58 PREMIOS NO SON NADA

3 noviembre, 2011

por Sergio Barrejón.

Ayer, Chico Santamano decía que anda como puta por rastrojo y no le daba tiempo a armar un post como Dios manda. Yo ando tan mal de tiempo que AÑORO aquellos rastrojos por los que iba alegremente como puta. Así que imitaré hoy a Chico, si me disculpan, y haré un post de aliño. Un cortapega. Lo que vienen haciendo los diarios nacionales durante los últimos años, vaya. ¡A lo que hemos llegado! Un blog especializado rebajándose a la altura de un diario de pago. En fin…

Lo que voy a contarles me toca de cerca, porque aparte de guionista y director de cortos, también he sido productor ocasional. En 2009, estuve nominado al Goya con un corto que co-escribí y dirigí: EL ENCARGADO.

Si lo hubiera dirigido un año más tarde, no sólo no habría estado nominado: es que ni siquiera me habría podido presentar. Porque tras aquella edición cambiaron las bases de los Goya, y desde entonces sólo podían presentarse cortos que hubieran ganado premios de una selecta lista de festivales… y en unas fechas muy determinadas. Ya hablé del asunto a principios de este año, y no quiero insistirles. Baste con un dato: el corto MARINA, de Álex Montoya, coproducido por un servidor, ganó TRES premios de esa selecta y arbitraria lista… y aun así no pudo presentarse a los Goya. Ni siquiera presentarse. Imagínense lo complicadas que eran las bases.

Este año las han cambiado. A peor, claro. COMO TODO. Bueno, han mejorado algunas cosas… y han empeorado sensiblemente otras. ¿Por qué? Entre otras cosas, porque en la Academia no hay un vocal de Cortometrajes. Y creo que con eso lo digo todo. La tremebunda cantidad de premios y reconocimientos internacionales que reciben cada año los cortos españoles no parecen hacer la más mínima mella en los señores académicos. Por no hacer, ni siquiera invitan a unirse a la Academia a los directores de los cortos galardonados con el Goya. Bien mirado, todo estos errores son previsibles en una institución donde abundan respetables cineastas que no ven cortos, que no entienden los cortos, y que no empezaron su carrera haciendo cortos.

El último damnificado de este desbarajuste lamentable es DULCE, dirigido por Iván Ruiz-Flores. Ha recibido, agárrense, 58 premios por todo el mundo. Es el cortometraje español más premiado de 2011. Pero a la Academia eso se la bufa. No se puede presentar. Vuelva usted mañana. Les dejo con la nota de prensa que ha publicado su productora. Que tengan un buen día.

 

El amargo caso de Dulce

 El cortometraje español más premiado del año, que acumula, desde su estreno el pasado mes de marzo, 150 selecciones y 58 reconocimientos, en su gran mayoría internacionales,no cumple las bases para poder presentar su candidatura a la 26 Edición de los Premios Goya.

 La cinta, escrita y dirigida por Iván Ruiz Flores y producida por AniuR Creativos Audiovisuales, ha sido premiada recientemente por Francis Ford Coppola, y reconocida también por respetados Jurados Internacionales entre los que destacan los nombres de Ridley Scott, Paul Verhoeven, Robert Rodríguez, Miranda Richardson, Charlote Rampling o Rutger Hauer.

 

A pesar de ser Dulce el cortometraje español más premiado en el año 2011, este trabajo no cumple las bases específicas para poder presentar su candidatura a las Premios Goya 2012 para películas de cortometraje.

La injusta situación que atraviesa Dulce y otros tantos trabajos de diferentes autores en similar circunstancia, que tampoco pueden presentar su candidatura, pone en evidencia el desinterés con el que están redactadas las citadas bases, que parecen más encaminadas a que la Academia reciba la mínima cantidad posible de cortometrajes que a valorar la calidad de los trabajos realizados.

 

MODIFICACIONES DEL REGLAMENTO

 Aceptación de cortometrajes en formato digital

La primera gran modificación consiste en la apertura de las presentes bases a cortometrajes en formato digital, medida que desde AniuR aplaudimos.

Entendemos, aunque ni mucho menos compartimos, que esta apertura haya provocado una restricción en las normas. Sin embargo, dicha restricción no puede hacerse, a nuestro juicio, de forma tan improcedente.

 

Selecciones Internacionales

Por ejemplo, en las bases de la edición anterior tan solo era necesaria una selección internacional para poder presentar el trabajo.

El reglamento de las actuales bases, sin embargo, exige haber sido seleccionado o ser ganador de uno de los quince Festivales Internacionales, no celebrados en España, que aparecen publicados en el listado en la página web de la European Film Academy (www.europeanfilmacademy.org).

De un año a otro las exigencias han aumentado considerablemente en lo que a participación internacional se refiere, a la vez que han quedado excluidos un sinfín de Festivales Internacionales de importancia que se celebran dentro y fuera de Europa.

 

Festivales Nacionales

Por otro lado, en las bases de esta edición se mantiene la exigencia de haber participado y ser ganador de uno de los principales premios en el mismo listado de festivales celebrados en España que aparecían en la edición anterior.

 

PARADOJAS QUE EL REGLAMENTO PERMITE

 El citado reglamento permite que un cortometraje que haya ganado tan solo un festival de ámbito autonómico, como, por ejemplo, y no tenemos nada en su contra, el de Cans – incluido en el listado de la Academia de Cine – pueda presentar su candidatura a las Premios Goya 2012 para películas de cortometraje. Mientras tanto Dulce, que atesora más de 50 premios internacionales, y otros trabajos en parecida situación no gozan de ese derecho.

Cabe preguntarse entonces cuál ha sido el criterio con el que se ha elaborado el listado de los Festivales españoles señalados por la Academia de Cine y, sobre todo, cuál ha sido el criterio a la hora de redactar las nuevas bases para películas de cortometraje.

 

 SOLUCIÓN PROPUESTA

 En CARTA ABIERTA a la Junta Directiva de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográfica de España, con fecha 6 de septiembre de 2011, firmada por el guionista, director y productor del cortometraje “Dulce” Iván Ruiz Flores, hemos demandado una respuesta explicativa de la amarga realidad referida en esta nota y  ofrecido en su nombre una propuesta concreta, sencilla y de fácil aplicación.

Opinamos que debería añadirse en las bases un punto en el que se especifique que también podrán presentarse a concurso los trabajos que hayan obtenido un número determinado de premios y/o selecciones nacionales e internacionales, estableciendo el número de premios y/o selecciones que dieran acceso a que el cortometraje pudiera ser inscrito. Esta medida impediría que cortometrajes españoles con una gran trayectoria se quedasen sin el derecho a poder ser presentados.

 

RESPUESTA POR PARTE DE LA ACADEMIA

La respuesta recibida refiere que “La Junta Directiva de la Academia ha estimado que aunque el corto reúne cualidades creativas de gran valor, el reglamento de participación para los Premios Goya, editado y publicado con fecha 7 de junio de este año es muy claro en las condiciones de admisión de trabajos para esta categoría. La búsqueda de criterios objetivos para la selección y sobre todo, el principio de seguridad jurídica, hacen que una vez que la Junta publica las bases de participación, estas deben mantenerse durante todo el proceso, con el fin de permitir a todos los participantes las mismas oportunidades”.

En su misiva La Academia se muestra “receptiva de las sugerencias para ir mejorando cada año los reglamentos de participación”, manifestando a su vez que si tenemos interés en hacerlas, “las estudiará para las ediciones siguientes”.

Respuesta esta que consideramos previsible y triste para el equipo de Dulce y para otros tantos cortometrajistas cuyos trabajos por las mismas razones aquí referidas no serán admitidos para concursar en la XXVI edición de los Premios Goya. La búsqueda de criterios objetivos a la que hace referencia esta respuesta- y que, a nuestro juicio, brilla por su ausencia –  debería haberse tenido en cuenta a la hora de redactar las bases y no en este momento.

Con el deseo de que esta noticia tenga la mayor difusión posible y con la esperanza de una futura mejora en el citado reglamento en beneficio del cortometraje español, sus protagonistas y su público, esta Nota de Prensa la firmamos, de común acuerdo, el equipo del cortometraje Dulce.

 

FIRMADA POR:

 

Pedro Peña, actor.

Fely Manzano, actriz.

Nuria Martinez y Raúl Martín, padres de la actriz Miriam Martín.

Yolanda Reyes, madre del actor Santiago Díaz.

Iván Ruiz Flores, guionista, director y productor.

José Luis Martínez Muñoz, ayudante de dirección

Álex Bolumar, script y montador.

Antonello Novellino (Dpto. de dirección y de producción).

Orisel Gaspar, directora de casting.

Chello Gil, ayudante de casting.

Lolo Moldes, autor de la Banda Sonora Original.

Laura Barbed, directora de producción.

Susana Sánchez, jefa de producción.

Ana Laguarta, directora de arte.

Cristina Bonillo, ayudante de arte.

Mapy Hernández (Dpto. de arte).

Carmelo Barberá, director de fotografía y posproducción.

Pablo Macías, operador de cámara.

José Luis Ruiz Novella, ayudante de cámara.

Nadia Reyes, auxiliar de cámara.

Jano García Prendes, jefe de eléctricos.

Jaime Lardiés, responsable de sonido directo.

Santiago Lorigados, edición y posproducción de sonido.

Jaime Fernández Sánchez, mezclador de sonido.

Almudena Laborda, responsable de vestuario.

Eva Vegas, responsable de maquillaje y peluquería.

 

PARA MÁS INFORMACIÓN, NO DUDÉIS EN CONTACTAR CON NOSOTROS.

AniuR Creativos Audiovisuales

prensa@aniur.es


FIRMAS INVITADAS: SERGIO BARREJÓN

13 enero, 2011

Sergio Barrejón es guionista de series como Amar en Tiempos Revueltos y La Señora, y estuvo nominado al Goya por su cortometraje El Encargado. Recientemente, ha producido cortos como ¿Quién está ahí?, de Alejandro Pérez, o Llámame Parker, de Peris Romano.


GOYAS 2011: INJUSTICIAS LAS JUSTAS

Anteayer se conocieron por fin las nominaciones a los Goya. Como dicen ahora en los periódicos, “el asunto cobró gran relevancia en las redes sociales”. Quisiera compartir aquí algunas de mis impresiones al respecto, y comentar también las discusiones que mantuve ese día por Facebook y por email con algunos amigos y compañeros.

YO VOTO A MIS AMIGOS

Muchos cortometrajistas han tenido reacciones negativas ante las nominaciones. Algunos de ellos critican razonadamente el sistema de selección, que la Academia cambió hace poco (el anterior también fue muy criticado). Otros, quizá menos razonadamente, se han indignado mucho por el supuesto amiguismo que rige el proceso. Curiosamente, suelen rematar estas críticas lamentando que no hayan nominado los cortos de sus amigos.

Y es que, como demuestra ese doble rasero, el amiguismo existe. Pero no tiene las características de gran conspiración que algunos le atribuyen. ¿Por qué? Muy sencillo. Porque todo el mundo tiene amigos. Y, según mi experiencia, uno no apoya determinada obra porque es de un amigo. El proceso es totalmente contrario: en esta profesión, uno tiene a frecuentar la compañía de aquella gente cuyo trabajo admira. (Lógico, no vas a arrimarte a los que consideras patanes.) O sea, son tus amigos porque les votarías.

Y bueno… no puedo hablar por los demás, pero aunque las obras de mis amigos en general me gustan, no apoyaría cualquier mierda que pudieran presentar a un concurso sólo porque sean mis amigos. En primer lugar, porque uno tiene muchos amigos, y porque, como he dicho, uno tiende a sentir simpatía por la calidad. Así que, entre una mierda firmada por un viejo amigo, y una maravilla firmada por un desconocido, la elección suele estar clara. Optar por la calidad, y tratar de tomarse una caña con ese desconocido. Puede ser el principio de una hermosa amistad.

LA DEMOCRACIA ES UN SISTEMA IMPERFECTO

Muchas críticas parecen provenir de una creencia equivocada, según la cual la Academia de Cine emite, con las nominaciones, un veredicto, basado en un criterio institucional. Como si fuera el fallo de un jurado. Y no es así. Las nominaciones (y los premios) son el resultado de la suma aritmética de los votos en un proceso electoral democrático. Esto no significa que no se puedan criticar. Pero no es serio decir cosas como “siempre salen los mismos” o “la Academia ningunea a las películas pequeñas”. En el Congreso de los Diputados también salen siempre los mismos y a nadie le parece sospechoso. Puede ser lamentable, pero es la voluntad de la mayoría. Volviendo a la Academia, un rápido vistazo a los resultados de años anteriores demostrará inmediatamente que:

a) Varias películas pequeñas han ganado premios importantes.

b) Los directores y productoras nominados varían significativamente de un año a otro.

Pero sobre todo, hay que tener en cuenta, y parece que es necesario insistir, que la Academia no decide de manera conjunta. Son el conjunto de los académicos, de manera secreta e individual, los que han apoyado determinadas candidaturas. Y la suma aritmética de votos es la que decide las nominaciones (y los premios). Por tanto, quejas del tipo ¿De verdad se merecía Balada 15 nominaciones? son, de nuevo, equiparables a ¿De verdad se merecía CiU sacar 10 diputados? Probablemente la respuesta sea “no”, no lo sé. Pero difícilmente se le pueda pedir cuentas a nadie por separado.

Y a mi modo de ver, si alguien ningunea a las películas pequeñas, no es la Academia, sino… la vida. Los estudios sobre evolución de las especies tiene más que enseñarnos a este respecto que cualquier reflexión paranoica sobre las supuestamente corruptas estructuras de poder que rigen el cine español. Las películas pequeñas son pequeñas, y pequeñas se quedarán, salvo unas pocas excepciones. Igual que raramente un chihuahua podrá hacerle frente a un dogo.

Excepcionalmente, una película pequeña, sin apenas promoción, puede convertirse en el éxito de una temporada (véase Tesis) o alzarse con el Goya a la Mejor Película (véase La Soledad). Pero lo lógico es que las especies grandes y más agresivas sean preeminentes. Esto, creo yo, no es justo ni injusto. No ha lugar ninguna valoración moral al respecto. Sería injusto e intolerable que no se pudieran presentar las películas pequeñas. Sería sospechoso que nunca obtuvieran nominaciones las películas pequeñas. Pero no es el caso.

Hay que tener en cuenta cómo funciona la Academia, quiénes son sus miembros, y cómo funciona la industria. Una gran producción contrata a muchísima gente: técnicos, actores y empresas de servicios. Es lógico que para hacer El Orfanato o Las 13 Rosas necesites cinco veces más técnicos y más actores que para hacer La Soledad. Es lógico que los técnicos y actores voten a la película en la que han trabajado. Es lógico que logren apoyos por simpatía entre sus amigos y asociados. Es, por tanto, de pura lógica que obtengan muchas más nominaciones las grandes producciones que las pequeñas. Y es evidente que tienen más probabilidades de ganar los grandes premios.

Y aun así, La Soledad ganó Mejor Película y Mejor Dirección, en el año en que competía con El Orfanato y Las 13 Rosas. Porque el sistema no impide esas cosas. Como todo sistema, es imperfecto y discutible, pero ni es radicalmente injusto (al menos, no más que cualquier otro sistema democrático) ni está necesariamente corrompido (al menos, no más que cualquier otro sistema democrático).

ES MUJER, ES JOVEN Y TIENE ÉXITO: A ALGUIEN SE LA HABRÁ CHUPADO

Como suele ocurrir, entre la gente que se rasga las vestiduras por la supuesta actitud reaccionaria de la Academia, hay quien exhibe rasgos de una insultante ranciedad. Por ejemplo, abundan las alusiones machistas a la nominación de Carolina Bang como Mejor Actriz Revelación. Según ciertos comentaristas, esta nominación se debe única y exclusivamente a la relación sentimental (pública y notoria, por cierto) que la actriz mantiene con Álex de la Iglesia, a la sazón Presidente de la Academia.

Dejando de lado el hecho de que nadie explica el mecanismo por el que esa relación sentimental se convierte en votos, me parece absolutamente intolerable que los méritos profesionales de una mujer sean puestos en cuestión de manera automática cuando esa mujer mantiene una relación sentimental con un profesional masculino de mayor fama. Puede disfrazarse de lo que quiera, pero eso es puro machismo, más propio de clientes de un puticlub de carretera que de profesionales del cine.

Uno puede suponer que hay una relación estrecha entre el hecho de que Carolina Bang sea pareja de Álex de la Iglesia y el hecho de que Carolina Bang interprete papeles importantes en las películas de Álex de la Iglesia. Pero remitámonos al capítulo del amiguismo. ¿Cuál es la causa y cuál el efecto (si es que los hay)?

Unos querrán ver a un calzonazos que se ve obligado a darle papeles a la putita de turno. Otros querrán ver a un autor que se ha enamorado de una actriz a la que ya consideraba talentosa. Otros, simplemente, verán a dos profesionales de un mismo gremio que trabajan juntos y que, anecdóticamente, son pareja. Para mí, los que sólo sean capaces de ver la primera opción necesitan:

a) Una revisión psicológica urgente.

b) Ser un poco menos cotillas.

c) Follar un poco más.

Desde mi punto de vista, un director como Álex de la Iglesia ha demostrado ya criterio de sobra en la dirección de actores como para poner a quien mejor le parezca al frente de sus películas. Y por lo que a mí respecta, tiene todo el derecho a acostarse con quien le apetezca, siempre que sea mayor de edad y consienta.

De manera que entiendo que la indignación proviene del hecho de que la actriz sea nominada. Aquí deberíamos repasar la lección de la evolución de las especies, que nos enseñaba que las películas grandes tienen muchas nominaciones. Creo que aquí procede aplicar la navaja de Ockham: es mucho más sencillo entender que Balada Triste de Trompeta acapara muchos apoyos por el tamaño de su producción y por su capacidad promocional, que suponer que Álex de la Iglesia va por ahí haciéndole a los académicos ofertas que no pueden rechazar.

Y a los que aún sigan con complejo de peones negros, les invito a investigar sobre casos como el de Francesc McDormand co-protagonizando Fargo (y ganando el Oscar, por cierto), o Lindsay Crouse y Rebecca Pidgeon interprentando papeles clave en House of Games y Heist. Aunque quizá a nadie le interese saber con quién están casados Joel Coen y David Mamet, ni le parezcan sospechosas muestras de nepotismo la contratación de sus respectivas esposas para papeles clave de sus películas. ¿Será tal vez porque estas actrices no son tan jóvenes ni tan atractivas, y por tanto, no hay por qué sospechar que sean putas?

EL PROBLEMA CON LOS CORTOMETRAJES

Como guionista, director y productor de cortos, me interesaban mucho las nominaciones a Mejor Cortometraje. Y concretamente, las nominaciones a Mejor Cortometraje de Ficción fueron muy contestadas.

De hecho, supongo que algunos aún estarán desconcertados porque se haya quedado fuera de la terna de nominados el corto Lo siento, te quiero, de Leticia Dolera. Extrañísimo, tratándose de una actriz joven y atractiva que además es pareja de un director de éxito.

Personalmente, no tengo ninguna crítica hacia las nominaciones. Creo que la mayoría de los nominados son títulos muy dignos. Cierto que se han quedado fuera títulos también destacables. Cierto que yo habría votado por otros cortos. Pero así es la democracia.

Con lo que sí tengo problema es con el sistema de preselección de candidaturas que maneja actualmente la Academia. Dicen las bases:

Podrán concurrir en las distintas categorías todos los cortometrajes españoles, de duración inferior a 30 minutos, con versión en 35mm o 16mm, cuyo certificado de calificación, expedido por el Instituto de la Cinematografía y de las Artes Audiovisuales, o por el órgano competente de las respectivas Comunidades Autónomas, esté fechado entre el 1 de diciembre de 2009 y el 30 de noviembre de 2010.

A esta limitación se añade otra que sólo rige para los cortometrajes de ficción (no para los documentales ni de animación, que por lo visto merecen privilegios especiales), y que consiste en la necesidad de haber ganado al menos “uno de los premios principales” de una lista de 33 festivales nacionales. Y añaden (y con esto termino de citar las bases):

Asimismo podrán participar igualmente aquellos cortometrajes que hayan sido seleccionados en las secciones oficiales de cortometrajes de los Premios de la Academia de Hollywood (Oscar) y de todos aquellos festivales internacionales no celebrados en España.

(El subrayado es mío.)

Pido disculpas por el insportable aburrimiento que habré provocado en más de un lector citando estos anodinos textos. Pero me parecía importante constatar lo que, a mi juicio, es el enésimo capítulo de maltrato que la Academia comete contra el sector del cortometraje.

La combinación de todas estas restricciones produce un efecto totalmente indeseable en el sector, y que este año se concreta en este dato: sólo 55 cortometrajes de ficción han podido presentarse al Goya. Para los que no estén muy informados, aclararé que cualquier festival español de segunda categoría en recibe entre diez y veinte veces más cortos.

¿Y por qué ha ocurrido esto? Muy sencillo: por la falta de conocimiento del sector, por la falta de ganas de conocer el sector, por la falta de autocrítica dentro de la Academia, y por la falta de reflejos a la hora de subsanar lo que, a todas luces, es un error de redacción de las bases.

Y el error es muy sencillo: antiguamente, la única restricción era la fecha de calificación del Ministerio. Es lógico considerar que cada año sólo pueden competir los cortos calificados el año anterior. Pero, al sumar a esa restricción la obligación de ganar en determinados festivales, la ventana se cierra muchísimo. Es de lógica: aquellos cortos que hayan sido calificados en la segunda mitad del año, apenas tienen tres meses para ganar un premio u obtener una selección en un festival extranjero. En la práctica, es casi imposible, porque en un festival, pasan varios meses entre que empiezan a recibir y clasificar los cientos o miles de cortometrajes que les llegan, y el momento en que hacen su selección, y más aún hasta que falla el jurado.

En una palabra, las bases dicen que te puedes presentar si tu corto está calificado entre el 1 de Diciembre de 2009 y el 30 de Noviembre de 2010. Pero la realidad es que si no calificas antes de Junio, tus probabilidades se reducen drásticamente. Y si lo haces más allá de Septiembre, son prácticamente nulas. Y la gracia es doble, porque como ya has calificado en 2010, no podrás presentarte tampoco el año que viene. Y lo de calificar en determinada fecha no es un capricho: si has tenido subvención del ICAA o quieres optar a tener una a posteriori, tienes que seguir los plazos del Ministerio. Que naturalmente no coinciden con losde la Academia. Así que, gracias a esta redacción, si quieres participar en los Goya, tienes que calificar en los seis primeros meses del año… o renunciar a la financiación pública. Más, naturalmente, ganar en esos festivales u obtener selecciones en el extranjero. ¿Esto son unos premios de cine o una gymkana?

Algunos profesionales se pusieron en contacto con la Academia hace meses para comentar esta situación. Y en la Academia reconocieron que era un problema, pero no pudieron (o no quisieron) solucionarlo. La solución era bien fácil: amplíar el plazo de calificación. Pero aparentemente, cambiar una frase de las bases requería de una movilización burocrática inconcebible (y a eso me refiero cuando digo “falta de reflejos”).

Merced a estas bases mal redactadas y a la incapacidad de reaccionar, se han dado situaciones absolutamente ridículas. Voy a citar un par de ellas que me afectaron personalmente, como co-producitor de dos cortos en 35mm que se han quedado fuera:

MARINA, dirigido por Álex Montoya. Tuvimos que calificarlo en Septiembre de 2009, porque habíamos tenido una subvención del Ministerio de Cultura. A esas alturas, ya no teníamos tiempo de presentarnos y ser seleccionados por ningún festival antes de dos meses, no digamos ya obtener un premio”. Después, durante 2010, el corto ganó premios principales en Medina del Campo, en Huelva y en Cortogenia: no uno, sino tres de los 33 festivales de la lista. Pero como estaba calificado fuera de fecha, tampoco nos hemos podido presentar en esta convocatoria.

LA CULPA, dirigido por David Victori. Calificado en Septiembre de 2010, otra vez sin tiempo de ganar nada ni distribuir internacionalmente. Sí que fuimos invitados a estrenarlo en sección competitiva en el Festival de Sitges. Pero recordemos que la Academia sólo admite selecciones en festivales internacionales no celebrados en España. Es decir, podríamos habernos presentado a los Goya si hubiéramos obtenido una selección en el festival de cortos de la aldea más mísera de Magadascar (con todos los respetos hacia Madagascar). Pero una selección en Sitges, uno de los festivales internacionales con más proyección de Europa, no cuenta para nada.

UN PAR DE COMENTARIOS FINALES

Quiero hacer mía la advertencia que escribió en este mismo blog hace unos días el guionista Silvestre García:

Anticipándome a todas las críticas que se basarán únicamente en el hecho de haber recibido una subvención del Estado, quiero posicionarme al respecto. Creo que las subvenciones y los modelos del ministerio son cuestionables, criticables y siempre mejorables. No obstante, las veo necesarias en cuanto representan un impulso, una oportunidad, una “beca” para desarrollar un trabajo.

Y añado: no voy a perder el tiempo intentando convencer a nadie de que las subvenciones son buenas y necesarias. De la misma manera que nadie podrá convencerme jamás de la necesidad de gastar dinero público en organizar corridas de toros. Sólo puedo decir, y que se lo crea quien quiera, que el número de subvenciones que me han sido concedidas iguala aproximadamente el número de subvenciones que me han sido denegadas. En ambos casos, desconozco las causas que han motivado la decisión, ya que siempre que me presento creo hacerlo con un producto digno. En cualquier caso, cuando las he obtenido no ha sido por amiguismo, enchufismo ni por pertenecer a ningún partido (que ni pertenezco, ni creo que sirviera para nada, tampoco).

En segundo lugar, invitar a amigos y compañeros cortometrajistas a abordar este debate con calma. Y sobre todo, a no ver la Academia como un enemigo a batir, ni como un reducto de carcamales endogámicos que sólo saben mirarse el ombligo. La Academia es una más de las instituciones públicas relacionadas con el cine. Tiene una función y una utilidad. Uno puede no estar de acuerdo y mostrarse todo lo crítico que quiera con su funcionamiento, pero hacerlo de una manera taxativa e irrespetuosa no es muy acertado, fundamentalmente porque:

a) La Academia está integrada por cientos y cientos de personas de diversa procedencia. Algunos de sus miembros, inevitablemente, por pura estadística, serán unos soplapollas. Muchos otros, y esto no lo digo por estadística, sino por experiencia, son personas inteligentes, dialogantes y talentosas. Al Presidente no lo conozco en persona, pero por su obra y sus actuaciones públicas deduzco que se le pueden aplicar los tres adjetivos. No hay razón para insultarles sólo porque no hacen las cosas como a nosotros nos gustaría. Tal vez hacer las cosas bien no es tan fácil como parece cuando no eres tú quien tiene que hacerlas. Como no soy académico ni presento nada a los Goya este año (ni el siguiente, me temo), espero que no parezca que estoy barriendo para casa ni haciéndole la pelota a nadie.

b) Hay compañeros en el sector del cortometraje con ideas muy interesantes para mejorar el sistema, pero mal vamos a convencer a nadie de escuchar nuestras ideas si se las decimos a gritos, rematadas por un ¿entiendes, subnormal? Esa estrategia no suele dar resultados serios en ningún ámbito. Como mucho, puede servir para obtener cierta “relevancia en las redes sociales”, que viene a ser el equivalente a arrancar el aplauso del público de un talk-show: un mérito muy relativo.


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