PREMIOS GOYA: RANDOM THOUGHTS

4 marzo, 2010

por Pianista en un Burdel.

He dejado pasar un tiempecito antes de meterme con los Goya, para que no me apedreen. O mejor dicho, para que me apedreen lo justo, tampoco nos pasemos de optimistas. Por cierto, si quieren volver a ver la gala, la tienen en rtve.es, en dos partes: una y dos. No es el mejor reproductor streaming del mundo, pero qué le vamos a hacer.

Empezaré aclarando que estoy de acuerdo con la mayor parte de los premios principales. Y añadiré que, en general, la gala me pareció bastante digna. Para ser los Goya, se entiende. Buenafuente estuvo en su sitio. Aunque tampoco lo tenía difícil: con no gritar “¡melones llevo, señora!” ya quedaba por encima de Corbacho y Machi.

Mucha gente dice que fue la mejor gala en muchos años. Juraría que es lo mismo que se decía de la segunda gala de Corbacho. También se dijo de la de Wyoming, de la Segura, de la de Sardá… Quizá es simplemente algo que se dice cada dos o tres galas. Pasa igual con Woody Allen. Y con Clint Eastwood. Y con los capítulos de LOST. No tiene mayor importancia. La memoria es así.

Estuvo bien, para variar, que ganase una buena película con buen resultado en taquilla. No era la mejor de las cuatro, pero tampoco pidamos peras al olmo. Después de haber premiado cosas ignotas como Camino, La Soledad y La Vida Secreta de las Palabras, no me hubiera extrañado que le dieran el Goya a Mejor Película al corto de Mateo Gil.

Por cierto: llevar a Almodóvar tuvo su mérito, pero llevar a Mateo Gil ya habría sido la hostia: tiene ganados cuatro Goyas y no ha ido a recoger ninguno.

Los mejores agradecimientos fueron los de Marta Etura y Luis Tosar. No es casualidad que sean también dos de los mejores actores que hay en España. Etura empezó mal, diciendo que no se lo esperaba. Alerta tópico. Pero le temblaba la voz de verdad, y eso no tiene precio. Fue de los discursos más emotivos, sin por ello caer en el ridículo. En cuanto a Tosar, qué decir. se acordó del guión. ¡Se acordó hasta del novelista! Y reconoció que “todo el mundo sabe que los actores hacemos trabajos buenos cuando tenemos buenos personajes”. En realidad, no todo el mundo lo sabe, pero no por ello deja de ser una gran verdad. Dos grandes.

El discurso del presidente fue una mierda. No por el contenido (que también). Por definición. La solemnidad institucional de pacotilla no debería tener cabida en una gala. Si Álex de la Iglesia no puede, o no quiere, ahorrarnos el momento más bodrio de la noche, al menos que no lo prologue con un tirón de orejas a los premiados por “alargarse”. Literalmente dijo:

“Vamos a olvidar a los padres y a las madres

y vamos directamente al tema.”

(No aclaró cuál es el tema.)

Lo de “hay que ser humildes” fue todo un hallazgo. Lástima que a la segunda mitad del discurso le ocurriese lo que a la segunda mitad de casi todas sus películas: se fue por las ramas. Minuto 4.04 del vídeo:

“Este semestre mismo, el Gobierno ha asumido la Presidencia de la Unión Europea. Es una oportunidad única para reafirmar nuestro compromiso con Europa. El cine es, precisamente, uno de sus mayores y mejores altavoces. Por favor, utilícenlo. Estamos a su disposición”.

El análisis de texto de ese párrafo, probablemente el más desafortunado que un Presidente de la Academia haya pronunciado jamás en una gala de los Goya (y ya es decir), daría para varios posts. Pero no quiero extenderme. Sólo unas pocas cuestiones:

  • ¿En qué consiste esa oportunidad única?
  • ¿Cuál es nuestro compromiso con Europa? De hecho, ¿a quién se refiere esa primera persona del plural: a los cineastas españoles, a todos los españoles, a todos los europeos…?
  • ¿Cómo se reafirma ese compromiso? ¿Por qué durante este semestre la oportunidad de reafirmarlo es significativamente mejor que en otros semestres?
  • “El cine es uno de sus mayores y mejores altavoces”. ¿Altavoz de quién? ¿De Europa? ¿De nuestro compromiso con Europa? Hostias, no… ¿DEL GOBIERNO? Dígame que no, Presidente. Por cierto, ¿los otros altavoces cuáles son?
  • “Utilícenlo”. El cambio a la segunda persona es aterrador. ¿Con quién habla? ¿Con Europa? ¿Con el Gobierno? ¿Qué es lo que deben utilizar? ¿El semestre? Hostias, no… ¿EL CINE? Espera un momento: ¿Álex de la Iglesia está diciéndole al Gobierno que UTILICE EL CINE? ¿Que estamos a su disposición?

Ser humildes está bien, Presidente. Pero no olvide que debería usted representar a toda la profesión con su discurso. Y dudo mucho que ni la cuarta parte de la profesión sienta que está a disposición del Gobierno.

Fui una de las pocas personas EN EL MUNDO que entendió el comentario de Buenafuente a Amenábar (minuto 9.04 del vídeo):

“Estás un poco amarillo, por cierto”.

Buenafuente acababa de hacer un chiste sobre Ágora: “antes de verla, yo creía que Hipatia era como una enfermedad, ¿sabes?”. Yo no he tenido en las manos el guión de los Goya, pero me apuesto un brazo a que ahí venía algo del tipo “y el caso es que estás un poco amarillo. No tendrás hipatia.” Sólo que, con los nervios del directo, Buenafuente se olvidó de esa línea, y pasó directamente al cierre amable: “buenísima película, de verdad”.

Podía haberlo dejado ahí y no pasaba nada, pero pasa mucho que, cuando la gala está arrancando, el presentador está muy pendiente del guión, de hacerlo todo según lo previsto. Por eso, cuando ya iba a pasar al siguiente chiste, se acordó de repente del chiste, e hizo lo que nunca jamás hay que hacer en directo: rebobinar, volver atrás en el guión. Por eso soltó lo de “estás un poco amarillo, por cierto”. Y no funcionó, claro.

El siguiente chiste -“¡Tenemos aquí a Carlos Bardem y Mónica Cruz! Ah, no, que son los hermanos”- fue lo más brillante de todo el guión.

Nota para los guionistas de próximas galas: sólo puede haber un gracioso por noche. Y es el presentador. Una gala de entrega de premios es emotiva por naturaleza. El presentador está ahí para dar el contrapunto simpático y ligero. Pretender que los que entregan premios sean simpáticos y ligeros es tan absurdo como obligar al presentador a mostrarse serio y envarado. Esto funciona así: el conductor hace un chiste o dos (no más), y da paso a una o dos personas muy guapas y muy famosas que dicen siempre lo mismo:

“Buenas noches. Los nominados a [tal, tal, tal] son”, y luego dice “Y el Goya es para [Zutanito]”

Sale Zutanito, tiene su minuto de gloria, y vuelta a empezar el ciclo. No hay vuelta de hoja. Fácil, eficaz, testado. Funciona. Y además no se hace largo. Pero escribirle un chiste a Paz Vega es un suicidio profesional. No sé si os obligaron, pero aun así.

Hace unos años se llegó a la conclusión de que los números musicales, que en los Oscars quedan tan bien, en los Goya iban a apestar siempre. Y dejaron de hacerlos. Bien. A ver si para el próximo año se dan cuenta de que pasa lo mismo con los sketches en vídeo. Casi todos son una mierda pinchada en un palo. Incluso los que son medio buenos, quedan como un pegote raruno. Y de eso no se salvan ni los de Muchachada Nuí.

Alguien debería explicarle al realizador que no es buena idea proyectar dentro de la sala, en una pantalla descomunal, la salida de programa. La función de la pantalla de sala es que los invitados de las filas más alejadas puedan ver las caras de los presentadores y premiados. En esa pantalla sólo deberían pincharse las cámaras que enfocan el escenario con teleobjetivo. Si pinchas la salida de programa, cada vez que encuadres a alguien del público, se verá a sí mismo en la pantalla y reaccionará como un palurdo. Por eso durante la gala veíamos a tanto invitado mirar de reojo fuera de cuadro, como buscando al apuntador.

Álex de la Iglesia dijo “vamos a olvidar a los padres y a las madres”. Pero yo estuve toda la noche acordándome del padre del que hacía la locución. Daniel Castro defendía el lunes pasado la voz en off. Yo también. Menos la de los Goya. La de los Goya debería usarse en las escuelas de cine como ejemplo de lo que no hay que hacer. O mejor, debería usarse como castigo.

No hubo publicidad, pero la gala pasó de las dos horas y media. ¿Porque los premiados se alargaron? No. Es muy fácil coger el reloj y cronometrar los agradecimientos. Si lo hacen, comprobarán que el más largo de todos dura bastante menos que el discursito de los cojones. O que la aparición de Pedro Almodóvar, que se suponía que venía a entregar un premio, y se tiró 4 minutazos ahí arriba. Si quieren una gala ágil: líbrense del discurso, de las gracietas de parvulario, y de los sketches.

Y de Paz Vega.


LA RESACA DE LOS GOYA

17 febrero, 2010

Les voy a ser sincero, hoy no tengo mucho tiempo para contarles gran cosa. Imagino que están familiarizados con el concepto “me encargan algo a última hora y lo quieren para AYER”, pues eso… Así estoy ahora mismo. De todas formas, no quiero perder la oportunidad de hacer varios apuntes sobre lo visto, oído y vivido en la noche del domingo.

Tras la vorágine del “minuto a minuto” en el que no dejamos títere con cabeza, quiero dar una opinión más reposada sobre la gala.

Es cierto que fue de lo mejor que se ha visto en los últimos años, pero no me negarán que no era muy difícil superar el nivel. Es cierto que Buenafuente estuvo correcto, pero se esperaba más de él. Se le veía nervioso, titubeante y no es posible que alguien que conoce tanto y tan bien el pulso de la tele caiga en un gag como el de la cámara de video (¿POR QUÉ?) y en esa cosa tan sobada de hacer efectos de sonido (¿se acuerdan de lo de las pisadas?) para presentar el Goya a efectos de sonido. Les juro que eso mismo lo vi hace tres años en la gala de un festival de cortometrajes en El Escorial. Esperábamos algo más y nos quedamos un poco desfondados.

En definitiva, yo no sé ustedes, pero sólo levanté el culo del asiento con esos locos locos locos pezones de Ana Belén y la aparición de Pedro Almodóvar. Todo lo demás fue un viaje tranquilo y sin sorpresas.

Por cierto, una vez acabada la Gala nos fuimos con toda nuestra cara a colarnos en la fiesta que Telecinco daba en el MOMA. Los detalles sobre todo el secretismo que rodeaba esa fiesta los pueden leer en el blog de El pasillero de Telecinco.

Nosotros nos pusimos en la cola y vimos cómo a Norma Ruiz y a otras caras conocidas de las series de la pantalla amiga las echaban para atrás. El portero les decía que si no estaban en lista no podían pasar. Una amiga gritona, ya saben… la típica amiga gritona… exclamaba “¡Pero ella es conocida!” en un patético intento de justicia pomadística para con la celebridad no reconocida. Visto el panorama, decidimos retirarnos con un poco de dignidad (eso es saber estar, saber respetar y hacerse respetar por la Pomada… jajajaa… tomen nota).

La que sí que se coló con toda su cara fue Aída Nizar, pero en la mismísima Gala. No sé si habrá saltado ya el incidente a los medios serios de este país llamado España. Al parecer, tuvieron que DESALOJARLA, casi a empujones, los encargados de la seguridad del auditorio porque se negaba a irse de allí.

Y ahora vuelvo a mi agujero negro donde tengo que salvar un marrón laboral con urgencia, no sin antes agradecerles el seguimiento espectacularísimo que hicieron de la gala a través de Bloguionistas. Esta entrega de premios fue la más vista en la historia de la Primera, pero este post nos ha catapultado al Olimpo de las visitas masivas y blogueros agradecidos. Mil gracias a todos.

Les dejo con lo único que parece haber puesto de acuerdo a toda la profesión. No les hablo de la incalificable indumentaria y estilismo capilar de Óscar Jaenada. Copio y pego el discurso “humilde y soberbio” (según Toni Garrido, locutor de la gala) del Presidente de todos los españoles que ven o no cine español: Álex de la Iglesia.

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Grggaggrrrr…

Hay que ser humildes. A mí me cuesta mucho, soy soberbio y engreído. Parece que forma parte de mi trabajo, y no debe ser así. No somos tan importantes. Importante es salvar vidas en un hospital. Eso sí que debería tener trascendencia mediática. Hay que ser humildes y estar agradecidos. El público, que es la gente para la que trabajamos, ha ido a ver nuestras películas más que nunca, y eso es un honor y un orgullo. No pensemos que somos mejores por eso. Pensemos que nos han dado una oportunidad. Hay que aprovecharla.

Tenemos que ser humildes, estar agradecidos y pedir perdón por haber fallado muchas veces. Nunca reconocemos nuestros errores. Nos miramos al ombligo, nos encanta nuestro ombligo. Tenemos pósters de nuestro ombligo en casa, cuadros de ombligos llenando nuestras paredes. Creemos que somos artistas, genios alternativos, creadores. Antes de todo eso, somos trabajadores. Nos pagan por hacer un trabajo, y hay que hacerlo bien. Este año ha sido uno de los mejores, pero el siguiente tiene que ser todavía mejor. Los primeros que tenemos que arrimar el hombro somos nosotros. Yo ruedo mañana, así que no me quedo a los canapés.

Y aquí viene el meollo de la cuestión, porque hay mucha gente que no puede rodar, que no puede trabajar. No tiene esa suerte. No sólo hablo de directores, o productores que no encuentran medios de financiación. No hablo de distribuidores que luchan por colocar nuestras películas en las pantallas, o exhibidores que ven cómo desaparecen sus salas. Hablo de miles de familias que no tienen glamour y no salen en las revistas; que no han estado ni estarán nunca en los Goya. Gente que se dedica al montaje, al sonido, maquilladores, eléctricos, sonidistas, actores de reparto, figurantes, empresas de catering, gente que vive de esto, que genera riqueza.

Estamos aquí para que esta gala sea divertida, promocionar las películas, y que la gente vaya al cine. Pero el asunto es más serio de lo que parece. Necesitamos fortalecer la industria, y así poder hacer mejores películas. Hacer todo tipo de cine, tanto grande como pequeño. Contar todo tipo de historias, comernos la cabeza para hacerlo con los medios que tenemos y competir con Hollywood. ¿Saben ustedes lo increíblemente difícil que es sobrevivir tanto sólo una semana en cartelera? Algunos de los que compiten aquí han conseguido el milagro de ser número uno en taquilla. Creo que se merecen un aplauso.

Estamos contentos. Tenemos motivos para estarlo. El cine hecho en este país ha vivido en 2009 uno de sus mejores años. No sólo por la taquilla. Este año nos hemos sentido vivos. Más vivos que nunca. Un año comprometido con nuestra profesión y con nuestro sector. Un año polémico, complicado, con desacuerdos y desencuentros. ¡No puede ser de otra manera! Somos así, como una imagen grotesca de nuestro propio entorno. Sin embargo, podemos cambiar. Miradme, 35 kilos menos. Podemos y debemos llegar a un acuerdo, y entender que no hay una manera de hacer cine, sino muchas, y que debemos contemplarlas todas.

Este semestre el Gobierno ha asumido la Presidencia de la Unión Europea. Es una oportunidad única para reafirmar nuestro compromiso con Europa. El cine es, precisamente, uno de sus mayores y mejores altavoces. Utilícenlo. Estamos a su disposición.

La Academia está a punto de cumplir su primer cuarto de siglo, y lo que fue un sueño de unos cuantos entusiastas, es ahora una comunidad de más de 1.200 personas, orgullosas de su trabajo. Tenemos que convencer a la sociedad de que también puede estar orgullosa de nosotros. Este año, los que disfrutáis de la gala, lo habéis conseguido. Enhorabuena.

Tenemos que cambiar, pero unidos. Tenemos un frente común y los mismos objetivos. No es tan difícil. Para todo esto necesitamos cobertura. Necesitamos leyes que protejan la coexistencia de todos los sectores industriales, y eso incluye también al cine. Desde aquí quiero hacer un llamamiento a los grupos de poder que pueden facilitar este cambio. Me refiero a las televisiones.

Televisión Española sigue demostrando su compromiso, sin el que, les aseguro, sería muy difícil la existencia del cine en España. A las restantes no les pedimos su generosidad, sino que les ofrecemos nuestra disposición a trabajar, para demostrarles que juntos podemos acercarnos a lo que todos queremos: la mayor calidad para nuestros espectadores. Las televisiones han ayudado a levantar películas que gozan de un éxito internacional inimaginable hace unos pocos años, proyectos rentables con un enorme prestigio y una imagen extraordinaria para sus productores. Eso sólo lo consigue el cine. Por favor, no lo olviden.

El año 2010 no ha hecho más que comenzar. Humildad, agradecimiento, ilusión y orgullo. Esforcémonos en ello. Les aseguro que habrá muchas películas españolas que disfrutar. No se las pierdan.


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