ANAÏS PARETO: “CREO FIRMEMENTE QUE EL ESPECTADOR EMPATIZA MÁS SI SE HA REÍDO CON LOS PERSONAJES”

16 noviembre, 2018

Por Àlvar López y Carlos Muñoz Gadea.

Anaïs Pareto se estrena en la gran pantalla con Sinvivir, largometraje que, tras su paso por Morelia en 2017, llega hoy a los cines mexicanos. La película, que oscila entre la comedia y el drama, narra la historia de tres hombres que rondan la cuarentena de edad sumidos en una fuerte crisis existencial. Hemos tenido la suerte de poder charlar con Anaïs para que nos cuente cómo se gestó el guión (coescrito junto a Francisco Santos Burgoa)  de su primera película.

Anaïs 1.jpeg

Sinvivir es una película que habla, sobre todo, del suicidio. ¿Qué te motiva a escribir una historia que explore dicha temática?

Para mí Sinvivir habla del sentido de la vida o, según como lo veas, del sinsentido de la vida. O más bien de la delgada línea que los separa. Cuando escribo un guión suelo partir de una idea, una imagen, una anécdota, y a medida que empiezo a trabajarlo, voy descubriendo de qué quiero hablar. Aquí pasó igual. Se me ocurrió encerrar a tres tipos en una casa, tres hombres en crisis, que poco a poco empiezan a abrirse, a conocerse de otra forma y con el proceso empiezan a sanar. En los momentos de crisis uno se ensimisma y creo firmemente que el contacto con la gente y la empatía te hace relativizar o hasta darte cuenta de lo afortunado que eres.

Para que la trama fuera más transcendental y porque es un tema que a nivel personal me inquieta mucho, pensé que todos los personajes estuvieran relacionados de un modo u otro con la muerte: el forense, el suicida y el carpintero solitario. El hecho de que el suicidio acaba siendo el tema que más pesa en la trama fue algo que se fue dando en el proceso de escritura, no fue premeditado.

Ahora que hablas del sinsentido de la vida, es interesante ver que la película, precisamente, se llama Sinvivir. ¿Cómo haces para reflejar tu visión sobre este punto en este guión?¿Lo focalizas a través de uno de los tres protagonistas, cada uno de ellos tiene reflexiones que te interesaba plasmar, o contrapusiste puntos de vista para marcarlos más?

La idea del título surgió en un viaje en España. Ahí se usa mucho la expresión: “Esto es un sinvivir”. Sinvivir significa un estado de angustia, pero la expresión puede tener hasta un punto gracioso, es una frase que dicen personas mayores de pueblo. Me gustaba darle ese punto divertido a algo dramático. Pero estando en México me doy cuenta que prácticamente no se usa y la gente no conoce la palabra, así que por un momento dudamos sobre si dejar ese título. Finalmente, creímos que resumía el estado de ánimo de los personajes y decidimos dejarlo aunque perdiera el sentido cómico.

SVV_JAIRO_COME.jpg

Los tres personajes viven un sinvivir (unos más conscientemente que otros) por diferentes motivos, que les hace cuestionarse en algún punto el sentido de sus vidas. Busqué tres relaciones con la muerte diferentes, se me ocurrieron estos perfiles de personajes y se fueron construyendo de una forma natural, no tan planeada. Yo creo que siempre vale la pena vivir, siempre, pero me gusta meterme en otras formas de ver y sentir, o al menos intentarlo. Por eso también es que el final cambió en el montaje, no quería imponer mi visión, supongo que porque en el proceso también aprendí algo, y es que hay muchas formas de entender la vida y la muerte, y hay que respetarlas. Así que respeté esa forma de entenderlas de los personajes.

Detengámonos un momento más en el suicidio. Pese a que no fuera el origen, los sentimientos de vergüenza y culpa asociados al intento de suicidio están presentes en la historia a través de los personajes. ¿Hubo un proceso de documentación para explorar cómo se siente alguien tras un intento de suicidio?

Sí lo hubo, ya que, afortunadamente, no es algo que yo haya vivido de cerca. Cuando la trama se fue yendo hacia ese lado, Francisco, el coguionista, y yo, empezamos a investigar.  Hablamos con personas que conocíamos que habían vivido de cerca la experiencia y algunos textos y artículos encontrados sobre el tema.

El largometraje juega entre los tono de la comedia y el drama y consigue transitarlos sin naufragar en ninguno de los dos. ¿Cómo fue la construcción de estos dos géneros en el guión?

Creo que es un tono que me sale de forma natural en lo que escribo. Me gusta el drama, pero no me gusta dramatizar. Me gusta la comedia, pero no me gustan las “payasadas”. Y creo firmemente que el espectador empatiza más si se ha reído con los personajes. Además de esto, Francisco, el coguionista, es más esperpéntico; yo soy más contenida. Quizás es el resultado de todos estos factores. Otra cosa a mencionar es que el guión era más cómico de lo que resultó finalmente la película. De repente, en el rodaje, me sorprendió la película siendo más oscura de lo que había pensado, pero me gustaba.

Sin querer desvelar la película al que no la haya visto, planteas una estructura narrativa interesante, con un par de vueltas que, a parte de la sorpresa, dan que reflexionar. ¿Cambió mucho la estructura del guión a lo largo de las versiones, o siempre tuviste claro dónde empezar y dónde acabar?

Durante el proceso de escritura la estructura ya venía bastante definida desde el inicio… Sólo uno de los giros lo encontramos en el camino. Pero fue en el montaje que varió la primera y la última secuencia de la película, no son las que estaban en el guión. En la edición hubo una tercera reescritura y modificó un poco la apertura y el cierre llevándolos hacia algo más sensorial, más sugerido, no tan explicativo.

SVV_HUGO _TERRAO.jpg

Del mismo modo, ¿cambió mucho la historia cuando añadiste a un segundo guionista? ¿Cómo se enriqueció el guión con su participación?

Cuando conocí a Francisco yo tenía una escaleta y unos personajes esbozados. Antes de empezar a escribir el guión hicimos un extenso trabajo de construcción de personajes, ya que sabíamos que era el fuerte de la película. Estuvo muy bien su aportación como profesional, pero también como hombre de la edad de los personajes. Él podía aportar algo que yo, por más que quisiera, no podía. Y algo que me gustó mucho es que él diseñó y escribió más a uno de los personajes, y eso ayuda a que se diferencie más de los otros en la forma de hablar, el sentido del humor, sus reacciones.

¿Por qué consideras importante que una directora trabaje con un guionista? ¿Qué puede aportar a la historia?

Creo que el trabajo en equipo siempre es mejor que en solitario, pero siempre que tengas clara la historia y el tono. Si no la tienes clara, al ser cada creadora un mundo, puede diluirse la idea inicial y la unidad. Pero definitivamente creo que es positivo, se pueden encontrar más matices alrededor del tema, de los personajes y está increíble más que el escribir, poder discutir (en el buen sentido) con alguien la historia, los personajes.

En Sinvivir también juegas mucho con el concepto del silencio. Hay escenas de tiempo suspendido donde parece que no sucede mucho, pero lo interesante es sentir las emociones de los personajes. ¿Estos silencios venían marcados desde el guión, o fueron más una cuestión de dirección?

Venían bastante marcados en el guión. Ahora me acordé que hace tiempo un maestro me dijo que había escrito muchas veces “silencio” en un guión. Me gusta captar lo que no se dice. Luego, en el rodaje, algunos de estos silencios se alargaron, porque los actores entendieron bien el tono y la idea y estaban muy conectados entre ellos; y algunos de ellos en el montaje se eliminaron. Pero creo que es importante dar tiempo a sentir, para que el espectador se conecte con la escena desde otro lugar, no desde lo que le cuentan los personajes.

También da la sensación de que el guión pudo cambiar durante el rodaje con los actores, que fue un proceso donde surgieron nuevas ideas. ¿Fue así?

Para mí un guión nunca es de hierro, creo que el actor puede aportar todo un conocimiento del personaje que uno como director o guionista difícilmente tendrá, hay que escuchar al actor. Con la mayoría de ellos ya había trabajado, así que hay confianza y buena comunicación, que es algo fundamental. Hago trabajo de mesa con ellos, los involucro en la última parte del proceso de escritura haciendo lecturas de guión y ahí buscamos la mayor organicidad en las acciones y diálogos, para no tener que improvisar tanto en el rodaje. Pero aún y así en el rodaje surgen cosas y creo que siempre hay que escuchar esas ideas, y usar las que le aporten a la peli.

SVV_MOI_SENTADOCAMA.jpg

Ahora que se estrenan tantas y tantas películas cada fin de semana, la frase “Live, then write” adquiere más importancia si cabe. Parece complicado que una historia llegue al público si no expone un punto de vista personal, cercano al autor o autora. Personalmente, ¿hasta qué punto crees que se pueden contar historias sin estar conectadas en algún punto con ellas?

Paula Markovitch en una asesoría que me dio de mi último guión me dijo que en todos los personajes que escribimos hay una voz nuestra que está hablando, por más que creamos que nada tiene que ver con nuestra vida. Sólo hay que encontrar esa voz, hay que sintonizarla. Creo que tiene mucho sentido y que sucede lo mismo con la historia.

Y relacionado con su estreno: la película se estrena en Morelia hace casi ya un año. ¿Cómo es el actual proceso de distribución para que pase tanto tiempo entre su estreno en un Festival y su estreno en pantalla?

En este caso ha sido bastante rápido para ser una película de este tipo. Muchas películas no llegan a estrenarse, y este es un gran problema del medio en este país. En nuestro caso Alfhaville Cinema se ofreció a distribuirnos en circuito cultural, que al final es el circuito más real para una película como esta.

Sin duda, uno de los “limitantes” de la película para su distribución puede venir de la mano del presupuesto total con el que contabais. ¿Escribiste el guión pensando en el presupuesto que teníais para la película?

De hecho la premisa de la historia fue hacer una película que toda sucediera en una casa (mi casa) para poder hacerla con muy poco dinero, de ahí pensé en encerrar a tres personajes en crisis y explorar como se van curando desde esa convivencia forzada. Y creo que ya es una habilidad que he desarrollado después de autoproducirme varios cortos, escribir historias que pueda hacer con lo tengo a la mano, viables para esquemas de producción pequeños, y lo hago porque no pongo en riesgo lo que más me interesa del cine, la parte humana, la parte de los personajes y la dirección de actores. Creo que, si eso está bien trabajado, los artefactos de la producción quedan en segundo plano.

Hablemos de la muerte, para acabar. ¿Qué diferencias ves a cómo se trata la muerte en España y cómo se trata en México? 

Desde mi experiencia en España la muerte la relacionamos con un hecho muy doloroso, esto nos lleva a un sentimiento de tristeza profunda, y al representar esta emoción muchas veces se omite el hecho o el fallecido para no ir a ese estado y se convierte como en un “tabú”. Así que si el fallecido es alguien querido, desaparece por completo y eso me parece más triste que la muerte en sí.

En México provoca tristeza, pero si la persona fallecida es un ser querido, intentan que no desaparezca por completo y la recuerdan, la celebran, y de esta forma siguen estando presentes en las vidas de los allegados. Esa relación con la muerte la naturaliza, la desdramatiza y al fin, creo que la hace más llevadera, más sana, menos dolorosa.

_DSC2847.jpg

Siguiendo con el tema, y aprovechando que has vivido en dos países, ¿crees que hay más constancia en el film del contexto sobre la muerte de México, país en el que vives, que pesan más tus raíces culturales de nacimiento, o que has elaborado un guión con una mezcla de ambas?

Supongo que hay mezcla. Para mí es un tema tabú, es algo a lo que le temo profundamente desde que pequeña, quizás por eso la oscuridad de la película. Y los personajes de Sinvivir hablan de ella desde un lugar “cotidiano”, bromean sobre ella, incluso como algo que puede ser hasta liberador. Creo que esto es lo que he aprendido en México.


BERND LICHTENBERG (I): “COMEDIA Y DRAMA SON SIEMPRE DOS CARAS DE LA MISMA MONEDA”

6 marzo, 2018

Por Àlvar López. Fotografías de Tato Baeza (SGAE).

“Siempre miramos y tomamos como ejemplo a los guionistas norteamericanos, pero no nos damos cuenta de que en Europa tenemos una industria común. Los guionistas europeos tenemos un filón de oro que explotar”. Con estas palabras, el dramaturgo y guionista valenciano Gabi Ochoa daba inicio a “Los retos del guion. Una mirada europea”, ciclo organizado por EDAV con un claro objetivo: permitir a destacados guionistas europeos analizar la actual realidad de su profesión en sus respectivos países.

VVbXj.jpeg

Good Bye Lenin! logró 33 premios y otras 19 nominaciones.

El mercado europeo y la necesidad de una industria común.

El primer invitado para abrir el ciclo fue Bernd Lichtenberg, prestigioso guionista alemán conocido a nivel internacional por el largometraje Good Bye Lenin!.

No obstante, antes de dar paso a la Masterclass, el director de CulturArts-IVAC José Luis Moreno Maicas quiso reforzar las palabras de Gabi Ochoa con un claro mensaje. “Los que trabajamos en la industria audiovisual europea debemos mirarnos más entre nosotros con tal de crear un fuerte mercado europeo”. Sobre este aspecto cubrimos hace ahora un año la reunión en Madrid de la Federación de Guionistas Europeos (FSE). La idea de fondo de ambos discursos es sencilla: cuanto más nos cohesionemos, más fuerza tendremos para defender nuestros derechos.

Sobre el contexto de Good Bye Lenin!

José Luis fue también el primer encargado de presentar Good Bye Lenin!. Para él, el éxito del largometraje radica en su capacidad para contar una historia local fácilmente extrapolable a situaciones políticas que se han repetido en innumerables países a lo largo del tiempo. A todos nos habría gustado rodar algo similar con los primeros años de la transición española”, sintetizó al respecto.

Acto seguido, la Vicedecana de Relaciones Exteriores y profesora titular de Filología Alemana de la Universitat de València, Ana R. Calero, contextualizó la vida y obra de Lichtenberg.

Su cine, su mirada, proviene de las décadas más convulsas de la historia de la Alemania reciente. La caída del muro, la disolución de la Unión Soviética y la entrada al sistema capitalista marcaron a varias generaciones de artistas alemanes, entre las que se encuentra Lichtenberg. Por ello, dice Ana, la primera década del siglo XXI fue tan prestigiosa para el cine alemán. A Good Bye Lenin se le suman El Hundimiento, La Vida de los Otros, En Algún Lugar de África, el cortometraje Juguetilandia y el documental La Historia del Camello que llora.

En todas ellas hay algo del cine de Lichtenberg, para el que las mentiras y los secretos de familia suelen ser temas recurrentes tanto en su filmografía como en sus novelas publicadas.

El camino de lo local a lo global.

Ana coincidió con José Luis en destacar que si Good Bye Lenin! pudo llegar a un público tan amplio fue gracias a la capacidad de contar una historia universal. En su opinión, son tres las claves de la película que así lo permitieron:

  1. El sentimiento de pérdida se narra en un tono que pasa varias veces de la tragedia a la comedia, del mismo modo que ocurre en la vida.
  2. La reacción a la pérdida se ve reflejada a través del desgaste de una ideología, de ciertos valores ligados a una vida que ya no puede volver. A este respecto, Ana destacó el concepto Ostlalgie, que hace referencia a la nostalgia por la República Democrática Alemana (RDA), si bien es fácilemente extensible a la nostalgia que sentimos por aquello de que “cualquier tiempo pasado fue mejor”.
  3. Por último, Ana destacó la autenticidad que respira el film, la sensación de estar viendo (y viviendo) una realidad.  Lichtenberg pasó largo tiempo hablando con varios testigos y protagonistas de la época para conseguirlo.

 

w6oUd.jpeg

De izquierda a derecha, José Luis Moreno, Ana R. Calero, Bernd Lichtenberg y Gabi Ochoa.

¿De dónde viene una idea?

Llegó el momento esperado, el turno de Lichtenberg. El guionista alemán basó su ponencia en hacer un análisis de ciertos fragmentos de Good Bye Lenin! para reflexionar sobre la escritura de guiones en general.

¿De dónde viene una idea?¿Cuál es la primera piedra que te empuja a escribir un guion? Estas fueron las primeras preguntas que quiso compartir con el público que asistió al evento. Para él, no hay una fórmula que funcione de manera matemática.

“A veces tengo una imagen que me encanta y de ahí saco una historia. Otras veces son personajes principales, otras una constelación de distintas figuras. Otras, la historia de una familia”.

No obstante, Lichtenberg sí que reflexionó sobre el origen de Good Bye Lenin!. Criado en la parte occidental de Alemania, la RDA era un misterio para él hasta que la visitó por primera vez ya cumplidos los 24. Sucedió justo una semana antes de la caída del muro, momento en el que Lichtenberg asegura que se podía notar que estabas ante un sistema que iba a colapsar en cualquier momento.

Luego, en 1990 se mudó a Berlín de manera permanente. Se trataba, según él, de una época en la que era patente que todo iba a cambiar, a crecer. “Era genial ser joven en esa época, era un tiempo festivo, excitante, anárquico, no había reglas claras.” Poco a poco, se dio cuenta que estaba viviendo un momento histórico muy importante, y a partir de ahí lo tuvo claro: tenía que escribir una historia que lo reflejara. Ahora bien, ¿cómo hacerlo?

Cuando Historia e historia se unen.

Lichtenberg escribió el primer tratamiento (hablamos de un documento de unas cuatro páginas) en el 92, donde ya asentó las bases de la historia. No obstante, se la rechazaron varias veces. Por un lado, se dio el caso de que era muy joven. Pero sobre todo, todavía no había directores que contaran este tipo de historias. Woody Allen dice que la comedia es drama más tiempo, y aquí se cumple una vez más: Lichtenberg quería hacer una tragicomedia, pero la distancia con lo sucedido no era todavía suficiente.

No obstante, Lichtenberg asegura que, con perspectiva, que le rechazaran la historia en ese momento fue toda una suerte. Lichtenberg estaba escribiendo sobre un mundo que no conocía bien, por lo que tenía que documentarse a fondo para evitar caer en clichés. Solo después de cuatro años de investigación se atrevió a escribir la primera versión de guion, donde ya tenía algo muy claro: para contar la Historia, debía encontrar a los mejores protagonistas con su propia e interesante historia.

Basta un rápido análisis al film para darse cuenta que la historia de la familia está ampliamente marcada por los acontecimientos históricos. Así ocurre con el trauma infantil de Alex: la huida de su padre a la parte occidental por no sentirse afín al socialismo. Momento que, además, coincide con la llegada al espacio de Sigmund Diend, primer astronauta de la RDA en hacerlo. Su salida de la Tierra coincidía con la salida del país del padre de Alex.

Lo mismo ocurre con el detonante. El coma en el que entra la madre de Alex sucede en el mismo momento que Alex conoce a Lara (detonante de la historia de amor compartida por ambos) y en el que asistimos a la violencia y brutalidad policial de la época en contra de cualquier intento de manifestación.

MV5BMTI0MTg4NzI3M15BMl5BanBnXkFtZTcwOTE0MTUyMQ@@._V1_SY1000_CR0,0,690,1000_AL_.jpg

Los recursos de guion utilizados en Good Bye Lenin!

Una vez encontrada la historia, Lichtenberg se centró en encontrar la mejor forma de contarla. Para ello, el guionista decidió contar con una Voice Over que pudiera sintetizar la forma de hablar socialista del momento, por un lado, y por otro contar elementos de la Historia y del pasado familiar desde un punto de vista irónico y sin necesidad de recurrir a Flashbacks.

Otro recurso utilizado por Lichtenberg fue el de alargar su primer acto más de lo común. En Good Bye Lenin! el Primer Punto de Giro no llega hasta pasados los 35 minutos de la película, cosa que le permitió contar todo lo que, a su juicio, era necesario para asentar lo que iba a suceder a continuación.

“Debíamos contar la relación histórica exacta, algo que tuve todo el rato presente mientras escribía el guion. Por ello, porque todas las escenas tenían que estar acotadas dentro del marco histórico, decidí hacer un extenso primer acto en el que pudiera acotar sin problemas las coordenadas políticas y sociales del momento. Además, tanto el director como yo veníamos de la parte occidental alemana, por lo que sentíamos una presión extra por no cometer ningún error histórico.”

Lichtenberg también dio mucha importancia a la necesidad de no apegarnos demasiado a nuestros propios guiones, el cual acaba siendo “como un amor, por lo que te cuesta aceptar que alguien pueda recortarlo, herirlo”. No obstante, aseguró que encontrar el ritmo adecuado para cada historia es un recurso imprescindible. “Es necesario mantener la mente abierta en todo momento”, asegura.

Otro de los puntos en los que Lichtenberg quiso hacer hincapié fue en la importancia de elegir bien dónde ocurren las escenas más importantes del film. Para hablar de ello reflexionó sobre el momento en el que Alex se encuentra con su padre por primera vez después de varios años.

La mejor escena es aquella que se escribe pensando en potenciar el conflicto, por lo que la situación y el lugar en el que ocurre son elementos que nunca debemos infravalorar.

Sobre el tema y la trama

Cuando la madre de Alex despierta del coma, la película vive un segundo inicio. A partir de ese momento Alex hará lo necesario para que su madre no se entere del engaño en el que vive. Este primer punto de giro, además, sirve para reflejar el tema que se esconde detrás del film: el mundo cambia constantemente, no espera a que nadie despierte. De un día a otro, la realidad que conocemos y damos por hecha desaparece.

“Primero vive, luego escribe”. El ejemplo de Lichtenberg sirve para reforzar la importancia de que los guionistas hablemos de lo que conocemos. En el caso de Lichtenberg, la pérdida de identidad y el engaño de su generación está presente a lo largo de toda la trama. Primero con los noticiarios que Alex crea para poder explicarle a su madre cambios incomprensibles de otra manera (Coca Cola fue un invento creado por Alemania Oriental), y más tarde cuando descubrimos que la madre de Alex se hizo consciente del engaño en algún momento a lo largo del film: el engañador, por tanto, ha sido engañado.

Además, el engaño presente en la trama nos remite también al tema del film. Es cierto, según Lichtenberg, que en una primera capa Alex hace lo que hace por su madre para protegerla, pero si exploramos más su personaje, si vamos a su construcción psicológica, podemos ver que lo que Alex evita es confrontar la realidad que descubre cuando pasa de la niñez al estado adulto. Alex, como su madre, no quiere despertar.

Sobre el tono

Lichtenberg tuvo muy claro desde el inicio que no le interesaba contar un drama con Good Bye Lenin!, si bien no podía ocultar la tragedia de fondo que hay en el film. Sirva de ejemplo la escena en la que la madre de Alex le revela la verdad de su pasado. Su padre no se fugó, no los abandonó, fue ella la que no se atrevió a dar el paso por miedo.

Esta escena, cargada de dramatismo, se aleja mucho de la comedia que se respira en algunos momentos, sí, pero Lichtenberg tenía claro que lo que requería esta historia era utilizar la comedia situacional, no la de gag. Por tanto, si la comedia viene de la situación, del engaño, necesitaba que el drama oculto en los secretos de familia aflorara en algún momento.

_DSC2252.jpg

La Dolce Vita es mi película favorita. En ella, se transporta a un Cristo. Me gusta ver la imagen del busto de Lenin bajo el helicóptero como un homenaje a Fellini.”

Hasta aquí llega la primera parte de la crónica sobre la Master Class de Bernd Lichtenberg. Mañana seguiremos con la segunda y última entrega, en la que podréis encontrar la transcripción de la ronda de preguntas y respuestas que se abrió al final de la clase. Y si queréis complementar, en Twitter podréis encontrar, bajo el hashtag #EDAVsesiones, varios de los titulares que Lichtenberg dio a lo largo de la ponencia del sábado. ¡Hasta mañana!


“EN TELEVISIÓN SE GANA DINERO. EN TEATRO PUEDES LLEGAR A RECUPERAR LA INVERSIÓN… SI ERES AFORTUNADO”

26 junio, 2017

Por Àlvar López y Carlos Muñoz Gadea

David Barrocal y David Oliva son dos guionistas asiduos de la televisión que se han aventurado en el mundo del teatro con Buffalo, una historia sobre personajes derrotados que mezcla comedia, drama y country. Tras ver la obra aprovechamos para hablar con ellos sobre el guión de la misma, así como de las diferencias que encuentran entre la escritura televisiva y la teatral y la rentabilidad económica de esta vertiente profesional.

IMG_1823.JPG

David Barrocal (Izquierda) y David Oliva (Derecha)

¿Cómo surge la idea de hacer Buffalo?

David Oliva (O): Todo empezó hace cerca de dos años. David y yo estábamos trabajando en la misma serie por aquel entonces. Un día escuchamos una conversación de dos tipos, mientras trabajábamos, en una cafetería. Uno de ellos estaba obligando al otro a hacer algo corrupto. Nos quedamos alucinados con la desfachatez con la que hablaban del tema, su soberbia. Al día siguiente, coincidió que los dos habíamos estado pensando cada uno por nuestro lado en ese personaje… Y así fue como empezamos a hablar de dos personajes, uno de ellos un tiburón de los negocios que lo tenía todo, y otro que por tener principios había acabado siendo un perdedor.

David Barrocal (B): Estos dos amigos fueron la semilla de Buffalo, que en el fondo cuenta la historia de una amistad. Luego apareció el country, que nos parecía divertido y visual, y además un entorno perfecto para unir a gente que estaba sola y que con el baile salía de su tristeza. En ese momento los dos estábamos pasando por un momento vital un tanto complicado, rupturas sentimentales y esas cosillas… Vamos, que éramos la alegría de la huerta, y Buffalo se convirtió para nosotros en una catarsis creativa. Nos dio la comedia que necesitaban nuestras vidas en aquel momento.

Algo que sorprende en Buffalo es la multitonalidad que respira la obra: empezáis en una comedia pura para acto seguido meteros en el drama, y a lo largo de la obra combináis estos dos puntos. ¿Era algo que buscasteis desde el inicio, o surgió a medida que escribíais la obra?

B: Bueno, es de donde venimos. David y yo nos conocimos trabajando en Los hombres de Paco. Esa es nuestra escuela, el multitono, ahí es donde nos sentimos cómodos. En una comedia con trasfondo, en la emoción, en el amor, en el drama, en el misterio… Todo junto.

O: Y en la creación de personajes potentes, reconocibles y entrañables. Además, de la comedia nace del dolor. Aun recuerdo de pequeño, en la puerta de los velatorios de mi pueblo, o en los corrillos de señoras tomando la fresca. Cuando se hablaba de los temas más dramáticos, era cuando la gente se reía más… Eso está en Buffalo. Los personajes tienen un drama enorme y eso lleva a situaciones muy cómicas.

¿Y cómo trabajasteis ambos géneros para que estuvieran equilibrados a lo largo de la obra?

O: Para nosotros era muy importante que todo naciera de la verdad, y el equilibrio salió de forma natural. Cuando fuerzas mucho la comedia, o el drama, es cuando salta el tono.

B: Además, en la obra hay una trama de un concurso al que se presentan los personajes y que funciona como columna vertebral, colocando a los personajes. Incluso una trama de misterio. Eso nos permitió jugar siempre con la comedia pero enraizándola y haciendo que la obra no acabara siendo una sitcom, o un vodevil, algo que no nos interesaba.

Por otro lado, sorprende ver que la estructura responde claramente a la de un largometraje del estilo de Full Monty. Ambos venís del mundo de la televisión, ¿se debe a ese motivo que el guión sea tan visual y esté separado a la manera de los actos audiovisuales?

B: Para nosotros Buffalo fue desde el principio una película contada para teatro. Nos parecía un reto y además era el lenguaje en el que más cómodos nos encontrábamos. Y eso nos ayudó en muchos momentos. Esa estructura nos dio seguridad para armar todas las historias.

O: Son muchas historias entrelazadas: una historia de lealtad, de amistad, de amor, de superación… E intentamos que los conflictos avanzaran y fluyeran de manera natural hasta llegar a la actuación final, como sucede en películas como Pequeña Miss Sunshine o incluso Dirty Dancing, que es mi película favorita de todos los tiempos.

Captura de pantalla 2017-06-23 a las 13.39.26.png

Imagen del Teaser promocional de la obra.

¿Por qué decidisteis que debía ser un guión de teatro, y no de cine?

O: Porque decidimos que queríamos contar nuestra historia más personal sin ningún tipo de filtros. Hemos sido creadores y productores ejecutivos. Hemos tenido libertad creativa total, sin productoras ni cadenas por encima.

B: Yo ya tenía experiencia previa dirigiendo teatro con mi compañía y en eso pude calibrar lo que podíamos hacer y lo que no. Además, parte de la historia se ha desarrollado, no solo en la mesa de guión, sino en los ensayos, con los actores… Hemos tenido la suerte de contar con cuatro actores maravillosos como Ángeles Martín, Alberto Amarilla, Juan Dávila y Alicia Ledesma que han dado alma a los personajes que pensamos y escribimos. Ha sido un proceso mágico. Y por supuesto nuestro Jack Jamison, nuestro Buffalo, que con su música también ha contribuido a transmitir ese espíritu country, que es esencial en la obra… Ha sido un proceso creativo que ha durado hasta el estreno, y bueno… en realidad más allá, porque con cada función Buffalo sigue creciendo.

O: Ha sido un viaje muy duro pero también fascinante poder elegir entre los dos desde la música, al vestuario, el casting… cada detalle. Y eso solo lo hemos podido hacer en teatro. Todos los guionistas deberían alguna vez poder contar su historia con esa libertad, se lo aconsejamos.

“Bailar puede hacer tu vida más amena, puede ayudarte a evadirte, aunque sea por un rato, de la dura realidad”. Si tuviéramos que definir el tema del guión, lo haríamos de una manera muy similar a la expuesta. ¿Cuál, o cuáles, son para vosotros los temas que os interesaba tocar en la obra?

B: Como hemos contado, Buffalo nace de un momento un poco oscurillo de nuestras vidas, y habla de lo que hay que hacer para salir de ahí. De la energía, del poder que está en cada uno de nosotros para salir del hoyo, de descojonarte un poco de la vida… El estado de ánimo es nuestro destino y eso es algo que está presente en cada personaje y en cada línea de Buffalo.

O: También habla de cómo muchas veces encuentras la fuerza que necesitas en la gente que menos te esperas, gente que a lo mejor no conoces. O incluso en algo tan peregrino como bailar country line dance.

Pese a esto, repetimos que se trata de una comedia, y al verla se puede intuir que ha habido mucha reescritura para trabajar bien los pulsos cómicos. ¿Fue así? ¿Cuántas versiones del guión llegasteis a tener?

B: Al principio nos obsesionamos un poco con la comedia, con los gags y con pretender ser graciosos… y eso no tenía ni puta gracia. En realidad, cuando entendimos que de las desgracias nacía la comedia de manera natural todo encontró su equilibrio.

O: A veces la comedia fluía de manera natural. Nuestro baremo era: ¿Nos hace gracia a los dos? Se queda. Si solo hacía gracia a uno iba fuera.

B: Me acuerdo de un gag, un poco viejuno, sobre Bertín Osborne. A Oliva le horrorizaba y a mi me hacía mucha gracia. Como me puse pesado llegamos a una conclusión. Si cuando la hagamos la gente se ríe, se queda.

O: Para mi desgracia la gente se ríe. Y se ha quedado. El teatro te ofrece poder testar función tras función la comedia. Es un laboratorio de comedia en el que ves cada noche lo que funciona y lo que no.

¿Tenéis algunas claves cómicas que os sirvan para escribir humor?

O: Lo mejor es sufrir, meterte en la piel del personaje.

B: A veces cuanto más triste o más patético, más gracioso eres. Es la historia de mi vida…

Tenéis cuatro protagonistas que se complementan entre sí. ¿Cómo trabajasteis el desarrollo de los personajes?

B: Los dos amigos fueron los primeros en aparecer. Jota, el “puto amo”, como él diría, que fue ese personaje basado en ese tipo de la cafetería y después Martín, su amigo inseparable, todo lo inseguro y perdedor que Jota no cree ser. Él nació de una manera también bastante natural a partir del actor que finalmente lo interpretaría. Juan Dávila trabajaba entonces en la serie que estábamos escribiendo. No le conocíamos personalmente, pero fue desde el primer momento nuestra fuente de inspiración. Y fue una suerte que finalmente haya podido interpretar a Martín en la obra.

O: Respecto a las chicas, Mary, apareció como el contrapunto perfecto para Martín. Al principio nuestro referente fue Marilyn Monroe, que nos parece un personaje fascinante. Naif, sensible y luminosa. Dolly, la profesora de country, creció de una manera tan arrolladora que por poco se come a todo el resto de personajes. Tan graciosa y desbordante que nos pedía salir a cada minuto. También quiero decir que tiramos del eneagrama todo el rato por Barrocal. Es su Biblia. Yo tengo mis reticencias…

B: Eso es porque es un 9… jajaja

Buffalo_Enfoque8_(18).jpg

Fotografía de la representación realizada por Enfoque8.

A lo largo de la obra hay algunos momentos típicos del musical, donde mezcláis canciones en directo con coreografías. ¿Hasta qué punto venían desarrolladas en el guión?

B: Las coreografías nacieron en los ensayos. Lo que sí teníamos eran referencias de pelis en las que las coreografías están al servicio de lo emocional. No nos interesaba el musical por el musical, sino como vehículo para hablar de los personajes. Después yo me apunté a clases de country line para coger ideas para la obra… Y descubrí que el mundo que David y yo estábamos imaginando se quedaba corto… La gente que baila, que forma comunidades para bailar, vienen muchas veces de momentos de crisis, exactamente igual que los personajes de Buffalo.

O: La única coreografía más definida era la del baile final, en la que recogíamos todos los raccords emocionales. Los temas musicales sí que estaban en el guión. Y la situación emocional en la que se encontraban los personajes al bailar. Pero las coreografías son mérito de Raquel Carrillo, nuestra coreógrafa y de David Barrocal que ha dirigido la obra.

Centrémonos ahora, si os parece, en hablar sobre el teatro. ¿Qué diferencias le encontráis a escribir en este medio frente al televisivo?

O: La dramaturgia nos ha salido muy televisiva precisamente porque quisimos darle el ritmo de la tele. Queríamos darle esa energía a la función.

B: De todas maneras, para nosotros lo importante era la historia, los personajes. Y eso es común a todos los géneros, tanto el televisivo como el teatral.

O: A la hora de dialogar sí que nos contuvimos un poco más que en la tele. Los tacos, por ejemplo, en teatro suenan más invasivos, más agresivos

Respecto a su viabilidad económica, ¿cuál está siendo vuestra experiencia?

B: Pues has tocado en hueso. Es complicado. Para empezar porque el teatro es un medio muy cerrado, sobre todo para gente como nosotros que venimos de la tele. Si no conoces a la gente adecuada es muy complicado abrirse paso. Al principio pensamos que la historia bastaría para conseguir producción, pero estábamos muy equivocados. La gente, los productores, ni se molestaban muchas veces en leer la obra. Y eso es una pena. Pero nosotros confiábamos plenamente en Buffalo, sabíamos que a la gente le iba a gustar, que iban a disfrutar, como está pasando cada vez que la representamos. Evidentemente, el hecho de que nosotros seamos los productores ha llevado a que la obra tenga que empezar poco a poco.

O: Conseguir el teatro Lara de inicio fue un gran paso. Pero por suerte, después del estreno hay bastante gente interesada en la obra, y auguramos mucho futuro para Buffalo. La diferencia económica respecto a la tele es brutal, de todas formas. Porque en teatro todo va más despacio… En mi caso, que venía de escaletar una serie diaria, imagínate. En la tele se gana dinero. En el teatro puedes llegar a recuperar la inversión. Si eres afortunado.

¿Creéis que hay público que siga apostando por el teatro? O lo que es lo mismo, ¿se puede vivir del teatro?

B: Claro que hay público que apuesta por el teatro. La gente quiere que le cuenten buenas historias.

O: Y es un público que merece el mayor de nuestros respetos. Es gente que sale de casa, con 40 grados o lloviendo, compra su entrada y va a verte. A disfrutar de una historia. Casi como si fuera una ceremonia.

B: Y eso es lo que hace que se pueda vivir del teatro… Aunque no se pueda. Aunque no se gane dinero, aunque tengas que endeudarte para poder contar tu historia…

¿Qué habéis aprendido de este proceso?

B: Tanto… Yo, por mi parte, como guionista he aprendido a quererme más, a confiar en mí, en mi criterio. Ver como la gente ríe y se emociona con algo que has escrito es lo más grande que le puede pasar a alguien que cuenta historias.

O: Sí, es muy gratificante vivir el pálpito del público en directo. Nada que ver con los audímetros.

B: Además te diría que he aprendido a luchar por mi proyecto, a defenderlo pese a quien pese, a no desfallecer aunque las cosas se pongan jodidas…

O: Hay que tener mucha paciencia. Como productores ejecutivos tenemos que lidiar con situaciones complicadas. Por suerte nos hemos tenido el uno al otro. No hemos coincidido un día de bajón los dos. Así que cuando uno se venía abajo el otro estaba para subirle los ánimos. Buffalo lo merecía.

IMG_1816.JPG

Para acabar, ¿qué recorrido le espera a la obra cuando deje de estar en el teatro Lara la semana que viene?

B: Además del Lara estaremos en otro teatro, pero no podemos decirlo todavía. Y a parte, giraremos el montaje por España, algo que nos hace mucha ilusión.

O: Y como colofón la Vegas. Yo, hasta que Dolly Parton no vea Buffalo, no paro.


PABLO REMÓN: “EL OBJETIVO NO ES QUE EL ESPECTADOR ENTIENDA LA HISTORIA. EL OBJETIVO ES QUE SE INTERESE”

14 junio, 2017

Por Àlvar López y Carlos Muñoz Gadea

Pablo Remón es un guionista que desarrolla su faceta profesional sobre todo en el cine y en el teatro, dos oficios que a su parecer, tal y como nos contó la última vez que estuvimos con él, se nutren y complementan entre sí. Aprovechando el doble estreno que tiene este mes (No Sé Decir Adiós en los cines y Barbados, etc. en teatro) hemos querido hablar con él para saber más de estos dos proyectos y, ya de paso, profundizar en su forma de trabajar y de encarar un guión.

_MG_8715 2.jpg

Fotografía de Flora González

¿Cómo se gestó la escritura de No Sé Decir Adiós?

 Lino me llamó con una propuesta para hacer un largo. Creo recordar que lo único que había entonces era el personaje de Carla: alguien con una adicción fuerte pero que al mismo tiempo es capaz de llevar una vida profesional (aparentemente) exitosa. A partir de ahí nos pusimos a hablar y a hablar: apareció el personaje del padre y la enfermedad. Esa fue mi manera de conectar con la historia. Después yo escribí una escena, para ir conociendo a Carla. Es la escena del bar que finalmente sirve de presentación del personaje. Aún no sabíamos dónde iba esa escena, si es que iba, pero nos sirvió para concretar el tono de la película.

Hicimos juntos una escaleta, siempre con la idea de que era algo muy abierto a cambios, y después yo escribí la primera versión. Le pasé a Lino la mitad o algo así, comentamos y seguí. Así hasta llegar a una primera versión. Después seguimos haciendo versiones. Él ha tenido siempre la película muy clara en la cabeza y ha sido un gran apoyo a la hora de escribir. Muchas cosas que no estaban previstas y que surgieron en la escritura (por ejemplo los ligeros toques de humor) él lo recogió muy bien y así supo sacar lo mejor del guion.

A pesar de que se pueden apreciar claramente viendo la película, nos gustaría que nos contaras qué tema (o temas) son los que os interesaba plasmar con este guión.

Por mi parte, la forma de enfrentarse a algo inevitable como es la muerte. Yo acaba de vivir un proceso similar con mi padre, y estar en primera fila me había dejado exhausto y al mismo tiempo con un fuerte deseo de contarlo: contar esa sensación de no saber qué hacer, las esperas en el hospital, los tiempos muertos. La burocracia de la muerte. En esas situaciones, el tiempo se dilata. Y a mí me parece que el cine tiene una especial habilidad para retratar ese paso del tiempo. Ese tiempo de sueño, condensado.

Me acuerdo de una historia que me contó un familiar: a una amiga le habían diagnosticado un cáncer, tenía que someterse a un tratamiento de urgencia, y su primera reacción había sido: “¿Y mis vacaciones? Las tengo reservadas y no puedo perderlas”. De eso trata para mí la película, de perder la vida o las vacaciones. De la escala de las cosas.

¿Nació la trama como una necesidad para vehicular las temáticas del film, o pensasteis primero en la historia y los temas fueron aflorando solos?

No, no. No lo pensamos así. Pensamos en los personajes. Intentamos verlos, imaginarlos en distintas situaciones, conocerlos… y dimos por hecho que, si eran de verdad, tendrían alguna historia que contar.

Respecto a los personajes, ¿quién surgió primero?

Siempre estuvo Carla al principio. Carla es el motor y el motivo de la película. Ella es la que vertebra la película.

¿Cómo trabajasteis la relación entre las dos hermanas y su padre para que la historia e información de cada uno estuviera compensada en el guión?

Las hermanas son opuestas, complementarias, pero las dos están reaccionando a lo mismo: a una infancia que no se explicita en la película, pero que en gran parte ha formado cómo son. Reaccionan de maneras distintas a una misma herida. La proporción… es algo que la historia te dice: cuándo hay que mirar al padre, cuándo a las hermanas… Lo que pasa es que el que haya una escena de la enfermedad del padre no significa que los demás hilos se detengan, al contrario. A mí no me gustan mucho las subtramas, pienso más en hilos que van pasando a primer término, algo que explica Lucrecia Martel.

La película respira una realidad y naturalidad muy difícil de conseguir, sobre todo gracias a los diálogos. ¿Cómo afrontasteis su escritura?

Pues muchas gracias. Intento que los diálogos me sorprendan a mí primero. Es decir, no decidir de qué van a hablar los personajes sino encontrarlo en el propio proceso de escritura. De todas formas, lo importante no es lo que dicen sino por qué lo dicen, claro. A veces lo importante de la escena es justo lo que están intentando decir, o lo contrario de lo que se dice. A veces me da la impresión de que casi cualquier cosa vale para el diálogo, siempre que se tenga claro por qué está sucediendo ese diálogo, es decir, qué quieren los personajes, o qué queremos nosotros como guionistas de esa escena.

Lo de la naturalidad es una construcción, claro. Pero queríamos que la película estuviera traspasada de realidad, es decir, no hacer un drama al uso sino un drama con la suciedad de lo real. Los dramas en la vida, al menos en mi experiencia, no vienen puros, no vienen 100% drama. Vienen mezclados. Y eso queríamos conseguir.

MV5BNjFhZDNlYzItOTgyMi00MzNkLWIyNjktZTNkZWQ2NWVhMjgxXkEyXkFqcGdeQXVyMjQ5MDU1ODY@._V1_SY1000_CR0,0,699,1000_AL_.jpg

Al ver la película es fácil pensar que varias de las situaciones que suceden pueden pasar en la realidad. ¿Hablasteis con enfermos de cáncer o familiares afectados para conseguirlo?

La verdad es que yo personalmente conozco bastante esta enfermedad, así que no tuve necesidad de documentarme. Lino sí hizo algo de trabajo de campo, sobre todo de cara al rodaje. Me dio información médica sobre qué tipo de enfermedad exactamente estábamos hablando, tiempos y demás. Pero yo creo que para escribir hay que tener cuidado con la documentación: es ficción, no es un documental. No hay que informar. Hay que tener cuidado con querer meter todo lo que uno sabe.

La documentación que te sirve para escribir, a mí al menos, no son los datos: son las cosas concretas. ¿Qué te dan de comer en un hospital? ¿Dónde está la tele? ¿A qué hora cierra la cafetería? La ficción está llena de detalles banales.

En el Máster tanto tú como tu hermano nos hablabais mucho de la importancia de entrar tarde en las escenas y salir pronto, algo que parece que está muy trabajado en No Sé Decir Adiós. ¿Cómo afrontáis el proceso de escritura de las escenas para conseguirlo?

Eso en principio es verdad, lo que pasa es que hay veces en las que justo el jugo de la escena está después de lo que has escrito, o antes. Esto suele pasar: la escena no está donde crees que está, está antes o después.

Yo intento pensar cada escena (o al menos, las más importantes), como una entidad independiente. La escena tiene una función dramática, hacer avanzar la trama, etcétera, pero muchas veces hay una función más importante, y es que la escena en sí misma dé el aroma de la película, “cuente” la película.

Aquí, lo que había que contar era la despedida y la negación. Lino y yo intentamos que esa idea tiñera cada escena.

A veces, puede ser más importante ese aroma que lo que pasa exactamente.

Por ejemplo, una de las escenas que más me gustan de la película es la despedida al día siguiente entre Coco y Carla. Es una escena en la que aparentemente no sucede nada, no hace avanzar la trama, casi podría no estar. Y sin embargo, está hablando de la muerte y de la negación, y todo de manera lateral. Creo que por como está escrita e interpretada, y por como está rodada y encuadrada, resume la película, y eso me pasa con varias escenas en la película.

Del mismo modo, parece que cada escena está escrita con un objetivo claro, sea el de dar una información o sea el de hacer avanzar la historia, pero no hay ninguna escena que deje la sensación de, por decirlo de algún modo, “relleno”. ¿Cómo lo trabajáis para conseguirlo?

Yo hablaría, más que de un objetivo, de varios. Hay un objetivo primero, casi superficial, que es avanzar la trama. Pero luego hay otro que es el que comentaba antes: ¿en qué sentido esta escena “cuenta” la película? Ahí entran en juego muchos factores, normalmente de manera intuitiva. A veces lo que necesitas es una escena más ligera, o lo contrario. Para mí es una cuestión casi musical. La progresión de la historia te va pidiendo cosas.

En realidad, los guionistas siempre estamos hablando de contar la historia, pero muchas veces creo que la historia se cuenta sola (salvo que sea algo complicadísimo). El espectador rellena la historia con dos pinceladas que le des. No es eso lo que te importa, al menos, no en muchas películas.

En la misma línea, cuando tenéis que dar cierta información (como la escena con la que empieza la película) lo hacéis casi como si fuera lo menos importante, buscando un escenario y una conversación originales que no permitan deducir lo que va a suceder, hacia dónde va a derivar la escena. ¿Cómo os planteáis este tipo de escenas? ¿Os surgen muchas posibilidades para afrontarlas antes de decantaros por una?

Sí, justo por esto que estaba diciendo: intentamos no pensar que “tenemos que dar cierta información”. Un guion no es una válvula de suministrar información. Esto no es un reportaje de “Informe semanal”. Obviamente, hay cierta información que dar, pero es mínima. El objetivo no es que el espectador entienda la historia, el objetivo es que se interese. Esto es mucho más difícil.

Cuando una película no nos gusta, casi nunca es porque no entendamos lo que estamos viendo. Suele ser porque lo entendemos demasiado. Nos sobra información. Si como espectador me falta información (hasta cierto límite, claro) mucho mejor.

Así que intentamos que casi ninguna escena esté para dar información. Y si alguna está para la información, que siempre haya algo más. Que haya una elaboración dramática de aquello que se está contando.

Al ver el film queda la sensación de que hay mucha información que no contáis de los personajes, porque no hace falta para la historia, pero que parece sencillo intuirla. ¿Eliminasteis muchas escenas del total escrito?

No demasiadas. Lo que hicimos fue hablar bastante de los personajes. Y como había muchas cosas que sabíamos, la clave era escribir las escenas como si el espectador las supiera también.

¿Cuántas versiones tuvisteis del guión, y qué trabajabais en cada nueva reescritura?

Hicimos siete. Pero esto de las versiones es muy relativo. En la primera ya estaba toda la parte del principio y del final prácticamente igual a cómo han quedado. La segunda y la tercera sí tuvieron cambios importantes, y a partir de la tercera ya fueron matices. Creo que hay un momento en el que los guiones se pueden estropear si se manosean mucho.

Aquí pasaron varios años hasta que se consiguió levantar la película, pero el guion no cambió muchísimo. Eso en gran parte es mérito de Lino, porque según pasa el tiempo uno se aburre del guion y yo, por mí, hubiera cambiado mucho más. Pero es cierto que las cosas son como son, y el que ha cambiado no es el guion, eres tú.

¿Crees que te ha aportado algo haber escrito teatro para afrontar la escritura de este guión?

Supongo que sí. La primera obra que escribí, La abducción de Luis Guzmán, la hice casi a la vez que este guion, y en realidad la obra y la película cuentan lo mismo, aunque de maneras muy distintas. Así que supongo que sí, ha habido una influencia. El teatro es el sitio donde el diálogo puede crecer de maneras insospechadas, y este guion tiene algo de eso. De todas formas, lo que más me gusta de la película son los planos en los que los personajes caminan en silencio y la cámara los sigue.

Aprovechemos ahora para hablar de tu nueva obra. Barbados, etcétera es una reflexión sobre la pareja en el siglo XXI y los diversos momentos de rutina que pueden aflorar en cualquier relación. ¿Qué es lo que te interesaba exponer cuando la escribiste?

Más que explorar un tema, lo que quería era probar una manera de escribir. La forma vino primero. La obra trata de la pareja, sí, pero también trata de la manera en la que construimos historias, de por qué nos importan y las necesitamos.

Barbados, etcetera 1 © vanessa rabade.jpg

Fotografía promocional de Barbados, etc., realizada por Vanessa Rabade

Respecto a los personajes, ¿qué te interesaba de desdibujar la frontera entre los actores y los papeles que encarnan (a momentos) en la obra? ¿Por qué te decantas por una estructura separada en tres textos?

Quería ser capaz de escribir una obra sobre el amor, y una obra sobre el amor es para mí una obra sobre el lenguaje. Y la obra es totalmente musical: los tres textos equivalen a variaciones sobre un mismo tema, en el sentido musical. El teatro permite esos juegos. Los personajes son más voces que personajes.

Ya que la estrenas esta semana, ¿por qué debería acercarse la gente a ver la obra? Es decir, ¿que encontrará en ella de interesante?

 Si lo hemos hecho bien, encontrarán una obra divertida y original, sincera y extraña, sobre las historias que contamos, y las historias que nos contamos, sobre todo en ese micro-mundo llamado pareja.


CINCO LECCIONES DE GUIÓN QUE EXTRAJE DE “SHOW ME A HERO”

6 abril, 2017

Por Gabi Ochoa

OSCAR ISAAC.jpg

Ya no hay héroes. Y los que todavía existen están en Netflix, porque HBO nos ha querido enseñar otra parte, una mirada más oscura de la realidad y del poder.

Me embarqué en los 6 capítulos de Show me a hero con la sensación que Simon no funcionaría tan bien como The Wire, ya que el nivel altísimo impuesto por su compañero de fatigas, Richard Price, en The night of, era difícil superar.

Enseguida vi que la obra nos marcaba algunas ideas, algunos pasos que son los que me llevó a desarrollar estas ideas deslavazadas sobre lo que creo que he aprendido de la escritura de Simon con esta miniserie.

Ni que decir tiene que esto estará lleno de spoilers, pero espero que extraigáis algunas ideas de cara a vuestras próximas re-escrituras:

1. Documentación, documentación, documentación.

Simon se basa, junto a su compañero William F. Zorzi, en el libro de Lisa Belkin con el mismo título para adentrarse en un problema concreto, en una afrenta de cualquier alcalde de los años ochenta en los EEUU de Reagan: hacer que la convivencia negros-blancos sea harmoniosa gracias a un proyecto, real, de viviendas de protección oficial en la ciudad de Yonkers. Lo que me parece fascinante es que un proyecto social, que puede parecer no ser un material potente para la ficción (no se cae un avión, no aparece gente que creíamos muerta, ni se pierde un barco, es decir, “a la mierda el high-concept”) se convierta en el magma de esta obra. Sobre todo porque la documentación, el desarrollo de una historia sobre una base real, es perfecto para conocer la realidad. Para mí Simon da lecciones con sus propuestas: baja a la calle, las historias están allí, no en tu cabeza googleada. Es importante cómo huye del cliché guionista-wikipedia que tanto daño ha hecho a la ficción, y se adentra en profesionales de las historias cotidianas, mayoritariamente periodistas, pero también profesores. El guionista-barra creo que amplifica el radio de escritura, y eso es lo que hace que la historia se meta en terrenos ficcionales que otros creadores no hubieran probado.

2. La importancia de los secundarios.

Si algo hace de maravilla Simon es cómo crea el “efecto bola de nieve” con los personajes secundarios. Si alguien ve los primeros 2-3 capítulos le puede llegar a exasperar los personajes como Norma O’Neal o Mary Dorman porque parecen no avanzar y obstaculizan la visión de la ascensión del alcalde Wasicsko. Pero nada más lejos: con Norma y su ceguera progresiva reflexionamos sobre la “ceguera” real de los vecinos de barrios pudientes de Yonkers, todo lo contrario que el personaje de clase bien como es Mary, que sufre un cambio sensacional cuando la charla sobre los asentamientos y, sobre todo, la visita real a esas familias que se van a instalar en su barrio, le hacen ver que “los otros” tienen preocupaciones, familias, una vida igual de digna que la suya, quitándose los prejuicios y los miedos por aquello desconocido. Creo que analizar hasta el más mínimo de esos secundarios (mención por supuesto a personajes como Vinni, que interpreta Winona Ryder) te hace pensar sobre el material de las series de Simon: busca siempre un crisol de puntos de vista para no darte una solución fácil, para contrarrestarte hasta el más mínimo detalle. No son personajes que pasan por allí, sino que le dan una connotación diferente a la obra.

herokeener.jpg

3. Rompe con lo esperado: nútrete de la realidad.

Simon lo grita a los cuatro vientos: Haz una serie anticlimática, porque Show me a hero lo es. Cuando ya te has encariñado del alcalde Wasicsko, cuando crees que superará todo el follón que significa poner esas viviendas sociales, te topas con la realidad: ya no es alcalde. Y en ese momento, muy en la línea del Jake LaMotta de Toro salvaje vas a ver un descenso a los infiernos en 3 episodios más. ¡Porque eso ocurre antes de llegar a la mitad!

Para mí, ese es uno de los hallazgos importantes de la serie. La serie no va de cómo Wasicsko termina siendo alcalde y triunfa, no, sino de cómo se sobrevive a haberlo tenido todo e ir cayendo en un abismo autodestructor. Además, evidenciado en el momento que ni le dejan presentarse de nuevo a alcalde desde su partido. Y todo eso con el gran proyecto, su objetivo, a mitad hacer, no sabiendo qué pasará. Ahí es donde la apuesta es fuerte, pero es que lo es porque viene de una realidad. Muchas veces nos empeñamos en hacer que nuestros “héroes” intenten superar todos los obstáculos, y ser “paradigmáticos” a lo Syd Field, pero eso es una estructura, no la panacea. Es interesante explorar la realidad, no defraudarla. Preguntas cómo ¿Qué pasó realmente con ese alcalde? ¿Cómo fue ese pozo de las viviendas sociales? ¿Cómo fueron el resto de alcaldes?, etc, te hace replantear cómo contamos siempre las historias en un continuo pata-pata-pata (primer-segundo-tercer acto con sus dos clímax bien puestitos). Dejemos de dar la murga con las estructuras perfectas y oigamos lo que la realidad nos quiere contar.

4. Trabaja desde la emoción

Otro de los hallazgos es que los personajes de Simon nunca son psicologistas, es decir, no parten de cambios emocionales que replantean su vida, los cambios en sus ficciones son de mentalidad, son profundos, de moral, son casi dignos de filosofía, pero bajada a la realidad. Simon, como lo era Brecht, le interesa, no tanto sufrir y empatizar con los personajes, sino más bien concienciar sobre lo que les pasa. Tal vez esta reflexión va más allá y daría para otro post más profundo (¿Tiene el guionista ideología? ¿Cómo eso impregna su escritura y sus personajes? Yo siempre me remito a dos ejemplos recientes: el cine de Pablo Larraín y el de Paolo Sorrentino), pero lo que creo que podemos extraer de Show me a hero es la capacidad que tienen las ficciones para trabajar en ideas desde las emociones, desde verdades dolorosas, y desde los actos de los personajes y cómo esto ayuda a sus cambios de conciencia. No se trata de reír o llorar con ellos. Es entenderlos.

5. Encuentra tu secuencia franquicia. 

Tal vez esto sea algo más personal, pero creo que los guionistas debemos crear secuencias que contenga el poso de la historia en apenas unos minutos. Mi compañero Iván Escobar las llamaba “secuencias franquicia” (creo que no solo él) y Simon hace esto magistralmente. Todo se resume en una secuencia joya para mí: en el último capítulo, un chaval negro sale a su porche para acariciar a los caniches de la señora que los pasea y que lleva días haciendo que caguen en su parcela (a la señora, como a muchos vecinos, no les gusta que en su barrio haya viviendas sociales). Y la señora para y deja que acaricie a los caniches. Ese gesto, ese momento, define el profundo conflicto que Show me a hero guarda.

Seguro que vosotros veis más ideas, reflexiones, extraéis más datos de la serie. Yo tengo que reconocer que me ha enganchado, como han hecho últimamente The night of o Angels in America, aunque sea una serie de los noventa. Pero si pienso sobre Simon y sus ficciones siempre lanzo la caña a las lecturas de Stendhal, Dickens, Zola o Balzac en la facultad, todo está ahí.

Espero vuestras aportaciones sobre lo que os sugiere esta ficción u otras similares de HBO. Ahora que han llegado, que nos dejen contar esas historias en Móstoles, Cazorla, Benetússer o Reus. Sería una fantástica noticia.

Tráiler:

https://www.youtube.com/watch?v=0FPIflcWIOk


SEMINCI 2016: ENTREVISTA A EDUARD CORTÉS

28 octubre, 2016

Entrevista y fotografías de Àlvar López y Carlos Muñoz Gadea

Eduard Cortés es uno de los guionistas (junto a Piti Español) de Cerca de Tu Casalargometraje presentado dentro de la sección Spanish Cinema de la 61º edición de la SEMINCI que cuenta con una particularidad evidente desde la misma base del guión: se trata de un musical sobre desahucios. Precisamente con Eduard pudimos charlar para saber cómo surge este proyecto y cuáles son las particularidades y fases de escritura que atravesó el largometraje.

IMG_0559.JPG

Suponemos que lo primero que surge en este proceso creativo es la idea de querer hacer un largometraje musical que hable sobre desahucios. Desde este punto de origen, ¿cómo es el trabajo de construcción del guión?

Lo que tenía muy claro es que la historia que me interesaba contar era la de una familia joven con una hija donde ambos padres están en el paro por la crisis. A partir de ahí, quería contar todo el periplo que se inicia cuando los tiran de casa, pero sobre todo lo que viene a partir de ese momento. Me parece que si hay algo distintivo de los conflictos sobre desahucios de este país respecto a otros países es no tanto lo que ocurre hasta que te echan de casa, sino lo que ocurre después de que te echen, que creo que es cuando realmente empieza la travesía del desierto.

A partir de este punto lo que hice fue entrevistarme con personas que habían sufrido lo mismo que la protagonista de la película con tal de articularlo todo en función de la realidad, intentando ficcionar lo menos posible. Desde el inicio contaba con las canciones para alejar, por decirlo de alguna manera, la película de un telediario, pero a su vez tenía mucho interés en que la historia fuera muy real, que estuviera poco intervenida por la trama o por giros dramáticos que podían hacernos ilusión. Queríamos alejarnos de esto, mantenernos muy sobrios.

Es un trabajo que queda presente al ver la película, que no se trata de un guión con giros, sino que parece que lo que se pretende es plasmar la realidad de manera sencilla.

Lo que pretendíamos, si bien no se puede hablar de giros, era dotarla de singularidad a través de la parte musical y no de la argumental, digamos. Me parece lo más característico del proyecto. Normalmente los guiones los escribo con Piti Español, y es cierto que cuando nos empezamos a plantear todas estas cuestiones, todas las opciones que teníamos para contar la historia, surgieron multitud de posibilidades que fueron deambulando incluso por géneros diversos. Pero siempre me quedaba la sensación de estar frivolizando el tema, de estar llevándolo a un lugar que no era el que queríamos, por lo que volvimos a esa sencillez argumental donde los puntos más climáticos venían marcados por la música y no por giros.

Por tanto, todas las tramas y personajes que surgieron fueron en pos de esa búsqueda de la realidad, ¿no?

Sí. De hecho, en algunos momentos teníamos tramas y personajes mucho más estridentes, al inicio sobre todo, por lo que para quedarnos con la esencia hicimos mucho trabajo de pulir. Se trató de un proceso en el que queríamos llegar al punto de conseguir no utilizar la película para, por decirlo de algún modo, exponer nuestra brillantez, sino más bien intentar escribirla desde un lugar más humilde. Entiendo que en un momento determinado la sensación que puede dar la película es de estar poco trabajada desde el guión, o que podríamos haber hecho más, pero la realidad es que hicimos mucho, mucho más, de lo que sale en el guión final, puesto que el trabajo siempre estuvo orientado a simplificarlo al máximo.

Es que precisamente, quizá para conseguir la sencillez, la simplificación, debes conocer bien tu historia, haberla trabajado mucho para saber qué es lo que puedes quitar.

Exacto, esa es la manera de llegar al núcleo. Hay veces que tenemos mucho interés en que se vea el guión, que esté presente, pero en ocasiones debes esconderlo. En ocasiones, conviene que la gente tenga una percepción de que hay poca intervención por parte de la ficción, por parte del guionista. A veces interesa más conectar con la realidad, y en este caso en concreto cualquier intervención aparatosa por parte de nosotros como guionistas hubiera ido en contra de esa realidad.

Hablaríamos de no pensar la historia partiendo de la base de que hay que buscar giros interesantes por guión, sino buscar la manera más sencilla de contar la idea que quieres transmitir.

Efectivamente. Cuando tienes el contacto con la realidad en un caso como este, que no deja de nutrirte de conflictos dramáticos muy potentes (aunque a fuerza de repetirse parece que nos hemos acostumbrado a que estas cosas ocurran), hay que hacer lo posible para no alejarse de ella.

Hace unos años, antes de que empezaran los desahucios, si contabas la historia de una familia que echaban de casa, iba a vivir a casa de los padres de ella y también corría el riesgo de que perdieran esa casa por culpa de un sistema que los acorrala y  los lleva a un callejón sin salida, eso habría sido un argumento muy estridente. Hoy en día lo tenemos más interiorizado, es nuestro día a día, pero con el argumento en sí, con los personajes que intervienen, sobra para poder contar una historia, no hace falta añadirle más. Lo que hacemos nosotros es un recorrido por este suceso, por todos los personajes que giran en torno al desahucio, y todos tienen su propio drama.

¿Y cómo fue la construcción de estos personajes para buscar su propio drama sin caer en los tópicos, en la separación de buenos y malos?

Precisamente, una cosa que no queríamos hacer era una película maniquea, de buenos y malos. Nos parecía infantil, por definirlo de alguna manera. Cuando estuve en algún desahucio y veía a la policía, por ejemplo, no veía robots, veía personas de carne y hueso que posiblemente, algunos de ellos, tendrían hijos de la edad de las familias a las que desahucian. No sé qué tipo de impermeabilidad debes tener para que sacar a una niña como tu hija de una casa y dejarla en la calle no te afecte, por muy bruto que seas. Entonces, si consigues establecer un poco de empatía con todos los personajes te das cuenta de que finalmente algunos de ellos están arrepentidos de ser policías si lo que tienen que hacer es ese tipo de cosas. Supongo que hay de todo, pero al menos para mí está muy claro que esa realidad, ese arrepentimiento, existe. Al buscar información no tardé en descubrir que muchos de ellos pedían el cambio de departamento. Y lo mismo con los banqueros, que pedían el cambio de oficina, porque en ocasiones se encontraban machacando con la hipoteca a vecinos que conocen de toda la vida, y eso lo llevaban fatal, cómo no. Por tanto, entiendo que en cierto modo esa gente es también víctima del sistema en el que viven.

Entiendo que tengamos una imagen de la ley como un ente implacable, abstracto y difícil de localizar, pero un policía, un individuo, es más sencillo de localizar. Si bien yo no escogería esa profesión, entiendo que un policía es una persona normal, que siente. Por otro lado, a nosotros la policía también nos brinda seguridad, y confiamos que aplicará la justicia. Es cierto que no es lo mismo la policía antes y después de la Ley Mordaza, por ejemplo, pero vuelvo a lo mismo: entiendo que el problema no es el individuo, sino la aplicación que se ven obligados a hacer de ciertas leyes. Pero por lo demás, pienso que es gente que al llegar a su casa hace vida normal. Podré identificarme más o menos con su ideología, pero entiendo que en su esencia son igual que yo. Aman, se desesperan, lloran de felicidad. Y eso es algo que me parecía importante mostrar.

MV5BZTExYTdhMDYtNGRkMy00NDczLThhNDItZGY0N2QyN2Y2YTk5XkEyXkFqcGdeQXVyMTA0MjU0Ng@@._V1_SY1000_CR0,0,699,1000_AL_.jpg

Cartel promocional de la película

¿Y esta falta de diferenciación entre buenos y malos era algo que siempre estuvo presente desde la primera versión de guión?

Sin ninguna duda. La idea de un policía que se cuestiona la validez de los desahucios, pero ya no desde un punto de vista filosófico o moral, sino desde la misma emoción, desde la posibilidad de que empatice con la gente que está echando, siempre estuvo presente. Además, a nivel narrativo, creo que este enfoque puede darle un interés extra a la historia, porque no nos centramos en la visión simplista de los personajes que tienen que ver con el desahucio puro y duro.

¿Cómo funcionáis para evitar caer en este tipo de clichés? 

Normalmente lo que hago con Piti es no escribir durante los dos primeros meses del proyecto. Solo hablamos, mucho. Día sí día no nos vemos en una cafetería de Barcelona que nos encanta, y hablamos, sin papel ni boli de por medio. Al cabo de dos meses, de todo lo que hemos hablado hay algo que por su propio peso ha cogido consistencia, que no lo olvidas. De hecho, si no nos acordamos es porque no era tan importante. Lo esencial siempre lo recuerdas. Es verdad que quizá algún pequeño mecanismo se te puede olvidar, pero en general, hasta que no tenemos algo muy sólido no nos ponemos a escribir. Entonces, durante estas conversaciones surge todo lo que queremos hacer y sobre todo lo que no queremos hacer. En esas conversaciones a veces surgen cosas, sin darte cuenta, que no te gustan, y es en ese momento cuando lo hablamos: “oye, que este no es el camino”.

Cuando haces un guión, siempre te cuestionas si tiene sentido o no hacerlo. Para mí, ese es el gran drama. Empiezas a pensar una película, te ilusionas con ella, y en un momento determinado te preguntas si a alguien le va a interesar lo que estás explicando. Ese es el gran momento de crisis para mí. Luego puede haber otras crisis sobre ciertos personajes o escenas, pero en todos los guiones que me ha tocado escribir he pasado por esta crisis general. ¿Alguien querrá ir al cine a ver esta historia? Cuando te haces esta pregunta, que es atroz, puesto que hay muy pocas ideas que soporten esta pregunta, debes pararte un momento y reflexionar lo que quieres contar, porque si no existe la tendencia a crear cosas que acaban siendo clichés pero que puedes pensar que son necesarias para que el espectador quiera verte. “Esta es la historia de un tipo al que desahucian y entonces mata al banquero”. Si caes en ese tipo de concesiones, al final lo acabas pagando muy caro, porque te puedes alejar de lo que quieres hacer. Por tanto, de vez en cuando es imprescindible recular y reflexionar sobre si realmente estás haciendo el guión que te gusta a ti o si está cayendo en ciertos clichés. Aunque he de decir, no obstante, que esas exploraciones son buenas. De vez en cuando, no ir tan programado va bien para vacunarte contra ciertas cosas.

Claro, sería un poco el proceso de dejarse llevar en algún momento para ver lo que surge, y luego ver qué es lo que te interesa y qué no.

Sí, eso es. Por ejemplo, en este caso yo contacté con Silvia Pérez Cruz desde el mismo inicio de la idea, puesto que sabía que la quería a ella. Como no es actriz, era evidente que no podía dejar su trabajo para el día de los ensayos. Cuando llegara ese momento, ella debía conocer perfectamente el guión, para saber qué se quería conseguir en cada situación. Pues bien, ella alucinaba con la cantidad de guiones similares pero a su vez distintos que hubo en ese proceso. Igual hay guionistas que lo tienen muy claro desde el principio, pero ni Piti ni yo trabajamos así. Nosotros construimos y derrumbamos constantemente, teniendo claro de entrada qué tipo de película queremos hacer, eso sí. Pero desde este punto sí, haces muchos recorridos de ida y vuelta.

Ya lo has mencionado antes por encima, ¿pero cómo os planteasteis la introducción de las canciones dentro de la narración?

Lo que no queríamos era que las canciones formaran parte de la acción dramática de la escena. Me gustaba la idea de que las canciones reflejaran el estado anímico de los personajes cuando este llega a un extremo, por lo que la música subraya emocionalmente el momento. Por tanto, era importante detectar dónde estaban esos momentos dentro de la narración, y era muy importante también que Silvia los entendiera para que pudiera trabajar las canciones, puesto que ella ha hecho tanto la música como la letra.

Por otro lado, en cierto modo también habéis seguido la estructura de musical a la hora de construir el guión, ¿no? Empezáis con una melodía que se repite en ciertos momentos, por ejemplo. ¿Es una decisión de guión o surge en el montaje?

Venía desde el guión, si bien fue una de las últimas cosas que incorporamos. Lo que hicimos fue crear un personaje que abriera y cerrara la película con dos consignas distintas. Esto surgió porque, cuando hicimos el teaser de la película, Silvia compuso una nana. Reflexionando sobre este tema, sobre el por qué de la nana, llegamos a la conclusión que nos podía servir muy bien para reflejar el estado de letargo de todos, ese “duérmete” que se repite al inicio, si bien al final de la película esa misma melodía invita a despertarse, a ver la realidad de una manera más combativa. Creo que es un elemento muy estilístico de esta película, que además tiene mucha conexión con el típico narrador del género musical.

IMG_0571.JPG

Parece que surja de manera natural, sí, que la conexión entre actos venga dada por un personaje, o por una melodía, en el caso de un musical.

Sí, además incluso a nivel de puesta en escena esto se tiene en cuenta. Empezamos con un plano que tira hacia atrás desde un primer plano, y acabamos con el plano inverso. En algún momento de la película hemos pasado de dormirnos a despertarnos, es un poco el concepto estilístico que tiene mucho componente musical y que ya venía dado desde el mismo guión, puesto que aquí las cosas se abren y se cierran, es un componente narrativo que sí que es cierto que en la vida real no ocurre de manera tan clara, tan redonda.


SEMINCI 2016: ENTREVISTA CON MIGUEL DEL ARCO

26 octubre, 2016

Entrevista y fotografías de Àlvar López y Carlos Muñoz Gadea

El director y dramaturgo Miguel del Arco se estrena en la escritura de largometrajes con Las Furias, que inauguró este año la 61ª edición de la SEMINCI. La película, enmarcada en la Sección Oficial, es una de las dos candidatas españolas que competirán por la Espiga de Oro.

lf_emilio_pereda_paola_ardizzoni_237_5991.jpg

Miguel del Arco, a la derecha, junto con los actores Gonzalo de Castro y Alberto San Juan. / Cortesía de Wanda

Nos ha sorprendido el equilibrio que respira todo el rato la película entre el drama y la comedia. ¿Cómo trabajas esto en el proceso de escritura?

Esa mezcla de tono me sale sola. Está presente en casi todos mis trabajos como autor y como director. Algunos productores se asustan cuando se encuentran con algo así porque necesitan poder etiquetar lo que tienen entre manos. Si no lo ven meridianamente claro aparecen los comentarios sobre la falta de claridad del tono que el autor propone, el público al que se dirige, el target (un término que me produce urticaria), etc. Sin embargo esa mezcla no es nada original. Es la mezcla (obscena) que tiene la vida y que Shakespeare, por ejemplo, consigue, de manera genial, plasmar en toda su obra: la emoción tras el relato de la muerte de Ofelia queda truncada con la aparición de dos enterradores que parecen haberse escapado de una sitcom. Para ellos la muerte es el pan de cada día. Esa mezcla me fascina. Siempre trato de buscar, como autor y como director, el humor en la tragedia y la tragedia del humor. Esos toques que convierten a Hamlet en un humorista y que hacen que Primera Plana también contenga el aroma de la tragedia de un condenado a muerte.

Solemos preguntar a los guionistas que entrevistamos si en su caso vino primero la trama concreta o el tema más general de la película. ¿Cuál ha sido el orden en la escritura de Las Furias?

Tenía claro que iba a hablar sobre la familia y por eso el tema estaba claro desde el principio. La familia es el universo que todos compartimos y que encierra todas las emociones que van de la vida a la muerte.

las_furias-880134140-large.jpg

Cartel promocional de Las Furias

Se nota, puesto que es una película que busca el equilibrio entre una trama que sorprende al espectador a la vez que cuenta con un tema presente a lo largo de todo el film. ¿Cómo encuentras este equilibro?

En este caso, creo que desde el profundo conocimiento de los personajes. Tenía claro que iba a ser una película coral y conscientemente no quise elegir un protagonista cuando comencé a escribir. La familia es precisamente la necesidad de buscar el equilibrio entre mucha gente muy diferente que está obligada a entenderse para vivir. Todos queremos ser protagonistas y que nuestra vida sea lo mejor posible. A veces ese deseo entra en colisión con el deseo de los demás y nos vemos obligados a ceder o tratamos de imponer nuestra voluntad. Me interesaba investigar sobre esa pugna. Por eso antes de comenzar a escribir el guión estuve mucho tiempo entrevistando a los personajes, una técnica que me recomendó mi amigo y compañero Alfredo Sanzol. Tengo páginas y páginas escritas en las que mis personajes contestaron las preguntas que yo les fui formulando casi como si fuera su biógrafo familiar. Esto me hizo conocerlos íntimamente y me permitió descubrir diferentes puntos de vista sobre los mismos acontecimientos y las contradicciones de unos y otros.

Si bien es tu primera película, tienes mucha experiencia como dramaturgo. ¿Cuáles son, para ti, las diferencias entre la escritura teatral y la cinematográfica?

Hasta hace muy poco mi parte de director era quien marcaba el ritmo y la técnica de la escritura. El escritor se plegaba de alguna manera a lo que el director ideaba o imaginaba. Recientemente, durante la escritura de un texto teatral que dirigiré en primavera en el Centro Dramático Nacional y que se titula Refugio, he conseguido hacer callar al director. Por primera vez, el autor ha propuesto cosas que el director no sabe cómo va a solucionar. Me da un poco de vértigo pero me ha gustado dejarme ir. Dicho esto, no tengo muy claro cuál es la diferencia entre el guionista y el dramaturgo. Las historias aparecen y demandan un camino para ser narradas. No tengo una fórmula fija ni un método determinado. Las Furias empezó con la decisión de hablar de la familia, de ahí pasé a las entrevistas de los personajes y a través del conocimiento de estos fue surgiendo la trama. Refugio, sin embargo, partió después de una revisión del Teorema de Passolini, la llegada de un extraño que modifica a los miembros de una familia mezclado con un tema que me interesaba: la pérdida de la voz, física y metafóricamente.

lfa_emilio_pereda_paola_ardizzoni_088_925.jpg

Fotograma de Las Furias. / Cortesía de Wanda

A pesar de ser una película bastante coral, podemos decir que el espectador puede sentirse identificado con el punto de vista de la niña, que es con la que nos introducimos en la historia y a la que seguimos, si bien a lo largo de la película también seguimos a otros personajes. ¿Cómo eliges, en el caso de una película con tantos protagonistas y de edades tan diferentes, cuál es el mejor punto de vista para vehicular tu historia en cada momento?

La mirada de María, la niña de la familia, se impuso finalmente como vertebradora de la acción porque a pesar de ser la “oficialmente loca” es la única que mira a los demás con necesidad de entenderlos. Esa empatía creo que es la de cualquier espectador que se sienta en un sala de cine o en un teatro dispuesto a que le cuenten una historia y por lo tanto me parece normal la identificación con ella. Pero no quise tampoco que María se convirtiera en la protagonista. Buscaba que Las Furias fuera una película sobre la familia, no sobre la familia de María. Todos buscan a la vez su lugar en el mundo con sus talentos y sus discapacidades. Todos quieren ser distinguidos como protagonistas. Me gusta pensar que al final es el espectador el que elige a través de cual de ellos quiere mirar a esta familia.


A %d blogueros les gusta esto: