GAFAS ESPECIALES PARA VER CINE EN INTERNET

9 junio, 2011

por Sergio Barrejón.

La revista Cinemanía ha preguntado a cinco directores de cine español qué opinan de la posibilidad de estrenar sus películas en Internet a la vez que en las salas. La pregunta venía a cuento del reciente lanzamiento del servicio Home Premiere de DirecTV: este canal norteamericano ha llegado a acuerdos con cuatro grandes majors para ofrecer por internet películas que aún están proyectándose en salas.

Resumiendo, esto es lo que han dicho los directores españoles:

Juan Carlos Fresnadillo, que bien:

“La gente va a ver pelis descargadas de todas formas”

(Este nuevo modelo) “intenta conseguir una conciliación entre la industria y la  la gran ventana de distribución del siglo XXI, internet”

Carlos Iglesias, que sí pero no:

“Cualquier cosa que minimice las pérdidas de una película en taquilla me parece bien”

“En España no se apuntaría ni Dios, porque todo el mundo puede conseguir películas gratis por el morro”

Montxo Armendáriz, que ya si eso lo vamos hablando:

“Disminuirían los ingresos de taquilla en los cines, lo mismo que la distribución por los canales habituales de dvd”

“Lo más conveniente y urgente es el análisis de estas y otras cuestiones por las partes implicadas”

Guillem Morales, que aquí se hace lo que él diga:

“Las películas se hacen para verlas en pantalla grande”

“La gente tendría que volver a reunirse”

Miguel Ángel Vivas, que cualquier tiempo pasado fue mejor:

“El recorrido lógico de una película es primero en los cines, y después en dvd e internet”

“Ya que hay gente intentando robar tu casa, es mejor que no les dejes la puerta abierta”

Exceptuando a Fresnadillo, casualmente el director de más éxito de todos, con sólo dos largos estrenados, todos los demás se muestran reticentes. Y sobre todo, hay una clara tendencia a considerar que lo “habitual” y “lógico” es seguir los cauces de distribución anteriores al auge de la banda ancha.

Todos ellos son profesionales a los que respeto, pero creo que alguno adolece de una cierta miopía. Entiendo que cuando a uno le van bien las cosas, entre en modo virgencita-que-me-quede-como-estoy. Entiendo menos que aquellos a los que les va mal no quieran ver nuevas oportunidades de negocio. Y no entiendo en absoluto esa tendencia a pensar que las nuevas maneras de explotación suponen la muerte de las anteriores.

Creo que tiene que ver con la confusión entre los conceptos de ventana y formato. Una ventana de explotación hace referencia al tipo de consumo que el cliente hace del producto. Un formato hace referencia a la manera en la que empaquetas ese producto. Son dos conceptos relacionados. Pero no son lo mismo.

Uno es muy libre de pensar que la distribución por internet supondrá el fin de las salas de cine. Pero no puede usar como ejemplo legítimo el hecho de que el DVD acabó con el VHS. Ni que el VHS acabó con el Super-8. DVD, VHS y Super-8 son tres formatos distintos, pero pertenecen a la misma ventana: el cine en casa.

La distribución en internet podrá acabar en todo caso con el DVD, aunque eso también es discutible. Yo creo que el DVD y el CD seguirán existiendo, sólo que con niveles de ventas muchísimo más pequeños que los que llegaron a alcanzar en su mejor momento.

Y estoy absolutamente convencido de que las salas de cine seguirán existiendo. Es más, creo que los cines ni siquiera reducirán significativamente sus niveles de negocio con el Home Premiere. Ni con ningún otro sistema de entretenimiento en casa. También con la llegada de la televisión se oyeron llantos y quejas contra el deterioro de su arte. También entonces se pensaba que sería el fin del cine. Lo mismo con los proyectores de Super 8 y el alquiler de películas. Y mucho más con la llegada del home video. Qué demonios, ¡con la llegada del cine sonoro ya hubo gente que advirtió del apocalipsis!

¿La realidad? En términos globales, cada avance tecnológico ha supuesto una nueva oportunidad de negocio. Sólo los mastodontes que insistieron en mantenerse inamovibles acabaron arruinados.

Mi opinión sobre el Home Premiere es muy sencilla: ¿hay gente que quiere comprar el producto así? ¡Véndeselo! Muy probablemente esa gente no iría al cine de todos modos. ¿Por qué renunciar a ese cliente? Carlos Iglesias hace una observación muy aguda, algo que no piensa casi ninguno de los artistas audiovisuales que viven en grandes ciudades y sólo se relacionan con gente que vive en grandes ciudades: también hay que pensar en los espectadores  “que viven en pueblos donde no hay cines, y que tienen que hacer 60 kilómetros en coche para ver una película en pantalla grande”.

El daño que haya podido hacer la piratería al cine de autor no es nada comparado con el daño que ha hecho la especulación urbanística en las grandes ciudades y la falta de protección cultural a la exhibición. Seriesyonkis no hace la mitad de daño que Gallardón cuando permite que en la Gran Vía se cierre un cine para poner una tienda de ropa cosida por esclavos. Si cientos de miles de espectadores potenciales tienen que desplazarse a las afueras para ver una película, el cine independiente no tiene nada que hacer. Sólo las grandes distribuidoras pueden permitirse un desembarco publicitario suficiente como para arrastrar a la gente hasta Kinepolis.

Y por otra parte, eso de que “las películas se hacen para verlas en pantalla grande” es un poco hipócrita. ¿Acaso Guillem Morales no ve películas en casa? ¿Acaso Guillem Morales no quiere que se vendan muchos DVD de Los Ojos de Julia?

Parece que van a hacer falta unas gafas especiales para ver las películas en Home Premiere. Unas gafas que curen la miopía empresarial. Porque hace falta estar muy miope para no ver que hay distintos tipos de espectadores. Están los que sólo ven las películas en el cine y en pareja. Están los que sólo las ven en casa. Los que no pueden ir al cine por cuestiones personales o geográficas. Los que pueden esperar y los que lo quieren todo ya. Algunos ven unas películas en cine y otras en casa. Y están, naturalmente, los que se compran en DVD las películas que ya han visto en cine.

Estos últimos que pagan dos veces y por los cauces “habituales” y “lógicos” son los ideales, claro. Nos ha jodido. Pero cualquiera que pretenda seguir viviendo exclusivamente de ellos, va a necesitar mucha suerte.

Y si alguno está esperando que con la llegada de la ley Sinde se acaben las descargas “ilegales” y todo vuelva a ser como hace diez años, tengo malas noticias para él: no va a ocurrir. En primer lugar, porque nunca ocurre que las cosas vuelvan a ser como hace diez años. Y en segudo lugar, porque la ley Sinde tiene un par de pequeños problemas. Sigan el enlace para comprender, en minuto y medio, por qué la ley Sinde no va a funcionar.

Lo peor de todo es que, insistiendo en que se aprobase ese texto inoperante, la industria ha gastado su último cartucho. En las próximas legislaturas, nadie querrá volver a meterse en el avispero de los derechos de autor.

En resumen, que no se le pueden poner puertas al campo, que prohibir no es la solución, y que todo el mundo sabe que mola más ver las pelis en pantalla grande. No hace falta que venga ningún director a decírselo. La gente irá o no al cine en función de lo mucho que le interese una película, y del esfuerzo que tenga que hacer para ir.

P.S. Quedan sólo dos días para inscribirse en la charla “Recursos para Guionistas en Internet” que doy este lunes en Madrid. De 10.00 a 14.00 en la sede de la SGAE. Más información en la web de Fundación Autor.


DESPUÉS DE LOS PREMIOS GOYA (I)

21 febrero, 2011

Por Daniel Castro (Guionista en Chamberí)

(- Primero: disculparme por el retraso en publicar. Tengo dos excusas, eso quiere decir que ninguna de ellas es buena. Estoy fuera de casa, con algunas dificultades para conectarme y, dos, ayer domingo trabajé tanto que no pude escribir. La auténtica es que… anoche se me olvidó ponerme a ello.

– Segundo, tal vez por el punto primero, este post va a ser algo diferente, algo más precipitado y menos reflexivo de lo habitual. Tal vez todo ello sea para bien. )

Vi los Goya con amigos, en una de estas reuniones en las que apenas ves la tele, sólo el tiempo suficiente para poder pensar un chiste supuestamente ingenioso que impide que el resto de los presentes puedan enterarse de la ceremonia.

Eso no me impide sacar unas pequeñas reflexiones sobre la Gala y especialmente sobre los enmascarados Anonymous que abuchearon a muchos de los invitados a la gala y, en cambio, corearon el nombre de Álex de la Iglesia a la entrada al acto. Al parecer, alguno de  ellos tiró algunos huevos. Al parecer también, otros Anonymous afearon la conducta al de los huevos (al que los había tirado, quiero decir).

Algunos medios apenas se hicieron eco de estas protestas, otros se centraron mucho en ellas. Otros medios criticaron a los primeros, por ignorar la realidad. Otros, al contrario, criticaron a los que dieron excesiva importancia a los Anonymous.

Muchas crónicas hablaban sobre la gran tensión con que se vivió toda la ceremonia. Al parecer, uno de los momentos álgidos fue el discurso de De la Iglesia, que, al parecer, algunos han adoptado como una especie de Nuevo Evangelio, el Gran Sopapo en la Cara de la Industria. A otros casi todo el discurso nos pareció escrito por Pero y Grullo.

Si me permitís mi opinión… para mí nada es para tanto.

Que un Gobierno intente, por medio de un mecanismo legal y unas sanciones, defender los intereses de una Industria, es lógico.

Que las personas afectadas por esas sanciones protesten, invocando a las libertades o derechos fundamentales, también es normal. Que, entre estos se cuele un tipo que tire algo tan inofensivo como un huevo, tampoco parece especialmente grave.

Hace pocos meses, el mismo Gobierno aprobó una ley antitabaco que prevé graves sanciones para fumadores y locales que la incumplan. Muchos ciudadanos se han visto perjudicados por ella. Han invocado derechos fundamentales para defender su derecho a fumar. Unos han protestado colectivamente, otros han elegido una vía de “martirio individual”. La ley se ha cumplido. Algunos están contentos, otros están enfadados e incluso resfriados gracias a ella.

Pienso que el consenso absoluto es imposible de alcanzar, aunque sería lo óptimo. A veces lo bueno es enemigo de lo óptimo. Gobernar, tomar decisiones, implica generarse “enemigos” a cada paso. Un gobernante debe saber que no todo el mundo va  a quererle. Un individuo que expresa una opinión política también debe asumir que encontrará que otros muchos no están de acuerdo con él.

Como reflejaba, a modo de simple ejemplo, en esta entrada, gran parte de la opinión pública (y publicada) en España es espectacularmente crítica con el cine que se produce en nuestro país. Posiblemente no haya ningún otro sector que sufra críticas tan constantes. Muchas de las críticas inciden en qeu se trata de un sector muy dependiente de las ayudas públicas. Sin embargo, otros sectores muy subvencionados como la minería o la agricultura no concitan, descalificaciones comparables. Otro argumento que utilizan los críticos (tiene que ver con el anterior) es que se trata de un cine poco taquillero y escasamente popular. Sin embargo, en nuestro país hay docenas de sectores económicos que no se distinguen por su gran nivel internacional. Por ejemplo, nuestra investigación científica no parece comparable a la de otros países europeos. Sin embargo, a pesar de que se trate de otro sector que subsiste casi exclusivamente por la inversión pública, no se insulta o critica a los científicos, sino que se les compadece por las difíciles condiciones en que trabajan y se solicita que los subsidios públicos se incrementen en la medida de lo posible.

Es decir, ni la financiación pública ni el escaso éxito comercial son las razones de fondo que explican la gran aversión que se produce en muchos medios (y muchos ciudadanos) al cine producido en España. En mi opinión, la razón principal de la mala imagen de nuestro cine en amplios sectores de España es otra. Creo que podemos buscarla en el día 1 de febrero del año 2003.


EL FUTURO ES DE LOS TONTOS

12 julio, 2010

Por Daniel Castro (Guionista en Chamberí)

Cuando estéis leyendo esto, yo estaré en una furgoneta recorriendo Portugal, tratando de huir del calor y el agobio de Madrid y del tranquilo ambiente de Pamplona en estas fechas del año.

Sí, este post es el equivalente de la comida congelada, preparada con antelación, pero, con suerte, casi nadie lo notará.

Hace unos meses, un amigo me invitó a proyectar un corto en un festival de Bolivia. En lugar de hacer un envío postal, alguien me dijo que podía ahorrarme el dinero colgando en Internet los archivos del DVD para que él se los bajara en Cochabamba y armara el DVD completo. Sin embargo, en lugar de hacerlo en YouSendIt o algún otro servicio de FTP, me recomendaron un sitio llamado Dropbox.

Desde entonces, no dejo de usarlo y… os recomiendo probarlo porque creo que es especialmente útil para guionistas, sobre todo para tener continuamente actualizados textos en los que intervienen varios autores en diferentes ordenadores.

La idea básica es que Dropbox guarda una copia actualizada de tus documentos en Internet cada vez que tú los modificas. Simplemente, instalas en tu ordenador (u ordenadores) un pequeño programa que actualiza todos los archivos que has guardado en ciertas carpetas.Si no ha habido modificaciones de los archivos, los deja como estaban. Si, para no sentirte mal, has escrito seis palabras más en la descripción de un personaje, el programa guarda automáticamente en Internet esta versión con seis palabras más.

Ahora mismo, para que os hagáis una idea, yo estoy escribiendo este post en un documento word en mi ordenador de sobremesa. Sin embargo, posiblemente lo deje descansar unas horas para revisarlo más tarde, cuando esté en el Starbucks. Lo habitual sería enviarme a mi propio correo un mensaje adjuntando el documento en versión provisional. Con Dropbox, simplemente, a la hora de guardar este archivo en Word, elijo hacerlo en una carpeta compartida de Dropbox. Nada más encender el portátil y conectarlo a Internet en la cafetería, éste archivo se cargará sin que yo tenga que hacer nada. Me ahorro el envío y recepción de mensaje de correo electrónico.

Dropbox puede ser compartido por varios usuarios, a los que tú autorizas a acceder a algunas carpetas concretas y ofrece gratuitamente hasta dos gigas de espacio de almacenamiento (puedes conseguir más espacio si pagas). Llevo varios meses usándolo y, simplemente, no le he encontrado defecto alguno. Si te encuentras en un ordenador en el que no está instalado Dropbox, simplemente accedes a la página web de Dropbox.com y, tras introducir tu contraseña, tienes acceso a todos los contenidos que has guardado en esas carpetas. Puede ser especialmente útil para contenidos que uno quisiera tener siempre actualizados y que no sabe cuándo ni dónde va a poder necesitar. Por ejemplo; un CV profesional.

Posiblemente existan otros programas que hacen cosas parecidas a las de Dropbox (me han hablado algo sobre Google Docs) pero, sin haberlos probado, reconozco que la sencillez y utilidad de Dropbox me parecen bastante difíciles de superar.

De todos modos, lo de menos es cuál de estas soluciones se vaya a generalizar o imponer en el mercado, lo importante, en mi opinión, es la tendencia cada vez más acentuada a depender de “la Nube”. Es decir, a almacenar los datos y, en ocasiones también los programas de software, en Internet, en lugar de en los ordenadores personales. Nuestros terminales se van a convertir cada vez más en simples máquinas de procesar y conectarse a Internet. Es el caso de los netbooks y tabletas tipo Ipad que sacrifican la memoria (la capacidad de almacenar archivos y programas) a cambio de una “portabilidad” mucho mayor. El futuro, en informática también, parece ser de los tontos.


¿UNA NUEVA DIMENSIÓN?

5 julio, 2010

Por Daniel Castro (Guionista en Chamberí)

Tal vez alguno de vosotros se haya enterado de que hace unos meses se estrenó una película llamada “Avatar” dirigida por James Cameron.

La película fue un éxito mundial descomunal. En plena crisis de la exhibición en salas, consiguió una recaudación aproximada de 2.730 millones de dólares. En términos absolutos, es la más taquillera de la historia.

Muchas salas de todo el mundo adquirieron proyectores de video digital sólo para poder exhibir esta película en 3D (aunque también se exhibió en 2D). En España, por ejemplo, el parque de cines con proyección digital en 3D era en abril de este año de 266 salas, casi un diez por ciento del total.

Hace algún tiempo leí que “Avatar” iba a salvar el cine. Posiblemente era un titular algo exagerado, pero el efecto de la película de Cameron en la exhibición cinematográfica creo que sólo puede ser comparable a los que se produjeron cuando se introdujeron el sonido y el color. Creo que ni siquiera la introducción de los diferentes sistemas de sonido o los efectos visuales por ordenador han influido tanto en la manera de exhibir y ver el cine.

Desde hace años se hablaba de que iba siendo necesario que el parque de proyectores de cine se fuera reconvirtiendo al digital. Las copias en “celuloide” son un caro y voluminoso anacronismo en un tiempo en el que todas las demás fases de la elaboración de una película pueden hacerse (y con gran calidad) en formatos digitales.
Sin embargo, ha hecho falta una película de gran presupuesto, apoyada por un gran estudio y una exagerada campaña de marketing para que muchos cines decidiera que ahora era el momento de acometer esa inversión.

En la estela de “Avatar” han llegado a esas salas numerosas películas en 3D. Muchas de ellas no habían sido rodadas con la intención de ser proyectadas así. Este artículo de El País, bastante interesante, habla sobre lo oportunista que ha resultado la reconversión en 3D (“dimensionalización”) de películas como “Furia de titanes”. El proceso de conversión es caro y complejo. Además, es importante rodar sabiendo que la película va a exhibirse en 3D, para evitar movimientos de cámara demasiado rápidos, para jugar inteligentemente con los planos y para no oscurecer demasiado la fotografía (las gafas privan a la película de gran parte de su luminosidad).

Los grandes estudios de Hollywood han encontrado el modo de volver a llevar a los espectadores que habían empezado a desertar de los cines. Además, el argumento de las tres dimensiones ha servido para que los espectadores, en estos tiempos de descargas gratuitas de cine desde Internet, paguen más aún por cada entrada de cine (la entrada para ver “Avatar” en 3D costaba hasta un 50 por ciento más que en la versión de dos dimensiones). Recientemente se ha producido en España el curioso fenómeno de que la película con más espectadores y la de mayor recaudación no fueran la misma.

Sin embargo, la tecnología 3D no sólo ha llegado a las salas. Los televisores y ordenadores 3D comienzan a venderse a precios casi normales. Y existe un canal específico de Canal Satélite Digital que emitirá con esta tecnología. De hecho, ya está retransmitiendo así algunos partidos del actual Mundial de fútbol (sí, están jugando un campeonato de este deporte actualmente en Sudáfrica, os lo juro).

Como ocurre casi siempre, la generalización de una tecnología provoca una modificación cultural. Si las tres dimensiones se imponen mayoritariamente, cambiará la manera de ver, producir y… escribir las películas y series. Al menos durante un tiempo, la fascinación por el invento llevará a que la ficción se llene de acción, persecuciones y elementos que asalten sorpresivamente al espectador.

Sin embargo, tengo mis dudas de que esta tecnología vaya a imponerse permanentemente y, sobre todo, de que vaya a generalizarse también en otros géneros más realistas y menos espectaculares (drama intimista, comedia romántica…). Grabar en 3D exige un gasto suplementario (y verlo exige unas gafas especiales) que creo que no está muy justificado en algunos géneros cinematográficos. Tal vez, incluso, esta versión digital de las tres dimensiones corra la misma suerte que la anaglífica (la de las clásicas gafas con celofán rojo y verde)  y acabe olvidada una vez pasado el fervor inicial. O, tal vez ocurra justo al contrario y, a partir de ahora, ver cualquier película o serie en dos dimensiones empiece a resultarnos poco natural y anacrónico.

Es difícil apostar en plena oleada de cine en tres dimensiones pero… mi impresión es que esta tecnología va a utilizarse principalmente en películas de acción, terror y, sobre todo, de animación. También pienso que, dentro de unos años, más que la reintroducción del cine en 3D, agradeceremos que “Avatar” ayudara a renovar los cines. Ojala los proyectores de vídeo digital que se han instalado gracias a la obra de James Cameron sirvan en el futuro para proyectar pequeñas películas que ahora no pueden exhibirse, en parte, por el gran coste que supone realizar y distribuir copias en 35mm.


SIGUIENDO AL TIPO DEL CHÁNDAL

11 enero, 2010

Por Daniel Castro (Guionista en Chamberí)

Después de publicar el post de la semana pasada me encontré con unas cuantas respuestas interesantes de lectores. Algunas de ellas mencionaban sitios de Internet que se podían aproximar a ese “Spotify para cine y tv” del que hablaba en el post.

Admito que, aunque conocía unos cuantos, nunca había visto una peli en ellos. Así que decidí hacer arriesgado periodismo de investigación y probar cada uno de los sitios mencionados (y alguno más). Me gasté el sueldazo que me pagan en Bloguionistas en ello. Y me sobró para un paquete de palomitas.

Voddler, no puede probarlo por ser por invitación. Sin embargo, por lo que he leído en su web, creo que sería el que más se acercara al modelo Spotify, ya que permite ver películas gratis a cambio de tragarte publi. La oferta de esta página parece ir por el cine comercial por lo poco que he podido ver.

El resto de páginas, de las que voy a hablar ahora, no incluyen publicidad. A cambio, hay que pagar por visión. Sólo excepcionalmente hay contenidos gratuitos (sobre todo cortos).

La primera web que probé fue videoclub cine 365.com (que también se ofrece en Internet con el nombre de elcineonline, posiblemente con la única intención de volverme loco). Este es una especie de video club de barrio subido a la red. El catálogo es de unas 400 películas, pero muchas de ellas son de esos productos “directo a vídeo” bastante infectos. Si quieres saber de qué peli se avergüenza tu estrella favorita, este es el lugar para encontrarla. Otras pelis, en cambio, son recientes, como por ejemplo “Slumdog Millionaire”. Los precios son muy razonables: de 0,99 a 2,99 euros (hay incluso algunas gratis). Todas las películas están dobladas y no hay opción alguna de verlas en su idioma original con subtítulos. En la película que vi como prueba la calidad de imagen era bastante justita, el streaming fluía bien y adelantar o retrasar la peli era una labor bastante complicada e imprecisa. Por lo que he visto, me parece que detrás de esta página está el grupo Filmax. En resumen, streaming asequible para el espectador poco exigente.

Después, siguiendo por las páginas nacionales, me pasé por Filmotech, que parece ser la página oficial de Egeda, asociación de productores audiovisuales. El catálogo es bastante extenso, alrededor de mil películas (aunque esto es bastante difícil de cuantificar ya que se cuentan versión inglesa y española de una misma película como si fueran dos diferentes). Como es lógico siendo una página de los productores españoles, está muy bien provista de cine nacional de todas las épocas. Su talón de Aquiles es el cine extranjero, escaso y ofrecido en versión doblada u original, pero ni rastro de ese moderno invento llamado subtítulos. La calidad de vídeo no es mejor que la de videoclub 365 y los precios son económicos: 1’39 para las pelis menos recientes, 3’49 para las más modernas. Es la página ideal para encontrar esa peli española que dejaste que se te escapara en los cines, y que no sabes cómo encontrar ahora que tienes una reunión en la que quieres hacerle la pelota al tipo que la dirigió.

Pero no podía ser todo tan fácil. Como esto es España, algunos productores y distribuidores han montado su página de streaming por su cuenta. Alta Films, Continental, El Deseo, Golem, Tornasol, Vértigo Films, Wanda Visión y Cameo han lanzado Filmin. En ella no hay apenas películas españolas, y en el catálogo online , bastante exiguo (creo que ronda los ochenta títulos) se nutre sobre todo de películas extranjeras distribuida en España por esas empresas. (Por cierto, en la página queda confuso cuáles son las pelis disponibles online y cuáles no). En sus propias palabras, apuestan por “títulos de calidad contrastada, cine de autor sin que eso signifique que sea cine poco comercial. ¿Acaso son poco comerciales “La vida de los otros” o “Anticristo”?”. La calidad del vídeo es prácticamente igual que la de los sitios anteriores, según mi experiencia. Aquí sí han oído hablar de los subtítulos y las pelis extranjeras se ofrecen exclusivamente en V.O.S.E. Precios también baratos: entre 2 y 3 euros aproximadamente. Es el lugar adecuado para ver “La Pianista”, ya que, cuando fuiste a verla a los Renoir, estabas más pendiente de dar un tranquilizador y viril abrazo a esa chica a la que invitaste que de seguir del argumento.

Por último, una página extranjera que conocí gracias a la mención de otro (amigo y) lector: se llama The Auteurs y el nombre ya lo dice casi todo. Si en Filmin hablan de ofrecer cine de calidad, aquí llevan mucho más lejos esa política. Sólo las obras de directores premiados en festivales internacionales parecen entrar en esta página: Cuarón, Kore Eda, Sokurov, Audiard… Su catálogo es muy extenso, aunque de él he calculado que en España sólo pueden verse entorno a 200 películas. Los precios son algo altos, comparando con las páginas anteriores. Una película cuesta 5 euros aunque sale más barato si compras un bono o te suscribes (en esos casos, la película puede salirte por dos euros o incluso menos). Tras The Auteurs está entre otros, Criterion, uno de los sellos de DVDs más prestigiosos del mundo. Las películas se ofrecen en su lengua original y subtituladas al inglés. Esta es la página para ver por fin aquella película que probablemente ni siquiera llegó a estrenarse en España (y que no puedes encontrar ni siquiera en la Mula).

Bien, por ahora, a falta de que alguno de vosotros me escriba diciéndome que he dejado de lado El Sitio Definitivo para Ver Legalmente Películas Online, doy por concluido el repaso de los sitios. Y me aventuro a emitir una…

Conclusión: todas estas páginas parecen bastante recomendables (desde luego, pienso que son pasos en la dirección adecuada), dependiendo de lo que busques (bueno, si tu sitio ideal es videoclub cine 365, tú y yo tendríamos un par de problemas para entendernos).

Sin embargo, ninguno de estos sitios logra tener un catálogo tan extenso (o algunos servicios imprescindibles, como ofrecer una versión subtitulada, por ejemplo), como para cubrir las necesidades de un espectador mínimamente exigente.

Por lo que he visto no existe aún nada comparable aún a lo que brinda Spotify en música. De hecho, la propia dispersión de la oferta anula la eficacia de las páginas. Es decir, si para verte legalmente “Manolito Gafotasonline tienes que buscarla en tres páginas de streaming diferentes, es muy posible que acabes desistiendo y bajándotela directamente de una P2P o de una página de descarga directa.

De todos modos, darme una vuelta por estas páginas me ha hecho ver que la oferta de cine legal online es mucho mayor de lo que pensaba y que se ofrece a precios más que razonables. Poco a poco, y de manera torpe y dispersa, los propietarios de los derechos de las películas van ofreciéndonos una alternativa legal y atractiva a las descargas gratuitas.

Ojala pronto nos dejen sin excusas.


APRENDIENDO ALGO DEL SUECO DEL CHÁNDAL

4 enero, 2010

Por Daniel Castro (Guionista en Chamberí)

Sí, voy a escribir un poco más sobre el eterno asunto de las descargas de películas y series de internet. Si estáis hasta las narices de este temita, podéis pasaros a leer el loquísimo post de uno de los seis guionistas más atractivos de Bloguionistas en el que me contesta y refuta.

Bien, vamos con ello.

A estas alturas, poca gente razonable duda de que las descargas de archivos de Internet están provocando que la industria de los “contenidos” como le llaman los técnicos deje de ingresar cantidades descomunales mientras tanto, la industria de las telecomunicaciones y productos informáticos está viviendo una edad de oro, en gran parte debido a que sus productos son imprescindibles para la descarga, reproducción y almacenamiento de esos contenidos. Para estas Navidades, una persona que conozco ha recibido de regalo un disco duro multimedia en el que un amigo le había grabado 25o películas. Otro amigo, sesentón, le ha dicho, orgulloso, que cuando se las vea, él le puede pasar su colección de 3000. El disco duro costó 150 euros en un Media Markt.

Esta situación está afectando indirectamente también a los creadores de contenidos (músicos, productores, directores y guionistas entre otros) ya que la industria que les pagaba está en una situación económica más precaria que antes. Tal vez la televisión y el cine hechos en España no están siendo los más afectados, ya que no son los preferidos por el público que se descarga contenidos de internet, pero, indudablemente, a cada uno a su escala, a todos les afecta esta práctica.

Lo que es falso es que las descargas sean ilegales. Por ahora, tal y como se está aplicando la ley en nuestro país, la mayoría de las redes para compartir archivos se consideran un intercambio legal y sin ánimo de lucro. Por eso, ese argumento tan empleado por algunos representantes del mundo de los “contenidos” de que bajarse una película de Internet es igual que entrar al Corte Inglés y llevarte una camisa es inexacto. La policía te detiene por un robo y un juez te suele condenar por ello. Nadie me meterá en la cárcel si confieso aquí que tengo unas cuantas pelis en el disco duro, bajadas de eMule. Creo que cada argumento inexacto es un paso que aleja de la solución de un problema.

He escrito “por ahora” porque creo que el tiempo en el que bajarse todos los discos y pelis de Internet gratuitamente se va a acabar pronto. Por dos motivos: por un lado pienso que las iniciativas legales más severas van a comenzar a abundar y… por otro lado porque… simplemente los usuarios no querremos descargarnos contenidos de Internet a nuestro disco duro.

De hecho, en los últimos meses, por primera vez, se está reduciendo el volumen de archivos descargados desde redes P2P (aquí informan de que hace un poco más de año y medio, el P2P representaba el 40% del tráfico de Internet, ahora apenas llega al 20%). Entre las causas más importantes, yo señalaría tres. Primero, en algunos países la persecución de las descargas se ha incrementado, con leyes más severas. La segunda causa creo que es mucho más importante: las redes P2P han descendido por el incremento de las descargas directas de sitios como Rapidshare. Sin embargo, para mí la tercera causa es la verdaderamente crucial, porque marca un cambio de tendencia. La tercera causa es el streaming legal, es decir, programas como Spotify.

Supongo que casi todos lo conocéis. Spotify es un pequeño programa desarrollado por una empresa sueca fundada y presidida por Daniel Ek, este tipo de aquí abajo (el tío tiene 26 años).

Este es Daniel Ek, tiene 26 años.

Uno lo instala en su ordenador (al programa, no a Daniel Ek) y le permite acceder inmediatamente a una vastísimo catálogo de música. La versión gratuita intercala publicidad entre las canciones, la versión de pago no, a cambio de unos diez euros al mes. Spotify es una alternativa “más” legal a la descarga de música desde Internet ya que ha llegado a acuerdos con las discográficas para repartir con ellas parte de los ingresos de publicidad que recibe. Sin embargo, por mucho que esto entristezca a algunos lectores, creo que el éxito de este programa no se debe a que los consumidores prefiramos una opción que permite ingresar algo de dinero a los artistas y sellos discográficos. La razón del éxito de Spotify es que es… mucho mejor que una red P2P y además es… igual de gratis.

¿Por qué es mejor?

Porque nos ahorra tiempo, trabajo y espacio de almacenamiento en el ordenador. ¿Prefieres descargar y guardar un archivo en tu ordenador sin poder escucharlo antes y arriesgándote a que contenga un virus o escucharlo inmediatamente en óptima calidad? La respuesta es obvia. Spotify es simplemente mejor que lo que había. Yo lo uso incluso para escuchar discos que ya tengo en mi disco duro (y también, evidentemente, para escuchar los que tengo en CD original).

Spotify nos libera de los obstáculos que implica la posesión. Por que la música está en… ese limbo que llamamos “servidores centrales”. Más o menos, en el mismo sitio en el que están todos los mensajes de nuestras cuentas de Gmail.

Sin embargo, Spotify no sólo trae ventajas al oyente. También, evidentemente, a las discográficas que ahora ven la posibilidad de ingresar algo por lo que hasta hace unos meses… no les reportaba nada. Ganarán poco por cada reproducción de cada canción pero… ¿y el dinero que se ahorrarán en producir y distribuir cada uno de sus discos? ¿Y los ingresos que les reportará toda esa parte de sus archivos que tenían hasta ahora descatalogado y que, ahora, será accesible para todo el mundo en cualquier momento?

Spotify es, a mi entender, la mejor aplicación que he conocido hasta ahora de la teoría de la Larga Cola, que dice que la Red ofrece una oportunidad óptima de sacar beneficios de productos que no sería rentable distribuir de modo tradicional (y por eso estaban descatalogados).

Spotify también es bueno para los artistas y para las entidades de gestión de derechos de autor ya que permite obtener datos claros e incontestables sobre el número de veces que se ha reproducido una grabación. La labor de recaudación de las entidades (si cobran su parte a Spotify también, cosa de la que no estoy enterado) se vería muy facilitada.

En definitiva, Spotify me parece la respuesta que se esperaba de la industria discográfica desde hace mucho tiempo.

Ok, ahora os preguntaréis, ¿por qué carajo nos suelta todo este rollo sobre Spotify si estamos en un blog de guionistas?

Porque, como reclamaba Santamano, el cuarto guionista más atractivo de su hogar, en este post de su blog, lo que andamos necesitando desde hace tiempo es… un Spotify para cine y televisión.

Señores productores de cine y tele. No hay mucho que inventar. Por favor, copiénselo todo a esos suecos. (O a los americanos de Hulu, que, al parecer, es un modelo parecido a Spotify pero aplicado a cine y TV. Todavía no ha llegado a Europa y no he podido probarlo, por eso no lo uso como referencia).

Películas gratis a cambio de tragarnos anuncios y películas de pago para verlas sin publicidad. Suscripción premium para ver pelis sin publi todo el mes. Posibilidad de comprar una película y descargarla si la necesitamos ver cuando estemos off line, por ejemplo, en un viaje.

Otras posibilidades: pago por película suelta que queramos ver sin publi. Otra posibilidad: precios más caros para películas de estreno (sí, creo que las pelis pequeñas pronto se estrenarán en ese Spotify para cine y tele) y precio más barato para películas que ya han hecho el grueso de su carrera comercial. (Ojo, estoy hablando de precios muy razonables. No puede pedirse al espectador que pague por ver una peli el mismo dinero que en una sala de cine: el productor se está ahorrando los gastos de copias, distribución y exhibición de la película).

¿Imagináis lo que sería poder acceder a cualquier película con un simple click? ¿Y navegar entre la filmografía completa de tu director o actor favorito y buscar rápidamente tu secuencia favorita y verla, por fin, en versión original o doblada, tantas veces como quieras?

Además, un Spotify para cine (y series) tendría ciertas ventajas que harían que pudiera tener aún más éxito que el musical: los archivos de vídeo son mucho más pesados y exigen mucho más tiempo de descarga y, muy frecuentemente sólo se reproducen una vez. Es decir, son las condiciones ideales para que triunfe un streaming.

Otra ventaja para que triunfe un Spotify de cine es que las películas y series suelen verse habitualmente en casa. No está tan generalizado el uso de dispositivos portátiles para ver películas (y nunca lo estará, porque ver una película es incompatible con muchas actividades – andar, correr por el parque – que sí se pueden realizar mientras se escucha música). Es decir, que ese nuevo Spotify del que hablo como si ya existiera, se encontraría con el principal problema del existente, que necesitamos descargar algunos archivos a nuestro dispositivo portátil, pero en mucha menor medida que el actual Spotify.

¿Qué hace falta para que este Spotify ideal llegue a ser una realidad?

Las dificultades técnicas ya no representan un problema demasiado grande. El principal obstáculo es que los productores de series de televisión y cine lleguen a un acuerdo para digitalizar sus contenidos y colgarlos de una plataforma similar a Spotify. Es imprescindible que se unan, ya que la diversidad de plataformas sería muy contraproducente.

Aunque nos han dado muchas pruebas de lo contrario, yo pienso que los ejecutivos de las empresas de producción son inteligentes y  saben que centrar su negocio ahora en vender DVDs es casi tan productivo como poner sus esperanzas en la resurrección de la musicassette.

Ahora, por favor, por el bien de los consumidores, de los artistas y, sobre todo, por su propio bien, les agradeceríamos que dejaran de una vez de quejarse, de promocionar manifiestos y mesas antipiratería, y nos dieran una alternativa mejor a esas descargas que ustedes llaman ilegales. Está en sus manos.


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