FLASHBACK: CONSULTORIO: DESPACHO PARA ESCRIBIR

22 agosto, 2011

Por Daniel Castro (Guionista en Chamberí)

Hola a todos,

Me llamo D., vivo en Madrid y tengo 30 años. Después de trabajar como administrativa durante varios años, al quedarme en el paro en 2008 decidí ponerme a estudiar guión, algo que siempre había querido hacer pero para lo que nunca había tenido tiempo. Fue la mejor decisión que pude tomar porque creo que he encontrado mi verdadera vocación.(…) El problema es que no vivo sola en casa y muchas veces no dispongo de un lugar tranquilo para trabajar, con lo que me desconcentro a la mínima y no rindo todo lo que debería.

Cerca de casa he visto que se alquilan unos despachos a un precio razonable y no me importaría coger uno. Pero, como no me sobra el dinero, me preguntaba si se os ocurre alguna actividad paralela, relacionada con el guión a ser posible, con la que pudiera costear el alquiler sin que me quitara demasiado tiempo para escribir. ¿Alguno podríais orientarme? ¿los que no estais trabajando en las oficinas de ninguna productora, escribís en casa o en un estudio?

Sé que es una pregunta demasiado particular que quizá no encaja con la filosofía del consultorio de bloguionistas, pero no dejo de darle vueltas al asunto porque creo que tener un lugar de trabajo propio donde poder reunirme además con otros colegas para desarrollar proyectos comunes me sería de gran ayuda. (…)

Muchas gracias,

D.

Hola, D, aquí D. Muchas gracias por tu mail y por leernos. Como has visto, he abreviado tu consulta, limitándola a un tema. Por cuestiones de espacio, y por mantener cierta coherencia en la sección, creo que es mejor limitarnos a un asunto por consulta. Te respondo a la cuestión sobre el lugar de trabajo porque últimamente me ha ocupado un poco.

A veces, a los guionistas de televisión nos toca, como dices, trabajar en la oficina de una productora y pasamos allá la mayor parte del tiempo (suele ser el momento en que hay que preparar la “biblia” de una serie, los arcos dramáticos de la temporada, la escaleta de un episodio o de un bloque de episodios), pero hay largos periodos en los que el guionista tiene que trabajar solo. Por ejemplo, cuando toca dialogar, redactar la escaleta, escribir documentos, perfiles de personajes o, en el caso de un proyecto personal, no solicitado por ningún productor… prácticamente todo el tiempo.

Como comentas, trabajar en casa es bastante jodido cuando no vives solo. También es bastante jodido cuando sí vives solo, te lo garantizo. Para distraerse no hace falta tener una familia armenia celebrando un cumpleaños en la habitación de al lado. Para distraerse basta una mosca, el ala de una mosca o incluso la idea del ala de una mosca. El problema es que no sólo hay moscas. Hay otro asuntillo que seguro que te suena, una cosa llamada Internet. Ahora mismo, en España, cientos de personas saben que deberían estar haciendo otra cosa y, en lugar de eso, están leyendo esta frase. Por que está en Internet, que es gratis. Porque, en cuanto lean esto, se ponen con su guión, o se leen esa escaleta que tienen pendiente, o limpian el horno o recogen a su padre del hospital, que el hombre lleva dos horas en la sala de espera. Pero nada, aquí estamos todos, leyendo algo que, honestamente, sabemos, sólo va a aportarnos un par de sonrisas y un cuarto de hora menos.

Si, como parece tu caso, nadie te impone unos plazos de entrega para tu trabajo, la cosa se complica mucho más. Podrás rescribir la misma frase doscientas veces, o aplazar la escritura otras doscientas veces más. Un truco suele ser inventarse la urgencia, inventarse al productor ansioso de leer nuestra obra. Ponerse un plazo, más o menos urgente (para no relajarse) pero también realista (para no frustrarse ni angustiarse innecesariamente). La fecha tope de algún concurso, una reunión con un productor, la llegada de las vacaciones… cualquier excusa es buena para fijarse un momento para el que nuestro trabajo deba estar terminado.

Me preguntas por espacio y te hablo de tiempo. ¿Por qué? Porque si el tiempo está limitado, el espacio pasa a importar menos: si tengo que entregar un guión mañana, llevo 30 páginas, y de esa entrega depende poder ganar treinta mil euros, te garantizo que no me va a distraer una mosca, tampoco Internet, ni siquiera la familia armenia que insiste en que pruebe su tarta de cumpleaños. Si no hay plazo ni prisa alguna, me distraeré en mi casa o en el despacho más aséptico.

Una vez puntualizado esto, vamos con algunas de mis opiniones prácticas sobre espacios de trabajo. Son las cosas que me funcionan (y no siempre) a mí, se admiten otras, en la sección de comentarios.

Lo ideal sería trabajar en casa: es cómodo, barato y puedes tener un montón de material de consulta a tu disposición. Sin embargo, a casi todos nos resulta difícil trabajar en el mismo lugar en el que vivimos, ya que somos casi incapaces de separar actividades: en lugar de escribir, te escapas al frigo, pones una lavadora… o, al revés, te pones a leer una escaleta mientras ves el partido de tenis. Acotar el lugar y el horario de trabajo dentro de tu propia casa sería la solución ideal pero… a veces hay que conformarse con soluciones más prácticas.

Despacho. Puede ser la solución perfecta… si tienes pasta. Desplazarte a otro lugar, configura tu jornada de trabajo. Casi sin querer, te encontrarás que estableces una disciplina, unas rutinas, que te son cómodas para trabajar. Además, tendrás la posibilidad de crear tu propio espacio ideal de trabajo, con los elementos que necesitas y, a ser posible, pocas distracciones. Puntos en contra: un despacho ideal, silencioso y apartado, le deja a un solo ante su trabajo y esto, a veces, es duro. Los momentos de frustración o distracción en un entorno aséptico y solitario como el de una oficiona pueden ser especialmente duros. Segundo y principal: como ya he mencionado antes, tener un despacho propio implica una inversión. Sugieres que podrías buscarte un trabajo para poder pagarte el despacho. Preguntas si podemos sugerirte trabajos relacionados con el guión que no te quiten demasiado tiempo. Lo ideal sería trabajar como analista, lector de guiones, story editor, traductor… Si puedes conseguir alguno de estos empleos, tal vez te vayan bien para asegurarte ciertos ingresos sin quitarte demasiado tiempo. Sin embargo, cuando leí tu consulta, lo siento, la idea me recordó a la del tipo que, para comprar gasolina, vendió su moto. ¿De qué te sirve un despacho para escribir si, para pagarlo, vas a trabajar en otra cosa? Conozco muy pocos guionistas o escritores que tengan un despacho (fuera de casa) y todos ellos han conseguido sacar adelante su trabajo. Si quieres escribir, lo harás, en un despacho propio o en el salón de tu casa. No creo que tomar un trabajo, aunque sea a tiempo parcial, sea el mejor camino para lograrlo.

Entre la casa y el despacho propio existen opciones intermedias.

Lugares públicos. Es la opción que he elegido yo últimamente (escribo esto en una cafetería, junto a una ventana, en un netbook que cuesta 400 euros como mucho). Una cafetería decente te asegura: calefacción, buen café, wifi (que, por otro lado, puede ser una distracción), un entorno de trabajo más o menos atractivo y un lugar digno para tener pequeñas reuniones. Evidentemente, tienes que consumir algo, pero nadie te obliga a gastarte un pastón cada día. Puedes alternar varias y, poco a poco, elegir tus favoritas. Con un poco de suerte, incluso conocerás gente. Y si el ruido te molesta, puedes ponerte el MP3 con música “inspiradora”.

Más económica que una cafetería y, con casi todas sus ventajas: la biblioteca pública. Afortunadamente, casi todas las ciudades o pueblos cuentan con una biblioteca con sala de lectura abierta durante muchas horas al día. También hay salas de este tipo en museos, centros culturales, universidades, fundaciones… Muchas de ellas cuentan con wifi gratuito y el ambiente de estudio y recogimiento parece el ideal para trabajar en un guión. El mayor inconveniente es que estos lugares suelen estar llenos de estudiantes que acaparan las plazas. Sin embargo, estoy seguro de que, en poco tiempo, uno puede descubrir cuáles son los momentos y los lugares adecuados para conseguir un espacio de trabajo sin tener que pegarse con nadie.

Una de las grandes ventajas de nuestro trabajo es que no exige apenas infrastructura para llevarlo a cabo. Tu guión no va a ser mejor por que los escribas en un Mac de última generación en lugar de usar un básico netbook, un despacho perfecto no va a convertir tus sosos diálogos en réplicas chispeantes. Tampoco pasará lo contrario, te lo garantizo. Escribir bien es tan barato como escribir mal. Eso sí, requiere mucho tiempo. D, si lo que quieres es escribir, intenta hacerlo. Busca cuáles son tus horarios y lugares ideales para ello, pero no dejes que nada te aleje de ese objetivo.

Espero que esta respuesta, aunque parcial, te haya resultado útil. Te envío un saludo y te deseo mucha suerte para tus guiones. Los escribas donde los escribas.

(Entrada publicada originalmente en Bloguionistas el 29 noviembre de 2010)


CUCHILLO DE PALO

17 diciembre, 2009

(Si no le ven gracia, esperen a leer lo que queda)

Como ya sabrán, con la decisión de Bruselas de no aprobar la Orden por el procedimiento de urgencia, se crea un vacío legal en la industria cinematográfica, ya que la nueva orden derogaba la legislación anterior en el momento de su publicación en el BOE. De manera que, a nada que Bruselas se tome su tiempecito para decidir, las ayudas de 2010 se retrasarán, porque no habrá legislación que las regule. Lo que significa que habrá que posponer rodajes. Quizá cancelar otros. Como diría Forges, la jibamos.

Y para no variar las costumbres de este santo país, se han creado dos bandos al respecto. Hay que estar con la Orden, o contra la Orden. Y como siempre, servidor no encaja en ninguno. No me gusta la Orden ni los argumentos de sus defensores, pero tampoco comulgo con los Cineastas contra la Orden (¿CCLO?). No soporto esa banalidad de ponerse nombrecitos. Y me saca de quicio que no tengan un mísero sitio en Internet donde decir qué quieren, por qué hacen lo que hacen, y ya de paso, publicar una lista con todos los firmantes.

Buscas “cineastas contra la orden” en Google y lo primero que te aparece es esto:

Y de eso, en realidad, es de lo que yo quería hablar. La declaración completa de Gerardo Herrero es:

Esta decisión de Bruselas ha sido producida por la idiotez de algunos de los Cineastas contra la Orden que no tienen ni idea de lo que hacen y tiran piedras contra su propio tejado. Muchos de esos firmantes lo único que saben es chupar del bote y hacer películas que no interesan a nadie.

Podríamos llamarla la Declaración Universal del Cine Español, porque igual que la soltó Gerardo Herrero, la podría haber soltado cualquiera: mi portera, un crítico de provincias, o Federico Jiménez Losantos. Contiene dos de los clichés clásicos que la derecha atribuye al cine español: que “chupa del bote” y “no interesar a nadie”.

Todo este asunto me recuerda al episodio de Santi Santamaría contra Ferrán Adrià y otros. Fue a mediados de 2008, durante la presentación de un libro de Santamaría, el cocinero español con más estrellas Michelin. Allí, Santamaría arremetió contra la “mcdonaldización” de la cocina, que por lo visto encarnaba Ferrán Adrià y “su cohorte de seguidores”. Ferrán Adrià tuvo el buen tino de evitar la confrontación, pero sí entraron a comentar el asunto tanto Juan Mari Arzak (“lo que ha dicho Santi Santamaría es una bobada”) y Andoni Luis Aduriz (“lo que pasa es que Santamaría está reclamando un mayor reconocimiento”). Y al igual que ha pasado con lo de Gerardo Herrero y Cineastas contra la Orden, toda la prensa se puso cachonda. No sólo por el olor a sangre, que vende mucho, sino porque la alta cocina también es otro terreno fértil para criar tópicos absurdos: que si todo es química, que si los platos son muy grandes pero la comida muy pequeña, que si donde estén dos huevos fritos que se quiten esas chorradas. Todas esas tonterías que se desmienten yendo a cenar a Mugaritz, o yendo a ver Celda 211.

A mí, que sigo las estrellas Michelin como si fueran la de Belén, el exabrupto de Santi Santamaría me afectó bastante, pero apenas tenía amigos con quien comentarlo. Casi todos me decían que era imposible saber quién lleva la razón en una discusión tan específica. Hay que saber de alta cocina para opinar, decían. Al fin y al cabo, todos los implicados en la discusión son grandes profesionales de la alta cocina.

Imagino que ahora también hay mucha gente que pensará que hay que estar en el mundillo del cine para saber quién lleva razón, si Gerardo Herrero o Cineastas Contra la Orden.

Pero no. Sólo hay que recopilar datos significativos. Datos que tengan valor incluso para la gente que no sabe nada de cine. O de cocina. Por ejemplo: en Can Fabes, el restaurante de Santi Santamaría, te cobran 10 euros por el pan.

¿Ven? Un dato concluyente. Una prueba irrefutable. Un tío que cobra 10€ por el pan no puede tener razón en nada. Si a eso añadimos que el propio Santamaría llegó a decir que “somos una pandilla de farsantes que trabajamos por dinero para dar de comer a ricos y snobs”, pues está claro lo que ocurre aquí: este señor, siendo un excelente cocinero y todo lo que tú quieras, está más quemado que la moto de un hippy, y necesita urgentemente unas vacaciones en un balneario, porque el estrés le ha hecho perder las formas.

Y que el niño del Metro de Valencia pierdas las formas no es noticia. Y además tiene su gracia. Pero que las pierda el cocinero con más estrellas Michelin de España, es lamentable. Y muy sintomático. Pero dejemos al cocinero español con más estrellas Michelin y volvamos al productor español con más adaptaciones de Almudena Grandes.

Gerardo Herrero

Otro gran profesional, con un curriculum que quita el hipo. Precisamente por eso sus exabruptos son especialmente desafortunados. Al igual que la salida de Santi Santamaría se tradujo en un descrédito hacia todo el sector de la alta cocina, resulta muy perjudicial que uno de los más importantes productores de España no sepa mantener las formas a la hora de discutir sobre asuntos cruciales para la profesión. Una cosa es dar un puñetazo en la mesa en una reunión de vocales de FAPAE, pongo por caso, y otra muy distinta echarle carnaza a la prensa. Lo último que necesita el cine español es que esas pirañas vuelvan a la carga con sus frasecitas de manual: que si “el sector está en pie de guerra”, que si “la polémica está servida”. Pero ¿cómo se le ocurre usar expresiones como “películas que no le interesan a nadie” o “chupar del bote”, que sólo sirven para hacerle el juego a la derecha más reaccionaria? Si eso no es tirar piedras contra su propio tejado…

Para mí, esa manera de perder las formas sería suficiente para concluir que Gerardo Herrero es el que se equivoca en toda esta discusión. E incluso para concluir que debería buscarse algún spa/wellness donde relajarse quince días. Pero les voy a ofrecer un dato verdaderamente concluyente. Algo como lo del pan a diez euros.

Hace un par de años, una directora, amiga de una amiga, me llamó para preguntarme si querría escribir una “comedia loca” que estaba preparando para Gerardo Herrero. La idea de Gerardo Herrero haciendo comedia me pareció cómica de por sí, así que accedí.

Unos días después, me presenté en la oficina de Tornasol, ahí en Santo Domingo, a hablar con el Gran Jefe. La amiga de mi amiga tenía que haberme enviado previamente unas notas que tenía sobre la idea central de la peli, pero se le debió de olvidar, así que llegué allí sin saber nada del proyecto. Lo primero que me dijo Gerardo Herrero (antes que hola) fue:

Si no te lo has leído, ¿qué haces aquí?

Yo ya estaba pensando que iba a ser la reunión más breve de mi vida, pero la amiga de mi amiga insistió en que no costaba nada imprimir las notas en un momento -era medio folio- y que me lo leyese corriendo.

Así que allí estoy, en la sala de espera de Tornasol, leyéndome las notas para una comedia loca, y viviendo otra. A los cinco minutos, me hacen entrar en el despacho del GH. Me pregunta qué me parece, y le digo mi opinión. Le explico cómo enfocaría yo la historia, el tipo de humor que haría con ella, y el tipo de desenlace que me gustaría escribirle. GH y la amiga de mi amiga se miran. Les gusta lo que digo. Era justo lo que ellos pensaban. La cosa va bien.

Y entonces Gerardo Herrero va y me cobra diez euros por el pan. O algo equivalente (y me van a permitir que pase al formato guión):

INT. DESPACHO DE GERARDO HERRERO – DÍA

GERARDO

Bueno, ¿me escribes un tratamiento a ver qué tal? Veinte, treinta páginas.

PIANISTA

Claro. ¿Me mandas el contrato por email?

GERARDO

¿Cómo? No, no… Antes tengo que ver cómo escribes.

PIANISTA

Coño, treinta páginas para ver cómo escribo… ¿No te vale mi curriculum? ¿No te vale esta entrevista?

LA AMIGA DE MI AMIGA

Gerardo, me parece que no te haces una idea de lo que esta gente gana escribiendo para la televisión.

GERARDO

Ah, ¿sí? ¿Cuánto ganas, a ver, cuánto ganas?

PIANISTA

Lo suficiente como para no escribir tratamientos gratis.

Ahí lo tienen, amigos. Ése es el dato concluyente: que un tío que ha producido cien películas intente sacarle tratamientos gratis a un guionista profesional, que además le llega recomendado; eso y no otra cosa, es no tener ni idea de lo que se hace.

En cuanto a la idiotez… Probablemente me equivoque, porque yo no sé gran cosa de leyes. Pero me parece que la verdadera idiotez ha sido derogar la legislación anterior en el momento de publicar la nueva en el BOE, en vez de hacerlo al entrar en vigor.

Pero qué voy a saber yo, que sólo soy un guionista de televisión.


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