DAMA AYUDA (V), O CÓMO LA TUTORIZACIÓN PUEDE MEJORAR TU HISTORIA

31 mayo, 2017

Por Àlvar López y Carlos Muñoz Gadea

Seguimos con la segunda y última parte de la entrevista a Diana Rojo respecto a su paso por DAMA AYUDA, donde, recordamos, presentó una sinopsis cuyo largometraje resultante tiene una opción de compra. Si en la primera de las publicaciones Diana se centró en hablar sobre el proceso de construcción de su sinopsis, hoy nos explica en qué consistió su tutorización y cómo mejoró esta el embrión de la historia que presentó.

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¿En qué se basó tu tutorización?

Para no enrollarme mucho, os remito a este otro artículo que escribimos Juan S. López (mi compañero de fatigas, también tutorizado por David) y yo, donde escribimos sobre nuestra experiencia en DAMA Ayuda y el proceso de trabajo. Éramos jóvenes, no habíamos trabajado nunca como guionistas de tele (ni teníamos esperanza de hacerlo) y Juan me acababa de descubrir lo que era un hashtag. Cada uno con nuestros correspondientes guiones, solíamos reunirnos para intercambiar impresiones y, como decimos en el otro post, la experiencia no pudo ser mejor.

Para resumir, diría que el tutor no es una persona que escribe por ti, sino alguien que te orienta sin anularte. Es como un guía que conoce el terreno mucho mejor que tú y que te puede aportar un punto de vista externo y más experimentado.

¿Qué has aprendido en el proceso?

Tengo la sensación de que he aprendido muchas cosas, pero cada vez que me pongo a escribir algo nuevo, vuelvo a sentirme como si no tuviera ni idea de nada. Y es que, a no ser que repitas siempre los mismos patrones, cada historia presenta unos retos distintos. Pienso que muchas de las estrategias que aprendes escribiendo las entiendes mejor cuando vuelves a ponerlas en práctica o cuando analizas otro guión.

Algo que sí me ha quedado claro es que la constancia ayuda. Marcarte objetivos a corto plazo, como obligarte a escribir un número de secuencias o páginas a la semana, te hace coger oficio. Hay días muy frustrantes, que no sacas ni un gramito de chicha o que tiras a la basura todo lo que has escrito, hay días que funden a blanco y no salen de ahí, pero incluso esos días que parecen no haber ocurrido, sí lo han hecho. A veces no llegas a ciertos lugares sin haber pasado por otros y entrenas tu capacidad de resolución, incluso cuando das con ideas que acabas descartando.

¿En qué aspectos crees que ha mejorado tu historia?

Algo que me gusta mucho es que ha dejado de ser una comedia dramática y se ha convertido en una comedia-comedia, que me divierte mucho más.

Por otro lado, ahora releo la subtrama que mencioné antes y me parece horriblemente paternalista. Como la persona que la escribió, claro. La cambié completamente y, de paso, ahondé un poco en mi gilipollas interior (Iannuci, creador de The thick of it, dice que cuando escribes comedia, tienes que entrar en contacto con él). Así que eso hice e incluso me vino muy bien para caracterizar mejor a alguno de los personajes.

En el proceso de escribir creo que también te vas conociendo, exploras tus rincones más podridos y a mí me gusta mucho reflexionar sobre eso. Krahe decía que últimamente se había dado cuenta de que las canciones no le servían para hablar de la opinión que creía tener sobre las cosas, sino para averiguarlo. Decía “Las escribo para saberlo. Y me digo, si escribo esto será porque es así como pienso y con toda seguridad eso es mío”. Con las historias creo que pasa algo parecido, aunque eso no significa que en tu película los personajes representen tu pensamiento. Es mucho más complejo que eso. Precisamente manejamos emociones, creamos seres humanos y escribimos historias de ficción, no artículos de opinión, pero escribir es también una conversación contigo mismo, una constante toma de decisiones y elección de puntos de vista y, en ese proceso, te puedes llegar a sorprender de tus propios automatismos. A veces lo que escribes te recuerda lo imbécil que eres. Pero no pasa nada, la comedia tiene mucho de eso. Es más divertido aprovecharse que mandarse callar.

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Extracto de Charlas con un vago burlón, texto de Krahe al que Diana hace referencia.

Otro de los cambios con los que estoy más satisfecha es un cambio de género que hice en uno de los personajes. Loli tenía un profesor de autoescuela, Roberto, y fue David quien me preguntó si me había planteado que Roberto fuera “Roberta”. Pues no, ¡no, maldito Sargento de Hierro!, no me lo había planteado. Probé y ahora tengo una relación de amistad entre dos mujeres que he disfrutado muchísimo escribiendo. Me sangran los oídos cuando escucho algo de tipo “cuando se juntan un montón de mujeres, se acabarán sacando los ojos las unas a las otras” o “una mujer jefa es peor que un hombre jefe”. Y lo que más me alucina es que hay quien lo piensa de verdad. Así que esta especie de vínculo a lo Jessica y Trish de Orcasitas es mi meada personal sobre estos lugares comunes.

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Diana: “Jessica y Trish, sacándose los ojos en Jessica Jones.”

¿Ha cambiado mucho a lo largo del proceso? 

Sí, ha sufrido muchos cambios de unas versiones a otras. La protagonista, por ejemplo, tenía un hijo, que pasó a ser hija y que, finalmente, desapareció. El día que la sacrifiqué lo pasé muy mal porque ya estaba hasta dialogada… y un ser dialogado entra en la categoría de ser vivo. Te mira como un cachorro, con cara de “no haberme tenido”. Intentas justificar su supervivencia a toda costa, pero David te devuelve su mirada implacable: “¿Qué es lo que somos, Rojo?”. Y tú lo sabes y lo repites en voz alta: “¡Somos bastardas con un Final Draft en vez de pollas y queroseno en vez de sangre!” Lo hice. La maté. Lloré. Pero narrativamente gané algo fundamental en la historia: una buena razón para la antagonista, así que no hay dolor.

¿Con qué elementos de la escritura (escaleta, secuenciación, etc.) has trabajado durante la autorización y cuáles te han resultado más útiles?

Primero trabajé en un documento sin denominación oficial donde esquematicé los grandes pasos de la historia. Después hice una escaleta y, a partir de ahí, la primera versión de guión.

En un momento dado, tenía una tercera versión de guión que no tenía ya nada que ver con aquella escaleta, pero necesitaba reestructurar algunas cosas. Si en esos momentos me hubiera puesto a hacer una nueva escaleta a partir del guión, me habría acabado pegando un tiro, así que utilicé lo más eficaz en esos casos: papel y boli. A mí me resulta muy práctico hacer esquemas en folios y David también suele comunicarse así: yo, con el boli que me pille a mano, y Tuthor, con su famoso rotulador negro.

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Diana: “El software de guión que nunca falla.”

Por lo que sabemos, tienes una opción de compra de guión. ¿Surgió a lo largo del proceso y como consecuencia del mismo, o cómo ha sido este proceso?

Después de DAMA Ayuda (2014), seleccionaron “L de Loli” en un laboratorio de desarrollo que organiza el IES Puerta Bonita (el instituto donde yo estudié FP) con RTVE y EGEDA; y también en el CIMA Mentoring. En los dos tuve feedback de profesionales, analicé el guión desde otros puntos de vista, preparé pitch y desarrollé algunos documentos que me han venido muy bien para presentar el proyecto. Ana Puentes, una guionista que trabaja en el departamento de desarrollo de Potenza (la productora con la que he acordado la opción) estuvo en el pitch de CIMA, se leyó el guión, le gustó mucho y se lo pasó al productor, Carlo D’Ursi, que conectó con la historia. Resultó ser el tipo de película que a Carlo le apetece producir y, lo más importante, nos hemos entendido muy bien.

Así contado, suena a que todo ha ido sobre ruedas desde el principio, pero llevo un tiempecillo ya con el guión y también sé lo que es el silencio al otro lado. Cuando no tienes contactos en productoras y empiezas a enviar un documento de venta, inocentemente, a correos genéricos o tus compañeros te explican cómo está la realidad del mercado del guión en España, se te mete la frustración en el cuerpo y es muy difícil sacártela. Por eso, aunque sólo sea un paso y producir una película sea un camino muy largo, me parece un motivo de alegría encontrar a alguien que quiera defender esa historia con las mismas ganas que tú.

¿Cuáles son, para ti, las ventajas y puntos fuerte de DAMA Ayuda?

Es una oportunidad de aprendizaje enorme. Escribiendo mi primer guión de largo, me he dado cuenta de que no tenía ni idea de nada. Como cuando te vas a Inglaterra con el inglés del colegio. Un corto es muy diferente a escribir un largo y yo, además, no había hecho ningún Máster, no había vivido una tutorización de ese tipo.

El guionista es como un escarabajo pelotero, que va sumando cosas a su pequeño y amado excremento según avanza. La mayor parte del tiempo eres el Sísifo de los escarabajos. Por eso no me canso de destacar la importancia de estas iniciativas y laboratorios. Si no hubiera conseguido terminar una versión de guión en DAMA, no creo que la historia hubiera tenido los requisitos que buscaban en CIMA. Si el pitch funcionó bien en la clausura del CIMA Mentoring, es porque ya lo había probado en el laboratorio de Puerta Bonita y se había llevado sus correspondientes collejas. Y así. Vas aprendiendo a metabolizar las malas críticas (tras un puñetazo en el espejo, seguido de un Trankimazín y unas cervezas), a rescatar de ahí lo que te viene bien y a relativizar.

Si quieres aprovechar la entrevista, ¿mejorarías o cambiarías algún punto de cara a próximas ediciones?

Imagino que cada tutorización es muy distinta y creo que el trabajo de David ha estado por encima de lo que ofrecía la convocatoria. David, alias Tuthor, no debe cambiar. Yo lo dejaría como está y le regalaría además una suscripción a Rotuladores Edding para que no deje de escribir notas en los márgenes de sus aprendices.

¿Puedes avanzarnos algo de tu guión? 

“L de Loli” es una comedia de una gitana de Orcasitas que se apunta a la autoescuela en contra de la opinión de su marido y de una suegra que parece de la Gestapo calé. Es la Billy Elliot del volante, pero de risa. Una comedia desmitificadora, que se ríe de algunos tópicos manidos y que habla sobre la identidad.


MI EXPERIENCIA EN IBERMEDIA

28 enero, 2016

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Cuando le conté a un par de personas cercanas que me habían seleccionado un proyecto en el programa de desarrollo Ibermedia, tuvieron la misma reacción.

-De tutora, ¿no?

-No.

La verdad es que es un halago que me sitúen al nivel de los tutores y tutoras del programa (entre los que se encuentra el bloguionista David Muñoz), pero les parecía sorprendente que con cierto grado de veteranía allí estuviera yo, con mi guión, bajo el brazo, dispuesta a recibir consejos, collejas, sugerencias, diagnósticos y tortas de todo pelaje. Yo, la verdad, no sabía qué me iba a encontrar. Lo único seguro es que tenía un guión con necesidad de mejorar y la ocasión de dejarme aconsejar por algunos ilustres a quienes no conocía.

Dos meses después de acabar el curso, puedo decir que ha sido un acierto haber participado, y que mi guión ha mejorado mucho.

Dejadme que os hable un poco de la mecánica del programa, en el que pueden participar guionistas y directores/as de España y toda América del Sur. (En caso de que el participante sea de fuera de Madrid, se le paga el viaje y el alojamiento.)

Hay dos fases, una por cada tutor. Son tres semanas con uno, tres semanas con otro. Dos visiones distintas que se suceden mientras tú vas haciendo y deshaciendo a lo largo de las semanas que dura el curso. Los tutores van siguiendo tus progresos y opinando sobre las modificaciones que se hacen hasta la versión definitiva. Además, el curso incluye un curso de pitching (destinado a hacerlo en 90 segundos; muy útil) y un pitch con productores y festivales internacionales, sesiones sobre producción, y adicionalmente puede ser una vía interesante para entrar en contacto con vías de coproducción, especialmente con países latinoamericanos. Y por último, pero no menos importante, está la maravillosa oportunidad de conocer a guionistas y director@s de todos los países latinoamericanos y descubrir en sus guiones historias que suelen ser absolutamente diferentes a lo que solemos leer en España, al tiempo que compruebas que, aparte del lenguaje, la pasión por el cine nos hermana a todos. (Esto es cursi, pero es verdad.)

En mi caso, el primer asesor fue Andrés Koppel. Me hizo entender muchas cosas que no os diré porque si queréis aprender, es mejor que os las cuente él. El segundo fue Tomás Aragay, y empezó repartiendo una leña desconocida. Pero fue increíblemente útil también. La suma de los dos me hizo ver el guión desde un lugar diferente, probar sus fortalezas y fomentarlas, destruir o transformar sus debilidades, y sobre todo, des-escribir y hacerme muchas preguntas. Encontrar la esencia y liberarme de palabras y acciones innecesarias. Hallar, en definitiva, el guión dentro del guión, el guión pulido, aproximarte a la película “platónica” que lleva tiempo habitando en tu cabeza pero que no has sabido transmitir aún en el papel.

Independientemente de las horas de vuelo de cada guionista (y es verdad que los niveles de experiencia dentro del programa varían mucho) creo que nunca sobra enseñarle tu guion a un profesional y pedirle su opinión, con profundidad y sin excesivo “cariño” de por medio. Los amigos y las amigas (sean colegas de profesión o no) tienen un problema: pueden tener una visión privilegiada, pero nos quieren, o eso deben hacernos creer, y eso nubla su visión. Es bueno entrar en esa arena, como gladiadores del guión y pensar “Ave César, los que van a descuajaringar su guion te saludan” y asumir que la mayoría de las veces lo que escribimos no vale ni el precio de los árboles caídos para imprimirlo.

Pero sin duda, lo mejor de Ibermedia para mí, aparte del beneficio impagable de haber mejorado la historia, y aunque tenía miedo de que esos Jedis del guionismo destruyeran mi fluctuante autoestima, es la sensación de sentirme padawan de nuevo.

Sí, estudiante de nuevo. Con el 100% de mi atención en las páginas, como hacía tiempo que no me sentía. Una auténtica reconexión con la parte de mí misma que quería contar historias, muchos años después de la chispa inicial. Recuperar el ensimismamiento, la pasión, y por qué no decirlo, el combate contra la frustración de no poder escribir lo que se quiere, sino lo que se puede.

Hay que caminar siempre hacia esa idea de perfección, aunque no se consiga. Cuando éramos más principiantes nos motivaba la idea de dedicarnos a esto. Ahora que tenemos el privilegio de hacerlo con mayor o menor continuidad, la fortuna es aspirar a hacerlo cada día mejor. Y eso es lo que mantiene la energía creativa crepitando dentro de nuestras cabezas.

¿Acaso merecería la pena esta profesión si la llama se hubiera apagado?

El plazo para recibir solicitudes para la siguiente convocatoria concluye el 6 de Marzo. Las bases están aquí. 

Otros enlaces de interés

Entrevista a Mariana Barassi, coordinadora del curso

Preguntas frecuentes

 


UN LABORATORIO EN EL QUE SENTIRSE GUIONISTA

20 octubre, 2015
Albert Val, analista de guiones

Albert Val, analista de guiones

Cuando terminé mis estudios, salí de la ESCAC con un guión de largometraje bajo el brazo, dispuesto a comerme el mundo. No tardé mucho en darme cuenta de que había pocas, muy pocas productoras dispuestas a leer un guión de un pardillo como yo. Aquello no iba a ser tan fácil como pensaba.

La cosa fue a peor cuando empezaron a desaparecer las pocas ayudas que existían para la escritura de guiones. Como la mayoría de vosotros, yo intentaba desarrollar algo con pies y cabeza durante las horas muertas que me dejaba el trabajo precario de turno que pagaba el alquiler. Lo cual era un pez que se mordía la cola, qué os voy a contar, porque ese trabajo precario permitía pagar las facturas pero a la vez impedía disponer del tiempo y la tranquilidad necesarios para escribir un guión.

El azar o la suerte me llevó a entrar a trabajar en la productora Filmax, una de las pocas que contaba con un auténtico Departamento de Desarrollo. Un lugar donde se recibían y leían guiones a diario y donde se analizaban y discutían hasta encontrar aquellos que encajaran mejor con la línea editorial de la productora.

Aquella fue mi segunda escuela, donde aprendí cómo funciona la industria y pude seguir de cerca el proceso entero de principio a fin de docenas de películas, desde el primer tratamiento o versión del guión hasta el estreno en salas. Tuve la suerte de colaborar en maravillas como [REC] o Mientras duermes y en producciones internacionales como Transsiberian o El Perfume.

Durante diez años, me involucré en innumerables guiones y proyectos, aunque no como guionista, sino como story editor (consultor de guión, vaya). Mi trabajo consistía en ayudar a los guionistas a mejorar su guión, a través de análisis, informes, reuniones, debates, brainstormings, etc. Y al final me doctoré en cine de género y me especialicé como consultor y analista de guiones.

Vale, ¿y por qué os cuento todo esto?

No hace mucho tuve la oportunidad de participar en una mesa de debate organizada por la Fundación SGAE en el pasado Festival de Cine Fantástico de Sitges y en un momento dado alguien preguntó por el método de trabajo que seguíamos los guionistas de la mesa. Rápidamente surgió la palabra “soledad”, entendida como esa intimidad necesaria para encontrar la inspiración y tranquilidad que permiten desarrollar un guión. Cuando me tocó hablar, comenté que esa soledad creativa era algo necesario pero que había otro tipo de soledad mucho más jodida, la soledad provocada por las instituciones y por el propio tejido industrial hacia el guionista: sin ayudas de ningún tipo para que el guionista pueda concentrarse únicamente en escribir, sin garantías laborales ni económicas y, en definitiva, sin una dignificación de su profesión.

Hoy en día no existe ninguna ayuda pública estatal o autonómica dirigida al guionista sin productora. Nada, ni un puto euro. (Actualización 20-oct: en la sección de comentarios, Daniel Cortázar y Asier Guerricaechebarria aclaran que en Euskadi y Valencia sí hay ayudas a guionista sin productora). No se invierte en el I+D de nuestro cine, nadie apuesta por la escritura de guiones. Hace poco, el Tribunal Constitucional tiró por los suelos una iniciativa del Parlamento catalán que proponía un impuesto sobre las operadoras telefónicas que se derivara directamente a la industria, una parte del cual se destinaría exclusivamente al desarrollo de guiones. La medida se tumbó hace unas semanas, gracias a un recurso del Gobierno. Es sólo el último ejemplo de que no sólo no se invierte en desarrollo sino que se anula cualquier intento de conseguir ayudas para el guionista y tampoco se propone ninguna alternativa ni solución al respecto.

Es por todo esto que cuando surge una iniciativa como la que os vengo a contar parece maná caído del cielo.

La Fundación SGAE ha organizado de nuevo su Laboratorio de escritura de guiones. Aquí podéis encontrar las bases. Es la cuarta convocatoria y tiene cuatro puntos fuertes:

  1. se centra en la escritura de guiones de terror, suspense, fantasía y ciencia ficción,
  2. los seis proyectos finalistas recibirán una beca de 5.500€ cada uno,
  3. durante cinco meses los seis guionistas finalistas desarrollarán su proyecto con un tutor con experiencia en desarrollo de guiones de género,

y 4. uno de esos seis guiones resultantes se convertirá en una película.

No hay duda de que si eres guionista y tienes un tratamiento de veinte páginas como mínimo que se encuadre dentro del género, tendrías que plantearte participar. No por el dinero ni por el sueño de que tu guión se convierta en película (que también) sino porque este Laboratorio te permitirá sentirte guionista durante unos meses. Gracias a la beca, podrás centrarte en escribir y dispondrás de un tutor que te ayudará a desarrollar tu proyecto y a convertirlo en un guión sólido. ¿Cuándo fue la última vez que pudiste hacer algo así?

Me encantaría presentarme, lo haría con los ojos cerrados, pero no puedo porque me han elegido para ser el tutor del Laboratorio. Lo cual, aunque me impida participar, es un auténtico lujo para mí. Tengo la intención de aportar toda mi experiencia durante mi carrera y me entusiasma la idea de ayudar a seis guionistas con sus proyectos.

En mi opinión, este Laboratorio engloba todo lo que un guionista necesita para escribir con confianza: un refuerzo económico, un tutor que conozca la industria y que le apoye y ayude durante el proceso de escritura y la posibilidad de que al final ese guión se produzca y se convierta en una película. Iniciativas como esta por desgracia hay pocas y los guionistas estamos muy faltos de ellas. Así que no tendríais que dejar pasar esta oportunidad. Nos lo vamos a pasar de miedo.

Albert Val.

 

 


EL GUIONISTA QUE TE FRIEGA LA ESCALERA

22 junio, 2015

Hoy 22 de junio, se abre el plazo para optar a uno de los dos premios “Telefónica Studios – En busca de la próxima generación del cine”: 5.000€ para un proyecto de largometraje. ¡Y sólo hay que presentar un tratamiento de 10 páginas!

Telefónica Studios anunció en 2013 que planeaba producir 25 películas en tres años. Ya ha participado en 19. El Confidencial hablaba de la irrupción de esta productora como el fin del bipartidismo en el cine: ya no son sólo Atresmedia y Telecinco Cinema los grandes financieros del cine español.

“Requisitos para ser una persona normal”, de Leticia Dolera. Producción: Telefónica Studios.

La verdad es que no les está yendo nada mal. En el pasado Festival de Málaga, Telefónica Studios arrasó con el palmarés. Y tiene en cartera más que probables pelotazos como TORO de Fernando Navarro y Rafael Cobos, MI GRAN NOCHE de Jorge Guerricaechevarría y Álex de la Iglesia, e incluso títulos sin Mario Casas de protagonista, como REGRESIÓN de Alejandro Amenábar.

Ahora Telefónica Studios se alía con el Notodofilmfest, la gran cantera de cineastas indies, el lugar donde lo petaron por primera vez gente como Sánchez Arévalo o Carlos Vermut. Y lo hace para dar dinero a los guionistas. ¡Pagar por el desarrollo! A match made in heaven!

La mecánica del concurso es la siguiente: los participantes (que no pueden haber estrenado previamente un largometraje) envían un tratamiento, su CV y una escena dialogada. Se eligen 16 finalistas y se les pide que hagan una presentación de su proyecto, 15 minutos máximo, ante el jurado. De esos 16 finalistas, quedan 2 ganadores… que se llevan 5.000 eurazos cada uno para escribir su guión. ¡Dinero por escribir, como en los viejos tiempos! ¡Cuando las subvenciones! ¡Cuando LAS VACAS GORDAS!

Música de violines. Una niña volando una cometa en un soleado domingo de verano.

Pero de pronto… Efecto de tocadiscos deteniéndose. CORTE A:

Las bases del concurso. 

DETALLE DE: La cláusula quinta.

Los Participantes aceptan que en caso de ser ganadores cederán a Telefónica Studios, en exclusiva y con facultad de cederlos a terceros, todos los derechos de explotación de propiedad intelectual, fijación, reproducción, comunicación pública,  transformación, sobre el guion  que finalmente entreguen a Telefónica Studios, entendidos los citados derechos de la forma más amplia,  quedando Telefónica Studios  facultada para su explotación a través de cualquier medio,  con ámbito mundial y por el plazo máximo que establece la ley, reconociéndose los ganadores  suficientemente remunerados con el importe del premio.

FLASHBACK: OCTUBRE DE 2012. La Comisión Nacional de la Competencia multa al sindicato ALMA por proponer precios mínimos de guión de cortometraje. Antes había multado ya al sindicato catalán GAC. Si no me falla la memoria, en el momento de imponerse la multa, las tarifas mínimas sugeridas por guión de largometraje eran 36.000€ (ALMA) y 50.000€ (GAC).

Perdón, me he ido por las ramas. Sigamos con la cláusula 5 de las bases:

En el caso de que Telefónica Studios ejercite su derecho de transformación, los derechos sobre la obra resultante pertenecerán a la misma. Dentro del derecho de transformación se incluyen los derechos de “remake”, “precuela” y “secuela”.

En este sentido  los Participantes, se  comprometen, en el caso de conseguir la condiciones de ganadores,  a suscribir con Telefónica Studios  los documentos que ésta considere oportunos para constatar esta cesión de derechos  siendo requisito indispensable para ostentar  la condición de ganador y recibir el premio.

FLASHBACK: 14 DE MAYO DE ESTE AÑO. Telefónica presenta a la Comisión Nacional del Mercado de Valores sus cuentas del primer trimestre de 2015. Los beneficios del grupo aumentan un 162% hasta llegar a los 1.802 millones de euros, con subidas en todas las áreas de negocio.

Nada, otra digresión sin importancia. Sigamos, sigamos en busca de la próxima generación del cine español:

Telefónica Studios  queda facultada para producir una obra audiovisual (película o cortometraje) basada en los guiones ganadores, a su sola descripción sin obligación de llevarlo a cabo,  por sí misma,  en coproducción con terceros,  o a través de terceros mediante cesión de los  derechos de guion a los mismos.

Mierda, necesito otro FLASHBACK (el último, lo prometo): 25 DE SEPTIEMBRE, 2002. Palacio Miramar, San Sebastián. Universal Studios entrega a Rafa Russo el premio Esicma: un millón de euritos para producir su proyecto Amor en defensa propia. La película tardó cuatro años en estrenarse, y cosechó un éxito que todos recordamos. ¿Verdad?

Un poco traído por los pelos todo esto, ¿no? Perdón. Pensemos en positivo. ¡Dinero por escribir! ¡Genial! Sólo un detallito antes de correr todos a presentar nuestros tratamientos a estos generosos mecenas del séptimo arte…

¿Cuánto se tarda en escribir un tratamiento?

Un tratamiento decente, se entiende. Técnicamente, un chimpancé podría apretar teclas aleatorias hasta llenar diez páginas y no tardaría más de media hora. Pero es de suponer que no tendría muchas posibilidades de llegar a la final de este concurso. Como mucho, podría redactar las bases.

Digamos que para pergeñar una historia bien armada y con capacidad para interesar a un jurado profesional por encima de otras docenas de historias habría que emplear unos diez días a tiempo completo. Unas ochenta horas de trabajo. Apuntad: 80 HORAS.

Si eso es lo que nos lleva escribir un buen tratamiento, podríamos establecer que dialogar una escena y perfeccionarla hasta que esté presentable, nos puede llevar unos dos días más a tiempo completo. Unas dieciséis horas. Apuntad: llevamos 96 HORAS.

Habrá que preparar la presentación. Digamos que tenemos clara nuestra historia. Le hemos dedicado 96 horas, al fin y al cabo. Como tenemos facilidad de palabra y se nos da bien la oratoria, vamos a pasar de powerpoints. Vamos a ir ahí a pecho descubierto: contamos la premisa, apuntamos un poco del desarrollo, soltamos un par de chistes y a correr. En tres tardes tenemos el pitch listo. Doce horas más. Llevamos 108 HORAS de curro.

Ahora resulta que ganamos. ¡Genial! ¡5.000 euros! ¡SOMOS RICOS! Y sólo tenemos que escribir un guión. ¡Nuestro guión! Jajaja, es increíble:nos están dando cinco mil lereles por hacer lo que nos gusta. En realidad, habríamos PAGADO por esta oportunidad. Pero ssssh… no se lo digáis a nadie. Bueno, a currar. Qué menos que dos semanas a tiempo completo para preparar la escaleta. Otras ochenta horitas. Van 188 HORAS.

Y nos ponemos con el guión. ¡Qué ganas! Pero vamos a ir con prudencia. Despacito y buena letra: dos páginas diarias. Doce páginas por semana, descansando los domingos. En ocho semanas, tenemos la primera versión. Eso, a cinco horas diarias (no hay que matarse), son doscientas cuarenta horas. Total: 428 HORAS.

Hay que reescribir, por supuesto. No vas a entregar un primer borrador lleno de erratas. Te quedan dos semanas antes de entregar. Tiempo de sobra de hacerte una buena lectura, corregir fallos, incongruencias, etc. E incluso de leérselo en voz alta a un grupo selecto de amigos, e incorporar sus sugerencias y correcciones. Van a ser dos semanas intensas. Siete horas al día, de lunes a viernes. No somos unos cutres. Setenta horas de reescritura. Total: 498 HORAS.

Ya está, ¡lo has conseguido!. Sólo te queda imprimir, encuadernar y enviar dos copias certificadas. Con un poco de suerte, la impresora no se atasca, y en Correos no hay colas: dos horitas más y estás listo para dar El Salto Al Largo.

500 horas de curro.

5.000€ de premio.

10€ la hora, menos IRPF.

Enhorabuena, ya ganas lo mismo que fregando escaleras.

Y ahora, una empresa con 1.802 millones de beneficio (y a la que probablemente le pagas 50€ mensuales por el teléfono y el ADSL), puede hacer literalmente lo que le salga de los huevos con tu trabajo, sin consultarte y sin pagarte un puto duro.

Enhorabuena. ERES GILIPOLLAS.

Vale, vale. En realidad, todo esto es una exageración. Porque, siendo realistas… no tienes ni la más mínima posibilidad de llegar a ganar este concurso. Puede que en un mundo ideal sí, pero en el mundo real…

¿Recuerdas lo traído por los pelos que estaba el ejemplo de Rafa Russo? Pues fíjate: en aquel concurso, que en su día sonaba muy prometedor, las bases establecían claramente que el ganador no podía tener obra emitida. Rafa Russo sí tenía obra emitida. Tan emitida que había hasta ganado un Goya. Sí, un estupendo corto titulado Nada que perder. Ah, y la convocatoria estaba dirigida a “creadores noveles”. Rafa Russo ya era guionista de un largo estrenado: Lluvia en los zapatos. ¿Y sabes quién produjo Nada que perder y Lluvia en los zapatos? Bingo: Esicma. La empresa organizadora del concurso. Dame una te, dame una o, dame una ene, dame una ge, dame una o.

Ojo, que yo no estoy diciendo que el concurso de Telefónica Studios esté amañado. Pienso que está pagado como el culo, eso sí. Y que hay que tenerlos cuadrados para salir al mercado en plan “voy a producir 25 pelis y petarlo” y a la vez estar pagando sueldos de miseria.

Pero ¿cómo podría saber yo si esto se ha montado como una campaña publicitaria para promocionar la opera prima de un director que ya ha sido elegido? Imposible. No puedo saberlo. En serio: sin ironía lo digo. No tengo ni puñetera idea. Podría ser que de aquí salga el próximo Sánchez Arévalo, el próximo Carlos Vermut. Y yo aquí, gruñendo como un troll, con mi garrote y mis fauces babeantes.

PODRÍA SER.

Aunque algo me dice que una empresa con 1.800 millones de beneficio no le produce películas al fulano que friega la escalera. Pero qué voy a saber yo de cine, si sólo soy guionista.

Sergio Barrejón

Actualización 23 de junio: 45 minutos después de la publicación de este artículo, Notodofilmfest se puso en contacto con nosotros para comunicarnos que retiraban la convocatoria temporalmente para revisar las bases. Es de agradecer esa velocidad de reacción y su disposición a dialogar con el sindicato de guionistas ALMA para mejorar la convocatoria.

Aprovecho para pedir perdón por los varios errores que he cometido en la mención al premio Esicma Universal a Rafa Russo:

1. Las bases del concurso Esicma/Universal no establecían que el ganador “no debía tener obra emitida”. Lo que se publicó es que la convocatoria se dirigía a “creadores noveles”. No he podido encontrar las bases en internet (hace doce años), pero sí dos noticias que hacen referencia a ellas: una de la Fundación Ava y otra de Laguiatv

2. Aunque en septiembre de 2002 “Nada que perder” era ya uno de los cortos de más éxito del año, con varios premios principales en festivales grandes, el Goya no lo ganó hasta febrero de 2003, varios meses después de recibir Rafa Russo el premio Universal/Esicma. 

3. “Nada que perder” no es una producción de Esicma, sino de Prosopopeya Producciones. Fue el corto anterior de Rafa Russo, “El cumplido”, el que estuvo producido por Esicma. 

No estoy en condiciones de asegurar que la concesión del premio Esicma a Rafa Russo fuese un “tongo”. Habiendo pasado doce años, no teniendo yo acceso a las bases oficiales del concurso, y habida cuenta de que he cometido varios errores al referirme a aquellos hechos, debo admitir que me faltan muchos datos para hacer una afirmación como ésa. Desde luego es muy feo que el ganador de un concurso hubiera firmado antes no una, sino dos obras bajo el sello de la empresa organizadora, pero tampoco puedo afirmar que las bases excluyeran esa posibilidad. 

Actualización 25 de junio:

Rafa Russo se ha puesto en contacto conmigo para decirme que el proceso de selección del concurso Universal/Esicma fue totalmente limpio,  y me indica siguiente:

-Que las bases exigían a los concursantes tener al menos un corto rodado.

– Que las bases no excluían del concurso a la gente que hubiera estado vinculada en el pasado a Esicma o Universal Studios.

-Que él escribió previamente a la organización preguntándoles si podía presentare, ya que tenía una peli producida como guionista, y le contestaron que sí podía, que sólo el hecho de haber dirigido un largo le habría descalificado.

Actualización 25 de junio:

En Bloguionistas reconocemos y valoramos el derecho de réplica. Por eso publicamos en portada las puntualizaciones de Rafa Russo a este post.


FIRMAS INVITADAS – CUESTIÓN DE RESPETO

11 marzo, 2013

Luis María Ferrández es doctor en ciencias de la Comunicación y profesor de cinematografía en la universidad Francisco de Vitoria (Madrid). Ha sido guionista y desarrollador en algunas de las productoras más importantes del país escribiendo largometrajes por encargo y trabajando como 2º de dirección en películas con directores de renombre. Ha producido, escrito y dirigido ocho cortometrajes.

CUESTIÓN DE RESPETO

Llevo diez años trabajando como guionista profesional, entendiendo como tal, el poder vivir de ello, aunque por supuesto, con los altibajos y parones irremediablemente anexados a dicho trabajo. Podríamos describirlo como la incertidumbre genética de la profesión.

Dos de estos años, los pasé trabajando como guionista y desarrollador en una importante productora de nivel nacional, donde se vendían proyectos a las grandes cadenas de televisión.

No he venido aquí a contar mis aventuras profesionales, si no a exponer una serie de conclusiones que he sacado a base de observar en estos años el comportamiento del mercado audiovisual de primera línea.

En esos años al servicio de productoras mastodónticas, aprendí una serie de cosas que han quedado grabadas en mi consciencia a sangre y fuego.

Tuve la suerte de asistir a algunas negociaciones en despachos de directivos de cadenas, comidas entre productores, reuniones formales y distendidas con el fin de sacar adelante algunos de los proyectos que yo realizaba para dicha productora. Nos jugábamos meses de trabajo y la facturación que mantendría la división de ficción de aquella empresa.

En este tiempo, tuve la fortuna de aprender tres cosas fundamentales que han marcado mi modus operandi hasta hoy:

1. Respeto. El enorme respeto, que no temor, que le he cogido a la profesión. Un respeto que se ha ido acrecentado a medida que he trabajado en los equipos de dirección de algunas películas junto a oscarizados directores, en la lectura de guiones como analista de proyectos, en el desarrollo de escrituras de películas por encargo, en los procesos de venta a grandes cadenas a través de mi agente o en las producciones cortas que he dirigido.

Un respeto que estalla como una crisálida en cada encargo o proyecto. Un respeto real y humilde que sólo se adquiere cuando te adentras en las fauces del monstruo y ves su afilada dentadura tan de cerca, que llegas incluso a dudar si volverás a mirarle a la cara.

Muchos de aquellos que empiezan en sus primeros cortos, o en sus primeros proyectos, no conocen esa sensación y no les culpo por ello. La inexperiencia muchas veces nos hace ser inconscientes, una inconsciencia que no deja de ser un atributo inherente al desconocimiento del ser humando por una materia. No confundamos esa inconsciencia con la valentía, que es el empuje que te hace adentrarte en la cueva aun sabiendo que dentro acechan peligros que uno ya sabe como enfrentarlos.

Cuanto mas trabajo en esto, más reparo tengo en auto designarme guionista o director o ayudante de dirección o lo que sea, porque se lo que pesa un cargo cuando lo ejerces bajo presión.

2. ¿Presión? Si, la presión. Ese elemento que no encontramos nunca hasta que eres contratado por un productor para que escribas o dirijas proyectos en los que la financiación, las ventas, la taquilla, el share, las decisiones palaciegas y los conflictos pseudopolíticos pesan tanto como la palabra escrita en el guión.

Un ejemplo gráfico: Hay miles de chavales que en categorías inferiores, en campos de arena, con 200 espectadores cada domingo, tienen un dominio del balón exquisito y casi prodigioso. Desean jugar, y cuando están en el campo, desean que el balón les llegue a los pies para demostrar lo buenos futbolistas que son. Disfrutan entre otras cosas, porque no tienen presión.

Ahora supongamos que uno de estos prodigios es fichado por un equipo de primera división, un Real Madrid o un Barcelona. Y llega el gran día. El entrenador del primer equipo les llama a desvestirse porque va a salir a ese estadio con el que tanto soñó. Pone un pie en el césped y de repente, sus tímpanos estallan ante el grito ensordecedor de noventa mil espectadores sedientos de espectáculo y de victoria. El escudo de la camiseta, representando mas de un siglo de copas en las vitrinas, pesa más que una losa de granito, los empujes y golpes de los adversarios son agresivas embestidas comparadas con los rivales que había tenido hasta ahora. El patrocinador que lleva en la camiseta, se juega cientos de millones de euros en hacer que este espectáculo funcione. Entonces,  el balón quema en los pies. El público será implacable en el fallo o agradecido en el acierto.

La presión se amarra a sus piernas como una hiedra desbocada y aquello que era un sueño, puede convertirse en una pesadilla.

Si el jugador consigue adecuarse a su entorno, escuchar y aprender, auto controlar su ego, acumular experiencia en estas lides y darse cuenta de que ni es tan bueno como creía ni es la estrella arrebatadora que iba a arrasar en una precoz temporada, quizás, sólo quizás, remarco quizás, consiga empezar a hacer sonar su nombre en los patios de los colegios o en las extravagantes tertulias deportivas.

El mercado audiovisual de ficción es igual. No es lo mismo hacer tus primeros cortos o largos auto producidos, donde tu escoges el equipo, tu te autofinancias, tu eres tu jefe, no hay sueldos de por medio, tu te lo guisas y tu te lo comes, a ser fichado por una productora para desarrollar el proyecto de una serie o una película donde un resbalón, puede hacer que ese fracaso, manche tu historial, el de la empresa y corra la noticia como la pólvora por los oídos de una familia tan pequeña y endogámica como es la del mundo de la ficción audiovisual, deseosa de despellejar a un compañero con tal de mermar las posibilidades de la competencia.

Esa presión hace que tomes un profundo y especial respeto por lo que haces. Y no quiero decir que los que no hayan pasado por esto no lo tengan, pero si puedo asegurar que si lo tienen, será en un grado y esencia muy diferentes al que trato de contar aquí.

3. Jean Claude Carriere dijo que para ser un buen guionista hay que tener adquiridas tres premisas innegables: Saber que la película va a ser del director, conocer profundamente la industria cinematográfica y tener un talento innato para saber encontrar y contar historias.

En la gran mayoría de los casos amateurs que me encuentro ya sea como analista de guiones, como profesor universitario, impartiendo talleres, seminarios o conferencias, como amigo o conocido, echo absolutamente en falta cualquiera de estos tres puntos.

Todos queremos hacer y tener el dominio absoluto de nuestra historia, porque el ego nos atrapa de tal manera, que no concebimos el escribir para otros y compartir el posible éxito o fracaso del producto. Craso error del que voy procurando desprenderme más cada día. Y gracias a ello, aprendo de gente que acumula mucha mas experiencia y sabiduría que quien escribe.

Muy poca gente, muy poca, salvo los amigos que llevan trabajando en esto muchos años o que han conseguido posicionarse en series o películas de una manera más o menos continuada, me han demostrado saber o conocer de manera profesional los entresijos de la industria audiovisual, por lo que vender un guión, un proyecto, hacer negocio, industria o generar ingresos de su propio trabajo y creatividad les resulta evidentemente mucho más difícil que aquellos que llevan ya un tiempo toreando bestias de quinientos kilos en plazas de primera.

Todos sospechamos ser grandes guionistas incomprendidos, grandes directores por descubrir, grandes fotógrafos por demostrar, grandes actores por eclosionar, pero pocos han tenido la fortuna o la desgracia de trabajar en las primeras divisiones de esta liga, donde esa presión de la que hablo, lleva a generar el respeto que describí y que hace darnos cuenta de nuestras verdaderas limitaciones, capacidades y herramientas. Si te mueves donde juegan los grandes, más te exiges, más te exigen, más palos te llevas, más aprendes, más trucos descubres, más conoces los entresijos y más te das cuenta de la realidad de un mundo que para muchos, es como el de Alicia, y para otros como el infierno de Dante.

Puedo asegurar, que la alta industria audiovisual a la hora de vender o mover proyectos propios, es una selva amazónica comparado con ese neonato jardín que representa ahora los nuevos modelos de financiación, las autoproducciones amateurs y la gran mayoría de los cortos no profesionales que tan necesarios son como escuela de aprendizaje universal.

Y para acabar, el talento. Todos creemos tener la mejor historia, todos creemos ser talentos incompletos por la falta de éxito en nuestros proyectos. Todos creemos ser una bestia de la creatividad llamada a probar la corona laureada que nos pondrá nuestro César particular: El público espectador, el cual es el César más cruel y tajante que ha deambulado por las páginas de la historia.

Como dice un buen amigo mío, “Ahora con un móvil, cualquiera puede hacer una película en HD, pero lo más seguro es que sea una mierda, porque en este país todos creemos saber contar una historia en condiciones

Pensamos que nuestro guión es esa pieza sublime que hará las delicias de millones de espectadores, pero no olvides, que siempre hay alguien con una idea mejor que la tuya, con más conocimientos técnicos y con más horas en esos campos de primera división. Tantas, que ahora cuando sale, el escudo no le pesa, los gritos no le ensordecen y el balón ha dejado de quemarle en los pies.

Pero nunca ha dejado de temblar por dentro cuando tiene que salir al campo.

Es una cuestión de respeto.


FIRMAS INVITADAS: ANALIZANDO AL ANALISTA (y II)

5 diciembre, 2011

por Silvestre García.

(Esta entrada es continuación de la publicada el pasado 24 de Noviembre)

En lo que concierne a las biblias y nuevos proyectos, diré lo más importante que desde aquí creo que puedo decir. En dos años y pico, ni una, ni una sola de esas biblias que llegaban sin haberse encargado, se realizaron. Y ojo, sólo se recibían proyectos de productoras.

Sinceramente, la mayoría de esos proyectos eran malos. Malos según mi subjetivo criterio, sí. Criterio, que no gusto. Parte del trabajo era separar el gusto personal de la capacidad de valoración. ¿Y basándome en qué puedo decir tan rotundamente que eran malos?

Pues, por un lado, había un alto índice de proyectos con faltas de ortografía. Vale, puede que a mí mismo se me haya escapado alguna en este mismo texto. Pero esto no es un trabajo presentado a una cadena. Lo que revela un proyecto con faltas de ortografía son varias cosas: 1) Quien lo ha escrito no ha mimado/cuidado/revisado lo suficientemente bien su producto; 2) En su equipo no hay más personas ocupadas de hacer de filtro ; 3) Si se les ha pasado eso, ¿qué otras cosas no se les pasarán en un futuro?

Por otro lado, había muchos proyectos que decían lo que iban a ser, pero no lo mostraban por ningún lado. Proyectos de comedia recalcaban que su humor será desternillante, con unos personajes muy originales, y unas tramas muy imaginativas. De verdad, había muchísimas biblias basadas en intenciones.

Por haber, había hasta proyectos que te hacían pasar vergüenza ajena: Una serie sobre los buenos modales en la mesa; Un biblia que comenzaba –Género: ficción- Formato: grabado -Target: 25 años en adelante. Lo juro. Y otros casos sonrojantes.

¿Era todo malo? Por supuesto que no. Y ojo, entiendo y presupongo que la mayor parte de la culpa la tenían las productoras, que por “colar” y reunirse con la cadena mandaban biblias y proyectos que aún no estaban maduros, o que pedían a los guionistas copiar las series de moda.

Llegaron buenos proyectos, algunos muy buenos.

¿Por qué no se hicieron? Pues, habiendo trabajado desde dentro, te das cuenta de lo difícil que es dar con el momento y la idea adecuadas en el “lugar” indicado.

Y justamente eso fue lo que falló. Una de las series que gustó mucho, de una productora grande, no se llegó a hacer porque justo se tenían varias series de ese tono/corte, y se buscaba algo diferente. Vamos, que era juvenil y en ese momento estaban “El Internado”, Física, y “Los protegidos” en preparación.

 La otra serie que gustó mucho no se llegó a hacer porque no terminaba de tener el tono adecuado, era una serie muy adulta y seria. Y las hostias que se pegan las anteriores series marcan. En Antena, tras el varapalo que sufrió “Cazadores de hombres” se repensaron mucho las series más adultas. A “Karaboudjan” se le dio luz verde sólo cuando Hugo Silva dijo que entraba.

Es una putada, pero ciertamente las cosas de calidad, buena factura y tratamiento más cinematográfico… No despuntaban. Se podría entrar en un largo análisis que daría para otro post, pero la realidad, al menos la realidad que ve y quiere ver la cadena, es que funciona la dramedia y que los capítulos, cuanto más largos sean, más rendimiento económico dan. Y, como hasta ahora no se ha demostrado que ataña a la calidad… Podremos ponernos como queramos, (yo seré el primero en luchar por un estándar de menor duración), pero “Gominolas” no fue mejor que “Siete vidas”; ni “Cuenta atrás” mejor que “Los Hombres de Paco”. Siendo cada una diferente. Lo que quiero decir es que a ojos de la cadena, un capítulo de setenta minutos no desvirtúa la calidad.

Muy diferente es la labor de analista de guiones fuera de una cadena. Colaboro con bloguionistas y he analizado algunos proyectos y guiones de largo. Ahí de lo que se trata es de saber qué quiere el autor, y qué espera/necesita de tu ayuda. Idealmente, se debería llegar a un análisis que no haga sentir al autor que alguien desde “arriba” le dice cómo hacerlo mejor, sino que trate de situarse “dentro” de la historia para intentar descubrir qué late en ella y qué puede hacerse para potenciarla.

Aún así, después de todo, uno de mis aprendizajes, en ese famoso “nadie sabe nada” de William Goldman, el analista, aún menos. Y es que he de reconocer que había muchas veces en las que no “veía” o entendía, o criticaba desde un punto de vista práctico algo de un guión, argumentaba de manera racional el por qué creía que debían quitarse o modificarse ciertas cosas, y mi interlocutor insistía en que no lo “podían” cambiar, que tenía que ser así.

No os toméis esto al pie de la letra, que ya hace mucho, pero la esencia de lo que cuento es que dicho interlocutor se posicionaba en contra de los cambios que yo le pedía. Pero tampoco lo argumentaba, sino más bien terminaba siendo un porque sí. Luego, cuando veía el resultado… Me tenía que comer mis palabras. Ahí había algo, inexplicable (o explicable a un nivel no racional, o por química de actores, de ritmo en la puesta en escena, u otros elementos que, analizando un guión, se escapaban), pero que ellos sí conocen y lo tienen en cuenta mientras escriben. Porque es su serie, así de simple.

Por eso creo que las genialidades surgen donde menos filtros se interponen. Y, así mismo, donde más filtros se establecen, más industria se genera, pues más acorde al gusto general y establecido se puede llegar.

¡Ojo!, es una opinión más personal que profesional. Un muestra de ello podrían ser los cortos. La gente suele hacer lo que le sale de… Del alma… Para bien, para mal y, en raras veces, para muy bien. Si de forma establecida se analizasen los guiones de todos los cortos, sería mucho más difícil que obras como los dos alumbramientos se hubiesen realizado.

En el cine español creo que también hay menos filtros, sobre todo cuando el guionista, y/o director son más conocidos. Así se pueden llegar a dar, gusten más o gusten menos, obras como “Hable con ella”, “Los amantes del círculo polar”, “Barrio” o “La buena vida”. Aunque también, como contrapartida negativa (y hay a quien le gustan) películas como “La piel que habito”, “Caótica Ana”, “Princesas” o “Bienvenido a casa”.

Mientras que en la tele… Sí, conseguimos audiencias que multiplican por 10 las del cine, a veces por 100, pero… Y no arremeto contra la calidad, ni quiero entrar en la eterna controversia entre un medio y otro, sólo creo que lo que se hace en tele es más industrial, más elaborado, genera más trabajo… Pero es menos libre.

Para finalizar, me gustaría plantear una duda: ¿El analista, debería ser, o haber sido, o querer ser guionista? Yo a priori creo que sí, que es fundamental para que tenga y entienda las herramientas con las que trabaja la persona que ha trabajado en el guión. Pero, como pasa respecto a los críticos, hay voces que opinan diferente. Y me sorprendió que Ana Sanz Magallón dijese en el encuentro que ella ni es ni quiere ser guionista.

Silvestre García ha sido guionista en Los Serrano, ha realizado varios cortometrajes (17 del 7), y ha sido Delegado de Ficción en Antena 3. En la actualidad ultima la puesta en marcha de una empresa de 3D, y es miembro del equipo de analistas de guión de Bloguionistas.


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