EL CANON QUE NECESITABA EL CINE ESPAÑOL

18 octubre, 2016

por Douglas Stuart Wilson.

La revista Caimán Cuadernos de Cine publicó en Mayo una encuesta a 350 expertos en cine español –críticos, historiadores, archivistas, directores de festivales, etc.– con el afán de establecer una lista de las 100 mejores películas de la historia del cine español.

La encuesta es la más extensa en número de participantes jamás llevada a cabo en España y en su buen quehacer, el equipo de Caimán también ha incluido las respuestas de cada uno de los participantes, algunas de las cuales arrojan luz sobre filmes para muchos olvidados o desconocidos, y nos ponen deberes a la vez que nos abren caminos nuevos.

Ante una empresa de semejante envergadura, uno siente sobre todo agradecimiento al equipo de Caimán –revista que pronto celebrará su décimo aniversario- por haber emprendido un trabajo tan complicado como valioso, y haber alumbrado un nuevo canon del cine español.

Al nivel más básico, el canon de Caimán es muy útil como chuleta para los que tienen curiosidades cinéfilas, bastante más eficaz que cursos caros o lecturas extensas que requieren una mayor inversión de tiempo y dinero: ofrece un mapa del territorio de la cinematografía española, sirve para ubicarse, y es un mirador desde el cual observar las siempre cambiantes tendencias de la filmografía nacional, sus lagunas, lo que se ha hecho y lo que no, lo que ha quedado y lo que se ha desvanecido. Tampoco hay que estar de acuerdo con los caminos trazados por los expertos consultados para sacarle provecho, de ahí interesante en incluir las respuestas de cada uno de los participantes, que llegan a citar hasta 455 películas españolas entre todos.

El crítico norteamericano Jonathan Rosenbaum nos cuenta en la introducción de su Essential Cinema: On the Necessity of Film Canons, cómo una encuesta de las 100 mejores películas de la revista Sight and Sound le sirvió de soporte a su cinefilia incipiente, y cómo aquello dio un gran impulso a su carrera de crítico. Rosenbaum pasaría los siguientes meses y años, “como un coleccionista de mariposas” en sus propias palabras, a la caza de aquellas 100 cintas.

Un canon sirve también como campo de referencias y significados. Un campo magnético, por así decirlo, que establece una fuerza de gravedad a todo lo que pretende orbitar en este espacio. Y un campo de batalla también, pues no tenemos que estar de acuerdo con todos los resultados de la encuesta, como es obvio.

Huelga decir que si un canon nacional es importante, uno internacional lo es tanto o más, pero si un guionista español se plantea escribir un guión sobre unos viejos amigos que se van al campo a pegar tiros a conejos, más le vale haber visto y estudiado La Caza de Carlos Saura, aunque sólo sea por no repetir lo ya hecho.

Las primeras diez películas de la lista ofrecen dos de Victor Erice, El Espíritu de la Colmena (puesto 2) y El Sur (puesto 7); dos de Luis García Berlanga, El Verdugo (3) y Plácido (4), y dos de Fernando Fernán Gómez, El Extraño Viaje (8) y El Mundo Sigue (9). Completan los primeros diez títulos dos rarezas irrepetibles y misteriosas como son Arrebato de Iván Zulueta (5) y El Desencanto de Jaime Chávarri (10), además de La Caza de Carlos Saura (6). El puesto número uno de la lista lo ocupa Viridiana de Luis Buñuel, con guión del propio Buñuel y Julio Alejandro.

Resulta difícil discrepar con la lista de las primeras veinte o veinticinco títulos, aunque seguramente se podría discutir el orden y enzarzarse en debates más bien estériles sobre qué película dentro de la filmografía de Erice es mejor, si El Sur o El Espíritu de la Colmena, o si es con Plácido o el Verdugo que Berlanga llega a su cumbre.

A efectos de guiones y guionistas, no se pregunta en la encuesta cuál es el mejor libreto de la historia del cine español, pero lo que sobresale de los cien títulos mejor votados es la presencia de Rafael Azcona, como era de esperar por otra parte. En total, Azcona tiene crédito de guionista en no menos de ocho títulos de las cien mejores películas si no me equivoco, una cifra increíble si se para a pensar en lo difícil que es escribir un buen guión de cine. Además, dos de aquellas figuran en las primeras diez títulos de la lista, y otro suyo firmado con Fernando Trueba, Belle Epoque, fue ganador del Oscar de Mejor Película Extranjera.

Rafael Azcona y José Luis Gª Berlanga.

Rafael Azcona y José Luis Gª Berlanga.

Concuerdo con los resultados de la encuesta y los participantes que primaron El Verdugo por un fotograma encima de Plácido, pues tengo para mí que aquel título, con guión sublime de Azcona y Berlanga, consigue una autentica hazaña al convertir a un verdugo en víctima, literalmente. Un acto de subversión narrativa de categoría, y a mi parecer, uno de los grandes golpes de genio jamás acometido por un guionista en la historia del cine.

Se suele decir que El Verdugo es un alegato contra la pena de muerte, pero aquello, a mi juicio, es sólo un efecto residual de la película, y planteado así, una lectura más bien pobre del filme. Puestos a denunciar, uno se centraría en el reo. como es el caso de Pena de Muerte de Tim Robbins, por ejemplo. Pero el condenado apenas aparece en la película de Berlanga, que pasó sin pena ni gloria en el momento de su estreno, dicho sea de paso. Justamente el genio de Azcona es que no va a lo obvio.

Y es que Rafael Azcona no es sólo un gran guionista español, sino uno de los más grandes de toda la historia del cine mundial. “Hay que leer más a Borges” dijo Roberto Bolaño sobre el gran argentino, en cuya obra estaba Bolaño más que versado, y de la misma manera creo yo que todos, o casi todos, los que hemos tenido la aspiración de escribir un buen guión pecamos de no analizar más la obra de Don Rafael, por mucho que la hayamos visto ya, pues nunca va a ser demasiado.

Douglas Stuart Wilson es traductor, cineasta y escritor.


CUATRO CLAVES PARA TRADUCIR UN GUIÓN

9 febrero, 2016

Douglas Stuart Wilson es cineasta, traductor y escritor. Ha traducido las versiones de rodaje en inglés de películas como Red Lights, Ways To Live Forever, A Story for the Modlins, y Money. A lo largo de su carrera de 20 años en el cine español, ha trabajado en Lola Films, Tri Pictures y lazonafilms en tareas de desarrollo y producción.

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El papel de traductor de cine siempre ha existido en España, pero en los últimos años ha adquirido mucha relevancia por el aumento del número de películas rodadas en inglés, y un mercado nacional azotado por la crisis, amén de un gobierno hostil a la cultura en general. Nunca la internacionalización del cine español ha sido tan importante para el sector, y sin embargo, poco o nada se sabe del papel del traductor de guiones de cine.

Pretendo aquí ofrecer unas claves o unos consejos para el guionista, director o productor que piensa rodar en inglés y no sabe muy bien a qué atenerse llegado al momento de elegir a un traductor o adaptador.

1) ELIGE UN TRADUCTOR QUE SEPA DE CINE

En primer lugar, hay que tener muy claro que ser bilingüe no significa saber traducir. Para traducir un guión de cine, el traductor ha de escribir el inglés tan bien como el guionista escribe en castellano.

A partir de allí, tal vez lo más importante a mi juicio es elegir un traductor que sepa de cine, y que sepa leer un guión de cine: cuándo sube, cuándo baja, el ritmo interno que tienen todos los buenos guiones, que es algo que sólo se aprenda tras leer muchos guiones, y ver mucho cine.

En este aspecto, la traducción de guiones de cine es como todas las especializaciones dentro del mundo de la traducción. ¿Acaso alguien cree que los mejores traductores de novelas no son expertos en literatura? Lo mismo se puede decir del traductor de textos científicos o de medicina o de asuntos jurídicos: conocen el mundo en el que se mueven.

Como mínimo, se puede aseverar que el traductor que no sabe de cine juega en gran desventaja. Los que hemos trabajado en el cine sabemos que mucha gente en la propia industria simplemente no sabe leer un guión, no visualizan la película o no reconocen un punto de giro, por ejemplo, así que imaginen ustedes el traductor que nunca ha abierto un guión en la vida. Para traducir bien, hay que “ver” la película.

2) LOS DIÁLOGOS LO SON TODO

Los diálogos son la parte fundamental del trabajo del traductor, pues son diálogos de rodaje, y no solo basta con que sean “correctos”. Una traducción puede ser perfectamente correcta en cuanto al significado del texto original, pero si los diálogos han quedado inferiores en brillo, en chispa, en gracia, si se han quedado sosos, eso puede marcar la diferencia entre la financiación o no de un proyecto, o que un actor acepte o rechace un papel.

Como dijo Robert McKee, los diálogos de cine no se parecen mucho a como hablamos en la vida real. Siempre están estilizados, hacia arriba o hacia abajo, pero todos sabemos que la Mafia no habla como Joe Pesci y Robert De Niro en Goodfellas.

Los guionistas saben que pulir diálogos es una parte importante del trabajo, y para el traductor no debería ser distinto, pues son uno de los elementos fundamentales en la creación de un personaje. Hay que recordar que puede haber tres o cuatro formas distintas de traducir el mismo diálogo. El buen traductor tendrá oído de dialoguista, sabrá cuál es la versión que mejor pegue con el personaje y la escena, sabrá si suena bien, si tiene ritmo, si es un diálogo que un actor puede pronunciar, y sabrá además en qué momento está en el arco dramático de la película.

Con todo esto dicho, resulta obvio que no es aconsejable fiarse de una agencia de traducciones a la hora de traducir un guión, ni dividir el trabajo entre varios traductores, como a veces se hace por cuestiones de prisa, ni tampoco elegir traductor porque ofrezca el precio más barato.

En el primer caso, el de las agencias, no se sabe quién va a traducir el guión, por mucho que las agencias aseguren tener gente especializada para todo. Además, trabajar a través de una agencia cortocircuita la relación imprescindible entre traductor y escritor.

Dividir un trabajo entre varios traductores por prisas es un acto desesperado que no compensa, pues casi seguro se notarán discordancias en estilo.

En cuanto al precio, por lo general, un traductor, si se toma en serio, ha de pedir una cifra consecuente con la responsabilidad que asume al aceptar el trabajo, y lo mismo se puede decir en cuanto a plazos de entrega.

3) HABLA CON TU TRADUCTOR

Traducir guiones que se van a rodar en inglés conlleva una gran responsabilidad, e implica por fuerza un componente ético: el guionista pone lo que puede llegar a ser años de trabajo en manos de un desconocido, en muchos casos sin poder juzgar el resultado final por sí mismo. Es una situación que genera inseguridades.

Es decir, lo más normal es que el guionista o director tenga alguna duda o pregunta al leer la traducción. En ese caso, lo mejor es coger el teléfono y mantener una conversación franca con el traductor, en lugar de guardar silencio, o pasar el guión a un amigo que domina el inglés –que no será traductor– para tener una opinión sobre el trabajo entregado. Los matices hay que hablarlos, casi siempre habrá, y la comunicación es muy importante. El buen traductor será paciente, querrá ayudar y escuchar y explicarse. Desarrollar una relación de complicidad con el traductor también ofrece ventajas a la hora de rodar, o en post-producción si se quiere cambiar un diálogo sobre la marcha. El traductor ha de ser el aliado del director y guionista hasta el final de la película: una garantía.

4) NADA SE PIERDE, TODO SE TRANSFORMA

En todas las traducciones se suele perder algo del texto original –un chiste, una referencia cultural, un dicho que no tiene traducción– pero el buen traductor estará atento para aprovechar otro momento en el texto y compensar la pérdida ocasionada. Eso se ve sobre todo en la comedia, cuando, por ejemplo, no funciona la traducción de un chiste en la página 10, pero luego se presenta la oportunidad de hacer otro en la página 20 que no está en el guión original. Enrique Vila-Matas comentó hace poco que un buen traductor puede hasta mejorar el texto original. No sé si yo llegaría a decir tanto, pero sí creo que una buena traducción ha de aspirar a ser tan buena como el original. Es más, debe llegar a serlo.

Por último, una pequeña reivindicación por la labor del traductor en el cine: ha de tener un crédito –tal como tiene en teatro y literatura- aunque sea en el rodillo final, pues los créditos no sólo son un reconocimiento, sino también una forma de verificar y juzgar el trabajo realizado por cualquier profesional del sector. Hay demasiadas películas españolas rodadas en inglés sin que figure el nombre del adaptador por ningún lado, y el derecho a un crédito es un elemento importante en la profesionalización del papel del traductor en el cine, una asignatura más que pendiente a mi juicio. Algo que, al fin y al cabo, sólo puede ayudar al cine español y contribuir a su creciente perfil internacional.


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