LO MEJOR DE 2012, PARA MÍ (PUEDE CONTENER SPOILERS)

31 diciembre, 2012

Por Daniel Castro (Guionista en Chamberí)

Un lugar donde quedarse

Un viejo rockero, con el cerebro frito pero con un extraño sentido del humor, arrastra una maleta con ruedas. Cruza el océano en un trasatlántico para volver a Estados Unidos, ahora que su padre ha fallecido. Una vez allá, se entera de que éste dedicó los últimos años de su vida a intentar vengarse de una humillación menor que había sufrido en el campo de concentración nazi en el que fue internado. El protagonista decide continuar la misión de su padre. Busca por los Estados Unidos al viejo nazi. Por el camino encuentra juega partidas de ping pong, asiste a un memorable concierto de David Byrne, conversa con el tipo que decidió poner ruedas a las maletas, asiste a la combustión espontánea de un todoterreno que le prestó un mafioso y tiene memorables encuentros con ocas, bisontes y hombres tatuados.

Posiblemente, la película más libre del año. “Sólo lo raro es bello”, escribió Baudelaire, Pues eso.

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Take Shelter

El protagonista de “Take Shelter” repite una frase para si: “Hay algo que no está bien, algo no está bien” viene a decir. Es casi la misma frase que repite Sean Penn en “Un lugar donde quedarse”, creo que en el interior del coche. Dos presuntos desequilibrados que resultan ser, irónicamente, más cuerdos que quienes les rodean.

Pero así como “Un lugar donde quedarse” es una curiosa road movie protagonizada por un Buster Keaton disfrazado de Robert Smith, “Take Shelter” es una durísima historia sobre la locura, el amor y el miedo. Ésta, en cambio, no es una película libre. Aquí sabes que, escribiendo y dirigiendo, hay un tipo que sabe a donde va. Y conduce muy bien.

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Los descendientes

Un hombre corre en chanclas hacia la casa de unos amigos. Quiere asegurarse. ¿Es posible que sea verdad? Su mujer, ahora en coma, ¿es cierto que ha estado engañándole con otro hombre desde hace meses?

Sí, es cierto. Y Clooney, con sus chanclas y sus bermudas, llega a conocer al amante. Un hombre para el que su esposa significó demasiado poco. La extraña tristeza de Clooney en ese momento. Por lo menos, hubiera deseado que, para su amante, ella hubiera sido alguien extraordinario.

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Declaración de guerra

Otra carrera. Ésta desesperada, por los pasillos de un hospital. Valérie Donzelli se dirige a si misma, cuando, hace unos años, recibió la noticia. Su hijo estaba gravemente enfermo. Ella y su novio se encarnan a si mismos en una película sobre la enfermedad de su hijo y cómo les afectó. Ahora su hijo está mucho mejor. Pero ellos ya no son pareja. Una película dolorosa y, sí, divertida.

(Aquí, en Filmin)

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La cueva de los sueños olvidados.

Herzog entra en la cueva de Chauvet. Graba en 3D las pinturas rupestres. Los salientes de las rocas, los animales retratados. La mano de un artista, repetida en la pared. Tal vez es su firma. Tal vez es su voluntad de sobrevivir a la muerte y vencer al tiempo. Como la película que estamos viendo.

Y ese extraño epílogo del cocodrilo albino…

(Aquí, en Filmin)

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Diamond Flash.

La minúscula película de Carlos Vermut es una de las más desasosegantes y originales del año. Una mezcla de Tarantino, Shyamalan y Bergman. Os lo juro. Que la haya logrado en condiciones tan precarias es el mejor de los estímulos en estos tiempos de negros augurios sobre el futuro del cine.

(Aquí, en Filmin)

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Lo imposible.

Una película de catástrofes que no es una película de catástrofes, es la historia de una familia normal viviendo una experiencia extrema. Una historia de supervivencia contada con todos los recursos del cine más espectacular, pero también con honradez. No parece española. Efectivamente, parece una gran película de Hollywood. En el buen sentido.

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De óxido y hueso.

A algunos no les gusta el título español. No acabo de entender porqué. Pocas cosas más físicas y duras que una película de Audiard. En ellas todo son cuerpos chocando, huesos partiéndose, cristales clavándose y sangre negra manando. De vez en cuando, un tímido rayo de sol. Un paso más cerca del melodrama, pero sin alejarse del género negro, Audiard y Bidegain adaptan libremente relatos de Craig Davidson, trasladándolos de Norteamérica a Francia sin que pierdan ni un gramo de verosimilitud en el camino.

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Un amor de juventud.

Sin llegar a la altura de “El padre de mis hijos”, la siguiente película de Mia Hansen Love es una preciosa historia de amor y nostalgia que parece hablar, sobre todo, sobre el paso del tiempo.

(Aquí, en Filmin)

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Esto no es una película.

Un director iraní, obligado por el régimen de Ahmadinejad a permanecer en su casa, sin poder rodar. Como un león enjaulado, pasea por el salón de su casa, grabado por la cámara de un amigo documentalista, arreglando detalles legales, preocupado por la seguridad de su familia, que queda atrapada en una manifestación contra el gobierno en las calles de Teherán y, sobre todo, leyendo el guión, interpretando los papeles, dibujando en el suelo las paredes de la casa imaginaria de una película que, posiblemente, nunca le permitan rodar. Pronto admite su fracaso. Una película no se puede contar. Si fuera así, no haría falta rodarla. Os recomiendo ver esta pequeña no-película sobre la necesidad de rodar. Cuando, como en el caso de alguien como Panahi, rodar es vivir.

Con escalofriantes títulos de crédito, por cierto.

(Aquí, en Filmin)

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EL FUTURO ES DEL QUE SIEMBRA

19 abril, 2012

por Sergio Barrejón.

Hace un par de semanas estuve en casa de un director. Le llamaré R. Acaba de finalizar el rodaje de una película autoproducida, y está buscando socios para financiar la postproducción y la comercialización. Me llamó para enseñarme el montaje de imagen, y proponerme un plan de negocio.

Nos sentamos y vimos la película de R. Estaba bien. Digamos que no va a “sacudir los cimientos del séptimo arte marcando un antes y un después definitivo”, pero está aceptablemente contada, bien interpretada y bien realizada, aunque con algunos problemas tecnológicos derivados de haber filmado con distintas cámaras. Resumiendo, podría ser una buena oportunidad de negocio.

Sin embargo, en mi corta carrera como productor he aprendido a valorar los proyectos no sólo por sus características industriales y estéticas, sino también en función de las características humanas de la gente con la que me asocio. Así que procuré charlar con R. todo el tiempo posible, a ver por dónde respiraba.

Por un lado, saltaba a la vista que a ese premontaje le faltaba trabajo. Había que cortar varias escenas, replantear otras y muy posiblemente filmar una o dos nuevas para cubrir algunos huecos del guión. Quería estar seguro de que R. sería receptivo. Al contrario de lo que piensan esos palurdos que dicen que “para hacer cine sólo necesitas una cámara y un par de actores”, el proceso de rodaje, aunque lleno de riesgos, no suele ser el más trabajoso, ni siquiera el más costoso. En mi experiencia, la postproducción suele ser la verdadera travesía del desierto. Y es facilísimo perder la perspectiva durante el proceso, que dura mucho e implica trabajar con muchos profesionales y muchas máquinas distintas.

Pero no fue de eso de lo que yo quería hablar con R. Yo quería conocerle a él como persona. Así que me entretuve hablando del tiempo -que está loco-, del Rey -que está peor que el tiempo- y naturalmente, de otros directores. La mitad de los directores pasan la mitad de su tiempo hablando del trabajo de otros directores, así que no me costó trabajo tirarle de la lengua.

Hablamos de Carlos Vermut y “Diamond Flash”: la voy a ver dentro de poco en La Casa Encendida, pero vamos, ya me han dicho que hay que verla con manual de instrucciones. Vamos, que no se entiende nada.

Hablamos de Rodrigo Sorogoyen y su recién filmada “Stockholm”: he oído que dio vueltas por todas las productoras y se la estaba comiendo con patatas. Si yo fuera él, habría escrito otro guión, porque total, me han dicho que tampoco es para tanto…

Hablamos de Manuela Moreno y su reciente premio en Medina del Campo: estamos en la dictadura de las tías. ¿Tú has visto ese palmarés? Mejor proyecto: una tía. Mejor corto: una tía. A ti te quitó el Goya una tía, ¿verdad? Pues eso. (Lo dijo así: te QUITÓ el Goya.)

Hablamos de varias cosas más, le seguí la corriente en todo, y me despedí. R. me sugirió que me tomara un par de semanas para pensármelo y le dijera si quería entrar. Ya han pasado un par de semanas. Con este artículo, que estoy seguro que R. estará leyendo, le digo que PASO.

El otro día escribí esto en Twitter:


Voy a explicar a qué me refería. Coger “una cámara y dos actores” sí es fácil. Hacer una buena película con eso es imposible. Antes, como mínimo, necesitarás un guión. Y uno bueno. Porque sólo un buen guión funcionará basándose sólo en dos actores. Lo sé bien, porque mi primer corto en cine era así y fue un fracaso. Y mi último corto también es así, y no le va nada mal. La diferencia: la que va de un guión flojo (mío) a un guión estupendo (de Natxo López).

Mucha gente cree que escribir un buen guión es fácil: visto desde fuera, sólo consiste en apretar teclas unas cuantas miles de veces. Y sin embargo, ocho de cada diez guiones que leo me dan ganas de arrancarme los ojos y echarlos en la comida del perro. Escribir un buen guión es probablemente el proceso más difícil de todos. Y no hablemos de conseguir el dinero para rodarlo. Y la postproducción muchas veces puede ser más complicada que el guión, la financiación y el rodaje juntos.

Conseguir una cámara y dos actores está tirado. TODO LO DEMÁS es un proceso largo y complejísimo. No me quejo, ojo. Al contrario: comparado con la mina, esto es un camino de rosas. Pero es difícil. La prueba es que casi nadie es capaz de hacerlo. (Al contrario que la mina. Porque si no hay otra manera de ganarse la vida, bajas a la mina, picas donde te dicen, y te pagan. Es durísimo, pero casi cualquiera puede hacerlo. Sin embargo, si no hubiera otra manera de ganarse la vida más que hacer películas, la mayor parte de la población se moriría de hambre. Porque esto no será tan duro, pero es terriblemente complicado. Sobre todo la parte de que te paguen.)

Mi conclusión es que, además de un buen guión, de “una cámara y dos actores”, de una cierta cantidad de dinero, de un montón de tiempo, de una estrategia adecuada, de mucho tesón y mucha suerte y de claridad de ideas para no perder el Norte en el proceso… hace falta rodearse de gente con una buena actitud. Si el proceso ya es duro, y las actuales circunstancias además están muy complicadas, ¿para qué embarcarse en un proyecto con gente que desprende tanta energía negativa?

No me quiero imaginar lo duro que habría sido discutir con R. sobre cada posible cambio de montaje, sobre cada diferencia de criterio. Porque la gente muy crítica con lo ajeno suele ser incapaz de hacer autocrítica. Atacar a todo lo ajeno no es más que inseguridad ante el propio talento. Sólo el que se tiene por mediocre crucifica a alguien brillante.

¿Es tan difícil alegrarse por los éxitos de tus colegas? ¡Se dedican a lo mismo que tú! Podrías aprender mucho de ellos, y hacer grandes amigos. ¿De verdad prefieres mirarles con los ojillos arrugados pensando “por qué él y no yo”?

La experiencia nos enseña que, en circunstancias desesperadas, el hombre común tiende no a ser más solidario, sino aún más miserable y rapiñador. La literatura nos enseña que el ejemplo a seguir no es el del hombre común, sino el del hombre excepcional que es capaz de oponer a las circunstancias desesperadas una actitud noble y generosa.

Alégrate cuando otros ganen premios a los que tú optabas. No te dejes vencer por la frustración. Ya hace más de cien años que Chéjov ridiculizaba aquello de “yo podría haber sido un Dostoievski“. Y es que Dostoievski también escribió mierdas que no llegaron a nada. Ni siquiera los genios pueden ser genios todo el tiempo. Y lo más probable, estadísticamente hablando, es que tú ni siquiera seas un genio.

Sé humilde y trabajador. Sobre todo trabajador. Si trabajas lo suficiente, no tendrás tiempo de ser soberbio, ni de pararte a pensar en lo injusto que es el triunfo ajeno frente al fracaso propio. De hecho, si trabajas lo suficiente, dejarás de ver la vida en términos de fracaso y triunfo. Comprenderás que el triunfo no representa ninguna dispensa: hay que seguir trabajando.

Ayuda a tus colegas. Comparte lo que tienes, difunde lo que sabes. El futuro no es del que cosecha, sino del que siembra.

Y rodéate siempre de gente con actitud constructiva. El talento es necesario, pero no lo es todo. Ideas geniales también las tienen los patanes. La diferencia entre ellos y la gente brillante es la actitud constructiva. La capacidad de desarrollar laboriosamente esas ideas. Y la capacidad de empatizar con la gente que, como tú, se levanta cada mañana dispuesta a hacer el mundo un lugar un poco más entretenido.

No somos cirujanos. Por muy mal que hagamos nuestro trabajo, nadie morirá. Relajémonos. Sonriamos. Seamos amigos.


P.S. Obviamente, R. y su película autoproducida no existen. Jamás se me ocurriría rechazar una propuesta de trabajo a través de un post en un blog. Simplemente, pensé que el texto sería más entretenido con un antagonista y un poco de conflicto. Pero las cosas que R. dice de Vermut, Sorogoyen y Moreno, desgraciadamente, sí están sacadas de conversaciones reales con distintas personas en las últimas semanas. Ay.


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