LOS INVISIBLES (II): IRENE VARELA

21 enero, 2016

Por Jorge Naranjo.

Fotos de Natxo López.

En la última edición de los Premio Iris, los guionistas de “El Intermedio” subieron al escenario para recoger, por tercera vez consecutiva, el Premio al Mejor Guión, arrebatándoselo a dos claras favoritas como eran las series “Isabel” o “El Príncipe”. Más allá del debate sobre la conveniencia de diferenciar en este tipo de ceremonias entre Mejor Guión de Serie y Mejor Guión de Programas, como tanto se ha comentado, la noticia ponía de relieve que el programa que dirige Miguel Sánchez-Romero “Maikol” y presenta El Gran Wyoming (que también obtuvieron el Premio al Mejor Presentador de Programas y Mejor Programa de Entretenimiento), vive, en su décima temporada, una de sus etapas más dulces. Y confirmaba que la figura del guionista de programas (o guionista a secas, igual conviene ya quitarle el apellido) adquiría la categoría que merece.

Una de las personas que subió a recoger ese premio fue Irene Varela (Madrid, 1983), y con motivo del último Encuentro de Guionistas que se celebró en Barcelona (donde daría una charla con Joan Grau) me acerqué a preguntarle cosas y si quería participar en esta sección. Debió ser por el té, porque estaba resfriada y eso la nublaría, o porque es así de maja, pero me dijo que sí. Así que hablamos sobre muchas cosas. Y también sobre ser mujer en un entorno (el humor) dominado por hombres, aunque justo “El Intermedio” tenga muy repartidos sus sexos. Pero eso lo dejamos para el final. Lo primero es el chiste.

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La guionista Irene Varela. Foto: Natxo López.

Estudió Filosofía y Letras y lleva, prácticamente desde que acabó el Máster en Creatividad y Guión de Televisión de URJC / Globomedia (más conocido en el oficio como “el máster de Globo”) trabajando de guionista en “El Intermedio”. A pesar de eso, no tiene claro si siempre supo que lo que más le gustaba (y con lo que acabaría ganándose la vida) era escribir. “Había escrito muy poco antes del Máster, pero tenía claro que me gustaban mucho los programas. Recuerdo que veía “Noche Hache” y era una de las pocas cosas que me interesaban de la tele. Cuando era pequeña, veía “Caiga Quien Caiga”… A raíz de “Perdidos” quizás empecé a ver más series, pero antes no… Antes solo veía programas”.

Por eso, cuando se le puso delante la oportunidad de elegir entre trabajar en una serie de ficción o en un informativo satírico que nadie pensó que acabaría siendo lo que es ahora, eligió lo segundo. “Cuando estaba en el Máster, nadie quería hacer prácticas en “El Intermedio”. Todo el mundo quería irse a “Águila Roja” o “El Internado”. Si uno quería ir a programas prefería el “Saturday Night Live”, pero “El Intermedio”, en aquella época, era el último mono”. Aun así, no hubo dudas: “Me ofrecieron quedarme en una ficción, pero siempre vi claro que lo que quería era esto. Es más. Recuerdo que mi chico me animaba a meterme en alguna serie porque decía que se ganaba más dinero, se vivía mejor, se ingresaba por derechos de autor, pero yo le decía que esto me gustaba más. Y ahora, siempre que lo hablamos, me recuerda que menos mal que no le hice caso. Sobre todo, porque esto me hace mucho más feliz y de mi Máster las que seguimos trabajando somos las dos que estamos en “El Intermedio”. Todas las demás producciones se han ido cayendo… Ojo, tampoco sé si es bueno. Igual está bien cambiar y tener un currículum más variado, pero yo estoy contenta”.

En ese camino, ha pasado por todos los niveles (“becaria sin cobrar, becaria cobrando, guionista junior, guionista senior…”) y, prácticamente, por todas las parcelas del guión del programa. “No tenemos secciones. Eso sí, hay gente a la que le suele caer más unos temas. Por ejemplo, hay un par de compañeros que suelen encargarse de asuntos más reflexivos o, digamos, de línea editorial, y otra pareja que se ocupa más del humor por el humor. Pero vamos, yo me siento cómoda porque al final todos hacemos de todo”. Un momento, ¿parejas?

Pues sí. En “El Intermedio” se escribe a dúo. Y evidentemente, funciona. Pero antes de teclear, hay que hablar, y así empieza el día. “La subdirectora trae el vaciado de prensa, de ahí elegimos las noticias que vamos a tratar, hacemos brainstorming y pensamos cómo vamos a enfocarlas. Vemos si se nos ocurre alguna derivada, un tratamiento especial… Y entonces, el director reparte el material. Trabajamos en parejas, así que a cada una se nos adjudica un tema y un tiempo. Por ejemplo: “Os toca análisis de medios sobre Cataluña y tienes 12 minutos”. Con esa información, y al terminar la reunión, cada pareja se junta y empieza a plantear el tema con ayuda de un redactor: “Tenemos un ordenador por persona, pero para currar juntos nos ponemos juntos en uno. Al principio se puede pensar que con alguien al lado es muy difícil el proceso creativo, eso de tener que ponerte de acuerdo en cada palabra… Pero la verdad es que paso más horas con mi pareja de guión que con mi pareja sentimental, así que nos resulta muy fácil escribir juntos y ponernos de acuerdo en los chistes, en todo”.

Y, probablemente, gracias a esa suma de talentos, la calidad se multiplica. “En “El Intermedio”, trabajar así es algo básico y buenísimo, siempre y cuando te entiendas bien con tu pareja, claro. Son dos puntos de vista, más opciones de chistes, se rebotan las ideas. No eres tú solo pivotando opciones en tu cerebro. Es decir, igual a ti no se te ocurre el chiste, pero al otro le puede sugerir un gag eso que tú le has dicho. Y, para las tesis, creo que viene muy bien discutir los temas entre dos porque suele salir algo mucho más rico que si lo encaras solo”.

Sobre todo, cuando el tema es especialmente difícil de tratar o uno no se siente familiarizado. O, simplemente, no apetece. “Hay asuntos que dan más pereza, que son más complicados en el tratamiento o con los que es más difícil acertar y quizás los tienes que reescribir muchas veces. Por ejemplo, Cataluña es un tema complicado para hacer desde Madrid y, encima, con una ideología de izquierdas. Es una pelea constante y siempre ofendes a todo el mundo”. A esto se suma el elemento clave de todo programa diario: la prisa. “Cuando metieron a Rato en la cárcel, le detuvieron a las seis de la tarde y nosotros teníamos un programa hecho completamente distinto. Y claro, no puedes salir esa noche sin llevar lo de Rato. Tuvimos que montar un especial, una reunión de urgencia, repartirlo todo y hacer un programa entero en dos horas, en vez de en nueve. Es divertido, es un chute de adrenalina y es estimulante, pero a la vez hay que hacerlo bien. Y hemos tenido varios momentos así. Cuando Esperanza Aguirre se dio a la fuga, cuando ETA dejó las armas… Hay situaciones en las que en muy poco tiempo hemos tenido que reaccionar y escribir un programa nuevo”.

Ahora bien. Si no hay sustos, el pulso de la redacción se mantiene estable. Y el ritmo también. “Por la mañana se orienta el tema, pero se escribe poco. Es después de comer cuando empieza el trabajo serio. Almorzamos temprano, así que a las 14:30 nos ponemos a trabajar para tener una primera versión lista a las 17:30. Suele ser una versión sin terminar, con pocos remates, pero vamos entregando lo que tenemos y Maikol lo corrige. Generalmente se caen partes, algún chiste, pero puede pasar que se caiga la pieza entera y tengamos que empezar de cero. Eso sí. Lo bueno es que el que acaba ayuda a los demás y, al final, todos los temas se acaban cerrando. Pero hay veces que son las 21:15 (el programa se emite a las 21:30) y todavía estamos bajando chistes a plató”.

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Foto: Natxo López.

Durante su charla en el IV Encuentro de Guionistas, Varela explicó que en “El Intermedio”, actualmente, trabajan 13 guionistas y 11 redactores. Eso nos lleva a una pregunta tan clásica como tramposa: ¿Es cierto que hay pocas mujeres guionistas en el humor? Irene lo tiene claro: “Hay pocas chicas en programas, pero también en ficción. Y siguen pasando cosas que llaman la atención. Por ejemplo, para venir aquí ha pesado mucho que sea mujer. Nos dijeron que les hacía mucha ilusión que viniera una chica aprovechando que sabían que en nuestro equipo había muchas mujeres, y esto es así porque es un tema que Maikol siempre ha sabido cuidar. Nosotras somos cuatro chicas en el equipo de guión, lo que es bastante para la proporción habitual”. Ahora bien. No está tan clara la idea de una visión femenina de la realidad: “Es complicado. Maikol siempre ha dicho que quería tener mujeres porque considera que pensamos de forma diferente. Yo creo que siempre enriquece la paridad, pero no tengo tan claro que seamos muy distintos. Por ejemplo, yo tengo un humor parecido al de mi compañero de trabajo, con el que llevo trabajando a diario cinco años. Y tampoco somos iguales unas de otras. Se podría pensar que por ser mujeres podíamos terminar haciendo un magazín en “El Intermedio”, pero nos tocan los mismos temas y hacemos planteamientos totalmente distintos entre nosotras”.

Y claro. Después de que el nombre de Maikol, alma máter de “El Intermedio”, saliera varias veces en la conversación, no quedaba más remedio que hablar sobre esa relación entre creador y guionistas. “Igual que “Buenafuente” es un programa de Andreu, “El Intermedio” es un programa de Maikol. Wyoming es el cómico que lo hace posible y, además, es un humorista excepcional, pero es el programa de Maikol. Todo pasa por él y es él el responsable de todo lo que es “El Intermedio”. Y además, conoce sus armas. Y sus armas a él: “Estamos muy acostumbrados. Sabemos que luego nos va a ajustar cada palabra, intuimos qué cosas le van a gustar más y cuáles no. Y nos conoce mucho. Somos como su equipo de fútbol y él tiene que hacer una alineación cada día para cada programa. Sabe cómo escribimos mejor que nadie, nos conoce perfectamente, nuestras virtudes y debilidades, y procura sacar el mayor provecho al equipo”.

Pero la entrevista iba sobre ser invisible, aunque siempre se me olvide. Y casi al terminar, entramos en materia. “ALMA está haciendo muy bien su trabajo de visibilizar la figura del guionista en general y la del guionista de programas. Es verdad que igual hemos empezado más tarde a reivindicarla y darle visibilidad, pero lo están haciendo genial”. También admite que el guionista de programas siempre ha estado, de alguna manera, maltratado. “Totalmente. Por un lado, cobramos menos de base. Y sobre los derechos de autor, hasta hace poco no cobrábamos nada, y ahora recibimos lo correspondiente a unos cinco minutos de programa, a pesar de que lo escribimos todo. Se asume que nos nutrimos de noticias y que esa parte no tiene derechos, pero el guión es fruto de un proceso creativo enorme. Sin embargo, solo consideran las partes que son más tipo sketch, y creo que es un poco injusto. Por lo demás, no me importa que El Gran Wyoming se lleve todo el mérito y sea la persona conocida. Yo me he pasado sin dormir una semana porque ayer tenía que hablar delante de cien personas, así que no tengo ningún interés en que nadie sepa quién soy. Ahora, creo que está bien que la gente sepa que detrás de Wyoming hay un equipo y agradecemos un montón que nos den un premio al mejor trabajo de guión. Se agradece que haya cierto reconocimiento a nuestro trabajo, pero tampoco necesitamos un masaje de ego, ni salir en pantalla, ni que nadie nos conozca”. Y hablando de reconocimientos, ¿se repetirá otro Iris al Mejor Guión? “Este año se lo llevará “El Ministerio del Tiempo. Se lo merecen. A mí me ha encantado”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


EL SEGUNDO POLVO

29 mayo, 2013

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Por Chico Santamano.

Hace más de un año se anunció el remake de la popular serie “Entre Fantasmas” para el prime time de Telecinco. Como siempre, estas cosas de las adaptaciones despiertan un recelo enorme entre los fans de la tele en general y los profesionales en particular. Da igual que sea un clásico del humor como “Cheers” o una obra maestra del chochiterror como la serie de Jennifer Love Hewitt… la gente se lo toma todo a la tremenda.

Como espectador y guionista me gusta y me obligo en partes iguales a ver todos los estrenos que se cuecen en la parrilla. Siento la necesidad de saber qué es lo que el público ve y rechaza e intentar entender las razones de esa pesadilla ininteligible llamada share. Así que el día que se estrenó “El don de Alba” ahí me tenían delante de la tele con mi manta y mi mando a distancia. Había leído con cierta sorpresa que la versión española era mucho más blanca y familiar que la original. De hecho, recuerdo el estado de un colega en facebook preguntándose cómo podrían hacer aún más blanca la original… “¿amputándole el coño a la protagonista?”.

Tras confirmar que Patricia Montero sigue estando muy buena y que Martín Rivas difícilmente podría ser más guapo, no tardé en descubrir cómo habían conseguido “familiarizar” todavía más si cabe la original. La principal novedad con respecto a la original parecía ser una trama infantil con continuidad durante toda la temporada. Habían incluido la historia de una niña que, como Alba, también ve fantasmas. Y de repente hubo algo que no me cuadraba nada. Algo chirriaba en mi mente. No era el guión. No era el reparto. No era la música, ni la fotografía, ni los efectos especiales… era LA HORA. Miré el reloj y me di cuenta de que a mis 34 años y con los huevos más que negros estaba viendo una trama infantil a las doce menos cuarto de la noche. Sólo podía pensar en una cosa: ¿cuántos niños y adolescentes estarían disfrutando a las tantas de la madrugada de esta trama escrita para ellos?

A nadie debería molestarnos que una empresa privada como Telecinco imponga su línea editorial a sus productos. Todo sea dicho, una línea demasiado bífida que podría definirse como violencia y polémica en sus programas y esmalte familiar para sus series. ¿Una línea que roza la esquizofrenia? CIERTO, es una línea editorial jodidamente loca, pero allá ellos. Lo que no se puede entender entonces es ese mal que asola a TODAS las cadenas (incluida la pública) que es el retraso cada vez más desquiciado de nuestro prime time.

¿Para qué sirve que los departamentos de ficción se esfuercen en aunar a toda la familia delante de la tele si sus compañeros de programación deciden arrancar las series a las once menos veinte? ¿Para qué sirve que los guionistas escribamos series multitarget si antes del primer corte de publi la mitad de la audiencia potencial ya está en la cama? Si a las 23:00 se nos han ido los niños y adolescentes, ¿cuántos adultos están dispuestos a ver capítulos de 75 minutos (más pausas publicitarias) que les obligan a acostarse más allá de la media noche? Y de esos mayores que están dispuestos a aguantar hasta las doce y pico… ¿a cuántos les interesa las tramas más blancas y familiares?

Quiero creer que los profesionales que pueblan los departamentos de programación saben lo que hacen. Quiero creer que hay una razón de peso para que Pablo Motos se tire hasta las tantas haciendo divertidos experimentos con Vicente del Bosque, para que Wyoming exprima hasta la última coma de los papeles de Bárcenas, para que en Cuatro empalmen dieciséis “Lo sabe/no lo sabe”, para que en la Primera se analice el tiempo que hará el sábado al mediodía en Burkina Faso y para que en Telecinco improvisen cada dos días un previo del previo del debate previo al documental previo sobre la tv movie previa de la vida de Raquel Bollo. Tiene que haber una razón para que esto pase y si es así… ¿Para qué coño escribimos series blancas?

Señores de los despachos, si vamos a arrancar a las once menos cuarto vayamos a por todas. Olvidémonos por un momento de los niños o las amas de casa que habitan la sobremesa. ¡¡Atrevámonos con conceptos y tramas más arriesgadas!! No vayamos a la cárcel futurista de “La Fuga” para acabar haciendo OTRA HISTORIA DE AMOR para quinceañeras.

Ya… Ya sé que siguen siendo cadenas generalistas. No soy tan ingenuo de pedir que se conviertan en HBO, pero ¿qué les parece si POR EJEMPLO empezamos a ver el segundo polvo de nuestros protagonistas? Siempre vemos el primero. Ese polvo tan deseado por la audiencia. Meses de tensión sexual y por fin follan como si estuvieran en un anuncio de colonia. Pero hasta los adolescentes que a esa hora duermen saben una cosa… ¡El primer polvo siempre es el peor! Si jugamos a las once de la noche podemos ver el segundo. ¡O incluso el tercero! Porque el primero sólo cuenta que se quieren y/o se atraen físicamente, pero los siguientes pueden contar muchas más cosas. Podemos ver un polvo más perrero, más cerdo… Y sobre todo, más maduro, más cachondo, más divertido, MÁS DE VERDAD.

Y si entramos en el terreno de la verdad… buah! Ahí podremos hablar de todo lo que nos rodea; desde las miserias familiares más cabronas pasando por política, violencia, paro, drogas… Podremos tocar todos esos palos de una manera directa y no por ello desagradable. No hablo de amargarnos cada noche. No hablo de Haneke. Hablo del paro de “Full Monty”, del cáncer en “Mujeres Desesperadas”, del drama social y familiar de “Billy Elliot” o de la crítica política de “24”.

Hablo de escribir para los adultos que esperan más de la tele y recuperar a todos aquellos que se fueron. Hablo de hacer un 16% en lugar de un 10%. Hablo de audiencia para ustedes, de calidad para el espectador y de felicidad para el creador.

¡Hablo del segundo polvo! A las doce eso lo peta más que una niña que ve fantasmas, joder.


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