GIMÉNEZ

31 mayo, 2016

Por David Muñoz

Carlos Giménez es el mejor guionista español de todos los tiempos.

Solo que Carlos Giménez no es guionista de cine o de televisión, sino de cómics.

En realidad, más que guionista debería llamarle historietista, ya que suele dibujar sus cómics además de escribirlos . Pero siendo éste un blog sobre guión y no sobre cómic creo que es lícito poner énfasis sobre su labor como guionista.

Si Giménez hubiera escrito películas, o series de televisión, sería un nombre tan conocido entre los lectores de este blog como el de Rafael Azcona (porque… ¿sabéis quién es Rafael Azcona, no?, sino, todos a ver ya por ejemplo sus películas con el director Luis García Berlanga).  Pero Giménez se ha dedicado siempre al cómic, y encima empezó a hacerlo en una época en la que se llamaban “tebeos”, en la que el medio era visto desde la cultura “mainstream” como el hermano tonto del cine*, o como un cine para pobres en el que solo tenían cabida historias no solo infantiles como infantiloides. Además, Giménez ha tenido la desgracia de nacer en España, un país donde se lee poco y en el que aún hoy el cómic está lejos de tener la consideración que sí tiene por ejemplo en Francia.

Antes de seguir, una aclaración: en la primera frase de esta entrada a lo mejor debería haber escrito que, en mi opinión, Carlos Giménez es el mejor guionista español de todos los tiempos. Escribir no es una carrera donde es fácil saber quién es el mejor porque es el primero que llega a la meta,  y seguramente cada uno pensamos que “mejor” significa una cosa distinta. Pero espero que arrancar de forma tan rotunda haya servido para llamar vuestra atención y conseguir que sigáis leyendo.

Porque esa es la intención de esta entrada, que leáis a Giménez. No voy a contaros su vida.  Pero si os interesa saber más sobre él podéis leer esta entrevista* *, o éste artículo.

Aunque creo que tampoco he exagerado tanto con lo del “mejor”.

Giménez ha escrito comedia, ha escrito drama, ha tocado todo tipo de géneros y el resultado han sido casi siempre obras memorables que décadas después de su primera publicación siguen leyéndose.

Nos gustaría creer que no es así, pero la mayor parte de los guionistas solo sabemos bien hacer dos o tres cosas. Muchas veces sin querer acabamos especializándonos en un determinado género, y es raro ver que por ejemplo un guionista de comedia firma de pronto una película de terror (no quiero decir que no pueda ocurrir o que no haya ocurrido; sino que es muy inusual). A ello contribuye que nos pasa un poco como a los actores: que nos acaban encasillando, y si hacemos algo que funciona bien en un determinado registro, lo que nos piden una y otra vez es más de lo mismo. Pero para dominar un nuevo registro hace falta práctica. Es necesario pasar un aprendizaje. Por eso es muy raro ya no solo que un guionista haya escrito distintos géneros, sino que tenga obras destacadas en cada uno de ellos.

Sin embargo, a lo largo de los años Giménez nos ha hecho sufrir y disfrutar, reír (a carcajada limpia, nada de sonrisillas) y llorar.

Encima, es capaz de crear personajes memorables, maneja con maestría el tempo dramático, sus diálogos nunca suenan a falsos, a impostados, sabe ser crudo o sentimental según convenga  y sus historias están cargadas de emoción, importan, perduran.

Además, fue un pionero. A los que empezamos a leer tebeos para adultos en los 80 nos enseñó que los cómics podían ser cualquier cosa, que podían abordar todo tipo de temas, que como medio no eran el hermano tonto de ningún otro y que su única limitación era el talento de su autor. Fue un maestro sin querer, enseñando con el ejemplo.

Aunque si no le leéis, todo lo anterior seguirán siendo solo palabras vacías, halagos que olvidaréis dentro de un rato, en cuanto paséis un ratillo más navegando por Internet. “¿Carlos qué…?”.

Pero como pasa con cualquier autor, no todas las obras de Giménez tienen el mismo interés. En una vida dedicada a los tebeos, son normales los altibajos. Si uno va a una librería y compra lo primero de Giménez que se encuentre, puede equivocarse. Por eso voy a terminar esta entrada con una lista de las que para mí son las obras fundamentales de Giménez; no las mejores, porque cada lector tendrá las suyas, sino las que han sido y son más importantes para mí.

Para no abrumar, he reducido la lista al mínimo. Giménez tiene más obras que merece la pena leer, pero si os interesan estas, seguro que hacéis por descubrir las demás. Y ah, no detallo qué ediciones podéis encontrar porque la verdad es que no lo tengo muy claro. De hecho, de algunas yo tengo varias. Conservo las originales de Papel Vivo y cuando se han ido deteriorando he ido adquiriendo algunas de las más recientes de Glénat o Reservoir Books.

Paracuellos-“Paracuellos”. Una serie autobiográfica en la que cuenta su infancia y la de otros muchos niños en los hogares de Auxilio Social durante la posguerra. Para mí, una obra maestra, sobre todo sus dos primeras entregas. Quizá es la historia que más me ha influido como guionista junto a la novela “El señor de las moscas” de William Golding. Las descubrí cuando tenía 11 o 12 años y en ambos casos sentí que me estaban hablando directamente a mí, que me contaban. En “El espinazo del diablo” de Guillermo del Toro, mi coguionista Antonio Trashorras y yo llamamos Carlos al protagonista en homenaje a Carlos Giménez, e incluimos un par de guiños a “Paracuellos”. Cuando del Toro vino a preparar el rodaje de la película a Madrid, una de las primeras cosas que hizo fue contratar a Giménez, que acabó diseñando varios escenarios, dibujando storyboards e incluso retocando algún diálogo del guión para que sonara más auténtico.

Por lo que sé, ha habido decenas de intentos de llevar “Paracuellos” al cine. Todos quedaron en nada ante la negativa de Giménez a dejar que su obra acabara convertida en algo que no debía  ser.

La autobiografía de Giménez ya fuera de los hogares sigue en “Barrio”, una serie de álbumes que en su momento recuerdo que me decepcionaron un poco. Sin embargo, he vuelto a leerlos hace nada y no entiendo muy bien porque me gustaron menos. Quizá porque su tono no es tan duro (lógicamente), y oscila entre la comedia y el drama. Pero vaya, que están llenos de grandes momentos.

Koolau

-“Koolau el leproso”. Adaptación de un relato de Jack London con un dominio del tempo narrativo y una diagramación de las páginas que a mí sigue dejándome con la boca abierta. A veces he leído que es el cómic más “cinematográfico” de Giménez, cuando en realidad casi todo lo que le hace grande es su brillante uso de recursos propios del cómic. Otra cosa es que evoque una gran película en el cerebro de sus lectores. No sé cuántas veces lo he leído. Una de las cosas que más felices me han hecho en la vida es que me encargaran el prólogo de la edición que editó Glénat.

Los profesionales-“Los profesionales”, o la vida de Giménez en Barcelona ya de veinteañero trabajando en una agencia de Barcelona, la mítica Selecciones Ilustradas de Josep Toutain, dibujando tebeos sobre todo para el extranjero, . Tiene sus momentos tristes, pero sobre todo es muy, muy divertida. Todos los personajes/dibujantes son memorables, y las anécdotas que protagonizan son en su mayor parte hilarantes. El sentido del humor de los personajes a veces puede ser muy cruel, pero Giménez se las arregla para que no dejes de quererles. Y está repleta de verdades como puños sobre las relaciones entre los empleados de una empresa que se dedica a un trabajo “creativo” y sus jefes y las paradojas a las que se enfrentan día tras día mientras intentan cumplir con los encargos sin dejar de soñar con lo que imaginaron ser cuando decidieron dibujar tebeos.

Romances-“Romances de andar por casa”. Si lo lees con menos de 30, lo mismo te parece bien pero no te llega; si lo lees con más de 40 lo más probable es que descubras que es tu vida. Amargo, lúcido, y cargado de verdad de la que duele.

bandolero

-“Bandolero”. O sea: “Historia verdadera y real de la vida y hechos notables de Juan Caballero, escrita a la memoria por él mismo y adaptada a la historieta por Carlos Giménez”. No me gustó cuando lo leí por primera vez, allá por el 90 y tantos. Pero hace dos años encontré la edición de Papel Vivo de 1987 en un saldo, lo compré, volví a leerlo y me impresionó mucho. Creo que es la gran historia del bandolerismo en España. Amarga, realista y lejos de todo romanticismo. El anti “Curro Jiménez”. Si yo fuera un productor todopoderoso, sería la película que haría de Carlos Giménez (y me contratará a mí para escribirla, claro…). Bueno, en realidad, haría esta y “Paracuellos”, aunque, como cuenta en su último cómic (más o menos) autobiográfico, “Crisálida”, me da que después de tantos desengaños Giménez ya no querrá ni oír hablar del tema.

La portada es algo engañosa. Parece una comedia amable, ¿no? Y nada más lejos de la realidad.

La portada es algo engañosa. Parece una comedia amable, ¿no? Y nada más lejos de la realidad.

-“Crisálida”, su último cómic, publicado solo hace un par de semanas, una historia protagonizada no por uno, sino por dos alter egos del autor. Usarlos le permite contar más verdades de las que se atrevería o podría contar si él fuera el protagonista. No quiero explicaros mucho sobre “Crisálida” para no  destripárosla, pero a mí su lectura (por lo que cuenta, por lo que implica, por lo que parece que anticipa) me dejó tan tocado que después me quedé un buen rato sentado en el sofá rumiando el significado de lo que había leído. Quizá porque yo también estoy empezando a ver crecer la crisálida alrededor de mí. Aunque de momento sea solo por el rabillo del ojo.

Leerlo también es la razón por la que he acabado escribiendo esta entrada. Me fastidia que un autor de este calibre, capaz de, con setenta y tantos años, publicar una obra capaz de llegarte de esa manera, no tenga aún el reconocimiento que merece.

Pero según termino de redactarla me doy cuenta de que también he escrito esta entrada porque antes de que sea demasiado tarde quería agradecer todo lo que ha significado Giménez para mí no solo como lector y como guionista, sino también como persona; para rendirle un modesto homenaje y para que antes de que se cierre totalmente la crisálida sepa que para muchos su obra no solo ha sido importante, ha sido fundamental. Que sin él todo habría sido distinto, y, sin duda, peor.

Koolau el Leproso_Gimenez_Esp-020

Una página de “Koolau el leproso”. Una de esas que he estudiado mil veces.

*O peor aún, un género en vez un medio. Cosa que sigue ocurriendo hoy en día, cuando se dice que algo es “muy de cómic”, a menudo lo que quiere decirse es que es como un tipo muy determinado de cómic, de humor o de superhéroes.

**Se la hicimos Antonio Trashorras y yo hace muchos años y apareció publicada originalmente en la revista “U el hijo de Urich”.


NECESITAMOS “CHUCHES”

28 mayo, 2013

Por David Muñoz

Leyendo los comentarios a mi entrada de la semana pasada me ha sorprendido ver que, partiendo de lo que dije sobre que muchos de mis alumnos no terminan de arrancarse con la escritura de un largo, hay quien sostiene algo así como que para llegar a ser guionista de cine poco menos hay que haber escrito un par de guiones de largometraje antes de los 20 años.

Pero si eso fuera así, yo jamás habría llegado a ser guionista.

Cuando hablas con otros guionistas lo primero que descubres es que cada uno hemos acabado dedicándonos a esto de una manera distinta. Sí, hay guionistas que sienten “la llamada” a muy temprana edad y que comienzan a escribir guiones de largo siendo adolescentes (en el caso de varios amigos, se trata de hijos  de padres que ya trabajaban en el cine o la televisión; cosa que no me parece que sea una casualidad), pero también hay muchos ejemplos de gente que de pronto un día a los treinta años prueban a escribir un guión y, tras descubrir que no solo les gusta sino que se les da bien, deciden tirar por ahí.

Eso sí, nadie suele decidir de pronto que lo suyo es inventar historias. Lo habitual es que en el pasado los “neo guionistas” hayan tanteado otras formas narrativas (aunque nunca fueran capaces de terminar algo medio enseñable).

Y no creo que los veteranos hayan hecho más méritos que los neófitos. Ni que tener un pasado u otro condicione que merezcan ocupar o no un hueco en nuestra industria. Eso lo determinarán la calidad y el interés de su trabajo, la suerte y, quizá, sus contactos. Pero nunca sus antecedentes.

Lo que yo pretendía explicar en mi entrada es que una vez decides que quieres ser guionista, la única manera de conseguirlo es escribir. Y escribir mucho. Teniendo en cuenta además que probablemente no vas a ver un duro por el 90% de lo que escribas. No queda otra que pasar por ello. Para hacer algo medio bueno algún día, primero hay que hacer muchas cosas malas.

La clave está en “una vez decides que quieres ser guionista”.

Si algo me parece criticable de esos alumnos de guion que no escriben es que estén perdiendo el tiempo de esa manera. Me fastidia que, vencidos por la pereza, por el miedo o por la falta de motivación, malgasten unos años preciosos. Porque ahora la mayor parte de ellos no tienen que ganarse la vida. Están estudiando gracias a que sus padres han pagado sus matrículas. Nunca volverán a tener tanto tiempo como ahora para equivocarse, para experimentar, para meter la pata sin que haya consecuencias. Además, al menos en teoría todo alrededor de ellos (las clases, los compañeros) debería reforzar sus ganas de escribir. Tienen pocas excusas.

Pero… si no has escrito un guión de largo hasta los veintitantos años y un día decides ponerte y lo consigues… ¿Cómo puede parecerle mal a alguien?

Mi historia es un buen ejemplo de que no hay una sola manera de llegar a ser guionista.

De chaval me apasionaban las historias, pero yo lo que quería ser era autor de cómic, no guionista de cine o televisión. Deseaba escribir y dibujar mis propias historietas. Como mi ídolo Carlos Giménez.

Así que dibujaba mucho y, aunque de vez en cuando intentaba hacer un tebeo,  nunca pude acabar ninguno. A las cuatro o cinco páginas, me cansaba y lo abandonaba para empezar otro.

El cine me gustaba mucho (soy de la generación que vio en el cine de niño “La guerra de las galaxias”, y estaba obsesionado con ella; y “Los inmortales” y “Blade Runner” eran tan importantes para mí como los cómics de La patrulla X), pero ni se me había pasado por la cabeza trabajar en el cine. Para un chaval de barrio de familia obrera como yo, imaginarse algo así habría sido tan descabellado como pensar en ser astronauta. 

Como carrera universitaria, escogí Bellas Artes, cuyo efecto fue, paradójicamente, quitarme las ganas de dedicarme a dibujar. Pero en aquella época fue cuando empecé a colaborar en fanzines sobre cómic (lo que con el tiempo me llevó a ganarme la vida durante una época como periodista cultural) y a escribir guiones de historieta para un par de compañeros de la facultad.

Algo más tarde, conocí al dibujante Luis Bustos en un concurso de cómic (creo recordar que yo gané y él quedó segundo) y juntos hicimos una serie de superhéroes españoles llamada “Rayos y Centellas” que fue publicada por Camaleón Ediciones. Con lo que, aunque no vimos un duro por ella, puedo decir que fue mi primer trabajo “profesional”.

Mi primer tebeo publicado.

Mi primer tebeo publicado. Si queréis leerlo, podéis descargarlo gratuitamente aquí.

Aun así, lo del cine seguía siendo una fantasía. Y aún más la televisión. No tenía ni idea de qué se podía hacer para escribir televisión. Ni siquiera sabía si era una posibilidad (recordad que en aquella época no había Internet con páginas sobre guión como esta).

Pero no recuerdo en qué año (yo debía tener ya 25 o 26) me enteré a través de mi hermano, que estudiaba Ciencias de la Información, de la existencia de unas ayudas a la escritura de guiones de largometraje que concedía el Ministerio de Cultura. Y esa fue la primera vez en que pensé que a lo mejor lo de acabar escribiendo cine no era tan descabellado. Para entonces había leído ya los libros de Linda Seger y Syd Field (fotocopiados), pero vaya, que pensaba que lo que había aprendido en ellos si acaso me serviría alguna vez para escribir guiones de cómic, nunca de cine.

Importante: yo escribir por escribir he escrito muy poco en mi vida. Siempre lo he hecho con un objetivo. Como ya he contado aquí muchas veces, he escrito no sé si ya treinta y tantos guiones de largo, de los cuáles solo se han rodado cinco. Pero cada vez que me he puesto a escribir uno de ellos lo he hecho pensando que existía la posibilidad de que llegara a venderlo.

Y de pronto, gracias a la convocatoria de las ayudas, tenía un objetivo.

Así que terminé un tratamiento (horroroso), lo presenté y, sabiamente, no me concedieron la ayuda. Pero presentarme me sirvió para algo muy importante:  demostrarme a mí mismo que podía hacerlo.

Más tarde, le ofrecí a Antonio Trashorras -al que conocía porque los dos escribíamos en el mismo fanzine sobre cómic-, que presentara conmigo un programa de radio en la emisora de radio libre Onda Verde. Un día nos pusimos a hablar de guiones de cine, descubrimos que los dos habíamos empezado a intentar escribirlos, y decidimos aunar fuerzas. Como Antonio, que ya por entonces escribía en la revista Fotogramas, estaba más familiarizado con los intríngulis del mundillo del cine que yo (¡e incluso conocía a productores!), no le parecía tan descabellado pensar que podíamos llegar a conseguir ganarnos la vida con lo que escribíamos.

Así empezó todo. Decidimos reunirnos tres veces a la semana para trabajar, y en pocos meses escribimos varios tratamientos y algún borrador de guión.

La mía no es una historia que de forma inevitable hubiera tenido que acabar como ha acabado. Por ejemplo, quizá, de no haber conocido a Antonio, todo habría sido muy distinto.

Es cierto que en el momento en que me senté con Antonio y decidimos intentar ser guionistas, pusimos toda la carne en el asador. Pero a ese momento no llegué solo. Hubo mucha gente cuya confianza en mí (mucha más de la que tenía yo en mí mismo) me ayudó a tomar este camino.

Y llegó cuando tenía veintitantos años. Pero podía haber llegado más tarde.

Volviendo a lo que decía antes (y a riesgo de ponerme pesado), para mí lo importante es que, una vez tomes la decisión de intentar ser guionista, escribas todo lo que puedas. No importa que ocurra más tarde o más temprano. Da igual que tengas 15 años o que tengas 40. Lo importante es hacerlo. Es la única manera de tener una posibilidad de ganarse la vida con esto.

Antonio y yo, jóvenes y felices en el decorado de "El espinazo del diablo".

Antonio y yo, jóvenes y felices en el decorado de “El espinazo del diablo”.

Sin embargo, también empatizo con aquellos que desfallecen y están a punto de rendirse, o que se sienten tentados de dejarse vencer por el desánimo, con quienes se preguntan: “¿Para qué voy a pasarme un año escribiendo cien folios sin al final no los va a leer nadie?”.

Creo que eso no quiere decir que carezcas de vocación, o que no te tomes en serio ser guionista. Quiere decir que eres un ser humano. Y los seres humanos nos desanimamos, e incluso (¡sí, juro que pasa!), nos deprimimos.

Estar motivado es muy importante. Y, si bien hay superseres hipermotivados que no tiran la toalla jamás les vaya como les vaya, al resto, a los débiles mortales, nos hace falta que nos den de vez en cuando ánimos, que nos estimulen, que nos den motivos para seguir. Necesitamos que nos refuercen.

Esto es algo en lo que he pensado mucho ahora que soy padre. Si tu hijo hace algo mal (o no lo hace), echarle la bronca no suele servir de nada. Él se enfada, tú te encabronas, y ya está. Mañana vuelve a pasar lo mismo. Pero reforzar y motivar sí consigue que se logren cosas.

Hombre, diréis que no es lo mismo una niña de tres años que un aspirante a guionista de 25. Y tendréis razón. Pero creo que en el fondo las personas no funcionan de forma tan diferente tengan la edad que tengan. A nivel básico somos muy sencillos. De hecho, iré más allá. Ni siquiera voy a usar como ejemplo a un niño, sino a un perro. Porque lo mismo aprendes cuando adiestras a un perro. El refuerzo, la chuchería, es fundamental.

Y en este momento a los guionistas nos faltan chucherías.

Por eso, para mí lo más trágico de la desaparición de las ayudas a la escritura de guiones del Ministerio de Cultura es que los guionistas que participaban en la convocatoria sin conseguirlas ya no se pasen tres días sin dormir para terminar sus tratamientos a tiempo (así es como escribimos Antonio y yo “La bomba”, la historia que acabó convertida en “El espinazo del diablo”).

Siguiendo con mis batallitas, en nuestros inicios también fue muy importante para Antonio y para mí colocar dos proyectos en Canal + guiones, el programa de desarrollo de proyectos de Canal +.

Lo más importante no fue el dinero que nos pagaron (aunque nos vino muy bien) sino que alguien demostrara interés por nuestras historias. Eso nos hizo tomarnos la escritura más en serio todavía. Escribes para los demás, no para ti, y si a nadie le interesa lo que cuentas, un día dejas de contarlo.

Las subvenciones y Canal + guiones fueron nuestras “chucherías”.

Es una pena, pero nada de eso existe ahora. O le vendes tu guión a un productor, o se acabó.

Sin embargo, creo que para que haya guiones buenos en el mercado tienen que escribirse muchos guiones, y para eso es fundamental que haya premios, becas, programas de desarrollo, apoyos institucionales, etc*.

No todos podemos ser superseres que escriben por escribir y encuentran toda la motivación que necesitan en el hecho de plasmar en palabras la película que ven en su cabeza.

No todos somos tan fuertes.

Y no todos hemos estudiado en la ECAM, en la ESCAC, o en un máster. No todos tenemos la suerte de pasar unos años en un ambiente donde lo normal, lo esperable, es que escribas**.

La mayoría necesitamos chucherías.

A lo mejor, en vez de echarles la bronca a todos esos que dicen que querrían escribir pero no lo hacen, lo que tendríamos que hacer es darles más razones para que se sienten delante del ordenador.

Yo al menos es en lo que estoy ahora. No sé si conseguiré sacar adelante lo que tengo en la cabeza, pero voy a intentarlo. Si hay alguna novedad, seréis los primeros en saberlo.

 *Respecto a este tema, os recomiendo que leáis esta entrada que escribió aquí Sergio Barrejón hace unos días. Al final incluye una lista de convocatorias bastante interesante.

**Otro día escribiré sobre ese tipo de personas que en un ambiente académico acaban haciendo justo lo contrario de lo que se espera de ellos. En vez de motivarse, se desmotivan. Puede que sea mi caso. A veces he pensado que de haber estudiado guión quizá no habría acabado siendo guionista.


NO ME DIERON LA AYUDA… PERO ME AYUDARON

20 noviembre, 2012

Por David Muñoz

En esta entrada de su blog, el guionista de cómic, crítico y traductor Santiago García habla de lo que supone para el mundo del cómic que el centro cultural La Alhóndiga de Bilbao haya suprimido la beca para historietistas que venía concediendo desde hace unos años.

Al recordar su experiencia como parte del jurado que concedió la beca en el año 2011, Santiago dice: “Recuerdo lo mucho que me impresionó la calidad de los trabajos presentados a esta beca. Había decenas de proyectos publicables, algunos propuestos por autores que ya tenían obra en el mercado, pero otros muchos firmados por talentos completamente desconocidos. Y recuerdo el dolor de no poder otorgar quince o veinte becas, y confiar en que, de la misma manera que la existencia de la convocatoria había servido de estímulo a muchos de los candidatos para materializar aquel proyecto que llevaba tanto tiempo dándoles vueltas en la cabeza, el no haberlo conseguido en esta ocasión no les desanimara, haciéndoles desistir de sacar adelante sus cómics. Al fin y al cabo, habría otras oportunidades”.

Y al leerlo, lo primero que pensé fue que esa era exactamente la función que cumplían las ayudas al desarrollo de guiones de largometraje que otorgaba hasta hace muy poco el Ministerio de Cultura*.

Porque los beneficiarios de las ayudas no han sido solo quienes las han recibido, sino todos los guionistas que se han presentado a las convocatorias.

Habrá quién piense: “Si quieres escribir un guion, pues lo escribes y punto, no te hace falta una ayuda ministerial”. Y algo de razón tendría, pero solo “algo”.

Escribir un guion de cine, aunque sea solo en forma de tratamiento, que era lo que pedía el Ministerio de Cultura,  es un trabajo mucho más duro y laborioso de lo que pueden imaginarse aquellos que nunca han intentado escribir uno. Si quieres hacerlo bien, tienes que dedicarle mucho tiempo, y, cuando no hay nadie esperando a leer tu proyecto, es muy fácil desanimarse y abandonar. Quizá porque un guion que no tiene la posibilidad de ser convertido en una película, no es nada, no es una obra literaria con entidad propia, no es una novela. Como ya hemos dicho por aquí muchas veces, un guion es el mapa de una película. Nadie suele leer guiones por gusto salvo quienes quieren escribirlos. Y todos sabemos que en este país, la mayor parte de los guiones de las películas que se estrenan los escriben o los coescriben los propios directores. De los que no, la mayoría son encargos de productores, habitualmente adaptaciones de material ajeno. De modo que, sabiendo que las historias originales tienen un hueco diminuto en el mercado, creo que hay razones más que suficientes para preguntarse para qué dedicar varios meses de tu vida a escribir algo que tiene un 90% de posibilidades de no servir para nada.

Y es ahí dónde juegan un papel fundamental los concursos, las ayudas y las becas.

Pensar que puedes llegar a recibir una mínima compensación económica, o que gracias a que tu guion sea premiado o seleccionado, va a haber productores que le van a hacer un poco más de caso cuando salga al mercado (aunque luego tu historia te sirva solo como muestra de escritura y si gusta acaben encargándote otra cosa), puede ayudarte a sentarte delante del ordenador con un poco más de optimismo.

Estaría bien ser “superseres” capaces de trabajar siempre porque sí, por el puro placer de hacerlo, pero no lo somos. La mayoría necesitamos darle una finalidad a nuestro trabajo, tener un objetivo, aunque no acabemos consiguiéndolo.

Además, pese a lo difícil que resulta vender un guion, a veces ocurre. Y estoy convencido de que muchos de esos guiones que sí que han vendido, pasaron de ser a una idea a un tratamiento y más tarde a un guion gracias a que sus autores decidieron presentarse a las ayudas del Ministerio.

Al menos eso fue lo que me pasó a mí.

Creo que debió ser en el año 1998 o en el 1999, ahora no lo recuerdo exactamente.

Fuera el año que fuera, lo importante es que yo llevaba entre seis y nueve meses escribiendo guiones con el que fue mi coguionista durante muchos años, Antonio Trashorras. Pero, aunque habíamos escrito varias sinopsis y algo que se parecía lejanamente a un tratamiento, no teníamos ningún documento lo bastante cerrado como para poder enviárselo a un productor.

Entonces, pensamos en presentarnos a las ayudas al desarrollo de guiones del Ministerio de Cultura. Y, para doblar nuestras posibilidades de conseguir alguna, decidimos presentar cada uno por separado “Bola 8” y “La bomba”, dos de los proyectos que habíamos arrancado juntos.

Recuerdo que nos metimos un palizón para tratar de llegar a tiempo y que lo conseguimos por los pelos.

Pero ni “Bola 8” ni “La bomba” fueron seleccionados por el jurado.

Obviamente, nos habría encantado que nos hubieran dado un dinerillo por escribir alguno de los dos guiones (sobre todo a mí, que en aquel momento estaba en paro); pero  gracias al palizón que nos habíamos metido para entregar a tiempo, teníamos por fin dos tratamientos “de verdad”, dos documentos que sí que podíamos pasarle a quién quisiéramos.

Que fue exactamente lo que hicimos.

Varios meses después, le dimos nuestros tratamientos (los dos que presentamos y un tercero que escribimos después, llamado “Topos”) al director Guillermo del Toro.

Y en un giro totalmente inesperado, Guillermo decidió comprarnos “La Bomba”.

Dos años más tarde, lo que había sido “La bomba” se estrenó con el título de “El espinazo del diablo”.

Fue la primera película que escribimos Antonio y yo y la que nos permitió convertirnos en guionistas profesionales. Aunque quiero pensar que quizá habríamos escrito aquel tratamiento de todas maneras, puede que no hubiera sido así. Quien sabe si nos habríamos cansado de “La bomba” después de estar dándole vueltas unos meses. Son  muchas las historias que se quedan por el camino porque no las escribes cuando están “vivas”, cuando son lo único en lo que piensas mañana, tarde y noche. Puede que sin aquella convocatoria de las ayudas del Ministerio,  el momento más importante en nuestra carrera de guionistas no se hubiera producido.

Me resulta muy triste pensar que un guionista joven, que sueña con ganarse la vida alguna vez con sus historias, haya perdido oportunidades que sí que tuvimos generaciones anteriores (y que dábamos por hecho; jamás pensamos que llegaríamos  a este punto).

Además, me parece que no es solo algo malo para los guionistas, sino para el cine español.

Está bien decir que hacen falta guiones y exigir que mejoren la calidad de las historias que contamos. Pero para eso deben darse las condiciones que permitan escribirlos.  Y en ese sentido, las ayudas al desarrollo de guiones del Ministerio de Cultura han jugado un papel fundamental.

Por eso, y aunque he escuchado decir que las ayudas volverán “tras la crisis” (cosa que ahora mismo me cuesta creer), me parece que es importante que todos los que nos dedicamos a esto tengamos claro que las ayudas de este tipo no son una limosna, no son algo de lo que se pueda prescindir cuando las cosas van mal, son una necesidad.

Y ya sea  de manera individual o a través del sindicato ALMA o de las asociaciones a las que pertenecemos, hay que empezar a decirlo.

*Por si alguien se lo pregunta, es obvio que estoy a favor de que el gobierno invierta parte de mis impuestos en apoyar la industria cultural de mi país, tal y como se ayuda a otras industrias, incluso a otras que mueven mucho menos dinero. Otra cosa es cómo se han gestionado esas ayudas. Mayor control para evitar el fraude, sí. Supresión, no. Pero como es un tema que aquí se ha discutido ya muchas veces, y como sé también que no voy a convencer a nadie que piense lo contrario, es lo único que voy a decir al respecto.


FLASHBACK – CONSULTORIO: ¿CUÁNTO QUEDA DEL GUIÓN EN EL GUIÓN DE LA PELÍCULA?

2 agosto, 2011

por David Muñoz.

Te sigo habitualmente en Bloguionistas, pero he descubierto que tienes el tuyo propio, que espero visitar también.
Quería hacerte dos preguntas, aunque si estás muy liado creando nuevos universos y perfilando nuevas almas entenderé que no tengas tiempo, no te preocupes. La primera es, ¿hasta qué punto lo que vemos en “La posesión de Emma Evans” y en “El espinazo del diablo” es totalmente de tu invención, o el director ha cambiado cosas sustanciales de la historia?  ¿llegáis más o menos a un acuerdo de cómo mejorar, o te plantas con tu guión y punto?, aunque “El Espinazo…” fue co-escrito, por lo que supongo que sería muy distinto.

Alberto.

Hola Alberto,

El cine siempre es un trabajo en equipo. Y ese trabajo “comunal” afecta a todos los aspectos del proceso de producción de una película. Entre los que por supuesto se cuenta el guión. O, como diría algún compañero, especialmente se cuenta el guión.

Firmen o no otros, siempre se “coescribe” (me refiero a que otros participan del proceso de  toma de decisiones, no a que escriban realmente), o más bien, se “escribe para”. Generalmente para un productor, pero también para un director, y las más de las veces para ambos.

Puede que los directores que además de dirigir sus películas las escriben tenga más capacidad para decirle a su productor “este es el guión que quiero rodar y punto”, pero quienes somos solo guionistas aprendemos muy rápidamente -prácticamente en cuanto vendemos nuestro primer guión y tenemos un par de reuniones de desarrollo-, que la mayor parte de las veces una cosa es lo que hemos escrito o lo que queremos escribir (en el caso de que hayamos vendido una sinopsis o un tratamiento), y otra muy diferente lo que terminará siendo rodado.

Lo cual no quiere decir que la versión definitiva del guión vaya a ser necesariamente peor que esa versión ideal que tú tenías en la cabeza la primera vez que pensaste en la historia. De hecho, si trabajas con gente inteligente y capaz, pueden hacer que parezcas mejor guionista de lo que eres (aunque también puede suceder lo contrario).

Simplificando mucho, desde el punto de vista de los guionistas, en el cine se ruedan dos tipos de películas:

-Las que se basan en historias nuestras.

-Los encargos (adaptaciones, reescrituras, desarrollos de conceptos ajenos, etc.)

“El espinazo…” es un  buen ejemplo del primer caso, y “La posesión…” del segundo.

Del proceso de escritura de “El espinazo del diablo” ya he escrito varias veces. Así que perdona si no te lo cuento en detalle otra vez aquí y te remito a esta entrada de mi blog.

Pero por si no quieres leerlo, te lo resumo brevemente: “El espinazo…” parte de un tratamiento de guión titulado “La bomba” que escribí junto a Antonio Trashorras para presentarlo a una de las subvenciones del Ministerio de Cultura. Y no nos la dieron. Meses después, surgió la oportunidad de pasárselo a Guillermo del Toro para que lo leyera, éste decidió comprarlo y tras un proceso de desarrollo no demasiado largo (que, como yo estaba muy verde por entonces y no tenía ni idea de cómo eran realmente las cosas, sin embargo se me hizo eterno), acabó convertido en una primera versión del guión escrito entre los tres, pero de acuerdo a la visión que Guillermo tenía de la historia que, aún conservando muchos elementos de nuestro tratamiento original, también se diferenciaba del mismo en muchos aspectos importantes. Por ponerte un solo Ej., en nuestro tratamiento los adultos apenas tenían peso en el desarrollo de la trama, mientras que en la película los personajes de Federico Luppi o Marisa Paredes son casi tan importantes como los críos. Luego, a partir de esa versión (que pudo ser la tercera o la cuarta, ya no lo recuerdo, han pasado bastantes años), Guillermo escribió solo la versión de rodaje. Algo que suele ser muy común cuando trabajas con directores que también son guionistas.

Así que, tratando de responder tu pregunta de forma un poco más concreta, en “El espinazo del diablo” hay mucho de Antonio Trashorras y mío y también mucho de Guillermo del Toro. Es curioso como en las críticas de la época nos adjudicaron muchas decisiones que fueron responsabilidad de Guillermo y viceversa (por Ej. algunas de las ideas más “visuales”, como la bomba del patio, fueron nuestras; mientras que Guillermo fue el responsable de la trama de los lingotes de oro, que “huele” más a guionista de toda la vida).

En cuanto a las otras películas que se han rodado a partir de guiones míos, te cuento muy brevemente:

Lena (Gonzalo Tapia, 2001), es una reescritura mía y de Antonio Trashorras del guión de su director. Lo reescribimos totalmente y aportamos muchas cosas a la historia, especialmente a partir del segundo acto, pero todo lo más importante ya estaba en el guión de Gonzalo.

Los Totenwackers (Ibon Cormenzana, 2007). Antonio Trashorras y yo escribimos un guión para Canal + guiones que posteriormente fue comprado por un productor que terminó dirigiendo la película. Después de trabajar en varias versiones para él, al visitar un día el rodaje descubrí que el guión que se estaba rodando no era el nuestro, sino otro, escrito por el propio director sin decirnos nada. En su versión, desaparecieron muchos personajes importantes, nacieron otros nuevos, subtramas de peso fueron eliminadas, etc. En la película rodada creo que quedan dos o tres escenas que más o menos se parecen a las de nuestro guión. En realidad, Antonio y yo deberíamos haber sido acreditados únicamente como autores de la historia original, pero por varias razones, no pudo ser.

-Intrusos en Manasés (Juan Carlos Claver, 2008). En este caso el guión que se rodó fue una reescritura mía de un guión original de Daniel García. El director, que también era el productor, tenía muy claro qué película quería rodar y qué elementos quería que incluyera (los investigadores, los nazis, la trama sobrenatural, la historia de amor), y mi trabajo fue darle vueltas a la trama hasta conseguir escribir la versión que él quería rodar. Mis  aportaciones más importantes a la historia fueron el prólogo y el epílogo y el personaje que acabó interpretando Miguel Ángel Muñoz, al que por cierto yo imaginé como un pobre “friki” feote que se enamoraba de una de las chicas del equipo de investigación, con la que por supuesto no tenía ninguna posibilidad. Pero claro, metes a Miguel Ángel Muñoz (que de todos modos resolvió la papeleta dignamente) y todo cambia. Cosas que pasan. También el papel que en “El espinazo…” acabó interpretando Eduardo Noriega se pensó para un actor de 50 años.

Y, como me preguntabas también sobre ella y la tengo más reciente, me voy a extender algo más sobre “La posesión de Emma Evans”.

Como he dicho al principio, es una película del “segundo tipo”. Si en “El espinazo…” nuestro único interlocutor fue Guillermo del Toro, en “La posesión…” hubo que tener en cuenta muchas más opiniones. Fue un proceso supervisado muy de cerca por el jefe de desarrollo de Filmax, Beto Marini, y después por su sustituta, Amelia Mora. Pero también tuve que tener en cuenta la opinión de otra gente de la casa, como los responsables del departamento de ventas internacionales, y por supuesto el primer director (que abandonó el proyecto por razones personales pocos meses antes del rodaje), su sustituto, Manuel Carballo y la productora de la película, Sandra Fernández.

Con todos tuve una relación excelente, así que no puedo contarte historias tremebundas de esas que nos gusta intercambiar a los guionistas cuando quedamos a cenar. Aunque como siempre, el proceso de desarrollo acabó dando como resultado un guión muy diferente al que cabía esperar a partir de mi primera propuesta.

Te cuento resumidamente cómo fueron las cosas.

Filmax quería producir una película de exorcismos porque pensaba que podría venderla bien en los mercados internacionales, y les pidió ideas a varios guionistas, entre ellos a mí. Y afortunadamente, mi idea fue la elegida. Una idea que, por cierto, había desarrollado meses antes para un director que finalmente decidió no seguir adelante con ella. En realidad, a pesar de que suelen interesarme las películas de exorcismos, hasta que hablé con este director nunca se me había pasado por la cabeza escribir una. Y justo cuando pensaba que mi idea jamás iba a rodarse, surgió la oportunidad de que terminará convertida en una película.

Ah, comencé a escribir el guión creo que hace ya 3 años, de manera que quizá recuerde algo de forma equivocada o me haya olvidado ya de algún detalle importante. Si es así, espero que si leen esto algunos de los implicados en el proceso, me corrijan en los comentarios.

Mi idea inicial estaba protagonizada también por una adolescente, pero transcurría en España y el instituto en el que estudiaba era la localización más utilizada (con lo que la relación de la chica poseída con sus amigas y profesores tenía mucha importancia), y la motivación del “malo” era totalmente distinta.

Por necesidades de producción, rápidamente, quizá en la primera reunión con el que por entonces iba a ser el director de la película, se decidió que se iba a rodar en inglés, con lo cual quedaba totalmente descartado que el guión se ubicara en España, y también se descartó el instituto porque de lo que se trataba era de a ser posible rodar la mayor parte de la película en una sola localización lo más sencilla posible. Aquel día surgieron dos ideas: ambientarla en una clínica psiquiátrica o convertir a la protagonista en una de esos niños y adolescentes que en el mundo anglosajón estudian en sus propias casas, de manera que la localización principal fuera el chalet en el que vive. Finalmente, elegimos la segunda opción porque pensamos que era un poco más original y que podía dar más juego dramáticamente (la protagonista se siente prisionera de su propia vida y sueña con ser una chica normal e ir al instituto).

Durante los no sé cuántos meses que pasé reescribiendo el guión, hubo muchos más cambios importantes. La estructura fue alterada sustancialmente entre la primera y segunda versión, y entre la segunda y la tercera el primer director decidió que la motivación del malo, alrededor de la que giraba toda la trama, no le convencía, de manera que hubo que replantear casi totalmente la película.

Y cuando el primer director dejó el proyecto y se incorporó Manu, el guión fue reescrito de nuevo para incluir entre otras cosas más escenas de “sustos”. Creo que también por entonces escribimos un nuevo final y rehicimos totalmente la trama sentimental.

Por supuesto, también hubo también infinitos cambios menores. Varias escenas se “cayeron” a poco de rodar porque resultaban demasiado caras, por Ej. (el guión perdió cerca de 20 páginas en menos de dos meses), el personaje del padre pasó a ser el de la madre y viceversa, y hasta el último momento estuvimos retocando diálogos para aclarar detalles que temíamos quizá no habían quedado tan claros como queríamos.

Yo estoy contento con la película. Sobre todo con los actores y el trabajo del director, pero tras tantos meses y tantos cambios, me resulta imposible juzgar con un mínimo de objetividad mi trabajo. Creo que la historia funciona, que es una digna película de exorcismos para adolescentes (aquí explico un poco más este tema), pero no tengo ni idea de qué pensaría respecto a ella si la pillara un día en la tele y no hubiera escrito su guión.

Como ves, la respuesta a tu pregunta no es nada sencilla.

¿Cuánto hay de mí en las películas que he escrito?

Pues mucho, pero un mucho que es parte de un todo mayor en el que conviven aportaciones de muchas personas.

Como me dijo hace muchos años un guionista veterano: “si quieres contar tus historias exactamente como tú quieres, no te hagas guionista, dirige. O mejor, hazte novelista”.

Por eso yo por Ej. escribo cómics. Además de porque me encanta el medio, es la única manera que tengo ahora mismo de contar una historia de vez en cuando exactamente tal y cómo yo la veo.

Me gusta el trabajo en equipo, pero de vez en cuando también apetece escribir un folio tras otro sin tener que esperar a que nadie te de el visto bueno.

(Publicado originalmente en Bloguionistas el 18 de enero de 2011)


CONSULTORIO: ¿CUÁNTO QUEDA DEL GUIÓN EN EL GUIÓN DE LA PELÍCULA?

18 enero, 2011

por David Muñoz.

Te sigo habitualmente en Bloguionistas, pero he descubierto que tienes el tuyo propio, que espero visitar también.
Quería hacerte dos preguntas, aunque si estás muy liado creando nuevos universos y perfilando nuevas almas entenderé que no tengas tiempo, no te preocupes. La primera es, ¿hasta qué punto lo que vemos en “La posesión de Emma Evans” y en “El espinazo del diablo” es totalmente de tu invención, o el director ha cambiado cosas sustanciales de la historia?  ¿llegáis más o menos a un acuerdo de cómo mejorar, o te plantas con tu guión y punto?, aunque “El Espinazo…” fue co-escrito, por lo que supongo que sería muy distinto.

Alberto.

Hola Alberto,

El cine siempre es un trabajo en equipo. Y ese trabajo “comunal” afecta a todos los aspectos del proceso de producción de una película. Entre los que por supuesto se cuenta el guión. O, como diría algún compañero, especialmente se cuenta el guión.

Firmen o no otros, siempre se “coescribe” (me refiero a que otros participan del proceso de  toma de decisiones, no a que escriban realmente), o más bien, se “escribe para”. Generalmente para un productor, pero también para un director, y las más de las veces para ambos.

Puede que los directores que además de dirigir sus películas las escriben tenga más capacidad para decirle a su productor “este es el guión que quiero rodar y punto”, pero quienes somos solo guionistas aprendemos muy rápidamente -prácticamente en cuanto vendemos nuestro primer guión y tenemos un par de reuniones de desarrollo-, que la mayor parte de las veces una cosa es lo que hemos escrito o lo que queremos escribir (en el caso de que hayamos vendido una sinopsis o un tratamiento), y otra muy diferente lo que terminará siendo rodado.

Lo cual no quiere decir que la versión definitiva del guión vaya a ser necesariamente peor que esa versión ideal que tú tenías en la cabeza la primera vez que pensaste en la historia. De hecho, si trabajas con gente inteligente y capaz, pueden hacer que parezcas mejor guionista de lo que eres (aunque también puede suceder lo contrario).

Simplificando mucho, desde el punto de vista de los guionistas, en el cine se ruedan dos tipos de películas:

-Las que se basan en historias nuestras.

-Los encargos (adaptaciones, reescrituras, desarrollos de conceptos ajenos, etc.)

“El espinazo…” es un  buen ejemplo del primer caso, y “La posesión…” del segundo.

Del proceso de escritura de “El espinazo del diablo” ya he escrito varias veces. Así que perdona si no te lo cuento en detalle otra vez aquí y te remito a esta entrada de mi blog.

Pero por si no quieres leerlo, te lo resumo brevemente: “El espinazo…” parte de un tratamiento de guión titulado “La bomba” que escribí junto a Antonio Trashorras para presentarlo a una de las subvenciones del Ministerio de Cultura. Y no nos la dieron. Meses después, surgió la oportunidad de pasárselo a Guillermo del Toro para que lo leyera, éste decidió comprarlo y tras un proceso de desarrollo no demasiado largo (que, como yo estaba muy verde por entonces y no tenía ni idea de cómo eran realmente las cosas, sin embargo se me hizo eterno), acabó convertido en una primera versión del guión escrito entre los tres, pero de acuerdo a la visión que Guillermo tenía de la historia que, aún conservando muchos elementos de nuestro tratamiento original, también se diferenciaba del mismo en muchos aspectos importantes. Por ponerte un solo Ej., en nuestro tratamiento los adultos apenas tenían peso en el desarrollo de la trama, mientras que en la película los personajes de Federico Luppi o Marisa Paredes son casi tan importantes como los críos. Luego, a partir de esa versión (que pudo ser la tercera o la cuarta, ya no lo recuerdo, han pasado bastantes años), Guillermo escribió solo la versión de rodaje. Algo que suele ser muy común cuando trabajas con directores que también son guionistas.

Así que, tratando de responder tu pregunta de forma un poco más concreta, en “El espinazo del diablo” hay mucho de Antonio Trashorras y mío y también mucho de Guillermo del Toro. Es curioso como en las críticas de la época nos adjudicaron muchas decisiones que fueron responsabilidad de Guillermo y viceversa (por Ej. algunas de las ideas más “visuales”, como la bomba del patio, fueron nuestras; mientras que Guillermo fue el responsable de la trama de los lingotes de oro, que “huele” más a guionista de toda la vida).

En cuanto a las otras películas que se han rodado a partir de guiones míos, te cuento muy brevemente:

Lena (Gonzalo Tapia, 2001), es una reescritura mía y de Antonio Trashorras del guión de su director. Lo reescribimos totalmente y aportamos muchas cosas a la historia, especialmente a partir del segundo acto, pero todo lo más importante ya estaba en el guión de Gonzalo.

Los Totenwackers (Ibon Cormenzana, 2007). Antonio Trashorras y yo escribimos un guión para Canal + guiones que posteriormente fue comprado por un productor que terminó dirigiendo la película. Después de trabajar en varias versiones para él, al visitar un día el rodaje descubrí que el guión que se estaba rodando no era el nuestro, sino otro, escrito por el propio director sin decirnos nada. En su versión, desaparecieron muchos personajes importantes, nacieron otros nuevos, subtramas de peso fueron eliminadas, etc. En la película rodada creo que quedan dos o tres escenas que más o menos se parecen a las de nuestro guión. En realidad, Antonio y yo deberíamos haber sido acreditados únicamente como autores de la historia original, pero por varias razones, no pudo ser.

-Intrusos en Manasés (Juan Carlos Claver, 2008). En este caso el guión que se rodó fue una reescritura mía de un guión original de Daniel García. El director, que también era el productor, tenía muy claro qué película quería rodar y qué elementos quería que incluyera (los investigadores, los nazis, la trama sobrenatural, la historia de amor), y mi trabajo fue darle vueltas a la trama hasta conseguir escribir la versión que él quería rodar. Mis  aportaciones más importantes a la historia fueron el prólogo y el epílogo y el personaje que acabó interpretando Miguel Ángel Muñoz, al que por cierto yo imaginé como un pobre “friki” feote que se enamoraba de una de las chicas del equipo de investigación, con la que por supuesto no tenía ninguna posibilidad. Pero claro, metes a Miguel Ángel Muñoz (que de todos modos resolvió la papeleta dignamente) y todo cambia. Cosas que pasan. También el papel que en “El espinazo…” acabó interpretando Eduardo Noriega se pensó para un actor de 50 años.

Y, como me preguntabas también sobre ella y la tengo más reciente, me voy a extender algo más sobre “La posesión de Emma Evans”.

Como he dicho al principio, es una película del “segundo tipo”. Si en “El espinazo…” nuestro único interlocutor fue Guillermo del Toro, en “La posesión…” hubo que tener en cuenta muchas más opiniones. Fue un proceso supervisado muy de cerca por el jefe de desarrollo de Filmax, Beto Marini, y después por su sustituta, Amelia Mora. Pero también tuve que tener en cuenta la opinión de otra gente de la casa, como los responsables del departamento de ventas internacionales, y por supuesto el primer director (que abandonó el proyecto por razones personales pocos meses antes del rodaje), su sustituto, Manuel Carballo y la productora de la película, Sandra Fernández.

Con todos tuve una relación excelente, así que no puedo contarte historias tremebundas de esas que nos gusta intercambiar a los guionistas cuando quedamos a cenar. Aunque como siempre, el proceso de desarrollo acabó dando como resultado un guión muy diferente al que cabía esperar a partir de mi primera propuesta.

Te cuento resumidamente cómo fueron las cosas.

Filmax quería producir una película de exorcismos porque pensaba que podría venderla bien en los mercados internacionales, y les pidió ideas a varios guionistas, entre ellos a mí. Y afortunadamente, mi idea fue la elegida. Una idea que, por cierto, había desarrollado meses antes para un director que finalmente decidió no seguir adelante con ella. En realidad, a pesar de que suelen interesarme las películas de exorcismos, hasta que hablé con este director nunca se me había pasado por la cabeza escribir una. Y justo cuando pensaba que mi idea jamás iba a rodarse, surgió la oportunidad de que terminará convertida en una película.

Ah, comencé a escribir el guión creo que hace ya 3 años, de manera que quizá recuerde algo de forma equivocada o me haya olvidado ya de algún detalle importante. Si es así, espero que si leen esto algunos de los implicados en el proceso, me corrijan en los comentarios.

Mi idea inicial estaba protagonizada también por una adolescente, pero transcurría en España y el instituto en el que estudiaba era la localización más utilizada (con lo que la relación de la chica poseída con sus amigas y profesores tenía mucha importancia), y la motivación del “malo” era totalmente distinta.

Por necesidades de producción, rápidamente, quizá en la primera reunión con el que por entonces iba a ser el director de la película, se decidió que se iba a rodar en inglés, con lo cual quedaba totalmente descartado que el guión se ubicara en España, y también se descartó el instituto porque de lo que se trataba era de a ser posible rodar la mayor parte de la película en una sola localización lo más sencilla posible. Aquel día surgieron dos ideas: ambientarla en una clínica psiquiátrica o convertir a la protagonista en una de esos niños y adolescentes que en el mundo anglosajón estudian en sus propias casas, de manera que la localización principal fuera el chalet en el que vive. Finalmente, elegimos la segunda opción porque pensamos que era un poco más original y que podía dar más juego dramáticamente (la protagonista se siente prisionera de su propia vida y sueña con ser una chica normal e ir al instituto).

Durante los no sé cuántos meses que pasé reescribiendo el guión, hubo muchos más cambios importantes. La estructura fue alterada sustancialmente entre la primera y segunda versión, y entre la segunda y la tercera el primer director decidió que la motivación del malo, alrededor de la que giraba toda la trama, no le convencía, de manera que hubo que replantear casi totalmente la película.

Y cuando el primer director dejó el proyecto y se incorporó Manu, el guión fue reescrito de nuevo para incluir entre otras cosas más escenas de “sustos”. Creo que también por entonces escribimos un nuevo final y rehicimos totalmente la trama sentimental.

Por supuesto, también hubo también infinitos cambios menores. Varias escenas se “cayeron” a poco de rodar porque resultaban demasiado caras, por Ej. (el guión perdió cerca de 20 páginas en menos de dos meses), el personaje del padre pasó a ser el de la madre y viceversa, y hasta el último momento estuvimos retocando diálogos para aclarar detalles que temíamos quizá no habían quedado tan claros como queríamos.

Yo estoy contento con la película. Sobre todo con los actores y el trabajo del director, pero tras tantos meses y tantos cambios, me resulta imposible juzgar con un mínimo de objetividad mi trabajo. Creo que la historia funciona, que es una digna película de exorcismos para adolescentes (aquí explico un poco más este tema), pero no tengo ni idea de qué pensaría respecto a ella si la pillara un día en la tele y no hubiera escrito su guión.

Como ves, la respuesta a tu pregunta no es nada sencilla.

¿Cuánto hay de mí en las películas que he escrito?

Pues mucho, pero un mucho que es parte de un todo mayor en el que conviven aportaciones de muchas personas.

Como me dijo hace muchos años un guionista veterano: “si quieres contar tus historias exactamente como tú quieres, no te hagas guionista, dirige. O mejor, hazte novelista”.

Por eso yo por Ej. escribo cómics. Además de porque me encanta el medio, es la única manera que tengo ahora mismo de contar una historia de vez en cuando exactamente tal y cómo yo la veo.

Me gusta el trabajo en equipo, pero de vez en cuando también apetece escribir un folio tras otro sin tener que esperar a que nadie te de el visto bueno.


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