EL OFICIO DE GUIONISTA – ALICANTE 3 DE NOVIEMBRE

17 octubre, 2018

por Sergio Barrejón.

En el contrato de mi primera película como guionista había una cláusula que aplazaba el pago de la mitad de mi sueldo al inicio de rodaje. La película tardó cinco años en rodarse.

En las reuniones de trabajo de otra película, al director lo alojaban en un hotel de 4 estrellas. A mí, en un hostal de prostitutas.

Durante mi primer año como guionista de televisión me pasaba catorce horas diarias al ordenador. Me gasté la mitad del sueldo en fisioterapia, engordé nueve kilos y no podía dormir sin un Orfidal.

Mis relaciones con los productores también eran difíciles. Firmaba cualquier cosa que me pusieran delante, no sé si por miedo o timidez. No sabía negociar. O bien comulgaba con ruedas de molino o bien rechazaba trabajos de forma altanera y quijotesca.

Me alimentaba mal, dormía a deshoras, tenía la vitamina D por los suelos y mi capacidad de concentración era un desastre. Es un milagro que hoy siga siendo guionista. Me sorprende incluso el seguir vivo.

En algún momento empecé a darme cuenta de que el mito del guionista que trabaja en pijama y descansa cuando quiere estaba poco conectado con la realidad. Sabía que mi carácter tampoco me permitiría ser uno de esos escritores que se sientan a la mesa de nueve a cinco y no se levantan ni a mear. Pero alguna forma tenía que haber de conciliar un trabajo que me encantaba con un estilo de vida que no me convirtiese en un viejo de treinta años.

Empecé a investigar sobre hábitos de trabajo. A leer sobre la postura correcta al ordenador. Me informé sobre alimentación. Empecé a hacer ejercicio. Aprendí a negociar.

Hoy estoy más en forma que hace quince años, duermo sin pastillas, aún me queda bastante pelo, y mi volumen de producción es mucho mayor que cuando era joven. Y entonces no era padre de familia ni profesor de guión. Mi presión arterial es correcta y cuando viajo por trabajo me alojan en sitios sin prostitutas (al menos que yo sepa).

A mí me costó  años enderezar un mal arranque. A otra gente le cuesta la carrera. Para evitarle el mal trago a futuros guionistas, y aprovechando que algunas escuelas y universidades me llamaban para dar clases de guión, en 2011 monté una conferencia sobre este asunto. No se trata sólo de advertir de los riesgos laborales del guión. También de dar consejos de organización de tiempo. Trucos para vencer el bloqueo creativo (empezando por comprender qué es y qué lo motiva). Proponer técnicas de negociación. Incluso he diseñado un diagrama para decidir qué trabajos aceptar y cuáles no.

Intento dar esta charla un par de veces al año. La última vez fue en febrero, en Madrid. La próxima es el 3 de noviembre en Alicante. La organiza la asociación Mediterrània Audiovisual. Se titula El oficio de guionista y la inscripción está abierta hasta este domingo.


TONY GRISONI: “DAR LA CONFIANZA TOTAL AL GUIONISTA LE PERMITE NO SOLO ESCRIBIR, SINO JUGAR SIN MIEDO”

28 abril, 2017

Por Àlvar López y Carlos Muñoz Gadea

El pasado sábado 22 de abril, en Barcelona, el guionista británico Tony Grisoni acudió en calidad de invitado de excepción a impartir una Masterclass organizada por Guionistes Associats de Catalunya (GAC) en la sede de la SGAE, entidad que también colaboró para la realización del evento junto al Festival Serielizados y el Departament de Cultura. Durante las tres horas que duró la sesión, el escritor de películas tan emblemáticas como Miedo y Asco en Las Vegas o de series de completa actualidad como The Young Pope se esforzó por explicar a los asistentes su método de trabajo, así como por sintetizar lo más interesante de su amplia trayectoria en el mundo de la ficción audiovisual, la cual empezó hace ya más de treinta años.

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Tony Grisoni es uno de los cuatro guionistas que ha dado vida a Lenny Belardo, el personaje de Jude Law en The Young Pope.

Grisoni empezó por relatar cómo acabó trabajando en el mundo del cine y la televisión. “Yo nunca fui un gran alumno, o un erudito, pero me encantaba jugar y pensaba que podría jugar siempre. Me gustaba el cine y la idea de ser escritor, así que una vez acabada mi educación y tras empezar con la docencia, me apunté a un curso práctico de creación de películas, nada estructurado, que me sirvió para introducirme en diversos oficios hasta que acabé en la BBC. Ponía cafés, sobre todo, pero me permitía estar en contacto con la gente que trabajaba en ficción, en una época en la que se hacían varias obras bastante transgresoras, que incluso tenían sus ecos en el Parlamento.”

Fue toda esa formación, y las personas que allí conoció, lo que le permitieron, según él, dar el salto a la escritura de ficción como oficio. “Después de coger experiencias y probar otros trabajos, me junté con un amigo para hacer cortos y conseguimos financiación para rodar uno. Nos tiramos a la piscina con él a la dirección y yo produciendo, con poca escritura de guión, pero funcionó, y después de tres cortos (entre los que destaca Dark Water) nos lanzamos a hacer un largo”, explicó haciendo memoria.

“Más tarde, en 1983, me fui de Londres al campo a escribir películas que me gustaría ver a mí. Tenía la sensación de haber perdido un poco mi primera ilusión, por lo que comencé a escribir ideas y tratamientos hasta llegar a la que fue mi primera película.” Dicha cinta, Queen of Hearts, una comedia sobre unos inmigrantes italianos en Londres, tardó cinco años en ver la luz, pero permitió a Grisoni ganarse el crédito suficiente para recibir encargos durante ese lapso de tiempo. “Nunca había escrito un guión de largometraje que hubiese visto la luz, pero en cambio me contrataban, precisamente porque llevaba mucho tiempo en ese sector, aunque fuera en otros departamentos. Era ya parte del mobiliario”, bromeó él mismo al respecto.

Precisamente, al ser cuestionado sobre la escasez de posibilidades de entrar en el sector, Tony Grisoni aprovechó su anécdota para comparar sus inicios con la actualidad de los jóvenes guionistas en busca de oportunidades. “No tengo la respuesta exacta, pero sí puedo decir que he visto que mucha gente que me rodea acaba dejándolo. No estoy seguro, pero creo que una gran diferencia entre cuando empecé y ahora es la cultura que me influía a mí. Aquello que decía de jugar… Hoy en día, cuando hablo con gente que empieza, tienen un concepto muy claro del éxito y de tener una carrera. Quieren ser parte del mainstream, y ello complica las cosas.”

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Cartel de Miedo y Asco en Las Vegas, la primera colaboración de Grisoni y Gilliam en la escritura de guión.

Sobre su relación laboral con Terry Gilliam, quizá su desembarco definitivo en la Ficción con mayúsculas a raíz de Miedo y Asco en Las Vegas, Grisoni contó a los asistentes cómo se produjo esta alianza, precisamente a raíz de escribir sobre lo que quería y sin pensar en la Industria antes que en la propia idea. “Conocí a Gilliam por un guión que escribí sobre un niño enfermo, que él leyó y no quería hacer, pero sí valoró colaborar conmigo”, comentó al respecto de cómo conoció al realizador. “Le dejé a Terry varios mensajes en el contestador, durante meses, pero nunca devolvía las llamadas, hasta que un día me llamó, cuatro años después, proponiéndome la adaptación de Miedo y Asco, que ya le habían propuesto dirigir, pero de la que quería bastantes cambios.”

“Ni Gilliam ni yo éramos demasiado disciplinados, así que el proceso de escritura fue algo particular”, prosiguió Grisoni. “Terry me comentó que había leído varios guiones de la obra de Hunter S. Thompson, pero que nunca había encontrado nada que fuese tan interesante como el trabajo mismo de Thompson como periodista. Hicimos entonces una especie de collage, ordenando diversos elementos y pasajes importantes de la obra de Thompson y rellenando los huecos con otras cosas escritas por él.”

Al contrario de lo que podía pensarse, Grisoni se sinceró al contar a los asistentes que el estreno de Miedo y Asco en las Vegas no supuso un mayor volumen de trabajo y reconocimiento para él en los siguientes años, si bien en la actualidad ya son varias en su haber las colaboraciones con Gilliam: Tideland, o The Man Who Killed Don Quixote, ésta última por fin en fase de rodaje tras 17 años tratando de sacarla adelante.

Al respecto de la profesión de guionista y de lo que puede tardar un proyecto en ver la luz, Grisoni quiso animar a los guionistas allí presentes con su experiencia. “Una carrera de escritor es como una montaña rusa, con altibajos. En el caso de un guionista, al ser parte de un proceso mucho más grande, se nota incluso más. Un guión por sí mismo es tan útil como un perro muerto, hasta que no se pone en marcha. De hecho, después de Miedo y asco, no tuve más trabajo por ello, sino que pasé por una época de tocar fondo, ya que el mérito era para Gilliam. Pero a veces tocar fondo ayuda para revertir la situación.”

De hecho, fue tras ese revés como acabó escribiendo Vanished! A Video Seance, un drama basado en los insólitos hechos reales que rodearon a una familia de la Isla de Man. “Yo estaba documentándome en la biblioteca, que como todos sabemos es evitar escribir. Entonces me encontré a Brian Catling, y me comentó que buscaba gente y fuimos a tomar algo. Sacó de su maleta un libro de 1935, una recolección de varios poltersgeit y una de las historias era sobre un matrimonio y su hija, que afirmaban que había algo entre el exterior de cemento y el interior de madera, en los muros de su casa. Se decía que era una mangosta con manos y pies humanos que se llamaba Jeff. Así, durante seis años, toda la familia empezó a tener relación con la criatura. Una historia muy interesante de entender. El caso es que Bryan me dio el libro y volví a contactar con él para hacer una película, lo que significó mi siguiente proyecto cinematográfico, mucho más modesto que el anterior.”

“De haberse hecho con medios más tradicionales, el guión hubiese sido el mismo, hasta el punto que podría decir que los cambios hubiesen llegado más tarde, con la financiación, donde nos hubiese tocado batallar mucho para no cambiar las ideas complejas que pudimos reflejar al sacarlo nosotros mismos. Hubiese sido más aburrido que hacer algo tan especial para nosotros, con nuestros medios, como lo que acabó siendo Vanished!“, explicó el propio Grisoni sobre dicho proyecto.

Tras relanzar su actividad como guionista y con algunos proyectos de menor calado de por medio, el propio Grisoni decidió, a principios de los 2000, contactar por su cuenta con el realizador Michael Winterbottom para su siguiente proyecto de largometraje, lo que de nuevo le aportó otras herramientas para enfrentarse a su oficio de creador. “Le mostré un guión sin acabar que tenía sobre un barrio pobre de Londres y nos pusimos a trabajar en una historia de inmigrantes de la que solo sabíamos que acabarían en Londres.”

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Cartel promocional de In this World, “la mejor experiencia de producción cinematográfica” para Grisoni.

Grisoni guarda muy buen recuerdo de todas las experiencias que le sirvieron para escribir la película, y así lo hizo saber a los allí presentes. “Para In This World, comencé a investigar secuestros de gente que era llevada hasta Londres como parte del tráfico de seres humanos y conocí a gente a que le había sucedido, pero era difícil hablar con ellos y solo pude recoger detalles sobre sus vidas cotidianas en contadas ocasiones. Acabé entonces viajando a Pakistán con Winterbottom, donde nos hicimos muy amigos. En una ocasión, mientras íbamos en camión por un desierto de Pakistán, nos retuvo la policía al encontrar el material. Al final, todas las situaciones que vivimos allí nos ayudaron a crear ese drama en las fronteras que queríamos. El proceso de escritura fue complejo, escribíamos sobre la marcha, reuniéndonos en cafés a comentar todo lo que habíamos vivido y aprendido en nuestro viaje. Básicamente fue la mejor experiencia de producción cinematográfica de mi vida.”

Inmediatamente después, Grisoni saltó hasta la explicación de otro de sus más sonados proyectos, la adaptación de la obra de David Peace, la saga de novelas tituladas Red Riding, a la gran pantalla. “Fue un proceso complicado, porque las novelas escritas por David Peace, un tipo venido de una zona muy dura e industrial del Reino Unido, tienen una relación de amor-odio con esa región. Están escritas de manera febril y por lo tanto son muy difíciles de adaptar. Por ejemplo, la imagen de un niño asesinado al que le habían cosido unas alas, me repelía y me atraía a la vez. Hay algo en este tipo de imágenes que nos incitan a escribir sobre ellas.”

Sobre la dificultad de adaptar una obra de reconocido prestigio y amplio número de adeptos, algo que ya le ocurriera con Miedo y Asco en Las Vegas o incluso en Vanished!,  o en definitiva sobre el hecho de no partir de una idea original sino de la tesis de un autor anterior, el guionista británico quiso explicar su manera habitual de proceder en busca de la esencia de cada historia.

“Puede sonar arrogante, pero nunca me planteé si sería o no capaz. En realidad, creo que me enfrento de manera fácil: siempre es de un libro que ya conozco y del que me he enamorado. Y suelo ir más rápido para saber qué diálogo funcionará y cuál no. Y si tienes un buen novelista dialogando, es ya casi como robar. Suelo empezar copiando los diálogos interesantes, pero ya cambiándolos en base a mi experiencia como guionista. Entonces, lo que hago es copiar y modificar por capítulos. Luego si veo que un capítulo posterior es un mejor principio, pues simplemente reordeno. Es la suerte de trabajar con un ordenador. Esa parte, de copia o imitación, para mí es algo maravilloso. Es así como empiezan los novelistas y los cineastas, o cómo funciona la música popular. Luego no copias, sino que readaptas según tu visión. Al final, en el caso de Red Riding, había leído y escrito una primera versión de las cuatro novelas en unos diez meses.”

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Cartel promocional y escenas de la trilogía de películas Red Riding, la adaptación realizada por Grisoni de las novelas de Davis Peace.

Sobre su trabajo en The Young Pope, el proyecto encabezado por Paolo Sorrentino para la HBO, Grisoni, que reconoció “no saber por dónde irían los tiros en un primer momento”, trató de explicar el método de trabajo del equipo de guionistas de la serie para la hasta ahora única temporada estrenada.

“Al principio suelo preferir trabajar sin la tutela del director, porque necesito saber que tengo esa independencia para desarrollar mi trabajo, pero en este caso me atraía de Sorrentino su construcción de imágenes, donde a veces me pierdo pero donde entiendo que quien las hace está cómodo ahí.  Eso es algo bastante único. Me preguntaba cómo encajaría todo ello en televisión y más tras leer lo que él había escrito, de manera muy barroca. Tuve la sensación de que era La Gran Belleza pero en el Vaticano.”

Sobre el protagonista de la serie, el religioso interpretado por Jude Law, Grisoni explicó que tras apenas haber leído un tratamiento de Sorrentino sobre éste, “la persona que más debería creer en Dios y que no cree”, se convenció de querer escribir en The Young Pope. “Esa humanidad del personaje, lo impredecible de Lenny Belardo, tan anárquico y de alguna manera imposible de haber sido creado en la habitación de un guionista, me sedujo desde el principio.”

“Cuando tienes un personaje sorprendente, y que además es impredecible como Lenny Belardo, poco importa si le quieres o le odias. A ese personaje le da igual, porque él es así y tú tendrás que mirarle, y acabarás queriendo saber qué va a hacer después”, sentenció Grisoni sobre el protagonista de la serie.

Tal y como relató Grisoni a los asistentes, Sorrentino, en un momento dado, propuso que cada uno de los cuatro guionistas escribiesen dos capítulos solos, sin colaborar ni informar al resto. “Al principio parecía raro, pero acabó siendo algo genial. Dar la confianza total al guionista le permite no solo escribir, sino jugar sin miedo”, confesó el ponente al respecto. “Es cierto que era desconcertante a veces. Al principio me costó, pero me acabó liberando totalmente pensar que en última instancia, no tenía yo toda la responsabilidad.”

Grisoni, que para esta serie hizo también las veces de productor ejecutivo, también quiso valorar su participación en este aspecto. “Traté de tener cierto control sobre algo, pero fracasé estrepitosamente”, comenzó explicando. “Me gusta ser capaz de vetar algunas cosas sobre dirección o casting. Me gusta estar involucrado y participar de cuantas más facetas del proceso mejor, pero por razones técnicas, eso no puede incluirse en un contrato de guionista al uso, de ahí que me pusieran de productor ejecutivo de la primera temporada.”

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Tony Grisoni, contestando a las preguntas de Marta Armengol,  moderadora de la ponencia organizada por GAC y SGAE.

A modo de conclusión sobre su manera de escribir, y contestando al tiempo a las preguntas de los asistentes a la Masterclass, Grisoni comentó su manera de imaginar y pasar al papel a los personajes de sus historias. “Yo concibo al personaje sin tener a nadie en la cabeza, y escribo sin pensar en nadie, al menos no de manera consciente, aunque luego puede que al releer, ya con el casting, piense que quizá escribiese para alguien de manera inconsciente. Sí me pongo a veces fotos en la pared, pero son más referencias para el personaje que relaciones reales de actores.”

La actividad, que estuvo conducida por la moderadora Marta Armengol, supuso una auténtica oportunidad para los guionistas allí presentes de conocer el método de trabajo de uno de los guionistas internacionales más polifacéticos de la actualidad. Si queréis ampliar más información sobre la Masterclass, podéis seguir el hilo de Twitter con el que retransmitimos la ponencia en directo.


OPERACIÓN FRACASO

7 julio, 2015

por Sergio Barrejón.

El estado natural del guionista es el fracaso. Escribes un largo y no encuentra financiación. Escribes la biblia de una serie y la cadena no la compra. Escribes un tratamiento para presentar a subvención… y quitan la subvención.

El otro día, hablando con un compañero, me decía él: “seis de cada diez cosas que escribo no llegan a buen puerto“. Yo le contesté: “mamón, es que tú eres un guionista de éxito”.

No era cachondeo. Lo normal es que OCHO de cada diez cosas que escribas no lleguen a buen puerto. Y ojo: no estoy siendo derrotista. Ser derrotista sería afirmar que NADA de lo que escribas llegará a buen puerto. Yo sólo digo que la mayor parte de tu trabajo como guionista profesional te dejará una sensación de fracaso, en mayor o menor medida. Incluso cuando eres de los pocos que pueden vivir sólo del guión.

Se supone que yo también soy un guionista de éxito. Llevo once años ganándome la vida como guionista. He hecho mucha tele, algo de cine, un poco de teatro, un poquitito de radio y hasta he publicado una novela. Objetivamente, con las estadísticas en la mano, eso es tener éxito.

Ahora bien, ¿he triunfado? En absoluto. Las series que he hecho se consideran puro entretenimiento (algunas, de hecho, se consideran puro aburrimiento). Sólo he firmado una peli como guionista, y fue un fracaso de taquilla. La novela no llegó a vender cuatro mil copias. Del teatro y la radio ni hablemos.

Y aun así, muchos veinteañeros que intentan abrirse camino como guionistas me consideran un “consagrado”. Incluso me han llegado a decir que tengo “prestigio”.

Cuando me siento en mi escritorio por las mañanas, no veo el prestigio por ninguna parte. ¿Qué es lo que veo? Un montón de post-its que debo organizar para montar la escaleta de un largo. Y pienso en lo que dirá mi productor cuando la lea. Tendré que explicarle por qué la escena 14 no tiene gracia: porque las escaletas nunca tienen gracia. Será graciosa cuando la dialogue. Él insistirá en que la reescriba para aclarar dónde está la gracia. Y como no hay nada menos gracioso que un chiste explicado, la escena 14 acabará eliminada. Y eso sí que no tiene gracia. Sobre todo cuando te pasa en uno de cada tres guiones.

¿Qué más veo? La escaleta de esta semana de “Amar es para siempre”, que debo dialogar para el viernes. Aunque fuera la mejor escaleta de la historia, y yo le escribiese los mejores diálogos posibles, es una telenovela: ninguno de mis colegas querrá verla. Ni mis amigos de infancia, ni mis hijas, ni mis ídolos estarán jamás interesados en ella.

También anda por ahí el borrador de un contrato: un productor pretende que le ceda los derechos de un guión mío para presentar al ICAA… a cambio de nada. A lo largo de esta mañana, tengo que encontrar una manera educada de explicarle a este señor que prefiero comer tierra antes que regalarle mi trabajo para que lo use de carnada en la pesca de subvenciones.

Esto es el día a día de un guionista “de éxito”. Y esto es lo que nadie explica a los estudiantes de guión. La mayor parte de cursos y talleres consisten en llenar la cabeza de los estudiantes con cosas como arcos de personaje, puntos de giro al final del segundo acto y mierdas por el estilo. Convierten a veinteañeros llenos de ideas en aburridos teóricos del guión, analistas de un formato literario que el 99% de la población mundial jamás ha leído ni leerá.

Y luego les ponen como ejemplo a Amenábar, a Bayona, a Xavier Dolan. Que estadísticamente son anomalías, accidentes de la naturaleza. Orientar tus esfuerzos a tener una carrera como la suya es equivalente a construirte un barco para moverte por el Sahara. Quién sabe, podría haber un diluvio, pero a priori pinta a que te vas a mover más bien poco.

En las escuelas de guión te cuentan las fórmulas para triunfar. Nadie te explica cómo sobrevivir a una rutina diaria de pequeños fracasos. Nadie te cuenta que, incluso teniendo trabajo y un buen sueldo, tendrás que enfrentarte a la inseguridad constante, a insultos velados (y algunos descarados) y a episodios frecuentes de vergüenza ajena que te harán plantearte casi cada día si no sería mejor dejarlo todo y montar un chiringuito en Caños de Meca.

Nadie te explica que tendrás que refugiarte tras un muro de honestidad, de sinceridad y de autoconfianza mezclada a partes iguales con autocrítica. Un muro que, como en el cuento de los tres cerditos, tendrás que construirte tú. Sin ayuda. Robando tiempo al tiempo de jugar. Para cuando venga el lobo. Que vendrá. Casi siempre viene. Aunque en clase no te lo hayan dicho.

En uno de los posts más leídos de los últimos meses del blog, David Muñoz explicó una de las consecuencias más habituales de esta falta de recursos con que los guionistas nos echamos a la carretera: la bajona. Y las crisis de ansiedad. Y no hablemos de los trastornos alimentarios, las adicciones o las lesiones crónicas de espalda.

Nadie explica al alumno nada sobre de los riesgos laborales de la profesión que ha elegido. Y los pocos que hablan de estas cosas lo hacen desde el derrotismo. Está-todo-fatal. No-hay-futuro. Ahora-con-la-crisis…

Por eso, hace un par de años decidí montar una clase monográfica sobre el oficio de guionista, una especie de “manual de supervivencia para guionistas”. Y, tras ver la cantidad de gente que ha confesado haber sufrido bajonas como David, este año quiero repetirla.

Estarás pensando: “¿He leído todo esto para que ahora me vendan una clase?”. La respuesta es no. No estoy vendiendo nada. Sí estoy ofreciendo una clase, pero no la vendo. Porque no la cobro. El precio de la clase es cero euros. Gratis. Por la patilla.

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Y sobre el contenido: nada de teoría, nada de ejemplos de clásicos, nada de trucos de guión. En esta charla hablaremos de contratos, hablaremos del bloqueo creativo, de hábitos de trabajo y de cómo negociar con un productor. Aprenderemos a aceptar nuestra ración garantizada de fracaso. A entender por qué nos sentimos inseguros y qué hacer para que esa sensación no nos paralice ni nos deprima. A decidir cuándo y por qué aceptar (o rechazar) una oferta de trabajo. A recibir guantazos hasta caer de culo. Y a levantarnos para seguir recibiéndolos.

Contaré lo que, hasta donde yo sé, nadie más cuenta. Lo que yo habría querido que me contasen cuando empezaba.

La charla, organizada por Mediterrània Audiovisual y la Universidad de Alicante, durará unas 3 horas y tendrá lugar la semana que viene en Alicante, en la sede de la UA (calle San Fernando 40) el jueves 16 de julio. Si quieres venir, tendrás que madrugar: empezamos a las 9:00 de la mañana. No te quejes: recuerda que es GRATIS, no se puede tener todo.

Si estás pensando en apuntarte, no te lo pienses dos veces porque el plazo de inscripción acaba este lunes, 14 de julio.

FORMULARIO DE INSCRIPCIÓN CLASE “EL OFICIO DE GUIONISTA”.

Más información en la web de la Universidad de Alicante.

Si tenéis cualquier duda, los comentarios están abiertos. Nos vemos en Alicante.


MÍRAME A LOS OJOS

8 mayo, 2013

por Sergio Barrejón.

Cuando yo empezaba a escribir guiones, uno de los errores más comunes de los principiantes consistía en sacar cincuenta fotocopias del primer guión de largometraje, encuadernarlas y enviarlas a las productoras así, a lo loco. Y luego esperar a ser descubierto.

Así que, además de ser un error de principiante, era un error caro. Había que AHORRAR para luego despilfarrar el dinero en fotocopias y canutillos como un tarado. Porque en aquella época, queridos niños, internet era algo raro que te sonaba que tenían los americanos, pero que no sabías muy bien qué era ni para qué coño servía. Probablemente no sería más que una moda absurda, como la de los teléfonos móviles. ¿Quién necesita llevar un teléfono encima todo el día? De esa época hablo.

Jaja, qué viejuno.

Sí, es gracioso, ¿eh? Los teléfonos móviles e internet siguen aquí, yo sigo aquí… y la mala costumbre de enviar los guiones sin que nadie te los haya pedido también sigue aquí. Ahora ni siquiera es caro. Ni siquiera hay que ahorrar. Ni siquiera hay que VESTIRSE para enviar tu primera obra maestra ahí fuera. Simplemente googleas un poco, entras en el buscador de empresas de FAPAE, localizas una productora de las tochas y un email de contacto y BOOM:

Hola, os envío mi guión “Resacón en La Vera”, es una comedia súper original que puede REVENTAR la taquilla. Hay muchas risas, sexo, fiesta… No es la típica comedieta sin gracia que se estrena en España, en plan con Javier Cámara haciendo el monguer y que no le interesa a nadie. El reparto sería Mario Casas, Amaia Salamanca y Miguel Ángel Silvestre. Éxito seguro. Está ambientada en Extremadura, en La Vera, de donde yo soy, así que conozco bien de lo que hablo.  Bueno, os la leéis y me decís algo. Chao.

Es un email inventado. Pero os juro que emails como éste, con su .pdf adjunto (a veces ni eso: directamente un miserable .doc), se reciben muy habitualmente en las grandes productoras. En ese tono. Con sugerencias de casting. Con esa garantía de éxito. Con comentarios despreciando otras películas. A veces, despreciendo películas de esa misma productora.

Es un caso extremo, sí. Pero es un caso extremo que se da, fácilmente, una vez por semana. Así está España, amigos. Y os he ahorrado una reproducción realista de la ortografía de ese tipo de emails.

Naturalmente, las probabilidades que tiene un guión presentado así de ser no ya producido, sino siquiera leído, son CERO. Lo cual, supongo, es la buena noticia. La mala noticia es que un guión bien presentado, con una carta correcta y amable (en la que naturalmente no se incluye el guión adjunto, sino que se pide permiso para enviarlo),  tiene las mismas posibilidades de ser producido. Cero patatero.

Ya está el viejuno intentando desanimar a los que empezamos. Éste lo que quiere es que no enviemos nuestros guiones para que no le quitemos el trabajo. Malditos subvencionados SGAEcanonSindeguerracivil.

CALMA. Dejad que me explique con un ejemplo. El pasado 22 de abril, en el festival de Málaga, se estrenó una película con guión mío. Exactamente cinco años después de haber entregado el guión. Y era un encargo, ojo. O sea, han sido cinco años de intentar financiar el proyecto, producirlo y posproducirlo.

Hacer una película requiere mucho tiempo de trabajo. Años. Y durante esos años, las personas implicadas en la película van a tener que pasar una tremenda cantidad de tiempo juntas. Tanto, tantísimo tiempo, que es lógico que los productores no se contenten con saber si el guión es bueno. También quieren saber lo ha escrito una buena persona. Si va a ser soportable trabajar con esa persona.

Poneos en la piel del productor. Le pasan un informe muy positivo de un guión que ha llegado por email. Un guión de un completo desconocido. Lo lee y no está mal. Qué coño, está bien. Incluso ve por dónde meterle mano. Este personaje es perfecto para Darín. Eso ya son ventas internacionales. El 90% son interiores, esto lo puedo rodar en 4 semanas. ¿Podríamos llevárnoslo a Colombia? Dan unos incentivos muy jugosos. Con tres días de exteriores en Madrid da el pego. Y el personaje de la hermana es perfecto para Catalina Sandino…

Pero de pronto empieza a hacerse otras preguntas. Un momento. ¿Quién es este tío? Sólo tiene dos créditos en IMDB: dos cortos, uno de ellos del Notodo, en plan Juan Palomo. ¿Y si resulta que tiene un ego del tamaño de Pamplona? ¿Y si le digo de poner a Darín y me dice que ni de coña, que el personaje tiene que ser español? ¿Quiero pasarme dos años de mi vida lidiando con este tío que ni siquiera ha venido en persona a presentar su proyecto?

Hay muchas más preguntas, en realidad. Una de las peores es ¿Quién va a poner pasta en una peli dirigida por un desconocido? A la que sigue, naturalmente: ¿Dejará que lo dirija otro? Pero ¿quién? Porque el productor sabe que 9 de cada 10 directores que aceptan reunirse con él para hablar de un proyecto escrito por otra persona lo hacen sólo por sacarse una comida gratis… Durante la cual no dejarán de hablar de su propio proyecto. El productor sabe que sólo 1 de cada 10 directores aceptan realmente encargos. Y entonces cierra el iPad, se deja de leer guiones que nunca saldrán adelante y sigue con lo que estaba haciendo. Pero centrémonos en el final del párrafo anterior: lo de pasar dos años de su vida con un desconocido.

Habréis oído muchas veces eso de que aquí lo que vale no es el talento, sino los contactos. Que todo se mueve por enchufe. Y que a la playa hay que ir temprano. Lo último nunca lo he tenido claro, pero lo otro sí: no es cierto. O al menos, no es exactamente cierto. Lo que sí es cierto, y muy comprensible, es que la mayor parte de los productores optan por el viejo refrán: más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer.

El cine es un trabajo de equipo. Una película sólo puede salir bien si el equipo rema en la misma dirección (y lo hace en la dirección correcta, claro). Remar en la misma dirección es básicamente una cuestión de comunicación. Todos los equipos deben comunicarse, saber hacia dónde dirigirse. Todos. No sólo en el rodaje. La buena comunicación empieza en ti. Si no eres capaz de comunicar las virtudes de tu propia historia, mal empezamos. Enviar el guión por email (o por correo) no es una buena manera de comunicarse. Hay que ir al despacho de productor. Hay que mirarse a los ojos. Explicar qué película quieres hacer. Qué es lo que te hizo escribirla, qué es lo que te apasiona de la historia. Por qué crees que puede funcionar.

El cine es un trabajo de equipo, y tu primer compañero de equipo es el productor. Enviar el guión por email no vale para nada. Levanta el teléfono y pide una cita. Sé claro y directo. Si no tienes experiencia, no intentes tirarte el rollo. Pero tampoco pidas perdón por haber nacido. En esta profesión no se piden currículos. Eres guionista, tienes un proyecto que crees que puede interesarles y te gustaría reunirte cinco minutos con el productor para contárselo. Simplemente eso.

No sólo es la manera más razonable de hacer las cosas. También es la más segura: tú también quieres mirar a los ojos al productor y estar seguro de que no es un loco con más ego que Pamplona, de que no va a poner a Angie Cepeda en el papel de la abuela con Alzheimer.

Naturalmente, lo decisivo es lo que ocurre después en el despacho del productor, si consigues la cita y si lo que veis en vuestros respectivos ojos pinta bien. En el mejor de los casos, será el principio de una larga travesía del desierto que muy pocas veces (pero algunas) acaba en fama, dinero y oropeles. Pero eso ya no me cabe en este post. Si quieres saber más al respecto, tendrás que venir a mi clase El oficio de guionista. Es el 18 de mayo en Madrid. Inscribirse cuesta 5€ y el resto es paga-lo-que-quieras. Todavía hay plazas. Si te interesa, rellena este formulario. Y si quieres más información, haz click en esta imagen.

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