RODANDO

21 marzo, 2011

Por Daniel Castro (Guionista en Chamberí)

Tengo una caja de 25 dormidinas en la mesilla de la derecha. Y una en mi cuerpo. Ahora, mientras escribo esto, la imagino, azul pastel, descendiendo por mi esófago. Aposentándose en mi estómago. Empezando a hacer lo que hagan los antihistamínicos cuando se aposentan en el estómago de un tipo que teclea en un portátil, a las 9:36 de la mañana, sentado en su cama. Tal vez su efecto sea instantáneo y el tipo no pueda llegar a completar este post. Ójala.

Con el  post incompleto, el tipo faltaría a su cita del lunes en Bloguionistas. Pero sería capaz de dormir, por fin, más de cinco horas en una noche.

El tipo siente que un dedo duro le presiona los ojos, hacia el fondo, hacia la calavera.

El tipo siente que la frase anterior le ha quedado algo tremendista. Como arrancada de los apocalípticos diarios de rodaje de Álex de la Iglesia.

Arrepentido, decide aligerar el tono. Volver a la primera persona puede ayudar.

Como ya os conté en algunos posts anteriores, estoy empezando el rodaje de algo que será un pequeño largometraje.

Las cosas van bien. Muy bien.

Bárbara Santa – Cruz ha grabado ya casi todas sus escenas. En cuanto nos ha abrazado para despedirse la hemos empezado a echar de menos. Se la recomendaría a cualquier director que busque a una actriz inteligente, divertida, profesional y muy paciente. Quien busque a una diva caprichosa puede dirigirse a otra.

Más o menos, vamos cumpliendo el plan previsto. Algunas secuencias han cobrado vida en el rodaje. Otras, en cambio, se han revelado, como el ratón muerto que siempre fueron. Lo colocas sobre la mesa de disección y, simplemente, lamentas no haberte dado cuenta de que ese corazón nunca ha latido. Que hubieras hecho un favor a mucha gente dándote cuenta de esto antes. Supongo que esa es una de las lecciones que un guionista puede sacar de un rodaje: lo que no funciona en guión, no funciona en la película. Y, con lo que cuesta grabarlo, merece mucho la pena auscultar antes el corazón de cada una de las secuencias. Sólo si hay algo que late ahí abajo, sólo entonces, merece la pena rodarla.

Acabo de bostezar. Tal vez llegue el sueño, por fin.Voy a abrirle la puerta. Os dejo.

Hasta el próximo lunes.


ENTRE PELUSAS

14 marzo, 2011

Por Daniel Castro (Guionista en Chamberí)

Escribo esto desde el suelo de mi casa. El ordenador también está en el suelo. Igual que casi todos mis libros, rodeados de pelusas que han aparecido al mover algunos muebles. Otros muebles todavía siguen en su sitio. Pocos. Las estanterías pronto irán a la terraza, cubiertas de plástico. Los chicos de Arte consideran que son horribles, grandes y pesadas. A partir de ahora las miraré de otra manera. A los de Arte también.

A los de Arte les gustan mis vinilos. Quieren unas cuantas portadas bien a la vista. El LP de Marvin Gaye, el de Kraftwerk, el de Magical Mistery Tour… Las lámparas de IKEA no molan. Pues tengo dos iguales…

Fuera: te destrozan el decorado.

Joder.

Una alfombra, unos cojines, aquí el tocadiscos…

Así los tendría este personaje.

Joder, yo lo he escrito. Lo voy a interpretar. Y dirigir. Pero no sé cómo coño tendría los libros. Ni los discos.

Hace unos meses escribí un post sobre un aspecto interesante de la relación entre el texto literario y el cine. Venía a decir que la imagen da mucha más información que la palabra… pero a la vez da mucha menos. Es decir, una descripción puede indicar “Fuera caía una terrible tormenta. Truenos y relámpagos. De pronto, alguien llamó a la puerta. Ella se asustó al escuchar aquellos golpes, que sonaban como aldabonazos sobre un ataúd de madera.

En este ejemplo que me acabo de inventar (no busquéis la novela de la que viene), una imagen dará más información visual y sonora sobre la tormenta. Escucharemos cada gota de agua. También veremos el perfil de la casa que se ilumina con cada relámpago y podremos decir si tiene un tejado a dos aguas o no. Veremos que hay una teja rota y que el canalón que baja por la pared está visiblemente oxidado. Veremos la mano que llama a la puerta ¿Parece de mujer? ¿Lleva un guante? O veremos el salón en el que retumban los aldabonazos y la delicada puntilla que adorna la cómoda del recibidor. Veremos a la chica que se estremece en el sillón de cuero. Veremos su peinado, su vestido, los restos de una lamentable operación de cirugía estética que ha sufrido la actriz.

En cambio, por bueno que sea el sonidista, por buena que sea la mezcla, casi ningún espectador llegará a imaginar que los golpes en la puerta suenan como aldabonazos sobre un ataúd de madera. Muchos verán incluso a la chica mirar hacia la puerta pero… ni siquiera sacarán en claro que está asustada. A veces, parece que el lenguaje tiene la capacidad de generar imágenes… pero que la imagen es capaz de crear sensaciones y ambientes, pero no palabras o conceptos indudables.

Ahora, con los de Arte, trato de imaginar todo lo que no está escrito. Todo lo que quedó en off cuando escribí el guión. Si repasara la última versión creo que no encontraría más de un párrafo dedicado a describir la casa del protagonista. De esas escasas frases y, sobre todo, de las características de la persona que vive en esta localización, los de Arte deducen un monton de información que nosotros los guionistas no podemos (ni debemos) incluir en nuestro trabajo.

Muchas veces los guionistas pensamos que todo está en el guión. Y es así. Pero… ¡qué difícil es leerlo bien!

Desde el suelo de mi salón, preguntándome qué pensarán los chicos de Arte sobre ese póster del fondo, el de la mujer del pelo recogido, ya a punto de empezar una semana de este rodaje intermitente,  os pido perdón por estos posts tan egocéntricos, pero me temo que durante una o dos semanas será lo único que pueda contaros. Espero que os interese y pueda resultaros útil.


LAS 10 RAZONES POR LAS QUE NO QUIERO DIRIGIR

12 mayo, 2010

Si eliges ser guionista, eliges tener que responder una y mil veces a una pregunta clave en la vida de un escritor de cine (y televisión). La cuestión de marras es: ¿Y por qué no lo diriges tú?

Aunque parezca increíble, muchas de las veces te las hace el mismo productor cuando le llevas un guión. El hecho de que vayas a dirigir esas 90 páginas de texto a él le ahorra el curro de tener que buscar a un dire de encargo. Por lo visto, es una tarea más difícil que conseguir entradas con una visibilidad digna para ver los Shakespeare de Sam Mendes estrenados hace unos días en Madrid.

Además, al ser película de director novel la cosa se anima aún más para el productor. El tío rasca más pasta de subvención.

Después de la del productor, la voz que más veces te hace esa pregunta es la tuya propia… “¿Y por qué no lo dirijo yo?” Hay que reconocer que la tentación siempre está ahí. Esperando tras la esquina, desnuda bajo la gabardina y dispuesta a saltar con la chorra al aire en cualquier momento. Para evitar caer en la tentación, voy a escribir unas cuantas razones para recordarme por qué no quiero sentarme en la silla del director.

  1. Porque no estoy preparado. ¿Te parece poco? Con la cantidad de veces que le echamos en cara a los directores esa inconsciencia típica de escribir sus propios guiones (interpretable perfectamente como una falta de respeto al oficio)… ¿Dónde vas tú? ¿Te crees que porque sepas lo del eje ya sabes dirigir? ¿Tienes la suficiente cultura cinematográfica como para plasmar con clase y corrección tu guión? ¿Tienes realmente algo distinto que aportar? ¿La respuesta es NO? Pues, chato… No dirijas.
  2. Porque no controlo mucho de muchas cosas. A mí me aterraría que se me acercase el dire de foto a charlar sobre objetivos y otros menesteres técnicos y no tener ni idea de lo que me está hablando. O el ayudante de dirección y me hablara de covers, pickups, wildtracks y mirarle con cara de pánfilo como si me hablara en chino. Miren, de verdad que admiro la osadía típica de la ignorancia, pero yo no tengo los huevos de lanzarme a una tarea tan difícil como la de dirigir sin saberme al dedillo la lección. Este punto se podría resumir en una sola palabra: RESPETO.
  3. Porque no me gusta gritar, ni que me griten… y durante un rodaje siempre llega ese duro momento en el que alguien te toca los cojones y tienes que soltar un “¡mecagoenlaputa!”. O peor aún… que te lo suelten a ti por tu incapacidad o por cualquier otra incidencia.
  4. Porque me encanta dormir al menos siete horas al día y estoy seguro de que durante un rodaje no podría dormir ni media.
  5. Porque bajo presión no funciono, ni con las tías ni en terrenos resbaladizos como sería un primer rodaje. Enfrentarte cada día ante un equipo es como cruzarte con un pitbull rabioso. Como note tu miedo, estás perdido. Y estar perdido significa tener que sentir que cualquiera de los que están allí lo harían mejor que tú o lo que es peor ESCUCHAR literalmente a cualquiera de los que están allí decir que lo harían mejor que tú.
  6. Porque me cuesta mucho decir que no y acabaría cediendo a más cosas de las que me gustaría.
  7. Porque me cuesta mucho decir que no y acabaría como determinado productor que metió en una peli a su amante (presentadora añeja de público infantil) camuflada con gafas y tinte chungo. Para un papel de mierda, sí, pero el tío va y la saca en el cartel.
  8. Porque soy un pésimo orador. Ante las adversidades, me costaría sudor y lágrimas transmitir un mensaje coherente y estimulante frente al equipo. Por no hablar de las pésimas entrevistas y ruedas de prensa que daría.
  9. Porque en el tiempo que ruedo una peli podría haber escrito y vendido tres guiones. Se puede decir que la labor de un guionista es un poco como la de esa madre que gesta al bebé. Sí, se hinchan los tobillos, hay nauseas matinales y eres víctima de una revolución de hormonas, pero es un proceso bonito y sobre todo más corto que todo lo que viene después. A partir de ese momento, llega la difícil tarea de formar a ese hijo. Sus primeros golpes contra el pico de la mesa, que se pone malo en mitad de la noche, que se echa amigos que no te gustan, que repite curso… Yo creo que sufriría demasiado y no dejaría de preguntarme a mí mismo… ¿qué he hecho mal? No quiero hipotecar mi vida durante tres años en un mismo proyecto.
  10. Porque si soy yo el que dirige… ¿cómo coño le voy a echar la culpa del desaguisado al director?

Próximamente… Diez tocadas de huevos de algunos directores por las que olvidaría definitivamente estas 10 razones y me decidiría a dirigir.


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