos enfrentados: “¿Qué cómo evitarlo? Pues pasándose a DAMA, muy fácil.”

Vamos, chicos, seamos más sabios. Sé que no es personal, pero el efecto de comentarios así es personalísimo. Por eso escribo este artículo dirigiéndome a todos mis amigos, compañeros y socios de DAMA o SGAE. Quiero pediros apoyo, recordaros la importancia de la unidad porque entre SGAE y DAMA somos el 100 por 100 de los autores audiovisuales. Quiero deciros que el descalabro de SGAE no es bueno para el audiovisual porque no es el descalabro de SGAE-ente abstracto, es el descalabro de la gente del audiovisual de SGAE, de colegas de los que hablamos sin apellido: como Julia y Curro y Adolfo y Susana y Javier y Verónica o Ignacio o yo misma.

Dadle un poquito a la tecla de apoyo. Echadnos un cable aunque solo sea evitando frases lapidarias. De verdad que queremos renovar, democratizar y limpiar una de nuestras casas y tener dos voces fuertes para que no se sigan recortando nuestros derechos. Seamos “La dama y el caballero” o “La Dama y el Vagabundo” y acordémonos siempre de las personas, porque os juro que en esta vida, al final, lo único que importa, lo que mueve el corazón, lo que cuenta, lo que queda… es el factor humano.


ENTREVISTA A RAFAEL COBOS

29 diciembre, 2014

Por Alberto Pérez Castaños. 

Fotos de Héctor Beltrán.

El pasado 9 de diciembre, el guionista Rafael Cobos visitó la Sala Borau de la Cineteca del Matadero de Madrid para dar su conferencia “Cómo escribo mis películas”, perteneciente al ciclo de charlas de Los Martes de DAMA. El co autor guiones como ‘La isla mínima’ o ‘Grupo 7’ entre otros, habló de sus inicios profesionales y de su relación con Alberto Rodríguez, su principal colaborador a las teclas, así como del origen y proceso de trabajo de las películas –incluidas las no filmadas– que ha escrito con el director andaluz.

En la actualidad, Rafael acaba de terminar el guión de ‘Toro’, que dirigirá Kike Maíllo y que ha escrito junto a Fernando Navarro. Además, ya está inmerso en la escritura del próximo proyecto del tándem Rodríguez-Cobos: una película sobre Francisco Paesa.

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El guionista Rafael Cobos.

Quiero empezar dándote la enhorabuena por el éxito de ‘La isla mínima’, que ha superado el millón de espectadores y los seis millones de euros de taquilla. En la conferencia de los Martes de DAMA dijiste que el éxito de ‘Grupo 7’ te sorprendió, ¿te ha sorprendido éste también?

Uno siempre espera que lo que hace lo vean el máximo número de personas, así que, puestos a soñar, esperábamos que llegase este momento. Pero, por ejemplo, una vez que con ‘Grupo 7’ esperábamos llegar al millón de espectadores y no ocurrió. De hecho, nos quedamos bastante lejos, casi a la mitad. No las teníamos todas con nosotros para llegar a este punto. Así que el éxito de ‘La isla mínima’ no lo esperábamos, pero lo deseábamos.

En la conferencia contaste algunas cosas que, a mí personalmente, me sorprendieron. Una de ellas fue que Alberto y tú empezasteis a desarrollar el guión de ‘La isla mínima’, vuestra cuarta película, antes que ‘After’, vuestra segunda obra…

‘La isla mínima’ es el sitio con el que comenzamos y al que volvimos cuando nos quedamos sin nada que contar, o por lo menos cuando intentamos rescatar algo que nos preocupaba pero que no terminábamos de encontrar un telón de fondo o realidad que convirtiera una historia policiaca en algo interesante. Tuvo que pasar el tiempo, tuvo que pasar ‘Grupo 7’, ‘1982’ y ‘1977’, nuestros dos guiones no rodados, para que encontráramos casi de forma fortuita, casi mística, qué iba a haber detrás para que no fuese una historia más.

En concreto, comentaste que para ‘La isla mínima’ “reciclasteis” ciertos aspectos de ‘1977’, ¿cuáles en concreto? ¿Se podría llegar a rodar ‘1977’ pese a ‘La isla mínima?

Lo veo complicado, pero entre otras cosas porque ‘1977’ es una historia que transcurre durante unos acontecimientos reales que ocurrieron en la cárcel de La Modelo de Barcelona, que llevan diciendo que la van a desalojar desde hace 15 años. Por otro lado, montar un decorado basado en esa cárcel es imposible, es carísimo. Mucho tendrían que cambiar las cosas. Además, en esta historia, la cárcel es un personaje más, con la misma importancia de un protagónico pero siendo una cárcel de galerías de 50 metros de altura y 200 de longitud; un personaje fundamental que si no existe o no hay posibilidad de conseguirlo, no tiene sentido hacer la historia.

Respecto a lo de reciclar aspectos de esta historia para ‘La isla mínima’ debo decir que lo que hicimos fue usarlos pero muy entre comillas. Lo que hicimos fue retomar el trasunto político. ‘1977’, como el propio nombre indica, transcurre a partir de 1977, que fue la época de la Ley de Amnistía por la que muchos presos políticos que estaban en la cárcel según algunas leyes ya trasnochadas salieron a la calle mientras otros presos sociales se quedaban cumpliendo condena. Y es verdad que en ‘La isla mínima’ hablamos de la Transición porque transcurre en esos años, pero la relación entre ambas historias no va mucho más allá de la connotación temática.

¿Y la relación que contaste que hay entre ‘1982’, vuestro otro guión no rodado, y ‘Grupo 7’ es similar a ésa?

Sí. Nosotros solemos partir de una preocupación temática, es decir, que el tema de la película es el origen de todo y lo que va formando poco a poco la historia es la preocupación por lo que queremos hablar, y nos pasó lo mismo con ‘1977’ y ‘La isla mínima’ que con ‘1982’ y ‘Grupo 7’. En este sentido, el guión de ‘1982’ hablaba de la llegada del socialismo al poder, del “vamos a respirar todos las libertades” y estaba muy vinculado con determinadas formaciones policiales muy concretas que se empiezan a especializar en parcelas de la vida de aquella época. Esta película en su momento fue inviable por presupuesto, pero sirvió de pinza temática para hacer ‘Grupo 7’, con la que comparte trasunto temático y político.

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Rafael Cobos durante la conferencia de los Martes de DAMA.

Además de ser importantes para vuestro avance profesional, también dijiste que esos dos guiones no filmados eran tus favoritos…

Eso es postureo, siempre dices eso de algo que no se ha hecho. (El guionista Fernando Navarro, presente durante la entrevista, interviene para darle la razón a Rafael: “Eso es un clásico. Los guiones favoritos son los que nunca se han rodado”). Y también lo dices porque, por otra parte, nadie te puede decir lo contrario, que ese guión es una mierda.

Afirmaste haber aprendido a renunciar de los diálogos con el paso del tiempo, algo que se nota en ‘La isla mínima’. ¿Es algo que ha venido con tu maduración como guionista o va más relacionado con la historia que estás contando?

Los diálogos son un elemento al que recurres porque tiene una función dramática. Si no la tuviera, y esto es una opinión subjetiva, prefiero prescindir del ornamento. Es verdad que el diálogo se puede usar para muchas cosas que no sean dramáticas porque, al fin y al cabo, pueden dar color, matices, porque sirven para contextualizar… Pero en mi caso personal, que no creo que sea de maduración, con el tiempo he descubierto que me molesta, que si el diálogo no cumple con esa función dramática que te comentaba, no tiene sentido, y por eso hay una tendencia a hacerlo prescindible cuando no está al servicio de la historia. Como decías, va relacionado con la historia que estés contando, porque si estás hablando de dos chicos encerrados en un piso vas a necesitar fundamentalmente el diálogo para que exista la acción, pero si puedo evitarlo, lo voy a evitar.

Viendo ‘La isla mínima’ me resultaron muy atractivos esos planos cenitales que ponían cierre a una determinada serie de escenas. Me dio la sensación de que eran como telones que hacían que la película tuviese cierta estructura teatral, lo me pareció interesante teniendo en cuenta que tú vienes del teatro. ¿Trabajasteis esto desde el guión o es un detalle que viene de post-producción?

Es una decisión posterior, no está en el guión, pero sí está claro que es la conclusión dramática de un bloque. De hecho, están concebidos como tal. Fueron una decisión de Alberto con Álex Catalán, estos planos tienen la función de darle al espectador la posibilidad de recopilar o recapacitar. Sin embargo, sí tienen algo relacionado con el personaje de Javier Gutiérrez, su relación con los pájaros, que de alguna forma son el recuerdo de los muertos en el ejercicio de sus funciones. Los planos son como una mirada omnisciente de todos estos muertos que lo están esperando. Yo diría que tienen más que ver con esta licencia poética.

Cuéntame cómo fue tu pasado teatral. ¿Tienes pensado retomarlo?

Yo empecé escribiendo teatro porque no podía escribir cine, lo veía como algo inalcanzable, muy lejano, y porque tenía una compañía de teatro y había que pagar derechos de autor cada vez que montábamos una obra. Y yo, que había querido ser poeta y que quería haber sido novelista, que había pasado por todos estos estadios de la literatura, desemboqué en el teatro. Fui casi por obligación y no me fue mal, la verdad. Empecé escribiendo textos para esta compañía que teníamos. Hice un montón, fue muy satisfactorio porque de repente me llegaban correos de compañías que querían representar los textos. Pero se acabó ahí, en dos o tres concursos a los que me presenté por el año 93-94 y que me dieron un dinero, luego llegué al audiovisual casi de forma inconsciente. Ahora, el teatro es algo a lo que vuelvo pero para meterlo en un cajón, porque me parece algo complicadísimo.

En vuestras películas la estética tiene mucha importancia, siendo ‘La isla mínima’ un ejemplo bastante claro. ¿Es algo que viene porque Alberto no se quita la “chaqueta” de director durante la escritura o lo trabajáis los dos desde el germen de la historia?

Las últimas reescrituras del texto siempre están muy vivas, muy condicionadas a una determinada localización, es algo lógico. Siempre hay un futurible imposible, algo que no sabes a dónde va si no controlas de memoria el espacio en el que está ocurriendo todo. Pero sí que creo que en nuestros guiones hay mucho contenido de lo que luego se hace cuando, como dices, más tarde Alberto se pone la chaqueta de director y trabaja con el director de fotografía para plasmar el resultado final. Los guionistas siempre tenemos que hacer defensa de nuestra implicación en el resultado final de la historia.

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Un instante de la entrevista con Bloguionistas.

Una de los puntos más interesantes de tu conferencia fue cuando contaste las referencias literarias de tus guiones. Hablaste de una influencia clara de ‘Peter Pan’ en ‘7 Vírgenes’ o del tono decadente de ‘Ampliación del campo de batalla’ de Houellebecq para ‘After’. ¿Cuándo entran en juego esas inspiraciones en el guión?

Hay influencia previa a la escritura, durante y después. Durante la escritura somos una especie de termomix, donde todo cabe y cualquier estímulo por mínimamente sugerente que sea va a terminar finalmente en el guión. Es algo que suele ocurrir cuando estás metido en la historia. Previo a la escritura del guión pasa lo mismo, estás como cociendo, es el momento en el que estás recibiendo y hay, probablemente, una última razón emocional que te está llevando a alimentarte de un material casi de forma inconsciente. Aunque tú no lo sabes, ahí hay algo que está trabajando y que luego estará relacionado con esas referencias en la fase de pico y pala, en la que entran de manera real cuando decides con qué quedarte; empiezas a darles un nombre, a hacer que esas referencias tengan sentido, que una te lleve a otra… Y que aquello que pareció siendo un estímulo místico e irracional se va traduciendo en material de trabajo.

¿Cuáles dirías que son tus referencias literarias principales?

Es difícil responder a eso. A mí hace mucho tiempo me sorprendió literariamente Roberto Bolaño, por el año 98, cuando ganó el Premio Rómulo Gallegos. Fue una influencia clara durante mucho tiempo, por dónde intuí que podía ir lo que estaba haciendo. Yo creo que es una influencia, por evidente que sea, que lo resume todo bastante bien. Últimamente me ha pasado algo parecido con un escritor norteamericano, James Salter. Te lo recomiendo. Me leí una novela suya llamada ‘Años luz’ que me llevó a leerme todo lo que tenía porque me pareció un escritor brillante.

La literatura ha sido clave en los guiones que has escrito con Alberto, pero también comentaste la importancia de la documentación en vuestras historias, que te ha llevado a leer sumarios extensísimos. ¿Es un proceso que disfrutáis o resulta farragoso?

El proceso de documentación más brutal que hemos vivido fue con ‘1977’, que nos comió por completo, fue exagerado. Pero sí que lo disfruto, me parece golosísimo, porque sacas petróleo, auténticas perlas. Es un proceso en el que vas viendo que la realidad es algo infinito. Hay una secuencia en ‘Grupo 7’ que protagoniza el personaje de Mario Casas en la que se pone a gritar en medio de un patio: “¡Somos el Grupo 7!”. Pues antes hay otra que se quitó del guión en la que sucede algo que está sacado de un caso real, en el que este personaje esposaba al malo al coche y empezaba a darle vueltas. Esto ocurrió en un barrio de Sevilla y lo leí en un sumario. Es brutal. Tú vas a ver esto al cine y dices: “te has pasado tres pueblos, tío”, pero es el ejemplo claro de cómo la realidad da cosas que son de género.

¿Va vuestro proceso de documentación paralelo a la escritura? ¿Alguna vez os habéis encontrado con que queríais llevar la historia por otro lado pero la documentación os lo impedía de alguna forma?

Claro, eso ocurre. El problema de empezar con la documentación a secas es que siempre tienes ese lastre, ese Pepito Grillo diciendo “cuidado, la realidad no es así”. Lo mejor de hacerlo paralelamente es que sabes encontrar el momento perfecto para mandar a la mierda la documentación, porque has sabido encontrar una solución, o por lo menos porque sabes cómo conseguir camuflarla con cuatro detallitos.

Dijiste que para vosotros lo más importante es saber de qué estáis hablando en vuestra historia, conocer el tema de la película. Que preferís tener eso claro a una estructura sólida, incluso que se puede llegar a perdonar no tener una estructura fuerte si el tema de ésta queda claro…

Alberto y yo trabajamos con el tema siempre. Y soy muy fatigas siempre con esto, en las clases que doy siempre incido en que el tema es algo tan genérico que te mata y que hay destilarlo hasta que tengas muy claro lo que vas a contar, es decir, sobre un tema en concreto, qué es lo que merece ser contado y bajo qué punto de vista se va a hacer. Nosotros consideramos que el tema es el origen, el germen de todo, el verdadero motor; tanto estructura como personajes vienen del tema.

Me gusta mucho esa confianza que tenéis en lo que estáis contando, hasta el punto de concluir aspectos de la historia de tal forma que algún espectador pueda llegar a pensar que falta información…

Eso lo discutimos mucho a veces. ¿Qué está bien y qué no está bien? ¿Por qué una historia tiene que estar mal si no hay un repaso final o porque no decimos abiertamente quién es el malo o no desvelamos el mecanismo? ¿Qué significa estar mal? ¿Por qué no puede poner el espectador esos elementos que dan la solución a la ecuación? Si esto es así significa que estamos destinados a generar productos en los que las costuras hacen que éste no exista. No quiero que esto se interprete como un “hagamos dramaturgias impresionistas” pero algo hay, sobre todo en este caso, que estamos hablando de drama.

Para terminar, ¿qué puedes contar sobre el nuevo proyecto que tienes con Alberto Rodríguez sobre Francisco Paesa?

Es una historia que lleva cuajándose ya un tiempo, en la que ya estábamos trabajando durante ‘La isla mínima’, por eso la tenemos bastante avanzada. No es exactamente un biopic, sino una historia basada en un reportaje de investigación que hizo Manuel Cerdán sobre Francisco Paesa.

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La sala Borau del Matadero se llenó para ver a Rafael Cobos.


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