EL ALMA DE LAS SERIES

27 febrero, 2012

por Javier Olivares.

 I

Para que una serie tenga alma, hay una serie de requisitos indispensables:

1. Que lo que se cuenta tenga interés para el público tanto como lo pueda tener para el que la haya creado.

2. Que quien la haya pensado (guionista y/o productor) debe velar para que, de la idea a la emisión, el espíritu de la serie, lo que se quiere contar y cómo se quiere contar no se pierda por el camino.

Ese interés se puede basar en:

a. El puro entretenimiento, la evasión a épocas ajenas, la aventura en tiempos presentes o no, el gancho que pueda tener su reparto…

b. La cercanía a la realidad y las emociones tanto nuestras como de quienes van a ver nuestro producto (malos creadores seremos si dejamos de ser público). O dicho, en otras palabras: verdad y credibilidad… hables de romanos, alienígenas o del portero de tu finca.

c. En cualquier caso, diálogos y personajes deben construirse con solidez, basándose en la lógica dramaturgia de los objetivos o deseos del personaje, lo que impide que los logre (o hace complicada su tarea), sus estados de ánimo, sus relaciones emocionales, sus palabras y sus silencios… que es el lenguaje inteligente y superentendible a la vez para cualquiera que la vea: porque es el suyo.

Cuando estas condiciones no se contemplan, lo que vemos en la pantalla suele ser el resultado de fórmulas en las que un extraño sentido del target (y más con la fragmentación actual) y del “yo sé lo que quiere el espectador” (frase típica de entomólogo) predominan sobre la creación.

Ejemplo de esto son esas series en las que aún cuando hablen en castellano, cuesta entender qué quieren decir. Esas adaptaciones de series extranjeras sin sentido. Esos castings de gente guapa que no sabe vocalizar o de jóvenes de 25 años que interpretan papeles de policías experimentados (como si El Comisario o Policías no hubieran existido). Cuando eso ocurre, las series pierden su alma (si es que alguna vez la tuvieron). Y, con ella, también su público.

Desaparecida

Al contrario, cuando una serie tiene alma y la dejan expresarse, nuestra ficción ha hecho series comparables a cualquier serie extranjera. Como Cuéntame cómo pasó, en la que no se habla del mundo actual pero sí se nos recuerda nuestro pasado reciente para que entendamos quiénes somos. O como Siete Vidas, donde –en algunas temporadas de gran nivel- aparecían por nuestra sala de estar personajes que se parecían sospechosamente a nosotros mismos. O como las primeras temporadas de Amar en tiempos revueltos, donde se demostró que nuestras tardes televisiva podían ser distintas apelando a nuestros recuerdos y, de paso, arrasar en una franja llena de subproductos de ficción o no, hechos a la supuesta y tópica “medida del público”. O como la impecable Desaparecida, fue capaz de adelantarse de manera emocionante a The Killing y a su origen (la danesa Forbrydelsen, también del 2.007). O, en comedia ligera, las primeras temporadas de Doctor Mateo, con un humor tranquilo e inteligente que se vende al extranjero con mayor éxito que la original inglesa Doc Martin. O como la magnífica revisión de hechos recientes como el 23-F de TVE y el 11-M de Tele 5. O como la excelente ficción autonómica –esa de la que desgraciadamente nunca se habla y produce calidad con muy poco dinero- de TVG (Padre Casares, Matalobos…) o TV3 ( Temps de Silenci, Plats Bruts, Porca miseria, los inicios de El Cor de la Ciutat, Polseres Vermelles y, perdón por citar una en la que estoy implicado, la detectivesca Kubala, Moreno i Manchón…).

Todas estas series, tan diferentes en géneros y tipos de producción, hablan de tristezas, pérdidas, derrotas cotidianas, de pequeñas alegrías donde aferrarse a la vida… No son acomodaticias y, pese a ser fáciles de ver, no son blandas ni en comedia. Cuentan desde la verdad y la credibilidad lo cotidiano o lo que no lo es tanto. Y han conseguido que el público las quiera. Porque se ven en un espejo en el que, sin dejar de entretenerse, ve reconocidas sus emociones.

No estoy hablando de series de poco éxito, precisamente. Así que poder, se puede. Y se debe.

Cuéntame

 

II

Queda más que claro, con los ejemplos citados (y habría más que nombrar) que nuestra ficción tiene capacidad para hacer productos de calidad. Ahora, falta dar un paso más en nuestra ficción para redondear el círculo: contar en ella lo que podemos ver en periódicos e informativos (aunque cada vez menos, la verdad: uno ve a Hilario Pino y prefiere El Informal). O, parafraseando la famosa frase de Adolfo Suárez, “elevar a la categoría televisiva de normal lo que a nivel de calle es normal”.

Si toda creación y pensamiento (arte, filosofía, diseño…) son el reflejo de su época, ¿cómo es la España actual desde el punto de vista de su ficción? Para todos los públicos.

Tal vez ése sea uno de los principales lastres, porque pensando en que sea para todos los públicos se desprecia la calidad de cada tipo de público y se ha expulsado de nuestra audiencia a gente que vería la televisión si se le diera otro tipo de productos. Creo que el objetivo no sebe ser sólo mantener la audiencia, sino buscar a ese gran tanto por ciento que puede llegar a serlo y que no ve nuestra ficción porque piensa –muchas veces con razón- que “es más de lo mismo”.

Y eso no se va a lograr con productos que “no molesten”, que “no inquieten”. Sean del género que sean. A ese público, al que hay que recuperar, no le vale con salpicar un capítulo con desnudos oportunistas: quiere que los actores, lo sean, a pesar de su buen físico.

No le vale con historias de buenos muy buenos y malos muy malos: busca elegir él quién es su malo o su bueno… Quiere personajes menos maniqueístas y más poliédricos.

No le vale la misma manida historia de amor: ya sabe que el amor ha cambiado mucho y ya no es lo que era… Aunque siga siendo amor.

No le vale ver la misma fórmula repetida siempre porque alguna vez triunfó. Ni el alargamiento de las series hasta que dejan de ser lo que fueron. Ni el plagio de fórmulas extranjeras: prefiere ver la original y la ve por Internet (hasta ahora… habría que ver si gran parte de la piratería en lo referente a ficción no se basa en que no encuentra en la televisión lo que allí está a su disposición).

Shameless

Con todo esto, nos alejamos de la realidad y de la verdad. De la vida y del origen de las historias. Porque se escribe de lo que se ha vivido, de lo que ha deseado y nunca obtenido, convirtiendo en imágenes lo que se ha leído, de lo que se ha escuchado…

Marcel Pagnol escribió que “la vida es una sucesión de tristezas y pérdidas y, de vez en cuando, alguna alegría. Pero eso no hay que contárselo a los niños”. Si esto es así, no cabe duda: nos están tratando como a niños.

¿Significa esto que esté proponiendo una ficción triste y melancólica? Nada más lejos de eso. Nuestros protagonistas, nuestros héroes, tienen como objetivo superar los obstáculos que le dificultan cumplir con sus deseos. Cuanto más reales sean esos obstáculos, más heroicos serán nuestros personajes. Porque, a día de hoy, un padre de familia sufre tanto para cuadrar las cuentas cada fin de mes como Sísifo subiendo la piedra a la colina una y otra vez.

Si utilizáramos la realidad que nos rodea, nuestra ficción sería más épica, más moderna, más atrevida… Mejor. Shameless, Breaking Bad y series españolas ya citadas antes son un buen ejemplo de ello con momentos como la maravillosa amistad entre Solá e Hipólito en Desaparecida. Olaantológica secuencia de Imanol Arias con el I Will Survive de la Gaynor en Cuéntame cómo pasó…Por no hablar del cáncer de mama del personaje de la Duato en la misma serie…

The Fades

Precisamente, un tema desgraciadamente familiar para cualquiera de nosotros son las enfermedades (propias y de gente querida y cercana). No existen en nuestras pantallas (salvo en excepciones gloriosas como Polseres Vermelles o la citada de Cuéntame) y como protagonistas, menos.

No tenemos enfermos mentales como los de In Treatment (lástima de no tener paciencia con nuestro excelente El Grupo). Nuestros protagonistas no deben ser enfermos terminales (como en Boss, Breaking Bad, The Big C), ni psicópatas (Dexter). Demasiada negatividad para el cuerpo.

No, aquí se tiende a que todos sean sanos, jóvenes y guapos. Y cuando es irremediable que las series las protagonicen jóvenes guapos y sanos (ése es el tema), una recomendación: comparar nuestra ficción juvenil con Misfits, esos gamberros ingleses con superpoderes, o con The Fades, esa maravilla de la BBC que mezcla el paso de la adolescencia con muertos vivientes. O la barroca creatividad del Doctor Who (el de Davies y el de Moffatt), llena de mensajes positivos, para un público juvenil al que no se le exime de la melancolía ni la tristeza.

 

IV

Dando vueltas al paisaje que nos rodea, se hace difícil de creer que en un mundo tan corrupto como el de la sociedad occidental actual (y también la nuestra), dicha corrupción no se muestre apenas en nuestra ficción.

Que en una situación social como la nuestra (llena de paro e indignación, donde el mercado manda sobre los gobiernos), esto no se aún tema a tratar en nuestra televisión. Ni en historias troncales, ni en personajes adyacentes.

Si hay un policía malo, se justifica dicha maldad en un pasado terrorífico y en que es la manzana podrida en un inmenso cesto de manzanas sanas. ¿La justicia no funciona? Vamos, no me jodas. Todo lo más, un juez que está pirado. ¿Corrupción política? Mejor no tocarla. ¿Paro? ¿Familias desestructuradas? Mejor no contar penas (Shameless es un ejemplo de cómo hablar de ello y convertirlo en una obra de arte).

Muchas veces se habla de la pequeña pantalla como la caja tonta. Eso no tiene que ser así. De hecho si hay una disciplina de vanguardia (y de vanguardia popular, además) a día de hoy son las series televisivas. Esas series que sí nos cuentan (y a veces nos anticipan) cómo es el mundo.

Homeland

Series como Homeland, que nos cuenta como lo ideológico y lo personal se mezclan en un tema como el terrorismo. Con unos personajes tan poliédricos que a veces no sabes de qué lado estás… con lo que, pase lo que pase, la felicidad del espectador no será completa.

O como Boss, donde se hace una radiografía del poder corrupto a través de un supuesto alcalde de Chicago a día de hoy. Un alcalde que tiene (y oculta) una enfermedad terminal pero que eso no le impide aferrarse al poder como si éste le fuera a dar la vida eterna.

Otro ejemplo –ya tópico, tan de moda ha estado- de contar las cosas con alma es The Wire, heredera de Homicidio y The Corner. Para muchos es la mejor serie de todos los tiempos: y habla de política municipal, en qué se ha quedado la prensa, la educación, la clase obrera y la crisis económica… de nuestro mundo. Y sin dejar de ser un policíaco.

O, ya con más tintes sociológicos, la apabullante trilogía de Black Mirror. donde todo lo que he propuesto se funde en una sola serie.

Black Mirror

¿Son series caras? Sí.

¿El problema de que no se hagan cosas así en España salvo algún intento –Crematorio– es el dinero? No. Se podría hablar de ello hasta en nuestros niveles de producción. De hecho, Homeland es una adaptación de una serie israelí que no contaba con sus mismos medios.

No es falta de medios. Es falta de riesgo. Es no avanzar en la narración con algo tan elemental a día de hoy como mezclar géneros (que confunde a la gente, parece). Es seguir idealizando tanto a nuestros personajes, hacerles tan positivos, que no parecen ciertos. Y cuando detrás no hay miga, aparecen los diálogos vacíos y las situaciones vacuas.

En esto, por cierto, también los guionistas tenemos mucho que mejorar, sea el encargo que sea el que recibamos. Porque nuestras armas son la construcción de personajes y los diálogos para convertir lo nimio en apasionante. O lo nefasto, en digno. Y si no nos dejan, decir que no e irnos.

Porque, recuerdo, cuando una serie triunfa nadie se acuerda de quienes la escribieron (fuera no pasa lo mismo). Pero cuando fracasa, el fracaso sólo tiene un padre: los guionistas. Otro día hablaré de esto.

 

V

Industria hay. Es cuestión de dar un paso adelante. Otros lo han hecho.

Un buen ejemplo es la televisión israelí, capaz de generar formatos que se venden en el extranjero (y en la meca de la TV) como In Treatment (en Israel, Be’Tipul), Homeland (Hatufi), The Ex List (Ex), The Naked Truth (adaptada por Clyde Phillips, el padre de Dexter)… Y otras dos que ya preparan su estreno: Ramzor(que se titulará Mixed Signals) y la impecable Ran Quartet(Quinn-Tuplets).

Abarcan géneros que van desde el drama, la comedia ligera, la sitcom, la política, la trama familiar… Con un descaro, un riesgo y una capacidad evidente para captar la realidad social que les envuelve. Sólo una fracasó: The Ex List y porque la CBS edulcoró hasta el empalago, la original idea de mezclar el género fantástico con el de las relaciones de pareja de la protagonista.

Todas ellas han pasado la reválida en su televisión de origen y ahora dan el salto a los EEUU, donde más de una de las majors se han asegurado la primera opción de compra de diversos creadores israelíes.

Polseres Vermelles

Sin ir tan lejos, Polseres Vermelles, una producción que no llegará ni a los 200.000 euros por capítulo, ha sido comprada por Spielberg para su adaptación USA de la mano de Marta Kauffman (Friends). Seguro que les sale más cara. Pero ojo: que no eliminen el espíritu de Albert Espinosa, su creador. Porque entonces, la adaptación americana (por muy altos que sean sus presupuestos y muy prestigiosos los nombres que están detrás de ella), habrá perdido su alma.

Alma e ideas. Verdad y credibilidad. Hay cosas que no son cuestión de dinero, sino de inteligencia y de riesgo… Y además, acaban dando prestigio y dinero.

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Javier Olivares: Estudió dos años en el Laboratorio del TEC, teniendo como maestros a William Layton, José Carlos Plaza, Miguel Narros… En prensa, fue redactor jefe de La Luna de Madrid. Ha estrenado diversas obras de teatro, como autor, adaptador y director. Como guionista ha trabajado en programas (La Última Noche, El Club de la Comedia…) y en series como Robles Investigador, El secreto de la porcelana, Los Serrano, Pelotas –en todas junto a su hermano Pablo Olivares-, Los hombres de Paco, Ventdelplà, Infidels,Kubala Moreno i Manchón (estas dos últimas como creador y productor ejecutivo) e Isabel, de la que es director argumental y jefe de guión. Profesor de guión en el Master de Producción Audiovisual de la U. Complutense y en la ESCAC de Barcelona.


FLASHBACK: ENCUENTRO DE GUIONISTAS DE VALENCIA

5 noviembre, 2011

por Pianista en un Burdel.

El pasado fin de semana tuvo lugar en Valencia el I Encuentro de Guionistas, auspiciado por la asociación Escriptors de l’audiovisual valencià. Este bloguionista estuvo allí, naturalmente (había comida gratis) y en mi post de hoy ofreceré unos cuantos random thoughts al respecto:

– La asistencia fue un éxito. La sala de conferencias del IVAM estaba siempre llena al 90%.

– A la inauguración asistió Guardans y, para variar, se quejó de que en España se hacen muchas películas. También se quejó de que no fueron a buscarle en coche oficial. Y luego no se presentó a la cena que se había organizado a petición de su oficina. Una trama bastante previsible.

– Hubo alguna ausencia sonada, como la de Álex Montoya, demasiado ocupado con la promoción de su corto “Marina” y finalizando el siguiente, “Maquillaje”. Con dos subvenciones seguidas del IVAC, un Premio Bancaja y sus cortos premiados en Cinema Jove, la Mostra y Radio City, muchos consideran a Montoya uno de los guionistas más exitosos de Valencia. Por cierto, ya se puede ver online su corto premiado en Sundance Cómo conocí a tu padre.

– Quien sí estuvo, en todo, fue Juanjo Moscardó. El Vicepresidente de EDAV derrochó esfuerzo, buen humor y mano izquierda. Reciente ganador de una de las subvenciones a desarrollo del ICAA con su proyecto “Amor en Polvo”, Moscardó es quizá el principal responsable de que el encuentro haya sido un éxito. Ah, y también ha dirigido un corto, Chocapaquete:

– Muy interesantes las ponencias de Rodolf Sirera (Amar en tiempos tevueltos), Virginia Yagüe (La Señora), o Susana Herreras (coordinadora de ficción de Canal +). Sus nombres son ya clásicos en eventos de guión, pitching y audiovisual en general.

– El mejor ponente para mí fue el guionista y productor Ramón Campos, que desde la productora Bambú ha lanzado productos como Desaparecida, Guante blanco o Gran reserva. Y más importante todavía, ¡ha sido firma invitada en Bloguionistas! Ameno, dialogante y sensatísimo, se ganó risas y aplausos varias veces con sus anécdotas sobre su experiencia como guionista y productor ejecutivo de series de prime-time.

– Una sorpresa muy agradable fue comprobar el talante abierto y dialogante de Pablo Hernández, subdirector general de SGAE. Algunos ya lo habrán visto en el Twitter: un señor que dijo claramente que su objetivo no es perseguir el P2P, que el P2P va a existir siempre, y que admite sin ambages que la política de comunicación de la SGAE ha sido defectuosa. Claro en sus explicaciones, sin esquivar ninguna pregunta… nada que ver con el señor Bautista y sus exabruptos y despistes continuos. Su ponencia era el viernes, pero el sábado también asistió a las conferencias, desde primera hora, y siempre dispuesto a sentarse a charlar de lo que hiciera falta.

– En el capítulo de defectos: las rondas de preguntas se hacían eternas. Después de unas cuantas, siempre se levantaba el típico compañero que no ha entendido que una ronda de preguntas es para preguntar algo a alguien. Parece que es imposible que se junten diez guionistas sin que salgan tres temas: “necesitamos un nuevo cine español y no tanta Guerra Civil”, “necesitamos una HBO española y no tantas series de niños y abuelos” y “la SGAE es mala, mala, mala”.

– Cabe destacar también la tenacidad con que algunos compañeros se agarraban al micrófono para reivindicar cosas que no venían al caso, como por ejemplo el sempiterno “parece que nos hemos olvidado de los guionistas de no-ficción“. Por muy legítimas que puedan ser estas reivindicaciones, pierden seriedad cuando se hacen así, en plan espontáneo que salta al ruedo. El lobbying, como su propio nombre indica, se hace en el lobby. No en la sala de conferencias.

– En resumen, hablamos de muchos temas; aprendimos muchas cosas que no sabíamos sobre nuestra profesión; estrechamos manos; devoramos canapés; agotamos el café; a las cabañas bajamos, a los palacios subimos, y los claustros escalamos, y allá por donde fuimos, memoria amarga dejamos. Confío en que se repita el año próximo, ojalá vuelva a ser en Valencia, y espero verles a todos ustedes allí. Y los que no vayan, que no se quejen luego de lo difícil que es hacer contactos.

(Publicado originalmente en Bloguionistas el 7 de octubre de 2010)


ENCUENTRO DE GUIONISTAS DE VALENCIA

7 octubre, 2010

por Pianista en un Burdel.

El pasado fin de semana tuvo lugar en Valencia el I Encuentro de Guionistas, auspiciado por la asociación Escriptors de l’audiovisual valencià. Este bloguionista estuvo allí, naturalmente (había comida gratis) y en mi post de hoy ofreceré unos cuantos random thoughts al respecto:

– La asistencia fue un éxito. La sala de conferencias del IVAM estaba siempre llena al 90%.

– A la inauguración asistió Guardans y, para variar, se quejó de que en España se hacen muchas películas. También se quejó de que no fueron a buscarle en coche oficial. Y luego no se presentó a la cena que se había organizado a petición de su oficina. Una trama bastante previsible.

– Hubo alguna ausencia sonada, como la de Álex Montoya, demasiado ocupado con la promoción de su corto “Marina” y finalizando el siguiente, “Maquillaje”. Con dos subvenciones seguidas del IVAC, un Premio Bancaja y sus cortos premiados en Cinema Jove, la Mostra y Radio City, muchos consideran a Montoya uno de los guionistas más exitosos de Valencia. Por cierto, ya se puede ver online su corto premiado en Sundance Cómo conocí a tu padre.

– Quien sí estuvo, en todo, fue Juanjo Moscardó. El Vicepresidente de EDAV derrochó esfuerzo, buen humor y mano izquierda. Reciente ganador de una de las subvenciones a desarrollo del ICAA con su proyecto “Amor en Polvo”, Moscardó es quizá el principal responsable de que el encuentro haya sido un éxito. Ah, y también ha dirigido un corto, Chocapaquete:

– Muy interesantes las ponencias de Rodolf Sirera (Amar en tiempos tevueltos), Virginia Yagüe (La Señora), o Susana Herreras (coordinadora de ficción de Canal +). Sus nombres son ya clásicos en eventos de guión, pitching y audiovisual en general.

– El mejor ponente para mí fue el guionista y productor Ramón Campos, que desde la productora Bambú ha lanzado productos como Desaparecida, Guante blanco o Gran reserva. Y más importante todavía, ¡ha sido firma invitada en Bloguionistas! Ameno, dialogante y sensatísimo, se ganó risas y aplausos varias veces con sus anécdotas sobre su experiencia como guionista y productor ejecutivo de series de prime-time.

– Una sorpresa muy agradable fue comprobar el talante abierto y dialogante de Pablo Hernández, subdirector general de SGAE. Algunos ya lo habrán visto en el Twitter: un señor que dijo claramente que su objetivo no es perseguir el P2P, que el P2P va a existir siempre, y que admite sin ambages que la política de comunicación de la SGAE ha sido defectuosa. Claro en sus explicaciones, sin esquivar ninguna pregunta… nada que ver con el señor Bautista y sus exabruptos y despistes continuos. Su ponencia era el viernes, pero el sábado también asistió a las conferencias, desde primera hora, y siempre dispuesto a sentarse a charlar de lo que hiciera falta.

– En el capítulo de defectos: las rondas de preguntas se hacían eternas. Después de unas cuantas, siempre se levantaba el típico compañero que no ha entendido que una ronda de preguntas es para preguntar algo a alguien. Parece que es imposible que se junten diez guionistas sin que salgan tres temas: “necesitamos un nuevo cine español y no tanta Guerra Civil”, “necesitamos una HBO española y no tantas series de niños y abuelos” y “la SGAE es mala, mala, mala”.

– Cabe destacar también la tenacidad con que algunos compañeros se agarraban al micrófono para reivindicar cosas que no venían al caso, como por ejemplo el sempiterno “parece que nos hemos olvidado de los guionistas de no-ficción“. Por muy legítimas que puedan ser estas reivindicaciones, pierden seriedad cuando se hacen así, en plan espontáneo que salta al ruedo. El lobbying, como su propio nombre indica, se hace en el lobby. No en la sala de conferencias.

– En resumen, hablamos de muchos temas; aprendimos muchas cosas que no sabíamos sobre nuestra profesión; estrechamos manos; devoramos canapés; agotamos el café; a las cabañas bajamos, a los palacios subimos, y los claustros escalamos, y allá por donde fuimos, memoria amarga dejamos. Confío en que se repita el año próximo, ojalá vuelva a ser en Valencia, y espero verles a todos ustedes allí. Y los que no vayan, que no se quejen luego de lo difícil que es hacer contactos.


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