PODCASTS DE GUIÓN, BLOGS CATALANES Y MÁS ENLACES PARA EL FIN DE SEMANA

29 mayo, 2015

Por Alberto Pérez Castaños. 

1. “Hay productores que son muy listos. Se ha dado el caso, de hecho, de productores que saben lo que hacen”. Tiene ya una semana y pico, pero esta entrevista a José Luis Cuerda merece abrir la tanda de enlaces de esta semana.

2.  A lo mejor este enlace con 10 consejos para escribir loglines os viene bien para cuando vayáis a ver a uno de esos productores que dice Cuerda.

3. Álex Catalán es el director de fotografía de películas como ‘Camino’, ‘Habitación en Roma’, ‘También la lluvia’ y, por supuesto, toda la filmografía de Alberto Rodríguez, incluida ‘La isla mínima’, por la que ganó el premio Goya. Canal Sur le dedicó recientemente este pequeño pero interesantísimo reportaje:

4. El guionista Arnau Margenet tiene un blog en el que analiza guiones de películas. Su última disección ha sido al guión de ‘Drive’.

5. Así que, el guión de esta semana es ‘Drive’, escrito por Hossein Amini.

6. Por cierto, ¿conocíais este blog de guión en catalán? Pues una manera de empezar a hacerlo es este post de Rodolf Giner“La millor professió del món”.

7. Esta semana se ha estrenado el podcast sobre guión de Antonio Trashorras, “Courier New”, y lo ha hecho con Virginia Yagüe, Adolfo Valor y Cristóbal Garrido como invitados.

8. Y, para terminar con la tanda, un par de críticas. En concreto, de ‘Ilusión’, de Daniel Castro, que se proyectó en el Coral Gables Art Cinema de Miami y han hablado muy bien de ella aquí y aquí.

¡Buen fin de semana!


DESPEDIDAS, GODZILLAS ESPAÑOLES Y OTROS ENLACES PARA EL FIN DE SEMANA

15 mayo, 2015

Por Alberto Pérez Castaños. 

1. Empezamos esta tanda de enlaces con una mala noticia. Los compañeros de GuionistasVlc nos dejan. El blog, según Gabi Ochoa, tiene los días contados. Una lástima, pero al menos lo hacen con un gran post de despedida.

2. Este enlace tiene ya unos añitos, pero viene bien recordarlo de vez en cuando. Hace tiempo, un cómico vio a Jerry Seinfeld actuar una noche y, cuando terminó, no dudó en acercarse para pedirle algunos consejos sobre su trabajo. “Don’t break the chain”, le dijo.

3. Por cierto, ya hace DIECISIETE años del final de ‘Seinfeld’. Y estas son algunas de las 20 cosas que hemos aprendido gracias ella.

4. Ojo con este concurso que han organizado el XL Festival Internacional de Teatro y Radio Vitoria EITB: 2.000 euros de premio por una obra de radio-teatro de 25 minutos. Hay de plazo hasta el 30 de junio.

5. Esta semana hemos tenido un par de #ECENIAN (El Cine Español No Interesa A Nadie) bastante interesantes. El primero, que ‘Ilusión’, de Daniel Castro, se estrenará en el Coral Gables Art Cinema de Miami.

6. Y, el segundo, que la ganadora de un Oscar Anne Hathaway protagonizará la nueva película de Nacho Vigalondo, ‘Colossal’, de la que ya sabemos que será un cruce entre ‘Godzilla’ y ‘Cómo ser John Malkovich’.

7. Así que, el guión de esta semana, efectivamente, ‘Cómo ser John Malkovich’, de Charlie Kaufman.

8. Para cerrar, pegadle un vistazo a este tallerazo de desarrollo de series de comedia. Organiza Fundación SGAE.

¡Buen fin de semana!


¿ESTÁ BIEN VISTO CAGARSE EN LOS LÍMITES DEL HUMOR O ES MEJOR “HACER CAQUITA”?

15 octubre, 2014

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por Juanjo Ramírez Mascaró

Son tiempos siniestros. Todos estamos trastocados por el ébola, ya sea pandemia, cortina de humo o ambas cosas. Hace poco publiqué un estado en Twitter y Facebook; una adaptación contemporánea de un chiste clásico:

– ¿Cuántos negros hacen falta para pintar una pared de rojo?

– En Liberia sólo hace falta un niño, pero no saldrá en las noticias.

Nadie se ha mostrado ofendido. Nadie ha dejado “replies” indignados. Nadie me ha hecho ningún unfollow hasta el momento. En Facebook incluso he conseguido algunos “Me gusta”, concedidos por gente que suele apoyar las causas justas.

Quizá me equivoque, pero creo que habría recibido insultos y lapidaciones virtuales – no sería la primera vez – si hubiese escrito exactamente el mismo tweet, pero suprimiendo las palabras: “pero no saldrá en las noticias.” En ese caso, el mensaje habría sido el siguiente:

– ¿Cuántos negros hacen falta para pintar una pared de rojo?

– En Liberia sólo hace falta un niño.

Existe una diferencia, ¿verdad? El primero es un alegato con crítica social. El segundo es un chiste cruel.

Personalmente creo que una mente lúcida sabría detectar la crítica social en la versión “recortada”.

Personalmente creo que una mente lúcida sabría detectar un utilitarismo frívolo en la versión “extendida”.

Personalmente creo que si aún quedan mentes lúcidas en estos tiempos convulsos, probablemente estén brindando con cianuro para no seguir soportándonos durante mucho tiempo.

El lenguaje humano es cojo, ciego y sordomudo. Y nosotros imbéciles.

Ser imbéciles tiene sus ventajas: Si no lo fuésemos no seguiríamos aquí. Nos habríamos marchado, o habríamos impedido que todo esto se convirtiese en “aquí”.

Pero estamos AQUÍ. Las cosas no son perfectas, y si intentamos arreglarlas obedeciendo el manual de instrucciones notaremos que nos sobran tres arandelas y cinco mil tornillos. En casos como éste me acuerdo de esa cita de Samuel Beckett que leí en una novela de Alex de la Iglesia:

Cuando tenemos la mierda hasta el cuello, sólo nos queda cantar.

En otras palabras, imbéciles: Este post va a tratar sobre los límites del humor

… o va a “tratar de tratar” sobre ellos porque el imbécil número uno soy yo, y confieso que tengo más opiniones quebradizas sobre el tema que argumentos potentes.

Llevo década y media dedicándome a esto de escribir. No es mucho tiempo, pero sí el suficiente para fabricar unas cuantas convicciones, cagarme en ellas, esculpir convicciones nuevas con la mierda resultante y volver a sentir – de repente – unas ganas incontrolables de cagar.

En esos años me he especializado sobre todo en dos géneros:

Comedia y terror.

Y a menudo la comedia y el terror se me juntan en un mismo proyecto, porque lo bueno del terror es que es como el color negro: que pega con todo…

… y también porque, en cierto modo, terror y comedia son el principio y el final de un mismo círculo. Ambos nacen de situaciones extremas, de circunstancias en las que ya nadie aguanta más.

En pocas palabras:

Risa histérica.

Reír por no llorar.

Llorar de risa.

Creo que el humor, al igual que el miedo o cualquier otro comportamiento humano visceral, está inscrito en nuestro ADN por una cuestión de pura supervivencia darwinista.

Así a priori estamos todos de acuerdo con eso, ¿verdad? “¡El humor es una válvula de escape!” “¡Al mal tiempo buena cara!” “¡Si la vida te manda pesadillas, devuélvele sonrisas!” “Jejejeje”

El problema llega cuando alguien hace un chiste sobre un tema que a ti te afecta de forma personal. De repente ese chiste es cruel, inhumano, desconsiderado, poco apropiado. “¡Una cosa es reírse y otra es tener mal gusto!

Podría termina este post justo aquí, en esta frase, si alguien me mostrase un barómetro objetivo para medir el sentido del humor y el sufrimiento humanos.

¿Alguien lo tiene?

¿Quién?

¿Nadie?

¡No! ¡Todos a la vez no, por favor!

Está bien, continúo:

Si trabajas en comedia para televisión, teniendo que hacer chistes todos los días sobre todos los temas, es muy probable que, de vez en cuando, te veas obligado a idear bromas sobre temas que, en ese momento concreto de tu vida, te afectan de manera muy directa.

Cuando la gente se sienta en el sofá, cuando hace zapping en busca de miserias que le hagan reír porque no son las suyas propias… a veces dichas miserias están escritas por alguien que sí las está viviendo en primera persona. No es raro que un guionista de comedia se vea obligado a escribir chistes de funerales cuando acaba de morírsele alguien. No es raro que tenga que escribir sobre anorexia cuando tiene un familiar cercano sufriendo dicha situación. No es raro tener que buscarle la comedia al cáncer mientras esperas los resultados de una biopsia (tuya o de un ser querido) o mientras tu hipocondría personal te susurra que quizá deberías hacerte una.

En esa clase de situaciones, un escritor consagrado al humor nunca te dirá que “de ese tema no hay que reírse”. En todo caso dirá: “Oye, hoy yo no estoy de humor para hacer chistes sobre esto. No quiero removerlo. Hacedlo vosotros. Ya os cubriré yo a vosotros cuando estéis en esta misma situación con cualquier otro asunto.

No obstante, también es habitual que la persona más afectada por algo sea la más dispuesta a hacer bromas sobre ello, la que propone los chistes más brillantes, ésos tan afilados que llegan hasta el tuétano porque provienen del tuétano. Lo hablaba el otro día con Daniel Castro: La comedia más auténtica proviene del dolor, de la indignación y de la rabia.

¡Y coño! Porque si algo tenemos en común quienes nos consagramos al humor es que no existe ningún tema del que no necesitemos reírnos. Siempre habrá bajas colaterales, por supuesto. Si algo no es susceptible de ofender a nadie, no es humor.

Cuando trabajaba en Vaya Semanita aprendí mil cosas. Una de ellas: Es casi imposible prever a quién vas a ofender con tus chistes. En ocasiones nos agarrábamos a la barandilla de la montaña rusa pensando que habíamos emitido algo que cabrearía a un montón sensibilidades… y no pasaba nada. En otras ocasiones, sin embargo, emitíamos algo que considerábamos relativamente inocente… y nos llovían quejas e incluso amenazas de denuncia.

Si hiciésemos comedia intentando no ofender a nadie seríamos mariposas incapaces de volar por miedo a provocar un terremoto en San Francisco.

Curiosamente, las personas más útiles en los velatorios son las que, a pesar de las circunstancias, consiguen hacer reír a los dolientes, quitándole hierro al asunto, apartándolos de su tormento durante algunos segundos. Esas personas me parecen héroes, o cuñaos, o vete a saber qué… Yo no sé hacer eso, a pesar de que me paguen por ello, muchas veces, a pesar de tener que hacerlo  en salas más deprimentes que cualquier tanatorio.

En cierta ocasión escuché a la humorista Raquel Sastre decir que, ante las quejas de muchos que pusieron el grito en el cielo sobre un chiste que Raquel publicó sobre Irene Villa… la propia Irene se pronunció sobre esa clase de chistes, e incluso especificó cuáles eran sus favoritos.

Lo decía más arriba y lo repito a riesgo de parecer cansino: Humor y miedo. Si reniegas del uno, asegúrate de que no estás condicionado por el otro.

Y donde digo miedo digo bilis, dolor, rencor, valle de lágrimas.

Propongo un experimento: Que dos personas transmitan un mismo mensaje: uno con seriedad, el otro con humor. Muchos se sentirán inclinados a crucificar al humorista. Porque no nos quieren libres: Nos prefieren con miedo.

Por supuesto que hay chistes de mal gusto, pero no siempre lo son por culpa del humorista en cuestión. Normalmente el cómico no sabe quiénes van a recibir su chiste, y si ése fuese un factor de peso para él, no existirían los cómicos.

Y si desapareciesen los cómicos ocurriría lo mismo que si desapareciesen las abejas: La Humanidad se iría al carajo.

El único código deontológico al que puede aspirar un profesional del humor es el sentido común. Y quizá también la convicción de que aunque el humor no esté por encima de todo… sí que está por encima de tropecientas cosas:

El humor tiene el poder de convertir los dragones en lagartijas.

El humor tiene el poder de convertir a Hitler en payaso.

El humor tiene el poder de aguar los licores amargos, los rencores…

El humor tiene el poder de que lo rígido se convierta en lo flexible…

… de que la lucha se convierta en baile.

La prota de Dentro del Laberinto derrotaba a su demonio personal diciéndole, muy convencida: “¡No tienes poder sobre mí!

A cualquier persona que esté ahora mismo en unas circunstancias desgarradoras yo le diría:

Cariño, hoy te ha tocado a ti. Vamos a sacarte una muestra de sangre y de tejidos y la vamos a usar para hacer chistes, porque la gente lo necesita y tú lo sabes. El día en que me toque a mí estar tan jodido como tú, aceptaré que hagáis lo mismo conmigo. Hoy por ti, mañana por mí. (…) Sí… tienes razón… es mejor cuando lo explica Eric Idle:


HABLANDO DE COMEDIA CON DIEGO SAN JOSÉ

28 noviembre, 2013

por Alberto Pérez Castaños

Diego San José es guionista de comedia. Ha trabajado en televisión (“Vaya Semanita”, “La Hora de José Mota”, “Qué Vida Más Triste”, ente otros), en cine (“Pagafantas”, “No controles”) y en teatro (“Más de 100 mentiras”). Hace unos días estuve con él hablando de comedia y de sus proyectos más recientes y éste es el resultado.

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Tras “Pagafantas” y “No controles”, “Ocho apellidos vascos” es tu nuevo guión de largometraje co-escrito con Borja Cobeaga, que se estrenará en abril del año que viene…

Sí. La idea es que vaya al Festival de Málaga y estrenarla inmediatamente después, pero ya veremos. Es una comedia romántica con tintes de humor “regional”. Tiene algo de nuestra época en “Vaya Semanita”, con mucho humor de lo vasco, aunque no muy político, porque creo que no era el guión para meterlo. Pero sí hay algo de política, de nacionalismo, de choque de ideas… La película es una especie de pez-fuera-del-agua, donde un señorito andaluz (Dani Rovira), de derechas, con gomina, pantalón de pinzas y con polo va a Euskadi y se ve obligado a hacerse pasar por vasco ante un posible suegro ultranacionalista vasco.

Esta vez no la va a dirigir Cobeaga, sino Emilio Martínez-Lázaro. ¿Ha sido un proceso de trabajo diferente sin Borja como director del proyecto?

Es una película que hemos escrito Borja y yo por encargo. Es decir, la cadena nos dio una idea general de lo que quería hacer y escribimos el guión en un proceso de un año y medio, más o menos. Con el guión ya escrito la cadena trajo un director, que en este caso es Emilio Martínez-Lázaro, para que la ejecute.

Es un sistema que está bastante bien, diferente al que estamos acostumbrados, en el que alguien tiene una idea en su casa, la escribe, pelea por venderla… Pero esta película se ha hecho con un mecanismo interesante. Creo que estaría bien que hubiese como diez proyectos al año así, donde una cadena busca un guionista para que escriba algo y luego busca a una persona que no está conectada al guión para que la dirija. Es un proceso mucho más corto. Pienso que facilitaría la entrada de muchos guionistas en la industria para hacer cine, ya que gracias a este sistema a lo mejor no tendrían que venir al Picnic a hacerse amigo de ningún director. Ojalá el sistema, independientemente de la película, sí funcione.

¿Crees que podréis hacer “Fe de etarras”, vuestra comedia sobre el terrorismo, a raíz de ésta?

Para hacer de “Fe de etarras” puede haber dos puentes. Uno sería que “Ocho apellidos vascos” salga bien económicamente hablando, de cara a la comercialidad de lo vasco. Y el otro estaría relacionado con un piloto que hemos hecho para ETB, que funcionaría también como TV Movie, titulado “Aupa Josu”. Lo he escrito con Juan Cavestany y lo ha dirigido Borja, y se estrena en diciembre. Por lo político sí se parece más a “Fe de Etarras”, ya que trata de un consejero del Gobierno Vasco que se propone acabar con ETA en dos días. Pero sobre todo se parece en el tono, más deprimente pero muy divertido, como una comedia oscura donde no está subrayada la carcajada. Creo que ha quedado realmente bien.

Borja comentó que Cavestany y tú os quedastéis alucinados con el nivel al que Carlos Areces, el protagonista de “Aupa Josu”, eleva el guión que escribisteis.

Fue brutal. Me asustó, incluso. Me impactó hasta qué punto había entendido bien los chistes. No sólo ha interpretado bien el guión sino que lo ha reforzado todo con una pausa o acabando una frase en un determinado punto porque ha sabido en qué palabra exacta está el gag. Eso es muy complicado pedírselo a un actor.

Hay pocos actores cómicos así, desgraciadamente…

Ya. Además, desgraciadamente no hay muchos en España que quieran ser actores cómicos, como Julián López o Gorka Otxoa, que te saben leer perfectamente un chiste. Ahora mismo vas a una escuela de actores y preguntas quién quiere ser cómico y no creo que salga nadie. Es decir, si les preguntas si quieren hacer comedia, te dicen que sí, pero si quieren ser cómicos, si quieren tener una conexión casi única con hacer comedia, no creo que haya muchos. Es una pena. Quizás por ese desprestigio que va siempre unido al género, que no da casi premios, y muchos no aceptan vivir sin ganar uno. También pasa una cosa con los actores de comedia, que es que la gente le atribuye su trabajo a su personalidad y se creen que de por sí ese tipo es gracioso; ves a un actor de drama y te crees que ha estado tres meses viviendo con yonkis preparando su papel, pero ves al de comedia y te crees que es gracioso porque con cinco años ya hacía reír a la gente de su barrio. Lo que falta es que la gente entienda que hacer reír tiene el mismo trabajo o más que el drama, que hace falta ser muy inteligente para eso.

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Jorge Guerricaechevarría dijo en el Encuentro de Guionistas de Bilbao que a él le gustaba trabajar con el director porque éste se iba imaginando la película en imágenes durante el proceso y eso le venía muy bien para escribir. Tú has escrito con el director y sin el director, ¿te pasa igual que a él?

A mí me pasan dos cosas que responden a por qué sí prefiero escribir con directores. Una es que yo no escribo solo. Escribir guiones de cine es un proceso muy largo y muy aburrido como para hacerlo en solitario. Y encima, al ser comedia te ayuda tener a alguien al lado, porque de vez en cuando te ríes, lo pasas bien y, además, puedes probar los gags.

Luego, por otro lado, a nivel laboral creo que es la respuesta por cómo están cosas. Es por lo que comentábamos al principio. Ahora mismo es complicado que a un guionista lo contraten para escribir una película y luego se incorpore un director. Normalmente, el proceso arranca con un director y luego con un guionista; o bien porque el director no es guionista o bien porque el director no quiere escribir el guión entero él solo.

Y en cuanto a si me ayuda o no a la hora de escribir, creo que más que ayudarme a mí, escribir con el director ayuda a la película, porque el director ha ido viviendo todo el proceso de escritura y luego lo plasma tal y como se han concebido las ideas sobre el papel. Aunque no hace falta que sea el co-guionista en muchos casos. Javi Ruiz Caldera, por lo que tengo entendido está en el guión, en reuniones y tal. Cuando escribo con Borja, él lleva la chaqueta de guionista. Si piensa imágenes o planos concretos lo hace para él, juntos estamos centrados en el guión.

En los últimos meses se ha hablado mucho en diferentes medios mediante reportajes y demás de la llegada de una “nueva comedia española”, en la que os metían a Borja y a ti con “Ocho apellidos vascos”, a “La Gran Familia Española”, a “Tres Bodas de más” y a otras no tan mediáticas “Ilusión” de Dani Castro o “Gente en sitios”, de Juan Cavestany. Me resultaba curioso leer que definían como “nueva comedia” un estilo que, por ejemplo, ya habíais escrito Cobeaga y tú en “Pagafantas” y “No controles” hace años. ¿Qué opinas tú de todo eso?

A mí también me resultó curioso, porque además salieron todos estos reportajes casi al mismo tiempo, creo que coincidiendo con el estreno de “La Gran Familia Española”, cuando, para empezar, “La Gran Familia Española” es una comedia de Dani, de las suyas de siempre.

Mi opinión es que creo que la cosa está tan mal en el cine español que a cualquier pequeño peldaño que subimos le ponemos la etiqueta de nuevo con mucho énfasis, como celebrándolo, lo cual por otro lado me parece bastante natural. Pero no creo que estemos hablando de una “nueva comedia española”, de hecho, a lo que llaman “nueva comedia” es a un tipo de comedia más americana. Creo que podríamos llamar “nueva comedia” a algo hecho aquí sin esos referentes americanos que todos conocemos y que son los que todo el mundo va a ver en masa. Por ejemplo, podría ser lo de Cavestany y su “Gente en sitios” o “Ilusión” de Dani Castro, cosas más lowcost y no a nivel industrial. Pero esto existía también antes, estas pelis muy pequeñas han existido siempre. Para que sea “nueva comedia española” tendría que ser que este tipo de películas las vean ocho millones de espectadores.

De todos modos, una cosa que me molesta mucho es que estos periódicos que sacaban los reportajes sobre el tema, nombrando a “Gente en sitios” e “Ilusión” y celebrándolas como “nueva comedia” luego las ignoren y, por ejemplo, no saquen una crítica de ellas. ¿Por qué Boyero no puede hacer una crítica de “Gente en sitios”?

Por otra parte, aquí estamos más acostumbrados a ese tipo de cine de autor en el que es imposible que un director-guionista español diga: “Voy a hacer una película en la que el público salga deshuevado de la risa de la sala”. Ojalá pasase, pero siempre va a ser un tipo de comedia con sentimientos, con emociones, que gira alrededor de la familia… Es raro que alguien haga una película para meter 15 gags buenísimos y que la gente se ría. Creo que ese tipo de comedia nunca va a llegar por la vía autoral, por desgracia. Es más fácil que una cadena o una productora tenga esa visión y lo haga, como han hecho con “Spanish Movie” o “Promoción Fantasma”, que sería más el modelo de Estados Unidos; que un director con talento como Javier Ruiz Caldera coja un guión de comedia cada año y medio y lo ejecute estupendamente, sin exigir procesos de producción excesivamente. Harían falta cinco o seis más como él, directores que tengan ganas de dirigir un guión ajeno, directores de oficio que no tengan que cambiar el guión o tener que estar en el proceso de creación.

El lowcost también es una buena vía y no está del todo explotada para hacer una comedia de mucha risa, como sí ha hecho “Ilusión”, por ejemplo. Esto es porque el lowcost tiene una especie de pulso extraño con el humor. Parece que si haces una película de mucho descojono pierdes esa etiqueta intelectual que parece que necesita el lowcost, y que yo sepa, “lowcost” habla de un tipo de producción de bajo coste, no tiene por qué ser un estilo “enemigo de la risa”. Por eso espero que de aquí a un tiempo si salgan buenas películas de descojono hechas con poco dinero.

Entonces, ¿eres más de Adam McKay y Will Ferrell que de Wes Anderson, por ejemplo?

Absolutamente. Soy mucho más de Ferrell-McKay que de Wes Anderson que, de hecho, no me interesa mucho. Ferrell-McKay y Sacha Baron Cohen-Larry Charles me parecen los dos dúos más interesantes que hay hablando de comedia, de los más valientes a la hora de realizar un tipo de gag sin coartada, buscando directamente la carcajada. Me encanta esa valentía, que no te vengan vendiéndote una cosa megamoderna, una estética determinada, ni que vayas a poder copiarte las pintas del protagonista para ir a La Latina. Donde se la juegan es en la comedia.

De los británicos me gusta mucho Christopher Morris, que hizo “Four Lions” y además dirige capítulos de “Veep”, y ha hecho tele muy buena que me ha influido mucho. Me parece uno de los máximos exponentes de comedia incorrecta. De hecho, en ese sentido me gustan más los británicos que los americanos.

Volviendo a “Ocho apellidos vascos”. Se trata de tu tercera comedia romántica. Cuando estabas escribiendo “No controles” recuerdo que te leí que estabas algo saturado de este tipo de comedia. ¿Lo dejas ya con esta? ¿Qué otra comedia te gustaría escribir ahora?

Sí. Estoy bastante harto porque realmente no hay tantas maneras de contar el amor en una persona. Ya no tengo mucho más que contar sobre el tema. Además, pienso que el amor en el cine es demasiado complejo; en la vida real una chica te gusta pero es la novia de un amigo tuyo y ni lo cuestionas, pero en el cine tienes que justificarlo, que contarlo todo… Lo cual es curioso porque en el cine la vida es mucho más sencilla: la gente no va al baño ni trabaja ocho horas al día. Por eso ya no me interesa la comedia romántica.

La siguiente que estoy escribiendo con Cobeaga, que la dirigiría él también, habla de la relación padre-hijo y sobre hacerse mayor y la sensación de que tal vez te has perdido la vida. Va sobre un padre que se ha quedado viudo ocho meses atrás y llama a su hijo diciéndole que está preparado para volver a conocer chicas, a salir a ligar. Le pide que le eche una mano y ambos se lanzan a la noche, a ligar como colegas una semana en Canarias, sin contar que son padre e hijo.

Se podría decir que vuestra comedia y lo que queréis contar con vuestras historias va madurando con vosotros…

Totalmente. Además, Borja y yo siempre hemos hablado mucho de la relación con nuestros padres. Con el padre en concreto. No sé si es por ser vascos, pero es una relación en la que nunca se ha hablado de sexo, de alcohol, ni de ligar… Se hace muy incómodo, y creo que el escenario más infernal que se me puede ocurrir en la vida es ver a mi padre borracho bailando o entrándole a una tía. La comedia va un poco por ahí. No hay historia de amor. Ni se van a enamorar, ni a separar, ni nada eso, en todo caso sería la relación entre dos colegas.

Y, a parte de este, ¿tienes algún otro proyecto de cine en marcha?

Sí, estoy haciendo la segunda parte de “Días de fútbol” con David Serrano. Una secuela en la que se vería cómo están sus vidas 10 años más tarde. Si la primera parte hablaba de la crisis de los 30, ésta hablaría de la crisis de los 40; más que problemas con las chicas serían problemas con los divorcios, con la ex-mujer… Es una excusa para retratar la España de la crisis, que a los personajes les ha afectado mucho. Problemas con preferentes, con el Forum Filatélico, con las hipotecas… De hecho, el partido es contra el equipo de los banqueros, una especie de “España contra los malos”.

Además de tener una carrera en el cine, siempre has estado muy metido en televisión. ¿En que estás trabajando ahora?

Empecé escribiendo en televisión y la verdad es que me encanta, porque escribo más rápido y, además, es lo que me da un sustento estable. El cine está genial pero yo considero que lo que me da de comer es mi oficio, y lo que me da de comer es la televisión.

Ahora mismo estoy escribiendo el Especial de Navidad de ETB con Óscar Terol, que lo llevo haciendo un mogollón de años y me encanta hacerlo porque me dan libertad absoluta. Y, por otra parte, llevo meses colaborando con El Terrat en el departamento de desarrollo de proyectos. El año pasado estuve en “La Hora de José Mota” hasta que acabó e hice dos pilotos con Rubén Ontiveros y la gente de “Qué Vida Más Triste”.

Básicamente has hecho entretenimiento, ¿nunca te ha tentado escribir ficción?

La verdad es que me gusta más el entretenimiento que la ficción. A mí me encanta escribir sketches. Aún así, de todos modos, nunca me han llamado para hacer ficción. “Vaya Semanita” me encasilló mucho en el género. Pero sí que me gustaría, aunque ahora mismo no estoy viendo ninguna. Ni española, ni americana.

Parece que en drama las series poco a poco van evolucionando en productos diferentes a los que estamos acostumbrados, más cuidados, más elaborados y contando historias más atractivas. Pero en comedia estamos más estancados y, salvo excepciones, parece que seguimos haciendo productos muy parecidos, con los estándares clásicos…

Yo me ilusioné mucho con “¿Qué fue de Jorge Sanz?”. Me gustó y pensé que iba a ser una especie de punto de inflexión. Tampoco es que fuese muy optimista, pero al menos esperaba que un par de series al año se pudiesen hacer; series un poco fuera de lo común, en las que no hace falta meter un chiste en cada diálogo, pero parece que Canal + ha dejado de producir ficción.

Creo que igual la vía para seguir haciendo comedias atractivas es aprovechar la TDT, ahora que hay tantos canales y tantas horas de ficción, con audiencias pequeñitas. Quizá ese sea el camino para hacer cosas un poco diferentes. Porque, ya te digo, a mí me irrita mucho eso de que en cada diálogo haya que meter un chiste o cuando entiendo cómo se ha hecho el gag, cuando se nota que se ha aplicado escuadra y cartabón para construirlo. Parecen gags industriales, como generados por un robot. Por eso, esa comedia en que no sabes muy bien de qué te estás riendo me parece muy dificil que se haga aquí. Ojalá algún día podamos llegar a hacer cosas como “Louie”, por ejemplo. Yo en “Louie” no veo donde está el gag pero aún así me río y, de hecho, hay veces que ni siquiera hay gag y me fascina. Me río mucho y me encanta porque no sé cómo lo hace, no le veo el mecanismo. Y esto lo tenía también “¿Qué fue de Jorge Sanz?”.

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Ahora está habiendo una sequía bastante importante en el género sketch nacional, como si se hubiese pasado de moda de repente, pese a que siempre ha estado ahí, tanto aquí como fuera.

A mí me parece que el monólogo ha sido un gran asesino del sketch, y no sólo a nivel televisivo, que también. Sobre todo creo que lo ha matado en la etapa inicial, donde nacen los cómicos. Igual que en los 80 había salas donde iban a actuar los cómicos, como la Sala Cleofás, donde empezaron gente como Cruz y Raya o Martes y Trece, ahora todo son bares de monólogos, teatrillos para monologuistas. Por eso creo que una de las razones por las que no hay sketches es porque no hay gente que los haga. Ya no surgen dúos cómicos. Ahora la palabra “dúo” suena a la España de “Cuéntame”. Ya no existe. Pero ahora sigue tan válido como en los años 80, y sin eso el sketch aquí no sobrevive. Ahora son todo monologuistas y es una pena, porque yo siempre he sido un gran fan de los cómicos de peluca, de acentos y de imitador de voces.

Por lo tanto, a tu juicio, ¿qué es lo que necesitaría el sketch español para tener un nivel de solidez y asentamiento como puede tenerlo el sketch norteamericano o el británico, con buques insignia como “Saturday Night Live” o joyas recientes como “Little Britain”?

“Saturday Night Live” o “Little Britain” se hicieron porque en su día hubo personas que quisieron hacer algo más allá del humor cotidiano, más allá que recorrerse bares haciendo monólogos. Lo que necesitaría el sketch español es que el chaval de 22 años de un pueblo de Badajoz que quiere ganarse la vida haciendo reir se ponga una peluca y se olvide de observar cómo es su cuñado o cómo se comportan las chicas cuando se cortan el pelo; que se proponga crear un personaje o sketches surrealistas sin ningún sentido… Pero ahora mismo eso no pasa, porque ven que si hacen un monólogo luego pueden ganarse la vida de eso, lo cual está muy bien para ellos, pero no para el sketch.

Es decir, que una posible nueva generación de sketches en España tendría que venir de la mano de los intérpretes en lugar de los propios guionistas y creadores como tú…

Se podrían dar ambos casos. Por ejemplo, en Estados Unidos, cuando crearon “Satuday Night Live” fueron a Second City y de ahí sacaron a los cómicos, y una vez los tenían, hicieron un programa de sketches. Pero ahora sería muy complicado hacer un programa de sketches más allá de la gente de “Saturday Night Live”. La única manera es coger a monologuistas que hagan de cómicos. Yo creo que si surgiera una pareja de cómicos o un cómico como es José Mota, por ejemplo, un cómico en el sentido más literal de la palabra, podría haber alguien que le diera un programa. Igual que en los 80 era impepinable que los viernes por la noche hubiese un programa de televisión con algún cómico o pareja de cómicos, ahora es imposible. Pero el caso es que no creo que la gente lo eche de menos. Yo porque soy un amante de los sketches y sé que en este tema hablo desde un punto de vista muy personal, pero la gente tiene ganas de monólogos. No creo que nadie esté pensando que ojalá vuelvan los sketches. Pero es algo que yo echo mucho de menos.

Pero en el caso concreto de “Saturday Night Live”, muchos de sus mejores actores vienen del stand-up. Gente como Eddie Murphy, Chris Rock o Adam Sandler empezaron en el stand-up y acabaron triunfando como actores cómicos. Allí es un salto bastante natural. ¿Es porque el cómico norteamericano es diferente al que hay aquí?

En muchos casos el monologuista norteamericano es bastante diferente al de aquí, porque interpretan desde un personaje, no como ellos mismos. Se crean una especie de caparazón. Eso es lo que hacían los cómicos de los 80. Se inventaban una lectura de la vida, un estilo personal por el cual deformar la realidad, que es lo contrario a lo que hacen los monologuistas de aquí, donde todos tienen un mismo patrón con el que deforman lo cotidiano, sacándole pequeños fallos al comportamiento y las torpezas de las personas. De esta manera hay chistes que podrían ser de diez cómicos diferentes. En cambio, un chiste de Cruz y Raya lo diferencio de uno de Martes y Trece, o de uno de Faemino y Cansado. Eso es lo que me gustaría. Tener este tipo de cómicos con humor personal, y no escuchar un chiste sobre la pelea de una pareja por el mando a distancia.

Entonces, del stand-up actual o clásico, tanto de aquí como de fuera, ¿con qué te quedas?

De aquí me gustan mucho Ernesto Sevilla, Julián López y Raúl Cimas. De fuera, admiro a Louis C.K. Su último especial, “Oh my God”, me parece espectacular. Y clásicos, pese a que no creo que se pueda meter dentro del monólogo, Andy Kaufman me gusta mogollón. También George Carlin, Bill Hicks, Eddie Murphy… Me gusta mucho lo que hace Zack Galifianakis con el piano, que lanza one-liners totalmente absurdos. Y volviendo a lo nacional, más clásico, Chiquito de la Calzada, pese a ser un cuentachistes, me parece un cómico portensoso. Me da mucha pena que a Chiquito se la haya defendido mucho desde el frikismo, cuando es uno de los cómicos más acojonantes que ha habido en España. Creó un lenguaje, un personaje y un estilo físico con el que estuvo a un nivel brutal. Luego, el estilo de Eugenio también me gustaba mucho, ese mismo tono siempre, como de funeral, contando chistes desde la seriedad. Es, de nuevo, un personaje, el “qué pasaría si te comunican la muerte de tu madre y te obligan a contar un chiste”. Ese choque es una gran idea, un gran personaje. Esas son las cosas que admiro.

Además de cine y televisión, también has trabajado en teatro, concretamente fuiste unos de los autores del musical “Más de 100 mentiras”. ¿Tienes algún otro proyecto teatral en marcha?

En “Más de 100 mentiras” yo me incorporé para trabajar en los gags, mi aportanción fue para la parte más cómica de la obra, aunque al final acabas haciendo de todo.

Ahora he escrito una obra de teatro, una comedia que se llama “Doble o nada”, para intentar levantarla el año que viene. Y también tengo un proyecto con David Serrano que se llama “El Manual del Pillador”, en el que la idea es hacer una especie de simposio, una obra de teatro que sería una master class de cómo ligar con mujeres, interpretado por un personaje que supuestamente es un megafollador pero sus consejos son de alguien patético que no ha pillado cacho en la vida.

Ahora hay guionistas que siempre han escrito cine y televisión que se lanzan a escribir teatro. ¿A qué crees que se debe esto?

Creo que se debe a una razón principalmente laboral y económica más que por espíritu y vocación teatral. Está todo tan mal que muchos se ven obligados a hacer cosas que nunca han hecho antes, como, en este caso, es el teatro. Luego también hay mucha gente haciendo Microteatro, que parece que está muy de moda.

Todas estas alternativas teatrales que hay están muy bien también porque ofrecen una vía de hacer algo que no ofrecen ni la tele ni el cine. Si quieres hacer sólo cine, te cuesta años ver realizado algo que has hecho y la ventaja que tiene el teatro es que son procesos mucho más cortos. Y escribir un Microteatro está genial porque también es un proceso menos elitista que escribir, por ejemplo, una serie. Si eres un guionista novel, escribes una serie y la llevas a una cadena, no te la van a leer, pero escribes un Microteatro y es posible que hasta lo acabes haciendo, y de esta forma ves como con veintipico años ya hay un texto tuyo representándose. Creo que esto es muy necesario, porque si no, mucha gente joven tiraría la toalla. En esta etapa en la que estamos, en la que es tan complicado encontrar trabajo, se pueden perder muchos guionistas jóvenes capaces de escribir cosas de calidad. Por eso está muy bien el teatro, tanto en circuitos más comerciales, como en salas más alternativas o en Microteatro. Es, sin duda, la mejor forma que hay ahora mismo de aguantar la espera hasta encontrar trabajo o, los más jóvenes, una oportunidad.


POR FIN, EL MALDITO ESTRENO

28 junio, 2013

Por Daniel Castro

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Yo antes no era así. Yo antes hablaba sobre otras cosas. La carrera nuclear en Irán, la etapa de Pellegrini en el Real Madrid… tenía opiniones fundadas sobre cuál era el mejor pincho de tortilla de Madrid o la mejor canción de los Who. Recordaba los nombres de los hijos de mis amigos e iba al cine con cierta frecuencia.  Antes existía un mundo exterior que podía intentar conocer y en el que, con cierto leve esfuerzo, podía llegar a interesarme.

Ahora no. Ahora reconozco que me he vuelto una versión pobre y, espero, menos pomposa, de Francisco Umbral, que sólo acudía los sitios a hablar de su libro.

Ahora yo hago lo mismo. Ahora mismo resulta difícil mantener una conversación de más de dos minutos conmigo que no incluya seis menciones a la maldita película que dirigí. Hace unos meses mendigaba localizaciones para rodar o buscaba a actores para encarnar personajes.  Ahora hablo de si nos han seleccionado para cierto festival, de la exigencia de este otro, que necesita que lleve pósters (el drama de que sólo tenga cuatro pósters intactos de la peli, de que cada uno cueste 15 euros), de lo apropiado o no de mandar una nota de prensa a una revista de cine, de lo conveniente o no de hacerme el DCP yo mismo, en mi pobre iMac…

En las últimas fechas sólo he aparecido por Bloguionistas para hablar de “Ilusión”. Antes escribía análisis de tres folios sobre “El discurso del Rey”, ahora escribo medio. Y va sobre mi maldita peli.

Pero os prometo que esta va a ser la última vez que aparezca por Bloguionistas para promocionar “Ilusión”. A estas alturas casi todos le tendréis manía, algunos querréis verla y otros no sabréis ni siquiera de qué hablo.

El caso es que la parte principal del camino que se ya ha acabado. La película ya está en los cines.

Bueno, más concretamente, la película está en un cine. La Cineteca de Matadero de Madrid. Una sala en la que se está exhibiendo parte del cine más interesante, pero también minoritario, que se hace en España.

El estreno, organizado por Márgenes, es mañana día 29, pero habrá más pases el domingo 30. También los miércoles 3 y 10 de julio, siempre en el mismo cine, al precio de 3’5 euros. Podéis comprar entradas en la taquilla a ese precio. O, anticipadamente, aquí, con un pequeño recargo que cobra entradas.com (el total son 4,40),

Por ahora sólo hablo de Madrid. ¿Se podrá ver en más lugares de España? Sí, por ahora ya hay unas cuantas sesiones apalabradas (festivales, salas de cine pequeñas, cine clubes) y habrá más si nos las piden. ¿Se podrá ver online? Sí, pero cuando eso no sea incompatible con algún concurso, premio o contrato en el que esté implicada la película (muchos premios, por ejemplo, exigen que la peli no esté online).

Siento que este blog ha tenido mucho que ver en “Ilusión”. Escribía aquí con frecuencia mientras la rodábamos, aquí (en la sección de comentarios) me dieron un poco de caña como actor y alguno de los principales colaboradores de la peli se puso en contacto con nosotros gracias a lo que yo escribía en Bloguionistas. Este lector ofreció a hacer el making of de la película pero acabó llevando una cámara, un micrófono, cargando carteles y ayudando en la posproducción de la imagen.

Me gustaría regalar tres entradas para ver “Ilusión” en alguno de estos pases: domingo 30 a las 18h30 o miércoles 3 o 10 de julio a las 20h30. Serán para los tres primeros que las pidáis en la sección de comentarios (una por persona).

(No podrán participar en esta promoción colaboradores de Bloguionistas o sus familiares)


PUNTO DE NO RETORNO

3 junio, 2013

Por Daniel Castro

Había dedicado demasiado tiempo a aquello como para tirarlo a la basura. ¿Os ha pasado alguna vez? Es una especie de punto de no retorno. Volver atrás es aún peor que seguir adelante.

¿Qué iba a contarle a toda esa gente a la que le había dicho que estaba escribiendo un largo? ¿Me cambiaría de acera para evitarles? ¿Iba a estar evitándoles toda la vida? ¿Debía mudarme de ciudad? ¿Cambiar de móvil y amigos para que nadie volviera a preguntarme por aquél maldito proyecto? No, tenía que seguir adelante con aquella mierda. Por lo menos debía intentarlo.

Pero mi idea inicial era demasiado ambiciosa. Si quería producirla y dirigirla, tenía que simplificarla. Muchísimo. Tenía que escribir un nuevo guión. Fuera el chalet. Fuera el personaje del niño. Fuera el viaje en coche. Fuera la visita a los padres en otra provincia. Fuera las escenas en restaurantes o bares.

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Se acercaba el verano y tenía tanto por hacer que sólo pensar en ello me daba vértigo.

Sonó el teléfono. Me ofrecían un trabajo. El trabajo más atractivo y mejor pagado que me habían ofrecido jamás. Pero también era un empleo exigente. Siendo realista, si lo aceptaba, iba a dejar de lado mi película, por lo menos durante medio año.

Tenía algo de dinero ahorrado, pero tampoco demasiado. Un buen trabajo siempre viene bien, sobre todo cuando eres guionista.

Pedí un par de días para responder a la oferta. Vi un par de episodios de la serie en la que me ofrecían trabajar. Joder. Era buena. La decisión hubiera sido sencilla si la serie hubiera sido horrible. Pero no, aquello estaba bien dirigido, producido y escrito.

Sin embargo, aún no sé ni cómo, rechacé la oferta. Hace ya unos años. Estábamos en crisis, pero aún no sabíamos que aquello sólo era el prólogo.

Durante varios días noté una fuerte presión sobre el pecho. No pude dormir en casi una semana. Era miedo, claro: ¿Y si no era capaz de escribir ese maldito guión? ¿Y si lo escribía y era una mierda? ¿Y si no era capaz de rodarlo? ¿Y si, una vez rodado, era una mierda? ¿Y si jamás volvían a ofrecerme un trabajo tan envidiable como el que me habían ofrecido? ¿Qué iba ser de mi?

Ahora soy capaz de formular las preguntas que me angustiaban. Pero por aquél entonces no existían bajo esta forma tan definida. Durante aquellos días cobraban forma de insomnio y peso en el pecho.

Empecé a tomar pastillas para dormir. La Dormidina me hacía efecto inmediato. Pero me dejaba atontado. Al día siguiente era incapaz de escribir una sola frase.

Unos familiares que sabían lo mal que lo estaba pasando me invitaron a irme de viaje con ellos. Me vendría bien – dijeron. Al día siguiente de que España se clasificara para las semifinales del Mundial con aquél gol de Villa contra Paraguay salimos hacia Galicia.

Vimos el partido de Alemania en Orense. La final, el gol de Iniesta, ya en Aveiro, en Portugal.

Unos días más tarde volvió el insomnio. Me recuerdo andando por la playa de San Martinho do Porto, dándole mil vueltas a mi historia, muerto de miedo.

Me recuerdo de rodillas, en una iglesia, rezando, lloroso, aunque no creo en Dios. Recuerdo que en aquella iglesia sonaba una música maravillosa. He intentado localizarla muchas veces. Creo que era de Bach.

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Aunque tenía previsto volver a Madrid, nadie me esperaba ahí, así que cambié de planes y me fui al norte. Estuve un par de semanas solo en un piso de veraneo que me dejaban. De vez en cuando cogía la bici. A veces bajaba a la playa y me comía un bocata de pollo al curry que vendían en el chiringuito. Empecé a escribir la nueva versión. Creo que la escribí en el netbook de 400 euros que sigo usando ahora.

Esa versión no tenía más de ochenta páginas, pero era algo.

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Cuando volví a Madrid, pasé el guión a algunos amigos. Hubo reacciones de todo tipo. Unos cuantos me dijeron que les gustaba más la versión anterior. La del chalet, el niño y las escenas en bares. Yo también prefería aquella. Pero era ésta la que podía rodar.

Han pasado casi tres años del Mundial. Un poco menos desde que acabé el guión de “Ilusión”.

Después del trabajo de un montón de personas, aquél guión se ha convertido en una película. Durante algunas fases he creído que no era una buena película. Pero, en general, las críticas han sido muy positivas y la película ha ganado tres premios en la sección Zonazine del festival de Málaga, así que, poco a poco, me he ido convenciendo de que está mejor de lo que yo pensaba.

Me gustaría saber qué pensáis vosotros.

Mañana martes la presentaré en Madrid por primera vez, en Los Martes de Dama, a las 18h30, en la Cineteca de Matadero. Si podéis y queréis venir a verla, las entradas están disponibles aquí, donde también podéis reservar entradas para la charla de Oriol Capel sobre comedia del día 11. Además, si escribís a bloguionistas@gmail.com, podéis obtener gratis una de las cinco invitaciones gratuitas para cada sesión.

El estreno oficial de “Ilusión” será en la sala grande de la Cineteca y por sólo 3’5 euros, los días 29 y 30 de junio. Podéis ver los horarios aquí y, por ahora, comprar las entradas en la taquilla de la sala (pronto estarán disponibles online).


UN GUIÓN EN 25 HORAS

18 febrero, 2013

Por Daniel Castro

El origen

Hace poco más de un mes, Juanjo Ramírez Mascaró, uno de esos amigos con los que uno intercambia cientos de “me gustas”, comentarios y retweets en las redes sociales pero con los que apenas ha tomado cinco cañas, se puso a sí mismo un reto divertido y desquiciado: se comprometió a escribir un largometraje en 24 horas. Sí, entero. Juanjo, para que quedara clara la autenticidad de su gesta pidió que sus contactos en Twitter y Facebook le propusieran premisas. Natxo López, de Bloguionistas, le hizo llegar por twitter una propuesta convenientemente impertinente.

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Y, como había prometido, Juanjo escribió un largo (de 70 páginas) basándose en ella. Podéis leerlo aquí. (Natxo escribió brevemente sobre este asunto aquí).

Como no hay idea descabellada que me sea ajena y ahora tengo algo de tiempo libre, me animé a hacer lo mismo. En mi caso, establecí algunas condiciones. Yo, con todo el cariño para Natxo, no quería escribir un largo sobre algo demasiado desquiciado. Además, si pedía a mis contactos que me propusieran ellos sus ideas, podría verme obligado a escribir sobre algo que no me interesara en lo más mínimo. Entiendo que tal vez esto formara parte del reto original. Pero mi quijotismo, siendo exagerado, no es comparable al de Juanjo.

Desde hace cierto tiempo tenía una idea que nunca había llegado a escribir en papel. Sin embargo, en mi cabeza estaban el principio de la historia y una idea aproximada de su desarrollo y desenlace. También sabía cómo debían evolucionar las relaciones entre algunos personajes. Casi nada más.

Como la fase de estructurar la historia, de darle forma, es la que más me cuesta y, a veces, las horas de dar vueltas a la escaleta acaban, incluso, con mis ganas de escribir la historia, esta vez decidí aprovechar las condiciones de Juanjo para hacer un tratamiento de choque: la estructura y los diálogos se escribirían a la vez. Una primera versión de escaleta y diálogos al mismo tiempo. En un día. Luego, si la historia merecía la pena, la rescribiría con más calma.

pantalla

El desarrollo

Empecé a las 12 del mediodía del jueves 7 y escribí la última palabra aproximadamente a las 13 horas del viernes 8. Necesité una hora más de lo previsto para escribir 71 páginas.

Dormí unas cuatro horas y comí varios platos de pasta al pesto y sándwiches mixtos siempre frente a la pantalla del ordenador (con la pantalla en colores invertidos, para evitar que se me cansara la vista por el brillo).

Durante casi todo el tiempo escuché una playlist de Spotify seleccionada por un amigo. Nunca he escuchado tanta pachanga sobrio.

Al final, el artefacto tiene 71 páginas. Las fui publicando por entregas en este precario blog que creé en el momento. Cada parte era de unas 13 páginas, aproximadamente. Algunos amigos las iban leyendo conforme las colgaba, de forma que se iban “enganchando” a algo que yo estaba escribiendo en ese mismo instante. Esta sensación de inmediatez es una de las más curiosas que he experimentado recientemente.

Si queréis leer lo que escribí, aquí está el guión completo y, si preferís hacerlo por entregas, podéis verlas tal y como fui colgándolas, en el blog.

desayuno

Algunas conclusiones

¿Qué conclusiones saqué de una escritura tan acelerada? Vamos allá.

1.  La primeras es obvia: escribir un guión de largo en 24 horas (25 en mi caso) no es demasiado conveniente. Por unos cuantos motivos, pero, principalmente, porque uno tiene que ir muy rápido. Las consecuencias son las obvias: los diálogos no se revisan, las primeras ideas se llevan a cabo sin mucha crítica, el cansancio va haciendo mella… Sin embargo…

2. Escribir un guión de largo en 24 horas (25 en mi caso) es bastante conveniente. Obviamente, por otros motivos diferentes: contribuye a desatascar una idea que no has trabajado durante un tiempo, la urgencia te lleva a no detenerte en cuestiones estériles y, en algunos casos, a inventar soluciones que no se te hubieran ocurrido en otras condiciones. Si el guión no queda bien, no habrás perdido en él más que un día de intenso trabajo. Si el guión queda decente, o, al menos, inventas algo, habrás sacado de ese día más de lo que uno obtiene de una jornada normal de trabajo.

3. Escribir un guión de largo en 24 horas es muy jodido. Incluso si uno no duerme ni una sola hora (cosa difícil) y escribe un largo de sólo 70 páginas (muy corto para el estándar), debe producir casi tres páginas por hora. No es mucho para un guionista experimentado que trabaje con una escaleta clara y cerrada. Pero es demasiado si no se cumple algunas de estas condiciones.

Otro elemento positivo de esta experiencia es que, al ser un trabajo hecho en unas condiciones tan extraordinarias, al menos en mi caso, estoy mucho más abierto a escuchar opiniones ajenas y a modificar el guión y su estructura.

Por eso os quería pedir a quienes lo leáis que me digáis sin ningún tipo de escrúpulos (pero con cierta educación) qué os parece, qué secuencias os gustan, cuáles no, qué cambios haríais, etc. Os prometo tener vuestros comentarios muy en cuenta.

La moraleja

Son malos tiempos. Muchos creen que nunca van a trabajar en lo que les gusta. Algunos ya están buscándose la vida en otros sectores o países mientras esperan que las cosas vuelvan a ser como fueron. Pero casi todos imaginamos que eso no va a suceder. Para bien o para mal. Sabíamos escribir guiones para series de televisión. Algunas tenían éxito. Pero ahora ni siquiera las series de éxito lo tienen. Nuestras armas parecen oxidadas y son las únicas que tenemos.

Trabajar es lo único que nos puede salvar del desánimo. Rodar una película en un sólo día como los de #littlesecretfilm o, tal vez más fácil para nosotros los guionistas, escribir un cuento, una webserie, una saga épica o, ¿por qué no?, un guión de largometraje en 24 horas. Mandarle al mundo, y a ti mismo, una prueba de que estás vivo. De que sigues teniendo dos o tres cosas que contar. De que te has lanzado a una estúpida y peligrosa laguna y has llegado vivo a la otra orilla. Y de que, cuando quieras, puedes volver a hacerlo.


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